Retroalimentación.
Wonder Grinch chapter 5 . Nov 20: Son los costos por tener a una mujer como la que eligió. Creo que merecía algo de justicia en ese sentido, no pudo despedirse de aquellos que amaba, así que hagamos algo de justicia por él. Pronto más revelaciones y cosas impaktantes. ¡Gracias por tus comentarios!
Ailin79 chapter 5 . Nov 20: Para cualquier hombre (en especial el hispano, principalmente el latino) la madre, propia o de su amada, será ley por encima de cualquier otra autoridad. Sobre Tomoyo, es algo así, pronto verás que la magia no es la única fuente de poder para estas mujeres tan especiales. ¡Gracias por tus comentarios! Espero que te guste lo que viene.
LizSaranjeiP chapter 5 . Nov 22: Muchas gracias. Reencontré a los personajes muchos años después, con vidas muy diferentes, creo que era justo ahondar un poco en su camino hasta el presente. Veo que notaste que Tomoyo desde siempre pintó para algo más, ahora estamos cerca de descubrir qué es. Siéndote franco, no pensé mucho en Meilin y Al, pero quizás algo sepamos más adelante. Sobre lo último, agárrate que se nos vienen los recuerdos de nuestra pareja protagónica, y hay mucho que contar al respecto. ¡Gracias por tu cometario!
carmennj chapter 5 . Nov 22: Ni hablar. En alguna ocasión le falló el cálculo, y henos aquí. Tenía que reunir a Kurogane con su familia una última vez, nunca se despidió en realidad, creo que lo merecía. Y Tomoyo no sólo heredó la responsabilidad. ¡Te regreso el abrazo con un agradecimiento!
Mavi chapter 5 . Nov 24: Muchas gracias, me alegra mucho saber que te gusta lo que preparo para ustedes. Esta historia, con todo y que tiene un eje en materia de importancia de los protagonistas, pretende darle el peso que los otros personajes ameritan. Gracias a ti por notar ese trabajo. ¡Que disfrutes la actualización!
cerezo01 chapter 5 . Nov 27: No hay forma de rebatir esa lógica. Aquí, todos ellos, son relevantes. Kurogane merece ese enfoque, es un guerrero sin igual, pero comete un error quien piensa que eso es simple naturaleza, debió ser algo aprendido, y seamos honestos, lo aguerrido, por lo general viene de nuestras madres. Una vez más, ves más allá de lo dicho, y reparas en detalles que dan un camino, supongo que el resto de la historia será ir recolectando las pistas desde aquí. Tomoyo será crucial una vez más, y sí, las dotes más importantes no necesariamente son las mágicas, el camino de Tsukuyomi será mostrado y recorrido por nuestra poderosa doncella Amamiya. Gracias por estas bellas reseñas, espero disfrutes lo que viene. ¡Un beso para ti!
CherryLeeUp chapter 5 . Dec 3: Sí, también fue un gran momento para mí, eventualmente debía reunirlas, aunque fuera momentáneo y un presagio no necesariamente amable. No hay reflexión más verdadera en analogía a nuestra época que justamente esa: no hay nada más valioso que el tiempo. ¡Gracias por la ayuda y los comentarios!
Reader2109otp chapter 5 . Dec 3: Mi querida ahijada. Espero que los resultados de tu prueba sean los esperados y más, eres una chica lista, así que sé que lo hiciste bien. Sí, supongo que la intuición no te falló. La edad para tener hijos, siguiendo como siempre la estadística, se da en la primera mitad de los veintes, así que está dentro de lo correcto, curiosamente, no es así para Japón… en fin, cosas de la vida. Al menos ellos esperaron unos años. Creo que era natural imaginar esa etapa en la vida de Tomoyo, y aún cuando tiene todo el dinero para invertir en ropa o accesorios, dejaría de ser ella si no creara el guardarropas de su pequeña. Sobre Kurogane, son dos cosas las que me llevaron a esa escena: una disculpa con el personaje, arrebatado desde niño de sus padres tanto por las autoras originales como por mí, y un deseo personal de reencuentro con alguien que ya ha partido, me alegra ver que te gustó. Suelo ser incrédulo ante el dicho "no quiero ser madre", y te lo digo con la mejor de las intenciones, no como crítica, pero creo que el factor que te haría pensar así es la juventud… el camino que elijas para tu vida, en tanto lo elijas tú, será el mejor, pero está en la naturaleza humana, en especial en la femenina, la necesidad de dejar un legado vivo de tu paso por el mundo. Si tu deseo es no transitar la maternidad, es bueno, pero no cierres la puerta… uno nunca sabe, podrías encontrarte a tu "Syaoran" en el momento menos pensado y cambiar de parecer. Muchas gracias por tu comentario (en el último momento), como siempre, es gratificante y hermoso leer reseñas tan auténticas como las tuyas. ¡Un abrazo asfixiante para ti!
¡Vamos a lo que sigue!
V.
Estrellas, parte 1.
Soho, Barrio Chino de Londres, Inglaterra. Una semana después de la caída de Alruwh.
La enorme cantidad de transeúntes era el camuflaje perfecto para un par de enamorados. El sonido de su aparición dentro de un callejón quedó perfectamente disimulado por el jaleo de los montones de peatones que se perdían entre el mar de negocios de comida y entretenimiento, tan propios de aquella parte de la capital inglesa expropiada por los orientales, los cuales parecían no haber notado que nevaba con intensidad.
Confiada de su camuflaje, Sakura caminó guiada por Xiao-Lang, que tiraba con suavidad de su mano a través de las calles hasta el modesto edificio que fue la residencia Li durante la crisis que vivieron en los últimos meses. Subieron las escaleras con premura hasta llegar a la azotea, y buscaron la puerta de la casa, de la cual el renegado heredero Li poseía la llave. Entraron con la misma expresión y actitud de quien espera no despertar a quien duerme dentro de la casa que allana.
