Sorry por la demora, estaba ocupada BAJANDO A ORO IV CON 0 PL JAJA SALUDOS, AYUDENMETENGOPROBLEMASMIDUONOMEAMANORANKEAMOSHOYYAYERMEDEJÓ0PLELDESGRACIADODANIELTEODIOTEODIOOOOOOOOOOOO
Listo, ya... lo dejé salir. Hoy no habrá Diana ni Leona, sólo Syndrelia porque siento que hace rato no tienen nada de ellas xd Y SÍ. Todas tuvieron un crush con Nami... Nami, te amo, EL PROXIMO FIN DE MES COMPRARÉ TU SKIN CON PATAS, LO JURO.
Por cierto, les quería pedir que me siguieran en twitter, porque igual también estoy dibujando a mis lolsbianas (Diana y Leona ahr) porque necesito administrar mi tiempo en otras cosas y no solo en PERDER MI ESTABILIDAD MENTAL EN EL LEAGUE OF LEGENDS. Soy Quasart_4 en Twitter UwUr igual si me dan follow les doy follow porque NO SÉ CÓMO SE USA TWITTER Y ME BLOQUEARON 30 DÍAS DE FACEBOOK XDXD
En fin, se cuidan.
—Hazme una pregunta… la que sea. —dijo Syndra, observando en la pantalla el desenlace de la película con desinterés—. La responderé con total sinceridad.
—¿No te gusta la película? —preguntó Irelia, sonriendo con pesar.
—No. Siguiente pregunta. —respondió Syndra sin titubear. Irelia rió—. ¿Qué es tan gracioso?
—Literalmente hace una hora y media me preguntaste mi película favorita para verla, porque querías conocerme mejor. —dijo Irelia, acariciando el cabello de Syndra con delicadeza—. Pero no te gusta mi película favorita y eso… es un poco decepcionante.
—Joder, soy la peor novia del mundo. —gruñó Syndra, sin parar de mirar la película—. Si fuera tú, cortaría conmigo. Soy horrible. Una perra total… sí.
—Eres afortunada, no soy tú. —dijo Irelia, llevando un puñado de palomitas a su boca—. ¿Por qué no te gusta?
—¡Porque los idiotas van a morir! —exclamó Syndra, moviéndose en la cama—. Y hay tanta tensión y… ¡ya sabemos que van a morir porque ella despertará y los hará volar como tontos juguetitos! Quiero decir, es la soberana oscura y yo soy de Fae'lor… es cultura general saber que, al final, fue encarcelada de nuevo y el estúpido equilibrio triunfa y bla, bla, bla.
—Creo que su final fue un tanto agridulce. —susurró Irelia, mirando a Syndra por un momento—. Al menos, la secuela de esta película, en donde aparecen la cuchilla danzante y Karm-
—Jódete, Karma. —gruñó Syndra, lanzando un puñado de palomitas en dirección a la pantalla—. ¡Despertó! Mueran, jonianos insolentes, ¡mueran!
—Eres linda cuando te enojas. —dijo Irelia, mordiendo su labio inferior.
—Soy caliente, no linda. —musitó Syndra, girando sus ojos. Por primera vez desde que Irelia colocó la película, Syndra despegó su mirada de la pantalla para mirarla—. Tú sí que eres linda.
Ampliando su sonrisa, Irelia acercó su rostro al de Syndra, uniendo sus frentes por un instante.
—Eres hermosa, cariño. —susurró Irelia, rozando su nariz con la de Syndra—. Muy hermosa… la joniana más hermosa que mis ojos han visto.
—¿Insinúas que has visto otras jonianas? —gruñó Syndra, acercando su mano al brazo izquierdo de Irelia y clavando sus uñas en su piel.
Un ruido sordo y la música de tensión causó que ambas desviaran sus miradas a la pantalla. Los quejidos y diálogos siguientes fueron casi irrelevantes para Syndra. No obstante, hubo una frase en específico que le encantaba de esa película.
—Y si tú eres jonio, entonces tú eres mi enemigo. —susurró Syndra, sonriendo con malicia cuando uno de los aparentes protagonistas de la película se desplomaba en el estanque—. Mátalos, soberana oscura, mátalos a todos.
Irelia sonrió cuando escuchó a Syndra decir aquello. Recargó su cabeza de la de Syndra, observando la pantalla con total interés.
—Y ahora te hacen ver que el imbécil de Jalan es "el bueno". —gruñó Syndra, negando con su cabeza—. No es bueno… ¡traicionó a Jonia! En cambio, J-
—Jonia traicionó a la soberana oscura. Sí, definitivamente sabía que dirías eso. —dijo Irelia, riendo un poco—. No creo que él haya traicionado a Jonia… pero sí creo que lo que piensas es cierto. Jonia la traicionó desde el primer momento debido a su poder oscuro. Fueron prejuiciosos.
—Fueron idiotas. —dijo Syndra, tomando su teléfono cuando vibró. Era Sarah. Le había enviado una foto de ella, Nami y Diana en un parque, invitándola a unirseles—. ¿Te gustan las fotos, Irelia?
—Estoy harta de las fotos. —respondió la pelinegra, viendo las escenas finales mientras llevaba palomitas a su boca—. ¿A ti te gustan?
—Sí… mucho. —susurró Syndra, descansando su cabeza en el pecho de Irelia, dejando de lado el final de la película al ver el Instagram de Nami.
Si bajaba lo suficiente en las fotos de su mejor amiga, podía ver el momento exacto en el que comenzó a salir con Sarah, hace tres años. Nami siempre estaba más preocupada por estudiar o por sus problemas familiares que subiendo tonterías a internet, como ella hacía. Era así desde que se conocieron.
Syndra era la que se encargaba de lucir bien ante todo. Podía ir a clases sin su lápiz, pero no sin su labial, eso no le impedía ser una de las mejores de la clase.
Diana era la que siempre estaba dispersa en su mundo, jugando un videojuego y hablando de la luna. Ponía algo de esfuerzo en clase y con eso era suficiente para tener un promedio alto.
Nami era la que siempre tenía un libro distinto en sus manos. Cada semana, desde que la conoció, Nami leía un libro. Poesía, romance, ciencia ficción, terror. Sus favoritos eran los de romance, por supuesto. Sin embargo, a diferencia de Diana o Syndra, Nami siempre estaba estudiando.
Cuando mucho, subía una foto a sus redes una vez cada dos o tres semanas. A veces una mensual. Syndra no podía estar un solo día sin postear al menos una foto de su vestuario, lo que comía, lo que hacía. Por otro lado, desde que Zoe nació, Diana sólo subía fotos de su pequeña hermana creciendo. Cualquier foto en la que estuviera Zoe, incluso si sólo estaba viendo algún programa de televisión, Diana la posteaba.
Pero ahora. Diana tenía novia hace dos días y ya tenía cuatro fotos posteadas con Leona. Nami, tenía más de cien fotos con Sarah. Y luego estaba ella, borrando fotos suyas con Zed, que ni siquiera eran muchas.
—Realmente no te gustó la película, ¿cierto? —preguntó Irelia cuando los créditos aparecieron en pantalla y Syndra estaba recargada en su pecho, viendo su teléfono—. Está bien, no me molesta.
—Me gustó verla contigo. —dijo Syndra, alzando la mirada para poder ver a Irelia—. No es mi película favorita de historia joniana, pero… verla contigo me hizo sentir distinto que cuando la vi antes. Tu cara de emoción es muy hermosa.
