CAPÍTULO 25
¡NO MÁS MENTIRAS!
Después de la interrupción que dio como resultado que Junta fuera desterrado de su asiento, las horas en el avión parecieron eternas. Cuando Junta regresó del baño tras calmar su ánimo y su parte dura, pudo ver cómo todos habían caído profundamente dormidos; sin embargo, él no podía hacerlo, pues al haberse sentido eufórico cuando la respuesta de Takato fue un sí a irse con él, olvidó por completo de que en casa, él era alguien realmente conocido.
Su mente trabajaba rápido con el fin de buscar una solución a los inconvenientes que podría tener y de forma totalmente egoísta agradeció que tanto Haru como Takato no hablaran tanto español, porque así dependerían completamente de él. Entonces, giró la cabeza hacia cierta persona que ahora entraba abruptamente a su ecuación modificándolo todo, y que además sí sabía perfecto español. Ramiro.
Sabido era para él, que el hombre podría hacer cualquier cosas por Haru y Takato, y que por supuesto sería leal y no les ocultaría nada, por lo que al verlo tan tranquilo acompañándoles, era una señal de que no sabía bien la historia, mas que lo que Ayagi pudo haberle contado, que tampoco era mucho.
Debía encontrar la manera de mantener la información a raya, hasta que pudiera encontrar la ocasión perfecta para confesarse ante Takato. Lo amaba, sentía que cada fibra de su ser le pertenecía a su amado y de solo imaginar que este se alejara de él, era como si muriera en vida quitándole todo sentido a su existencia, y ni qué decir de la nena. Para Junta, Haru ya era su hija, su pequeña cachorrita a la que llenaría de mimos y cuidados. Por nada del mundo iba a perderlos.
Pronto y tras cabecear un par de veces, la voz tras la bocina indicó que se acomodaran porque estaban por aterrizar en suelo Español, más precisamente en la capital, Madrid.
El tiempo para reflexionar había terminado, dando paso solamente a actuar.
En cuanto el avión pisó el suelo, Haru saltó de su asiento asomándose por la ventanilla sin poder apreciar mucho; en cambio, cuando descendieron y comenzaron a caminar hacia la salida de la mano de su mami, sus preciosos ojos color oro escrutaron todo a su alrededor maravillada por la cantidad de gente y la diferencia de idioma, pensando a dónde se habían ido los kanjis, el hiragana y katakana.
Uno de los pasajeros comenzó a hablar realmente fuerte, asustándola. Ahí estaba otro choque cultural para ella, acá la gente era más bulliciosa, animada o escandalosa. En la que pláticas animadas surgían sin importar si los demás los escuchaban; incluso las personas que llevaban audífonos, parecían no tomar en cuenta si se podía oír perfectamente la melodía que reproducían.
—Mami… - exclamó mortificada la pequeña, quien no imaginaba que Takato se encontraba tan nervioso e impresionado como ella.
Aunque en el aeropuerto de Narita habían visto muchos extranjeros, lo cierto era que el ambiente resultaba completamente diferente, haciéndole caer en la realidad de que en verdad estaban ya muy lejos de Japón.
Junta en cuanto notó el semi estado de shock en el que tanto madre como hija se encontraban, pasó su brazo izquierdo rodeando los hombros del asustado omega, mientras que con la derecha cargaba a Haru, quien de inmediato se abrazó a él.
—Shh, tranquila cachorrita. Ahora mismo pasaremos a que nos revisen nuestros pasaportes y maletas, esto es normal. – Dijo besando ambas cabezas, la del omega y la niña. Quería que se sintieran relajados, pero era obvio que simples palabras no funcionarían, por lo que con mucho cuidado comenzó a secretar feromonas inoloras que fueron bañando a Takato y Haru. Estas eran algo sumamente especial, pues solo salían cuando un Alfa u omega quería transmitir paz y seguridad a sus seres amados.
De inmediato, pudo sentir cómo el cuerpo de la niña y del omega se destensaban, teniendo como efecto secundario, que ambos se acurrucaran aún más con Junta como si sus brazos fueran el lugar más agradable y confortable del mundo.
Ramiro, que cargaba su mochila y al gato copito, sonrió al ver la escena. Azumaya realmente los cuidaría.
—Lo siento, creo ni siquiera te dejamos caminar bien – mencionó apenado Takato al percatarse que cada vez iba más pegado con el alfa, mientras que Haru estaba completamente recargada en el pecho del alto abrazando a "Don neko".
—No, no te disculpes, – pidió al tiempo que afianzaba su agarre —estoy disfrutando bastante de esto – dijo besando la frente del omega quien soltó un suspiro de alivio.
La aventura de recoger maletas, ser revisados y demás, al fin había finalizado y caminaban con prisa hacia la salida. Todos morían por tomar un baño y comer, Haru comenzaba a sentirse algo extraña, pues al parecer seguía siendo de noche, pero ella ya no tenía sueño. Habían arribado a las 11 pm del domingo en Madrid, de seguir en japón, sería lunes y justo la hora en la que se levantaba para tomar su desayuno antes de ir a la escuela.
Entonces cuando iba a preguntar por qué era de noche, un enorme cartel le hizo abrir los ojos con sorpresa.
—Chunta san… ¿quiénes son ellos?, ahí dice "bienvenidos" en japonés. – preguntó moviendo sus piecitos y señalando con el dedo aún en los brazos del alfa. Quien ante sus palabras solo pudo sonreír.
—Ellos son mis abuelitos, cachorrita.
Takato miró de inmediato en aquella dirección y pudo ver a dos personas mayores brincando como niños pequeños y saludando efusivamente.
La apariencia del hombre era como ver a Junta dentro de unos cuantos años y con cabello largo. Su porte era indiscutible luciendo como un alfa inalcanzable, pero que al mismo tiempo contrastaba con los brincos que daba y la enorme sonrisa que mostraba hacia ellos.
