Retroalimentación.

zaoryGuerrero chapter 28 . Dec 17, 2021: Hola otra vez. Sí, las cosas en los últimos episodios van a ir muy deprisa. Ese es un punto importante en el desarrollo de Sakura: su responsabilidad y la culpa como obstáculos a superar para lograr su objetivo. Aunque tenía una idea de cómo hacer el ritual, he de decir que CherryLeeUp me dio la inspiración para esa escena. Muchas gracias por seguir por acá. Disfruta el nuevo capítulo.

LizSaranjeiP chapter 28 . Dec 20, 2021: Hola. Este camino al final tendrá ese ingrediente, es como cuando te enfermas, y en lugar de ir al médico, quedas esperando a saber si sanas o te mueres. Las hermanas Amamiya tenían que despedirse de una forma u otra, así que necesitábamos esa redención. Los elogios para la ceremonia, en cierta medida, ameritan el reconocimiento en su concepción para mi correctora CherryLeeUp. ¡El inicio del fin ya se ve desde aquí!

Brie97 chapter 28 . Dec 20, 2021: Es la calma ante la tormenta. Si te pones a pensarlo, la vida suele ser así, no hay momentos de calma absoluta. La muerte, en especial cuando es intempestiva, te deja con ese sentimiento de incredulidad, depende de uno seguir adelante. Crecer era el paso lógico después de tanta calamidad, nuestros personajes están en una situación en la que quedarse a esperar ya no es una alternativa. Como siempre, haré lo posible para que cada personaje tenga la fuerza y el protagonismo que merece. Comenzamos la pendiente al final, ¡agárrate fuerte! Gracias por tus bellos comentarios.

E A Blake chapter 28 . Dec 27, 2021: Hola. No, ya no hay tiempo para más indecisiones. Nos vamos por todo o nos vamos con todo, y sobre el empujón al final, aún falta un último paso. Mi correctora me dio la idea, yo sólo la desarrollé, y por fortuna, saltaron chispas del resultado. Como siempre, tus predicciones son acertadas, pero verás que de una forma u otra, los rivales harán click entre sí llegado el momento. ¡Disfruta la actualización!

¡A lo que nos trajo! ¡Disfruten!


XXVIII.

Prioridades.

—Veo que la curación ha ido bastante bien —dijo Sakura, sosegada, observando a Xiao-Lang dormir.
—Todo el daño que recibió fue mágico. Comparado con curarlo a él de la rabia, o al señor Hiiragizawa de lesiones divinas, es como atender un resfriado —aseveró Rebirth, que se había encargado de su cuidado el último par de horas.

En ese tiempo, también había vigilado la salud de Yukito, que terminaba apenas de ser informado sobre lo que pasó, y era custodiado por Touya y Yue, aún cuando ellos mismos no estaban en su mejor forma.

Rebirth y Eriol les habían explicado el cierre del ritual de separación, estableciendo que Yukito había quedado ligado a Touya de forma definitiva, tanto así que compartirían salud y longevidad, aunque el costo era elevado: la expectativa de vida de Touya se había reducido a la mitad, siendo un hombre casi de cuarenta, con una media de vida en Japón un poco por arriba de los ochenta años, tenía apenas un par de décadas por delante. Aún así, el castigo a su tiempo de vida fue recibido con gusto. El beneficiado renegó un poco a Yue y Sakura, pero al final, viendo todo lo hecho en su nombre, no pudo más que resignarse y agradecer.


Un suspiro suplicante trajo a la vigilia a Xiao-Lang. Las heridas no estaban ya, aunque las cicatrices tomarían un tiempo en desvanecerse por completo. Aún mareado y débil, buscó a su alrededor, encontrando la mano de Sakura, que tiró de él para que pudiera sentarse, luego de encender la lámpara en el buró.

Lo primero que vino a la mente del hombre fue un inmenso mar de preguntas, mismas que encontraron respuesta en las frases de su mujer, que lo invitaban a la calma, al mismo tiempo que lo reconocía por sus logros de las últimas horas, e informándole que su resaca mágica era más que lógica, pese a que su despertar había sido sorprendentemente veloz.

