Retroalimentación.
CherryLeeUp chapter 8 . May 21: Hiroyuki es un buen nombre para un buen hombre, pero descuida, no deberás soportarlo por mucho. Muchas gracias por notar esa intención. Las cosas irán obscureciéndose en adelante, así que es válido que tenga un momento (o unos años) de placentera paz. Es cierto, quizás lo más difícil de erradicar de una persona, por buena que sea (o finja ser), es el resentimiento. Quise que este Kaito fuera así… y ciertamente merecía el final que tuvo pensando en sus crímenes. ¡Gracias por comentar!
Ailin79 chapter 16 . May 21: Hola. Me alegra que te gustara. Sobre Tomoyo… ella, en efecto, no es hechicera, no puede hacer magia y tampoco percibirla, aunque tiene los genes y puede heredarlos. El aumento de fuerza, resistencia e inmunidades está más ligado a su rol de "dragón" que a sus talentos natos, pues cada uno de los catorce dragones ganó esas habilidades. Sus habilidades, sin embargo, encontrarán con quien rivalizar, más adelante daré más detalles. Y sí, esta mujer puede ser una pesadilla para un posible adversario. Sobre tu segunda pregunta, creo que ajustaría la respuesta un poco: la magia para un dotado viene de distintas maneras, pero va de cada quien como desarrollarla y en qué centrarse, puede haber magos creadores (como Sakura o Clow), elementales (los Li), Magometamorfos (Tonks, Akko), y demás, y el mago en cuestión decidirá si desarrollar esa habilidad, intentar buscar otra, o simplemente rechazarla (Kurogane). ¡Gracias por estas geniales preguntas!
LizSaranjeiP chapter 16 . May 21: El camino fue planeado así: era un ciclo que se iría haciendo profundo y obscuro a medida que nuestros personajes crecían, y al mismo tiempo, lo que está en juego iba en aumento de importancia: Japón en Gesta, el mundo mágico en Odisea, y finalmente el destino del mundo en Epopeya. Creo que no pudimos pensar en un mejor personaje que Akiho para el rol antagónico… la muy rencorosa… y después de esa "calma", creo que comenzamos la espiral descendente al infierno. ¡Gracias por tus comentarios!
Wonder Grinch chapter 16 . May 21: Ya, ya… dale una oportunidad, ¿qué te cuesta? ¿Crees de verdad que sería él quien tuviera las agallas…? Quien sabe, quien sabe. ¡Gracias!
E A Blake chapter 16 . May 28: Oh, sí, pero los respiros son sólo para tomar un impulso, en adelante comenzaremos a saltar al vacío. Oh, sí, Kusanagi y Yuzuriha, ¿qué será lo que viene para ellos? ¡Gracias por comentar!
MissCerezoo chapter 16 . Jun 2: ¡Genial el cambio de nombre! Tal como viste a Tomoyo es el tipo de educación que le tocó a Yuzuki. Tomoyo no merecía estar en la banca, merece, como mencioné alguna vez, ser la protagonista de su propia vida, hay mucho que hablar de ella aún. Un cambio en Kusanagi, ¿cómo saberlo? Está ante uno de los más grandes motivadores de cambio y crecimiento para un hombre: la mujer correcta. Quizás eso es lo rico e interesante de una disputa de este tipo: no todos pueden ser catalogados llanamente como "malos" o "buenos", eso los hace entrañables y les da profundidad. Ah, la espada sagrada… ¿qué será lo que deberá sacrificarse? ¡Gracias por el apoyo, Cerecito! ¡Te mando un abrazo!
¡Que comience la tortura!
XVI.
Sospecha.
—A pesar de que encuentro muy práctico tener un "cuartel general" en la mansión Daidoji, siento que deberíamos tener otras ubicaciones para vigilancia —exponía Eriol, serio—. Es decir, Tokio es una ciudad gigantesca, y estar lejos de un punto geográfico importante podría significar la derrota.
«Entiendo su inquietud, honorable Eriol, pero créame, lo mejor será que las cosas se mantengan como están ahora. La providencia se encargará de organizar los eventos para que las batallas se den en condiciones justas».
El rostro del mago inglés se endureció apenas perceptiblemente.
Él, junto con Kurogane, se sentaba en seiza a unos metros de Hinoto, Subaru había sido quién los había guiado hasta ahí en primer lugar, y esperaba en la entrada al recinto recargado en una pared. Habían acudido al sótano del parlamento para contarle sus inquietudes. Después de todo, la profetisa era la única guía que tenían sobre cómo actuar en el intrincado tren de eventos que tenían frente a ellos.
La respuesta de la mujer resultó un poco contradictoria para el dúo. Eriol estuvo a punto de argumentar para defender su postura, pero Kurogane se le adelantó, ocultando tanto como pudo el resoplido que estaba por lanzar.
