Retroalimentación.
Wonder Grinch chapter 2 . Oct 9: ¡Imagina la tensión! No sé tú, pero al menos una vez yo me he planteado un escenario de ese tipo, con la pregunta fundamental "¿Qué habría pasado si…?" En cuanto al amor… bueno, todos luchan de distinta manera por él.
carmennj chapter 2 . Oct 9: Imagino que debes estarlo… es increíble cuán rápido cambia el corazón de las personas, en especial cuando es alguien como Sakura, que llegarías a creer que se mantedría inmutable ante los grandes problemas de la vida. Y sí, sé que lo que sientes es espantoso, comparto parte de ese sentimiento, pero te prometo que habrá una redención, aunque sea dolorosa. ¡Un abrazo para ti!
Guest chapter 2 . Oct 9: Un twist… quién sabe, el mundo es un pañuelo. Esta historia se actualiza cada catorce días, es decir, cada dos viernes. ¡Gracias por tus comentarios y buenos deseos!
AZULMITLA chapter 2 . Oct 9: Todos menos ellos dos… la vida es complicada, es lo que puedo decir, a veces, en pos de tener aquello que tanto deseas, debes sacrificar cosas igual de importantes. En efecto, hay más de una década de eventos que nos trajeron hasta aquí, y eres sabia al tener en mente que distantes no significa separados. Espero que la resolución te quite esos malos pensamientos sobre mí. ¡Gracias por tu comentario!
Mavi Hotaru chapter 2 . Oct 9: ¡Gracias! Qué gusto que te haya gustado, en especial porque los últimos eventos no fueron los más populares para el fandom. Y sí, el amor a veces es más grande que uno y el camino que elige al final. Te agradezco por tu comentario y seguir por aquí.
LizSaranjeiP chapter 2 . Oct 9: Yo sé. Fue desolador para mí también, pero te invito a que sigas leyendo para que puedas ver la pintura completa y entender su proceder. Muchas gracias por tus palabras de aliento, y espero recuperar pronto tu credibilidad.
Yonahi13 chapter 1 . Oct 9: Muchas gracias por tus palabras, me hace muy feliz que te guste la ejecución de la historia. Es complicado poder desapegarse en especial en el nombre mismo del amor, porque suena como una gran paradoja, pero es cierto que ese nivel de abnegación define por completo al amor. Veremos que nos trae el futuro. ¡Gracias!
Reader2109otp chapter 2 . Oct 9: Miedos completamente justificados. Lo de los audios es tentador. En efecto, doce años, ni más ni menos, hagámonos a la idea. Tenía que salir del estereotipo Tomoeriol… no era para mí, y quién mejor que alguien de este lado del mar. Lo mismo con Kurogane, es un personaje al que no se le ha dado felicidad, así que ahora la tendrá… al menos de momento. No abandones aún, la redención viene en camino. Sobre Touya y Yukito: en Japón el "matrimonio igualitario" no está legalizado, aunque están décadas adelante de nosotros en temas de aceptación y respeto a la libertad personal. Si bien no están casados, si han llevado la vida juntos como el par de personas que se aman que son. Sobre Sakurita… sí, algo así… Te prometo que la nostalgia aún no comienza, porque obviamente tengo que contarles todo lo que pasó para que llegáramos a este punto. La paz y la felicidad, tal como narra Deadpool en su película homónima, son los cortos comerciales dentro de una programación regular de tragedias. Y sé que lo de nuestra pareja protagónica duele, pero te repito: habrá redención. ¡Gracias por estos hermosos comentarios! Ya extrañaba estas reacciones tan candorosas. PD: Descuida, el amor aún cree en ti.
Florencia Silva chapter 2 . Oct 9: Los Hiiragizawa son buena onda. Ya conoceremos quienes son y por qué son así. Sobre S+S, lo cierto es que la vida es complicada, y suele sorprendernos, supongo que todos hemos estado en presencia de situaciones de este tipo cuando perdemos de vista a las personas y volvemos a encontrarlos años después. Ruega mucho… pero si algo te puedo anticipar, es que el matrimonio de Sakura es un vínculo para toda la vida, por el bien de sus hijos. ¡Llegamos al día! Disfruta el capítulo.
zaoryGuerrero chapter 2 . Oct 10: Pero por supuesto que sí, la vida nos debe una retribución por el Eriol de antaño, alguien debía hacerlo ver su suerte. Hay verdad en lo que dices, las filosofías de vida de ambos personajes son muy diferentes y hasta opuestas en algunos aspectos, y si bien no podrían ser "amigos" como tal, sí pueden entrar en comunión de tener los mismos intereses y trabajar juntos. No sé si darte la razón sobre las sospechas que tienes, pero una parte de la historia se esclarecerá en este capítulo. ¡Gracias por tu reseña!
