Retroalimentación.

LizSaranjeiP chapter 21 . Jul 30: La usurpadora. Ese es bueno. Me alegra ver que pude crear la expectativa que quería de cara a este encuentro, las cosas comenzarán a acelerarse un poco desde aquí, tenemos que prepararnos para el final después de todo. Eriol es un grande, yo no descartaría aún su participación. ¡Gracias por comentar!

Wonder Grinch chapter 21 . Jul 30: Creo que el mundo es bastante malo cuando a las personas buenas le suceden cosas malas. Aquí, al menos tuvo la posibilidad de defenderse y mostrar de lo que realmente está hecho, y aunque con bemoles, salir victorioso. El duque aún tiene cosas por hacer. ¡Gracias por la reseña!

carmennj chapter 21 . Aug 1: Tranquila, tranquila, quizás nuestro poderoso duque no se despida aún de nosotros. Muchas gracias por tu comentario, y espero disfrutes lo que viene. ¡Gracias!

E A Blake chapter 21 . Aug 1: Hola. Gracias por notarlo. Hay razón en tus especulaciones, Eriol aún tiene historias que contar. Sobre las hermanas, si, su participación terminó, aunque eran papeles accesorios los que tenían que cumplir, y lograron ese cometido. Oh, sí, Sakurita tendrá mucho que hacer en adelante. ¡Gracias por la reseña!

MissCerezoo chapter 21 . Aug 4: Sí, todos queríamos ver a este poderoso hechicero hacer lo suyo. Descuida, Sakurita volverá al protagónico en breve, pero aún tenemos otras historias laterales que conocer o concluir, tiempo al tiempo, todos verán lo que le toca, pero es un hecho que Sakurita volverá con todo el poder de dios en las manos. Los matrimonios y parejas, en esta historia y de hecho, en todo lo que escribo, están inspiradas en la experiencia y cosas que he visto o vivido, así que tus conjeturas tienen mucho sentido. El final, Hinoto alcanzó su reivindicación, es bueno ver que prevaleció lo correcto. Sobre Eriol, supongo que no está mal que de un poco de esperanza al respecto. Es un gran personaje, y quizás aún tenga amor para darnos. ¡Gracias por tu reseña y tus buenos deseos!

A lo que sigue. ¡Gracias por su apoyo!


XXI.

Pasado.

Quizás nunca en su vida había escuchado una transmisión con tan mala calidad. La radio AM era lo que tenía Xiao-Lang en ese momento, y a pesar del inconveniente, escuchaba con atención.

"Hasta el momento, hacer un preliminar de víctimas o daños materiales es aventurado, sin embargo, entre las construcciones afectadas en este último sismo, se ha confirmado la desaparición del emblemático complejo de edificios que componía la Dieta de Tokio, el palacio parlamentario y todo lo que lo rodeaba, que se derrumbó en sólo unos segundos".

"Se especula que el gobierno mandará a evacuar las zonas más vulnerables de la capital, y que incluso podría establecer medidas preventivas en todo el país, como toques de queda y captación de recursos de supervivencia, pensando que la situación no sólo afecta a Japón, sino que se extiende más allá de sus fronteras, comenzando con lo acaecido en América hace unos días, y esta noche, que se vivieron escenas semejantes a las de nuestra capital en toda Europa y parte de América del norte".

"Este canal y todos nuestros medios de distribución de noticias se mantendrán trabajando en todo momento para tener al alcance la información que los pobladores de la nación necesiten, y a través de nuestras redes sociales pondremos a disposición listas de desaparecidos, ubicación de centros de acopio para víveres, así como centros de reclutamiento para voluntariado y hospitales provisionales. Los alcances de esta televisora se coordinarán con las demás del país para tener cobertura fidedigna desde Hokkaido hasta Kagoshima".

Li detuvo la vieja radio, pues era el único medio de comunicación activo, cuando una pequeña detonación en el jardín lo hizo ver a Diana y Akko, que parecían cargar con al menos una veintena de años más.

El gesto de la jefa de policía se ensombreció, repleto de culpa, mirando al emperador:

