Retroalimentación.

Wonder Grinch chapter 13 . Mar 26: Sólo puedo decir que esta historia planteará varios "puntos sin retorno" para los personajes, y este es uno de ellos. Sobre el destino de la antagonista, dependerá de nuestra heroína, aunque aciertas en mostrar sus faltas. Y sobre el dolor, esto va a pegar por un tiempo más aún. Vamos, sé fuerte. Yo sé que puedes. ¡Gracias!

zaoryGuerrero chapter 13 . Mar 26: Hola. Pues sí… ahí tienes el resultado. Ciertamente ella evolucionó en algo que nunca imaginó ser, así que esa altanería de la que hablas era algo que ella sentía merecer. Kuro y Xiao son los hombres-hombres de esta historia. Eriol también debió poner en una balanza lo más importante, y su forma de demostrar su amor fue a través de confiar parte de su misión a su compañera. Todo mundo coincide en que más allá del hecho mismo, aún tuvo el coraje de llamarlo padre hasta el final… hay que ser HDP… y es bueno cambiar la percepción de ella en adelante. Las familias, por supuesto sufrirán mucho, y estamos apenas en ascenso del principal arco argumental. ¡Disfruta del helado y compa un poco más! Un abrazo y un agradecimiento.

Guest chapter 13 . Mar 26: ¡Gracias! Perdona por el ritmo de publicación, espero te guste la actualización.

LizSaranjeiP chapter 13 . Mar 26: Lo siento, pero quedaba demasiado largo el capítulo, así que esto es lo que tenemos. La tensión era algo que buscaba, al parecer, funciono y bien. ¡Gracias por leer!

Ailin79 chapter 13 . Mar 27: Hola. Supongo que me lo merezco… sobre Yuna, sólo diré: tiempo al tiempo. Estoy totalmente de acuerdo, el problema no es qué tan desalmado sea un enemigo, sino el tamaño de la piedad de Sakura… esperemos que con su maduración no pierda su propio espíritu. ¡Gracias por tu comentario! Espero ganarme tu aprecio nuevamente y pronto.

cerezo01 chapter 13 . Mar 30: ¡Hola! No muchos coincidirán contigo, la mayoría siguió sintiendo que la situación completa fue infame. Aún así, era menester mantener su entereza y todo aquello que lo caracterizaba. Sobre ese pensamiento, si bien no llegué a pensar en cómo afrontaría Fujitaka un escenario diferente, es posible que en algún momento él se hubiera ofrecido como sacrificio, obscureciendo aún más su, al menos para este momento, inevitable partida. La Muerte es, según las palabras de mi editora, un ente que no sentirá verdadera empatía por las personas, en tanto que su forma de pensar escapa del entendimiento de un mortal. No obstante, el estar en constante comunicación con un ser que podríamos llamar "excepcional" eventualmente lo hará acercarse de más por sentir cierta curiosidad. Este es el proceso de esta Muerte, y aunque no se le involucre de forma directa, siempre estará ahí para recordarnos lo frágil que es, aunque ya nos atienda con palabras y modos suaves. Es cierto, para esos conocimientos, necesitamos una catarsis. ¡Gracias como siempre por este maravilloso comentario-análisis!

E. chapter 13 . Mar 30: ¡Muchas gracias por unirte al clan! Debo decir que me sorprendió la velocidad con la que llegaste al presente. En eso tiene razón, nada como un buen ejercicio mental para tratar de averiguar que sigue. En efecto, llegar al inicio y decir como Tony el Gordo "A ver, a ver… ¿qué pasó?" merecía una muy buena explicación. Es cierto. Muchos creerían que lo peor que le podría pasar al personaje es hacerlo perder un bebé como en el pasado… sin embargo, perder a alguien a quien ya conoces, y más aún, que es tan importante para ti, podría volver loco a cualquiera. Esta es una historia sobre el cambio y la aceptación, así que el camino aún tiene muchos baches sobre los cuales pasaremos. No había visto esa perspectiva, debo decir. En efecto, esta nueva antagonista tendrá motivaciones no necesariamente personales o tan mundanas o frívolas como los anteriores, pero si te puedo decir que en el subterfugio de esas motivaciones cósmicas, aprovechará para tomar ventaja, lo irás viendo en poco tiempo. El maniqueísmo de que hablas queda corregido (al menos desde mi punto de vista) en el hecho de que quienes están siendo realmente egoístas, son los buenos en esta ocasión. ¡Muchas gracias de nuevo! Estaré pendiente de estos geniales análisis.

