El sudor y el pudor

Fuera se escuchaban a lo lejos hojas de árboles siendo movidas por un viento frio de lluvias, caían con sonidos casi imperceptibles en el techo y ventana de un pequeño cuarto que se le antojaba a su propietaria aún más pequeño que siempre; una oscuridad no tan profunda se veía a través de la ventana resquebrajada a causa del tiempo, poco se percibía dentro del cuarto, objetos difuminados en colores oscuros que nada se le parecen al negro que usan los niños a la hora de colorear el cielo de noche, era un color oscuro inidentificable salvo como el color de la una de la mañana.

Una pelirroja tenía adaptada su vista a esa nula iluminación del lugar, había esperado un rato para poder moverse con la confianza de que no despertaría a la chica insensata que se fue a dormir con poca ropa, nada más que una de las nuevas pantis que le compraron y una sencilla blusa de tirantes azul claro algo deslavada que dejaba ver el nacimiento de sus pechos en esa posición de lado en la que encontró acomodo, sus manos muy bien pegadas a su pecho buscando calor, la temperatura entre esos pechos debía ser un poco mayor de 37 grados, como unos pequeños calefactores con un motor rítmico.

—Isuke-sama no debería ir a la cama en tan poca ropa cuando llueve así—dijo viendo a la chica acurrucada en sí misma, tratando de ganar calor cubriéndose con las delgadas sabanas; una corriente de aire le hizo sentir un pequeño escalofrío, se apoyaba en su codo para poder observar a la chica. En la academia, Isuke siempre se iba a dormir después de ella, nunca preguntó si lo hacía por desconfianza o por las horas de clase en las que se la pasó dormida—verla así de calmada es un poco nostálgico…—susurraba lo más bajo posible, temiendo que sus palabras pudieran despertar a la peli rosa.

Otra corriente de aire se paseó por el cuarto. Debería averiguar cómo se colaban dentro de la casa, cualquiera de las niñas podría pescar un resfriado. Recostó su cabeza sobre la almohada viendo la cara tranquila de Isuke, estaba por cerrar los ojos para no asustar a ese hombre que riega arena de sueños sobre los ojos para dormir, pero un pequeño crujido la hizo abrirlos, era casi imperceptible, pero la chica echa de hielo estaba temblando de frío, le causo mucha gracia, quien diría que sería friolenta, pensaba que era muy lindo aquello. Acerco una de sus manos y le tocó la nariz, estaba fría y tuvo que taparse la boca para no reírse. Se metió bajo las sabanas que la peli rosa se había adueñado, se acercó lo más que pudo y rodeó con su brazo la cintura desnuda, la blusa se había alzado un poco, la piel estaba fría pero confiaba en que se calentaría en poco, acomodó su otro brazo bajo la almohada y con habilidad logro hacer que Isuke lo usara para apoyar su cabeza sin que le resultara incómodo. No la apretaba pensando que podría despertarse pero tampoco la soltó una vez acomodada en sus brazos, le parecía divertido y hasta tierno, no pensaba en las posibilidades de salir mal parada de su buena acción, Isuke había dado el paso primero, ella no tenía nada que perder, pensaba.

—Si Isuke-sama no se pone algo más abrigador por las noches, tendré que abrazarla de esta forma para que no enferme—dijo en un bostezo sonriente. Acomodo su cabeza en la almohada y se fue en brazos de Morfeo, soñando con pockys sabor fresa mientras unos cabellos le hacían cosquillas en la nariz. No le parecía extraño el momento, sólo era un sencillo abrazo para que la chica no pasara frio, nada de lo que debiera preocuparse.

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La mañana era nublada, el sol peleaba buscando que sus rayos traspasaran esa capa de nubes grises que le impedían calentar la ciudad, dejando una mañana con viento frio, resultándole difícil a las personas levantarse en ese día en particular y abandonar su cama tan tibia en la que dormían. Isuke amaba las mañanas frías, despertando en una cama calientita y en consecuencia, odiaba las alarmas que la levantaban de un bueno y relajante sueño. Gruño un poco al escuchar la molesta alarma que Haruki siempre programaba en las mañanas, esperó un poco a que la apagara pero esto jamás paso, trata de levantarse para tomar una almohada y ponérsela sobre la cabeza pero no podía moverse, despierta por completo al sentirse atrapada entre los brazos de aquella chica que le había acogido en su casa, su primera reacción era la de empujarla pero se sentía extrañamente a gusto allí, no le molestaba ni le asfixiaba, el calor corporal de Haruki colaboraba para que esa cama se sintiera cálida; hubiera vuelto a cerrar los ojos y darle un puñetazo en la cara más tarde esa mañana por atreverse a tocarla, de no ser por lo irritada que se sentía pues la chica no despertara por más alto que el "tantantararan-tantantararan-tantantararan" sonase. Sin mucha delicadeza se apartó de los bien intencionados brazos que en la noche trataban que no pasara frio y con el piel sobre un estomago fuerte, la empujo fuera de la cama.

— ¡Auch! ¿Qué? ¿Qué sucede?—dijo levantándose con el sueño aun en sima, veía a todos lados desorientada de encontrarse en el suelo de la habitación y no con una enorme caja de pockys sabor fresa entre sus brazos.

—Tu alarma despertó a Isuke ¿y por qué demonios me abrazabas, idiota?

—Oh pues…porque Isuke-sama tenía frio en la noche y no quería que enfermaras—le sonrió apoyando los brazos en la cama. Esto hizo que la peli rosa sintiera algo de vergüenza al ser descubierta en su movimiento nocturno, pero lo escondió aventándole a la cara el celular que sonaba incansablemente—buenos días para ti también…Isuke-sama…que linda—agarro el celular para apagar la alarma y revisar la hora— ¡Mierda, no, no, no!—se levantó de un brinco y fue al armario a buscar ropa dejando caer a un lado la camiseta en tiempo record. "¿No conoce la vergüenza?" pensó Isuke al verle deshacerse de su ropa sin pensar en que ella seguía en la habitación.

— ¿Por qué la prisa?—dijo poniendo sus pensamientos en palabras. Volvió a acostarse esperando que la calidez no haya escapado de donde dormía la pelirroja.

—El trabajo que buscaba ayer, me van a dar una oportunidad para entrar a esa empresa—decía desde el suelo mientras metía a toda prisa las piernas en un pantalón de mezclilla que encontró tirado en la esquina del ropero, lo usaba de vez en cuando para salir y entrenar, no le incomodaba o apretaba—la paga seguro y será buena, si logro firmar con ellos por fin le daré a mi familia un cambio verdadero—se le escuchaba el ánimo en la voz, se abotono la camisa blanca y corrió al lado de Isuke tanteando las tablas del suelo—sólo necesito pasar la evaluación y será todo, no más ahorrar, traeré dulces a casa, los chicos no tendrán que soportar burlas en la escuela e Isuke-sama podrá desayunar, comer y cenar apropiadamente—aseguró las correas de su guante derecho con determinación—todos los que en mi confían son los que me dan fuerza—la miro con una sonrisa a la vez que aseguraba su guante izquierdo, el material se escuchaba crujir cuando apretaba las manos en puños.

— ¿Qué tipo de evaluación?

—Física, pero tengo confianza—se enfundó en una sudadera negra, sólo se le veían los guantes al final de las mangas, le quedaba un poco grande y daba aires de ser de varón.

—Espero esa confianza no te enceguezca y termines como en Myōjō—dijo tapándose hasta la barbilla.

—Je je eso no pasara, confía en mí, Isuke-sama—la miro directo a los ojos a la vez que se levantaba y se ponía el gorro de la sudadera ocultando su cabellera llameante. Isuke sintió confianza en esa figura, no entendía porque pero lo estaba haciendo.

—Buena suerte, idiota, consigue ese trabajo que Isuke no comerá más tus porquerías~3—le deseó suerte, muy a su manera pero Haruki entendió perfectamente; tomo la caja de pockys con una sonrisa y se lo guardo dentro de la sudadera.

—Je hai, hai Isuke-sama—y con esto último salió corriendo de la habitación, en la entrada se ajustó el calzado e inicio una carrera de velocidad hasta la empresa con una sonrisa optimista pintada en el rostro, ese día se aseguraría de llevarse el triunfo y el pan a casa, sólo debía llegar a tiempo, si se apuraba lo conseguiría, aún tenía más o menos una hora para llegar derrapando a las ocho, literalmente, a las puertas de la empresa. No miro atrás al salir de casa, de hacerlo, quizás hubiera visto la figura curvilínea que la observaba partir desde la ventana de su habitación.

La racha de buena suerte de Haruki continuaba, la lluvia que caía no era tan violenta como la había sido la del día anterior, no tendría que cargar con un pesado impermeable en su recorrido, solo tendría que batallar contra el viento helado que soplaba arrancando hojas de sus madres y globos de las manos de niños; llegaría un poco mojada pero no lo suficiente como para que el conserje del edificio también la maldijera o eso esperaba ella, todo dependería de cuantos charcos pisara en su recorrido.

Cuando la pelirroja se perdió de su vista al doblar un esquina, Isuke volvió a su cama abrazándose a sí misma, el calor que se le brindo durante la noche se había disipado, al igual que la distracción que recibió de esa discusión mañanera, sin ambas murallas, el frío volvía a invadir las tierras vírgenes de su cuerpo, su piel lechosa se erizaba ante la sensación que la aquejaba. Al subir a la cama se envolvió completamente con las sabanas sin dejar nada fuera de ellas, debajo se movió hasta quedar en posición fetal para reunir el calor de su propio cuerpo. Había reunido dos grupos de mercenarios para que combatieran al ejército que dominaba su cuerpo pero no eran suficientes para que parara de temblar, un pensamiento se pasó por su cabeza como un destello, deseo por un momento que aquella tonta pelirroja se hubiera quedado con ella más tiempo para brindarle calor. El pensamiento la avergonzó lo suficiente como para darle calor a sus mejillas.

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—Uff…Uff…Uff…— Haruki llego hasta la entrada del edificio suspirando, no había parado su carrera en todo el camino salvo cuando la ley lo requería. Se encontraba frente a las puertas del edificio recargada en sus rodillas mientras intentaba recuperar el aliento lo más rápido posible, la hora en que los habían citado había pasado ya hace 10 minutos, sus ansias de entrar solo eran controladas por la idea de tener que estar preparada para cualquier prueba a la que la sometieran, su cuerpo no recuperaría su vitalidad en unos minutos pero lo dejaba descansar lo suficiente como para que el ritmo de su corazón se normalizara —…te maldigo cerebro…uff…¿por qué me fallaste hoy? Tenías que…uff…despertarme a tiempo, la alarma siempre es suficiente, a lo mucho te retrasas cinco minutos…uff… ¿qué te distrajo?—la sensación de calidez y comodidad que sintió al dormir con aquella Isuke más tranquila vinieron a su mente —Je, ya estas enloqueciendo… —le dijo a su materia gris dándose unos golpecitos en la cabeza.

Cuando su corazón se hubo normalizado abrió las puertas de cristal y entro a la recepción del edificio. Se acercó hasta el gran cubículo con forma de ovalo con algo de vergüenza, en ese ambiente laboral las personas eran muy estrictas y puntuales, se preguntaba si acaso aún la recibirían; detrás del cubículo se encontraba una recepcionista de traje gris con el cabello de un color gris oscuro recogido en un moño, características comunes en esos medios, en aquella mujer se encontraba su primera prueba, las palabras que pronunciara le marcarían su siguiente acción, presentarse a las pruebas y esperar la reprimenda de su posible futuro jefe o regresar a casa con la cola entre las patas.

—Ejem…buenos días señorita, lamento molestarla—la mujer aparentaba unos veinticinco o veintiséis años, imposible que pasara de los veintiocho, tecleaba en una computadora de escritorio sin despegar la mirada de la pantalla hasta que la pelirroja hablo, a simple vista no parecía del tipo de personas que gastaran su tiempo ayudando a los despistados que llegaran buscando una oportunidad de trabajo, pero Haruki intentó de cualquier forma, las peleas no son sólo físicas, también hay del tipo social—vengo a las entrevistas de trabajo que se están realizando en este lugar , ¿sería tan amable de indicarme dónde son?—se quería dar una patada por la manera tan ajena y extraña en la que hablaba pero se convenció de que esa era la manera correcta de actuar, pasar esa primera prueba requería elegancia y clase, las cuales eran su punto débil…"ni idea como Isuke se junta conmigo".

— ¿Entrevista de trabajo?—observo como tecleaba maestralmente en su computadora y con escudriño leía rápidamente; esa mujer le recordaba un poco a su antigua representante de clases, sólo le faltarían los lentes, aunque estos podrían estar guardados en algún cajón—creo que cometiste un error, las únicas pruebas que se darán el día de hoy son para el puesto de guardia de seguridad.

—No hay ningún error, vengo a eso mismo—le sonrió a la vez que le entregaba los datos que Ryu le había dado—el señor Ryu me entregó esto.

La mujer toma la tarjeta y sí, efectivamente allí estaban los datos del lugar y la hora en la que debía estar presente, claramente la chica estaba un tanto retrasada pero ese no era el problema.

—Es correcto, la información está bien pero…—la mirada de la recepcionista la escudriño de arriba abajo, a simple vista no aparentaba ser más que una adolecente con cabello ígneo y una sonrisa que no desaparecía—no creo que este sea un trabajo adecuado para ti, los guardias de nuestra empresa no están en los rangos comunes, las pruebas no están hechas para evaluar a cualquier persona, no entiendo cómo es que Ryu-sam acepto que hagas las pruebas.

— ¿Qué puedo decir? La oportunidad se presentó y yo la acepte—toma la tarjeta que le devuelven y le brinda una sonrisa a la recepcionista—sé que parece extraño que alguien como yo venga a buscar ese tipo de trabajo, pero estoy segura que tengo la habilidad necesaria.

— ¿Cuál es tu edad?—la verdad sea dicha, la recepcionista no pensaba dejarle las cosas fáciles o dudaba mucho de su capacidad para trabajar como guardia de seguridad, se inclinaba más a la segunda opción.

—Tengo dieciocho años y estoy próxima a los 19—saca de su bolsillo trasero una vieja cartera para tomar su identificación, no le gustaba mostrarla, su pasado como asesina le había dejado la idea que no era recomendable que las personas supieran quien era y como aparecía en el sistema—según la ley, tengo edad suficiente para trabajar—miraba cada tanto el reloj colgado en la pared, ya eran pasadas un cuarto de hora.

—Así es, bueno, no hay remedio—le entrega a cambio de su identificación una tarjeta con numero en ella—a mi derecha, la puerta al final del pasillo, dese prisa Sagae-sam, eres la única que falta y a Ryu-sam no le gusta que lleguen tarde a sus reuniones—vio a la chica asentir sonriendo y correr por el pasillo, estaba segura que había algún tipo de error, esa joven de cabello llameante no podía ser guardia de seguridad. Cuando estaba ya a mitad de pasillo la escucho quejarse y regresar aún más rápido que como se había ido.

—Lo siento, olvide agradecerle, gracias…—vio como la chica leía su tarjeta de la empresa—Saori-sam, un gusto conocerla.

—El gusto fue mío, suerte en esa prueba Sagae-sam y apresúrate—le dijo a la espalda que ya corría de nuevo por el pasillo sonriendo. La primera prueba había sido superada. Venía la más importante. Se asomó dentro tratado de no hacer ruido con la puerta, el tipo, Ryu, daba una pequeña charla a todos los hombres que estaban allí, no le sorprendió ser la única mujer, ya se lo esperaba por la forma en que la trató la recepcionista.

—Me alegra que la puntualidad sea una de sus virtudes, señorita Sagae—la voz fuerte cargada de sarcasmo de Ryu la hizo saltar un poco—tome asiento—entra un tanto apenada por llegar a esa hora, no era una buena imagen la que le daba a su futuro jefe, igual sentía vergüenza por todas las miradas masculinas que le posaban en sima como moscas a la miel, llamar la atención no era algo que le gustara si se trataba de atención masculina. De cualquier forma no perdía la sonrisa en su rostro, estar sentada al final escuchando indicaciones ya era una victoria casi ganada para ella. Saco su caja de pockys y se reclinó en la silla, comía un par de esos mientras su jefe les explicaba cómo sería la paga, todo caía en su lugar, al fin la dama fortuna le sonreía y esta vez, no la dejaría ir por más que pataleara y gritara que la soltaran—ahora, como iba diciendo antes que la oportuna señorita Sagae nos interrumpiera.

—Je je lo siento lo siento—dijo frotándose la parte trasera de su cabeza y sonriendo con un pocky en la boca.

—En este lugar se tiene la intención de contratar gente para proteger el perímetro de seguridad preestablecido, como resultado es posible que se encuentren con situaciones peligrosas o de riesgo para sus vidas.

—Eso explica la gran cantidad de puestos vacantes—escucho Haruki del hombre frente a ella, era cierto, en ese lugar había cerca de cincuenta o sesenta hombres. Quizás la mitad o un tercio de ellos conseguirían el puesto. Y ella debía estar entre ellos.

