Retroalimentación.
Guest chapter 11 . Feb 26: Hola. Muchas gracias por comentar. La espera terminó, así que disfruta el nuevo episodio. ¡Un saludo para ti!
Ailin79 chapter 11 . Feb 27: Hola. El asunto de la "predestinación" no me gusta tanto, sin embargo, podría ajustarse al contexto actual. Así que si juntas eso con un contexto desfavorable, podrías tener una buena fórmula para el desastre. Lo cierto es que, más allá de la personalidad que haya podido formarse, el espíritu del mundo estará en ella, y sus propios traumas saldrán a relucir en todo esto. Y sobre tus inquietudes… bueno, no garantizo nada. ¡Gracias por comentar!
Wonder Grinch chapter 11 . Feb 28: Carita. Es cierto. Tortuoso será el camino desde aquí, seamos fuertes juntos. No sé si justificar tu odio, pero no puedo evitar que lo sientas. Sólo cuida tus calorías… y como he dicho antes: No, el divorcio con Eriol no es una opción. ¡Mil gracias!
LizSaranjeiP chapter 11 . Feb 28: La plataforma a veces es muy injusta con todos… y sobre Akiho, te anticipo que será más de lo segundo. En efecto, es un personaje que levanta malos sentimientos de forma general, veamos hasta dónde podemos llevarla esta vez. ¡Gracias!
zaoryGuerrero chapter 11 . Mar 10: Viene una época obscura para nuestros personajes, tanto así, que por algún tiempo todo será sobre incertidumbre, miedo y dolor… como la vida, pues. Y como bien dijo doña Ieran: puedes hacer lo que tú quieras, lo que no puedes es escapar a las consecuencias de tus acciones. Tendremos un poco más de drama… o tal vez mucho. Y tienes razón en pensar que Akiho es un resultado… lo peor que puedes dar a un resentido después de la lástima… es el poder. ¡Gracias por comentar!
Reader2109otp chapter 11 . 8h ago: Hola, ahijada. Apechuga, que te necesito aquí, y más que eso, espero que este pequeño espacio te ayude a sobrellevar lo que estás atravesando. Uy, sí, se pone peor cada vez, ya leímos mucha felicidad en el pasado, llegó el verdadero "momento". Tus predicciones sobre la espada sagrada son muy acertadas. "S" debía tener su vuelta triunfal, y se quedó algo resentida desde su último encuentro con los cardcaptors, así que… Uy, eso también… el despertar… el verdadero monstruo despertó. Y por supuesto, el destino del mundo descansa en estas dos. Tal como dices, este es un todo o nada, no hay negociación aquí. Lamento provocar tus lágrimas (no), y espero que lo que viene te guste y atrape. Te mando un abrazo apretujado y por el tiempo que lo necesites, gracias por tu esperado comentario.
¡Vamos al capítulo!
XI.
Misión.
Cada persona dentro de la luminosa sala de estar Daidoji parecía haber perdido por completo la capacidad de hablar. Xiao-Lang y Sakura llevaron la guía de la explicación, la más concisa y precisa posible en cuanto a lo que recordaban de todo lo narrado por Hinoto.
Sonomi escuchó cada vez más asustada, y si bien mucho sonaba realmente increíble, aquello que tenía que ver con los eventos de los últimos años daba coherencia a todo. También confirmó las palabras de la oráculo acerca de la concepción y nacimiento de Tomoyo, aunque no ahondó mucho en ello, y prometió que apenas todo el problema fuera resuelto, charlarían largamente sobre su condición.
—¿Y ahora qué debemos hacer? —la anfitriona parecía estar realmente perdida.
—Sabemos que el resultado de todo esto será enorme, algo más allá quizás de nuestro entendimiento —comenzó Ieran, pálida como un fantasma—. Sin embargo, tenemos claro que durante los primeros encuentros, Japón, y más específicamente Tokio se convertirá en una galería de tiro. Sería irresponsable y peligroso seguir aquí para cualquiera que no pueda aportar aunque sea un poco de ayuda a la causa de los Dragones de la Voluntad.
—Por lo mismo, pensamos que lo mejor… —Los cristalizados ojos de una Sakura que luchaba con toda su fuerza contra el llanto, buscaron un poco de luz en los de su esposo—, lo mejor sería que nuestros hijos se fueran del país… y no sólo ellos, también nuestros padres y todos los que nos importan, todos aquellos a quienes amamos, mientras que nosotros solucionamos este problema.
