Retroalimentación.
Ailin79 chapter 12 . Mar 12: No puedo culparte por esa reacción. Sobre el curso de la historia, el desarrollo es lo más natural que puedo expresar, y creo que la respuesta más sincera a tu inquietud es: lo que deba pasar, pasará. Lamentablemente, lo peor que puede pasarle a un resentido es obtener el poder, porque, como decimos en mi país, no buscará a quien se la hizo, sino a quien se la pague. ¡Gracias por tu reseña! Disfruta el nuevo capítulo.
Wonder Grinch chapter 12 . Mar 12: Es quizás uno de los momentos más duros. Cada despedida en la vida tiene ese matiz de incertidumbre sobre la reunión, pero si la aderezas con factores que se interpongan con la esperanza, puede ser ciertamente descorazonador. Akiho, si bien pinta completa para la villanía, recuerda que de cierta manera, también es una víctima. No me odies.
LizSaranjeiP chapter 12 . Mar 12: Todos, yo en principio, estamos muriendo un poco con esto. Nuestra recién revelada antagonista está haciendo lo que le corresponde: busca que el destino alcance a los personajes. Sé fuerte junto conmigo y veamos que resulta de todo esto. ¡Gracias por comentar!
Florencia Silva chapter 12 . Mar 12: Cuando la vida se pone difícil, sabemos que lo que nos gustaría más no necesariamente sería lo mejor, y en eso consisten las separaciones. Creo que apelando al sentido común, sabiendo el peligro, no queda otra más que la separación, con la esperanza de una reunión futura. Sobre tus suposiciones, es una posibilidad, la mayoría son dotados, pero son muy pequeños, pero quien sabe… ¡Gracias por tus palabras!
cerezo01 chapter 11 . Mar 15: Hola. Descuida, siempre vale la pena la espera por uno de tus análisis. Predijiste con mucha precisión lo que podría pasar en ese funesto intercambio por la herramienta del destino, y no hay como refutar la idea de que cualquiera que fuera el escenario resultante, se traduciría en un dolor terrible para nuestra amada protagonista. Eriol es uno de siete, todos tendrán la responsabilidad de crear una, y a todos, de una forma u otra, los afectará. Hay una torcida intencionalidad en las hermanas Kanoe y Hinoto, que te anticipo, el villano entre ellas podría no ser quien aparenta. Más que una respuesta a esa pregunta, me atrevería a pensar… ¿esa pregunta es realmente necesaria y digna de respuesta? El despertar epifánico de Akiho nos lleva a pensar en una alienación de su carácter original. Recibir en su cabeza al espíritu del mundo mismo podría estar llevando a la superficie lo peor de ella. En efecto, Sakura está, y seguirá estando en franca desventaja, y no tanto por el contexto mismo, que ya es mucho decir, sino por los obstáculos que su mismo carácter le pondrán en el camino. La espada de Sakura… si ese será otro tema doloroso. Sobre el hilo argumental, tal como expresas, es complicado encontrar un punto medio para la justicia, de tal suerte que de presentarse dicho escenario, si sobrevivimos creo que todos podríamos decir "qué bueno que salimos de esta", pero si nos viéramos condenados, creo que sería correcto decir: "bueno, tenemos lo que merecemos". Aunque siempre trataríamos de ver por los que amamos. ¡Gracias por estas maravillosas reseñas! Disfruta el capítulo.
carmennj chapter 12 . Mar 18: ¿Verdad que le sienta bien? Descuida, al igual que en su historia, creo que es un personaje que no debió existir… pero ya está aquí, y está enojada… ¡Gracias por comentar!
Reader2109otp chapter 12 . 13h ago: ¡Hola, ahijada! No sé por qué tenía la impresión de que tee iba a llegar la despedida de Touya y Yukito. Creo que es imposible no sentir cierta empatía con Akiho considerando su pasado. No la justifico, pero emite cierta luz sobre la forma en que se comportará desde aquí. Si bien, Akiho no ha sido bien tratada (ni siquiera por el fandom), al menos aquí está en la ruta para ser la antagonista definitiva. Y sobre Fujitaka… mejor descúbrelo tú misma. Tómate tu tiempo para actualizarte, tengo aún mucho que contar. El análisis que hacer sobre el proceder de Akiho es muy acertado, el asunto está en el error de la vida de darle poder a un resentido, y es justo lo que está pasando, así que pon en manos de un rencoroso el destino de la humanidad, y tenemos la receta para el desastre. Soy un fuerte detractor de algunas ideologías modernas, sin embargo, creo firmemente que la libertad es un valor que debe ser respetado y defendido en todos sus ámbitos en tanto no violente la libertad de los demás, Touya y Yukito son eso para mí, el ejemplo de la libertad y las ganas de luchar por lo que quieres, y la demostración de que el amor es universal. ¡Gracias por tus reseñas, princesa! Recuerda que la vida es increíble a pesar de todo. Un abrazo.