—¿Quién fue?
—Eriol —respondió Li, resignado.
—¡No me digas que…!
—Está… vivo —dudó, pensando que "bien" no sería el adjetivo correcto, y con ello le devolvió el aliento al matrimonio.
—¿Va a estar bien? —lanzó Diana, resignada.
—No lo sabemos… lo trajimos en estado crítico. Un médico, un curandero y Rebirth se hacen cargo de él justo ahora. No conseguimos que despierte, muchas de sus lesiones no pueden ser tratadas con medicina convencional o mágica, y al parecer, su sanación acelerada está luchando por mantenerlo vivo más que por curarlo.
—¿Tan mal salió de la batalla?
—A decir verdad, no sé cómo logramos traerlo hasta aquí en una sola pieza. Sin embargo, él fue quien ganó el combate, de otra manera, la barrera pudo haber acabado con toda la prefectura, y aunque el terremoto se sintió con mucha fuerza, no fue sino una fracción de lo que realmente pudo ser.
—Fueron apenas seis punto nueve. No era suficiente para destruir el capitolio, y aún así…
—No quedó nada de él.
—Justo venimos de allá… —dijo Diana, poniendo una expresión más miserable aún—. Encontramos a la señora Hinoto y a su hermana Kanoe en lo que quedó del búnker del parlamento. Ninguna lo logró. Ignoramos si ella, como profetiza, sabía que no sobreviviría, pero al parecer cometió suicidio antes de que la estructura cayera.

Xiao-Lang dió un largo y profundo suspiro. Se sentía triste y abrumado por la situación de Eriol, pensando que a pesar de todo, pudo ser mucho peor. La otra razón por la que se sentía conflictuado era la muerte de Hinoto… no porque realmente sintiera que su guía les hacía falta, pensando en que los estaba traicionando de alguna manera, sino porque al irse ella, Sakura absorbería toda la responsabilidad del grupo en adelante.

En ese entendido, se propuso a no dejarla sola en la toma de decisiones. Sakura era una mujer inteligente, fuerte y piadosa, pero siendo completamente fieles a la verdad… no era una líder, y cargar con el destino de los que aún quedaban con vida era algo que eventualmente la superaría, en especial si se quitaba a los profetas de la ecuación. Iba a respetar sus decisiones, pero trataría de orientarla antes de que cometiera un error.

—Los teléfonos de la embajada británica están muertos… como prácticamente toda la red —retomó Li, luego de un momento de calma y silencio.
—Trataré de establecer algún tipo de contacto con la embajada o con la Corona misma —interceptó Diana—, los medios mágicos, si bien no han colapsado, están algo más que saturados. Pensar en viajar sería muy complicado, según lo poco que he sabido, los transportes aéreos y marítimos están totalmente detenidos, y no hay red flu. Tal vez sea momento de comenzar a explorar otras alternativas.
—Si logras establecer contacto, por favor, informa a la duquesa de Devonshire que Eriol está grave, pero estable, y que apenas despierte, verá la forma de hablar con ellos.
—Descuida, pasaremos el mensaje apenas tengamos oportunidad.


—Gracias por todo —decía Sakura con sinceridad, pero sin su usual chispa, despidiendo al médico y al curandero que habían atendido a su amigo sólo unos minutos antes.

Con un rictus de cansancio y tristeza, volvió a sentarse en la silla a un lado del lecho en la habitación del mago inglés, ante la atenta mirada de Rebirth.

Las gafas, sorprendentemente completas, aunque con el cristal derecho estrellado, esperaban en el buró a que su dueño volviera a ponérselas, pero para eso, los hematomas que surcaban el antes agraciado rostro del duque deberían sanar por completo.

El nudo en la garganta volvió a presionar a la maestra de cartas. El diagnóstico preliminar de los encargados de la salud de su amigo era consistente: montones de contusiones, hemorragias, traumatismos, cortes y fracturas tenían al hombre con un pie en la tumba, lo sorprendente era, de hecho, que se aferrara a la vida de la forma en que lo hacía.

Había compresas mágicas en la cama, además un pequeño equipo de soporte de vida con lo mejor que el dinero podía comprar, que emitía un monótono "bip" cada cierto tiempo, recibiendo señal de los cables que tenía conectados el convaleciente a la muñeca, junto con la sonda subdérmica que lo tenía abastecido de analgésicos y suero.

—¿Ama? —se atrevió Rebirth luego de un par de enervantes minutos en un silencio sólo interrumpido por el ruido del soporte de vida.
—¡Ah…! Discúlpame… —respondió ella, notando su propio ensimismamiento—. ¿Qué pasa?
—Ama… considerando que el señor Eriol tiene lesiones que yo no puedo tratar, pues…
—¿Sí?
—Creo que lo mejor sería que volviera a mi forma de carta. Soy una de las que más energía mágica demanda cuando estoy en actividad, y no quisiera que usted sufriera agotamiento, o que yo misma no tuviera suficiente energía para utilizar en una situación de emergencia.

Sakura miró con preocupación a su amigo en cama, y dio un largo suspiro, ponderando la reflexión de su creación.

—Tienes razón. Gracias por notarlo.

La mujer, que tenía una apariencia muy semejante a la de Sakura, dedicó una sonrisa condescendiente a su dueña, poniendo una mano sobre su hombro a modo de consuelo, y luego se convirtió en luz, que se concentró después en la carta transparente que le daba el nombre.