La mujer, no se quedaba atrás. Aunque era pequeña de estatura, era difícil de ignorar, pues sus facciones, pese a las arrugas, revelaban un bello rostro que en sus años de juventud seguramente levantó suspiros al pasar y quebró unos cuantos corazones. Su cabello gris por las canas, se mecía con gracia cuando levantaba el cartel con sus pequeñas manos, y la sonrisa de oreja a oreja, le venía mejor que cualquier accesorio.
Ambos eran la personificación de la felicidad.
Takato sintió un nudo terrible en el estómago cuando preguntas traicioneras comenzaron a surgir para arruinar su confianza. —¿Será que se molestarán de verme llegar con su nieto?, ¿les parecerá mal que un omega marcado y con una hija salga con Junta?, ¿y si no pueden aceptarnos?
Inconscientemente, se alejó del abrazo protector de Junta y caminó manteniendo cierta distancia, pero la acción no duró mucho, pues en un instante el alfa lo atrajo hacia él nuevamente intuyendo el por qué de su actuar.
—Ellos te amarán, confía en mí – susurró Junta en su oído tranquilizándolo. Para Takato era increíble como unas cuantas palabras de él, eran suficientes para hacerlo sentir amado y seguro.
Menos nervioso, Takato asintió regalándole una sonrisa que derritió el corazón del ojiverde.
En cuanto todos estuvieron de frente Takato saltó cuando repentinamente unos brazos fuertes lo envolvieron y unos labios delgados le besaron ambas mejillas.
—¡Pero qué belleza has traído hijo!, Bienvenido Takato kun, hemos estado esperándolos – dijo el hombre mayor que aún tenía ambas manos sobre su rostro.
—Abuelito… ya déjalo… - exclamó Junta con voz de ultratumba que no pudo ser disfrazada bajo su sonrisa de modelo.
—Junta, si eres tan celoso solo ahuyentarás a tu amor. — Sermoneó el hombre apretando aún más a Takato, quien para ese momento tenía los ojos como plato y las mejillas rojas a punto de explotar.
—¡Suficiente! – rugió Junta regresando a Takato a sus brazos. —¡Abuelita, controla a tu marido, por favor!
Ramiro miraba todo realmente divertido junto con Sasaki. Mientras que Haru abría la boca totalmente enamorada de la apariencia de ambos abuelos.
—¡Oh, pero miren nada más esta preciosa cachorrita! – continuó secuestrando a Haru de los brazos de Junta —¿Cómo estás muñequita?, ¡pero qué ojos tan increíbles tienes!, se ven fuertes. Y este amiguito, ¿cómo se llama? – dijo refiriéndose al peluche.
—Don neko… es mi amigo.
—Oh, eso veo. Encantado de conocerte Haru chan, neko chan. – agregó el hombre con una bella sonrisa.
Takato se asustó, pues sabía que si para él todo estaba resultando un poco abrumador, para su nena sería el doble.
—¡Devuélvemela! No le gustan los extraños. – Dijo Junta intentando recuperarla.
El viejo dio varias vueltas con la nena en brazos ignorando por completo a su nieto. —Pero no soy un extraño, ¡soy abuelito! ¿Verdad Haru chan? – preguntó al fin quieto.
Para sorpresa de todos la respuesta de Haru fue un "Sí". Ella estaba increíblemente emocionada de poder llamarle a alguien "abuelito."
—No puedo creerlo… - susurró Takato anonadado por la enorme sonrisa que su bebé tenía mientras tocaba el cabello del anciano.
—Jajaja, tranquilo Junta, ya sabes cómo es tu abuelo – dijo la mujer acercándose para besar las mejillas de su nieto y frotar nariz con nariz, para después girarse hacia Takato tomando sus manos – Bienvenido hijo, Junta nos ha hablado mucho de ti y tu niña – dijo ahora mirando a Haru que se estaba probando los lentes del hombre. —No sabes cuántas ganas teníamos de conocerlos, quiero que sepas que son más que bienvenidos. Por favor pídenos lo que quieras, desde este momento considéranos tu familia, ¿sí?, cuidaremos bien de ustedes.
Pronto, los ojos de Takato comenzaron a llenarse de agua, e inevitablemente gotas de felicidad y alivio comenzaron a descender por sus mejillas al tiempo que asentía con la cabeza llevando sus manos hacia su pecho. —Gra-gracias, muchas gracias…
—Oh, tierno omega, no llores. – Dijo la mujer con tono amoroso.
Su pecho se sentía realmente cálido. Estaba recibiendo más amor del que ni siquiera había esperado recibir, cada palabra había sonado sincera en sus oídos y corazón; además, podía ver la hermosa relación que había entre abuelos y nieto y no pudo sentirse más feliz de estar ahí con ellos, de ser aceptado como parte de su amorosa familia y de que su tesoro pudiera estar cómoda y resplandeciente recibiendo mimos de abuelos que jamás había tenido.
Junta limpió con la yema de sus pulgares el rastro de lágrimas de los ojos de Takato y susurró frotando su nariz con la del azabache. —Ya, mi pequeño omega, te dije que te iban a amar.
Dando un poco de privacidad a su nieto, la mujer caminó hacia el guapo moreno que permanecía quieto junto a Sasaki.
—Hola, creo tu debes ser Tanaka san, mi nieto nos contó que eres familia de Takato kun, no sabíamos que también vendrías, pero eres igualmente bienvenido, un chico tan guapo como tú, siempre tiene cabida en nuestra casa, jujuju – rio al tiempo que palmeaba los bíceps bien formados del moreno.
—Muchas gracias, señora. Estoy más que agradecido por eso. – Dijo el alto en un español perfecto mostrando sus perlas blancas.