Guest chapter 12 . 9h ago: ¡Hola! ¡Aquí el nuevo episodio! Muchas gracias por tu reseña, ¡disfrútalo!
¡A lo que vinimos!
XII.
Gratitud.
—¿Segura que estás bien? —preguntó Xiao-Lang al volante, poniendo una mano sobre el muslo de Sakura. Cuando la obscuridad de la noche sólo era corregida por las luces de los autos y camiones, y las luminarias de la autopista, dejando atrás la gran mancha urbana de Tokio.
—Sí. ¿Por qué la pregunta? —respondió ella, mirándolo de soslayo, y volviendo de inmediato a la negrura de la noche.
—Bueno, llevamos cerca de una hora en el camino y apenas si has hablado. Tú no sueles ser así.
—Perdona por hacer que te preocuparas. Es que son tantas cosas… lo que sea que vaya a pasar en Tokio, los niños lejos de nosotros… —dijo luego de un silencio más o menos prolongado—. ¿Puedo confiarte algo que siento?
—Amor, ¿después de haber estado juntos dos terceras partes de nuestras vidas, me preguntas si puedes confiar en mí? —expresó sonriendo, despegando sólo un momento los ojos del camino, presionando con suavidad la pierna de la mujer.
—Ya sé… es sólo… creo que ya bastantes cosas tienes en la mente para cargar con las mías…
—Tristezas a la mitad, alegrías al doble, cariño. Todo lo que te afecte me afecta, y quiero que me lo compartas.
Sakura se giró ligeramente en su asiento, y estiró la mano para acariciar la nuca de Xiao-Lang con suavidad. No necesitaba ser una profetisa para pronosticar que el niño que compitió y luego la ayudó a reunir las cartas Clow, se convertiría en el hombre que tenía ante ella. Apuesto, pero discreto; amoroso, pero sólo con ella, siendo indiferente y casi cortante con el resto de las personas; apasionado, pero serio ante el mundo; y un padre que se derretía por sus hijos, aunque fuera rígido con ellos.
—Son muchas cosas de las que nos estamos enterando justo ahora —comenzó la mujer, poniendo la mano sobre la de su esposo, que seguía sobre su pierna—. Lo de los dragones, nuestra participación, la responsabilidad de todas las personas que viven en Tokio y el mundo… y de entre todo eso, hay una angustia que crece en mi pecho, que está relacionada, pero es diferente a todos esos temas… se evade, se oculta… y a pesar de que tengo la sensación de que es gravísimo, no puedo explicarlo o entenderlo.
—¿Una premonición?
—Más bien, un presentimiento. No puedo ubicarlo, es como si algo se pusiera delante de mí y me evitara ver más allá.
—Te propongo esto: faltan unas cuatro horas para que lleguemos a Yumetani, ¿por qué no duermes y tratas de provocar una profecía?
Sakura reflexionó las palabras de su marido. No parecía un disparate después de todo, si al final esas profecías venían solas mientras ella dormía, quizás fuera posible acceder a una simplemente con solicitarla tomando un descanso. No perdía nada con probar, aunque había un pequeño problema.
—La verdad es que no tengo ni un poco de sueño.
—De eso me encargo yo.
La charla fue trivial por unos minutos más, hasta que vieron una estación de servicio. Li se detuvo e hizo algunas compras rápidas, algo de agua y chocolates como para sentirse culpable por una semana. Volvió al auto y le pidió a Sakura que se pusiera cómoda en su asiento.
—Ahora relájate y deja que yo me haga cargo —dijo Xiao-Lang.
—Señor Li, eso no estaba planeado para este viaje —rió, aliviando un poco el estrés que cada vez aumentaba más dentro de ella.
—Me gusta improvisar —respondió él a la broma—. Además, hasta hoy no he recibido quejas cuando tomo el control.