Por supuesto, la casa estaba completamente vacía y obscura, la última condición se corrigió cuando Xiao-Lang encendió las luces de la estancia principal.
—Pues llegamos… —se atrevió él luego de unos segundos de contemplación.
—Pasaremos aquí la noche entonces, ¿cierto? —preguntó Sakura con cierto recelo, sin moverse, observando la modesta construcción sin dejar de frotarse los brazos.
—Lamento no haberte traído a un mejor lugar… aunque para ser sincero, otro sitio me parecía inadecuado.
—¿Otro sitio?
—¡Se refiere a que no le hubiera gustado llevarte a un hotel! —exclamó Kero, saliendo del resguardo del abrigo de Sakura, volando en círculos sobre sus cabezas—, ¡y coincido con él! ¡El mocoso no es tan desconsiderado como pensaba!
—¡Kero! —reprendió la chica, abochornada.
—Me pregunto si habrá quedado algo en la nevera, ¡me muero de hambre! —la ignoró el pequeño guardián, volando hacia las habitaciones de la casa en busca de la cocina.
—¿No vas a decirle nada? —dijo aún apenada la muchacha a Li.
—No tengo porqué. Él tiene razón —respondió él con calma—, al igual que yo, se preocupa por ti.
—Vaya… eso es muy maduro de tu parte —reconoció ella.
—Podrá ser un glotón, hablador y pretensioso, pero te ama y procura, y después de todo lo pasado, no puedo dudar de su lealtad y valor. Se ha ganado mi respeto.
Ella no respondió. Se limitó a sonreír algo conmovida por ese giro. Pocas cosas podían hacerla sentir más feliz que ver qué dos personas tan importantes para ella finalmente se llevaban bien. Lo único que atinó a hacer fue abrazar por la cintura al chico, haciendo que él pasara sus brazos sobre los hombros de ella.
—¿Te importa si nos quedamos así? —preguntó después de un par de minutos sin moverse del recibidor.
—Por supuesto que no.
—Sólo un poco más —susurró ella, bajito, hundiendo su rostro en el pecho de él.
—Desde hoy, será como tú quieras.
Sabiendo que no tendría más que un par de días en ese paraje, hablaron de su futuro inmediato. Estaban fugados, se habían escapado de sus vidas, habían elegido la incertidumbre de un destino no atado a nada, y aunque era estimulante, también era aterrador.
Sin embargo, ninguno quería que eso se tradujera en un rompimiento con su vida previa, así que Sakura hizo una llamada telefónica a la que realmente temía.
—Kinomoto —respondió una voz amable a pesar de ser de madrugada en Japón, del otro lado de la línea.
—Buenas noches, papá —dijo Sakura, con voz temblorosa.
—¿Sakura? Pero… se supone que no puedes hablar por teléfono desde el avión. ¿Se ha retrasado su vuelo?
Hubo un silencio que al menos a Sakura se le antojó tortuoso.
—No, papá… todo está bien… Touya, Yukito y Tomoyo van en camino.
—¿Ellos vienen en camino…? ¿Qué hay de ti?
—Ay, papá… yo… perdóname, por favor…
—¿Qué sucede, hija?
La mano de Xiao-Lang dio un leve apretón en la de ella, transmitiéndole su respaldo y apoyo.
—Papá… he decidido quedarme aquí por ahora… no iré a casa.
Fujitaka guardó silencio nuevamente, incluso parecía estar conteniendo la respiración.
—Ya veo. ¿Necesitas dinero o cualquier otra cosa?
—No, nada de eso.
—¿Puedo preguntarte por qué no volverás?
—Sí… verás… —¿de qué forma plantear la situación? Sin importar el nivel de confianza o afecto, era una noticia trascendente, que cambiaba completamente su forma de vida, aunque fuera sólo temporalmente, y esa reflexión la hizo titubear, aunque recuperó apenas el temple para cerrar la oración—. He decidido quedarme con Xiao-Lang.
Pasó un tiempo en el cual no hablaron, aunque no sería justo decir que aumentó la tensión, daba la impresión de que Fujitaka estaba haciendo un análisis muy concienzudo. Sakura pensaba mientras tanto en que sería horrible que su padre se opusiera, pero estaba firme en su corazón que era una decisión tomada, aunque esperaba no tener que recurrir a una fuga como tal.
—De acuerdo. ¿Tienes planeado venir en algún momento?
—Claro… en unos meses tal vez… de verdad, perdóname, no quiero lastimarte ni…
—¿Te cuento una historia, Sakura? —la interrumpió el hombre. Aunque no lo veía, ella sabía que él estaba sonriendo—. Exactamente las palabras que has utilizado para informarme sobre tu decisión son las que usó tu madre para contarle a su abuelo cuando se fue conmigo. De hecho, pensando en retrospectiva, da un poco de miedo.
—Papá… —dijo con la voz quebrada, incapaz de articular cualquier otro argumento.
—No te sientas mal. Estás siendo muy valiente al contarme, y no voy a cometer los errores de Masaki. Yo formé a una mujer fuerte, valerosa y amorosa, y por lo que he visto hasta hoy, mucho más poderosa de lo que jamás imaginé, y me da mucha tranquilidad que Li esté a tu lado.
—Gracias, papá… en cuanto a Touya…
—No debes preocuparte por él. Aunque no te lo diga, sabe quién eres y respetará tu elección, y sabe también que Li es un buen hombre, ¿crees que te habría dejado escapar de haber pensado lo contrario?
—Supongo que no —dijo ella riendo entre sollozos.