—¡Oh, que bien hablas castellano! – mencionó sorprendida la mujer llevando una mano a su boca — aunque tu acento es… diferente…
—Sí, nací en México y la mayor parte de mi vida la pasé en ese país.
—Vale, pues mola bastante. Puedes hablarnos en el idioma que mejor te parezca.
—Gracias, creo que en casa me quedaré con el japonés para que no se me olvide.
—Cierto, eso también me ayudará bastante, porque solo con Junta y Celes lo practico. -Dijo en japonés.
—Será un placer hablar con usted - agregó Ramiro.
De inmediato Yachio pasó a saludar a Sasaki, pasándole el reporte de que su esposa lo esperaba impaciente.
Después de tranquilizar a Takato y recuperar a Haru de los brazos de acero de su abuelo, Junta habló:
—Bueno, creo que ya es algo tarde para presentaciones, pero… les presento a mis abuelos: Shibisawa Yachio y Celestino Santa Cruz Flores.
—Hola, soy Saijo Takato, ella es mi hija Saijo Haru.
—Y yo soy Hatori Ramiro Flores Tanaka. Pueden llamarme Ramiro.
—¡Vaya, tu apellido es como el mío! – exclamó Celestino emocionado, haciendo sonreír a todos.
La pareja sonrió ampliamente haciendo un pequeña reverencia a modo de saludo.
—Es culpa de tu abuelo que el orden haya sido alterado. - rio divertida— Pero, en fin. Deben estar agotados y hambrientos. Vayamos a cenar algo y después a descansar, mañana nos esperan más horas de camino.
—Cierto, vi que llegaremos a "Máraga" y luego a Mijas, ahí es donde ustedes viven, ¿no?. -Habló Takato emocionado por la aventura sin notar su pequeño error de pronunciación, que cabe mencionar que a todos les pareció adorable.
—Así es, Takato. Haremos una hora hasta Málaga y luego media hora hasta Mijas. Espero les guste, es… es muy diferente a Tokyo, es un pueblito, pero tiene su encanto. Es tranquilo para vivir y si luego quieren salir por algo más emocionante mi nieto se encargará de pasearlos por doquier - agregó Celestino animado.
Los ojos de Takato se iluminaron, estaba lejos de su Japón, pero jamás se había sentido tan en casa como hasta ahora. Quería poder mostrarle todo lo hermoso del mundo a su hija y verla crecer en el entorno sano y lleno de amor que siempre había anhelado.
Las siguientes horas fueron movidas. Celestino y Yachio los llevaron al hotel cerca del Aeropuerto, donde una vez registrados, entraron al comedor para degustar una deliciosa cena que incluía platillos típicos españoles.
Ramiro, como buen mexicano, había pedido un buen corte de carne, que luego se arrepintió cuando lo que le sirvieron estaba salteado con verduras y lo único que había en la mesa para acompañarlo era pan y una salsa que daba más aspecto de gravy que de chile.
Por otra parte, Takato y Haru decidieron que era un buen momento para probar algo diferente, por lo que las tapas fue algo que llamó su atención, sin saber que aquello no era en sí una comida, sino algo para picar como botana.
Junta, que vio lo mucho que a los dos les había gustado, omitió sus comentarios dejando que comieran lo que quisieran, cómo y cuánto pudieran. Agregando una nota mental para siempre tener en casa jamón serrano y chorizo, que por lo que pudo apreciar, había fascinado al omega y su cachorrita.
La plática era amena y entretenida, Celestino se había robado la noche platicando sus aventuras de juventud y de cómo había conocido a su esposa. Arrancando risas de todos cuando este les contó sobre el día que su mujer lo había dejado afuera de la casa como perro abandonado y prohibido a los empleados abrirle, todo porque él había perdido las llaves en un bar que frecuentaba con los socios de su empresa tras sobrepasar los límites que un Alfa puro debía. Agregando un: "desde ese entonces, no he vuelto a perder las llaves", en vez de un "no he vuelto a beber en exceso."
El tiempo se fue volando y no fue hasta que uno de los trabajadores se acercó para informar que iban a cerrar, que se dieron cuenta de que ya era realmente tarde y que en unas horas deberían estar nuevamente en el aeropuerto para viajar a su destino final.
Cuando se despidieron para ir cada uno a sus respectivas habitaciones. Takato aprovechó que Haru se había ya metido al cuarto para dar un piquito rápido a Junta seguido de un "gracias" que dejó embobado al ojiverde.
Después, ayudó a bañar a su pequeña, hizo lo propio y ambos se metieron a la cama. Takato observaba con atención a su hija que había caído rendida tras mucho reír. La nena había salido de su caparazón y había socializado con los abuelos de Junta como si fueran conocidos de toda la vida.
Los abuelos, habían comprado varios regalos para ellos, solo unos habían sido traídos para no cargar con exceso de equipaje, y justo uno de ellos era lo que Haru llevaba puesto en ese momento.
La preciosa pijama tipo mameluco de gatito morado, lucía endemoniadamente adorable en ella, y esta, había saltado de emoción cuando al fin se deshizo de toda la envoltura y vio de qué se trataba, abrazando con fuerza la ropa, seguido de un "muchas gracias" y una hermosa sonrisa que atravesó el corazón de Yachio y Celestino con un ¡boom! de ternura.
El turno de Takato no se hizo esperar, y ante la mirada atenta de todos, este recibió dos brazaletes de oro, uno para él y otro para Haru, que tenían grabado en la parte de atrás la frase: "Nuestro tesoro".
Lo que terminó por barrer por completo todo ápice de duda e inseguridad respecto a si estas increíbles personas podrían aceptarlos de corazón.
