Retroalimentación.
E A Blake chapter 24 . Sep 24: Hola. Una absoluta sorpresa ver una reseña tan breve viniendo de ti… lo que de alguna manera me da a entender que logré tu satisfacción de alguna manera. Gracias por la reseña, y veamos juntos lo que sigue.
Guest chapter 24 . Sep 25: Sobre las potencialidades… es complicado, veamos si tu pronóstico es acertado. ¡Muchas gracias por tu reseña! Disfruta el nuevo episodio. Y sí, todos necesitamos ver a Akiho sufrir…
Brie97 chapter 24 . Sep 25: Hola. Una amenaza cae bien de vez en cuando, así que tomaré el riesgo. Todo se resolverá en breve, sabremos cómo terminará este mini arco, y qué obtendremos de él. ¡Gracias por tan bellas palabras de aliento! Saber que logré dar vida a un personaje y que lo sientan cercano es increíble. ¡Disfruta la actualización!
carmennj chapter 24 . Sep 25: Qué hay. Y sí, lo ideal sería eso, que llegara… aunque lo cierto es que Tomoyo está a la merced de este lunático. "S" es, en efecto, una villana trágica, no podía evitar sentir algo de pena por ella al echar un vistazo a su trasfondo. Sobre Eriol, supongo que pronto veremos qué va de él. Y sí, estamos acercándonos al final. ¡Un abrazo para ti!
LizSaranjeiP chapter 24 . Sep 26: Sabes que un final completamente feliz no sería apropiado para una historia como esta, pero eso no significa que todo sea malo, ¿no crees? La partida de Loyalty era algo que sentía necesario desde la concepción del proyecto, y creo que encontré el lugar ideal para su ejecución, al igual que Satsuki y Bestia. ¡Gracias por tan linda reseña!
MissCerezoo chapter 23 . Sep 30: Lo sé, hermana. Yo mismo estoy al borde de tener que escribir al día por la carencia de tiempo. Esto de ser adulto es una cochinada. Sobre lo que me comentas, estás en lo cierto, Siempre lo he dicho, Sakura es una guerrera, una mujer poderosa y capaz, un amor en toda regla… pero no es una líder por mucho que nos cueste admitirlo, y forzarla a ese rol puede ser doloroso para todos. Tienes razón en pensar que alejarla tanto de sus valores y principios podría ser contraproducente, pero piensa que está en un contexto donde los valores van a segundo término. Su verdadera misión aquí es crecer. De esto se deriva la necesidad de complementarla a través del resto de los personajes, dejando clara justamente la humanidad falible de nuestra Sakurita, que no podrá sola si es que esa es su intención. Ese principio de vida en los votos de los Li es útil incluso en nuestra realidad. Oh, Yue, Yue… ¿qué pasará con él? Chapter 24 . Oct 3: Si desperté esas sensaciones, entonces lo hice bien. Es un deleite ver que fuiste atrapada a pesar de los tecnicismos, eso me alegra mucho. Fue un desafío el desarrollo de esta Tomoyo, es complicado tomar a un personaje que por defecto es de soporte puro (y del que no intervendría jamás en una pelea), y hacerlo jugador activo en el juego del destino, en especial si quieres conservar sus características más primordiales. Ver que lo logré, al menos desde tu óptica, es increíblemente satisfactorio. Y sí, ¿qué mejor personaje que Tomoyo para ofrecer una redención a "S"? No sólo le dio una oportunidad, sino el justo reconocimiento de su poder e inteligencia. Sakurazuka… es difícil decir si realmente podrían ser intercambiables, si me lo preguntas, a mí me parece más cruel aún Akiho… ya el tiempo hablará. ¡Gracias por tus increíbles reseñas!
zaoryGuerrero chapter 24 . Oct 7: ¡Bienvenida de vuelta! Recuerdo esos años de formación, pero tú dale, valdrá la pena tu esfuerzo. Gracias por tus palabras, saber que alguien fue gratificado por lo que leyó es una recompensa en sí misma. Tienes toda la razón en tu lectura de Bestia, porque es el macho/hembra tóxico por excelencia. Recuerdo haber advertido al inicio de esta historia que se prepararan por si lo suyo era sufrir, porque la naturaleza de este relato era así, debíamos dar un cierre fuerte y significativo a una saga a la que le tengo muchísimo cariño, y te agradezco por tomar este camino conmigo. Descuida, ahí están CherryLeeUp y WonderGrinch para sanar las heridas dejadas por mi falta de corazón. ¡Muchas gracias por dejarte mi opinión! Ojalá pueda seguir contando con ella.
Vamos allá…
XXIV.
Amiga.
No había ningún misterio en la identidad de aquél hombre. Su aura de Dragón del Destino era abrumadora, a eso se sumaba el frío y tétrico fulgor obsidiana de su único ojo, igual de gélido que el de cristal que completaba su rostro. Un hombre, por todo lo demás, apuesto e imponente, vestido con un traje formal pero cómodo de negro inmaculado, sólo contrastado por la blanca camisa.
