Retroalimentación.

E A Blake chapter 19 . Jul 3: Siempre es así. Si te soy honesto, creo que siempre debe ser así. Yuzuriha era la primera de los buenos que tenía que partir. A decir verdad, llevarla más allá de un encuentro iba a ser un desacierto en tanto que su historia podría extenderse de más, y quisiera aprovechar ese espacio con otros personajes. Sobre Akiho, en mi perspectiva, es la concreción definitiva de una antítesis, si bien Chung-Hee y Fátima representaron una contraposición a la personalidad o los valores de Sakura, Akiho es su opuesto en todo sentido, y que no la conoció fortuitamente, sino que creció con ella. ¡Muchas gracias por tu reseña!

Wonder Grinch chapter 19 . Jul 3: Sabes que sí. Amor doloroso, pero amor. ¡Vamos por más! Gracias por comentar.

Mavi chapter 19 . Jul 3: Creo que todos imaginábamos para donde iba esto. Si te sirve de consuelo de alguna manera, ahora están juntos. Y ahora estamos en la escalada de la montaña rusa antes de lanzarnos a la picada final. ¡Gracias por tu comentario!

LizSaranjeiP chapter 18 . Jul 4: Qué bueno que lo disfrutaste. Tomoyo tiene poder, después de todo, es una Amamiya. Los duques, aún a la distancia, están juntos para todo. Oh, sí, poder para nuestros amados personajes… y, tristemente, para sus contrapartes. Chapter 19 . Jul 4: Es cierto. Pudieron ser felices, y de alguna manera se encontraron al final del camino. Aún nos dolerá un poco más el cora, ¡sé fuerte!

carmennj chapter 19 . Jul 6: Estamos ante un desenlace de obra. Es momento de arriesgarse, es momento de cambiar. Podríamos hablar de que en efecto, todo se pone más obscuro, pero me gusta pensar que, más bien, se pone irremediablemente intenso. ¡Lleguemos juntos al final! Gracias por comentar.

MissCerezoo chapter 19 . Jul 7: ¡Hola, cerecito! Sí, espera, te alcanzo el pedazo de corazón que se te cayó… Es interesante que hayas visto ese pequeño guiño hacia el nahualismo, sin pretender hacer spoiler, he de decir que eso no se volcará sobre la incursión que Eriol pretende hacer en cuanto a magia tenebrosa, sino en su misión principal como Dragón. Eso lo veremos muy pronto. Sobre Hinoto, veremos pronto sus motivaciones, si estas justifican sus actos o no, es tema aparte. En efecto, aunque no es como tal que Sakura haya perdido su don de la profecía, el punto es que su contraparte lo anula, y ni siquiera porque quiera hacerlo, sino que su existencia misma lo contrarresta. Akiho es como la pata del mono, en rigor, el deseo se cumplirá, pero no necesariamente como te hubiera gustado. Sobre la espada de Sakura, como dijera Bring me the Horizon en la canción "oh no": "be careful what you wish for…" (ten en mente esa canción). ¡Gracias por tu análisis!

Sigamos adelante. Y por cierto, habrá una marca en el capítulo con la leyanda "música". Para dar un poco de ambiente, la pieza recomendada es de Jocelyn Pook, "Masked Ball" del álbum "Flood", Virgin, 1999. Disponible en YT.


XIX.

Nigromante.

La capital, completamente estupefacta ante los eventos de los últimos minutos, repentinamente despertó. Comenzó entonces la tribulación, el miedo y la incertidumbre, y aún en el conocimiento de los protocolos y tantos simulacros en su haber, el terremoto había superado por mucho a los tokiotas.

Lejos, en América, las circunstancias no habían sido distintas, y un centenar de ciudades luchaba contra las penumbras de la madrugada entre incendios y derrumbes.

El polvo aún era denso. Akko, incrédula ante lo ocurrido, comenzó a actuar en automático, con un profesionalismo que, más que imparcial, se antojaba ausente, desorientado, casi indiferente a lo que la rodeaba.

Sin dejar de observar al par de cadáveres ante ella, comenzó a hablar a su varita:

—Jefa de la oficina central del Mahonokeisatsu, Atsuko Kagari al habla. Todos los aurores disponibles del área del Gran Tokio deben reportarse a sus destacamentos para labores de rescate y ayuda a la población, hay que priorizar a los no magos y coordinar al voluntariado mágico, especialmente a curanderos. El resguardo del secreto mágico puede ser obviado de acuerdo a cada situación. —Lívida, caminó hasta los cuerpos que yacían sobre el asfalto, y se dirigió a Li sin mirarlo —: Llevaré sus restos al anfiteatro del Estado Imperial y trataré de coordinar algo de cooperación con corporaciones no mágicas de rescate y las fuerzas nacionales de autodefensa. Nos veremos en la casa de Tomoyo para hacer un balance de daños en una hora.