—Se siente tan irreal – susurró mientras acariciaba las cejas negras de Haru, quien dormía con una paz de quien nada debía ni temía. Finalmente, él también terminó por rendirse envuelto en hermosos recuerdos que endulzaron sus sueños.
Junta, cansado de pasar horas en su oficina para ponerse al corriente con todo lo que había dejado de lado por irse a Japón, apagó la computadora para dar por concluida su jornada de trabajo. Miró el reloj maldiciendo en voz alta porque por tercera vez consecutiva se había perdido de la cena familiar.
Frotó su rostro con ambas manos y se puso de pie para salir de ahí enseguida. Extrañaba ver a Takato y Haru, pues sus horas con ellos se vieron considerablemente reducidas después de volver a su rutina.
Había pasado una semana desde que habían llegado a Mijas, el personal de servicio se había encargado de atender excepcionalmente a los nuevos inquilinos de la mansión, quedando encantados con el dulce omega y su pequeña cuando estos mostraban sorpresa con cada detalle de la casa que les iban mostrando; ya que la arquitectura era realmente diferente a lo que estaban acostumbrados, teniendo una fuerte influencia árabe que resultaba exótico y diferente.
Sus abuelos, se habían esmerado en las habitaciones de Takato y Haru, y no solo de ellos, pues en cuanto supieron que Ramiro también estaría en casa, llamaron al personal de la casa poniéndolos a trabajar en tiempo récord para tener listo su espacio, haciendo gala de cómo los Alfas de ascendencia pura tratan a las demás personas, especialmente a las que han decidido amar y proteger.
Tema que mantuvo a Takato, Haru y Ramiro con la boca abierta. Pues cuando llegaron a una parte de la casa que parecía un santuario, fue inevitable contemplar el enorme cuadro colgado en la pared, donde un lobo gigantesco de apariencia fuerte y gallarda les quitó el aliento.
Celestino les contó que tanto su familia como la de su esposa descendían de lobos directos, que por muchos años se mantuvo intacta, pero con la llegada de los hijos y sobrinos, se fue perdiendo.
Ser descendiente directo de lobos implicaba un dominio excepcional de autocontrol, inteligencia y sentido de protección. Ellos solo se vinculaban con quien consideraban su alma gemela y la unión era de por vida. Los omegas eran respetados entre sus filas y vistos como iguales, pues eran los que mantenían la armonía en el hogar. También, los alfas eran territoriales con los suyos y se desvivían en regalos y muestras de afecto. Lo que hizo que Takato volteara a ver a Junta, entendiendo un poco el porqué, aunque este fuera un beta, era tan atento, sus abuelos se lo habían enseñado, o eso pensaba él.
Cuando la plática se fue haciendo más profunda, Junta había interrumpido, pues un desliz podría generar más situaciones, como el hecho de las líneas de sangre y como era imposible que un beta naciera en esta familia. Aunque hubo algunos reclamos por parte de todos, continuaron con el recorrido.
Así, los días siguieron, tomando uno de ellos para mostrarles el centro de Mijas, cosa que emocionó sobremanera a Takato y Haru, y que el primero agradeció, pues moría por salir y conocer el pueblo que lucía completamente blanco.
Por desgracia, los viejos acondicionamientos seguían fuertemente arraigados. Aún le costaba mucho expresar lo que quería cuando lo quería; por lo que, a menos que fuera para hablar por Haru, él no diría nada.
Ramiro, por su parte, había decidido que no quería ser una carga para la familia y que buscaría su propio departamento. Gracias a que Ayagi lo había ayudado, ahora tenía demasiado dinero en su cuenta y el solo pensar en aquel Alfa, hizo que su corazón se apretara. Esperaba que con la distancia pudiera superarlo, pero solo había hecho que la herida se avivara, pues cada que tomaba su café, escuchaba la voz del otro haciéndole bulla por echarle leche.
Lo cierto era que deseaba verlo, pero el orgullo de macho no lo dejaba y menos podía hacerlo cuando, por las noches, fue atacado por su consciencia, que con mente más tranquila reflexionó en todo lo que le había dicho.
Su mente era una maraña de confusión. Por un lado estaba la visión de encontrarles en el acto y por el otro, la mirada desorientada y dolida de Ayagi. En consecuencia, para alejar esos pensamientos, miraba la televisión hasta que los ojos se le iban cerrando y la luz del nuevo día lo despertaba para cumplir con el trabajo que nuevamente había aceptado, el cual era: ser el guardaespaldas de Haru y Takato.
De vuelta al presente, Junta caminaba por el amplio pasillo rumbo a su habitación, cuando por uno de los enormes ventanales vio a Takato en el patio meciendo a Haru.
Sin hacer ruido el alfa se acercó colocando una cobija sobre los hombros del omega, sintiendo como este se estremecía.
—Me asustaste… no te escuché – dijo en un susurro sobando la espalda de Haru.
—Perdón, cariño. ¿Qué hacen a esta hora afuera?, el aire se pone fresco durante la noche, pueden enfermarse. – Advirtió con dulce tono al tiempo que tomaba con delicadeza en su brazos a una Haru súper dormida, acunándola y asegurándose de que estuviera bien cobijada.
—Tuvo una pesadilla… creí que si miraba el paisaje se tranquilizaría. La vista desde aquí es hermosa – dijo depositando un beso en la rosada mejilla.
—Lamento no haber podido ayudarte – aseguró con voz afligida llamando la atención de Takato.
—No, no digas eso. No puedes estar todo el tiempo con nosotros.
—Podría si durmiéramos juntos – continuó deslizando su brazo por la cintura del omega hasta atraerlo.
—Eso sería fabuloso, - suspiró recargando su cabeza en el hombro del alto — pero primero tengo que hablar con Haru sobre nuestra relación y… aún es pronto para eso. Perdón por hacerte esperar – lamentó agachando su cabeza.