Sin ser demasiado invasivo, Fujitaka quiso enterarse de algunos detalles del proceder de su hija. No había hasta ese momento un plan en realidad, lo único que ella misma sabía a ciencia cierta era que Londres sería sólo un paso de un par de días, y que tenía recursos para acercarse lentamente a casa atravesando Europa y Asia. Se comprometió a dar un detalle semanal de su ubicación, y que no debía preocuparse por la escuela, la retomaría apenas llegara a Japón.
Se despidieron efusivamente y al cortar la llamada, el plomo que Sakura sentía en el pecho desapareció, permitiéndole respirar con libertad. Libertad en todos los sentidos.
—Es mi turno… —dijo con pesadumbre Li, pensando en que si bien su madre era una buena mujer, no era el templo de la piedad como lo era su suegro.
Ansioso, pero determinado, tomó el teléfono, pensando en que tal vez debería charlar un par de minutos con Wei para irse preparando mentalmente, después de todo, el viejo había hecho un gran trabajo cuidando de él, y seguramente lo comprendería en sus motivaciones.
La llamada tardó unos segundos en ser atendida, pero no fue el paternal anciano quien respondió.
—¿Xiao-Lang?
—Ma… ¡Mamá! —exclamó, casi dejando caer el auricular de la sorpresa.
—¿Por qué te sorprende tanto escucharme?
—Pero… ¿cómo es que tú…?
—Soy, además de tu madre, tu instructora en magia y un poco de artes marciales, te conozco mejor que tú mismo, hijo. Y también tengo el poder de la profecía —Ieran esperó por algunos segundos a que el chico saliera de su estupor, y finalmente abandonó la broma cuando se dio cuenta de que su hijo no la captaba—. También me llamó Meilin, informándome tu elección.
—Ah, ya veo…
—¿Cuándo volverás?
Lejos, en Hong Kong, Ieran arrugó el entrecejo al escuchar a su hijo suspirar, como si se preparara para decir algo difícil. Se decidió al fin:
—No lo sé.
—No te estoy entendiendo.
—No sé si volveré a Hong Kong.
Fue Ieran entonces la que tomó aire.
—Desde el día que encontraste a Sakura, supe que ella iba a cambiar por completo el curso de tu vida.
—Mamá, ella no…
—No me malinterpretes, hijo, no lo digo de forma despectiva. Creo que no lo ves aún, pero ella, en cada intervención cambia el destino de las personas. Si no la hubieras encontrado, quién sabe en qué camino nos encontraríamos ahora mismo. No sabemos siquiera si todos seguiríamos con vida. Y a pesar de todo eso, hay cosas que ella misma, con toda su voluntad no podría cambiar… al igual que pasa contigo. Te dejé estar en Japón porque sé que tu destino y el de ella están ligados a algo más grande, que aún a pesar de mi poder de profecía no puedo ver aún, y al parecer ella tampoco. —Redujo la velocidad de la voz llegado ese punto, y recapituló—: En julio cumplirás dieciocho, y tus responsabilidades con esta familia te reclamarán. Es imperativo que vuelvas a casa para entonces. Esa es la única solicitud que tengo para ti.
—¿Hay alguna condición?
—Nada de condiciones. Eres un hombre de diecisiete, para todo el mundo mágico eres un adulto, y a todo efecto, no tengo forma de obligarte a hacer nada, y no seré el tipo de madre que te chantajeará emocionalmente para coaccionarte a hacer lo que yo quiera.
El chico dio un suspiro de alivio. Si bien sabía que vendrían días duros para cuando la reunión con su madre llegara, tenía poco más de medio año para dedicarse únicamente a Sakura, y los recursos para no preocuparse por nada en ese inter.
—Gracias. Estaré en contacto con ustedes cada semana. Nos veremos en julio.
—Está bien… y Xiao-Lang… —Ieran trató de buscar palabras—, sean… responsables.
—¿Responsables?
—Sí, responsables.
—De acuerdo, comeremos a nuestras horas y… ¡Oh!
—Exacto, "Oh".
—¡Ma… mamá! ¡Yo… yo te prometo que seré el más respetuoso y responsable…! Es decir...
—Relájate, no quiero ponerte en evidencia ni incomodarte, te lo digo sólo como un recordatorio, confío en tu buen juicio.
—Gracias, mamá.
Aún alterado por la liviandad con la que su madre lo había arrastrado a un tema aún tan delicado para él, sonrió contra el auricular mientras se despedía de la matriarca Li.
Cuando la llamada terminó, los amantes compartieron una mirada que lentamente se llenaba de brillo. Habían logrado dar un paso gigantesco, uno que quizás habría sido considerado un disparate sólo unos días atrás. Tenían la oportunidad de estar solos, de ser libres, de vivir sin preocuparse por algo más que ellos mismos. Y por supuesto que la aprovecharían.
Li comenzó a organizar el itinerario:
—Mañana iré al Ministerio…
—Iremos —corrigió ella.
—De acuerdo, iremos. Hay algunas recompensas económicas que podemos reclamar. Podríamos comenzar a planear el camino de vuelta a casa.
—También tenemos lo que me dio Tomoyo hace un rato —sacó de su bolsillo la tarjeta recién recibida y poniéndola sobre la mesita entre ellos—. ¿Recuerdas lo que acordamos antes del viaje a Dubai? —preguntó ella, ilusionada, pasando un mechón de cabello detrás de su oreja, provocándole una palpitación.
—Desde luego. Y lo sostengo. Iremos al mar.
Siguiendo la conversación pidieron algo de comida a los negocios de abajo, y luego de cenar y tomar un baño caliente que corrigió al menos dentro de esa casa el frío propio de la estación y la ciudad, y se prepararon para dormir.
