"Buenos días" Hogar Sagae

La mañana siguiente es un nuevo día de trabajo en una modesta casa-apartamento, el sol ya coronaba en el este y el despertador de un celular sonaba queriendo cumplir la misión encomendada. Despertar a una chica pelirroja.

—Moo…que fastidio…—una chica pelirroja toma el celular, lo maldice a él y a la melodía que toca—10 minutos más no aran daño.

La chica vuelve a dormirse, se encuentra sola en el dormitorio, no es muy grande y juzgando su tamaño la casa tampoco parece serlo, tiene al menos un dormitorio más; un baño algo espacioso, pero es porque se comparte, el baño tiene dos puertas, para tener privacidad debes ponerle tranca a ambas, eso es una ventaja; la sala de estar es el comedor y la cocina, no es mucho pero para ella y su familia les basta.

El celular vuelve a sonar 10 minutos exactos luego de ser pospuesto y la chica pega un brinco, su melena enmarañada le da un aire juvenil y descuidado, observa la hora y maldice dormir esos 10 minutos, ahora se le ara tarde.

— ¡Chicos! ¡Arriba chicos! ¡Se nos hizo tarde!—así es como empieza generalmente los buenos días en la casa Sagae— ¡Fuyuka por favor, levanta a la tormenta! Ese par siempre tarda en levantarse.

—Hai, Haruki-neechan—Sagae Fuyuka, la segunda hija de Hakari, va a clases en horarios sabatinos, de esa manera puede cuidar a sus hermanos mientras que no está Haruki, tiene 15 años de edad, se parece mucho a su madre exceptuando el tono de su cabello, que es un poco más claro. Segunda al mando en esa casa.

—Saburo ¿Puedo contar contigo para acompañar a la tormenta y a Hana-chan? Tengo que llegar pronto a la construcción.

—Sí, Nee-sam—Sagae Saburo, como su nombre lo indica, el tercer hijo, el mayor de los varones, con 14 años ya es un chico apuesto, un poco serio pero toma muy en serio su papel de hermano mayor, asiste a sus clases en la tarde, su cabello oscuro y algo desordenado es igual al de sus hermanos pequeños, los gemelos Sagae Akira y Arashi, de 9 años, conocidos como la tormenta brillante, dos bribones que se meten y salen de cada lio digno de recordar, son los hermanos mayores de Sagae Hana, una linda niña de 6 años, cursa su primer año en la esucela, jamás causa un solo problema a la familia, casi tan calmada como una de sus hermanas.

—Misuki, ¿no me digan que esa pequeña rebelde ya se escapó?—una linda castaña que usa sudaderas de colores llamativos, Sagae Misuki en contra de su linda apariencia con su cabello esponjado y suave, es una de las chicas mayores de la familia, con 11 años apenas cumplidos pocas cosas le interesan aparte de su familia y salir a la calle, reservada pero amistosa.

—Que grandes son las esperanzas que tienes en mí, Haruki-neechan; solo estaba despertando a Hayaka—la viva imagen de su madre, Sagae Hayaka es casi el reflejo de Hakari, su cabello y ojos son los mismo que los de su madre, pero ella es muy tímida, a pesar de ser la 4ta hermana mayor, pasa muy desapercibida por los demás, solo Misuki parece ser la excepción a la regla, se les ve siempre muy juntas.

—Lo siento Misuki, pero razones hay muchas o y buenos días—sonreía con cierto humor por su equivocación, le dio una ojeada rápida al hogar, la mañana siempre era un caos, gritos en el baño, el sonido del desayuno y la licuadora, bostezos y algunos llantos, sí, no había un buenos días como en la familia Sagae—je…buenos días chicos.

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—Muy bien chicos, ya los quiero listos y en fila—Haruki terminaba de abrocharse el uniforme, como siempre traía sin falta uno de sus pokys—Hana, Saburo te acompañara hasta tu escuela, pequeños punks, irán con Saburo, ¿entendido? Nada de desviarse, la última vez tuve que salir a mitad de jornada por culpa de su retardo de 3 horas.