Guest chapter 2 . Oct 10: ¡Claro! ¡Gracias por comentar!
Lisbania Melina chapter 2 . Oct 14: El mundo es un lugar cruel, en especial con nuestros sentimientos… pero seguimos adelante. Ese pequeño detalle será explicado, así que tranquila. (Why…? WHY…? Oh, that's why!.jpg)
CherryLeeUp chapter 2 . Oct 18: En efecto, luego de lo perdido, no queda más que reconstruirse con lo ganado, y el costo normalmente es elevado. Y ahora, para dar cara al futuro, necesitará volver a enfrentar al pasado. Creo que Eriol nos representa a todos, efectivamente. ¡Gracias!
cerezo01 chapter 2 . 21h ago: Todos, un poco. Lo ya visto es muy sinóptico, descuida, habrá una explicación más robusta de todo lo que pasó, y Sakura tal vez nos dé un bálsamo para los dolores ocasionados. Y ciertamente, tus sospechas tienen cierto sustento… ¿qué clase de elucubraciones maquinó tu mente en todo esto? sería interesante conocerlas antes de la publicación (aunque sé que no te estoy dando más que un día). Y no, Oda no influencia para nada este relato. La tragedia vendrá de modo diferente aquí. La aventura necesariamente los unirá, y eres sabia en contemplar lo que hacía diferentes en primer lugar a estos dos, pero el amor es algo más que estar juntos o estar separados… pero ya verás cómo. Un motivador y refrescante análisis, como siempre los haces, muchas gracias por comentar, y disfruta la actualización.
II.
Celebración.
Las provincias japonesas tenían ese efecto revitalizante que Eriol siempre apreció de su herencia oriental. Aún cuando su niñez fue breve antes de descubrir su legado como reencarnación, disfrutó de esos primeros años entre los campos del norte de Japón, en compañía de sus padres y abuelos en todas aquellas vacaciones, incluso su madre llegó a sugerir alguna vez que ese sería un buen paraje para su retiro, idea que aún sostenía y veía como un futuro cada vez más plausible. Dicha reflexión era impensable en presencia del abuelo Shogo, que siempre se rehusó a volver de forma definitiva a su madre patria por motivos que se llevó a la tumba.
Shirakawa transmitía justo esa aura para los Hiiragizawa, que embelesados miraban a través de las ventanillas del auto los campos de cultivo y las casas rurales salpicadas por la cordillera, bajo un cielo azul cuyas nubes parecían apremiantes por pasar al favor de la brisa primaveral. Un magnífico lugar para tener una vida tranquila y apacible, muy del estilo al que seguramente Sakura aspiraba, y que de alguna manera, Eriol sabía que se merecía, incluso Kurogane parecía haber mejorado su humor y sus silencios se volvieron más breves y menos incómodos.
—Cerca de la casa de la tía Sakura hay un río, y también un bosque, hay muchas cosas que hacer —decía animada Yuzuki a Gustav mientras preparaba los accesorios de una cámara deportiva—. Siempre puedo obtener fotografías muy lindas.
—Cálmate, Yuzuki, el pobre chico ya debe estar mareado —reprendió Kurogane, acción que le costó un manotazo de Tomoyo en el hombro. Él se justificó—: Es cierto, la niña se pone igual de intensa que tú.
—Oh, claro, porque tú no eres para nada intenso, ¿verdad?
Ver lo bien que esos dos se llevaban aún después de tantos años le dio cierto sentido de gratificación al inglés, y de alguna manera, para sus fueros internos, lo hacía pensar que él había participado en que Tomoyo y Kurogane hubieran entendido finalmente dónde estaba su destino, y eso lo hacía sentir bien, pues experimentaban lo mismo que él cuando finalmente pudo armar el rompecabezas de su vida. Sabía que él también había hecho lo correcto, traducido en el simple hecho de que estaba tranquilo para ese momento de su vida.
Gustav, por su parte, siendo políglota desde muy temprana edad gracias a sus padres, había logrado entablar una repentina, pero buena amistad con Yuzuki, y se notaba alegre por la idea de encontrarse con otros niños de la edad, hecho que la misma muchachita ya le había anticipado.
—Y… ¿saben algo de Li? —Se atrevió al fin Eriol.
—Bueno, los primeros años venía con frecuencia, pero sus visitas se fueron haciendo más espaciadas cada vez.
—Oh, vaya… supongo que él y Sakura quedaron en buenos términos.
—Pues algo así. Li y el esposo de Sakura se llevan particularmente bien.
Y la incomodidad volvió. Si bien él tenía la madurez para afrontar que en algún momento estuvo en una contienda por los favores de Tomoyo con el hombre al volante, no dejaba de sentir que algo estaba equivocado o se había pervertido en la situación de sus viejos amigos. Quizás era una impresión propia, no lo tenía bien claro.
