Día 3: historias divididas

El semáforo emitía una luz roja y ella esperaba paciente a que le diera el paso, no tenía prisa por llegar a algún lugar, en realidad no tenía que ir a ningún sitio, solo se encontraba paseando por la ciudad sin un rumbo fijo, teniendo como guía sus pies y su instinto a la espera de que una idea o una oportunidad callera sobre ella al igual que las gotas de lluvia. Iba vestida con un rompe vientos color gris y unas botas color negro, debajo de las prendas llevaba sólo su camisa blanca con pantalones negros que pocas veces usaba, en la boca llevaba mordisqueando un pocky. De nuevo, al igual que el día de ayer, el cielo era gris y sobre la ciudad llovía, perfilaba para ser una de las características semanas de lluvias torrenciales del verano japonés. El sonido de las gotas rebotando contra el pavimento y su rompe vientos la ayudaba a pensar sobre la situación, eso y el pocky que degustaba en aquel momento. El semáforo emitió una luz verde y pudo continuar con su travesía sin rumbo.

—Sí tan solo fuera otra persona… —dijo y suspiro.

Solo había pasado un día y las preocupaciones que ya creía tener resueltas volvían a ella como el golpe de una pelota de beisbol. Ahora tenían un integrante más en la familia de la cual cuidar, pero ese integrante resultaba más costoso y mucho más inquieto de lo que sería un recién nacido. El día de ayer volvieron los problemas a la hora del desayuno, ver de nuevo sopa de miso en la mesa no le causó mucha gracia y termino arrojando el plato al suelo para sorpresa de todos, al llegar Haruki a casa tuvo que lidiar con su humor del demonio y comprar algo más estilizado para que comiera, manifestaba deseos de salir de esa casa para estirar su cuerpo, aspirar aire freso sin contaminar por el hedor de las ratas, pero al serle negado tal deseo se desquito con uno de los pocos cuadros que colgaban en la sala y con la lámparas de la habitación donde dormía, los niños no hicieron gran avance tampoco y sólo provocaron que durante la noche volviera a gritar antes de ir a dormir. Ahora que velaba por ella debía preocuparse por comida mucho más costosa de la que su familia consumía, reparar los platos rotos que muy seguramente seguiría produciendo y con algo de mala suerte contratar ayuda psicológica para sus hermanos.

Y la cosa no dejaba de empeorar, pues Eisuke no se había hecho presente el día anterior, la promesa de llamar para velar por su hija parecía haberse desvanecido, no podía recurrir a él para exigirle más dinero por los costos extra que su cría causaba, además de reforzar la idea de comportarse que, al parecer, Isuke no había entendido o la había olvidado; el no saber nada de él también contribuía a ponerla nerviosa, aunque no lo demostrara ansiaba hablar con su "madre" varias veces le pregunto sobre él durante el transcurso de la noche, no parecía atender a razones pues aunque le explicaba que no se había comunicado exigía hablarle de inmediato. Haruki estaba desempleada en esos momentos, si la chica seguía causando problemas no tendría un fondo en el cual apoyarse más allá de aquel dirigido a las cuentas del hogar, el que ya se encontraba en números casi rojos, necesitaba encontrar un empleo para cubrir los caprichos que Isuke exigía, si Eisuke había desaparecido un día que cosa aseguraba que no lo volviera a hacer, además, no soportaría estar encerrada con sus hermanos e Isuke todo el día. Amaba a sus hermanos con todo el corazón e Isuke…bueno, digamos que disfrutaba tenerla en casa, pero tampoco podían pedirle milagros con su paciencia y nervios.

Así pues, ahora vagaba por la ciudad bajo un cielo lluvioso, a la espera de que una idea u oportunidad se cruzara en su camino. No sentía deseos de volver a casa por el momento, dejaría que sus hermanos y ella se conocieran mejor, hasta ahora no les había causado ningún tipo de daño físico relevante, bueno…quizás un daño psicológico sí, era demasiado amenazante en ocasiones.

—Aunque… pensándolo bien… —se dijo a sí misma e imagino que al terminar esta desventura probablemente sería Isuke quien necesitaría un psicólogo. La idea la hizo reír.

Estaría todo el día fuera de casa buscando una oportunidad de trabajo, tenía mucho tiempo y una gran ciudad que recorrer, en algún lugar la encontraría. Si ella se molestaba porque estuvo fuera de casa todo el día sería un pequeña precio a pagar si lograba su objetivo, ya se disculparía con ella por dejarla a solas con sus hermanos, después de todo era algo tan común entre ellas dos. Bufó un poco, ahora que pensaba en el tipo de trato que llevaban, no entendía porque se irritaba si la dejaba sola, cuando estaba con ella se dedicaba a ignorarla cuando trataba de sacarle platica o le lanzaba todo tipo de órdenes, Isuke viviendo en su casa todavía era una idea difícil de creer, no pertenecía a su mundo, al pisar un charco imagino que la situación debía ser peor de lo que creía para ella, estando lejos de sus padres, recordó el cómo hablaba de ellos y su devoción. Cuando regresara le llevaría un kakigōri como ofrenda de paz, seguro le gustaría probar algo dulce y acorde a la época, eso aplacaría un poco su impulso por probar algo más refinado, después de todo, dale un dulce de miel a un tigre y este lo lamerá gustoso…y después te comerá a ti.

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Los latosos aún no regresaban de la escuela, su nuevo sirviente había sido enviado a pagar cuentas de un hospital o algo así y la chica mayor lavaba la ropa de toda la familia. Isuke se encontraba atrapada en la sala junto a las integrantes más jóvenes de la familia; la mocosa que la había atacado en su cama que le daba idea a perro faldero y la muda de lindos ojos que no tenía presencia, así las definía en su mente. Había estado encerrada en su habitación dos días seguidos, no resistiría el pasar otro día entero recostada en aquella, así que a pesar de las ratas que rondaban a fuera se estableció en el sillón para ver la tv.

La niña caniche la veía cada cierto tiempo con ojos molestos o fastidiados, cuando esto ocurría, su hermana pasaba la mirada de ella a Isuke como si le preocupara las miradas que se tiraban; en una ocasión ambas miradas chocaron y sólo dijeron "jum" desviando sus miradas.

—Hey, caniche, tráele a Isuke un té helado.

— ¿Qué es esa cosa? ¿¡Y por qué hablas en tercera persona!?

— ¿Son tan pobres que no sabes ni qué es un té helado? Casi siento lastima por ustedes, caniche~3

— ¡Deja de llamarme así o voy a…!—se levantó del suelo e iba a decirle un par de cosas a esa chica, pero su hermana la detuvo sujetándola de la mano, la miró y esta negó con la cabeza y le indico que viera a la chica, esta sonreía con sus labios finos pero su mirada era un poco distinta, no era enojada o burlona, pareciera que esperara algo, como un depredador espera paciente a su presa, salvo que un depredador no miraría de esa forma… Dio un paso atrás y se puso en frente de su hermana menor, sentía que las piernas le temblaban un poco y el corazón le había dado un vuelco.

— ¿Qué pasa? ¿Qué vas a hacerme pequeña?~3—la niña frunció el ceño y se sentó, algo iba mal con esa chica, el día de ayer no tenía esa mirada, por más que los gemelos la molestaran—eso creí…

—Volví—voltearon las tres a ver al chico entrar, traía la camiseta un poco mojada debajo de la sudadera que traía. Ambas niñas corrieron a saludarlo y él las recibió con gusto, cargo a la más pequeña y se dignó de observar a la chica en el sofá— ¿Cómo está? Isuke-sama.

—Isuke esta aburrida, compra un té helado—se escuchó claramente el primer gruñido del estómago de la chica y Saburo le brindo una sonrisa.

— ¿Té helado? Am…no tengo por ahora dinero, Isuke-sama, pero creo que sé prepararlo—deja a Mei en el suelo—en seguida se lo traigo—entro a la cocina dejando a las niñas solas con la peli rosa, Yuki miró un poco asustada a Isuke, su hermano no podría ayudarla contra ese demonio, Isuke alzo una ceja interrogativa y la niña salió corriendo a la cocina dejando a Mei atrás.

—Sabu-niisam, ¿Qué haces?—el chico buscaba un poco de hielo en la nevera.

—Le preparo su bebida a Isuke-sama, Yuki—dijo con paciencia, parecía que no le importaba hacer de sirviente de la chica, hasta parecía gustarle por la diminuta sonrisa que se asomaba por sus labios, eso no le gustó para nada a Yuki, la chica no era buena, en el desayuno había tirado la sopa de miso de Fuyuka y le había gritado a Haruki, no merecía ser atendida por su hermano mayor, que era una buena persona.

—Esa chica no merece nada, Sabu-niisam.

—Yuki—la miró reprobatoriamente y ella sólo se encogió en su lugar, el chico volvió a preparar la bebida, en un vaso de vidrio dejo caer una cucharada de azúcar mientras preparaba en una jarra la bebida. A la pequeña se le ocurrió una buena idea, tomo el salero de la mesa y se acercó con sigilo a su hermano, el chico se alejó de la bebida y fue por un poco más de hielo, cosa que la niña aprovechó para tirar el azúcar en el bolsillo de su vestido y echar sal en el vaso, dejó todo donde estaba y salió rápido de la cocina en dirección al pasillo de su cuarto, desde allí podría ver como salía su pequeña broma.

—Aquí está Isuke-sama, un té helado para…—el chico dejo de hablar cuando vio la escena, Isuke se recargaba contra un brazo del sofá mientras leía una revista de su hermana, pero sobre su regazo estaba Mei, jugando con una de sus muñecas.

—Ya era hora, Isuke muere de sed~3—tomo a la niña por debajo de las axilas y la depositó en el suelo, una acción muy normal y común salvo por quien lo hacía— ¿a qué esperas? Dale su té helado a Isuke.

—Oh sí, sí claro—le dio el vaso que contenía tres perfectos hielos naturales, una pajilla y sólo hacía falta la sombrillita para que el vaso gritara "quiero llamar tu atención".

—Que dedicado—Mei se levantó del suelo donde Isuke la había dejado y fue a otra habitación, Isuke dio un sorbo y escupió todo igual que con los hielitos—puaj, ¿¡Qué demonios es esto!?—Yuki no cabía en sí de la risa, creía que explotaría en cualquier instante.

— ¿A qué se refiere?—Saburo no comprendía la situación, él pensó que había preparado correctamente la bebida ¿o se había excedido en azúcar?

— ¡Está salado! ¡¿Cuándo en tu jodida y miserable vida has probado un té helado SALADO?!

— ¿Salado? Disculpe pero no entiendo porque dice que esta salado, en realidad le eche azúcar suficiente, me preocupaba que fuese muy dulce.

— ¡Esta mierda no tiene nada de azúcar! ¿O es que no sabes distinguir la azúcar de la sal? Isuke debería volver a sujetarte del cuello y hacer que te tragues toda esta basura—en este punto a Yuki ya no disfrutaba su broma, de echo estaba molesta por como esa chica le gritaba a su hermano mayor, Saburo siempre cuidaba de Mei, Hana y también de ella, no merecía que le gritaran por una simple broma que ella había hecho.

— ¡Deja de gritarle a Sabu-niisam, él no hizo nada, fui yo!—se le plantó en frente ante la mirada atónita de su hermano.

—Yuki, ¿qué fue lo que hiciste? Discúlpate con Isuke-sama—le dijo serio su hermano.