Al mismo tiempo, a unos cuartos de distancia, una conversación a deshoras se llevaba a cabo:

Me habría encantado estar ahí —comentaba Issy, soñadora, luego de que Eriol le contara detalladamente todo el ritual de separación de Yue.
—Lo hubieras disfrutado muchísimo, definitivamente Li es un hechicero de casta, aún cuando llevaba años separado de la magia.
Y verlo bailar habría sido espectacular… ¡Ay, madre santa! ¿Lo dije o lo pensé?
—Lo dijiste, cariño, pero no voy a encelarme por lo obvio, es un hombre apuesto. No tanto como yo, pero lo es —dejando la broma de lado, el duque trajo la charla al presente: —Y dime, ¿qué estabas haciendo?
Tomando mi descanso para comer. Buckingham es zona de guerra, así que la corona tomó a un puñado de magos y puso una embajada mágica en el ayuntamiento de Londres. Es donde estamos Gustav y yo ahora mismo.
—¿Por qué no lo dejaste con mis padres?
Estuvo ahí unos días, pero al final no quiso separarse de mí. Muchos de los trabajadores tanto magos como muggles son padres de familia y, al no haber escuelas o guarderías, la gran mayoría acude a sus trabajos con sus niños. Como era de esperarse, las escuelas de magia no están dando clases tampoco, están sirviendo como hospitales y hasta como campamentos.
—Vaya… las cosas afuera suenan de verdad terribles.
Aquí no nos va tan mal. Hay comida, techo y las pérdidas humanas no son tan abundantes. Carey e Ilhuicamina están en esta ciudad, pero se mueren de preocupación, pues América y Asia se han llevado la peor parte.

Eriol estuvo por hacer su propio reporte, pero se detuvo en seco al notar que la lámpara de araña sobre su cama comenzó a moverse. Un segundo después, la tierra rugió en una violenta sacudida. El hombre se puso de pie y caminó hacia la puerta, atropelladamente, justo al momento que la ventana de la habitación reventaba.

¡Eriol! ¡Es un nuevo…! —El inconfundible y aterrador sonido del hormigón estallando llenó con su reverberación los oídos del duque—. ¡Dios misericor…!
—¿Issy? —Preguntó aterrado, al cortarse la llamada, pasando en un momento a los gritos—: ¡Isabella!

A decenas de kilómetros de ahí, desde el sótano del ayuntamiento de Tokio, Akiho mantenía la hoja de su espada en el concreto. Si bien, el metal había avanzado apenas poco más de un metro, su efecto se había extendido por kilómetros, como una descarga eléctrica.

El orbe había bramado bajo los pies de los tokiotas, y la onda expansiva, parecida a una ola, había arrancado árboles desde su raíz y arrojado vehículos contra los edificios. Las construcciones más resistentes de la ciudad se unieron a una siniestra danza, mientras que las menos afortunadas fueron abatidas, levantando inmensas nubes de polvo y densas humaredas que tiñeron el cielo capitalino de fuego.

La misma sacudida casi hizo caer a los Li que, luego de mirarse el uno al otro en absoluto descreimiento y terror, llegaron a un único razonamiento, que se concretó en una frase exclamada al unísono:

—¡Los niños!

Ignorando completamente que correr al castigo de semejante movimiento era casi imposible, se deslizaron fuera de la habitación, esquivando los obstáculos que iban regándose en su camino, al igual que el ruido de las ventanas estallando y el espeluznante crujido de la tierra bajo sus pies.

Una viga se partió delante de ellos, cercana a cortarles el paso, sin embargo, un chorro de luz roja pulverizó el obstáculo, obsequio de Al, que desde el marco de su puerta la apuntaba con su varita.

En segundos que se antojaron eternos para la pareja, la puerta de sus hijos finalmente fue visible. Con las fuerzas que le quedaban, Xiao-Lang se lanzó contra ella, derribándola antes de que la estructura del marco la atascara por completo, y dándoles finalmente acceso.

Nadeshiko lloraba de miedo, ya en brazos de su hermano mayor, que igual de asustado trataba de consolarla. La esperanza destelló en sus ojos al ver a sus padres aparecer, pero desde luego, no sería tan fácil.

Un crujido particularmente estridente llenó el aire de la habitación. Las vigas principales cedieron y el techo comenzó el colapso.

Sakura sabía cuál era el único resultado de aquella horrenda coyuntura: el techo caería, sepultando a sus hijos debajo de varias toneladas de escombro. Las probabilidades de supervivencia eran casi inexistentes…

Abandonando todo razonamiento, corrió hacia ellos, y dando un salto, los amarró en un abrazo, al que Xiao-Lang se unió un segundo después.

Su deseo de salvaguardar a sus hijos se manifestó con el destello de su símbolo mágico sobre el suelo.

Cada usuario de magia en la metrópoli pudo sentir el extraño empujón que manó de Sakura. La tierra dejó de moverse al instante, y las partes altas de la habitación fueron vaporizadas, apenas dejando rastros de su existencia.

Sin soltar a su familia, la emperatriz lanzó un grito, en el cual finalmente expresaba su sentir. Alguien había puesto en peligro mortal a sus hijos, y un enojo como nunca antes sintió, recorrió las entrañas de la tierra, de regreso al origen del movimiento, a donde ella sabía que estaba la responsable.