—Amor sin apegos —susurró Issy a su oído, conciliadora, tratando de darle algo de tranquilidad a su cada vez más alterado marido.
Finalmente, luego de cerca de una hora de viaje, el auto salió de entre las colinas hacia un verde y fragante valle, en una cuenca poblada de vegetación hasta donde alcanzara la vista. Había algunos edificios modestos, que se correspondían con un hospital y un par de escuelas, y probablemente el ayuntamiento, y una calle principal a cuyas orillas se reunía la mayor parte de las construcciones, que gradualmente se volvían más y más distantes.
—Bienvenidos a Yumetani —anunció Tomoyo con entusiasmo mientras el auto descendía por la ladera, acompañando el paso de pastores de ovejas y algunos campesinos.
—Es un lugar muy lindo —se pronunció Issy, encantada por la atmósfera del pueblo.
—Sí, lo es… aunque demasiado… bucólico. —Las palabras de Eriol sonaron casi como una evasiva, lo cierto era que su mente seguía colgada de lo recién recibido, y aún cuando ansiaba volver a ver a su amiga y antigua pupila, también sentía miedo por no saber cómo abordar temas delicados sobre su vida previa.
—Bueno, al parecer, se quedó enamorada del estilo de vida campirano que conoció en el siglo dieciocho, y este lugar parecía perfecto para recrear esa vida, es un pueblito muy tranquilo, tiene todos los servicios, pero su población no es de más de cinco mil. —Concluyó Tomoyo.
Pasaron fugazmente por la calle principal donde podían verse algunos negocios de lo más sencillos, aparentemente el comercio era enteramente local, sólo había un mini súper, y los ancianos se sentaban al favor del sol en el frente de sus casas o negocios mientras charlaban. Continuaron luego por un camino un poco más angosto, que se separaba por cosa de medio kilómetro del centro del pueblo, donde las casas comenzaban a espaciarse entre ellas, la mayoría porque el terreno en el que estaban fincadas era muy amplio, y gracias a ello, a Eriol no le costó nada de trabajo identificar su destino.
Una casa muy larga y de estilo tradicional japonés se mostraba en uno de los terrenos de cuidado césped con flores, dándole color a toda su amplitud. Ahí, algunos niños ya corrían por el prado, bajo el ojo vigilante de varios adultos que de momento el inglés no reconoció. y un poco más allá de la casa misma varios autos habían aparcado, sitio al que Kurogane condujo, confirmando sus conjeturas.
—Deja tus maletas aquí de momento, más tarde, cuando Sakura les asigne una habitación, volveremos por ellas —indicó Tomoyo, mientras el auto apagaba el motor—. No sé si Sakura o Hiroyuki ya han vuelto del trabajo, pero imagino que querrás saludar a los demás mientras.
—¿Hiroyuki? —cuestionó Eriol, ayudando a Issy, Yuzuki y Gustav a bajar del vehículo.
—El señor Sato —confirmó Kurogane.
Pasaron a la casa donde Eriol reconoció a un par de personas. Una de ellas era la madre de Tomoyo, que seguía luciendo como Meryl Streep en "Devil wears Prada" a pesar de que la edad ya hacía evidentes algunas arrugas, y que exclamó con algarabía al ver a su nieta llegar junto con su hija y yerno.
El otro era, por supuesto, un algo avejentado Fujitaka, el padre de Sakura. Este último lo reconoció de inmediato, y solícito se apresuró a recibirlo y a su familia.
Luego de algunas presentaciones rápidas, Yuzuki tiró de la mano de Gustav para llevarlo al patio posterior, donde todos los demás infantes los recibieron con entusiasmo.
Había al menos treinta personas en la casa, que por lo amplia y minimalista de su menaje, daba perfecto espacio para tenerlos a todos cómodos, y los Hiiragizawa de inmediato se ofrecieron para ayudar en alguna labor propia de la celebración que se llevaría a cabo en las próximas horas. Fujitaka los rechazó cortésmente, indicándoles que tenía todo cubierto, y que lo mejor sería que tomaran asiento y se relajaran en el jardín, considerando que venían de un viaje muy largo.
Eriol accedió, y llevando a su esposa de la mano, ambos se sentaron en la estera del corredor trasero de la casa, viendo a los niños que departían. Había al menos una decena, y trató de buscar a los de Sakura, aunque no tenía un referente… la conocía a ella, pero no a su esposo, así que sería una apuesta complicada.
—¿Estás bien? —preguntó Issy, intuitiva.
—Pues… supongo que sí. Después de todo, no es mi vida. No imagino las razones que trajeron a Sakura por este camino. Creo que tengo que aceptarlo y sentirme feliz por ella si es que esto representó un cambio positivo en su vida.