—Es sólo… que me gusta la soberana oscura, ella era tan genial. —susurró Irelia, sonriendo—. Su historia es atrapante. Y, si prestas atención a la historia, ella no usaba "magia oscura", ella creaba esferas de energía concentrada en sus emociones. —explicó la pelinegra, acariciando el cabello de Syndra—. Hay una historia que me contaba mi abuela… decía que, antes de que la soberana oscura fuera sellada de nuevo, conoció a la cuchilla danzante.
—Oh, escuché eso alguna vez. —dijo Syndra, encendiendo la cámara frontal de su teléfono—. No tenían mucho en común, pero es gracioso cómo la niña que salvó a Jonia de Noxus fue más comprensiva con la exiliada que cualquier otro joniano estúpido. Fue una pena que todos sus encuentros fueran una trampa para volver a apresarla.
—Mi O'ma me dijo que, en su única batalla antes de ser sellada, en un intento por salvar a la cuchilla danzante de una emboscada noxiana, la última esfera de la soberana fue de luz blanca. —dijo Irelia, acercando sus labios a la frente de Syndra para besarla—. A pesar de la traición, usó la última gota de magia que le quedaba, reuniendo sus emociones por la cuchilla para salvarla de una muerte segura.
Syndra tomó una foto. Irelia estaba besando su frente y ella, sin haberlo notado, sonreía. No era como sus usuales sonrisas. No había prepotencia o un dejo de sarcasmo en ella.
Era sólo una sonrisa.
Incluso sus ojos tenían un brillo distinto. Por algún motivo sentía que se veía diferente que en las fotos que se tomó en la mañana.
Alzó su mirada, encontrando el rostro de Irelia muy cerca del suyo.
—Me encantas. —susurró Syndra acariciando una de las mejillas de Irelia—. También reuniría mis pocas emociones positivas para salvarte de ser necesario.
—Oh… eso es tan romántico. —respondió Irelia, cortando la distancia entre ellas para besar a Syndra.
La clave menor de los créditos de la película se escuchaba como un triste murmullo en la lejanía para Irelia. El compás lento discernía por completo con las fugaces palpitaciones del corazón de la prodigio, que apresó la delicada piel de la cintura de Syndra en sus manos.
En el momento en que su teléfono vibró, Syndra se separó de Irelia, buscando con la mirada el objeto.
Había olvidado contestarle a Sarah y ella volvió a escribirle.
—Jódete, Fortune. —gruñó Syndra, escribiendo con rapidez una excusa tonta—. Lo siento… ¿dónde quedamos?
Riendo un poco, Irelia rodeó la cintura de Syndra con sus brazos, hundiendo su rostro en su pecho y aspirando el suave aroma que desprendía la rubia.
—¿Cuál es tu color favorito? —preguntó Irelia, depositando pequeños besos en el pecho de Syndra.
—Púrpura. —respondió Syndra, alzando su teléfono para tomar otra foto—. ¿Por qué?
—Joder, juraría que era el violeta. —dijo Irelia entre risas—. Nada importante, sólo quería saber cosas de ti como tú querías saberlas de mi hace un par de horas. ¿De verdad no era el violeta?
Syndra negó con su cabeza, extrañada por volver a verse a sí misma en la pantalla de su teléfono. Estaba sonriendo, incluso si no lo pretendía.
—¿Quieres que nos hagamos preguntas estúpidas de pareja para conocernos mejor? —indagó Syndra y al instante Irelia alzó su mirada. Parecía emocionada—. Es decir… no es como si cambiamos mucho, pero no tenía idea que eres intolerante a la lactosa.
—Sí… mi postre favorito es el helado, así que mi vida es una miseria. —dijo Irelia, sonriendo con pesar—. No es como que no pueda comer helado, pero sólo un par de cucharadas o sorbetes. Aunque los sorbetes no tienen comparación con los helados cremosos.
—Tienes toda la razón, no se comparan. —aseguró Syndra, riendo ante el puchero que hizo Irelia al escuchar eso—. Mmmm… la verdad… no sé qué más preguntarte. Aún quiero saber mucho de ti, pero no se me ocurre qué.
—"Preguntas para hacerle al amor de tu vida luego de reencontrarte con ella más de diez años después". —dijo Irelia, sacando su teléfono de su bolsillo para hacer la búsqueda—. Ok, no encontré algo como eso, pero hay sesenta preguntas para hacerle a tu novia, ¿aceptas o te freseas?
—Espíritus, ¿por qué? —susurró Syndra, sonrojándose un poco—. Ok, como sea, no soy una miedosa, soy una depredadora lista para triunfar.
—Bien… dime un número del uno al sesenta.
—No lo sé… ¿quince?
—Quince… bien, ¿crees en otras vidas? —preguntó Irelia, mirando a Syndra casi al instante—. Oh, esta es buena.
—Dioses, no. Ni siquiera puedo con esta vida, no quiero imaginarme tener que nacer otra vez. —dijo Syndra, negando con su cabeza—. Quiero decir, ya tuve suficientes traumas emocionales por ser gay, ahora imagínate que despertamos en un mudo distópico, donde las máquinas nos dominan. Y tú eres como… una persona mitad robot y yo… y yo me muero por ti, porque tendrías brazos de metal tan tersos que definitivamente te pediría que me ahorques con ellos.
—¿Qu-
—¡Yo sería una de las pocas humanas sobrevivientes! —exclamó Syndra, sentándose en la cama y sorprendiendo a Irelia—. Y tú serías como… mi guardiana robot o algo así. Yo sería tan inteligente que te programaría para amarme toda la eternidad… y para matar a Darha.
—Per-
—¡Nos encontraríamos porque estaría herida! Sí, estaría huyendo de estos robots apocalípticos y estoy rodeada de ellos, entregada a la muerte. —continuó diciendo Syndra e Irelia sonrió, prestándole atención—. Pero llegas tú por algún motivo que no se me ocurre ahora, porque tú código aún es humano y sabes que matarnos está mal. Así que tú llegas, haces añicos a todos estos robots… y luego caes en tus rodillas, sin energía.
—¿Y luego?
—Estoy en shock. ¡Un robot asesino me salvó! —exclamó Syndra, tomando una almohada para fingir sorpresa—. Pero luego te miro y no pareces un robot… eres más como un androide. Con tus ojos azules hermosos y tu cabello negro perfecto. Y tu trasero. Definitivamente tu trasero es real.
—Prioridades distópicas, que mi culo sea real y no de metal. —dijo Irelia, sin poder borrar la sonrisa de su rostro—. Y exactamente, ¿cómo nos enamoramos en esa vida?
—Porque te secuestro, te reparo, te programo para que me protejas y ahora puedo seguir pirateando información del gobierno de los robots. —explicó Syndra, como si fuera lo más obvio—. Pero entonces… una noche me preguntas "¿qué es el amor?". Y yo te contesto "tu trasero es amor, moriría por él".
—Estoy segura de que eso es lo que toda Irelia mitad robot desea escuchar. —dijo Irelia, volviendo a reír.
—Sí. ¡Y entonces te muestro lo que es el amor! Pero no lo entiendes, porque eres un tonto robot sin sentimientos. Así que me las arreglo para robar un prototipo de código pirata que te hace entender el amor. —expresó Syndra, abrazando con fuerza la almohada—. Y me amas.
—Sí que te amo.
—Y, eventualmente, yo te amo. Porque, ¿cómo no te amaría, perfecto trasero de Jonia?
—Concuerdo.