La onda viajó por el suelo, buscando el propio origen del movimiento, recorriendo kilómetros en fracciones de segundo, hasta llegar al ayuntamiento.

Tomando completamente por sorpresa a Akiho, su espada fue expulsada del suelo, haciendo que su empuñadura la golpeara directo en el rostro. El impacto fue brutal, su puente nasal se rompió ruidosamente y la sangre salpicó, bañando su mentón y su pecho. La maltratada cayó sobre sus nalgas, completamente incrédula y mascullando improperios, con la sensación de quien veía mancillado su honor al notar que su terremoto había cesado por completo sin siquiera haber durado un minuto.

Yuuto corrió de inmediato a asistirla, mientras que Sakurazuka lanzaba una fría carcajada al aire.

Apenas Akiho estuvo de pie, continuó su perorata, enfurecida, empujando la mano de quien la ayudaba, y aceptando a regañadientes el pañuelo que Seishiro le había alcanzado para frenar la hemorragia. Torpemente recogió el estoque del suelo, como reprochándole por el golpe y la humillación. A grandes zancadas hizo camino hacia las escaleras que la llevarían de vuelta a los pisos superiores.

El Diablo y la Muerte se miraron, divertidos, pero un poco confundidos.

—¿Qué debemos hacer ahora? —preguntó Yuuto.
—Esperen y descansen hasta mañana al mediodía —respondió ella, en un grito particularmente agudo y nasal, que lo volvía más hilarante aún—. A esa hora los quiero en la Torre de Tokio.
—¿No deberíamos ir a buscarlos? —insistió.

El hombre alcanzó apenas a mover la cabeza, evitando por milímetros que la hoja de la espada lo atravesara por la frente. El arma quedó clavada en el muro contrario. Inquieto, miró alternadamente a la espada sagrada y a Akiho, cuyos ojos azules lanzaban llamas.

—¿Es mi japonés claro, Yuuto? —inquirió la mujer, en un tono iracundo pero contenido—. ¿Te parece que las órdenes que te doy se prestan a interpretación? ¿El título "el portador del poder de Dios" no te dice nada? Ustedes dos ya se han divertido lo suficiente ignorando mis órdenes, así que limítense a hacer lo que les pido si es que quieren ver el final de todo esto, porque no me importaría ir sola si mantienen esa insolencia. ¡Mañana, doce del día en la Torre de Tokio! —Siguió su camino, sin dar oportunidad de réplica—. ¡Y trae mi espada!

Apenas la mujer dejó el recinto, Yuuto cayó sobre sus rodillas, con respiración suplicante. Durante el breve regaño, sus pulmones se habían comprimido dolorosamente al compás de las palabras de Akiho, siendo tomado de ellos todo el aire, llevándolo muy cerca del desmayo. Con descreimiento, notó que pequeñas gotas obscuras de sangre caían de su nariz.

El hombre miró hacia arriba. Seishiro seguía riendo, al parecer, ese desencuentro le resultaba hilarante.

—¿Qué estás esperando para ir por la espada? —cuestionó el matón, pendenciero.
—A que se calme un poco, alguien que le sirve como nosotros no merece ser tratado así.
—No le importó partir en dos a Kusanagi, que también la servía ¿cuál es tu punto?

Notando que, en efecto, no tenía ninguno, Yuuto fue a cumplir el encargo.


—¡Por favor, hablen si están bien! —llamó en un grito Meilin.

Uno a uno, los ocupantes de la casa iban reportando su situación. Pálidos y asustados, confirmaron con alivio que todos bajo ese techo estaban con buena salud, los únicos daños habían sido a la frente de Kurogane, en un corte provocado por una vitrina al proteger a su hija.

El inmueble había sufrido varios derrumbes, y una revisión profesional al edificio completo era una necesidad real, lo que hacía pensar a los ocupantes que la desesperada intervención de Sakura era lo que realmente había salvado a la mansión del colapso.

El sentido común los llevó a todos hasta el lobby de la casa, iluminada por linternas de baterías y un par de encantamientos lumos, con niños en brazos y paso lento para evitar que los vidrios y escombros desperdigados por los pasillos cobraran más daños.

Uno de los ocupantes no llegó de inmediato.

—¿Dónde está Eriol? —preguntó Sakura, preparándose para dar primeros auxilios al británico, mismo que le devolvió el aliento al aparecer al tope de la escalera.

Sin embargo, su semblante no podía ser el presagio de nada bueno. En su derecha desmayada en su costado, el móvil aún emitía el sonido de una llamada interrumpida.

—¿Todo bien? —lanzó Xiao-Lang, extrañado por la actitud de su amigo.
—Yo… Issy… —trató de articular, mientras mostraba el teléfono a la concurrencia.
—¿Qué pasa, Eriol? Me estás asustando —apremió Sakura.
—Estábamos hablando cuando el terremoto comenzó… yo… —continuó con una voz atípicamente aguda.

