De vuelta a la vieja escuela

El entrenamiento se había extendido más allá de lo planeado, y como consecuencia, las farolas de las calles, iluminaban ya la nítida claridad de aquel atardecer con distintas tonalidades sanguíneas, que iban desde la más clara hasta las más oscura en que roza la esquina con el firmamento que prometía un cielo estrellado.

Incapaz de trotar por el cansancio, se conformó con apurar el paso. Se preguntó qué habrían comido en casa con lo poco que quedaba en la nevera, los niños tenían un apetito voraz del que hacían gala cada que podía. El bulto que se formaba en su bolsillo trasero era una buena señal, una despedida a las modestas comidas sin cabida a repetir, al menos hasta que la glotonería lo devolviera a esas ya acostumbradas meriendas.

Poco a poco las construcciones y calles que le eran familiares empezaron a aparecer, caminaba con la tranquilidad de quien nada malo ha hecho y por lo tanto a nada tenía que temer, la larga caminata no era más ya que pasos contados hasta su hogar. Subiría con esfuerzo por los escalones hasta llegar al tercer piso y con algo más de esfuerzo pondría su mejor su sonrisa, soportaría las estupideces de sus hermanos y las demandas de Isuke, saludaría con sinceridad a cada uno y entonces podría tomar un baño y descansar.

Sus planes se descarrilaron poco antes de empezar a subir los escalones. Al llegar frente al edificio escuchó llantos y voces que se expresaban en voz alta con una señal marcado de descontento, llantos nerviosos y voces de sus hermanos menores, asustados. Olvido por un minuto sus adoloridas piernas y subió de dos en dos los escalones que le faltaban. Sus peores miedos se vieron confirmados al ver las marcas de suela en la puerta abierta de par en par.

― ¡¿Por qué no podemos llamar a la policía, Isuke-sama?! ¡Ellos entraron a la fuerza en una propiedad privada, dañaron la morada y hasta le lastimaron, hay más que pruebas suficientes para levantar una denuncia!―su hermano hacía olas con los brazos en desesperado intento por darle razón y orden a sucesos desconocidos para ella.

Rápidamente movió su vista a través de la sala para localizar a sus hermanos y comprobar su estado. Las señoritas, las más pequeñas de la casa, se hallaban sentadas acaparando la totalidad del mueble, apretadas sobre este pero acomodadas de modo de que entraran en él, algunas se sentaban sobre las piernas de otras, otras se abrazaban y otras recargaban su cabeza en el hombro de otra, era un cumulo humano de apoyo familiar. Fuyuka se encontraba sentada en el suelo con los gemelos en sus piernas, acariciando las suaves cabezas de los chicos que mantenían su mirada en la madera semi podrida de su casa, la sonrisa usual de Fuyuka había desaparecido para ceder el paso a una mueca de preocupación por esos jovencitos. Isuke se apoyaba en la puerta de su habitación, vendando su mano mientras escuchaba a Saburo. Cuando Haruki entró y sus miradas se encontraron, sus ojos, generalmente jactanciosos, mostraban enojo verdadero, ese donde se echa en cara cada uno de los fallos cometidos acompañado con la frase final "me decepcionaste". Pero no dijo palabra, sino pues desvió la mirada y con un movimiento de cabeza puso en evidencia la presencia de Haruki.

― ¡Haruki-nee-san!―todas las cabezas apuntaron a ella, preguntas en cada mirada, miedo, dudas y reproche en una sola. Las niñas se levantaron de un salto, los gemelos abandonaron el regazo de Fuyuka, y hasta Hayaka, la más calmada de todos corrió con el miedo escrito en los ojos a rodearla, casi tirándola al suelo.

― ¡¿Nee-san, dónde habías estado?!

― ¡Golpearon a Sabu-nii-san, Haruki-nee-san!

― ¡Explica porque llegaron esos hombres buscándote! ¿¡Qué significa eso de una deuda que tienes!?

