Retroalimentación.
Ailin79 chapter 15 . Apr 23: Es un hecho que este Kaito hizo cosas horribles, y no sólo se ganó el desprecio de Akiho, sino que compró su propio boleto al infierno. Es una postura muy interesante la que mencionas, porque siéndote sincero, no lo había considerado, al menos no de forma tan directa… supongo que te daré una pequeña sorpresa más adelante, pero es un muy buen razonamiento. Nuestros niños son hechiceros, pero dependerá de su formación el tipo. ¡Gracias por tu comentario!
E A Blake chapter 15 . Apr 25: Es un honor veer que te guste esta versión de Akiho, quiere decir que es un antagonista entrañable, y esperaba que así fuera justamente interpretado desde la perspectiva del pasado trágico. Puede que no sea una justificación, pero no puedes evitar empatizar un poco con su tragedia. Creo que todos podemos hacernos una idea de todo lo que pasó en esa casa, el punto es ser chocante, pero sin ir demasiado lejos, aún tengo tripas que regar por ahí. Es cierto, creo que todos coincidimos que Sakura es uno de los personajes menos adecuados para llevar una campaña bélica… pero el tiempo se encargará de poner las armas en sus manos. ¡Muchas gracias por comentar! Lamento la espera.
carmennj chapter 15 . Apr 26: De eso no hay duda, Tomoyo lo resumió bien: el monstruo siempre estuvo ahí, debe haber una gran ingenuidad o un gran corazón para no poder verlo. Lo cierto es que Akiho está más allá de la redención, y nuestra protagonista deberá comprender eso de una forma u otra. La separación de la familia fue uno de los grandes aciertos, más vale prevenir. ¡Gracias por tu reseña y disculpa la tardanza!
cerezo01 chapter 15 . Apr 26: Bien, ver que muevo tu corazón es inspirador. Akiho ciertamente se ha ganado su propio boleto al infierno con todo lo visto, y apenas vamos a medio camino. Viste el camino del antagonista, y siéndote sincero, creo que tomó el camino más lógico, pensando en una fortuita obtención de poder, tuvo todo para fraguar su venganza y vaya que no dejó pasar la oportunidad. Tienes toda la razón en tus suposiciones sobre el comportamiento final de Akiho: ella ha heredado el poder, pero los demonios manifestados ya estaban en ella, y en eso, el mundo no se metió, esa es completamente ella, embargada por un poder que no comprende, pero no por ello desaprovecha. Tomoyo y Meilin eran justo la razón y la voluntad, para equilibrar a una Sakura que es puro corazón, es hora de asumir el papel que el destino le dio, porque todo esto sólo puede empeorar antes de darnos aunque sea un poco de esperanza. Espero que "Vestido" haya compensado un poco los dolores de esta entrega. ¡Muchas gracias por estas maravillosas reseñas!
Reader2109otp chapter 15 . May 6: Querida ahijada. Deja que yo me haga cargo de tu estabilidad. En efecto, cada Dragón es representado por un arcano. Akiho es una niña resentida y rencorosa que siempre tuvo que esconder sus verdaderos sentimientos, y ahora puede dejarlos salir sin miedo a las consecuencias, pero que además le gusta jugar. Hablando directamente de los sentimientos, es un hecho que tendré que maltratarlos un poco más todavía. Ella debía volcar su enojo, de forma un poco justificada si quieres, contra quien la rompió siendo tan joven. Fue brutal, pero hubo algo de retorcida justicia. Hay conjeturas muy interesantes en tus apreciaciones finales, veamos cuantas de ellas se cumplen en el futuro, y tienes toda la razón en pensar que se juntó con unos pandilleros. ¡Gracias por reseñar! Un abrazo para ti también.
zaoryGuerrero chapter 15 . May 6: ¡Hola! El poder, en manos equivocadas, es un boleto a la locura. Ese sentido retorcido de la justicia le puede costar todo a todos. No había visto el peso de las palabras que mencionas: Kaito merecía lo que tuvo, porque efectivamente él creó a la bestia. Y sí… Sakura debe madurar… o no saldrá de esta. ¡Gracias por el apoyo y la reseña!
Guest chapter 15 . May 7: ¡Lo siento! Volvemos al ritmo regular.
Guest chapter 15 . May 13: Ya está aquí, volvemos a los catorce días regulares.
Guest chapter 15 . May 14: Ya, desde hoy, cada catorce días. ¡Gracias por la espera!
Disculpen la tardanza, y muchas gracias por su paciencia. Disfruten el capítulo, y dejen su reseña.
XV.
Potencial.