Como si de un heraldo de la mala fortuna se tratara, una detonación sonó en el jardín, seguida de pasos presurosos. Aún en ropa de cama, Diana y Akko entraron a la carrera a la casa.

—¡Eriol…! —anticipó la rubia, viendo la consternación en el rostro de su compatriota, acercándose a tomarlo por los hombros—. ¿Ya lo sabes, verdad? Lo siento tanto.
—¿Alguien podría explicarnos qué sucede? —exigió Sakura, crispada.
—Tenemos razones para creer que el último terremoto golpeó con más fuerza de la esperada a Europa y Asia… El Ayuntamiento de Londres cayó. Lady Devonshire estaba ahí —aclaró Akko.
—Escuché claramente como el edificio donde estaba colapsó antes de que la comunicación se cortara… —masculló el duque, abrumado—. Debo… debo ir allá, ¿cómo se están comunicando con Inglaterra?
—Están tratando de restablecer contacto, pero todo se cortó: medios analógicos, digitales, mágicos, transportes marítimos y aéreos… las embajadas internacionales ya están trabajando en ponerlo todo a andar, pero de momento, debemos esperar.

Incrédulo, el noble se sentó en uno de los sillones individuales de la estancia, con la cabeza entre las manos. Sakura se arrodilló de inmediato frente a él; y dándole palabras de aliento, lo invitó a pensar que todo estaría bien, después de todo, Issy era una hechicera poderosa según ella sabía, y no tardaría mucho en volver a dar noticias.

—Por otro lado —continuó Akko, con voz baja en respeto a la pena de Eriol—, tenemos un montón de problemas serios aquí en la capital.

Por los próximos minutos, la jefa de la policía mágica contó lo que esos segundos provocaron en la ciudad: ocho punto seis en Richter; varios cientos de edificios parcial o totalmente derrumbados con la mitad de ellos en llamas, un número sin definir de heridos y fallecidos a pesar de la evacuación de los días anteriores, servicios básicos colapsados, muelles destruidos por el terremoto y los tsunamis consecuentes, y una inundación que no podían detener por el hundimiento de Koto y Shinagawa, en la bahía de la capital, que pronosticaban se extendería hasta Minato.

Sakura, con rostro serio, miró a Xiao-Lang y Kurogane, únicos a los cuales podía pedir consejo para ese momento. No fueron necesarias palabras para establecer que pensaban lo mismo.

—Bien, Kurogane y Al las acompañaran al palacio imperial y las ayudarán en todo lo posible; Xiao-Lang y Yue irán a la costa, al ser un hechicero elemental, será de gran ayuda en labores de rescate en las zonas afectadas por tsunamis. En cuanto a mí, iré con Kero hacia la zona urbana… ¿Cuál es la más afectada?
—Shibuya y Shinjuku.
—Pues allá iremos nosotros. Necesito que una persona esté informando en tiempo real a Eriol si se restablecen las comunicaciones con Inglaterra. ¿Están de acuerdo? —Un asentimiento colectivo fue su respuesta—. Aprovecharemos nuestra presencia allá para tratar de ubicar a Akiho y compañía. Y si los encontramos… crearemos una barrera y los obligaremos a luchar.
—Yo iré con ustedes —lanzó el inglés.
—No, Eriol —dijo Sakura con amabilidad pero firme—. Prefiero que te quedes aquí y esperes por cualquier información que podamos traerte. —Caminó hasta el conjunto de la familia restante, y tomó las manos de su suegra—: Por favor, cuide de nuestros hijos.
—Ve sin preocupaciones —respondió Ieran, indicando con la mirada que ella, Wei y todos los que se quedaban en casa, harían lo necesario.

Luego de que Eriol aceptara a regañadientes, tomó sólo unos minutos la organización final. Vestidos con ropa ideal para faenas demandantes, los tres dragones de la voluntad y sus acompañantes, luego de besar las frentes de sus hijos nuevamente dormidos, salieron a la cálida madrugada.

Ahí, luego de un parco asentimiento, Al apoyó una mano sobre el hombro de Kurogane, y un momento después, ambos desaparecieron en un chasquido.

Sakura y Xiao-Lang se dieron un breve beso de despedida. La emperatriz extendió sus alas e hizo camino al norte, seguida por Cerbero, mientras que el emperador encendió la noche con un relámpago en cuya luz quedó inmerso, haciendo camino al oeste y la costa, acompañado por Yue.


En un inquietante ritmo, el alba arribó y se fue, dando paso al mediodía, apenas permitiendo que los habitantes de la casa Daidoji dieran cuenta de su llegada.