—Seguramente fue lo mejor. Nosotros somos el ejemplo claro de que no todo lo que parece es. Si Sakura es como me la has descrito, seguramente tendrá una gran sorpresa para ti sobre lo que pasó en estos años.
Él, un poco más tranquilo ante ese discurso, tomó la mano de ella cautiva y la llevó a sus labios, en un agradecimiento silencioso por las palabras de alivio que le había dedicado.
Se escucharon al unísono al menos tres autos, llegando al mismo lugar que los otros, y una gran cantidad de pasos sonaron del otro lado de la casa. La voz de Tomoyo resonó por toda la estancia, anunciando a los recién llegados:
—¡Los Li han llegado al fin! —exclamó—. ¡Parece que la celebración puede comenzar!
Los Hiiragizawa se miraron entre ellos, y luego de un asentimiento de Issy, Eriol se adelantó a la estancia abierta, donde una comitiva de casi una docena de personas, entre mujeres y niños mayoritariamente, entraban guiadas por aquella poderosa mujer, que a pesar de la edad, seguía luciendo regia e imponente. Ieran Li.
La recién llegada hizo una reverencia ante sus anfitriones, misma que fue imitada por todas las personas tras ella, y entonces Eriol lo vio: Xiao-Lang Li estaba entre esa comitiva, sonriente, un poco despreocupado incluso, charlando alegremente con sus hermanas.
—¿Lord Hiiragizawa? —dijo en su voz serena y grave Ieran al verlo, acercándose a abordarlo.
—Señora Li. Qué honor volverla a ver —dijo él, tratando de concentrarse en ella y no en toda la situación.
—Veo que ha venido con su familia, son adorables, me da mucha satisfacción ver que estos años han sido prósperos para usted.
—Lo mismo digo. Supe que el clan Li se recuperó por completo luego de la toma de Shandian.
—Tomó años y mucho trabajo y esfuerzo, más de mis hijos que mío, pero el resultado no pudo ser mejor.
Un carraspeo que tenía todo el ánimo de interrumpirlos sonó a unos metros de ellos, haciéndolos volverse, ahí, una mujer de largo cabello negro como el de Ieran en su juventud terminaba de despachar a una niña de vivaces ojos ultramar para que fuera al patio. Mismo color de ojos del hombre a su lado.
—Siempre tan formales, tía, ¿por qué no se relajan un poco? —dijo Meilin, irreverente como siempre, acercándose a la tertulia.
—Meilin Li. Qué gusto verte de nuevo. —declaró Eriol, un poco sorprendido.
—Meilin Potter —corrigió Al a su lado. El parecido con su padre, Harry, era innegable—. Y el pequeño monstruo que acabas de ver es Xing.
—Vaya… esto realmente es demasiado para mí —rió Eriol, tomando la mano de Issy nuevamente, como si quisiera buscar un punto de apoyo para no ceder al mareo—. Les confieso que es difícil no estar al tanto de todo desde un principio, algo que solía tener cubierto las veces anteriores que vine a Japón. Nos separamos en la Madriguera y ahora todo mundo está casado, con hijos, con profesiones…
—Y algunos cada vez más cerca de la tumba —dijo con seriedad Ieran, y un momento después, dejó salir una sonrisa fugaz, pero sincera, mostrando un sentido del humor que recién comenzaba a desarrollar.
—No seas mórbida, tía —advirtió Meilin.
Continuaron con la conversación unos minutos más, hasta que fingir demencia se volvió insostenible. El duque vio que Xiao-Lang estaba cerca, hablando con desenfado con Al, y decidió que era momento de abordarlo. Al final, la duda mataba más que el desengaño, y sólo con la confrontación podría averiguar los motivos de que la actual situación fuera tal cual la encontró.
—Xiao-Lang Li —dijo modulando su voz, pero con la suficiente potencia para llamar su atención.
El aludido miró a Eriol un poco desconcertado, y luego a su madre, la cual dio un breve asentimiento. El ambiente se electrizó, y de hecho, la mayoría de los presentes guardó un sutil silencio para observar esa entrevista.
—Lord Eriol Hiiragizawa —se atrevió al fin, tendiéndole la mano y dándole un fuerte apretón—. Ha pasado un tiempo.
Eriol sólo asintió, pero estaba analizando… no, mejor dicho, escrutaba a profundidad al hombre frente a él, y de hecho, notaba que lo estaba poniendo ansioso. Si bien, ante la situación el lord estaba fuera de sintonía, su capacidad de análisis seguía siendo admirable, y había algo que no le terminaba de cerrar en todo el escenario ante él. Buscó todo lo que lo hacía sentir que la coyuntura era extraña, pasando sus ojos por todos los presentes, lo que poco a poco le fue dando pistas… eran demasiadas cosas. Volvió a concentrarse en el Li ante él, listo para soltar un elaborado interrogatorio que pusiera todo de manifiesto.