—Para todo esto, a quien tenga intención de quedarse con nosotros, se le exigirá poseer un conjunto de habilidades específicas para realizar su trabajo. Evaluaremos su juicio y las capacidades físicas que poseen. Por el momento deberán aprobar un examen de aptitud física para continuar el proceso de selección. Los ejercicios medirán su fuerza, resistencia y habilidad haciéndolos correr y completar sentadillas y flexiones. ¿Alguna duda?—la sala quedo en silencio, la deseo general era iniciar aquello y dejar de preocuparse por quien quedara y quien se ira—perfecto, por aquí caballeros y…dama—uno a uno comenzaron a salir de aquella sala por una puerta trasera.

—Muy bien...aquí vamos—saco su celular viendo la foto de pantalla donde aparecían todos sus hermanos durmiendo junto a Isuke, apretujados unos con otros, Fuyuka tomando la foto y haciendo el signo de la paz con su mano—chicos, Isuke-sama, esta va por ustedes, les prometo que de aquí no me iré sin ese contrato—se guardó el celular con una sonrisa de determinación y enfiló tras aquellos hombres.

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El escándalo de la manada la devolvió a la realidad fría de la que había escapado. Al otro lado de la puerta se oía como los niños pisaban con fuerza el piso de madera al moverse de un lado a otro, cada mañana que había pasado con ellos se repetía la misma historia en esa casa: el ruido de los gritos y el desorden de esos niños siempre interrumpían su placido descanso. Al igual que los días anteriores no diría nada, prefería quedarse debajo de las sabanas y pretender que no había despertado, antes que abrir la puerta y lidiar con la energía inconcebible que esos niños tenían apenas despertar; además, la poca ropa que llevaba en el momento no le ayudaba en nada contra la manada de lobos hambrientos que aullaba al otro lado de la puerta.

— ¡Akira! ¡Arashi! ¡Misuki! ¡Siéntense a desayunar! —les gritaba Fuyuka al par de tormentas y a la chica del colmillo que corrían alrededor del sillón jugando a las atrapadas, el resto de la familia ya se hallaba en la mesa comiendo un humilde desayuno que consistía en tostadas con mermelada.

— ¡Corre Misuki, no dejes que ese caracol te alcance! —grito Akira

— ¡Je, no lo hará es una tortuga, TORTUGA!

— ¡AH, soy tan rápido como Akira! —grito Arashi. En la familia Sagae la comida era motivo de lucha, por la que las pequeñas bocas con sus diminutos colmillos se batían en duelo para conseguir un poco, la piezas del platillo que se sirviera volaban con rapidez del plato del centro y aquel que no alcanzara lo suficiente tendría que aguantar hasta la próxima hora por otro oportunidad para llenar su estómago. Al menos así era la mayoría del tiempo, cuando los pequeños se enfrascaban en un juego familiar, era casi imposible sacarlos de él.

—Ustedes, a comer —por suerte para los más pequeños, su hermano mayor se preocupaba por su alimentación. Cuando Akira y Misuki pasaban corriendo por el lado izquierdo del mueble, Saburo los atrapo del cuello de sus camisas escolares, frenando su carrera en seco, ambos niños sintieron con fuerza como sus cuerpo era detenido bruscamente, el último de ellos no logro frenar a tiempo y como resultado se oyeron dos gritos de dolor cuando chocó contra su gemelo —Fuyuka les ha hecho la comida y ustedes tienen que ir a la escuela, a prisa o se les ara tarde—les hablaba con el cariño característico que expresaba por los más pequeños sin que ese tono firme desapareciera de sus palabras.

—Sí hermano…ya vamos —dijo la chica del colmillo haciendo un puchero.

—Ya vamos ~ Iremos de inmediato —dijeron los gemelos que se hallaban en el suelo sobando sus cabezas.

El grupo entero de hermanos, a excepción de la pelirroja, se hallaban en la mesa comiendo las tostadas que pudieran alcanzar, para suerte de las más pequeñas y débiles de la manada su hermano mayor velaba por ellas y tomaba las tostadas que pudiera para dárselas, sacrificando constantemente su propia comida. Sin duda las pequeñas Mei, Yuki y Hana eran las que más querían a Saburo. Después de ellas le seguía Fuyuka que siempre agradecía que le ayudara a controlar a sus hermanos pequeños.

— ¿Inukai-sam no comerá otra vez con nosotros? —pregunto Fuyuka, ante las palabras de ella la jauría comenzó a aullar, cada uno con sus respectivas palabras. La mayoría empezó a clamar en voz alta que deberían llamarla para tomar el desayuno junto a ellos, un pequeño susurro opinaba lo contrario, y el pensamiento de una chica que podía oír el escándalo que hacían en la habitación deseaba que no se atrevieran a molestarle.

— ¡Tienes que hacer que venga! —gritaba Arashi.

— ¡Sí, mira, mira, aún quedan tostadas para ella! —y como siempre Akira lo complementaba.

Ante la insistencia de sus hermanos Saburo no pudo evitar considerar su pedido, los gritos garantizaban que aquella chica, si no lo estaba ya, estaría despierta. Además, pensaba que no era bueno que estuviera encerrada en la habitación de su hermana todo el tiempo. El día anterior ella y sus hermanos habían pasado un gran momento, lo que era un gran avance en la relación explosiva que llevaban, pero para que continuaran así, tenía que empezar a salir por las mañanas y convivir con sus hermanos.

—Está bien, está bien… —dijo por fin mientras con sus manos intentaba calmar el ímpetu de los pequeños —…llamaré a la señorita Inukai para que venga a comer —un coro de victoria inundo la casa, los oídos de Isuke retumbaron y le hicieron dar un alto sobre la cama.

Sin perder el tiempo se levantó de su lugar en la mesa y tomo dirección a los aposentos de su ama, el escándalo de los pequeños disminuyo en cuanto lo vieron levantarse y caminar. Como si quisieran hacer una mentira las palabras de las tormentas, sus hermanas comenzaron a devorar las tostadas que había sobre la mesa. Aunque ya se dirigía hacia la puerta de la habitación, lo hacía con indecisión pues no sabía cómo reaccionaría la chica peli rosa ante la petición que iba hacerle; cuando se encontró frente a la puerta no hubo marcha atrás, toco la puerta y espero una respuesta que nunca llego, entro sabiendo que ya había alertado su llegada.

Cuando oyó que la puerta se abría su humor empeoro, esas ratas por primera vez no respetaban su habitación por las mañanas y entraban a irritarla con su presencia. No importaba, el plan seguía en pie, ella se haría la dormida, con algo de suerte respetarían el sueño de su diosa y se largarían antes de que tuviera que sacarlos a patadas.

—Isuke-sama ¿no desayunara con…? Oh—El joven se quedó callado a media frase cuando entró al cuarto, cerro tras de sí antes que alguna de los pequeños o Fuyuka lo notara—pensé que estaría despierta—se acercó a la cama para poder verla mejor, con un sonrojo encontró los shorts que usó en la noche cuando preparaba la cena, eso significaba que bajo esas suaves sabanas la chica de cabello rosa estaba en pantaletas— ¿en qué demonios estoy pensando?—sacudió la cabeza pero el sonrojo no desapareció de sus mejillas. Se arrodillo en el suelo cerca del rostro de la chica, en verdad era muy linda, él la llamaría la joven más hermosa que sus ojos hubieran visto.

Ese cuerpo tan curvilíneo le hacía subir la temperatura y que el pulso se acelerase en 0.2 segundos; en esos ojos de un color casi indescifrable para él, existía una llama fría que le acaloraba, deseaba que esos ojos tan faltos de sentimiento le dedicasen al menos una mirada de superioridad, como lo hacían con su hermana mayor; ese cabello de apariencia tan suave al taco, deseaba saber si se le escaparía entre sus dedos si tomaba una hebra ¿olería a fresa o a dulce? Y todo acababa con esos finos labios que brindaban todo tipo de sonrisas de las que no tenía idea. Isuke le parecía una hermosísima chica de la que uno podía caer prendado con facilidad, un ejemplo era él, sólo una mirada y ya se sonrojaba con cualquier pensamiento hacía la adolecente.

—Se ve como un ángel cuando duerme… —dijo dejándose llevar por las sensaciones que le provoca la mujer frente a él, su mente no podía contener más las palabras y tenían que salir expulsadas por su boca —…es muy hermosa, su cabello rosa es muy lindo y sus ojos amarillos son cautivantes…je y no puedo engañarme a mí mismo, su cuerpo es perfecto.

—Je, el cachorro se ha enamorado de Isuke, era inevitable que pasará —dijo Isuke en tono burlón con los ojos aun cerrados, una sonrisa se dibujaba en su rostro indicando que el velo de su engaño había subido.

— ¡Ah! ¡Isuke-sama! — dijo Saburo quien cayó sentado al piso de la sorpresa, sus mejillas se volvieron tomates mientras sus manos que empezaban sudar a pesar del frio, intentaban detenerlo para que no se fuera de espaldas.

Mientras el joven humilde bajo la cama temblaba a la espera de lo que pudiera hacer o decir sobre él la chica que lo enamoró, ella abría los ojos y con una sonrisa maliciosa empezó a levantar su cuerpo con sus hombros, la sabana que le cubría comenzó a deslizarse hacia abajo revelando su cuerpo y la poca ropa que llevaba, su abdomen desnudo que revelaba esa diminuta blusa de tirantes, una pequeña parte de sus pataletas y sus pechos peleando por salir de su prenda superior, provocaron que de la nariz del chico escapara ese mismo color tomate. Sin levantarse de su lecho, la peli rosa observaba recargada en su hombro derecho, su rostro dibujaba una sonrisa parecida a la de la asesina aprendiz de su madre y sus ojos brillaban con un brillo similar al que tenía cuando hacía su pequeño negocio sucio. El chico que tenía frente a ella no podía saciar su sadismo, no le tocaría un solo cabello, pero tenía otro placer muy común en los chicas con sus atributos, el conquistar hombres para después humillarlos y romperles el corazón. Ese era uno de los pasatiempos favoritos de Isuke, prácticamente jugaba a ello cada vez que salía a la calle, con su minifalda, sus botas altas y esa apretada blusa. Era una rompecorazones en diminutas ropas. Para ella, aquel chico joven y fácilmente impresionable, en suma de la aún más diminuta ropa que llevaba en ese momento, sería una presa fácil de comer, no había tenido verdadera diversión en un tiempo y ahora frente a ella se presentaba un pobre del que podría aprovecharse para su insana diversión. Se había atrevido a entrar a su guarida y ahora pagaría las consecuencias, para fortuna de ella.

—Jejeje… —comenzó riendo —… El sirviente tiene un buen gusto al enamorarse de su señora, pero entérate pequeño mayordomo, a Isu…Chuuuuuu! —todo se vino abajo, si Isuke tenía el control total de la situación, lo perdió en el momento en que su cuerpo había recordado el frío que hacía por la mañana, la superioridad demostrada se había desvanecido y su presa había perdido el miedo que sentía en ese momento.

— ¡Oh! ¡Señorita Inukai, cojera un grave resfriado si no se cubre pronto! —dio un salto del suelo y se dirigió al armario para buscar algo que Isuke pudiera ponerse, cosa que a ella no se le había ocurrido, lo que la hizo lucir tonta ante un niño mucho más inocente que ella. La vergüenza aún recorría las venas del cuerpo de Saburo, el color rojo de sus mejillas lo delataba, pero ese chico era cortes y su preocupación por la chica que le gustaba era superior a su vergüenza. Regreso al lado de la cama con un conjunto de pans pertenecientes a Haruki — ¡Tome señorita Inukai, póngase esto! —extendió sus brazos hacia ella con las prendas en ellos.

— ¡Isuke-sama! ¡Isuke-sama! ¡Tienes que llamarme Isuke-sama! —grito lo primero que le venía a la mente, el haber perdido su poder de esa manera, pasar la vergüenza de su vida y parecer tonta frente ese pequeño cachorro. Estaba sin palabras y su vergüenza se manifestó en un rubor de enfado.

— ¿! Oh!?

— ¡Fuera de aquí! —le ordeno al chico para que no pudiera seguir viéndola indefensa. El chico dio un sobresalto ante el grito de la chica. Sin idea de que sucedía ni de cómo solucionarlo decidió de manera rápida, sabía que lo mejor que podía hacer era obedecer la orden de la chica y salir de inmediato de la habitación.

—Siii-sì Isuke-sama —dijo de manera astuta al agregar su apelativo favorito. Salió corriendo de la habitación sin mirar atrás, se detuvo un momento antes de salir de la puerta para dejar sobre los pies de la chica el conjunto de ropa, dio media vuelta sin mirarla y salió dela habitación con la fuerza de alguien que escapa. El azotar de la puerta llamo la atención de los chicos que desayunaban hacía su hermano mayor, recargado con un enorme sonrojo contra la puerta.

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Era ya su novena vuelta en esa enorme pista que parecía violar las medidas reglamentarias de una para atletismo de cuatrocientos metros, sentía que eran mil metros o quizás era sólo exageración suya. El aire frio entraba por sus pulmones haciéndoles difícil la respiración; sus compañeros resoplaban vaho de golpe y recuperaban el aire por la boca, eso no les serviría de nada, sólo se lastimarían los pulmones al respirar de esa forma. Ella llevaba el ritmo de su instructor, miraba de vez en cuando tras su hombro para saber cuántos habían abandonado.

―Muy bien…sólo…cinco más…aguanten cinco…hombres…más―ese era su plan, se ponía metas nuevas, una vez cumplida la anterior de siete hombres bajaba a seis, saliendo de la prueba esos seis bajaba a cinco―venga…esto no es…nada―dijo a sus piernas en llamas pese a tener el pantalón empapado por la fina lluvia y los charcos que pisaba―falta uno…sólo uno…les prometo que…nos detenemos…luego de ese rubio…―refiriéndose al joven a su lado tratando de engañar a sus piernas, el aludido pareció oírla porque aumento su ritmo, rebasando incluso al hombre que impartía la prueba―ja…eso…es un reto―sonrió aumentando el ritmo hasta alcanzarlo, aun no estaba a su límite, podía darse el lujo de desperdiciar valiosa energía en sprints.

― ¡Eh tú! ¿Sagae? ¿No?―dijo una vez lo alcanzó, ella asiente sonriendo mientras sacudía sus manos quitándose esas molestas sensaciones de hormigueos― ¿Qué…haces…aquí…tratando de…quitarme el empleo…?―no hablaba en un tono petulante, bromeaba con ella mientras trataba de mantener ese ritmo―Sal en la próxima…vuelta…esto no es para niñas.

―Familia y….puedo correr…tanto o más…que tú―dijo sonriendo.

― Eso…me suena a…apuesta―dijo y sin esperar respuesta dio otro sprint, ella lo siguió de cerca pese a la protesta de sus piernas, era la última promesa, aguantar a que el chico saliera de la prueba y podía detenerse, si aguantaba su ritmo era seguro que se queda con el trabajo.

A la vuelta número trece, sentía que sus piernas picaban y su costado punzaba, no entraba suficiente aire a sus pulmones y de a momentos respiraba por la boca tratando de tomar bocanadas más grandes de aire. Su rival no debía estar mejor, no lo había rebasado pero tampoco se le alejaba mucho. "Desgraciado…detente joder…ya no aguanto…" pensaba en la vuelta catorce viéndole la espalda al que le estaba torturando. Sólo su instinto de competencia le hacía seguir adelante. Pura determinación y control de la mente sobre la materia.

"Maldita niña…ya deja de…seguirme…" sentía el sabor del vómito, resoplaba y sus piernas ardían como nunca, cerraba los ojos tratando de bloquear el dolor "al demonio, ya no aguanto" cerro los ojos y se tiró de espalda en el pasto húmedo, las gotas de lluvia caían frías sobre su cara.

―Hombre…yo esperaba…a que…te detuvieras…joder, maldito…hijo de…aaah―dijo al hombre mientras sus piernas cedían ante su peso, trataba de recuperar su respiración, arrodillada y sosteniéndose con las manos para no acabar de cara al suelo.

―Y yo…a que…tú lo…hicieras…mierda…creo que voy a vomitar.

―Ja ja…Sagae…Haruki―le ofreció la mano a la vez que se levantaba sobre lo que antes sentía que eran sus piernas.

―Toboe…Yuu―toma su mano para levantarse, sus piernas tiemblan y amenazan con tirarlo abajo por someterlas a eso― ¿pasamos la prueba?―mira a la pista pero descubre que no hay nadie corriendo.

―Lo hicieron, Toboe y Sagae, completaron un total de quince vueltas en nuestra pista, algo asombroso en verdad―dijo Ryu acercándose―salvo por un insignificante detalle, la empresa sólo pedía diez vueltas para pasar a la siguiente etapa―el chico se golpeó la frente con la palma de la mano y Haruki sólo sonrió mirando el cielo encapotado―la próxima vez escuchen con atención las indicaciones antes de adelantársele a quien encabeza el grupo y no gasten inútilmente energías, las necesitaran en las próximas pruebas.

―Sí, señor―dijeron ambos.

―Bien, síganme―dijo mientras caminaba al edificio más pequeño de la empresa―empezaran las pruebas de sentadillas y flexiones, espero que tenga fuerza y energía para esto, señorita Sagae.

―La tengo, Ryu-sam―puso un pocky en su boca, el hombre sólo la miro un instante, preguntándose un par de cosas en su cabeza, les dio la espalda y continuo caminando.