Reader2109otp chapter 13 . Apr 8: Bueno, Qué bien que pudiste dejar tu reseña. Todo mundo trata de hacer a Li el hombre perfecto hasta el final, pero puedo decirte sin orgullo, pero sin vergüenza, que la perfección se halla justo en lo imperfecto. Yo imagino a este par, en esta parte del relato, iniciando sus treintas, con una rutina establecida y un poco fuera de lo que se supone que deberían ser y más concentrados en vivir una vida común, con la disciplina un poco laxa y un par de libras de más… en fin, felices, pues. Era necesario llegar a las pérdidas, porque dan significado e importancia a los cambios. Y vemos a esta Muerte un poco más empática, movida por la curiosidad del microbiólogo en descubrir las razones del comportamiento de su sujeto de estudio, aunque tu forma de verlo es interesante. Y sí, Fujitaka es una herramienta, pero de alguna manera, su comportamiento le permitió mantener la dignidad hasta el final, cuando pudo reencontrarse con su amada. Gracias por tomarte el tiempo a pesar de todo lo que cambia en tu vida, me da cierta nostalgia ver a mi ahijada crecer tan rápido… me voy a poner cursi, así que detengámonos aquí. ¡Disfruta el nuevo capítulo!

Vayamos a lo que sigue.


XIII.

Verdad.

Pasarían tal vez de las dos de la madrugada, y Yumetani era bien conocido por la bajísima criminalidad o los escasos accidentes. Esa noche, sin embargo, hubo en un espacio geográfico muy pequeño un par de reportes de acontecimientos aparatosos: el primero unas horas atrás, en la autopista hacia Ishikawa, con un accidente de tránsito espectacular, pero sospechoso dado que no hubo víctimas fatales; y el segundo en las calles más alejadas del pueblo mismo, donde un vistoso juego de luces interrumpió por algunos minutos la tranquila noche de los habitantes del valle, en la casa de los amables, pero aislados Sato.

Un par de patrullas, con la inquietante iluminación de sus torretas en los clásicos rojo y azul, se quedaron unos momentos quietas frente al porche de la casa de Sakura, tratando de ver algo de las luces que los vecinos habían denunciado, pero sólo encontraron el natural y esperado silencio, dejándolos sin la mínima pista sobre todo lo que en aquella casa había pasado, junto con el trino de las aves nocturnas, sapos y grillos, como cualquier cálida y estrellada noche del inicio de la primavera.

El patrullero que recibió el reporte fue el primero que se animó. Bajó del auto y con cautela iluminó con su linterna la puerta de entrada, sin pensar lo innecesario que era, pues las luces del recibidor estaban encendidas.

Se quedó quieto y tenso sobre el último escalón, esperando ver algún tipo de movimiento, pero nada pasaba.

—¿Por qué no sólo tocas a la puerta? —preguntó aburrido su compañero desde el auto, asumiendo que el reporte había pecado de exagerado.

El oficial en la puerta lo miró por un momento, indicándole con una seña que esperara.

—Muchas gracias por venir, oficiales, pero este caso está fuera de su jurisdicción.

La voz femenina sobresaltó tanto al policía, que al girarse, por acto reflejo tomó la empuñadura del arma en su cinturón, casi dejando caer la linterna en la maniobra, encontrando los ojos marrones, casi carmesí de una mujer de mediana edad que de la nada se había aparecido en el porche, entre él y la puerta de la casa. Al momento, las dos patrullas se vaciaron, dejando a cuatro oficiales frente a la literalmente aparecida mujer.

—Los vecinos reportaron actividad inusual, y es por eso que estamos aquí…

El afán de Akko por pretender que escuchaba la conversación fue decreciendo, porque realmente el hombrecillo ante ella poco o nada aportaba. Lo miró sin mirarlo, se hurgó el oído, incluso bostezó, ante lo cual, el oficial llevaba un par de intentos tratando de volver a capturar su atención.

—¿Ah…? —retomó Akko, incapaz de seguir manteniendo la cortesía profesional.
—¿Que de qué oficina viene usted para decir que estamos fuera de jurisdicción?
—¡Oh…! Bien, oficial… ¿cuál era su nombre? Bueno, no importa —dijo, cuando el tipo estuvo por presentarse por segunda vez.

En un imperceptible pase de varita, Akko hizo un encantamiento de olvido no verbal que aturdió a todos los oficiales, dejándolos en un cómico estupor por algunos segundos.

El que iba al frente, el mismo que había tenido la entrevista con Akko, fue el primero en despertar.

—¿Pero qué…?
—Muchas gracias por venir, señores, y por favor, disculpen las molestias, el chico recibirá una gran reprimenda, sin lugar a dudas.
—¿El chico…? ¿Qué chico?
—Mi hijo… puso su consola de videojuegos y el equipo de sonido a todo volumen a pesar de la hora… discúlpenlo, por favor, a veces es tan impulsivo.
—De… de acuerdo —dijo el oficial, rascándose la nuca mientras buscaba ratificar la historia en sus colegas, que lucían tanto o más confundidos que él—. Sólo… procure que no vuelva a pasar.
—¡Tienen mi palabra! ¡Buenas noches!

Con una muy convincente sonrisa de gratitud, la mujer sacudía la mano a modo de despedida mientras veía a los autos marcharse, y se quedó así hasta que se perdieron en la lejanía, hacia el centro del poblado.