Diez horas exactas luego del terremoto, apenas si había noticias del extranjero. Los Li y el samurái volvieron a casa, cansados y sucios, reportaron sus actividades afuera, con Sakura atendiendo heridos, y Kurogane y Xiao-Lang en labores de salvamento. Ninguno tuvo contacto o siquiera sospecha de estar cerca de un Dragón del Destino en ese intervalo.

—Hiiragizawa —abordó Kurogane al insomne duque que andaba de un lado para otro, incapaz de concentrarse en nada.
—¿Sabes algo de Inglaterra? —respondió el británico, ansioso.
—La información es lenta y poco confiable, pero algo ha llegado. —El samurái dio un suspiro. No disfrutaba dar malas noticias, pero no era de las personas que creía en suavizar la verdad—. La embajada mágica en el ayuntamiento de Londres se derrumbó junto con el ayuntamiento mismo, no hay reportes fidedignos de fallecidos, aunque se tenía debidamente censados a los que estaban en el lugar cuando todo pasó.
—¿Y…?
—Lady Devonshire y Gustav están en la lista de desaparecidos. ¡Sin embargo…! —reorientó de inmediato, viendo la palidez del receptor—. Cada persona que alcanzó a salir del lugar, está ayudando de alguna manera y no se ha podido hacer un registro completo de los que ahora mismo son rescatistas. Con toda seguridad, Isabella está bien, pero demasiado ocupada como para registrarse, y lo mismo con Gustav.

Eriol, aunque algo incrédulo, agradeció las palabras de aliento.

—¿De verdad crees eso?
—No tengo la menor duda.

Eriol se mantuvo quieto por un rato, sin embargo, el sosiego duró poco. Uno de los peores tormentos que el alma podría recibir de cara a una catástrofe natural, era la incertidumbre. Eriol podía asumir que todo estaba bien, pero lo cierto es que no lo sabía, y de momento no tenía forma fehaciente de enterarse de lo que pasaba en su hogar, no podía siquiera establecer contacto con sus padres y guardianes, y cada minuto recorrido era, desde su perspectiva, un kilómetro más lejos de su hogar.

—Señor Hiiragizawa. —El duque despertó con ese llamado.
—Señora Li —respondió él, viendo a la mujer de pie frente a su asiento—, ¿puedo ayudarla en algo?
—Perdone que me entrometa de esta manera, pero no puedo evitar notar cuan consternado está con todas las cosas que pasaron recién.
—Gracias, disculpe mi distracción.
—¿Ha recibido noticias de la duquesa?
—Nada hasta ahora… y esta incertidumbre está volviéndome loco. Perdone si mi comportamiento fue errático, sé que debería estar ayudándolos a cuidar a los niños y las personas en esta casa…

Paró cuando vio a Ieran poner la palma abierta delante de ella, pidiéndole detenerse.

—No tiene que explicarme nada. Entiendo a la perfección su sentir. Cuando nos fuimos a China hace unas semanas, el vacío en mi pecho al pensar en mi hijo y sus allegados era, en ocasiones, insoportable. Me tocó presenciar también la zozobra en la señora Daidoji y me rompió el corazón verla recibir la noticia de la muerte de su hija. Padres e hijos, bajo ninguna circunstancia deberían separarse.
—Gracias por sus palabras.
—En otras circunstancias, habría puesto a su disposición los recursos de la familia Li para ayudarlo a reunirse con ellos, pero tenemos apenas un poco más de lo que ve, y aún con arcas llenas, el mundo no es un lugar donde, ahora mismo, el dinero tenga un gran poder.
—Significa mucho para mí saberlo, señora Li. Haría cualquier cosa por tener al menos la oportunidad de ir a ellos.

La mujer, sin perder el toque majestuoso tan propio de ella, se despidió con una reverencia, misma que Eriol correspondió con una aún más pronunciada. La vio ir con su característico paso flotante hacia las escaleras, deteniéndose de pronto y volviendo a encarar al mago.

—¿Sabe…? Si de verdad es prioritario para usted ir a casa, podría haber un método.

Eriol, intrigado, arqueó una ceja, invitando a la dama a contarle.


Con cuatro horas de sueño a cuestas, y la intención de salir nuevamente a la calle a ayudar a la gente de la capital, los Li terminaban la comida con su familia, cuando Eriol pidió audiencia con ellos y con Ou.

Concedido el tiempo, él había explicado el conocimiento que Ieran le había compartido, sobre cierta hechicera tokiota que ostentaba el nada discreto título de "la bruja de las dimensiones", la misma que conocieron años atrás de forma fugaz en el inicio de su odisea por Europa, y que entrevistarían sólo unas semanas atrás, con el mensaje que Hinoto tenía para ellos.

