Retroalimentación.
LizSaranjeiP chapter 22 . Aug 15: Sí, el Sol aún tiene luz que darnos, no pierdas la esperanza. Todo mundo se inquieta por ella y su afán de andar por la vida desarmada, vendrá su momento, aún tenemos cosas que ver antes de llegar a un momento tan importante. ¡Muchas gracias por comentar! Nos acercamos inexorablemente al clímax.
MissCerezoo chapter 22 . Aug 22: Hola, Cerecito. Sin lugar a dudas, hay verdad en tus palabras. Hay quienes nacieron para guiar, y no siempre es a quienes les toca, nuestra protagonista necesitará algo más que buena voluntad para salir avante de todo esto, y sólo a través de la cooperación y el entendimiento es que se acercará a ese futuro que busca. Subaru y Kurogane no han terminado de interactuar aún, y es que no puedes pedirle al segundo que simplemente confíe después de lo que vio. Sobre Bestia… bueno, estamos en la antesala de responder esas preguntas, me emociona saber las impresiones que te causarán el abordaje que tengo preparado al respecto. Bestia es, en toda regla, todo un personaje. Tomoyo es uno de los mejores personajes de la obra (la original), merece que explotemos sus virtudes, y así lo haré, y por supuesto, si Subaru quiere entrar en esta élite, debe conocer lo que hace de eje en la convivencia de ellos. Gracias por un comentario tan nutrido y disfrutable. ¡Nos vemos!
Brie97 chapter 12 . Sep 10: Bienvenida de vuelta. Esta historia nos mantendrá en este estado la mayor parte del tiempo, pero debemos ser fuertes. Sobre eso… híjole, se va a poner feo. Sobre el dolor que como autor sentí, tu suposición es acertada, sufrí (y sigo sufriendo) por ejecutar las demandas que la historia me hacía, y te agradezco por el cumplido. Muchas gracias por seguir en la historia, tómatelo con calma, ojalá puedas alcanzarme pronto, como hoy, que apareciste justo antes de actualizar. ¡Arriba la esperanza!
XXII.
Contrapuntos.
La lluvia primaveral se antojaba como una compresa suave y reparadora para Tokio. En las dos semanas que pasaron sólo un par de sismos suaves se habían dejado sentir, los únicos dos movimientos habían sido residuales, un reflejo de los ataques exitosos anteriores, y perfectamente controlables en los términos de duración y fuerza, pues ningún Dragón hizo acto de presencia en esos días.
Por otro lado, en la casa Daidoji, las cosas habían sido… variadas, por decirlo de alguna manera.
Eriol seguía sin despertar, aunque se recuperaba satisfactoriamente. Sus lesiones más graves habían desaparecido, y su rostro ya no evidenciaba las marcas, cortes y golpes que resultaron de su batalla. La contienda era, para ese momento, con la muerte que, a pesar de su recuperación, seguía siendo un escenario plausible, pues según el médico, su cuerpo aún era propenso a fallar; el curandero había dicho que su alma fluctuaba y no lo dejaba volver, producto de haber jugado con la muerte justo antes de su pelea; y según Rebirth, las lesiones divinas no dejaban marcas tan evidentes como las físicas o las mágicas, pero sanaban con mayor lentitud, y probablemente dejarían secuelas que podrían afectar sus funciones corporales, su magia, o su alma misma, tal vez para siempre.
El duque no pasaba soledad. Sakura estaba largos ratos con él, contándole sobre las trivialidades que pasaban en la casa en ese inter de tranquilidad que estaban viviendo, también Li le rememoraba todo lo que pasaron juntos en la niñez y adolescencia, Tomoyo le leía libros en voz alta, e incluso tomaba fragmentos de las novelas de su esposa que narraba con su privilegiada voz, tratando de motivarlo con eso a luchar por regresar; y cuando era turno de Kurogane, estaba ahí, silencioso la mayor parte del tiempo, aunque increpándolo a despertar para volver con su familia, y haciendo algún comentario ácido o sarcástico. El resto de los habitantes de casa, aunque en menor medida, se sumaron a esas guardias, esperando comprobar quién sería el afortunado que lo vería finalmente despertar.
Aumentando las esperanzas de que todo se solucionaría, Diana había logrado establecer contacto con la corona británica. Habló fugazmente con la duquesa de Devonshire, comprobando que la familia de Eriol estaba bien y sana, y que toda la nobleza y burocracia del imperio estaba volcada en la ayuda a la población, y que Europa estaba demasiado desacomodada y herida como para tratar de ofrecer ayuda al exterior. Issy lloró amargamente al enterarse de la condición de su esposo, pero ganó aplomo en las palabras mismas de Diana, que le recordó que tenía una misión con su título y el de Eriol, y que le daba su garantía de que el duque tendría sólo las mejores atenciones y compañía mientras todo volvía a la normalidad.
Los siguientes en recibir y dar noticias, fueron los Li en Hong Kong. Ieran había hecho lo suyo procurando información sobre toda la familia. Era imposible tener al margen a los niños de todo lo que pasaba, así que habían optado por mantenerlos informados, aunque con los filtros propios que ameritaban por la edad. Sin embargo, estaba de más decir que todos los niños querían volver con sus padres, y era cada vez más difícil evitarles una rabieta o la incipiente depresión que los embargaba.
—No sabemos nada de ellos, y eso me preocupa —comenzó a decir Sakura la mañana siguiente—. Y a pesar de que hemos estado vigilando, no he sido siquiera capaz de sentir la presencia de otro Dragón, ni la de Akiho, a pesar de que es un aura que conozco muy bien.
—Imagino que es un trabajo de Bestia —intervino Tomoyo—. Al igual que hizo Loyalty cuando tuve mi despertar, Bestia al parecer bloqueó cualquier posible pista para ubicar a los Dragones del Destino, si a eso le sumamos que teléfonos, internet y otros medios digitales, mágicos y hasta manuales están casi colapsados, lo único que realmente podemos hacer es esperar hasta el próximo ataque.