—¡La festejada está aquí! —exclamó Tomoyo, y Eriol no fue capaz de lanzar sus preguntas.
La agasajada apareció en su campo de visión finalmente.
Sakura lucía radiante. Los años habían convertido a la simpática y enternecedora muchachita que conocía en una mujer muy agraciada. A pesar de que seguía siendo de estatura exigua, el atuendo modesto, casi burocrático fracasaba olímpicamente en ocultar sus ahora más que evidentes y llamativas proporciones femeninas, su cabello se mantenía corto y con ese mismo color caramelo tan único, y sus ojos verdes habían recuperado el brillo que los eventos de su última aventura había extinguido parcialmente. Dejó en un perchero su cartera y por unos segundos se dedicó a responder saludos y breves felicitaciones de los invitados, hasta que llegó a la misma estancia donde el británico la esperaba.
—Eriol… —susurró al reconocerlo.
—Sakura —respondió él, acercándose para encararla.
La antigua maestra de cartas se acercó mirándolo de arriba a abajo, como tratando de comprobar que realmente era él, y cuando quedó confirmado, sin ningún tipo de recelo, se le lanzó, capturando su cuello en un abrazo.
—¡Estoy tan feliz de verte! —exclamó, sorprendiendo al duque.
—¡Y yo de verte a ti, pequeña Sakura!
—Bueno, lo de pequeña ya quedó en el pasado —dijo, separándose y mirando a espaldas del inglés, a la mujer de rulos que sonreía conmovida—. No me digas… ¿ella es…?
—Mi esposa, Lady Isabella.
—¿De verdad? ¡Yo he leído libros tuyos! —dijo Sakura, lanzándose con el mismo entusiasmo a los brazos de la nicaragüense-británica, tomándola un poco por sorpresa.
—Y yo sabía que los japoneses eran muy recatados, pero me encanta que tú no seas así —contestó correspondiendo la muestra de afecto.
—¡Ah! ¡Hola, Xiao-Lang! —exclamó con ligereza Sakura, sólo agitando la mano a la distancia para él, gesto que él correspondió igual.
Por el siguiente par de minutos, todo fue breves preguntas sobre salud y familia, sin pudor, la mujer abrió el abrigo de Eriol, notando la presencia de Spy e invitándolo a buscar a Kero, que seguramente estaba en la cocina, mostrando que al menos entre los invitados de esa casa, la magia no era un secreto. Sakura quería saberlo todo, y se atropellaba a sí misma constantemente tratando de abordar todos los temas al mismo tiempo, hasta que finalmente Eriol pudo volver a salir de su estupor, concentrándose en lo que realmente le importaba de ese reencuentro.
Tratando de ser lo más cortés posible y notando que alguien más llegaba en ese momento, puso una mano frente a él para detener la mar de preguntas que salía de la boca de Sakura, y luego escrutó nuevamente a Xiao-Lang y a ella.
El sol comenzaba a caer por el horizonte, aumentando el canto de las cigarras y el graznido de los cuervos entre las montañas. El ocupante del último auto en llegar no pasó por la casa, sino que directamente fue hasta el jardín trasero. La voz de una niña pequeña exclamó un fuerte "¡Papá llegó!" que de inmediato puso en alerta al inglés.
—Perdóname por ser tan directo, Sakura, pero… ¿cómo fue que llegaste hasta aquí? —Viendo el desconcierto de la interrogada, se volvió a Li, que con las manos en los bolsillos miraba la escena con una sonrisa comprensiva—. Es decir… ¿por qué no están juntos? —preguntó, pero se arrepintió de inmediato, debatiéndose entre dos posturas: la primera, quizás un cuestionamiento tan personal y profundo no debería hacerse en el marco de una celebración como esa… La segunda era que seguía sintiendo que había algo más que él no sabía, pero no lograba entender qué era. Siguió su intuición y decidió orientar sus preguntas sobre la segunda opción—. Aunque… tú, Li… luces diferente.
—¿A qué te refieres, Eriol? —preguntó el interpelado, tratando de sonar sereno.
—A eso justamente —respondió, mirándolo directo a los ojos, notando algo que quizás cualquier otra persona habría pasado totalmente por alto—. Xiao-Lang Li y yo pasamos muchas aventuras juntos en nuestra niñez y adolescencia, pero nunca llegamos a ese nivel de confianza, nunca me llamó por mi nombre ni permitió que yo lo llamara por el suyo. Y más importante aún… —entrecerró los ojos, concentrándose en los orbes de Li, comprobando no estar equivocado en esa diferencia ínfima que más lo había hecho sospechar—, los ojos de Xiao-Lang Li son ámbar, tal como los tuyos, salvo que él no usaba lentes de contacto… —Volvió a mirar a Sakura, que parecía menos eufórica, pero seguía sonriente—. ¿Qué está pasando, Sakura…? Dime que al igual que yo sientes que la firma mágica de Xiao-Lang Li definitivamente no es la misma que emana de este hombre. Me voy a volver loco si no me explican lo que está sucediendo aquí.