Xiao-Lang se limitó a asentir mientras veía a Akko y Diana apuntar con sus varitas a Yuzuriha y Kusanagi, cubriéndolos con una manta blanca y preparándolos para una desaparición.

El Lobo nunca había visto al sujeto en el suelo, pero a pesar de eso la situación era muy clara: el enorme hombre aquél, que por su apariencia y vestimenta, parecía ser un militar, tenía a la chiquilla en la protección de su regazo, y tal como sucedía con los otros Dragones que había conocido, tenía una firma mágica muy particular, misma que lentamente se disipaba en el ambiente, justo como pasaba con la de la sacerdotisa… eso sólo podía significar que él era un Dragón del Destino… y que había cambiado de bando de cara al final.

Y luego, venía la reflexión sobre la causa de la muerte: un corte transversal en el torso de ambos a la altura del estómago, que limpiamente los seccionó, ataque que alcanzó las estructuras y árboles cercanos, partiéndolos también.

Como un usuario de sables, sabía que ese ataque había sido hecho con una espada, una increíblemente poderosa, determinado por la fuerza e impacto, dejando un escenario lógico muy consistente con los hechos: habían sido asesinados con una Espada Sagrada. La única existente en ese momento, hasta donde sabían, era la de Akiho, y ella era la única que podía empuñarla.

El chasquido de la desaparición sonó, llevándose el recuerdo de Yuzuriha Nekoi, haciendo a Li reflexionar sobre lo breve y frágil de la vida, y que aún siendo dioses quienes se enfrentaban a ella, la muerte siempre salía victoriosa. Lamentaba profundamente que alguien tan joven y con tanto potencial como Yuzuriha fuera la primera en partir…

Beiji-Hu, Meilin y Al alcanzaron al Lobo con rostros graves.

—Wei y yo iremos de vuelta a casa de Tomoyo, ¿ustedes podrían quedarse a ayudar por unas horas en los derrumbes? —preguntó Xiao-Lang a los otros.

Se limitaron a asentir, e hicieron según lo solicitado. Al entregó las llaves del auto a Li, advirtiéndole que el camino sería complicado.

Sólo cuando se puso al volante, fue que Xiao-Lang reparó en el ruido de las sirenas y el escándalo propio del caos en un desastre natural.


Cuando Li llegó a la mansión Daidoji, encontró a su esposa hecha un auténtico manojo de nervios. No fueron necesarias palabras: ella había sentido morir a Yuzuriha, y sabía que el golpe a la ciudad había resultado de ese fallecimiento.

Tomoyo ya había despachado al personal que trabajaba en esa casa, en el conocimiento de que la gran mayoría vivía y tenía familias en la zona, y esperaba pudieran reunirse con ellos, y aún cuando costó mucho trabajo por la saturación y la caída de los medios comunes e incluso mágicos de comunicación, lograron establecer contacto con sus respectivas familias en Hong Kong, y más allá del miedo y la incertidumbre, todos estaban bien.

En una hora que pareció pasar en un parpadeo, el matrimonio Kagari-Cavendish se apareció sucio y agotado en los jardines de la casa, y luego en ese gesto serio y preocupado tan raro en Akko, comenzó a relatar la gravedad de la situación en la ciudad:

—Siete punto dos en Richter, más de cinco minutos de duración, trepidatorio. Se sintió en buena parte del archipiélago, hay amenaza de tsunami en China, Rusia y Australia. Ha pasado muy poco tiempo para hacer una estimación de víctimas, pero creemos que podrían ser contabilizadas en miles… nuestras corporaciones, mágicas y mundanas, fueron superadas a pesar de que, en teoría, estábamos preparados —dejó salir un suspiro amargo, que seguramente iba acompañado de acidez estomacal por estrés—. Al mismo tiempo hubo un macrosismo en toda la costa del Pacífico americano, hasta donde sabemos, hay problemas en Argentina, Perú, Ecuador, Colombia, todos los países de Centroamérica y Canadá, aunque la peor parte la llevaron Chile, México y Estados Unidos, que tienen ciudades completamente incomunicadas. Europa, África, Asia central y occidental no tuvieron sismos —explicó específicamente a Eriol para que estuviera tranquilo, sabiendo que su familia estaba en Inglaterra.
—No sabemos cómo terminará todo esto, pero ya vimos el efecto de una barrera rota —complementó Diana en un tono igual de lúgubre—. Este sismo, a pesar de su intensidad y duración, no fue tan fuerte como otros de origen natural, pero sabemos que esto es una progresión… si uno más de ustedes es derrotado, el efecto puede ser dantesco, en el entendimiento de que Tokio ya está vulnerable. Sin ninguna duda, el gobierno comenzará a pedir que la ciudad sea evacuada, y quizás sea lo mejor.