Cuando sólo los sonidos naturales de la noche fueron audibles, Akko recuperó su gesto grave e hizo una seña con la mano, a la cual, tres magos más aparecieron a su lado. Vestidos en kimonos y hakamas, pero cubriendo su rostro con máscaras parecidas a las usadas por los médicos de la peste negra. Peritos. Akko acomodó sobre su faz una de esas mismas caretas, entrando finalmente los cuatro a la casa. Con cuidado se repartieron en la misma, buscando cualquier pista.

Sabían que algo había pasado esa noche, hubo actividad inusual, aunque no necesariamente mágica, y lo peor era que un hecho ineludible era que una muerte había resultado de todo aquello.

Con respetuoso cuidado, la jefa anduvo por la estancia y la cocina de ese hogar, al que alguna vez había sido invitada cuando informó a la familia que tendrían su protección, por los acontecimientos en los que los Li y la comunidad mágica japonesa se habían envuelto.

Siguió su exploración, pero no halló nada fuera de lo común en ese recinto, salvo por tazas de té ahora frío, unas gafas graduadas y un móvil apagado.

—Jefa —llamó su atención uno de los oficiales.

Akko se apresuró hasta la habitación de la cual el hombre había salido. Un cuarto de huéspedes. Se quedó inmóvil en el umbral, observando en su indigesto horror la escena.

—Ay, no… —susurró, sintiendo como sus ojos picaban, pero su profesionalismo fue mayor y se recompuso en poco tiempo—. Acordonen el área con sellos mágicos, sólo quiero que los miembros de esta familia puedan acercarse y quiero ser informada cuando eso pase.

Un firme "Sí, señora" fue su respuesta.


El siempre cauteloso Hiroyuki Sato era dejado definitivamente atrás por el temerario Xiao-Lang Li. La última curva fue tomada con un nivel de precaución otrora impensablemente bajo, haciendo visible por fin la entrada a su casa, ante una cada vez más estresada Sakura, que apenas si podía controlar el llanto.

La opresión en el pecho de ella era inaguantable, sentía en su corazón que algo espantoso había ocurrido, y no podía eludirlo más, era como si alguien tratara de estrangularla, pero dándole espacio suficiente para respirar apenas lo necesario para vivir. Una auténtica tortura.

El auto se detuvo en un chirrido justo delante de la puerta, Sakura saltó del vehículo justo en el momento que la puerta principal era abierta, dejando salir a un par de personas.

"¿Qué hacen ustedes en mi casa?" Fue la pregunta natural que se preparó para salir de la garganta de la maestra de cartas, sin embargo, su cerebro fue más rápido, haciéndola atar cabos, y provocándole un gran dolor con ello. Los aurores estaban en su hogar, eso sólo podía significar que algo muy malo había pasado.

Akko se retiró la máscara, dejándola caer a un lado y atrapando en un abrazo a Sakura, que había intentado pasar corriendo a su lado, hacia el interior de la morada.

—¿Qué está pasando, Akko? —preguntó Sakura con la voz rota por la ansiedad.
—Lo lamento tanto, Sakura…
—¿Mi padre está ahí? ¿Está herido?
Spatio Serenitatis —susurró la policía al oído de Sakura, y aunque la tranquilidad para ella era inalcanzable, le vino un mareo que la hizo desistir momentáneamente de su afán.

La mujer cayó sobre sus rodillas, junto con Akko, que no la soltó en ningún momento, y la última hizo una seña a Xiao-Lang para que entrara a la casa y siguiera a otra oficial.

Sakura no necesitaba que alguien le dijera que estaba pasando, podía sentir con espantosa claridad que su padre, el siempre amable y amoroso Fujitaka, estaba ahí y al mismo tiempo ya no más. Sabía que lo había perdido, que desde esa noche comenzaría a extrañar su voz para siempre, y se aferró a la ropa de la policía, tratando de soportar el impulso que tenía su cuerpo por desmayarse.


Xiao-Lang inició su andar por la sala de su casa, desconociéndola por completo a pesar de ser el lugar donde vivía, el mismo donde apenas un par de días antes había pasado la mayor parte del tiempo con los suyos, y con la misma sensación aplastante en el pecho que aquejaba a su esposa, la cual podía escuchar sollozando en el pórtico.

Caminó guiado por la policía aún enmascarada hacia aquel sitio lúgubre y asfixiante, hacia aquel que por algún motivo se parecía a su cuarto de huéspedes, y al entrar, la realidad lo abofeteó con todo su cruel horror.

Sobre una de las camas, el cuerpo de Fujitaka yacía boca abajo. Su rostro serio con los ojos cerrados, daba la ilusión de que dormía, estaba cubierto por una manta, que aunque había sido puesta con cuidado para no permitir ver más allá de lo estrictamente necesario, tenía ligeras manchas carmín.