Pasaron tres días desde la vuelta de Sakura a Tokio. Una paz repleta de tensión, en la cual, la maestra de cartas estuvo en una profunda introspección. La ausencia de sus hijos era abrumadora, pero no tanto como la de Fujitaka, en el conocimiento de que esa última era permanente.
Con eso en mente, hizo largas reflexiones, en las cuales empatizó con la condición humana misma: el problema no era morir, sino sobrevivir, pues el dolor de aquellos que habían perdido era tangible, real, aplastante… ella misma, a pesar de las formas en que la personificación de la muerte se le había presentado, y de las pérdidas mismas que había experimentado, apenas si sabía nada sobre lo que podría venir luego, sólo existía la incertidumbre: ¿qué era lo que había después? ¿Una recompensa o un castigo? ¿Un nuevo comienzo…? ¿La nada?
—Debo preservar la vida —se repitió varias veces, en un mantra muy tenue, dando un último paseo por la habitación que había compartido con su marido aquellos días, haciendo de la enorme chimenea la última parada: el sitio donde descansaba la urna de Fujitaka.
Ya bastante apresurado había sido todo lo que rodeaba a la partida tan abrupta de su padre, los interminables trámites del cumplimiento de su testamento, la reclamación de su seguro de vida; el aviso a la universidad de la que ya se había jubilado, pero a la que seguía asistiendo por el puro amor a su vocación… pensar en todo eso volvía a hacer que la herida sangrara, y que sus ojos se llenaran nuevamente de lágrimas, pero había más cosas que atender… su duelo podía esperar un poco más. a tener todo listo para que su familia estuviera con él cuando tuvieran que despedirlo, y recibiría los honores que merecía, en el recuerdo que dejó en el corazón de todos los que tuvieron la dicha de conocerlo.
Fujitaka había sido un buen hombre, honesto, amable, caritativo, esposo sinigual, padre ejemplar y abuelo magnífico… Y en la mente de Sakura, el mundo definitivamente debería resentir cuando las buenas personas se marchaban de él de forma tan intempestiva y ruin.
Esto la llevó a una única inferencia lógica, misma que componía el mantra antes citado: ella debía preservar la vida, debía garantizar la seguridad de aquellos a su alrededor y la de ella misma.
Aún tenía pendiente la conversación con Tomoyo y todos los Dragones. La sensación de la pérdida era recalcitrante aún, pero debía dejar de momento su dolor de lado, y enfocarse en salir victoriosa del Día de la Promesa, o de otra manera, habría muchas más partidas que lamentar. A eso obedecía que hubiera convocado a todos en el amplísimo prado interior de la mansión, incluidos Subaru y Yuzuriha.
Vestida al favor de la modestia elegante, el negro luctuoso fue finalmente abandonado, y esa mañana salió con un atuendo casual en sus favoritos rosa y blanco por la puerta principal de la mansión hacia el jardín, y caminó ligera sobre el destellante verdor del cuidado césped, llamando de inmediato la atención de todos los presentes.
La noche anterior había comunicado a todos los enterados su deseo de comenzar a ocuparse de lo que el destino les había puesto en frente. Por unas horas, los dos invitados contaron su experiencia, y luego, los demás dragones fueron relatando quienes eran y que los hacía especiales.
Subaru era un monje sintoísta y poderoso hechicero, heredero de una de las familias más importantes de Japón: el clan Sumeragi, uno que rivalizaba en poder y tradición con el clan Li, y responsable de la seguridad mágica ni más ni menos que de la familia imperial, y cuna de grandes magos y profetas. Un hombre serio, casi tímido, pero de un poder temible. Sería el encargado de enseñarles la forma correcta de crear una barrera espiritual y cómo cerrarla adecuadamente para evitar daños a la realidad.
Yuzuriha era una sacerdotisa Mitsumine. Era una hechicera empática, y que libraba sus batallas y aventuras con su fiel amigo Inuki, un demonio perro que nacía del núcleo de su alma y que sólo un puñado de personas podían ver. Una jovencita de gran optimismo y espíritu romántico. Ella se encargó de contarles un poco de los cambios que el cuerpo, la mente y el espíritu de un dragón sufrían en la víspera del Día de la Promesa.
Así, contaron sobre ellos mismos y su pasado común:
Eriol, el duque de Devonshire y las curiosas circunstancias que lo llevaron a formar parte de la nobleza británica, así como su recién descubierto linaje japonés mágico, y las aventuras que lo hicieron ser parte del grupo de Sakura desde su niñez, apenas su condición de reencarnación le fuera revelada.