En los breves segundos que tardó en encender el cigarrillo, la pequeña flama delineó su rostro y Tomoyo pudo detallarlo, pensando en los relatos de Subaru, y entendiendo porqué temer y al mismo tiempo sentir atracción por aquel hombre.
—Señorita —comenzó él, con voz perfectamente modulada y grave, expulsando el humo de la primera calada—, es un riesgo que ande por ahí sola después de semejante explosión.
—Ya lo creo… fue enorme… ¿co… cómo hizo usted para no salir lastimado?
—Estaba un poco lejos cuando pasó. Fue impresionante, imagino que Satsuki no lo logró. Vaya eficiente máquina de matar que resultó ser usted, mi bella dama.
—Le agradezco el cumplido… asumiendo que de eso se trata —dijo, tratando al máximo de ocultar el temblor en su voz y la dificultad de modular, provocados por sus heridas—. ¿Y qué hace que me honre con su compañía?
—El destino, por supuesto. Pensé que un encuentro que no estuviera relacionado directamente con la magia sería algo entretenido de ver, por desgracia para mí, duró menos de lo esperado, y ahora estoy un poco decepcionado.
La mente de Tomoyo, en contrapartida a su lastimado cuerpo, trabajaba con rapidez. Aún si no hubiera escuchado nada sobre aquel hombre, era realmente atemorizante, tanto él como toda la situación, pero debía ganar al menos unos minutos, contenerlo aunque no fuera a través de un combate, era crucial para mantener a salvo su barrera, y por extensión, su hogar. Sólo unos momentos para que alguien llegara a asistirla:
—¿Y hay algo que pueda hacer para compensarlo?
—Oh, ya lo creo que sí.
—Usted dirá.
—Soy un hombre simple, mi bella acompañante. Lo que significaría para una persona normal la realización a través de grandes hazañas en la vida, para mí se traduce a un único momento…
La sonrisa sin felicidad y el penetrante mirar del tipo le erizó el cabello de la nuca a la tecnópata herida. No se necesitaba pensar mucho en los fetiches de Sakurazuka para llegar a una conclusión sobre sus intenciones.
—¿Qué le parece aderezar ese momento con un juego? —lanzó ella.
—¿Qué objeto tendría?
—Sólo por diversión. Ahora mismo estoy a su merced, como ya habrá notado, estoy malherida —acotó mientras mostraba intencionadamente la forma en que sostenía el costado de su pulmón inutilizado—, y no hay recursos a mi alrededor que sirvan a los parcos poderes que como Dragón de la Voluntad pude desarrollar. —Tomó todo el aire que logró acumular antes de continuar—. He escuchado historias sobre usted, y he visto la forma en la que obtiene sus victorias… tener a una presa moribunda es de animales rastreros y desagradables como las hienas y las ratas… pero los halcones, señor Sakurazuka, cazan, luchan, incluso se divierten con sus presas, por el puro placer del desafío… nada mejor que un manjar por el que se ha trabajado —terminada la oración, dejó salir un apenas audible lamento mientras suplicaba por una nueva bocanada de aire.
—Por favor, querida, Seishiro está bien —hizo más grande su sonrisa—. Imaginando por un momento que accedo a este juego, ¿cómo jugarlo? Usted misma estableció que no está en condiciones de enfrentarme.
—Hagamos una pequeña apuesta entonces.
—La escucho.
Tomoyo hizo acopio de toda su concentración, ignorando las heridas que lenta, pero diligentemente comenzaban a sanar. Sabía que estaba, en todo nivel y sentido, sujeta a la voluntad del loco ante ella, no podía enfrentarlo físicamente, sabía que él era bastante inteligente como para detectar un ardid en el momento que ella siquiera lo sugiriera, y entonces todo terminaría. Suficiente tenía con ganar esos segundos, sólo le quedaba una propuesta honesta y que él estuviera de humor para honrarla.
—Esperemos sólo un tiempo diminuto, para que alguien pueda aparecer y equilibrar un poco la balanza.
—¿La espera de un relevo? ¿En verdad esa es su propuesta? —cuestionó incrédulo.
—Alguien que pueda darle un buen enfrentamiento al final del día. Todos los Dragones de la Voluntad ya vienen en camino, y aunque todos llegaran juntos, le doy mi palabra que la pelea será uno a uno, y respetaremos el resultado. —Vio apenas un poco de duda en el rostro del matón, y jugó su carta del triunfo—: El señor Sumeragi podría ser el primero en llegar.
—De acuerdo —confirmó Seishiro después de una reflexión, con ánimos renovados al escuchar el nombre de su objetivo primordial—. Usted estableció la apuesta, yo los términos —levantó la derecha a la altura de su rostro—: el tiempo será lo que dure mi cigarrillo en consumirse. Si sus amigos llegan, haremos según lo que usted indicó y tendré mi pelea.
—¿Y si no?
