Retroalimentación.
Guest chapter 14 . Apr 9: Hola. Gracias por la reseña. Aquí la continuación. Ya verás como se pone todo...
Wonder Grinch chapter 14 . Apr 9: Es cierto, podríamos decir que apenas acaba de encontrar su identidad, y también tienes mucha razón en decir que su despertar le da el pretexto perfecto para comportarse como una loca, pero recuerda que es muy humano buscar a quien te la pague, no a quien te la hace. Ah, el bueno de Fujitaka… ¡Estaré aquí para recibir todo el veneno!
Ailin79 chapter 14 . Apr 9: Sí, la muy miserable. Es natural tu inquietud, uno podría pensar que Sakura simplemente no puede trascender a su carácter natural aún en presencia de cosas así de crudas y terribles, sin embargo, he recogido de la experiencia que efectivamente es muy difícil salir de nuestro ser original para modificar el carácter, en especial porque cuando eso suceda, no podremos volver a ser aquello que éramos originalmente. Abordaremos un poco de ello en el siguiente capítulo. No había pensado en eso del veganismo, pero ya vimos que Sakurita es carnívora (pregúntale a su marido XD). Muchas gracias por siempre opinar, es un gran aliciente a seguir adelante.
E A Blake chapter 14 . Apr 10: Si bien es cierto que el cambio generalmente vendrá a través de la crisis, estamos ante un personaje que con todas sus virtudes, tiene una personalidad… ¿cómo decirlo? tal vez el término sería "monolítica". Esto diría que, si bien eventualmente tendrá que crecer para adaptarse a este nuevo entorno, el cambio va a tener repercusión en toda su identidad… habremos de ver. Sobre la forma de abordarlo, pues veremos aunque la paradoja de la tolerancia estará presente en todo momento. En efecto, el panteón de personajes no será tan amplio como en la aventura anterior, podríamos decir que está prácticamente completo. Mil gracias por el análisis. espero disfrutes lo que sigue.
LizSaranjeiP chapter 14 . Apr 11: Si te sirve como un consuelo para disipar tus propias culpas, descuida. Ella ciertamente tiene un ingrediente alienante en su ser, pero al final, ella elige cómo afrontar sus traumas, así que mucho de esto es responsabilidad de ella. Creo que nadie podía quedar indiferente ante una despedida como la de Sakura y Fujitaka, una de las relaciones más profundas y fuertes de toda la obra, yo diría que incluso por qué rumbo se va todo al demonio en los siguientes capítulos. ¡Gracias por comentar!
cerezo01 chapter 14 . Apr 12: Hola. A lo mejor era de asimilarlo para que doliera. Sobre las condiciones que rodearon al hecho, soy de la idea de que ser parte de la historia es una carga, y que los hechos que rodean a ese evento no suelen ser amables con sus protagonistas. Por otro lado, debía haber cierta corporalidad en las condiciones, esto mayormente por respeto a los personajes mismos… no sé si me explico, pero hablo del principio de "para hacer un buen omelette, hay que romper los huevos". Lo del corazón hubiera sido una forma, pero al final me incliné por un enfoque diferente, y parece que todo salió bien (para la argumentación al menos). Y sobre Sakura… pues ya veremos. Sakura, desde niña y en la obra original, siempre nos ha mostrado una inmensa fortaleza, por desgracia, CLAMP destruyó a su propio personaje con sus últimas apariciones, pero la que nos legó en los noventas es ciertamente el tipo de persona que seguirá adelante hasta que la muerte se la lleve. Lo dices como si disfrutara hacerlos sufrir (guiño guiño). ¡Gracias por la reseña y el análisis!
CherryLeeUp chapter 6 . Apr 14: Roma no se construyó en un día, así que con calma. Esa es la palabra clave de ese episodio: redención. Sólo ante la recuperación del amor propio se puede aspirar legítimamente al compartido. Y sacar a los entrometidos, como el guardián, es una medida válida y decente. ¡Gracias por la reseña!
carmennj chapter 14 . Apr 18: Todos la odiamos un poco… aunque te cuento un secreto, haré una quiniela para ver quien es el personaje más odiado, Akiho es uno, pero faltan dos que lentamente se irán revelando como acreedores al galardón. ¡Gracias!
zaoryGuerrero chapter 14 . Apr 22: Oh, no importa, lo importante es que dejaste tu reseña. Sí, es enervante la conducta de esta mujercita, pero tiene mucho que ver la condición del poder fortuito. Ella no sólo tiene el poder, sino que también tiene una misión… y la intención era justo hacer pensar en el grado de ira que podría generar un acto de injusticia como este. El desarrollo del relato irá encaminando a los personajes, y todos esperamos que lleguen a buen puerto. ¡Muchas gracias por tu reseña!