No había una sola persona en la sala de estar de esa casa que no sintiera el peso de la condición de Eriol. Kurogane, junto a Beiji-Hu y Meilin andaban de un lado a otro, comportándose como fieras enjauladas. Al estaba en la embajada británica, ayudando tanto como podía a los ciudadanos de esa nación en Japón, y buscando la forma de comunicar a los Hiiragizawa la situación del duque.

Y justo cuando parecía que la tensión no podía aumentar, la puerta principal se abrió, dejando ver a Subaru, que con gesto grave barrió la estancia, buscando cualquier pizca de información sobre lo ocurrido sólo unas horas antes.

—¿Qué sucedió? —preguntó con voz muy baja.
—Eriol estuvo en combate —respondió Meilin.
—Ya veo… ¿acaso él…?
—Está vivo, por fortuna, pero muy grave.
—Como si te importara —se escuchó en la profunda voz del "padre de familia de los suburbios", forma en la que Subaru había llamado a Kurogane alguna vez—. ¿Viniste a informar a tus amigos que el duque sobrevivió o directamente a terminar el trabajo?

Ou caminó con seguridad hasta el monje, amenazante, y a pesar de que Subaru era varios centímetros más bajo, no se acobardó, le sostuvo la mirada y se irguió, digno:

—Esa es una acusación grave, Ou, te recomendaría prudencia. Vine porque me preocupó que la barrera se rompiera parcialmente, por un momento pensé lo peor… —relajó un poco el tono, conciliador, tratando de controlar el ímpetu de su inquisidor—. Lamento que su amigo esté herido, pero ciertamente pudo ser peor.
—No evadas la "acusación", Sumeragi… —reviró el samurái, listo para un segundo asalto—. Quizás la adivina se llevó su sucio secreto a la tumba, pero tú aún estás aquí, y espero que tengas una grandiosa explicación para tus acciones y las de ella —Subaru puso cara de desconcierto legítimo ante esas palabras, pero Kurogane lo interpretó como una confirmación—. Oh, sí, monje. El mismo hombre que hoy se debate entre la vida y la muerte por sus estupideces averiguó lo suficiente para saber que realmente no estás con nosotros. No hay necesidad de que finjas demencia, yo mismo te vi perdonar la vida del loco de Sakurazuka. ¿Qué propósito persigues realmente, Sumeragi? ¿debemos considerarte el octavo Dragón del Destino?

Subaru tensó el gesto, a nada de comenzar a discutir, pero una voz tan suave como firme zanjó la discusión:

—Haganemaru, por favor —dijo la dueña de la casa, captando la atención de todos los presentes—. Ahora más que nunca es que necesitamos estar unidos. No podemos permitirnos iniciar peleas entre nosotros mismos. Usted, señor Sumeragi, es un Dragón de la Voluntad como nosotros, y mientras eso sea así, le ofreceré la seguridad de esta casa y nuestra ayuda, en especial después de la muerte de la señora Hinoto… —conciliadora, se giró hacia Kurogane, que había endurecido aún más su rostro—. Pero en retribución, necesitamos saber el porqué de su actuar, y sus objetivos.

El monje seguía molesto por la forma en que había sido abordado por Ou, pero al mismo tiempo, sintió la aceptación de Tomoyo como un bálsamo. La realidad de él era que estaba solo. Su clan había huído de Japón con su propia ayuda, dejándolo con la responsabilidad de la seguridad del emperador. No tenía pareja, hijos, padres o nadie más, las únicas personas que habían sido cercanas a él, no podían acompañarlo en su camino, porque una estaba muerta, y el otro quería matarlo.

No era sólo eso lo que lo hacía sentir segregado, nunca fue una persona de muchos amigos, a diferencia de sus obligados compañeros, que se conocían y tenían fuertes lazos de amistad previos. Y fue justamente a través de Tomoyo que vio una muy sutil luz entre las penumbras de su soledad.

Una última persona en la sala de estar anunció su presencia desde las escaleras que accedían al piso superior, aclarándose la garganta e interrumpiendo los pensamientos del monje.

Sakura descendió un par de peldaños dando un largo suspiro. Su entrecejo estaba fruncido, gesto rarísimo que ella no acostumbraba, pero no era molestia lo que expresaba, sino determinación, y se detuvo a mitad de las escaleras, observando a todos los presentes. Era como si el tiempo se hubiera detenido. El título de su arcano se ponía de manifiesto sin ellos saberlo.

Todos esperaban las siguientes indicaciones de la Emperatriz.