—¡Tomaré esta habitación! —anunció triunfal el guardián en uno de los cuartos más amplios.
—¿No vas a dormir conmigo? —cuestionó Sakura con inocencia.
—¿Y estar aguantando tus ronquidos? —preguntó malicioso mientras volvía a su forma original—. No, puedo dormir a mis anchas y lo haré.
—¡Yo no ronco!
—No te has escuchado.
—¡Kero!
—Cierra al salir, por favor.
La chica emitió un gruñido, pero atendió a la solicitud de la bestia del sello.
—Está listo —declaró Li, habiendo acomodado algunos cobertores sobre la cama de aquella habitación.
—¿Listo para qué?
—Para que duermas por esta noche. No creo que pases frío, y seguramente estarás muy cómoda.
Un poco decepcionada, vio al muchacho tomar una almohada y un par de frazadas, preparándose para ir a dormir a otro lado. Algo en ella se removió, estaba ciertamente agradecida por las atenciones y la consideración, pero con franqueza deseaba que las cosas fueran diferentes… al final, esa era la esencia del cambio de vida. A punto estuvo Li de dar las buenas noches cuando ella lo tocó suavemente en la mano.
—Siendo sincera… no me gustaría quedarme sola aquí —susurró mientras chocaba los índices frente a su rostro, con una voz más bajita de lo usual, pensando que sus oídos comenzarían a despedir vapor en cualquier momento.
—¿Quieres que me quede? —preguntó él, tratando de ocultar lo mejor que podía que él tenía la misma inquietud, sin tener forma de expresarla.
—No creo que haya ningún problema en que nos quedemos juntos, y tampoco es como si hubiera muchos secretos entre nosotros ya. Y por otro lado…
—Hace un frío de los mil demonios —completó adivinando sus pensamientos y sin poder evitar coincidir, sonriéndole con tanta dulzura como pudo, relajándola por fin.
Como si fueran a lanzarse al agua desde un acantilado, se tomaron de la mano y observaron el lecho ante ellos. Ella estiró la mano para alcanzar la pequeña lámpara sobre el modesto buró, pero aún cuando la obscuridad cayó sobre el lugar, los anuncios neón en la calle permitían ver con bastante claridad los muebles de la estancia.
Aquello no era importante en realidad, estaban agotados, hacía frío y nada los provocaba más que dormir para ese momento, y aún más en el conocimiento de que podrían cumplir aquel inocente y hasta cierto punto infantil deseo de dormir en los brazos del otro, así que armados con pijamas, se abrazaron bajo todos los cobertores que encontraron, con una sensación burbujeante en el abdomen que inevitablemente los hacía sonreír. Se susurraron algunas palabras, cosas de lo más triviales tal vez, mientras ella se aferraba al pecho de él, y él hundía el rostro en el cuello de ella, completamente embriagado con el aroma de su cabello. Era como estar en una nube, todo era suave, cálido y limpiaba el corazón y la mente de cualquier tipo de mal pensamiento.
La analogía del acantilado se repetía unas semanas después.
Aún cuando la convención marcaba que era imperante para ellos como enamorados el ir a la torre Eiffel, Sakura fue la primera en declinar el destino. De hecho, Francia fue sacada del derrotero que marcaron para comenzar el largo camino a casa.
Y era largo ese camino, porque era todo menos lineal. Su primer destino fue Milán, y unos días después, Roma y la Santa Sede. Fueron a Pripyat en Ucrania, y luego a Moscú. Regresaron al sur atravesando el Mar Negro para llegar a Estambul, y finalmente cumplieron el tan anhelado sueño de ir al mar. Y es que no era sólo ir al mar porque sí, fue Li quien insistió en no acercarse a ninguna playa, porque quería que fueran a la mejor.
Así, para mediados de marzo Sakura dejó una parte de su corazón en la isla de Zakynthos en Grecia, por lejos el lugar que a su punto de vista, era el más parecido al paraíso. Y justo en ese lugar, era donde ambos, tomados de la mano, miraban al mar inmenso y azul en aquel soleado y caluroso día del final del invierno. La superficie del agua los esperaba a al menos treinta metros abajo. Nada que fuera un auténtico desafío para dos de los hechiceros más poderosos del mundo.
Se miraron fugazmente, sonriéndose con una gratificante ansiedad, y luego de asentir mutuamente, saltaron.
Lo hicieron sin cerrar los ojos, sin gritar, sin permitir que el miedo les evitara sentir, siendo ese salto de fe la perfecta metaforización del destino que estaban eligiendo vivir, aunque fuera por un tiempo limitado, de manifestar al mundo su voluntad de luchar contra sus designios, aún si estaban destinados a fracasar de alguna manera.
Porque sabían que algo más adelante los esperaba, pero lo enfrentarían juntos, y si eran derrotados, también estarían juntos entonces.
Nada podía separarlos ya.
Romper el océano con su caída fue increíble por lo liberador que era. Se sumergieron varios metros en el agua, pero sus manos aumentaron el agarre, y juntos volvieron a ascender. Al volver a llenar de aire sus pulmones, fue como nacer de nuevo, fue como ver por primera vez los ojos del otro, reencontrando el color y luz que de ellos manaba, sabiendo que sin importar el tiempo o el espacio donde estuvieran, el hecho de hallarse en la compañía mutua convertiría cualquier sitio en el mundo o fuera de él en su hogar. Se besaron como no habían hecho nunca, besos sabor a agua de mar, a amor auténtico y eterno dentro de su finitud, a felicidad que en su fugacidad, daba eternidades de vida.
