Intereses por cobrar

Corrió sin mirar atrás, buscando refugio de quienes la seguían sin alcanzarla pero tampoco dándole oportunidad de aumentar la distancia que los separaba. Sentía el césped bajo sus pies, húmedo e inseguro de pisar, podría caerse o resbalar en algún momento y todo se iría a traste. Apartó esos malos pensamientos, eran solo ella y ellos, no existía más a lo que tuviese que prestar atención.

― ¡Detente, no tienes a donde huir!―grito uno a sus espaldas, Haruki hizo caso omiso e intento que sus piernas cansadas diesen más de sí, pero ni ellas ni sus sofocados pulmones pudieron socorrerla. Se vio trastabillar y estar a punto de caer, sobre su cabeza vio nítidamente disparos, rozando sus mechones de cabello húmedos por el sudor y otro líquido conocido.

Aprovechó su situación para esquivar otro par de disparos arrojándose a la derecha y rodando por el césped apuntó desde el suelo, dos, tres, cuatro, dejó de contar disparos y se levantó trastabillando buscando protección tras una esquina. El sol escondiéndose indiferente y la pelirroja tocaba su pecho justo sobre su corazón tratando de templarlo, el sudor resbalaba hasta sus ojos, irritándolos, y ella, pensaba a toda velocidad una forma de zafarse de aquella.

Secó el sudor con el dorso de la mano que cargaba el arma y asomó un poco la cabeza tratando de ver a sus perseguidores.

Sin aviso previo sintió el inequívoco cañón del arma ajena ser apuntado a su espalda.

―Mierda.―maldijo en voz baja, regañándose por ser tan descuidada y dejarse sorprender por la espalda. Era la lección número uno, la principal y la más importante, siempre cuidarse la espalda. Sobre todo teniendo de oponente a aquella persona.

―Tú sabías que acabaría así, no deberías sorprenderte~3―dijo una voz chorreante de dulzura sínica, apretando el gatillo de manera que sólo faltaban unos pocos milímetros para accionar su mecanismo. Sonreía con el sadismo de un maniaco que disfruta su obra, el placer en sus ojos ardía más que el reflejo en los ojos del demonio al provocar los males del mundo.

―No quería creerlo…mis hermanos…creía que éramos amigas, ¡yo confiaba en ti…! ¿Cómo pudiste...?―dijo levantando las manos para no obligar a Isuke a disparar.

―No seas sentimental, no dejas que Isuke disfrute de su victoria~3 sólo cierra los ojos y terminara antes de lo que crees.

Haruki hizo lo que le pidió, cerró los ojos con fuerza aceptando su destino, un callejón sin salida. Todo había terminado para ella, era lo más lejos que pudo llegar y a la vez una burla de las peores, una desgracia, el que su caída hubiera llegado tan inadvertidamente y desde el núcleo de su confianza.

―Good night~3

―Isuke…―no pudo terminar.

El gatillo fue jalado con fuerza.

El mecanismo de bombeo se acciono.

El cañón dejo salir el disparo.

*splash

Un chorro de agua salpico su cabellera roja, a ese se le unio otro y otro. La pistola de agua no paraba de mojarle la ropa un poco humedecida por correr esquivando globos de agua tirados a traición y disparos de sus hermanos que participaban en el equipo de esa chica.

―Ya…ya ya jaja ya está bien me tienes―dijo tratando de protegerse con los brazos, luego llegaron los gemelos lanzando un par de globos de agua que impactaron en su espalda. La pequeña Mei y Fuyuka igual participaban de ese lado de la familia. Ellos cuatro junto con Isuke acabaron con su equipo uno por uno hasta poder atraparla sin posibilidad de escape.

―Jajaja ya ya me rindo.

―Deja el arma abajo y patéala a la teniente de Isuke~3―Haruki dejó caer su arma y pateo el modesto juguete a Mei, quien lo recogió con soltura y le apuntó con dos armas.

―Traigan a Nee-san al paledon―dijo la pequeña―también a toda su compañía.

―No, esperen, tengan piedad, yo soy la capitana, ellos no tienen nada que ver en esto―dijo tratando de salvar a sus hermanos del cruel destino infantil del que ella e Isuke estaban siendo participes. Sus hermanos la ignoraron y como buenos soldados la empujaron a un costado del edificio de apartamentos donde aguardaban el resto de sus hermanos capturados, todos ellos mojados de pies a cabeza.

―El capitán debe pagar por las malas decisiones―dijo uno de los gemelos. Este traía una cinta roja atada en la cabeza.

―Y su compañía debe seguirlo hasta las últimas consecuencias―dijo el otro quien tenía una cinta azul. Isuke veía a todos sus soldados con una sonrisa orgullosa, tenía enfundada la pistola de agua que goteaba en sus shorts de franela verde militar.

― ¿Quieren una venda?―ofreció Fuyuka, ella tenía en cada mano un globo de agua y atada a su cintura una bolsa rellena de varios más.

― ¡No queremos vendas, no somos ratas!―dijo Misuki ganándose un disparo en la cara por parte de la pequeña teniente Mei.

―Que así sea―sentencio Isuke, acomodo un sombrero encontrado en el armario de Haruki y los hizo a todos enfilar, tenían las manos en la espalda y veían como los globos de agua pasaban de mano en mano y en medio de ellos una cubeta llena de muchos otros de gran tamaño.

―Combatimos con honor y así nos iremos ¡ay! ¡Yuki!

―Gomen, nii-san―dijo levantando el pie del de su hermano.

―Estamos listos, ¡No se contengan!―grito Haruki viendo amedrentada como todos levantaban su proyectil listos para el fusilamiento. Todos se encogieron esperando el golpe pero una voz autoritaria detuvo la ejecución. Se escucharon pasos firmes con sandalias de calzado en el césped.

―Alto~3 Isuke no puede permitir que mi espía favorita reciba el mismo trato que los condenados―la peli-rosa tomo a Hana del hombro acogiéndola bajo su ala y dándole un globo mientras se alejaban a tomar lugar en las filas ejecutoras―pelotón, gracias a esta chica ganamos no sólo esta batalla―dijo haciendo voz de una general, se veía que disfrutaba de participar en las actividades familiares un domingo por la mañana―sino la guerra, Isuke les presenta a la mejor espía de todos, Sagae Hana.

Haruki abrió los ojos sorprendida, no podía creerlo, su pequeña soldado raso había sido un espía todo el tiempo, ahora entendía porque la batalla por el grifo de la calle había sido tan desastrosa.

― ¡No puedo creerlo! ¡Todo este tiempo fuiste tú!―gritó Misuki dando un paso adelante pero un globo de agua la hizo retroceder.

―Era lo que trataba de de-decir, pero n-no querían creerme―dijo tratándose de esconder Hayaka.