Echando un vistazo para comprobar que no hubiera un inesperado observador, el hombre estiró su palma extendida frente al pecho de Sakura, provocando una pequeña emisión de luz. Un momento después, la carta Sleep había aparecido físicamente, y luego de tomarla y decir su nombre en un susurro, la diminuta hada del diente de león sustituyó al papel, y revoloteó alrededor de su ama.
—Te la encargo mucho —susurró Li.
La criatura mágica asintió sonriente, mientras rodeaba a Sakura, soltando sus etéreos polvos luminosos.
Li leyó un "te amo" de los labios de su esposa antes de que cerrara los ojos y se quedara profundamente dormida.
La acomodó para que el asiento del copiloto del auto fuera lo más confortable posible, cubriéndola incluso con una manta, y antes de volver a encender el vehículo, se quedó mirando el cielo estrellado, tratando de encontrar tranquilidad para sí mismo. Si bien era cierto que eran muchas las cosas que asimilar en el camino ante ellos, había algo que realmente lo inquietaba: él sabía del poder de Sakura, era plenamente consciente de que nada antes se había interpuesto en él, y el hecho de que no pudiera utilizarlo a su máxima capacidad era de verdad inquietante. Clow fue capaz de cambiar la realidad en su momento, y Sakura era mucho más poderosa que él… ¿cómo era posible entonces que algo interfiriera con ella estando en plenitud y control de sus poderes?
La miró una última vez, e incapaz de resistirse al impulso, acarició sus labios con el pulgar.
Finalmente reemprendió el camino a Yumetani.
La puerta se deslizó, dejando ver los caireles de Akiho en el porche. El primer impulso de Fujitaka fue saludarla efusivamente, pero detuvo en seco su afán cuando vio que su hija no sanguínea estaba acompañada. Una mujer de largo cabello y ojos negros lo miraba con cautelosa suficiencia, a un lado de un castaño de sonrisa fácil y que inspiraba confianza tanto por su gesto como por su actitud.
—Akiho… bienvenida. No te esperábamos.
—Gracias, papá… ¿nos invitas a pasar?
—Claro. —Se movió de la puerta para que todos entraran—. Tomen asiento, prepararé el té de inmediato.
Al pasar Kanoe y Yuuto, se presentaron haciendo una profunda reverencia, y disculpándose por la intromisión. Fujitaka respondió al saludo pidiéndoles que se sintieran como en casa, e indicándoles el camino a la sala de estar.
Unos minutos después, los cuatro departían con sendas tazas de té humeante, y por largos minutos se sonrieron entre todos, pero sin que ninguno comenzara la charla. Fue el anfitrión quien rompió finalmente el hielo:
—Seguramente buscaban a Sakura o a Hiroyuki. Lamentablemente tuvieron que viajar de emergencia a Tokio, sin embargo, mañana a primera hora estarán aquí. ¿Hay algún mensaje que quieran darles?
—En realidad, te buscaba a ti, papá… —Akiho bajó la mirada ante la mención del honorífico que aquel ejemplar hombre le había concedido a utilizar—. ¿Sabes…? durante los últimos días, noté que Sakura estaba ocultando algo enorme, y me mataba la incertidumbre al respecto. Sin embargo, Kanoe fue muy amable, y se molestó en buscarme y explicarme muchas cosas. Y es por eso que estoy aquí, porque una parte de esa historia, a pesar de que gira en torno a Sakura… como todo… —susurró sin poder evitar matizar con algo de acidez—, tiene que ver con nosotros, y podemos ayudarle a terminarla en su ausencia.
—¿Y de qué se trata? —preguntó Fujitaka, suspicaz.
Ella justo iba a comenzar su explicación, cuando el teléfono sonó en la estancia, matando parte de la atmósfera misteriosa que se estaba formando en la casa, cosa que, de alguna manera, alegró al hombre. Se disculpó atropelladamente y fue hasta el aparato.
—Residencia Sato. Habla Kinomoto… —Pasaron varios minutos, en los cuales, Fujitaka sólo se dedicó a escuchar—. Entiendo. Gracias por llamar, avíseme de cualquier cosa que sepa, por favor.
Después de colgar, volvió a acercarse a sus invitados, pero su expresión se había vuelto más grave, alarmada incluso.
—¿Todo bien? —preguntó Akiho, intrigada mientras daba un sorbo a su té.