Después de casi un minuto de un tenso y profundo silencio colectivo, la mujer frente a él tomó las manos de su viejo amigo, conciliadora, haciendo que las bajara nuevamente a sus costados, para que tuviera una postura más relajada. Él se sintió como el niño pequeño en esa ocasión, y lo invadió una desagradable rabia contra sí mismo por hacer sentir a la mayoría de las personas así en el pasado.
—Ven, Eriol, es hora de que conozcas a mi familia.
La maestra de cartas, provista del andar liviano que le había dado la madurez, se dio la vuelta para ir hacia el jardín trasero, y Eriol se fue tras de ella. Afuera lo golpeó la aromática brisa de la primavera, y vio a un hombre acercarse a su encuentro, tomando de la mano a un niño no mayor que Gustav, y cargando a una niña de unos cinco con su otro brazo.
El tipo, alto y vestido en un traje de oficina vio llegar a Sakura y sonrió con tranquilidad, mismo gesto que dedicó a Eriol.
—Eriol, este es mi esposo, Hiroyuki Sato —dijo ella, poniéndose a un lado de quien cargaba a los niños—. Y estos son mis hijos: Hien y Nadeshiko.
El inglés miró de arriba a abajo a Sato, incrédulo, pensando que todo era una insensatez, y era muy improbable que estuviera pasando. Tal vez seguía dormido en el avión e Issy lo despertaría en cualquier momento, informándole que finalmente habían llegado, y le contaría del rarísimo sueño que había tenido.
Pero ese despertar no llegó.
—Sa… ¿Sato? —preguntó Eriol, con una duda que era absoluta.
—Hiiragizawa —respondió él, compartiendo una sonrisa condescendiente con Sakura al ver el desasosiego de su invitado.
—Tú… es decir… ¡no puede ser…! —El mundo se había vuelto loco—. Tú… tú eres…
—Un hombre feliz que tiene una vida al lado de una mujer maravillosa.
La primera reacción del duque fue la de mirar atrás, donde Xiao-Lang observaba la escena recargado en el marco de la puerta, con un gesto indulgente. Al analizar a Hiroyuki Sato encontró que era un hombre alto, de piel un poco más bronceada que la de Sakura, seguramente de ascendencia china, su cabello era castaño obscuro con cierto matiz chocolatado y lo que realmente llamaba la atención eran sus ojos: miel ámbar natural, que ciertamente le resultaban familiares. Tuvo la sensación inicial de estar viendo doble, pues el mismo que estaba ante él con Sakura, era quien esperaba unos metros atrás en la casa.
Todas las piezas cayeron finalmente en su lugar. El mago reencarnado se miró las manos, confundido, y luego comenzó a reír negando con la cabeza, sabiendo que por primera vez habían logrado engañarlo por completo, en un ardid muy elaborado, que si había logrado confundirlo a él, seguramente había logrado burlar al mundo entero a su alrededor. Hiroyuki Sato en realidad no existía, aunque definitivamente habría un acta de nacimiento apócrifa que dijera lo contrario, al igual que montones de documentos y personas que podrían testificar sobre cuán real era.
Ante él, no había otro más que el auténtico Xiao-Lang Li.
—¡Es hora de partir el pastel! —llamó una melódica voz desde la casa, indicando a todos los que estaban afuera que debían entrar y comenzar a celebrar.
—¡Allá vamos, Akiho! —exclamó Sakura, tomando de la mano a su esposo e hijo mayor y caminando hacia la casa, indicando con una sonrisa a Eriol que entrara y festejaran juntos.
Eriol se quedó quieto por unos segundos, mirando entrar a la casa a esa familia de cuatro, que lucía perfecta por donde se le viera.
—Tenías razón —dijo a Issy en voz baja, apretando su mano—. Ella iba a sorprenderme con algo increíble y hermoso… es que simplemente no puedo creerlo… ¡Lo lograron los muy sinvergüenzas!
El próximo par de horas pasó con celeridad. La larguísima mesa pronto estaba llena de personas, que comían y contaban bromas, partieron un pastel y los que tenían el hábito, comenzaron a beber, aunque con mucha moderación.
Li se sentó de hecho al lado de Sato, y cualquiera con dos dedos por delante de la nariz podría notar que el parecido era increíble, y el mago nuevamente ató un cabo: el falso Xiao-Lang, el que llegó primero esa noche con Ieran, no podría ser otro que Beiji-Hu Li, aunque recordaba que era albino, pero idéntico.