—Isuke debió saber que fuiste tú, no le tienes ningún aprecio a tu vida ¿verdad?—estaba furica, ahora no sólo su sed había aumentado, su humor era una tormentosa nube a punto de desatar toda su fuerza, pero esa devastadora tormenta estaba contenida en una pequeña botella de vidrio con la palabra "ordenes de mamá" en un lado. Le entregó el vaso a la niña y le indico que lo bebiera—le gastaste una broma a Isuke, una invitada en esta casa, es justo que pagues por ello, bebelo~3

Era un tanto injusto pero su hermana Haruki les había dicho que dejaran de molestar a la chica de cabello rosa, debía resignarse y tragar esa bebida malograda, que para un niño era lo peor que le podías hacer, darle a tomar algo que obviamente sabría asqueroso. En un movimiento lento llevo el vaso a los labios mientras pensaba "ganaste esta vez, pero no será todo lo que recibas de mí".

—Espera, yo lo are—su hermano le quitó la bebida y se lo llevo a los labios de un movimiento rápido, en cuatro tragos se terminó ese asqueroso té, dejando sólo los hielos—ugh que asco—sentía que iba a vomitar.

—Sabu-niisam ¿Por qué hiciste eso? Tú no tenías la culpa de nada.

—Porque entre familia nos ayudamos y cuidamos, Yuki, quiero que aprendas eso—el chico acaricio la cabeza de la niña y regreso la vista a Isuke—le traeré otro vaso, no tardaré.

Ver esas muestras de apoyo incondicional entre simples niños pobres era algo completamente nuevo para Isuke, tomar el castigo de otro aún si no lo merecía, le parecía algo irreal en ese mundo lleno de gente que no valía una mierda; la niña miraba con admiración a su hermano cuando este se fue a la cocina sonriéndole cálidamente, "una pensaría que en su vida tan vacía pelearían entre ellos por las migajas…vaya ¿Quién lo diría? Los pobres son generosos aun cuando no tienen nada que dar", con ese pensamiento en la cabeza se acomodó nuevamente en el sofá de la sala a esperar que su sirviente le trajera un nuevo vaso de té helado.

La pequeña Mei volvió un poco después, cuando Isuke dormitaba con los brazos tras la cabeza, se subió con cuidado y se acostó en sima de ella recostando su cabeza contra el suave estomago; Isuke abrió un ojo y miro a la niña con la ceja arqueada, la pequeña sólo le brindo una sonrisa inocente y volvió a recostar su cabeza, la mayor cerro su ojo y dejó que el sonido de la lluvia le lavara esas preocupaciones que tenía sobre sus padres.

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Sobre su cabeza seguían cayendo las gotas de una suave lluvia, el sol aún no hacía apto de presencia en esa fiesta melancólica de luces grises en la que la música de la banda toca una tonada leve y relajada, tonada que se veía animada por el salpicar de las botas y el de los autos al levantar olas de agua por la calle, olas que subían a la acera y alcanzaban sus botas negras. Cada vez que esto pasaba sus pensamientos se iban volando y su atención se dirigía al chocar del agua contra su calzado, era lo más divertido del día. Volvía a levantar la vista y seguía con su marcha fúnebre, pensando y siendo distraída constantemente por el movimiento de las millones de gotas frente a sus ojos.

Hasta el momento sus pensamientos no la habían llevado a ningún lado, sus pies solo habían conseguido guiarla por la ciudad hasta perderse en el laberinto de calles y avenidas, conducida por ellos a través de bulevares sin alguna importancia. Eran ya las 2 de la tarde y todos sus hermanos debían estar ya en casa atormentando a su invitada, comiendo un almuerzo modesto pero caliente, abrigados unos junto a otros frente al televisor listo para ver sus programas favoritos, aquellos que son tan capaces de reunir a una gran manada de hermanos frente al televisor, como en los viejos tiempos familiares del mundo, cuando todas las familias se reunían frente a la caja mágica a reír y disfrutar de un solo canal y no se encerraban en su propio mundo. Con un poco de suerte aquella chica orgullosa se uniría a ellos en ese momento familiar y encontraría un poco de paz a su lado, rio un poco ante la imagen mental, sí, solo con algo de suerte pasaría. La mezcla de esas sensaciones y preocupaciones hacían que Haruki se sintiera alicaída al recorrer las calles turbulentas y casi vacías.

En ese momento deseo estar con ellos en el calor del hogar y disfrutar de su compañía, la compañía y calidez que solo la familia puede brindar, en lugar de estar afuera en una ciudad gris con frío, mojada y resistiendo las olas de viento que golpeaban contra ella. Le vendría bien la compañía de alguno de sus hermanos, la compañía de Isuke se le antojaba buena y tranquilizadora. Mientras caminaba sus ojos se posaron en una placa que indicaba el nombre de la calle por la que transitaba.

—No está muy lejos —dijo mientras la mitad de una sonrisa se formaba en su rostro. —Solo unas calles arriba. Creó que podría hacerle una visita. Todos queremos una visita afectuosa en un día lluvioso —dijo para empezar a caminar más animada y decidida que antes.

Las calles se hicieron más cortas y los locales a su alrededor se perdían con rapidez pues su caminar era más rápido. Por primera vez en el día tenía un destino al cual con seguridad debía ir, aunque este probablemente no resolvería sus problemas no importaba, probablemente estar en compañía y conversar con alguien le daría alguna idea sobre lo que debía hacer. Conversar con alguien junto a la lluvia que cae es una buena fuente de inspiración de la que grandes ideas han salido. Los hospitales eran lugares calmos, el único ruido que se oiría con la lluvia que acosaba Japón era el mismo sonido del agua y de las voces de aquellas dos damas en una habitación blanca.

Cuando vio el hospital unas calles más adelante aminoro el paso, ya no había mucha distancia que recorrer por lo que podía permitirse el descansar un poco las piernas que la habían llevado de un lado a otro desde temprano en la mañana, piernas que comenzaban a doler y tenían que convivir con los pies que ya se quejaban del frío que sentían y del peso que cargaban, el agua que se había filtrado dentro de las botas. Podría sentarse al llegar y descansar la parte baja mientras su mente se concentraba en una conversación entre dos mujeres íntimamente conocidas. Mientras atravesaba el portón principal del terreno una ambulancia pasó cantando junto a ella provocando una gran salpicadura que arremetió contra sus piernas, el empuje del agua consiguió sacarla un poco de balance y una parte de esta cayo dentro de sus botas, más allá de molestarse el pequeño acto le causo gracia. Comenzaba a sentirse contenta pues no podía llegar deprimida a aquella habitación.

Antes de entrar al hospital se detuvo en la puerta para quitarse las botas, vacío el contenido sobre el patio dejando que se mezclara con el resto del agua que se acumulaba en charcos. A pesar de todo sus botas seguían mojadas y escurriendo. Cuando entró dejando un pequeño rastro de huellas en el piso de cerámica el conserje en turno volteo a verla con el ceño fruncido, Haruki levanto la mano y le ofreció una sonrisa con los ojos cerrados como saludo y disculpa "Tranquilo hombre, estoy segura que hoy no soy la primera ni la última que arruinara tu trabajo" pensaba mientras saludaba.

El hospital no era diferente al concepto clásico que se tiene de ellos. Paredes pintadas de un pulcro blanco, lozas de cerámica color blanco mancilladas por el color marrón del lodo que traían pacientes, familiares y demás, había tablones de anuncios pegados en las paredes con algunos panfletos sobre ellos "Evento Suikawari patrocinado por el hospital, punto de reunión hospital Aiiku. Próximo domingo partiremos en autobús a la playa en horario de las 10 de la mañana" podía leerse en uno, filas de sillas azules con ocupantes sobre ellas se hallaban repartidas por las paredes del vestíbulo principal, en el vestíbulo había un cubículo en el medio de todo donde se encontraban las recepcionistas vistiendo, efectivamente, blanco, detrás de ella se encontraban un par de ascensores y escaleras que llevaban a los pisos superiores, a su izquierda había una pasillo en el que se encontraba la farmacia y a su derecha el pasillo llevaba hasta los consultorios. En ambos pasillos y en la puerta principal se encontraba un guardia de seguridad de uniforme azul, esos uniformes que desde pequeña le hacían tener una sana curiosidad de cómo se sentiría el tacto de aquella tela. Camino hasta estar frente a frente con la recepcionista que hablaba por teléfono.

—…en un momento lo comunicare doctor… —decía la chica con una voz calmada y tranquila. Era una chica que aparentaba una edad bastante más corta de la que realmente tenía, de ojos color miel, piel blanca y tersa, de cabellos azulados con un tono gris era una chica delgada y bonita. Al ver llegar a Haruki sonrío de manera relajada. Las ironías de la vida.

—Yo —le dijo Haruki al tiempo que levantaba su mano derecha haciendo el símbolo de la paz. La chica levanto su mano libre y le dio un pequeño saludo al tiempo que hacia un ademán para que aguardara. Las recepcionistas siempre han tenido un placer macabro por hacer esperar a aquellos que tienen el infortunio de cruzarse con ellas, algo casi imposible de evitar en el mundo moderno, y mientras tratan con ellos, ser lo más irritantes posibles, pareciera que fuera un pequeño desquite con los demás que alegraba su vida al verse atrapadas en el tedio de su aburrido trabajo. Pero esta chica no lo era, solo era su deber.

—…si doctor, haré que se lo lleven —dijo y colgó el teléfono. Su atención se centró en la chica del rompe vientos empapado que estaba frente a ella —Haruki, hola —dijo mostrando emoción sin perder su rostro tranquilo y sereno — Que sorpresa verte por aquí, me alegro de verte. No te esperábamos hasta dentro de quizás un par de semanas.

—Hola Suzu, yo tampoco esperaba verme por aquí tan pronto. Fue algo que surgió de la nada en medio de un paseo bajo la lluvia—le confesó a su antigua compañera.

—Vendrás a verla supongo ¿Y tus hermanos?

—Así es. Han pasado un par de cosas y me gustaría platicarlas con ella a solas, ellos no han podido venir hoy.

—Ya veo. Bueno, el horario de visita aún sigue en pie y ya sabes cómo llegar. —al terminar la frase hizo un ademán con su cabeza que señalaba los elevadores detrás de ella.

—Gracias —se acercó hacia el cubículo para llenar el papeleo necesario para ingresar a las habitaciones, el registro de visitantes era cosa estricta en el hospital. Antes de que pudiera tomar el lapicero de cortesía sobre la barra Suzu la detuvo.

—Deja que me encargue de esto, yo me encargo del papeleo, entra de una vez. Después de caminar bajo la lluvia debes estar ansiosa por verla.

—Je, Gracias de nuevo Suzu —la chica sonrió en respuesta y bajo la mirada hacia la libreta que tenía enfrente. Comenzó a escribir el nombre de la visitante imitando de manera exacta el estilo de letra, saco un formulario de un cajón frente a ella el cual lleno y firmo como si lo hiciera la misma Haruki, después de haber vivido tanto tiempo, una persona se volvía extremadamente talentosa en diversas áreas, más aún si teniendo la sabiduría y experiencia de un anciano se le suma la energía y la curiosidad de un cuerpo joven. Termino de escribir justo cuando Haruki llegaba frente al ascensor —Deja esa prenda mojada aquí ¿quieres? —Le grito antes de que pudiera entrar —Nuestros conserjes se están quejando más de lo habitual —ella rio un poco irritada y volvió hacia ella para entregarle el rompe vientos.