—Oye, nunca bajes la cabeza, - pidió levantándolo por el mentón — ¿sí?, yo te esperaré cuanto necesites, no tenemos prisa. Yo seguiré tratándolos con amor sin importar lo que pase. Ustedes son mis personas amadas, son mi vida ahora.
Takato lo miró con amor mordiendo su labio inferior. —Chunta, eres increíble… ojalá te hubiera conocido antes…
—De haberlo hecho no habrías tenido a esta preciosura – indicó besando la frente de Haru.
—Jaja, tienes razón. Mi primavera, mi rayito de sol, mi niña valiente. Ella me defendió… cuando se supone que yo debía hacerlo por ella, ahora por mi culpa tiene esas pesadillas – Exclamó Takato con voz quebrada.
—Shh, no es tu culpa. Esa basura era una bestia imbécil que no tenía ni la más mínima idea de sus responsabilidades como alfa y pareja. Haru es muy fuerte, posiblemente sea una alfa, los omegas son pacifistas por naturaleza, no pelean, y que ella siendo tan pequeña se le plantara a un alfa dominante descontrolado, es muestra de su amor, valor, determinación e instinto protector.
—No se si alegrarme por eso… alfa… quisiera que no se pareciera en nada a su padre – sollozó.
—Cariño mírame y pon atención. – pidió Junta acariciando el fino rostro —No se parece en nada a él. Si Haru es como es, es gracias a tu crianza. La has llenado de amor, paciencia y ternura. Eres su madre, un omega que da todo por ella. Es inteligente, educada, cariñosa, respetuosa, no exige nada, no levanta la voz para pedir lo que quiere, tiene un precioso color y cabello negro azabache como el tuyo, a excepción del color de sus ojos, ella es tu clon, toda tu esencia está en ella, Himura no fue más que una gota, tus genes hicieron todo el trabajo. Tú has hecho un increíble trabajo. Además, nos tendrá a nosotros, a mis abuelos, a Ramiro y demás personas buenas que la guiarán siempre por el buen camino. Ella no se parecerá a él.
Takato dejó salir las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos. Nunca le habían dicho que Haru fuera como él y que sus buenas maneras fueran resultado del cuidado que ponía en ella, de hecho, jamás había sido reconocido en nada y tener a Junta enumerando todo aquello y asegurándole que había hecho un buen trabajo, era un sentimiento indescriptible que llenaba su pecho y le hacía saber que nada había sido en vano.
Las emociones lo sobrepasaban y cada día se enamoraba aún más del hombre que lo sostenía contra su cuerpo envuelto en un aire de ternura.
—¿Sabías qué? como omega, puedes producir feromonas para tranquilizar a tus crías. – Habló Junta viendo cómo Takato dejaba de llorar de repente haciendo un gesto de interés ante sus palabras.
—No… no sabía…
—Lo supuse, no tuviste tiempo siquiera de asimilar que eras un omega y tus capacidades. Como te dije, justo aquí – dijo tocando un punto en el cuello del azabache. —Los alfas y omegas segregan una feromona que marca y tranquiliza, independientemente de si están vinculados o no, pueden hacerlo. Por eso, la próxima vez que veas a Haru ansiosa, puedes usarla, solo pégala a tu cuello y concéntrate en esa área.
—Es impresionante, nunca lo hubiera imaginado. Gracias por enseñarme, sabes muchas cosas.
—Se lo normal – dijo en tono humilde, paralizándose cuando Takato hizo una pregunta.
—¿Los betas también pueden hacerlo? – un velo de curiosidad pasó por su rostro.
—¿Por qué lo preguntas?... no, no pueden. – Aseguró intentando relajarse.
—Oh, ya veo…- dijo sin seguir indagando — ¿entonces, lo que sentí al bajar del avión, la repentina tranquilidad que me rodeó no fue por Junta? – pensó repasando el episodio en su mente, hasta que recordó que Sasaki iba atrás de ellos, preguntándose si él era un alfa y de serlo, posiblemente había sido él el que los había tranquilizado.
—Estoy siendo muy descuidado. – pensó el ojiverde. Pero le era muy difícil contener su lengua cuando platicaba con su pareja, porque todo se daba tan fluido, cómodo y natural que para cuando menos lo imaginaba, ya había dicho algo que no debía. —¡Debes ser honesto! – se reprendió mentalmente.
Cuando al fin todo volvió a la calma, Junta comenzó a encaminarlos a sus habitaciones sin darse cuenta de que no muy lejos de ahí, Celestino los seguía bajo su atenta mirada.
—¡Mami, mami!, ¡mira lo que abuelito me hizo!
La pequeña había entrado corriendo desde el jardín como rayo, chocando contra las piernas de Takato quien estaba sentado en la sala de té acompañando a Yachio mientras esta le platicaba sobre el negocio familiar y de cómo Junta desde hacía unos años se había encargado de este.
—¡Wow! ¡Tranquila!, casi haces que tire el té y has interrumpido a abuelita Yachio – reprendió Takato con firmeza sin perder su tono amable.
—Lo siento mami, lo siento abuelita. – susurró apenada.
—Acepto tus disculpas – dijo la mujer encantada porque Haru la llamara abuelita. Hacía dos semanas que habían llegado y desde el segundo día, la niña se había sentido de lo más cómoda llamándolos abuelito y abuelita, cosa que hizo latir con euforia sus ancianos corazones ya no tan aptos para emociones fuertes.
—Yo también las acepto. Ahora sí, ¿qué querías mostrarnos? – preguntó Takato removiendo algunos mechones azabaches de la frente de la nena.
—Abuelito me hizo una corona con flores de "najara" – dijo orgullosa mostrando la creación.