El discurso se sentía incompleto cuando cayó el silencio. Sakura miró a su esposo con la mandíbula tensa, porque sabía cuál era la oración que cerraba la idea: no importaba que evacuaran la ciudad. A menos que hubiera un plan para abandonar el planeta, nadie se salvaría si ellos fallaban.


—¿Están completamente seguros?

Li caminó tenso a través del despacho de Tomoyo, hasta llegar a la ventana. Había sido un día funesto por sí mismo, y ahora tenía el ingrediente adicional que le daba el amargo sabor a traición. Eriol y Kurogane le contaron, luego de pedir audiencia privada, todo lo que había pasado en los últimos días y sus teorías.

—Es sólo una conjetura —respondió Eriol—. Sin embargo, creo que vale la pena investigar.
—Aunque nos tardamos demasiado —interceptó Kurogane—. Si Sumeragi hubiera mostrado sus verdaderos colores desde el principio, podríamos haber investigado a la adivina antes de toda esta calamidad, y con ello evitar que muriera Nekoi y todas las personas de hoy.
—Sin embargo, queríamos hacerlo al menos en tu conocimiento, porque eres el más centrado y analítico, tal vez tú puedas ver algo que nosotros no, y no quiero involucrar a Sakura aún —retomó Eriol.
—Sumeragi perdonando la vida de un Dragón del Destino… Hinoto guiándonos a la muerte… ¿creen que estén confabulados de alguna manera? —preguntó Li.
—No realmente, podrían tener objetivos diferentes, pero convergentes en acciones, aunque eso no cambia el hecho —Eriol matizó esas palabras con algo de enojo.
—¿Qué hecho? —Li también agudizó el gesto.
—Que no les importamos… —Kurogane cerró los puños, sirviéndole ese gesto como un modulante para su voz—. No les importó la niña Nekoi o los miles de personas que hoy murieron, dudo que el mundo les importe… ¿Qué podríamos esperar que sientan por nosotros y nuestras familias?
—¿Tenemos alguna forma de demostrarlo?
—No creo que Hinoto se sincere sólo por pedírselo, y Sumeragi no va a hablar tampoco, sólo tenemos un posible testigo.
—¿Y quién es? —apremió Li.
—Kakio Kuzuki, otro vidente.
—¿Y dónde lo encontramos para interrogarlo?
—Ese es el detalle… —El inglés se rascó la nuca, su actitud de inmediato alertó a Li—. Lleva unos meses muerto.
—Eso lo quita de la lista de opciones —se resignó el Lobo.
—No realmente. Aún hay un modo. —A sus palabras, Xiao-Lang miró alternadamente a sus amigos, intrigado.
—El duque quiere jugar al nigromante —aclaró Kurogane cuando el suspenso fue insostenible.
—Pero Hiiragizawa… eso es…
—Ya sé lo que vas a decir, pero piénsalo… si realmente Hinoto nos está llevando a un camino que pondría el riesgo nuestra misión, nuestras vidas o las vidas de nuestras familias, ¿no vale la pena el intento? El destino mismo del mundo está en juego, Li.

Una vez más, el patriarca se concentró en la ventana.

—Sé que eres un mago poderoso, y siendo un Dragón, no creo que sea un verdadero problema para ti hacerlo. Te seré franco: no me agrada la idea de que te debilites o arriesgues en esa tarea, como podrás darte cuenta, estamos en una situación que requiere de todas las manos posibles.
—No debes preocuparte por que falte mi magia o servicio.
—En realidad, me preocupa más tu salud. Eres un duque, también esposo y padre, además de amigo y mentor de Sakura… y mi amigo.
—Estaré bien —respondió el mago unos segundos después, tratando de ocultar cuán conmovido estaba con aquella declaración, mientras Kurogane rodaba los ojos.
—¿Cuándo lo harás?
—Lo mejor será que vaya esta misma noche.
—¿Quieres que te acompañe o que te asista de alguna manera?
—Descuida, el grandulón irá conmigo.
—Bien… cuando regresen, pasen directamente a hablar conmigo, no importa la hora. Quizás ese sea el mejor momento para poner al tanto a Sakura. —Vio al par asentir y dirigirse hacia la puerta, y justo antes de que la atravesaran, volvió a llamar su atención—. Y Hiiragizawa… llámame por mi nombre.
—De acuerdo, Xiao-Lang.
—Buena suerte, Eriol.


