Retroalimentación.

LizSaranjeiP chapter 20 . Jul 16: Hola. Era necesario hacer ese reconocimiento. Creo que el adagio aplicable para la condición de Hinoto es "nadie sabe para quién trabaja", y al final, aún cuando sus fines son egoístas, podrían ir un función de alguien o algo más. El crecimiento de los personajes es, desde mi perspectiva, vital para el buen desarrollo de la historia, por eso las relaciones entre ellos también deben cambiar y madurar. No te voy a decir que esto no será una tragedia, pero no perdamos todas las esperanzas aún. ¡Gracias por tu reseña!

Wonder Grinch chapter 20 . Jul 16: Es, sin embargo, muy atractivo a pesar de lo tétrico o espeluznante, y ya sabes como es Eriol, se manda solo. Parece que la petición de deseo de Akiho será recordada en la infamia por siempre. ¡Gracias!

Ailin79 chapter 20 . Jul 16: Sí, esa extraña, pero espontánea relación de amor odio entre ellos es entretenida, incluso de escribir. Las formas que la mente tiene para romper a una persona son crueles, las mentes más privilegiadas suelen tener los peores demonios. Sobre Sakura, no nos adelantemos a los hechos. ¡Gracias por comentar!

E A Blake chapter 20 . Jul 19: Siempre, los lugares sacros, de acuerdo a la experiencia, siempre tendrán esa aura inquietante que tanto favorece a este tipo de relatos. El tema de la religión siempre será rico, independientemente de las creencias o incluso de la carencia de ellas, porque la religión es un producto directo de la cultura. Gracias por notar el ambiente, me esforcé mucho tratando de crear ambiente, y ver que función es muy satisfactorio. Y sí, esa perra de Akiho está loca. ¡Gracias por tu comentario!

CherryLeeUp chapter 9 . Jul 19: Oye, fueron doce años de receso, es hora de volver al trabajo. Al menos ellos están avisados de que el camino delante no será amable con ellos. Chapter 10 . Jul 19: Justo así. Están ante no otra cosa que el destino, y si quieren corresponder por todo lo que la vida les dio, este es el camino. El dolor es parte de ese recorrido. Chapter 11 . Jul 19: Creo que el odio generalizado por Akiho no es responsabilidad de ella, sino de sus autoras. Es una Sakura, pero que no es Sakura ni tiene su chispa y todo eso. Pero ciertamente esta versión es algo más. Chapter 12 . Jul 21: Que Kaito tuviera este desarrollo era necesario. Debía haber una fuente real de resentimiento para que funcionara, y creo que esa era la mejor. Chapter 13 . Jul 21: Sí, fue duro de escribir, así como seguramente lo fue de leer, y estás en lo cierto. Akiho tiene una misión, pero la personalidad sociopática es completamente de ella. Chapter 14 . Jul 21: Nah, si tienes tu carácter. Es cierto, la pena desgarró, y más de uno no podría recuperarse de semejante golpe. Li es una estrella aquí, ¿no? Bueno, en toda la saga lo ha sido. Chapter 15 . Jul 21: kaito tenía que pagar y pagó. Y sí, Sakurita peca al ser demasiado noble, pero no es hora de ser así. Ya perdónala. Chapter 16 . Jul 21: Tiempo al tiempo. Sí, a mí también me gusta esta Tomoyo, ¿te dije que la imagino con tu personalidad? No me odies. Chapter 17 . Jul 21: En efecto, la debilidad de Sumeragi es su peor defecto, y pagaremos por eso. Y sí, quizás hay personas más aptas para el liderazgo, pero el mundo tiene planes diferentes.

carmennj chapter 20 . Jul 20: Oh, sí, se viene lo bueno. El capítulo siguiente, si bien no se centrará en Hinoto, nos ayudará a ver un poco mejor su perspectiva y podríamos decir que cerrará su ciclo. E+K es un dúo que vale la pena explotar. Tal vez, conociéndose en otras circunstancias, pudo ser un combo ganador. ¡Gracias por tu reseña!

MissCerezoo chapter 20 . Jul 27: ¡Hola! Sí, el mundo mismo está cambiando.y ellos saben justo de esa condición a la que apelas: sólo ellos pueden hacerle frente. Me alegra mucho saber que logré el efecto deseado en esa escena, aunque tuve muchos debates sobre la música a utilizar, creo que la elección fue la correcta. Hinoto es tal como la describes: un alma compleja, una víctima más de la balacera del destino, y con sus propias aspiraciones más allá de su misión. Hinoto ha pasado sólo un día de la promesa, a ella el único papel que le tocó fue ser el profeta a cargo, y a pesar de haber vivido casi un siglo, este es el punto máximo de su existencia. Sobre si quiere o no el éxito de su bando, es un término muy ambiguo. Sí, Akiho es una psicópata. Se antoja abofetearla, pero su rol es el segundo más importante después de Sakura, tendremos que soportarla. Aún tenemos cosas que descubrir. ¡Gracias por tu análisis!

A lo que vinimos.


XX.

Coraje.

Sólo unos minutos después de que Eriol y Kurogane llegaran tan intempestivamente, Sakura vio entrar una vez más a su esposo a la habitación. Su gesto obscurecido únicamente podía presagiar que había más malas noticias, y solícita caminó hasta que sus manos se sujetaron con fuerza.

—Eriol tiene algo que contarte.

Sakura no preguntó más. Se limitó a asentir y a acicalarse un poco, pues era de madrugada y había dormido para ese momento sólo un par de horas; ella y su prima habían hecho las guardias de la última jornada, cada una en una región diferente de la ciudad.

Unos minutos después, además de ellos, Kurogane, Tomoyo, Al y Meilin estaban frente a la puerta del inglés, igual de lívidos ante una explicación por tan extraño comportamiento de los recién llegados y del patriarca Li.

—Yo ya estoy al tanto —se anticipó Xiao-Lang—. Kurogane y yo tenemos que hacer las guardias ahora mismo, así que los dejaremos para que sea Eriol quien les explique, aprovechando que Sumeragi tampoco está aquí.

Después de despedirse, Sakura llamó a la puerta. Un "adelante" en voz cavernosa les cedió el paso.

Eriol estaba sentado en un sofá rojo que había adoptado desde su llegada a la mansión Daidoji, estaba recién duchado y vestido con un pijama cómodo, pero elegante, al parecer, esa conversación sería su última actividad antes de dormir un poco.