Touya y Yukito compartieron una mirada mientras aumentaban la fuerza del agarre de sus manos. El segundo se puso de pie, mostrando un temple que rara vez utilizaba:
—Esta vez no me mantendré al margen. Debo estar a tu lado.
—Pero Yukito…
—Descuida, Sakura. Touya y yo lo estuvimos hablando desde que mencionaste la posibilidad de sacar del país a los niños, y llegamos a la conclusión de que ambos tenemos una misión: él viajará con sus sobrinos y tu padre, mientras que Cerbero y yo nos quedaremos a tu lado, ayudándote en todo lo que nos sea posible.
—Pero… yo no puedo pedirles que se separen… —respondió, sonando realmente afectada.
A algunos lugares de distancia, Issy apretaba la parte baja de su blusa, a nada de ponerse de pie y protestar por la forma en que el grupo estaba enfrentando la situación. Se detuvo, sin embargo al sentir la mano de Eriol sobre la suya, supo que debía ser sutil, y que esa conversación debía llevarse a cabo de forma más privada. Ella siempre fue la aguerrida en su relación, y rara vez se guardaba algo, la mesura era una cualidad que había aprendido de su esposo. Tenían mucho de qué hablar.
—Con respecto a nosotros, Yuzuki viajará a Hong Kong con Hien y Nadeshiko, y aunque confío plenamente en los Li y en la familia de Sakura, me tranquilizaría mucho que ustedes estuvieran juntas —comentó Tomoyo, dirigiéndose a Sonomi.
—Por supuesto, les daremos todas las comodidades y atenciones que necesiten estando allá —intervino Ieran—. Después de todo, ya hemos sido socias, déjeme consentirlas mientras estén en Hong Kong.
Sonomi aceptó en un asentimiento, con la seriedad y fuerza que la caracterizaban, pero sin poder ocultar la palidez de la que era víctima desde que todo comenzó, y que empezaba a agotarla. Pidió unos minutos para dar algunas instrucciones, y también para encargarse de la logística de transportes, pues la salida del país, por temas de seguridad y velocidad, sería por medio de vuelos privados.
Demasiado estrés para una mujer que llegaba al final de sus cincuentas, y a pesar de que seguía siendo la cabeza de esa familia, ya no tenía tanto vigor como en antaño. En otra época hubiera insistido en quedarse, pero era consciente que la única forma de apoyar a su hija, era a través de sus recursos, y muy a su pesar, estudiándolo con la cabeza fría, sabía que el menor de los males se alcanzaba a través de esa separación. Temía por su hija y su yerno, más de lo que podía reconocer.
El plan estaba hecho, y dada la urgencia que Hinoto les transmitió acerca del despertar de la contraparte de Sakura, decidieron que lo mejor era hacerlo todo cuanto antes. Esa misma noche, Hien, Nadeshiko, Yuzuki, Xing, Gustav, Issy, Touya y Sonomi viajarían al continente, y Sakura se encargaría de mandar a Fujitaka al día siguiente de ser posible. Al, Meilin y Beiji-Hu serían apoyo para los que se quedaban en Japón, imaginando que efectivamente pudieran ser de algún tipo de ayuda, y no porque sus intenciones y compromiso fueran motivo de duda, sino porque ignoraban si tendrían algún tipo de poder o beneficio real que ofrecer.
—Perdona nuestros modales —dijo Kanoe, después de servir el té—. Ellos son… —señaló a su derecha—, Yuuto Kigai —luego a su izquierda—, Shogo Asagi. A Satsuki y a Bestia los conociste hace un rato.
—¿Bestia…? —dijo viendo a la tecnomante—, ¡Claro! Era eso lo que movía los cables y que controlaba la motocicleta, ¿no es así?
La afirmación hizo entrecerrar los ojos a la chica con suspicacia. Se quedaron mirando por unos momentos, y curiosamente fue Satsuki la que se sintió incómoda esa vez. El celeste en los ojos de Akiho, más allá de su color atípico e innegable belleza, ofrecía una intensidad y profundidad que no había detectado antes… quizás fuera asunto de su despertar, pero lo cierto es que daba algo de miedo.
