Retroalimentación.
MissCerezoo chapter 30 . Jan 29: La incertidumbre siempre fue parte de la atmósfera deseada. Ah, sí. Recibí muchos reclamos por eso de dar y quitar. Ustedes sólo piensan en dioses chinos bailando. Sí, es ciertamente descorazonador, pero la esperanza muere al último. Este es el camino de la reivindicación. Tal vez no será completa, pero ¿qué lo es en la vida? También he visto un par de casos de depresión de cerca, y es demoledor, pero de haber superación, habla de un ser humano ejemplar. Los nervios comienzan apenas. Y mira, no estabas tan lejos de la respuesta correcta. Las despedidas y las promesas son las que hacen más entrañable el reencuentro, de haberlo, claro está. A mí también me mató llevarme a Kero por un bien mayor, pero así debía ser. Como quedó escrito: con sus locuras y su aparente feliz indiferencia, fue otro amigo que se agradece que haya existido. Gracias, es un objetivo hacer a nuestra protagonista tanto más cercana a nosotros, aunque eso no siempre sea agradable para todo el mundo. Sobre el futuro, planteas excelentes preguntas, pero se responderán a su tiempo. La realidad es una dualidad, y sólo a través de ese entendimiento podemos llegar a la plenitud intelectual. No sé… tal vez dejar de pensar en bueno y malo, podría llevarnos a una auténtica moralidad funcional. Esa compenetración es única de ellos, ya sea en la inocencia de la versión original o en esos matices que buscamos en nuestras historias, al final, es lo que define a la obra misma. Era necesario que Tomoyo fuera nuestra estilista en el encuentro definitivo, es parte de su esencia y legado. Que nos agarre a todos confesados. ¡Gracias por tus palabras y análisis!
Sahure chapter 30 . Jan 28: Yo sé que puedes, por el amor al arte, sé que puedes. Sobre Subaru sabremos en muy poco. Tienes razón y no, ya verás. ¡Gracias por tus comentarios!
E A Blake chapter 30 . Jan 28: El capítulo de transición final, uno que todos disfrutamos en nuestras series favoritas. Era menester crear un final triple, y desde la concepción de este Kurogane, lo tenía en la mira para ser parte del cierre, Veremos cuantos de los que van vuelven… si es que hay un lugar al cual volver. ¡Qué se armen los p-xes xingadazos!
LizSaranjeiP chapter 30 . Jan 28: Hola. Mil gracias por tus impresiones, saber que te conmuevo, me conmueve a mí también. Ah, sí, Kero también me dolió mucho a mí, sonará mórbido, pero es como despedirse de un niño, es horrible, pero gratificante. Sobre los hijos… es más complicado aún… porque por cualquier camino pierdes, si vas y no vuelves, les das una vida, pero les quitas tu presencia… es descorazonador. El entorno lo es todo, las vestimentas y armas van ligados a la esencia del personaje, donde hablamos de ser ellos mismos hasta el final. Gracias infinitas a ti por seguir esta aventura.
carmennj chapter 30 . Jan 29: Creo que todos lo padecimos igual. Debe ser conmovedor, hasta el dolor. ¡Vamos a lo que sigue! Gracias por tu comentario.
Brie97 chapter 30 . Jan 30: Bienvenida de nuevo. Y tú deja que se desborden. Yo tenía ganas de una retribución también desde hace mucho, y finalmente encontré la oportunidad. No creas, fue un suplicio incluso la selección de palabras. Ah, creo que tampoco yo he llorado lo suficiente. Esta historia debe darnos todo de cara al inminente final. La verdadera muerte llega con el olvido, así que no, debemos recordarla. Gracias, me da mucha satisfacción recibir elogios como los que me das, no seré tan arrogante como para llamarme artista, pero ciertamente en un golpe con esteroides para el alma ser reconocido así. Gracias por el valor, y vamos al cierre.
Encaminémonos hacia el final.
XXX.
Destinos.
El dorado de las llamas había dejado de destellar algunas horas antes de aquel momento. En su lugar, la eterna y fría llovizna caía sobre Londres, y acompañaba a todo aquel que seguía luchando por la supervivencia, la propia y la del prójimo, en esa madrugada insomne.
Eriol caminó desorientado hasta una de las múltiples tiendas que cumplían funciones de comedor, clínica y albergue, donde se resguardó del frío. La capital lo había recibido con calamidad y penas, pero, al mismo tiempo, con un enorme ánimo de solidaridad que no había experimentado antes.
La cortina que hacía las veces de puerta se abrió, y reveló una estancia mucho más grande de lo que en el exterior mostraba. Adentro, el ambiente era cálido y el ruido exterior era aislado totalmente. Una de las esquinas más alejadas de la "edificación" tenía varias mesas alargadas, donde rescatistas, médicos, curanderos y voluntarios cenaban, ya fuera para volver a la faena, o para dormir un poco en otro espacio de la misma. En un pabellón adjunto, varias camas eran recorridas por enfermeras, curanderos, médicos y monjas, que aliviaban los dolores de los menos favorecidos.
Eriol se acercó vacilante hasta un perchero a unos pasos del acceso, colgó el pesado impermeable, húmedo por la brisa exterior. Un chiquillo no mayor de cuatro, se aferraba al bolsillo del mago. Su mirada baja y perdida, y el innatural silencio que guardaba, se antojaba como una mala señal.
—Anda, ven por aquí. —El inglés tomó de la mano al niño y lo guió a una de las mesas.
Una novicia se acercó a abordarlos apenas los vio tomar asiento, les sirvió algo de sopa caliente en un par de cuencos, y dejó una tetera a su alcance.
—Estaré por aquí para lo que necesite, excelencia. Y también para su amigo —dijo por lo bajo la joven, y acarició el cabello negro del niño, que apenas si reparó en ella.
Eriol agradeció y la vio alejarse, y suspiró, repleto de resignación. Miró a su compañero, que seguía ausente, perdido en el vapor que salía del cuenco ante él:
—Oye, debes comer algo. —El niño, sin embargo, se mantuvo silente e inmóvil—. ¿Cuál me dijiste que era tu nombre? —Lo vio mover los labios, pero no fue capaz de escucharlo—. ¿Perdona?
—Óliver.