Para ese punto, los involucrados se miraban con una mezcla de resignación y cansancio. Las últimas semanas habían sido agotadoras en todo sentido: las guardias eran hechas no sólo por Dragones, sino también por cualquiera con poder de algún tipo: Diana y Akko, Al y Meilin, incluso Wei y Beiji-Hu habían participado, pero la latencia de su contraparte los tenía enervados.
Había que incluir al catálogo de preocupaciones que Eriol no despertara, que miles de familias estaban damnificadas en Japón y en buena parte del mundo, y que aún ganando la contienda al final, el mundo sería muy diferente al que estaban acostumbrados. Faltaban recursos, las economías estaban al borde de la ruptura, el secreto mágico estaba al descubierto, aunque la mayor parte de la población estaba más preocupada por su propia supervivencia que por evidenciar a los magos practicantes. Hinoto, su profetisa, que a pesar de su traición hizo un acto último de sacrificio para mantener a Eriol con vida, no estaba más, la clarividencia de Ieran no era tan fuerte, por no mencionar que estaba en China, y los poderes de adivinación de Sakura, tanto los espontáneos como a través de sus cartas, estaban bloqueados.
—Lo que me ha llevado a pensar que ellos están en ventaja —Sakura pronunció esas palabras con amargura—. Es como si Akiho siempre estuviera un paso adelante, evitándome… si tan sólo tuviera la oportunidad de hablar con ella, tal vez…
—Si lo que está pensando es en una negociación, pierde su tiempo —interrumpió Subaru. Desde la charla con Tomoyo, su actitud había cambiado para bien. Seguía siendo un poco huraño, pero se había integrado mejor de lo esperado a la dinámica de su nuevo grupo, y cooperaba activamente con todo lo solicitado—. Debe entender, señora Li, que ella ya no es la persona que usted conoció.
—Y lo que es más —complementó Xiao-Lang, cruzando los brazos—, debes considerar que si bien podrá tener una misión cósmica, pero nadie la obligó a comportarse como ha hecho, y ya hemos visto las atrocidades de las que es capaz, cosas que no pueden ni deberían ser perdonadas. Yo tampoco considero la negociación un camino viable.
Sakura arrugó el ceño. No le gustaba ser cuestionada o corregida, al menos no de forma tan directa, porque ella misma nunca lo hizo con los demás. En su mente, esa negociación era ciertamente una alternativa real, misma que mantenía viva la esperanza de que ese destino tan repudiado por ella llegara, y de esa forma, significaba que la única forma de terminar el conflicto, era por el camino que había sido vaticinado, lo que irremediablemente la convertiría en homicida… peor aún, en virtud al vínculo, aunque este no fuera biológico, la haría una fratricida.
—De igual manera, podríamos considerar en algún momento el ir nosotros a la ofensiva, ¿no crees? —Se escuchó en una voz profunda, llevando un matiz casi imperativo en la sugerencia.
—¿Perdona? —La maestra de cartas parecía no dar crédito a lo que escuchaba, buscando entre los reunidos a Kurogane, autor de la sugerencia.
Él continuó:
—Creo que no soy el único por aquí que piensa que esperar a que estos tipos nos salten al cuello no es una buena idea. Podrían morir personas si una barrera es tomada antes de que cualquiera de nosotros llegue a sellarla. Nuestra mejor herramienta es la información, el patrullaje podría ayudarnos a tratar de ubicar a Shinomoto y a sus seguidores a través de nuestros sentidos, y podríamos apoyarnos en Tomoyo y Loyalty para ubicarlos más rápido y finalmente tener una ventaja sobre ellos.
—De ninguna manera iremos a buscar el conflicto, nuestra misión es evitar la destrucción, no provocarla. Esto no es de ninguna manera negociable —reviró ella, en un tono de voz peligrosamente firme, como una advertencia.
—Prepararnos a través del conocimiento es la forma más asertiva de prevenir un combate inesperado, porque la pelea, Sakura, es inevitable. Pensar en la manera de procurar la supervivencia de los combatientes, y no buscar excusas para no ir al campo de batalla, es lo que una verdadera líder debería hacer. —El samurái cruzó los brazos con molestia patente, aunque modulando mucho su tono de voz y el ímpetu que estaba cobrando su discurso, siendo la mano de Tomoyo sobre la suya la que le devolvió la calma.
—Me estoy esforzando mucho para tomar las mejores decisiones… —trató de defenderse Sakura.
—Pues esfuérzate más —le devolvió el soldado.
—Tal vez más adelante haya oportunidad de pensar en una estrategia como la que propones, Kurogane, pero las pautas de los próximos días, se quedarán según lo que Sakura nos indique hoy —intervino Xiao-Lang, rogando que con ello se extinguiera el conato de discusión que todos parecían temer.
—Bien —resolvió Sakura, recomponiéndose—. Continuaremos con el esquema de guardias, y creo prudente ampliar un poco más el área de reconocimiento. Si bien, los epicentros han sido en la región central de Tokio, podrían intentar algo en puntos más alejados de la prefectura.
—¿No crees que sería mejor concentrarnos en la parte más céntrica de la ciudad? —cuestionó Kurogane una vez más—. ¿Hasta dónde tienes pensado llegar?
—Quisiera ampliar sólo un poco el radio de vigilancia —respondió, un poco a la defensiva. Xiao-Lang se aclaró la garganta, incómodo. Meilin y Tomoyo suspiraron al igual que Kurogane, y Subaru, fuera del rango de visión de Sakura para ese momento, negó con la cabeza.
—Si me lo permites, Sakura… —intervino Akko—, deberíamos reforzar un poco más la vigilancia en los principales barrios de la parte central y el puerto, tal vez no pasar más allá de Nerima hacia el occidente, Adachi al norte y Ota al sur. Ningún evento se ha dado más allá de esos límites.
—Y por eso mismo deberíamos prevenirnos, cubriendo un poco más de terreno, podrían darnos una desagradable sorpresa si nos descuidamos —la siempre amable voz de la maestra de cartas llevaba un apenas perceptible tono de cansancio en esa oración.
