Retroalimentación.
Ailin79 chapter 17 . Jun 4: El buen Kuro es incomprendido, es de los tipos que podríamos llamar "de amor duro", dale oportunidad, es un buen hombre. Sobre lo otro, el tiempo hablará. No podemos negar que Eriol sería justamente el más inquisitivo, y creo que todos, de una forma u otra, entendemos sus dudas. Y no, la contraparte no se disculpaba. Ay, sí, Tomoyo es un pilar más de esta historia, no será una hechicera, pero hará temblar al que le pongan enfrente. Los Li están fuera de sintonía. Cualquiera que tenga hijos sabrá que a veces no dejan ni un poquito de tiempo para la "magia" (guiño-guiño). ¡Gracias por comentar!
Luxray1509 chapter 1 . Jun 7: Llegaste como los grandes magos, ni antes ni tarde, sino justo a tiempo. Aún cuando sería maravilloso ver tus reseñas, con que leas la obra y te guste estoy bien. ¡Gracias por acompañarme en el final!
carmennj chapter 17 . Jun 9: Estoy convencido de que en otras circunstancias, Eriol y Kurogane pudieron ser buenos amigos, vale la pena explorar la idea. Desde aquí, comenzamos una etapa interesante del relato en general: la disminución gradual, pero inevitable del catálogo de personajes. Eso de la espada sagrada va a ser duro. Y sobre Wei, ya verás. ¡Gracias por tu reseña!
LizSaranjeiP chapter 17 . Jun 10: La decepción… ¡La traición, amigo! Comenzamos con las peleas, y con los reencuentros. Es complicado encontrar a alguien a quien quisiste en tu nuevo trabajo, así que esto será duro, al menos para uno. ¡La espada sagrada! Sin ella no hay futuro… ¿quién irá a ofrecerse por ella? ¡Gracias por tu comentario!
Vamos a lo que sigue.
XVII.
Ironía.
«No tenemos palabras para agradecerte por lo que hiciste».
Hinoto, con una mueca semejante a una sonrisa felicitaba a Subaru esa tarde, luego de que se confirmara la identidad del perdedor en el combate en el Santuario Yasukuni. Shogo Asagi, el primero de siete Dragones del Destino en caer. Todo el bando de la Voluntad estaba reunido en el sótano del Parlamento, llevados ahí por Kurogane, quien por cierto, se recargaba en una pared, de brazos cruzados y gesto severo.
—Sólo hice lo que me correspondía —respondió con tono neutro el aludido ante ella.
«Y con eso nos diste esperanza a todos. Nos hiciste ver que tenemos una posibilidad de éxito real, y que nuestra motivación puede ser mayor al peligro que tenemos frente a nosotros». La mujer pretendió observar a los presentes, moviendo la cabeza lenta y erráticamente en todas direcciones. «Y aunque nuestra alegría por nuestra ventaja debe ser grande, nuestra precaución también. La muerte de un Dragón del Destino ha hecho más fuerte al portador del poder de Dios en su bando, y seguramente vendrá una represalia en poco tiempo».
En algún punto, Hinoto pensó que habría júbilo por la noticia e incluso alguna felicitación. Lo cierto era que Sakura había reflexionado sobre lo funesto del hecho, llegando a la conclusión de que no era en absoluto motivo de alegría, al contrario de lo que sucedía con el reporte de Akko que había recibido sólo unos minutos antes, en el que le contaba que el saldo había sido completamente blanco, y que no pasó de un susto para los pobladores de la capital, muchos de ellos aún confundidos de haber desaparecido y reaparecido varios kilómetros lejos del centro de la ciudad.
Más como una cortesía, todos, con Sakura a la cabeza, se acercaron para mostrar su gratitud al monje, con reservas, considerando que una muerte no podría ser un motivo de festejo, excepto quizás para Kurogane en un contexto muy específico, aunque no necesariamente en el que se encontraban. Subaru ya lucía cambiado y sano para ese momento.
Por algunos minutos, el ambiente se mantuvo en esa extraña tranquilidad que daba saberse ganadores, tanto como lo permitía el saber que esa victoria estaba manchada de la sangre del caído, y que lentamente fue dando paso a un sentimiento común: sin importar el motivo, una victoria sabría a derrota al derivarse de una muerte.