—Se dice "naranja", Haru chan. -Corrigió el hombre que entraba con un ramo en cada mano —Toma belleza, estas son para ti – dijo inclinándose hacia Takato. Quien se sonrojó como melocotón agachando la cabeza seguido de un gracias, algo que Celestino disfrutó. —Y estas otras son para mi mayor tesoro – agregó con un beso en la mejilla de la mujer que le sonreía gustosa.
—Oh, eres todo un alfa coqueto – río la mujer palmeando el pecho de su esposo.
—Sí, eso, naranja. Está muy bonita, me la pones ¿mami? – preguntó Haru, regresando a Takato al momento.
—Claro que sí, pero… ¿ya le agradeciste a abuelito?
—Sí, mami. Fue lo primero que hice. – Asintió orgullosa de sí misma.
—Que niña tan linda tengo. Bien hecho, ahora ven… deja te la acomodo… mm. Listo, pareces una hermosa ¡hada del bosque!
—¡Sí! Me gusta ser una hada. Tómame foto mami.
—Jajaja, está más parlanchina que al principio – Indicó Celestino sirviéndose té.
—Sí, se siente muy cómoda con ustedes. – Afirmó Takato apuntando con su celular a la pequeña.
—Y nosotros con ella y contigo. La atmósfera de la casa cambió por completo, hasta nuestro personal sonríe más y en la cocina adoran cuando Haru entra pidiendo alguna golosina, los alfajores son sus favoritos. hacía años que no teníamos niños por aquí. Es tan agradable.
—Ajá… con que pidiendo golosinas. – Dijo Takato mirando a la niña que movía su dedito índice a su boca, indicándole a la abuela que no dijera nada más, provocando que los adultos estallaran en risas hasta que Leticia, una de las sirvientas llamó su atención.
—Disculpen que los interrumpa, pero el maestro Alberto y el señor Ramiro han llegado para las lecciones matutinas de la señorita.
—Se acabó el descanso Haru, indicó Takato depositando un beso en su mejilla. Saluda al maestro apropiadamente. Pon mucha atención.
—¿Vendrás conmigo mami? – preguntó la nena.
—Sí cuando sea la hora de español. Yo también debo aprenderlo – susurró frotando sus narices.
—Te estaré esperando con el tío Ramiro.
Takato y los otros se despidieron de Haru cuando esta salió de la mano de Leticia para sus clases. Hacía una semana Junta se había encargado de contratar a un maestro privado para que la niña no se atrasara y perdiera el año escolar. La selección había sido rigurosa, el ojiverde repasaba casa solicitud y los pocos que lograban la entreviste se sentían abrumados con su presencia. Se estaba comportando como un padre muy comprometido con la seguridad de su cachorra y educación. Después de atormentar a varios maestros, encontraron al sujeto ideal. El hombre tenía 30 años de experiencia docente y dominaba varios idiomas, entre ellos el japonés; además, tenía excelentes notas académicas y un impecable historial laboral, era beta y viudo desde hace cinco años, por lo que para evitar la depresión volvió a trabajar, pero ahora como particular.
Alberto era de estatura media y facciones fuertes, nariz alargada y cejas tupidas que necesitaban ser recortadas con urgencia. Su forma de hablar era formal y educada, manteniendo siempre la línea entre maestro y aprendiz.
Cuando Haru lo conoció lo olfateó un poco, dejando impresionados a todos, hasta a ella misma que no sabía siquiera por qué lo había hecho, pero tras aquella acción y como si considerara que este no era una amenaza para ella, lo aceptó, teniendo como acompañante fiel a Ramiro que la cuidaba mientras esta tomaba las clases.
Desde entonces el sujeto llegaba pulcro y puntual a las nueve de la mañana para comenzar con las lecciones que terminarían hasta las dos de la tarde, Justo antes de la hora de comida. En ocasiones los acompañaba en la mesa aprovechando para comunicar los avances de la niña, elogiándola sin fines ocultos sobre lo rápido que aprendía.
—Hoy es el día, ¿no es así? – mencionó Celestino colocando la taza sobre la mesa de centro, sorprendiendo a Takato.
—¿Perdón?
—Junta nos comentó que hoy hablarían con Haru sobre su relación. Ella es muy inteligente, seguramente nota cómo se miran y el trato que tienen, estoy seguro de que todo irá bien, sino ella ya hubiera hecho algo por evitar su acercamiento o habría rechazado a mi nieto.
—Sí… yo también lo he notado y aunque creo lo mismo, es difícil ponerlo en palabras y explicarle a una niña que su mami quiere a otra persona. En cuanto a lo otro, Haru jamás lo rechazaría, tal vez no se muestra tan afectuosa, pero… es extraño, es como si lo mirara con respeto, como si fuera una figura que seguir. Siempre que está ante él trata de comportarse y lo observa con mucha atención, como si aprendiera de él, jeje.
—Porque así es como un alfa aprende de otro – intervino Yachio, quien de inmediato trago seco tras reflexionar sobre lo que había dicho.
—¿Cómo? – Takato frunció el ceño
—Sí, bueno – intervino Celestino en el acto —Hemos criado a Junta como uno de nosotros, así que no podrías encontrar la diferencia entre un alfa puro y él – dijo riendo, intentando romper la tensión que se había formado segundos atrás.
—Sí, bueno… nunca tuve la oportunidad de conocer a alguien como él. Lo han criado espléndidamente – sonrió olvidando el comentario de la mujer.
Ambos abuelos sonrieron con cierta amargura, odiaban tener que encubrir una mentira y esta, ya se estaba extendiendo demasiado. En el poco tiempo que tenían de tratar a Takato, lo consideraban un omega bueno y dulce que merecía ser tratado con amor y respeto. Lo querían y rogaban que cuando todo se supiera no odiara a su nieto ni a ellos por haberlo encubierto.
—¿A qué hora platicarán con Haru?