—Precisamente por eso —Diana fue quien entró a la discusión esa vez—, tu conjetura no está respaldada por la estadística, es más probable que estas personas ataquen lugares con altas concentraciones de población, y la experiencia nos ha dejado un par de tristes antecedentes de lo que sucedería si no estamos lo suficientemente cerca como para asistir a un Dragón bajo asedio. Creo que deberías ser un poco más observadora en cuanto a los ataques previos: todos fueron cerca del centro de Tokio, lo que tiene sentido, pues es donde más daño podrían causar aún si fracasan, como pasó con Eriol.
La argumentación de la rubia no parecía tener fallas, y luego de un largo soliloquio interno, en el cuál Sakura se preguntaba el porque de que los demás le llevaran la contraria, aún cuando su único objetivo era procurar la seguridad y la vida misma de todos, llegó a pensamientos tanto más personales y obscuros, mismos que la estrangulaban lentamente hasta llevarla al más simple de todos los cuestionamientos: ¿por qué justamente ella, que era la que no tenía perfil de líder? Así, después de un rato de silencio, no tuvo más opción que reconocer lo acertado de la participación de Diana, aunque con cierta renuencia, pues seguía sabiéndole mal el ser refutada. Se hizo el nuevo plan de guardias, dejando a los participantes en un radio relativamente pequeño tomando como referencia el Palacio Imperial, y hasta el límite con Tomoeda.
Antes de entrar a la siguiente planeación, se repartieron pequeños refrigerios, mientras el grupo se dispersaba un poco. Sakura, luego de apenas tocar un canapé, salió hacia uno de los amplios jardines de la casona. Seguía rondando su cabeza el cuestionamiento sobre su accionar, y si era correcto de cara a una situación tan particular como la que enfrentaban para ese momento. Esa pregunta la llevaba lentamente a su historia personal, e inevitablemente llegó al punto en el tiempo más lejano que tenía: el verano de mil setecientos dieciocho, donde aprendió sobre la toma de decisiones y la responsabilidad de alguien, que como ella, la había heredado sin pedirla.
Entraba entonces una variante que lentamente dejó de molestarla: de entre todos los presentes, tal vez excepto por Diana y Akko, Kurogane era el único formado en la milicia real, ella misma vio en la antigüedad como él siendo apenas un adolescente, se hizo cargo de un feudo, y aunque no todas sus decisiones eran correctas, era un hecho que su opinión, amparada en la experiencia, era muy valiosa. Y no sólo la de él: Xiao-Lang era un líder natural, Subaru un hechicero mucho más experimentado incluso que ella, y Tomoyo la persona más inteligente que conocía. La responsabilidad podía ser del portador del poder de Dios, pero estaría siendo arrogante y hasta estúpida en rechazar el consejo de personas más experimentadas que ella en terrenos tan escabrosos como la guerra.
—Pensé que ya habíamos superado la etapa de estar mirando al otro a hurtadillas —dijo Sakura, mirando hacia una pequeña saliente de la casa.
—Sabes perfectamente que nunca voy a superarla.
Xiao-Lang caminó hasta ella, denotando cierta preocupación, pero sobre todo, un enorme deseo de verla tranquila.
—¿Todo bien, preciosa? —preguntó él.
Sakura, suavizando su gesto después del trance, dio un apretón en la mano de su esposo agradeciendo en silencio por su consternación, sin que esto confirmara o negara una respuesta. Lo cierto es que algo dentro de ella le decía que debía dar el primer paso para recuperar la calma.
—¿Por qué tengo un horario como este? —preguntó Tomoyo, observando el calendario en el cual se habían repartido las obligaciones y lugares a vigilar.
—¿Qué quieres decir? —indagó Sakura.
—Que prácticamente no tengo actividad fuera de esta casa.
Xiao-Lang y Kurogane habían notado también ese hecho, pero habían optado por el silencio. Tomoyo nunca dejó el tono amistoso, pero estaba tensa, y la razón obvia era lo expresado en la pizarra, que a cualquiera que conociera a Sakura le recordaría inevitablemente la que tenía de niña y en la que se repartían las actividades de su familia.
Tomoyo estaba prácticamente confinada a la mansión Daidoji, y sólo tenía eventuales visitas a Ota y Setagaya, los distritos más cercanos a Tomoeda. A punto estuvo de, si bien no hacer un reclamo, solicitar al menos una explicación.
—Sólo creo que será mejor que estés aquí. Después de todo eres la dueña de la casa, además, está dentro de los límites de Tokio, y es una zona que definitivamente requiere protección —explicó la emperatriz a su mejor amiga, aunque sin lograr obtener un gesto de convencimiento de ella—. Te prometo que reorganizaré el itinerario la próxima semana, ¿está bien?
—De acuerdo —respondió la aludida, aunque la expresión en su rostro, mostraba lo contrario.
Una vez en su alcoba, el ambiente entre los esposos Li se antojaba un poco tenso. Xiao-Lang tenía inquietudes sobre lo que había ocurrido en la asamblea, y sabiendo que no tendría más alternativa que exponerlas, por el bien del grupo y de la misma Sakura, buscaba abordarlas de la manera más amistosa posible, tratando de evitar una pelea, pues el gesto de su amada reflejaba el mar de preocupaciones que cargaba, y su idea era restarle peso, no aumentarlo.
Después de veinte años, Sakura pudo leer esas dudas como un libro abierto sólo de dedicarle una mirada al hombre junto a ella.
—¿Qué es lo que te tiene tan distraído, querido? —sondeó la mujer.
—Un par de cosas en realidad…
—¿Quieres hablarlo?
—Bien… ya que me das la oportunidad de preguntar… ¿Por qué dejaste a Tomoyo en la mansión la mayor parte del tiempo? —preguntó él.
—Bueno… eso es porque… —dudó.
—Creo que tanto Kurogane como Akko y Diana mostraron argumentos bastante sólidos sobre nuestros planes, y aún cuando los reconociste y diste espacio al final, el asunto de Tomoyo no fue reconsiderado.
—Eso es porque esta es su casa, creo que querría protegerla, ¿no? Además, me siento más tranquila con ella por aquí mientras Eriol despierta.