― ¡Haruki-nee-san, estábamos muy asustados! ¿¡Dónde estabas!?

Sagae no sabía a cuál de sus hermanos hacer caso o preguntar sobre lo que pasó, nadie era dueño de sí mismo por el momento. Todos ansiosos e incontrolables exigían respuestas a sus preguntas, tenían el miedo y la angustiada grabados en sus rostros y buscaban alivio en el remplazo de su madre. No era solo el que ella fuera a quien podían recurrir en busca de afecto en ese momento, querían respuestas, respuestas que explicaran porque habían tenido tanto miedo. Y una disculpa. Buscó a Isuke con la mirada pero esos ojos le hacían sentir frío por lo gélido de la mirada.

―Isuke irá a echarle un ojo a la basura. Después hablará contigo, perro―con esto entró por la puerta que antes se apoyaba.

― ¡Chicos, por favor, silencio! No puedo entender nada de lo que dicen, uno a la vez―eso pareció calmarlos un poco, seguían llorando pero no gritaban―Eso está mejor, díganme ¿Qué ocurrió? ¿Por qué esas caras?―Todos se sostenían de ella temblorosos, aferrándose a sus piernas y jalando las telas de su ropa, no terminaban de digerir lo que pasaron una hora atrás. Eran lo que unos bebes asustados por los perros que ladraban y había llegado al fin mamá para calmarlos.

―Unos tipos entraron a la fuerza preguntando por una deuda que tienes con ellos―dijo el hermano mayor, parecía el más tranquilo de todos.

―Saburo… ¿Qué te pasó en la cara?―preguntó sorprendida, la mejilla izquierda estaba amoratada e hinchada, su labio en igual estado, además de que lo llevaba partido y con un poco de sangre seca en la herida. No había podido verlo antes pues le daba la espalda mientras hablaba con Isuke.

Trato de tocarlo pero su hermano tomó su mano, sosteniéndola entre las suyas volvió a preguntarle.

― ¿Qué deuda traes con esos hombres, Nee-san? ¿Por qué querían llevarse a Mei?

― ¿A Mei?―la más pequeñita de todos, cuanto no se habrán asustado de aquel momento aún confuso para ella. Se sentía tonta, fuera de lugar, no encontraba una manera adecuada de ver a los ojos a sus hermanos ni tampoco el cómo debía actuar a partir de donde estaba. A ciegas. Necesitaba oír la historia entera.

―Eran dos hombres altos y con cicatrices en la cara, Haruki―dijo Misuki separándose bruscamente del abrazo, cansada del intercambio de preguntas, ya no quería tener miedo, quería saber por qué los atacaron de esa forma―querían llevarse a Mei, decían que como un seguro de que les pagarías.

―Pagarles…―" ¡Kato!"

―Se decían Kento y Shisune―dijo Fuyuka―te venían buscando pero al no encontrarte querían llevarse a Mei.

Haruki aparto con delicadeza a sus congéneres hasta dar con ella, se arrodillo frente a su hermana más pequeña. Conocía a esos hombres, habían tenido una o dos diferencias en el pasado y eran de temer. Imaginarlos en la misma habitación que sus hermanos le hacía sentir un escalofrío por la espalda. Pero parecía que nada les había pasado, tampoco a Mei, salvo por el cardenal con forma de mano en su delgado bracito. Y por supuesto, su hermano mayor, valiente en comparación a esos cobardes pero muy joven para plantarles cara. Le rompía el corazón. Les hicieron daño por su culpa. Tomó sus manitas entre las suyas y dejó un par de besos a manera de perdón silencioso. Enterró la cara entre ellas, avergonzada.

―Traté de detenerlos pero no pude hacer nada, de no ser porque Isuke-sama intervino…no quiero imaginar lo que pudo pasar―dijo su hermano, sintiendo profunda vergüenza al pronunciar esas palabras.