—Esperaba que tú me lo dijeras, hija… —dijo, mirando con sospecha a sus invitados—. Me acaba de llamar la policía, y me contaron que encontraron tu auto en llamas al fondo de un barranco en la autopista… hija, esto comienza a preocuparme.
—Imagino que sí… —La joven médico dejó sobre la mesita de centro su taza—. Llegó el día de la promesa, papá. Muchas cosas van a pasar en las próximas semanas. Cosas terribles, definitorias, cosas en las que Sakura será el foco… y por ella, yo también.
—¿Y eso del "día de la promesa…" es grave?
—Yo lo lamento tanto… porque ustedes me dieron una nueva oportunidad de vivir una vida tranquila y feliz. Tú en especial, papá… sin saber nada más que lo peor sobre mí, me tomaste en tu cuidado y me diste un hogar, me demostraste el afecto y el cuidado que nadie más antes me dio, de forma tan sincera… y a pesar de eso, tengo una última petición que hacerte, y creo que lo mínimo que mereces antes de escuchar esa solicitud… es la verdad.
El celeste quedó enmarcado en el rosado de unos ojos lastimados por el llanto inevitable de una hija. Y con eso, se dispuso a comenzar con el relato.
Con un nivel de detalle que incluso sorprendió a Kanoe, Akiho contó en menos de una hora lo que esperaba a Sakura en el cumplimiento del destino, de la forma en que ambas participaban, y del rol que aquellos que las rodeaban tendrían que jugar.
Fujitaka era un hombre listo, no le costó mucho trabajo atar cabos cuando aquella mujer que había sido como su hija le contó sobre las espadas sagradas. Supuso que por eso Sakura había alejado con tanta urgencia a sus hijos del país, y de alguna manera sintió una enorme tranquilidad de estar solo en esa casa, de cara a lo que seguramente tendría que pasar. Decidió que lo mejor era no dar más largas.
—Bien, ya he escuchado tu verdad, hija… —dijo, dando un profundo suspiro—. Es hora de que hagas la petición de la que me hablabas.
—Gracias, papá… —contestó Akiho, en un suspiro repleto de sentimiento que entrecortaba sus palabras—. Te pido… te suplico que seas mi fuerza en mi misión de salvar a este mundo de nosotros mismos.
Dichas esas palabras, Kanoe y Yuuto se pusieron de pie. La primera hizo una reverencia de noventa grados y dirigió sus pasos a la puerta, saliendo de la casa. El segundo caminó con expresión grave, rodeando la mesita y poniéndose de pie detrás del padre de los Kinomoto, quien asumió de inmediato que todo estaba por terminar. A pesar de ser incapaz de ocultar por completo cierto temor muy natural, se comportó con la entereza de siempre. Se retiró las gafas y las dobló con pulcritud, dejándolas sobre la mesita de centro, y luego tomó su móvil, apagándolo.
—Hagan lo que deban —indicó con serenidad.
—Por favor, no me odies por esto… no puedo evitar que ocurra, pero tampoco podría soportar que sintieras resentimiento contra mí.
—No podría odiarte, eres mi hija. Y por otro lado… estás liberando a Sakura de este trago tan amargo, y por eso tienes mi gratitud.
Akiho tomó su mano sobre la mesita, sonriendo con una condescendencia que se antojaba dulce. Parecía agradecida… satisfecha incluso.
—¿Hay algo que desees, papá?
—Sí… —respondió después de reflexionarlo por unos segundos—. Quiero ir hasta donde ella me espera.
—Por supuesto —afirmó de inmediato, comprendiendo—. Estará feliz de reunirse contigo en la eternidad. Ve en paz.
Akiho creyó que lo mejor sería que él durmiera, así que simplemente dio un apretón en la mano del hombre. Ella no lo sabía, pero sintió que podría darle ese privilegio, y al pensarlo, él fue presa de un estupor fulminante, casi llevándolo a la inconsciencia. Elevó la mirada sólo un instante, buscando detrás de Akiho, y entonces la vio.
—Nadeshiko… —susurró sonriente—. Te eché tanto de menos.
Él estiró la mano para alcanzarla, ella le correspondió.
Akiho hizo un asentimiento a Yuuto, quien sacó una daga de su abrigo.