—Por favor, llámame apenas termines. —Issy sonaba realmente preocupada, cosa que era evidente no sólo en su voz, sino en el gesto que la videollamada mostraba a Eriol. Por un momento, él se volvió a sentir como un niño, más específicamente cuando sus recuerdos como reencarnación llegaron, haciendo que la siempre preocupada Agnes, su madre, pusiera cara de consternación ante su repentino despertar.
—Lo haré, pero descuida, tendré respaldo aquí para la recuperación.
—Recuerda que sería una buena idea pasar a una misa después, de preferencia de rito anglicano, pero si no es posible, una de rito latino podría funcionar, creo que es la más difundida por allá en Japón.
—Está bien… Nunca pensé que un ritual de este tipo fuera tan demandante en lo que refiere a los… ingredientes…
—Y es peor en lo que refiere al poder mágico. No sólo por la ilegalidad y la innegable naturaleza siniestra es que la nigromancia no se practica con regularidad, es porque pocos magos son capaces de ejecutarla.
—Pues supongo que entraré a las filas de esos magos.
—Ten mucho cuidado, Eriol. Te amo.
—Gracias, duquesa. Te amo.

Cuando la comunicación terminó, Eriol se quedó viendo el monitor vació del ordenador, pensando muy para sí mismo en todas las implicaciones de lo que estaba a punto de hacer, como si repentinamente dimensionara sus propias acciones.


—Todo en orden. El mocoso y los demás nos están dando una ventana de unas horas, hay mucho por hacer.

Eriol asintió a las palabras de Kurogane, que recién llegaba a su lado, en el tejado de la catedral de Santa María, en Sekiguchi. La noche evidenciaba las carencias de la ciudad: algunas zonas no tenían energía eléctrica, sin embargo, las autoridades se las habían arreglado para dar asistencia a los ciudadanos, y labores de rescate y asistencia se llevaban a cabo con eficiencia, en especial por la cooperación de magos y curanderos.

La catedral había mantenido un mínimo de concurrencia las horas previas, y para ese momento, un poco después de la medianoche, sólo el personal de mantenimiento y el párroco residente seguían en el edificio. Desde luego, no era una opción hacer el ritual con ellos presentes.

—Voy a profanar un templo católico. Esto es completamente nuevo para mí —dijo Eriol con voz trémula.
—De peores formas han profanado este y otros lugares religiosos sus mismos feligreses, hasta donde me he enterado, imagino que el dios cristiano podrá con una pequeña ofensa más. Pensé, por otro lado, que sus creyentes serían más… respetuosos con sus símbolos.
—Esto no es un acto de irreverencia, mi sintoísta amigo, sino un acto de protección. Si bien no hay un sólo lugar en la tierra libre de la influencia de fuerzas obscuras, los templos suelen tener mayor afluente de energías positivas que podrían ayudarme a salir avante, hay algunos que incluso están erigidos sobre suelo sacro… como este.
—¿Cómo si tu dios te estuviera respaldando a través del lugar? Lo pregunto porque para nosotros, la divinidad no es un ser consciente que responde nuestras plegarias, sino que es el mundo mismo y nuestros ancestros, y su influencia no tiene relación directa con nuestras acciones.
—Esa es tu forma de verlo —el mago matizó esas palabras dejando ver muy sutilmente la luz de la sabiduría de Clow en sus ojos—. Si bien su paso por las vidas humanas no es manifiesta, la divinidad está presente en cada aspecto de las mismas. Cada credo creado por los humanos, desde el sintoísmo hasta el Islam, son páginas diferentes de un mismo libro, por decirlo de alguna manera. Creer es, en efecto, una elección personal, pero no hay hasta el sol de hoy nada que pruebe o niegue la presencia de esa divinidad en el mundo… sin embargo, si te pones a pensar en lo que hemos vivido en estos años, como el que tú seas un dotado y yo una reencarnación, llegarás a la conclusión de que es poco inteligente asumir que no existe.
—Pero con eso me hablas de divinidad, no de…
—No de religión, mi amigo —puso una mano sobre su hombro—. Creo que ya lo has entendido.
—Mostrado tu punto… —El samurái dedicó una mirada severa al mago, y sin dejar el tono plano de siempre, lo reprendió—: ¿Quieres dejar de postergarlo?

Eriol suspiró de resignación. Era cierto, sólo estaba dándole largas. Ordenó al cetro del sol que se liberara, y un momento después lo ponía en alto sobre su cabeza, dejando que despidiera un apenas perceptible fulgor. Sólo bastaron unos segundos para que viera como cualquier persona en los terrenos de la catedral la abandonaban. Estando seguro de su soledad, al menos hablando de presencias físicas, aferró la maleta deportiva a su costado, e indicó a Ou que había llegado el momento.

Descendieron hasta el patio principal, se escabulleron por un costado del templo y luego de algunas gesticulaciones con el sol dorado, una puerta posterior se mostró y les dio paso al interior de la iglesia, justo detrás del púlpito. La imponente bóveda de negra roca con el órgano y los motivos religiosos propios del cristianismo, por algún motivo parecieron amenazantes. Kurogane no pudo evitar cierta aprehensión con los objetos ahí exhibidos.