—¿Qué está pasando, Eriol? —se atrevió la portadora del poder de Dios, intrigada.
—No hay manera fácil de decir esto, Sakura, así que seré conciso, porque esto es importante al ser tú nuestra líder.

Honrando sus propias palabras, su explicación fue lo más breve y directa posible. No había forma o pretexto para no serlo, y el mensaje era claro: Sumeragi no era un aliado en verdad, y Hinoto era más un obstáculo que una ayuda.

—Pero… fue ella quien nos reunió en primer lugar —argumentó Tomoyo, contrariada.
—Sí, aunque al parecer, por sus propios intereses.
—¿Qué puede ser más importante que la supervivencia del mundo? —reviró Meilin, escandalizada.
—Su propia supervivencia —respondió el mago con amargura—. También su deseo de trascendencia. La realidad es esta… pero como siempre debió ser, el camino a seguir lo decides tú, Sakura.

La maestra de cartas se cubrió el rostro, abrumada. Caminó por la habitación ante la mirada expectante de los presentes. No se sentía con fuerzas o deseos de tomar el liderazgo de los Dragones de la Voluntad sobrevivientes, pero muy en el fondo, sabía que no tenía otra alternativa: en la ignorancia e incertidumbre, ella debía marcar la ruta a transitar en adelante.

—Tal como sugeriste, seguiremos con las guardias para tratar de prevenir ataques sorpresa, y no haremos más lo que Hinoto nos indique. Al menos no hasta charlar con ella y establecer que realmente esté de nuestro lado. En cuanto al señor Sumeragi… no tenemos opción, él es uno de nosotros, y sólo podemos confiar en que su corazón, al final, esté en el lugar correcto. —La última frase no pareció convencer a Eriol, pero igualmente la aceptó. Ella continuó—: Por favor, duerme un poco, lo que hiciste debió ser muy agotador, mañana veremos de qué forma cerrar el ciclo de Hinoto. Lo mejor será que todos descansemos, algo me dice que las noches tranquilas serán cada vez menos frecuentes.

Todos aceptaron de buena gana, y salieron de la habitación deseando las buenas noches al hechicero reencarnado.


Los sueños de Hinoto siempre eran, si bien no bellos, relajados al menos, aunque lúgubres, y con la aparición de su alterego, se habían tornado más bien estresantes. Esa madrugada no era la excepción: Hinoto se vio a sí misma corriendo sin un destino aparente sobre fango rojizo, en un cielo nublado y revuelto de espectral ocre. La sensación del contexto era una huida, trataba con todas sus fuerzas de escapar de algo o alguien que la acechaba en el llano, y que le provocaba un inmenso miedo.

Y aún cuando en ese mundo interior ella podía recobrarse de sus impedimentos físicos, veía su carrera entorpecida por los largos olanes de su traje ceremonial, cuyas partes más bajas se sumergían en ese lodo hemático, haciéndola ir más lento cada vez, y provocándole la casi olvidada sensación de sus piernas rogando por descanso a causa del esfuerzo.

Después de un tiempo imposible de calcular en extensión, la adivina cayó sobre sus rodillas en un pequeño valle.

¿Por qué insistes en engañarte? —preguntó la otra Hinoto, que parecía regocijarse en una poco discreta danza, la cual ejecutaba tendida sobre el fango, dejando que todo su atuendo se tiñera de rojo—. ¿Por qué pretender que este resultado no nos lleva inexorablemente a la meta que perseguimos?
—¡Yo no persigo ninguna meta más que el cumplimiento del destino!
Ya pasamos por esto tantas veces, que ya no es divertido —La mujer tomó una actitud más seria mientras se levantaba—. Pones esa cara de mustia y dejas caer tus lágrimas, tan innecesarias… tan hipócritas. ¿Sabes? Según Dante hay un lugar especial en el infierno para las personas como tú. —Con cinismo, levantó una de sus manos, filtrando el fango entre sus dedos, dejando caer el rojo y turbio líquido que le daba su color—. Podrías empezar a acostumbrarte a estar sumergida desde ahora.

Hinoto abrió mucho los ojos ante semejante afirmación, porque conocía el lugar del que su contraparte hablaba, a final de cuentas, compartían conocimientos… la laguna Cocito. Lugar de los traidores. Incapaz de contenerse, comenzó a llorar.

—Yo no…
Sí, pequeña sabandija. Tú sí… al menos ahí te ahogarás en el frío del lago de hielo, y no en la sangre de las miles de personas y los dragones que se extinguieron en Tokio y el mundo gracias a tus mentiras. Podrías simplemente dejar que yo me hiciera cargo, si dejas atrás la hipocresía, la traición desaparece también, Kanoe estaría feliz de ayudarte, y la portadora del Poder de Dios de los Dragones del Destino parecía particularmente interesada en cumplir nuestro deseo.
—¡Ese es tu deseo, no el mío!
¡Yo soy tú, estúpida! ¡Deja de pensar que esta parte de ti no está arraigada en tu alma! ¡No sobrevivirás si te empeñas en silenciarme y no reconocerme!
—No puedo… —Hinoto secó sus lágrimas, pero aterrorizada notó que sus manos estaban también manchadas del fluido que creaba aquel fango oleaginoso y denso. No había lugar para interpretaciones, ni escapatoria a la verdad: no estaba manchada, estaba cubierta, a nada de ahogarse en la sangre de miles de inocentes. Sólo había una oportunidad, ya no de supervivencia, sino de redención—. ¿Cómo permití que me dominaras de esta forma? ¿Cómo pude llegar tan lejos escuchando tu consejo…? Por el cielo… escucharte la primera vez fue mi condena… pero no más… —De entre sus ropas extrajo la espada corta que siempre la acompañaba y con la que se había lastimado a sí misma tantas veces.
Al menos encontraste las agallas con las que aceptaste el don de la adivinación hace tantos años.

La Hinoto del involuntario atuendo rojo, empuñó el mismo sable, abandonando el cinismo de siempre.

Y sabiendo que ese era el conflicto que definiría el derrotero final de su espíritu, se decidió a enfrentarse a sí misma.


La turbia sensación de la muerte sólo dejó que el duque dormitara por un par de horas. Y aún cuando ese sueño producto del agotamiento fue profundo, fue tempestuoso. Había superado el tabú, se había metido con las leyes de la naturaleza, había retado a la muerte con argucias obscuras que sólo los magos tenebrosos se atrevían a practicar. Su espíritu y su mente se sentían sucios y corruptos, e incluso la parte más oculta de su razón lo hizo pensar que no merecía volver a estrechar a su esposa e hijo.