—Junta dijo que haría todo lo posible para salir del trabajo antes de las seis. Pasará por nosotros a las siete e iremos a cenar a un restaurante llamado… "Tomi-ro rimon". -Dijo intentando recordar la pronunciación correcta.
—"Tomillo limón", es un buen lugar. La comida es deliciosa lo van a disfrutar – habló animado el de lentes. —Tienen unas patatas cremosas con solomillo y setas que te hacen chuparte los dedos.
—Mmm, ni a Haru ni a mi nos gustan las setas... – dijo apenado bajando los hombros.
—Oh, hijo, debiste decirnos, creo hoy harán una sopa cremosa de setas. Ahora mismo les digo que no habrá más setas en esta casa. -Pronunció la mujer caminando hacia la cocina.
—No, no tiene que…
—Shh, déjala y tú, por favor dinos qué más no les gusta. Siéntete con la confianza de decir lo que quieres y piensas. Queremos saberlo todo.
—Lo haré, muchas gracias - pronunció contento.
—Hola cachorrita, ¿cómo estuvo tu día? – Preguntó Junta tomando a la niña que lo había recibido en la puerta.
—Bien, aprendí a contar hasta el 100, practiqué hiragana y español, comí con mami, Ramiro y abuelitos; y Rosario me dio casadielles, sabían ricos – dijo enumerando con sus manitas.
—Estoy muy sorprendido y orgulloso. -pronunció mientras avanzaba hacia la habitación de Takato — ¿Solo eso te dio Rosario? – pidió saber levantando una de sus cejas, pues desde que habían llegado, la pequeña había devorado todo lo que llevara azúcar y aunque amara verla disfrutar de esas delicias, debía cuidar su salud.
—Sí, porque abuelita le dijo: No más "gosinas", dientes, cuidado. -Esto último lo dijo en español reproduciendo lo que había entendido al tiempo que movía su dedito imitando a Yachio.
—Jajaja. Así es, abuelita quiere que tengas tus dientitos sanos, porque si comes mucha azúcar te pueden salir caries y eso duele mucho.
—Sí, por eso me lavo los dientes – se defendió.
—¿Cómo es que eres tan adorable? – dijo Junta apretándola en un abrazo al tiempo que veía como Takato caminaba a su encuentro.
—¡Ahí estás! – dijo poniendo su mano en el corazón intentando recuperar el aliento. —Te dije que debías esperarme en el cuarto, me asusté cuando no te vi Haru.
—Lo siento mami, pero Chunta san dijo que a las siete venía y quería recibirlo.
Takato miró con ternura a Haru que mantenía la cabeza recostada en el pecho de Junta.
—Haru, me hace muy feliz saber que querías recibirme, pero cuando mami te de una indicación tú debes obedecer, ¿de acuerdo?
—Sí, de acuerdo.
—Bien dicho, preciosa. Ahora, ¿están listos para salir? – preguntó con una sonrisa de oreja a oreja, recibiendo un sí animado de madre e hija.
Casi para salir, Celestino les detuvo.
—Pero qué bien se ven todos. -Exclamó el hombre recibiendo un gracias por parte de los tres a lo que correspondió con una sonrisa. —Lamento interrumpirlos, pero… les importaría si ¿retengo a Junta?, hijo ¿puedes venir un momento por favor? – pidió el hombre sin perder el buen rostro.
—Seguro – exclamó el alto —por favor espérenme en el coche, no tardaré.
En cuanto el omega y la niña salieron, la sonrisa que había acompañado todo el tiempo a Celestino se esfumó dando paso a una mirada severa y voz gélida.
—¡Ya basta, Junta! – sentenció bajo la mirada sorprendida de su nieto. —¡No más mentiras!, si realmente amas y respetas a tu pareja, si lo que quieres es hacer una vida con ese precioso omega y niña, ¡no más mentiras!, hablarás con él y le contarás todo y aguantarás cualquiera que sea su respuesta. Ese chico y esa cachorrita son lo mejor que pudo haberte pasado, los amamos tanto como te amamos a ti y tanto tu abuela como yo no podemos seguir hablando con ellos como si nada pasara, nos remuerde la conciencia. Hemos querido decirle la verdad muchas veces y nos hemos callado por ti, porque nos pediste tiempo. Un verdadero alfa siempre es honesto, tú eres un raza pura, un enigma, fuiste dotado de lo mejor, pero justo ahora nos tienes muy decepcionados por la manera en la que te has estado manejando. O es que piensas mantenerlo en esta casa para siempre, crees que no hemos visto el miedo con el que sales pensando que nos encontraremos con alguien que podría ¿delatar tu identidad? Ya no eres un niño, deja de actuar caprichoso y asume la responsabilidad de tus acciones. Ahora mismo vas a una cena en la que pretendes que una niña te acepte como su figura paterna, como alguien en quien apoyarse y a quien seguir, por lo que con mayor razón debes ser un ejemplo en todos los sentidos.
Junta agachaba la cabeza, cada palabra de su abuelo taladraba su mente y corazón. Él era consciente de sus fallas y por ahora, la sangre no había llegado al río, pero sabido era que la mentira y el engaño tenían fecha de caducidad.
¿Amaba a Takato?, más que a sí mismo y que todo lo habido y por haber, por ello, experimentaba cada día un miedo atroz que por las noches le robaba el sueño y que por el día lo perseguía como su sombra. No quería perderlo, no a su amado, a su alma gemela, su precioso destinado.
El anciano miró el gesto abatido de su nieto sintiendo su dolor. Colocó ambas manos sobre los hombros ajenos y dijo: —Te doy solo dos día más, si lo dejas pasar, nosotros hablaremos con Takato. Sé que estoy pidiendo algo que te es sumamente difícil, pero hacer lo correcto nunca ha sido tarea sencilla. No es justo que vivas así, ni es justo para ellos. Sé un alfa respetable, por ti, por ellos, por nosotros, por tus padres, para que en vez de reflejar esa vergüenza en tus ojos, reflejes la grandeza de tu linaje y el enorme corazón que sé que mi amado nieto tiene.