― ¿Isuke?―"entonces ella…oh gracias Isuke"―Así que por ella la cosa no fue a mayores―refiriéndose a los golpes de su hermano. Recordando una variable se puso de pie― ¿Qué ocurrió luego? ¿Dónde están esos malditos?―buscó cualquier signo de mayores daños pero la puerta era lo único, ni rastro de ellos.

―Inukai-san está con ellos, los amarró y tapó sus bocas, no quiso llamar a la policía, insistía en que esperáramos por ti, Haruki, ¿Qué es lo que ocurre?―Fuyuka fruncía el ceño. Haruki pasó la vista por cada mirada con ojos acaramelados, iguales a los de su madre.

―Escucha, Fuyuka, estas cosas…

―Dinos la verdad, Nee-san―. Saburo se plantó frente a ella― Nunca eh dicho ni preguntado nada sobre el origen de tu dinero, confiaba en tu actuar, pero esto es demasiado para nosotros ¿Quiénes eran esos hombres? ¿¡Por qué estaban buscándote!?

Haruki negó, no estaba lista aún para decir nada, necesitaba un minuto para pensar. Extendió la mano en señal de estar indispuesta y caminó a su cuarto, un pequeño escape o punto muerto. Intentaron detenerla, hubo quejas, llamaron a gritos clamando por respuestas satisfactorias, y por esa compañía cálida que les había hecho falta durante esos oscuros momentos.

Cerró la puerta a la fuerza y puso el seguro. Suspiraba en la habitación a oscuras llena de sombras que se movían en una esquina, movimiento parecido al de aire meciendo las hojas. Estudio la habitación, especialmente ese bulto oscuro cerca de la puerta del baño, el movimiento era casi imperceptible a la vista en aquella penumbra, pero con el saber precedente de dos hombres en ese lugar. Alargo la mano para buscar el interruptor de la luz.

―Déjala así, Isuke no quiere que sepan dónde se encuentran si llegan a despertar.―escucho desde la cama, no había hecho consideración de la joven sentada en la cama, apoyando su espalda contra la pared.

―Me dicen que ayudaste a mis hermanos…―toda la situación era extraña, había llegado el peligro al umbral de su propio hogar y no había estado allí para hacerle frente, la vida de sus hermanos había recaído en las manos de esa musa caprichosa, la persona que jamás imagino movería un solo dedo por ella y sus hermanos, los salvo de la infamia de aquellos hombres.―Isuke-sama, no sé cómo pagártelo, de verdad no esperaba que ocurriese esto pero estoy profundamente agradecida de que estuvieras aquí en ese momento.

La peli-rosa hizo una mueca en que se asomaron sus dientes, apretó sus puños, se levantó de la cama y en pocos pasos tuvo a Haruki frente ella. Se escuchó una bofetada y el peso de alguien cayendo al suelo. La pelirroja apretaba su mejilla en un intento porque se alejara la picazón de aquella cachetada.

― ¿Qué hubieras hecho? ¿Qué les hubieran hecho de no estar Isuke para defenderlos?―por la mente de la peli-rosa se transponían imágenes de un niño siendo golpeado, cayendo al suelo incapaz de sostenerse en sus débiles piernas, cubriendo su cabeza con brazos amoratados y después inerte, escapándosele un hilo rojo por entre sus cabellos. Todo eso en completo silencio sordo, porque no quería escuchar otra vez los gritos, los llantos, el sonido del cuerpo de su hermano siendo apaleado. ―Eran dos hombres, dos malditos hombres que venían buscándote, ¿Quiénes eran y por qué permitiste que supieran donde vivías con tus hermanos?

Apoyándose con la pared, Haruki se levantó, sentía su mejilla muy caliente y el ardor no se disipaba aún. No esperó aquel golpe, más bien imaginaba que la peli-rosa la haría agradecer de rodillas el levantar su real trasero del sillón para encargarse de esos hombres, que ninguna dificultad debió ser para ella, pero que había sido todo para la pelirroja. Sin embargo recibió una bien merecida cachetada y los gritos creados por un enojo justificado pero confuso.