―La próxima prueba son flexiones, ¿segura que podrás?―dijo el chico, ahora que lo veía bien, parecía más un hombre joven de quizás 25 años, el cabello en corte militar un poco largo, más alto que ella por supuesto.

―Sólo tengo que seguirte el ritmo y todo estará bien―come de sus chocolates.

―Sólo lo decía porque pues…eres una chica y…―dijo sin saber cómo continuar sin parecer un patán machista.

―Oye…no lo parece pero tengo fuerza…je te sorprenderías de muchas cosas―dijo ajustándose las correas de sus guates.

―Da igual, apresúrate―dijo mientras se adelantaba.

―Je…me pregunto cuando llegara la prueba de combate―sonrió optimista y ansiosa por esas pruebas, una a una iba subiendo esos escalones, pronto, muy pronto lo conseguiría.

Su buena suerte se desvaneció brevemente. Los ejercicios aplicados por Ryu llevaban un orden construido por Sato, en el cual se probaba una parte especifica del cuerpo sin darle descanso hasta llegar al final, como tal la prueba de las piernas aún no había terminado, antes de poder hacer las flexiones, Haruki y sus quince vueltas alrededor de la pista tendrían que hacer sentadillas. Cuando las palabras salieron de la boca de Ryu, una gota de sudor recorrió desde la frente hasta la barbilla de la pelirroja, su nuevo amigo rubio y el resto de aspirantes probablemente se sentirían iguales o peor que ella.

―Les prometo que después de esto, los dejare descansar ―bajo la mirada y le hablo a sus piernas, las había puesto bajo el ambiente frío y esfuerzo físico desde el inicio del día de ayer, para ella que corría cada mañana le era más fácil soportar aquellos ejercicios mucho mejor que la mayoría de los hombres que la rodeaban, sin embargo, después de un día entero caminando bajo la lluvia, una carrera contra reloj apenas despertar y quince vueltas a toda velocidad alrededor de una pista improvisada de cuatrocientos metros con los pantalones pesados por la llovizna hacia que esa ventaja se desvaneciera ―Cuando lleguemos a casa les daré un masaje con loción y a ustedes les tocara la almohada. Se los prometo.

Los aspirantes se alinearon en hileras de cuatro por ocho a la espera de la indicación que diera comienza al ejercicio, la lluvia escondía el sudor de las camisas y los rostros de los hombres que ahí se encontraban, pero sus rostros compungidos no podía ocultar el estado en el que se encontraban, la mayoría probablemente no pasarían de las veinte sentadillas.

―Al sonido del silbato comenzaran con el ejercicio, el objetivo son cincuenta sentadillas ¿Quedo claro? Señorita Sagae ―levanto la voz para que se oyera por encima de todo, Haruki sonrió con los ojos cerrados mientras rascaba detrás de su cabeza "¿Por qué solo me habla a mí? El canario también se sobrepasó" pensó ella al hacer ese gesto

―Jeje, fuerte y claro Jefe.

―De acuerdo, todos listos… ¡Priiiiiiiii….! ―el sonido del silbato se hizo escuchar en todo el lugar y los solicitantes comenzaron con el ejercicio.

Los agotados candidatos comenzaron a doblar sus piernas de arriba abajo soportando el peso de sus cuerpos, los gemidos de esfuerzo se elevaron al aire al igual que el olor masculino del sudor, la mayoría de ellos llevaba un ritmo lento y se detenían agachados o bien parados durante cinco segundos para recuperar aliento; los más resistentes se hacían notar por encima de los demás al llevar un ritmo constante, a pesar de ello, todos sufrían de lo mismo.

Las piernas de la pelirroja recibían un calambre frio en la zona de la rodilla cada vez que volvían a subir, una tensión fuerte en las piernas resultado del agotamiento de estas, el intentar volver a levantarse con ese impedimento era como si los engranes de un reloj sin engrasar hace ya mucho tiempo intentaran girar, ese frío tensaba los músculos dificultando el ejercicio.

Algunos se quedaban a medio camino a causa del dolor y se veían obligados a regresar al suelo e intentar de nuevo arriesgándose a acabar como otros que ya sentían ganas de vomitar. Uno a uno sus compañeros fueron sentándose, derrotados por el esfuerzo acariciaban sus piernas cansadas y acalambradas sobre el suelo. Haruki, junto a una cantidad mínima del total de hombres habían logrado finalizar el ejercicio. Cuando hubo llegado a la sentadilla número cincuenta su mirada se dirigió instintivamente al rubio que antes le había dadoo guerra y descubrió que él también la observaba, con una mirada que la invitaba a otro reto, en su boca ya no se hallaba el dulce de chocolate.

― ¡Tú estás loco! ―le grito sonriendo para que la oyera hasta su lugar.

― ¡Buen trabajo a quienes lo lograron! ―gritó Ryu ―Lucen prometedores… los demás, no se desanimen, aún quedan pruebas que realizar antes de decidir quiénes serán contratados, esfuércense o quédense tirados en el piso, la lluvia está muy refrescante jeje… ―guardo silencio un momento a la espera de que alguien más se riera. Nunca llegó el momento ― ¡Hora del siguiente ejercicio, cincuenta flexiones! ―un quejido general fue lo que obtuvo como respuesta.

―Hey rizos de oro ¿Estás listo o vas arrojar la toalla? ―le hablo al chico cabeceando mientras doblaba y estiraba sus adormecidas piernas.

―Colorada no te enojes conmigo cuando te quite el trabajo –le respondió. Los dos se sonreían como si se conocieran desde hace mucho tiempo. Una amistad entre rivales había nacido en mañana lluviosa y apestosa.

― ¡Señorita Sagae, colóquese en la fila de adelante!―le grito el hombre que parecía ya un instructor del ejército y le había torturado las piernas.

― ¡Sí señor! Me cae bien jeje―dijo para sí, se posiciono hasta la parte delantera de todos los hombres.

― ¡Posición de tabla! ¡Dedos de los pies juntos y manos a la altura de los hombros, tú también Sagae, harás estas flexiones como todos los demás!―grito a la chica que se colocaba en el suelo.

―No conozco otra forma de hacerlas señor je―con una mano en el suelo para apoyarse tomo con la otra un pocky y se lo puso en la boca.

―Apuesto que puedo acabar el ejercicio antes que tú y me quedara tiempo de hacer otras veinte―dijo el chico rubio que parecía buscar quien le pagara la comida― ¿Qué opinas Sagae, me pagas un buen desayuno?―el ¡Priiiiiiiii….! se escuchó y ambos comenzaron al mismo ritmo, a sorpresa del chico, Haruki bajaba tanto como él en el suelo y subía con la misma facilidad, traía una sonrisa confiada mientras jugueteaba con su dulce chocolate.

El sudor se escurría por su cara y hacía que mechones de su cabello se le pegasen a la mejilla y frente, sus mejillas estaban igual de coloradas a cuando hizo las sentadillas, traía la chamarra completamente empapada y pegada al cuerpo, en consecuencia sentía un poco sofocante el ejercicio.

Toboe iba en sus treinta y ocho lagartijas y sentía claramente como sus brazos ardían en dolor, los músculos de sus bíceps no soportaban del todo su peso y lo dejaban caer de pecho. Sus brazos no reaccionaban del todo y cuanto más lento iba la tortura se alargaba aún más. Miro a la chica pelirroja a su lado para saber cómo estaba llevando los ejercicios.

―Cuarenta y dos… cuarenta y tres…―le escuchaba susurrar golpeando con cada número su orgullo masculino, le veía una mirada serena y tranquila, su pocky reducido a la parte sin chocolate; no podía verle brazos a causa de la chamarra, pero estaba seguro que serían toscos y parecidos a los suyos para que tuviera esa fuerza―cincuenta lagartijas no es nada, trata de hacerlas con un par de gemelos en tu espalda jeje―dijo al notar su mirada atónita.

―Cuarenta, cuarenta y uno, cuarenta y dos, cuarenta y tres―empezó a asesinar cada musculo de sus brazos, usando igual la espalda y abdomen para poder alcanzarla o mínimo no quedarse tan atrás en el ejercicio.

― ¡Cincuenta!―dijo emocionada y levantándose de un brinco; otros hombres, los más fornidos y con cara de perro peligroso, también se habían levantado, no eran más de 10, ella estaba en el rango de los mejores en esa prueba, podía apostar toda su reserva de pockys tras la cabecera de su cama de que así era.

― ¿Eres una especie de chica con esteroides o qué demonios?―luego de dar sus cincuenta lagartijas el chico rubio se había dejado caer al suelo con la sensación de que sus brazos estaban palpitando.

―Je je sólo tengo una vida muy movida―dijo estirándose el brazo para enfriar sus músculos.

―Veo que sigue perseverando señorita Sagae, espero con ansias ver su desempeño en la próxima prueba―dijo Ryu― ¡Prepárense todos, es la última prueba, no se los dije pero aquí les espera un combate cuerpo a cuerpo!

Los ojos de Haruki brillaron de la emoción y su cuerpo se inundó de entusiasmo, frente a ella se hallaba la prueba que más esperaba y dela que estaba segura brillaría por encima del resto, si ahora se encontraba entre los mejores tenía la seguridad de que ella sería la numero uno en combate. Ni siquiera Toboe le daría problemas, era un chico atlético pero no parecía tener las cualidades de un combatiente. En la siguiente prueba impresionaría a Ryu y a todos los presentes, si no lo estaban ya, y el trabajo sería suyo. Pero antes de eso había una cosa. Suspirando aún por el esfuerzo, camino hacia el que ahora veía más como un amigo con el que poco ha hablado que un rival.

― ¿Estás bien rizos? ―se agacho junto a él ―No puedes caer todavía, aún tienes que quitarme el trabajo.

― ¡Ja! Que graciosa ―interrumpió brevemente el descanso de su cabeza para levantarla y dirigirle una mirada junto con una sonrisa forzada aparentando una fortaleza muy endeble, pero su cuerpo tumbado revelara la verdad, como el pajarito que ha arruinado la vida de muchas personas alrededor del mundo―Mejor así, ya aceptaste que no conseguirás el empleo.

―Jaja, eres muy persistente… ―el brazo derecho de Haruki se movió hacia el frente para ofrecerle su mano al chico tendido en el suelo, Toboe miro la mano frente a su cara sorprendido ―… vamos, aún debemos medirnos en un combate real.

―Tienes razón colorada, aún te debo un baile ―su cansado brazo izquierdo hizo un esfuerzo y se levantó para tomar la mano que le ofrecía la chica. Ella se levantó y tiro de el para ayudarlo, con un poco de esfuerzo para ambos Toboe logro ponerse en pie ―Recordaremos esa pieza cuando se la contemos a nuestros nietos.

―Je, no intentes ser galante conmigo, te verás peor cuando tu cara este cubierta de polvo―dijo con una sonrisa sin que le afectaran los coqueteos descarados pero graciosos del chico.

―Je, bueno, usualmente no me gusta tirar chicas a otro lugar que no sea una cama, pero haré una excepción―en definitiva tenía que darle una pequeña lección a ese canario.

―¡Priiiiiiiii….! ―el sonido del silbato sonó interrumpiendo cada conversación que se viviera entre los aspirantes ―Muy bien todos escuchen, tienen suerte, pueden tomarse un descanso y descansar sus músculos antes de la prueba de combate, debo atender un asunto antes de iniciar, asegúrense de no enfriarse o se los llevara el carajo.

La mayoría del grupo aplaudió su decisión en silencio, buscaron refugio de la lluvia en los estacionamientos de la empresa donde podrían sentarse a descansar a salvo de la lluvia y tomar agua, en tres mesas blancas puestas juntas en una de las entradas del estacionamiento se hallaban varias botellas de agua proporcionadas gratuitamente por la empresa. Mientras los postulantes se dirigirían al improvisado refugio, Ryu caminaba hacia el edificio de investigación. Entro dejando tras de sí un rastro de humedad, el intendente en turno lo observo y él le devolvió la mirada.

―Lo siento hombre, limpia eso también.

―Como usted diga señor ―dijo el hombre de avanzada edad mientras bajaba la cabeza. Una suerte similar a la que había tenido Haruki el día anterior, pero con diferente resultado debido a su posición.

El edificio de investigación tenía una recepción mucho más pequeña que el principal y curiosamente no había nadie en el mostrador, en el edificio entero no se oía ningún ruido más que las gotas de lluvia al golpear, daba la sensación de estar completamente vacío salvo por Ryu y el intendente. Se acercó hacia una de las hileras de sillas de espera que había junto a una de las paredes, se sentó en una para descansar, su mano izquierda se deslizo dentro su bolsillo para salir de el con un celular, presiono la tecla de marcado rápido y la otra línea no tardo en contestar.

―Ha llegado el momento Sato, los prospectos están descansando mientras hablamos a la espera de que la prueba real de comienzo, solo hace falta tu indicación para iniciar.

―Bastante bien, te llamaré en cuanto esté en posición Beep ―el teléfono fue colgado y regreso al bolsillo del saco de Sato.

― ¿Pasa algo, Sawada-san? ―pregunto el hombre a quien protegía, sus ojos estaban clavados en los tubos de ensayo, tomando muestras de uno de estos y observando a través de un microscopio.

―Sì, señor Hiroshi, las pruebas para los nuevos guardias están a punto de terminar.

―Ah, las tan dichosas pruebas, espero que la sangre nueva pueda defenderse mejor, pobres muchachos… ―dijo sin mucho sentimiento en sus palabras, su concentración estaba absorbida por su trabajo ―… bien, vamos, yo también quiero ver a los nuevos reclutas ―despego su mirada del aparató, su vista parecía distraída como si no estuviera realmente ahí sino pensando en algo dentro del enorme y elaborado mundo que era su cabeza, tomó dirección hacia la puerta del laboratorio.

―Muchas gracias señor Hiroshi ―hizo una reverencia ante el profesor que pasaba a su lado y lo siguió hasta la puerta apoyándose en una muleta―la sala de juntas está a un lado, desde su ventana podremos ver el patio principal.

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3

Luego del pequeño incidente de la mañana junto al tercer hijo en esa familia, Isuke no había salido de la habitación sino hasta que Fuyuka le insistió en ir a la cocina para comer unas tostadas con mermelada. El chico que la avergonzó había salido a unas labores escolares, los chicos llegarían solos a casa acompañados de sus dos hermanas mayores, Isuke le daba la mitad de su tostada a Mei que a la vez la compartía con Yuki, frente la mirada desconcertada de Isuke, ¿Cómo es que se compartían comida pese a las peleas y el hambre? Porque sí, las niñas en esa casa podían llegar a pelearse, algo tan sencillo como no querer prestarse el mismo juguete podía desencadenar mordidas y jalones de cabello, Isuke las veía y podía imaginarse a un caniche peleando con un lobezno; pero eso pasaba con la niña Hana o uno de los gemelos, Mei siempre se comportaba no importando lo que le hicieran, era muy muy tranquila y le gustaba mucho la mermelada, eso podía verlo Isuke.

― ¡Llegamos diosa!―adiós paz y tranquilidad, llego corriendo la tormenta. Ambos niños, tan parecidos a su hermano mayor, se le acercaron de a uno tratando de tomar un beso de su diosa ya que por la mañana no habían podido ni despedirse apropiadamente de ella, al primero le dieron media vuelta y le patearon el trasero, el segundo recibió un pequeño golpe en la frente y callo sobre su hermano, ambos se sobaban frentes y traseros.

―Chicos, ustedes limpiaran el suelo, entraron otra vez sin limpiarse los pies―tras los chicos se veían pisadas enlodadas, la lluvia no era como la del día anterior pero eso nada importaba a los gemelos y los charcos de lodo en los que saltaban― ¿Dónde están Misuki y Hayaka?―dijo al ver sólo a la tormenta y a Hana.

―Se quedaron en la tienda de la esquina, cruzando la calle, nos dijeron que nos alcanzaban en poco―dijo la niña que ya se sacaba el impermeable y las botas.

― ¿Estaban comprando algo?―la niña asiente― ¿Con qué dinero?

―Misuki traía unos cuantos billetes―dijo y se fue a su cuarto para cambiarse el uniforme escolar.

―Hay no, no otra vez―dijo masajeándose arriba de la ceja izquierda. La chica pocas veces hacía ese tipo de gesto de preocupación combinada con irritación ¿Qué es lo que había hecho esa chica que no se sacaba nunca la chamarra?

―Ahhh estoy satisfecha, este refresco junto con las papas son de lo mejor, gracias a Kotome, Yushi y Sora por esas malas jugadas ¿no, Hayaka?―dijo la chica entrando con una bolsa de papas con poco limón a medio acabar y terminándose el último trago de la botella, su hermana mayor traía en las manos una lata sin abrir―gracias al muy tonto pudimos pagarnos un buen desayuno y que nos sobrara para estos aperitivos―sonríe con la satisfacción pintada en la cara.

―Sa-sabes que a Haruki-nee-sam no le gu-gusta que hagas eso.

―Ugggh nuestra vida sería muy aburrida si hiciéramos caso a todo lo que Haruki no dice ¿tu saltarías a un barranco si Haruki te lo dijera? No, por supuesto que no.

―La diferencia es que Haruki-nee-sam nunca les pediría que hicieran algo arriesgado o que este mal, como por ejemplo robarle dinero a otros―dijo la segunda al mando cruzada de brazos mientras veía a ambas chicas entrar.