Seishiro cortó ligeramente la distancia, pasando uno de los fríos dedos de su izquierda por la mejilla de la dama, que apenas pudo controlar el temblor de su mandíbula, en tanto que él se inclinaba lo suficiente para que su boca quedara a unos centímetros del oído de ella.
—Entonces, querida mía, cobraré la simple satisfacción de la que le hablé hace un momento: la mataré.
—Tenemos un trato, Seishiro.
Diciendo eso, la mujer tendió la mano al asesino, que por impulso correspondió al cierre del trato, y apenas se soltaron, Tomoyo retrocedió unos pasos, extendiendo los brazos y tomando un muy profundo suspiro.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Sakurazuka, confundido.
—Cerrando mi barrera, por supuesto.
—Pero ese no fue…
—Nunca hablamos de mi barrera, Seishiro, así que estoy honrando nuestro acuerdo, cuando termine, me quedaré justo aquí, con usted.
—Me olvidé por completo de su barrera, excelente jugada si me lo permite. —Llevó el cigarrillo a sus labios y dio una profunda inspiración, que avivó la brasa—. Espero que alguno de sus amigos llegue, porque con el nivel de daño, cerrar la barrera la dejará medio muerta.
—Lo sé. Pero en mi familia, nunca nos rendimos.
—Igual que los Sumeragi, y mire cómo terminaron.
Una onda expansiva, semejante a una brisa, salió del cuerpo de Tomoyo, y un momento después, el aire comenzó a volver, rodeándola como un pequeño remolino.
A la distancia, sólo los ojos de los Dragones eran capaces de ver como el cubo sobre el aeropuerto iba disminuyendo de tamaño, lo que les dio cierto alivio, en especial, porque habían visto lo que pasó con Eriol, y estuvieron pendientes hasta el último momento, vigilantes de que no se rompiera justo al final, notando que la realidad había quedado completamente intacta.
"Tomoyo lo logró", pensó Sakura, dándose permiso incluso de sonreír un poco, gesto que compartió con Kero, y luego con Diana, que se le emparejó a vuelo con su escoba a sólo unos cientos de metros de su destino; mientras que a una distancia un poco mayor, pudieron ver el resplandor eléctrico del patriarca Li tomando impulso de los edificios a su paso, seguido de cerca por las alas plateadas de Yue, y unos edificios más atrás, el elegante y sutil andar de Subaru, completando a todos los que llegaban desde la ciudad hacia la costa.
Sólo uno iba en camino desde el mar, dando el último salto sobre la superficie del agua, para aterrizar sobre las pistas de la isla de Haneda.
"Sólo un momento más, princesa", resonó en la cabeza de Kurogane mientras comenzaba a buscarla, pues seguramente estaría agotada o incluso herida.
Todo eso en el momento preciso en que el cigarrillo de Seishiro caía al suelo y era extinguido definitivamente con un pisotón.
—¡Sakura! —exclamó Kero, alertado al ver a su ama llevarse las manos al pecho y perder parcialmente el conocimiento, desvaneciendo el listón en su espalda que le permitía volar, presa de un inenarrable dolor.
Fue Diana quien se lanzó en picado para evitar una caída de cientos de metros, tomándola en brazos y finalmente montándola a la escoba junto con ella, escuchando los dolorosos lamentos de la portadora del poder de Dios, casi desmayada.
—¿Sakura? ¿Todo está bien?
El esmeralda en su mirada se llenó repentinamente de terror, atando cabos con el síncope que acababa de sufrir.
—¡TOMOYO! —gritó con voz descompuesta.
Diana entendió de inmediato y forzó su escoba lo más que pudo hacia las pistas del aeropuerto, ya visible por todos para ese instante.
La pista estaba completamente vacía. Arriba, en la torre de control que no sufrió daños en la realidad, estaban los restos de los encargados que Satsuki había matado antes de la llegada de Tomoyo, pero más allá de eso, era una noche primaveral como cualquiera.
Diana vio una silueta moverse en la obscuridad, y hacia allá se dirigió, los demás la siguieron. Aterrizaron a unas decenas de metros, y apenas la escoba estuvo a una distancia razonable, Sakura saltó hacia el asfalto, comenzando a correr hacia quien fuera que estuviera delante de ella.
Cuando vio de quien se trataba, el shock la hizo caer sobre sus rodillas, incrédula, llevándose las manos a la cabeza y alborotando su propio cabello, dando una larga perorata de negaciones mientras que sus lágrimas, incontrolables, caían a la tierra.
Kurogane, con el rostro completamente ausente, caminaba como un fantasma. En sus brazos, Tomoyo parecía dormir. Su cabello caía en cascada, apenas movido por la brisa marina y el andar de quien la cargaba. Su rostro, manchado con tierra y hollín aquí y allá, mostraba una infinita tranquilidad, y sus manos, que descansaban sobre su pecho, ocultaban parcialmente una incisión a la altura del plexo solar, donde un hilo de sangre había manchado ya el pecho del ahora viudo samurái.