El acero entró por su espalda, entre las costillas, perforando el corazón de Fujitaka y saliendo al instante. Apenas si hubo un momento de dolor, y prácticamente nada de sangrado. Yuuto tomó con respeto la nuca del hombre que acababa de asesinar, y lo acomodó en el respaldo de la silla. Parecía tranquilo, casi como si se hubiera quedado dormido leyendo el diario, tal como le sucedía cada vez más a menudo en los últimos años.
—Perdóname… —susurró la mujer, luego de levantarse y acariciar el rostro del viejo—. Aún falta un paso. Otra vez: gracias por todo.
Hizo una nueva indicación gestual al matón, que sonrió condescendiente, tomando en brazos el cadáver, y llevándolo a una habitación que Akiho le señaló. Ella, por su parte, extrajo de su bolso un estuche de cuero, mismo que extendió sobre la mesa, revelando su contenido: un reluciente y completamente aséptico kit quirúrgico de disección. Se colocó una mascarilla, una bata desechable y guantes de látex entre otros accesorios, luego siguió a Yuuto, lista para terminar su tarea en el lugar.
Pasaron algunos segundos entre sonidos confusos y sensaciones extrañas, hasta que Sakura pudo volver a abrir los ojos. Años de profecías y sueños lúcidos la habían hecho capaz de reconocer la diferencia entre uno y otro, además de permitirle cierto nivel de control sobre ellos. Cuando tuvo plena consciencia de qué pasaba, con cierta desilusión notó que era un sueño en el que transitaba, aunque no era uno común.
Examinó sus alrededores buscando aquello que hacía especial el ambiente, reconociendo el prado del cerezo que en mil setecientos dieciocho fuera tan especial para ella en su adolescencia, y que más de trescientos años después fuera escenario de captura de cartas y también de citas románticas. El árbol lucía sano y gigantesco como lo recordaba, y aunque sintió el impulso de trepar por sus ramas, decidió simplemente sentarse bajo su sombra, en ese onírico día de primavera, cuya luz no venía de un sol visible.
Una vez ubicada sobre el césped, pudo ver el porqué de lo raro del sueño.
—Tiempo sin vernos, se ha tomado su tiempo en volver—dijo cordial al ente ante ella.
Su interlocutor sólo asintió. Conservaba sus cuatro metros de estatura tal como Sakura lo recordaba, aunque podría ser una ilusión considerando que sus pies no tocaban el suelo, especulando que los tuviera en primer lugar. Su rostro estaba oculto en la inescrutable negrura de la capucha que coronaba la raída túnica obscura, y las manos descarnadas sostenían la descomunal guadaña que en otros días tanto temor le provocó a la maestra de cartas. Sakura la reverenció, manteniendo la postura por algunos segundos.
El ser se acercó, y mientras lo hacía, su apariencia fue mutando, para convertirse al fin en una persona más familiar a Sakura, y también una capaz de hablar.
La angelical personificación de Nadeshiko Kinomoto fue quien tomó asiento bajo el árbol, desvaneciendo sus alas para una mayor comodidad, invitando a Sakura a imitarla.
—¿Estoy en problemas, verdad? —preguntó tranquila la mujer.
—En muchos. Aunque todo depende de la perspectiva. —La usual indiferencia de la parca estaba extrañamente ausente, incluso de cuando en cuando, una sonrisa sutil se dibujaba en sus labios—. Tu mundo es diminuto, Sakura, el número de estrellas en el cosmos es muy superior a los granos de arena en todas las playas y desiertos de este planeta, el tiempo de la humanidad ha sido también muy breve en relación al universo y a su mundo mismo, sin embargo, han sido los que más rápido lo han deteriorado… al parecer, se le dio el máximo regalo a una especie que no estaba preparada para tenerlo.
—¿Qué regalo?
—Un alma. Tanto individual como colectiva. Son uno de los enigmas más grandes por lo ambiguo y errático de su comportamiento, pues mientras que algunos de ustedes son capaces de obras de caridad y amor tan grandes y desinteresadas, que incluso desafían la más primordial de las directrices de la vida: la supervivencia… otros, al mismo tiempo, se dejan llevar por sus más banales y frívolos deseos, siendo capaces de terminar con la vida de sus congéneres y los seres con los que comparten el mundo sin una pizca de arrepentimiento. Temen a algo tan natural como mi presencia, indispensable para reorientar y reciclar la vida. Su ignorancia los hace crecer, pero su estupidez los lleva inevitablemente a la extinción que tanto temen.
—Es natural tener miedo al final, ¿no?