— ¡Hai! ¡Haruki-one-chan!—su saludo militar junto con una sonrisa pícara de parte de esos dos hizo a la pelirroja de la familia sonreír "vale la pena trabajar por esto".

—Muy bien, entonces cuento con ustedes—les entrega a los menores un poky y salieron los primeros 4 Sagae, corriendo como siempre—Listo, siguiente pelotón.

—No nos molestes con eso, Haruki, ya sabemos la rutina—Misuki llevaba su maleta al hombro, sus shorts y su inseparable sudadera—Vámonos Hayaka—toma un poky y sale a paso tranquilo.

—No-nos vemos, Haruki-one-chan.

—Hai, cuídense mucho por favor—veía a los jóvenes salir con energía, la pequeña Hana subida en la espalda de su hermano mayor, tan pronto llegaron a la esquina tuvieron que echar a correr, el perro pastor alemán de la vecina, Choco, siempre los perseguía cuando pasaban por enfrente de la tradicional casa "jeje novatos" se da la vuelta para ver a los que quedan—muy bien, me voy, Fuyuka, te encargo a las pequeñas Yuki y Mei, dormirán seguro una hora más y en cuanto regrese Saburo que vaya al hospital, el pago esta en el cajón de la cocina, que no olvide la factura; el casero vendrá, quiero que pagues el agua, el gas y la luz. Con el resto compra la comida para hoy mañana y pasado.

— ¡Pero Haruki-nee-sam! Eso es demasiado, ¿estas segura que podemos pagar todo eso? Estaría usando lo último que nos queda y la semana que viene llega la nueva factura del hospital y…

—Descuida Fuyuka, lo tengo cubierto—le regalo una sonrisa y le ofreció un poky—déjaselo a tu hermana ¿Ok?

—Haruki-nee-chan…hai, cuídate mucho y no tardes—le regalo una sonrisa Sagae y despidió a su hermana mayor en la puerta, esta corrió a la construcción, esa era la rutina, los pequeños debían apurar el paso si querían llegar a tiempo a la escuela, ninguno en la familia tomaba el autobús, era demasiado caro, incluso Haruki, que debía correr 15 cuadras cada día se daba el lujo de tomar el autobús.

El perro de la vecina no era el único en la cuadra, pronto un enorme Husky le salió por detrás, gruñendo y mostrando los dientes.

—Bueno, al menos me mantienen en forma—sonriendo con el poky en la boca acelero el paso para luego echar a correr con el perro ladrando—hay que coger el ritmo. ¡¿No?! ¿¡Horo!?—soltó una carcajada por su situación, hablándole al perro que quería hincarle los dientes, el día iniciaba muy bien.

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—Así que último día, bueno no es como que haya mucho más por hacer—observaba orgullosa la construcción, era un edificio de apartamentos de aspecto modesto, solo faltaba que los amueblaran y condicionaran—espero muchas familias disfruten de nuestro trabajo—Caminó hasta la oficina improvisada de su contratista—Buenos días, Fushioya-sam.

—Oh, buenos días Haruki, ¿ya lista para el cierre?

—Sí señor—anoto su nombre en la libreta junto con su hora de entrada.

—Muy bien, aquí tengo tu último pago, termina tus labores de hoy y venlo a recoger a las 5pm.

—Muy bien, que tenga buen día señor Fushioya.

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—Con esto podré pagar a tiempo la cuenta del hospital de la semana que viene, bueno, es mejor así, no me gusta deber nada, especialmente al hospital…—observa el cielo, se notan los toques anaranjados por la puesta del sol, hoy llegan las facturas…espero los plazos de pago no sean muy reducidos, tardare un día o dos en conseguir un nuevo empleo con sueldo semanal y en ajustar los gastos…—toma otro poky de su caja, se queda un instante viendo al frente, los árboles mecían sus hojas con el viento y revolvían un poco su melena, recordaba que esa misma tranquilidad había sentido en la academia, justo antes de ese día—ma, ¿qué le vamos a hacer? Si aún estoy viva es porque debo trabajar más duro—así comenzó a correr pasando por el lado de un enorme edificio, rodeado de un enorme muro de concreto y con muchos cristales del lado de enfrente, todos polarizados, justo al pasar por la puerta principal su poky se quebró a la mitad— ¿oh?…—observa el edificio con escudriño, no tenía idea de a qué se dedicaba, no había letrero pero si parecía muy muy importante por su enorme tamaño y apariencia lujosa, un pequeño escalofrío le recorrió la espalda y la imagen de sus guantes guardados bajo una tabla le llego a la mente—tonterías.