Kurogane llegó lentamente hasta donde Sakura esperaba, y con inmenso cuidado se posó también sobre sus rodillas, para que Tomoyo quedara lo más cómoda posible sobre su regazo.
Esa fue la confirmación. Sakura, fuera de sí y en absoluta negación acariciaba la pálida y ahora fría faz de una de las personas que más quiso en vida, retirándole el cabello de la frente y llamándola por su nombre, en un injustificado afán de despertarla, llegando en algún punto a sacudirla por los hombros mientras levantaba la voz y le exigía abrir los ojos; sobre el hombro de la finada, la forma falsa del guardián del sol hacía otro tanto, y Yue, conmovido como nunca antes se adelantó hasta su ama, agachándose y tomando sus hombros para consolarla, aunque guardando un respetuoso silencio.
Unos pasos detrás de ellos, Xiao-Lang mantenía un gesto impertérrito, pero era traicionado por el inacabable caudal de lágrimas que caía por sus mejillas, en absoluto descreimiento, sintiéndolo todo tan irreal que no sabía exactamente cómo comportarse.
Diana, entre gimoteos, habló hacia su varita, tratando de mantenerse funcional a pesar de estar atravesada por un dolor que no pensó llegar a sentir. Llamó a Akko, que fuera del peligro de un sismo, apareció instantes después con todo un equipo. La recién llegada, confundida, tomó en brazos a su esposa, que finalmente dejó salir un llanto no tan discreto. La rubia señaló hacia el corrillo sin atreverse a mirarlo. Akko, temerosa como quien se acerca a algo que definitivamente no quiere ver, caminó junto con un curandero a donde le fue indicado, y poco le faltó para desmayarse al darse cuenta de lo que pasaba. Sólo pudo resolver dar órdenes al médico para volver a la protección de los brazos de su mujer.
Subaru se separó un poco. Además de la terrible consternación que sentía al ver abatida a la única que realmente había empatizado con él, estaba el hecho que aplastó su mente como un mazo: el modus operandi del asesinato. Una herida en la boca del estómago, un corazón destruido, y en el peor caso, ausente, asunto que realmente no quería confirmar. Sólo esperaba que ella no hubiera sufrido demasiado, y que su cuerpo hubiera sido respetado.
El llanto descarnado de Sakura, luego de unos momentos, devino en el único sonido audible en las inmediaciones. Incapaz de aceptar la realidad, presionaba el cuerpo de Tomoyo contra su pecho, mientras que sus lágrimas empapaban el rostro exangüe de la última Tsukuyomi de su familia, aquella con quién creció, con quién compartió todos sus secretos y a quien le tuvo más confianza que a nadie. Aquella noche de jueves, el veintisiete de mayo, Tomoyo Ou Tsukuyomi cerraba sus ojos por última vez a sus veintinueve años, en la prefectura de Tokio.
Así, guiados por una Diana que mantenía el temple apenas, un Kurogane de rostro pétreo y una Sakura completamente fugada, fueron llevados a la sede del Estado Imperial junto con los restos de la combatiente.
—Pues está hecho…
La sonrisa más sincera y luminosa se dibujó en los delgados labios de aquella mujer. No había dolor, sufrimientos o preocupaciones, todo era paz en esa costa de arena suave y un mar transparente y calmo, bajo un cielo iluminado por aquella deslumbrante luna menguante de inefable belleza.
—¿Estás bien? —preguntó una voz lejanamente familiar a sus espaldas.
—Sí —respondió ella con simpleza, reconociendo a la interlocutora al girarse.
—¿En qué piensas?
Una apenas perceptible melancolía se coló por el índigo violeacio de los ojos de la diva de Tomoeda, en correspondencia a la pregunta de su homónima de otro tiempo, aunque eso no cambió la naturalidad de la complacencia que mostraba. Se limitó entonces a responder:
—Me entristece saber que todo terminó. Estoy segura que cualquier pregunta que pueda tener será respondida en breve, aunque… —volvió la vista un momento, hacia lo que ella consideraba que era "atrás". Aún cuando no podía verlo, de alguna manera podía sentir el dolor y el llanto de los que dejó—. Estoy agradecida por todo lo que tuve. Nací en una buena cuna, fui educada con los mejores valores que mi madre pudo darme, que me enseñaron sobre el deber, el honor y el amor, y que era mi responsabilidad dejar un mejor mundo al que encontré al nacer. Conocí y viví con personas maravillosas, de Sakura aprendí sobre la abnegación, de Xiao-Lang sobre la disciplina, de mamá obtuve la fortaleza… encontré al amor de mi vida, y gracias a eso pude vivir en la enorme bendición de la maternidad, y con ello amar a una persona sin siquiera conocerla… nada me haría más feliz que ver a mi Yuzuki vivir y convertirse en la maravillosa mujer que tanto dará al mundo… pero para eso, debe haber un mundo en primer lugar.