Al ver una reacción favorable, con delicadeza, lo hizo girar el rostro hacia él, atento a los ojos azul metálico del pequeño, aún rojos del llanto que recién cesó unos minutos antes. Óliver fue encontrado por Eriol apenas un poco antes, en las ruinas de un complejo de apartamentos no muy lejano. El niño había sido protegido por sus dos padres, mismos que no habían sobrevivido al derrumbe, y al momento de ser rescatado, lloraba amargamente mientras llamaba a su madre. El mismo Eriol bajó de los despojos con lágrimas en los ojos y el niño en brazos, la escena lo había conmovido en lo más hondo, y de hecho, fue esa situación la que lo hizo retirarse momentáneamente de su labor, lo que consecuentemente los llevó a ese mismo albergue en el que estaba. El duque tomó el impulso que necesitaba, pues sabía que ese discurso también era para él:
—¿Sabes, Óliver? Papá y mamá van a preocuparse si no cuidas de ti mismo. Ellos no querrían que estuvieras tan triste y que dejaras de comer. A donde ellos fueron, aún pueden observarte, y estarán al pendiente de que estés bien, aunque no puedan acompañarte más. —Desordenó su cabello—. Anda, no los hagas entristecer… Yo mismo me encargaré de que estén tranquilos, pues voy a cuidar de ti desde hoy, ¿de acuerdo?
El niño, en su parco entendimiento de las cosas, aceptó el discurso del mago ante él, y luego de asentir varias veces, dejó caer algunas lágrimas, aunque, entre gimoteos, tomó la cuchara, una demasiado grande para su manecita, y comenzó a sorber el caldo del cuenco.
—Vine en cuanto me enteré que estabas aquí —dijo una voz rasposa unos momentos después. Eriol notó entonces que se había quedado absorto en contemplación del comensal a su lado.
—Esteban. ¿No estabas acomodando a tu familia en un refugio?
—Me tomó cinco minutos hacerlo, duque, hay mucho trabajo que hacer por aquí. ¿Y el huerco? —preguntó, luego de señalar con el mentón al niño.
—Un amigo que acabo de encontrar.
—Ya veo —respondió al comprender de qué se trataba, y luego suavizó un poco el tono de voz, y tanteó terreno—: ¿Y tú…? ¿Cómo la llevas?
—Voy a estar bien.
—¡La bombera más sexy del lugar llegó! —exclamó Emily en español al reunirse con ellos, y abrazó por la espalda fraternalmente al duque. En una actitud maternal, acarició la cabeza del chiquillo, que seguía comiendo.
—Gracias a los dos por estar aquí —susurró Eriol, conmovido.
—Siempre —respondió Emily, sonriente, y alborotó el cabello del duque como si de un niño se tratara.
—Además, no podemos dejar el país…
Ilhuicamina se ganó un codazo de Carey por el comentario, al igual que una carcajada de Eriol.
Tal como Akko había pronosticado, el viaje de Eriol fue turbulento y complicado: temió caer al menos un par de veces, mientras atravesaba una tormenta de arena sobre Mongolia, y por deshidratación en la península arábiga, donde se sintió como Ícaro, al acercarse demasiado al sol.
Las ruinas de Londres lo recibieron, en el temor de que en realidad, todo hubiera sido en vano. Corrió en los alrededores del ayuntamiento, en franco interrogatorio a cada persona que se atravesó en su camino. Nadie parecía capaz de darle respuesta, o incluso de reconocerlo. Derrotado y sucio, luego de explorar toda la hora posterior a su aterrizaje, al tiempo que leía listas de rescatados y de cadáveres, se detuvo sólo un momento en un pequeño puesto de hidratación.
Nunca había percibido sabor en el agua, pero esa tarde, sintió claramente un espantoso gusto a hiel.
Les había fallado. Había atravesado medio mundo en su desesperación, pero aún en el lugar, seguía estando lejos. No sabía dónde estaban, había tantas personas, tanto dolor y energías alrededor, que le era imposible rastrearlos. Ignorante sobre qué más hacer, comenzó a caminar entre los derrumbes, y llamó a gritos el nombre de su esposa e hijo.
Anduvo como un mendigo, trató de cubrir la mayor parte de la ciudad que pudo, e incluso pensó en volver a montar la escoba y hacer un reconocimiento más amplio, pues la ansiedad aumentaba más cada vez.
"¿Alguien ha visto a Lady Isabella Hiiragizawa?" clamaba en cada concentración de gente que encontraba, "Hispana, más o menos unos cinco pies y medio de estatura, va acompañada de un niño de ocho…"
Todos, tan solidarios como podían ser, daban su negativa, lo mandaban a las clínicas improvisadas o los anfiteatros… así hasta que llegó a Strand. Bastó con que lanzara su pregunta con voz áspera y gastada una vez más, entre los restos del hotel ME London.
Uno de los rescatistas, ataviado con el traje de bombero que la mayoría de los voluntarios usaba a pesar de no coincidir el atuendo con su talla, mascarilla antigás y casco incluidos, detuvo en seco su labor. Observó a Eriol a la distancia y comenzó a bajar de la montaña de escombros. Se detuvo a unos metros de él, que le devolvía una mirada confundida.
La persona arrojó el casco y la mascarilla, la negra cabellera de Isabella se reveló.
Como si el traje no pesara un gramo, la mujer corrió hacia su duque, y saltó para amarrarlo en un abrazo desesperado. Lo besó con ansias, en una frenética necesidad de confirmar que era real y que estaba ahí de verdad, por increíble que eso pareciera.. Le preguntó en un grito como había hecho para llegar desde Japón en apenas unas horas, mientras él finalmente se permitía romper en llanto en brazos de su amada. Unos minutos después, Eriol era conducido a uno de los albergues, donde con igual intensidad ató en un abrazo a su unigénito. La familia Hiiragizawa se reunía para no volver a separarse.
Compartieron, descansaron y comieron un poco, al menos en el breve tiempo de tregua que se permitieron, pues la desgracia a su alrededor no cesaba, además de que Eriol sentía cierto nivel de culpa por alegrarse de que los cadáveres encontrados nos fueran los de su familia. Y así, la pareja volvió a las labores de rescate, y así encontraron al pequeño Óliver.
—¿Qué pasará con él? —preguntó la duquesa, después de ordenar a su cuadrilla que durmiera unas horas, y que los que pudieran, fueran a casa.
—Me lo preguntas como si no lo hubieras decidido ya —respondió él, y dio cuenta de su sopa finalmente—. Lo que me lleva a un razonamiento… Óliver es sólo uno de miles, tal vez millones que lo han perdido todo, Issy…
—Sé a dónde vas, y la respuesta es: no tiene nada de especial, se cruzó en mi camino, y no sólo tengo la forma y recursos para ayudarlo… quiero hacerlo. —Relajó un poco el gesto, al ver que su esposo no preguntaba en ánimo inquisitivo—. No todo son batallas apocalípticas contras seres capaces de borrar a la humanidad de la existencia, querido. A veces, los verdaderos cambios, la forma que tenemos algunos de salvar al mundo, está en eventos pequeños y muy puntuales, en dar una segunda oportunidad, o tender la mano a quien no tiene siquiera esperanza, en las ganas de terminar con el dolor del prójimo.
—Y por eso me casé contigo. —Conmovido, Eriol besó la mano de su duquesa, hecho a la idea de que adoptarían al pequeño Óliver, y lo querría como si fuera un hijo propio.