― ¡Yo no puedo creer que salí del mismo vientre que esa cosa!―grito Yuki indignada.

― ¿Hana? ¿Pero…cómo?―preguntó la capitana despojada de sus medallas.

―Porque la lealtad se forja desde antes de la guerra, desde la cuna―. Le respondió Isuke apegando a la niña a su cadera, con el otro brazo rodeando el hombro de Fuyuka― Fuego~3

"Esto va a doler" fue lo último que pensó al ver los globos de agua volando en su dirección, los gritos y risas de sus hermanos y luego la explosión de agua y frescura.

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Frotó su cabeza con la toalla, afanándose en secar lo más rápido posible su cabello y permanecer fuera de la mirada jactanciosa de Isuke que disfrutaba de tumbarse sobre su estómago con un par de almohadas bajo su cabeza.

―Isuke debe admitir que a un inicio le aburría participar en lo que fuera que hicieran esos cachorros salvajes, pero luego de ver lo fácil e irresistible que era ganarles a ti y tu equipo no pudo resistirse~3―dijo con jocosa sonrisa, moviendo los pies de adelante atrás; la pelirroja imaginó una cola rosa saliendo de aquel short y moverse de manera insolente, insinuándose a ser atrapada.

―No nos ganaste limpiamente, eso apenas puede considerarse una victoria―se quitó la toalla de la cabeza y la arrojó sobre una silla a manera que se secara. No era un verdadero golpe a su orgullo, pero no le gustaba perder, mucho menos cuando se trataba en juegos con sus hermanos, siempre que debían hacer equipos era una regla o predicción que su equipo ganaría y últimamente esa regla se rompía con regularidad.

―No sabía que no tolerabas la derrota~3―se burló.

―No es eso―le dio la cara, no molesta pero sí queriendo que viese su punto y quitase esa sonrisa de superioridad―, pero ustedes hicieron trampa y no quiero que mis hermanos aprendan ese tipo de cosas. Ya es muy malo que Misuki tenga por hobby el juego de apuestas donde nada tiene que ver la suerte, no quiero que los demás se vayan por el camino fácil―los verdaderos pensamientos corrían entre las decisiones que ella misma había tomado, si bien no era un camino fácil, sí era mucho más corto al que muchos toman para encontrar estabilidad y sustento.

―No molestes, ¿de verdad crees que allá afuera pueden ir siempre respetando las reglas y eso? Jamás valdrán lo que valen si siguen las estúpidas reglas que no les dan de comer~3

―No importa eso, no quiero que ellos tengan cargos a la conciencia por hacer trampas en un futuro―observó fuera por la ventana, los pequeños recogían la basura que había quedado luego de la ejecución y sus juegos por todo el patio.

―Isuke les enseña sobre lealtad―volteó a verla―, la lealtad se forja desde antes de la guerra, desde la cuna. No importa la situación, deben ser leales a quienes les apoyan y confían en ellos, por eso dijo sí a ayudar a Isuke, sintió confianza en lo que hacía gracias a que se la tenían a ella. No sólo aprenden cosas malas así que deja de molestar con esas estupideces, o Isuke te hará besar el suelo otra vez.

―La lealtad es buena, es algo que me gustará que aprendieran, pero me preocupa a quien le rinda esa lealtad ―un pequeño movimiento de sus ojos insinuó que se refería a ella. Tomó una camisa blanca, que bien podría pertenecer a su hermano por lo masculina que era, y se la puso encima, todos los perdedores tuvieron que tomar un baño para no enfermarse―. Ahora que recuerdo ¿Cómo Isuke-sama me sorprendió por la espalda? No creo ser tan torpe como para no tomar noción de su presencia.

La chica se encoje de hombros antes de darse la vuelta y mirar al techo con un brazo colgando flojo.

―Isuke tuvo un mejor entrenamiento, obviamente―Haruki pareció pensarlo por un rato antes de responder.

―Si hay que hablar de eso, yo jamás falle uno solo de mis trabajos, ni cuando recién comenzaba.

―Tú, idiota, aprendiste por la necesidad, te hizo buena, pero te quedaste sólo con lo indispensable para cumplir con tus "encargos". Isuke entrenó a conciencia, cada golpe y movimiento con el objetivo de ser certeros. Ese era el trato con mama…―alzo el brazo con la cicatriz, tomando nota de cómo se negaba a desaparecer. Sintió un peso repentino a un costado de la cama y luego miro una segunda mano tomando su muñeca y acariciando la misma cicatriz.― ¿Qué se supone que haces?

―Es la primera vez que Isuke-sama decide hablar de sí misma, me pongo cómoda para escucharla―sonrió.

―Buff, baka.

―Je, quizás, pero eso no cambia que quiera escuchar lo que tengas que decir―la yema de su pulgar frotaba de manera distraída el relieve de piel en la muñeca de la peli-rosa.

― ¿Qué puede decir Isuke? Su infancia no empezó hasta que mamá la rescató, los años que pertenecían a esa etapa en la vida se había ido casi completos y los que quedaron fueron invertidos en ser una digna sucesora…―la piel de su cuerpo no tenía cicatriz alguna, pero no significaba que no hubiese sufrido heridas, algunas de estas por culpa del entrenamiento al que se vio sometida―. Isuke se fue a vivir con Eisuke y papá, luego que mamá la rescatara a los 9 años.

― ¿Te rescatara? Eso no lo sabía, significa que dejaste lo que fuese de tu vida pasada ¿no tienes otro familiar? ¿No hay alguien especial por allí?

"Luka…" pensó Isuke.

―Isuke no necesito ni necesita a nadie más que mamá y papá~3

La pelirroja dejo ir una risa por sus respuestas siempre perfectas al cortarte la cabeza.

― ¿Cómo era la vida? ¿Fuiste feliz?

― ¿Eres tonta? Le dieron a Isuke todo lo que podría pedir, jamás faltaba nada en casa, es la vida perfecta―se escuchaba una jactancia un poco insana al hablar.

―Dinero no equivale a felicidad, Isuke-sama―se apoyó en un codo para ver a los ojos a la chica; hizo un gesto con la cabeza haciendo notar las risas fuera de la habitación―se puede ser feliz pese a no tener mucho dinero, con un poco de esfuerzo, claro―sonríe por la verdad de aquellas palabras.

―Baka―era imposible negar esa verdad, esos niños crecieron llenos de amor y cariño pese a la escases económica en casa, ella se preguntaba qué les faltó a ella y su hermano en la ecuación o qué sobraba en la los Sagae. Haruki siempre reía antes de hablar cuando la observaba divagar, ahora hacía cuenta de ello.

― ¿Qué significa eso de forjar la lealtad desde la cuna?

―Hacer que un niño confíe en ti antes de que salga al mundo. Que te apoye hasta las últimas consecuencias sin dudarlo.