—Entiendo tu inquietud, pero debes saber que Yuzuki no podría haber quedado en mejores manos, y no sólo tendrá una guía espectacular, sino que vivirá en tu ejemplo. Lo que hiciste hoy, la convertirá en una Tsukuyomi tan única e inigualable como tú misma.
—¿Entonces crees que lo hice bien?
—Lo hiciste maravillosamente, resplandeciente como un lucero hasta el final —dijo la otra Tomoyo, aparentemente muy satisfecha, caminó hasta ella, y en ánimo fraternal le tendió la mano—. Lo hiciste perfecto. Aunque en realidad, no esperaba menos de ti.
Tomadas de la mano, con la sonrisa de quien sabe el deber cumplido, avanzaron ambas hacia lo desconocido.
El paso silencioso del verdugo. Ni un solo sonido, el aire mismo no parecía moverse, dejando que las pequeñas partículas de polvo en el ambiente flotaran el libertad y sin disturbios.
No era, sin embargo, lo que se percibía en el ambiente de aquél salón en el ayuntamiento de Tokio.
—Buenas noches —se escuchó como una melodía siniestra, haciendo un ligero eco.
Seishiro sólo hizo más evidente el gesto con el que imitaba una sonrisa sin felicidad, como un niño que ha sido descubierto en su travesura.
—Buenas noches, Shinomoto.
—Una noche demasiado tranquila, ¿no crees?
—¿Qué tipo de evento esperabas ver?
—No lo sé… la caída de una barrera, la desaparición de al menos un cuarto de la ciudad en un terremoto de proporciones bíblicas… y en lugar de eso, sólo tengo un terrible malestar generalizado, como una resaca que le tengo que agradecer a Satsuki… y un Dragón de la Voluntad muerto sin una barrera rota. ¿Sabes qué fue lo que pasó allá en Haneda?
—Una mujer hermosa hizo una apuesta conmigo. Perdió.
—Aún cuando les pedí que no intervinieran en peleas ajenas, fuiste allá, sólo porque se te antojó… hay que ser temerario.
No había molestia en la voz o el paso de Akiho mientras caminaba desde su trono hasta donde el matón la esperaba, sin embargo, su furia podía sentirse en el ambiente y en el fulgor de sus ojos aguamarina.
—Esperaba al menos una felicitación. Acabé con un Dragón de la Voluntad sin esfuerzo.
—No. Fuiste allá a saciar ese feo fetiche tuyo de abrir a las personas en canal, como un banal acto de egocentrismo, para demostrarnos a todos lo inmensamente poderoso que eres —estando a un paso del hombre, levantó el brazo, un poco más por encima de su propio hombro considerando la diferencia de estaturas, y poniendo su palma sobre el diafragma del matón, haciéndolo sentir una presión no natural sobre el área—. No me gustaría que algo te pasara por no seguir los designios del destino.
—¿De verdad? ¿Una amenaza? —sonrió con hilaridad legítima por primera vez—. ¿Crees que alguien como yo teme a la muerte, Shinomoto?
La pregunta iba matizada con mucha ironía, pero al igual que pasaba con Akiho, no elevó la voz ni tensó el cuerpo. Con la delicadeza propia de un caballero tomó la mano amenazante, y haciendo que con suavidad girara para poder besar el dorso de la misma.
—¿De verdad no tienes miedo a que todo termine?
—Con todo respeto, pero no podrías hacer que "todo termine". Tu misión es reformar al mundo, pero ese es tu único alcance. He visto realidades más allá de lo que te puedes imaginar, y sé que aunque sacaras mi corazón de mi pecho y luego aplastaras mi cabeza… no puedes destruirme, no puedes borrarme de una existencia a la que de un modo u otro, pertenecemos. Nada en el universo se destruye o se crea, y aún si así lo fuera, no eres tú quien podría hacerme algo así.
—¿Ah, no? ¿Entonces existe la posibilidad de que alguien más pueda lograr borrarte para siempre del mapa, Seishiro? —preguntó mordaz—, ¿alienar tu consciencia de la realidad?, ¿borrar los átomos y la energía que te hace lo que eres…? ¿Destruir tu alma para siempre?
—Estoy seguro de que no eres tú… pero desearía conocer al que es capaz de hacerlo.
—Bien dicho —concluyó con una sonrisa sardónica.
Una casa sin propietario recibió a los Dragones de la Voluntad. El alba comenzaba a arrojar luz sobre los terrenos, en un escenario que se había vuelto común para todos ellos, pero que por algún motivo parecía lúgubre, carente de color, como si la construcción les reprochara por el abandono al que seguramente sería sometida ante la partida de su dueña.
El aplastante vacío no dejó a nadie indiferente, no había apetito, sueño o risa que calmara la abrumadora ausencia, que quitara de sus gargantas el insoportable sabor a hiel que queda después de tamaña injusticia… porque Tomoyo había ganado, salvó miles, tal vez millones de vidas. Siguió protocolos y soportó con entereza hasta el final, lo que los llevaba a un único tren de pensamientos: Tomoyo no debió morir.