—El plan de Kurogane no es un disparate, me pareció bueno y de hecho, creo que amerita que lo exploremos a mayor profundidad, y no sólo eso, Tomoyo debería ser parte de su ejecución de forma activa. Si ella consigue pasar el ocultamiento de Shinomoto, podríamos lanzarnos a una ofensiva muy efectiva y...
—No vamos a ir a buscarlos, Xiao-Lang, eso va contra mis principios, va contra los principios mismos de los Li, ¿recuerdas lo que ese afán provocó en el último líder Li que adoptó el esquema de "ir a la ofensiva"? —preguntó francamente airada—, por si no lo recuerdas, su nombre era Shandian Li, y casi destruye a nuestra familia.
—Esto va un poco más allá de tus principios o de los principios de nuestra familia, y te recuerdo que fui yo quien terminó con su historia, ¿crees que no me pesa que mis manos estén manchadas con su sangre? Sin embargo, no me arrepiento —reviró, tratando de mantener el tono bajo de voz a pesar de que estaba tocando un momento sensible en su historia personal, buscando por todos los medios detener una pelea, aún cuando lo que venía después era duro—: Creo que no estás dimensionando todo lo que realmente está en juego y cómo nos beneficiaría estar un paso adelante de ellos estratégicamente hablando… Y me parece un poco deshonesto que hables de principios y justicia cuando deliberadamente estás protegiendo a Tomoyo más que a cualquiera de los otros, rechazando incluso un plan que, más allá de ser bueno, es el más lógico, y está respaldado por personas que saben de esto más que tú o que yo.
—¡Tengo miedo, ¿de acuerdo?! —respondió ella, levantando la voz finalmente, superada por el argumento—. ¡No tengo la formación militar de Kurogane, o la sabiduría de Diana en política, o siquiera un poco de la experiencia policiaca de Akko! ¡Me da terror tomar una decisión errada, porque si fallamos, todo será mi culpa! ¡De todos nosotros, Tomoyo es la que menos experiencia tiene en combate!, ¡no podría soportar que algo le pasara! Cualquiera de nosotros podría hacerle frente al peor escenario y sobreviviría, pero ella…
En ese punto él llegó a la conclusión de que era suficiente, justo cuando la voz de ella le evitó seguir hablando y sus ojos se cristalizaron, mientras hacía aspavientos con las manos que erráticamente llegaron a cubrir su rostro. Uno de los propósitos de la vida misma de Xiao-Lang era evitar a toda costa que ella sufriera, y ver su fracaso lo mataba por dentro. Se acercó tratando de ocultar su propio abatimiento, y la rodeó con sus brazos.
—Bien… tranquila… —dijo él, casi en un susurro, indicando calma con las manos sobre los omóplatos de ella, viendo que estaba francamente afectada—. Entiendo perfectamente tus inquietudes, Sakura, pero… al igual que pasa con nosotros, Tomoyo tiene una responsabilidad, y de alguna manera, dejarla aquí es demeritar su participación y subestimarla, ¿no crees?
—Por favor, Xiao-Lang… no me cuestiones sobre esto, tengo mucho en la mente justo ahora… yo no quise hacer nada de esto… no quiero cargar con el poder de Dios… ¡Sigo sin entender qué es lo que eso significa! Yo… yo sólo sé que no quiero que nada malo le pase a ninguno de los que amo. Ya he perdido demasiado —dijo derrotada, y al borde de las lágrimas.
—Mira… yo confío en ti —retomó él, tratando de calmarla, sabiendo que tenía que zanjar esa discusión en ese momento—, pero también me preocupa que todo lo que está pasando nuble tu juicio en algún momento. Sabes perfectamente que hace años dejé de competir contigo, porque no hay propósito en ello… si bien la responsabilidad de todo esto es tuya, no tienes porqué cargarla tú sola —viendo que sus palabras tenían el efecto deseado, se acercó hasta ella—. Las cosas terribles que están pasando son problema de todos, así que déjanos ayudarte. Una parte importante del liderazgo real es saber escuchar a los que nos rodean… deja que yo te ayude también, te recuerdo que hay un contrato nupcial… —se atrevió a tomar sus manos, viendo que ella se relajaba al recordarle ese "contrato nupcial", en uno de los apotegmas que habían tomado como votos cuando finalmente pudieron unir sus vidas—: Penas a la mitad…
—Alegrías al doble —cerró ella. Se tomó unos minutos, reflexiva, secando sus lágrimas—. De acuerdo… perdóname por esta escena, y no solamente tú… creo que le debo una disculpa a Kurogane también, pero ahora mismo estoy hecha un desastre. Sólo dame un par de días, y te prometo que estudiaremos juntos las decisiones que debamos tomar.
—¡Buenos días, dormilona!
Ignorando completamente el turbio pasado y la completa falta de empatía de Yuuto, pasaba perfectamente por un tipo normal, agradable incluso. Así lucía esa mañana, recién regresando a la vigilia, siendo su primer acto el encender un cigarrillo, sólo cubierto por las sábanas del lecho en su habitación del ayuntamiento.
A unos pasos de él, Satsuki terminaba de ponerse la ropa y acomodar sus gafas, completamente indiferente. Esa interacción se había vuelto una rutina, y si bien, al principio la tecnopata no la había pasado tan bien entre dolores y sangrados, comenzaba no sólo a habituarse, sino hasta a disfrutarlo, aunque su rostro frío no lo demostrara ni un poco.
—Buen día —respondió luego de pensárselo mucho.
—¿Qué tal dormiste?
—Mal. Apenas dormí unas horas. ¿Eso es importante de alguna manera?
—No en realidad, pero es un acto de cortesía el preguntarlo.
—De acuerdo. ¿Qué tal dormiste tú?
—Como un bebé.
—Entendido. Volveré por la noche.
—Y yo aquí estaré.
Sería difícil hablar de ellos como amantes, porque más allá de la simple necesidad de satisfacer sus más primitivos instintos, nada realmente los ataba. Al menos así era para Yuuto, que no tenía ningún tipo de reparo en involucrarse de la forma que lo hacía con Satsuki… o quien fuera.