Kurogane, el soldado del pasado, quien rechazara por convicción su herencia mágica, tomando el camino de la espada, comprometido por la tradición a proteger la antigua Edo, y que a causa de ponerse en el camino de la hechicera y el gaijin, transportó ese ánimo al Tokio moderno, donde refrendó su compromiso, y encontró el amor y la realización.
Tomoyo, la heredera insignia de la casa Amamiya, y representante en nuestros días de las sacerdotisas Tsukuyomi, título dado en una ensoñación por una de sus ancestros. A pesar de nacer sin el don, siempre fue un intelecto privilegiado y con dotes natas para la tecnomancia y la tecnoquinesis, además de dar muestras cada vez más evidentes de un poder que no tenía que ver con la magia.
Xiao-Lang, el líder en receso del clan Li, hechicero elemental de los más poderosos donde los hubiera, depositario del liderazgo de la familia mágica más importante de China, cuya primera misión en su niñez, lo llevaría a conocer a la hechicera de proyección más poderosa de su generación, convirtiéndola en su esposa y haciendo que ambos, tarde o temprano, asumieran la dirigencia del Clan.
Y por supuesto, Sakura. A pesar de sus afanes de pasar desapercibida, todo el mundo mágico, dentro y fuera de Japón, conocía de sus hazañas y su poder, aunque en un curioso efecto, era mayormente reconocida por su carácter bondadoso y su predilección por la discreción. Ella también era la responsable de que todos esos entes poderosos coincidieran de una forma u otra.
Por los días siguientes, se instruyeron no sin sorpresa sobre aquello que los definía como dragones. Descubrieron atónitos, que cualquier lesión sanaría en cosa de minutos, desde luego, en correspondencia con su gravedad; que eran prácticamente inmunes a enfermedades, y que su fuerza y otras capacidades físicas habían sido magnificadas, así como las mágicas.
Lo triste de esa condición, era que esas facultades servirían sólo para el Día de la Promesa.
Un par de semanas pasaron en ese curioso entrenamiento. Charlas eventuales con las familias en el continente y la ausencia de incidentes o sismos, alimentaban la esperanza de que nada terminaría pasando al final, de que todo fuera una falsa alarma, y que, con ello, tuvieran finalmente libertad para llorar a sus muertos como era debido., y eventualmente volver a casa.
Y entonces, al menos en la mente de Sakura, todo cobraba sentido, y al mismo tiempo, se volvía gris y amenazante. ¿De qué habría valido el sacrificio de Fujitaka? ¿Para qué el dolor de la pérdida y la separación? ¿Para qué la pena de Eriol cuya familia ya había ido de regreso a Europa?
¿Para qué tanto sufrimiento?
—¡Sakura! —exclamó la rubia cuando la reconoció.
—¡Diana! ¿Cuánto tiempo…?
La recién llegada se soltó de la mano de Akko y no respondió a la pregunta, en su lugar, abrazó con fuerza a la maestra de cartas. No dijo nada, pero trató de transmitirle en ese abrazo su pésame por su luto.
—Llegué hace un par de horas a Japón —comenzó a explicar, luego de que todos se reunieran en la sala de estar de la mansión Daidoji.
Les contó a grandes rasgos que no era precisamente un secreto que algo pasaba con el mundo, ella venía desde Londres luego de resignar al cargo de secretaria de Cooperación Mágica Internacional, mismo que había ocupado por más de quince años; también que las organizaciones mundanas habían comenzado a tomar precauciones ante posibles emergencias, dada la inusual actividad tectónica, y toda la incertidumbre alrededor.
Las oficinas mágicas, por otro lado, tenían nociones un poco más precisas. Diana comenzó entonces a contarles:
—Algunos ministerios incluso se han replegado por completo, y han anunciado su intención de revelar el secreto mágico a sus naciones, en un afán de lograr la protección máxima de su población. Hablan del apocalipsis, y de otras cosas igual de ominosas y terribles, del cumplimiento de profecías más antiguas que la historia documentada. —Se detuvo sólo para dar un sorbo a su té—. Y muchos de estos relatos son consistentes entre sí, lo que ha logrado establecer una atmósfera de miedo entre los estudiosos del fenómeno.
—¿Saben qué hará Japón? —cuestionó Sakura.
—En realidad, el asunto es que no podemos hacer nada. No es una batalla mágica aún cuando hay hechiceros involucrados. Es un enfrentamiento divino, y el estado imperial ha decidido no involucrarse más allá de la ayuda logística y de inteligencia —intervino Akko.
—Eso es una cobardía… —reviró Meilin—. Siendo sincera, nos vendrían bien unas cuantas tropas de las Fuerzas Nacionales de Autodefensa.