A pesar de que ese entendimiento era justo y llevaba toda la razón, de que filosófica, lógica y pragmáticamente era acertado… Tomoyo ya no estaba.
Después de pasar varios minutos abrazados de sus primos Meilin y Beiji-Hu, Xiao-Lang salió y se sentó en uno de los balcones. A pesar del temple que normalmente mostraba, no tenía energías para fingir fortaleza, en especial en ausencia de Sakura, así que, aprovechando esa soledad, lloró de nuevo, esta vez sin contenerse, al grado de perder la noción del tiempo. Era un hecho que había llegado a sentir un gran afecto por la recién fallecida, la había conocido por veinte años, aprendió a adaptarse a sus excentricidades, e incluso llegaron a hacerle gracia en algún momento… y ni hablar de todo lo que tenía que agradecerle, por ser justo ella la que lo impulsó a tomar la decisión más importante de su vida: confesar lo que sentía a la mujer que amaba, una elección que había cambiado todo para siempre.
Además de eso, estaban los daños indirectos: su sobrina Yuzuki había quedado huérfana, no podía siquiera imaginar lo que pasaría con Sonomi al enterarse de que perdió a su unigénita, y ni hablar de proyectarse en Kurogane, ante una escena tan devastadora como tener que sepultar a la persona amada de forma tan prematura.
Y claro… Sakura, que ya para ese momento había perdido a dos de los pilares más importantes de su vida.
Cuando volvió del trance, notó que el sol matutino ya estaba a medio camino hacia el cénit, y también sintió que no estaba solo.
—Gracias por venir… la soledad iba a volverme loco —dijo el patriarca, limpiando sus ojos y aclarándose la garganta, dirigiéndose al aparente vacío.
—Quizás una de las peores partes del liderazgo es tener que sepultar a nuestros amigos —declaró Wei, que daba la impresión de haber estado junto a su discípulo desde el principio.
—Sí… en especial porque ella no debió morir.
—No te lamentes por lo que no puedes cambiar, Xiao-Lang —dijo con tono paternal, poniendo una mano sobre el hombro de aquel hombre al que había conocido y cuidado desde su nacimiento—. Es natural y sano sentir tristeza por extrañar a los que perdimos, más no debemos cuestionar las razones de su partida. La señora Ou ha honrado a su casa y linaje en aras de un propósito laudable, y sus hazañas se recordarán por generaciones. No desvalorices su sacrificio ni el enorme regalo que nos legó con su partida.
El impulso del emperador de refugiarse entre los brazos de aquél amoroso abuelo no sanguíneo, fue controlado a cabalidad, se limitó a agradecer y a reflexionar sobre esas palabras. Al final, el viejo tenía razón: Tomoyo, en la vida y en la muerte, había sido un ejemplo digno a seguir.
Cerró el tema ahí, y reorientó, sabiendo que consolarlo no era el motivo de su llegada.
—¿Ha pasado algo?
—La ama Sakura y el señor Ou han vuelto. La señora Cavendish se ofreció a llevar a la ama a sus aposentos.
—¿Y Kurogane?
—El Señor Ou fue a sus propias habitaciones.
—¿Qué hay de… Tomoyo? —dudó, sintiendo que no le gustaría cualquier respuesta que esa pregunta tuviera.
—El señor Ou llevaba consigo una urna mortuoria.
—Ya veo. Por favor, cuida a Sakura, seguramente todo esto debe estarla superando. Haz que duerma, dale un calmante si es necesario, debe descansar un poco para que podamos hablar.
—A la orden.
—Gracias, Maestro.
Terminó la conversación, con la reflexión de que, tal como había pasado con su suegro, tendrían que esperar para sepultar a Tomoyo.
Repentinamente, la puerta al balcón se abrió con rudeza. dejando salir a una Meilin muy crispada:
—¡Por favor, vengan…! Alguien debe detenerlo…
En el momento justo en que Xiao-Lang entró al recibidor de la casa, una enorme mesa de ébano y mármol se partía con un gran estruendo, lanzando astillas, trozos de madera y roca sólida por todo el lugar.
Todo cobró sentido cuando de entre los despojos del mobiliario destruido, Subaru se levantó dificultosamente. Las enormes zancadas de Kurogane cimbraron toda la construcción, y en un parpadeo estaba nuevamente frente al monje, tomando impulso.
La calidad del golpe propinado a la quijada de Subaru fue tal, que todos alrededor sintieron el aire del impacto moviendo su cabello y ropa. El monje hizo una nueva trayectoria parabólica, deteniéndose contra el muro, y antes de que pudiera caer, el samurái ya lo había alcanzado, evitando su llegada al suelo con su rodilla, incrustándola directo en un riñón del atacado. Sin que cualquiera pudiera terminar de asimilar lo que pasaba, el puño izquierdo de Kurogane demolió la sien de su víctima, forzando su cabeza a chocar contra el mármol, mismo que crujió y levantó una pequeña nube de polvo.