—¿Todo en orden? —inquirió Eriol.
—Conocí a algunos misioneros cristianos que visitaron mi villa cuando yo era niño. Con sinceridad, su culto siempre me resultó particularmente… mórbido… es decir… —señaló con la mirada una imagen de la crucificción—. ¿cómo logran venerar la imagen de una tortura?
—Es porque no se trata de la tortura en sí misma, mi amigo, sino del mensaje y el sacrificio detrás de ella. Páginas diferentes del mismo libro —reiteró.
—Eres sabio para ser tan joven.
—He pasado por dos vidas hasta hoy, sería ridículo que no lo fuera.

Ante ellos, una escalera subía por detrás del púlpito, hacia los nichos mortuorios.

Eriol tragó pesado, y aunque Kurogane lo disimulaba muy convincentemente, también se sentía sumamente inquieto, y es que más allá de cualquier creencia religiosa, la muerte establecía un nivel de respeto que ninguno de esos dos hombres se sentía con el valor de infringir.

Arriba, comenzaron a caminar entre los columbarios, organizados en pasillos que recordaban lejanamente a una librería. Criptas cuidadas, limpias y frías, que mostraban delante de sí el nombre del occiso cuyos restos ocupaba la sepultura.

—Aquí está —susurró Kurogane, después de unos minutos de búsqueda.

Eriol lo alcanzó, y ambos examinaron la lápida, la tercera en una hilera de cinco, todas dedicadas a miembros de la misma familia.

Kakio Kuzuki.

—Apelando al guerrero en ti… esto no será agradable de ver y voy a necesitar que hagas algunas cosas por mí.
—Tú dirás.
—Primero que nada, durante el tiempo que esté ejecutando el ritual, es posible que me veas discutir con el aire, por favor, no te asustes.
—Hace falta más que eso para asustarme.
—Bien. No creo que suceda, pero si ves que estoy al borde del desmayo, mantenme consciente y oblígame a detener el ritual, pero por ningún motivo permitas que pierda el conocimiento, y desde luego, no me vayas a noquear, eso sería darle acceso a entidades obscuras a mi cuerpo.
—Entendido… Espera, ¿qué?, ¿entidades obscuras?
—Al nigromante que practica la magia tenebrosa no le importa que su alma quede expuesta a seres obscuros, algunos incluso lo poseerán, pero eso no es bueno de ninguna manera. Si tenemos la mala fortuna de que un ente realmente poderoso y maligno secuestre mi cuerpo, podría tratar de quedarse permanentemente.
—¿Qué debo hacer si eso sucede?
—Bien… en una situación extrema, pues… —los ojos del duque se concentraron en la espada de su compañero.
—¿¡Estás demente!? ¡No voy a herirte!
—Herirme lo empeoraría. En realidad, tendrías que matarme.
—¡¿No crees que eso es algo que debiste exponerme durante la planeación de todo esto?! ¡No puedo simplemente permitir que mueras! ¡Mucho menos matarte!
—Pensé que ni siquiera te agradaba.
—¡No tiene que ver con eso, imbécil!
—Lo sé. Es mi culpa, pero… honestamente, creo que eres el único que tendría el temple para hacer lo necesario. Un Dragón para preservar a los cinco restantes, me parece un riesgo aceptable.

Con esas palabras, Eriol terminó la conversación. El samurái bufó y retrocedió un poco, pasando su sable al costado izquierdo, y listo para desenvainar.

El inglés tomó su actuar como el acto de protección solicitado, y estaba agradecido de no estar solo.

-Música-

Con evidente animadversión, Eriol abrió la maleta que llevaba, sacando su contenido. En bolsas herméticas de plástico, la cabeza, corazón e hígado completos de un cerdo, aparentemente frescos, fueron puestos sobre el suelo, donde fueron retirados de su cubierta. Releyendo el nombre en la lápida para evitar alguna desagradable sorpresa, comenzó a hacer hechizos para vulnerar la pequeña puerta sellada, y evitando dañar la de las tumbas aledañas.

Terminada la tarea, dio un profundo suspiro luego de retirar la cobertura de mármol, dejando a la vista el mecanismo de deslizamiento con el que se introducía y extraía al fallecido.

Como era de esperarse, el pútrido olor a muerte golpeó la nariz de Eriol cuando tiró de la camilla, y viendo Kurogane su incapacidad de extraerla del muro, se puso a tirar junto con él, logrando por fin tener expuesto por completo el cadáver.

Kakio Kuzuki parecía haber sido un hombre alto en vida, al menos ciento ochenta centímetros. el blanco kimono con el que había sido sepultado estaba manchado aquí y allá de obscuros fluidos, ya secos para ese momento. Sus manos rígidas descansaban contra su pecho, marchitas y adelgazadas hasta los huesos, dejando ver unas uñas algo largas, y su cabello castaño claro se regaba como una cortina detrás de su cabeza. Sus ojos estaban cerrados y hundidos, y la posición y el deterioro de su carne, habían provocado que su boca se entreabriera un poco, dejando ver las piezas dentales que le quedaban.