—Tal vez el problema radica justamente en la forma en que malinterpretan el papel de la muerte. Mi llegada no es el final, Sakura, sino un cambio de ciclo. El universo no desperdicia ni pierde absolutamente nada… salvo por casos muy puntuales en los que algo desaparece o es creado, pero en general, todo lo que existió al principio del tiempo, sigue haciéndolo y llegará al final del mismo. Tú, al igual que todos los que conoces, conociste, amaste u odiaste… aunque al parecer nunca has odiado a nadie, están formados del polvo de las estrellas, y volverán a ser parte de ellas, tarde o temprano. Son un momento, un suspiro en la eternidad.
—¿Estás tratando de disuadirme de mi objetivo de salvarlos con ese discurso? —preguntó Sakura.
La muerte no respondió de inmediato, en su lugar, se recargó en el tronco del árbol, admirando la luz que se colaba entre las hojas.
—En realidad, es lo contrario… —dijo, mirando directo al jade expectante de los ojos de la mujer—. He visto iniciar y terminar vidas en un número que no creo que puedas siquiera pronunciar o imaginar; mundos que han desaparecido sin dejar rastros o evidencias de que alguna vez ocuparon lugar en el espacio, sin otro testimonio que el mío; estrellas, que o se enfrían y apagan lentamente, o estallan en fenómenos que vaporizan todo lo que alguna vez estuvo a su alrededor… incluso a algunas le pasan ambas cosas, pero ese no es el punto. Este mundo… esta tierra ha sido de las de pensamiento más sofisticado, la que mejor ha administrado sus recursos, y ha sido capaz de albergar vida por mucho más tiempo que otras. Y se debe a que es capaz de crear a una entidad que velará por sus intereses de una manera más o menos justa.
—¿Yo?
La falsa Nadeshiko negó con entendimiento.
—Tú, Sakura, tienes el propósito de preservar a la humanidad. De muchas maneras, tú eres parte del problema. Tu contraparte tiene el objetivo expreso de matarlos a todos, es, por decirlo así, la medicina.
—Ya veo… —La maestra de cartas bajó la mirada.
—Pero no te sientas mal por eso, mi niña —dijo conciliadora, tocando su mentón para que levantara el rostro—. Los oráculos han visto esto y ellos obtienen en palabras divinas los nombres de los contendientes, y ustedes son "la voluntad". Tú… y también aquellos que te rodean, tienen esa característica en común, por eso recibieron ese nombre… pero debes dejar de pensar en términos tan simplistas como "bien" o "mal". He visto la autenticidad de sus objetivos, el deseo de vivir y darle un futuro a los suyos, e incluso a los que no conocen… ¿te confío un secreto? —Sakura asintió ante esa pregunta—. Ustedes me han hecho por un momento creer en sus intenciones, no porque haya justicia, o siquiera razón en sus objetivos, sino por la fuerza con la que creen y luchan por ellos, tanto que en más de una ocasión he cedido a sus causas, como seguramente tú misma recordarás. Son una especie curiosa, ustedes los humanos.
Dichas esas palabras, la parca se levantó de un salto, quedándose a flote en frente de Sakura, agitando nuevamente sus reaparecidas alas doradas.
—Tu gemini es un equivalente a ti en todo sentido —comenzó a explicar con bríos renovados—. Por esa misma causa, algunos de tus poderes se verán interferidos por él, como tu don de profecía. No hay forma de evitar ese sesgo, sin embargo… sólo te puedo decir que debes tomar con dignidad lo que te sea arrebatado, y agradecer por el tiempo que compartiste con tus seres queridos. Algunos tendrán que irse, más rápido incluso de lo que crees. Toma su partida con resignación y honra su memoria enfocándote en cumplir tu objetivo… yo los cuidaré por ti.
—Mientras eso sucede, ¿qué debo hacer?
—No puedo ayudarte más, Sakura, el camino ante ti es sólo tuyo, orientarte no es mi objetivo aquí… sólo te diré que tu intuición será vital, tus corazonadas son quizás el único sendero confiable a seguir… y te recomiendo que vayas a casa.
El estruendo de las alas de la muerte al emprender un vertiginoso vuelo vertical fue tal, que las ramas del árbol se sacudieron violentamente, dejando a una Sakura confundida y temerosa, mientras el sueño terminaba.