―Fuyuka-nee, siempre pensando lo que no es, no le robe dinero a nadie, lo gane limpiamente con esto―de la nada saco un mazo de naipes, lo extendió con abanico con una sorprendente maestría―no es mi culpa que hoy la suerte estuviera de mi parte y no de parte de esos chicos.

―Misuki, tu sabes que esas cartas están trucadas, lo que haces es robarle el dinero a esos chicos.

―Falso, no están trucadas, puedes revisarlas todo lo que quieras pero nunca le veras algo raro, son un mazo de cartas comunes y corrientes sin nada especial―hablaba con un tono que Isuke no le había escuchado, de gran carisma y elocuencia, cortaba el mazo con una mano y lo dividía incluso en tres secciones para volverlos a unir, sin que una sola carta se le saliera del montón o la manera tan fácil que hacía ver de hacerlo se perdiera.

―A Haruki-nee-sam no le gusta que lo hagas y lo sabes, no le des problemas Misuki, ya te estabas comportando―dijo a la menor y se fue a su cuarto―debo salir un momento, tratare de volver antes que Nee-sam llegue.

―Uff…es mera habilidad y un poco de magia, no sé qué le ven de malo a unos cuantos refrescos y papitas―dijo cruzada de hombros pero sin dejar de juguetear con las cartas, siempre era así, sus hermanas tan cerradas de mente que le prohibían jugar a ganar dinero con su habilidad para las cartas, no las entendía, no era para ella el dinero, era para todos; una ocasión llego con buen manojo de billetes, los mismos o más de los que Haruki cobraba, tuvo que devolver el dinero a las personas con la que jugó. Que injusticia, a Haruki jamás le preguntaban de donde saco el dinero pero a ella la obligaban a regresarlo.

―Misuki, has el movimiento del rayo con dos mazos―dijo uno de los gemelos sacándola de sus pensamientos.

―Sí, anda, o el as que aparece y desaparece, ese es mi favorito.

―Je je, de acuerdo, este es uno nuevo que aprendí no hace mucho, pero deben poner una moneda en medio de las cartas.

―Mi-misuki, recuerda lo que te dijo Fu-fuyuka-nee―dijo la chica ganándose una mirada aburrida e irritada de su hermana―a Haruki-nee le decepcionará oír lo que le hiciste a esos chicos…―baja la mirada al refresco aun sin destapar en su mano , después camina a la cocina para guardarlo y lavar los platos que habían quedado rezagados del desayuno. La comida calentándose en la estufa.

No mucho que podría importarle que Haruki-"nee" se decepcionara de ella, estaba a cargo de los gastos de la casa, de ellos y de cuidar a su madre, le quería en la medida que podía pero en ocasiones sentía que la asfixiaban.

―Si le quitaron el dinero se lo merecen al ser tan inútiles para caer en esos juegos de niños~3―apenas ahora reparaba en la chica con cabello de chicle, últimamente era más accesible que cuando se conocieron.

―No son juegos de niños, señorita―dice haciendo un acordeón del tamaño de su brazo con las cartas―son trucos de magia―dijo haciéndose la interesante, primero el verbo luego los trucos―por ejemplo, ¿ya le conté de un tío que sabía cómo ganar siempre al póker?―sus manos se movían con mucha maestría, barajaba las cartas y buscaba los ases―el usaba ciertas técnicas mecánicas y numéricas para saber que carta saldría de la baraja y adelantarse a esas jugadas, qué listo era debe usted pensar―repartió para cinco personas―el hacía que sus camaradas se sintieran cómodos―recogió el primer juego de cinco cartas y lo mostro, dos K, una Q, un 7 de corazones y un 9 de diamantes―son buenas cartas, pero a mi tío le hacía falta el dinero, así que se repartía cartas aún mejores―alza las últimas cinco y allí se veían los ases y una jota de corazones―pero ¿Qué va pasando? Un mal día debía pagar el alquiler y va donde sabe que consigue dinero fácil, pero en giros de ruleta pierde todo lo que tiene, a causa de ello, yo aprendí su truco―reparte nuevamente para cinco personas―pero no solo eso, lo mejoré―muestra la primera mano, una corrida de diamantes―lo perfeccione y todo a causa que…―muestra la última mano y allí en fila―no me gusta perder. Una escalera real de picas―se la muestra y todos los niños exclaman un infantil OOwwww.

Misuki entretuvo un rato a Isuke, le divertía lucirse en su campo, las extendía todas, las partía en tres en el aire, hacía acordeones y le sacaba truco de magia tras truco de magia, cada uno más y más elaborado que el anterior.

―Isuke puede ver a través de esos trucos, no son más que niñerias~3―y claro, siempre hay una persona que se piensa muy viva y quiere desacreditarle, pero ella sabía cómo proceder a eso, es más, quizás lograra divertirse de lo lindo con la chica Inukai.

―Muy bien, Isuke-sam, entonces ¿Qué tal una buena partida de póker? Si es que en verdad puedes ver a través de mis supuestos trucos.

―Qué tontería, en tus bolsillos apenas y hay monedas.

―Jaja, es posible, pero no me preocupa, sé que ganare pero si insiste ¿sabe jugar al póker de prenda?―la chica nunca insistió en apostar, pero especialidad suya era hacer creer a las personas que dijeron tal o cual cosa.

―A Isuke no le interesa ver las miserias de esta familia―dijo viéndose las uñas.

―O no puede ver a través de mis trucos―dijo como quien descubre la verdad y la afirma―descuide, no le haría trampa de ningún tipo, no tiene que declinar la invitación por estar asustada.

―Reparte~3―la chica calló en la trampa, ahora a arreglar el mazo, metió con tranquilidad las cartas en su bolsillo y saco de un bolsillo interior de su chamarra un paquete aun sin "abrir".

― ¡Akira, corre! ¡La diosa jugara al póker de prenda contra Misuki!

― ¡¿En serio?! ¡Cámara, cámara, mis ahorros por una cámara!

―Ustedes no están invitados, esto es cosa de adultos―dijo mientras caminaba barajeando a la habitación que Isuke se adueñó, llevaba con una mano una pequeña mesa para jugar. Cerró la puerta corrediza dejando a los gemelos llorando a llanto tendido en la sala.

Coloco la pequeña mesa lejos de la ventana, un gesto considerado de su parte en su mente un tanto tramposa y con malas intenciones para su propia diversión en esa tarde en que la tarea era lo último que quería hacer.

―Quien tenga el naipe más alto reparte, señorita, ¿sabe cómo jugar el póker? ¿O prefiere algo más sencillo como el conquián?―dijo barajeando y barajeando, partiendo en tres y cuatro la baraja y regresándola a su posición, la chica mayor no despegaba la vista de los movimientos fluidos de las cartas.

―Isuke sabe cómo jugar~3―Misuki le paso 4 cartas con una sonrisa confiada y a la espera de algo, Isuke las levanto con sus dedos de perfecta manicura: 2 y 4 de corazones, 8 de trébol y una J de trébol, que la chica trate de superar eso, pensó al bajar su mano. Misuki no miro su mano, sonrió confiada y tomó la tercera carta, una Q de picas.

―Yo repartiré las cartas, a no ser que la señorita quiera hacerlo―dijo recogiendo las cartas repartidas.

―Sólo limítate a repartir―la chica sonrío de esa forma lobuna, busco algo en su chamarra, una gorra, se la puso con la visera detrás y su cabello que lo alcanzó a esconderse dentro apuntaba hacia arriba en la parte de las orejas: la chica parecía tener más pinta de un zorro que de un lobato. Recibió dos cartas, en medio de ellas había 5 boca abajo, la chica uso una de sus cartas para darles la vuelta a las primeras tres: 7 y 8 de picas junto a un J de corazones, nada mal. Ella tenía en su mano un 6 de trébol y una J de diamante, podía hacer par con las Js y con algo de suerte otro par con el 6.

― ¿Continua señorita?―dijo con una sonrisa la niña.

―Claro~3

―Muy bien―dijo alzando la próxima carta: 5 de picas, Isuke ahora estaba en aprietos, o la próxima carta tenía 6 o se arrepentiría de no haberse puesto más ropa―y cuénteme, ¿Cómo dice que se conocieron mi hermana y usted? ¿Y cómo es que acabo aquí en esa humilde casa?

―Un trabajo que salió mal―miro directo a los ojos de la chica, la miraba sin ver sus cartas, de forma tranquila jugueteaba con ellas en su mano derecha― ¿no eso debió contárselos la idiota de tu hermana?

―Jeje sí, supongo que lo olvido, no me sorprende, Haruki es muy despistada en muchas cosas―destapo la última carta y allí estaba: un 6 de picas―para hacerlo interesante quien gana dos manos, elije la prenda―dijo mientras sacaba todo el dinero de su bolsillo.

―Entonces Isuke no sólo se llevara tu dinero, sino también saldrás de aquí sin ropa―dos pares de Js y 6s.

―Muy bien señorita, me impresiona, supo cómo y cuándo permanecer con la apuesta, pero no contó que hoy la banca paga a la casa Sagae―9 y J de picas―escalera de color más una pareja de J pero creo eso viene sobrando―Isuke la miro con enojo, no le gustaba perder y menos contra una niña.

―Reparte―gruño.

La siguiente mano se fueron a la carta más alta, Misuki no quería usar sus habilidades contra Isuke pero viendo como la mitad de su futuro pan de melón se iba en monedas al lado de la peli rosa tuvo pensó seriamente en manipular ese maso.

―Lo siento señorita, pero me deberá regresar el dinero―par de Qs.

―Isuke no regresara nada, al contrario, paga lo que resta―trío de Js, eso sorprendió a Misuki, la chica sabía jugar, no lo esperaba de alguien como ella pero le hizo sonreír internamente, en esa casa nadie sabía cómo jugar póker.

Pero ya era tiempo de ganar.

―Isuke no va―dijo bajando sus cartas, demonios, ahora tendría que hacer que cayera en la trampa, bajó sus cartas d las regreso al maso, hizo extraños movimientos, ya sea para impresionarla o para que se distrajera mientras sus dedos hacían magia.

―Compañeras de habitación entonces, Haruki es muy egoísta, no comparte su habitación con nosotras, Saburo debe dormir en el sillón a causa suya―repartió con naturalidad pero sabiendo cuales cartas tendría cada una, le había dado dos Ases a Isuke, puso un As al principio de las nueve cartas como una buena carnada, lo que la chica no sabía es que ella tenía una Q y un K de trébol, todo estaba bien colocado.

―No hay nada de malo en querer las cosas para sí misma, Isuke lo hace todo el tiempo, solo los idiotas se sacrifican por otros y se quedan sin nada propio~3―alli estaba, la mitad de su dinero siendo apostado, nada mal.

―No debe ser así cuando es la familia.

―La familia es importante, pero no es familia si te piden que te sacrifiques por ellos―en la cuarta carta no había problema alguno. Era mejor que Isuke se distrajera, de lo contrario ya habría captado por donde iban los tiros en esa jugada, pero de alguna forma le llamaba la atención la manera en que se expresaba de su hermana mayor: siempre la insultaba pero parecía defenderla en estos momentos donde sólo Misuki escuchaba.

―Si llego a ganar, esa linda camisa de Haruki deberá irse, mucho mejor ¿no?―destapó la última carta, el As de trébol.

―No hoy niñata, póker de Ases~3―una mano casi imposible de ganar―ahora vete sacando esa mugrosa sudadera.

―Bastante bien, señorita, pero temo que hoy no es suficiente―baja sus cartas y en conjunto con las otras 5―escalera real de trébol, su carta ganadora se convierte en mi pase a la victoria.

Y así le siguieron una serie de victorias que dejaban más y más desnuda a la chica. Misuki no era tonta ni ambiciosa, le dejaba ganar un par de veces para que recuperara alguna prenda y el juego no se notara tan controlado, le ganaba de manera no muy elaborada, teniendo mejores Palos o manos, ganándole a su trio con una escalera del 4 al 8; hablaba con ella para distraerle, resultó no ser una chica prepotente y que se cree el centro del universo por tener dinero, si era descortés, fría y egoísta pero no por su posición social, sospechaba que ser hija única la formó así o algo parecido, lo suyo no era la psicología, eso se lo dejaba a Fuyuka. Era una chica con la que se podía hablar y esta le contestaría con lo primero que le llegara a la mente, podía contar con eso.

El juego se extendió por quizás una hora, ninguna se dio cuenta cuando el sol comenzaba a mover la sombra de la venta, Misuki sonrió un poco al ver que a espaldas de la peli rosa se asomaban unas cabecitas idénticas con caritas ilusionadas de ver a su proclamada "diosa". Isuke no prestó atención en el sonido de la puerta corriéndose, quizás porque su mente estaba ocupada en buscar una manera de recuperar al menos la camisa que había perdido en la mano anterior.

Le caía bien, casi le daba pena el pedirle también el sujetador.

―Esta se la pagaras a Isuke―dijo con un tono de vergüenza y enojo mientras depositaba su sujetador en la mesa y Misuki lo recogía dejándolo después en una pila de ropa a un costado.

―A los gemelos les alegraran saber que son naturales y no sólo rellena el sujetador.

― ¡Eso dalo por echo Misuki!―dijeron dos vocecitas al unísono a espaldas de la chica en pantis moradas― ¡Vamos Misuki, saca otra escalera real como siempre haces! ¡Haruki-nee-chan no nos deja ver nunca a la diosa en todo su esplendor!―gritaron mientras se limpiaban la saliva que les escurría de las bocas.

― ¿Como siempre haces? ―un aura negra y pesada se alojó dentro de la habitación, la mala idea de hacerle trampa a Isuke había mostrado su lado feo: ser descubiertos en el acto. Los gemelos pensaron en huir de allí para salvar la vida pero fueron absorbidos por el agujero negro en que se había convertido el enojo e indignación de su huésped, en el suelo quedaron las marcas de sus uñas tratando de alejarse de ese cuarto. Fueron arrojados junto a su hermana que veía con temor el demonio al que le había tocado las narices.

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3

El suelo se encontraba mojado por la lluvia, si caías al suelo, a pesar del césped que lo cubría, podrías llegar a sentir el lodo que había debajo. No solo había la posibilidad de perder la oportunidad de empleo al caer, en un riesgo más mínimo, te arriesgabas a perder un poco de orgullo. Así lo comprobó Haruki cuando de la pareja que luchaba en ese momento, el que había caído se levantaba con la cara y su ropa llenas de lodo, el que se alzaba por encima de él se mantenía limpio salvo por lo mojado de su ropa, la medalla de victoria del ganador era la imagen de su persona limpia.

―Bastante bien Makoto, tu no tanto Kaito quédate un rato bajo la lluvia ―les decía Ryu a la reciente pareja ― Ken, Shun, son los siguientes ― anuncio en dirección al estacionamiento, los aspirantes expectantes esperaban a salvo de la lluvia a que su turno para demostrar su valía llegara, junto a Haruki ya habían varios hombres cubiertos de lodo, la emoción almacenada dentro de ella provocaba que sus pies a pesar de estar cansados levantaran la punta para golpear el suelo, los pockys no dejaban de ir a su boca, quería pasar cuanto antes y demostrar a todos de lo que estaba hecho cada vez que se mencionaba otro nombre que no fuera el suyo una gran frustración la embargaba, estaba casi segura de que Toboe se sentía igual que ella.

Mientras la nueva parejas y la anterior intercambiaban lugares en el centro del patio, mostrándose al aire libro y exponiéndose a la lluvia, Haburo y Sato analizaban desde la sala de juntas, protegidos de la visión delas personas de afuera por los vidrios polarizados, a cada uno de los participantes.

― ¿Qué opinas de esos dos Sawada-san? ―pregunto el doctor a su guardián.

―No hay nada nuevo que comentar, cayó con demasiada rapidez. La mayoría de los que se presentaron solo buscan una oportunidad pero no tienen idea de cómo pelear. La superioridad de los que saben es demasiado evidente y cuando ambos están al mismo nivel el combate es torpe y lento ―el semblante de Sato se mantenía impasible, ninguna de las muestras de habilidad dadas hasta ahora habían logrado impresionarlo, aquellos que tenían potencial no podían demostrarlo al cien por ciento al hallarse contra rivales muy por debajo de ellos.

―No serán muchos los que sean contratados, ¿Verdad? ―los dos mantenían una actitud sería y analítica, sus palabras eran tranquilas y no dejaban traslucir otros sentimientos que no fueran la calma que se sentía en la habitación.

―Son escasos los que hasta ahora han dado la talla.

―Ya veo, tendremos que arreglárnoslas por el momento con los pocos que reúnan los requisitos, las filas tardaran en volver a llenarse.

―Eso me temo, habrá que volver a lanzar el aviso, esta vez me asegurare de subir los requisitos, contemplar esto es una pérdida de tiempo para usted.

―Tranquilo Sawada-san, me he perdido muchos programas de lucha por mi trabajo, no es un campeonato pero siempre es entretenido ver como un hombre cae al lodo ―dijo y sonrío, dándole un ligero toque de alegría.

Los hombres que pasaban al frente lucían prometedores, eran altos y estaban en condición, su forma de caminar era la de una persona segura de sí misma y en sus ojos se veía la determinación de ganar, Haruki podía ver eso y más en ellos, este combate sería entretenido.