― ¿Y si es peligroso? ¿Si el niño no debiera seguirte?―la historia de Isuke tomaba forma en su mente, una chica que pasó un infierno hasta que ese hombre apareció en su vida y la salvó, quizás de una fatalidad, y ahora aquella niña había crecido para ser un demonio que le siguiera leal e incondicional.

―El niño crece y aprende a enfrentar los peligros.

Estaba desconcertada, no sólo era raro oír a Isuke hablar en serio, en la academia no tuvo oportunidad de ver hasta donde llegaba la devoción de Isuke por ese hombre de cabello blanquecino.

―Isuke-sama ¿Eisuke-san te obligó alguna a algo? ¿Algo que no te gustara hacer?

― ¿De qué hablas idiota?―devió la mirada pero e respondio―Isuke te lo dijo una vez, matar no es realmente lo que le gusta a Isuke, sino el dinero que puede conseguir con ello para sus padres, aprender y crecer para tomar el puesto de mamá.

―… ¿Alguna vez te obligo a matar? ¿Te lastimó, Isuke-sama?

―Claro que no, no hubiese rescatado a Isuke de un infierno para meterla en otro.

―Entonces, ¿cómo forjaron tu lealtad?

―Mamá sólo tuvo que hacer una cosa para que Isuke le fuese leal hasta la muerte, acogerla bajo su protección―esas palabras asustaron un poco a Haruki ¿hasta dónde estaría dispuesta a llegar Isuke?―la llevo a una casa donde el dinero no faltase para ser feliz.

―…―de vuelta al tema del dinero ¿por qué tan forzosa la creencia de que es necesario para ser feliz?―Isuke-sama ¿Qué tendría que hacer para ganar tu lealtad?

La fina y cantarina risa le respondió de manera cruel, la peli-rosa tapa su boca para ahogar las carcajadas.

―No hay nada que puedas hacer, tienes demasiada edad como para hacer que nazca en Isuke algún sentimiento de lealtad. Así mismo ya no puedes desarrollar lealtad por alguien más. Haz perdido esa capacidad. Ya lo sabes, perro viejo no aprende nuevos trucos~3―dijo moviendo su dedo; hacía referencia a la devoción de ella a su madre forjada desde pequeña, y la de Hana a su persona siendo esta aún pequeña para mirar con ojos soñadores a alguien― Tal y como estas sólo sientes apego inquebrantable por ellos nueve y tu madre en el hospital, Isuke no te daría nunca algo que no puede ser correspondido en igual medida.

―Oye, eso no es verdad, si bien es cierto que mi familia es primero―deja la muñeca de Isuke y toma su mano, firme pero sin hacerle daño o hacerla sentir atrapada―yo podría corresponder en igual o mayor medida lo que sea que tu deposites en mí. Tenlo por seguro.

Isuke la miro por un corto momento suficientemente largo para admirar la seguridad y decisión en las palabras y ojos de esa chica, Imposible de rebatir pues la verdad se leía en ella. "Ingenua sin lugar a dudas", pero le gustaba esa forma suya de aventarse por el borde, en cuerpo y alma, sin saber siquiera que existe dentro. Isuke jalo su mano y se levantó de la cama.

―Deja de decir estupideces sin sentido, Isuke odia la charla absurda―abrió la puerta para ir directo a la cocina en una, seguramente vana, búsqueda de comida.

―Yo confío en Isuke-sama y creo que ella me corresponde en misma medida. Quizás no es lealtad, pero hay muchas más cosas que podemos sentir.

La peli-rosa no se molestó en contestar, sólo dio un bufido restándole importancia al asunto y se encaminó a la cocina. El estómago de Haruki le exigió con un ruido grave algo de comer, y cuando estaba a punto de también salir de la habitación el conocido "Tan-tan-ta-ra-ran" se hizo escuchar desde el buró de su cuarto. El número no aparecía registrado pero contestó de todas formas.

― ¿Qué no hay nada que Isuke pueda comer antes de la merienda?―dijo cerrando la nevera en gesto irritado.

―Lo lamentamos Isuke-sama, pero no solemos tener bocadillos, generalmente todo se va al gasto por la comida de la semana―dijo Saburo ocupado en tareas de la escuela― Jerry wanted to buy flowers for his wife´s birthday, but when he got to his favorite flower shop, it closed. Perfecto, ya termine―dijo entusiasta, su pronunciación era muy limpia pero Isuke se le acercó para asomar su cabeza sobre el hombro del chico.

―Esta incorrecto~3

― ¿Qué?―desconcertado miró tras de sí pero un par de grandes distracciones lo hicieron olvidar su tarea.

―Aquí, en tu frase, el verbo está bien pero te hace falta agregar el "had" para que sea en pasado perfecto, "but when he got to his favorite flower shop, it had closed"―con el dedo señaló el espacio donde había escrito, pronunciando la oración a manera sofisticada y pulcra, un inglés de acento británico, más elegante que el homólogo de su hijo norteamericano, no podía esperarse otra cosa de aquella chica quien cuidaba del último detalle de su persona fuese perfecto―en realidad, cometiste el mismo error muchas veces~3―se irguió y fue a por un vaso de agua. Saburo reacciono de su atontamiento, releyó su enunciado notando que efectivamente la chica peli-rosa tenía razón.

―Vaya, eso es asombroso, ¿Dónde aprendió a hablar así, Isuke-sama?― "no sólo es muy bonita, además es inteligente, wow ¿qué otra cosa puede ocultar?" pensó el joven.

―Escuchando, caminando e interactuando con el idioma~3―bebió de su vaso recargada en la barra, Fuyuka y Hayaka entraron, esta última con el cabello mojando su espalda, ambas sonrieron a Isuke y comenzaron a sacar ingredientes para la comida de aquella tarde.

― ¿Podría, por favor, revisar también esto? No estoy seguro si utilice bien el "since" y el "for"―. Le alcanzó un libro de segunda mano; Isuke dejó su vaso y tomó el libro dándole una leía donde el chico había escrito. Durante una temporada ella y su madre tuvieron que vivir por un tiempo en aquel país londinense, siendo ella aún una niña se adaptó rápidamente al idioma, aprendiendo del mejor maestro que es la experiencia y rellenando esos huecos gracias a sus padres.

―No sabía que tenías conocimientos de inglés intermedio―interrumpió Haruki en la cocina; se preguntó de cuantas cosas no había sido testigo, ¿Isuke ayudando a uno de sus hermanos en tareas de escuela, específicamente, inglés? Esa chica era un estuche de sorpresas.

―Desconoces muchas cosas de Isuke―le devolvió el libro al adolecente―están bien, pero no temas utilizar apostrofes cuando puedas hacerlo, especialmente cuando hablas de pertenencias.

―Muchas gracias, Isuke-sama―tomó su libro inclinándose a manera de agradecimiento y fue a la sala a guardar el libro en la mochila.