Un dolor punzó la espalda de Sakura, llegando hasta el centro de su pecho, y la sensación de que algo se había roto la atravesó de lado a lado. A más de dos mil y medio kilómetros, en una confortable habitación en la mansión Li de Hong Kong, Touya caía sobre sus rodillas, presa de algo que por un momento pensó que podría ser una arritmia o hasta un infarto, mientras que la pequeña Nadeshiko rompía a llorar inconsolablemente, delante de un Hien que trataba de controlarla a pesar de que él mismo sentía su corazón roto sin motivo aparente.
El conato de grito de Sakura al despertar hizo que Xiao-Lang se sobresaltara y casi perdiera el control del auto, forzándolo a ir al acotamiento, donde detuvo la marcha. Se quitó el cinturón de seguridad, y tomando las manos de su esposa, trató de tranquilizarla.
—Sakura… ¡Sakura! —la llamó, tratando de no levantar mucho la voz.
—Do… ¿dónde estamos? —preguntó crispada, mirando confundida alrededor, sólo siendo capaz de ver el asfalto hasta donde los faros de su auto le permitían.
—Dejamos Takayama hace unos veinte minutos —explicó.
Sakura dejó de forcejear, aunque su expresión seguía mostrando un profundo terror. Conduciendo normalmente llegarían a Yumetani en menos de media hora… si se daban prisa, lo lograrían en la mitad del tiempo, aprovechando que era de madrugada.
—Por favor… —susurró con lágrimas en los ojos—, llévame con papá…
Xiao-Lang ni siquiera contestó, no se atrevía a cuestionar el porqué de la interrupción tan abrupta del sueño de su esposa, simplemente obedeció, forzando el arranque del auto y conduciendo muy por encima del límite de velocidad que permitía la pista, esperando no encontrarse a ningún animal despistado a medio camino.
Nunca una carretera vacía fue tan tortuosa para la maestra de cartas. Sabía que podía simplemente emprender vuelo y llegar a su hogar, pero algo en la boca de su estómago la prevenía de intentarlo, así que confió en la pericia de Xiao-Lang al volante entre las curvas y bosques que, dada la hora, lucían siniestros y amenazantes como jamás antes parecieron.
—El número telefónico que trata de contactar, está fuera del área de cobertura o apagado, por favor, deje un mensaje. —Una alarma siguió a esas palabras, y luego silencio. Había obtenido el mismo resultado al hablar al teléfono de su casa.
—¡Papá! ¡Por favor, respóndeme…! —dijo, con la voz quebrada de pura ansiedad—. Llegaremos a casa en unos minutos… por favor, sólo quiero saber si estás bien, envíame un mensaje o devuélveme la llamada…
Derrotada, luego de colgar, se permitió sollozar finalmente, con la misma amargura de haber perdido, aun sin saber sobre la pérdida misma.
Yuuto fue el primero en salir, cargando con una bolsa negra de plástico que parecía no pesar mucho, y la llevó al maletero del auto que Satsuki había aparcado frente a la casa, con Kanoe como su copiloto.
Unos minutos después, y luego de un llamativo espectáculo de luces, que Akiho estaba segura había sido visible en casa de los lejanos vecinos, la médico salió con un objeto alargado entre las manos, de prácticamente su estatura de largo, cuidadosamente enredado en una cortina, dando a simple vista la apariencia de ser un crucifijo muy grande.
Yuuto, cortés como siempre, abrió la puerta trasera del vehículo para que Akiho se acomodara, dando luego la vuelta para entrar él por el otro lado.
—Lo que pasó aquí fue muy llamativo, hubo un par de reportes anónimos a la policía local por actividad inusual, hechos por los vecinos de la zona —anunció con su fantasmagórica voz Satsuki.
Kanoe sonrió, pensando que era justo como había pronosticado:
—Entonces, lo mejor será…
—Que nos marchemos de una vez. No quiero que la policía o alguien más nos encuentre —interrumpió Akiho, amable, pero tan firme que no quedaba lugar a dudas sobre quién mandaba ahí—. Vayamos a Ishikawa primero, y luego a Tokio. Estaremos ahí antes del mediodía de mañana.
No hubo necesidad de repetir, Satsuki comenzó a ejecutar la ruta al momento.
XII.
Fin.
Una vez más, infinitas gracias a Wonder Grinch, lectora cero a la que le gusta respirar por la herida, y a Cherry Lee Up, editora y correctora grandiosa.
¡Reseñen!