«Ella puede sentirme». Susurró la IA en el comunicador de "S", dando un matiz de discreción que nunca antes había utilizado, como si efectivamente estuviera tomando precauciones para evitar ser escuchada.
—Veo que te estás habituando rápido. Perfecto, entonces déjame plantear el panorama ante ti… —Kanoe tomó un profundo suspiro—, viendo que ya has tenido una parte de tu despertar, todo de lo que te hable ahora ganará sentido a medida que lo vayamos descubriendo.
—Por alguna extraña razón, siento como si hubiera tenido esta conversación antes… es muy curioso.
—Bueno, eso es porque efectivamente una parte de ti ya pasó por esto muchas veces antes. El espíritu del mundo está en ti ahora, y él recuerda las veces que discutió todo esto. Aquí vamos.
Con su gesto tranquilo y una sosegada sonrisa, Akiho prestó atención al relato que la caminante de sueños tenía para ella, empezando por la descripción del día de la promesa, la definición de "dragón", los términos en los cuales el futuro del mundo sería decidido, y por supuesto, su rol heredado.
Mientras Kanoe le explicaba sobre su papel en todo el entuerto, sin dejar de prestar atención, Akiho se levantó de la mesa y comenzó a caminar alrededor del grupo, mirando aquí y allá, acariciándose el mentón, reflexiva. Todo sonaba increíblemente fantasioso, digno de los libros del autor más ambicioso o del mangaka más imaginativo, pero esa parte de ella de la que su autoproclamada guía le habló la mantenía en cierto nivel de sintonía y credibilidad.
Akiho no era ajena a la magia, aún cuando no fue usuaria, al menos voluntaria de la misma, sin embargo, había pasado buena parte de su juventud siendo una víctima de la misma, aunque su captor no sólo se había encargado de subyugarla por medio mágicos…
Llegar a ese último razonamiento había acelerado repentinamente su pulso.
Durante toda su vida, ella sólo se había dejado llevar por el contexto y las circunstancias, haber sido rechazada desde la más tierna infancia la había orillado a ser excesivamente pasiva y amable con todas las personas a su alrededor en un afán por evitar que la dejaran sola, y no era que fuera una mala persona o fuera hipócrita, pero mucho se había detenido de mostrar su verdadera personalidad, motivada por un miedo a la soledad que rápidamente se estaba desmoronando ante los nuevos descubrimientos de los que era partícipe.
Sí, hubo quienes fueron legítimamente amables con ella, lo que realmente se reducía a un par de personas: Sakura y Fujitaka… los únicos quizás que se habían preocupado de forma auténtica por su bienestar. Los demás sólo respondían a su comportamiento previo, como Li y Daidoji, a los que estaba segura que poco o nada les importaba en realidad… y entonces pensó en su principal victimario durante su infancia y el inicio de su adolescencia.
Yuna Kaito había proclamado en un principio que quería salvarla, sin importar el método que utilizara para conseguirlo, y había pruebas de que realmente lo intentó… Sin embargo, tuvo que volverse una adulta para darse cuenta de que algo estaba muy mal con los métodos utilizados por ese hechicero para "salvarla". Recluir a una jovencita en una casa sola fuera de su país de origen por un tutor no familiar podría considerarse poco ortodoxo… utilizarla sin su conocimiento, y por extensión sin su consentimiento para fines mágicos, iba más allá de lo inadecuado para ser llanamente malo… permitir que la chiquilla desarrollara sentimientos románticos por él en el proceso era definitivamente obscuro… pero aprovecharse de esos sentimientos y la ingenuidad natural de esa muchachita para tener relaciones sexuales con ella era simplemente perverso. No importaba desde que ángulo se viera, él se había robado su inocencia, había abusado de la confianza que ella le tuvo en su ignorancia, y por primera vez se sintió en libertad de sentir verdadero enojo contra él, pues más allá de haberla violado en repetidas ocasiones siendo ella apenas una niña, dejó marcas en su mente que la hicieron incapaz de realizarse en lo sentimental, haciendo que una mujer heterosexual como era ella, quedara impedida de poder enamorarse de un hombre, pues nadie la ayudó a superar el trauma ni de hacerle ver que no todos los hombres eran malos como Yuna.