―El instructor dijo que no nos enfriáramos ―dijo una voz a su izquierda, llamando su atención ―Pero con toda esta espera ya congele ―le dijo Toboe que se acercaba a ella.

―Je, al menos no estoy sola en mi espera.

―No soporto ver a una mujer esperando sola, es muy aburrido para ellas, vengo a darte un poco de alegría ―el chico seguía con sus coqueteos, le resultaban divertidos por alguna razón.

―Muy amable de tu parte… ¿Pocky? ―dijo y le extendía la caja de pokcys que guardaba en el pantalón.

―Oh, nos acabamos de conocer y ya me ofreces dulces, esto va demasiado rápido deberíamos tomarlo con más calma ―toma uno de los pockys y se lo lleva a la boca, rio con los ojos cerrados mientras el dulce se alojaba en su boca "me caes bien chico, pero tendré que borrar esa sonrisa de tu rostro" pensaba Haruki.

―Espero que no te desanimes mucho cuando caigas al suelo, odiaría que esa actitud tan graciosa se perdiera.

Mientras la pareja con el color de cabello más vistoso del grupo hablaba, tomándose demasiada confianza para ser la primera vez, los dos nuevos combatientes habían llegado ya al centro del patio, se encontraban frente a la espera de la indicación de Ryu. El instinto de lucha que Haruki poseía, reminiscente de sus días como asesina, le dejaba ver que eso dos darían un buen espectáculo, sería educativo y algo interesante de ver, pensar que por fin un verdadero combate se mostraría a los ojos de todos le hizo caer en cuenta de que para poder lucirse como ella quería tendría que enfrentarse contra un oponente que supiera luchar. Al mirar a su alrededor fijando su vista en los ya pocos candidatos que no habían luchado, se dio cuenta que solo había un par a los cuales rodeaba esa aura de decisión y fuerza, en el resto no podía sentir nada de esto, tenían miradas indecisas y sus cuerpos se encogían ante la idea de que llegara su turno. Entre ellos se hallaba Toboe, que a pesar de tener la confianza, decisión y una buena musculatura carecía de ese instinto de combate. Muy probablemente esa sonrisa desaparecería de su rostro.

―Tengo el presentimiento de que el siguiente combate será interesante ―le dijo intentado llamar su atención, si observaba un buen combate quizás obtuviera algo de inspiración para salir victorioso ―deberíamos prestarle atención.

―Oh, ¿Qué te hace decir eso?

―Presentimiento ―dijo mientras levantaba los hombros.

―Je, ya veo. Sabes, un hombre muy sabio dijo una vez que el presentimiento de una mujer es más poderoso que la certeza de un hombre ―hablo dándoselas de inteligente y conocedor.

― ¿Ah, sí? ¿Quién dijo eso?

―No tengo idea, pero un hombre sabio lo dijo.

―Jaja, lo que tú digas chico.

Ken vestía un conjunto deportivo consistente en el pans, chamarra y un gorra de color rojo, lucía una barba poblada de color negro al igual que el cabello que escapaba del gorro que llevaba. Shun vestía un pantalón deportivo color azul y una playera manga corta de color negro, tenía la cara limpia y su cabello estaba alborotado. Ambos lucían musculaturas similares, no exageradas pero que daban la idea de que podían darle una paliza a cualquiera, eran hombres grandes y altos, definitivamente tenían el perfil que la empresa buscaba.

―Empiecen―dijo Ryu.

Shun no dudó en atacar, movió el cuerpo en el aire para tomar un buen impulso y dar una patada alta a la cabeza de su adversario, movimiento muy complicado pero perfectamente ejecutado, antes de que pudiera sentir la cabeza de Ken con su golpe, una patada directo a su mandíbula lo despidió hacia atrás.

Todos quedaron sorprendidos por la rapidez en que ocurrieron las cosas, todos creían que la pelea acabaría con esa impresionante patada giratoria, pero no era suficiente para que el chico de cabello alborotado saliera del juego, logro poner manos en tierra antes que su cuerpo callera al lodo y la pelea se diera por acabada. Escupió al suelo y se froto la barbilla que a simple vista se veía muy lastimada.

―Eso fue sorprendente, no sé cómo pudo ser tan rápido―dijo Toboe sin disimulo.

―No fue rapidez―dijo Haruki viendo con una sonrisa la pelea, captó la atención completa del rubio―perdió tiempo luciéndose con ese giro del cuerpo, el otro sólo vio la apertura que dejó y contrataco con los movimientos necesarios.

Shun se situó a unos pasos de su oponente, lo veía cara a cara planeando el próximo movimiento. Los ojos de Ken no mostraban algún tipo de sentimiento, no despegaban la vista de su oponente ni tampoco se movía; con las manos manchadas de lodo, daba algo parecido a saltos alrededor, salpicaba el lodo y buscaba una apertura en donde atacar: mando su puño a la cara de Ken pero este lo desvió para atizarle una patada en el costado, no contaba que el chico le sujetaría la pierna y le daría un barrido a la que usaba de apoyo, se veía ya perder pero le golpeo en la cara zafándose de su agarre y llenándose las manos de lodo. Ahora estaban a mano.

Las miradas de todos estaban puestas en ellos, Shun lanzaba golpes y patadas sin descanso y Ken los esquivaba la mayoría de las veces, los golpes que no podía esquivar iban cargados de mucha fuerza que lo desequilibraba un poco y le hacían apretar los dientes; un codazo lo hizo sangrar del puente de la nariz pero no perdió la calma en la mirada.

―¥50 a que gana el del cabello feo―dijo el chico.

―Echo―una apuesta fácil de ganar, el chico era fuerte y sus movimientos muy diestros, pero perdía tiempo en movimientos innecesarios y mal empleados, dejaba muchos huecos en su defensa. Ken parecía más entrenado.

Shun se zafaba de una llave al brazo, su especialidad era los saltos y contorciones, le sacaban de varios golpes pero no era suficiente para ganarle al tipo de la gorra.

Ya ambos estaban cansados, era tiempo de acabar aquello. Los espectadores ovacionaban a su favorito y daban sendos "Oooohh" cuando algo pasaba. El favorito era el chico cabriolas, este trato de golpear una vez más a Ken, que ahora sonreía de una manera muy muy nítida, casi no se veía la curva en sus labios pero allí estaba, contraataco con un codazo demoledor en medio de la cara haciendo que saliera sangre de la nariz, guardo su distancia tratando de salir de la conmoción pero una patada tras la nuca lo envió directo de cara al lodo.

El combate terminado y Haruki extendiendo la mano para recibir los ¥50 acordados.

―Estos lo hicieron bastante bien, sentí que observaba mis luchas por la noche ―dijo Haburo rompiendo el silencio de la habitación, cada que observaban un combate el silencio invadía la sala, se dedicaban a analizar en el fondo de sus mentes cada espectáculo que se libraba allá abajo, pero este había sido el primero que realmente había valido la pena, el hombre victorioso le daba la mano al chico que en barro para ayudarle a ponerse en pie; el doctor no podía contener la emoción y comentar ― ¿Qué opinas tu Sawada-san?

―Estos son buenos ―dijo con una sonrisa en su rostro ―Los dos saben pelear, tienen potencial. Aquel rojo tiene un estilo más disciplinado, ha entrenado profesionalmente. El azul tiene un estilo más tosco, es probable que sus habilidades provengan de las calles ―comento adivinando aunque no lo supiera ―Fue ese estilo menos indisciplinado el que le costó la derrota ―su semblante serio volvió.

―Si disciplina y técnica es lo que le falta, tu estas más que capacitado para instruírselas.

El combate le había parecido muy divertido, tal como ella había previsto los dos tenían idea de cómo pelear. Esos dos eran el foco de atención en estos instantes, todos los candidatos observaban maravillados a la pareja que regresaba a la salvedad de los estacionamientos. Por alguna razón, los hombres siempre se emocionan al ver una buena pelea "Je, yo los dejare boquiabiertos" pensaba Haruki que ahora estaba más emocionada que antes, la pelea también la había encendido.

―Vaya ―dijo Toboe llamando su atención ―Tenías razón, ese combate fue muy reñido ―el chico hablaba con la tranquilidad y serenidad que había demostrado antes, tal parece que su idea había fallado, la pelea no había logrado inspirarlo pero antes de que lograra pensar en ello se dio cuenta de otra cosa, el pocky ya había desaparecido de su boca mientras el de ella aún seguía por la mitad. Los únicos vestigios del dulce eran restos de chocolate en sus labios.

― ¡Ah! ¿Qué paso con el pocky?

―Pues… ― los ojos del chico voltearon de un lado a otro como un niño que había hecho algo que no debía y ahora buscaba como responder ―… me lo comí

―Lo hiciste muy rápido, los pockys deben disfrutarse.

―Je, hago las cosas rápido ―dijo levantado los hombros

―Joh, entonces las chicas que llevas a la cama no se han llevado un buen momento ―dijo bromeando con él.

―Oye… eso es un golpe bajo ―la mirada, los hombros y la sonrisa que tenía se vinieron abajo al instante, había tocada su orgullo. Si tuviera la cola de un canino, esta hubiera dejado de bailar.

― ¡Ah! Vamos canario, se hombre y aguántate― "victoria, te dije que borraría esa sonrisa" pensó alegre. Antes que pudiera festejas su victoria personal una voz la llamo.

― ¡Sagae! ¡Yoshimura! ―grito Ryu llamando la atención de todos los presentes ―Es su turno ―dijo poniendo fin a la espera de Haruki y del espectador.

―Bien ―dijo sonriendo, el momento había llegado, ya podía despedirse de sus problemas económicos, pero antes de que se parara recordó al muchacho que se hallaba a su lado, cuando volteo a verlo se dio cuenta de que la miraba con expresión calmada.

―Suerte colorada ―dijo sin un tono particular en su voz, era un deseo sincero de suerte, pero no lo decía con el ánimo que se esperaría de él.

―Gracias rizos ―dijo sonriendo ―Asegúrate observarme, les mostrare lo que es pelear.

―Está bien, ten cuidado no te vayas a romper una uña ―dijo después de suspirar, había hecho una broma intentando recuperar su actitud alegre, una pequeña sonrisa se hizo en su rostro pero este aún se veía desanimado. Por el momento lo dejaría así, ese desanimo sería cambiado por la sorpresa cuando la viera luchar.

En cuanto Haruki empezó a caminar al frente las miradas de todos se fijaron en ella. Sí había un evento que todos habían estado esperando era el cómo se desarrollaría la única chica en un grupo de hombres que luchaban por un puesto de guardia de seguridad, además de eso había demostrado una superioridad física a la mayoría de los candidatos en cada prueba. Algunos querían verla caer como la mujer que era enroscado en su machismo, otros se morían de ganas por ver lo que era capaz de hacer, fuera como fuese, el momento de ver su morbo satisfecho estaba por comenzar. Para la suerte de Haruki su rival tenía el aura contra la que quería luchar y una cara de bastante mal humor, era bastante más alto que ella y su musculatura superaba por mucho la de ella,. Era lo que había estado pidiendo, su suerte aún no se había ido. Cuando ambos estuvieron a la vista del cielo, los ojos de los dos críticos que observaban detrás de un cristal se posaron en la pelirroja. Una mueca de sorpresa se formó en el rostro de Sato al ver a una chica con un cabello parecido a las llamas caminaba hacia la zona de combate, su semblante tranquilo se vino abajo y la contrariedad se asentó en su cara.

― ¡Oh, vaya! Que tenemos aquí. Una mujer. No creí ver una en esta prueba ―exclamo Haburo.

―Ni… yo, es toda una sorpresa.

―Oh ¿Pasa algo Sawada-san?

―No es nada. Como usted dijo, es todo una sorpresa ―contesto mintiendo, había algo en aquella figura femenina que le traía recuerdos, resultaba un reflejo casi idéntico de él con ese cabello igneo.

Las dos figuras tan dispares en gracia y tamaño mantenían su distancia frente a frente en el centro del patio, a la espera de que Ryu les diese la señal para iniciar la lucha. Podían sentir como el peso colectivo de las miradas se cernían sobre ellos, peso que aquellos con pánico escénico no son capaces de soportar y como resultado ven sus espaldas encorvadas, pero a eso dos no les afectaba, la confianza hervía dentro de ellos.

―Genial… ―comenzó a hablar Yoshimura, su rostro era un gran ceño fruncido, la frustración podía notarse en sus palabras ―de todos los presentes tenía que tocarme con la chica.

― ¿Oh? ―exclamo Haruki atendiendo las palabras de su oponente, una sonrisa calmada recorría su rostro adornado por el dulce de chocolate, esa actitud positiva empeoraba el humor de Yoshimura.

― ¿Por qué? No podré demostrar de lo que estoy hecho luchando contra una mujer. Mejor sal de aquí y vuelve a casa, nos harás un favor a ambos, no estas hecha para esto ―Yoshimura dejaba salir toda su frustración en forma de palabras, si la chica frente acaso decidiera quedarse la descargaría en ella.

―Jajaja ―comenzó a reír entre dientes, su ojos se cerraron y su cabeza bajo, el mentón casi chocaba contra su pecho debido a la risa ―Te haré un favor y no te lastimare mucho ―sus manos se unieron frente a ella y haciendo alarde su decisión apretó ambos puños hasta que los dedos de ambos tronaron, el ceño de Yoshimura se frunció aún más por la declaración de la pelirroja. El cuerpo de Haruki se sentía más relajado que antes, producto de la excitación, su propio ser se había puesto de parte de ella ignorando el cansancio y dolor, ella pudo sentir esto y se los agradeció, especialmente a sus piernas "Me alegra que estén de mi parte" pensó "Cada parte de mi cuerpo me dice: ve a por él".

Como si de un espectáculo callejero se tratase, Ryu observaba divertido el pequeño intercambio de palabras que llevaban esos dos, si el silbato no había sonado aún era porque le interesaba bastante las palabras que intercambiaran aquel hombre de musculatura enorme y aquella chica que expelía confianza y descaro. Como si su jefe le jalara la oreja recordó lo que tenía que hacer, si todos en el patio estaban expectantes por lo que pudiera suceder, Sato debería estar ya impacientándose.

―Comiencen ―el silbato se hizo audible en el establecimiento y los cuerpos de los combatientes empezaron a moverse. Cuando el sonido llego hasta los oídos de Sato, su vista se selló sobre esos dos, sus ojos críticos empezaron a trabajar.

La distancia que los separaban era considerable, tendrían que acercarse para poder luchar y el primero en dar este paso fue Yoshimura, una sonrisa ansiosa se dibujaba en su rostro. El mastodonte corrió apoyando su peso sobre las piernas "es bastante más lento" tuvo tiempo pensar Haruki al verlo correr hacia ella. El brazo y puño de él trabajaron en conjunto al tomar carrera y ser disparados hacia abajo en dirección a su rostro. Su tamaño y velocidad le jugaron en contra, ella se movió hacia atrás esquivando el golpe que venía desde arriba, su intento por alcanzarla termino mal, solo consiguió golpear el aire y a causa del impulso desmedido casi pierde el equilibrio cayendo hacia el frente. La chica seguía frente a él, sonriendo, saboreando su dulce. Los golpes lentos y pesados siguieron dirigiéndose hacia el rostro de ella pero estos con algo de suerte conseguían golpear las hebras de su cabello pelirrojo, un golpe centrado que esquivaba bajando la cabeza, un golpe dirigido a su mejilla izquierda que evadía moviéndose a la derecha, un golpe dirigido a la derecha que evitaba moviéndose a la izquierda, a cada golpe que el daba ella retrocedía. Seis fueron los golpes que intentaron alcanzarla hasta que se sintió complacida por el roce del viento. Cuando el séptimo se dirigía a su nariz ella se agacho y sin ningún problema asesto un gancho sobre la mandíbula. Yoshimura retrocedió sorprendido, el golpe le había hecho sujetarse la barbilla, el golpe había recorrido su cuerpo como turistas en un viaje desde el punto de aterrizaje que era su mentón.

― ¿Qué opinas, tengo futuro en esto? ―le dijo ella que se estiraba con sus manos entrelazadas hacia el cielo, un guiño salió de su rostro indómito. El dolor de la barbilla desapareció por la burla, la rabia crecida empezó a brotar en su interior, sus brazos bajaron cerrando los puños, las venas de su brazo se marcaron por la fuerza que ejercía. Ante su reacción los brazos de Haruki volvieron abajo, levanto el derecho a la mitad de su cuerpo y como en un antiguo cliché de anime movió los cuatro dedos de la mano indicando "Adelante, te espero". Yoshimura se lanzó de nuevo contra ella y esta vez como mirándose en un espejo, ella hizo el mismo movimiento.

En la sala de reuniones del edificio B, el doctor y su guardaespaldas observaban sorprendidos la pela

― ¡Oh! ―el cuerpo de Haburo se separó brevemente de su silla al ver el golpe que la chica le había propinado, sus brazos mantenían su cuerpo arriba apoyados en los respaldos, la actitud sería y mesurada del doctor era sustituida por emoción cuando contemplaba una buena lucha y la chica había logrado sorprenderlo haciéndolo ver como un fanático. Sato mantenía un semblante, a diferencia de su superior, pero en el fondo estaba sorprendido, la chica había resultado una buena combatiente, esquivando cada uno de los golpes que la amenazaban y haciendo retroceder a su oponente de uno solo. La única manera de saber cómo se encontraba por fuera era prestando atención a su rostro, sus ojos y boca se habían abierto un poco, sus ceño se encontraba fruncido pues intentaba comprender lo que estaba viendo. Sus pies dieron un paso al frente acercándose a la ventana.