Ella, sin embargo, era un tanto diferente. Nunca en su vida tuvo la necesidad de declarar su afecto a nadie, el único ser que le importó a un nivel realmente profundo había sido Asiria, y su heredero espiritual Bestia, y estar en un escenario como aquél que compartía con Yuuto era nuevo y muy diferente… la sensación era extraña, en su presencia se sentía vulnerable, y al mismo tiempo, se sentía con derechos sobre él. Tal vez su único amigo no estaba tan errado después de todo sobre lo que ella realmente estaba experimentando.
—¿Algún pendiente, Bestia? —preguntó luego de poner el pequeño comunicador en su oído.
—Sí. Shinomoto quiere verte hoy por la tarde.
—Entendido. ¿Algo más que reportar?
—Nada más.
—¿No habrá más comentarios?
—No hay nada prioritario que decir.
—Normalmente estás corriendo diagnósticos de mi química corporal.
—Dejaste muy claro la última vez que no querías escucharlos.
La charla se detuvo ahí. ¿Qué era exactamente esa fea sensación en el estómago de "S"? ¿Por qué la molestaba tanto? ¿A qué se debía esa extrañísima necesidad de compensar de alguna manera a Bestia?
Pensaría en ello más adelante, tenía que permitir que su cuerpo descansara un poco, no sabía que sería lo que Akiho le pediría para esa tarde.
El estrés y el cansancio volvían cada vez más difícil el ambiente en la casa Daidoji. Sakura dormía ese crepúsculo, antesala a las guardias que deberían cubrir esa misma noche. Xiao-Lang veía su rostro, sumergido en un sueño profundo, pero poco reparador, lo que asumió por el gesto de intranquilidad que la maestra de cartas mostraba.
Él estaba recostado a su lado, y por un momento estuvo a punto de abrazarse a su esposa e intentar dormir un poco, pero no le fue posible.
Instintivamente miró hacia la ventana, como si algo lo llamara en ese punto, e incapaz de resistirse a la convocatoria, caminó hasta ahí, abriendo un poco la cortina.
Yue, sentado en uno de los árboles del jardín, dedicaba una mirada al líder del Clan Li, haciéndole saber con ella que era él quien lo llamaba. Sin mayor ceremonia apuntó hacia arriba mientras emprendía vuelo hacia el tejado de la casa.
Unos minutos después, hechicero y guardián se reunían al favor de los últimos rayos crepusculares.
—¿Sucede algo malo? —preguntó Xiao-Lang, tratando de ocultar que estaba alarmado—. ¿Es algo sobre Yukito?
—En realidad, es sobre mí —respondió finalmente el protector de la luna—. Yukito estaba dormido cuando me transformé, y no tendrá memoria sobre esta conversación.
—Pues tú dirás.
—Seré franco y directo… después de ver el resultado de los últimos enfrentamientos… —El guardián no continuó. Al parecer, no encontraba las palabras.
—¿Temes por tu vida?
—No lo diría así. Yo, Yue, soy guardián de las Cartas Sakura y de su dueña, y de todo aquello que mi ama encuentre preciso. Si mi vida debe ser ofrendada con ese propósito, la daré gustoso. Sin embargo… mi alter ego no tiene elección. Él es simplemente un daño colateral, aún cuando desde su creación demostró ser mucho más que una identidad falsa para encubrirme. Devino en un humano completo, con todo lo que ello implica. Él es, sin ninguna restricción, una parte de la familia de mi ama.
—¿A qué quieres llegar con esto?
Los ojos de plata se cargaron de determinación, mostrando que suplicar era otro modo de ser valiente. Dirigió la mirada al piso, dejando que su rodilla derecha tocara el suelo.
—Amo Li…
—Levántate, Yue, yo no… —Xiao-Lang, sorprendido, trató de tomar por los hombros al guardián para incorporarlo.
—¡Por favor, déjeme terminar! Usted es el depositario del amor, la confianza y el respeto de mi ama, y un miembro ancestral de la casa de mi creador original, usted también es mi amo. Quiero hacerle una solicitud que no podría hacer a Sakura, pues sé que la rechazaría y terminaría por alejarme de ella antes de acceder… y no quiero eludir mi responsabilidad con ella de esa manera.
—¿Y cuál es tu solicitud? —inquirió Li luego de un minuto de silencio, asumiendo la potestad que Yue le había conferido.
—Mi ama ha insistido en que debemos tener esperanzas, y que esto será superado con todos nosotros volviendo a casa cuando todo termine… las cartas, Cerbero y yo no somos tan optimistas. No dudamos de que ella saldrá victoriosa, pero…
—Temen que no todos podamos llegar a ese final, ¿cierto?
—Sí. Y no sólo hablamos en el nombre de nosotros como su propiedad… sino de sus amigos, familia, seres queridos y aliados. Ya vimos una muestra en el señor Fujitaka, la señorita Nekoi y Eriol mismo. Por eso… necesito que separe mi conciencia de la de Yukito.
Li imaginó que esa sería la petición, y nervioso comenzó a caminar de un lado a otro. Sabía que era una solicitud justa, pero el camino a su cumplimiento tenía obstáculos.
—¿Ya discutiste esto con Yukito? —tanteó.
—No y no lo haré. Al igual que sucede con Sakura, él no debe enterarse. Él entiende a cabalidad que si llega a desaparecer, le quitaría un hermano a Sakura y el ser amado a Touya, pero su responsabilidad al ser mi contraparte no lo dejaría buscar su propia supervivencia. Es imperativo que él se mantenga al margen a toda costa.