Mientras subía por el ascensor intentaba ordenar las palabras y las ideas que le diría. No sabía por dónde iniciar ni si sería prudente decir ciertas cosas. Quizás el hecho de una fiera salvaje viviendo bajo el mismo techo que unos niños no era algo que debiera decirse, ni tampoco el hecho de que la familia tuviera deudas con personas con las que no se debería jugar, esos detalles debían omitirse… de cierto modo. Pero al mismo tiempo tenía que contarle todo pues así podrían trabajar juntas para llegar a una mejor idea, aunque claro, lo haría omitiendo detalles y entregando una versión distorsionada de la realidad. Además, sentía que así debía hacerlo pues ella merecía saberlo. La música inspiradora de la lluvia era opacada por el tono del elevador subiendo que la acompañaba, era un sonido agradable. Al salir de él volvió a ver el mundo exterior azotado por la lluvia. Camino por el pasillo hacia la derecha encontrándose con un par de enfermeras, ambas con toallas en manos, en el piso podían notarse el brillo y la suciedad del agua mezclada con tierra que ya habían dejado otros al pasar por ahí. Más adelante se encontró una señora que aseaba, le dirigió una mirada cargada de furia al verla pasar sobre el charco y dejar más huellas detrás de sí "Me pregunto si otro de sus compañeros me arrojara mal de ojo" se dijo mientras la dejaba atrás. Las puertas de cada habitación tenían un nombre que correspondía al "huésped" en turno. Avanzar por ese largo pasillo blanco la ponía un poco nerviosa, cada nombre que dejaba atrás era un paso que estaba más cerca de su destino, al que ahora no quería llegar, su mente le decía que no tenía que llevarle una carga así, pero sus pies traicioneros la obligaron a seguir avanzando hacia el umbral de sentimientos que era esa última puerta en cuyo nombre se leía Sagae Hikari, cuando estuvo frente a ella ya sabía que no había vuelta atrás.

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Las tardes lluviosas eran quizás las favoritas de Isuke para dormir, el sonido tan tranquilo del agua azotando las ventanas y las calles era lo único que se escuchaba, eso y el sonido no molesto del lápiz de Fuyuka, que estudiaba para sus exámenes de ingreso a la preparatoria, estaba de buen humor al dormir, ni siquiera el peso extra de la hermana pequeña de los Sagae la molestaba en su siesta, incluso, no le molestaba en lo más mínimo tener en su presencia a esa enana, quizás porque le recordaba a ella cuando tenía su edad hasta cierto punto.

Pero la paz que disfrutaba por primera vez en la sala de ese hogar se vio rota intempestivamente ante los ruidos de la manada que llegaba de la escuela en un día lluvioso, escuchaba como subían corriendo las escaleras hasta el piso en que vivían, sus gritos y risas lograron sacarle un gruñido a la vez que se enderezaba con cuidado para no despertar a Mei, dejo recostada su pequeña cabeza en sus piernas.

— ¡En casa!—dijo Saburo que traía bajo su chamarra en la espalda a Hana para que no se mojara camino a casa, tras él entraron en tropel los otros cuatro hermanos y así, sólo en un minuto la sala se había llenado de pisadas enlodadas, todos habían olvidado quitarse las botas antes de entrar y el desastre llegaba hasta la cocina, pisadas fangosas que le daba una sensación de suciedad a la que no estaba acostumbrada.

—¡Llegamos diosa Isuke!—gritaron los gemelos al entrar a casa y sin quitar sus chamarras que escurrían, entraron disparados al cuarto de Haruki donde dormía Isuke— ¿¡Donde está la diosa!?—preguntaron asustados por no encontrarla despertando a su hermana menor.

—Su diosa está en el sofá con Mei—dijo Saburo con una sonrisa depositando a Hana en el sofá.

— ¿¡Qué!?—gritaron viéndose a los ojos y corriendo frente al sofá.

— ¡Eso es traición, Mei!—gritó uno de ellos señalando acusadoramente a la niña ya un tanto sorprendida— ¡¿Cómo te atreves a dormir en brazos de nuestra diosa.

— ¡Cuando ella no nos brinda ni un beso de buenos días!—a esto le siguió un berrinche de parte de esos niños en los que se tuvo que meter Fuyuka para calmarlos. Así comenzaba su tarde en esa casa.

—Tenían que llegar justo cuando Isuke concilió el sueño ¿verdad?—dijo hablando a nadie en particular pero la pequeña Mei junto a Hana le sonrieron, la primera sin despegar los labios y la segunda mostrando una sana dentadura sin un diente de leche; ambas sentadas tranquilamente a su lado, Mei cerca de ella y Hana al lado.

La sala era un desastre controlado: la entrada de esa casa era un lodacero, los niños Sagae habían entrado con más entusiasmo del que Isuke apenas se acostumbraba; todas las botas de lluvia estaban ahora en la entrada, puestas cuidadosamente para que escurrieran toda el agua de dentro; rompe vientos, suéteres y chamarras escurriendo, así como gorros para la lluvia, todo completamente empapado y haciendo charcos en donde habían sido arrojados sin miramientos, en el suelo estaban la mayoría, Isuke se sacó de la cabeza un gorro y lo arrojo por allí; y no nos olvidamos de quienes portaban esas prendas al regresar a la escuela, todos ellos reían y hablaban en la diminuta casa no echa para tal cantidad de niños; en la cocina el mayor de los varones junto a Fuyuka se encargaban de preparar algo de chocolate caliente para todos ellos. Los gemelos sacudían sus cabezas regando agua por la sala, su hermana mayor que parecía tener colmillos de lobo al reír, se les unió tan pronto verlos, la imagen era graciosa en cierto sentido, se les podría comparar a una jauría de cachorros jugueteando y mordiendo todo lo que estuviera a su alcance y peleando entre ellos.

— ¡Iré a ayudar a Sabu-nii-chan!—la caniche sonrió a sus hermanos que hacían una perfecta imitación de una jauría de cachorros luego de una tarde húmeda, se le notaba en la cara lo feliz que estaba porque estuvieran devuelta en casa.

— ¡También nosotros!—dijeron a unísono la tormenta luego de echarle una ojeada a Isuke.

—Que gusto estar en casa, ¿no crees, Hayaka?—pregunto la chica sentándose en el suelo y apoyando la espalda en el sofá con el control remoto en mano, regresando a la vida a ese señor televisor.

—S-sí Misuki, es a-agradable—la chica tímida se sentó alado de la niña Hana, que le hizo espacio haciendo que Mei se subiera a las piernas de Isuke.

—Cuidado Mei, la señorita podría molestarse por subirte a sus piernas—ese era un tono burlón, pero Isuke no le prestaba gran atención, veía con interés a la joven Hana, apenas ahora hacía cuenta de ella. "Tiene 6 años…los que… ¿hace cuánto fue? ¿Doce años? No quisiera recordarlo…ignora a la mocosa, Isuke, sólo ignórala y no tendrás que recordar malas épocas" desvió la mirada de ese rostro soñador y lleno de vida, una vida por delante "que suerte tiene algunos…"

— ¡Aquí está el chocolate caliente!—gritaron los pequeños con tazas de varios tamaños y colores en sus manos, cada uno tenía una taza en mano—diosa, aquí tiene el suyo—uno de los gemelos le entregó una taza blanca con chocolate humeando, sus estomago hizo un ruido ya muy conocido en esa casa, desayunar sólo el cereal de Haruki y tomar agua la dejaba con mucha hambre; la consistencia del líquido era un poco más espumosa que del café y el color era sólo poco más claro, nada parecido al chocolate de su mamá, lo único que parecía hacer bien en la cocina.

—Isuke pasa~3—dijo alejando el chocolate, en contra de los deseos de su estómago, y dándoselo a Hayaka, que lo tomo con un pequeño gritito de sorpresa.

—Oh vamos diosa, le ara bien en un día tan frio como este—hablo la mitad de la tormenta.

— ¿Qué no le gusta en chocolate caliente?—dijo su complemento.

—Si Isuke-sama lo desea, puedo regresar a la cocina y prepara un café antes de irme a clases—el chico ya estaba enfundado en su uniforme de secundaria, un pantalón azul oscuro con una camisa blanca debajo, la corbata un poco desfajada, Isuke se pregunta si eso de vestir informalmente formal era de familia o Haruki les había dejado ese hábito.

—Mi sirviente, tan ingenuo. El chocolate de esta casa no le gusta a Isuke~3—comentario normal, ya muy escuchado de la boca de esa chica, ninguno de los chicos se molestaba en darle vueltas al asunto, salvo por una pequeña vocecita de niña que tomaba la taza de las manos de su hermana.

¿Cómo sabes que no te gusta si no lo pruebas?escuchaba la voz de la hermana de Haruki pero al mismo tiempo, como si dos personas con voces tan diferentes pero similares, hablaran al mismo tiempo, escuchaba la voz que con tanto empeño había encerrado en sus recuerdos aparentemente olvidados.

El ambiente era pesado como siempre dentro de esa casa desordenada, manchas de sustancias desconocidas en el suelo, moscas volando por todos lados y trastes mohosos en el fregadero; la estufa con varios sartenes con aceite quemado o muy muy viejo, carne olvidada dentro de estos; en una esquina cajas de comida, platos, cascaras de huevo y otros tantos kilos y kilos de basura que rebasaron el borde de un bote hacía ya una semana.

La mesa era lo único que aparentemente se salvaba en ese desagradable lugar, era de una rustica madera cuyos bordes podían astillar los dedos si se pasaban muy rápido las manos, además era pegajosa, producto de leche, café, jugos y otros líquidos que podrían dejar esa desagradable sensación por no haber limpiado.

¿Qué es e-esto…oka-sam?—una pequeña Isuke, vestida con lo que parecía una camisa vieja demasiado grande para ella y recortada en la parte de abajo y los brazos, se encontraba sentada en una silla demasiado grande para ella, en frente tenía un plato hondo con un caldo oscuro, con pedazos de carne flotando junto a bolas de masa un tanto oscuras y que parecían no haberse cocido bien.

Nabe de cerdo, cómela antes que se enfrié—responde un hombre robusto vestido con calzoncillos amarillos, que al salir del empaque eran blancos, junto a una playera manchada en varios lugares. Su voz era rasposa y dura de alguien que abusa de la bebida, agresiva y desequilibrada característica de un bruto animal.

Pero…no me gusta el…nabe de cerdo…—apenas termina de hablar en susurro bajo, un golpe se escucha en la mesa, el hombre en la mesa tenía una mirada enloquecida, como a punto de ahorcar a su propia hija.

¿Cómo sabes que no te gusta si no lo pruebas?—su hermano, un niño menor que ella por un año, de cabello un par de tonos más oscuro y más delgado, le sonreía con sus ojos hundidos llenos de alegría y preocupación por que su amada hermana no se ganara una paliza por su padre, tomo la cuchara de Isuke, la lleno de caldo junto con una bolita de cerdo y le acerco la cuchara a la boca, el sabor no era bueno, su madre otra vez había cocido de más el cerdo, su hermano lo sabía pero ella seguía abriendo la boca para tomar otra cucharada que le ofrecía su hermano. Isuke no quería que a su hermano lo golpearan y su hermano no deseaba que golpearan a su hermana mayor.

— ¿Inukai-sam?