—Sin lugar a dudas, pero… —Akko dio un suspiro, reflexiva—. Por principio de cuentas, no hay humano o hechicero que pueda hacer frente a un dragón. Ni siquiera un ente de primer orden podría, porque el mundo no lo desea. Las naciones podrían mandar a sus ejércitos y el resultado no cambiaría: sólo un dragón puede matar a otro, y sólo el portador del poder de Dios puede matar a su contraparte. Si metemos a más personas, estarían sacrificándose vidas innecesariamente.
Meilin hizo un gesto de decepción, mientras cruzaba los brazos, y Eriol, como parte de la nobleza, comentó que era más que entendible la postura tomada por sus autoridades. Hubo un breve silencio de asimilación, mismo que Sakura rompería poco después:
—¿Qué tal las cosas en casa?
—Su majestad ha comenzado a trabajar en conjunto con Hermione en una estrategia de sensibilización para toda la población del Imperio —dijo la rubia, refiriéndose a la soberana de su país, y que era también su tocaya—. Después del incidente de Alruwh, magos y muggles parecen estar más cerca cada vez… es como si supieran que viven unos junto a otros… es difícil de describir.
—La misma sensación se tiene por todo el globo, según lo último que me contó papá —intervino Al, hablando del nuevo director de Hogwarts, no otro que el mismo Harry—. Es como si el espíritu del mundo entrara en comunión, pero el cambio es tan sutil…
—Que no nos permite verlo —completó Eriol—. Tampoco es la primera vez que lo escuchó. La embajadora Carey de Venezuela me habló de algo parecido. América tiene tradiciones mágicas más apegadas a la tierra que Europa o Asia, y ella alguna vez describió esa… consolidación. Ilhuicamina incluso me contó que el ejército de su país comienza a ser instruido en cómo trabajar con "brigadistas especiales de apoyo a la población", que no es más que un eufemismo para "auror".
—Hemos estado trabajando con la información que nos proporcionaron la última vez —retomó Akko, demasiado seria para alguien de su usual candor—. Hablé con el emperador en persona, y él ha ordenado a la oficina que les dé apoyo en todo lo que llegaran a necesitar, pero nos prohibió involucrarnos en combates. También terminamos de hilar eventos aparentemente inconexos, que nos dan un panorama tanto más preciso de quienes son las personas a las que se enfrentan:
A una floritura de varita, varios pergaminos aparecieron sobre la mesa, tomó uno y lo extendió, resultando ser un afiche con la imagen de un viejo conocido.
—¿Erron Black? —lanzó Kurogane, endureciendo el gesto—. Pensé haberlo mandado al infierno personalmente.
—Si bien es cierto que podría estar en el infierno, no fuiste tú el responsable —respondió Akko—. Fue encontrado la mañana del dos de abril, en un templo en Tokio. Asesinado. Cuidado con las imágenes, pueden ser… impactantes.
Extendió un par de fotografías comunes. El cuerpo estaba boca abajo, y era reconocible más bien por la indumentaria tan particular que el pistolero solía llevar encima, esto incluyendo los revólveres que los oficiales de Interpol guardaban en bolsas para evidencias.
—¿Cuál fue el modus operandi? —preguntó repentinamente interesado Subaru.
—Hubo una especie de pelea, aunque sólo se encontraron casquillos de las armas de Black… y entonces… —dudó unos segundos—. El perpetrador extrajo el corazón de la víctima en un único movimiento. Es muy probable que Black se haya mantenido vivo y consciente unos segundos después del ataque… aunque luego de eso…
—No encontraron ni una gota de sangre en su cadáver, ¿cierto?
Akko asintió ante el horror en el rostro de todos los que escucharon el resumen.
—Pero… ¿quién pudo…? —preguntó Tomoyo, presionando sus puños contra su pecho, como tratando de ocultar su propio corazón.
—Seishiro Sakurazuka —respondió Subaru.
—También conocido como Sakurazukamori, uno de los asesinos más reputados de nuestra nación. Heredero de una funesta tradición mágica… —secundó Akko—, y según parece, ahora uno de los autodenominados "Dragones del Destino", lo que lo hace, al menos para nosotros… intocable. Pero no nos distraigamos mucho en él… Menos de una semana después, en la autopista de Shirakawa a Ishikawa, un compacto se desbarrancó, en un accidente espantoso que no daba ningún tipo de posibilidades de sobrevivir a un hipotético involucrado. El vehículo fue identificado como propiedad de…
—La doctora Akiho Shinomoto —susurró Sakura.
—Misma que no encontramos en el lugar del accidente, aunque sí dejó un bonito tapiz de ADN por todo el lugar… suficiente para asumir que murió desangrada o peor… y eso nos lleva al tercer lugar.