Con ese compromiso hecho con su propia búsqueda de la felicidad, nadaron hasta la blanca arena de la orilla. Al volver a la playa repleta de turistas, se apreciaba que esta era más bien discreta a pesar de la multitud, compuesta por visitantes de cada etnia conocida, ayudando al par a pasar completamente desapercibido.
Entre bebidas tropicales y chistes, convivieron con otras personas fugazmente, charlaron con parejas que al igual que ellos se las habían arreglado para fugarse, también con familias establecidas y con hijos, y una que conmovió a Sakura: unos ancianos que tenían dificultades incluso para levantarse de las tumbonas en la arena, y que les contaron que celebraban su quincuagésimo aniversario.
Aquellos perfectos desconocidos no volverían a ver a tan encantadora pareja jamás, sin embargo, la impresión que se habían llevado de ellos no hacía más que reafirmar aquello que era de conocimiento mismo del universo. Su hilo rojo no era tal, era una cadena, una cuerda forjada en el mítico e indestructible unobtainium, incapaz de ceder ante cualquier fuerza natural o súpernatural, el único rival real era la muerte, misma con la que habían pactado una tregua indefinida.
Cuando el sol comenzó a hacer su marcha hacia el horizonte, la pareja pensó que lo mejor era ponerse en marcha de vuelta a su hospedaje, tenían que hacer un viaje en ferri y finalmente alcanzar a Cerbero para cenar algo. Sólo tenían un par de días más para disfrutar de las playas y el clima griego antes de reemprender la marcha hacia el oriente, yendo a El Cairo primero, y de ahí a algún lugar de medio oriente.
Cuando llegaron a la recepción del hotel, Xiao-Lang solicitó a la chica que se adelantara a la habitación mientras él ordenaba la cena y compraba algunos artículos en la tienda, y ella atendió. Él saludó fugazmente al amable dependiente, ansioso, pero determinado. Se paseó entre los montones de artículos de primera y no tan primera necesidad del lugar, indeciso sobre qué comprar para cerrar con broche de oro una jornada que había sido muy buena por decir lo menos.
Seleccionadas sus compras, volvió a la barra, tratando por todos los medios de lucir lo más serio y seguro posible.
El dependiente tomó los artículos sin prestar mucha atención, hasta que llegó a uno que lo hizo mirar a Li de soslayo.
—¿Es mayor de edad? —preguntó finalmente, agitando la botella de tinto y los quesos que había puesto en su orden.
—Por supuesto —respondió sin dudar, haciendo gala de un histrionismo que ni él mismo sabía que poseía.
El joven hombre miró a Li por algunos segundos, analítico, y haciendo que varios planes se desarrollaran en su mente, pensando en que era posible que le pidiera una identificación… pero nada fue necesario.
—De acuerdo. ¿Plástico o papel? —cerró el tendero con una sonrisa radiante.
Algunos minutos después, aún temblando por la emoción de su crimen, salió del ascensor en el piso cuatro, y en lugar de simplemente entrar a la habitación, tocó un par de veces. Cerbero apareció en la puerta, asomándose con discreción para evitar a cualquier hipotético espectador que atestiguara su presencia.
—¡Al fin llegas, mocoso! ¿Qué es lo que vamos a…?
Los reclamos del guardián se detuvieron cuando Li puso una tarjeta frente a él. Una nueva llave.
—Piso siete —dijo determinante.
—¿Y esto qué significa? —preguntó el guardián, tomando entre sus diminutas manos la tarjeta electrónica.
—La habitación fue alquilada desde hoy hasta mañana al mediodía, tiene todas las comodidades.
Los minúsculos ojos de peluche de la bestia del sello se entrecerraron con suspicacia.
—¿Crees que así como así abandonaré a Sakura a tus corruptas manos, chiquillo?
—Servicio al cuarto sin límite. Ya ha sido cubierto cualquier posible costo.
La expresión del muñeco cambió, y miró alternadamente su soborno y hacia la habitación donde la maestra de cartas se refrescaba.
—Bien, pero más te vale que no te pases de listo.
—Mira quién lo dice.
Xiao-Lang y Kero compartieron una mirada desafiante, mientras que el último comenzó a flotar alejándose de la habitación en reversa, sin dejar de ver a Li, hasta que se perdió por el gran espacio entre los pasillos que hacía una caída libre hasta el lobby, y por el cual podría llegar a su destino sin tomar escaleras o ascensores.
Dueño una vez más de la situación, Li entró a la habitación.
—¿Era Xiao-Lang quien tocó la puerta, Kero? —preguntó con dulzura la maestra de cartas desde el dormitorio.
—El mismo —respondió Li, haciendo que la chica asomara la cabeza por el marco de la puerta.
—¡Oh! ¡Ya has regresado! Si me das unos minutos, me cambiaré de ropa para que podamos bajar a cenar algo, Kero dice que se muere de hambre, aunque yo aún no…
—Descuida, Cerbero ya tiene cubierto ese problema.
—¿Qué quieres decir?
—Se adelantó a cenar, así que podemos ir más tarde nosotros.
—Genial. Pues ya que estamos aquí, ¿hay algo que quieras hacer? —preguntó la jovencita mientras se sacudía el cabello, aún húmedo por el agua del mar.
—Justo pensaba en ello, compré algunas cosas para relajarnos un poco aquí. La verdad es que quería pasar un poco de tiempo sólo contigo.
Habían viajado juntos con el guardián por todo el trayecto, y a pesar de que el dormir juntos ya era común, eran los únicos intervalos de tiempo que realmente tenían sólo para ellos. Y quizás el dato no fuera del todo relevante para ese momento, pero más allá del sueño, no habían compartido de ninguna otra manera. Ambos, sin habérselo hecho saber al otro, comenzaban a sentirse preparados para volver a intentar el contacto, pero ninguno había tomado la iniciativa, pues en su desconocimiento de los sentimientos del otro, temían forzarlo.