―Eso dolió, ahu. Esos tipos vinieron porque hoy debía aparecer con dinero frente al jefe, o enviarlo como se acostumbra. Esos dos tipos son Kento y Shisune, ex compañeros míos de cuando hacía pequeños encargos para Kato―a esto su voz era un susurro. No le costaba trabajo hablar de eso con Isuke, pues sabía que la chica no tenía su historial más limpio que el de ella misma, pero deseaba por todos los medios que esas palabras no llegasen a oídos de sus queridos hermanos. Igual que ella sabría cómo eran las cosas en ese tipo de grupos―. El día en que te encontré, yo volvía de pedirle dinero. Kato era mi antiguo jefe, me daba trabajos como los de amedrentar a sus deudores o…encargarme personalmente de los que no pagaban. El muy desgraciado envió a sus hombres antes de tiempo―escupió con dureza viendo al par amarrado.

―Esa respuesta puede satisfacer a cualquiera, pero no a Isuke―sujetó a Haruki de la camisa, acercándola a su cara, Haruki pudo ver en esos ojos algo sólido y palpable, pero no podía describirlo. Eran el mismo iris naranjas pero sin esa barrera de roca y hielo, más podían golpearla con la misma o mayor solides―. ¿En qué pensabas haciendo algo cómo pedir dinero a ese tal Kato? Tú estuviste entre esos desgraciados, sabías lo que podía pasar si no llegabas a pagar. Pero lo peor, tú no importas, puedes defenderte, aguantaste un escenario sobre ti, y si llegaban a apalearte pues merecido te lo tendrías; pero están ellos aquí, joder, Fuyuka apenas tiene 15. Saburo no es ni un adolecente, ¿viste lo que le hicieron?, pero estaba dispuesto a enfrentarlos para defender a sus hermanas. Y Mei―decir que estaba enojada era quedarse corto, pero ese enojo ocultaba un temor que gracias a la bóveda celeste no se había cumplido―, deberías haberla escuchado gritar, cuando Isuke le abrazó se aferró igual que…―que ella cuando aquel hombre de cabello cenizo la tomo en brazos. Soltó a la pelirroja con un empujón que la hizo trastabillar―Eres más idiota de lo que pensaba, los expusiste a un gran riesgo.

―Créeme, soy la primera persona en insultarme, no busco justificarme, pero realmente no pensaba que supieran dónde vivía. Debí saberlo, no voy a negarlo, pero había otras cosas en mí cabeza y olvidé casi por completo mi deuda. Esta noche misma iba a ir con Kato. Seguro iban a golpearme por no tener su dinero pero no iba a dejar que se acercaran a ellos. No iba a permitir que lo hicieran. No puedo hacer nada por lo que pasó y tienes razón, yo no importo y tampoco estuve allí para ellos, pero tú sí.―se arrodillo en el suelo, con ambas palmas juntas―Gracias, Isuke-sama, no sé cómo podría pagártelo, pero gracias por estar allí por mis hermanos y protegerlos. No tenías ninguna responsabilidad con ellos y velaste por su seguridad. De todo corazón, gracias.

―Tsk…ahórrate tus disculpas, no es a Isuke a quien debes dárselas―su mirada cambio a una más compasiva y triste cuando la fijo en la puerta―. Están muy asustados.

El humor en la pequeña sala era deprimente. Saburo cargaba a Mei, que temblaba abrazada a su cuello y él se auto flagelaba con el recuerdo de ella gritando aterrorizada, suplicando porque no se la llevaran. Los gemelos más pequeños que de costumbre, encogidos ante los eventos, abrazaban la cintura de Fuyuka mientras Misuki, inquieta, caminaba por la sala abrazada a sí misma intentando ser más fuerte que la situación. De pronto, se escuchó la puerta corrediza, su hermana salía cabizbaja con Isuke detrás de ella. Nadie dijo palabra sino que tomó asiento en el sofá; ellos la rodearon sin que se los pidiera y lanzó un suspiro antes de empezar.