Sakura informó a Hinoto sobre su intención de volver a la mansión Daidoji y estar al pendiente ante un nuevo ataque, también le contó sobre sus nexos con el Estado Imperial y la alianza de trabajar en conjunto para mantener a la mayor parte de la población a salvo.
Comenzaron entonces a despedirse, dejando lentamente el recinto. Kurogane hizo un gesto a Eriol, algo muy sutil, sólo un asentimiento, mismo que el mago británico entendió de inmediato. Utilizando su encanto y don de gentes natural, fue segregando a Subaru sin que nadie lo notara, haciendo que se rezagara de la salida del resto.
El samurái aprovechó el breve espacio de tiempo que el inglés le compró y fue directo a resolver aquello que lo molestaba. En sólo unas zancadas dio alcance al monje, cerrándole el paso al poner frente a su pecho la vaina de Dragón de Plata, impactando con ella la pared.
Subaru se detuvo, pero endureció el gesto al ver que había mucha hostilidad en los ojos de Kurogane.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó impaciente el hechicero.
—No sé si quisiera tu ayuda, considerando lo que vi.
—¿Y qué fue lo que viste?
—Vi a alguien que se supone lucha por nuestra causa dejar escapar a un enemigo.
—Bueno… Lamentablemente no puedo cambiar tu percepción de las cosas.
Subaru levantó la mano para quitar el obstáculo de su camino, pero sus dedos se detuvieron a milímetros de tocar la vaina de la espada, sintiendo el inmenso poder que en ella se ocultaba.
—No sé qué te motivó a perdonar la vida de ese hombre que, hasta donde sé, es el mismo que mató a Black, a Kaito, y no tan recientemente a tu propia hermana… Realmente no me importa, pero si te diré esto —Ou bajó el tono de voz y se acercó un poco más—: si por tu cobardía alguien resulta lastimado, personalmente cortaré tu cuello con esta espada.
—He visto a asesinos de verdad, Ou, y no te ofendas, pero un padre de familia de los suburbios no es precisamente el tipo de hombre que me haría temer.
—¿Crees que un hombre sin nada que perder como tú es lo más peligroso? Realmente no sabes nada del mundo.
—Sal de mi camino, Ou.
—Por hoy lo haré, pero te estaré vigilando.
Por tensos segundos, se quedaron en mutuo escrutinio, inmóviles, hasta que Kurogane bajó la espada, permitiéndole el paso al enigmático monje, y siguiéndolo con la mirada mientras se marchaba.
—¿Qué fue lo que pasó? —cuestionó Eriol a Kurogane, de vuelta en la casa Daidoji.
—Sumeragi —respondió.
Al ver que Eriol no entendía toda la intrincada historia que yacía bajo ese nombre, dio un suspiro de fastidio, y se dignó a contarle todo, desde el momento en que vio a Subaru crear la barrera alrededor del Santuario Yasukuni, pasando por la infame batalla que terminaría en la muerte de Shogo, y aquello que sucedió después.
—Un momento… —el inglés detuvo el relato cuando perdió sentido—. ¿Me dices que Sumeragi, deliberadamente dejó con vida a Sakurazuka, aún cuando pudo terminar con él ahí mismo?
—Incluso se tomó el tiempo de cruzar algunas palabras con él.
—¿Crees que tengan algún tipo de nexo? —Eriol endureció el gesto— ¿Crees que él sea el traidor?
—No me lo pareció. Por lo que pude ver, su vínculo es algo más… mundano.
—Tengo una teoría… —lanzó el duque, luego de una reflexión—. De acuerdo a lo que la pequeña Yuzuriha me contó, los gemelos Sumeragi y Sakurazuka eran una especie de equipo, y siempre estaban juntos. Sakurazuka, hasta donde sabemos, es un loco, un sociópata en toda regla… Podría ser que tal vez… él y Hokuto se enamoraron...
—Por lo que vi, creo que podría ser otro tipo de vínculo el que tienen —dijo enarcando una ceja el samurái.
—¿De qué tipo?
—Yo vi entre ellos algo más… una charla demasiado baja y cercana… íntima.
—¿Crees que…?
—Más o menos lo mismo que tú, pero los enamorados no fueron la chica Sumeragi y Sakurazuka, sino…
—Subaru Sumeragi y Sakurazuka. ¡Claro! Una relación previa podría explicar la consideración que se tienen.
—Si fuera así, ese infeliz de Sumeragi va a estar perdonando la vida de un homicida de masas, no podemos confiar en él. Y él, por su parte, se esforzará por mantener la situación tal y como está… su tóxica relación amorosa previa podría ponernos en peligro a todos.