Así, Xiao-Lang llegó a la conclusión de que trataría de acercarse nuevamente a ella, a hacerla ver que podía abrirse de nueva cuenta a él, mostrándole que era el refugio al cual podría llegar para aclarar la mente y despejar sus inquietudes, que la escucharía o haría lo que fuera necesario para hacerla sentir bien y confiada, y sabía por charlas en el pasado que un poco de alcohol podría ayudarlos a ser más francos. Quizás no sería igual que el veritaserum, pero sin lugar a dudas los encaminaría. Tenía que hacerla ver que no sólo era su novio, o el chico con el que se fugó, sino que era también su amigo.
—¡Trajiste un Uno! —exclamó ella de pronto, tomando una de las bolsas de las manos del muchacho—. ¿Quieres jugar? Podríamos hacer algo de apetito con una partida, ¿no crees?
—Es una buena idea, y también… —puso el vino obtenido por métodos de dudosa ética sobre la mesita de centro, y solícito fue hasta la nevera por un par de vasos, y ella se encargó de traer un platón para poner los quesos y otros aperitivos traídos—, podríamos hacer una inocente apuesta al final de la partida.
—Oh… bueno, si te parece bien… —dijo ella, un poco dubitativa ante el escenario.
—¿No te gusta la idea? Porque si es así... —respondió él, un poco contrariado ante el panorama de haber sido demasiado atrevido con el planteamiento.
—Oh, no, no es que me parezca una mala idea, es sólo que… si vamos a apostar tengo que pensar muy bien en qué te voy a pedir.
—¿De qué estás hablando?
—No me has visto jugar Uno, Xiao-Lang.
—Ni tú a mí… —sus ojos centellearon al ver que los de ella ganaban un brillo especial también—, espera… ¿estás asumiendo desde ya que eres mejor que yo?, ¿percibo un desafío?
—O una invitación a perder miserablemente, si hubiera apostado con Tomoyo cada vez que jugábamos, quizás sería dueña de su fortuna para este momento.
—¡Esto no me lo pierdo! ¡Entre mayor el ego, más dura la caída! ¿cuál será la apuesta? —preguntó él, animado, recuperando el paquete de cartas, abriéndolo y comenzando a barajarlo mientras invitaba a la chica a sentarse frente a él en la mesita.
—Decidamos al final, ¿te parecen bien tres de cinco? —respondió ella, decidida, y tomó la mano del chico, con una mirada desafiante.
—Hecho… ¿lista?
El juego comenzó: salvaje, inclemente, de estrategias frías y crueles, como una guerra, que en simetría de oportunidades arrancó exclamaciones de frustración y risas entre los contendientes. Y como era de esperarse, fue mayor el alarde a los talentos. Era difícil establecer a uno que dominara el campo de batalla, lo que se tradujo a media botella vacía en cosa de media hora, la cual apenas si se notó al estar ambos comiendo aquí y allá. Se pusieron rojos, pero no fue sino hasta que Sakura se levantó que notó cuán realmente mareada estaba.
—Dejemos el vino —dijo ella, masajeando su frente para tratar de mitigar el vértigo que comenzaba a sentir.
—¿Quieres abandonar? —preguntó él, en un tono más bien cáustico.
—Nunca dije eso… sólo cambiemos la mecánica del juego.
—¿Qué propones?
—Última ronda, todo o nada, el que pierda deberá hacer lo que el ganador le pida.
—Me parece justo.
La partida se mantuvo reñida como las anteriores, el giro final, sin embargo, terminó dándole la victoria a Sakura, refrendando su potestad como "maestra de cartas", y levantó las manos en actitud victoriosa luego de que Xiao-Lang botara las cartas que le quedaban con resignación.
—Bien, la victoria es suya, ¿qué es lo que la señora desea? —dijo peinándose innecesariamente con la mano, tratando de enfocar a la chica sin que se le notara lo poco estable de su postura.
—¿Sabes…? Cuando nos tiramos del acantilado, creo que mi caída no fue perfecta… no sé si tú querrías darme un pequeño masaje…
—Pudiste haberlo pedido sin obligarme por una apuesta —indicó divertido, tendiéndole la mano para hacerla sentarse en la cama.
—Mejor así, de esta forma no puedes negarte.
Ella le indicó cuál era el pie afectado. Si bien no había evidencias de que fuera una lesión grave, mostró cierta molestia cuando el chico comenzó a pasar sus pulgares en un vigoroso recorrido por el centro de la planta derecha. Por varios minutos él se dedicó a la faena con absoluta entrega y concentración, haciendo que poco a poco el malestar fuera disminuyendo.
Ante él, estaba un pie pequeño y muy lindo, y al mirar hacia arriba no pudo evitar derretirse de amor al ver a Sakura sonrojada, un poco por el alcohol, y otro poco por la situación. Estar tan cerca y en contacto físico tan íntimo era algo que no habían tenido oportunidad de experimentar en mucho tiempo, y el estar tan desinhibidos y relajados los estaba llevando por el camino de menor resistencia.
Atendiendo a un impulso que no se preocupó siquiera en resistir, puso sus labios sobre sus dedos, y fue subiendo lentamente por su empeine, haciéndola contener la respiración.
—¿Xiao-Lang…? —susurró sin saber cómo continuar la pregunta, al sentir la mano del chico abarcando con suavidad su pantorrilla, elevándola para dejar el resto de su pierna a merced de sus besos.