Reader2109otp chapter 14 . Apr 22: ¡Ahijada! Y no, no habrá cursilerías por ahora. Con todo y que Akko ya está cuarentona… yo me la imagino y sigo envidiando a Eriol… yo nomás con ella me conformaba. Este capítulo tenía la intención de ser emocional, porque al final, el personaje sacrificado lo valía, así debía ser, y tal como mencionas, no es siquiera una pérdida unilateral, es un personaje que, de una u otra forma, los tocó a todos. El énfasis está justo en esa injusticia de no poder hacer una despedida, aunque siendo justos, la muerte por lo general es fortuita, y esa despedida la obtienen sólo algunos afortunados. Veremos qué pasa con Sakura, hay mucho que pensar sobre su desarrollo a partir de este punto… y sobre Akiho… bueno, el tiempo pondrá las cosas en su lugar. Acumula esa ira, pero más adelante haré una quiniela sobre el personaje más odiado de esta saga, tengo a tres nominados. Gracias por tus palabras, pequeña, y espero disfrutes lo que viene.
Superado el dolor… sigamos.
XIV.
Soberana.
Las caóticas horas pico de la capital nipona recibieron a Akiho, escoltada por sus nuevas amistades y abrazando su preciosa carga. En realidad se sentía cansada, condición manifestada en un bostezo, pues al parecer, a pesar de su nueva condición de divinidad, su cuerpo, por todo lo demás, humano, era presa de sensaciones tan comunes como el sueño y el hambre, aunque no era nada serio en ese momento.
El sedán conducido por Satsuki se coló entre las calles de la urbe, bajo el perezoso amanecer de abril. Luego de un tiempo deambulando, pudo ver su destino: el enorme y gris edificio del Ayuntamiento de Tokio. El auto pasó filtros, y anduvo sin detenerse como si de un vehículo oficial se tratara, comenzando un camino descendente por los niveles subterráneos de aparcamiento.
El viaje motorizado terminó ahí, y Akiho siguió a la comitiva hasta un amplio salón de banquetes subterráneo que parecía estar acondicionado como una oficina, aunque no era un escritorio lo que estaba al centro, sino un asiento ornamentado y muy grande. En realidad, parecía un trono.
En el salón la esperaban cuatro personas más.
—A Shougo, "La Torre" lo conociste en Ishikawa, junto con Satsuki "El Ermitaño", y Yuuto, "El Diablo", pero al resto no. Ellos son… —Kanoe extendió la mano para señalar a los otros tres desconocidos, primero a un hombre de gran estatura y una mirada muy inquietante detrás de unas innecesarias gafas de sol. Akiho notó por el reflejo de las lámparas que su ojo derecho era una prótesis, probablemente de cristal—. Seishiro Sakurazuka, "La Muerte", —luego señaló a un jovencito albino, pequeño y esbelto, con cierto aire andrógino y actitud desinteresada—: Nataku, "El Colgado", y… —Por último, apuntó al hombre enorme y desgarbado, vestido con un uniforme de las Fuerzas de Autodefensa de Japón—: Kusanagi Shiyu "La Estrella".
Entonces, Kanoe habló para todos, levantando ambas manos, y haciendo que el símbolo del tercer ojo en su frente resplandeciera:
—¡Hemos encontrado a nuestro portador del Poder de Dios! Por fin podremos encaminar a este mundo hacia la redención que merece, podemos buscar la justicia natural a través de su mano, tal como se ha vaticinado, siguiendo los designios del mundo para recuperar el equilibrio. La expiación para la ingrata y dañina humanidad ha llegado.
Hubo algunas sonrisas entre los miembros del grupo. Al parecer, salvo por Satsuki y Nataku, el objetivo era común.
Convencida de que su discurso era lo que el equipo necesitaba escuchar, Kanoe avanzó de forma teatral hacia el trono, y cerca estuvo de sentarse para comenzar a planear sus movimientos.
Alguien se aclaró la garganta, haciéndola parar. Un poco confundida, se volvió para buscar a quien la detenía en su afán. Los demás presentes, incluso los más inexpresivos, miraban con curiosidad a la recién integrada.
Si hubieran conocido a Akiho antes, la actitud que mostraba habría sido completamente impensable. Ella solía ser una persona dulce, amable hasta lo desesperante, empática y cordial. Y a pesar de que había algunas de esas características en la sonrisa sutil que dibujaba su rostro, podía verse en el brillo de sus ojos algo de desafío y mucho de una avasallante suficiencia. Con elegancia libró la distancia que la separaba de la caminante de sueños, quedando ambas frente a frente.
Kanoe sabía que estaba ante una divinidad, sin embargo, nunca imaginó que sería capaz de sentir semejante temor en su presencia, aún cuando Akiho era casi veinte centímetros más pequeña que ella. No obstante, también era una buena actriz. Ocultó debajo de una sonrisa sus miedos y preguntó con un gesto el porqué de ese desafío silente.
—Agradezco mucho su bienvenida al grupo, y de hecho, me gustaría conocerlos un poco más a detalle, hablando personalmente con cada uno… a menos que tengas inconveniente.
La voz de Akiho nunca dejó el tono dulce de siempre, pero por alguna razón, su solicitud pareció más una orden simplemente irresistible.