Al parecer, el destino le estaba dando las herramientas para la retribución definitiva, y no sólo eso, también la posibilidad de dejar salir todo lo que había en su corazón y su mente, de la mano con un propósito legítimo: la restauración del mundo mismo. La corrección no sólo de los errores que se cometieron en su niñez, o de las injusticias de las que había sido víctima y observadora, o de las atrocidades que había presenciado… era la corrección última y definitiva, la concreción final del plan definitivo de la salvación: cuando un cáncer infecta demasiado una parte del cuerpo… esa parte debía ser retirada. La humanidad era el cáncer del mundo, la resolución era lógica. Y ella tenía el poder en sus manos para cumplir ese objetivo.
—¿Y… quién es la contraparte mía de la que hablan? —preguntó en algún punto del largo relato.
—Una conocida mutua —respondió Satsuki, frunciendo apenas ligeramente el ceño ante la mención—: Sakura Li.
—Vaya… ya no sé cómo agradecerle, pareciera que todo lo bueno que me pasa es a causa de ella.
—Sé que podría ser difícil, pero debes dejar de pensar en ella como… —Kanoe se detuvo cuando vio a Akiho levantar la mano.
—Oh, no tienes que preocuparte por eso. La estimo y ha sido una hermana para mí, pero… ella es una víctima de esto tal como yo lo fui, creo que la mejor manera de honrar ese afecto es… haciendo su agonía lo más breve posible. ¿Me repetirías el método para obtener una espada sagrada?
—Una parte del alma de los portadores del poder de dios…
—Ofrecido voluntariamente o arrancado de un ser amado… —completó mientras reflexionaba. Cambió el semblante entonces, enérgica, motivada y decidida, incluso a Kanoe le resultó sorpresiva su actitud… tan… mesiánica—. ¡Regocíjense entonces, mis nuevos amigos! El día de la promesa ha iniciado, y tenemos deseos que cumplir.
—Me alegra que lo tomes tan bien… —Kanoe dudó un poco—. ¿A qué te refieres con "deseos que cumplir"?
—A que he llegado a la conclusión de que ese es mi propósito… cumplir los deseos de las personas —sepultó sus aguamarinas directo en el alma de Kanoe a través de sus ojos, con esa sonrisa infantil que dadas las circunstancias, se antojaba tétrica—, ¿cuál es el deseo que tu persigues, Kanoe?
La mujer se quedó en silencio, pudiendo fingir apenas que no estaba un poco crispada. Las palabras "salvar a mi hermana" sonaron en su mente, pero soportó las ganas de pronunciarlas.
—Te lo contaré más adelante. Descansa un poco y mañana…
—No. —Su resolución no dejaba lugar a dudas—. He descansado los primeros veintinueve años de mi vida. Debemos trabajar, y creo que nuestra primera misión se ha manifestado. ¡En marcha!
A su orden, todos se pusieron de pie.
—¿Y a dónde iremos? —preguntó la caminante de sueños.
—A un pueblo cercano llamado Yumetani —respondió Akiho, decidida.
—¿Para qué?
Akiho no respondió, sólo le guiñó un ojo mientras salían del salón de té.
El furor inicial de los pequeños había sido rápidamente opacado, y ya era imposible para los adultos ocultar la zozobra que los invadía. La noticia de un viaje improvisado había sonado como algo maravilloso, como unas vacaciones sorpresa, y los niños prepararon con entusiasmo el improvisado equipaje para hacerlo, pero más de uno sintió algo de decepción y desánimo al descubrir que los padres de la mayoría no los acompañaría.
Xing era quizás la más acostumbrada a esa situación, y de muchas maneras fue gracias a ella que los otros niños no terminaron hechos un mar de lágrimas, pues los distrajo hablándoles de las muchas maravillas que los esperaban en la mansión Li, que ella solía frecuentar. Meilin y Al de hecho le confirieron esa tarea, misma que la niña tomó con ahínco.
Aunque los adultos hicieron lo posible por hacer parecer aquello como un simple plan improvisado de vacaciones, la verdad era otra: era una evacuación de emergencia, una ruta de escape, pero debían mantenerse en papel, así que la estancia principal de la mansión Daidoji abrió de par en par sus puertas, permitiendo libre tránsito hacia los jardines y el aparcamiento, donde comenzaban a prepararse los autos que llevarían a los viajantes hacia una pista privada en Narita.