—Y somos felices. Robando, pirateando y matando robots malos. Teniendo sexo lésbico robótico y dándonos dulces besos de chica. —dijo Syndra, suspirando—. Entonces un día, finalmente… no hay escape, y haces todo para salvarme, pero no puedes. Te rehúsas a dejarme porque yo te programé para que no lo hicieras, así que; antes de expirar mi último aliento; borro de tu sistema el código de amor, creyendo que con eso volverás a ser esa Irelia que me salvó hace años. —Dejándose caer en la cama, a un lado de Irelia, Syndra la observa con pesar—. Pero, incluso sin el código de amor o lo que sea, tú no te mueves. Y rodeada por robots asesinos, te entregas a la muerte conmigo en tus brazos.
El silencio reinó entre ellas durante varios minutos. Minutos en los que Irelia se dedicó a cerrar la distancia entre ellas, besando a Syndra con pasión. Entonces se alejó sólo lo suficiente como para mirarla a los ojos.
—¿Cómo terminaste diciendo todo eso? Sólo te pregunté si crees en otras vidas. —dijo Irelia, carcajeándose ante la explicativa respuesta de su novia—. Joder, mi respuesta sólo iba a ser "quiero creer que luego de esta vida habrá otra en la que nos encontraremos otra vez", pero… carajo, no puedo ganarle a eso.
—Bueno, jódete, Irelia. Si esto fuera una competencia, yo ganaría. —dijo Syndra, dejando un último beso en los labios de la pelinegra—. Thank u, next.
—Ok, princesa. Un número.
—Siete de la suerte.
—¿Qué no perdonarías nunca? —preguntó Irelia, intrigada.
—Que me traiciones con Darha. —dijo Syndra, sin titubear.
La risa de Irelia se escuchó en la habitación de hotel donde se hospedaba, sin embargo, poco a poco se apagó debido a la intensa mirada que estaba dándole Syndra.
—Espera… ¿hablas en serio? —indagó la pelinegra, sin borrar la sonrisa de sus labios—. Ok, sí hablas en serio. Bien… no, nunca lo haría, puedes estar tranquila. Uh… no lo hice incluso cuando no estabas, no lo haría ahora.
—Más te vale… no quieres tener una novia en prisión por homicidio en primer grado e intento de asesinato. —dijo la rubia, sonriendo de una forma que le hizo sentir escalofríos a Irelia—. Sigues tú.
—Uh… creo que nunca te perdonaría si llegaras a… ¿intentar asesinarme? —dijo Irelia, sonriendo con nerviosismo—. Pero, hablando en serio, creo que nunca podría perdonar una traición. Como… si llegase a suceder que no te sientes cómoda conmigo y lo que hago o cómo me comporto, si dejaras de amarme, preferiría que terminaras conmigo en lugar de… bueno, en lugar de buscar en alguien más todo lo que yo estoy dándote.
—Pero eres la única persona con la que me he sentido tan cómoda. —murmuró Syndra, apartando la almohada que estaba en sus brazos para acercarse a Irelia y abrazarla—. Mis amigas ni siquiera saben que me gustas desde que tengo nueve años… no me siento capaz de decirles y, de algún modo, siento que no me siento cómoda ocultándoselos… pero tampoco tengo el valor para decírselos.
—Está bien, Syndra. De verdad que no me molesta. —habló Irelia, sonriendo con pesar—. Y no tiene que ver con que yo quiera ocultarlo. Pero no quiero que vuelvan a separarte de mí, o que por mi culpa se vea afectada tu vida de algún modo.
—Irelia, yo n-
—Jamás podría perdonarme que ella volviera a lastimarte por mi culpa. —dijo la pelinegra, acariciando la mejilla de Syndra con delicadeza. La rubia desvió su mirada de los ojos azules de Irelia, fijando sus ojos en la cama. Irelia notó el nerviosismo de Syndra al instante—. ¿Qué? ¿Qué tienes?
—Nada. —alegó Syndra con prisa, negando con su cabeza—. No sucedió nada.
—No dije que haya sucedido algo. —declaró Irelia, frunciendo el ceño. Syndra quiso alejarse de ella, no obstante, la pelinegra la detuvo tomando su muñeca con algo de fuerza. El quejido de la rubia fue suficiente para que la soltara—. Lo siento. No quería… yo… ¿sucedió algo que no me hayas dicho, Syndra?
—No. Nada, en absoluto. —aseguró Syndra, carraspeando un poco—. Eh… ¿once?
—Syndra. —musitó la pelinegra, bajando su mirada al brazo derecho de Syndra, notando apenas una pequeña contusión en el dorso de su muñeca—. Sabes que puedes contarme lo que sea.
Sentándose en su sitio sobre la cama, Syndra le arrebató el teléfono a Irelia, leyendo la pregunta que marcaba el número que había dicho. Aclarando un poco su garganta, la rubia soltó una pequeña risa nerviosa, sintiendo sus ojos arder un poco.
—Ah… ¿dije once? Quería decir veintinueve. —corrigió la rubia. Irelia notó el ligero temblor en su mano—. Ugh… esto… es ¡cuarenta y tres! —exclamó Syndra, bajando más en su lectura. Entonces frunció un poco su ceño. Tenía que ser una broma—. Esto… es estúpido, Irelia, estas preguntas son estúpidas.
Tomando su teléfono de vuelta, Irelia leyó la pregunta número once.
—¿Has sufrido algún momento duro en tu vida? —preguntó Irelia. Al instante supo por qué Syndra prefirió no contestar—. Sí… es… veintinueve. ¿Has sufrido por amo- ¡Next! Y… ¿dónde te refugiarías en caso de sufrir un… duro… golpe?
Riendo con sarcasmo, Syndra le dio la espalda a Irelia sobre la cama. Se acercó a la orilla, buscando sus zapatos de tacón con la mirada.
—Te lo dije, preguntas estúpidas. —susurró Syndra, poniéndose de pie—. Ni siquiera es divertido.
—Synd-
—¿Quieres que vayamos a almorzar? Conozco un restaurante vegano por la zona. —dijo Syndra, interrumpiendo a Irelia—. Es uno de los mejores, no vas a arrepentir-
Sintiendo los brazos de Irelia rodeándola por la cintura, Syndra tragó con fuerza. La saliva se deslizó por su garganta como si se tratara de un cable de púas y en sus ojos se aglomeraron las lágrimas que había intentado contener desde el primer momento en que aquel tema surgió.
—Lo siento. —susurró Irelia, apretando con cuidado a la rubia, que permaneció inmóvil en su lugar, sintiendo el cuerpo de Irelia a sus espaldas—. Lo lamento tanto. Fue mi culpa, ¿cierto? Fue por mí.
—No… no fue… no fue por ti. —dijo Syndra, sin embargo, su voz flaqueó varias veces al decir aquella corta frase. Sollozó sin quererlo, frunciendo el ceño y pasando sus manos por sus ojos para limpiar las lágrimas—. No fue tu culpa-
—¡Quédate conmigo! —exclamó la pelinegra, deseando poder ver el rostro de Syndra, pero sabiendo que la rubia no querría que la viera así—. Hoy… y mañana… puedes quedarte conmigo toda la semana si lo deseas.
—Irelia, n-
—Por favor, Syndra. —gimoteó Irelia, dejando caer su frente en el hombro de Syndra. Sus lágrimas mojaron el hombro de la rubia que volteó un poco su cabeza para mirarla, consternada—. Sólo una semana… sólo… no quiero que vuelvas allí y sé que tú no quieres volver allí, porque ayer te quedaste con Nami.
—Eso no… es… yo no… ah. —susurró Syndra, cubriendo su rostro con sus manos.