—Gracias por la audiencia, haremos según lo indicado —cerró el samurái, haciendo una reverencia y levantándose.
Un poco desconcertado, Eriol lo imitó, observando como la adivina impedida los despachaba con una reverencia. En un silencio forzado, los tres hombres ascendieron hasta la calle.
—¿Tienen inconveniente si no los acompaño a Tomoeda? Debo ir a casa de mi madre —dijo indiferente Subaru.
Eriol indicó que no había problema, mientras que Kurogane dio un asentimiento sin dirigir siquiera una mirada al monje, algo que realmente no decía nada, él era así con la mayoría de las personas. Apenas el auto de Sumeragi se alejó, hubo un nuevo silencio que acompañó la marcha del par restante.
—Bueno, así termina una jornada completamente infructífera, al final simplemente desechó mi planteamiento —trató de iniciar una charla el inglés. La relación entre ellos era de indiferente a hostil normalmente, así que no le sorprendería que su comentario muriera ahí, pero no fue así.
—Incluso un lento como tú lo habría notado, ¿no es así?
Al subir la mirada, notó en un comportamiento de lo más atípico que los ojos carmesí del samurái lo veían. Eriol pensó por un momento que había sido su imaginación, pero Kurogane había percibido aquello también, desde la primera vez que vieron a Hinoto quizás.
—¿Por eso fue que terminaste la audiencia, cierto? —sentenció Eriol al fin. Kurogane dio un asentimiento—. ¿Por qué no me dejaste continuar? Pude haber obtenido una respuesta sobre aquello que estoy seguro que...
—Que nos oculta —cerró la idea el samurái—. No tengo idea de qué es, pero no me gusta su aura… no me inspiró confianza desde la primera vez que la vi, y me molesta que se meta a mi cabeza. Por otro lado…
—Pedirnos que confiemos en "la providencia" cuando técnicamente nuestra misión es cambiar el destino, no tiene ningún sentido.
—Tenemos que investigar. Cosas importantes dependen de esta mujer, y no quiero dejarlas en manos de "la providencia". Hay algo retorcido y obscuro en ella, pero no tengo los conocimientos o recursos para saber que es, en tanto que no soy un mago.
—Bueno, pues resulta que yo sí lo soy, uno muy observador y sabio, si me permites decirlo —Eriol sonrió sutilmente viendo como el hombre frente a él rodaba los ojos, pero recuperó la seriedad de inmediato, para continuar:—Y aún con eso, tampoco puedo imaginar que es lo que podría estar escondiendo —Eriol caminó con un puño cerrado sobre la boca, reflexivo—. Yo tampoco confío en ella, y desde luego, no quiero dejar en manos del azar el destino de nuestra misión… Si tienes las mismas inquietudes que yo, entonces te propongo algo.
Samurái y hechicero detuvieron la marcha. La seriedad de Eriol hizo pensar al otro que tenia algo verdaderamente importante en la mente.
—Ayúdame a obtener toda la información que podamos de Hinoto, preguntemos a los otros dos dragones, y a cualquiera que pueda darnos aunque sea una pista sobre sus motivaciones. Hinoto ha vivido por casi un siglo, debe haber algo escrito sobre ella, y tú me ayudarás a encontrarlo.
—¿Por qué yo?
—Por un lado, tú te diste cuenta de lo que pasa, cosa que los demás o bien no pudieron detectar, o bien ignoraron, y por otro, alguien tan inquisitivo y serio como tú, seguramente verá cosas que yo no.
—Entonces, aprovecharemos también tus artimañas de manipulación para preguntar a los otros sin levantar sospechas.
—Yo te halago y tú me insultas, Ou.
—Es más de lo que mereces, mago, tómalo o déjalo.
—De acuerdo. Y si son sólo especulaciones… pues nos tocará disculparnos.
Planteado el acuerdo, Eriol tendió una mano a Kurogane. El último miró con aprehensión el gesto, dudando sobre si era una buena idea, pero al final accedió y compartieron un apretón. Uno muy prolongado y fuerte, tanto que hizo que ambos hicieran una mueca de dolor, aunque ninguno iba a permitir por su orgullo ponerlo de manifiesto. No lo sabían aún, pero más que una alianza de cooperación, estaban finalmente estableciendo los cimientos de una extraña, pero fuerte amistad.
Como no pasaba en muchos años, Sakura miraba hacia el vacío desde la parte más elevada de la casa Daidoji, pero no estaba sola. Con porte majestuoso, el felino alado y con armadura mostraba su verdadera forma, mientras que sus iris dorados trataban de leer algo en los ojos de su ama.