Era un hecho que se hablaba de una bruja de gran poder, y lo único que Ieran había dejado en claro, desde su muy personal experiencia, era que si alguien tenía la capacidad de ayudar a Eriol, era ella.

—Y es por eso que debo ir a verla —cerraba el duque, dubitativo en cuanto a las habilidades de la bruja, pero convencido de su proceder—. Espero no tomen por cobardía mi afán de irme, pero…
—Esto no deberías estarlo siquiera preguntando —interceptó Kurogane—. Creo que hablo por los tres al decir que tu deber con esta causa ha sido cumplido. Lo más sensato es priorizar aquello por lo que tomaste este bando en primer lugar, que no podría ser otra cosa que tu familia.
—Es cierto —complementó Sakura—. Tú hiciste lo que debías y un poco más por nosotros. Por desgracia, no podemos ofrecerte ayuda para lo que planeas hacer, pero ten por seguro que nuestros pensamientos estarán contigo.
—Cuando los encuentres, trata de avisarnos, eso nos daría mucha tranquilidad —cerró Xiao-Lang, poniendo una mano amistosa sobre el hombro del inglés—. Saluda a la duquesa y a Gustav de nuestra parte.
—Gracias. Así lo haré.

En apenas unos minutos, las pertenencias del duque en equivalencia a lo que cabría en una maleta grande, fueron depositadas en un zurrón pequeño, y el mago, con la venia de los emperadores, hizo camino a Akihabara, para entrar una vez más a la enigmática "Antigüedades Ichihara".

No habrían pasado más de veinte minutos desde que Eriol dejara la mansión, cuando Akko apareció. Lucía bastante apresurada y ansiosa, y sin mayor ceremonia, pidió por el duque apenas estuvo dentro de la mansión.

—Eriol debe estar en Akihabara ahora mismo —informó Sakura, preparándose para su segunda vuelta por la ciudad—. ¿Sucede algo?
—Creo que sí… —la mujer sacó un pequeño pergamino de su bolsillo—. Aún no ha concluido el censo de supervivientes y rescatistas en Londres, pero ya comenzaron a organizar a los rescatados, en tanto que puedan reconocerse, y…
—¿Y…? —apremió Sakura, nerviosa.
—Entre los cuerpos rescatados… hay dos que llamaron nuestra atención…

Extendió el papel, y Sakura leyó con urgencia el contenido. El encabezado explicaba que era una lista de cadáveres y la vista de la mujer siguió hasta llegar a la parte que provocó la preocupación de Akko:

Mujer, entre treinta y treinta y cinco, hispana.
Varón, entre ocho y doce, caucásico.

—La cercanía en el listado es indicativo de su ubicación al ser encontrados. Son todos los detalles que tenemos, pero…
—Tranquila… —la confortó Sakura, poniendo una mano en su hombro—. Tengamos esperanza. Sin embargo, creo importante que Eriol sepa esto. En especial considerando que está por pedir ayuda para ir a Londres.
—Por eso vine también, no sólo a dejar malas noticias, creo que puedo darle un medio para viajar… ¿Ayuda? ¿De quién?
—De la señora Yuuko.
—¿Yuuko…? ¿Yuuko Ichihara de Akihabara…? ¡¿La bruja de las dimensiones?!
—Sí… ¿pasa algo malo con eso?
—Es… complicado, pero podríamos decir que sí. Es muy probable que ella pueda ayudarlo, pero el costo por hacerlo… ¡Debo alcanzarlo!

Despidiéndose atropelladamente, la policía volvió al jardín, desapareciendo en franca persecución del duque.


El alguna vez fulgurante distrito comercial mágico de Tokio, el otro Akihabara, estaba prácticamente desierto. Los negocios estaban cerrados y apenas si había algún transeúnte despistado deambulando por las solitarias avenidas.

Eriol caminó con paso decidido hasta la calle donde su destino se encontraba, y con alivio notó que la reja de "Antigüedades Ichihara" estaba abierta. Sin mayor ceremonia, entró al jardín, y siguió hasta el recibidor de la tienda. Hizo un repaso de trescientos sesenta grados, dándose cuenta de que estaba completamente solo. Así se mantuvo un par de minutos, distrayéndose un poco al examinar alguna de las curiosidades exhibidas ahí, a la espera de que alguien lo atendiera.

—Buenas tardes, Lord Devonshire.

La armoniosa voz le arrancó un respingo al inglés. Detrás de él, en una mecedora que hubiera podido jurar que estaba vacía sólo un segundo atrás, Yuuko fumaba su larga pipa.

—Señora Ichihara.
—Es un momento extraño para hacer compras. Estuvo a un par de minutos del cierre indefinido de actividades.
—¿Se va de viaje?
—Sí. A un lugar donde un establecimiento como este sea necesario.
—Entiendo… siendo así, iré al grano, para no robarle mucho tiempo: he venido a hacer un trato.