Issy quizás lo reprendería por no buscar una alternativa diferente, pero difícilmente lo juzgaría por arriesgarse de ese modo a jugar con la obscuridad. ¿Pero Gustav sí lo haría?

Esa última reflexión hizo que se sentara en la cama involuntaria e intempestivamente. Aún se sentía débil, pero ya tenía el aplomo para mantenerse despierto y en actividad, además de que el sueño definitivamente lo eludiría por las siguientes horas, tal vez incluso por los siguientes días.

"Estaré bien… todos lo estaremos". Pensó en un afán sincero de animarse a sí mismo, y caminó por la obscuridad de su habitación, distraído.

Y a medida que más le daba vueltas al asunto, la conclusión aparecía más clara en su mente: debía ir y confrontar a Hinoto, decirle que no podía seguir influenciando a Sakura, que no podía proclamarse más como su guía. Confiaba en el criterio e intenciones de la maestra de cartas, pero sabía que podía ser… blanda y compasiva, actitudes que Hinoto no merecía en el conocimiento de que sus acciones habían provocado la muerte de miles de personas, dos dragones entre ellos.

Notando que el cielo comenzaba a teñirse de índigo, dando paso al inminente alba, echó sobre sus hombros la túnica negra del sol, colgó la llave a su cuello, y decidido, comenzó su marcha al parlamento, dejando una nota en su buró.


—¿Qué es exactamente lo que los hace dudar tanto? —preguntó la pediatra con ánimo… lúdico, si el término era aplicable.

Los Dragones sobrevivientes y Kanoe escucharon la pregunta y compartieron miradas curiosas. No se podía negar que los restantes tenían todo menos dudas en su proceder.

Uno de ellos, sin embargo, sólo lo fingía, con dotes de histrionismo dignas de reconocer.

Dado el regaño y despachados para descansar, Kanoe solicitó audiencia.

—Quisiera ausentarme unas horas, necesito atender unos asuntos fuera de la ciudad —explicó casual la caminante de sueños.
—Desde luego. Tómate el día completo si así lo deseas, trataré de mantener todo en orden en tu ausencia —respondió con igual simpleza Akiho, sentada en su trono, custodiada únicamente por Nataku.

A pesar de las formas respetuosas y amables, era un hecho que se sentía mucha tensión entre ellas.

—De acuerdo, nos veremos más tarde, muchas gracias.

Kanoe hizo una reverencia mientras que Akiho daba un asentimiento, y mantuvieron la tranquilidad hasta que la primera alcanzó la puerta para abandonar el recinto.

—¡Kanoe! —llamó la portadora de la espada sagrada con voz firme, provocando eco en todo el recinto.
—¿Sí?
—¿Me dirás cuál es tu deseo?
—Creo que ya sabes esa respuesta. En cuanto vuelva, te lo contaré.
—Bien dicho.

Una vez sola, Akiho hizo una seña a su guardián.

—Ve al Parlamento. En cuanto el sol salga por el horizonte, ataca. Quiero la cabeza del Dragón de la Voluntad que lo defienda, enredada en tu manto —enfatizó mirando directo a los ojos al albino—. Quiero al Sol enredado en tu manto. Destruye a los traidores.
—Mi señora —respondió él a modo de afirmación, y con tranquilidad abandonó el lugar. Tenía un par de horas para planear su estrategia.


—¿Haganemaru? —musitó Tomoyo medio dormida, viendo como la enorme sombra de Kurogane se colaba a su habitación por la ventana—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No deberías hacer guardia?
—La chica Kagari se ofreció a sustituirme —respondió él en voz baja también, quitándose el calzado y todo lo demás, pasando como un fantasma al baño de la habitación—. Tomaré una ducha y estaré contigo en un momento, princesa.

El hombre cumplió con su palabra y en cinco minutos salió envuelto en una toalla y una nube de vapor. Sin encender las luces o hacer más ruido, se hizo camino a través de las sábanas del lecho, buscando algo más que el merecido descanso.

No fue sino hasta ese momento que Tomoyo supo cuánto lo había echado de menos. Le encantaban sus gigantescas manos ásperas y la forma como la recorrían. Le gustaba sentirse pequeñita y frágil entre los brazos de su propio coloso, que delicado, pero apasionado, le daba todo el amor que le cabía en el cuerpo, tocándola como si de un arpa diminuta se tratara, con atención a no romperla, pero con la seguridad de un músico eximio.

Lo merecían, y en ese conocimiento, se dejaron llevar, se reconocieron en esa ya casi inexistente intimidad que era delimitada por el entorno, y agradecieron la oportunidad de darse afecto en ese modo tan esperado por ambos.

Consumado el acto, agitados, pero sumamente gratificados, estuvieron en contemplación mutua entre los brazos del otro. Él no tenía ningún tipo de reparo en pasar sus manos por su cuello, sus caderas y muslos, y por supuesto, sus senos, cuyas dimensiones lo hacían enloquecer desde que la conoció, y en los últimos años, su abdomen, el cual ella insistía en ocultar de una forma u otra.

—Debes dejar de hacer eso —la reprendió él con afecto, tomando la mano con la que intentó cubrir su bajo vientre y besando sus dedos con dulzura.
—Pero no me gusta… sólo ve cómo se cuelga la piel… mira las marcas en los costados —se quejó ella en un puchero, señalando la flacidez en el área que rodeaba los apenas evidentes puntos quirúrgicos y las estrías visibles en su cintura y caderas.

—Y se lo preguntas a un tipo como yo —le respondió él por lo bajo, delineando con el índice el contorno de la cicatriz, y luego hizo que la mano de ella pasara por su pecho y abdomen, plagado de evidencias de tiempos menos amables—. ¿Qué piensas tú de ver mis cicatrices?
—Que eres valiente… y que en tus tiempos no sabían resolver las cosas hablando.
—Esto es lo mismo para mí: Todas estas cosas de las que me hablas, cada "marca" fue una alegría y una esperanza en cada kilo de más y en cada nuevo dolor. No recuerdo haberte visto lamentar ni una sola vez ni renegar de ellas durante los meses que esperamos a Yuzuki, y cuando dijeron que podría tener problemas para el alumbramiento, no lo pensaste ni por un segundo. Eso es evidencia del valor, del esfuerzo, y de un amor infinito, esos son quizás los valores más importantes para mí, y los que mejor te representan. Siempre tuviste los recursos para una cirugía reconstructiva, y no tomaste ese camino. Te escondes en esa postura frívola y egocéntrica para no mostrar toda la dulzura y entrega que realmente existe en ti, y sinceramente creo que para ti no fue un auténtico sacrificio el dejar de usar bikinis —entre cruzó sus dedos con los de ella—. Y yo no podría sentirme más privilegiado de ser el único que haya visto de forma tan directa esa parte de ti… además de la despistada de tu prima.
—Sabes que la cicatriz no es el problema… además, mira quien lo dice —rio ella—. El mismo que es el hombre más amoroso con nosotras, que no deja de hacer cosas pequeñas, pero significativas que no me dejan olvidarte… y ni creas que he dejado de notar como Eriol se ha ido ganando tu aprecio y respeto en este breve tiempo juntos.
—Eso es un secreto, y me gustaría que siguiera siéndolo.