Los ojos de Eriol destellaron en determinación, miró a Kurogane con un gesto que decía que debía retroceder un poco. El samurái asistió al mago a retirarse la túnica y luego se alejó unos pasos.

Después de varias respiraciones profundas, el inglés comenzó el ritual.

Al parecer, las letanías eran en latín. Eran muchas y el samurái escuchó la perorata de Hiiragizawa legítimamente sorprendido, pues no imaginó que fuera capaz de memorizar tantas palabras. Sin embargo, el procedimiento no se limitaba a los conjuros. Con una navaja pequeña, pero afilada, Eriol hizo un corte profundo en su muñeca izquierda, e hizo presión con su puño para que el chorro de sangre le permitiera definir una delgada línea por el perímetro en que avanzaba.

Hecho el círculo en el que quedaba parcialmente la camilla del difunto, Eriol hizo una curación rápida para evitar perder más sangre de la necesaria, y levantó la voz, haciendo resplandecer el símbolo del sol dentro del perímetro de sangre.

A Kurogane no le quedaba claro el propósito de haber llevado las piezas de un animal igual de muerto que el entrevistado. Su anfitrión adivinó sus pensamientos:

—Los tejidos blandos son los primeros en desaparecer —explicó el duque con una voz exageradamente grave y lúgubre, dejando ver al guerrero que sus ojos, otrora grises, destellaban en carmín—. No puedes hablar con alguien que no tiene pulmones para contener aire o lengua para articular palabra…

Terminada esa oración, la atmósfera se volvió pesada y enervante. Eriol, volviendo a concentrarse en su objetivo, apuntó con sus manos a la ofrenda, y luego al cadáver, aumentando el volumen de su voz en las nuevas invocaciones.

Los trozos de carne levitaron un poco, y lentamente comenzaron a desintegrarse, volviéndose fluidos y entrando agresivamente por la boca y nariz del desafortunado cuerpo, que comenzó a hacer los ruidos propios de alguien que sufre atragantamiento. Una escena execrable que incluso al samurái le estaba costando mucho trabajo soportar.

La concentración del ejecutor flaqueó un poco entonces. Cerró los ojos y su cabeza se sacudió como si tratara de ahuyentar a insectos invisibles, incluso sacudió un poco las manos, y comenzó a mascullar.

Tal como había advertido a Kurogane, parecía estar enfrascado en una disputa con alguien, escena que quizás en otras circunstancias podría resultarle cómica a un espectador ignorante… el punto era que el samurái podía sentir en el frío de la obscuridad, no una, sino varias presencias que rodeaban lenta, pero voluntariosamente al duque. El mago, a cada momento, aumentaba el volumen e intención de los gruñidos, incluso dio varios tirones en lugares diferentes de su ropa, y alguna palabra en un idioma indefinido abandonaba sus labios.

—¡Hey! —exclamó el samurái, incapaz de simplemente observar el sufrimiento de su compañero—. ¿Sigues conmigo, duque?

Eriol abrió nuevamente los ojos. Temblaba y sudaba, y sus ojos seguían emitiendo un enervante fulgor escarlata, pero el llamado de atención pareció devolverle cierto control:

—Estoy aquí… Todo en orden.

Eriol se irguió nuevamente. El esfuerzo realizado era innegable, pero la voluntad y el despliegue de poder del hechicero lo eran también. Había hecho, en su primer intento, un ritual de nigromancia completo.

Un silencio espeso cayó sobre el columbario. Los ruidos naturales de la noche se habían ausentado por completo, en su lugar, sonidos menos amables se hicieron presentes, sobresaltando a los intrusos: golpes, débiles y erráticos… desde el interior de las criptas que no fueron abiertas. Algunos murmullos fueron audibles, como de alguien que ha sido amordazado, y lo que sin lugar a dudas eran gimoteos y llantos.

Un lamento largo, gutural, escapó desde el hombre que había sido exhumado por el dúo. Las manos, rígidas, comenzaron a luchar contra su propio rigor, descontracturando huesos, mientras que el cuerpo luchaba por tomar aire, como quien regresa a la superficie luego de casi haberse ahogado en el agua. Con movimientos casi espasmódicos trató de quedar sentado, tarea que con mucho esfuerzo finalmente completó luego de luchar por un minuto o dos, ante la mirada aterrorizada y escéptica de los presentes.

—¿Qué… qué fue lo que me pasó? —pronunció de pronto el resucitado, con un rictus de confusión y un timbre que no podría definirse más que como "de ultratumba".