Yuuko agudizó el gesto, y dio una calada particularmente profunda al tabaco.

—Usted dirá.
—Necesito viajar a Londres con urgencia.
—¿Qué tanta urgencia?
—Es un asunto de vida o muerte.
—Entiendo… El costo por los servicios mágicos que ofrezco no son monetarios, debo advertirle, duque, el cobro siempre es en especie.
—Diga su precio.
—En realidad, eso lo define usted. Para alcanzar su objetivo, ¿qué precio está dispuesto a pagar?

Avezado como era, entendió que el costo del que hablaba era de carácter intangible, así que pensó un momento en su respuesta.

—Mi título nobiliario —dejó ir, dubitativo.
—Lo que quiere alcanzar, aquello que usted desea preservar u obtener… ¿Es equiparable a lo que ofrece?

Por supuesto, la respuesta era un "no" rotundo.

Compungido, sabiendo que su urgencia era mayor al tiempo que tenía para negociar, fue por todo. Se arrancó la llave del sol de cuello, sabiendo que eso era únicamente un símbolo. Era en realidad su magia lo que estaba por ofrecer en prenda.

—Por favor, ayúdeme a volver a casa.

La bruja miró con una expresión seria en el rostro al noble y, luego de ponderarlo por unos segundos, se levantó de su silla, dejando la pipa sobre la mesita a su lado. Cada paso de la altísima mujer parecía ir en cámara lenta. A medida que cerraba distancia con Eriol, el aire se volvía más denso y cuando ella extendió la mano al mago para recibir su prenda, el suelo debajo de sus pies se iluminó con el círculo mágico de Yuuko, un rico entramado de círculos concéntricos en tonalidades violáceas.

—Debe entender, milord, que el viaje que iniciará no es lineal. Comenzará una travesía en la cual el tiempo se volverá irrelevante para esta realidad y correrá únicamente en la suya, la única certidumbre es que llegará a su destino en el momento inmediato a su petición, pero el camino a transitar tendrá sus propias reglas en materia de tiempo y espacio. Podría ser un instante…
—O podrían ser años… —inquirió él.
—Que correrán únicamente para usted.
—"La bruja de las dimensiones…" Ahora tiene sentido. Me enviará a otros mundos.
—Para alcanzar su objetivo último… si es que usted está dispuesto.

Llegado ese punto, Yuuko ya estaba delante de Eriol, con la mano extendida delante de su pecho, el paso faltante, era recibir la llave del sol, y con ello concretar el acuerdo.

—¡Eriol! —exclamó una mujer, agitada, desde la puerta del local, con las manos sobre las rodillas, tratando de recuperar el aliento.
—¿Akko?

Hecha la pregunta, el ritual se detuvo, la mano de Yuuko volvió a caer en su costado, y el círculo mágico desapareció.

—Pe… perdonen la intromisión —solicitó la mujer, recomponiéndose—. ¿Me darías un par de minutos, Eriol?
—Pues… estábamos en medio de algo y…
—Escúchela, milord. Seguramente tendrá algo muy interesante que contarle —concedió Yuuko, sonriente, haciendo camino hacia una puerta detrás del mostrador—. Siéntanse como en casa.

Con la sensación de que estaba perdiendo su oportunidad, Eriol vio a la mujer marcharse, y luego se concentró en Akko.

—Ya escuchaste lo que cerrar un trato con la señora Ichihara puede hacer, así que antes de que te molestes, déjame hablar… hay dos cosas que debo decirte.

Después de un muy breve preludio, Akko contó las nuevas que tenía. Eriol, pálido, asumió la información, preguntándose por qué querría saber eso de cara al inicio de su viaje.

—Eso es porque tengo una alternativa que ofrecerte para completar ese viaje, sin que tengas que ir a un McDonald's en Asgard en el proceso.

Con esas palabras, ambos salieron al jardín de nueva cuenta. Ahí, la policía abrió la pequeña mochila en su espalda y que Eriol no había notado sino hasta ese momento. De ella, emergió un objeto alargado, que dejaría de ser mágico si no hubiera superado en dimensiones a la mochila en la cual estaba metido. No se requería ser muy listo para asumir lo que era sólo observando las formas que tomaba la tela que lo cubría.

Una escoba.