Ella se burló e hizo un par de bromas más al respecto, pero al final le dió la espalda, haciéndose un ovillo y dejando que él la abrazara, abarcando por completo su cuerpo, dejándola dormir en ese mismo lugar que para ella era el más seguro de la tierra entera.


Sakura tocó un par de veces a la puerta de Eriol, pero sin recibir respuesta. Pasaban de las siete de la mañana, la luz entraba con fuerza por las ventanas de la casa, y faltaban sólo unos minutos para que Xiao-Lang llegara de su patrullaje. En sus manos, una pequeña bandeja de té con un desayuno ligero que ella misma había preparado, sería el pretexto para extender un poco más la charla de la noche anterior con el duque. Esa sería su forma de inscribirse de lleno en el papel de guía de los Dragones de la Voluntad en sustitución de Hinoto.

Después de un par de minutos, y habiendo tocado en repetidas ocasiones, se dispuso entrar, preocupada de que el estado de salud de su amigo hubiera empeorado durante la noche. Lo que la recibió luego de disculparse por la intromisión, sin embargo, fue una cama vacía y debidamente tendida. Contrariada miró al buró, donde una pequeña nota la informaba sobre el proceder del mago.

Estaré en el parlamento. Descuida, Sakura, haré lo que deba sin violencia, pero esa mujer debe, al menos, tomar consciencia de lo que ha hecho. No tardaré mucho.

E. H.

La maestra de cartas iba a decir algo, cuando el momento cortó sus intenciones, cambiando su frase:

—No, por favor… no ahora… —susurró consternada al sentir la tierra sacudirse tal como en las ocasiones anteriores.


¡Sólo acéptame de una buena vez! ¡No tenemos más nada que perder!

Con ese grito de guerra, la Hinoto alterna había golpeado a la real, estrellando el mango de su espada en su rostro y haciéndola caer. Para ser una pelea que se daba dentro de su mente, los golpes realmente dolían, y más que eso, las marcas se somatizaban en el mundo real, creando hematomas en la piel de la impedida.

—No. Estoy cansada de ti. Estoy cansada de mí misma… he vivido esta mentira por años, he traicionado todo aquello en lo que siempre creí.
¿No te parece un poco tarde para sentirte arrepentida?
—Desde luego. Pero al menos voy a intentarlo. Se lo debo a la memoria de Yuzuriha, a la memoria de Kakio e incluso la de Hokuto.

En una repentina muestra de gallardía, producto de sus propios recuerdos, regresó a la carrera hasta su contraparte, lanzándose a ella, embistiéndola por la cintura y haciéndolas caer por una pequeña pendiente de rugoso fango. Rodaron por algunos metros, y luego de caer separadas, la primera Hinoto se levantó con muchos esfuerzos, con su traje blanco perdiendo cada vez más ese color entre el rojo que le recordaba con dolorosa insistencia lo terrible de sus acciones. Frustrada y furiosa contra sí misma, continuando su reclamo:

—Sentir morir a Yuzuriha fue lo peor que me pasó. Ella confió en mí, ella dejó su vida en mis manos… y yo la traicioné. No sólo la dejé morir, yo misma la mandé con su ejecutor a sabiendas de que no sobreviviría. Y hoy está destinado a morir otro Dragón.
Es tarde para él.
—Aún no… aún puedo salvarlo.


Siendo tan temprano, poca o ninguna actividad se vivía en los alrededores del parlamento, apenas un puñado de policías y militares lo resguardaban, y las actividades legislativas estaban suspendidas debido a los últimos eventos.

Eriol caminó por los jardines del palacio de la Dieta con seguridad, a pesar de sentirse un poco débil aún. Después de todo, lo único que haría sería decir a la adivina que no se involucrara más con ellos, y que cuando todo terminara, se encargarían de que enfrentara a la justicia por lo que hizo. Volvería a la casa Daidoji luego de eso y descansaría un poco más hasta estar repuesto por completo.

A un centenar de metros del acceso que lo llevaría al sótano, notó que los guardias usuales que custodiaban el umbral no estaban ahí. Situación que le pareció particularmente extraña, pues esos tipos no eran soldados ni militares… no eran siquiera personas, sino shikigamis, creados por la misma adivina. Apresuró el paso para descender y averiguar qué pasaba, pero a sólo unos metros de cumplir su objetivo, lo peor que podría pasar, sucedió.

La tierra comenzó un vaivén, Eriol pudo sentir la presencia de un contrincante, y maldijo su suerte pensando que no podía haber peor momento para que algo así pasara, porque sabía que no estaba en su mejor forma, aún así, se preparó para la defensa del lugar. El asunto de Hinoto tendría que esperar.

Determinado, y luego de echar un profundo suspiro, liberó el cetro del Sol, y apuntando con él al cénit, creó una barrera cubicular que encerró todo el Parlamento y sus alrededores, permitiendo que sólo fueran perceptibles unos segundos del movimiento afuera. Terminada la protección, se lanzó a buscar al responsable, mientras veía cómo los costados del palacio se resquebrajaban. No debió, sin embargo, buscar por mucho tiempo.

En uno de los saltos, un trozo de tela blanca salió de la nada, capturándolo por el tobillo, y tirando de él hacia uno de los edificios del complejo. El impacto fue brutal, el duque atravesó el duro hormigón del tejado de la construcción, cruzando el par de pisos superiores del mismo para luego salir por su costado, y terminar su desafortunado viaje sobre el asfalto. A pesar de la confusión y el dolor, sus reflejos fueron lo suficientemente rápidos como para ver que un nuevo ataque venía por él, en el mismo fantasmagórico vehículo: el manto blanco que se comportaba como un látigo, pero que el inglés supo interceptar. El cetro del Sol recibió el impacto, la tela se hizo jirones incapaz de atravesar la defensa del duque.