―No sé cómo hablarles, chicos, una disculpa no es suficiente, tampoco podría compensarles algo como eso―acaricio la cara de Fuyuka y Hana―. No puedo imaginar que sería de mí si les hubiera pasado algo. Lo lamento mucho, perdónenme por ponerlos en peligro, créanme que no fue mi intención. Les fallé como su hermana, espero que puedan perdonarme, yo no me lo perdono―tocó el rostro de su hermano, un dolor en la garganta aparecía cada vez que lo veía―Saburo, fuiste muy valiente al proteger a tus hermanas, te golpearon por ser el hombre de la casa, me siento muy avergonzada contigo―bajó la cabeza―Todos ustedes pudieron desaparecer de mi vida sin que moviera yo un dedo por detenerlo, y… el solo imaginar cómo fue lo que vivieron es ya un terrible castigo que no deja tranquila mi conciencia―supiro―No podré dormir tranquila sin que me perdonen―Sus hermanos vieron el arrepentimiento genuino en la voz de su hermana, tampoco querían que ella se sintiera mal. La Sagae más pequeña se acercó, con su pequeña manito tocó su cara y al alzar la vista vio una inocente sonrisa, le decía que todo estaba bien y que no existía resentimiento.

―Sabemos que no fue tu intención, tú siempre has velado por nosotros. ―habló Fuyuka, intentando quitarle peso de la espalda. Puso una mano con las de Haruki.

―Pero ¿¡Por qué llegaron aquí esos tipos!? ¿¡Qué asunto tienes con ellos!?― exclamo Misuki. Haruki dejó escapar aire. Venían las preguntas difíciles de contestar.

―Miren, ustedes saben que nuestra vida ha estado llena de escases, recortando y recortando gastos hasta lo humanamente posible. Cada que se presentaba algo fuera de lo previsto, sacrificábamos algo para darle prioridad a este, un cumpleaños, un juguete, una promesa, un viaje ―sus ojos se movían mientras hablaba, de un familiar a otro. Primero los gemelos, le siguió Mizuki, a continuación Hayaka y por ultimo Hana ―Así pasó cuando mamá fue al hospital, o cuando teníamos la renta encima, a riesgo de acabar en la calle. Eso ocurrió, cuando mi contrato acabó, recibí el último pago pero este apenas alcanzaba para lo básico en casa y el mes retrasado que teníamos en el hospital, aún faltaban el resto de las deudas y ni hablar de nuestra comida. No podía recortar nada, eran muchas fechas límite y necesitábamos dinero en el instante―todo el mundo la escuchaba con claridad, al mencionar a esos hombre su voz se fue tornando nerviosa―. Tuve, por el bien de todos nosotros, que pedir un préstamo, no uno con el banco, ninguno nos apoyaría, este fue con malas personas. Me dieron parte de la cantidad que necesitábamos junto con una advertencia, que si no les pagaba al menos una parte al día de hoy, irían a buscarme. Y así fue.

―Debiste encontrar otra manera de buscar ese dinero, siempre nos repites que el dinero mal ganado no vale la pena. Debiste intentar en otro lugar―dijo Misuki, con los puños apretados.

―No había nadie más, necesitábamos ese dinero, créanme que no quería que viniesen, de verdad que no, pero llegaron con antelación― Todos allí meditaron sobre sus palabras, los niños más pequeños abrazaban a su hermana, pero Saburo no estaba del todo conforme tampoco, ¿de dónde conocía a esas personas?

―Nee-san, entiendo todo lo que dices, pero hay una cosa que no me queda clara ¿De dónde conoc…?

―Muy bien ―dijo Isuke al tiempo que terminaba de dar un aplauso que cortaba el hilo de la conversación ―Demasiada tensión por hoy, todos ustedes, retírense a su cuarto.

― ¡¿Eh?! Espere Isuke-sama ―se quejó Saburo ―Aun tengo preguntas ¿De dónde conoce nee-san a esos sujetos? ¿Y desde hace cuándo?