La frustración se sentía como una presión en su pecho que no le permitía respirar. Cada vez que volvía a esa casa, ya fuera por una muda de ropa o para quedarse al menos una noche, la frustración se acumulaba en su pecho, la ansiedad se retorcía en su estómago… el dolor se aglomeraba en sus ojos.
No dormía. Las pocas horas que dormía allí eran por estar muy cansada o por haber evitado dormir la noche anterior.
No podía quedarse siempre con Diana, tampoco con Nami. Pero podía intercalar días con ellas sin que a ninguna le molestara o pareciera darse cuenta. Esas eran sus amigas. Demasiado ocupadas con sus vidas universitarias como para preguntarle por qué frecuentaba tanto sus casas.
Para ser honesta, lo agradecía. No podía imaginarse contándole a alguna de ellas que; dos noches atrás; en una discusión verbal con su madre, las cosas se salieron de control.
Había un pequeño moretón en su mejilla. Nada importante, pudo cubrirlo con maquillaje. Pero el de la muñeca ni siquiera lo notó, así que no lo cubrió.
Al parecer Zed le había dicho a su madre que estaba teniendo un "acercamiento indebido" con Diana la noche que las vio en la plaza. El constante rechazo de Syndra a la idea de volver con él parecieron colmar la paciencia de su madre. Primero intentó disuadirla preguntándole ¿qué pasaría con el trabajo de su padre? La gente no dudaría en hablar de él y su familia, de su hija "retorcida". Luego comenzaron los gritos. Evard se unió a ella cuando supo del acercamiento. Amenazó con ir a "arreglar" a Diana.
Esa fue la gota que rebasó el vaso para Syndra.
Lo abofeteó. Ni siquiera había sido un golpe tan fuerte. Él sólo se rió de ella por lo débil que era, pero su madre… su madre la alejó de él con un jalón en su muñeca. La apretó tan fuerte que su blanca piel acabó roja en un instante.
Sólo fue un golpe. Un ruido sordo que Syndra pensó que se escuchó en toda la calle. No partió su labio, pero el interior de su boca sangraba.
Se encontró con su papá en la entrada de la cochera. Apenas llegaba cuando ella se iba.
—¿Sucedió algo, princesa? —le preguntó él, intentando mirarla al rostro. No obstante, Syndra sólo mantuvo su cabeza agachada—. ¿Te sientes bien?
—Ella sólo terminó de nuevo con Zed. —dijo Evard, a sus espaldas.
El cinismo con el que se burlaba la enfermaba.
—Me parece perfecto. —dijo su papá, colocando una mano en su hombro—. Entiendo que puede ser duro terminar tu relación por… ¿décima quinta vez? Pero, cariño, debes entender que lo que no es para ti, no es para ti.
—Para de malcriarla, Dalai. —habló su madre y Syndra abrió la puerta de su coche con prisa, lanzando su mochila con ropa en el interior del mismo—. Nunca va a encontrar algo mejor que Zed.
—¿Sabes? No es muy difícil encontrar algo mejor que ese jovencito. —dijo su papá, acercándose a su coche cuando la puerta del garaje estaba abriéndose—. Hey, princesa… si quieres hablar de algo, estoy aquí, ¿bien?
—Como sea. —gruñó Syndra, mirando por el retrovisor a la espera de que se abriera la puerta por completo—. Me quedaré con Nami.
Y se marchó.
Pero incluso en la seguridad de la casa de una de sus mejores amigas, Syndra no pudo dormir esa noche.
Tenía miedo de volver. Tenía miedo de decirle a su padre y que él se pusiera del lado de su madre. Estaba enojada y triste, pero más que nada tenía mucho miedo. Estaba casi aterrada.
La enojaba su madre. En la escuela y desde niña la educaron con la idea de que su madre era todo. Madre es el sinónimo de seguridad para cualquier niño, incluso para ella. Pero cuando la primera bofetada impactó en su rostro y rompió su labio, algo dentro de Syndra; que sólo tenía nueve años; se rompió.
Era una niña. Había preguntado por Irelia, por su escuela. La respuesta de su madre fue una agresión física.
Una agresión que, hasta el día de hoy, seguía marcada en su mente y alma.
La confusión se convirtió en enojo, y el enojo pronto se volvió rencor. La rabia e impotencia que sentía al verse aislada y desolada, sin protección alguna, hicieron que se convirtiera en una persona cruel.
Syndra estaba segura de que, si no hubiera sido por Diana y Nami, lo más probable es que fuera una maleante cualquiera, como Evard.
Nunca le dijo a su madre las preferencias sexuales de Diana y Nami, sin embargo, no era secreto para las personas de aquel barrio de clase media-alta que "la hija de la cirujana es lesbiana". Lo gracioso era que emparejaran a sus dos amigas.
Para su fortuna, ella sólo era conocida como la hija del embajador de Jonia. Nunca despertó rumores entre los adultos. Por supuesto que en su universidad la mayoría de jóvenes la conocían por ser alguien sexualmente muy activa, pero sólo con hombres. Su hermano iba a la misma universidad y siempre parecía muy orgulloso de que su hermana fuera llamada "una perra".
Evard.
Si sentía rencor hacia su madre, lo que sentía por Evard era algo mucho más oscuro.
Lo odiaba.
Nunca se llevaron bien, él era el consentido de su madre, ella la consentida de su papá. Su desventaja era que su papá estaba en casa una o dos veces por semana, lo que la hizo crecer prácticamente sola, a cargo de sus nanas.
En algún punto de su vida, durante aquellas visitas a diferentes psicólogos en su niñez, Syndra olvidó el motivo por el que lo odiaba.
Creyó que era por el favoritismo de su madre.
Y como si fuera un mecanismo de defensa, decidió enterrar a Irelia en lo más profundo de su cerebro. Se forzó a ignorar la atracción que en algún momento sintió hacia Nami y, aprovechando que en un tiempo Diana parecía querer mantener cierta distancia de Nami, se aferró a Diana como si su estabilidad mental dependiera de ello. Se empujó a aceptar a Zed y a cualquier deportista popular que se arrastraba por ella.
Pero ahora su caja de Pandora había sido abierta.
Ahora Irelia estaba allí, ahora recordaba por qué odiaba a Evard, por qué su madre la irritaba tanto, por qué siempre tenía ganas de huir de casa. Entendía su necesidad de sentir algo de amor, incluso si era fingido por idiotas que sólo buscaban meterse entre sus piernas.
Pero debajo de toda esa ira y odio, estaba la tristeza.
La tristeza de no ser aceptada por su familia, el dolor de haber sido lastimada por quien se suponía que debía protegerla y el miedo a ser rechazada y repudiada por la única persona que sentía que la amaba.
Su papá.
No se imaginaba a sí misma diciéndole que tenía sentimientos por una mujer.
El miedo a decepcionarlo y ser rechazada y maltratada por él, era casi tan grande como el miedo que sentía ante la idea de perder a Irelia.
Ni siquiera se atrevía a imaginar alguno de los escenarios.
Irelia era paciente, atenta, incluso complaciente con ella. Pero Syndra sabía que no podía ser así para siempre, menos si Irelia era casi una celebridad en Jonia. En algún momento tendría que salir a la luz su romance y no se veía a sí misma aceptando frente a diversas cámaras su relación con ella. Ni siquiera se imaginaba contándoselo a sus amigas.
Era una cobarde y eso la hacía sentir odio hacia sí misma.
Deslizando su dedo por las diversas fotos que había tomado, Syndra se detuvo cuando escuchó las notas de piano que resonaban en la habitación.
Apartó su teléfono de su vista para encontrar a Irelia sentada en un taburete frente a un piano de cola. El compás de la melodía era rápido, constante, no había errores.