La distancia entre ambos se había reducido y finalmente sus brazos podrían alcanzar al otro, los puños de Yoshimura pretendían dirigirse hacia el cuerpo de la chica sin perder tiempo. Antes de que estos pudieran tomar siquiera tomar carrera, el brazo derecho de Haruki ya lo había hecho y su puño se dirigía hacia el torso de él. El anterior golpe ya le había enseñado de lo que aquella chica era capaz, por instinto su brazo izquierdo se alzó para bloquear el golpe. A penas lo logro, el puño dio de lleno en la muñeca y ese también pudo sentirlo. Caía en cuenta de que ella era fuerte y veloz. Antes de que pudiera contratacar, el brazo derecho de ella ya había bajado y el izquierdo ya se hacía por el flanco desprotegido en dirección hacia su pecho, una mueca de nerviosismo tomo asiento sobre su rostro cuando levanto lo más rápido que pudo el brazo derecho, el golpe dio en el dorso, cerca de los nudillos y este también lo sintió. Antes de que pudiera reaccionar el brazo derecho de ella volvía a alzarse y golpeo con fuerza su mejilla izquierda. La cabeza de Yoshimura se vio empujada hacia atrás junto con su cuello y su cuerpo hacia la derecha, la mejilla había tomado brevemente la forma de los nudillos de Haruki. Su brazo se volvió rápidamente hacía ella tomando impulso en su regreso, mucho más rápido que los anteriores por la carrera este se dirigía hacia su pecho. Los brazos de Haruki se levantaron en forma de X usándolos como escudo ante el golpe. Sus pies se despegaron brevemente del suelo, había sido un golpe contundente, su brazo estaba adolorido, el en verdad era fuerte, tanto como para arrojarla unos centímetros de él, esos músculos no eran adorno, pero el dolor apenas logro cerrarle un ojo en señal de queja. Yoshimura ya se abalanzaba de nuevo hacia ella.

― ¿Te-te esperabas algo así? ―pregunto uno de los aspirantes a Toboe.

―Nnn-no… ―respondió el boquiabierto, una gota de sudor había hecho un camino brilloso que recorría desde su frente hasta su barbilla "He coqueteado con el diablo…" pensaba nervioso al admirar las habilidades de la chica con la que antes había rivalizado, de repente no parecía ser un digno rival para ella y con razones de sobra "…esperó no piense desquitarse por lo que dije" cerro su boca y trago lo que bloqueaba su garganta.

Yoshimura rabioso y desesperado por devolverle aun más los golpes a la pelirroja se lanzaba sobre ella intentando atraparla entre sus brazos, pero ella lo esquivaba como un torero burlando al animal, se escurría por debajo de su cuerpo esquivando el agarre mortal que se cernía sobre ella. Tres veces lo intento y tres veces ella lo esquivo, logrando ser tan rápida como para situarse detrás de él cada vez que lo lograba. Cansada de ese juego golpeo con su codo la espalda de él a la tercera vez, provocando un gran dolor que le obligo a abrir la boca y dejar salir un quejido combinado con gotas de saliva que escapaban de su boca. A pesar del daño su cuerpo se volvió iracundo tratando de darle un golpe con el dorso de su puño, la velocidad de él había aumentado un poco y ella apenas logró esquivarlo, fue como una bofetada en su mejilla derecha, su cuerpo dio un paso hacia, su vista se despegó brevemente de su oponente, un grave error en un combate. Yoshimura dejó escapar parte de su frustración golpeando el hombre de la chica y su cuerpo volvió a retroceder, esta vez fue su boca la que dejo escapar un quejido. Su hombro lloraba "Guarda silencio" le ordeno. Su vista volvió a fijarse en el hombre que sonreía contento por haberle asestado ese golpe, la respiración agitada hacía parecer que su cuerpo se hinchase más de lo que ya estaba, volviéndose brevemente más grande para regresar a la normalidad al dejar salir el aire. Por un momento los dos se miraron a los ojos y el tiempo se detuvo.

El cuerpo de Haruki volvía a cansarse, el dolor y el entumecimiento volvían a ella, la droga llamada adrenalina que su cuerpo le había regalado comenzaba a perder efecto, pronto su velocidad se reduciría a la misma que él y probablemente sería aún menor si continuaban, tenía que acabar con eso rápido. Se obligó a sonreír de nuevo y provocar al mastodonte que se hallaba frente a ella.

―Sí crees que así me ganaras, ya puedes despedirte del trabajo ―la bala dio donde había puesto el ojo. "Hacemos esto por la familia…" le dijo a las partes de su cuerpo "…y por la reinita de cabello rosado".

Ambos aceleraron en dirección hacia el otro y se encontraron una vez más frente a frente. La exaltación producto de su ira había aumentado la velocidad de Yoshimura. Intento golpearla primero con su puño derecho, luego con el izquierdo, pero ambos fueron desviados por Haruki, cuando cada uno de estos se dirigía hacia ella sus brazos apartaban los de él desde dentro empujándolos hacia un lado. Al desviar ambos golpes la defensa de su oponente había, caído. Su puño derecho volvió a golpear la misma mejilla, acentuando aun más la marca que le había dejado. El cuerpo del hombre se mantuvo en su lugar, solo su rostro retrocedió un poco antes de volver de nuevo hacia ella, su puño tomo carrera hacia la frente de Haruki y antes de que pudiera tocarla la cabeza de ella fue hacia abajo. Las palmas de Haruki hicieron vibrar el aire mientras se movían al unísono y golpear las orejas de Yoshimura. Su cabeza retumbo. Confundido dio tres pasos hacia atrás hasta casi perder el equilibrio y caer, tantos golpes en la cabeza lo habían confundido. Sus ojos se abrieron y observaron a la chica que a pesar de haber recibido sus golpes aun sonreía. Su instinto más bajo tomo control de su cuerpo y de nuevo se lanzó hacia ella, no intentaba golpearla, sino atraparla y romperla entre sus brazos. De nuevo jugaban al juego del toro y el matador. La victoria estaba en el bolsillo, estaba segura, los movimientos eran más desconcentrados y rabiosos que antes, se había dejado dominar por su furia y eso le costaría.

La distancia entre ambos se acorto con rapidez, ella podía ver como su nariz se movía a causa de su respiración agitada. Corrió hacia ella olvidándose de todo, su defensa quedo descubierta. Haruki fue hacia el con velocidad y decisión, su cuerpo ágil se movió por debajo de él, dejándolo sin tiempo de reaccionar. Cuando él se hubo dado cuenta, el aire ya había salido por su boca a causa del codazo que había recibido en el estómago, su cuerpo se arqueo hacia abajo casi invadiendo el espacio personal de Haruki. Era su oportunidad, lo que había estado esperando. Las manos de ellas tomaron los costados del torso, su cuerpo entero se levantó luchando contra el peso superior que tenía sobre sus hombros, pero tal como había demostrado antes era más fuerte de lo que parecía. Para sorpresa de todos, su cuerpo completamente erguido sostenía a Yoshimura sobre sus hombros, la adrenalina aun sentía efecto. La pelea se dio por terminado cuando la espalda de su oponente reboto contra el suelo.

―Vaya, eso fue impresionante señorita Sagae ―dijo Ryu que se acercaba hacia ellos sonriendo, su voz y su semblante denotaba auténtica sorpresa y admiración. Ella sostenía el hombro donde había recibido el golpe, parecía que algo se había salido de su lugar ―No fue su encanto lo que dejo a los otros boquiabiertos ―señalo a los que se hallaban en el estacionamiento.

―Jeje, lo sería si no hubiera sido tocada… ―la sonrisa continuaba sobre su rostro pero la curvatura de sus cejas mostraba el dolor que contenía.

―Buen intento, emm… ―revisa la tabla con los nombres ― señor Yoshimura. Fue entretenido de ver, pero para su vergüenza debo decirle que le gano una mujer. Quizás no sea lo que necesitamos, ya tuvimos suficientes miembros que cayeron ante una ―Yoshimura respiraba de manera más relajada pero el enojo y frustración se hacían aun presentes, dentro de su cuerpo la perplejidad y la furia se batían en duelo lo que remitía en el exterior, atándolo al suelo, dirigiendo su mirada al cielo lluvioso.

― ¿Oh? ―las palabras de Ryu llamaron su atención, había mencionado a compañeros de trabajo cayendo contra una mujer. Esas palabras la hacían pensar, pero para hacerlo necesitaba de sus dulces, cuando intento sacar de su bolsillo la caja color rojo un quejido salió de su boca.

―Ve a ver al médico Sagae, recibiste un buen golpe en el hombro ―en la salvedad cálida del estacionamiento no solo había bebidas, también se hallaba personal médico con el objetivo de tratar heridas provocadas por un ejercicio mal hecho o un combate aguerrido, ya que la empresa quería que fueran enserio y no se contuvieran, lo mínimo que podían hacer era proporcionarles ayuda médica gratis.

―Je, estoy bien señor, no es gran cosa…

―No fue una sugerencia Sagae ―la interrumpió haciendo uso de una voz autoritaria ―fue una orden ―dijo con una sonrisa confabulación.

―Sí jefe ―dijo emocionada. No había nada dicho aún, pero si había logrado poner de su lado al instructor, era ya un gran paso.

El resto de los eventos acaecidos en los terrenos de la compañía sucedieron con mucha naturalidad, eran de hecho bastante predecibles. El golpe recibido en su hombro había dejado una fina huella que a momentos tomaba un color más y más morado, los médicos trataron el moratón untando ungüento que le enfriaba por completo la zona afectada y amablemente le ofrecieron el resto sin cobrarle para que continuara aplicándolo en casa. Los combates que le siguieron al lucido por la pelirroja fueron bastantes más aburridos y poco interesantes. Toboe cayó como ella suponía que lo haría, sus cabellos rubios se vieron adornados con un color marrón como el chocolate que ella tenía en los labios, su cara se había venido abajo pero no tanto como ella había esperado, la sorpresa que le había dado redujo el malestar que sintió al besar el suelo, cuando estuvo de nuevo junto a ella la conversación continuo como lo había hecho hasta ahora, él tomándose mucha confianza y ella riendo ante su nuevo amigo. Finalmente tuvieron que partir, la lluvia aun caía sobre la tierra pero los postulantes debían volver a casa. Quien se había quedado con el trabajo aún era un misterio, en resumidas palabras el mensaje que todos recibieron fue un clásico "No nos llamen, nosotros le llamamos".

El grupo en busca de una oportunidad salió desperdigado y sin orden por la entrada principal del edificio totalmente desechos, la mayoría se atrevía a pensar que sus huesos se habían transformado en una copia vil y agria de la leche en polvo. Haruki caminaba con los hombros tan caídos como los de los demás, a su lado se movía Toboe que aliviaba parte de su dolor y el de el mismo a base de sus chascarrillos. Al pasar junto al módulo principal levanto una mano para saludar a la recepcionista de cabello plateado, Haruki levanto su brazo por completo a pesar del dolor y le dedico un saludo lleno de vida, Saori volteo a ver sorprendida a la pelirroja que le saluda, sin recordar su nombre ni sabiendo por qué le saludaba, un leve levantamiento de mano junto a un rostro indiferente fue el saludo que recibió de vuelta. Afuera de las instalaciones había unas cuantas mujeres –algunas con pequeños detrás de ellas - esperando a su pareja a las cuales recibieron con un beso y un abrazo, la mejor recompensa de un hombre después de un día cansado es llegar a casa y dejarse caer en los brazos de su señora, algunas trían consigo recipientes con agua y comida, otras miraban curiosas a la única chica del grupo. Haruki y Toboe se tomaron caminos separados y mientras se alejaba pudo sentir detrás de ella una vista pesada observándola que despareció cuando doblo en la esquina.

Haruki se sentía libre y cansada, era libre de descansar por fin hasta que recibiera una llamada de información de parte de Ryu o algún otro cargo importante, pero antes de eso tenía un largo camino a casa por delante y esta vez lo recorrería con toda la calma del mundo. Se lo había prometido a su cuerpo, darle descanso y cariño y a sus pies descansar sobre una almohada. Pero no se sentía con ganas de regresar a casa. Una emoción la llenaba, quizás por la certeza de obtener trabajo quizás por la emoción del combate y el haberse lucido ante los ojos sorprendidos de la multitud, fuese el caso que se fuese su espíritu le incitaba a vagar un rato antes de volver a casa "Es un día bonito" pensaba "Isuke y mis hermanos pueden aprovecharlo y convivir, mejor no molestarlos aún" con ese pensamiento en mente se embarcó en un paseo bastante largo en el que se movió con la tranquilidad de aquel que se detiene a disfrutar del camino y la vista que le otorga. Su pequeña escapada del ambiente del hogar la llevo a una función de cine por la tarde, un especial de clásicos japoneses del horror se celebraba y al salir de la función con los nervios puestos de punta, no pudo evitar pasar una vez más por el hospital antes de tomar camino a casa.

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La ligera lluvia con la que el día empezó había desaparecido, dejando detrás un viento que amenazaba con arrancar los arboles más viejos y despeinar la cabellera más cuidada.

Haruki llevaba la sudadera en el hombro, al igual que un caballero llevaría su saco luego de un buen día de trabajo.

―Sólo un…piso más…―suplico a sus piernas que temblaban a cada escalón que trataban de subir, se sujetaba con el brazo libre para jalar su cuerpo y ayudar un poco a sus cansados músculos.

Estaba al límite, el día de ayer pensó que su tarde había sido agotadora, el día de hoy, de inicio a fin, fue un calvario. Quería llegar y tomar un buen baño caliente para sus maltrechas extremidades, esperaba tener otro golpe de suerte con Isuke, no le parecía muy cómodo compartir el sofá y tener los pies de su hermano aplastando su cabello y cuello, empujándola a la orilla.

―Estoy en casa…―dijo con desgano, puso su sudadera junto con el resto de las prendas que se colgaban a un lado de la puerta con el cansancio en cada movimiento, sus ropas a medio secar estaban frías, pescaría un resfriado, no fue la mejor idea entrar al cine, de eso estaba segura―. Isuke-sa…¡ahh!―había caído al suelo, algo postrado en la entrada de su habitación le había hecho tropezar, miro a sus pies para saber de qué se trataba. Recibió tremendo susto al ver la pequeña pila inmóvil que eran sus hermanos― ¡Chicos! ¿¡Qué les pasó!?―sacudió a uno de los gemelos tratando de despertarlo, pero la cabeza de este calló atrás, la cara estaba un poco golpeada y tenía un enorme chichón en la cabeza; su hermano estaba igual y Misuki parecía tener un chichón en sima de otro― ¿Qué sucedió aquí?―en su mente, Haruki sumo dos más dos― ¡Isuke-sama!―entró a su cuarto buscando a la peli rosa, esta hojeaba uno de sus libros con la tranquilidad de no deberle a nadie bajo las sabanas de la cama, vestía uno de sus conjuntos deportivos, no recordaba habérselo prestado pero no le molesto en nada, el problema eran sus hermanos apaleados fuera de la puerta de su habitación.

―Hola―dijo sin despegar la vista del libro, luego del ejercicio para los brazos había buscado algo con que calmarse y había encontrado bajo la cama ese libro que traía entre manos.

― ¡¿Por qué están así mis hermanos?!―dijo acercándose con una mirada seria y la cólera queriendo dominarla.

― ¿Cuáles de todas las ratas que corretean en esta casa?~3―doblo una hoja del libro y lo dejó bajo la cama, estiró un poco los brazos desperezándose; tenía un poco de hambre, por todo ese asunto de las cartas no había comido nada.

―Arashi, Akira y Misuki ¿¡Qué les hiciste Isuke!? ¡Se supone que no los lastimarías mientras vivieras aquí!―dijo un tanto decepcionada, ella afuera bajo la lluvia, corriendo y peleándose con animales en forma de hombres por ella y su familia, creía que Isuke empezaba a aceptar a sus hermanos, a llevarse bien con ellos y no retraerse tanto en esa habitación, convivir con ellos sin el peligro de un ataque de su parte.

―Olvidaste el sama, idiota―dijo levantándose de la cama para salir a comer algo, paso al lado de Haruki, ignorándola completamente, esto a ella no le cayó muy bien.

― ¡Oe!―iba a detenerla sujetándola del hombro, pero su cuerpo cansado no la dejo hacerlo, el dolor y el agotamiento junto con la sorpresa de un empujón hicieron que sus brazos se movieran más lento de lo que debían. Su inquilina, a pesar de sus heridas, se movía fresca y descansada, el dejar salir su frustración en aquellos pequeños sacos de boxeo le habían devuelto un poco de aquella energía asesina y altanera.