—Nuestra casa —dijo Xiao-Lang, tensando las mejillas.
—Sólo unas horas después del accidente, encontramos evidencias de la presencia de la doctora Shinomoto en la residencia Sato… y bueno… —La policía miró a Sakura, culpable.
—Adelante —consintió Sakura.
—Si bien no hay forma de vincularla directamente con la muerte del señor Kinomoto, lo que pasó después con él requirió de conocimientos médicos… y luego, desapareció.
—Aunque ese mismo día me contactó, diciéndome quién era en realidad, y afirmando que me esperaría en Tokio.
—Lo que nos lleva al último hallazgo. —Con un nuevo pase de varita, una solitaria foto apareció sobre la mesa.
En la imagen era únicamente visible un maltrecho rostro de un hombre desdichado, repleto de hematomas, y con un rictus de dolor que parecía perseguirlo incluso más allá de la muerte. Sakura y Xiao-Lang compartieron una mirada incrédula al reconocerlo.
—¿Es…? —trató de preguntar Li.
—Yuna Kaito. Lo encontramos en la casa de custodia donde cumplía con su libertad condicional. Recibió la visita de la doctora Shinomoto y de Sakurazuka. —Se puso la mano en el mentón, reflexionando—. No voy a abrumarlos con detalles, pero… el infierno al que llegó por lo que hizo en vida, seguramente es un paraíso comparado a lo que sufrió justo antes de morir. Estos "Dragones del Destino" están fuera de control, y no hay nadie más que ustedes para detenerlos… ignoramos sus motivaciones, pero conocemos su objetivo… —Akko tomó la mano de su esposa con fuerza, y se dirigió a Sakura—. Sólo ustedes nos dan esperanza. Les daremos todo el apoyo que necesiten… pero por favor… detengan esto. Todo lo que amamos está en sus manos.
—No me siento segura de esto —declaró Tomoyo la tarde siguiente, mirando desde el tejado de la parte más alta de la mansión, acercándose sólo un poco a la orilla, y asomándose con temor más allá del borde.
—No hay nada que temer… una vez que te acostumbras —trató de calmarla Al—. Es algo parecido a las facultades de levitación de un mago.
—Yo no soy bruja.
—Eso lo sé, pero también sé de buena fuente que no te es completamente ajeno lo que tiene que ver con la levitación y el vuelo, y hasta donde estoy enterado, fuiste de valiente a temeraria acompañando a Sakura en sus escapes nocturnos.
—Eso era diferente. Sabía que ella no permitiría que nada malo me pasara…
—Y ahora habemos muchos aquí que tampoco lo permitiremos, bella dama —intervino Eriol, haciendo que Kurogane rodara los ojos mientras cruzaba los brazos.
—Un único intento —continuó Al—, un salto al jardín y de vuelta. Será todo.
Tomoyo se cubrió la nariz y la boca con ambas manos lentamente, como en una oración, en un gesto que denotaba más incredulidad que miedo, porque la petición le parecía un disparate.
—Me estás pidiendo que salte… no, que me tire al vacío a más de treinta metros de altura… sin otra protección que mis zapatos deportivos.
—Estarás bien —afirmó Eriol, tranquilo—. Sólo haz como yo.
Y dichas esas palabras, el inglés avanzó por el borde, dejándose caer la distancia que lo separaba del suelo, haciendo un elegante frufrú con la túnica negra del sol ornamentado que había comenzado a usar nuevamente. Aterrizó con suavidad apenas flexionando un poco las rodillas, y lanzó una sonrisa luminosa hacia arriba.
—¿Lo ves? —exclamó para ser escuchado—. ¡Cosa de niños!
Tomoyo siguió mirando hacia abajo con aprehensión.
—¿De verdad es necesario hacer esto? —preguntó aún indecisa.
—Es una facultad que te permitirá moverte con facilidad, y en lo personal, me resulta divertida —afirmó Yuzuriha. Ante la muy luminosa sonrisa de la adolescente, Tomoyo no pudo evitar sentir algo de vergüenza… una mujer que probablemente acababa de rebasar la mayoría de edad le estaba dando una lección de valor a la misma Tomoyo Ou Tsukuyomi…
Kurogane se acercó a su esposa con resignación, poniendo una mano en su cintura, de forma protectora.
—¿Sabes qué hago yo para enfrentar mis miedos? —susurró al oído de ella, engrosando aún más su ya de por sí grave tono de voz.
—No… respondió ella, mirándolo como si en sus ojos carmesí estuviera la respuesta a los grandes misterios de la vida.