—Por supuesto… puedo conseguirte una oficina y…
Kanoe detuvo esa respuesta cuando vio a Shinomoto apuntar con los ojos al único asiento de ese salón.
Negarlo sería como oponérsele. El trono de Kanoe había sido construido en los cimientos de ese edificio por ella misma, y había sido de su pertenencia por décadas. Era un símbolo de su poder de manipulación, de su perseverancia, disciplina y deseo de cumplir sus objetivos. De entre todas las posesiones que tenía en el mundo, esa era quizás la que más la definía…
Sin embargo… estaba en presencia del representante máximo de su causa. Ante un ser cuyo poder era de proporciones cósmicas, y en cuyo ánimo descansaba por completo el destino de la humanidad. Y no sólo era el título o los eventos. En esos ojos azules ante ella, estaba ese conocimiento sobre el lugar y el propósito de su existencia. No había forma de contradecir o siquiera pensar en una alternativa diferente a seguir los designios de aquella joven mujer. Kanoe tendría que reconocer y ocupar su verdadero lugar… y ese lugar no era el trono.
—¿Te importaría si la uso? —cerró el silencioso debate Akiho.
—Para nada —respondió Kanoe, sin poder ocultar cierta consternación.
La doctora agradeció con una sonrisa, y mientras avanzaba hacia el asiento, retiró y dejó sobre el suelo la tela que cubría a su nueva compañera. Alcanzó la silla, la ocupó con suficiencia, clavando la punta de la hoja de su destellante espada en el suelo, logrando que se mantuviera verticalmente a su lado.
—Charlaré un poco con cada uno, será muy breve, y luego podrán volver a lo que sea que tengan que hacer —escrutó a los presentes con interés al decir esas palabras, y luego dedicó un gesto casi maternal al más atípico de los participantes. Hizo un gesto con la mano, invitando a Nataku a acercársele—. ¿Les importa dejarnos solos unos minutos? Llamaré al resto en breve.
Todos accedieron, los de mejores modales incluso se despidieron con una reverencia.
—¿Kanoe? —detuvo Akiho a la mujer.
—¿Sí?
—¿Podrías llevarte eso por mí, por favor? ¡Muchas gracias!
Kanoe observó el lugar que Akiho señalaba sobre el suelo: la cortina en la que la Espada Sagrada había sido transportada. Contrariada hizo un asentimiento, e hizo lo que se le indicó, marchándose luego de hacer una nueva reverencia. Mientras cerraba la puerta, pudo escuchar a Shinomoto decir a su único interlocutor: "Pues bien, Nataku… ¿cuál es tu deseo?"
—¿Segura que no quieres ir por otra partida? —preguntó Gustav, enarcando una ceja, mientras recargaba el mentón sobre la mesita, dejando el control de la consola a un lado, en aquella enorme e iluminada estancia en la mansión Li.
—No, muchas gracias… pero sigue jugando tú si quieres —le respondió Yuzuki, sonriendo a medias.
A unos pasos de ellos, y durante las últimas horas, los hermanos Li se habían comportado muy raro. Estaban ausentes, agotados, y para ese momento, Yuzuki había estado observándolos a la distancia. Hien se la había pasado meditabundo por un largo rato sentado junto a Ieran, que había estado leyendo como era su costumbre, y Nadeshiko dormía en el regazo de su abuela. Cada cierto tiempo, la niña suspiraba entre sueños.
—¿Estás preocupada por ellos? —reinició Gustav.
—Un poco… Hien siempre está haciendo algo… no necesariamente jugando, pero está en movimiento, y ni hablar de Nadeshiko.
—Tal vez están deprimidos por haber dejado Japón… o a lo mejor el cambio de horario les hizo mal.
—¿Eres dotado? —Yuzuki volvió a concentrarse en el niño inglés.
—Sí.
—¿Y tú no sientes como que algo malo pasa alrededor? O sea…
—¿Como que algo está haciendo que ellos se sientan así de mal?
La niña asintió.
—Papá y mamá dicen que no haga caso a corazonadas. Mamá cree que es tiempo perdido. Aunque la verdad, creo que le dan miedo.
Gustav trató de hacerse el interesante con esas palabras, pero lo cierto era que, como cualquier demostración de valor, nacía de un miedo. Y ese miedo era que él también sentía ese aire enrarecido y obscuro que rodeaba a los Li, tal como su madre seguramente hacía.
Repentinamente, una de las muchas puertas del salón se abrió. Touya y Sonomi entraron con paso presuroso y expresión grave. Al momento que abordaron a Ieran, Nadeshiko despertó entre sus brazos, rompiendo en un nuevo ataque de llanto, aunque no tan agresivo como los anteriores.
Con los modales que lo caracterizaban, Hien tomó a su hermanita y la llevó a donde los otros niños, dejando que los adultos hablaran. Touya apenas si levantaba la vista del suelo, Sonomi comenzó a hablar tratando de ocultar en su gesticulación lo tembloroso de sus manos y voz, y en algún punto, Ieran, ya de pie, cerró lentamente los ojos mientras buscaba apoyo de un mueble cercano.