Distribuidos por la estancia, verificando maletas y tratando de fingir la mayor normalidad posible, las familias comenzaban a tener sus charlas de despedida, evidenciadas en grupos pequeños y separados entre ellos, que buscaban su pizca de privacidad.
—¿Me esperarás? —preguntó Yukito mientras estrechaba con fuerza las manos de Touya.
—¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que te esperaré… y seguro no será por mucho, conociendo al monstruo, resolverán todo antes de que nos demos cuenta.
Las palabras de Touya sonaban convincentes, dado el tono en que las decía, sin una sola muestra de duda. Sin embargo, ese ánimo optimista era una manifestación de sus deseos más profundos. Había algo más que miedo en su corazón, estaba aterrorizado ante la idea de perder a quien por más de veinte años había sido su compañero, amigo y cómplice, con quien había compartido muchos de los mejores momentos de su vida, y con quién se había comprometido a llegar hasta el final.
Yukito era más transparente al respecto, y su mentón comenzó a temblar. Se disculpó torpemente ante lo que él mismo consideró una debilidad, tratando de retirar las manos de las de su amado para cubrir la vergüenza de su flaqueza de espíritu. Se cubrió el rostro, peró tomó aire y se irguió cuan alto era al momento siguiente, sacando fuerzas de flaqueza, mientras que los brazos de Touya se cerraron con firmeza alrededor de sus hombros, depositando un beso sobre su cabello. Yukito retomó la charla:
—Sólo por si las dudas… gracias por todo —musitó, tratando de modular lo más posible su voz— gracias por darme la posibilidad de experimentar algo que por mi naturaleza no me correspondía. Gracias por tu tiempo y tu cariño, por darme una familia, y por siempre estar a mi lado.
—No tienes nada que agradecer. No te di nada que no merecieras. Te esperaré y pensaremos en cómo festejar su victoria —dijo conmovido el primogénito Kinomoto, aumentando la fuerza del abrazo—. Gracias de antemano por cuidar a Sakura.
Una escena semejante se desarrollaba a sólo unos metros de ellos, con otra familia.
Ahí, una chiquilla en particular había mantenido los bracitos cruzados, el ceño fruncido y los labios tensos luego de enterarse de las condiciones del viaje. Así, Xiao-Lang andaba de un lado para otro con Nadeshiko en brazos, tratando de mejorar su humor.
—Será muy divertido. Conocerás la casa donde papá creció, y la abuela Ieran estará todo el tiempo contigo, ¿eso no te emociona?
—Sí, pero… quiero que ustedes vayan con nosotros… ¿y mi abuelito?
—Él los alcanzará allá en un par de días, nosotros tardaremos un poco más quizás.
La pequeña, luego de mirar con esos enormes ojos idénticos a los de su padre a su familia, no pudo evitar que se le escapara un sollozo, mientras estiraba los brazos para que su madre la recibiera. Sakura, luchando con toda su fuerza, dio palabras de consuelo a su hija menor, resistiendo apenas el impulso de romper a llorar junto con ella. Después de unos minutos eternos, la puso en el suelo, hablándole de todas las cosas geniales que podría hacer en Hong Kong, y despidiéndola con una palmadita en el trasero para que fuera al cuidado de su abuela, que ya le tendía la mano para que terminara de prepararse.
Sakura y Xiao-Lang se quedaron con Hien. El niño, si bien no estaba tan triste como su hermana, miraba con suspicacia a ambos. Sabían lo que eso significaba, si bien era un niño promedio, tenía momentos en los cuales ataba cabos y eventos, y era incapaz de quedarse con dudas. Ese era uno de esos momentos.
—¿Qué hay en tu mente, xiao-yanshi? —comenzó Xiao-Lang, acuclillándose ante él para que sus ojos coincidieran.
—¿Qué está pasando? —preguntó mirando a uno y otro.
—No hay forma de engañarte, ¿verdad? —afirmó Sakura, incapaz de poder evitar cierto orgullo—. Hay un pequeño problema que tenemos que resolver aquí, hijo, y lo mejor será que no estén cerca mientras nos hacemos cargo. Además, tu tío Touya estará con ustedes.
—Pero… —el niño puso un gesto raro antes de formular su pregunta—, ¿ustedes estarán bien, verdad?