A unos metros de ellos, Ilhuicamina recibía un poderoso pellizco en el antebrazo, recetado por Carey, que lo previno de interrumpir la escena.
En la particular calma de esa tarde soleada, Subaru caminaba entre las desiertas calles citadinas. En toda regla, lucía como un indigente, su ropa estaba sucia, la barba le había crecido, y apenas si se había alimentado. La muerte de uno de sus forzados colegas, la única que de hecho le había ofrecido algo de luz y una compañía sincera, había muerto por su indecisión. No sentía que mereciera algo más que el odio y resentimiento que seguramente los sobrevivientes de su bando le profesaban, al grado de que por un momento pensó que debió hacer como Ou le increpaba y terminar él mismo con su miseria.
Pensaba que lo mejor era que el samurái hubiera acabado con su vida, y así no se sentiría tan miserable.
Y entre esos pensamientos tortuosos, miró hacia el horizonte entre las ruinas.
El oriente, hacia la bahía, lo hacía sentir el inmenso poder de los dragones restantes, los que aún no contendían. No servía de nada que fuera a ellos. El destino buscaría su muerte, y la voluntad lo rechazaría sin lugar a dudas.
—Sin embargo… Aún hay algo que puedo hacer —se dijo, en voz alta para convencerse a sí mismo.
Sin pensárselo demasiado, hizo camino presuroso a Tomoeda.
En el conocimiento de que el destino era la Torre de Tokio, según la profecía, no había tiempo que perder. Entre tejados, calles desiertas y otras estructuras, Sakura guiaba a sus compañeros en la línea más recta posible, hasta aquella construcción de rojo petulante que se erguía en el horizonte.
Habían mantenido el silencio y los esfuerzos físicos y mágicos al mínimo, en el entendimiento de que requerirían de todas sus fuerzas y recursos para terminar de una vez por todas con la contienda. No había segundas oportunidades: era el todo por el todo.
En su marcha, apareció la imponente y hermosa pagoda de cinco plantas del templo Ikegami Honmon-ji, con su descuidada vegetación que ya ganaba terreno lentamente sobre la construcción.
Pararon un momento ahí, no porque quisieran, sino porque no había otra construcción que la pagoda para seguir a salto su camino. Contemplaron el templo, y se dispusieron a continuar.
—No estamos solos.
La oración, nacida en un susurro de los labios de Kurogane, hizo dudar por un momento a la pareja.
—También lo sentí, nos viene siguiendo desde unos kilómetros atrás… pensé que trataría de emboscarnos al llegar a la Torre —respondió Sakura igual de bajo, en su afán de mantener un muy convincentemente un tono casual.
—Entonces, tratemos de seguir adelan…
Las palabras de Xiao-Lang fueron interrumpidas por el ensordecedor ruido de cientos, o tal vez miles de aves. Una parvada de cuervos, inaudita en tamaño, salió desde la pagoda y el templo, lo que obscureció en segundos el cielo, mientras dibujaban una trayectoria circular que los encerró en una cúpula de decenas de metros de alto. La densísima masa de aves comenzó a descender lentamente, lo que significaba la reducción del tamaño de la zona segura, y no fue sino hasta que alcanzaron de nueva cuenta el tejado de la pagoda que entendieron su propósito.
Las aves no cambiaron su curso, a pesar de que fuera una colisión inevitable, en una espeluznante progresión, decenas de cuervos se impactaron contra el edificio, lo que despedazó el tejado y la estructura misma, lo que inició una lluvia de despojos y astillas hacia el patio donde el trío esperaba.
—¡Si esa cosa se cierra, nos hará pedazos! —aseveró Li en un grito, que era la única manera de hablar considerando la atronadora migración desde las alturas.
Decidido, tomó un ofuda del fuego, dispuesto a incinerar todo sobre sus cabezas.
—¡Son demasiados! ¡Además de no detenerlos, también nos quemaremos nosotros! —La exclamación de Kurogane fue hecha mientras se concentraba en el remolino, que rápidamente se cerraba.
Le tomó solo unos segundos encontrar el patrón.
—Prepárense para irse en cuanto vuelvan a ver la luz del sol —siseó.
El matrimonio asintió.
El paso de impulso del samurái hizo un cráter en el suelo. El hombre, espada al costado, cerró distancia con uno de los extremos de la tormenta de aves a la velocidad de un parpadeo, para tirar un golpe preciso a una de las aves. Sin detenerse a reflexionarlo, se lanzó a la misma velocidad a otro punto del remolino, donde atacó a otra ave, luego alcanzó de un salto a otra a varias decenas de metros, e hizo un par de ataques más.
Li había entendido el patrón: un pentagrama perfecto, con la punta principal en dirección al sur. La insignia universal de la magia negra, la estrella de Baphomet… y la marca de Sakurazukamori.
El último salto de Kurogane fue directo al cénit de la cúpula. En una única estocada, perforó el torso de un ave que era diferente a las demás, tiró de ella y dejó en evidencia que era un halcón. La llevó al suelo con el solo uso de la gravedad, donde la empaló contra el camino de roca delante del templo. El ave, a pesar de su condición, siguió peleando.
La ola de energía fría y obscura que manó del ave, empujó a los cautivos, y desintegró en finas plumas a la parvada.
—La inocencia, la maldad… y por supuesto, el poder, son cosas que un asesino del cerezo atesora más en sus víctimas. —La fría voz de Seishiro resonó mientras salía del templo—. Ese pistolero hace meses me dio un corazón malvado, el poder está en el tuyo… ¿puedes adivinar donde obtuve al corazón inocente… Haganemaru?
La sangre se agolpó en las sienes del samurái, quien sintió que de un momento a otro, una vena le iba a estallar. A pesar de eso, contuvo con toda su voluntad el ansia asesina que lo consumía.
—Sigan adelante —sentenció.
—Gracias —respondió Li en un asentimiento.
Sakura capturó la atención del viudo por un instante, al tocar su mano:
—Por Tomoyo.
El matrimonio salió del templo, hacia el follaje.
—Estoy tan emocionado de que hayas venido a la gran final. Tengo pensados algunos juegos para que nos divirtamos antes de que te mate. Eres justo mi tipo, no me importaría pasarla bien contigo.
—Como si te lo fuera a permitir de alguna manera.
—Bueno, nunca dije que tuvieras que estar vivo para entretenerme.
El ave empalada, sin importarle las lesiones, luchó contra la hoja de la espada hasta que se liberó para volver al hombro de su amo, donde lentamente comenzaron a sanar sus heridas. Como el hábil prestidigitador que era, Sakurazuka extrajo una carta negra con un pentagrama de su manga, misma que le mostró a Kurogane.
—¿Qué tal un acertijo de cartas? —Agitó apenas la muñeca, el papel fue lanzado al suelo, y se perdió entre las rocas.