Entonces frunció un poco el ceño cuando escuchó más un ruido que una melodía. Luego hubo silencio y un suspiro por parte de Irelia.
—Espíritus. ¡Apesto! —exclamó Irelia, tocando un par de teclas de forma lenta una y otra vez—. ¿Por qué es tan difícil esta parte? Es sólo… ¿Yo compuse esta porquería? ¿De verdad? ¡Es basura!
Syndra rió, sentándose en la cama y descubriendo su desnudez al ponerse de pie y alejarse de la cama.
Miró a Irelia, que comenzó a tocar la melodía desde el inicio, ésta vez más concentrada que antes. Syndra tomó su teléfono comenzando a grabarla. Se acercó a ella con lentitud, rozando con sus dedos el piano.
Detuvo la mano izquierda de Irelia, ocasionando un ruido disonante. Al instante, Irelia volteó a mirarla confundida.
La pelinegra abrió sus labios, sin embargo, nada salió de su boca cuando Syndra tomó su mano con delicadeza. Al instante, Irelia intercaló su mirada entre su mano y los ojos de Syndra, notándose confundida ante la acción de la rubia.
—¿Q-Qué sucede? —preguntó Irelia en un susurro, dándole poca atención al celular de Syndra.
—¿Qué estás tocando? —indagó Syndra, moviendo la mano de Irelia de un lado a otro—. Te ves enojada.
—Yo sólo… es… es para mí recital y… yo… uh. —susurró Irelia, cerrando su boca cuando Syndra entrelazó sus dedos—. Es… un poco importante y… debo… debo dominarlo para el próximo sábado.
—¿Es así? —preguntó Syndra, intentando sonar interesada en lo que decía—. ¿Y qué es? ¿Una sinfonía?
—Una sonata… —respondió Irelia, manteniendo su vista en la forma en que Syndra jugaba con sus manos entrelazadas—… es… distinta a una… sinfonía.
—Oh, ¿de verdad? —insistió Syndra, acercando la mano de Irelia a su cara. Rozó sus labios en el dorso de su mano, acariciándolo—. ¿Y por qué?
—Pues… una sinfonía requiere de una orquesta y… un… es… porque… el director… y la batuta. —intentó explicar Irelia, sin embargo, el nerviosismo por las atenciones de Syndra en su mano la entretenían demasiado—. ¿Q-Qué estás… haciendo?
—¿Tocarías una sonata en mi piel? —preguntó Syndra, besando la mano de Irelia—. ¿Un preludio quizás?
—Tocaría toda una ópera si me lo pidieras. —contestó Irelia, permitiendo que Syndra guiara su mano por su cara. La rubia llevó su dedo índice a su boca, dándole una pequeña mordida a la punta—. Joder, Syndra.
Intentando acercarse a la rubia, Irelia se detuvo cuando ella colocó su mano en su hombro para detenerla. Sin parar de grabar, Syndra acarició el hombro de Irelia, subiendo hasta su barbilla.
—¿Me amas? —preguntó Syndra, rozando con su pulgar el labio inferior de Irelia.
—Por supuesto que sí. —respondió Irelia, manteniéndose a la espera de lo que sea que quería hacer Syndra—. Toda mi vida, y las siguientes.
—Tan dulce. —susurró Syndra, riendo un poco—. ¿Puedo grabarte mientras lo dices?
Contrariada, Irelia arqueó una ceja.
—¿Quieres… grabarme? —preguntó la pelinegra. No recibió respuesta verbal, sólo un asentimiento de cabeza por parte de Syndra—. Uh… no lo sé. No soy fan de las cámaras.
—No es una cámara… es mi teléfono. —dijo Syndra en un susurro—. O… si te parece, puedo sólo grabar audios tuyos tocando el piano. —Continuó acariciando la mejilla de Irelia con delicadeza, sonriendo con ternura a la pelinegra—. Así puedo escucharte cada vez que me sienta sola en casa.
—Pero puedes llamarme e iré corriendo a dónde estés. —aseguró Irelia, sonriendo ante las caricias de Syndra—. Iría al infierno por ti, o a la cima de Targón, donde se hallan los Dioses.
—¿Desafiarías a los Dioses por mí? —preguntó Syndra, sonriente.
—Cortaría sus brazos y cabezas por ti. —dijo Irelia, fijando sus ojos azules en los lila de Syndra.
Acercándose a Irelia, Syndra paró de grabar. La besó con fervor, permitiéndole a la pelinegra acariciar su piel desnuda. Sus lenguas húmedas y calientes se movían en el interior de la boca de Irelia, que sentía la necesidad de expresarle todo lo que sentía por la rubia con un beso.
—¿Me tomarías fotos? —preguntó Syndra cuando cayó sobre la cama—. Con tu teléfono.
—¿Qué? ¿Por qué? —indagó Irelia, confundida.
—Para que las veas… cuando necesites inspiración. —respondió Syndra, como si fuera lo más normal del mundo—. Por favor, quiero ver mi cara cuando me tocas.
Intrigada, Irelia se sentó en la cama, rascando un poco su cabeza.
—Tu… uh… ¿acaso alguien más te ha… fotografiado? —indagó la ojiazul, bajando un poco la mirada.
Syndra borró la sonrisa de su rostro, sintiendo la necesidad de responder de forma negativa. Sin embargo, pensaba que la honestidad en ese tipo de temas era crucial, más si deseaba tener algo serio y duradero con Irelia.
—Algunos idiotas, hace tiempo. —contestó Syndra luego de un largo silencio—. Intentaron chantajearme con ellas, pero Sarah conoce a este… ¿Pyke? Un pirata cibernético o lo que sea. Así que él hackeó sus teléfonos y… como sea, costó un montón y sólo me consiguió fotos de sus pequeños penes para chantajearlos a ellos.
—Ya veo.
La corta respuesta de Irelia y su cabeza agachada le indicaron a Syndra que su respuesta la hizo sentir mal.
Suspirando, Syndra se acercó a ella en la cama, acariciando su brazo derecho con parsimonia. La rubia se mantuvo en silencio, sin saber qué más decir.
Si no pensara la mitad del día en sexo, quizás no habría dicho esa estupidez.
Tocó con delicadeza los dedos de la mano derecha de Irelia, sonriendo un poco al recordar lo habilidosa que podía ser la pelinegra con ellos.
Entonces una frase que decía mucho el papá de Diana vino a su mente.
"La práctica hace al maestro".
—¿Has estado con otras? —preguntó Syndra, causando que Irelia alzara la mirada.
—Ah… sí. Un par. —respondió Irelia, nerviosa.
—¿Puedo verlas? —indagó Syndra, rozando sus uñas sobre la piel de la mano de Irelia—. ¿Las tienes en Facebook? ¿Instagram? ¿Telegram?
—Te vas a reír. —susurró Irelia, cubriendo su rostro con sus manos, sintiéndose avergonzada—. Eran todas idénticas a ti.
—No hay nadie como yo. —aseguró Syndra, sonriendo con malicia—. A ver, presta.
—Ugh… bien. —respondió la pelinegra, buscando su teléfono sobre la cama. Tardó un poco buscando el perfil de una de sus ex—. Aquí.
Syndra alzó sus cejas. Por un segundo pensó que Irelia estaba bromeando. Sin embargo, allí estaba, una chica rubia, de ojos azules y piel tan blanca como la de Syndra. De hecho, estaba segura que incluso medían lo mismo.
Riendo con nerviosismo, Syndra intercaló su mirada entre Irelia y la pantalla del teléfono.