Una guía de la familia Li era conducirse siempre con la verdad, y Sakura trataba de vivir una vida libre de mentiras. Ambas condiciones contradecían la respuesta que deberían darle al pequeño, y no era como si estuvieran sentenciados a muerte, pero sería irresponsable afirmar que todo estaría bien, cuando lo único seguro era la incertidumbre.
—Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que así sea, cariño —se atrevió Sakura luego de un silencio que se extendió más de lo que le hubiera gustado, tomando la cabeza del niño y apoyándola contra su abdomen.
—Por eso mismo, es hora de que hagas algo por mí —complementó Xiao-Lang, retirando los mechones caramelo de la frente del niño—. Necesito que cuides a tu hermana, a tus abuelos, y a todos los miembros de nuestra familia… ¿recuerdas lo que te conté hace algún tiempo sobre tu verdadero nombre? —el chiquillo asintió—, Eres un Li. Y no cualquier Li… eres mi heredero, el siguiente eslabón en una poderosa dinastía. Mientras nosotros no estemos, eres el guía de la casa… y recuerda bien, tu hermana y tú son el futuro de nuestra familia. Ustedes son la esperanza. ¿Puedes hacer eso por mí?
—Está bien —susurró el niño con la voz quebrada. El lobo abrazó a su primogénito, siendo un desafío para sí mismo no compartir el llanto con él.
Siguiendo una lógica semejante, las otras familias tenían su momento. Gustav había mantenido el ánimo, sin embargo, lentamente fue absorbiendo la tristeza que invadía el ambiente de esa despedida. Después de que Eriol lo abrazara y le hiciera promesas para cuando el día de la reunión llegara, se fue un poco más tranquilo, tomando a Spinel y llevándolo con él hacia donde se terminaban de preparar para salir. La escena no fue tan amable para los duques cuando su hora de despedirse llegó.
—Estás loco si crees que voy a aceptar esto así como así. —Issy sonaba muy molesta, aunque daba muestras de comenzar a resignarse.
—Te suplico que comprendas… —Dijo con un tono que demostraba arrepentimiento y determinación a partes iguales—. Tú y Gustav son lo más importante que tengo, no puedo siquiera soportar la idea de que algo les ocurra mientras yo resuelvo este problema, y también necesito que des seguridad a mis padres, a Ruby y al ducado… si esto es tan grande como Hinoto nos dijo, lo que pase aquí alcanzará al mundo, y la corona debe estar al tanto.
—Pero…
—Es tu deber, duquesa. Cúmplelo y con ello, ayúdame a cumplir con el mío.
La hechicera, derrotada, arrugó con sus puños los costados de su blusa, incapaz de contradecir a su esposo.
—Me estás matando con esto, Hiiragizawa —susurró al oído de Eriol, mientras peinaba innecesariamente el azabache de su amado. Sólo en momentos tan importantes es que le hablaba por su apellido.
—Más nos vale que no te sientas así, mujer. —Tomó sus manos para que dejara su cabello y lo mirara a los ojos —. Gustav te necesita, y yo también… pero te necesito firme mientras que no estoy. Los alcanzaré pronto. ¿Recuerdas el plan?
—Claro. Unos días con los Li en Hong Kong, y luego a Londres, con mis suegros y el Parlamento.
—No sé qué tan grave se pondrá todo, pero me harías sentir mucho más tranquilo si estás en Inglaterra. Si notas algo raro, pide audiencia con Su Majestad, ella te escuchará.
—Descuida. Me encargaré de todo mientras vuelves, y si necesitas algo, sólo llámame y estaré para ayudarte, ¿de acuerdo?
—Gracias.
Juntaron sus frentes sin soltarse las manos.
—Te amo. Gracias por todo, duquesa.
—Te amo… y no hables como si no fueras a volver —dijo, un poco airada—. Te estaremos esperando en casa.
Por último, la heredera de la casa y su familia tomaban las últimas providencias, muy cerca del amplio portal.
Tomoyo terminaba de poner en las manos de Yuzuki un montón de lentes para la cámara que la niña insistía en cargar en un pesado maletín, a pesar de que Kurogane se había ofrecido a llevarlo por ella.
—Hablaremos por teléfono cada tercer día, ¿de acuerdo? Pórtate bien y hazle caso a tu abuela en todo lo que te indique.
—Sí, mamá.
—No dejes de hacer tus formas. Hien lleva sables para ambos —dijo el samurai, serio como siempre.
—Está bien, señor. ¿Cuándo nos alcanzarán?