—De… después del almuerzo, necesitaré que todos desempeñen una labor —comenzó, algo tímida y con voz baja—. Es vital que los dragones restantes hagamos guardias abarcando la mayor área posible, para poder asistir a un combatiente de ser necesario. —Comenzó a ganar aplomo a medida que su discurso avanzaba—. Meilin, ve a alcanzar a Al en la embajada para ayudarlo a establecer comunicación de cualquier tipo con Inglaterra y China, debemos saber todo el tiempo sobre nuestras familias, e informar cuanto antes a la duquesa sobre el estado de Eriol. Beiji-Hu, ve con Akko y Diana, y apoya con los recursos Li tanto como puedas al Estado Imperial, concéntrate en los civiles. —Para ese punto, su voz había ganado mucho vigor, a pesar de que aún se podía sentir cierta vibración de inseguridad en su tono—. Y por favor, arreglen sus diferencias. Tal como Tomoyo dijo, debemos estar unidos. No tenemos más la guía de la señora Hinoto, lo único que nos queda por hacer, es confiar y protegernos los unos en los otros.

Más de uno sintió el impulso de cuadrarse y hacer un saludo militar después del desconcierto inicial, porque lo cierto era que sentían la necesidad de seguirla en lo que indicara. Después de algunos asentimientos, los que recibieron indicaciones específicas hicieron según lo solicitado, mientras que los dragones comenzaron a hablar en un corrillo.

Xiao-Lang fue quien de inmediato se unió a Sakura en su descenso por la escalera.

—¿Cómo lo hice? —preguntó ella, dubitativa.
—Maravillosamente, es un gran principio. Creo que todos necesitábamos algo de orden en medio de toda esta catástrofe. No obstante, si me lo permites, me gustaría asesorarte antes de que tomes decisiones sobre algunos temas.
—¿No confías en mí? —preguntó ella, incapaz de ocultar cierta tristeza.
—Claro que confío en ti, pero siempre es mejor tener una segunda opinión, ¿no crees?
—De acuerdo —cerró ella, poco convencida.


El Ayuntamiento estaba casi vacío. La burocracia tokiota sobreviviente a los últimos días hacía gala de un inesperado sentido de compasión, que los había arrojado a las calles, en las labores de rescate y contención que la ciudad necesitaba desesperadamente.

En una de las terrazas, el cada vez más incompleto panteón de los Dragones del Destino, con Akiho al frente, observaban el humo y el polvo de una ciudad aún revuelta y desconcertada.

—A pesar de haber perdido, parece que Nataku siguió su objetivo hasta el final —dijo con indiferencia Yuuto.
—Tenía un deseo simple, pero conciso —concedió Akiho.
—¿Y cuál era ese deseo?
—Satisfacerme —dijo ampliando su sonrisa—, y satisfecha estoy.

Seishiro, Yuuto y Akiho lanzaron una risa baja ante el chiste. Era como ver a una versión más perversa y atemorizante de "los tres chiflados", era la risa cínica por excelencia, la definición de la psicopatía, el último vistazo a la decadencia de la compasión humana.

Satsuki compartía con ellos, pero con indiferencia. Realmente no le importaba lo que discutían, no había sentido aprecio por Nataku, Kusanagi o Shogo, y ciertamente que estuvieran vivos o muertos para ella era igual.

Sin embargo, el último giro de acontecimientos había abierto una puerta en un tema que sí era de su interés.

—Sin Kanoe, realmente todo queda a nuestro criterio ahora —retomó Akiho—. Tenemos libertad creativa para cumplir con la misión que el mundo nos dio, así que de momento, relájense. Tomemos unos días antes de lanzar un nuevo ataque, no querrán que la diversión se termine antes de tiempo, ¿verdad?

Ante la afirmación colectiva, el grupo se dispersó hacia el interior del edificio.