Ese último asalto había delatado la ubicación de Nataku, que indiferente miraba desde la parte más alta del parlamento mismo. Eriol lo observaba también, en un serio escrutinio por los breves segundos que se dieron en aquella tregua de reconocimiento.

Nataku pensó por un momento que esa vez no iba a ser tan sencillo como con la chica del perro demonio, pero no importaba. La cabeza del Sol en su manto, esa era la consigna del día.


Xiao-Lang hizo una llamada fugaz cuando vio la barrera cerrarse cerca del centro de la ciudad, y en ella informó que se acercaría para asistir a quien fuera que la hubiera creado. No obstante, no era el único en las inmediaciones: Kanoe ya corría entre las calles de la confundida capital, dispuesta a sacar a su hermana del sótano del parlamento, aún a rastras si era necesario.

Todo el mundo y la contienda podían irse al infierno, había comprendido muy tarde que Akiho no era su aliada, que realmente era, por un lado, los deseos del mundo mismo de liberarse de una plaga; y al mismo tiempo, una sádica discreta que parecía estar disfrutando del rol de genocida que la vida le dio.

El error había sido suyo. Ella la había buscado y confiado en que su deseo realmente seria cumplido por ella, tal vez debió buscar a su contraparte, Sakura Li parecía mucho más compasiva y preocupada por las personas… ¿había posibilidad aún de solicitar su ayuda?

Lo pensaría una vez que llegara a Hinoto.


La adivina cínica y desvergonzada tenía la razón en algo: era la más fuerte de las dos partes que componían la mente de Hinoto. Había peleado apenas con un poco de desenfado, y a cada embestida de su contraparte, repelía con gracias sin necesidad siquiera de desenvainar su sable. Hacerlo sería el acto máximo de traición contra sí misma, pues cualquiera de las dos, lastimando a la otra, sería provocar daño a la unidad que ambas componían.

¿No te ha quedado claro el punto? —preguntó luego de lanzar por enésima vez a su contrincante sobre aquel barro rojo—. No puedes vencerme, no puedes silenciarme tampoco porque eso implicaría tu propia destrucción. Por eso me atacas sin fuerzas o convicción. Por eso dudas en lastimarme. Si yo me voy, tú me sigues. No existes sin mí.

Hinoto, agotada, miró a aquella petulante versión sonriente y sardónica de sí misma, como quien mira una malformación en su cuerpo, como quien observa sus propios tejidos metastásicos, avergonzada y triste a partes iguales, al saber que esa enfermedad o esa malformación, eventualmente la llevarán a la muerte. Esa otra Hinoto tenía razón: una no existía sin la otra, erradicarla era renunciar al futuro, era terminar de una buena vez con su historia.

Iluminada por ese conocimiento, finalmente dejó de luchar, y adoptó una postura más relajada, mientras tomaba pose de meditación.

Al fin lo entendiste, ¿cierto? —dijo victorioso el espíritu egoísta de la traición que vivía en la adivina.

Hinoto sólo hizo un asentimiento, y cerró los ojos definitivamente, concentrándose en su siguiente y último movimiento. Una proyección de sí misma salió de su mente, en la completa ignorancia de su otra parte. Tenía poco tiempo antes de ser descubierta, su razonamiento, más que un plan, era una mera corazonada, era una acción que dependía completamente del azar y la esperanza, y quizás la única oportunidad que su espíritu tenía de encontrar finalmente la redención.

Atravesó la ciudad a la velocidad del pensamiento, estaba proyectando una parte de su alma en busca de la única persona que podía darle el perdón, y que al mismo tiempo, le otorgaría una última oportunidad a la especie a la que ella misma, en su egoísmo, había condenado.

La proyección astral no podía definirse como un viaje geográfico donde buscar a su destino en el espacio e interactuar con él. Ese viaje era a través de pensamientos, recuerdos, emociones y sensaciones, aunque también conllevaba una búsqueda. Cuando pudo sentir el corazón divino de la persona que buscaba, comenzó a jugar su carta final.

«¡Honorable Sakura!».
—¿Señora Hinoto? —exclamó Sakura, confundida de escuchar la etérea voz de la clarividente directo en su mente.
«¡Por favor! ¡Sé que debe tener muchas preguntas y mucha desconfianza en mí, pero se lo suplico… escúcheme una última vez!».
—Pe… pero… ¿Eriol está con usted?
«Eso no es importante… le suplico que únicamente me escuche y haga lo que le diga… sé que desconfiará, pero sólo haciendo lo que le indico, es que podrá salvar la vida del duque de Devonshire».


Nataku, dada su artificialidad, no comprendía a cabalidad actitudes o respuestas naturales humanas, y aunque en su poco tiempo de vida había conocido a un puñado de seres con poderes que superaban la lógica humana, Eriol rápidamente estaba ganándose su respeto y hasta un poco de su temor.

El manto de aquella tela que normalmente parecía indestructible y que podía salvar distancias de cientos de metros para ejecutar un ataque, era quemada, raída e inhabilitada por los poderosos y rápidos hechizos del duque, que entre la evasión de detritos, controlar la sismicidad del lugar de encuentro y evitar el manto mismo de su adversario, estaba dando una muestra simplemente admirable de poder, inteligencia, autocontrol y disciplina como no había visto en nadie más.

Saltando con coordinación y diligencia, casi con elegancia entre los fragmentos del parlamento, Eriol movía el cetro del sol como si fuera una parte más de su cuerpo, haciendo toda suerte de invocaciones que no sólo lo mantenían libre de los intentos del albino de alcanzarlo, sino que incluso lo atacaba con llamaradas, algunos truenos, bancos de niebla, y cualquier cosa que el duque pudiera proyectar.

Con todo y eso, Nataku tampoco era un combatiente a subestimar.

Sintiéndose desafiado finalmente en sus capacidades, comenzó a hacer ataques cada vez más rápidos y certeros contra Eriol, el manto aumentaba mágicamente su tamaño, volumen y densidad, haciendo que los obstáculos físicos entre ambos fueran destruidos al contacto, y que le costara cada vez más a Eriol crear barreras mágicas que lo mantuvieran a salvo.