—Pronto… Me inquieta un poco que no lleves suficiente ropa… —decía Tomoyo, tratando de actuar con naturalidad. De todos, era la que mejor lo lograba.
—¡No te preocupes! La abuela me ha dicho que iremos a todas las tiendas de Hong Kong cuando estemos allá. —La pequeña estaba radiante. El punto es que ella había logrado adquirir esa forma de comportarse de la misma Tomoyo, luciendo como un faro de tranquilidad aún cuando se sentía muy triste de separarse de sus padres—. Te voy a extrañar, mamá. Le diré a la abuela que te compremos algo lindo de recuerdo.
—De acuerdo.
Kurogane plantó una rodilla en el suelo, delante de su unigénita, poniendo una sonrisa sutil, pero auténtica.
—Princesa —dijo, acomodando la larga cabellera de la niña por detrás de sus hombros.
—Sí, señor.
—Sé una buena niña… y…
—Ya sé… que me aleje de Gustav.
—Esa es mi chica… ¿desde cuando le hablas por su nombre?
—¡Déjala tranquila! —reprochó Tomoyo, dándole un manotazo en el brazo.
Después de reír un poco, el hombre tomó las mejillas de la chiquilla con firmeza, pero con mucho afecto:
—No lo olvides: se humilde, se afectuosa, se fuerte.
—Sí, señor.
—Hoy no soy "señor".
—Esta bien… Te quiero, papá. —Tembló un poco luego de decir esas palabras y abrazarlo, y el estremecimiento aumentó cuando se colgó del cuello de su madre—. Sa… ¿Saben? Creo que mejor no me voy… ¿y si me quedo con ustedes?
—No puedes, tenemos muchos asuntos que atender aquí —respondió Tomoyo, optimista—. ¿Recuerdas que te hablamos sobre la casita que compramos aquí en Tomoeda? Cuando volvamos a estar juntos podríamos comenzar a arreglarla para irnos todos a vivir ahí, ¿qué te parece?
La pequeña no respondió verbalmente, previniendo con ello que se le escapara un sollozo, y luego de recibir la indicación de sus padres, se encaminó hacia Sonomi. Ella le dijo que se adelantara al jardín donde todos los demás estaban, regresando hacia su hija.
—Tengo el vuelo listo para salir en un par de horas. Esta misma noche estaremos en China —dijo con seriedad.
—Gracias, mamá.
—Por favor… —dudó. Eran muchas cosas las que quería decirle a su hija y yerno, tantas que todas y cada una congestionaron su garganta. Sabiendo que no iba a dar un mensaje que expresara todo eso en simples palabras, tomó la mano izquierda de cada uno, mirando sus alianzas, transmitiendo en ese toque el orgullo que la hacía sentir Tomoyo, y la confianza que depositaba en Kurogane. —Cuídense mucho —concluyó tragando pesado, siendo esa la única pista de lo difícil que esa abrupta despedida le resultaba.
El ocaso parecía revuelto, dando un inigualable espectáculo nuboso de ocres, ámbares, y amarillos contrastantes con el azul del cielo. Por algunos minutos, varios vehículos fueron abordados, equipajes llenaron los maleteros, y hubo rápidas revisiones de la documentación debidamente anticipada para una situación de emergencia como era aquella.
El viento soplaba con fuerza, aumentando la sensación de que algo era diferente, definitorio incluso.
El grupo finalmente se quedó mirando los autos de todos los que viajarían, mientras que Sakura, sonriente y al frente del grupo junto con Xiao-Lang, agitaba la mano con energía, en un gesto de despedida que todos correspondieron.
El ruido de motores desapareció poco después, dejando únicamente el trino de las aves vespertinas y un silencio tan escandaloso que dolía en los oídos.
Fue la más firme la primera en romperse. Tomoyo comenzó a hipar, dejando que las primeras lágrimas tan bien guardadas resbalaran por sus mejillas. Kurogane la consoló por algunos segundos, y luego fue Sakura la que la tomó en brazos, uniéndose Meilin después, en un llanto ahora colectivo. Nadie levantó la voz o dijo una palabra, pues sabían lo que esas lágrimas significaban, el verdadero mensaje que subyacía en su existencia: la ineludible realidad de que esa podría ser la despedida definitiva.