—Oh, pero no te confundas, Eriol, no es sólo una escoba —explicó ella, animada y orgullosa—. Después de todo el tiempo que invertí buscándola y atrapándola, creó una gran lealtad conmigo… y es mi forma de ayudarte.
—Yo tengo una escoba, Akko —dijo, sin saber exactamente cómo reaccionar—, agradezco mucho el gesto, pero cruzar Asia, Medio Oriente y Europa a vuelo de escoba es…
—Deja de asumir cosas, hombre. Me sorprende que alguien tan observador como tú no reconozca esta escoba… incluso me ofende un poco. —Mientras ella decía eso, Eriol detalló el objeto. Era ciertamente una escoba peculiar, apenas un poco más larga que una nimbus, pero de apariencia mucho más robusta. La madera del mango era roja, y estaba tallada con la caprichosa forma de un ancla, y las hebras de heno en su base estaban acomodadas de tal manera que daban la impresión de nunca haber sido tocadas, lo que le daba un diseño aerodinámico muy convincente. Pero lo especial de esa escoba no estaba únicamente en su apariencia, sino en el poder mágico que de ella manaba. Akko, viendo que Eriol finalmente caía en cuenta, resolvió las dudas—: Esta, Eriol, es Shooting Star.

Incrédulo, el mago tomó con delicadeza la escoba, elevándola para verla más de cerca.

—Es una broma —espetó él, aún sin creerlo.
—Por supuesto que no.
—Akko… tienes a Shooting Star… tienes la primera escoba voladora de la que se tenga registro… ¡Tienes un artículo equiparable a una de las Reliquias de la Muerte o a la Piedra Filosofal! ¡Esta escoba prácticamente califica más como un ser mágico que como un objeto!
—Grítalo más fuerte, para que las autoridades me arresten.
—Lo siento.
—El punto es… Shooting Star es única, es la escoba más rápida y fuerte del mundo, no requiere de magia de un portador para volar, y nadie ha visto jamás que se detenga por agotamiento. Montado en ella, puedes llegar a Londres en menos de un día.

Eriol miró a la escoba y a Akko alternadamente, sin saber qué hacer, y finalmente se abrazó de la mujer.

—No sé como agradecerte por esto, Akko.
—Podrías agradecerme no cayéndote. Esta pequeña es temperamental, y una vez que empiece a volar, no se va a detener hasta llegar a su destino. Sé cuidadoso.
—Muchísimas gracias, de verdad.
—Ya, ya… —dijo entre sonriente y avergonzada—, y mejor veme soltando, que me traes algo de memoria corporal.

Apenado, pero feliz por haber obtenido el medio buscado, el inglés soltó a su benefactora.

—Entonces… a volar… —indicó, preparándose para montar el aparato. Se detuvo y se lo regresó a Akko por un instante—. Si el vuelo será como dices, tal vez deba… ¿crees que la señora Ichihara me preste su baño?

Estando todo en orden, Eriol pidió a Akko que avisara lo que acababa de pasar a sus amigos, y finalmente se puso en marcha.

Akko tomó la precaución de alejarse unos metros. El despegue fue muy aparatoso. El duque, algo más que asombrado, se supo a una distancia muy larga del suelo en apenas unos segundos. Nunca había viajado a semejante velocidad.


Con Eriol volando a casa según lo contado por Akko, y el país completamente revuelto, la jornada terminó apenas un poco después del ocaso.

Sakura y su esposo, luego de arropar a los niños y tomar todas las medidas para evitar una nueva sorpresa como la de la noche anterior, charlaban en el balcón de su habitación.

Después de un par de toques, Kurogane entró y los alcanzó, recargando los brazos en la baranda, observando el cielo. Pasaron algunos minutos en silencio.

—¿Tú también lo sientes, no? —pronunció, dirigiéndose a Sakura, pero sin mirarla.
—Sí. El final será muy pronto.
—No hay tiempo que perder. Tal vez esta sea la última noche antes de la conclusión y después no tendremos forma de revertir lo que sea que Shinomoto haga. Es hora de que des el último paso. ¿Ya tienes claro lo que debes hacer?

Sakura acarició la cadena que pendía de su cuello, en la que la llave de los sueños emitió un suave fulgor rosado al sentir su tacto.

—Sí. Lo estuve pensando hoy todo el día, y llegué a una determinación.

Escuchando esas palabras, el samurái miró al matrimonio, y por primera vez en semanas, vio a los ojos a Sakura sin hacerle un gesto o retirar la mirada.

—¿Quieres que te ayudemos? —cuestionó Xiao-Lang, viendo la consternación en el rostro de su mujer.
—No —resolvió ella—. Todos ellos merecen que sea frontal en esta petición… por los que hemos perdido, los que hemos de perder… y los que deseamos conservar.

Invitó a los dos hombres a dejarla sola. Ambos obedecieron, cerrando la alcoba.

Sakura, conmovida, se preparó para conjurar el cetro de los sueños… por última vez en la vida.

XXVIII.

Fin.


Mi agradecimiento sincero y profundo para WonderGrinch por sus reacciones y guía emocional, y uno igual de intenso para CherryLeeUp por sus acotaciones y guía intelectual.