—Bueno… pues yo…
La frase no terminó. En un inesperado movimiento de mano, el hombre la empujó, sacándole un apenas audible "ah", ante el horror de Al y la absoluta reprobación de Eriol, que vieron a Tomoyo caer rígida por el costado del edificio. Al sacó su varita, pero Kurogane detuvo con un gesto de su mano las intenciones del inglés de ayudar a la mujer.
Durante los segundos que duró la caída, algo dentro de ella cambió. Al principio, el shock se sintió casi como si Kurogane le hubiera sido infiel… sin embargo, la descarga de adrenalina hizo despertar algo que parecía oculto al interior mismo de ella, y una vigorizante seguridad nació en su pecho, extendiéndose rápidamente a sus extremidades. Supo entonces que podía hacerlo. Que nada tenía que temer a las alturas a partir de ese momento.
Su caída fue suave, y aunque la inercia la hizo dar un par de pasos hacia adelante apenas tocó el suelo, no cayó. Eriol, solícito, trató de acercarse para ayudarla, pero ella, agradecida, lo detuvo con un gesto de manos. Se recompuso, mirando incrédula a su alrededor. La caída, por la distancia y velocidad, pudo ser letal, pero ella no había sentido siquiera molestia al posar los pies sobre la tierra… y eso era increíble y revelador.
—¿Qué es esto? —preguntó para sí misma, mirándose las manos bajo una nueva luz.
—Una manifestación de tu verdadero yo —respondió Subaru, a unos pasos de ella—, el dragón dentro de ti mostrándote quien realmente eres.
Invadida por una extraña, pero reconfortante realización, Tomoyo asintió como respuesta al hombre, y luego miró hacia arriba, donde su esposo le devolvía una sonrisa taimada. Sin pensárselo demasiado, y convencida de sus nuevas —o aparentemente no descubiertas— facultades, se impulsó para saltar de vuelta al tejado, emocionada al descubrir que, efectivamente, pudo hacerlo, dándose incluso el lujo de hacer un soutenu y caer en piqué al lado de su marido.
—Esa es mi chica —dijo orgulloso el samurai, tomándola en brazos.
—¿Cómo osas decir eso, grandulón sinvergüenza?
—Lograste descubrir tu potencial, ¿no?
—Gracias a tu traición.
—Exagerada.
—Oh, nada de eso. Me cobraré por esto… —el hombre arrugó el entrecejo al escucharla, ella continuó—: oh, sí… algo que te encanta no pasará por una temporada.
Confiada, comenzó a andar hacia la puerta que llevaría a todos de vuelta al interior de la mansión.
—Un momento, ¿exactamente de qué estamos hablando? —preguntó Kurogane, contrariado, comenzando a seguirla.
—No voy a decírtelo.
—Oh, vamos, ¿es que debo suplicar?
—Lo dices como si no lo hicieras normalmente.
—¡Tomoyo!
Sakura sonrió con gratitud. Kurogane y Tomoyo eran personas a las que apreciaba muchísimo, y se sentía muy alegre por ellos. Aún cuando su dinámica era muy diferente a la suya con Xiao-Lang, sabía que eran una pareja armoniosa y comprometida, y no podía sentirse más feliz de verlos crecer lado a lado, y en más de una ocasión escuchó hablar a su prima sobre las intenciones de retirarse antes de tiempo y disfrutar su madurez sólo en compañía del otro, cuando Yuzuki fuera autosuficiente.
—Son inspiradores. A decir verdad, me dan algo de envidia —dijo de pronto Yuzuriha, haciendo que Sakura le correspondiera con una sonrisa mientras bajaban a la sala de estar, para tomar un merecido receso.
—Sí que lo son —respondió la maestra de cartas, encontrando en la sinceridad de las palabras y el gesto alegre de aquella jovencita que el sentimiento no era la envidia que decía… era más como un anhelo profundo—. Aún eres joven, verás que el amor aparecerá pronto.
—Quizás ya lo hizo. —Reflexiva, la muchacha acarició la cabeza y hocico de su perro demonio—. Pero al parecer, ese amor ideal no forma parte de la vida de un dragón… tal vez de haberlo conocido antes.
Sakura se volvió hacia ella, dedicándole toda su atención. Ese interés nacía en la forma que se identificaba con ella. Yuzuriha tenía dieciocho años apenas para ese momento, y siendo criada como una sacerdotisa, poca o ninguna experiencia tenía en temas románticos. Era refrescante ver el deseo por el amor de forma tan inocente y pura, lo que le provocó una inmensa ternura.