La gran verdad de todo, era que no le sabía bien el tener que ocultarle algo tan grande a Sakura, en especial luego de que él mismo le pidiera confianza absoluta e irrestricta. Pero era cierto también que no podía pedirle a Yue que marchara a una posible pelea sin retorno, sabiendo que una parte de él podía ser preservada. Tenía la opción de evitar una muerte. Después de meditarlo por un largo rato, dio un largo suspiro, habiendo llegado a su resolución:
—De acuerdo. Voy a ayudarte —resolvió, pidiéndole con un gesto de manos que se pusiera de pie—. Recibí mucha documentación de Hong Kong, y algunos textos son del mismo Clow, hablando sobre la creación y la naturaleza de las cartas y sus guardianes. Sin embargo, debes ser consciente de que esa es magia muy avanzada. No te garantizo que dé resultado.
—Con intentarlo ya estará haciendo lo suficiente, amo.
—No me llames así, me haces sentir incómodo.
—Tendrá que vivir con eso.
—Tuve una visión —comenzó Akiho esa tarde, levantándose para rodear el trono, luego de despachar a los empleados del ayuntamiento, que seguían procurándolos a pesar de la ausencia de Kanoe, quedándose sólo con sus emisarios—. En ella vi el final de este conflicto. Vi como la victoria sería alcanzada por nosotros, y cómo es que podríamos abandonar este mundo, renovado, capaz de engendrar nueva y mejor vida, curado por completo del terrible padecimiento al que llamamos "humanidad". Es lamentable que algunos de nuestros compañeros de causa no lograran ver la realización del brillante propósito que perseguimos, pero para consumar nuestro destino, debemos estar dispuestos al sacrificio máximo: el olvido. Este mundo merece un cambio y nosotros se lo daremos. Por ello, hoy retomamos nuestro trabajo, y nos lanzamos a las finales.
Los tres convocados compartieron una mirada, aunque era difícil saber la intención en los ojos de cada uno, aunque eran conocedores de lo que pasaría a continuación.
—Satsuki —llamó la doctora—. La barrera a derribar está en el sur, en la costa.
—¿Y cuál es? —preguntó la joven con indiferencia.
—El aeropuerto Haneda. Al estar en la bahía de Tokio, su caída extenderá el daño hasta la prefectura de Chiba y Kanagawa.
Detuvo su discurso un momento, perdiéndose, al parecer, en un recuerdo.
—¿Sucede algo? —preguntó por cortesía Yuuto.
—Me vino un recuerdo —comenzó a explicar Akiho—. Viví muy cerca de esa región, en un pequeño pueblo llamado Tomoeda. Supongo que me da un poco de nostalgia que el lugar sea destruido como seguramente pasará. En fin… debo hacer una última encomienda: nuestro objetivo es el correcto y nuestra victoria está garantizada, así que permitamos que los Dragones de la Voluntad tengan una oportunidad en igualdad de condiciones. No se inmiscuyan en peleas ajenas, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —respondieron al unísono, excepto por Sakurazuka, que justo encendía un cigarrillo cuando la pregunta fue hecha.
Akiho hizo un gesto con la mano, despachando a los convocados. Todos salieron del salón.
Seishiro desapareció al momento.
—Necesito toda la información posible sobre el aeropuerto Haneda —ordenó Satsuki.
—Ya la he recopilado. El aeropuerto es una pequeña isla artificial, no es muy concurrida en los últimos días debido a la suspensión de vuelos internacionales, y actualmente sirve sólo a vuelos locales de provisiones y ayuda militar.
—¿Has investigado algo sobre el pueblo del que Shinomoto habló?
—Tomoeda. No en realidad. Hice un barrido de bases de datos en nuestros primeros intentos por ubicar a Tomoyo Ou Tsukuyomi en Tokio y sus alrededores pero…
—Pero Loyalty bloqueó toda su información del mismo modo que hicimos nosotros con la nuestra. Trata de hacer un concatenado de variables que vinculen a Shinomoto con Kinomoto, Li o con Ou… pero usando su apellido de soltera: Daidoji… ve al pasado, busca coincidencias de cualquier tipo, recibos de nómina, carnet de identidad, declaraciones de impuestos…
—Boletas de calificaciones —concluyó de pronto Bestia—. Tengo coincidencias que los unen en un cien por ciento a los cuatro, en el periodo comprendido entre dos mil veinte y dos mil veintitrés, en dos instituciones educativas diferentes: Escuela Secundaria Tomoeda y Preparatoria Seijo. Los registros domiciliares de los tres Dragones de la Voluntad están protegidos y encriptados por Loyalty.
—Pues entonces…
—Estoy triangulándolos, solicito ciento veinte segundos para calcular la ubicación de la residencia Daidoji.
—Perfecto.
Satsuki emitió una apenas perceptible sonrisa, contenta de la eficiencia de su computadora.
—¡Pequeña! —llamó Yuuto, alcanzando a la tecnomante, quien dejó de prestar atención al comunicador de su oído—. Supongo que nos veremos cuando termines tus deberes, ¿cierto?
—Es lo más probable —respondió.
—A pesar de lo dicho por Shinomoto, sería un grave error subestimar a cualquiera de los Dragones de la Voluntad, sugiero concentración y eso incluye cerrar comunicaciones con personas que puedan distraerte como Yuuto…
—Bien, te esperaré despierto entonces —cerró Yuuto, completamente ajeno de los reclamos de Bestia.
Sin otra palabra de adiós o cualquier muestra de preocupación o cuidado mutuo, la pareja se despidió, dejando que la inteligencia artificial acumulara aún más estrés, en especial luego de notar como los signos vitales de "S" se habían acelerado en tan breve charla.
—He terminado la búsqueda —dijo con parquedad Bestia, mostrando cierta molestia.
—¿Tomoeda?
—Sí, a sólo unos kilómetros del destino indicado por Shinomoto.
—Entonces mataremos dos pájaros de un solo tiro: ¿Qué capacidad operativa tenemos de comenzar más de un sismo lejos del aeropuerto de Haneda?
—Puedo hacer hasta cinco particiones con capacidad de iniciar movimientos tecnoquinéticos escalados en seis grados Richter, pero sólo donde tú estés físicamente podré hacer uno con capacidad de derribar una barrera.
—Excelente. Iré a Haneda, ten preparadas las particiones para sincronizar los seis sismos señuelos con el real, así, distraeremos a todos los Dragones, y sacaremos a Tomoyo de su escondite… estoy segura de que será ella quien llegue al aeropuerto.