―Es verdad Diosa ―se adelantó Arashi ―Nuestros pequeños y suaves cuerpos estuvieron expuestos al peligro.

―Sí, es cierto ―continuo Akira ―Y esos hombres eran grandes como osos, nuestras vidas corrieron peligro. Merecemos saber más.

El resto de los hermanos se sumó en un coro de reclamos al conjunto. Varias respuestas habían sido contestadas, pero las circunstancias habían incrementado sus deseos de respuesta a un nivel que se obtenían hasta la edad adulta. Las voces de los menores se entrelazaban entren sí como si de un mercado bullicioso se tratase, abarrotado de mercaderes gritones y mujeres entrometidas que no cesaban el incesante parloteo que alimentaba el día a día. Los niños eran como un pueblo unido en desgracia, que se quejaba frente a las puertas de su rey exigiendo respuestas, una mejor vida, comida. Sus rostros parecían decir "Nos prometieron más".

―No hay necesidad de expresar lo que sienten. Isuke ya lo sabía por adelantado. Quieren linchar al perro que tienen frente a ustedes, pero no es el momento. Si mal lo recuerdo ustedes tienen clase mañana.

―Sí, pero… ―dijo Saburo.

―Es muy temprano para eso ―dijo Yuki.

―Baka, Isuke no cree que permanezcan dormidos mucho rato más, son niños pequeños incapaces de defenderse, y los niños pequeños deben dormir temprano ~3.

― ¿Q-q-qué se supone que ha-ha-harán con ellos?―habló por fin Hayaka, mirando hacia la puerta del cuarto de Haruki, su tartamudez había empeorado.

―Los llevaremos a la jefatura de policía, a que ellos se encarguen~3―respondió la peli-rosa con una sonrisa tranquilizadora. Se giró a la habitación pero una mano la sujetó, era la pequeña Yuki. Bajaba la cabeza y tenía las mejillas sonrojadas y húmedas.

―Muchas gracias por ayudarnos, Inukai-san…gracias a usted no nos hicieron nada―eran vergonzosas pero no costaba trabajo pronunciarlas, todos estaban de acuerdo con ellas, sino fuera por la presencia de aquel demonio color chicle, la historia de los Sagae habría tomado rumbo hacia un diferente final.

Isuke puso la mano sobre la cabeza castaña, hizo una especie de caricia un poco torpe y retomó su camino a la habitación. Los niños pudieron ver una sonrisa jugando entre sus labios. Esa chica, que tantos dolores de cabeza y peleas había provocado, los cuido como si también fueran hermanos suyos. Eso no lo olvidaría ningún Sagae.

―Apresurate~3

― ¡Ya voy!

― ¿Necesitan ayuda, Nee-san?―dijo Fuyuka, aún no estaba mejor de los nervios pero quería hacer algo para ayudar.

―No, quiero que se vayan todos a su habitación e intenten dormir.

―También tú, Saburo ~3.

El joven lobo sopeso las palabras de su joven ama, y de mala gana acepto junto al resto de los inconformes. Bajo la cabeza con gesto de molestia en el rostro.

―Está bien, pero cuídense, Nee-san―dijo el joven, llevó a todos a la habitación, no sin antes cada uno despedirse con un beso en la mejilla de su hermana mayor, que dio a todos uno en la frente, salvo Misuki, esa pequeña rebelde tenía varias preguntas atravesadas en la garganta. Entró a su habitación cuando escuchó que cerraban la puerta, no quería que sus hermanos volvieran a ver a esos hombres, pero con una de ellos eso no se cumpliría. Mei abrazaba las piernas de Isuke, había tomado a la peli-rosa desprevenida y la sorpresa pintada en su cara lo delataba; la apretaba con sus bracitos y sonreía.

―Que decanshe, señorita chicle―Isuke dejo ir aire entre una sonrisa y con una mano le correspondió al gesto, luego también Mei dormía acurrucada junto a su pequeña hermana, en un sueño intranquilo pero con el pensamiento que había ahora alguien más que velaba por ella.