—Señor Li… —previno la oficial que lo había llevado hasta ahí al ver el ímpetu con el que el hombre avanzó hasta el cuerpo.

Xiao-Lang dudó por un instante, pero necesitaba entender lo que había sucedido bajo su techo en su ausencia, necesitaba de una vez por todas empaparse de la verdad que estaba viviendo. Tragando pesado, libró la distancia que lo separaba del fallecido, y con mano cautelosa, pero firme, retiró la sábana.

—Por todo lo sagrado… ¡¿pero qué fue lo que...?! —preguntó incapaz de evitar que su voz saliera ligeramente desgarrada, arrepintiéndose de haberlo descubierto, y tapando su nariz y boca con la mano. La mente de Li, jugándole una macabra broma, lo llevó inmediatamente a una anécdota que su mismo suegro, como arqueólogo, le había contado años atrás sobre un ritual nórdico llamado "el águila de sangre", y que esperaba que no se hubiera llevado a cabo como el mismo hombre había relatado en el pasado.

Luego de un respetuoso silencio, la oficial, tratando de ser lo más empática, pero a la vez, objetiva posible, comenzó a explicar:

—La columna vertebral, así como la médula espinal fueron retiradas en totalidad. La cirugía, sin embargo, parece haberse llevado a cabo post mortem. La víctima no tiene indicios de lucha o sufrimiento durante el procedimiento. La verdadera causa de muerte parece ser una herida con un objeto punzo cortante en el corazón desde la espalda, una daga o un puñal. No hay rastros del arma homicida o los objetos utilizados para la intervención. Sin embargo… —La mujer hizo algunos movimientos de varita, haciendo que algunas superficies sobre el cuerpo mostraran un fantasmagórico fulgor—. Estos son rastros de magia… más específicamente…
—Magia de transfiguración —concluyó Li, ausente.
—Sí. —La policía estuvo silente unos momento más, dejando que el dueño de la casa asimilara todo lo visto, cuando vio que Xiao-Lang volvía a cubrir el cadáver, retomó la conversación—: Perdone… necesito que confirme la identidad del fallecido, es lo único que falta para concluir el peritaje, y para que puedan disponer de sus restos.

Xiao-Lang sacudió la cabeza, buscando recomponerse. Apreciaba muchísimo a Fujitaka, casi como a un padre. Vino a su memoria la primera vez que lo conoció, siendo apenas un niño. Antes de saber siquiera que era el padre de la mujer de su vida, lo admiraba por su elocuencia y sabiduría, y poco faltó para que siguiera su ejemplo y se convirtiera en arqueólogo también… Lo golpeó directo en el diafragma la memoria de la forma en que lo había aceptado como parte de su familia, y como apoyó al matrimonio desde el inicio mismo, de lo atento y amoroso que era con sus hijos, y por supuesto, con sus nietos, que lo adoraban por el tipo de hombre que era. Le estaba resultando increíblemente difícil aceptar que estaba ante su cadáver, más aún, que no había simplemente muerto, sino que había sido asesinado. Y su dolor sólo se intensificó cuando pensó en Sakura… definitivamente ella no podía ver esa escena.

—Es Fujitaka Kinomoto, mi suegro —pronunció en un hilo de voz.
—¿Está seguro?
—Totalmente.
—Muchas gracias. Lamento su pérdida. La recolección de muestras y pruebas ya ha concluido, permítanos limpiar la escena y podrán tomar posesión del cuerpo.
—Gracias, oficial… —dudó un instante—. ¿Puedo pedirle un favor?
—Si está en mi poder, por supuesto.
—No permitan que mi esposa entre aquí… al menos hasta que…
—Descuide, señor Li —Respondió comprensiva—, limpiaremos y dispondremos de todo para que el señor Kinomoto les sea entregado en condiciones dignas, tiene mi palabra.

Xiao-Lang sabía que las corporaciones mágicas tardaban un tiempo muy reducido en investigar y limpiar escenas del crimen, y que podrían hacer lo correspondiente con los servicios para Fujitaka antes incluso del alba. Dejó salir un suspiro repleto de sentimiento, pero también de determinación, sabiendo que al menos en esa parte de los eventos, él tendría que ser el fuerte y el apoyo para su esposa, a pesar de que él mismo estaba destrozado, pues ese hombre había ganado algo más que su respeto en los años de conocerlo. Una parte de él tenía una intención legítima y natural de hincarse un momento ante el lecho y llorar su partida, pero se recompuso, aún no era el momento.

Agotado dio un asentimiento cuando la oficial lo invitó a salir del lugar, y suprimió como pudo el impulso de dar un último apretón en la mano del ahora occiso patriarca Kinomoto.


Al volver a la estancia, pudo escuchar los sollozos que Sakura no se molestaba en ocultar más. Y lo mataba la idea de tener que confirmarle las malas noticias. Realmente deseaba no haber tenido que pasar jamás por algo tan triste y devastador como ser el portavoz de la muerte de alguien tan amado.