El efecto: un sismo, que gradualmente comenzó a ganar fuerza. No obstante, justo antes de que comenzara a provocar estragos, los muros etéreos de una barrera piramidal negra como la noche se erigieron, con los contendientes confinados al interior.
—Qué gran trabajo haciendo esta barrera —continuó el matón—. Tu esposa murió por una de estas, ¿sabías? ¿Harás igual tú por proteger a lo que sea que está allá afuera?
—Morirás dentro de esta barrera, escoria sin honor —replicó Kurogane, mientras apuntaba a su oponente con la espada.
No había más que discutir, o nada que razonar.
El rugido de Kurogane se confundió con la carcajada de Seishiro, mientras que se lanzaba contra él, sable en alto.
Cuando la hoja bajó, la Muerte ya se había alejado varios metros al costado. Todo en un espacio de varias decenas de metros delante del ejecutor fue partido limpiamente, desde las construcciones hasta el suelo. Sin perder el ritmo, y con apenas el mínimo impulso, cambió la trayectoria del ataque en busca de su rival, aunque lo que se encontró fue un desconcierto mayúsculo.
Ante él, una versión descomunalmente grande de un oso tibetano se irguió al rugir atronadoramente. El "es una ilusión" que nació en su mente, murió al momento de bloquear un zarpazo, que lo arrojó al menos un par de metros atrás. El animal, si bien podía ser una ilusión, tenía efectos bastante reales y dignos de atención.
Sin embargo, más allá de la sorpresa inicial, el animal apenas si representó un desafío para el soldado.
—Cazaba estos animales cuando era un adolescente —declaró, categórico, después de despachar a la bestia en apenas un par de movimientos de espada. —¡Vas a tener que esmerarte un poco más!
Como nunca antes, Kurogane dejó fluir su espíritu guerrero, se amplificaron sus sentidos, percepción y velocidad, y de ser un esgrimista eximio, pasó a ser un dios de la guerra. Tenía plena consciencia de todo lo que pasaba al interior de la barrera, era dueño de las sensaciones que provocaban los sonidos y el movimiento mismo del aire, al grado de sentir la mirada que lo acechaba y desde donde venía, lo que lo hizo consciente de que había más de una entidad hostil acompañándolo. Sin embargo, existía una debilidad en él: su poco desarrollado talento mágico.
Aquello se complementaba con el expertise de Sakurazuka, que era un ilusionista, maestro en todas las disciplinas propias del engaño, magnificadas por un poder mágico temible y una imaginación privilegiada, además de un más que retorcido goce por el dolor ajeno y la absoluta carencia de remordimientos o apegos. La psicopatía en su más puro estado; que no desperdiciaría la mínima oportunidad de engañar y lastimar a su oponente, hasta asesinarlo o incluso obligarlo a suplicar por su muerte.
Decidido a divertirse, hizo salir a una nueva bestia de entre el follaje, esa vez, un tigre tan rápido como gigantesco, que tuvo la misma suerte que el animal anterior.
Por algunos minutos, varias decenas de animales salvajes fueron al encuentro del samurái, cada vez más numerosos y agresivos, aunque sin lograr obtener de él siquiera un gesto de esfuerzo.
El instinto lo hizo elevar el sable sobre su hombro en un bloqueo, movimiento en el que finalmente encontró a Seishiro, peligrosamente cerca de él. Estaba mostrando su sonrisa taimada e inquietante a sus espaldas. Kurogane lanzó un corte horizontal, mismo que el matón evadió en un pequeño salto, contraatacó con un puñetazo hacia la cara de su contrincante, pero sin alcanzarla.
El mandoble del samurai no fue en vano. Para evitar que su amo fuera herido, el halcón interceptó el filo, la calidad del golpe esa ocasión no le permitió recuperarse, y el ave, desplumada, cayó partida por la mitad.
Molesto por su pérdida, Seishiro se distrajo un momento, mismo que el samurái aprovechó para atravesarle el pie con la hoja de su espada, con lo que detuvo su escape, aunque apenas obtuvo una expresión de sorpresa combinada con diversión del afectado. Seishiro correspondió de un puntapié con su pierna sana al abdomen de Kurogane. La inusitada fuerza, lo hizo soltar la espada y lo empujó varios metros atrás.
Confiado, el matón extrajo el sable del suelo. Confiado, lo empuñó y corrió al encuentro de su contendiente, desarmado, pero recibido por una doble sorpresa.
La primera: Kurogane evadió a velocidades inverosímiles los golpes de espada lanzados por Seishiro, que si bien no era un usuario regular de espada, la carencia en conocimientos era compensada con la velocidad y fuerza sobrehumanas propias de un Dragón. Al ver un hueco defensivo, Kurogane demolió el abdomen del trajeado con dos puñetazos brutales, y remató la combinación con un cabezazo que pulverizó las costosas gafas del matón, que voló y soltó la espada del impacto.
La segunda: al tratar de levantarse, notó que sus manos humeaban, y dolorosas quemaduras y ampollas se le habían formado en las palmas. Dragón de Plata era fiel a su dueño.
—Esto es increíble. ¡Simplemente grandioso! —Eufórico, Seishiro sacudió las manos para estimular la curación de sus lesiones—. Estás resultando incluso más divertido que Subaru. Tener un combate con alguien tan competente… y apuesto, es un privilegio que no todos los días puedo darme.
—Ahórratelo, Sumeragi seguirá cuando termine contigo.
—Qué malo eres. El samurái del pasado, con su poder irresistible amenaza al Asesino del Cerezo —lanzó con histrionismo—. Sigue creyendo que podrás conmigo. Esta investidura ha pasado de un hechicero a otro por milenios, todos sus representantes han muerto de viejos, es un hecho que veré este mundo extinguirse antes de morir.
—Basta de estupideces.
En un parpadeo, Kurogane volvió a cerrar distancia, dejó grietas sobre el suelo que pisaba por el poder impreso en su marcha, y marcó un golpe horizontal a la altura del pecho del matón.
Y la segunda táctica sucia fue utilizada.
Los ojos carmín repletos de terror de Yuzuki perforaron el alma de Kurogane. La milésima de segundo de confusión fue suficiente para hacerlo dudar, lo que lo obligó a detenerse después de cortar únicamente el cabello de la niña, y dejó una incisión inofensiva en su pequeño y delicado cuello.
Lanzó una maldición al aire, que respondía a un reproche autoinfligido por su propia debilidad, mientras que la niña, en un movimiento lento, posó una de sus manos en el estómago del atacante.
Con una fuerza completamente antinatural, recibió un impacto que se sintió como ser arrollado por un auto, y aunque retrocedió varios metros en el impulso, sepultó la punta de la espada en el suelo, para refrenar la inercia, aún cuando quedó de rodillas, casi sin aliento.