— ¿Eh?—su cabeza regreso a su lugar de golpe, la niña aun sostenía el chocolate caliente ofreciéndoselo, le sonreía igual que ese niño que había enterrado en sus memorias, no le veía malicia a sus ojos, sólo quería que probara el chocolate caliente. Alargo la mano mirando la taza humeante, el resto de la tropa veía con sorpresa las acciones que su hermana pequeña provocaba en la peli rosa, nadie en esa sala entendía sus acciones, cómo la chica fría y con mirada asesina se llevaba la taza a los labios probando esa bebida—no esta tan mal…—miro por un momento a la pequeña Hana que le devolvió una sonrisa inocente y feliz porque aceptara esa taza. Isuke sonrió en sus adentros. Esos recuerdos eran dolorosos, pero a la vez felices.

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Suaves gotas de lluvia chocaban contra el cristal y se deslizaban hacia abajo dejando un rastro hipnótico sobre este, la lluvia que asolaba el pueblo de Japón comenzaba a relajarse, ya había descargado su furia sobre sus habitantes; la calma inundaba su ser poco a poco, convirtiéndose a paso lento en una suave lluvia, pronto las gotas serían tan finas y delgadas que serían como una caricia al rostro de quienes llegaran a tocar. Nubes de un color gris suave y de aspecto ceniciento aún cubrían el cielo de la tarde, pero sin aquel torrente pesado que obligaba a los habitantes de abajo a inclinar la cabeza apartando su visión de lo que había sobre ellos, el muro de algodón gris que los separaba del sol era un paisaje muy hermoso adornado por el compás de una lluvia calma, un paisaje hipnótico que invita a las personas a recargar sus cabezas en la venta y mirar hacia arriba. Como una adolescente que en medio de un gran proyecto se relajaba un momento para admirar el paisaje cotidiano de la ciudad, transformado por el rocío de un cielo perturbado, apoyaba su cabeza en la ventana y olvidaba sus libros un instante para adentrarse en una burbuja de paz dentro de su mente. En esta posición se encontraba Haruki, abrazada a sus pies sobre la silla que había movido hasta la ventada, se encontraba recargada en el cristal observando pensativa como las nubes arrojaban sus pequeños retoños a la tierra y como estos se deslizaban a tan poca distancia al otro lado del cristal.

El hospital entero parecía estar en calma, como deberían ser esos lugares para hacer tranquila la estancia de sus maleados huéspedes dándoles comodidad para no tener que soportar más cosas que su propia condición. A la habitación no llegaba ningún sonido proveniente de los pisos inferiores, aquellos por los que transitaban con más frecuencia el personal del hospital, donde el sonido de los teléfonos y las discusiones que llevaban los clientes y el personal llenaban el aire, ahí se estaba en calma, los únicos sonidos con los que lidiaban eran las débiles conversaciones de sus vecinos, una ocasional tos probablemente adquirida ese mismo día, el rebote del agua contra cualquier material cercano desde el cristal hasta el cemento y una ocasional ambulancia que salía levantando agua, haciendo sonar la sirena que al contrario que la mitológica significa un rayo de esperanza para los desamparados en el medio de ese mar. De la habitación no salía ningún ruido, los únicos y a la vez los más endebles posibles eran los provocados por el movimiento ocasional de Haruki sobre el cojín de la silla y la respiración acompasada de quienes la habitaban. No había sonido de pisadas ni de palabras.

— ¿No quieres ver esto? Te lo estás perdiendo—volteo la cabeza para preguntarle a su madre pero no obtuvo respuesta.

Sobre la cama de pulcro color blanco se hallaba Sagae Hikari quien estaba envuelta por un profundo sueño y por sabanas del color de la cama. Una sensación de paz y calma se dibujaba en el rostro del sol que había iluminado durante varios años a la casa Sagae y sus habitantes, sol que había perdido color al estar resguardado por tanto tiempo sin la compañía constante de aquellos que eran el combustible de su brillo. Su piel se había vuelto más pálida con el pasar de los años, producto de una combinación desagradable entre la enfermedad que la aquejaba y la ausencia de luz en la que vivía encerrada. Hikari era una mujer muy hermosa en más de un sentido, su rostro era de rasgos delicados y delineados, su figura era juvenil y esbelta siendo generosa en los pechos algo que su primera hija no había heredado, probablemente las demás sí, y su carácter era amable y considerado con los que quería. No es una idea descabellada el pensar que un hombre se sintiera lo suficientemente motivado como para querer a esa mujer lo suficiente como para embarazarla 9 veces. La enfermedad y la palidez que sufría resaltaban esa belleza de un modo torcido. Su rostro siempre reflejaba paz y tranquilidad y su sonrisa era dulce y delicada, aspectos que no se habían desvanecido en su condición al contrario les daban más carácter. Probablemente este aumento en su belleza era por el hecho de que una mujer hermosa y delicada que mantenía su actitud frente a una debilidad inspiraba a quienes estaban a su alrededor a quererla más y protegerla, a dar todo lo que se tiene por ella. Psicología humana para otra ocasión.

Haruki llevaba casi una hora en compañía de su silenciosa familiar. Se decía a si misma que debía haberlo previsto, su madre estaba durmiendo desde el momento en que ella llego, al abrir la puerta de la habitación no hubo reacción de parte de ella, su sueño no se había visto perturbado en ningún sentido, probablemente estuviera noqueada por el medicamento en turno y esto sumado a su debilidad la habían hecho llevar un sueño pesado. Decidió no despertarla pues en su condición era lo mejor, era el día parecía perfecto para tomar una siesta y ella estaba haciéndolo, a pesar de todo decidió quedarse en la habitación, no había caminado bajo la lluvia hasta el hospital solo para llegar e irse inmediatamente, ya estaba ahí y le haría compañía simbólica a su madre, cuando despertase y le dijesen que la habían visitado se pondría feliz. Además, aunque silenciosa quería su compañía.

Una sensación fría y picosa empezaba a recorrer sus pies, señal de que pronto se acalambrarían por la falta de movimiento, había estado muy quieta en el asiento desde que lo tomo para ella. En ese momento bajo de la silla de un salto y comenzó a caminar en el reducido espacio de la habitación. Dentro de ella se encontraban la cama donde ella dormía, un par de sillas color carne de cojines verdes, al lado derecho de la cama había un monitor del pulso y del otro un cajón de color blanco, una gran ventada que se dividía en dos cubría la mitad de la pared era adornada por cortinas azules que se hallaban recogidas, a un lado de la ventada había una cajonera blanca en la que suponía Haruki junto con el cajón se usaban para guardar artículos médicos, arriba del cajón se hallaba una gran pantalla blanca en la que se mostraban los resultados de los rayos X. Poco el tedio fue entrando en ella con mayor facilidad, caminar de un lado a otro en una ciudad lluviosa era mucho más divertido que hacerlo en una habitación de hospital. De repente, quizás por la necesidad imperiosa de hablar con su madre y confesar la situación que pasaba su familia pero contenida por la amabilidad de no despertarla, o quizás solo por tedio y aburrimiento Haruki comenzó a hablar con su madre de aquello a lo que venía. Se paró en seco frente a la cama, cerca de los pies de esta, y como si hubiera llegado hace nada comenzó a platicar.

—Hola mamá…buenas tardes…—dijo sintiéndose tonta al principio — ¿Cómo…cómo estás? —la situación era extraña para ella pues era como si estuviera hablando y al mismo tiempo como si hablara con un objeto inanimado incapaz de darle respuestas, un objeto humano que solo se dedicaba a escuchar palabras que terminarían por escapar junto al viento pero muy seguramente entrarían por su oreja y calarían en lo más profundo de su subconsciente, alterando el tranquilo sueño que tenía, se dijo así misma que sería muy vergonzoso si alguien la viera así (pobrecita, no se imagina) —Je, me alegra que estés bien —dijo sin esperar respuesta, empezaba a hilar una conversación de dos personas en la que solo ella intervenía —mis hermanos y yo nos encontramos igual… al menos todos se ven saludables, han pasado muchas cosas desde la última vez que te visitamos—bajo la vista esquivando la mirada imaginaria de su madre —Saburo va muy bien en sus estudios—dijo evadiendo el verdadero tema contra un juez sin voz—obtuvo calificaciones muy altas en los últimos exámenes de medicina, todos estamos contentos por él, en cuanto a los gemelos… bueno, ellos solo reprobaron una materia… es algo bueno ¿No? Hayaka por fin encontró el color que había perdido, estaba detrás de la tasa del baño, cuando lo anuncio todos nos sorprendimos, había pasado mucho tiempo y ya nadie recordaba quien la había escondido—empezó a hablar con entusiasmo, contándole en una lluvia de noticias el estado de sus retoños —Misuki al fin aprendió como cablear, ahora podemos pedir "prestadas" la luz y el cable a los vecinos, je, lo sé lo sé, no es algo bueno pero mantiene controlada a las tormentas; Hana tuvo una pelea en la escuela y digamos que el infeliz no salió muy bien parado…pero ya le dijimos que no vuelva a meterse en problemas, no te preocupes, y Fuyuka va casi tan bien como Saburo, ella ya está terminando sus estudios, en unos pocos meses estará luciendo un uniforme de preparatoria… sí es que podemos costearlo…— levanto la cabeza imagino una mirada de preocupación de parte de ella —seguro que podremos —dijo para tranquilizar a esta, se detuvo brevemente a mirar el cuerpo inconsciente que tenía en frente, ya le había contado como estaban sus hermanos pero ahora tendría que confesarle la situación que vivía su familia, no sabía cómo lo haría, aun estando ella dormida le daba mucha pena y dolor el llevarle tales noticias a su débil progenitora que lo que más necesitaba era descanso — Y bueno yo también estoy bien…¿Eh? ¿Qué cómo está la situación del hogar? —se preguntó a sí misma, dudo unos segundos sobre el contarle a su conciencia todo lo que ya sabía pero incompleto, contarle una historia a su imaginaria madre despierta omitiendo detalles para evitar que se preocupara, para ella era realmente como hablar con su ella, realmente trataba de que fuera así y como tal había creado una versión imaginaria que la escuchara y hablara con ella —Tenemos muchas deudas mamá… más que antes. Al principio era solo el lidiar con la renta, el hospital y los gastos de la casa, pero se nos sumó tu próxima y quizás última operación y una deuda con esa maldita y engañosa escuela, si, lo siento por la palabra, eran números muy elevados y nos era imposible pagar todos al mismo tiempo… pero la suerte nos sonrío, un… —se detuvo sabiendo que no podía revelarle toda la verdad a su madre—un amigo que conocí en Myōjō se ofreció a ayudarme con los gastos, al final la escuela no fue una total maldición…pero todo con un precio, me ofreció suficiente dinero para cubrir todos eso gastos a cambio del pago total de él más…un pequeño interés… je, pero eso tan poco está mal de nuevo la suerte nos sonrío, una vieja amiga mía se está quedando en nuestra casa como huésped, ella es de mucha confianza y una buena persona, incluso nos está pagando lo suficiente por quedarse como para pagar las deudas, pero come mucho jeje… —de repente bajo la mirada, las mentiras que decían eran tan corruptas que le daba asco, conforme más hablaba más culpable se sentía, dentro de ella nació la necesidad de decirle la verdad a la figura imaginaria, aunque sea a ella podría decirle la total verdad, así cuando regresara a su imaginación le recordaría constantemente al oído que tenía que esforzarse por su familia, suspiro y finalmente hablo con la verdad —ese amigo no es realmente un amigo, ante esas grandes cuentas por pagar me vi arrinconada y termine pidiendo un préstamo a unas personas…muy malas, el dinero fue suficiente para pagar tu operación y las medicinas pero ahora debemos mucho más que antes y si esa cuenta no se paga puede que nuestra familia esté en peligro, o con suerte sólo yo. Realmente hay una chica viviendo en nuestro hogar, solo que dista mucho de ser una buena persona, es muy agresiva, orgullosa e incapaz de controlarse, es muy fuerte y está involucrada en negocios muy oscuros, pero esto es bueno, por estos negocios es que ahora necesita de un lugar donde esconderse y ha terminado en el nuestro ofreciendo suficiente dinero para pagar la cuenta que tenemos… eso podría malinterpretarse, pero la chica nos está costando mucho, con el tiempo nos será imposible mantenerla sin dificultad. Para resumir tenemos una deuda que hay que pagar o nuestra familia estará en grave peligro... en realidad ya lo está, pero esta chica nos proporcionara los medios para pagar, están a salvo con ella... creo, puede que resulte más peligrosa que ellos, pero es la única opción que hay—se detuvo brevemente para tomar aire después de haber soltado la sopa a la figura de su mamá—El problema es la chica, demasiado costosa y quisquillosa, y para rematar, me encuentro sin un empleo, el dinero para las deudas poco a poco se está yendo en ella y la comida de la familia...me preguntaba si tendrías una idea... sobre lo que debería hacer—la señora dumiente se mantuvo silenciosa mientras Haruki recuperaba el aliento, se sentía más tranquila al haber contado a su madre la situación que se vivía en casa, tenía el derecho de saberlo pues hasta hace poco ella se había encargado de todos ellos. Desafortunadamente no encontraría consejo alguno en ella, o al menos no en la real. Cuando la imagen mental de su madre regresaba a ella la abrazo y le dio un consejo, un consejo proveniente de lo más profundo de su mente, consejo que la hizo reír, ya que resultaba inútil; recorrer la ciudad y dejarse guiar por los pies—Gracias mamá.