—¿Qué está pasando? —preguntó Xing, que recién se les unía mientras acariciaba el cabello de Nadeshiko, tratando de calmarla.
La más pequeña, incapaz de controlar sus emociones tan bien como todos los demás, se abrazó de su hermano. Era como si lo supiera, y Hien trataba de obtener cualquier pista de ella, aunque no estaba seguro de querer entender el porqué de su consternación.
Y entonces, vieron a los tres adultos mirar al grupo de niños, y un feo escalofrío recorrió la espalda de Hien.
Touya tomó la iniciativa, y con paso vacilante caminó hasta sus sobrinos, haciendo que contuvieran el aliento. Pensó en despachar a Xing y a Gustav, pero una parte de él lo hizo pensar que era mejor que sus sobrinos estuvieran en compañía de amigos, algo que él no tuvo cuando perdió al primero de sus padres.
Ieran y Sonomi se quedaron detrás de él cuando se decidió a arrodillarse frente a Hien, por un momento estuvo indeciso tomando al niño por los hombros, con los ojos cristalizados y la respiración dificultosa. Pero era su responsabilidad. Debía hacerlo.
La promesa de las charlas breves fue cumplida a cabalidad. Cada uno de los dragones del destino fue entrevistado por Akiho, aunque desde su perspectiva, sólo hubo un par de pláticas que ganaron su atención de verdad. Ahí conoció con un poco más de detalle a Kanoe, la caminante de sueños; Kusanagi, el soldado telequinético; Yuuto, el burócrata guerrero; Shougo, el hidrópata y Satsuki, la tecnomante y su mascota "Bestia".
Pero de las interacciones especiales, una fue con Nataku. Resultó no ser una persona convencional, sino que había sido concebido en una probeta y su gestación no se dio en un útero, y al parecer, nadie se había molestado en darle aunque fuera un poco de atención o afecto. El militar del grupo, Kusanagi, se había encargado de rescatarlo de su cautiverio en un laboratorio cercano, pero tampoco pareció significarle mucho. El jovencito albino era andrógino y asexual, y por lo que supo de sus propios labios, el diseño genético al que respondía lo hacía dueño de una monstruosa fuerza sobrehumana y capacidades psicoquinéticas únicas, las que manifestaba con mayor comodidad en un manto blanco que enredaba a su cintura mientras no estaba en uso.
La conducta amable y aparentemente sincera de Akiho de inmediato se ganaron su confianza, aunque tampoco era como si pudiera manifestar su pleitesía de alguna manera que no fuera su absoluta obediencia, y desde ese día, serían inseparables.
La otra plática emocionante había sido la de Seishiro Sakurazuka.
La doctora nunca había estado en presencia de un hechicero como aquel: un hombre alto y apuesto de cabello corto, negro y perfectamente peinado, pero al mismo tiempo imponente, casi terrorífico. Asesino de estirpe, de mucha efectividad, según le contó, dueño de un nihilismo llevado a la psicopatía, sin un ápice de moral o una consciencia activa, completamente libre al capricho de sus más rudimentarios e infantiles deseos. La fórmula para el desastre: un poder increíble y aterrador, en manos de un desequilibrado sin culpas o remordimientos.
—¿Sabes? En ti veo una oportunidad. ¿Qué pensarías si te dijera que quiero que me ayudes con un proyecto?
—Que lo pensaría.
—¿De qué dependería que accedieras a ayudarme?
—De cuán divertido sea —siguió el diálogo, dibujando una mueca atemorizante.
—Oh, entonces algo me dice que la vas a pasar bien… Necesito un hombre con tus talentos y temple.
—¿Y de qué se trata? —preguntó, encendiendo un cigarrillo.
—De buscar justicia.
Compartir una sonrisa con un secuaz cerró las conversaciones. Algunas instrucciones fueron dadas al matón, y luego, su nueva líder solicitó ser llevada a un lugar donde pudiera comer y descansar.
El sol cerca del cénit lastimó los ojos de Sakura, agotada por un espacio de tiempo completamente en blanco que tuvo en su regreso a Tomoeda. Se dio cuenta de la llegada a la casa Daidoji hasta que Xiao-Lang abrió su puerta y acarició su mejilla para despertarla de su letargo. La mujer tragó pesado y aferró la urna dorada que había viajado en su regazo por las últimas horas, temerosa de soltar aquel contenedor hermético que llevaba la última parte de la generación anterior a ella.
Eran demasiadas cosas que procesar. Demasiado que pensar y decidir. Entre la muerte de Fujitaka y la revelación de Akiho, su cansancio pudo más y por eso, el viaje lo pasó entumecida luego de hablar un poco con su esposo.