―Aparta, Isuke tiene hambre―la vio un momento mientras Haruki trataba de recuperar el equilibrio y no caer a causa del temblor en sus piernas que le hacían apretar los dientes tragándose los quejidos; le echo una mirada y camino, con la elegancia de un tobillo falseado permite, al sillón, pasando sobre sus hermanos tumbados en el piso; las pequeñas Yuki y Mei desaparecieron de escena al ver la tormenta que se avecinaba, enfilaron al cuarto donde encontrarían a Hana―has algo útil y tráeme algo de comer―dijo tomando asiento en el mueble.

― ¿Comer? Quiero que me digas que les hiciste, ¡míralos!―alzó a un gemelo que no despertaba.

―No están muertos, Isuke sólo les dio una lección~3―puso los brazos tras la espalda y se acostó.

― ¿Una lección? ¿¡Bromeas!? ¡Los dejaste moribundos!―dijo alterada acercándose al sofá con el ceño fruncido, era el colmo con esa chica.

―Estás empezando a molestar a Isuke―dijo mirándola con una sonrisa asesina.

―Yo no estoy muy feliz con esto tampoco―le sostuvo la mirada, una pelea en esas condiciones no sería muy justa ni sencilla, Isuke sin una mano y el apoyo de un pie, Haruki con todo el cuerpo cansado y adolorido―es el colmo contigo, Isuke-sama, como dije antes, ni un perro sería tan ingrato, Inukai―con eso último se sabía cruzando una línea muy delicada.

―No aprecias en nada tu vida, ¿verdad?―dijo sonriéndole descaradamente, la tención ya se sentía en el ambiente, era cuestión de una chispa que encendiera la pólvora.

―Ha-haruki-nee-sam, tranquila―dijo Hayaka apareciendo luego que los gritos de Haruki le alertaran de su presencia, tomo a su hermana de un brazo para que esta no siguiera riñendo con la princesita del sofá.

―Mira como dejo a tus hermanos, Hayaka―dijo señalando con las manos la pila.

―Cre-creo que deberías dejar que I-inukai-sam se explicara antes de gritarle―Haruki guardó silencio, suspiro tratando de recuperar la compostura, luego miro expectante a Isuke dándole una oportunidad como decía su hermana: ella solo se cruzó de brazos y aparto la mirada negándose a hablar.

―Ni siquiera quiere decirme porque lo hizo―dijo señalándola con la mano.

―E-estoy segura que I-inukai-sam no los dejaría así sin ra-razón alguna―Haruki soltó un suspiro, después pasó su mano por entre su cabello, ella esperaba llegar a descansar sin problemas, no a discutir con su invitada por lo que le hizo a sus hermanos. Cargo a cada uno y lo llevo a su cuarto, tendiéndolos en los futones para que no estorbaran en la entrada― ¿Qué pasa contigo Isuke, porque tienes que ser así?―dijo acariciando un chichón en la frente de uno de los gemelos―trato lo mejor que puedo de que este lugar sea agradable para ti… ¿no puedes apreciarlo o al menos agradecernos no lastimándolos?

Miro a la esquina opuesta donde las pequeñas Hana y Yuki jugaban entre ellas, Mei había caído dormida, era la hora de su siesta, le preguntaría a Hana donde había ido Fuyuka, le sorprendió no verla ni a ella ni a Saburo.

―Ahhh…mi cabecita… ¿Qué sucedió?―dijo su hermana levantándose de su futon, se sobaba los sendos golpes que traía en sima.

―Je hola Misuki, felicidades, eres una sobreviviente del huracán ISUKE―le ayudo a sentarse― ¿Qué demonios ocurrió? ¿Por qué les hizo esto Isuke-sama?―le acaricio la parte afectada de su cabeza.

―Auch auch auch, revísame como si me quisieras, Haruki―dijo quitándose la mano de en sima―demonios, la invitada sí que sabe golpear jeje pero teniendo en cuenta lo que le hicimos poco es lo que nos hizo―dijo agarrando uno de los pockys de su hermana.

― ¿Lo que hicieron? ¿A qué te refieres, Misuki?

―Ah eto, no, a nada sólo que los chicos y yo entramos sin tocar y se enojó―mintió descaradamente.

―Uff…entiendo…hablare con ella esta noche.

―Pechos…―escucharon ambas.

―Diosa…―vieron en dirección a los gemelos que se abrazaban el uno al otro fantaseando.

―Esa piel…―Haruki escuchó atentamente, no era la primera vez, ese par de niños precoces no dejaban pasar un día sin que sus atenciones las volcaran en su diosa, en su hermosa diosa que les había dejado tremendos hematomas en las mejillas.

―Lechosa…

―Venga Misuki…

―Una prenda más…― ¿una prenda más? ¿Misuki? Pensó volteando a ver a la chica que le sonreía mientras se guardaba correctamente su mazo de cartas casi nuevo en la manga.

―Escalera real…pantaletas…―dijeron a la vez que sonreían.

―Ahora la cosa se aclara―dijo denotando el enojo en la voz―Isuke-sama no estaba en un error al golpearlos, yo lo estaba por no pensar que mi hermana podría haber hecho otra de las suyas―dijo reprochándole con la mirada, le arrebató las cartas―usaste artimañas para tu juego de prendas y ella te descubrió en la movida.

―Ah venga, ahora yo soy la mala del cuento―dijo retadoramente sin amedrentarse por la mirada que le lanzaba su hermana, le arrebató el mazó de cartas y se lo guardó dentro de la sudadera―mira como nos dejó.

―Y debería agradecerle que no los dejara peor, luego de lo que le hicieron no me sorprendería que hubiera bajas en la tropa Sagae―habló su lado preocupado, parece que Isuke era paciente con sus hermanos después de todo, pero no podían jugar al tira y afloja y ver de qué lado reventaba―en verdad fue una trastada y sabes perfectamente lo que opino de tus juegos de cartas y tus estafas.

―Ahórrate el sermón―dijo acomodándose en el futon.

―Dame esas cartas―le ordenó Haruki tendiéndole la mano, el cuerpo quizás se encontrara mellado pero su carácter aun hervía, primero con su antigua compañera de cuarto y ahora con una de los miembros de la camada―ya te has metido en suficientes problemas por ellas―ninguna notó en que momento una figura curvilínea se detuvo escondida para poder presenciar la escena.

― ¡¿Qué?! ¡No! ¡De ninguna manera!―respondió alzando la voz―son mías, yo la compré.

―Con el dinero que le quitaste a alguien más.

―Yo no los obligue a jugar contra mí. Ellos fueron los idiotas que apostaron y perdieron―la actitud de la niña impresionaba cada vez más a Isuke, era astuta, ingeniosa, altanera y tramposa; cuando creciera seguramente tendría una buena vida producto del juego, sería una mujer peligrosa y de carácter, era una niña prometedora si la moldeaban las manos correctas. Pero por el momento sólo era una niña que lloraba y chillaba cuando la descubrían y le quitaban su juguete. Esos quejidos junto a las palabras de los gemelos que parecían tener un buen sueño a pesar de sus moratones la irritaban, sacándola de la paz que había impuesto.

―No te estoy preguntando―Haruki se adelantó a su hermana e intento arrebatarle el arma de 52 piezas que llevaba bajo la manga, pero estaba muy débil, hasta para plantarle cara al cachorro de un lobo-zorro. La pequeña forcejeo con su hermana, era una riña injusta, ambas estaban heridas a su manera pero el cuerpo de Misuki más fresco que el de su hermana, no fue sorpresa que Haruki cayera sobre su trasero, soltó un quejido al sentir el golpe. Eso colmó la paciencia de Isuke.

―Je je, las conservare hermana…nos vemos en la cena―dijo triunfante al observar al alfa derrocado, se disponía a pasar por el lado de la chica herida y salir a la calle, pero al tomar camino lo que vio frente a ella no era libertad sino una figura curvilínea, atractiva y de ojos afilados. Un aura negra y pesada aplastó el ambiente del lugar, los sentidos de Haruki percibieron esa conocida presencia.

― ¿A dónde vas?―preguntó de brazos cruzados, sus piernas comenzaron a moverse lentamente, en pasos pequeños―no es seguro que una niña deambule sola por las calles.

―Ah….ah…―ella retrocedía temblorosa, las palabras eran incapaces de tomar forma dentro de la aterrada caja de voz, retrocedió sin mirar atrás y cayó irremediable sobre su trasero, quedando al mismo nivel que su hermana.

―Es de mala educación desobedecer a tus mayores…―detuvo sus pies a escasos centímetros de la pequeña gelatina― ¿No es así?―le hizo una señal levantando la barbilla para que hablara.

―S-s-sí…―dijo con esfuerzo tragando una parte del miedo que la amordazaba como un calcetín sucio de su hermana dentro de la boca, esos ojos y ese ambiente ya los había visto, fueron los mismos que vaticinaron su pérdida de conocimiento.

―Dame las cartas~3―extendio su mano hacia ella.

―S-s-s-sí…―sus manos no chistaron, sólo temblaron, pero le entregaron la baraja pulcramente guardada en su caja.

―Ahora, discúlpate con tu hermana~3

―L-l-lo siento, Haruki-nee

―Bien hecho, Isuke está complacida, tumbate en la esquina y duérmete~3

―Sí…―la pequeña se levantó despacio e insegura, camino con aquel agujero negro detrás. Se tumbó sobre el futon sollozando y carro sus ojos intentando dormir, no le costó mucho tiempo, su cabeza dolía y necesitaba algo de reposo. Cuando su respiración tomo el ritmo de un soñador el aura negra desapareció.

―Mierda…Misuki…―Haruki había observado expectante la escena se alivió al sentir el cambio en el ambiente, al parecer la pequeña obedecía más a una recién llegada que a su propia hermana mayor.

―Idiota, estás perdiendo el control de tus hermanos―dijo, después le tendió el peleado mazo con rostro indiferente―la chica se te empieza a rebelar~3―dijo después con una voz que delataba la sonrisa que se había formado en su cara luego de todo.

―Uff…siempre ha sido así, se había calmado un poco pero era sólo la tranquilidad antes de la tempestad―dijo sentándose, ahorraba fuerzas para incorporarse mientras se metía en el bolsillo el paquete―me entere de lo que te hizo…yo…no debí gritarte sin saber que sucedió, la preocupación por mis hermanos era más grande y pues…lo siento―dijo sin mirarla, se rascaba la parte trasera de su cabeza avergonzada por su actitud; ambas se habían llevado bien desde la clase negra, durante su estancia en la academia nunca tuvieron un solo enfrentamiento, pero esa no era la academia, era la casa donde su familia vivía eso la inspiraba a protegerlos, no era tonta, sabía lo letal que la peli rosa podría ser, ojala la comprendiese. Isuke se acercó un poco más, cerró los ojos, suponía que era justo, la chica no era de las que perdonaba así que esperó el golpe pero este jamás llego.

―Tienes suerte de ser la sirviente de Isuke, de lo contrario ya estarías muerta―dijo ofreciéndole su ayuda para incorporarse.

― ¿Eh?―dijo fijando su mirada en la chica, esta sonreía a medias con su altanería de siempre, esa sonrisa le decía que no era nada comparada con ella y que agradeciera compartir lugar en el mismo planeta, pero Haruki veía lo amigable en esos ojos que a cualquiera le helaría la sangre― ¿vas a pararte o seguirás con esa cara de idiota?

―Gracias, Isuke-sama―dijo tomándole la mano, sus cansados músculos le agradecieron al igual que ella, pudo levantarse sin mucha dificultad―te debó una rica comida, imagino que te negaste a comer como siempre―dijo mientras salían de la habitación colectiva. Las dos niñas que habían estado mirando las siguieron de cerca dejando a sus hermanos y hermanas dormir.

―Isuke esperara a la cena―dijo sentándose en el sofá, antes de ir al cuarto había buscado en la cocina y vio que sólo había para un plato, imagino que Fuyuka lo había guardado para Haruki, conociéndola querría dárselo si mostraba signos de tener hambre, olía como un buen estofado que te hacía agua la boca―a Isuke no le gusta lo que prepararon~3

―Je, Isuke-sama debería comer mejor, no es correcto que se salte las comidas―dijo pinchando con un dedo el plano estomago bajo una de sus camisetas―ya estás muy delgada―dijo jugando, la chica se encogió un poco ante lo que hizo, quien lo diría, Isuke tenía cosquillas.

―Idiota~3

Haruki rio un poco y se enfilo al baño. El agua caliente fue como un bálsamo para su cansado cuerpo, se tomó el lujo de quedarse bajo el chorro caliente por media hora o quizás más, el día aun no acababa y ella lo sentía ya ganado y echado al bolsillo. Saliendo del baño y con nuevas ropas más abrigadoras se sentó a comer. Isuke observaba en la tele una vieja película que las niñas habían sintonizado, apoyaba la planta de los pies en el brazo del sofá, Haruki tomo sus piernas levantándolas y sentándose en el espacio bajo ellas, las apoyo sobre las suyas y tomo el tobillo lastimado, sacó el ungüento y se ocupó de tallar su tobillo como acostumbraba a hacer por la noche desde que la chica llegó a su casa, la noche que llego de su caminata por la ciudad había faltado a su rutina y quería compensárselo.

Saburo llegó unas horas después, era ya de noche, encontró a su hermana mayor durmiendo y la chica con la que había pasado la vergüenza de su vida con las piernas sobre ella.

La cena empezó como siempre, algo que Isuke disfrutara aún si el pequeño fondo económico de emergencia mermaba hasta llegar peligrosamente a cero. Todos estaban reunidos en la mesa, incluidos los gemelos que se encogían asustados con las miradas que su hermana mayor les lanzaba, habían recibido otro chichón de su parte tan pronto despertar; Misuki comía con la mayor tranquilidad del mundo, actuaba petulante ante las miradas y regaños de su hermana. No le temía a Haruki, aunque su invitada era otra historia. Saburo también trató de sermonearla en cuanto se enteró de lo que había pasado, pero calló al notar la mirada que le dirigía la peli rosa. Luego de un rato, la plática se encamino a otras cosas, como la tarde de Haruki.

―Je me fue muy bien, tuvimos muchas pruebas de resistencia como venía esperando, una era de correr por una pista, jeje conocí a un chico en medio de la prueba, retándonos terminamos corriendo quince vueltas, más de las necesarias para la evaluación, después fueron sentadillas, le siguieron las flexiones, cincuenta en total.

― ¿Y Haruki-nee-sam pudo con tantas?―dijeron admirados los gemelos.

―Por supuesto que sí enanos, recuerden que ustedes me ayudan en las mañanas con treinta flexiones subiendo a mi espalda, cincuenta sencillas no serían nada―dijo mordiendo su cena―al final hubo una pelea, me toco un tipo enorme, un verdadero mastodonte, tan grande como un toro e igual de tonto, su hermana pudo con el fácilmente―dijo haciendo musculo para alardear, todos en la cocina le vitorearon su logro.

―Entonces ¿Cuándo comienzas a trabajar?―dijo Isuke que no participaba en el clamor de la plática, aún tenía sus reservas.

―Jeje sobre eso…ellos dijeron que llamarían, pero de cualquier modo debo buscar ese diploma que me entrego Haru-chan, lo necesito si quiero tener ese empleo con contrato y todo.

― ¿Haru? No me digas que has visto a la imbécil de Azuma.

―Más cuidado en tus palabras Isuke-sama, por favor, no enfrente de Mei, Yuki y Hana―dijo luego de destapar los oídos de la más pequeña―sí, vinieron aquí a entregármelo, me alegra que esas dos estén bien, estaba preocupada luego de salir de la academia, ya sabes, no eran malas personas sólo tenían mala suerte.

―Lo que digas~3

― ¿Luego a donde fuiste Nee-sam? No parece algo en lo que tardaras más allá de las 2―. Dijo Hana sentada al lado de Isuke, la pequeña Mei la flaqueaba en el otro espacio, esas dos eran las únicas que podían orbitar cerca de ese agujero negro sin ser absorbidas.

―Jeje fui al cine―dijo rascándose la cabeza―habían anunciado clásicos del terror ¿recuerdan Ringu, la que no pude ver cuando tenía diez y seis años? Está genial, algo leve al inicio pero ya acabando esta de infarto―contó con emoción y haciendo ademanes con las manos.

― ¿¡Podemos ir a verla!?―dijo Misuki emocionada.

―Claro que no, es para mayores de edad por algo.

―Pero…

―Sin peros Misuki, no quiero que la veas, te lo prohíbo ¿lo tienes claro? Ya la has hecho en grande este día y aun me falta pedirle a Saburo que hable con tus maestros en clases.

―Tampoco eres mamá para hacer eso―dijo entre dientes pero lo suficientemente alto para que todos escucharan, el temor había desaparecido a falta de una mirada afilada que se abstenía de intervenir en esos asuntos familiares.

―No soy oka-sam, pero soy quien cuida de cada uno de ustedes, ten claro eso Misuki, yo traigo el dinero a esta casa por lo que debes obedecer.

―Si ese es el meollo del asunto yo misma puedo conseguir dinero para esta casa.

―Sí, dinero mal ganado.

― ¿Y qué me dices de ti? Por mucho tiempo nos has pedido que no preguntemos de donde es que sacas el dinero que ganas.

―Misuki―dijo Saburo con calma pero sin restar seriedad en su voz, la hermana menor lo veía impotente―es suficiente.