—¿Qué ha pensado sobre la obtención de la otra espada sagrada? —preguntó con la objetividad de siempre Yue, mostrando también su auténtica forma.
—En que debo agotar las demás alternativas —dijo Sakura sin levantar mucho la voz y sin dejar de mirar al horizonte—. Podría utilizar a Sword, o incluso crear una carta para esa precisa ocasión.
—Magia y divinidad no son compatibles, ama —orientó el alterego de Yukito—. Por más que podrían parecer semejantes, la naturaleza de ambas responde a orígenes y reglas diferentes. Nada puramente mágico puede rivalizar con la divinidad… aún si la creadora es usted.
—Discutamos eso después, no es por esa razón que los convoqué —La maestra de cartas hizo un pequeño movimiento de manos, y las cincuenta y tres cartas Sakura, junto con las más de veinte cartas Transparentes se materializaron, formando un corrillo a su alrededor—. He pedido que me envíen desde el continente algunos manuscritos acerca del tipo de magia que los creó a ustedes: cartas y guardianes. No tiene sentido ocultárselos más, así que aquí va: temo por mi vida, y por eso, necesito encontrar la manera de preservarlos en caso de que… —Bajó la mirada, entristecida—, en caso de que no logre salir victoriosa.
—Independientemente del procedimiento, estoy segura de que es algo que demandará mucha magia, y no sé si estemos en una situación donde eso sea prudente —habló con suavidad Light, la mujer de piel clarísima y blanca cabellera a la cual Sakura no había escuchado hablar prácticamente desde su adolescencia.
—Encontraremos la manera —susurró Sakura, dando un giro completo, mirando con gratitud a aquellas abnegadas criaturas mágicas—. Sólo quiero que estén preparados para cualquier cambio… y también quiero aprovechar para darles las gracias por estar conmigo todo este tiempo, por ser parte de mi familia, y por haberme ayudado en innumerables ocasiones a lo largo de estos años. Sé que será difícil que me crean, pero… pase lo que pase… —Su mente, traicionándola por completo, la hizo ver el rostro de Akiho por un instante, junto con la oración que sonaba en su profecía, y que había ganado sentido finalmente: "Hagas lo que hagas, nada estará bien"—. Pase lo que pase, todo estará bien —se negó al recuerdo, recomponiéndose.
—Claro que sí —cerró Kero, frotando su coronilla contra el estómago de su ama.
—¡Xiao-Lang! —exclamó Meilin, emocionada. Él la observó desde su lugar en la sala de estar, preguntando con un gesto el porqué de su exaltación— ¡Lo que pediste desde Hong Kong llegó!
El Emperador se levantó, pero lo siguiente que vio no le permitió caminar. Li había pedido algunos pergaminos y documentos a su madre, en especial porque había abandonado el camino de la magia varios años atrás, y tenía que volver a entrar en sintonía. Esperaba que el compendio le llegara por paquetería especializada, pero en lugar de eso, un viejo conocido era el mensajero.
—Wei… —musitó al ver el arrugado rostro de su mentor.
—Señor Xiao-Lang.
—¿Por qué tú…? —se sacudió la cabeza, tratando de no mostrar su contrariedad—. Pedí que toda la familia se quedara en Hong Kong…
El viejo levantó una mano de forma amistosa, mientras cerraba distancia con el hombre aquél.
—Sus órdenes han sido cumplidas a cabalidad, señor Xiao-Lang, sin embargo, todos allá sabemos que está un poco oxidado —el viejo amplió su cálida sonrisa, logrando que ese gesto lo rejuveneciera varias décadas—. Le pedí a la señora Ieran que me permitiera retomar su entrenamiento. Así como me ve, aún hay un par de trucos que puedo enseñarle.
Xiao-Lang volvió a sentirse como el niño pequeño que recién se volvía huérfano de padre, y que encontró en el mayordomo el perfecto sustituto como mentor, y no sólo en las artes marciales, sino en cada aspecto de su formación. Aquel venerable hombre era de muchas maneras responsable del tipo de persona que el lobo era.
—Viejo testarudo —sonrió Li con resignación, poniendo la mano sobre el hombro de Wei.
—Mañana a primera hora, hay muchos documentos que revisar. Si no le importa, quisiera descansar un poco, tal vez ayude al servicio de la casa para la cena esta noche y…
—¡De ninguna manera! —exclamó repentinamente la dueña de la casa, que al parecer había presenciado toda la escena—. Usted descansará y mañana comenzará a hacer lo que vino a hacer. Una persona de servicio lo guiará a su habitación y estará a sus órdenes para lo que necesite… —Tomoyo conocía al viejo también desde su niñez, y desde siempre le provocó un inmenso respeto—. Bienvenido, Maestro Wei.