Él no respondió, sólo la miró a los ojos, sin detenerse, transmitiéndole con esa mirada menesterosa algo que había estado guardado dentro de su pecho desde mucho tiempo atrás. Era, dentro de su extraño contexto, un gesto encantador, con proporciones semejantes de lujuria e inocencia, y que por algún mecanismo desconocido, la habían hecho no sólo sentir bien… un calor poco común se acumuló en su vientre, y sus piernas comenzaron a temblar un poco… y sorprendida notó que en sólo unos segundos, estaba muy ansiosa por el contacto.
El siguió repasando con su rostro, subiendo con desesperante lentitud hasta sus muslos, comenzando a ser recompensado por algunos gemidos confusos de ella, sin darle oportunidad de arrepentirse, y tampoco es como si eso fuera posible. Para ella era también un escape, pues durante todo ese tiempo había mantenido ocultos sus propios ánimos de solicitar atenciones físicas… y no era sólo reclamarlas por reclamarlas… él se había encargado nuevamente de llevarla por el camino más natural y agradable hasta ese escenario.
Estaba lista para reinscribirse en esa faceta de la vida, tan rehuida por ella misma guiada por sus propios miedos, y no sólo por la necesidad de destruir esos temores, sino por la tranquilidad y alegría que le daba el ser guiada nuevamente por aquel que tanto amaba.
Él, con el corazón reanimado por la demostración de que ella sentía lo mismo que él para ese momento, la levantó para depositarla en la cama donde habían dormido las noches anteriores. Al encararlo, encontró que su excitación era recíproca, tanto en actitud como en intensidad. Él extrajo una compra adicional de su bolsillo, depositando en el buró el par de paquetes de preservativos recién adquiridos, que ella miró fugazmente con aprensión.
Sin embargo, el deseo en ambos era aplastante y mayor a cualquier miedo.
Se besaron con intensidad. Estaba decidido. Lo harían, estarían juntos de nuevo, reclamarían su derecho al amor físico, a sentirse bien en la compañía del otro, a darse afecto con el cuerpo como habían deseado desde tanto tiempo atrás. No había necesidad de decirlo con palabras, estaban en comunión.
Él dejó sus labios para comenzar a recorrer su cuello, mordiendo sus clavículas, y en un tirón suave, desanudó la parte más alta del bikini, quedando al descubierto sus bellísimos senos. Su estómago se comprimió ante la visión. Y es que le fascinaban. Ella no era una mujer voluptuosa, por el contrario, sus senos eran pequeños, pero su belleza simplemente le quitaba el aliento. Sin embargo, no sé concentró mucho en verlos. Aprisionó con sus labios el pezón izquierdo, succionándolo lentamente primero, y subiendo gradualmente la intensidad, cambiando la rutina, acariciando con la lengua toda el área de la aureola, incluso mordiéndolo suavemente, siendo cuidadoso de no lastimar a la chica, repitiendo el procedimiento en el otro lado, aumentando poco a poco la expectación de ella.
Dejó el vicio de sus pechos para continuar su camino por su abdomen, haciéndola reír con los besos que dio a sus costillas, y sacándole una exclamación de sorpresa y excitación al introducir su lengua en su ombligo, dejándola jugar libremente ahí…
—¿Xiao-Lang…? —dijo ella, con voz entrecortada.
—¿Sí? —respondió sin dejar la faena.
—Tu… tu lengua…
—¿Pasa algo con ella? —preguntó, pensando que quizás estaba haciendo algo mal.
—Sí… —dijo, bajando la mirada para verlo a los ojos, hechizándolo con su inocencia y pena natural—, no… no es ahí donde quiero que esté…
Ella, con lentitud, deshizo los nudos laterales del traje de baño, descubriendo su intimidad, y separando las piernas, mostrando aquella belleza que él recordaba, aunque hasta ese momento no sabía si había sido real. Y sí. Era muy real.
Él bajó sin despegar el rostro de su piel, repartiendo tiernos besos por todo el trayecto.
—Qué hermosa eres —susurró ante la visión tan próxima de su feminidad, haciendo involuntariamente que su aliento llegara a ella, haciéndola temblar.
Sin mayor ceremonia o anuncio, depositó un casto beso sobre el ya sensibilizado clítoris, y seguidamente no pudo detener el impulso de devorar todo a su paso. Su corazón se llenó de calidez al saborear la dulce miel de su amor mientras la memoria le decía por dónde sus caricias debían ir, y escuchando las palabras de amor de su compañera, que lo guiaba moviendo la cadera. Al abrir los ojos notó que una de las manos de Sakura acariciaba su cabello para evitar que se separara, mientras que la otra recorría con suavidad sus propios senos, dejándose ir ante las sensaciones. Y él se sintió feliz de verla tan entregada al placer que él le daba.
Por varios minutos la escuchó ir lentamente de los suspiros a los gemidos, y de movimientos suaves a los espasmos. La estaba llevando al cielo, y verla así lo hacía sentir increíblemente bien. Ella trató de decir algo, pero no fue capaz, y antes de darse cuenta, ella gritaba su nombre mientras arqueaba su espalda, víctima de un orgasmo violento y profundo.
Su cuerpo quedó suelto sobre las sábanas cuando la relajación llegó. Él se limitó a observarla mientras besaba con dulzura su vulva y acariciaba la parte interna de sus muslos con sus mejillas.
—Quiero más… —dijo ella sin levantar mucho la voz y sin abrir los ojos.
—Yo también…
Él se levantó de la cama, y con suavidad hizo que sus dedos acariciaran la ahora muy húmeda región secreta de ella, que respondió al estímulo con nuevos lamentos bajitos y adorables, lo guió para que el anular y medio de la mano invasora entraran y danzaran en ella, todo sin perder contacto visual en ningún momento.