Al salir del auto, ya en los terrenos de la mansión, Tomoyo, abrumada, abrió los brazos para recibir a su prima. Sakura no lo sabía, pero era justo eso lo que necesitaba, llorar un tiempo en brazos de la primera persona que se hizo dueña de su confianza.
Con el lenguaje sin palabras que el matrimonio Li había desarrollado a lo largo de los años, Sakura indicó a Xiao-Lang que hablaría en privado con Tomoyo y Meilin, las cuales hicieron camino hacia la parte de la mansión que reconoció como el cuarto de Tomoyo en su niñez, y que se había conservado igual a cuando era niña.
El lobo hizo otro tanto avanzando hacia los jardines, donde los hombres del grupo los esperaban.
—Mi pésame —dijo con seriedad Kurogane, poniendo una mano en el hombro de Li, pero incapaz de mirarlo a los ojos.
—Gracias.
—Pasó algo más allá en Yumetani, ¿no es así? —preguntó Eriol luego de dar sus condolencias.
—Sí —respondió el aludido con resignación.
—¿Y qué fue lo que descubrieron? —resopló Beiji-Hu.
—Que al parecer, el enemigo siempre estuvo en casa.
—¿Qué quieres decir? —Cuestionó Kero, cuya expresión serie era completamente asonante a su adorable rostro de peluche.
—El Gemini de Sakura se reveló… fue quien… —Xiao-Lang no pudo continuar, aún cuando no rompió en llanto, dolía como para simplemente decirlo.
—Tranquilo —dijo con serenidad Yukito, el segundo más afectado por la repentina e injusta partida de su suegro.
—Sólo… denme un par de minutos. Sabrán todo hoy. Necesitamos estar preparados.
—Toma el tiempo que necesites… sé sobre perder a personas cercanas —cerró Al.
—Sólo llora, si es lo que necesitas —invitó Tomoyo, una vez sentadas en su habitación, mientras tomaba las manos de Sakura.
—Gracias, pero… creo que ya he llorado lo suficiente. Quiero que papá esté en paz… además, no es lo único que pasó.
Meilin se cubrió el rostro en una expresión que gritaba un "¿es que aún hay más?".
—¿Qué más sucedió? —retomó la anfitriona luego de unos momentos.
La portadora del poder de Dios tomó un suspiro profundo, dudando antes de comenzar a hablar. Todo sonaba tan irreal… tan ilógico y fantasioso. Una parte de ella aún tenía fe en que aquello fuera sólo un mal sueño.
—Mi contraparte se mostró —dijo en voz plana. Se cubrió la boca, tratando de contener la ansiedad. Su voz se quebró, pero no se permitió llorar de vuelta.
—¿Y… se presentó ante ti? —cuestionó Meilin, lívida.
—Me contactó por teléfono.
—¿Y cómo sabía la forma de encontrarte? —soltó Tomoyo, suspicaz—. A menos que fuera… alguien a quien conoces…
Sakura asintió varias ocasiones. Nuevamente enfrentaba el nudo en la garganta que la prevenía de decir lo que vivió y sonar como una loca, o peor aún, de que con la pronunciación de esa frase, todo fuera confirmado como verdad. Ya no tenía sentido seguir renegando de los hechos, así que resignada, cerró la idea:
—Es… es Akiho.
Tomoyo se levantó de un salto, como si el asiento estuviera en llamas, mientras que Meilin abría mucho los ojos.
—Espera… ¿Shinomoto?, ¿la chica que fue con ustedes en secundaria?, ¿la doctora de los niños? —preguntó la segunda, siendo que apenas comenzaba a ponerse al día con la dinámica diaria del matrimonio.
—Sí, ella… y también fue la que… —no pudo continuar.
—¿Ella…? ¿el tío Fujitaka…? —Tomoyo parecía muy afectada mientras hilaba eventos.
—Me lo confirmó cuando habló conmigo por teléfono…
La dueña de la casa comenzó a caminar en círculos mientras balbuceaba algo ininteligible entre dientes, dejando a sus acompañantes entre montones de preguntas que no tenían respuesta o siquiera una lógica consistente con la realidad… hasta que finalmente pudo volver a hablar, luego de lo que pareció un muy largo y profundo análisis:
—Tenemos que pensar cómo enfrentarla.
—¿Tomoyo? —cuestionó Sakura, descolocada.
—¿Cómo no vimos crecer a este monstruo bajo nuestras propias narices? —continuó la amatista, más para sí misma.
—¿De qué me perdí? —susurró Meilin.
—¿Pero cómo íbamos a saber que en algún punto ella podría terminar en tu contra de alguna manera? —las ignoró Tomoyo, continuando su soliloquio—, sólo en un escenario tan extraño como este es que… ella iba a buscar perjudicarte de alguna manera…
—¿De qué estás hablando? En lo que a mí respecta, ella es una víctima tanto como nosotros…
—Oh, no, Sakura, sabes que normalmente coincido contigo en que protejas y abogues por todas las personas, porque sé que eres una buena mujer… pero esto es… diferente… Akiho siempre estuvo a tu sombra, siempre tuvo complejo de víctima porque tú, con tu esfuerzo y actitud lograste todo lo que ella no…
—Pensé que había sido mi imaginación —intervino Meilin.