―Las desconozco pero siempre es una sorpresa agradable irlas descubriendo de a poco―le guiño un ojo, la otra se impresionó por su osadía y desvió la vista ignorando a la chica quien rio por su reacción―Fuyuka, prepara sólo comida para ustedes, debo salir y no creo volver sino hasta la cena.

―Oh, ¿hasta la cena? ¿Pasó algo?―preguntó la chica secando unos vegetales.

―No pasó nada, pero mi jefe quiere que vaya, no se los comenté pero va empezar a darme un entrenamiento especial por el trabajo―acaricio la cabeza de su hermana Hayaka―así que coman bien ustedes y yo me les uniré después.

―Bueno, está bien, sólo ten cuidado.

―Lo tendré, descuiden―fue de vuelta a su cuarto para cambiar las ropas a unas más cómodas pero no tan casuales.

―Entonces dejarás solos a tus hermanos por más tiempo. Isuke no está segura si un aumento de parte del jefe valga la pena―era fácil comprender porque la chica decía aquello, no era raro que un hombre mayor pidiera los favores de una joven a cambio de un mejor puesto, especialmente si la joven era una pelirroja de buen cuerpo como Haruki.

―No seas tonta, las cosas no son así. Voy exclusivamente a aprender. Lo necesito.

―Sí, como sea, has lo que quieras pero mamá debería pagarte sólo la mitad por dejar a Isuke tanto tiempo sola y sin protección.

―Jajaja ¿pero qué dices? Lo más peligroso en este lugar eres tú precisamente, Isuke-sama―corrió la cremallera de su sudadera roja―además, no me viene nada mal aprender cosas nuevas. Si no conociera a Isuke-sama diría que no le gusta que la deje sola―era fácil para Haruki cautivar a alguien con sus simpáticas sonrisas, pero parecía que Isuke siempre sería su excepción.―Por favor, eres la mayor aquí, cuida a mis hermanos, tratare de no tardar―afuera había un agradable día que prometía calor, hizo cuentas del tiempo que pasaría allá, si la cosa caminaba bien no le tomaría más que un par de horas en la empresa, llegaría a casa poco después de las cinco.―Cualquier cosa pueden llamarme al móvil―dijo ya bajando por las escaleras, le llegaron las despedidas de sus hermanos en la cocina y viendo televisión en la sala; cuando iba por la esquina alzó la vista a la ventana de su cuarto y sacudió la mano despidiéndose también de Isuke, siguió su camino sin ver que la peli-rosa también le despedía con la mano.

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― ¡Oh…! ¡Ah…ah…ah…! ¡Oh, sí perra, salta, salta!―gritaba ese hombre, moviéndose apenas con toda su humanidad rebotando y haciendo rechinar de forma nada sensual la cama humedecida por el aceitoso sudor de este. Tenía una rubia desnuda sobre él, de cabello largo y con pequeños pechos que amasaba entre sus toscas manazas; una hermosa mujer quizás algo drogada o bien pagada para que le permitiera copular con ella, y no conforme con una cavidad. ―Salta perra, que reboten…―a Kato se le escurría la saliva por toda la boca, daba nalgadas a la rubia y le retorcía las tetillas a su complacencia.

Unos golpes en la puerta le interrumpieron, tenía la cara metida en el hueco formado por los senos de la chica.

―Grrr ¡Adelante!―un hombre marcado de la cara con un tajo entró en la calurosa habitación, sonrió al ver la escena y sintió como algo despertaba entre sus pantalones al ver esos incipientes pechos rebotando, los fingidos gemidos también eran eróticos― ¿Qué demonios quieres, Kento, no ves que estoy ocupado?

El hombre de cabello grasiento y cuerpo regordete quito a la chica de encima y como si fuera esta cualquier cosa manejable, la colocó a gatas a manera de poder penetrarla por otro lado, uno mucho más placentero y apretado para él luego de desgarrar un poco haciéndose camino en esa nueva cavidad. El nombrado Kento desvió la mirada al ver el gesto de dolor y desespero de la chica cuando ese hombre movía sus 97 kilogramos para encarnarse en ella.

―Shisune está preguntando si quiere que nos encarguemos del préstamo de la semana pasada.

―Gh…gh…uff…uff… ¿qué préstamo?―la chica estaba cerca de desmayarse, el dolor la perforaba hasta los huesos de sus caderas, coxis y llegaba hasta su columna vertebral, impidiendo que se levantara con los brazos y plantado su cara contra la asquerosa cama húmeda y con rastros de tierra.

― ¿Recuerda a la chica Sagae?―sonido de nalgadas.

― ¡Ah! Sí, Haruki-chan, ¿qué…qué pasa con ella?―su cara se contorsionaba, sus ojos se ponían en blanco y boqueaba aire. Jadeando.

Kento se preguntó si sufriría un ataque cardiaco por la forma que su cuerpo sufría de espasmos. Pero el hombre dio una última envestida al cuerpo flojo de la mujer y se dejó ir dentro de ella, sin ningún tipo de miedo a embarazarla. Salió de aquella cavidad y tiró a un lado a la rubia. Otro juguete roto.

―Usted pidió que le recordáramos que hoy se cumplen las dos semanas desde que pidió aquel préstamo y no ha regresado a dar cara.

― ¿No se ha aparecido, eh?―tomó uno de los cigarrillos de la mesita de noche y prendió la cerilla con su uña― ¿Sabes dónde vive? Yo lo olvide.

―Conocemos la dirección, la mandé a investigar la semana pasada, pensando que podría retrasarse.

―Bien, bien, por eso eres mi mano derecha―con la misma masajeó sus partes nobles. Tomó unos amarillentos calzoncillos del suelo y empezó a vestirse; no se molestó en ducharse, de allí el desagradable olor que percibía Haruki en sus entrevistas―. Vayan esta misma tarde, tráeme algo jugoso o déjenle un recuerdito.

―Sí, Kato.

―Y tráeme una garantía del resto, Kent. Quiero ese dinero.―se puso su saco y pasó por encima de mujer desmayada.

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El sol era amable, caía en suaves caricias jugueteando con la ventisca, sacudiendo las hojas y llevando la tierra al interior de las casas. Sentía la brisa en los brazos desnudos, lo sentía como un descanso del abrazo caluroso del sol. También lo sentía en los tobillos desnudos, a cada paso plantado en el césped.

― ¡Ya di 10 vueltas!―gritó al hombre sentado a la sombra, 10 metros por delante mirándola tras sus gafas de sol― ¿¡Cuantas más tengo que dar?!―su respiración comenzaba a agitarse.

―Hasta que tu cuerpo diga que ya no puede más―dijo sin necesidad de gritar, Haruki lo escuchó fuerte y claro. Miró su reloj plateado y de apariencia costosa―. Lo que significa, que será cuando te detengas a llenar el césped de vomito.