—Llegó la hora —declaró Akiho, cerca del medio día, poniéndose de pie del trono que había reclamado como suyo algunas semanas atrás—. Hemos esperado lo suficiente, y el mundo nos exige que el cambio comience.
—¿Estás totalmente segura? —cuestionó Kanoe, en una reverencia, apenas atreviéndose a mirar a su líder.
—Totalmente. Todo debe comenzar hoy.
—¿Y dónde quieres que inicie? —lanzó trémula.
Akiho hizo un pequeño paseo alrededor de su silla, reflexiva.
—¿Qué tal… El Parlamento? —miró de soslayo como la expresión de Kanoe se hacía grave, a sabiendas de que su hermana Hinoto se encontraba ahí. Akiho no se molestó en ocultar que esa reacción le parecía divertida—. Pensándolo bien, mejor un lugar diferente… Comencemos con algo sencillo: ¡Shogo! —El joven hidrópata prestó atención de inmediato, mientras que Akiho pensaba en la lista de lugares que Kanoe le había dado como aquellos que podrían poner en riesgo la integridad de la ciudad—. Ve al Santuario Yasukuni. —Su expresión se hizo sombría entonces, y su voz bajó de frecuencia—: Que no quede piedra sobre piedra.
—Entendido. —Sin molestarse en preguntar cualquier otra indicación, el muchacho se fue.
Akiho sabía el cómo sus acciones afectarían al mundo. Cada barrera espiritual derribada tendría consecuencias terribles para la ciudad, y al mismo tiempo dejarían más y más vulnerable al planeta, hasta que diera la impresión de que los continentes serían sostenidos sobre un fango incandescente, incapaz de soportar vida. Pensar en ese escenario, le daba cierta satisfacción difícil de explicar.
Hizo un imperceptible gesto a su hombre de confianza, Seishiro.
—Ve con él, asegúrate de que no haga nada estúpido —susurró de modo que nadie más la oyera. El matón asintió y se fue de inmediato.
—¿Secreto? —preguntó Yuzuriha, con un dedo en la barbilla—. Pues no en realidad, aunque es difícil decir, todo lo que rodea al Día de la Promesa está lleno de misterios e intrigas. Supongo que la señora Hinoto no nos cuenta todo para evitar que nos asustemos. En general, es una persona buena y amable.
—Ya veo… ¿crees que Sumeragi sepa algo más sobre ella? —dijo Eriol, resignado, pensando en que quizás la muchachita no era la mejor para ventilar un secreto.
—Quién sabe. La verdad es que el señor Subaru apenas si habla con nadie.
—Muchas gracias, disculpa por quitarte el tiempo de esta manera. Esperaremos a que Sumeragi venga para preguntarle también a él.
Yuzuriha sonrió con todos los dientes. Disfrutaba mucho estar en la casa Daidoji, y ciertamente no tenía reparos en charlar con quien estuviera dispuesto a escucharla o tuviera una historia que contarle.
—¿Sabe, lord Hiiragizawa? Usted me recuerda al señor Kakyo.
—¿A quién? —preguntó divertido el inglés ante el tono infantil usado por la chica.
—Hace un tiempo conocimos a otro vidente, uno que también predijo lo que pasaría en el Día de la Promesa, y constantemente hacía preguntas a todos, en alguna ocasión dijo que era para "encontrar al traidor…" —La mirada de la chica se opacó un poco—, era un hombre muy amable, pero la pasaba muy mal. Él, a diferencia de la señora Hinoto, nos decía que todo terminaría mal… todos pensamos que hablaba así porque él perdió lo que más le importaba en el mundo sólo unos meses antes de que iniciara este año.
—¿Qué fue lo que perdió…? si es que está bien que pregunte —cuestionó el duque, intrigado.
—Él estaba enamorado —el tono de la muchacha se hizo plano, como si le doliera de alguna manera recordar—, de la hermana del señor Subaru, una bruja muy virtuosa llamada Hokuto.
—¿Acaso ella…?
—Fue asesinada. Sakurazukamori lo hizo. —Yuzuriha, por un momento, perdió la sonrisa que permanentemente adornaba su rostro—. La señora Hinoto nos dijo que él no pudo soportarlo, perdió las ganas de vivir, y finalmente murió hace unos meses.
—Qué terrible —atinó a decir Eriol.
—Sí… pero los demás tenemos que seguir.
—Gracias de nuevo… ¿sabes cuál era su nombre completo?
—Claro, Kakyo Kuzuki.
—Sería genial poder llevarle algo a donde descansa cuando todo termine.
—Ya lo creo que sí… Era cristiano, lo sepultaron en una iglesia católica de Tokio.
Yuzuriha dejó el lugar, y unos momentos después, Eriol la observaba conversar con los demás dragones en entrenamiento.