Antes de salir de la habitación beso la mejilla de su madre y dejo un pocky en el cajón que estaba junto a la cama, el personal le avisaría que ella estuvo ahí pero de ese modo le dejaba de una muestra de afecto a su creadora. Recorrió de nuevo los largos pasillos de color blanco hasta llegar de nuevo al ascensor, aún faltaba mucho para que la noche dejara caer su velo sobre ese lado del mundo. Mientras bajaba en el ascensor la sensación de libertad como quien acaba de confesar sus pecados y cree que se ha ganado un lugar en el cielo inundaba su cuerpo, a pesar de que aún tenía que encontrar un trabajo se sentía más confiada en que lograría su cometido. Al llegar al piso inferior salió con paso firme hacia la sala, recogió el rompe vientos de manos de Suzu en una despedida en la que solo dijeron hasta pronto, cuando llego frente a la puerta y miro hacia el cielo, se dio cuenta que quería caminar bajo la lluvia sin nada sobre la cabeza.

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La tarde de lluvia torrencial empezaba a mermar, ya sólo era un pequeño chubasco que chocaba contra los techos de esa ciudad, una fina capa de gotas de lluvia que se movía de forma extraña con el viento, como dándole un cuerpo casi corpóreo a este, el ambiente era frio en cada casa, el viento azotaba y se metía por los agujeros o ventanas que no hubiesen sido cerradas. Jóvenes estudiantes corrían a sus hogares con el frio calándoles hasta los huesos, otros cuantos entraban a turnos de tarde, guarneciéndose en las escuelas donde los pasillos les hacían temblar con sus corrientes de aire. Las casas grandes sufrían la misma suerte, sus habitantes se enrollaban en frazadas o usaban suéteres pese a estar protegidos del agua y el viento. En cambio, integrantes de otras familias se acurrucaban unos contra otros en sus camas bajo sabanas, perfectamente cómodos; a Isuke le hubiera gustado estar sola en su cuarto de casa de sus padres, viendo una película mientras se refugiaba del frio, que era lo que hacía, pero no cómo deseaba…sobre ella Mei se recargaba un poco en su pecho, no era mucho problema, no le disgustaba la niña, pero ya se sentía un poco apretada con Hana a su costado y la hermana Hayaka en el otro extremo. Pero tenía una ventaja, el programa que veían era interesante y ya lo había sintonizado en ocasiones anteriores en su propio televisor. No se aburriría al menos.

—Ya tenemos hambre—dijo un gemelo tocándose el estómago. Los jóvenes de la familia hacían sus deberes escolares por encargo de su hermano mayor; se preguntaba si Hana y Misuki ya abrían echo la suya; recordaba vagamente que a la edad de los gemelos aun asistía a la escuela, al cumplir los 13 se negó a poner pie en la institución, tomaba clases en casa en conjunto con su entrenamiento con mamá.

—Sí, nuestra tarea ya está completa y tenemos hambre de lobo.

—Calmados cachorros, en un minuto estará la comida—la hermana mayor estaba ahora atareada en la cocina, no le llegaba sonido alguno de que friera algo o el olor de un estofado, se preguntaba que estaría haciendo en la cocina.

— ¿Qué hora es?—pregunto Yuki viendo lo que hacía su hermana mayor en la cocina.

—Son las…—Uno de los gemelos alzó la vista a un reloj pegado en la pared sobre el almanaque del año pasado.

—Cinco para las seis—dijo el otro sin despegar los ojos de su cuaderno. "¿¡Qué demonios!?" pensó Isuke sorprendida y extrañada al mismo tiempo de ver dicha escena, el que respondió no alzó en ningún momento la cabeza para mirar el reloj, es más, le estaba dando la espalda en ese instante, ¿tendría un reloj de muñeca? Posible, pero no probable.

—Súper Sentai empieza en cinco.

—Cierto, y hoy son dos capítulos nuevos—de pronto todos ellos arrojaban sus útiles escolares a una esquina de la sala y se acercaban apurados lanzándose los tres contra Misuki que tenía en ese instante el control remoto, ambos gemelos la sujetaban entre gritos y pequeños insultos como "cara de perro" y "mocosos dobles".

—A esta hora nos toca.

—Vale, vale, son unas bestias, en serio—la chica dejo de pelar con sus hermanos, les cedió el control y fue a buscarse un lugar en ese mueble con espacio ya reducido por ser de dos plazas; en cuanto el programa dio inicio la suerte de Isuke desapareció, los niños fueron de apoco ocupando los lugares inexistentes en el sillón, Yuki sentada en las piernas de sus hermanas mayores al igual que Hana hacía en las de Isuke y Hayaka. Los gemelos se subieron en los cómodos brazos del sillón o al menos uno lo hizo, el que intento tomar lugar en el lado de Isuke término cayendo al suelo por "accidente", así que termino acostado en todo lo largo de la cabecera.

—Joder, ni siquiera hay espacio para respirar—decía la chica un tanto irritada, el lugar que ocupaba era exacto, estaba apretada pero debía admitir que no incomoda, la situación le hacía sentir extraña, como ese calor que sentía de niña al recostar la cabeza en las piernas de papá mientras veían una película; era extraño y sentía el impulso de huir de aquella familia en la que no pertenecía pero no podía, la pequeña Mei estaba acurrucada en sus piernas con la espalda apoyada en su brazo, no podía romper su paz, la paz de una niña inocente.

A los 10 minutos de que todos encontraran acomodo llego la hermana llevando en la mano una bandeja con nueve sándwiches de mermelada, eso sería lo que comerían hoy y el estómago de Isuke no hizo sino dar brincos de alegría al recibir alimento luego de tres días soportando la mala alimentación a la que lo sometían. Luego de entregar a cada quien uno no pudo evitar sentarse a los pies del atestado sofá, la escena era muy linda, mucho más incluyendo a la invitada, al fin la veía salir de esa habitación y convivir un poco con la tropa Sagae.

A la media hora Isuke se había quedado dormida en medio de todos esos niños, quienes atentos al televisor no lo notaron, pero le siguieron apenas acabó el programa; eran las siete y los más grandes al sentirse como ella habían caído dormidos, los más jóvenes por el cansancio de la escuela, el camino de regreso a casa en aquella tarde húmeda y arrullados por los aburridos comerciales cerraron los ojos. A lo que calculaba eran cerca de las ocho, el sonido de los pasos de Fuyuka la despertaron, la chica se sentó en la mesa de la cocina a iniciar sus tareas. A su alrededor todos estaban durmiendo aún, el televisor ya no iluminaba el lugar, dejándolo a oscuras con la poca visibilidad del anochecer lluvioso; los niños apenas se habían movido, salvo para acostarse o encontrar mejor acomodo.

No se le antojaba quedarse más tiempo del que ya había pasado con esos mocosos, un rato estaba medianamente bien pero no iba a quedarse durmiendo con ellos; como pudo se levantó de ese mueble sin despertar a nadie y con la niña en brazos, la deposito suavemente en el lugar que antes ella ocupaba y esta sólo se movió un poco pero no abrió los ojos. Se estiró un poco una vez liberada, estar atrapada de esa manera era nuevo para su cuerpo, su tobillo iba mejorando con el tiempo y ya no dolía como antes, la porquería que Haruki le echaba por las noches le era de gran ayuda, igual con los hematomas en su costado, esperaba que se desaparecieran pronto, no le gustaba usar esas playeras y camisetas de esa forma, igual los de la cara, estos últimos eran los que más le molestaban, la chica pelirroja le prestaba corrector para disfrazarlos pero al verse en el espejo luego de bañarse no podía sentir más que rabia por ese maldito guardián, pero ella se encargaría de hacérselo pagar, ya no le era tan importante la recompensa y ser reconocida, lo que quería era un desquite con ese hombre.

— ¿Sucede algo?—escucho que le preguntaba la chica en la cocina, había dejado de escribir y la observaba a la expectativa, aguardando por una respuesta, planto un pie para pararse pero Isuke alzo una mano indicándole que se detuviese.

—Nada—se paseó por la sala teniendo cuidado de en donde pisaba, habían prendas de vestir que seguro estarían mojadas y ella no quería esa sensación húmeda en sus pies; sobre el televisor pudo ver esa foto enmarcada de manera sencilla, sospechaba que era la misma que Haruki llevo a Myōjō, allí estaban los 10 Sagae más su madre cuyo nombre desconocía, era una mujer de buen ver y sus hijas habían heredado sus finos y suaves rasgos, todas ellas salvo Haruki, no se le parecía mucho que digamos y se preguntó si había salido igual a quien estaba tras la cámara cuando tomaron esa foto.

La dejo en su lugar y se encamino con cuidado al pasillo que conectaba la sala con un par de puertas, por el rabillo del ojo pudo ver que la chica seguía escribiendo en su libreta, así que dio un paso al frente.

—Por allá sólo está el cuarto de todos nosotros y un armario lleno de chucherías, pero siéntase libre de dar un paseo, esta también es su casa ahora—escucho a su espalda pero no volteo a ver, tampoco respondió o agradeció ¿Para qué? Ella no pidió permiso y aun sin el ella quería saber más acerca de ese lugar.