La niña apretó los dientes y puños, después soltó un gruñido-grito-ahogado de frustración y se fue a su habitación. Haruki le agradeció a su hermano con la mirada, no podía asegurarlo pero en ocasiones creía que su hermano sabía de lo que consistían sus antiguos trabajos, pero se encargaba de que el resto de la familia no lo supiera. Le estaba agradecida por ello.

El resto de la cena le siguió una tranquilidad imposible de conseguir de otra manera que no sea post-discusión, nadie menciono nada sobre lavar los platos sucios, cada uno se encargó de los suyos y Hayaka de los de las más pequeñas y los de Misuki.

A las 10:34 el único ruido en ese casa era el de las cigarras, el ambiente oscurecido con la única luz de la luna a pocos días de estar llena sumían el pequeño apartamento en un silencio tal que nadie quería romperlo, ni siquiera una pelirroja que hablaba en susurros a su invitada sobre la prueba en las que participo en la mañana de aquel día, ella sentada al lado de la chica que ya se encontraba acostada.

―En verdad era alguien de mucho miedo ese sujeto, un solo golpe podía sacarle los dientes incluso a Azuma.

― ¿Incluso? ¿Por qué te refieres a ella como si fuese la gran cosa?~3

―Isuke-sama debe admitir que Azuma es buena peleando, es de las únicas personas que me hicieron esforzarme de verdad y ni si quiera así pude derrotarle, je y estando aquí, significa que tú tampoco―dijo dándole una mordida a su golosina.

―Azuma es sólo una idiota que tomo por sorpresa a Isuke―dijo distraídamente sin notar que se acariciaba la muñeca donde tenía la cicatriz de esa pelea, pero eso no pasó desapercibido por Haruki.

Tomo con delicadeza teniendo cuidado en sus movimientos para no despertar el enojo de la chica, inspecciono la marca con esa poca luz que había en la habitación, tenía un ligero relieve por las puntadas que había recibido, no parecía que fuese a desaparecer alguna vez, acariciaba esos centímetros con la yema de sus dos dedos, era igual de fría que su suave piel.

―Isuke odia las cicatrices.

―Te entiendo, es una verdadera lástima…la piel de Isuke-sama es muy suave como para que tenga una cicatriz…de haberlo sabido, le hubiera estampado a Azuma mi puño en su cara cuando la vi―dijo sin apartar la vista de su muñeca.

El cuerpo de Isuke sintió un pequeño temblor ante el roce sutil de la pelirroja, las palabras que ella le decía era demasiado atrevidas, esas acciones eran de la clase de cosas que se hacen personas que se tienen mucha confianza o están unidas por un lazo imaginario que ellos mismos forjaron. Le causaba cierta molestia e incomodidad el tacto de Haruki, pero al mismo tiempo la inundaba una extraña sensación de calidez. Era algo emocionante.

― ¿Qué es lo que haces a Isuke? ―pregunto con un tartamudeo, sus ojos se movían nerviosos de la escena que se vivía entre sus manos al rostro de la chica, un ligero color rojo amenazaba con pintársele en las mejillas.

― ¡Oh! ―saliendo de una bruma que rodeaba su mente cayó en cuenta de lo que estaba haciendo, sus ojos parpadearon como si escapara de un trance ―Jeje, lo siento Isuke-sama ―dijo y retiro sus manos ―No sé qué me paso, su piel es tan suave que me hipnotizo por un momento ―trataba de comprender lo que sucedía, ni siquiera ella tan segura de sí misma y de sus ideales lograba descubrir porque se había dejado llevar de esa manera.

―No toques a Isuke sin su permiso ―dijo con un poco de rabia en su voz, fruncía el ceño al pronunciar estas palabras, aparentemente enojada con Haruki, y de cierto modo lo estaba pero por haber retirado sus manos de la suyas, lo cual la hacía entrar en disputa consigo misma también por ese pensamiento.

― Sí, sí. Perdón por eso ―bajo de la cama y fue en busca de sabanas al armario. En su mente había ofendido a su invitada y como un extra ella misma se encontraba apenada por lo sucedido. Por doloroso que fuera tendría que romper la promesa hecha a sus piernas de descansar sobre una almohada, ya no podría dormir en la misma cama que Isuke ―No te molestare más, dormiré en el suelo para no incomodarle.

―Idiota ―le dijo ―no tienes que dormir en el suelo~3

― ¿Oh? ―su cuerpo dio un pequeño salto en su lugar.

―Puedes… puedes dormir en la misma cama… que Isuke ―tuvo que hacer un gran esfuerzo para pronunciar palabras que no sabía de dónde demonios habían salido. El recuero cálido de la noche anterior aún seguía en su memoria, persistía sobre el cuerpo el toque de la chica con el cabello en llamas. Esa noche también era fría, le servía como excusa a ella misma para justificar la invitación y también por si la idiota de roce suave se atrevía a preguntar "¡…de roce suave!" se preguntó con fuerza de su mente. El rojo ya no era solo el color característico de Haruki.

― ¡Oh! ―exclamo al ver las mejillas como dulce de anís ― ¿Esta bien, Isuke-sama? Su cara esta de color rojo ―su mano fue hacia la frente de Isuke para sentir su temperatura. No lo sabía, pero provoco que esta subiera más.

― ¡Idiota! ¡Deja de toquetear a Isuke y sube de una vez a dormir antes de que te envié a dormir al suelo como el perro que eres!

Haruki se sobresaltó ante el repentino grito de la peli rosa. Por un momento se preocupó que el sonido pudiera haber despertado a sus hermanos e incluso a los vecinos, pero ese pensamiento se fue con velocidad, como si definitivamente hubiera perdido el control del hogar, obedeció a las palabras de Isuke y subió rápidamente a la cama después de bajar el interruptor de la luz. Las chicas se hallaron separadas a los largo de la cama, tenían cuidado a cada movimiento ligero que hacían pues no querían que el más ligero roce tocara a la otra y produjera un momento más incomodo del que ya producía el silencio únicamente interrumpido por los sonidos de la casa acentuándose, los movimientos de la piel contra la tela y la respiración suave y nerviosa de las chicas. El tiempo paso lento dentro de la habitación y para consternación de Isuke, empezaba a preguntarse cuando se acercaría la pelirroja a la que le daba la espalda a abrazarla. La decepción comenzaba a invadirla, el frio también lo hacía, cuando esto sucedió su cuerpo comenzó de nuevo a temblar. Las vibraciones de su cuerpo recorrieron los terrenos del colchón y el sonido de sus dientes chocando rompió el silencio nocturno de la habitación. Ahora estaba frustrada y con frio.

Su cuerpo se vio aliviado cuando la presencia que se hallaba detrás de ella noto el temblor de su cuerpo. El cabello rojo se deslizo sobre las sabanas mientras se acercaba a aquella que sufría del frio de la noche. Se le acercó con cuidado de no despertarla, pensaba que ya estaba dormida pues desde hacía un rato no se movía. Su cuerpo entero, desde sus pies hasta sus pechos, se juntó al de la peli rosa para compartir calor con ella. El brazo de Haruki subió por encima de Isuke, rozando la piel de gallina que tenían en aquellos momentos. Se movió lenta y despacio acariciando la piel lechosa, recorriendo un camino por su costado, seguido de su estómago hasta dejarse caer por debajo del ombligo. Mantenía los ojos cerrados imaginando la piel que su mano tocaba. Esta se veía tentada por centímetros de la inocencia que había bajo ella, el calor de ambos cuerpos las alimentaba y con ello fue inevitable.

Ambas cerraron por fin sus ojos, respiraron tranquilas acompañadas del calor de la otra y sus cuerpos se dejaron llevar por el cansancio. El tren del sueño se las llevo sin problemas, pues tenían una habitación con chocolate caliente –la temperatura compartida- y asientos de piel extremadamente cómodos –la piel de la otra-, Morfeo fue generoso con ellas.

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Estados Unidos, California, no era el mejor lugar para ir en busca de un asesino, las cosas se complicaban cuando este tiene ciertas maneras de moverse y comunicarse, aquel hombre conocía el idioma, lo dominaba perfectamente, al contrario de él mismo, que sólo tenía conocimiento de lo más básico.

Lo había perdido en medio del aeropuerto, esperaba con tranquilidad para acecharlo, saber su exacta ubicación en ese país y encontrar el momento justo para encargarse de él. Algo de apariencia sencilla. Bajó como cualquier otro pasajero, hablaba con alguien en su celular, por las caras que ponía no debían ser noticias muy buenas. Se encontraba a una distancia prudente de aquel hombre, lo suficiente lejos para no levantar sospecha pero no tanto como para perderle la pista. Cayó en saco roto. Quedándose atrás en la sección de equipaje, el hombre desapareció de su vista, si surcó el océano de un momento a otro su razón debía estar en ese lugar y le llamaba a la prisa, quizás era el maricón de su pareja la persona con la que hablaba por celular.

―Dos días sin verle el culo al maldito, Chiko-sam no estará feliz―entro sin molestarse en prender la luz de la habitación donde se alojaba, sentía que se estaba más fresco en la oscuridad. El asqueroso sudor hacía que la ropa se le pegara a la piel de manera incomoda, no era un sudor echo por un verdadero esfuerzo físico, era sudor por el caluroso ambiente que predominaba en esa ciudad.

Se sacó la camisa completamente empapada y la tiro sin importarle mucho donde.

―Tengo una hija adolecente que es mucho más ordenada que tu―escucho en la penumbra, el miedo lo embargó por completo. Dio la vuelta en dirección donde creyó escuchar la voz, pero sólo pudo ver ese cabello rubio, de apariencia blanca en esa escasa luz nocturna que se colaba por la persiana americana, destellar en tonos eléctricos, después, nada.

Regreso a la realidad atado de manos tras el respaldo de una silla, su cabeza le dolía y daba vueltas, las luces seguían apagadas y escuchaba el sonido como de pasos, pero bien podría ser corrientes de aire caliente. Trató de desatarse pero no pudo romper el material con que sus manos se hallaban confinadas, parecía cinta industrial.

―Mi hija es muy ordenada, como ya dije, no me costó mucho trabajo ver que faltaban sus cuchillas, pistola de bolsillo y una de mis bombas―la voz llegaba de todos lados, sentía el aire agitado, el hombre lo rodeaba en la silla―. Sin mencionar que no borro el registro de llamadas en mi celular, por coincidencia o a propósito, fue una suerte que eso ocurriera―. Escucho el ruido de un cuchillo siendo desenvainado, en la oscuridad pudo ver un destello de metal y eso lo despertó por completo de su dolor de cabeza.

―No diré nada, los que conforman al gremio no se traicionan―dijo aparentando seguridad en la voz, pero sabía que aquello era un callejón sin salida. Con ese hombre no habría trucos para liberarse y nadie llegaría a salvarlo, le rebanaría el cuello antes de gritar la U de auxilio.

El hombre se situó detrás de él y soltó una leve risa que sonaba amigable y comprensiva antes de contestar:

―Tengo toda la noche―sintió el frio del cuchillo en su cuello, la hoja afilada apretó lo suficiente para que una fina línea de sangre saliera del corte, casi empieza a chillar como un cerdo al sentirlo― primero una pregunta sencilla ¿por qué estás aquí?―dijo en tono tranquilo.

El hombre en la silla no abrió la boca, el cuchillo se deslizo un poco y pudo sentir como la sangre corría hasta su pecho. Cualquier lealtad que sentía se esfumo con un segundo corte.

―Vale hombre, hablare, pero no hagas esto―la cuchilla se retiró pero no escucho que volviera a enfundarse―tú y el hombre que llego antes.

― ¿Por qué él?―otra vez no hubo respuesta rápida, el hombre de cabellera clara lo rodeo y se arrodillo para incrustar el cuchillo en la rodilla, teniendo la delicadeza de moverlo en semicírculos dentro de esta― ¿Por qué él?―dijo sin perder la calma en su tono de voz, le sonreía como si tratara de darle calma al hombre que estaba siendo torturado en la silla.

―Son familia de la chica…a la que Chiko-sam contrato para hacer el trabajo que el gremio le encargo―su frente estaba surcada en sudor, apretaba fuerte los ojos que le picaban por las gotas salinas que caían en ellos, se mordía el labio para no gritar y alargar un poco más su tiempo de vida.

― ¿Quiénes del gremio saben que Chiko contrato a mi hija?

―Nadie, es una prueba que él debía pasar para continuar dentro, sólo sus hombres de mayor confianza saben que contrato a una asesina en solitario para dicha misión.

― ¿Cuántos hombre tiene?―enterró aún más el filo en la rodilla sintiendo como la punta del cuchillo tocaba la madera de la silla y le cubrió la boca con la mano enguantada para que no se escucharan sus gritos.

―Doce, somos doce―dijo agitado, la desesperación del dolor pintada en la cara.

― ¿Qué planea hacer?―el hombre estaba exhausto, el dolor lo tenía en shock; Eisuke saco el cuchillo de su rodilla y después lo acercó a la entrepierna del hombre, presionando la punta y torturándolo física y psicológicamente, el desgraciado en la silla sintió que iba a vomitar― ¿Qué quiere hacer?―una gota de sudor le resbalaba por la mejilla, detestaba sudar, debió prender el aire acondicionado mientras amarraba al estúpido.

―Deshacerse de ella y de cualquiera que sepa de su fracaso de asesinato―la rodilla le palpitaba y sus oído sólo oían un constante "piiiiiiii" como una llamada de teléfono que se corta; no era toda la verdad, él lo sabía y Eisuke lo sabía, el cuchillo entró a su campo de visión izquierda y tuvo un miedo enloquecedor y desesperante de que le fuera a sacar el ojo―piensa obligarla a que le traiga el cuerpo del doctor, luego la matara a ella y a todo aquel cercano a ella. No dejara evidencia para el gremio.

Suspiro con alivio al ver que el cuchillo se alejaba de su cara, creyó que había salvado la vida pero sintió después un enorme pedazo de cinta industrial en la boca, la desesperación volvió a invadirlo sabiendo lo que vendría a continuación, el hombre con guantes negros jalo de su cabello atrás y cortó su garganta, se sentía ahogar por la sangre que le entraba a las vías respiratorias, trató de pelear, de mover su cabeza, de llorar al menos o gritar, pero era en vano, murió ahogándose en su propia sangre y vomitándola sin poder sacarla de su boca. Estuvo consiente por varios minutos. Eisuke limpio sus guantes negros en el lavabo, limpio su cuchillo y lo escondió nuevamente entre sus ropas. Debía regresar pronto, se supone salió para tomar una copa en el bar de la esquina, su pareja le armaría una escena de celos si no se apuraba.

Abandono la habitación con la mente puesta en tantas cosas triviales, pero en las que no figuraba aquel malnacido con expresión de horror atado a la silla. Para Eisuke, matar a alguien ya era una segunda naturaleza de la que no se preocupaba más allá de unos pocos minutos.

Cerrándose las puertas del ascensor pensó en telefonear a la chica Sagae. Ahora que nadie lo estaba cazando, podría tener una pequeña conversación con su adorada heredera. Una lección por teléfono no estaría nada mal, esperaría a la tarde, seguro a esa hora apenas estaba despertando.

Alex: Hola, buenas noches, me estoy muriendo de sueño pero les traigo lo que tanto ansiaban. Esperó les guste, como a ella le gusto hacerlo.

DD: El chico está siendo exagerado, apuesto a que igual disfruto escribir, yo lo vi cuando no veía él.

Alex: Je, bueno, este capítulo iba a ser sólo de unas cuantas hojas, pero cuando nos dimos cuenta término por alargarse hasta las casi 40 hojas. Así que, qué más puedo hacer que decirles que disfruten nuestro pequeño desliz.

DD: Sólo un desliz, sólo un delis *canta bajito. Je pero ustedes descuidan, los próximos caps trataremos de ir al punto y no alargarnos de más. Y de hecho son 40 páginas de puro escrito. Jolines, en verdad se nos pasó la mano

Alex: Ah, puedes apostarlo. No sé qué fumamos esta vez, pero nos dio inspiración de la buena. La pequeña si nos exigió esta vez, horas de sueño, muchas.

DD: Pero hay que comprender, está creciendo y nos exige cada vez más, eso sin contar al que viene en camino.

Alex: eje *rasca detrás de su cabeza. No aguantaste revelar la noticia? Ese será el que termine de matarnos.

DD: Je sipi, pero mi guta y nop, no podía aguantar por dar un guiño del pequeño. Pero eso es cosa de otro día. Disfruten por favor. Sabemos que es largo pero es de nosotros para ustedes.

Alex: Ya da pataditas... *dice distraído. Ah! Pero cierto, disfruten que es lo principal, un bocadillo para que lo devoren. Sólo puedo decirles provecho y hasta la próxima.

DD: Nota mental: asesinarlo luego de Will. Muy bien. *Da un aplauso y sonríe. Nos veremos pronto, sean pacientes, acabamos de iniciar otro semestre, el fandom había estado muy callado, aquí está un poco de ruido. Esperamos sus opiniones. Bye bye.*se despide y jala al otro de la oreja.

Alex: Auch! Je, antes de irme, quisiera preguntarles, que les pareció la escena del hospital en el anterior capítulo? Coméntenlo por favor así como la opinión que tenga de este capítulo. Le harían un favor a la chica si lo hacen. Sin nada más que decir... *gulp. Hasta pronto, me jalan la oreja. Nos vemos.