—¿Qué te parece? —preguntó a la aparente soledad de la habitación.
—Sumamente conveniente —respondió Kurogane, posicionándose a su lado y mirando también por la ventana—. El difunto también era un vidente… él ve un futuro tanto más obscuro que el que nos pinta Hinoto, y habla de un traidor. Y como ya no está la persona que más ama en este mundo, no le importa morir.
—O bien… era un vidente más poderoso que Hinoto, que ve un verdadero resultado y detecta a un traidor… al morir su ser más amado, da a ese traidor una coartada… —elucubró Eriol.
—El traidor lo mata, haciendo que se lleve a la tumba su secreto… —continuó el hilo argumental lógico el samurái—. Y ese traidor sólo podría ser…
—Hinoto —dijeron al unísono.
Un feo silencio se formó entonces, ante la cara de sorpresa de Eriol y la iracunda de Kurogane.
—Es una locura… no es más que una suposición, Hinoto no puede siquiera moverse —trató de racionalizar el duque.
—Esa mujer es más poderosa de lo que parece, y ser lisiada no creo que le sea un gran impedimento. Es una hipótesis plausible y necesitamos pruebas —replicó el samurái.
—Podríamos obtenerlas de Sumeragi, pero además de él, el único que podría darlas está muerto.
—Sumeragi tampoco me da mucha confianza. Debe haber una forma. ¿No puedes hacer una sesión espiritista o algo así?
—¿Te parece que estamos en una película de terror?
—¿Entonces no se puede?
—¡Claro que no! ¡Qué disparate! Las cosas que involucran a la muerte no son tan simples… es magia muy obscura y difícil de ejecutar.
—¿Pero entonces hay modos?
La pregunta de Ou se quedó suspendida en la mente de Eriol.
—Los hay… pero son técnicas turbias y horribles que no sé si quiero hacer.
—¿Prefieres dejarlo a la suerte?
En efecto, esa no era una alternativa. No fue necesario que Kurogane apelara a su responsabilidad con los Dragones o con su familia. No podía dejar nada al azar.
Shogo era un joven bastante común. Era alto, pero muy delgado, un gesto de aburrimiento estaba permanentemente colgado en su rostro, y como único acto de rebeldía, una larga cola de caballo castaña caía por su espalda.
Sin el mínimo afán de ocultar su presencia o proceder, aterrizó en uno de los edificios circundantes al santuario de los caídos, lugar donde se rendía tributo a los participantes de la Segunda Guerra Mundial principalmente, y que por su cercanía con el centro mismo de la ciudad, tenía una importante concurrencia como sitio turístico y religioso.
Ese era el primer punto a destruir. De alguna manera, el hidrópata se sentía honrado de inaugurar oficialmente el Día de la Promesa. El hombre tomó varias respiraciones profundas, y buscó con la mirada aquello en lo que su poder se manifestaba. Encontró a unos cientos de metros el río que rodeaba el palacio del emperador, y comenzó a mover sus manos rítmicamente.
La superficie del agua comenzó a crear ondulaciones, que en poco se convirtieron en olas. Esas ondas, más allá del espectáculo, estaban haciendo su verdadero trabajo debajo de la tierra, donde se filtraban entre los cimientos de los edificios y hacia el santuario. Luego de eso, la tierra comenzó un suave vaivén, denunciando la esencia del ataque.
El sismo había comenzado.
Sakura, alertada, salió por la puerta principal de la mansión Daidoji. Sus ojos verdes buscaron el lugar en el que sentía que se originaba el aún suave movimiento bajo sus pies. Todos sus amigos estaban ahí, y compartieron miradas confundidas y asustadas.
—Me haré cargo —declaró Kurogane sin dar oportunidad de réplica, y salió de la mansión de un salto, dejando confundidos a los demás.
En otro lado de la ciudad, el cuartel del Mahonokeisatsu se movilizaba en una ansiedad nunca antes vista.
—¡Todos al palacio imperial y sus alrededores! —gritó Akko, saliendo a la carrera de su oficina—. ¡Evacuen a todo el mundo! ¡Usen los medios que tengan a su alcance! ¡Apóyense con la policía local! ¡La prioridad es sacar al mayor número posible de personas del lugar del evento! No se distraigan en la preservación del secreto de la magia… tendremos tiempo para corregir eso después… y prepárense para los efectos de un sismo de al menos ocho grados Richter. ¡Todos a la calle! ¡Ya!
Seguido de esas palabras, varias decenas de detonaciones evidenciaron la marcha de la policía mágica.
«Ya ha comenzado» pensó Hinoto, en el sótano del Parlamento, sin abrir los ojos, que de todas maneras, no eran capaces de ver la luz.