Haciendo aún más estrambótica la escena, estaba la actitud de los involucrados. El rostro de Kurogane no mostraba una sola emoción, ni siquiera el esfuerzo propio de una actividad tan demandante como era una pelea cuerpo a cuerpo… aunque era más justo catalogar aquel encuentro como "una paliza".
El otro "contendiente", por su lado, no tuvo siquiera voluntad para volver a ponerse en pie. Dejó que la sangre que salía de su cabeza formara un pequeño charco alrededor de la misma, no hizo siquiera un esfuerzo por que su cuerpo quedara tumbado en una posición más cómoda, y su mirada vacía se concentraba en la nada.
No había forma de establecer contacto con el atacante. Sus oídos, su corazón mismo estaba cerrado, era como si alguien lo hubiera poseído y actuara a través de él, tanto que no escuchaba reclamos para detener aquel asalto, violento sin lugar a dudas, pero desconcertante considerando la ecuanimidad en la que era ejecutado.
Los ojos carmín del samurái, incandescentes, observaron al abatido con desdén cuando se decidió a moverse, incorporándose apenas, pero sin ponerse de pie, e inició un diálogo:
—Esa actitud significa que lo entiendes, ¿verdad? —preguntó con tono plano. No hubo respuesta—. Bien, terminemos con esto.
Con paso sereno, el viudo caminó hasta el centro del salón, donde Ginryu y una espada corta a juego lo esperaban. El espeluznante chirrido de la hoja abandonando la vaina de Dragón de Plata hizo estremecer a Xiao-Lang, que finalmente entendió lo que estaba a punto de suceder. La otra espada fue arrojada con todo y su vaina al rostro de Subaru, quien la recibió con la mejilla, después de que apenas logró quedar sobre sus rodillas.
—Si tienes al menos un poco de dignidad… —comenzó el Samurái con frialdad, volviendo sobre sus pasos—, deberías saber qué hacer sin que yo te lo sugiriera.
Ante él, el monje observaba la espada corta, en lo que a todas luces era un ritual de seppuku.
Xiao-Lang se plantó frente al que había sido su mejor amigo por tantos años, haciéndolo parar, determinado. El intervenido lo miró como si hubiera aparecido de la nada, dando cuenta al fin de su presencia.
—Detén esto, por favor —dijo Li tranquilo, pero con la mayor firmeza posible.
—Sal de mi camino.
—Eso es imposible.
—¡Hazte a un lado! —Sin avanzar, apuntó con el índice al monje, que parecía no poder dejar de contemplar la espada corta que había recibido, y gritó sin importarle que pequeñas gotas de saliva salpicaran el rostro de Li—. ¡Incluso esa egoísta basura sin honor sabe lo que ha provocado por su debilidad! ¡Esto no es una venganza, es un acto de piedad para terminar su miseria!
—¡Ensuciar de sangre tus manos no será de ayuda!
—¡Vaya! ¡Muy considerado de tu parte! —ironizó—. ¡MIS MANOS YA ESTÁN MANCHADAS DE LA SANGRE DE MI ESPOSA! ¡LA MISMA QUE ESTA ESCORIA, EN SU INEPTITUD Y COBARDÍA DEJÓ MORIR!
—¡Por favor, Kurogane, no sigas con esto!
—¡CÁLLATE DE UNA VEZ, Y SAL DE MI CAMINO! ¿¡NO HAS HECHO YA SUFICIENTE SECUNDANDO LAS MALAS DECISIONES DE SAKURA!? ¡ELLA TAMBIÉN ES RESPONSABLE DE TODO ESTO…! Al menos deja que inmole a este bastardo.
Justo cuando estuvo por retirar a Xiao-Lang por la fuerza para continuar su marcha, el emperador tomó la hoja de Dragón de Plata con decisión, e hizo que la punta tocara directamente su pecho:
—Esta será la única manera en la que harás que te deje continuar —dijo conmovido, mientras sus ojos se enrojecían, y algunas gotas de sangre caían de su palma al suelo—. Te lo ruego… no dejes que el dolor te domine. Hoy ya hemos perdido más de lo que pudimos imaginar en nuestras peores pesadillas… sé que eres mucho mejor que esto… Tomoyo no hubiera deseado que terminara así.
Después de un eterno minuto, y haciendo un chasquido con la boca, retiró de un tirón la espada de la mano del lobo, obteniendo un nuevo salpicón de sangre, lesión por la que no se disculpó.
Nadie habló, sólo eran audibles ya para ese momento los sollozos una asustada Meilin, y la respiración agitada de Beiji-Hu.