"Oh…maldita sea, tranquila, vamos Haruki, si llegas a las 20 vueltas puede que te deje descansar".

― ¡Sagae, no bajes el ritmo! ¡Quiero un trote constante hasta que desfallezcas!―escuchó al otro lado del campo, su boca salivaba con el regusto de fluidos gástricos en el paladar; trago saliva y sacudió las manos, desembarazándose de la extraña sensación de entumecimiento en sus brazos y hombros.

―Dame tres vueltas más y te dejare descansar.

Pero no logro terminar la primera de estas, cayó de rodillas incapaz de contener su estómago. Experimentó una sensación similar a ahogarse cuando la basca fue imposible de controlar y atravesó con fuerza su garganta hasta salir por su boca. Los músculos dentro del cuello, tensados por la acción de arrojar fuera todo su cansancio, le transmitía una sensación similar al dolor y el asco. Pocas veces en su vida había enfermado al punto de vomitar, pero su cuerpo era perfecto para recordar y le vino a la mente una noche con fiebre, quizás de aquellos principios de memoria, vomitaba al borde de la cama y unos brazos la llevaron en boladas al escusado, dándole después un merecido baño frio.

No escuchó cuando su jefe se acercó a ella, la cabeza le palpitaba y el sonido de su estómago alimentando a las plantas era la estrella en su escenario-atención. El hombre le sujeto el cabello a la vez que daba palmaditas en su espalda.

―Ya puedes descansar, anda bebe―le alcanzo una botella de agua fresca, Haruki estaba más tranquila pero no muy segura de beberla luego de sacarlo todo; el primer trago lo escupió para quitarse el mal sabor y al segundo se atragantó un poco. Se sentía mal consigo misma, pensaba que tenía una mejor condición pero se encontraba arrodillada frente a su vómito. ―Lento, no tragues tan rápido. Normaliza tu respiración. Así, eso es. Lo hiciste bien, ahora sabemos que tu límite es 18. Pronto será 20. Buen calentamiento.

― ¡¿Calentamiento?! ¿Intenta matarme?―el hombre la puso en pie con una mano. Caminó adolorida hasta la sombra de las escaleras. Allí dejó descansar su alma.

―Ya levántate, vamos a continuar con flexiones.

―Ah…ya voy―suspiro acalorada, luego de aquello, estaba segura que el martirio al que se vieron sometidas sus piernas, estarían sometidos sus brazos.

―En la prueba diste 50 flexiones, estabas fresca como lechuga. Tienes que poder hacer 100 esta vez. Pon la punta de los pies en el primer peldaño y empieza.

Y así lo hizo, llevo un ritmo cómodo con el propósito de lograr llegar a las 50 sin muchos problemas, ahorrar energías para el verdadero trabajo.

―Señor, no veo objeto ¿por qué me obliga a hacer todo esto?―las gotas resbalaban hasta sus ojos y barbilla, un pequeño charco se formaba debajo de ella. Le dolía los brazos, la espalda y hombros.

―Porque puedes. Apenas vas por las 70, apresúrate―deposito un par de bolsas sobre su espalda, 5 kilos cada una―. Tu capacidad física es buena, pero necesitas mejorar si quieres que te entrene, no voy a tenerte consideración porque eres mujer.

―Grrr…nunca lo han hecho…no espero a que lo…gh―sus músculos ardían, temblaban y lloraban internamente con cada lagartija extra, quería doblarse pero era lo equivalente a perder la partida. Bufaba y gemía con esfuerzo a cada flexión―sea usted. No quiero consideración―con la última sintió un dolor intenso en ambos brazos y sólo se dejó caer de lado, sin energía en brazos para sostenerse―. Quiero estar a la altura, por eso peleo.

―Hablas como si toda tu vida estuviese llena de injusticias―le dijo examinando su rostro, Haruki desvió la mirada, como si aquella mirada la acusara de algo que le diese vergüenza.

―Todos tenemos vidas difíciles―las nubes se movían en el cielo tranquilo de aquella tarde, Haruki las veía sin mirar, pensaba en esas personas que ya había matado. Fotos de ellas principalmente, cuando estaba frente a ellas empezaban los gritos por saber lo que se venía. Siempre así, no intercambió palabras con ninguna, hombres o mujeres, todos reaccionaban más o menos igual, desconcierto, temor, histeria y por último desesperación, a este punto tenían un hilo alrededor del cuello estrangulándolos.

―100 abdominales―le respondió. En un suspiro se puso en posición y empezó; sus pies se alzaban un poco debido a la rapidez con que hacía el ejercicio y Sato puso una de sus botas sobre ellos―. ¿Qué tan difícil ha sido tu vida, Sagae? Quiero saber a quién estoy entrenando.

― ¿Qué quiere saber? Vengo de una gran familia, somos nueve hermanos.

― ¿Nueve?― ¿era posible que se hubiese equivocado de persona?

―Sí, 7 mujeres y tres hombres―su sudor había quedado impreso en el suelo. Ya tenía 65 flexiones completadas.

― ¿Qué hay de tus padres? ¿A qué se dedica tu padre?

― ¿Mi padre?―se lo pensó un momento antes de retomar el ejercicio, ya sólo le faltaban quince―No tengo idea, mi padrastro se quedó sin empleo cuando llego una de mis hermanas menores y luego de un tiempo nos abandonó, igual que siempre. Mamá trabajaba de enfermera en un hospital. Sigue en uno.

"Si es quien creo que es, al menos le va bien"

― ¿Y tú porqué trabajas?―Haruki llegó a los 100 y se levantó.

―Porque mi familia lo necesita, por eso. Ya acabe jefe, fresca como lechuga―dijo segura de sí misma. Sato la miro un instante y derrapando el pie la hizo caer de espaldas.

―Siempre atenta, Sagae―le ofreció la mano pero la chica se irguió en un salto.―Tu estilo de pelea es bueno, pero no está refinado; tu ataque es devastador, rápido y certero, no creo poder hacer mucho por él, más no diré lo mismo de tu defensa.

El hombre comenzó a quitarse la camisa y los lentes de sol, Haruki pudo ver un cuerpo maduro y trabajado de hombre. Hombros fuertes, así como los brazos, estos tenían cicatrices y la camiseta blanca dejaba entredicho que debajo existían abdominales marcados. Sato tomó una postura abierta pero con ambos pies apoyados firmemente en la tierra, puños arriba frente a él y un poco encorvado.

Haruki usó una postura parecida a la suya pero más flexible, sus piernas estaban a disposición de saltar adelante o atrás a cualquier signo de ataque. Un brazo le brindaba protección y el otro presto para mandar todo el cuerpo delante y golpear.

El primer golpe que impactó contra su antebrazo logró golpearle un poco en la cara y que se tambalease un poco atrás. La fuerza era mayor a la del mastodonte en las pruebas. Su otro brazo tuvo que apoyarse en la tierra para que no cayera completamente al primer golpe.