—Esto no tiene que terminar así, muchacho —exclamó desde un punto alto Eriol, en una breve tregua que se dieron, viendo que su contrincante no debería pasar de la mitad de sus veintes.
—¿Cómo debería terminar entonces, señor? —preguntó él, con la voz delicada, casi femenina que lo caracterizaba.
—Detengamos todo esto, no tienes que morir aquí… yo puedo reparar los daños hechos al lugar y tú puedes hacer lo que desees.
—Tengo mis órdenes y no puedo cambiarlas… en realidad, no encuentro motivos para cambiarlas. Mi existencia obedece sólo a participar en el día de la promesa y a seguir las órdenes del portador del poder de Dios.

Terminada esa oración, gesticuló apenas moviendo la mano izquierda, y una de las puntas de su manto salió a la velocidad de un disparo hacia Eriol, librando en un parpadeo el centenar de metros que los separaba. Él sólo tuvo que mover un poco la cabeza para evadirlo. La tela siguió su camino varios cientos de metros.

Viendo como había fallado, Eriol retomó la conversación:

—¿Y cuáles son las órdenes del portador del poder de Dios, mi joven amigo?

Con igual celeridad, el andrógino volvió a tirar de la tela, con tal velocidad que Eriol apenas si pudo agachar la cabeza, justo al momento que un afilado trozo de cristal a prueba de balas, parte sin duda de alguno de los edificios, pasaba justo por el espacio donde estuvo su cuello momentos atrás, librando apenas una decapitación limpia.

—Que lleve la cabeza del Dragón de la Voluntad que cuida esta barrera.

Con esa frase lapidaria, un Nataku que ya había mostrado ser inmensamente capaz, dejaba salir finalmente todo su verdadero y atemorizante poder. Su manto aumentó el tamaño mientras flotaba a sus espaldas, y los pliegues y dobleces terminaron formando un siniestro entramado de tentáculos que recordaban lejanamente a una versión menos húmeda del mítico kraken. Todo lo que era alcanzado por uno de esos filamentos era pulverizado en el acto, aún cuando la tela sólo tocaba su superficie sin afanes de atacar.

El mago, que había sido petulante al subestimar las capacidades de su adversario, pensaba en una estrategia analizando los patrones de ataque de su enemigo, en especial validando sus propios recursos: su espíritu seguía débil después de su última intervención, lo que se notaba en el desempeño de su magia, y muy probablemente también haría mella en su capacidad de sanar si es que tenía que recuperarse de alguna lesión, escenario que se volvía más verosímil ante cada nuevo ataque. Salió del camino de una red del manto justo cuando esta pasó limpiamente a través del hormigón de un edificio, convirtiéndolo en un montón de finas tiras de concreto que cayó con suavidad al favor de la gravedad.

Nataku no era el Dragón con los poderes más vistosos o elaborados, pero la potencia de aquel objeto en el cual canalizaba todo su poder, era simplemente espeluznante. Por los segundos de desconcierto que le tomó a Eriol asimilar los verdaderos alcances del muchacho, se dedicó únicamente a bloquear y escapar de sus monstruosas embestidas. Bastaría un golpe o un agarre para poner la balanza a su favor, y toda esa barrera se perdería. No podía permitirlo.

En el siguiente momento de libertad que Hiiragizawa tuvo, levantó su cetro sobre su cabeza, empujando todo sobre el suelo lejos de él, e invocaciones mágicas de todo tipo, algunas incluso simulando ser bestias, fueron al encuentro de su oponente.

Sí, Nataku era una auténtica amenaza, pero el duque era uno de los hechiceros más poderosos de su generación, era un pilar en la comunidad mágica de dos países, y mentor de cientos de nuevos magos. Daría una batalla sin cuartel hasta la muerte en aras de defender el mundo donde él y los suyos vivían.


Todo fue mi culpa, honorable Sakura… y aún cuando sé que no merezco su perdón, quisiera abandonar este mundo sabiendo que al final, hice lo correcto».
—¿Qué es lo que está pasando?
«Lord Hiiragizawa está peleando ahora mismo».
—¿Eriol? —se alarmó Sakura—. ¡Él no está en condiciones para tener un combate, él…!
«Sacrificó su salud para descubrir mi… mi traición…».
—¡Tenemos que ayudarlo!«Honorable Sakura…» La "voz" de Hinoto se quebró un poco. «No hay un escenario que yo haya presenciado en el cual el Sol sobreviva… él morirá a manos del Colgado, y la barrera que protege el parlamento caerá. Millones de almas se perderán con este evento».
—¡Eso no es posible! ¡No puedo permitirlo! —Un dejo de reproche cambió el tono de voz de la maestra de cartas, que con señas desesperadas llamó a Cerbero y Yue para que la acompañaran—. ¿Usted vino hasta aquí para decirme que no hay salvación para Eriol?
«No… vine a decirle que no había presenciado un escenario donde él sobreviviera… eso sólo quiere decir que su salvación… podría estar condicionada a mi vida. Si no soy capaz de ver el resultado, es porque un vidente no puede ver hechos puntuales más allá de su propia muerte. Perdón por no darle una certeza, sino únicamente una esperanza. La única con las habilidades para intentar salvarlo es usted, sólo usted, en ese cambio en el destino, podría estar el camino hacia la salvación de todos. A pesar de todas las cosas horribles que hice… gracias por confiar en mí por última vez. Estoy agradecida de haber conocido a un portador tan digno del poder de Dios, que me hizo creer al final que un destino diferente y luminoso era posible. Adiós, honorable Sakura».


—Está hecho —declaró con renovada calma la Hinoto original, la primera, la bienintencionada.
—¿Qué fue lo que hiciste? —reclamó asustada su alter ego.
—Lo correcto. Estoy luchando contra el destino del mundo, como debí hacer desde el principio.

Sentada como estaba, desenvainó nuevamente su espada corta. Afuera, en el mundo real, sus manos imitaban esas acciones con la versión física de ese mismo sable.

Su contraparte dentro de su mente la imitó, asustada, confundida, lista para contender. Y lo siguiente y lo único que pudo hacer, fue proferir un grito aterrorizado, viendo a su eterna compañera y rival levantar la hoja para luego sepultarla sin una pizca de duda en su propio abdomen. El dolor fue sentido por ambas. La traidora se desintegró en el aire, como si nunca hubiera existido.

El grito también sonó afuera, proferido por Kanoe, que se asomaba al interior del solitario búnker de Hinoto, viéndola atravesar de lado a lado su estómago.

Corrió tan rápido como pudo a su encuentro, con la esperanza de poder asistirla, de poder arrancársela a la muerte, de poder estar con ella un poco más. Era su hermana, cuya salvación y supervivencia era lo único que le había dado propósito a su existencia misma, lo único que realmente le quedaba en la vida.