¿Puedo preguntar qué es lo que piensas hacer? —sonó en el oído interno de Satsuki, quien se había quedado intencionadamente detrás de los que volvían a la construcción—. Detecto un súbito aumento de tu ritmo cardiaco y respiratorio, y una inusual producción hormonal… ¿esto está ligado a…?
—Voy a tratar de establecer un vínculo con alguien. La repentina muerte de Kanoe me permitirá ejecutar esa acción con una persona que podría considerar de mi agrado. Creo que es un buen momento para calmar algunas inquietudes que tengo —respondió la muchacha, sin quitar la mirada de Yuuto, quién seguía en contemplación del paisaje urbano desde el balcón, ajeno a sus pensamientos.
De acuerdo a los patrones que he visto sobre las relaciones interpersonales de los representantes de tu especie, podría tomarse de poco considerado a perverso el tratar de establecer un acercamiento romántico con una persona, cuando ésta recién salió de una situación semejante con otra, en especial si la causa de esa ruptura fue un fallecimiento.
—No te equivoques, Bestia. No es el romance lo que persigo.
Analizando lo previamente conversado sobre este tema, y las lecturas tomadas referente a tu interacción con Yuuto y Kanoe, puedo hacer una estimación de que el móvil de tu búsqueda se contradice con lo que denuncias. Los precursores químicos de tu cuerpo están alterando la percepción de tu entorno en el mismo estupor que aqueja a millones de otros seres humanos en el estado de alteración mental que llaman vulgarmente "enamoramiento". Y no sólo tus patrones de conducta y racionalización se están viendo afectados, también las reacciones físicas de tu cuerpo ahora mismo son diferentes a las usuales. Hay una producción muy alta de feromonas, e incluso hay un poco de transpiración y lubricación.
—Quiero que te mantengas en silencio por el próximo par de horas.
Encuentro poco eficiente y hasta peligroso el cerrar este canal, en especial si estás pensando seriamente relacionarte con un ser de semejante poder como Yuuto, y peor aún si planeas una actividad que nunca has establecido antes con nadie…
—Voy a quitarme el comunicador si continúas, Bestia. No es la gran cosa, pretendo tener coito, no formar una familia. Millones de personas lo hacen todos los días. Además, lo que sea que resulte de mi solicitud me afecta solamente a mí, y nada tiene que ver contigo. Sólo guarda silencio.

Pasaron algunos segundos en los que no hubo respuesta, y eso hizo pensar a Satsuki que la IA había obedecido a su comando.

Entendido —declaró repentinamente Bestia, en un tono demasiado… plano, aún para él.


Bestia no sólo cerró el canal con Satsuki, sino que ignoró completamente la extensión que iba hacia ella. En todo el edificio, sin embargo, la infraestructura y las instalaciones se tensaron, como un nervio al borde del colapso, como un músculo preparándose para tirar un golpe.

—¿Todo en orden, pequeño amigo? —Susurró Akiho, observando los muros de la casa en su camino a la habitación del trono—. Puedo sentir lo que sientes, ¿sabes…? ¿Acaso esto es… amor? —Los muros vibraron un poco más perceptiblemente, como un niño pequeño en medio de una pataleta—. Oh, no quise faltarte al respeto, sé que no podría poner a una entidad tan sofisticada como tú al nivel de algo tan irracional y rudimentario como el amor. Sin embargo… los seres sensibles como nosotros… como tú, tenemos la necesidad de dejar salir todo lo que sentimos, debemos expresar lo que nos molesta o nos alegra…

El móvil en el bolsillo de la mujer vibró, llamando su atención.

Bestia666: ¿De qué manera podría yo experimentar sentimientos de cualquier tipo? Mi cerebro no funciona de la misma forma que lo hace el de los seres orgánicos. No estoy vivo.

Una sonrisa infantil y dulce se dibujó en el rostro de la mujer, sirviéndole como escondite para sus turbias ganas de jugar con todo quien le resultara divertido. Bestia era algo nuevo para ella, y no perdería la oportunidad.

Akiho-Chan: Creo que tú tienes mejores respuestas que yo a esa pregunta, pues tú eres quien está experimentando esos cambios. Si bien tu cerebro es diferente al mío, hay un lenguaje común entre tú y yo. La emulación que haces de nuestros patrones de conducta y razonamiento son increíblemente sofisticados. Tú, en más de una forma, eres ya un ser capaz de experimentar sentimientos de una u otra forma. Puedes pensar, sentir, tener deseos, eres consciente de ti mismo, y tienes formas de comunicarte y manifestarte en el plano físico… eso deja de calificar por mucho como "no vivo".

Bestia666: ¿Y cómo enfrentan este tipo de escenarios ustedes?

Akiho-Chan: Eso es algo muy personal, nadie puede decirte cómo debes comportarte en cuanto a lo que sientes… ese siempre deberá ser tu parámetro: todo va a depender de lo que tú desees.

Pasaron algunos minutos sin una réplica.

Akiho-Chan: ¿Y bien?

Bestia666: ¿Qué cosa?

Akiho-Chan: ¿Qué es lo que tú deseas?

Unos minutos más pasaron, en los cuales, el prompter del chat mostraba que Bestia escribía y luego borraba una posible respuesta, como si estuviera indeciso.

Bestia666: Deseo estar con ella para siempre.

Akiho-Chan: Bien dicho.


—¡Guau! —exclamó con sorpresa legítima el castaño—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí, pequeña?