—¿Dónde está papá? —preguntó Sakura, desesperada, levantándose de un salto del sillón donde Akko recién la había acomodado y presionando sus manos frente a su pecho, con tanta fuerza que parecía querer romper sus propios dedos.

Xiao-Lang negó con la cabeza, para inmediatamente atarla en un abrazo lleno de resignación. El llanto de Sakura se hizo escandaloso, mientras negaba tanto como podía, como si haciéndolo pudiera cambiar la realidad. Era cierto que tenía tanto poder, que podía traer alguien del borde de la muerte… pero una vez pasada esa línea, era una causa perdida. Finalmente se permitió llorar con libertad con la frente pegada al pecho de su esposo, sabiendo que no había remedio.

Akko, bajó la mirada y se apartó un poco para darles espacio.

—Quiero verlo… —solicitó Sakura, inconsolable.
—No, por favor… —respondió él, aumentando la fuerza del agarre, pero temblando igual que ella—. Dale unos minutos a los oficiales para que terminen su trabajo, luego podrás verlo.

La verdadera petición nacía en el hecho de que no iba a permitir que alguien tan sensible como Sakura viera a un ser amado en las condiciones en que estaba Fujitaka, que estaba desnudo, y su cuerpo estaba incompleto. Lo verían de nuevo cuando el cadáver estuviera en formas idóneas para ser despedido.


—Ya hemos terminado aquí, jefa —indicó uno de los oficiales sólo unos minutos después

Una Sakura más calmada, se resistía aún a beber de la botella de agua que le habían facilitado, y en estado de fuga miraba por una ventana, acompañada de un silencioso Xiao-Lang, que simplemente tomaba su mano.

Akko los observó con algo parecido al culpa en el rostro, indicando con señas a su personal que se prepararan para dejar el lugar. Se acercó a la pareja, poniendo una mano en el hombro de ambos, llamando su atención:

—El curandero legista ya ha terminado su labor. Cuando nos marchemos, podrán disponer del señor Kinomoto según sea mejor para ustedes.

La mujer hizo una seña, invitándolos a charlar un momento.

—¿Cómo es que esto pasó, Akko? —cuestionó Xiao-Lang, con voz muy baja, agradeciendo que Sakura se hubiera sumido en un estupor que la mantenía ajena a la charla, mientras se abrazaba los hombros.
—No lo sabemos. Yo conocía al señor Kinomoto, y espero que la pregunta no sea ofensiva, pero… ¿saben si tenía algún tipo de problemas con… bueno, gente mala?
—Jamás —respondió él, casual—. Mi suegro siempre fue íntegro y no tenía secretos de ese tipo. Pensé que sabían eso.
—Debía corroborar. Es importante, porque tal vez tengamos a un mago loco suelto por aquí, y no podemos permitir que más personas pasen por algo así. —Revisó algunos pergaminos que le habían entregado poco antes, leyendo las notas en ellos—. Hay huellas dactilares de muchas personas en esta casa, en una cantidad inusual, debo decir.
—Celebramos el cumpleaños de Sakura hace unos días, incluso Diana y tú fueron invitadas.
—Claro… necesitaré una lista de los asistentes. —Dichas esas palabras, dejó el rol de jefa de policía y se acercó a Sakura, tomándola en brazos como la amiga que era—. Lamento mucho lo que pasó, Sakura, Fujitaka era un gran hombre. A pesar de las circunstancias, tengo la certeza de que se marchó en paz. Te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para llevar ante la justicia a quien hizo esto.
—Gracias —musitó ella, ida aún.

Mientras miraba ese abrazo, se fue haciendo cada vez más claro en la mente de Li el móvil de aquél tan inesperado y horrible crimen. A pesar de que el dolor de Sakura era inmenso, también lo era su responsabilidad, aunque nadie podía culparla de no estar completa en medio de semejante desastre. Li había visto algo que ella tal vez aún no: el hecho se correspondía con una de las tantas advertencias de Hinoto… una parte del alma del portador del poder de Dios, arrebatada o dada voluntariamente. Él asumió entonces que era lo correcto poner al tanto a la autoridad.

—¿Tienes un par de minutos más, Akko? Creo que hay algo que deberías saber antes de marcharte.

La policía miró confundida a su anfitrión, pero aceptó la invitación.