Era un poco inquietante.
La siguiente chica incluso tenía su mismo corte de cabello. Otra era pelinegra, pero por un tiempo se tiñó de rubia. La cuarta usaba lentes de contacto lila. La quinta era una modelo. La sexta una roquera. La séptima y última tenía tatuajes y perforaciones en el rostro.
Sin embargo, todas eran rubias, blancas, con ojos azules o verdes.
Muy inquietante.
—Aun así, no son como yo. —aseguró la rubia, riendo con nervios—. Eres… rara.
—Lo siento. —dijo Irelia en un susurro, bajando la mirada—. Es sólo que… no podía sacarte de mi cabeza. Y es estúpido, porque soy buena sexualmente hablando, pero todas me dejaban cuando se daban cuenta de que hablaba todo el día de ti.
—¿Hablabas todo el día de mí? —preguntó Syndra, sonriendo con malicia—. ¿Qué decías?
—Que te odiaba. —proclamó la pelinegra, dejándose caer en la cama para mirar el techo—. Y cómo te odiaba. Arruinaste mi vida amorosa, mi niñez, mi estabilidad emocional y mental.
—No lo digas así. Me siento como una mala persona. —refutó Syndra, acostándose a un lado de Irelia y descansando su cabeza en su pecho—. Sólo forjé tu carácter… como… ¿ves cuando el villano mata a los padres del protagonista para que él tenga un propósito?
—Ajá.
—Bueno, yo maté todas tus esperanzas de tener una pareja romántica y una relación amorosa estable. —explicó Syndra, enredando sus piernas en las de Irelia y entrelazando sus manos—. Todo para que cuando yo volviera a aparecer, tú estuvieras rendida a mis pies y me amaras tanto que, con tu amor, me salvaras de mi trágica infancia y adolescencia. —Repartiendo besos por el rostro de la pelinegra, Syndra sonrió con malicia a ella—. Así podríamos tener la relación perfecta con la que tanto soñaste. Y la soñaste conmigo, así que es un dos por uno.
—Eres increíble. —gruñó Irelia, recibiendo un beso en los labios. Podía sentir la sonrisa maliciosa de Syndra contra su boca—. Te amo.
—También te amo. —aseguró Syndra, dejando más besos en su boca—. Sólo pienso en ti todo el maldito día
—Me la debes, sólo pensé en ti por trece años. —dijo Irelia, observando a Syndra fijamente a los ojos—. ¿Él tiene una… foto tuya?
Arqueando una ceja, Syndra no entendió de qué hablaba Irelia.
—Tu ex novio… ¿Tiene una foto tuya desnuda? —preguntó la pelinegra, sin apartar sus ojos de los de Syndra.
La rubia suspiró, asintiendo un poco con su cabeza.
—Pero… no quiero molestarte. Tampoco quiero que suene como una tonta excusa o algo, pero la verdad es que… uh. —Nerviosa, Syndra desvió su mirada a las sábanas de la cama—. Ellos… tomaban fotos sin mi consentimiento.
—¡¿Qué?! —exclamó Irelia, cambiando por completo su expresión por una de enojo—. ¿Qué? Pero… eso… es… ¡¿por qué?!
—Yo no me daba cuenta. Siempre estaba tan metida en mis pensamientos, como… deseando que acabaran rápido para irme a casa o algo así. —explicó Syndra, colocando sus manos en los hombros de Irelia para intentar calmarla—. Y Zed… bueno, era mi novio. A veces lo hacía cuando dormía o cuando estaba vistiéndome.
—¡No importa cómo estabas! —vociferó Irelia, enojada—. ¡Nadie puede estarte fotografiando sin tu consentimiento en ese ámbito! ¡Eso es ilegal, vamos!
—Es lo mismo que dice Diana. —murmuró Syndra, apartando varios mechones negros de los hombros de Irelia—. Pero… ¿sabes? Contigo sería diferente.
—Ah, ¿sí? —preguntó Irelia, sin aligerar su ceño.
—Sí… porque yo te estoy pidiendo que lo hagas, y no estaría pensando en que acabaras pronto. —explicó Syndra, volviendo a acariciar el rostro de Irelia con delicadeza. Sonrió al sentir la mano de Irelia en su cintura—. Ni siquiera sé en qué estaría pensando, porque siempre me nublas la mente cuando estás haciendo… esa cosa tan entreten-
—¿Satisfaciéndote? —indagó Irelia, sonriendo un poco—. ¿Dándote placer? ¿Fornicándote? ¿Haciéndote el frutifantástico?
—¿El qué? —preguntó Syndra, riendo un poco—. Eres una idiota. ¡Cuando estás cogiéndome!
—Coger suena muy vulgar y aburrido, para nada explica lo que te hago. —dijo Irelia, besando el cuello de Syndra, que rió un poco ante el cosquilleo que produjo en su piel—. ¿El sin respeto?
—Espíritus, te odio. —gruñó Syndra, apartando a Irelia de sí misma para poder mirarla a los ojos—. Te odio.
—Te amo. —susurró Irelia, ampliando su sonrisa—. Y no estoy muy segura acerca de tomarte fotos mientras estás… ya sabes… además utilizo mis dos manos en el acto, así que no sé cómo podría fotografiarte, a menos que esté usando un dildo. Pero no soy muy fan de los dildos… quizá podríamos obtener alguno que nos guste.
—¡Excelente idea, Xan! —exclamó Syndra, tomando su teléfono y sosteniéndolo con ambas manos—. Busquemos un lindo juguetito que nos guste a ambas y hagamos que lo traigan hasta aquí.
Deslizó su dedo por la pantalla, ganando un poco de color en sus mejillas al observar los diferentes juguetes que aparecían en el catálogo de la tienda en línea que había encontrado en la web. Intercaló su mirada entre Irelia y la pantalla, carraspeando un poco.
—¿Así te verías con esto puesto? —preguntó la rubia, mostrándole su teléfono a Irelia, que miró curiosa lo que le mostraba—. Creo que esta modelo es más alta que tú.
—Me siento un poco ofendida. —confesó Irelia, deslizando su dedo para ver otra de las fotos—. Olvídalo. Definitivamente es más alta. No creo que importe mucho, igual se puede ajustar, ¿no? O podemos comprar un dildo en lugar de un arnés… son molestos.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Syndra, observando con seriedad a Irelia.
—Eh… uh… déjame buscar a mí-
—¿Cómo… sabes… que son… molestos? —preguntó Syndra, alejando su teléfono de Irelia, sin dejar de mirarla con desdén—. Tienes cinco segundos para contestar, empezando ahora.
—Cielos, ¡he usado arneses! —exclamó Irelia, cubriendo su rostro con sus manos—. Y no me gusta… ugh, no me gusta usar cualquier cosa además de mis manos y mi boca, ¡soy una lesbiana rara, lo sé!
—Oh, bueno yo diría que más bien eres una lesbiana habilidosa… y eso es simplemente fantástico. Yo lo disfruto, tú lo disfrutas… ¿no se supone que se trata de que lo disfrutemos? —preguntó Syndra, mirando confundida a Irelia. De repente su gesto cambió por completo a uno de sorpresa—. Joder… ¡de eso se trata el sexo! No lo entendía hasta ahora… esa cosa que decía Diana del consentimiento y lo que dice Sarah de divertirse consiguiendo cosas en común… ¡ahora lo entiendo!
—Eso… es… un poco triste. —susurró Irelia, ganándose un pequeño golpe de Syndra en su hombro—. Pero… ¿estás bien con que sólo use mis manos? Quizás te gustan los vibradores, creo que puedo usar uno por ti.