—¿De qué hablas? —Sakura cuestionó, con el gesto cada vez más descompuesto.
—Era muy sutil… pero esa forma tan sucia de mirarte mientras mostraba amabilidad… toda esa… envidia acumulada…
—Yo no creo que ella…
—Sakura… —Tomoyo cerró distancia con el asiento de su amiga, poniendo las manos sobre sus hombros, y acercando mucho su rostro al de ella, tratando de empatizar y ser sensible a su situación, bajando mucho la voz—, ella mató al tío Fujitaka… ella es tu opuesto. Sé que es difícil para ti ver lo malo en las personas, pero si me lo preguntas, no pudo ser nadie peor quien se convirtiera en tu reflejo… ¿Qué es lo que vamos a hacer?
—No lo sé… aunque creo que estás exagerando… ella seguramente lo hizo contra su voluntad… papá y todos nosotros siempre fuimos buenos con ella y…
—Y ella, por la desdichada vida que siempre llevó, sin lugar a dudas pensó que eso era lo que le correspondía… ¿no puedes verlo, Sakura? Akiho no ha tenido una vida fácil, se la ha pasado entre abandonos y traumas, siempre como la segunda en todo, la que no merecía todo lo que tú si tuviste: amor, una familia, hijos, poder… ahora, el destino puso en sus manos un poder inmenso, el cual dudo que siquiera comprenda en su totalidad… vuelvo a preguntar: ¿qué es lo que vamos a hacer?
—Voy a buscarla para negociar…
—Sakura —Tomó sus manos y trató de transmitirle todo su apoyo en ese apretón—. Debes ser firme, debemos prepararnos para enfrentarla. Tú escuchaste a la señora Hinoto, no habrá posibilidad de negociación, no puedes ser débil ni cobarde.
—Buscar una vía no violenta no es debilidad ni cobardía.
—Eso es lo que alguien débil y cobarde diría, y sé que tú no eres así —interceptó Meilin, sin exaltarse, pero con evidente molestia—. He visto de muy cerca lo que el poder fortuito hace con los resentidos. Sé que ella no tendrá piedad, Sakura, ya te lo demostró… toda su vida ha acumulado rencor, y ahora tiene los recursos para buscar su tonta venganza disfrazada justicia… ya mató a alguien a quien amas, ¿crees que le temblará la mano para buscar tu cabeza…? ¿Crees que sentirá remordimientos para matar a Tomoyo o a mí…? ¿A Xiao-Lang…?
—Meilin, por favor…
—¿Crees que se detendrá si tiene que pasar por encima de mi hija… o alguno de los de ustedes?
—La juzgan de forma prejuiciosa —apresuró, acorralada.
—No existe el prejuicio en presencia de hechos —dijo la anfitriona, serena, pero firme. mantuvo un breve silencio luego de eso, tratando de tomar mucho aire, pensando que si bien su argumentación y postura eran las correctas, era un tema demasiado delicado como para abordarlo en medio de un luto tan reciente. Al final, retrocedió—. Te daré espacio… pero quiero que analices lo que te hemos dicho con cabeza fría. Debes dormir un poco, sé que no tuviste una noche sencilla —cerró, mientras tomaba del brazo a Meilin, sabiendo que no sería sensato alargar aún más esa conversación. Ambas aceptaron la propuesta de buena gana.
La plática había sido pesada, y se sentía una hostilidad muy discreta… pero había algo más que amistad o lazos de sangre que unía a las primas, y lo resolverían juntas cuando fuera propicio.
En una silenciosa comodidad, Akiho miraba por la ventanilla del auto. Había comido y dormido unas horas, y había encargado a uno de sus nuevos amigos que hiciera una investigación. El trabajo se llevó a cabo con máxima eficiencia, porque Seishiro era parte de la comunidad mágica de Japón, un hombre de muchos recursos y conocimientos. Se había encargado de localizar el objetivo que Akiho le pidió buscar, e iban en camino a su encuentro en la prefectura de Saitama.
Sintió gradualmente como la emoción iba formando un agujero en su estómago. En otras circunstancias, habría temido el ver a aquel hombre nuevamente, pero dada su actual potestad, sentía que ese encuentro, más que necesario, era providencial. Sería la confirmación de que la justicia acudía a su causa, y cualquier método que utilizara para alcanzarla, sería el correcto.
El lujoso compacto avanzó con seguridad entre las calles cada vez más angostas de aquel modesto complejo residencial, y para una ciudad superpoblada como era Tokio, el barrio se antojaba silencioso y tranquilo. Al final, aparcó delante de un dúplex que, más que parecer uno del montón, parecía empeñarse en pasar desapercibido.