—¿Por qué? —balbuceó Kanoe, ahogada en llanto, tomando en brazos el cuerpo agonizante de Hinoto, y sacando de su abdomen la hoja en su desesperación sin saber que eso sólo empeoraría la lesión.
«Tenías razón, Kanoe. Siempre la tuviste. La salvación de este mundo era una causa perdida… en tanto yo estuviera involucrada. Mi muerte abre la posibilidad de que todos vivan».

Finalmente, aún con el remordimiento de los errores cometidos, pero al mismo tiempo con el orgullo del deber cumplido, Hinoto cerró sus ojos ciegos por última vez.


La fuerza de la pelea había sido tal, que en algunas regiones el asfalto había desaparecido, dejando ver las entrañas de la tierra varios cientos de metros debajo. pasando por la infraestructura de la ciudad y hasta los yacimientos de agua, el parlamento prácticamente había desaparecido, y Eriol y Nataku se movían a velocidades inconcebibles, atacando y esquivando a partes iguales.

El albino había resultado herido en más de una ocasión, para ese momento, el bonito atuendo chino que acostumbraba mostraba múltiples rasgaduras y estaba quemado en algunos puntos, al igual que la túnica del mago. A pesar de los daños a la indumentaria, ambos parecían sanos. Su condición de Dragones los había hecho recuperarse a cada choque, sin embargo, Eriol daba muestras evidentes de agotamiento. Sus ataques se habían vuelto más débiles y lentos a cada ocasión, y su respiración se hacía más dificultosa cada vez.

Nataku analizaba con cabeza fría. Había notado que su contrincante no estaba en condiciones óptimas, y había decidido no dejar pasar la oportunidad de terminar con él en esa carencia. Sin darle un nuevo cuartel, su manto comenzó a hacer una persecución del hechicero, destruyendo todo lo que se cruzaba en su camino, mientras que Eriol comenzaba retroceder en franca huida, evitando por nada los ataques, mientras su vista se nublaba un poco a cada segundo que pasaba. En poco tiempo no tendría más fuerzas para luchar, y sabía que si quedaba inconsciente o era lastimado de gravedad, Nataku no pensaría ni por un segundo en perdonar su vida.

El segundo de esos escenarios, en un espantoso giro de eventos, fue el que se dio.

El costado del hechicero fue golpeado en su último salto, haciéndolo caer sobre los escombros de uno de tantos edificios derrumbados. Evitó cuanto pudo el caer de forma comprometedora, aunque el impacto siguió siendo demoledor, no obstante, el inglés no se permitió soltar su cetro, y tampoco quedar inconsciente, aunque no pudo moverse más, simplemente se quedó de pie, un poco encorvado, viendo al andrógino ir a su encuentro, sin lugar a dudas, dispuesto a terminar el trabajo y llevar la recompensa solicitada por la inquietantemente perversa Shinomoto.

Sólo tenía una oportunidad. Todo por el todo.

A una distancia prudente, Nataku lanzó su manto. Eriol esperó hasta el último momento para reaccionar, atrapando a mano limpia la tela a milímetros de que alcanzara su pecho. El impacto provocó profundas heridas en su palma, en la que sintió un ardor semejante a haberla puesto sobre brazas, a pesar de la sensación, enredó aún más el textil en su puño, tirando de él ante la mirada confundida de su enemigo, que notó que había perdido parcialmente el control sobre su arma.

Eriol literalmente iba creciendo por cada metro que cerraba distancia con su oponente. En su mente iba repitiendo lo que de forma fugaz, pero efectiva le fue enseñado por Ilhuicamina, y el resultado era mucho mejor al esperado. La respiración del duque fue aumentando de intensidad y volumen, tanto que dejó de ser una súplica por oxígeno para convertirse en un jadeo feroz, mientras que la tela de su toga, de por sí rasgada para ese momento, terminó por ceder ante el aumento de tamaño de los músculos de su espalda y hombros, mientras su piel se iba cubriendo lentamente de un fino y destellante pelaje negro azulado, y su naturalmente agraciado rostro era complementado con las regias facciones de un felino que gruñía, mostrando un gesto beligerante al tiempo que sus colmillos eran exhibidos sin pudor a un Nataku que finalmente había quedado frente a frente con él, y que por primera vez, manifestaba algo de miedo real.

A sólo centímetros de distancia, Eriol dio un ensordecedor rugido directo al rostro de Nataku, que incapaz de pensar con claridad, resolvió escapando de un salto al mismo tiempo que el mago soltaba su manto, regresándole el control.

Lord Eriol Hiiragizawa se erguía nuevamente, habiendo alcanzado casi tres metros de estatura, convertido en un titán, en una mole musculosa, en una pantera antropomórfica que emitía un aura de realeza que competía con una de franca divinidad. Un Nahual completo, por tiempo limitado, dueño de un poder ancestral que potenciaba sus habilidades. Con actitud regia levantó la derecha sobre su cabeza, ondeando el cetro del sol, que lucía particularmente pequeño entre las gigantescas manos del coloso de Devonshire.

La pelea reinició con Nataku siendo el perseguido esta vez. Y si bien Eriol tenía que pagar un costo en inteligencia y estrategia, era compensado con creces con velocidad, fuerza, y un potenciado instinto de supervivencia propio se su recién descubierta parte animal.

Sin notarlo, durante la larga persecución del albino entre los pedazos destruidos del edificio donde buscó refugio, el manto que tantas heridas había causado ya para ese momento iba quedando tenso en distintas estructuras, formando un entramado confuso en apariencia, mientras que Nataku iba guiando al mago hacia abajo, llevándolo lentamente a un embudo de tela, a una telaraña siniestra, donde el poder o la fuerza física de Eriol no importarían, y es que esa podría ser su única forma de vencer, pues frente a frente, estaría condenado entre las garras o las fauces del duque.

Eriol rugió una vez más, satisfecho, haciendo sentir a Nataku su aliento directo en su rostro, y este último hizo su movimiento final.

Tiró con fuerza de las puntas de su manto, que de inmediato se tensaron, destruyendo parte importante de la construcción, y al mismo tiempo cerrándose a lo largo del cuerpo de Eriol, cortando su piel al contacto, atrapándolo y evitando que lo alcanzara, y las fauces de la pantera se cerraron a milímetros de alcanzarlo. El duque volvió a rugir, esta vez, sin embargo, presa del dolor y la ira, sintiendo como la tela atravesaba su carne en las coyunturas de su cuerpo, con la sensación de sus huesos siendo limados por las fibras del enemigo, que aún asustado, había quedado tendido e inmóvil.