Las personas comenzaron a descender de sus vehículos luego de percatarse del movimiento telúrico, y el sentido común acudió a la mayoría, que se sentó en el suelo, lejos de cualquier objeto peligroso, mientras que los edificios comenzaban a vaciarse. El estrés de la población comenzó a aumentar gradualmente, al mismo nivel que la fuerza del movimiento lo hacía.
Y de la misma forma que inició, el terremoto simplemente se detuvo muy abruptamente para sentirse natural, y la gente compartía miradas confundidas.
Tres géiseres reventaron el suelo debajo del santuario, lanzando por los aires la mayor parte de la construcción, misma que aterrizó sobre los edificios y otras estructuras de la zona. Un evento violento y que sin lugar a dudas provocaría un número muy elevado de víctimas mortales, pero que no tuvo siquiera testigos de su acontecer. Shogo, terminada esa primera embestida sobre el sitio, reparó que algo había cambiado en los pocos minutos que se concentró en dañar el lugar.
Miró al firmamento, encontrando que el celeste plagado de esponjosas nubes no estaba más, en su lugar, una película de luz opaca le regresaba el eco de los derrumbes provocados por su ataque. Una barrera había sido creada en el lugar.
—Casualmente tenía unos asuntos que tratar en el palacio imperial —dijo alguien sobre otro edificio a la distancia—. No es necesario que mueras aquí, muchacho. Márchate y haré de cuenta que no te vi.
La voz de Subaru sonaba indiferente como siempre, no parecía intimidado por el hecho de estarse enfrentando a otro dragón. De hecho, lucía bastante confiado.
—Lo dices como si de verdad hubiera alternativa. Estamos aquí para morir por este pedazo de tierra y ya, por este montón de ingratos que ahora mismo no imaginan siquiera que alguien como tú hizo esta barrera para evitar que sus patéticas vidas terminen. No habrá honores para ti, hechicero. Morirás en el olvido tal como yo.
—Pero no de tu mano.
El edificio sobre el cual se apoyaba el Dragón de la Voluntad fue pulverizado en un instante, a razón de una enorme concentración de agua que lo hizo estallar desde adentro. Subaru, sin embargo, había evitado con gracia el ataque, saltando a otra construcción sin premura. A medio camino tomó un ofuda con un pentagrama de su bolsillo, tomando un par de segundos en rezar un mantra, para luego lanzarlo al aire.
En el siguiente salto que el monje dio, simplemente se perdió de la vista de Shogo.
El hidroquinético buscó por todos lados, un tanto temeroso. Si bien sus talentos eran natos y poderosos, no era precisamente una persona que hubiera tenido algún tipo de entrenamiento para pelear contra seres con formación sobre sus habilidades, y eso le generaba cierta inquietud.
En un instante, desde el cénit, Subaru caía como un bólido, listo para asestar un golpe brutal en la coronilla de su contraparte, y con ello terminar la contienda de forma rápida y sin bajas innecesarias.
Un factor que no debía ignorar el bando que pretendía preservar la vida, era el tiempo: entre menos durara un encuentro, mejor sería, pues el daño a corregir en el mundo real sería menor, y la de ese día sería una enorme victoria para los Dragones de la Voluntad. O al menos, eso fue lo que asumió Subaru.
El puño de Sumeragi golpeó con tal potencia, que la onda expansiva hizo estallar las ventanas de los edificios circundantes, y arrojó los autos a varios cientos de metros de distancia, destrozando el asfalto bajo sus pies. Cualquiera que hubiera visto el impacto habría dado por muerto al receptor sin dudarlo, pero la contienda aún no terminaba.
Cuando el polvo se asentó, Subaru vio a Shogo dentro del abollado costado de un vehículo a la distancia, ileso, y frente a él, Seishiro había bloqueado el golpe, sujetándolo por la muñeca, lo que explicaba el penetrante dolor que estaba experimentando. El único ojo del entrometido le daba una cínica mirada de satisfacción a aquel mismo monje que en años anteriores fuera su amante.
—No sabía que te gustaban jóvenes. Siempre te vi como el uke, pero supongo que eso debía cambiar con la madurez. —Sin soltarlo, el puño libre de Seishiro se hundió en el abdomen de su contraparte lanzándolo al terreno una vez ocupado por el santuario, y aprovechando los segundos de tregua, se encaminó a su inexperto compañero, que salía lentamente de los despojos del auto—. Lárgate, Subaru va a matarte sin que sepas qué te golpeó.