Al bajar del auto, se irguió en toda su estatura. Sonrió con suficiencia bajo el sol vespertino, percibiendo cosas que antes no había sido capaz de entender, como la presencia de las personas, el extraño confinamiento mágico que el lugar tenía, incluso era capaz de sentir el poder de su acompañante, en un aura particularmente siniestra y atemorizante, aunque no para ella.
—¿Este es el lugar? —preguntó la doctora, aunque de forma retórica, pues podía sentir la familiar presencia del objetivo dentro de la casa.
—Sí.
—¿Estás de acuerdo con lo que te pedí? Aún puedes retractarte.
—Doctora Shinomoto…
—Sólo llámame Akiho.
—Bien, Akiho… para mí será todo un placer.
—Vamos allá entonces.
Akiho dio un par de golpes a la puerta. Al abrirse, un hombre de mediana edad, cabello corto negro, y una barba de un par de días se asomó, mostrando un rostro aburrido y ojos hundidos, pero su expresión cambió por una temerosa sorpresa al reconocer a su visitante.
—¿Akiho?
—Kaito.
El hombre se quedó helado. De entre todas las personas que jamás imaginó que lo visitarían en su confinamiento parcial, Akiho era la última.
Él le había hecho mucho daño, y además del arrepentimiento que cargaba, ya había cumplido una condena en prisión, también había sido privado de su magia, y su cuerpo era ya muy débil para intentar recuperarla de alguna manera, gastó todos sus cartuchos en el uso de una de las formas más demandantes, y lo que le hizo a su propio espíritu con ello no tenía remedio. De alguna manera, toda esa situación lo hacía sentir temeroso en presencia de aquella joven mujer, que si bien él sabía que era una squib, el tipo alto junto a ella tenía toda la presencia y porte de un hechicero de alto nivel. Algo estaba terriblemente mal.
—¿No me invitas a pasar? —preguntó ella, después del par de minutos que Yuna se quedó paralizado.
—Cla… claro.
Se hizo a un lado, dejando que los invitados fortuitos ingresaran.
Akiho caminó por la modesta morada, examinando el parco menaje, los espacios iluminados por la última parte de la tarde, y el familiar aroma a té que sólo Kaito lograba, independientemente de la infusión utilizada. En esa ocasión, manzanilla.
—Y… ¿a qué debo el honor? Pensé que el Estado Imperial me había restringido para verte o buscarte —se atrevió el hombre, viendo con nerviosismo al par recorrer su estancia.
—Ya lo creo que lo hizo —respondió ella, cordial—. Sin embargo, esa restricción fue unilateral… tú sabes… no fui yo quien cometió crímenes.
El tono vitriólico y la mirada juguetona en la joven lo hicieron tragar pesado. De hecho, no se había movido de su lugar. Después de un buen rato, comenzó a balbucear, preguntándose porque sentía tanto miedo.
—Yo… Akiho, lamento tanto todo lo que pasó… sé que te hice mucho daño, pero cuando me arrestaron, no me dieron oportunidad de disculparme contigo.
—Sí, esta justicia humana, tan carente de sentido común… tan lejana del concepto mismo de justicia… al final, tu magia se fue y tu estuviste encerrado un tiempo —su tono se mantuvo en la cordialidad con la que llegó, y se quedó con las manos en la espalda contra la única ventana de la estancia—. Debió ser duro, pero me pregunto… ¿lo suficientemente duro?
—¿A qué te refieres?
—A que… bueno… mi cuerpo era joven para tolerar sin dolor lo que llegaste a hacer. Mi mente era demasiado infantil para asimilar todas las implicaciones de una relación "romántica" como aquella en la que me envolviste… mi alma no estaba preparada para soportar la magia que por tu sola voluntad quisiste introducir en mí.
—Eso no lo sabíamos…
—¡Y ese es el punto, Kaito! ¡No lo sabíamos! —explotó—. ¡Pude ser una madre adolescente por causa de las bestialidades a las que me sometiste! ¡Mis traumas emocionales no me permitieron jamás siquiera buscar el amor! ¡Mi alma casi fue destruida por tus experimentos! ¡Claro que no lo sabías! Sin embargo… fuiste tan negligente… tan irresponsable… tan maligno… que de todas maneras lo hiciste… y el resultado está aquí.
—No entiendo…
—He venido a mostrarte la verdadera justicia por tus actos —respondió con recobrada calma, y una realización que hizo destellar sus ojos—. ¿Qué es lo que más deseas, Kaito?
Él, descolocado, pensó mucho en la respuesta, imaginando que quizás en su formulación cabría una salvación.
—Deseo redimirme por lo que te hice.
—Bien dicho —cerró ella, satisfecha, y se dirigió luego a Seishiro—: Diviértete.
En un parpadeo, el aludido tomó con salvajismo el cabello de la nuca del una vez mago, arrastrándolo con toda su monstruosa fuerza hasta una mesa, e impactando sin ningún tipo de consideración su cabeza contra el mueble, provocando un sonoro golpe hueco, mismo que hizo volar un salpicón de sangre hasta la pared más cercana.