—¡Eso estoy tratando de decirte! No sé lo que me gusta, no he tenido otra cosa además de sexo heterosexual convencional. —explicó Syndra, mirando en su teléfono y buscando algo que le llamara la atención—. ¿Qué es un succionador?
—No. Definitivamente no vas a reemplazarme con eso. —dijo Irelia, tomando el teléfono de Syndra y apartándolo de la rubia, que infló sus mejillas a modo de protesta—. Recuerdo que la segunda vez que estuvimos juntas, dijiste que te gustaba ser penetrada.
—¡Bueno y me gusta! —exclamó Syndra, frunciendo un poco el ceño—. ¿A ti no?
—Me gusta por atrás. —confesó Irelia, causando que Syndra la mirara casi horrorizada—. ¿Qué?
—¡No hay forma de que yo te lo haga por atrás! —exclamó Syndra, cubriendo su rostro con sus manos—. ¡Se siente horrible, joder! Es como… ¡tan doloroso y brusco!
Irelia frunció el ceño dejando el teléfono de su novia. Tomó una de las manos de Syndra, mirándola fijamente a los ojos por un largo momento.
—¿Qué diablos te han hecho? —preguntó Irelia, rozando el dorso de la mano de Syndra con la punta de sus dedos—. Escucha… no voy a hacer nada que no quieras, ¿bien? Necesito que entiendas eso.
—Sé que no harás nada que no quiera. Eres una gobernada. —dijo Syndra, tomando el rostro de Irelia con su mano libre, apretando sus mejillas—. Soy tu soberana.
—Lo eres. No me molesta decirlo. —confesó Irelia, sorprendiendo un poco a su novia—. Pero, escúchame, porque esto es importante. Lo que me gusta a mí, me gusta a mí. Y lo que te gusta a ti, te gusta a ti. Podemos encontrar cosas que nos guste a ambas, como tribadismo o-
—¿Qué carajo es eso?
—Tijeras.
—Por supuesto. Claro. Lo sabía. —dijo Syndra, asintiendo un poco con su cabeza—. ¿Quién carajo les llamaría tribadismo a las tijeras?
—¡Hay un montón de posiciones sexuales, Syndra, escúchame! —exclamó Irelia, intentando que la rubia no se entretuviera con alguna otra cosa—. No puedes saber lo que me gusta sin que yo te lo diga, ¿bien? Y yo no puedo saber lo que te gusta si tú no me lo dices.
—Me gustas tú. —alegó Syndra, rascando un poco su cabeza—. Me gustan tus manos… son un poco más grandes que las mías… pero lo hacen tan bien. Me gusta la sensación de tu lengua dentro de mí, incluso si no es tan larga y gruesa como un pene. De hecho, estoy segura de que me gusta más tu lengua que un pene, quizás podríamos usar uno falso o que vibre, pero siento que definitivamente, mi juguete sexual favorito, es tu lengua.
Apretando de nuevo las mejillas de Irelia, Syndra logró hacer que separara un poco sus labios, observando su lengua en el interior de su boca.
—Mi precioso. —susurró la rubia en un tono lascivo.
—Mi O'ma me advirtió de las locas como tú. —dijo Irelia, mirando a Syndra con seriedad. Entonces sonrió con lujuria—. Espero que no me decepciones.
—¿De verdad? ¿Te advirtieron de chicas heteronormadas que no tienen idea de lo extenso, diverso y divertido que puede ser el sexo? —preguntó Syndra, arqueando una ceja—. A mí me advirtieron de las lesbianas, y heme aquí. Haciendo cosas no muy heteros con una.
—Joder, en serio que me gustas. —susurró Irelia, riendo un poco—. Ok. Bien, Sí. No me gustas. Te amo y tengo una obsesión contigo.
—A veces creo que debería tener miedo. —murmuró Syndra, dejando libre el rostro de Irelia—. Gracias a los espíritus, yo soy la soberana y tú la gobernada. No me imagino en otra relación tóxica donde no soy quien pone las reglas.
—Nalguéame con las reglas, por favor, mi reina. —musitó Irelia, girando en la cama y alzando su cintura—. Soy tuya.
Suspirando, Syndra acarició la piel de la espalda baja de Irelia. Sonrió, observando el trasero de la pelinegra con fijación.
—Dioses. No tengo más opción que complacerte en eso. —dijo Syndra, intentando fingir pesar—. No es que quiera hacerlo, créeme, me duele más que a ti, Irelia.
—Ya hazlo, jod- ¡Carajo! —exclamó Irelia cuando Syndra la palmeó tan fuerte que la piel en aquella zona de su cuerpo se enrojeció al instante. La pelinegra giró en la cama, alejándose de su novia para poder ponerse de pie—. ¡¿Qué carajo, Syndra?!
—¡¿Qué?! ¡Dijiste que te nalgueara! —expresó Syndra, sentándose en la cama y mirando a Irelia consternada—. ¡Lo hice!
—¡Nalguéame como una pareja en medio del manoseo, no como papá borracho! —exclamó Irelia, sobando su glúteo—. ¡Mierda, no voy a poder sentarme en una semana!
—¡Joder, lo siento! —expresó Syndra, poniéndose de pie también—. Lo siento, lo siento, lo siento.
—¡Créeme, yo fui quien lo sintió! —se quejó Irelia, apartando el cabello de su rostro con una de sus manos—. Necesitamos hablar seriamente acerca de consentimiento, gustos y moderación, cariño. Como… muy seriamente.
—Bien, sí… joder, nos bajé la calentura. —murmuró Syndra, bajando la mirada—. Lo siento, lo arruiné.
—¡No! Tú no… es… ¡podemos volver a calentarnos! —expresó Irelia, acercándose a su novia e ignorando el ardor en su piel—. Sí, soy un microondas, bebé… ven aquí.
Extendiendo su mano a Syndra, Irelia hizo que se acercara a ella, abrazándola por un breve momento. Acarició su cabello con delicadeza y besó su hombro descubierto. La rubia le permitió acariciarla cuanto quiso, así como dejar pequeños besos en distintas partes de su cuerpo. Entonces, Syndra se mantuvo inmóvil en la cama, bajo Irelia.
—¿Qué hago ahora? —preguntó Syndra, tragando con fuerza al encontrar a Irelia sentada en su regazo.
—Uh… ¿qué quieres decir? —indagó Irelia, arqueando una ceja.
—Quiero decir… nunca he… te… yo a ti… eso. —intentó explicar Syndra, moviendo sus manos como si hubiera expresado algo más que varios balbuceos—. Siempre me lo haces a mí. Quiero saber qué hacer.
Sorprendida, Irelia se rascó un poco la cien.
—¿Quieres saber qué hacer… me? —preguntó la pelinegra, rozando con sus dedos el vientre plano de Syndra—. ¿Quieres tocarme?
—Siendo honesta, Irelia, no se me ocurre una sola persona que no quiera tocarte. Si existe alguna en el mundo, por favor, preséntamela para darle clases de cómo tener buenos gustos. —dijo Syndra, fijando sus ojos en los pechos expuestos de la pelinegra—. Eres caliente.
Irelia soltó una pequeña risa. Sintió sus mejillas calentarse por algún motivo y bajó la mirada, causando que su cabello cubriera parte de su rostro.
—¿Gracias? —dijo Irelia, un tanto confundida.