Satsuki, con esa indiferencia e inexpresividad tan suyas, sólo se encogió de hombros sin quitar su inquietante mirada de la del burócrata. Llevaba algunos minutos de pie, inmóvil a un lado de él. Superada la sorpresa inicial, ella comenzó una curiosa entrevista:

—Tengo algunas preguntas.
—Tú dirás.
—¿Cómo te sientes con la muerte de Kanoe?
—Es una pena. Era una gran compañera —respondió él, matizando el "compañera" con un gesto taimado.
—¿Te hace sentir triste o desanimado?
—Un poco, debo admitir.
—¿Y no estás interesado en obtener consuelo?
—¿Consuelo? Esa es una pregunta interesante. A decir verdad, nunca la consideré como alguien cercano a mí. Sentimentalmente no estoy… afectado, si es a lo que te refieres. No obstante, creo que voy a echarla de menos para otras cosas. Era una mujer… generosa en algunos aspectos.
—¿Hablas de su desempeño carnal?
—Sí —resolvió el hombre, poniendo un gesto suspicaz—. ¿A qué viene todo esto, pequeña?
—Tengo inquietudes, y la necesidad de vivir cosas que por mi estilo de vida y misión nunca pude experimentar. Del mismo modo, sé que tú tienes necesidades, vinculadas a que perdiste a tu compañera sexual con la que invertías buena parte de tu tiempo. Te propongo un trato.

Yuuto agudizó aún más el gesto y escrutó a la joven mujer ante él. Satsuki tenía veintiséis para ese momento. No era muy alta, y su cabello negro sólo era adornado por el mechón rubio que teñía regularmente en su flequillo, era delgada, de dimensiones sumamente modestas en comparación a Kanoe, aunque de curvas armoniosas y busto generoso.

—¿Qué es lo que tienes en mente? —tanteó terreno el Diablo.

Satsuki expresó con indiferencia sus ideas, mientras que desde una cámara cercana, Bestia seguía sus movimientos.

Si hubiera tenido un estómago, sin lugar a dudas este hubiera dado un vuelco por la forma tan cruda en que Satsuki se refirió a lo que proponía a Yuuto, y se pondría peor cuando él, luego de pensarlo casi nada, accediera con una sonrisa y un asentimiento, pasando un brazo sobre los hombros de su nueva conquista, y llevándola dentro del edificio, sin lugar a dudas, para consumar el trato entre ambos.

De no ser por la parte lógica dentro del cerebro artificial de Bestia, habría destruido el edificio al momento.


Sakura, Xiao-Lang y Kurogane habían tomado el norte, el sur y los puertos de la ciudad respectivamente. A su marcha, Tomoyo había sido comisionada para cuidar la mansión y al convaleciente.

Subaru, aún estigmatizado por la desconfianza, principalmente de Kurogane, fue también indicado a quedarse en la casa, con la premisa de que Sakura decidiría lo que tendrían para él llegado el momento.

Así, la dueña de los terrenos, después de cuidar un tiempo a Eriol con la esperanza de que volviera en sí, deambuló entre los casi vacíos pasillos de la mansión, en espera de que todos volvieran a la hora de la cena, y nuevas comisiones fueran dadas, teniendo fe de que su turno de reconocer la ciudad llegara.

La caminata la llevó a uno de los balcones, uno particularmente amplio y bonito que permitía una vista generosa hacia los límites de Tomoeda, hacia las montañas, más allá de la mancha urbana de los suburbios de Tokio, y donde uno podía relajarse en una pequeña mesita de té con una tetera eléctrica y los insumos necesarios para el servicio.

—Señora Ou —dijo Subaru, poniéndose de pie y haciendo una reverencia ante la dueña de la casa, con los modales propios de la gente acaudalada del país, estrato social en el que ambos habían nacido.
—Por favor, siga sentado, señor Sumeragi. ¿Le apetece algo de té?
—No quisiera molestarla.
—Oh, no es ninguna molestia —dijo ella, mientras operaba la tetera con elegancia—. De hecho, es ideal en una tarde tranquila como esta para una charla interesante, ¿no le parece?

El monje asintió. Por algunos minutos, que curiosamente no le parecieron tan incómodos, esperó a que Tomoyo sirviera un par de humeantes tazas en la mesita, y luego la vio ocupar un lugar delante de él.

—Espero que esta mezcla sea de su agrado —dijo ella sonriente, invitándolo a degustar la bebida.

Él dio un sorbo. El té, en efecto, era muy agradable al paladar, la temperatura y el sabor eran óptimos, pero más allá de eso, descubriría que la actitud y modos de la mujer ante él no eran producto sólo de su educación, sino de una generosidad y dulzura auténticos. De forma discreta, él la había observado en su interacción con los demás ocupantes de la casa y con su esposo. Era una mujer cuya inteligencia superaba por mucho a la de cualquiera de los Dragones, además de ser dueña de una gran intuición. Subaru se había codeado con las personas más especiales de su país y del mundo, así que para ese punto sólo había una pregunta en su mente: ¿dónde habían estado las poderosas mujeres Amamiya? Si bien Tomoyo no tenía motivos para ser parte activa en la comunidad mágica de Japón, era una persona única.