—¿Qué sugieres hacer?
—Primero lo primero… debemos poner al tanto a los demás.
—¿Crees que eso sea prudente? Es decir, hasta el momento esto no es más que una conjetura.
—Más que una conjetura, lo veo como una duda razonable… pero te concedo que tal vez no sería prudente ir con el cuento a todos lados, en especial, después de verlo matar a golpes al pobre diablo que lo enfrentó. El mocoso suele ser sabio y objetivo para su edad, estar al tanto podría darnos una visión diferente, su opinión podría ayudarnos a ver algo que nosotros estemos omitiendo.
—¿Y luego?
—Debemos buscar las pistas con tu amigo, el vidente muerto.
—Temía que dijeras eso… —respondió el duque, evidentemente afectado, pero luego resolvió con determinación—: Pero tienes razón.
El par de días siguiente pasó sin mayores incidentes. A pesar de eso, y gracias a las palabras de Hinoto, la paz se antojaba de tensa a insoportable, según a quién se le preguntara.
Ese día, Tomoyo había tomado el té, charlado con las amigas, creado un par de diseños y otras tareas a cual más interesante para pasar el rato, y al término de todo se dejó caer derrotada sobre la cama de su alcoba, donde había pasado sola los últimos minutos. Equivocadamente pensó que no sería posible volver a sentir lo mismo que cuando era niña y no podía más que grabar a Sakura en sus hazañas, pero por supuesto, no era así.
Y sumándose a esa sensación asfixiante, había otra que no podía describir, pero que parecía clamar por salir de su cuerpo, a través de sus manos o de cualquier otra forma, y la cuál había tratado de apaciguar con cada distracción imaginable, pero sin éxito hasta ese momento. Pensó en Kurogane, y que podría invitarlo a un desfogue secreto y rápido en la habitación,que en retrospectiva eran momentos en que él dejaba lo que fuera que estaba haciendo para apagar los fuegos de su refinada dama convertida en fiera… pero él parecía inmerso en sus propios asuntos, extrañamente colaborativo con Eriol, y descartó el escenario.
—Ojalá pudiera ver a Yuzuki —se dijo, pero sin hacer nada, puesto que había hablado con su pequeña la noche anterior, y habían sido muy estrictos en cuanto a los horarios y medios para comunicarse con sus familias.
Sin embargo, expresar esas palabras había tenido algún tipo de efecto inesperado.
No habría podido describir lo que sintió, pero era algo tan intenso como silencioso y secreto, que se expandía a kilómetros a la redonda, y que comenzaba a provocarle un poco de vértigo. Atemorizada por sus sensaciones, trató de incorporarse, encontrando que los soportes del monitor que tenía en la habitación comenzaban a moverse para que quedaran frente a frente.
Pensó en un nuevo sismo, pero eso no haría ningún sentido con el hecho de que el suelo no se sacudía, y que los cables del aparato parecían moverse con demasiada coordinación para ser agitados por un terremoto.
Parte del extraño fenómeno se detuvo cuando Tomoyo quedó de pie ante el aparato.
—¿Yuzuki? —preguntó apenas pudiendo modular la voz, notando que se había iniciado una videollamada a Hong Kong.
—¿Mamá? —respondió con otra pregunta la pequeña, que parecía desconcertada.
—¿Qué pasa, cariño? ¿Todo en orden?
—¿Eh…? Pues sí…
—¿Entonces por qué llamaste?
Madre e hija se miraron, confundidas.
—Pero tú fuiste la que llamó… —continuó Yuzuki.
—No, cariño, yo… —Hiló algunos eventos, abstraída—. Al parecer, fue un error, querida… te marcaré mañana, ¿de acuerdo?
—Está bien, mamá.
Cuando el silencio cayó en la habitación, la cabeza de Tomoyo comenzó a doler como nunca antes… o mejor dicho, como sólo una vez antes. Ante sus ojos cerrados pasaba a toda velocidad un infernal collage de todo tipo de estímulos visuales, auditivos y hasta sensoriales, como si un torrente inmenso de información luchara por entrar a su cerebro de un solo golpe.