—Vergonzoso. —La voz de Yuzuki sonaba aterradoramente real, mientras se acercaba a él—. Débil, pusilánime, queriendo siempre mostrarse como el duro, el insensible, el macho; cuando en realidad, fue mamá la que siempre llevó las riendas de tu vida. Ella murió por tu debilidad e incompetencia. Hubiera sido mejor que hubieras muerto tú en su lugar.
—¡No te atrevas a hablarle así a tu padre!
Iracundo, el puño del soldado buscó la mejilla de la niña. Detrás de esa fachada, Sakurazuka sonreía ante la efectividad de su engaño, ansioso de recibir la enorme mano del rival cada vez más cerca de él, impulso que aprovecharía para detenerlo y aplicar un contraataque devastador que le destruiría el brazo, y le daría el tiempo para asesinarlo.
Así como la espantosa mueca de una risa demencial se dibujó en las facciones de la falsa Yuzuki, pasó a un gesto de desconcierto y dolor. El puño se detuvo a milímetros de su nariz… pero la hoja de la espada había entrado por su riñón izquierdo, y salió por el costado contrario.
Kurogane retiró la espada, salpicado de sangre el suelo. La ilusión se rompió, mientras que Seishiro retrocedía torpemente, presa de un dolor abrasador.
A pesar de la gravedad de la lesión, fue capaz de evadir los siguientes ataques del esgrimista, aunque no sonreía más. Serio y concentrado por primera vez en la contienda, comenzó a contraatacar.
Tal como había dicho a Akiho, sus solas manos eran suficientes para dar una batalla justa, y en una vertiginosa danza fueron recorriendo el templo, mientras se dibujaba un rastro de destrucción por todo su andar. Sakurazuka fue alcanzado por el filo del Enamorado en más de una ocasión, lo que dejó en jirones las mangas y solapas de su traje. Kurogane, mucho más diestro en el arte del combate cuerpo a cuerpo, apenas si fue tocado una vez, sin embargo, el puño de Seishiro pulverizó su hombrera izquierda al contacto.
Uno de los más intensos choques, finalmente hizo llegar al par a una tregua, pues la onda expansiva los había separado a una muy buena distancia.
Kurogane sacudió el sable al costado, impertérrito, sin una sola muestra de cansancio o dolor, más allá de las carencias que ya mostraba su armadura.
Seishiro, por otro lado, comenzaba a respirar con dificultad, incluso encorvándose un poco, como pago por subestimar al hombre frente a él, y sus manos sangraban, aun cuando su curación acelerada hacía un gran trabajo.
—Se terminó —sentenció el samurái, al tomar una postura diferente—. No más muertes descansando en tus caprichos. No más familias destruidas en tu execrable tradición. Hoy libero al mundo del peso de tu nombre.
—¿En serio? He matado a monjes, hechiceros, incluso a otros asesinos… y un simplón de los suburbios viene a proclamar que puede terminar con mi linaje. Hay que tener coraje… por otro lado… antes de que te mate, ¿no quieres saber cómo fueron los últimos minutos de ella?
Kurogane no respondió, no había dudas en su corazón.
—¡Ginryu no hoko! —bramó.
Mientras se movía la espada, el "rugido del Dragón de Plata" fue perfectamente audible, y provocó una vibración en las construcciones que aún seguían en pie.
Al paso de la hoja, todo lo que existía a su alrededor era desintegrado, menos que polvo fue lo que quedó como prueba de su existencia. Los vellos de la nuca de Seishiro se erizaron.
—Bien… te haré verlo de todas maneras —susurró el asesino, y se lanzó en un ataque frontal contra el samurái. Alcanzó a tomar la mano que guiaba la espada con la izquierda, mientras que su derecha tocó la frente de su ejecutor. Hizo acopio de toda su concentración y poder mágico para desplegar su técnica final, doblegar una mente como la de Kurogane no sería tarea sencilla—. Ogi: Maboroshi.
El sonido hueco que daba la impresión de estar en un vacío iba amainando lentamente, mientras que la brisa primaveral finalmente volvía al aeropuerto de Haneda. Cuando el proceso terminó, Tomoyo cayó sobre sus rodillas, agotada.
Kurogane no podía hacer algo más que observar. No era tangible, era como estar en una aterradora parálisis del sueño, y lo que se mostraba ante él era algo que definitivamente no quería ver.
Escuchó la siempre modulada voz de su mujer rota por una tos que apenas si le permitía tomar algo de aire, y vio finas gotas de sangre caer de sus oídos, devastada por reconstruir el aeropuerto y sus alrededores luego de una batalla particularmente destructiva.
No pensó que ver su sufrimiento fuera de tal impacto.
—Un par de caladas, señorita.
Sakurazuka dijo eso al acuclillarse delante de Tomoyo, que no encontraba fuerzas para levantarse con las manos sobre el asfalto, víctima de un punzante ataque de tos.
—So… sólo debe esperar un poco… alguien vendrá… —carraspeó ella, al terminar su oración y escupió un espeso esputo de sangre y saliva.
La tos cesó, pero la respiración de la mujer no mejoró, sonaba como un siseo suplicante, que sin lugar a dudas raspaba dolorosamente su garganta. y temblaba de pies a cabeza, indefensa de verdad. Con crueldad, Seishiro dio la penúltima calada al cigarrillo, y lanzó el humo a la cabeza de Tomoyo, con lo que su incapacidad respiratoria empeoró.
—Esto es lo que la confianza le hace a las personas. Las hace arrogantes por la ilusión de certeza que les da, los hace olvidarse infundadamente de su insignificancia en el plano universal, y lo desdeñables que sus vidas son. Los hace sentir especiales. Mírese ahora. No hay nadie aquí para usted, ni lo habrá, su vida fútil terminará sin más que olvido por recompensa, sólo saciará momentáneamente a mi placer de ser yo quien cierre el telón.
—Espere… sólo un poco más… sólo unos segundos más…
El último golpe al cigarrillo fue dado. El matón se levantó pletóricamente. Arrojó la colilla delante de Tomoyo, que la observó aterrorizada, y luego, él extinguió la brasa de un pisotón.
—No… no, espere… aún podríamos negociar algo más que quiera tener, ¿no es así? —preguntó Tomoyo en un lloriqueo, con ojos desorbitados y temblores aún más violentos.
—Lo lamento mucho, mi bella acompañante, pero teníamos un trato.
Con movimientos elegantes que no evidenciaban su monstruosa fuerza, Sakurazuka tomó a la mujer por el cabello y la levantó, mientras le arrancaba un grito de miedo y dolor en la maniobra. Sus lágrimas corrían libremente por sus mejillas.
—¡Basta, por favor! ¡haré cualquier cosa…! —Desesperada, tomó la mano que la sujetaba—. No… ¿no ha pensado en probar algo diferente a lo usual? ¿Ha dormido con una mujer? Sé que podría…
—Qué asco.