Sin dejar de tocarla, se inclinó hasta el buró, quedando de pie a su lado… ella lo miró con un fulgor en los ojos que sólo una vez antes él había presenciado, y dejó que la intuición la guiara.
Tomó su hombría y sin mayor ceremonia la engulló hasta donde pudo, rememorando el sabor tan propio de su hombre, que la hizo gemir nuevamente ante el montón de sensaciones, cada una mejor que la anterior que la embargaban para ese momento. Luego de luchar por unos segundos, se separó de él, mirándolo sonriente mientras estimulaba su virilidad con la mano, y luego volvió a la faena.
A la segunda oportunidad de tomar aire, él fue quien tomó la dirección. Tomó uno de los preservativos, y luego de colocárselo torpe, pero no erradamente, tomó los tobillos de Sakura, poniéndolos sobre sus hombros.
El primer contacto lo hizo saber que ella estaba más que lista, y fueron sus suaves manos las que tomaron al chico, acomodando su masculinidad justo donde debía ir.
De una sola embestida, suave, pero que no se detuvo, volvieron a ser uno. Gimieron al mismo tiempo antes ese contacto, mirándose suplicantes.
—Xiao-Lang…
—Dime…
—Acaso… ¿creció?
—No lo creo…
—Así se siente…
—Pues si es así, es por tu causa… no sabes la forma que me haces sentir.
Se movía lentamente sobre ella, tratando de no lastimarla, aunque parecía que la precaución era innecesaria, ella se estremecía con parsimonia bajo el control que él ejercía sobre ella, llenando sus oídos con la bella sinfonía de sus gemidos suplicantes, que a momentos articulaban su nombre, alguna palabra de amor, o hasta alguna indicación más directa y menos romántica, pero no por ello, menos apasionada.
Cuando ella ordenó un "más fuerte", él obedeció, y en la maniobra puso mayor peso y trabajo sobre la pelvis completa de la chica, ampliando el rango de estimulación en ella, y haciéndola exclamar con más fuerza, llevándola al borde del clímax. Sus gemidos se hicieron más altos y erráticos, mientras clavaba las uñas en la espalda del muchacho y le enredaba las temblorosas piernas alrededor de sus caderas.
En una serie de gritos y estremecimientos, se vino espectacularmente.
—¡No...! ¡No pares! —le ordenó al sentirlo con intenciones de retirarse.
Él pensó estúpidamente que sus propias acciones no tenían sentido, porque usaban un preservativo justo en ese momento, pero luego de reprenderse mentalmente por racionalizar el momento de éxtasis que su mujer pasaba, se dejó llevar también.
La levantó por la cintura, dejando que un lamento ronco abandonara su pecho, vertiendo su semilla sin contemplaciones, sintiendo un placentero escalofrío recorriéndolo completo.
Luego de unos segundos de observar como el hermoso rostro de la muchachita se mantenía sonriente, aunque incapaz de abrir los ojos, se separó de ella con delicadeza, sintiendo una humedad muy superior a cualquiera anterior.
Se tendió a su lado, tratando de recuperar el aliento. Tenía una extraña, pero muy agradable sensación en el cuerpo, como cuando terminaba un largo entrenamiento, o cuando obtenía la victoria luego de una tarea que demandaba muchísimo esfuerzo. Se sentía gratificado y satisfecho, lleno de verdad.
Ella, por su parte, comenzó a reír sin aparente explicación mientras juntaba sus manos sobre el pecho, completamente roja, con una energía que no parecía querer abandonar su cuerpo, y que la hacía menear los pies por la orilla del colchón.
—Creo que nos escucharon fuera de la habitación —dijo ella, divertida.
—¿Fuera de la habitación? Estoy seguro que nos escucharon hasta Atenas.
Él se contagió con su risa, y sólo hasta después de un tiempo de mirarse mientras se recomponían, comenzaron a dar cuenta de lo que realmente pasaba: estaban sanando al fin.
Muchas cosas, a cual más triste o mala sucedió entre su primer encuentro y el actual, y aunque todo mundo a su alrededor había insistido en que ellos no eran responsables por tan funestos eventos, ellos habían llegado a un conocimiento que finalmente les iba a permitir seguir adelante y realizarse: la culpa no era mala por sí misma, pero la vida debía continuar. Ellos debían buscar el camino a pesar de las cosas que pasaran, debían aprender a soltar lo que la vida les quitaba, pero al mismo tiempo honrarlo a través de su voluntad de seguir adelante.
Ella miró al reloj, descubriendo que faltaban unos minutos para las cinco de la tarde. La noche no era joven… no había siquiera comenzado.
—¿Una segunda ronda? —preguntó él, motivado, viéndola incorporarse hacia el buró.
—Sí… y muchas más —le respondió montándosele, tomando la pieza protectora gastada y comenzando a desempacar una nueva, besando con dulzura sus labios.
—Había olvidado que puedes ser…
—¿Codiciosa?
—Sí… codiciosa.
—¿Y eso está mal?
—Para nada… me enloquece que seas así… sólo espero que puedas seguirme el ritmo.
—Mejor no me desafíes… ¿no te enseñó nada la partida de Uno?
Él trató de responder dominándola, pero con sorpresa notó que ella no se lo permitió, quedándose arriba de él.
—Ah, no… te quedas donde estás… y más te vale probar tu resistencia.
Un par de minutos después entendió a qué se refería, mientras sentía que la estructura del lecho debajo de ellos cedería a la fuerza de los movimientos de Sakura de un momento a otro… al igual que su propio aguante a los exquisitos estímulos sensoriales a los que estaba siendo sometido.
V.
Fin.
¡Gracias de antemano por los comentarios!
Mi agradecimiento para WonderGrinch por sus impresiones, y a CherryLeeUp por su asesoría editorial.