En otra habitación, Sakura se levantó de un salto de su asiento, sintiendo como si algo tirara de su pecho. No le provocaba dolor, de hecho, era un sentimiento curioso, como una añoranza, como un recuerdo. Dejó de resistirse, y una pequeña luz escapó de ella, volando por los pasillos de la casa, con Sakura y Xiao-Lang en su persecución.
Aún con sus ojos cerrados, Tomoyo seguía viendo y registrando cosas en su memoria. Le vinieron incluso al nivel de la piel cosas que creyó olvidadas a causa del tiempo, como la temperatura, la densidad del aire, los aromas, las voces de las personas… cosas que vivió en Inglaterra muchos años atrás, y que no sabía por qué estaba evocando. Demasiado aún para una mente desarrollada y sofisticada como la de ella, tanta información de un solo intento acabaría con su vida o su cordura. Si tan sólo supiera de dónde llegaba.
Y entonces, vino el silencio. A pesar de que notó el entumecimiento propio de una alucinación hipnagógica, no sentía miedo, en su lugar, una sensación de profundo bienestar y quietud la poseyó, y se atrevió a abrir los ojos. Se encontró a sí misma en un campo, que de primera impresión le pareció cubierto de sana vegetación alta e iluminada por el sol vespertino. Haciendo una observación más concienzuda, cayó en cuenta que el césped estaba formado por millones de pequeños filamentos de fibra óptica, que no se movía a favor de un imperceptible viento, sino de su propia voluntad y ánimo de transmisión de información, destellante, vivo. El sol comenzó a perder fulgor, pero no belleza, mientras se acercaba a ella, hasta que su forma quedó manifiesta.
—Yo te conozco —denunció Tomoyo, reconociendo la esencia, aunque no la forma femenina y juvenil del ser que flotaba ya a sólo unos pasos de ella.
—Así es, Tomoyo. Te dije que volveríamos a vernos, ¿no es así?
—¿Dobby?
—Una parte de él, aunque sería más justo decir que él surgió de mí en el tiempo que existió. Yo soy Loyalty.
—Tú eres una carta transparente… eres propiedad de Sakura, ¿por qué tú…?
—Si bien Sakura es mi creadora, siento en mí que mi propósito y misión en el mundo en realidad están ligados a ti, Tomoyo… sentí tu poder inundar esta habitación, y supe en ese momento que debía estar contigo. Extendió una mano pequeña y etérea a la mujer ante ella—. Si me lo permites, navegaré junto contigo a partir de hoy. Entre ambas desarrollaremos el potencial completo del poder divino que corre por tus venas, y así, ambas protegeremos lo que más amamos en este mundo.
—De acuerdo… ¿qué es este lugar de cualquier manera? —preguntó un poco más tranquila de finalmente reconocer a su acompañante.
—Estamos en tu corazón, y al mismo tiempo en todos lados. Este es tu poder: la tecnomancia y la tecnoquinesis, y con el alcance tecnológico de este tiempo, básicamente tienes acceso a todo lo que de alguna manera esté conectado a alguna pieza de ingeniería o redes.
—¿Tal como "S"?
—"S" —reflexionó la carta—. Claro… la jovencita que junto con Asiria peleó contra ti y Dobby en antaño. Está de vuelta por lo que parece.
—Y no está sola… pero hablemos de eso luego. ¿Qué es lo que haremos?
—Te ayudaré a habituarte a tus facultades, aprovecharemos tus horas de sueño para hacerlo. De momento, creo que lo mejor será que vuelvas afuera, los demás deben estar asustados.
Tomoyo recuperó la consciencia con la familiar sensación de unos brazos sujetándola con vigor. Kurogane le retiraba el cabello que cubría parte de su frente, y con esa dulzura que sólo ella conocía, pasó una mano por su mejilla al verla abrir los ojos. Él, al verla consciente, la ayudó a incorporarse. Los Li estaban ahí, los Potter también. Y aunque estaban un poco desconcertados, nadie parecía asustado.
—¡Sakura! —dijo, reconociendo a su prima— ¡Una de tus cartas…! Ella…
—Lo sé… bueno, en realidad no sé exactamente qué pasa con ella, pero sé que está contigo —respondió Sakura, materializando sobre su mano una carta transparente sin ilustración, como si fuera un simple trozo de cristal bellamente moldeado—. Adelante. Sé que la cuidarás bien.
—Y por cierto, sería genial que arreglaras todo esto —dijo Kurogane, mirando en todas direcciones.