―Oiga, ¿sin previo aviso?

―Jamás esperes a que te avisen, siempre da tú el primer paso―y a ese le siguieron dos ganchos más, el cuerpo del hombre se movía de tal manera que su peso también arremetía en un solo punto al golpear―. Esa es regla de oro, siempre ves por delante cuando las cosas te importen. No importa de que se trate, siempre ve tú por delante.

― ¿Así fue como obtuvo su puesto de jefe de seguridad?―bloqueo, sus brazos se entumecían, pero no estaba dispuesta a recibir un golpe directo a su cuerpo.

―Así fue como sigo vivo al día de hoy―y con una patada logró tirarla al suelo―. Detén el ataque y regrésalo lo más pronto posible.

― ¿No pudo decirlo antes?―se tocaba las costillas, mañana le saldría un morado. Nuevamente se levantó sin ayuda, tomando posición más parecida a su ahora mentor.

―Soy un vivo creyente en el aprendizaje sobre la marcha―intentó de nuevo la patada, el mismo movimiento y esta vez la pelirroja logró detenerlo, con la misma barrida que le había hecho antes lo tiró al suelo, el polvo se levantó un poco bajo su espalda―. Ugh…muy bien, Sagae, es un buen movimiento…ugh ahora ayuda a levantarme.

Al momento que Haruki le dio la mano, Sato la jaló hacia sí y con el pie logró tumbarla al otro lado, levantándose de un salto. La pelirroja notó una pequeña cojera en su pierna derecha. Se puso de pie y empezó a atacar a su flanco derecho.

―Ya veo que lo notaste―dijo evitando un golpe al rostro.

― ¿Qué le ocurrió en esa pierna?―en un no visto el jefe sacó una de sus tonfas retractiles, sintió un ardor en su antebrazo.

―No te distraigas, cuando uno se distrae hay accidentes, como los de mi rodilla. Nuestro trabajo es mantener la instalación segura junto con el doctor Hiroshi con los menores accidentes posible.

―Sí, señor.

Ambos entrenaron mientras el sol amable y vivas de poco después de mediodía, avanzó hasta ser uno de terminada la tarde, de aquellos en que se siente la noche a la izquierda del rostro. Haruki y su jefe sudaban por el esfuerzo sentados en la escalera, ella un escalón más abajo. Cada uno con una botella de agua.

―Entrena esos movimientos y planea bien tus fines de semana, quiero que vengas aquí un par de horas.

El celular de Sato sonó, era un mensaje, lo necesitaban en el sótano.

― ¿Pasa algo señor? ¿Necesita ayuda en algo?―la mirada tranquila del hombre se había vuelto una mueca de molestia en tanto abrió el texto.

―No es nada―sacó de uno de los bolsillos de su pantalón un sobre pequeño―. Por tu trabajo aquella noche. No hubiera sido sencillo sin ti.

―Pero señor…

―Tómalo o lo descontare de tu paga, no lo creas algo especial, aquellos quienes participaron esa noche recibieron su bono extra. Y las familias de los fallecidos…su indemnización…

Sawada Sato era un hombre fuerte, pero si había algo que no podía soportar estoico, era perder a los hombres que trabajaban a su lado.

― ¿Por qué hubo ese ataque señor? ¿Qué pasó con los asaltantes? no escuché nada en las noticias.

―No tiene por qué haber algo en ellas, la empresa se encarga de las personas que llegan aquí queriendo perjudicar al profesor o sus investigaciones. La policía no mete las narices si no les llamamos.

―Por eso la necesidad de que los guardias sean de alto nivel, ¿pero qué pasa con los que llegan a este lugar, los hombres de anoche?

―Están encerrados, nosotros tratamos con ellos.

― ¿Y qué hacen cuando ya no les son de utilidad, los entregan a la policía?

―Sagae, hay cosas mayores a nuestro sentido moral, mayores a nosotros mismo―respondió el hombre al ver su cara de espanto―nosotros tratamos con ellos…no mueren, pero lo desean…Ve a casa, tu familia aguarda por ti. Terminamos por hoy―dijo con sus cosas bajo el brazo y caminando al edificio dos, dejando en Haruki un extraño sentimiento culposo pero familiar luego de saber el destino de los que caían presos en la empresa que trabajaba.

El camino hasta el sótano del edificio era sofocante, húmedo y lleno de polvo. Unas pocas lamparillas en las paredes iluminaban el camino escaleras abajo donde cientos de máquinas formaban pilas y pilas de desperdicio, un día tendría que enviar gente a limpiar aquel lugar; saco unas llaves de su bolsillo, de apariencia antigua, hechas para una cerradura nada fácil de forzar. La habitación estaba plagada de tuberías chorreantes o con fugas de algún gas, en medio, bajo el único bombillo de luz caliente, una jaula, cual si fuesen animales había en el suelo los hombres que atacaron los edificios, uno de ellos ya había despertado.

― ¿Le contaste?―dijo Ryu, su saco y camisa habían quedado fuera ante sofocante ambiente.

―Lo necesario―señalo al hombre despierto y jaló una silla a un rincón oscuro―amárralo aquí.

Su mano derecha abrió un par de candados y sacó al hombre, un poco confundido por el lugar en que se encontraba. Sato se acercó cuando este ya estaba atado, de un mueble a su izquierda sacó unas pocas cosas: unos nudillos ya viejos, un taser, un embudo y por último una navaja de corte militar con un ave en la empuñadura.

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3

― ¿A qué hora crees que regresara Haruki-nee?―preguntó Fuyuka que lavaba los platos a su hermana Hayaka, ocupada en capturar esos cabellos alborotados de su hermano en papel.

―Se-seguramente pronto.

―Chicos, por favor bajen el volumen a la televisión, Isuke-sama está durmiendo―dijo el mayor de los hombres.

Enla sala Misuki, Yuki y los gemelos veían televisión, riendo de los chistes de aquella caricatura estadounidense. Uno de los gemelos le pasó el control remoto a Misuki para que le bajara un per de líneas al volumen. Las niñas también estaban en la sal, frente a la puerta del dormitorio de Haruki donde la peli-rosa hacía de bella durmiente. La brisa veraniega le adelantó su hora de la siesta y luego de comer se retiró a la cama, algo no muy acostumbrado pues siempre prefería el sillón para dar una cabeceada, excepto esta donde los cachorros disfrutaban de la comodidad de un asiento mullido para sus traseros.

―Tú y Nee-san cuidan mucho de Inukai-san―Fuyuka ríe un poco tras su mano echa un puño―incluso se refieren a ella de la misma forma.

―Bueno, yo estaba despierto cuando ella llegó a la casa, se le veía muy dañada y me dije que haría lo que estuviese en mis manos para que se sintiera mejor y se recobrara. Me agrada.―terminó con una sonrisa.