—Ou —pronunció Subaru, dejando a un lado el sable recién recibido—. No puedo traer de vuelta a Tomoyo, pero… —bajó la frente hasta que tocó el suelo con ella—, déjame enmendarme… iré a buscar a Seishiro y yo mismo…
—No —le evitó terminar—. Tuviste tu oportunidad para hacer lo correcto, y simplemente la ignoraste. Lo peor es que no fuiste tú quien pagó las consecuencias. Nada de lo que digas va a reivindicarte jamás, cargarás con el peso de tu estupidez el tiempo que te queda de vida. Y en cuanto a Sakurazuka… yo mismo iré por él, no permitiré que tu estupidez lo arruine todo de nuevo. —Su voz se cargó entonces de una profundidad aún mayor, aquella de quien profesa un odio absoluto—: Y si te atreves a pronunciar el nombre de mi esposa una vez más, arrancaré tu quijada con mis propias manos.
—Por favor, Kurogane… —retomó Li, tratando de zanjar la pelea—, todos estamos doloridos y tristes, necesitamos…
—Lo que tú necesitas es pedirle a tu mujer que te regrese tus testículos. Si hubieras tenido el valor de hacerla afrontar sus responsabilidades, no tendríamos que estar pasando por todo esto —dijo, dejando clavado al piso a su amigo, volviendo a la actitud amenazante—: Ninguno de nosotros quiso estar aquí, sin embargo, decidimos apoyarla y seguirla… ahora, por su pobre liderazgo Tomoyo está muerta, ¿qué más necesitas para hacerla despertar y guiarla para ser determinada? Hoy fue Tomoyo… ¿esperarás a que sea Hien o Nadeshiko quien muera? Si ella no tiene la capacidad de mantener a salvo a los suyos, tal vez sea hora de que tú la releves.
Sin otra palabra, hizo camino hacia las escaleras, para rendir guardia a su amada.
Una a una, las sensaciones fueron magnificándose. Lentamente daban paso a una nueva dolencia cada vez, el ruido era insoportable, aún cuando parecía no ser más que el sonido ambiental del lugar donde estaba, la espalda le ardía como si estuviera recostado sobre una parrilla, y sentía que su cabeza iba a estallar.
Con un lamento gutural, Eriol dio varios giros incompletos en el colchón, sacándose involuntariamente las sondas conectadas a sus brazos; parcialmente ciego por sus naturales problemas de visión, y el desuso de sus ojos por las semanas que pasó en convalecencia, aunque él ignoraba justamente el dato del tiempo.
—¡Hiiragizawa! —escuchó a la distancia, mientras sentía en sus brazos adormecidos el toque de alguien frente a él que no lograba distinguir.
—¿Potter…? —alcanzó a articular en un balbuceo, identificando finalmente a Meilin, notando con desagrado que algo de saliva se le escurría por la comisura de los labios.
Se calmó un poco luego de eso, tratando de modular el ritmo de su respiración, mientras que Meilin le acomodaba las gafas sobre el rostro, regresándole parcialmente la vista.
—¡Maestro Wei! —exclamó la mujer, conmovida—. ¡Llame a todos! ¡Hiiragizawa ha despertado!
Pasaron un par de minutos, en los cuales el convaleciente se adaptaba al mundo físico de vuelta, luego de los cuales, la comitiva de los Dragones de la Voluntad y sus amigos se reunían en torno a su lecho.
Esa pudo ser una reunión feliz, pero notó que algo evitaba que la alegría que él mismo sentía por estar de vuelta, le fuera contagiada a sus amigos.
Se volvió nuevamente a Meilin, que lloraba tomando sus manos. Se examinó de arriba a abajo con la vista, buscando la razón de la consternación de sus amigos en alguna pérdida orgánica, pero estaba completo.
Eriol estaba desconcertado. Si bien la relación entre él y Meilin era cordial, no sentía que fuera tan profunda como para que derramara ese llanto por su despertar… y con eso llegó a la conclusión, de que algo se estaba perdiendo, y para remediar esa carencia, se concentró en inspeccionar con sus sentidos mágicos el entorno.
—Hiiragizawa… gracias al cielo que despertaste… —siguió ella con voz rota.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó repentinamente ansioso, y luego examinó con la mirada a todos los presentes. La plantilla estaba incompleta, y más allá de eso, una presencia no se sentía más en el ambiente. La bienvenida se volvió aterradora entonces para él—. ¿Dónde está Tomoyo?
XXIV.
Fin.
Mi entero agradecimiento a CherryLeeUp: Decía Óscar Wilde que "sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor". Ella parcializó mucho este desarrollo, y gracias a ello, lo que yo creía un buen argumento, se convirtió en algo increíble con todo y su inicial oposición. Su ánimo disuasivo a propósito de la trama fue crucial para obtener este resultado.
Y sobre el termómetro emocional, que es Wonder Grinch, no puedo más que reconocer la entereza con la que, a pesar de sus propios impulsos y su instinto de supervivencia literaria, enfrentó la revisión de un episodio tan fuerte, en especial siendo ella una persona tan sensible. Sin lugar a dudas, ambos maduramos a partir de esto, ella como correctora, tuvo que atravesar algo que la lastimaba, para contribuir a que ese algo se convirtiera en un objeto único que al autor mismo lo dejó muy satisfecho. Algún día encontraré cómo pagar por esa dedicación y dolor.