Sólo entonces Tomoyo notó cuan ruidoso era realmente el ambiente. Cada dispositivo electrónico, instalación eléctrica, alámbrica o no, e incluso la infraestructura de la casa, se movía de alguna manera, haciendo perceptible incluso una vibración en el suelo y los muros de la casa. La mujer se supo entonces en control. Sólo tuvo que concentrarse un poco, y poniendo la manos contra su pecho, las bajó lentamente para que descansaran en sus costados. La vibración se detuvo, regresándole la calma a la mansión.
—Impresionante —susurró Al a Beiji-Hu, al ver a la dueña de la casa hacer un movimiento de mano, con el cual el monitor que inició todo volvió a su lugar y se apagó, como un disciplinado soldado.
Y sin que ellos lo supieran, a kilómetros de ahí, en una de las terrazas del Ayuntamiento de Tokio, alguien miraba hacia el horizonte con una emoción que le provocaba escalofríos. El despertar de Tomoyo y su complementación con Loyalty no habían pasado del todo desapercibidas.
—La emisión de energía y transmisión pudo sentirse simultáneamente en toda la red. Lo mismo con las instalaciones físicas involucradas. No me es posible determinar el origen geográfico, aunque los patrones de comportamiento de los datos son consistentes con una entidad de la que no tengo registros… aunque por algún motivo, encuentro familiares.
—Tendré que contarte sobre cosas que pasaron hace unos años, Bestia —respondió Satsuki a la síntesis de voz en su comunicador—. Va a ser entretenido recordar. —Luego, hablando para sí misma, continuó con un tono más bien indiferente, aunque apenas si podía con la sensación de las mariposas en el estómago—: Tiempo sin vernos, Daidoji.
Los siguientes días, los medios fueron dejando lentamente el asunto de los extraños fenómenos que rodearon el terremoto. Hubo tal vez un par de conspiranoicos que lanzaron teorías que iban desde la llegada del Apocalipsis, hasta una invasión extraterrestre, pero los rumores rápidamente se olvidaron.
Durante esos días, Wei, en su ausencia de magia, era depositario de una sabiduría que con creces subsanaba su carencia inicial, tanto así, que aún sin hacer uso de esos poderes, era perfectamente capaz de instruir a Xiao-Lang en su uso.
El líder de la casa Li descubrió que no había sino raspado la superficie de lo que realmente sus facultades y tradición mágica le permitirían hacer. Entre esos hallazgos, estaba su facultad de dominio elemental a un nivel otrora impensable: la obediencia de la tierra y sus elementos había aumentado a nivel de meras órdenes mentales, más que de hechizos y conjuros, a tal grado que él mismo podía transmutar transitoriamente su propia fisonomía para ajustarse a ambientes o tipos de energía. Después de decir a Wei que lo que le decía era un disparate, el viejo lo retó a hacer una invocación. Era una tarde despejada de la primavera, el sol, petulante, golpeaba Tomoeda con todo su cálido amor.
Xiao-Lang tomó a Wu-Xing y un ofuda del trueno, pero Wei le indicó que no serían necesarios.
Incrédulo, el hombre hizo según lo indicado, colocándose al centro del jardín, luego de que Wei pidiera a toda la concurrencia que se pusieran a resguardo.
Li miró aprensivo al cielo despejado, que le regresaba su mirada de azul rabioso, desafiante. No tenía sentido lo que iba a hacer. Sin estar del todo convencido, apuntó con una palma extendida hacia el cielo. Al bramido de "Raitei Shourai", el agua sin condensar a unos cuantos kilómetros del suelo se consolidó en un sistema nuboso pequeño, pero denso, y no terminó ahí el espectáculo. Un deslumbrante relámpago hizo trayectoria al suelo, aterrizando sobre la palma de Li, luchando contra él por algunos segundos igual que haría con un pararrayos. No hubo un testigo entre los ocupantes de la casa que no sintiera un escalofrío ante el poder manifestado del lobo.
Terminada la práctica, Li miró su mano conjuradora aún humeante, completamente sorprendido.
—No sabía que podía hacer algo así.
—Nadie puede, señor Xiao-Lang —indicó Wei, llegando a su lado—. Usted es una excepción. Le pedí que lo hiciera sin los catalizadores comunes, como su espada y sus ofuda, porque de otra manera, quizás habría destruido esta casa y sus alrededores. Debo agregar que no es el único que es capaz de cosas inimaginables, la señora Li seguramente también será capaz de proezas de poder sin precedentes, por desgracia para mí, no soy la persona correcta para instruirla a ella. Así que regresando a usted, hablemos de su sintonía con los elementos y sus otras habilidades mágicas, como la aparición, y su forma de combinar sus habilidades y conocimientos.