—¿Y cómo es él? —preguntó con tono juguetón Meilin, uniéndoseles de pronto, sobresaltando a la chiquilla, y robando también la atención de Tomoyo.
Preguntas intencionadas, pero agradables, con ánimos de un inocente cotilleo que las sacara por unos minutos de todo aquel contexto desquiciante y tortuoso, que hicieron a Yuzuriha recordar cómo fue que dio con la persona ideal, o que al menos la hicieron imaginar tal cosa. Relató con las mejillas encendidas que hizo un juramento consigo misma, en el cual, ella entregaría su corazón a la primera persona que fuera capaz de ver a Inuki, lo cual sucedió a sólo horas de llegar a Tokio.
—Supongo que es una condición válida… es decir, no es como si simplemente te hubieras fijado en que fuera alto o atractivo —dijo Meilin, sin poder evitar cierta condescendencia en la voz.
Después de agotar el tema del presunto enamorado, estableciendo que sin lugar a dudas era una persona especial, las mujeres alimentaron los sueños de la muchachita contando sus respectivas historias de amor, a cuál más interesante o puramente romántica, haciéndola pensar por un momento que esa realización era también una posibilidad para ella cuando todo terminara.
Akiho había tomado con mucha liviandad su actividad luego de alcanzada su venganza contra Kaito. Se había recluido en el sótano del ayuntamiento de Tokio, al favor de la manutención gubernamental a la que Kanoe le daba acceso, y con tranquilidad indicaba a sus compañeros que esperaran sólo un poco más. El día de la promesa iniciaría con un primer ataque a un punto geográfico de los que la caminante de sueños había indicado como crucial para la destrucción de Tokio, y debía pensar una estrategia.
La muerte de la humanidad no era un tema que debiera tomarse a la ligera, pero tampoco era algo que, desde la perspectiva de Akiho, debiera ejecutarse con solemnidad. Había tomado la postura de que el resultado no cambiaría, por tanto, los detalles no eran importantes, pues al final, todos, absolutamente todos, ella incluida, morirían, y el equilibrio volvería. Su propia muerte estaría cargada de significado, ya era una entidad de magnánima presencia y bondad cósmica por la misión que descansaba sobre sus hombros. Sabiendo eso, ¿por qué no pasarla bien mientras se encaminaba al final?
Esa tarde había salido de su confinamiento voluntario, y había subido a uno de los pisos más altos del ayuntamiento, buscando tomar algo del viciado aire de la capital.
Al asomarse al balcón, se encontró con el más voluminoso de sus aliados.
Kusanagi Shiyu era el de más edad sólo detrás de Kanoe. Un hombre enorme en todo sentido, cercano a los dos metros de estatura, de facciones duras, hombros anchos y manos enormes, piel renegrida y gesto adusto.
—Alguien mal intencionado podría darte un empujón si te distraes así —sugirió Akiho al verlo sentado en el barandal, con los pies colgados al vacío.
Él sólo sonrió a modo de respuesta sin dejar de ver al horizonte.
—Ese día no me contaste tu deseo —continuó la muchacha, mirando al paisaje urbano también, tratando de ver aquello que tanto fascinaba al militar.
—Porque quiero formularlo bien, no quisiera perder mi única oportunidad.
—Puedes decirme lo que piensas ahora, no lo voy a tomar por el deseo bueno —respondió ella en tono juguetón.
—Bien, pues siendo así… tal vez estoy deseando encontrar algo que me haga cambiar de parecer respecto a nuestra misión.
—¿Dudas de tus objetivos?
—Nada de eso. —Su gesto se hizo aún más severo, y señaló hacia el puerto—. A medida que nosotros prosperamos, el planeta muere. No merecemos la confianza que este mundo puso en nosotros como sus guardianes. Hasta hoy, sólo veo un auténtico camino hacia la redención.
—Siento un deseo profundo de reivindicación en tus palabras, pero también una esperanza en el cambio… muy ilusa si me lo permites. Tal vez tenga que ver con algo que te pasó recientemente.
La doctora se quedó mirando al hombre aquel, que no se volvió a ella en ningún momento, de hecho, parecía estar esperando a que él diera una contestación a su conjetura, pero no lo hizo… lo que, de alguna manera, era una respuesta.
En los recuerdos del soldado, estaba su llegada a Tokio, sólo unos meses atrás.
Kusanagi se había educado desde muy pequeño en ambientes militares. Apenas cumplió la mayoría de edad, se enroló en las Fuerzas Nacionales de Autodefensa, donde destacó por su desempeño y poder, volviéndose paracaidista. Sus miras siempre estuvieron en misiones de rescate, reforestación y otras tareas ambientalistas, y alimentando la ironía, siempre fue un fuerte detractor de la guerra y la violencia. Y no sólo era él con la naturaleza. Los animales se sentían cómodos en su presencia, y los espacios geográficos en los que pasaba un tiempo prolongado, rápidamente recobraban la capacidad de reverdecer si es que la habían perdido.