Sin molestarse en confirmar que Shogo atendiera o siquiera hubiera entendido sus palabras, el matón comenzó a caminar a donde su contrincante seguramente ya lo esperaba. Por supuesto, no fue un diálogo su recibimiento. El suelo bajo sus pies crujió al tiempo que los afilados restos del asfalto buscaban herirlo. La gabardina de Seishiro se hizo jirones, y uno de los fragmentos pasó rasante por su frente, provocándole un escandaloso sangrado y que sus gafas de sol se despedazaran. Sin esperar a que el ataque se recrudeciera aún más, el tipo comenzó a dibujar un pentagrama con los dedos a su alrededor, mientras hacía invocaciones con voz muy baja, en lo que parecía japonés antiguo.
Los restos flotantes se convirtieron en cientos de cuervos, que en una ensordecedora cacofonía de aleteos y graznidos fueron al encuentro de Subaru.
Una luz lejanamente parecida a una corriente eléctrica alcanzó desde un punto distante al primero de los pájaros, y como si de un relámpago se tratara, lo calcinó al momento, pasando al siguiente a la velocidad de un rayo, y al siguiente y luego a cada uno, destruyéndolos en pocos segundos. La misma luz fue al encuentro del asesino del cerezo, que haciendo gala de reflejos algo más que sobrehumanos, la detuvo a mano desnuda. El rayo hizo una detonación ahí, llevándose la manga del costoso traje del receptor, y dejando a la vista los horribles efectos de varias quemaduras de tercer grado a lo largo de la mano y brazo alcanzados.
Seishiro se miró el brazo quemado sin poder ocultar por completo una mueca de dolor, pero abriendo y cerrando el puño, tratando con ello de estimular la sanación del mismo, que lentamente iba reconstruyendo tejidos y cerrando heridas.
—De haberme apuntado a la cabeza, el encuentro ya habría terminado, querido. ¿Por qué no te concentras? ¡Estas ya son las grandes ligas!
—¡Porque quiero matarte con mis propias manos, no con magia!
El grito de Subaru sonó al momento mismo en que se materializaba delante de su oponente, listo para pasar un puño por su pecho. Si bien los Sumeragi no eran asesinos, él en particular se había esmerado en aprender las técnicas de uno, y así poder finalmente clamar venganza, tanto por la muerte de su hermana gemela, como por un corazón roto.
Seishiro evadió el ataque apenas, y comenzó a huir entre los edificios. La verdad es que su propósito era simple: jugaría un poco más con Subaru, por algún retorcido motivo disfrutaba de verlo frustrado en sus intentos por alcanzarlo, y no buscaría matarlo, después de todo, su vida le pertenecía y se tomaría el tiempo para disfrutar su agonía. En ese entendido, pensó en hacer algo más de magia para aumentar la irritación de su contertulio, algo vistoso, y que le diera una coartada para excusarse con Akiho por no llevar la cabeza del Dragón de la Voluntad en turno y no haber destruido la barrera.
Tomó otro ofuda e hizo un nuevo rezo, esta vez concentrándose en el cielo, y un momento después, un trueno se dibujó en la parte central de la barrera. Lentamente comenzó su descenso, destruyendo tejados y prácticamente cualquier cosa en su camino. La concentración de energía eléctrica iba dirigida a la espalda de Subaru, lo impactaría con tal fuerza que seguramente lo dejaría medio muerto, y entonces Seishiro daría por concluido el encuentro.
Pero alguien tenía un plan diferente.
En un punto donde cambiar la trayectoria del trueno era imposible, Seishiro vio a Shogo saltar desde el edificio a sus espaldas, arrastrando junto con él una enorme marejada venida del subsuelo. El agua engulló al matón parcialmente, mientras que Subaru se quitaba del camino del ataque eléctrico que venía del cielo.
El impacto de inmediato evaporó el agua al entrar en contacto con ella, no sin antes pasar aquel inmenso voltaje a través de todo lo que alcanzó, entre otras cosas, los cuerpos de Shogo y Seishiro, que fueron arrojados varias decenas de metros lejos, con terribles quemaduras por electrocución y vapor.
Muy confundido, enceguecido del ojo que aún tenía y ensordecido por el estruendo, Sakurazuka se levantó como pudo, recargándose en una maltrecha pickup. A una distancia considerable vio a Shogo, que en su estupidez los había entregado a ambos al enemigo, también tratando de incorporarse con el cuerpo repleto de llagas humeantes.
Sumeragi lo alcanzó de un salto, Shogo, aún incapaz de responder correctamente a un ataque, disparó desde debajo del suelo un par de lanzas de hielo, mismas que Subaru evadió sin el mínimo esfuerzo. Shogo trató de escapar de un salto, pero su contendiente lo detuvo por el tobillo a vuelo, dando con ello la antesala al final del encuentro.