—¿Estás seguro de esto, Eriol? —La voz de Issy sonaba demasiado tensa, lo que coincidía con el gesto que ponía a la cámara mientras hablaba con su esposo.
—Sí. Gracias por conseguir este libro —le respondió él mientras abría el paquete que ella le había hecho llegar desde Inglaterra.
—Esa es magia muy obscura. Me sorprende que el ministerio me haya permitido poner ese libro en un barco para mandártelo.
—Eso es porque nadie espera que las cosas escritas aquí se ejecuten, pocos magos en nuestra era tienen tanto poder.
—Sé que eres uno de los mejores, pero… ten cuidado con la magia tenebrosa, por favor. Esas cosas manchan el alma.
—Descuida —dijo, mirando ausente la portada del antiguo grimorio en sus manos—. Esto es una necesidad, no un gusto. ¿Crees que podría…?
—¿Hablar con Gustav? Claro… un momento. Y oculta ese libro.
El mago hizo según lo indicado mientras que Issy salía de la pantalla. Unos segundos después, los ojos somnolientos de Gustav observaron con curiosidad hacia la cámara. En Inglaterra era poco antes de las seis de la mañana.
—Hola, papá —dijo aún medio dormido.
—Qué hay, campeón.
Por algunos minutos, los Hiiragizawa olvidaron lo que pasaba alrededor. Las semanas lejos habían sido parcialmente corregidas con aquellas charlas que la tecnología había hecho posibles, y luego de un par de bromas, Gustav fue nuevamente mandado al amparo de su cama.
—Te echo mucho de menos, duquesa.
—Y yo a ti. Es horrible buscarte y no encontrarte al despertar, en especial cuando hay ganas.
—Espero que Gustav ya no esté cerca —respondió levantando las cejas, animoso.
—Aunque lo estuviera, llegó bastante distraído de Japón…
—¿Distraído? ¿Con qué?
—Unos ojos carmesí —dijo, soñadora—. No deja de hablar de ella, se comunican por videollamada y juegan en línea todo el tiempo.
—¿A pesar de la diferencia de horarios?
—¿Te preocupa la diferencia de horarios? ¡Nacieron y viven en continentes diferentes!
—Al igual que tú y yo, y míranos.
—Siempre haces lo mismo, Hiiragizawa. Te odio —dijo sonrojada.
—Y yo te amo. —Relajó la postura frente al monitor, se retiró las gafas, y con sus ojos grises miró a su mujer con tanta intensidad, que la la hizo contener el aliento. —Quiero que sepas, Isabella, que voy a volver, de una forma u otra me las arreglaré para ir a casa.
Las palabras del inglés fueron sinceras, y pretendían llevar un mensaje de esperanza, pero sucedió lo contrario. Issy bajó la mirada, y sin poder evitarlo, rompió en un llanto tan silencioso como pudo.
—Issy… Discúlpame, por favor…
—Tranquilo… —lo detuvo—. Soy yo quien debería disculparse… perdóname por esta debilidad. Creo en ti, Eriol, y si dices que volverás, te estaremos esperando.
—Gracias.
—Ten un gran día, querido.
—Ten un gran día, mi amor —cerró la frase en español.
Después del primer ataque, todo cambió. La rutina de los habitantes de la casa Daidoji era diferente a la que cualquiera hubiera tenido, tanto así que se hacían guardias y siempre había alguien despierto en caso de alguna eventualidad las veinticuatro horas del día.
Durante las primeras noches del despertar de Tomoyo, su sueño no sólo le procuraba descanso, sino también un enorme torrente de conocimientos. La manifestación de su poder la hizo comprender su lazo con la tecnología, uno que siempre estuvo ahí, pero nunca notó, y que le provocaba las cefaleas de los últimos días. Eso lo llevó a reflexionar sobre "S", quien seguramente tuvo una revelación de ese tipo siendo apenas una niña… y nadie quien le ayudara a sobrellevar tan abrumadora realidad.
Loyalty llevaba ese peso por Tomoyo. Fue una mentora y le ayudó a adaptarse a sus capacidades y a refinarlas para lograr la armonía con el entorno que necesitaba.