En el pasillo encontró la primera cosa más o menos interesante, era un cuadro pintado, o eso le daba a notar la textura que se apreciaba; era un dibujo de toda la familia exceptuando a la madre, no se veía muy viejo y los que allí salían tampoco eran muy diferentes a las personas con las que estaba lidiando desde hace media semana; pero los retratos pintados a mano, además de ser ya muy raros, son un tanto caros, dudaba que esa familia fuera tan inconsciente para gastar el dinero que no tiene en algo como eso. Busco la firma pero sólo pudo encontrar una pequeña inscripción "Que te mejores mamá, de todos nosotros para ti".

Se encogió de hombros restándole importancia y continúo con su muy pequeño paseo. El primer cuarto estaba abierto, quedo un poco desconcertada al entrar, el lugar tenía como líneas divisorias imaginarias: en cada esquina había uno o dos futones, una esquina seguro le pertenecía a las niñas de menor edad, en su esquina había muchas muñecas y juguetes. En la esquina más próxima a la ventana solo uno, sobre este una estantería con varios libros un tanto gruesos, en la otra esquina cerca igual a la ventana un par más, quizás de las mayores, sólo habían libros y un poco de ropa esparcida, zapatos y ese tipo de cosas, le seguía un pequeño armario del que seguro estaba a rebosar de ropa par gentes, el último lugar para dormir en la esquina restante y eso era todo.

—Qué extraño, Isuke juraría que los viciosos dormirían también aquí—refiriéndose a la tormenta, pero sorpresa, al alzar la vista distinguió un par de hamacas de color purpura un poco más elevadas que lo normal y seguro, así como unas pequeñas estanterías pegadas al techo, podía distinguir un reloj despertador de la marca "Bad Cat" en una—aprovechan cada espacio, no hay duda.

Cerro la puerta corrediza y fijo su atención en el armario, la puerta se abría con facilidad pero la chica no bromeaba al decir que estaba lleno de chácharas, la mayoría metidas en bolsas, otras tantas sólo eran viejos cuadernos, cajas, escobas y cosas de limpieza; sobre lo que parecía ser un baúl, un libro de pasta dura sin portada llamaba su atención, lo tomo abriéndolo en el medio, era un álbum de fotos, de los niños a diferentes edades y lugares pero la mayoría de estos en esa casa.

—Han estado viviendo en esta diminuta cueva desde siempre, ¿eh?—observaba una foto de la segunda mayor en la casa de bebe siendo cargada por una niña pelirroja— ¿are? ¿No te llevabas bien con tu hermana pequeña?—la foto mostraba a una pequeña niña pelirroja cargando con mala cara a su hermanita en pañales que con una sonrisa llena de baba blanca le jalaba de los cabellos ardientes—no, no lo hacía—ahora había un pequeño bebe de cabellos oscuros, acostado y envuelto en una sábana mientras su hermana mayor lo veía con el ceño fruncido—je…interesante—miro el baúl en el que había estado el álbum y la curiosidad movió su mano hasta la tapa sin candado, sospechaba que alguien había husmeado por allí hace un tiempo y no lo había vuelto a poner. Al abrir pudo ver varios recuerdos metidos sin mucho cuidado, como quien sólo quiere deshacerse de esas cosas pero no puede botarlas a la basura; encontró muchas cosas de barón, botas, camisas, una vieja colonia que destapó para darle una olfateada, etc., encontró un interesante encendedor plateado con una S dibujada en negro con detalles anaranjados, pensaba destaparlo pero otro objeto de igual material al fondo de la caja llamó su atención—Ara…Isuke encontró algo bueno…—saco una navaja militar en forma de águila, no tenía idea de que hacía el único hombre que vivió en algún momento allí con una navaja de ese tipo pero no iba detenerse a preguntar, se guardó el arma viendo en dirección de la cocina y husmeo otro poco dentro del baúl, pero esa arma era lo único de utilidad que encontró— ¿Ya no hay nada más? Que aburrido… ¿Qué es esto?—era una pequeña y maltratada foto donde una pequeña familia sonreía a la cámara, era una casa diferente, de fondo un árbol de sakura en el patio de una sencilla pero bonita casa, la foto estaba arrugada y las líneas que la surcaban hacía imposible verle el rostro al hombre pelirrojo que cargaba en un brazo a una niña con una enorme sonrisa mientras se abrazaba del cuello de su papá, quien igual abrazaba a su madre y le daba un beso en la mejilla—ahora veo porque no te pareces a tu madre~3—dijo con tono burlón pero sin malicia.

—Sí, así es…mamá me decía que soy la viva imagen de mi padre —le hablaron a la oreja.

Atrapada con las manos en la masa. "Mierda…que no me haya visto tomar la navaja".

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Más de las cinco y media y Haruki continuaba en su travesía, sobre ella un cielo gris persistía pero el caer de las gotas se había detenido hace un rato. El rompe vientos, innecesario ya, se lo había quitado pues resultaba pesado, lo llevaba cargando sobre el brazo derecho de forma similar a como los caballeros cargan sus sacos. Ni oportunidades ni ideas habían llegado aún, ella era una chica de habilidades manuales más que de intelectuales lo que reducía enormemente sus oportunidades de encontrar un trabajo y más en un mercado tan abarrotado como lo es Japón. Locales que había visitado lucían prometedores pero ninguno tenía una oportunidad de empleo para ella y los que lo tenían ofrecían una paga más bien miserable la cual no bastaría para cubrir los gastos de Isuke y su familia; dejándolos como un tal vez continuaba su camino con la esperanza de encontrar un establecimiento mejor pero a cada minuto que pasaba esa esperanza mermaba. Una persona normal habría regresado a casa desanimada, cansado, mojado y hambriento a comer una sopa caliente si es que tenía la fortuna de poder pagarla. Pero ella no, ella tenía que velar por su familia, al carecer de una figura paterna y materna, Haruki tenía que hacer de estos y un padre de verdad no regresaría a casa hasta haber asegurado el sustento.

Sus pies habían hecho un trabajo a medias, llevándola a encontrar oportunidades pero pésimas desde su punto de vista, sin embargo no se habían aguantado las ganas de cobrar su parte pues ya agotados e hinchados comenzaban doler, no podía culparlos pues le habían servido desde las horas de la mañana, soportando frío y el peso de unas botas mojadas.

—Tranquilos chicos puedo saber como se sienten, no es necesario que me lo recuerden a cada paso —le dijo a sus pies que ya pedían un descanso, la pequeña parada en el hospital no les habían dada todo el alivio que pudieran desear, cada acera por la que transitaban se les antojaba relajante, pedían a gritos la oportunidad de detenerse y sentarse un rato sobre ellas pero su capataz de cabello ígneo no se los permitía. Sin embargo, sin que lo supieran, su destino final estaba cerca. Para sorpresa de ella había llegado hasta el lugar que había provocado en parte su viaje, miro la calle que se extendía frente a ella sorprendida, el ambiente era similar al de aquella noche, una chica que había salido a caminar en busca de algo que ayudara a su familia, solo que esta vez el cielo no era oscuro sino gris, y sobre la banqueta no había un cuerpo fuera de combate —Pero mira hasta donde me han traído —les dijo a el cansado par, dejándose llevar comenzó a caminar por la desolada calle, esta vez iría más lejos que aquella noche.

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— ¿Cuándo van a parar de ponernos en cara lo que sucedió? ¡Estás Chapuzas de mierda no pasaban antes! —Dijo un hombre alto de cabello negro con corte bajo tras cerrarse detrás de ellos la puerta de madera de roble que llevaba a la sala de juntas, la frustración y el enojo de su voz no habían desaparecido de su voz en los días siguientes al incidente que se produjo— ¡¿Cuándo fue que nuestros hombres se volvieron unos inútiles?! —dijo en voz alta sin importarle el ambiente del lugar, probablemente quienes se encontraban tras las puertas lo hubieran oído mientras se alejaba.

—No eran inútiles Ryu —le respondió su acompañante a modo de reproche, sus ojos de color amarillo que hasta hace unos momentos estaban calmos y complacientes se tornaron irritados con su compañero —Se encontraron con alguien superior a ellos —caminaba apoyándose en una muleta pues tenía la pierna derecha lastimada fruto de su enfrentamiento con Isuke, debajo de su pantalón color negro una capa de vendas cubría la zona de la rodilla. A pesar de tener una herida de ese calibre seguía cumpliendo con sus funciones como Jefe de Seguridad de la compañía.

Los superiores del cuerpo de seguridad se encontraban saliendo de una reunión con los directivos de la compañía quienes tras los sucesos acontecidos hace cuatro días no estaban contentos con los que se suponía eran su línea de defensa. El tema esta vez era la contracción de nuevos miembros para sustituir a los caídos de aquella noche, pero no se perdía la oportunidad de recalcarle a esos dos los errores que habían cometido aquella noche, al igual que se había hecho los últimos tres días. Una joven de ropas diminutas que rondaba entre los 18 años de edad, se había adentrado en las instalaciones a mitad de la noche, en lo que parecía ser no una infiltración a una compañía privada, sino un paseo por un país extranjero había teñido los suelos de rojo y como cereza sobre el pastel esta chica se había escapado de las manos de quien tenían encomendado como superior de seguridad, dejándole un pequeño recuerdo en la pierna. No importaba el estado en el que la chica hubo escapado, fallar era fallar no importaba como lo hubiera hecho. El Jefe de Seguridad escuchaba con atención y con calma los reclamos de sus superiores, pidiendo disculpas a cada uno de ellos por su incompetencia. Ryu sin embargo no podía esconder su ira y frustración, a pesar no decir ni una sola palabra durante la reunión su rostro reflejaba claramente esos sentimientos, se lamentaba a sí mismo el no haberse encontrado con aquella chica. Cada uno de ellos tenía su manera de enfrentar las palabras que sus superiores decían, todas ellas más que un reclamo parecían ser una puesta en cara de su incompetencia.

—Puede que sea así, pero joder, varios de nuestros hombres resultaron muertos en un encuentro con un solo blanco que hizo que no pareciera una lucha, era como ver corderos ir al matadero, y ese blanco era una adolescente…

—Adolescente con habilidades superiores a la mayoría y que fue capaz de lesionarme… —se detuvo un momento para señalarle su pierna lastimada—desestimándola no solo te ríes de ellos y de mí, sino también de ti. Ya hemos hablado este tema, déjalo ir.

— ¡Gah! Sí…creó que tienes razón—dijo Ryu quien esquivo la mirada acusadora de su compañero, quien una vez vio que lo había comprendido dejó el tema, eso hasta que tuviera que recordárselo nuevamente. Reanudaron la marcha, Ryu lo siguió de cerca hasta que ambos llegaron al ascensor del final del pasillo, presiono el botón de llamada y mientras el elevador subía este le dijo —A pesar de lo que dices Sato, los hombres de traje se sienten igual que yo, una sola chica entro y se deshizo de varios de nuestro guardias, no solo puso en duda la capacidad de nuestras fuerzas y nos hizo el hazmerreír frente a ellos, también nos exigen la contratación de nueva seguridad para rellenar los puestos que quedaron y cómo pudiste ver por las bolsas negras que salieron de aquí, no son exactamente pocos —una vez el elevador hubo llegado ambos entraron a la fría caja de metal, nuevamente fue Ryu quien presiono el botón que los llevaría hasta la planta baja.