―A-a mí también me agrada. M-me gusta dibujar su cara―dijo la otra hermana.

―Bueno, creo que a todos nos agrada. Pero lo que quise decir es que nunca habías mostrado interés en alguna chica, Sabu-kun~.

― ¡¿Eh?! Bueno…sucede que yo…yo yo…lo que pasa es que…

*puum puum puum puum

Golpes en la puerta interrumpieron la perorata de los jóvenes.

― ¿Quién será?―dijo el joven, no le gustaba que aporrearan su puerta, quien quiera que estuviera fuera.

*paam paam paam

La fuerza con la que golpeaban arrecio, igual la rapidez, llegando a asustar a los que veían televisión. Los gemelos fueron a esconderse con sus hermanas mayores. Saburo se sintió nervioso por la rabia e impaciencia de quien estuviese fuera y este se vio reflejado en el tono de su voz.

― ¿Qui-quién es? Por favor, deje de golpear de esa manera la puerta.

― ¡Venimos de parte de Kato, queremos el pago que corresponde!―escucharon la voz grave de un hombre.

―Nosotros no conocemos a esa persona ni sabemos de ningún pago, haga el favor de irse.

― ¡No nos iremos hasta que Haruki nos pague esa deuda!―y los golpes se hicieron más violentos, la puerta cimbraba en su marco y temían que crujiera en cualquier momento. Eran dos hombres, el que acababa de hablar tenía un tono más rudo que el otro.

―Nee-san no está en casa, por favor váyanse, no sabemos de ninguna deuda.

Se escucharon murmullos mientras la paz se posaba en la casa, ninguno de ellos hablaba. Creyeron que los hombres se habían ido pero los golpes se redoblaron con mayor intensidad. También le daban patadas a la puerta y empujaban con los hombros. Las bisagras de las puertas, ya viejas y descuidadas, soportaban toda la fuerza bruta que arremetía. Hana corrió a abrazar las piernas de Fuyuka, sollozando de miedo por el ataque que recibían en casa.

En otra habitación colindante a la sala, una chica abrazaba una almohada. Soñaba con lo de siempre cada que soñaba a gusto: una enorme mansión envidiable hasta para la chica ojo-sama de la clase negra, cuantiosas sumas de dinero en cuentas bancarias hechas en Rusia y sus criados vestidos de harapos, entre ellos su favorita, la que hacía barrer su piso, encerar sus autos, bañar a sus cachorros de lobo, la pelirroja. Sí. Un sueño hermoso para ella hasta que el estrepito de constantes golpes la sacaban de su ensueño.

Gruño irritada por los molestos golpes e intentó taparse la cara con la almohada de Haruki para acallar el ruido. Pero de nada sirvió con el último estrepito.

El marco de la puerta y la cerradura no aguantaron el asalto, en un crujido el seguro saltó y la puerta golpeó a Saburo, tirándolo al suelo. Dos hombres mal encarados entraron mirando en todas direcciones, esperando a que la pelirroja apareciera, cada uno empuñaba un cuchillo en el cinturón pero no encontraron nada más que niños espantados.

―Al parecer los mocosos dicen la verdad, la chica no está en casa, ya hubiese aparecido―dijo el hombre con una gran cicatriz a un lado de su cara a su compañero, este se veía muy silencioso y ensimismado viendo a cada rincón del lugar. Parecía tener una horrible quemadura en su cuello, el color de la piel era roja y arrugada.

― ¿¡Quienes son ustedes!? ¡No pueden entrar así a esta casa, lla…!

― ¡Cállate estúpido!―el hombre con la quemadura golpeó a Saburo, este calló hasta los pies de su hermana con la boca partida y sangrando. Todas dieron un grito y Yuki empezó a llorar cuando vio lo que le hicieron esos hombres a su hermano. Todos ellos estaban detrás de Fuyuka, quien intentaba ayudar a Saburo, mareado por el golpe, a que se pusiera de pie.

―Jajaja, te pasaste Shisune ¿para esto querías venir conmigo?―el hombre sonreía mientras avanzaba un par de pasos, era muy grande, tanto que para entrar tuvieron que pasar uno después del otro por la puerta dañada.

―La chica no está, Kento ¿qué hacemos?―el hombre de la cicatriz, Kento, miro en dirección a los Sagae, el joven no podía levantarse, su camiseta se manchaba con gotas de sangre y la mayor no tendría más de 15 años. Nadie podía darles cara. Los vecinos no lo harían.

―Haremos tal y como nos indicó el jefe, estos deben ser los hermanos de la pelirroja―sujetó el bracito de Mei con su tosca manaza y la jaló; todos gritaron al verlo agarrar así a su hermana menor, que con sus infantiles fuerzas peleaba porque la soltara.―Nos llevaremos una pequeña garantía de pago.

En medio de su aturdimiento Saburo intentó sujetar, tambaleante, el brazo del hombre que agarraba a su hermana, llorando desesperada como jamás la había oído.

― ¡No, señor, por favor mi hermana no!―él también lloraba, sentía las lágrimas resbalarle por la mejilla hinchada. El otro hombre lo jaló de la camisa, se escuchaba como las costuras se rompían pero él no se soltaba. Si lo hacía podría perder a su hermanita para siempre, no podría dormir si dejaba que esos hombres se la llevaran.

― ¡Lárgate!―la fuerza de un hombre maduro siempre será mayor a la de un joven de 14 años, lo sujetó del cuello y lo separó de su acompañante tumbándolo de vuelta con sus hermanas y hermanos. Sus hermanas lo llamaban a gritos luego de la caída, Mei chillaba pidiendo que no dejaran que se la llevaran. Deseó con todas sus fuerzas que su hermana mayor estuviera allí. Él no podía hacer nada.

Los carriles de la puerta sonaron cuando esta se abrió lentamente. Nadie dijo nada, inclusos las niñas que lloraban bajaron la intensidad a un quedo sollozo. Unos pies descalzos salieron por el marco dando presentación a una adolecente peli-rosa. Los hombres si miraron entre sí, confundidos de ver una chica allí pues no recordaban que Haruki tuviese a alguien más que no fuese familiar suyo en esa casa. Mientras ellos hablaban con las miradas, Isuke dio tres vistazos, uno a los niños, más específicamente al joven en el suelo sangrando por la boca; otro a Mei, la niña se veía tan frágil bajo el brazo de uno de esos brutos, cual si fuese a quebrarse en cualquier momento; y el último a los cinturones de los hombres y la posición de sus pies, ambos traían cuchillos en las fundas y estas abrochadas, sus pies no estaban fijamente plantados en el suelo.

― ¡Eh, tú! ¿Qué mierda haces? Regresa dentro, el asunto no es contigo―dijo Kento. La chica los miro, igual a quien nota por vez primera la presencia de alguien en una habitación. Alguien muy pero muy fuera de su agrado.