—¿Y luego qué pasará conmigo? —preguntó en uno de los desdoblamientos que tenía a través de la red mientras su cuerpo reposaba.
—No lo sé. Mi origen es mágico, no divino, sólo puedo orientarte en algunas cosas donde tu poder y el mío confluyen, aunque tengo una teoría.
—¿Y cuál es?
—Que cuando los eventos del día de la promesa finalmente terminen, volverás a ser la misma de siempre. Según lo que mi ama me ha compartido y ha visto en todos los Dragones, sus habilidades se desarrollaron a niveles nunca registrados. Considerando todo lo que está pasando, es poco probable que las conserven, pues al parecer, la Tierra está en una especie de búsqueda de equilibrio, mismo que se rompería de dejar semejantes poderes en manos de un número tan reducido de personas.
—Nunca imaginé que la Tierra tuviera una mente.
—No es una mente como tal… la naturaleza más bien tiene un orden. Si el equilibrio natural es roto, ese orden creará medios para recuperarlo.
El tema ganaba trascendencia y se volvía de lo más interesante, pero algo enturbió esa idílica calma, algo obscuro y enorme… y muy familiar para la mujer y la carta.
El sitio virtual en el que estaban emulaba a un pequeño valle, y pronto, la calma del mismo se vio perturbada por una energía amorfa en primer lugar, que poco a poco fue ganando consistencia y figura.
El torrente de datos las fue rodeando lentamente aunque había algo que parecía bloquearle el paso hasta ellas, y en esos intentos, el visitante se configuró para mostrar una apariencia lejanamente animalesca… ofidia… un Dragón.
—¿Cuánto habrá pasado desde la última vez, Daidoji?
—Al menos unos doce años, señorita "S".
—Mi nombre en realidad es Satsuki.
—Mi apellido ya no es Daidoji, sino Ou. Es bueno ves que podemos ponernos al día.
Una charla cordial entre entes que podrían definirse como antitéticos en todo sentido. Demasiada familiaridad para dos personas que sólo una vez en la vida se habían visto cara a cara, y que sin embargo, se habían enfrentado de formas inimaginables, y que nuevamente estaban destinadas a contender.
Algo, sin embargo, era diferente. Y eso era la compañía que ostentaban.
—Veo que recuperó algo de Asiria —dijo Tomoyo—, le agradecería que le dijera a su amigo que no busque mi información.
El dragón se sacudió en ánimo hostil, pues ese afán de tocar a Tomoyo y Loyalty podría traducirse como un intento por obtener algún tipo de información de ellas.
—Su nombre es Bestia. Es mucho más de lo que Asiria jamás lograría ser —Respondió en tono plano—. Sería interesante saber algo más de ustedes, porque nunca conocí a alguien como yo. Concederé tu solicitud sólo porque dicha información no me ha sido solicitada por…
—¿Akiho?
—Tendremos tiempo para conocernos mejor, Ou —evadió la pregunta con la despedida.
—Ya tuvo la delicadeza de hacerme saber su nombre, por favor, use el mío.
—Bien, sólo si dejas de hablarme de "usted".
—De acuerdo. Te veré pronto, Satsuki.
—Hasta entonces, Tomoyo.
La entrevista terminó con la disolución de Satsuki y Bestia en la obscuridad.
—Estoy casi listo.
Kurogane pudo escuchar la intranquilidad en las palabras de Eriol.
—¿Qué es lo que te causa tanta inquietud? —La pregunta de Kurogane sólo hizo peor la sensación del mago—. Realmente soy ignorante al respecto, tendrás que explicarme.
—Bien —el inglés tomó un profundo suspiro, mientras ponía sobre el escritorio del estudio el libro que Issy le había hecho llegar—. La muerte, para magos y no magos, para seres mundanos y divinos, y para el universo que habitamos en sí mismo, es un misterio. Apenas conocemos algunos de los hechos que se dan en la realidad con su llegada, sabemos que es un evento, pero al mismo tiempo, podemos entenderlo como una entidad cósmica. Algunas personas virtuosas a lo largo del tiempo han logrado establecer cierto nivel rudimentario de comunicación con esta entidad, como los hermanos Peverell, el director Harry Potter…
—Sakura.