No hubo más palabras, el ultimátum estaba corriendo y a cada paso que daba hacia el coche, Junta apretaba la boca, no fue hasta que apreció a Takato y Haru sonriéndole, que supo que el tiempo se había terminado.
Mientras tanto, en el mero centro de Mijas, Ramiro se encontraba sentado en una de las mesas del primer bar al que había decidido entrar. Cada día parecía más un muerto viviente que persona, necesitaba una fuerte distracción y la distracción llegó en forma de un omega pequeño y sensual que no le quitaba la mirada de encima en una clara insinuación.
Ramiro tomó de jalón el contenido de su vaso, pero antes de ponerse de pie, su celular, que no había sonado más que por llamadas de Takato o Junta, mostraba un nombre bien conocido por él.
Sorprendido, arrugó el ceño y sin esperar otro timbrazo contestó.
—Tanaka san, mucho sin saber de usted. ¿Cree que podría venir a Kabukicho?, tengo algo… o más bien, a dos sujetos que le gustaría conocer.
—Hasegawa san… no, yo… ¿de qué me habla?
—¿Vendrás, sí o no? – dijo el hombre con su característica voz monótona.
—Ahora mismo no estoy en Japón – respondió rascándose la cabeza sin entender nada.
—¿Dónde diablos estás?, supe que Saijo san se fue con el ex Oyabun Azumaya, ¿los seguiste?, ¿pensé que te quedarías con Ayagi Chihiro – comentó el hombre dándole una mordida a su pan con crema.
—Creo eso es algo que no le incumbe Hasegawa san – arremetió el moreno con voz fría.
—Mmm… y yo que pensé que le hacía un favor a quien fuera un buen hermano*, entonces le llamaré al Oyabun Ayagi, seguro a él sí le interesará tener en sus manos a los hijos de puta que drogaron y violaron a su hijo. Bueno, gusto en saludarte, Tanaka san, disfruta tu estancia en España.
—¡ESPERE! – gritó fuera de sí - ¡¿Qué fue lo que dijo?!
—¿Qué?, ¿no lo sabías?... - Ante la falta de respuesta continuó. —Te resumiré la historia. Hace dos semanas escuché una conversación algo peculiar en un café, un alfa y un omega platicaban sobre lo que le habían hecho a cierta persona, entonces escuché el nombre de Ayagi hijo, en pocas palabras, el alfa le había pagado al omega para que lo drogara con "la felicidad", sé que la conoces – afirmó el hombre —Como te decía, el omega lo drogó, el alfa se aprovechó y se lo llevó a un hotel, pero tiempo… eso sí lo sabías, porque según esto hasta golpeaste a esta mierda que tengo aquí – dijo el hombre pateando al alfa que se encontraba amordazado.
Ramiro sintió como si un rayo hubiera caído sobre él, de inmediato la imagen de un Chihiro desorientado, desnudo, marcado y llorando lo golpearon con furia. Seguido de las horribles palabras que le había dicho. Él y nadie más que él había terminado de ultrajarlo con su desprecio y falta de confianza.
Apretó con fuerza los dientes y puños, no podía creer lo imbécil que había sido, cuando en más de una ocasión el castaño le había demostrado cuánto lo amaba.
La culpa, vergüenza, dolor y angustia lo invadieron al mismo tiempo. Por lo que haciendo un gran esfuerzo abrió la boca para hablar.
—Hasegawa san, por favor mantenga a esas escorias encerradas… estaré allí en 24 horas.
—Bien, te mandaré la dirección por mensaje. Yo tengo negocios que atender, por cierto. Esto también lo hago porque entre Yakuzas debemos cuidarnos y Ayagi C. será el próximo Oyabun y no podemos permitir que simples mierdas se metan con uno de nosotros.
Ramiro apretó su celular, soltando un gruñido.
Después de colgar el hombre dejó unos cuantos billetes en la mesa y salió corriendo, dejando al omega con cara de incredulidad cuando el moreno pasó a su lado sin siquiera mirarlo.
—Chihiro… Chihiro, ¿podrás perdonarme? – susurró el hombre acongojado en cuanto se subió a su motocicleta para dirigirse a su departamento, debía preparar rápido una maleta y aún más importante, informarle a Takato sobre su partida.
Ahora estaba a 24 horas de saber exactamente lo que había pasado aquella noche, pero lo que más le causaba dolor y ansiedad, era saber que no le dio ni un minuto al Alfa para explicarse y que conocería los hechos por los dos idiotas perpetradores.
Consciente era, de que había cometido otro error imperdonable en su vida. Pero este, a diferencia del primero, tal vez… solo tal vez, podría obtener redención y de ser así dedicaría todos los días de su vida a resarcir en la medida de lo posible, el daño que había causado.
¡Hola de nuevo!
*Entre Yakuzas es normal que se llamen hermanos, pues se supone son una familia.
Pues qué les cuento, aproveché que de donde soy tuvimos día feriado y pues que me pongo a escribir.
Espero les haya gustado este capítulo, traté de reflejar la personalidad de los abuelos de junta, así como un poco de su historia familiar y los fuertes valores que tienen. El trato hacia Takato y Haru, entre muchas otras cosas… como lo que piensan del problema en el que Junta se ha metido y lo que él mismo reflexiona.
También agregué más características de un omegaverse.
Me encantaría poder tener comentarios de ustedes, si les gusta la historia, si no les gusta, si tienen sugerencias, etc. algo que me haga saber que hay vida del otro lado y me anime a continuar.