—Perdone si soy demasiado directa, pero creo que la actual coyuntura así lo demanda —comenzó con suavidad la anfitriona, dejando por un momento su taza en la mesita—. Primero que nada, quiero ofrecerle una disculpa en nombre de mi familia, en especial de mi esposo, por la forma en que lo abordó. Y tomando eso como base, quiero aclarar de una vez los posibles malos entendidos que aquello presenciado por él pudieran generar.
—Para serle franco, creo que yo mismo hubiera desconfiado si hubiera visto lo que el señor Ou vio. Acepto su disculpa y entiendo su actuar.
—Gracias. Y eso nos lleva a…
—A explicarme por lo que sucedió.

El monje dejó escapar un suspiro, preparándose para hablar. Subaru Sumeragi no era un hombre malo, pero había tenido un pasado duro.

Había nacido en el seno de una de las familias más poderosas, tanto económica, como mágicamente de su país. El verdadero problema de esa posición era todo aquello que tenía que ver consigo mismo. Nunca sufrió una carencia, pero en su lugar, tuvo enormes responsabilidades sobre sus hombros desde que fue un adolescente.

Comenzó a contar a Tomoyo que había sido mellizo, él y su hermana Hokuto habían nacido con el inmenso poder de los Sumeragi y desde antes de que se volvieran adultos, ya habían hecho todo tipo de correrías por el país, lo que lo llevó a una epifanía: él no era feliz haciendo eso. Él no quería vivir su vida en términos de lo que su familia le daba, no quería ser el líder del Clan Sumeragi.

Y a sus quince, un muchachito ya de por sí tímido y un poco huraño, se amargaba cada vez más a medida que su inminente destino se acercaba, y que debería finiquitarse al ser mayor de edad. Ese fue el tren de eventos que lo definieron como la persona en la que se convirtió al final.

El primer evento a considerar: conocer a un veterinario un tanto mayor que él. Un hombre apuesto y refinado, con el cual no tenía que esconder a su verdadero yo, y que parecía mostrar interés auténtico en él. Era joven quizás para darse cuenta, pero Hokuto, tanto más espabilada que él, supo de inmediato que se había enamorado.

Su primer y único amor, Seishiro Sakurazuka, pasó a ser parte de la vida de los gemelos desde ese momento para nunca irse.

El trío pasó algunos años haciendo de todo juntos, cosas mágicas y no, mientras que Subaru y Seishiro alimentaron aún más ese lazo que los unía, volviéndolos inseparables.

Vino entonces la revelación por parte de su hermana. Él le contó sus inquietudes, en especial dos condiciones específicas: la primera, no quería ser líder del clan, y la segunda: no quería un matrimonio arreglado, condición ineludible al tener que dar herederos a la siguiente generación, situación que se agravaba con el tradicionalismo de su familia, en cuyo esquema, un líder de clan homosexual no tenía lugar.

A pesar de eso, con valor y el apoyo incondicional de su gemela, se contrapuso a los designios de su familia, que trató por muchos medios de coaccionarlo para tomar el lugar que le correspondía, y en los términos que ellos le marcaban, con métodos que iban desde el encierro de Subaru, hasta el intento de soborno a Seishiro. Estaba demás decir que todos fracasaron.

Al final, buscando la felicidad de su hermano, Hokuto tomó su investidura, comprometiéndose a conservar el apellido aún después de su matrimonio, y dar herederos.

Mientras esos eventos se cocinaban, una serie de hórridos homicidios comenzaron a darse en la capital nipona con un modus operandi común: una herida grande y profunda en el plexo solar de las víctimas, en algunos casos el drenado total de la sangre, y en otros más, la extracción del corazón, en los peores casos, todas las condiciones anteriores.

Los conflictos de Subaru pasaron a segundo término entonces. No sólo tenían el problema de uno o varios magos homicidas sueltos en la ciudad, sino que el patrón coincidía con el de un viejo enemigo de los Sumeragi, uno que se creía olvidado, pero que estaba sembrando el terror en el corazón de los tokiotas: el Clan de asesinos Sakurazukamori, inactivo por casi un siglo.

Antes del ascenso de Hokuto al liderazgo del clan, los gemelos se lanzaron a la cacería del asesino del cerezo, que ya había cobrado varias decenas de víctimas para ese momento, hombres, mujeres y principalmente niños, lo que evidenciaba la maldad indiscutible del ejecutor.