—De… de acuerdo, eso no… qué… ¿Qué tal si le entrego a Sumeragi? ¡Esperemos a que llegue y se lo entregaré para que haga lo que quiera de él…! ¡De todas maneras, nadie lo quiere de verdad!
Sakurazuka dibujó una sonrisa que sólo podría ser catalogada como diabólica, mientras se preparaba para el golpe final. Y dicho golpe fue ejecutado sin mayor ceremonia.
El puño del matón entró por la boca del estómago de ella, que respondió con un terrible espasmo. Se aferró al brazo ejecutor, en un intento desesperado de sacárselo, obviamente sin éxito, mientras las arcadas castigaban su cuerpo e imposibilitaban a su voz a salir. Aterrada, sus ojos iban perdiendo brillo, hasta que quedó completamente inerte. Sus brazos finalmente se desmayaron a sus costados.
En el plano real, Kurogane se había quedado completamente ido. Presenció aquello que quizás, era lo único que hubiera podido romper su mente.
Aún en trance, sólo parcialmente consciente, pero complacido, Sakurazuka, se preparó para hacer que compartieran destino.
Tomó impulso, y lanzó el golpe más poderoso que pudo contra el plexo solar del samurái. La armadura estalló, y el crepitar de huesos y carne dejó escuchar su tétrica sinfonía.
Sakura miró atrás sólo un momento para comprobar que el sismo había cesado, como consecuencia de aquella barrera piramidal. Rezó con todo su corazón para que Kurogane estuviera bien, y volvió a concentrarse en el camino.
Los emperadores se quedaron en contemplación de lo que alguna vez había sido Shinagawa. Ante ellos, únicamente agua era visible, como una pacífica laguna, sólo mecida por el viento estival.
—Nadar sería impráctico, volar daría mucha ventaja a Akiho si te llegara a ver. Creo que lo mejor será rodear.
A la resolución de Li, ambos barrieron el paisaje ante ellos, y encontraron que la única construcción con un camino estable, era Rainbow Bridge, que los llevaría a Minato, y en consecuencia, a la Torre.
Acordada la nueva ruta, comenzaron a cerrar camino con el puente, que no tenía circulación o actividad de ningún tipo, abandonado, sólo ocupado por algunos autos cuyos propietarios habían dejado ahí al no haber a dónde ir, junto con un camión cisterna de combustible cerca del extremo contrario a su llegada.
—Algo me decía que no podía ser tan fácil —declaró Xiao-Lang, cuando aterrizaron ambos en un punto cercano al centro del puente, luego de ver que un hombre los esperaba.
El matrimonio compartió una mirada de precaución, y retomaron una marcha más bien cautelosa.
—Me haré cargo de esto. Debes seguir hasta llegar a Akiho.
—De acuerdo. —Sakura tensó los pómulos, e hizo un esfuerzo sobrehumano por ignorar el nudo que se formaba en su garganta. Acarició con dulzura la mano de Xiao-Lang, ante la idea de que esa fuera la última vez que viera a la persona más importante de su vida—. Esforcémonos, y volvamos a casa juntos.
—O no —exclamó a la distancia Yuuto, al parecer, con un oído demasiado refinado como para quedar fuera de la charla—. Podrían también llegar a la misma fosa común, aquella a la que mandaré al señor Li. Créame, señora Li, le estaré haciendo un favor.
El matón, un hombre regular en apariencia, emitía un aura tan densa que asfixiaba. Nunca lo habían visto, sin embargo, su poder empujaba casi hasta lastimar.
—Comencemos entonces, señor…
—Kigai, pero por favor, llámeme Yuuto, no queda tiempo para formalidades, pensando en que uno de los dos morirá hoy.
En el saber de que todo era claro, Sakura dio un salto para correr en uno de los cables que daban soporte al puente atirantado, pero no logró avanzar más que unos pasos. Una cuerda metálica se enredó en su cintura y tiró de ella, para lanzarla contra los autos del mismo camino por el que había llegado.
Sorprendido y enfadado, Xiao-Lang se lanzó contra el responsable; el mandoble que le recetó se quedó trabado en uno de los puñales de Yuuto, que no parecía siquiera esforzarse en detenerlo.
—Esto es entre usted y yo, amigo —amenazó Li entre dientes.
—Lo sé. Ella no es mi rival… pero eso no significa que no trataré de entorpecer su camino, ¿verdad?
—¿Y por qué haría tal cosa?
—Para establecer mi punto: el amor, la confianza, la fe… son ilusiones que únicamente lo hacen débil… mírela a ella, no puede siquiera ponerse de pie.
Xiao-Lang se giró para comprobarlo, pero ella no sólo estaba de pie, sino que estaba intentando nuevamente continuar su marcha. Notó entonces que, efectivamente, el hombre ante él estaba probando su conjetura a través del ardid más simple imaginable.
La rodilla del matón se sepultó en el plexo solar del emperador, con lo que le quitó el aire y lo obligó a retroceder de un salto, para evitar que lo golpeara más.
Ese brevísimo espacio de tiempo fue suficiente para que Sakura superara el punto donde Yuuto la bloqueaba. El cable de acero del Diablo voló hacia ella, Sakura levantó instintivamente el brazo para proteger su cabeza. El guantelete de la luna absorbió el impacto sin dejar que siquiera la sensación llegara a la piel de ella.
Dio un último salto para dejar atrás el puente, Sakura giró completa sobre su eje, y en ese movimiento dedicó un último vistazo a su esposo, que se volvía a erguir, recuperado. Lo vio asentir, y ella entendió que no debía preocuparse. Determinada, correspondió al gesto, y siguió su marcha más allá de Rainbow Bridge.
Los muros esmeralda de un prisma octagonal sellaron el área, para que su contienda no pudiera dañar a nadie.
—La verdad es que no disfruto de pelear. Le pido amablemente que salga del camino, Yuuto, o si no, tendré que…
—¿Matarme? Oh, señor Li, no me lo tome a mal, pero dudo que esa amenaza sea auténtica. Usted no tiene lo necesario, es más un hombre de familia y un administrador que un guerrero. El abominable acto de matar no está en sus necesidades, porque, a resumidas cuentas, es un buen hombre, una mente socialmente funcional que no encuentra ningún tipo de estímulo en guíar a otro ser humano al final de su existencia… —agudizó la mirada, lo que hizo a Xiao-Lang tragar pesado—. Lo que veo ahí es un… ¿trauma? Vaya, señor Li, al parecer no es tan inocente como pensé… entonces usted ha matado antes… ¿quién lo hubiera dicho?
—Sí, he tenido la necesidad, y créame, lo volveré a hacer.
—No, no es así. Quedará demostrado que hace falta algo más que simple voluntad y convicción para llevar a un enemigo a la tumba. Necesita un poco de odio, sentimiento que no creo que haya conocido hasta hoy. Necesita también sentir que goza de la agonía del otro.
—¿Y qué hay de usted, Yuuto? A simple vista, no parece tampoco un asesino desalmado.