Buscando las mejores palabras, y con Sakura completamente enajenada, Xiao-Lang armó un discurso muy sintético sobre lo que acababan de averiguar en la capital. La policía, mejor enterada de lo que parecía, comenzó a atar eventos:

—Entonces… por eso es que fueron tan repentinamente a Tokio, y también por eso los viajes internacionales. ¿Quién más sabe de esto? —preguntó con urgencia Akko, incapaz de ocultar su preocupación.
—Al parecer, sólo nosotros… la naturaleza apocalíptica y oculta del evento ha hecho que se mantenga en secreto, sólo los oráculos cercanos o directamente involucrados sabrían de él, lo que por un lado está bien —comentó Li—. Nadie además de nosotros puede intervenir, meter a más personas sólo podría hacer más peligroso el problema.
—Ya veo —Akko se mantuvo silenciosa por unos segundos—. ¿Hay inconveniente si lo charlo con Diana?
—En tanto sea sólo ella, no veo ningún problema —afirmó él.
—Muchas gracias —la policía se puso de pie, al momento que uno de sus oficiales tocó su hombro—. Todo está listo. Gracias por su cooperación, y una vez más, lamento su pérdida. Volveré un poco más tarde para reportarles el resultado de la investigación. —Caminó hasta Sakura, tomando sus manos, despertándola con ello—. Tu padre está en la habitación de huéspedes.

La mujer asintió un par de veces, en aparente entendimiento, y vio salir a los oficiales a su porche, donde en breves detonaciones desaparecieron.

Caminó un par de pasos hacia el lugar indicado, pero reculó de inmediato, y ansiosa buscó un objeto en la mesita de centro, para de inmediato retomar la marcha.


La habitación de huéspedes de los Sato era amplia y acogedora. Tenía cuatro camas, y servía para hospedar a los visitantes de la familia, ahí pasaban sus vacaciones los Ou, Touya y Yukito, también Akiho, fue la habitación donde todos los niños se quedaron en el cumpleaños de Sakura al cuidado de Kero y Spinel, y desde luego, donde Fujitaka se quedaba cuando se sentía con ánimos provincianos. Sakura avanzó lentamente hacia ese dormitorio. Deslizó la puerta, notando con gratitud que el lugar había sido aseado concienzudamente, todo estaba en su lugar y estaba completamente descontaminado.

Sobre una de las camas, en una mortaja de tela blanquísima, Fujitaka yacía boca arriba.

La ya completamente huérfana Sakura se acercó hasta la cama, observando el cuerpo del hombre que más había amado sólo en comparativa con su esposo. Con manos temblorosas, abrió el par de gafas de su padre. A unos pasos detrás de ella, Xiao-Lang comenzaba a secar sus propias lágrimas, mismas que no pudo retener más al estar en presencia del cadáver de una de las personas a quien más admiró, y que siempre trató de imitar en su ejemplo como padre y como hombre, además de presenciar el dolor indescriptible que emitía la mujer que amaba.

—No querrá estar sin sus gafas… ¿sabías que desarrolló nictalopía hace apenas unos años? —preguntó en un susurro a su marido. Él no contestó. No pudo.

Sakura recordó su niñez. Su padre siempre usó gafas a razón de una hipermetropía que nunca se trató, y le vino a la memoria una mañana de su más lejana infancia, en la que fue a despertarlo, y en la cual acomodó las gafas sobre el rostro de él, picándole un ojo accidentalmente, haciendo que ambos rieran mientras una lágrima caía de su ojo derecho irritado. Con manos temblorosas colocó las gafas sobre el puente de la nariz de Fujitaka, en una piel ahora rígida y fría, y esperando que sus párpados hundidos se abrieran aunque fuera una vez más.

—Perdóname, papá… todo esto es mi culpa… —trató de articular ella.

Rota al fin, superada por los hechos, Sakura cayó pesadamente sobre sus rodillas, plantando el rostro en el pecho de su progenitor. Su llanto no se limitó a sollozos. Era la primera vez que Xiao-Lang la escuchaba llorar a gritos, sin ningún tipo de pudor o control.

Fue quizás un par de minutos el que soportó estar lejos de ella. Al final se hincó, abrazándola y tratando de estar sereno a pesar de estar hecho un mar de lágrimas también, mientras la consolaba.

Más allá del dolor propio de la pérdida… lo que realmente mataba a Sakura era el no poder haberse siquiera despedido. El matrimonio pasó un largo rato inmerso en su pena.


—Te ves muy tenso —escuchó Touya a sus espaldas, en su segundo paseo por los pasillos de la mansión Li, que terminaba en la sala de estar.
—Buenas noches —respondió él con su usual seriedad, reconociendo a Sonomi.

A pesar de su parentesco, el trato entre ellos siempre fue mínimo, y nunca consideraron siquiera una relación tipo tía-sobrino, pensando en que el inicio para ellos fue complicado dada su curiosa historia común.

—¿Te molesta si te acompaño? Entenderé si prefieres estar solo —se anticipó la mujer.
—Está bien, la verdad es que la soledad comienza a enervarme. —Con esas palabras, el primogénito Kinomoto hizo una seña para que ambos tomaran asiento en sendos sofás individuales, frente a frente.

Charlaron sobre trivialidades, dejando claro lo extraños que se sentían al estar en calidad de refugiados en el extranjero, intranquilos por cualquier cosa que pudiera pasar. Justo ahí es donde radicaba la intranquilidad de Touya. Sus sentidos aumentados de dotado lo hacían percibir que algo estaba mal en esa noche particular, y lo peor era no saber de qué se trataba. Estaba convencido que la espantosa sensación que lo castigó un rato atrás, estaba directamente ligado a dicho acontecimiento.