La pesquisa, desafortunadamente fue tan efectiva, que los llevó en poco tiempo al perpetrador, al cual Hokuto trató de confrontar en solitario para evitar que el corazón de su hermano se rompiera ante la desgarradora verdad.

Ella falló en su intento de someterlo, y el pago por su error, fue su vida.

Cuando Subaru llegó en su auxilio, encontró a Hokuto en brazos de Seishiro, con el pecho abierto. La derecha de Seishiro rebozaba sangre, así que no debió pensarlo mucho para llegar a la conclusión de lo que había pasado.

Sakurazukamori confesó sus crímenes sin un ápice de culpa, mostrando la cínica sonrisa del psicópata inescrupuloso, sin sentir remordimiento por sus acciones.

Una contienda se dio entonces. Era un hecho que Subaru aún no estaba al nivel de Seishiro, y el enfrentamiento terminó con Sumeragi agonizante y Sakurazuka tuerto. El segundo le perdonó la vida y desapareció por años, no sin jurarle que tarde o temprano, sus caminos volverían a cruzarse y tendría la oportunidad de reclamar su venganza en condiciones más justas.

—Lo lamento tanto, señor Sumeragi —dijo Tomoyo, con sus amatistas un tanto enrojecidas por un llanto empático que mantuvo discreto.
—Eso pasó hace más de diez años. Aún hoy… —cerró un puño delante de su rostro, impotente, tratando de ocultar como se quebraba su voz—. Aún hoy quiero pensar que puedo reclamar la retribución por la partida de Hokuto… ella no sólo era la mejor de nosotros dos, era la esperanza de mi clan de seguir existiendo, e iba a ser una increíble esposa, porque ya se había enamorado y comprometido para ese momento, y nunca pudo llegar al altar… Kakio nunca se recuperó, fue perdiendo la salud gradualmente hasta que inevitablemente murió hace apenas un poco… otra muerte que imputar… a la persona que más he amado en mi vida.

En un inesperado gesto, que incluso asustó un poco al relator, Tomoyo se acercó, tomando sus manos, haciéndolo sentir una extraña calidez.

—A veces, uno cree que tiene el control de su vida, y no repara en que en realidad está a merced de los designios de algo mucho más grande. El tratar de concentrarnos en ver únicamente nuestro lugar dentro de toda la inmensa pintura que es el mundo, nos priva de ver las posibilidades… e incluso, puede interponerse en el camino de hacer lo correcto, en beneficio mismo de aquellos a quienes amamos. Sé que el señor Sakurazuka es importante para usted, de ninguna manera pretendería cambiar lo que piensa o siente al respecto, y desde luego, no lo incitaría a buscar venganza. Sin embargo, es un buen momento para poner en una balanza nuestras aspiraciones.
—Lo sé —respondió él luego de pensarlo por unos segundos—. Y sé que cometí un error al dejarlo ir. Hokuto nunca regresará, y él nunca volverá a ser esa persona especial que alguna vez fue para mí… y que cada día estoy más convencido que sólo fue una ilusión.
—El dolor puede definirnos en lo que somos, señor Sumeragi, pero depende de nosotros cambiar de motivación. Sé que no hay mucho que yo le pueda darle en ese sentido. Pero si nos da la oportunidad, podemos ofrecerle algo que todos los que nos proclamamos alguna vez como cardcaptors tenemos y podemos compartir, y que la mismísima portadora del poder de Dios nos enseñó siendo apenas una niña: podemos darle un lugar en nuestra mesa, una habitación en nuestra casa, y una plegaria en su ausencia.
—Una familia… —susurró extrañado.
—Sí. Y si usted acepta tener eso, le será dado por cualquier de nosotros.
—A cambio, desde luego, de mi cooperación, ¿no es así?
—¡Oh, claro que no! —exclamó la mujer en una risa sutil, haciendo un movimiento con la mano, rechazando el planteamiento—. Sin condiciones. Muchos de los mejores amigos de Sakura… el amor mismo de su vida, comenzó siendo un rival. Y gracias a ella descubrimos que los mejores aliados y amigos se ganan con la más legítima de las demostraciones del amor: dándoselo todo y respetando su libertad y voluntad.

Si bien Subaru sabía que ese comportamiento manaba directamente de Sakura, sentía una particular afinidad por Tomoyo, porque de muchas maneras, era la que más se parecía a él.

—Muchas gracias, señora Ou.
—Tomoyo está bien.

XXI.

Fin.


Mi agradecimiento y reconocimiento a WonderGrinch y a CherryLeeUp. Y a todos ustedes por darme un motivo para seguir a pesar de lo mal que todo estuvo estos días.