—Quiero hacerte cosas poco decorosas. —susurró Syndra, alzando su mano para acariciar la cintura de Irelia con parsimonia. Rozó con sus uñas la piel blanca de su novia, rasguñándola un poco—. ¿Sabes? Generalmente no sé cómo me veo o qué pasa por mi mente cuando tú estás tocándome, pero estoy segura de que hay un instante, antes de sentir que todo mi cuerpo tiembla, cuando yo pienso… "quiero tomar su mano".
—Uh, como que lo noté. —respondió Irelia, tomando una de las manos de Syndra y entrelazando sus dedos con cariño—. Siempre buscas mi mano antes de llegar, no importa la posición en la que estés. Y yo siempre la tomo.
—¿Qué te gusta hacer antes de llegar? —preguntó Syndra, mirándola desde la cama—. ¿Quieres que te nalguee? Porque creo que puedo practicar antes con una almohada.
—No, definitivamente no vas a nalguearme en una semana. —susurró Irelia, riendo un poco. Se dejó caer sobre la cama, mirando a Syndra sin pestañear un segundo—. Cuando estaba con otras chicas… esto va a sonar muy mal, pero cerraba mis ojos e imaginaba que estabas allí, que eras tú y no ellas.
—Me das miedo. Chao. —dijo Syndra, sentándose en la cama y buscando su ropa con la mirada.
—¡¿Qué?! ¡Pero tú me preguntaste! —exclamó Irelia, sintiendo su rostro mucho más caliente que antes—. Joder, soy una imbécil. ¡Olvida lo que dije!
—Vamos… siento un poco de pena por ellas. Ni siquiera durante el sexo pensabas en ellas. —dijo Syndra, arqueando una ceja. Entonces abrió sus ojos con sorpresa—. Oh, joder… ¿alguna vez Zed habrá pensado en otra estúpida mientras lo hacía conmigo?
—¿De verdad vas a hablar de tu ex? —preguntó Irelia, confundida—. Estando desnuda, en mi cama de hotel… ¿hablarás de tu ex?
—¿Qué piensas mientras me lo haces? —indagó Syndra, estrechando sus ojos a Irelia—. ¡Dime lo que piensas cuando tienes tu cabeza entre mis piernas!
—"¡Oh, espíritus, ella es tan deliciosa!". —exclamó Irelia, cerrando sus ojos con fuerza y dejando caer su frente en el hombro derecho de Syndra—. "Diablos, mi cabello está en mi rostro", "se me acalambra el brazoooo", "la vaca, lola, la vaca lola, tiene cabeza y tiene cola". Pero más importante "¿Cuánto tardará en venirse? Carajo, mi lengua… no la siento".
La carcajada de Syndra pareció oírse en todo el edificio. Irelia la acompañó en su risa, besando su mejilla con cariño.
—También pienso que eres hermosa, la mayoría del tiempo. O, cuando estás en cuatro, pienso "cambioooooo", y hago que te gires en la cama para estar boca arriba. —dijo la pelinegra, causando que Syndra parara de reír.
—Sí, no lo piensas… lo gritas. —susurró Syndra, arqueando una ceja—. Eres una nerd que le gustan los monos jonianos. ¡Já! Nerd.
—¿Cómo sabes que dicen eso en una serie animada joniana? —preguntó Irelia, intrigada.
Syndra abrió sus ojos con sorpresa. Negó con su cabeza un par de veces, sintiendo tal vergüenza que la sangre no tardó en subir hasta su rostro.
—¡L-Lo sé por Diana! Ella ve monos jonianos, ¡yo no! —exclamó Syndra, tomando a Irelia de uno de sus brazos—. ¡Créeme, no veo Academia de combate!
—¡¿Cómo sabes el nombre de la serie?! —exclamó Irelia, comenzando a reír debido a lo avergonzada que estaba Syndra por verse descubierta—. ¡Eres una nerd también!
—¡Se acabó! ¡Voy a matarte, sabes demasiado! —bramó Syndra, alejándose de Irelia en la cama para tomar una de las almohadas—. ¡Omae wa mo shindeiru!
—¡¿Nani?! —exclamó Irelia apenas un segundo antes de que Syndra estampara la almohada contra su rostro—. ¡Eres una nerd!
—¡Retráctate, carajo! —se quejó Syndra, volviendo a carcajearse debido a que la risa de Irelia se le contagió—. ¡Maldición, deja de reírte! ¡Ya basta, Ireliaaaaa!
El grito de Syndra fue seguido por varios almohadazos que impactaron en la cara de la pelinegra, que no paraba de reír debido a la situación en la que se encontraban y a lo tonto que le parecía el intento de Syndra por ocultar sus gustos.
—¡Syndra, aaaaah! —gritó Irelia, deteniendo a Syndra para quitarle la almohada. Seguido de eso, procedió a golpearla en el rostro con la almohada.
Cayendo sobre la cama de nuevo, Syndra no pudo contener su risa.
—¡No puede ser, sabes que soy una maldita nerd! —gruñó Syndra, sosteniendo las manos de Irelia con la almohada y colocándola en su rostro—. Procedo a suicidarme, permiso.
—¿Qué más te gusta? —preguntó Irelia, lanzando la almohada lejos del alcance de Syndra, que se giró y hundió su rostro en la cama, deseando dejar de respirar—. ¿Te gusta "luna de sangre"? Antes, cuando hablabas de nuestra futura otra vida, me di cuenta que hablabas de Proyecto. También me gusta Reinos Mecha.
—Espíritus… me encanta la que pilota el Avalon del reino del Amanecer… Dios… sus brazos. —dijo Syndra—. ¡Y la líder de los prototipos desechados de Proyecto! —Suspirando, Syndra se giró en la cama, observando a Irelia con un brillo en sus ojos que la pelinegra nunca había visto antes—. No quiero tener hijos, pero definitivamente quiero sus bebés.
—Estoy celosa ahora. —dijo Irelia, riendo un poco. Se acostó a un lado de Syndra, abrazándola por la cintura—. ¿Quieres que veamos la última película de Proyec-
—¡Está en Netflix, abre mi cuenta! —exclamó Syndra, emocionada.
Volviendo a carcajearse, Irelia asintió con su cabeza.
—Estoy saliendo con una linda nerd. —dijo Irelia, besando su mejilla.
—Vuelve a decir eso y te asfixio… con mis muslos. —susurró Syndra, encendiendo la televisión de la habitación.
—¡Estoy saliendo con una linda nerd! —exclamó Irelia, cerrando sus ojos con fuerza—. Asfíxiame, mi soberana.
—Sí, después de la película. Pide servicio a la habitación para que almorcemos. —gruñó Syndra abriendo la aplicación en el televisor—. Sólo comida vegana.
Observando a la rubia con interés, Irelia no pudo borrar la amplia sonrisa que surcaba su rostro.
La había visto por sus redes sociales lo últimos años. Cuando la vio en su fiesta, un mes atrás, nunca se imaginó que aquella chica, que bebía alcohol como si fuera agua y se besaba con cualquier tonto que se cruzaba en su camino, miraba ese tipo de series o películas. Ni siquiera se veía como el tipo de chica que escuchaba K/DA, pero ahí estaba la playlist en su Spotify.
Irelia siempre intentó hacerse una idea de cómo era esta nueva Syndra, y aunque en un principio le pareció superficial y ególatra, ahora se parecía más a la niña con la que se sentaba bajo un cerezo en la escuela. Esa niña con la que compartía golosinas mientras tocaba su piano o hablaban de el último episodio de alguna serie infantil de la época.
Incluso con las heridas que tenía, aquella rubia seguía siendo la niña distraída y que no sabía mentir que conoció en la escuela.
Y estaba más que segura de que la amaba.
Goddess of Luminosity.