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—Muchas gracias por el oden, Fuyuka, delicioso.

—Quiero más, Fuyuka-one-chan.

— ¡Yo también!—ambos diablillos extendían su tazón vacío con restos de arroz en sus bocas.

—Lo siento chicos, no hay más, eran justo 10 platos.

—No puede ser—ambos se echaron con pesar sobre el suelo.

—Lo siento, lo siento, pero ya verán que pronto les traeré para que puedan repetir, solo sean un poco pacientes ¿vale?—la mayor era la que veía por el sustento de sus hermanos más jóvenes, dependiendo de que tan bien le fuera en su trabajo, era como la familia cenaba.

—Lo mismo dijiste el mes pasado y solo pudimos repetir el arroz.

—Misuki—el tercer hijo llamo la atención, era algo que pasaba, Haruki trataba siempre muy duro de nunca faltar a las promesas, pero no siempre las cumplía como esperaba o como sus hermanos y hermanas esperaban.

—Je…les prometo que nuestra situación cambiara chicos, confíen en su hermana—observaba la luna llena tras ella, la ventana siempre daba un lindo panorama de ella, unas manitas le jalaban de las mangas pidiendo su atención.

—One-chan… ¿puedo comer un…un…?

—Je, claro Mei, aquí, es casi el último—le entrega el dulce a la menor de toda la familia, su cabello oscuro llegaba hasta su espalda, quien lo toma con timidez y lo parte a la mitad para correr hasta su hermano mayor, esos dos eran muy unidos y eso alegraba a Haruki, Mei era la más timida de todos, no parecía una Sagae, casi no hablaba con nadie que no fuese Saburo y solo pedía un poky cada cierto tiempo.

— ¿Cómo les fue en la escuela?—su madre siempre hacia esas preguntas, los hacía sentirse como una familia normal, salir de esa pequeña casa donde lo único que les faltaba era que su techo se callera sobre sus cabeza.

—Nada que reportar.

—Le encargare a los gemelos que hagan trabajo de investigación después, ¿qué tal tu Sabu-kun? ¿Alguna chica linda tras los huesos de mi hermano?

—No me gusta ninguna chica Haruki, lo sabes—su mirada siempre seria, cambiaba solo cuando sonreía nítidamente a su hermanita menor mientras le entregaba lo que quedaba de poky—la mayoría están inmersas en su mundo de dinero y relaciones sociales, estuve haciendo trabajos extras en la biblioteca antes de entrar a clases, un amigo dijo que pagaría si le escribía un par de ensayos.

—Sabes que no me gusta que hagas el trabajo de otros.

—Lo iba a ayudar de cualquier manera; llevare a Mei a la cama, vamos Yuki—de esa forma salieron camino al cuarto que compartían todos los hermanos, excepto Saburo, él insistía en que ya no tiene edad para dormir con sus hermanas y hermanos, por lo que pasaba las noches en el sofá, secretamente dormía allí para cuidar a su familia de cualquier intruso nocturno.

—Quizás los demás ya deberían ir a la cama, son pasadas las 10, los menores de 14 deberían estar durmiendo hace ya un rato.

—Que fastidio, aun no quiero dormir.

—Qu-quizás deberías hacer caso…Mi-misuki.

—No tartamudez mi nombre Hayaka, sabes que no me gusta, uff vale anda vamos, pondré el futon—quebró la mitad del poky de Haruki y camino al cuarto, la mayor pudo ver claramente como volvía a partir el chocolate y le daba la mitad a su hermana mayor. Eso enternecía siempre a Haruki, veía a su familia pasar hambre pero ninguno le negaba un bocado de poky a alguno de sus hermanos.

— ¡Dame ese chocolate!

—Ni en sueños ¡Me lo dio Sasanaga-sam en la escuela!