En un inesperado y visceral movimiento, Subaru tiró de la pierna de Shogo, impactándolo contra el suelo, que se agrietó en el golpe, y repitió la maniobra una segunda vez, pasando al castigado por encima de su cabeza como a un muñeco de trapo.
En el tercer golpe, Seishiro escuchó claramente el crujido del cráneo del hidrópata, junto con un lamento ahogado del mismo, y en el cuarto, una marca de sangre del tamaño de una persona, junto lo que a todas luces era materia encefálica se esparció sobre el pavimento.
Seishiro, aún aturdido como estaba, no pudo evitar sonreír. Le hacía gracia el final de Shogo, pensando en el silogismo de que el hombre aquel era un estúpido, y que la estupidez era algo digno de ser castigado, y por tanto, la muerte de aquel Dragón del Destino era justa.
El octavo golpe dejó sobre el suelo una masa informe de carne y huesos rotos que apenas si se podía corresponder con un ser humano. Shogo había muerto, y por lo mismo, lo que quedaba de él no sanaría más. Subaru, salpicado de la sangre de su oponente, miró los despojos con aprehensión, y luego se volvió al que seguía con vida, observándolo con un gesto difícil de interpretar.
El tuerto apenas si cambió la expresión de su rostro. De entre los maltrechos restos de su saco recuperó su cajetilla de cigarrillos, e hizo una expresión de decepción al encontrarla mojada y rota, arrojándola a un lado. Subaru caminó hasta quedar frente a frente con el matón.
—Y es aquí donde yo obtengo mi venganza y abandono esta estúpida contienda —susurró cuando finalmente lo alcanzó. Sacó su cigarrera, ofreciendo uno de sus pitillos al moribundo.
—¿Y tú crees que podrás matarme?
—Asesinaste a mi hermana…
—Y te abandoné… sí, sí… —hizo su tono tanto más cínico, mientras que su cuerpo comenzaba a recuperarse del daño—. Es escalofriante que pongas ambos eventos al mismo nivel, ¿sabes?, pero claro, el psicópata soy yo… El punto es, Subaru… que me sigues amando. Y por eso, no puedes matarme.
La respuesta del monje fue tensar las mejillas mientras miraba al rostro de su interlocutor. Quizás lo que más le dolía de aquellas malintencionadas palabras… era toda la verdad que llevaban.
Con la sonrisa sardónica del que se sabía vencedor, Seishiro comenzó a caminar, habiendo recuperado casi por completo el vigor, y sólo un poco después, dio una serie de saltos con los que finalmente abandonó la barrera, dejando a Subaru molesto y confundido.
Por largos segundos, el hombre no hizo más que observar el lugar por el que Seishiro había escapado, y luego comenzó a cerrar su barrera.
Subaru tensó los puños, y mientras que el espacio confinado comenzaba a reducir de tamaño, los daños en la zona afectada comenzaban a repararse solos. El Santuario Yasukuni se reconstruía lentamente, haciendo una procesión que haría pensar a un hipotético observador en ver una grabación siendo rebobinada.
Cuando el proceso terminó, la calle estaba casi completamente sola, obra sin lugar a duda de Akko y sus agentes, que habían sido de lo más eficaces en la evacuación. Vió a la distancia a algunos aurores correr a su encuentro, y pensó que ellos se harían cargo de lo que quedaba de Shogo.
Subaru, sin embargo, notó con cierta contrariedad que no estaba solo en el sitio. A algunas decenas de metros de él, sobre la acera, Kurogane lo miraba con el entrecejo arrugado sosteniendo con más fuerza de la necesaria a Dragón de Plata.
Lo había atestiguado todo. Y verlo marcharse confirmó que tendría que explicar al grupo el porqué de dejar con vida a un enemigo.
—¡Mi señora! —exclamó Nataku, viendo a Akiho caer sobre sus rodillas y casi irse de bruces, sosteniéndose la cabeza, presa de la peor migraña que hubiera experimentado.
La mujer trataba de respirar dificultosamente.
—Tranquilo. Estará bien —dijo Kanoe, ayudándola también a sentarse nuevamente en el trono.
—¿Qué le está pasando? —preguntó ansioso el andrógino.
—Está recibiendo el poder de uno de los dragones… al parecer, uno murió.
Akiho podía dar fe de ello, aun cuando no lo pudo expresar verbalmente… la sensación era difícil de poner en palabras, pues aunque no podía describirla exactamente como dolor, era algo intenso y que quitaba el aliento… sintió como su alma crecía de tamaño, como el control de las aguas le pertenecía desde ese momento. El mundo recuperó una parte de todo su verdadero poder.
XVI
Fin.
Mis agradecimientos para Wonder Grinch, la lectora cero de medición emocional, y CherryLeeUp, editora y consejera. ¡Hasta la actualización! ¡Y comenten!