—¿Qué te hace estar tan segura?
—La estadística, una corazonada, tal vez un poco de ambas.
—Kurogane irá a Chiba —decía Sakura mientras marcaba con negro en el mapa de la pizarra de guardias, y cambió al verde—: Xiao-Lang y Yue a Kita —naranja—: el señor Subaru a Kodaira —rojo—: Diana a Inagi —azul—: Tomoyo se quedará aquí en Tomoeda —rosa—: y yo estaré en Nakano, me llevaré a Kero. Akko, Meilin, Al y Beiji-Hu seguirán en Chiyoda, divididos entre el Estado Imperial y el Palacio según Akko los asigne, y el señor Wei se quedará aquí, asistiéndonos con el cuidado de Eriol.
—Veo que reconsideró el reducir el área a cubrir —notó Sumeragi.
—Sí. A decir verdad, creo que tenían razón en sus advertencias. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, me preocupa más y más que Akiho no haya movido sus piezas, siento como si estuviera jugando con nosotros, yo… simplemente no quiero sorpresas. —Caminó hasta la ventana, evidenciando una ansiedad que ya no podía ocultar—. Como saben, mi facultad de profecía no está funcionando, sin embargo, hay momentos en los que tengo… presentimientos, pero son sólo sensoriales, mucho más confusos e intensos que una profecía… Por eso mismo, he decidido que debo confiar en el juicio de ustedes, y también me disculpo por no haber dado la atención debida a sus impresiones en su momento.
—No hay nada que disculpar —comentó Tomoyo, cordial—. Hagamos caso a esas corazonadas entonces. Les informo que Loyalty ha mejorado los móviles de todos nosotros, y estarán directamente conectados a una red privada: desde la ubicación que estemos podremos lanzar un pedido de auxilio y Loyalty podrá darles la ubicación exacta de cada uno de nosotros en tiempo real, si el móvil es destruido, dejará marcada su última ubicación. Tomemos un poco de té, y luego vayamos a nuestros destinos.
Hicieron según lo indicado, y luego de un brevísimo refrigerio, las encomiendas comenzaron a cumplirse.
Kurogane se despedía de Tomoyo, siendo él, junto con Sakura, los últimos en abandonar la casa. Ella esperó dándoles espacio con cierto arrobo a la distancia, pues a últimas fechas, y considerando el contexto, se habían vuelto particularmente demostrativos, y las despedidas y bienvenidas eran adornadas con largos besos y palabras de afecto. Terminada la ceremonia, el samurái se despidió con un asentimiento de Sakura como era usual de él, dejando a las primas solas.
—Tomoyo… —susurró, tomando las manos de la que había sido su amiga desde siempre—, perdona por como he manejado esto… sé que debes estar pasándola muy mal aquí, tú sola, pero…
—Tranquila —la detuvo, presionando sus manos—. No puedo ni imaginar toda la tensión por la que debes estar pasando, no tienes que disculparte conmigo. Por el contrario, te agradezco que me procures.
—Gracias. Te prometo que esto cambiará para mañana.
—Está bien. De hecho, pude darme un par de escapaditas en estos días para echar un vistazo a la casa que compramos hace unos años. Llegué a la conclusión de que nos retiraremos apenas todo esto termine.
—¿En serio? ¿Qué opina Kurogane?
—Él hará lo que le diga sin rechistar. Y si no… bueno, tengo mis métodos para convencerlo. Te los compartiré algún día, podrían servirte con Xiao-Lang.
—Para, por favor —respondió Sakura, riendo sinceramente por primera vez en días, sonrojada ante las indecorosas tácticas que su prima seguramente utilizaba para dominar a un hombre del doble de su tamaño—. Nos veremos mañana temprano, gracias por ser tan comprensiva.
Desde el momento de la despedida, habría pasado poco menos de una hora. Por la red local creada por la misma Tomoyo y Loyalty, los vigilantes habían comunicado su ubicación y el inicio de sus respectivas guardias. La dueña de la casa, tanto más relajada, encargó momentáneamente el cuidado de Eriol al siempre servicial, pero cansado Wei.
Decidió tomarse unos minutos, yendo a su alcoba, y dando una orden mental, inició una llamada a Hong Kong. La red, a pesar de ser creada por ella, estaba limitada, por lo que tenían apenas unos minutos de comunicación al exterior, y no podían hacer videollamadas.
—¡Mamá! —respondió de inmediato Yuzuki.
—Hola, cariño. ¿Todo en orden por allá?
—Sí, mamá. Todo bien.
—¿Cómo te has portado con la abuela?
—Muy bien. Ella te lo dirá. También he pasado mucho tiempo con la tía Ieran, y es casi tan genial como la abuela Sonomi.
—Me da mucho gusto, querida.
Hablaron de trivialidades por algunos minutos, a sabiendas de que la llamada no podía extenderse demasiado.
—¿Mamá…?
—¿Sí?
—¿Cuándo podremos volver a casa?
—No lo sé, mi amor… espero que pronto —en un momento, toda la tranquilidad que le había dado el hablar con su unigénita, devino en preocupación y hasta cierta tristeza… un nuevo sismo estaba comenzando—. Cariño… debo irme ahora… ¿sabes? He estado pensando que a tu vuelta, podríamos no quedarnos más en la mansión, e ir a la casa que escogimos con papá… ¿no te gustaría eso?
—¡Claro que sí! El jardín es enorme para jugar con mis primos, y podría invitar a Gustav.
—Desde luego, cielo… nos veremos pronto —dijo, sintiendo con preocupación cómo el movimiento comenzaba a aumentar de intensidad—. No lo olvides, princesa: te amo.
—Y yo a ti, mamá.
La comunicación se cortó.
—Señora Ou —llamó Wei a la distancia.
—Allá voy —respondió, apresurándose a dejar la habitación—. ¿Loyalty?