—Las apariencias suelen ser engañosas. No quisiera sonar presuntuoso, pero he matado más personas de las que usted ha conocido en toda su vida. Nunca nadie lloró por esas almas, del mismo modo que no lo harán por usted cuando todo termine. Pero estamos divagando…
Sin otro anuncio de por medio, Yuuto lanzó uno de sus puñales tridente hacia Xiao-Lang, que lo atajó oportunamente, y de inmediato cambió la posición de la hoja, para bloquear un segundo ataque que pudo predecir oportunamente.
Analizó el entorno: estaban ambos sobre un puente que cruzaba un importante cuerpo de agua, había obstáculos, como autos y la estructura misma del puente, aunque Yuuto no parecía en absoluto interesado en utilizarlos como escondite. Estaba totalmente expuesto.
Li comprendió al tratar de cerrar distancia con su oponente que no era menester que se ocultara.
El cable metálico que unía a los puñales del Diablo, resonó como la cuerda de un instrumento musical, mientras él manipulaba las puntas a la distancia. La cúpula que lo envolvía rasgaba el asfalto bajo sus pies y lanzaba chispas por la fricción, mientras que la hoja de Li se interponía en su camino, evitando que las navajas lo alcanzaran.
Esos bloqueos, sin embargo, no fueron perfectos. El costado y la pierna del Lobo recibieron cortes superficiales que lo hicieron retroceder una vez más, lo que dejaba en evidencia que aquella defensa estaba cerca de ser impenetrable.
Al menos así sería en tanto que Xiao-Lang no fuera creativo.
Resolvió aprovechar un ataque del cable, y en el conocimiento de que no podría cortarlo, lo esquivó, viéndolo pasar a su lado, y una vez que se tensó al clavar su punta contra uno de los soportes de hormigón, saltó sobre él, y corrió en perfecto equilibrio para cerrar la mayor distancia posible.
Yuuto tiró de su arma nuevamente, lo que le quitó el punto de apoyo al lobo, que saltó decenas de metros sobre él, y ahí, el emperador extrajo uno de sus ofuda de fuego, con el que apuntó al suelo, en trayectoria de la punta de su espada.
La luz aceitunada de la barrera se oscureció ante el destello cegador de la conflagración creada por Li, las llamas blancas fueron dando paso al esmeralda, producto de un fuego denso, casi líquido, que cayó al puente, donde la vibración sacudió a la construcción entera.
El asesino escapó por los pelos de ser consumido por las llamas de un salto hacia uno de los soportes atirantados, desde donde observó los últimos segundos de aquel hermoso y aterrador incendio, que lanzaba despojos de líquido e incandescente concreto al río.
No pudo evitar lanzar un silbido de admiración.
Motivado por la inusitada muestra de poder del rival, Yuuto regresó al campo de batalla, concentrado, y salió de su escondite de un salto para despedazar todo lo que estaba a su paso con la órbita dibujada por su arma. Si bien, dicho instrumento le daba una ventaja en movilidad, distancia y rango de acción, Hogo Okami Li era célebre por su capacidad de sublimar la fuerza y recursos de sus oponentes, sin importar cuán superiores fueran a él.
La mirada fija de Li en su objetivo: el tronco o cabeza del oponente, hacía pensar que estaba ausente de la batalla, aún cuando la espada en sus manos se movía a velocidades vertiginosas, coadyuvada por desprendimientos de tierra, congelamiento de las aguas o cualquier tipo de maniobra elemental que incrementara su defensa.
Un lanzamiento recto del Dragón del Destino hizo a su puñal dibujar una trayectoria de retroceso directo a la espalda de Li, único lugar donde su defensa tuvo un diminuto agujero. El costo, aunque reducido al mínimo, fue notorio: la afilada hoja cortó el costado del Emperador a la altura del riñón, lo que provocó que perdiera la concentración por una fracción de segundo, pero al mismo tiempo lo hizo replantear su estrategia.
En la ventaja de la apertura causada por un ataque tan elaborado, Xiao-Lang dio un pisotón que hizo vibrar el puente completo, con ello, el retorno del arma de su oponente varió un poco y obtuvo el efecto deseado: lo descontroló. En esa oportunidad, Li invocó sus pétalos de viento, que hicieron al menos una docena de cortes leves, pero dolorosos por toda la humanidad de Yuuto.
Lanzar una pequeña muestra de dolor era un lujo que no podían tener, a pesar de ello, el Diablo se lo permitió. Eso le dio al Emperador la oportunidad que necesitaba.
La distancia entre ambos se cerró en algo más breve que un parpadeo. Frente a frente, Xiao-Lang blandió la espada sobre su cabeza, mientras que Yuuto sólo pudo levantar los brazos en actitud defensiva.
La hoja cayó, rasgó las mangas y la piel del burócrata, quien saltó hacia atrás, en evasión a una llamarada que había nacido del golpe de espada. Se sacudió los brazos, nuevamente sonriente.
—¿No se lo dije? —preguntó confiado.
—¿De qué está hablando? Casi muere.
—Exactamente: cambió la intención de un ataque perfecto que pudo mutilar mis brazos, y me dejó ir —notó que Xiao-Lang endurecía el gesto—, usted, señor mío, no es un asesino, le tiembla la mano para arrebatar una vida… no tomó la mía, y por esa indecisión, lo haré perder todo.
En un ánimo casi lúdico, el Dragón del Destino retomó la batalla, cada vez más audaz, beligerante y pendenciero, que si bien reconocía el talento y espíritu guerrero de su oponente, desdeñaba su ausencia de ansia de sangre.
Entre comentarios ácidos y risas, Yuuto no temió ser acorralado, pues a cada oportunidad de Xiao-Lang de terminar el combate, la espada provocaba un corte doloroso, y hasta cercano a lo incapacitante, pero ni por asomo, mortal. Esa condición fue aprovechada por el matón para contraatacar, sólo que sus intenciones sí eran homicidas.
Después de un intercambio bastante violento, Li saltó a duras penas para ganar unos segundos de tregua. Había recibido un corte profundo en la cara interior de su muslo, cerca de la ingle, que además del dolor, le causaba una gran incomodidad para caminar, aunque le tomaría apenas unos minutos recuperarse por completo.
En toda su vida, nunca había enfrentado un conflicto moral como el que tenía enfrente. La primera mitad del siglo veintiuno, aquella en la que el líder del Clan Li nació, le había dado un montón de herramientas para evitar las violentas confrontaciones que se tuvieron en antaño. No vivió una guerra, y aunque estuvo en peligro más de una vez a manos de gente malvada, nunca le tocó a él ser el ejecutor. Y aunque Shandian había muerto por la espada que él empuñaba, el mismo fallecido había llevado el filo a su pecho, lo que convertía a Xiao-Lang en un verdugo condicional.