Lo casual, sin embargo, se convirtió en definitorio en un momento. El móvil que el hombre había colocado en la mesita de centro comenzó a vibrar con una potencia que le pareció innecesaria, o que al menos a él le resultaba peculiar. Y más allá de lo que pasaba en la habitación, estaba esa ominosa e insoportable sensación de que, cualquier cosa mala que hubiera pasado, se concretaría cuando tomara esa llamada.

Ansioso hasta lo incapacitante, observó el aparato y luego a Sonomi, como implorándole silenciosamente que lo rescatara de responder, que lo devolviera al mundo donde tenía control y conocimiento de las cosas, donde estaría a salvo del dolor. Ella, desde luego, no entendió. No había escapatoria para él.

—¿Sakura? ¿Todo en orden? —dijo de sólo ver el nombre en la pantalla y responder.
¡Hermano! —exclamó ella, con una voz adelgazada que evidenciaba que por un largo rato no había parado de llorar.
—¿Qué está pasando? ¿Estás bien…? ¡Di algo, demonios! ¡Me estás asustando! —exigió, al escuchar sólo la respiración dificultosa del otro lado de la línea.
Touya… papá murió… —fue lo único que pudo articular antes de que nuevos sollozos la incapacitaran para continuar.

Muchas preguntas comenzaron a formularse en la mente del hombre, cada una más urgente que la anterior, que iban desde un "¿estás segura?" hasta un "¿cómo pasó?", y al final se concretaron en un silencio abrumador. A pesar de la advertencia sensorial que había recibido, era tan repentino, tan abrupto… tan injusto. Cuando volvió del letargo, comenzó a idear un plan.

—Voy a tomar el primer vuelo a Tokio, y…
No. —La respuesta tajante de Sakura lo desconcertó por completo—. Por favor, hermano… te ruego que te quedes en Hong Kong y cuides de Hien y Nadeshiko. Todo por aquí va a empeorar, estarás en peligro si vienes… eres lo que queda de mi familia original, no podría soportar perderte a ti también. Xiao-Lang y yo nos encargaremos de todo.
—Sakura… me estás pidiendo que no despida a mi padre… —musitó, manteniéndose calmado a pesar de la exclamación que escuchó de Sonomí—. Debe haber alguna manera…
Ya lo hemos decidido… no tenemos tiempo o energías para algo más elaborado, así que… me llevaré sus cenizas a Tokio, y cuando toda esta calamidad quede atrás… lo sepultaremos junto con mamá, tal como él hubiera deseado. —Sakura tomó mucho aire después de decir esas palabras, guardando un silencio que parecía darle algo de sosiego, mientras que Touya se mantuvo expectante—. Perdóname por no cuidar a papá.
—No hables así. No es tu culpa. Me encargaré de decirle a los niños.
No sé si debas…
—Ellos merecen la verdad… descuida. Lo tomarán bien… y no sería justo ocultárselos, después de que lo sintieron al igual que yo… y seguramente igual que tú. —Se masajeó el puente nasal, agotado—. Gracias por avisarme. Por favor, cuídense mucho… sus hijos los esperan.

Se despidieron, dejando a Touya sin el asfixiante peso de la incertidumbre, pero con el abrumador dolor de la pérdida. Sin saber qué hacer, dejó el móvil sobre la mesa.

—¿El profesor Kinomoto? —preguntó Sonomi, con voz trémula.

Touya sólo la miró con el gesto roto, incapaz de responder verbalmente. Sonomi hizo una mueca, entendiendo de inmediato, y se cubrió el rostro. Más que otra cosa, había arrepentimiento en su expresión. Ella, a pesar de su comportamiento y actitud, siempre supo que lo mejor que pudo haberle pasado a su querida prima había sido encontrar a aquel hombre. Ahora nunca podría disculparse por todos los destratos y groserías, que de cualquier manera Fujitaka se encargaba de sublimar y hasta hacerlas jocosas. Ojalá le hubiera hecho saber que a pesar de todo, con el tiempo se ganó su respeto y admiración. Pero ya no era posible.

Se limitó a dar un pésame auténtico a Touya, e incluso se ofreció a ayudarlo a informar a los niños de la familia, Yuzuki incluida.


Para cuando el cielo comenzaba a pintar el alba en magenta, todos en Tokio estaban al tanto de los terribles eventos de la noche anterior. Tomoyo no pudo evitar romper en llanto al escuchar a Sakura tan abrumada, mientras que todos los que escuchaban las palabras de la maestra de cartas a través del altavoz se pusieron pálidos.