Las palabras de Ryu no alteraban la actitud estoica de Sato quien conversaba un rostro serio y una mente fría, ni la humillación de la que le hablaba ni la búsqueda de nuevos miembros le molestaban, tenía un trabajo que hacer y esas cosas no lo distraerían de hacerlo, una herida en la pierna mermaba su movilidad pero aún con ese dolor punzante seguía siendo una persona letal y de cuidado. Analizaba la situación con cuidado, si un ataque como ese había sucedido existía la posibilidad de que volviese a ocurrir, ante esa situación debían rellenar las filas de hombres que tenían para defender el edificio lo más rápido posible, pues podía suceder en cualquier momento, pero si el atacante era tanto o mejor que esa chica de cabello exótico las cosas no volvería a ir bien, sus hombres habían estado con él y que consideraba experimentados habían caído con facilidad, los que rellenaran las filas probablemente serían novatos, amateurs sin talento, solo serían carne de cañón para el siguiente agresor.

—Tendrás que ocuparte de eso Ryu.

— ¿Ocuparme de qué?

—De buscar candidatos.

— ¡¿Cómo?! —Exclamo sorprendido, la idea de sentarse a recibir y calificar a aquellos que quisieran el trabajo le resultaba tediosa — ¿Yo? ¿No deberías hacer tú ese trabajo?

—Ante la falta de seguridad y el reciente ataque es seguro afirmar que el señor Iroshi necesitara estar vigilado, más ahora que antes. Yo me encargare de eso. Haré de guardia personal mientras los chicos siguen en su trabajo habitual de vigilancia y tú te encargaras de buscar nuevos miembros —Sato podía notar la negativa de Ryu a aceptar la petición en su rostro, no era un experto en ocultar lo que sentía, antes de que pudiera decir algo más se adelantó —Es una orden Ryu, como segundo al mando estas capacitado y obligado hacerlo.

—Vale —suspiro aceptando su inevitable trabajo —lo haré.

—Eso está muy bien—segundos después el elevador había llegado hasta su destino, las puertas metálicas se abrieron y ambos salieron sin mucha prisa hacia el recibidor del edificio—Iré al edificio de investigación a vigilar al señor Iroshi, reúnete con los chicos y comunícales las noticias.

—De acuerdo —ambos se separaron y se dirigieron a sus destinos.

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Haruki observaba los dos edificios que se encontraban dentro del muro de cemento, uno más pequeño que el otro y un tanto escondido, eran de un color gris plateado que se mimetizaba con el cielo de aquel día, adornados con grandes ventanas negras y polarizadas, ambos se elevaban hacia arriba mucho más que cualquier edificación de la zona sin embargo no alcanzaban el tamaño de un rascacielos, calculaba que uno tendría aproximadamente 20 pisos y el otro 10. El más grande según podía ver colindaba con el muro y era la entrada principal al terreno, el más pequeño se hallaba detrás de él cerca del muro trasero pero no unido a él como el principal lo hacía con el frontal. Ella caminaba por el lado derecho del terreno y al alzar la mirada a aquellos edificios que parecían ser de oficina su mente pensaba que quizás ahí habría una oportunidad para ella, en esa clase de lugares incluso los conserjes ganan bien.

Con ese pensamiento en mente camino hacia la entrada del edificio, faltaba mucho para que terminara el día pero quizás para ella acabara en unos minutos y podría regresar a casa a descansar. Al enterarse de esto sus pies se sumaron a su deseo y comenzaron a rezar para que así fuese.

Al doblar en la esquina vio frente a la entrada a un trio de hombres vestidos en trajes negros, debían ser la seguridad del lugar, probablemente las cosas serían más difíciles de lo que había pensado en un principio pero continuaría con su camino, siento optimistas pensó que estarían en un descanso y no le causarían ningún inconveniente en su objetivo de entrar al edificio. Mientras ella caminaba hacía la edificación otro hombre salía por la puerta y se dirigía hacia ellos. El cuarteto comenzó a reír en cuanto el recién llegado dijo unas palabras, parecían ser muy buenos amigos, probablemente estarían lo suficientemente distraídos en su conversación como para prestarle atención. Pero de repente las risas cesaron y la conversación se volvió más seria, el semblante de los hombres se tornó igual más serio.

—…reemplazar a nuestro colegas, por alguna razón se siente que es demasiado pronto—decía uno de ellos, ya estaba lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación, la cual no se llevaba en un tono muy bajo.

— ¿Y tú serás el juez? Maldición Ryu, no creo que seas el más apropiado para contratar nuevos reclutas.

—Ni yo, pero son órdenes del jefe. Hoy enviare un comunicado a diferentes agencias para que envíen candidatos a guardia de seguridad…—el cerebro de Haruki reacciono de repente, esa era la oportunidad que estaba buscando. Si había algo en lo que ella fuera buena era en el combate cuerpo a cuerpo, como guardia de seguridad era seguro que brillaría y apostaba sus guantes a que la paga en ese lugar sería un cambio completo para ella, su familia e Isuke, inundada por el sentimiento se decidió a hablar con el sujeto que parecía ser el superior —…mañana empezare a recibirlos y…

—Disculpe —dijo y el grupo entero volteo a verla—Escuché que buscaban guardias de seguridad —dijo un poco nerviosa pero sin perder su sonrisa.

—Creo que escucho mucho señorita, ¿a usted qué le importa eso?—le contesto Ryu, la miraba con un poco desconfianza, era una chica que lucía ropas mojadas y de repente había aparecido detrás de ellos, aparentemente escuchando la conversación que habían tenido, no era raro que le pareciera sospechosa justamente en el tiempo que se vivía en la compañía. Además de eso, había algo en aquella chica que parecía familiar.

—Bueno…yo quisiera ser parte de ustedes. Quiero tomar la prueba para ser guardia.

Las risas estallaron de repente en el grupo, a excepción de Ryu, los demás tomaron en burla las palabras de la pelirroja que se paraba frente a ellos. La idea de una joven que se presentaba ante ellos para tomar el puesto de guardia al igual que ellos les parecía ridícula. Parecía que no habían aprendido nada de esa noche.

— ¿Tu, ser parte de nosotros?—Se adelantó uno de ellos, era el más robusto y en menos forma del cuarteto—Esto no es trabajo para una niña, lo mejor es que vuelvas a casa y dejes este trabajo para alguien capacitado —el grandulón comenzó a reír y sus amigos lo imitaron.

—Estoy más que capacitada para el trabajo y estoy en mucho mejor forma que usted —le respondió tranquila y aún con una sonrisa amigable en el rostro, no era propio de ella el reaccionar de esa manera pero el pasar unos días junto a Isuke había terminado por contagiarle un poco de su actitud.

— ¿Cómo es que has dicho? —Le dijo el guardia furioso—retráctate —el hombre acerco sus manos hacia Haruki y amenazaba con tomarla por el cuello de la camisa, antes de que pudiera elevarla un poco su cuerpo reacciono ante la agresión y parte del instinto que había estado durmiendo resurgió en ella, guiada por el mismo sus manos se dirigieron hacia las muñecas que se cernían sobre ella, apretaron con firmeza y en un movimiento veloz de lucha libre lo alzo por encima de ella y lo azoto contra el suelo. Los compañeros del guardia miraban sorprendidos la escena. Sonreía al hacerlo como si estuviese jugando, hacía mucho que no le exigía de esa manera a los músculos de su cuerpo.

—Tú… —dijo uno de ellos furioso, su cuerpo se veía dispuesto a atacarla al igual que el de sus dos compañeros, sus dientes crujían ante la visión de su compañero derribado. Cuando los hombres empezaron a moverse hacia ella Ryu actúo para detenerlos.

— ¡Alto! —les ordeno con el movimiento de un brazo.

—Pero Ryu, esta chica ha derribado a Yamato, no podemos….

—Yamato se lo busco, atacando a una civil —observaba a la chica con más desconfianza que antes, sí antes le había parecido sospechosa ahora lo era aún más, otra adolescente llegado a la compañía y con suma facilidad había dejado fuera de combate a uno de los suyos, la coincidencia era muy grande. Pero también había aumentado ese sentimiento de familiaridad, al verla derribar a Yamato de esa manera mientras su melena rojiza ondeaba le recordó instantemente a la figura de Sato — Tú, chica ¿Cuál es tu nombre?

—Sagae. Sagae Haruki—la chica sonrió y se puso uno de sus inseparables pockys en la boca, sacándole una sonrisa con bufido al hombre frente a ella.

—Je. Bueno Sagae Haruki, creo que encontramos a nuestra primera candidata —antes de despedirla, le entregó una pequeña tarjeta con unos datos anotados entre los que se leía el teléfono privado y la dirección de la compañía.

Era momento de regresar a casa. Una sonrisa que había sido dibujada con tinta indeleble se habría paso por sus mejillas. Sus pies aunque adoloridos se encontraban felices pues su martirio pronto terminaría, llegarían a casa en aproximadamente una hora y podrían descansar sobre el sillón de la sala. El cometido del día se había cumplido o a medias puesto que aún tenía que ser aprobada, pero no se sentía insegura en ese aspecto, las probabilidades de fracasar eran inexistentes, pronto podría llevar comida a la boca de aquella malcriada. Eran poco más de las siete, cuando regresaba a casa, si sus cálculos no le fallaban, estaría ahí a las 8 justo para la cena.

—Vaya día, en medio del verano se decide a desatarse ese chubasco, seguro que en casa hay un lodacero en la entraba y parte de la sala, vaya cosa…—justo eran poco después de las ocho, no podía decirlo a ciencia cierta, se había dejado el celular para no arruinarlo con esa lluvia; sus pisadas en las escaleras hacían el sonido de trapo mojado cayendo al piso, le recordaba a la vez en que aburrida le había lanzado el trapo con el que secaba los platos a Saburo y este en venganza le arrojaba la esponja provocando un pequeño desastre en la cocina—ahora que lo pienso, desde que Isuke llego, los desastres en la casa han disminuido jeje recuerdo que quien se dormía en el sofá terminaba con la cara pintada o lo despertábamos con algún pirotécnico…hablando de mujeres que cambian la vida en el hogar—sacó sus llaves del bolsillo trasero y abrió la puerta sin que rechinara, a punto estaba de anunciar su llegada pero su hermana Fuyuka le indico silencio desde la cocina, le señalaba la sala— ¿Eh?—miro el sofá y vio a todos apretujados y durmiendo plácidamente, eso le saco una sonrisa pero luego recordó la onceaba integrante de esa casa, no la había escuchado ni se le veía en su cuarto, le hizo ademanes a Fuyuka para preguntar por Isuke pero ella no entendía, así que movió sus manos haciendo un semicírculo sobre sus pechos tratando de igualar el volumen de los de la peli rosa, a lo que su hermana contestó con una palmada sobre su frente y un "¿en serio?" silencioso de sus labios, le señalo el pasillo que daba a la habitación de los demás y Haruki asintió con una sonrisa, se aseguró de no hacer ruido alguno cuando caminaba dentro de ese pequeño pasillo, se preguntó que hacía allí Isuke y cuál fue su sorpresa al verla indagar entre las cosas antiguas de su padre…se le acerco teniendo cuidado de estar fuera de su visión periférica, vio por sobre su hombro para saber lo que hacía, inspeccionaba esa vieja foto de cuando eran sólo su madre, ella y…su papá.

—Ahora veo porque no te pareces a tu madre~3—la escucho decir sin su tono envenenado de siempre, cosa que le gustó y hasta le hizo reír en silencio.