—¡No va a terminar así! —sentenció el duque en un rugido.

Dando un último esfuerzo, estiró el cuello, sintiendo como la tela hacía más profundas aún sus heridas, a pesar de ello, logró su objetivo en ese movimiento. Sus mandíbulas se cerraron alrededor del cuello de Nataku, arrancándole una expresión de terror, y al mismo tiempo privándolo de la capacidad de gritar. Los colmillos se hicieron paso a través de la carne, dejando que Eriol probara el gusto de la sangre de ese oponente obligado por el cual no sentía odio en realidad, y a pesar de esa agobiante sensación, no reculó, sino que por el contrario, aumentó la potencia de la mordida, dando cuenta de que su víctima tiraba cada vez con más desesperación de la tela que lo tenía a él cautivo, lastimándolo aún más.

Y luego de un eterno minuto en que parecía que ambos iban a morir, las vértebras cervicales de Nataku crujieron al mismo tiempo que lanzaba un lamento ahogado y una expectoración de sangre. El manto finalmente dejó de ejercer presión, y de hecho, comenzó a marchitarse, liberando finalmente a un muy malherido Eriol.

Sin confiarse por completo, aumentó la presión sobre el ahora inconsistente cuello del albino, y dio un par de sacudidas, comprobando que no hubiera rastros de vida en él.

Abrió las fauces trabadas a la carne del andrógino, cuya cabeza había quedado apoyada en un ángulo no natural al resto de su cuerpo, y luego de esperar unos segundos a que no hubiera evidencia de sanación, respiración o fuerza mágica, retrocedió con paso tambaleante, aterrorizado, dándose cuenta que había asesinado… no, masacrado a su oponente.

A algunos kilómetros de distancia, Akiho se llevó las manos al cuello, presa de la espantosa sensación de ser estrangulada, y por un momento, de perder la movilidad o incluso la sensibilidad del resto de su cuerpo. Cuando se recuperó, supo que su emisario había fallado.

El hechicero, comenzó a caminar al exterior, mientras su cuerpo lentamente volvía a la normalidad. Sus heridas seguían siendo graves, y aún faltaba un último paso, aunque viendo el daño a la región, temió seriamente no ser capaz de soportarlo… cerrar la barrera significaría absorber todo aquel devastador daño en su propio cuerpo, uno particularmente lastimado, un sacrificio final que podría costarle la vida…

—Issy… Gustav… debo volver a casa con ustedes… denme la fuerza.

Determinado, abrió los brazos. La barrera comenzó a decrecer.

La reducción iba dejando intacto el mundo real por donde iba pasando, pero eso iba traduciéndose en nuevas lesiones, traumatismos y hemorragias en el cuerpo del duque, que sentía sus huesos cerca de ceder y sus pulmones llevados al máximo. Aún así, continuó tanto como su cuerpo se lo permitió.

Alada y custodiada por sus guardianes, Sakura observó como la barrera iba haciéndose pequeña, siendo el edificio de la dieta su epicentro y el lugar donde debería cerrarse por completo.

Eriol comenzó a emitir un sonido gutural que lenta y gradualmente se convertía en un grito, estaba dando todo lo que tenía, estaba llevando su cuerpo y su espíritu al límite y un poco más allá. Sin embargo, como era de esperarse… sus fuerzas se terminaron antes de reclamar su victoria.

Abatido, lesionado a niveles críticos, el duque perdió el conocimiento. La barrera no pudo ser cerrada en totalidad, y Sakura vio aterrorizada como la última parte de la protección, que abarcaba unos cientos de metros cuadrados concentrados en el edificio de la Dieta, se despedazaba como cristal. El resultado: el capitolio fue, más que derrumbado, pulverizado en el momento, dejando que un breve, pero potentísimo sismo se sintiera por toda la nación.

Algunas decenas de metros abajo, aún cautiva de sus propias lágrimas, Kanoe estrechó el ya exánime cuerpo de su hermana, escuchando y sintiendo el derrumbe sobre ella, y aferrándose a esa última parte de su corazón, sabiendo que todo terminaría en sólo segundos, dejando que la obscuridad se la llevara también.

Y como si fuera parte del mismo impulso, el golpe atravesó al planeta de lado a lado. El hemisferio norte fue golpeado con la misma crudeza que la capital nipona, sin dejar indiferente a un sólo país de Europa, en las horas circundantes a la medianoche.

Sakura buscó a vuelo con desesperación la ubicación de su mentor, al borde de las lágrimas ante un escenario donde él no sobreviviera. Era uno de sus amigos más entrañables, y también un hombre de familia; ella no podía permitir que él muriera.

Gritó su nombre al verlo tendido, semidesnudo, acabado. Aterrizó casi cayendo junto a él, escuchando como los guardianes exclamaban en consternación el nombre de su creador y antiguo amo, mientras que Sakura buscaba una forma de ponerlo bocarriba, pero incapaz de tocarlo, temiendo el lastimarlo aún más.

—¡Rebirth! —suplicó en un grito, materializando a la carta sanadora, que puso manos a la obra al momento. Mientras la carta hacía su reconocimiento, Sakura tomó como pudo su móvil, ordenándole llamara a Xiao-Lang, ella comenzó a gritar apenas el canal se abrió, sin dar oportunidad de respuesta—: ¡Por favor, ven rápido! ¡Eriol está muy mal…! ¡Yo…! ¡Yo no sé si puedo ayudarlo!

Después de asentir un par de veces a las indicaciones de Xiao-Lang de calmarse y de hacer una señal en el cielo que le dijera su ubicación exacta, Rebirth llamó la atención de su ama:

—La mayoría de sus heridas… —la carta dudó—, yo sólo puedo tratar las lesiones hechas por medios físicos o mágicos… él fue dañado con medios divinos…

Sakura palideció por la declaración.

Y mientras Xiao-Lang llegaba a su encuentro entre las ruinas del capitolio, la luz matutina despertaba a Tokio con un nuevo golpe, arraigando el miedo en los corazones de sus habitantes, y en todo ser vivo más allá de las fronteras de Japón.

XX.

Fin.


Gracias a mi lectora de emocionalidad Wonder Grinch y a mi correctora Cherry Lee Up.

¡Hasta la actualización!