Por el gesto que se dibujó con sus decadentes facciones, era más que evidente que no pudo siquiera reconocer su propia voz. Sus cuencas mostraban un par de ojos rudimentarios, acuosos, poco consistentes, como si las partes faltantes de su cabeza hubieran sido sustituidas por nuevas. Más allá de su avanzado estado de descomposición, el sujeto respiraba, se movía, y al parecer, razonaba como haría una persona viva. Un espectáculo siniestro y traumático para quien lo presenciara, comenzando por él mismo resucitado.

—¿Señor Kuzuki? —tanteó Eriol, aún con los iris encendidos en tonalidad sangre y la voz obscurecida.
—Sí… o al menos eso creo… —respondió con voz cavernosa, mirándose las manos marchitas—. Estoy muerto… ¿por qué es que mi cuerpo no descansa en el eterno silencio entonces? ¿Por qué han detenido mi marcha para volverme nuevamente uno con la tierra? ¿Qué podrían obtener de mí? El alma que ocupaba este cuerpo no lo habita más.
—Sabemos eso, señor Kuzuki. Es por sus conocimientos que me atreví a despertar su cuerpo del sueño eterno. Me disculpo por la interrupción.
—En vida fui un profeta, todo lo que en mis proyecciones vi, lo compartí, ¿qué podría darles más allá de esos terribles conocimientos sobre un futuro trágico?
—Sus saberes sobre los que han sido destinados a ser nuestros guías y compañeros.

El difunto se concentró tanto como pudo en los dos hombres ante él, mientras ellos trataban de ignorar tanto como les era posible la cacofonía de lamentos en el resto de los columbarios, donde seguramente un puñado de muertos que conservaban algo de materia también había despertado.

—Claro… ustedes son Dragones de la Voluntad… el Enamorado y el Sol… curioso… supongo que no pude ver que me despertaban, pues es algo que me pasó directamente a mí después de morir.
—¿Puedo preguntar cómo murió? —lanzó Kurogane, irreverente.
—Creo que podríamos catalogarlo como Eutanasia. Hinoto me ofreció una salida al dolor, y la esperanza de que mi alma se reuniera en la eternidad a aquella que tanto amé en vida.
—¿Entonces ella fue la que…? —se interrumpió Eriol, que parecía escandalizado—. ¿Pero cómo? Se supone que más allá de comunicarse con alguien, ella no es capaz de lastimar.
—Comete un error quien asume que Hinoto es sólo una adivina. Yo mismo le advertí sobre su propio poder, ella y su hermana son caminantes de sueños, y con el debido consentimiento del anfitrión, pueden hacer cosas con él… pueden usurpar su lugar, pueden tomar posesión de las funciones de su cuerpo tal como los demonios que te rondan ahora mismo, y pueden obligarlo a hacer cosas, de todo tipo, hasta detener su corazón.
—Disculpará mi apremio, señor Kuzuki, pero no creo soportar por mucho tiempo la conversación… así que seré concreto. —Eriol parecía tener problemas incluso para respirar en ese momento, pero mantuvo la postura impertérrita y el aplomo—: El Tonto… ¿realmente lucha por nuestra causa?
—Cada Dragón fue cruelmente puesto en este camino por el destino, pero no necesariamente lo afrontará con lealtad para sus forzados aliados. No creo que un solo Dragón de la Voluntad sea tan abnegado como para entregarse a su misión sin pensar en todo lo que tiene que perder. Pude ver que si él tiene un interés que se interponga con su misión, le dará prioridad sin importarle el dolor que infrinja a los demás.

Ou y Hiiragizawa se miraron con el gesto endurecido. Sus sospechas eran fundamentadas. Eriol aumentó el aplomo, listo para la última cuestión:

—Una última pregunta… Hinoto… ¿ella es confiable?

El profeta guardó silencio por unos momentos.

—Hinoto es una mujer complicada. El objetivo de su vida fue ser la guía de los Dragones de la Voluntad, y una parte de ella siente preocupación legítima por aquellos a quienes debe mostrar el camino. Sin embargo, su alma está rota por la mitad, y en esa fractura vive otra parte de ella misma, una frívola y nihilista que no siente mayor respeto por otras personas y sus objetivos. Esta manipulará y buscará garantizar su propia supervivencia y reconocimiento cuando los eventos del Día de la Promesa terminen. Y lo que es más… ella sabe que la única forma de llegar con vida al otro lado de la extinción de la humanidad, es si ningún Dragón de la Voluntad sobrevive. Su éxito personal es directamente dependiente del fracaso de aquellos a los que juró guiar. No deben abrir sus mentes a ella, pues no dudará en cumplir sus propios objetivos por encima de la misión que el mundo le dio.
—Gracias. Ha aclarado muchas de nuestras dudas. Perdónenos por esta intromisión —dijo Eriol, apenas siendo capaz de modular su voz entre la emocionalidad de lo descubierto y su propia debilidad—. Descanse en paz.