—Sí, así es…mamá me decía que soy la viva imagen de mi padre—le habló cerca de la oreja, viendo con satisfacción como Isuke pegaba un brinco y su espalda se ponía recta, intuía que no la atrapaban con las manos en la masa muy seguido pero que revisara el lugar no le molestaba en lo más mínimo pero debería preguntar primero según ella.

—Ara ¿no te enseñaron que sorprender a la gente de espaldas es de mala educación?~3

— ¿Te sorprendí? Vaya, debo estar mejorando o Isuke-sama está bajando mucho la guardia últimamente—hablaba con una sonrisa nostálgica a la vez que tomaba la foto y la inspeccionaba, acuclillándose al lado de la chica quien estaba extrañamente callada—esta foto la tomaron una semana antes que papá se fuera.

— ¿Irse?

—Mi padre era militar, era un hombre muy bueno, mamá decía que siempre estaba al pendiente de mí.

— ¿Dónde está ahora? ¿Por qué no está en casa?—allí estaban las preguntas que habían faltado en sus conversaciones, haciendo acto de presencia en todo su esplendor.

—Él fue al campo de batalla, lo sé, ¿Cuál campo de batalla? Te preguntaras, nosotras tampoco lo sabemos, sólo un día salió con su uniforme y no lo vimos de nuevo, eso ocurrió hace casi quince años.

—Pero Fuyuka…—no fingía su desconcierto, las edades no coincidían en lo más mínimo con lo que relataba, el hombre debió volver en algún momento para que esos niños llegaran al mundo a menos que…

—Lo sé…Fuyuka tiene quince próxima a los 16, es complicado…veras ellos son…

— ¡Estoy en casa!—interrumpió la voz de Saburo, seguido de este pronto los que dormían en el sofá despertaron y los gemelos como buenos seguidores empezaron a preguntar por su diosa.

—Je bueno, será historia para otra ocasión, Isuke-sama, con una buena oportunidad te cuento sobre las cosas dentro de ese baúl, sólo ver y no saber de qué se tratan es un tanto aburrido creo yo—se levantó ágilmente y le ofreció la mano con una sonrisa, Haruki no le regaño, en ningún momento mostro algún indicio de que le hubiese molestado que husmeara entre las cosas de su padre, busco ese orgullo en su interior para apartar la mano frente a ella de un manotazo y pararse sola pero no lo encontró, tomo la mano que le ofrecían para pararse sin apoyar mucho el tobillo—seguro tienes hambre, pensaba traerte un kakigōri a escondidas para que esos hambrientos no se te abalanzaran pero mi búsqueda por trabajo no dio frutos sino hasta el final.

—A Isuke no le gustan esas cosas—no sabía porque lo decía, si para que la chica pelirroja no se sintiera mal o por costumbre.

—Je vale, entonces intentare con otra cosa—llegando a la sala pareciera que la manada entera se les abalanzaban en sima, preguntando a la vez como le había ido a Haruki en la calle, ella se sofocaba rodada de esa forma, pero una mano cálida la jaló a la cocina, pensó que era la pelirroja pero no, ella seguía ocupada con sus hermanos, quien le saco de esa desagradable situación era el chico que acababa de regresar, el agua aún goteaba de su cabello oscuro y desordenado.

—Vi que se sentía algo incomoda por rodearse de mis hermanos, quédese aquí un rato, hoy me toca preparar la cena y esos latosos no se acercan por miedo a que los pongan a trabajar—no le veía otro remedio si quería alejarse de esos niños.

—Ara está bien, pero si Isuke llega a ver a uno sólo de esos viciosos metidos aquí tú la pagaras~3

—De acuerdo, Isuke-sama—el chico en verdad era parecido a Haruki en cuanto a ser condescendiente con ella, pero si lo veía bien, no se parecían en nada, ni los ojos, la cara o el cabello tenían un mínimo parecido, resultaba difícil encontrarle parentesco ahora que se detenía a pensarlo, giro su cara a la sala donde Haruki les contaba de su día a todos sus hermanos, ninguno se le parecía, entre ellos tenían similitudes pero ninguno coincidía en nada con la pelirroja—bueno, espero a Isuke-sama le gusten los hot cakes—en respuesta el estómago de Isuke gruñó como jamás lo había hecho en su vida avergonzándola, el chico solo rio un poco con una cara de "no te preocupes jeje descuida".

—Isuke quiere tres~3 con jarabe de maple—trato de decir de manera orgullosa y digna. No le resulto.

Isuke no había cenado con esa familia hasta ahora, sólo habían compartido mesa en la mañana y era un desastre en el que pocos cabían en la mesa, con Haruki incluida y ella misma, allí no podía mover ni los codos. Los trinches volaban hasta dar con la pila de hotcakes, se suponía que a cada quien le tocaba tres y los que sobraban era para los que se quisieran repetir y al parecer todo el mundo quería repetir, por suerte para Isuke, Saburo tuvo la caballerosidad de poner los tres que le tocaban a ella en un plato aparte mientras sus hermanos se mataban y peleaban entre ellos por la comida cual manada de lobos que no prueban alimento desde hace 2 semanas.

Haruki fue la primera en levantarse y lavar su plato, sus ropas empapadas habían sido remplazadas por una camiseta blanca y un pans rojo deportivo luego de su baño, ya no podía cargar consigo misma, mañana seguro y no aguataría sus piernas, debía recobrar energías pronto así que le encargaría a Fuyuka mandar a los niños a dormir, siendo las nueva con diez ella ya se lavaba los dientes para caer como tronco, la alarma de su celular ya estaba puesta así que no había problema alguno. Fruto de la costumbre, camino a gatas en su cama hasta acostarse de lado y cayendo dormida casi al instante, apenas pudo oler el aroma a fresas de su almohada antes de irse al país de los sueños.

—La última persona en terminar con su plato lava los de los demás—dijo Misuki acabando con su tercer hot cakes y yendo por el cuarto.

— ¿Y piensan que Isuke ara eso? Debes ir a revisar tu cabeza—Isuke apenas iba por la mitad del segundo.

—Esas son las reglas, Inukai-sam—Fuyuka se levantaba para dejar su plato en el lavabo y se encamino al baño—los dejo chicos, tengo aun tarea que hacer, hasta mañana—dijo dirigiéndose al cuarto luego de lavar sus dientes. Por favor no se duerman tarde, Haruki no los mandara a dormir, esta exhausta.

—Haaai, hasta mañana Fuyuka-nee—dijeron todos al mismo tiempo.

—Que descansen, igual tu Inukai-sam.

—Igualmente—dijo a sorpresa de todos, en su mente se decía que ella si era educada cuando existía alguien con quien serlo.

—Me retiro igual—dijo Saburo, hizo lo mismo que su hermana y se acostó en el sofá apagando la luz de la sala, en silencio y con un quedo "Buenas noches" Hayaka había hecho lo mismo que sus hermanos, Misuki se atragantó un poco con su cena pero luego de un vaso de leche dejó sus platos sucios en el fregadero, ya había una pequeña montaña de estos. Las niñas pequeñas dejaron solos a Isuke los gemelos que apurados trataban de masticar pronto su último hot cake antes que la diosa se levantara de la mesa, llevaban buena ventaja, aun le faltaba la mitad de uno y a ellos solo un bocado.

—Esto es demasiado para Isuke, ¿alguno quiere?—dijo en un tono dulce y lindo en conjunto con una sonrisa marca Inukai Isuke, eso era una trampa en toda la extensión de la palabra, cual planta carnívora que destila dulce y los gemelos como moscas cayeron en ella, ambos levantaron la mano mirándose retadoramente—ara pero no se vayan a pelear, hay para ambos—partió el hot cake y dejo cada parte en los platos de los gemelos, a lo que ellos sonrieron como cachorros que reciben premio de su amo—ahora, buenas noches y provecho, hermanos tormenta—dijo levantándose y dejando sus platos en la pila—no se les olviden los platos sucios—dijo en un tono burlón a lo que ellos reaccionaron gritando por lo tontos y ciegos que habían sido.

Isuke se disponía, luego de lavar sus dientes, a dormir perfectamente tapada esa noche, la lluvia había dejado tras de sí una noche fría y húmeda, la cama seguro estaría helada debido a su ausencia por dormir con los niños en el sofá. Bueno daba igual, ya se calentaría en poco, era cómoda y para su sorpresa podía conciliar el sueño en igual tiempo que cuando dormía en la suya, cuando iba a hoteles no podía dormir, daba vueltas y vueltas hasta encontrar una posición medianamente cómoda o el cansancio la vencía.

—Pero no es el caso en esta cama… ¿eh?—en la oscuridad toco a tientas un lado de la cama, sintiendo un cuerpo que ya dormía allí— ¿Qué demonios?—se subió a la cama para verle el rostro pero ya imaginaba de quien se trataba— Haruki, lárgate de aquí idiota—le movió el hombro para despertarla, emitió un pequeño quejido de protesta antes de abrir muy adormilada los ojos.

—Isuke-sama… ¿Qué haces en mi cuarto?—su vos estaba adormilada.

—Este es mi cuarto ahora idiota, lárgate antes que Isuke te saque a patadas.

—Isuke…—hablo en petición, la chica nunca le pedía nada, al contrario, ella se ofrecía para cualquier cosa que quisiera—déjame descansar…me iré antes que lo notes a la mañana siguiente—dijo con los ojos medio cerrados en una mueca de cachorro regañado.

—Tsk…Isuke de pateara de la cama si sigues aquí en la mañana—se tapó hasta la barbilla dándole la espalda.

—Prometido, descansa Isuke-sama, gracias…—dijo como último antes de darle la espalda.

El reloj marcaba las cuatro después de media noche e Isuke no conciliaba el sueño, fue una mala idea irse a la cama en pantis y una blusa de tirantes que apenas la cubría del frío, pensaba en levantarse y tomar otra sabana pero no tenía idea de donde las guardaban en esa casa. Se dio la vuelta viendo la espalda de la chica a su lado y en medio de un gruñido se le acerco lo suficiente para sentir el calor corporal de la chica, apretó sus frías manos contra su pecho y se apegó a la chica hasta sentir su cabello en el rostro, sus pies helados los escondió bajo sus piernas revestidas en un pans, sólo así encontró calidez suficiente para conciliar el sueño, lo que no sabía es que su acompañante había despertado cuando sintió unos pies helados contra sus piernas, reía un poco divertida ante la situación.

Alex "El Grande": hola chicos ¿Cómo están? Ha sido un largo, largo tiempo sin actualización… jeje… whoops. Esta vez no habrá discusión entre la señorita y yo pues esta tuvo que salir de viaje, que pena se quedan conmigo ya que soy quien lo sube, pero noticias me dejo un guion estructurado sobre lo que debo decir pero bueno, vamos a decirlo resumido "ahem": "bueno este capítulo fue algo largo también, perdonen la tardanza sabemos que lo hacían y los hemos dejado esperando, lo lamentamos, pero creemos se compensa siendo algo largo, y bueno esperamos que lo disfruten tanto como nosotros lo hicimos escribiendo. De nuevo, gracias por su lectura y sus comentarios, no olviden comentar, no sean lectores fantasmas". Sí, esas fueron más o menos sus palabras, pero vamos yo también se las expreso. Espero les guste y complazca sus expectativas, comenten, de verdad se los agradezco, la ayudaran a ella a crecer y seguir escribiendo, eso la inspirara y subirá más seguido… je, les digo esto a pesar de que también tendré que hacerlo yo, pero vamos, piensen en ustedes y su diversión. Provecho.