― ¿Y tú, quien te crees que eres para darle órdenes a Isuke?―"Un par de brutos que subestiman a Isuke…no sería muy difícil enterrarles algo en el cuello, primero el del cuello quemado, está más atento a Isuke y es más peligroso dado que no tiene nada en los brazos" tocó sutilmente la navaja militar que había robado de aquel cofre ya hace unas semanas dispuesta a terminar ese asunto en tres movimientos tomándolos con la guardia baja, pero su mirada topó con la de Mei, asustada y gritando por ayuda, era la única persona que podía protegerlos de ellos "pero Isuke no puede usar la navaja…" soltó el mango sobresaliendo de su bolsillo trasero "no mientras la tengan entre los brazos, podrían lastimarla o correr fuera de la casa hasta algún auto, porque ellos traen auto, Isuke está segura…tampoco puedo hacer mucho si están los niños presentes. Ningún niño debería ver eso, Isuke no quiere que lo vean. Malditos…tienen suerte."

―No nos hagas repetirlo, vete de aquí, esto no es contigo ¿o acaso tú tienes el dinero que nos debe Haruki?―dijo Shisune, dio un par de pasos interponiéndose entre Isuke y Kento, también estando más cerca del resto de los cachorros.

"¿Haruki? ¡Idiota! ¿Qué demonios hiciste?"

―El asunto es con Isuke, desde el momento en que entraron haciendo escandalo mientras dormía y asustando a los cachorros~3

Shisune no pudo prever el golpe directo a su mandíbula, sintió una especie de conmoción, su cerebro tardó en cobrar sentido pues parecía que había vibrado, la mente estaba en blanco y sus piernas no lo soportaban. Terminó arrodillado intentando recobrarse.

"Ese golpe no lo entretendrá mucho tiempo, el suficiente para que no vaya tras el resto ni ayude a su compañero. Isuke debe apurarse y quitarle de las manos a Mei"

Kento estaba más que avisado luego del ataque a Shisune, sostuvo con más fuerza a la niña bajo el brazo que dio un chillido, sin que le importara hacerle daño, y llevó la mano al cuchillo. A Isuke casi se le detiene el corazón con ese movimiento. El hombre envainó el arma dispuesto a usar a la niña como rehén, pero Isuke detuvo su mano y aplicando una llave le colocó el brazo tras la espalda; su oponente aún la rebasaba en altura y sostenía a Mei, Isuke golpeó tras la rodilla obligándolo a arrodillarse y con el cuchillo en mano lo colocó en su cuello descubierto.

― ¡Suéltala!―apretó tanto al no poder controlar el temblor en su mano que le hizo un corte sin importancia, pero bastó para que este se asustara y dejara ir a la niña que gateó lejos de los hombres.

Con el mango del cuchillo golpeó directamente a la sien, paralizando al hombre y con una patada lo hizo perder la razón. Se aproximó al otro, quedando de frente. El hombre se tambaleaba y su boca se cerraba de una manera extraña, como si ambas partes no encajaran correctamente. Vio con alarma el cuchillo e intentó tomar el suyo pero Isuke le regaló una patada en la entrepierna. El dolor se le expandió por el vientre y no pudo hacer otra cosa que intentar tocarse la zona afectada.

―Su error fue venir aquí pensando que podrían hacer lo que quisieran. Despertando a Isuke. Asustando a mi camada, amenazando con llevarse a mi cachorra favorita y lastimando a mi siervo. ¿Cómo creían que iba a acabar esto?―Obligó a que el hombre bajara los hombros con la palma de las manos y alzó rápidamente la rodilla dándole de lleno en la, ya de por sí dañada nariz.―Estos cachorros están bajo mi resguardo. Inútiles.―escupió, soltó la camisa del hombre y calló desmayado junto a su compañero.

Suspiró aliviada, todo había acabado. Al inicio no creía que funcionaría pero quizás sólo tuvo suerte. Suerte que esos hombres se dejaran llevar por su apariencia indefensa. "Si hubiesen estado atentos a mi ataque…hubiera tenido que usar la navaja…y quizás no lograra evitar que lastimaran a alguno. Haruki idiota ¿cómo pudiste dejarlos así? ¿Tenías idea de que esto podía pasar?" apretó su puño enojada con la irresponsabilidad de la pelirroja, ya la escucharía cuando volviera. "Los niños."

Mei seguía tumbada de espaldas, con la mirada turbada. Isuke se acercó lentamente para no asustarla más y la levantó con cuidado del suelo.

― ¿Estás bien? ¿Te hizo daño?―quitó unos cabellos de su mojada carita y la niña empezó a llorar―Ya, ya, tranquila, Isuke se ocupó de esos gorilas, no te van a hacer daño. Lo prometo.

Abrazó a Mei contra sí. La niña encontró consuelo en el hueco de su cuello y dejó allí los bracitos. No parecía estar lastimada, sólo un poco aturdida por la escena. Miró al resto, estaban igual que la niña, no sabían que hacer. Saburo tenía sangre seca en la camisa y la cara. Eran una camada de cachorros aterrados. El chico fue el primero en levantarse, se acercó rápido y la abrazó de la cintura, sorprendiéndola, sollozaba igual que su hermana.

―Gracias, Isuke-sama, gracias, gracias, gracias.―el resto de los niños también buscaron su protección, el cobijo de unos brazos que podían cuidar de ellos en las peores situaciones. Isuke acarició sus cabellos y dio gracias porque ninguno hubiera sufrido daños. No importaba el corte en su mano, mejor ella que alguno de ellos.

N/A: *pone temporalizado a la cámara. Pasó mucho tiempo desde la última vez que supieron de mí, porque yo estoy al pendiente de cualquier cosa que ponen ustedes, desde comentarios hasta nuevas publicaciones. Este cap debería ser largo, mucho más largo teniendo en cuenta el tiempo que se tardó en subir pero pasa que se dividió en dos partes, esta y la que vendrá en la próxima entrega. Pero deberán tener paciencia, muuucha paciencia, como pueden ver ahora soy sólo yo, su otro autor no podrá estar entre nosotros por razones de fuerza mayor, pero ayudó un poco con algunos comentarios pertinentes. Si sienten que algo cambio en la manera de escribir ya saben por qué. La verdad sea dicha, estaba incluso pensando en dejar inconcluso el fic y decirles el final, pero deceo escuchar sus opiniones antes de tomar una decisión; sí, así es, esta pequeña ahora será guiada por mí, para bien o para mal. *da una pequeña inclinación, bueno es todo lo que puedo decirles, una sincera disculpa y espero que podamos vernos pronto. Dejen sus comentarios que es lo que ahora impulsaran esta historia. Nos vemos pronto. *se apaga la cámara con una chica sonriendo.