Hasta el momento de las charlas con Hinoto todo había sido especulación sobre lo que podría pasar. El fallecimiento de Fujitaka junto con las teorías que rodeaban los hechos, habían aterrizado para todos de un único impacto cuan real era el peligro. Era un golpe duro e increíblemente doloroso, pero sólo reafirmaba el conocimiento de que no podían flaquear.

Finalmente, Sakura les informó que clausurarían la casa de Yumetani.

Akko regresó a primera hora, entre otras cosas, los puso en contacto con una agencia que se encargaría de una cremación rápida, misma de la que se encargó Li junto con una carroza del Estado Imperial; y al parecer, la explicación sobre las circunstancias del crimen dieron un extraño salvoconducto a la familia para que la investigación finalizara en su ausencia. La pareja estaría en Tokio esa misma tarde. En esa segunda entrevista con la jefa de policía mágica, les hizo saber de un segundo evento: el auto de Akiho se había desbarrancado la noche anterior, había evidencias de que escapó del accidente, pero no habían dado con ella hasta ese momento.

A la luz de tales noticias, Sakura pensó que las cosas no podrían empeorar. Con todo su sufrimiento, tenía que hacerse cargo de llevar los restos de su padre a Tokio, de buscar a Akiho y de velar por todo el asunto de las profecías, esto sin contar que estaba lejos de sus hijos, mientras Akko trataba de averiguar la identidad del homicida.

Era simplemente demasiado.

Pasó largos minutos tratando de establecer contacto con su proclamada hermana desaparecida, siempre sin éxito. El teléfono estaba apagado, probablemente destruido, y Akiho simplemente no daba señales de vida.

Poco después del mediodía, en una jornada funesta que no parecía tener fin, Xiao-Lang regresó del crematorio, llevando consigo una urna dorada. Un nuevo baño de realidad los cubrió con esa imagen.

Y justo antes de que salieran de la casa para iniciar el viaje, el teléfono de Sakura sonó, mostrando un número desconocido en la pantalla.

—¿Hola? —respondió sin saber quién estaba del otro lado de la línea.
Hola, Sakura.
—¡Akiho! —exclamó con alivio y emoción, dando un largo suspiro—. ¡Estaba tan preocupada por ti…! ¡Supe que tu auto se accidentó! ¿Estás bien? ¿Estás sana? ¿Quieres que te busquemos en algún lugar…? —Se detuvo luego de decir la última pregunta, pensando con razón que estaba abrumando a la doctora.
Gracias, Sakura. Yo estoy bien —pronunció sin poder ocultar una sonrisa ante la legítima preocupación de aquella mujer—. Y no, no debes preocuparte por mí. Estoy llegando a Tokio en estos momentos.
—¿A Tokio…? Con todo lo del accidente, yo creí que… bueno, ignórame, por favor, es que han pasado tantas cosas… tenía miedo de que algo malo te hubiera pasado, no podría lidiar con otra pérdida hoy…
Lo sé, lamento mucho tu pena. Sólo quiero que sepas que papá se marchó en paz y agradecido —dejó ir con ligereza, en un tono completamente ajeno al sentimiento que las palabras tenían la intención de demostrar, más que sonar como un pésame, parecía una felicitación.
—Gracias. Significa mucho para mí y… —Sakura se detuvo en seco. Las palabras de agradecimiento se quedaron en el aire, sostenidas sólo por la inmensa tensión provocada por la conversación, sorpresiva e irreal como todo en ese día—. ¿Co… cómo sabes lo de papá? —preguntó en un susurró, casi incapaz de evitar que el aire se le fuera.
Él estaba feliz de que no tuvieras que cargar con el peso de su muerte, estaba agradecido de que su hija no tuviera que llevar a cuestas la culpa de haber obtenido la espada sagrada de él —relató la doctora con cínica naturalidad, que dado el contenido del mensaje, podía sonar incluso cruel—. Era la mejor persona que jamás conocí… y quiero que sepas que al igual que tú, lo echaré mucho de menos.
—¿De qué estás hablando…? —preguntó bajo, pero aumentando el tono de voz a cada pregunta—. ¿Por qué me dices estas cosas? ¡¿Qué está pasando?!
El destino, Sakura —dijo el mundo solemne, hablando a través de Akiho—. Es el destino lo que pasa. La promesa debe cumplirse, y nosotras somos el artífice de que ese destino llegue finalmente.
—Tú no eres Akiho… ¿quién eres en realidad?
Soy yo, Sakura. Tu hermana Akiho… aunque creo que sería más justo decir que también soy…
—No…
Tu complemento…
—No, por favor… tú no…
Tu antítesis…
—Te lo suplico…
Tu Yang… Soy tu Gemini. Te espero en Tokio, ahí podremos charlar con libertad.

La llamada se cortó. De entre todo lo que Sakura no podía explicarse… estaba el porqué no se había desmayado aún.

XIII.

Fin.


Agradecimientos a la tóxica de corazón de acero Wonder Grinch, y a la editora devoradora de almas CherryLeeUp.