El símbolo del sol finalmente se desvaneció, Kakio presa de una nueva muerte, comenzó a sacudirse como quien es víctima de un infarto, pelando una vez más con la asfixia, hasta quedar nuevamente tendido sobre su espalda, inerte.

Kurogane asistió a Eriol para quedar recargado en una pared. Su piel se sentía fría, y sudaba copiosamente, y una vez ahí, no pudo evitar vomitar.

Los golpes y lamentos que se escuchaban en el recinto fueron extinguiéndose poco a poco, hasta que el sepulcral silencio de la cripta volvió a reinar, sin embargo, la obscuridad de las presencias seguía ahí, acechando al invocador, e incluso a su acompañante.

Contrariado y con una extraña sensación que lo recorría como un insecto de arriba a abajo, el samurái empujó la camilla de regreso al nicho, hasta que se perdió en su obscuridad, y sobrepuso la diminuta puerta.

Con sus últimas energías, el inglés hizo un encantamiento para limpiar su propia sangre, ahora reseca y obscura del suelo, y después de reparar y sellar la puerta de la que sacó a Kakio, fue llevado a cuestas por Kurogane del templo, pues no podía siquiera mantenerse en pie, y estaba a nada de desmayarse.

—Ella… Hinoto… debemos advertir a Sakura y los demás —susurró el inglés.
—Definitivamente, duque… —respondió su guardián provisional—. No lo hiciste mal.
—Gracias.


Sólo unos minutos después, Kurogane y Xiao-Lang llevaron a Eriol a su habitación ante la mirada alarmada de los otros ocupantes de la casa, enfundados en pijamas dada la hora y la repentina tribulación de la llegada de los aventureros, mismos que pidieron un poco de paciencia, pues tenían que hablar sobre lo sucedido esa noche.

El británico fue puesto sobre la cama, aunque se resistió a recostarse a sabiendas de que terminaría irremediablemente dormido.

—Estuvimos en lo correcto desde el principio… Sumeragi no tiene interés en ayudarnos —comenzó, matizando con amargura sus palabras.
—El muy bastardo representará un peligro si no lo obligamos a alinearse —secundó Kurogane, irritado.
—¿Qué hay sobre Hinoto? —cuestionó Li.

Eriol, respirando con aplomo por primera vez, dando muestras de una recuperación real, reflexionó unos segundos, para concluir:

—Ella tuvo sus propios motivos para reunirnos en primer lugar, pero es un hecho verificado: ella nos traicionará tarde o temprano… quizás ya lo haya hecho.
—¿Qué debemos hacer? —Li sonaba particularmente indeciso al preguntar eso.
—Por principio, contarle a la niña —respondió Kurogane refiriéndose a Sakura—. Tomoyo también debe enterarse. Y luego…
—Y luego, debemos confrontar a esa mujer… —resolvió Eriol, determinado—. Ella, para guiarnos por el camino equivocado…
—Debe conocer el correcto —cerró la idea Li.


Bueno, está hecho… ellos ya te han descubierto.¿Qué harás ahora, amada mía?
—¿De qué estás hablando?
No necesitas de tu don de la profecía para saber que tarde o temprano ellos averiguarían tus verdaderos planes. Van a venir por ti, te van a obligar a decirles la verdad…
—Yo no puedo decirles eso.
Claro que no… porque cuando descubran que estaban condenados desde antes de que esta locura comenzara, serás la primera en morir y…

La arrogante Hinoto alternativa cesó su perorata, por primera vez luciendo un gesto contrariado.

—Vaya… sí que es retorcida la mente de una adivina —dijo alguien en tono burlón a la distancia, en aquel espacio onírico.

Era imposible que alguien más interviniera en esa conversación… nadie podía colarse en ese espacio, salvo por Kanoe, y sólo con el permiso de la dueña de ese lugar… porque era su mente.

—Oh, no te sientas mal. Nunca estuvo realmente en tu poder negarme o permitirme la entrada. Hablar de quien tiene el poder de Dios es abrir la mente a realidades inconcebibles, incluso para los que tienen poder desde el nacimiento. —Akiho apareció dentro de los sueños de Hinoto, propinándole un susto paralizante a la soñadora—. Hinoto, la adivina… Kanoe me ha hablado tanto de ti… descuida, me marcharé de inmediato, sólo vine a preguntarte algo —Hinoto no pudo siquiera quitar el gesto de terror que tenía, Akiho continuó, arrodillándose para que su rostro estuviera al nivel del de ella—: ¿Cuál es tu deseo?

XIX.

Fin.


Mil gracias a la lectora cero WonderGrinch, cuya sangre debo limpiar del suelo a cada acometida. Gracias a la editora correctora CherryLeeUp, por ser ella quien limpia mi sangre en compensación.