Todo mundo se apresuró a dejarlo todo en su lugar apenas la cena terminó, y los que tenían lugares donde hospedarse comenzaron a despedirse, prometiendo volver al día siguiente para continuar con la comida que tendrían al aire libre.
La madre y las hermanas de Xiao-Lang y sus hijos se despidieron efusivamente de la familia anfitriona, al igual que la madre de Tomoyo y su séquito de guardaespaldas, ofreciendo a regañadientes transporte para Fujitaka, Touya y Yukito.
Con sólo los que iban a recibir posada en el hogar Sato, entre todos acomodaron a los niños en una amplísima alcoba común, al cuidado de Kero y Spy.
Cerca de las diez de la noche, estando todos los niños dormidos, los adultos se reunieron alrededor de una potente fogata: Eriol e Issy, Tomoyo y Kurogane, Akiho, Beiji-Hu, Meilin y Al, y por supuesto, Sakura y Hiroyuki… aunque aún había quien se sentía incómodo de llamarlo así y no Xiao-Lang como era justo.
—De verdad, chicos… muchas gracias a todos por venir. Este ha sido un hermoso regalo de cumpleaños treinta… en especial por Eriol y Meilin, que viven en otros países, significa mucho para mí que hayan aceptado la invitación de estar conmigo en un día tan importante para mí.
—Salud —exclamó Kurogane, levantando un pequeño vaso de sake sobre su cabeza, y todos le correspondieron.
—Bien, tenemos mucho sobre lo qué hablar —anticipó el duque luego de dado el primer trago.
—Claro que sí, pero la noche es joven —respondió Tomoyo, sonriente—. Sería un honor que comenzaras tú, Eriol.
Issy y él se miraron, un poco ansiosos.
Y era verdad. Habían pasado un montón de cosas en esos años, y había llegado la hora de poner su historia y la de todos sobre la mesa. Tomando un poco más de su bebida, se concentró en las llamas, listo para relatar sus aventuras luego de terminada la odisea por Europa.
Una noche atípicamente fría para la primavera castigaba con sus vientos húmedos la capital nipona. Las calles de los barrios más urbanizados estaban en soledad, y sólo muy eventuales transeúntes se aventuraban bajo sus luminarias.
Con pasos firmes, un hombre intimidaba a cualquiera que se cruzara en su camino dada su estatura y complexión magra, además de que era el único en toda la urbe que llevaba un sombrero tejano, junto con una mascarilla cubriendo su mentón hasta la nariz, y un jorongo cayendo por sus hombros hasta los muslos. Cualquiera que se lo topaba de frente, terminaba cambiando de acera, y si aquellos que lo evitaban supieran que estaba armado, habrían salido huyendo.
El tipo utilizaba sus dotes de rastreador para seguir una pista, buscaba a una persona en particular, una que había sido su colega en años anteriores, y que de alguna manera sabía que tenía una nueva misión que llevar a cabo, así que le ofrecería sus servicios, porque seguramente aquello que tenía que hacer involucraba justo aquello para lo que Erron Black realmente era bueno: matar.
Las pistas llevaron el andar desinteresado y pendenciero del pistolero hasta un templo antiquísimo, oculto entre las modernas construcciones de Tokio, y que estaba particularmente desierto y sombrío a pesar de lo céntrico de su ubicación. Pasó por debajo del arco Torii mientras acomodaba el ala de su sombrero, y miró con cierta fascinación el sano y frondoso cerezo que descansaba al centro del patio principal de la construcción. Un ejemplar robusto y de follaje rosa que parecía resplandecer con una extraña bioluminiscencia, y que a pesar de su indiscutible belleza, irradiaba un aura tétrica e inquietante que incluso lograba tocar algo en el interior de aquel hombre de más de doscientos años. No se detuvo hasta que el tronco del árbol quedó a tal distancia que pudo tocarlo sólo estirando el brazo.
El apenas perceptible crujido de una rama activó los reflejos de Erron, que en un parpadeo desenfundó uno de sus revólveres, apuntando a la copa del cerezo, encontrando lo que buscaba.
—Eres escurridiza, "S" —dijo al fin, levantando el cañón del arma como señal de paz—. Veo que los años han sido generosos contigo.
—Tan predecible como siempre, Black —respondió ella entre la indiferencia y el aburrimiento—. Después de todos estos años y creerte muerto, sólo te fijas en la superficie.
—Bueno, la superficie, la tuya en específico, es difícil de ignorar viendo como has crecido.
El comentario mordaz del matón tenía fundamentos. La última vez que se habían visto, ella era prácticamente una niña. Ahora, en la segunda mitad de sus veintes, Satsuki había ganado estatura y curvas, siendo particularmente llamativas las que correspondían a su pecho, sitio en qué los ojos negros y acuosos del tipo ante ella se concentraban.