—Justamente. Sin embargo, más allá del fenómeno, están sus consecuencias en el mundo. Aquello que definimos como "alma" en rigor abandonaría el cuerpo que utilizó como vehículo en vida, mismo que, lenta, pero ineludiblemente, se descompondrá de una forma u otra y volverá a la tierra, y eventualmente al universo. No obstante, tal como podría suceder con el disco duro de un ordenador, queda información residual en el cuerpo… almacenado de muchas maneras, en el cerebro, memoria corporal, código genético.
—Creo que empiezo a entender… —dijo con cierta sentimiento de repulsión el samurái.
—Kakio Kuzuki tiene unos meses de muerto, y según investigué, fue sepultado de cuerpo completo en un columbario de la catedral de Santa María de Sekiguchi, en la capital. Con esos elementos, y la información del grimorio que conseguí, podríamos ser capaces de obtener algunas respuestas de él.
—¿Y por qué medio? —De la repulsión, Kurogane pasó al temor.
—Nigromancia.
—¿Eso no es…?
—Magia tenebrosa, prohibida e ilegal en la mayor parte del mundo, especialmente si se practica en humanos. Es antinatural y una aberración en toda regla, y el alma del ejecutor puede dañarse.
—¿Y cuándo lo haremos?
—Apenas esté listo… descuida, los rituales los haré yo, no será necesario que te involucres.
—Acordamos cooperación en todo el asunto de la investigación, no te hagas el mártir conmigo. Necesitarás cobertura cuando eso suceda, y yo estaré ahí.
—Oh, el grandulón pendenciero se pone sentimental.
—Muérete entonces, duque.
Eriol rio a expensas del guerrero, pero encontró que a pesar de todo, su ánimo de protección era legítimo, estaba inscripto en la naturaleza del carácter de Kurogane. Agradecido y más serio, puso una mano sobre el hombro de aquel incipiente amigo.
—Te tomaré la palabra entonces, gracias. En poco menos de una semana haremos nuestra incursión.
Una tarde animada en la capital. Familias enteras acudían a uno de los más emblemáticos y hermosos lugares de Tokio, aún cuando era martes. El parque Inokashira, al oeste de la ciudad era reconocido por sus cientos de árboles, entre los que, desde luego, estaban los cerezos, y por las tranquilas aguas de su río. Un lugar ideal para un hanami primaveral, reunirse con los amigos o la familia, o simplemente dormir al amparo de la sombra de un árbol.
Por lo mismo, Kusanagi se sentía particularmente feliz de caminar entre los senderos del parque, admirado de la flora y la fauna ahí reunida, que le bastaba para ignorar a las personas que compartían con él el lugar.
—Imaginé que te gustaría que nos viéramos aquí.
El militar detuvo la marcha. En un claro de aquel bosquecillo, a unos pasos de él, Akiho disfrutaba de los favores del clima, sentada sobre el césped. A su lado, Nataku se mantenía de pie, indiferente y expectante, y en el suelo, algo parecido a un portaplanos se mantenía al alcance de la mujer. Kusanagi sólo tuvo que echar un vistazo, y supo que en el interior de dicho objeto, estaba la espada.
—Es un gran lugar, a decir verdad.
—Uno de los pocos pulmones de Tokio. Sin embargo, debe desaparecer.
El soldado miró un poco desconcertado a sus alrededores, era una grata mancha verde dentro de la gran ciudad. De entre todos los sitios posibles, ese le pareció el menos indicado para desaparecer.
—Sé lo que estás pensando. Es un pequeño oasis dentro de todo el desorden creado por el hombre… pero a veces por un bien mayor, debe haber sacrificios. —Se levantó, echando a cuestas el enorme portaplanos, comenzando a hacer una ruta desconocida, escoltada por Nataku—. Estaremos cerca por si necesitas ayuda. Sabes lo que debes hacer.
Él asintió aún cuando ella le daba la espalda y se alejaba del lugar. Sentía en su pecho la misma pesadez de quien carga una culpa que no termina de comprender, pero era un hombre disciplinado, y estaba comprometido con su causa.
Dentro del mismo parque, a unos cientos de metros lejos, una jovencita paseaba con desenfado, ajena al hecho de que en sólo segundos, la tierra comenzaría a sacudirse bajo sus pies.
Una jovencita que hacía su caminata al lado de su perro demonio invisible.
XVII
Fin.
Gracias a Wonder Grinch por sus anotaciones sobre la intensidad, y a CherryLeeUp por su corrección y calibración.
Dejen su comentario, nos vemos pronto.