Kaito estaba aturdido, pero no inconsciente. Notó que aún con toda su fuerza no podía escapar del agarre de su captor, era como estar debajo de un camión, y observó a Akiho, sirviéndose té tranquilamente en un vaso.
—Si no te importa, te esperaré en el auto —dijo casual, llevando su recipiente.
—¿Tienes miedo de mirar? —preguntó el matón con voz profunda, arrancando de un solo tirón los pantalones de su víctima.
—No es eso… es sólo que no hay nada nuevo para mí en lo que sigue.
—No tardaré mucho.
—Tómate tu tiempo.
La mujer cerró la puerta tras ella al momento mismo que Seishiro se desabrochaba los pantalones, y unos segundos después, pudo oír los gritos ahogados de Kaito. Se sentó en el asiento del copiloto del auto mientras degustaba su té, escuchando la cacofonía de la tortura como si de música de ascensor se tratara, satisfecha de saber que cierto nivel de justicia poética estaba siendo administrada, y el mundo, quizás a través de un evento tan ínfimo, comenzaba a recuperar su equilibrio.
La larga mesa de la mansión Daidoji casi nunca tenía tanta gente sentada para cenar. Sakura, conducida por Xiao-Lang fue la última en unirse esa noche. Aunque silenciosa y hasta cierto punto, melancólica, la cena fue agradable y tranquila, tanto que parte del sosiego regreso a la maestra de cartas.
Después de terminadas las viandas, hubo una pequeña charla de sobremesa, en la víspera al descanso, y aunque nadie se había decidido aún, sabían que eventualmente tendrían que hablar de los planes más inmediatos.
El enemigo se había mostrado, más que eso, había hecho su primer movimiento, provocando un gran sufrimiento a los participantes, dejando clara la postura y objetivos de su proceder. Entre reflexiones, Sakura había ponderado lo que Tomoyo le expresó… para ese punto, ya era una mujer formada, con estudios, que administraba un hogar con su esposo, madre y profesionista. Y aunque su carácter no había variado mucho y seguía siendo un pulsar de amor, esperanza, optimismo y bondad, lo cierto era que no podía seguir ignorando que lo que pasó en el último día no podía ser obra de una elaborada coerción sobre la que unas horas antes ella consideraba su hermana. Una parte de ella sabía que Akiho estaba incompleta, resentida en su parte más profunda, dañada y ansiosa de reclamar todo aquello que le fue arrebatado en su juventud…
De forma casi imperceptible, tomó la mano de Tomoyo, a su lado, permitiendo que sólo ella lo notara. Las primas se miraron, y Tomoyo sonrió, en una sutil disculpa por tratar de llevarla a una determinación en medio de un duelo aún demasiado fresco y que había ignorado, y por haberla confrontado con una realidad, que si bien era apremiante, pudo haber expresado en un mejor momento. Sakura hizo otro tanto, dulcificando sus facciones, haciéndola entender que comprendía sus miedos, y que en adelante tomaría su opinión con mayor seriedad.
Había sido una semana horrible, pero al menos sabía que contaba con los suyos, y no podía estar más agradecida de la compañía en la cual enfrentaría el peor desafío de su existencia.
Se despidieron para dormir sólo un poco después, siendo cerca de las siete de la noche. Sakura y Xiao-Lang vieron la computadora portátil en su habitación como si de un animal venenoso se tratara, en especial porque lo que seguía, pues sería quizás la peor parte de ese día. Se dieron un fuerte apretón de manos, reafirmando su convicción y pusieron la mejor cara que pudieron. La misma escena se daba en la habitación de los Ou, Hiiragizawa, Tsukishiro, Potter… incluso Kero hacía lo suyo, solicitando una partida en línea con Spinel.
Se inició una videollamada a Hong Kong, y la familia Li, aunque a la distancia, y de forma virtual… finalmente se reunió.
La noche ya había caído, y el té tenía casi una hora de haberse terminado. Seishiro salió finalmente por la puerta principal de la casa, encendiendo uno de esos cigarrillos que parecían nunca terminársele. Su cabello estaba húmedo, y su atuendo estaba impecable, evidenciando que acababa de ducharse. Con tranquilidad rodeó el auto, se acomodó en el asiento del conductor y le regaló una de sus gélidas y espeluznantes sonrisas a Akiho.
—Está hecho —resumió, encendiendo el motor—. Para ser franco, la pase mejor de lo que pensé.
—Me alegro. Buen trabajo —le contestó ella, calmada.
—¿Qué sigue?
—Quisiera un Subway. Y luego llévame de vuelta al ayuntamiento. Después puedes ir a descansar, debes estar agotado.
Sakurazukamori aceptó la propuesta, regresando al centro de la urbe, dejando detrás de sí una de las más horrendas escenas del crimen que ojo o estómago humano pudiera soportar.
XIV.
Fin.
Mi agradecimiento a la sufrida WonderGrinch, y a mi correctora CherryLeeUp. ¡Nos vemos en la actualización!