Había no sólo miedo y tristeza, sino también un gran enojo, pues ninguno de ellos pidió ser parte de todo aquel problema, ninguno quiso ser tan importante para el mundo, todos tenían sueños, proyectos de vida o aspiraciones, algunas tan simples pero profundas como ver crecer a su descendencia, vivir una vida larga y próspera, mejorar al mundo de alguna forma… que no fuera simplemente salvarlo del abismo.
—Perdóname por involucrarte en todo esto —expresó Xiao-Lang, aceptando el cigarrillo que Beuji-Hu le ofreció, y tosiendo un par de veces al no ser un fumador real.
—Tranquilo, hermano. No hay nada que perdonar. Pero es cierto que tenemos muchísimo trabajo que hacer.
—Así es —intervino Tomoyo, tomando una gran bocanada de aire para aclarar la voz y la mente—. Tenemos que prepararnos para los próximos días. A menos que tengan una mejor idea, esta casa será nuestro hogar provisional, y desde aquí planearemos y actuaremos según se nos presenten las situaciones. Al estar en Tomoeda es un lugar estratégico, está fuera de los límites de Tokio, pero lo suficientemente cerca como para llegar a un sitio en tiempo récord. También tiene espacio suficiente para entrenamientos y todo eso, porque estoy segura que ahora mismo algunos están un poco oxidados en sus habilidades… después de todo…
—Ya no somos adolescentes —reconoció Sakura, que en la última década se había dedicado a ser docente, esposa y madre a veinticuatro siete, al igual que su esposo.
Comenzaron a charlar cada vez más animadamente, y un poco después, la dueña de la casa les indicó que esperaran un poco más para servir la cena. Casi todos aceptaron de buena gana, sólo una persona se resistió.
—¿Crees que podríamos ir a Yumetani? —preguntó Sakura, un poco ansiosa.
—¿Justo ahora? —Li parecía contrariado con la repentina actitud de su esposa.
—Sí, por favor… sé que acordamos ir por papá mañana, pero… me siento extraña y muy nerviosa. Por favor, vayamos por él para mandarlo a Hong Kong lo más temprano posible mañana.
Sin resistirse mucho, Xiao-lang accedió a la petición de Sakura, se disculpó con su anfitriona y la informó que saldrían de inmediato hacia Yumetani, y estarían de vuelta en la mañana siguiente, pasando por la pintoresca casa familiar de los Kinomoto por algunas pertenencias de Fujitaka para que viajara.
Ya a bordo del auto, mientras tomaban la primera intersección para rodear Tokio en su camino hacia el Shirakawa, Sakura hizo la llamada que necesitaba para estar más tranquila.
—Residencia Sato, habla Kinomoto.
—Hola, papá.
—¿Sakura? ¿Todo está bien?
—Más o menos…
—Las cosas no salieron como pensaron, ¿verdad?
—No… todo esto es tan… irreal. ¿Tú estás bien?
—Sí, todo en orden por aquí.
—Muy bien. Te suplico que no te asustes, pero el problema que tenemos es serio en verdad. Los niños y Touya van en camino a Hong Kong ahora mismo, y Xiao-lang y yo vamos hacia Yumetani por ti, para que pases a Tomoeda por algo de equipaje y te vayas con ellos.
—No estoy seguro de querer ir a China —dijo, matizando su comentario con algo de humor.
—Lo sé… pero de verdad me preocupa mucho lo que pueda pasar, ¿lo harías por mí?
—Claro, por ustedes, lo que sea, Sakura.
—Gracias, papá… estaré contigo en unas horas.
—De acuerdo… —hizo una pausa, separando un poco el auricular—. Te dejo, llaman a la puerta. Conduzcan con cuidado.
—Adiós, papá. Te quiero.
Fujitaka esperó unos segundos luego de cortada la llamada, hasta escuchar nuevamente el toque en la puerta. Se retiró el delantal que había portado las últimas horas, y con el que había preparado la cena que tendría sólo un poco después, y finalmente caminó hasta el umbral.
Del otro lado, Akiho, acompañada de Yuuto y Kanoe, esperaron a que el hombre los recibiera, y con ello, cumplir finalmente su primera misión.
XI.
Fin.
Muchas gracias por su comentario. Recuerden que es crucial para continuar.
Agradecimiento especial a la lectora cero WonderGrinch, y a la editora CherryLeeUp.