Por mucho tiempo vivió completamente solo, sus padres se habían ido siendo él muy joven, y nunca había tenido auténtico apego por nadie, en ningún ambiente. En esa soledad, en el único acompañamiento de la naturaleza a la que las misiones lo exponían, es que descubrió su capacidad como psicoquinético, que en complemento de su inmensa fuerza y resistencia física, lo hacían un ser de un poder verdaderamente temible.
Luego, Kanoe lo encontró.
Le vendió la idea de un mundo mejor para la naturaleza, la misma que él veía sufrir cada día, contándole que era su especie la que provocaba todo ese dolor, y que sus habilidades no le habían sido dadas sin un propósito.
Lo invistió con el título de Dragón del Destino, y le hizo ver que un glorioso y noble objetivo descansaba sobre sus hombros, y ella lo guiaría hasta alcanzarlo.
El último año o quizás un poco más lo había pasado a la sombra de la caminante de sueños, cada día más convencido de que, en efecto, el enemigo era la especie humana, y se hizo el compromiso de cumplir lo solicitado por aquella mujer: lograr la extinción de la humanidad, y con ella devolver las riendas a la madre tierra.
En todo ese tiempo, sólo hubo tres eventos dignos de mención.
El primero fue unos seis meses atrás, en una visita fugaz que hizo a la capital antes de establecerse con los otros dragones en el ayuntamiento de Tokio. Andaba despreocupado por un centro comercial, un poco incómodo por la gran cantidad de gente ahí reunida al ser un ruidoso domingo citadino, pensando en el error que cometió de ir a meterse en semejante lugar luego de su costumbre naturalista.
Pero entonces, la providencia se presentó en forma canina. Un enorme y bellísimo husky siberiano gris con blanco llamó de inmediato su atención, afuera de un local de helados de yogurt. Incapaz de resistirse al impulso, caminó hasta el animal, que reaccionó de inmediato meneando la cola amistosamente. "¿A quién guías, pequeño amigo?" Le había preguntado al hincarse junto a él para acariciarlo, porque estando dentro de un centro comercial repleto de gente, y en el área de alimentos, la única forma de que un perro llegara a ese lugar, era siendo un lazarillo.
Pasó unos minutos disfrutando de la compañía de aquel ejemplar, y fue hasta mucho después que notó que era observado. A unos pasos de ellos, una jovencita de corto cabello negro miraba la escena en total desconcierto, tan absorta que el helado en su derecha se había derretido parcialmente, escurriéndose por los dedos que sostenían el cono y haciendo un diminuto charco de chocolate a sus pies. Estaba sorprendida, pero también parecía fascinada ante la conexión que el animal y el hombre habían logrado.
"¿Puedes ver a Inuki?" Había preguntado Yuzuriha en un hilo de voz. Él asintió. No fue sino hasta ese momento que supo que había encontrado algo especial, que posiblemente hiciera que el mundo y sus habitantes valieran la pena después de todo.
Por los meses siguientes y en secreto se había reunido con aquella enternecedora muchacha y su amigo invisible en numerosas ocasiones, formando un vínculo con ella en el pretexto de visitar a Inuki, considerándolo un precioso secreto que no compartió con nadie, entre otras cosas, porque no había con quien compartirlo.
Sabía que más de uno podría criticarlo por ese nexo, ella apenas era mayor de edad, mientras que él era un hombre de más de treinta, pero lo que tenían era poderoso, un hilo rojo sin lugar a dudas, y por eso mismo, la idea de contarle que él y sus aliados serían los artífices del fin de la humanidad lo mataba un poco cada día.
Luego vino el rescate del extraño Nataku, y la llegada de Akiho.
Las piezas del tablero estaban puestas. Él no podría ver más a Yuzuriha, aunque deseaba encontrarla sólo una última vez para rogarle que escapara, aunque si tenía éxito, no habría hacia dónde huir.
¿Qué clase de sentido del humor retorcido y cruel era el que el destino tenía? ¿Por qué dar a alguien la esperanza de una vida mejor, si esta va a ser arrebatada por las circunstancias?
XV.
Fin.
Una pausa prolongada, pero henos nuevamente aquí. Muchas gracias por el apoyo, el voto y el comentario.
Agradecimiento especial para mi sensor sentimental Wonder Grinch y mi correctora Cherry Lee Up.