—En fin. No vine hasta aquí para hacerte cumplidos por mucho que los merezcas, niña, sino a ofrecerte mis servicios. En otros mundos se habla sobre lo que viene para la Tierra, y definitivamente quiero ser parte de ello.
—No estás al nivel. No del de un participante, son cosas del destino, derechos de nacimiento.
—Oh, vamos, estoy seguro que sólo se trata de matar, y tengo buen historial haciendo eso. Ou se me escapó una vez, pero no pasará de nuevo. —Confiado, acomodó su sombrero con el cañón de su arma—. De otra manera… ¿por qué habrías dejado pistas para que te encontrara?
—Ou no tuvo suerte de escapar de ti. Tú tuviste suerte de sobrevivir al ataque de un dragón. Sin embargo, sí hay algo que me interesa de forma indirecta de ti.
Los sentidos aumentados del pistolero lo hicieron percibir a un tercer invitado, y se giró apuntándolo. Una ventisca golpeó el templo, lanzando miles de pétalos del cerezo, y con ellos pintando de rosa el aire. Erron supo entonces que había sido engañado, tentado con la carnada de una contienda, de una recompensa y la promesa falsa de una retribución. Buscó una ruta para escapar, y mientras lo hacía, vació los tambores de sus revólveres en el recién llegado, que caminaba con tranquilidad hacia ellos, parcialmente oculto entre la lluvia de flores.
Ninguna bala tocó su objetivo, algo se interpuso en el camino de las ojivas, recibiéndolas todas.
Un hombre alto y de traje cerraba distancia con el árbol, mientras expulsaba una gran bocanada de humo de tabaco. El receptor de las balas se posó en su hombro, revelando ser un halcón, cuyas heridas sanaban mientras veía al pistolero con indiferencia.
El tipo lanzó su cigarrillo con un movimiento elegante de la mano al mismo tiempo que Erron desenfundaba su escopeta. La colilla no había tocado el suelo cuando Black volvió a disparar, pero las sorpresas no habían terminado. Su objetivo había cerrado distancia con él en un parpadeo, deteniendo las esquirlas del arma a mano desnuda, para luego torcer el cañón en un movimiento que no pareció demandar el mínimo esfuerzo.
—Un magnífico ejemplar, Satsuki. Es muy hermoso —dijo el hombre con voz profunda acercando su rostro mucho al del pistolero, como si tratara de olfatearlo.
—No te ofendas, niño bonito, pero no creo que nuestro gusto por las pistolas sea de la misma categoría —susurró Black en el mismo tono, tratando de sonar calmado, aunque por debajo de sus palabras desafiantes, sentía miedo auténtico.
—¿Sabes qué es mejor para alimentar a mi cerezo que el corazón lleno de inocencia de un niño? —preguntó el hombre con el mismo ánimo seductor, al mismo tiempo que Erron daba un respingo por una extraña sensación en su pecho, al bajar los ojos, descubrió con horror que la mano del trajeado había entrado por su plexo solar—. El corazón lleno de maldad pura de un hombre que ha vivido demasiado.
El matón sintió los dedos del tipo estrujando su corazón.
—Es en vano, marica… No es la primera vez que me "matan…" —amenazó con la voz entrecortada.
—Oh, descuida. Será la última.
En un único y violento tirón, el hombre extrajo el músculo cardíaco aún palpitante del tórax del pistolero, que observaba con ojos desorbitados tan espeluznante escena.
Incrédulo, Erron cayó de rodillas, y segundos después, se fue de bruces ya sin vida, mientras que su sombrero caía de su coronilla, rodando algunos metros lejos del charco de sangre que rodeó su cuerpo, y que con una extraña celeridad comenzó a ser filtrada por el suelo y las raíces del cerezo.
—Era muy apuesto, pudimos pasarla bien —dijo indiferente el asesino, echando al suelo el corazón ahora exánime, y encendiendo un nuevo cigarrillo con un zippo, dejando sus huella dactilares ensangrentadas en el papel arroz—. Pero ya sabes lo que dicen: "hétero muerto…"
—"Abono para mi huerto". Lo he escuchado antes —dijo Satsuki, carente de expresión como si no hubiera presenciado un homicidio atroz—. Será la última vez que te consiga una víctima, Seishiro. Hay cosas más importantes que atender. Kanoe nos espera en un par de días.
Una sonrisa tétrica se dibujó en las agraciadas facciones del hombre, mientras que su ojo derecho hacía un extraño reflejo ante la escasa luz del lugar, evidenciando ser una prótesis de cristal muy bien elaborada, y sin decir más, se marchó por donde había llegado.
—¿Deseas hacer algo con el cadáver? —preguntó una voz masculina al oído de Satsuki.
—Sí. Haz un reporte anónimo a Interpol. Estoy segura que estarán felices de encontrar a Black.
—Entendido.
—Gracias, Bestia.
II.
Fin.
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