— ¡¿Sa-sasanaga-sam?! ¡Eres hombre muerto!—bueno, al menos la mayoría de los hermanos comparten; tomo el chocolate en discordia y se lo dio a la pequeña Hana de 6 años, frente a las miradas lagrimosas de sus hermanos gemelos.

—Dulces sueños, Hana-chan—le acaricio la cabeza y la mando a su cuarto, con sus dos hermanos arrastrándose tras ella pidiendo un pequeño trozo de chocolate.

— ¿Quién es Sasanaga?

—La maestra de educación física de esos dos Romeos, curvilínea y muy linda— "¿dos Romeos? Jeje lo dudo, conozco a un buen Romeo y estos dos no se parecen en nada a Namatane", parece que a Arashi-kun se le bajo un poco la presión y le dio ese chocolate junto a un jugo.

— ¿Fue por la falta de bento?

— Puedes atribuírselo…

—Aquí, Fuyuka—le entrega su cheque—es mi último pago en la construcción.

—Oh…con esto podremos pagar el hospital de esta semana…pero…no sobrara mucho para los otros gastos y…llego esto—era un sobre negro con el logo de la academia Myōjō, eso solo significaban problemas—y…una nueva carta del hospital…

—Dame por favor todas las facturas que tengamos por pagar…yo me encargo ¿vale?—le brindo una sonrisa tranquilizadora, una que su hermana no podía creer, solo dejo unas cuantas cosas en la mesa y se retiró igual a la habitación—veamos qué tan mal estamos ahora…

La primera carta que abrió era la de su antigua academia, habían pasado solo 3 meses desde que salió de la clase negra, uno de esos meses la pasó con un yeso en el brazo izquierdo, la academia pago los gastos de esos meses, un pequeño préstamo y parece que estaban cobrándole ahora y con intereses.

—Nio puede ayudarme…quitar los intereses y esperar…o al menos eso creo…no quisiera deberles a esa academia y que mandaran a…cobrar—la suma era el doble del cheque que trajo a casa—siguiente carta.

Su cara se contrajo al leer, era del hospital en que su madre estaba internada, las cosas se complicaron y era necesaria una intervención quirúrgica, la vesícula de su madre había picado una infección, junto a la carta venía los costos de todos los medicamentos que requeriría luego de la operación y el costo de la misma, apretó la carta luego de leer la suma total, era dos veces la cifra que la academia había enviado pero restando intereses.

—No es demasiado…podemos arreglarlo, solo tengo que…—no completo la frase, agradecida por estar sola abrió la última carta, era de la renta de su casa/apartamento, tal parecía que le daban un plazo de dos semanas para pagarle la suma total de sus deudas o los desalojarían. La cantidad equivalía a lo mismo que la academia enviaba—… ¿Por qué?...—se tapaba la boca para no dejar salir los sonidos lastimeros, sentía como si una enorme losa de cemento callera sobre su espalda, su estómago se contraía y un frio la recorrió entera, "la desolación debe de sentirse de esta manera", cada una de esas cartas era importante, debía pagar el hospital y la cirugía de su madre, eso era prioridad, pero tampoco podían quedarse en la calle o permitir que la academia de asesinos enviaran gente a cobrarle—esto es…demasiado…—su vista se empaño de repente, estaba llorando—si tan solo no hubiera fallado…podría pagar la operación de mamá…y no habría que pagarle a Myōjō por el brazo roto…yo…yo…

Volcó la mesa y salió corriendo por la puerta delantera, sin saber a dónde es que la llevaban sus piernas, solo quería correr, tropezaba un par de veces hasta agarrar un ritmo, quería distraerse, sentía que huía de una criatura que le quería hacer daño, no notó que tomaba las calles que la llevaban a su antiguo lugar de trabajo, la constructora.

No volteo a ningún lado camino allá, ni siquiera cuando disparos y gritos se escuchaban en el edificio de esa misma tarde camino a casa. Ese enorme edificio que tenía fachada de ser importante.

Cada cap que subo ya tiene su continuación guardada, depende de que tanta aceptación tenga el fic para que actualice.