No era que no estuviera determinado o ignorara las consecuencias de su inacción, sino que su cuerpo no había respondido a la orden de pasar por la espada al hombre delante de él, los desvíos hechos, no habían sido órdenes conscientes de su mente, sino impulsos orgánicos que terminaron desvirtuando los ataques.
Tal vez Yuuto llevaba la razón: no estaba en su naturaleza matar, no era un mal hombre, conocía y llevaba una vida ejemplar de generosidad y compasión. Y ese paradigma debía ser roto, en aras de llegar a un futuro cada vez más incierto. Lo que era más: en un razonamiento más frío, esa ausencia de instinto asesino era una desventaja… El expertise de Li era tomar esas desventajas y convertirlas en oportunidades… sólo debía darle más confianza al oponente.
—Eso es lo que trae como resultado aquello que usted califica como "una vida digna", señor Li. La esperanza de que algo tan abstracto como la justicia o el karma lo asistan de forma natural, es sólo una triste ilusión, algo que nos permite vivir sin la responsabilidad de nuestro propio placer y realización. Una visión, que, si me lo permite, desprecio profundamente. Tómese usted mismo como ejemplo.
Ante esa nueva provocación, Xiao-Lang levantó la espada al cielo, la presión en las alturas disminuyó y creó densas nubes negras en un instante, de las cuales bajó un violento relámpago.
Yuuto golpeó el asfalto con los cables de su arma, levantó con ello parte parte del hormigón y los autos que estaban ahí, y obtuvo un diminuto domo que lo salvaguardó de la descarga. Enredó una pieza de concreto de varias toneladas, y luego de tomar impulso, la lanzó contra el emperador.
Xiao-Lang ni siquiera se movió, esperó a que el proyectil llegara para partirlo de un golpe de espada potenciado con viento.
No contó, sin embargo, con que su adversario se había lanzado detrás de la roca.
En una sucesión tan rápida como sorpresiva, los puñales de Yuuto hirieron en varios puntos a Xiao-Lang, el cual pudo a duras penas mantener sus órganos vitales al margen, aunque no pudo evadir la cadena, que actuó como un fuete y lo golpeó directo en la nuca.
El kabuto de su armadura cumplió su función al liberarlo de lo que pudo ir de un desmayo hasta una conmoción, pero se partió en dos, y apenas escapó del ataque, Xiao-Lang retiró los seguros, y lo dejó en el suelo con aprehensión.
El estrés del lobo aumentó. No era que sintiera compasión o algún tipo de empatía con el hombre ante él, siendo sinceros, le desagradaba bastante, y no sólo por el título antagónico que ostentaba, sino que su cosmovisión misma le parecía despreciable. Era algo aún más profundo y arraigado en el núcleo mismo de su ser…
—Sé lo que está pensando, señor Li… y en mi infinito ánimo de ayudar a los demás, lo liberaré de esa terrible responsabilidad que el mundo puso sobre sus hombros.
La sonrisa que desfiguró el rostro de Yuuto hacía una perfecta representación de su arcano. El Diablo se lanzó hacia Li, que cercano a uno de los barandales del centro del puente, echó mano de todos los elementos para tratar de detener la brutal embestida que iba a por él. La esfera metálica que custodiaba el cuerpo de Dragón del Destino resultó impenetrable para la tierra e incluso para el viento, y aunque el Emperador pudo amortiguar el golpe que lo alcanzó, el empuje fue tal que la sección del puente estalló, y arrojó una parte importante de la construcción hacia el agua.
El polvo y el ruido dejaron a Xiao-Lang incapaz de ver o escuchar por algunos segundos. Lo único que tenía claro era que caía, de una distancia considerable, pues llevaba un buen rato en el vacío, y cuando finalmente pudo salir de la nube, se vio a sí mismo junto con varias toneladas de detritos del puente en libre descenso hacia el río, mientras escuchaba a la distancia los gruesos cables de soporte reventar y causar aún más destrozos, con el resto de la estructura castigada por su involuntaria elasticidad.
El impacto lo había aturdido más de lo que pensó, y todo empeoró cuando su cuerpo tocó el agua. Sin importar cuánto poder tuviera, una caída de esa altura no era algo que pudiera ignorarse. Su cuerpo se comprimió de tal manera que se quedó sin aire al momento, y temió haberse roto más de una vértebra, aunque como pudo, aferró el mango de su espada.
Intentó con todas sus fuerzas nadar para recobrar la superficie, mientras que a su alrededor caían los despojos y algunos vehículos del puente, mismos que trató de evadir lo mejor posible, para evitar que alguno lo arrastrara al fondo.
Faltaba sólo un par de metros para salir del agua y recuperar el aliento, y lo peor que pudo pasar, sucedió.
En la misma pila de escombros en la que finalmente haría tierra, Yuuto apareció, ileso, evidentemente mejor preparado para esa caída que su oponente. Con esa innatural inteligencia que el cable de su arma poseía, dio una vuelta el cuello de Xiao-Lang, y la punta contraria viajó hasta un trozo de concreto de varias toneladas que se hundía lentamente, en cuya estructura se sepultó, y comenzó a hacer una terrorífica presión sobre la zona cautiva.
Yuuto, con esa perfectamente actuada sonrisa benévola, se inclinó sobre el agua.
—¿Puede escucharme, señor Li? —de ver la expresión de ira y desesperación del lobo, el matón marcó aún más su sonrisa—. En vista de que es así, déjeme decirle que esto es lo mejor. Al parecer, la burocracia cósmica cometió un grave error en hacer a usted un Dragón de la Voluntad. Al igual que sucede con la señora Li, carecen de la fuerza y el carácter necesario para una misión así de importante. No se sienta mal, la culpa ciertamente no es de usted. Lo que pase desde este momento, es sólo una consecuencia. Usted dio lo mejor, y por eso, tiene mi respeto… aunque eso no cambia el hecho de que disfrutaré de ver cómo se ahoga… o que la cuerda y la presión lo decapiten, cualquier escenario será digno de presenciar. —Levantó la vista, ante un ruido que era inaudible para Li, pero que podía sentir en su cabeza con horrorosa claridad—. Y así comienza…
La parte más alta de la barrera comenzó a agrietarse. Con mayor desesperación aún, Xiao-Lang tiró de su delgada prisión, pero el cable no cedía ni un poco. No tenía fuerzas, y la densidad natural del agua evitaba que Wu-Xing golpeara con fuerza suficiente a la cuerda para romperla o siquiera mellarla. iracundo, pensó en todas las maldiciones que conocía, mientras se resistía con toda su alma a desmayarse, aunque incapaz de escapar a la ineludible verdad: estaba perdiendo… estaba muriendo… y todo lo que juró proteger, se perdería en su ineptitud.
Y ante la visión de su fracaso, imploró perdón.
XXX.
Fin.
Mi gratitud para WonderGrinch y CherryLeeUp, por su lectura y guía.