—Calculando el hipocentro, epicentro y las causas —respondió la IA, solícita. Le tomó sólo un momento resolver—: No es el único sismo que se está registrando ahora mismo, sino que en realidad son siete, en el mismo número de ubicaciones. Ninguno es natural. Estoy compartiendo con todos los vigilantes los epicentros ahora mismo para que cada uno se acerque al que tenga más cerca, y determinar cuál es el auténtico o si todos lo son.
—¿Siete ubicaciones simultáneamente? Eso quiere decir…
—Que todos tendrán que atender a una.
—¿Hay alguna cerca de nosotros?
—Sí. Una está en el aeropuerto de Haneda, a menos de diez kilómetros de aquí. Somos las más cercanas.
—Entonces somos nosotras quienes debemos ir ahí.
—Nota importante: si es el foco auténtico y nuestra protección falla…
—Destruirá Tomoeda.
—La probabilidad de ese escenario es muy alta. Por otro lado, los sismos son tanto más ligeros que los anteriores por la forma en que se están provocando, su origen, más que geológico o mágico, es tecnoquinético.
—Satsuki.
—Más precisamente, Bestia.
—¿Puedes contrarrestarlo?
—Provisionalmente y sólo en la ubicación a la que llegues tú, dándote unos minutos para llegar y crear tu barrera.
—Gracias, ¡manos a la obra…! —Se quedó pensativa unos segundos y luego remató—: Durante el tiempo que nos tome llegar al sitio, comunica por mensajes de texto que algunos lugares podrían ser señuelos, y les des la opción de notificar por orden de voz o texto que están ante el ataque real. También quiero que almacenes en ubicaciones seguras algunos mensajes de voz que voy grabar.
—Entendido.
Al momento, el movimiento, que para entonces ya era más que perceptible, comenzó a disminuir. Corrió hasta la puerta donde Eriol era cuidado, encontrándose a Wei con el rostro lívido.
—Por favor, maestro Wei, cuide de mi amigo y la casa.
—Con mi vida, señora Ou.
—Muchas gracias.
—Buena suerte —le deseó él, despidiéndola.
—¿Qué está pasando? —preguntó Satsuki unos minutos después, mirando por uno de los amplios ventanales de la torre de control, mismo edificio que había invadido minutos atrás, y sobre cuyo suelo había dejado al menos una decena de cadáveres de los trabajadores del lugar.
—Estamos siendo intervenidos. Todas las extensiones subterráneas que estaba utilizando para iniciar el terremoto aquí están siendo desconectadas de forma muy eficaz. Me tomará al menos trescientos segundos el tratar de inhabilitar la intrusión para un reintento.
—Entonces estábamos en lo cierto… ¿quién sería la única persona capaz de contrarrestar el tipo de ataque que estamos haciendo?
—La pregunta es redundante.
—Tomoyo Ou.
—La entidad que la acompaña —precisó Bestia—. La inteligencia artificial mágica "Loyalty". Aún soy incapaz de rastrearlas con eficiencia, tendremos que confiar en nuestros sentidos físicos para ubicarlas y terminar con ellas, sólo de esa manera podremos derribar el aeropuerto según lo solicitado por Shinomoto. Además de que ahora mismo el lugar está siendo transportado a una subdimensión. También pude interceptar una señal de radio emitida desde un dispositivo móvil a través de una red privada.
—Tomoyo está formando su barrera y pidiendo ayuda —concluyó Satsuki. Agudizando su escrutinio por el lado norte de la torre—. Trata de contener la señal el mayor tiempo posible.
—Entendido.
Al mirar al cielo, este había cambiado de color, sustituyendo la negrura de la noche por un índigo metálico, formando un tetrahedro perfecto que cubría toda la isla en la que el aeropuerto se encontraba, y un poco más allá, hacia el mar de la bahía de Tokio. Exasperada hizo una expresión de inconformidad, pues de entre todas las cosas que detestaba, el no estar en control o al menos en conocimiento de una situación, era la peor.
—Ve recolectado todo el material a tu alcance, toma toda la energía que puedas de la región —ordenó "S", cortando la electricidad del aeropuerto con una orden mental.
—Ambas condiciones estarán limitadas por los daños que recién recibió la ciudad de sismos anteriores.
—Trata de establecer conexión a través de ondas de radio o satelitales y…
—Ataque entrante… ¡ATAQUE ENTRANTE!
Por algún motivo, Satsuki se volvió hacia el sur, sólo para ver a través del ventanal una escena que le tomó unos segundos comprender dada lo inesperada y estrambótica que le resultaba.
Desde las pistas, dando algunos giros como si una mano gigantesca lo hubiera lanzado, un pequeño avión comercial iba en ruta directa de colisión con la misma torre donde Satsuki se ocultaba. Instintivamente se agachó, cubriendo su cabeza con los brazos, mientras que Bestia se valía de la instalación y el mobiliario del lugar para improvisar una coraza alrededor de la chica. El fuselaje de la nave penetró la parte superior del fanal del edificio, llevándose prácticamente la mitad del mismo, y golpeando apenas el capullo de "S", para luego caer varios cientos de metros atrás, donde el combustible volatizó, formando un hongo incandescente que iluminó todo el interior de la barrera.
El Dragón del Destino se retiró la coraza con un movimiento de manos, sobresaliendo de entre los escombros de la edificación, que se tambaleaba después de haber recibido semejante daño y de forma tan intempestiva. Contrariada, miró hacia el lugar del cual el ataque había llegado, encontrando a la causante.
A varios cientos de metros, en el centro de una de las pistas, Tomoyo recuperaba una postura neutra, y sincronizada con ella, toda la instalación que sobresalía desde debajo del suelo, la misma que había lanzado las más de veinte toneladas en ese único y sorpresivo ataque, volvía su lugar.
Aún a la distancia que las separaba, aún con la poca luz, ambas compartían la misma determinación en la mirada, conocedoras de que el único camino que podían recorrer juntas desde ese momento, era el de la guerra.
XXII.
Fin.
Gracias WonderGrinch por leer y dar su orientación emocional a pesar del dolor, y a CherryLeeUp la guía técnica y de desarrollo. Ustedes hacen un trabajo invaluable.