―Cada día los veo más apegados a ti―dijo Haruki con una sonrisa aliviada. Sonaría raro en sus oídos, pero ahora era difícil pensar en los días en que Isuke no se encontraba en casa ―Gracias por tu ayuda.

― ¿Vas a ayudar a Isuke o te quedarás allí parada hablando tonterías?―Isuke había entrado en los aposentos de la pelirosa, al salir de ellos sujetaba a uno de los hombre por la parte trasera del cuello de la camisa y lo arrastraba, no sin esfuerzo, fuera del cuarto.

Haruki rápidamente se cargó el segundo al hombro, era un enorme peso que sus piernas maltrechas a duras penas sostenían arriba. Sentía que sólo del esfuerzo de dar un paso al frente, una gota de sudor se escurría por sus abdominales.

― ¿De verdad iremos a…ugggh…la policía?―bajar los tres pisos sería una ardua tarea. Isuke simplemente arrojó al hombre sin más escaleras abajo―Cuidado, por favor, te pueden escuchar los vecinos…oh romperle el cuello―susurró para sí.

―Si no escucharon los gritos de ayuda de tus hermanos, poco escucharán a Isuke sacando la basura―y con eso empujó otro tramo de escaleras al infeliz que había golpeado a Saburo―Sería mejor que se le rompiera el cuello, uno menos del cual encargarse.

Haruki sentía el rencor dentro de ella dirigido a esos monstruos, pero también su propia aversión a matar una sola persona más. Bajó al hombre de su espalda y lo jaló escaleras abajo desde los amarres en sus brazos. Llegando a la calle se ocultaron junto a sus pesos muertos a la sombra de un árbol, las farolas eran débiles y hasta titilaban. Eran menos de las 9 de la noche y sin embargo no escuchaban nada en las casas circundantes.

―Tomaremos el auto de estos desgraciados y los llevaremos a las afueras de la ciudad, Isuke conoce un terreno donde no nos molestaran~3―giraba en su dedo unas llaves, las sujetó en medio de su partitura y las guardó en el bolsillo trasero de su pantalón, o el que había robado a Haruki, traía la misma blusa de la mañana y Haruki las misma ropas sudadas.

―Perfecto, quiero tener un par de palabras con ellos antes de ir a visitar a Kato, pero ¿Cuál es su auto?―dijo observando alrededor, le preocupaba que alguien las llegara a ver cargando esos bultos calle abajo.

―Siempre demostrando lo poco que sabes ¿no? Apuesto a que tus trabajos fueron en callejones o debías entrar por la ventana~3 Su auto no estaría cerca de tu casa, no se pondrían en evidencia de forma tan descarada y como este es un barrio tranquilo y pobre, nadie tiene autos en las aceras. Allí está―el vehículo se veía sucio y con una enorme abolladura en la parte delantera, pero el color y modelo ayudaban a que no desentonase en las calles. Era un transporte discreto, lo que necesitaría cualquier persona de su calaña. Abrieron el maletero del auto y entre ambas se encargaron de echar dentro ambos hombres.

― ¿Podremos cerrar? Se ven apretados―no había mucho espacio, ambos hombres estaban apretados por las extrañas posiciones en que los tenían. Isuke tenía una sonrisa siniestra pintada en el rostro.

―Sólo hay una forma de averiguarlo~3―sujetó con ambas manos y cerró con fuerza el maletero, si hubo o no resistencia, no fue tomada en cuenta―Ahh~ Isuke recuerda varias noches de este tipo, el cielo es el mismo a aquellas veces―miró al firmamento estrellado con una melancólica sonrisa, apoyándose en el auto polvoso, seguramente rememorando días donde la noche era tan larga que no sentía el paso del tiempo al escurrirse entre las sombras.

―Como verdaderas maleantes ¿no?―preguntó la pelirroja viéndola.

―Isuke prefiere el termino, mercenarias~3―respondió con realce.

―Je, incluso en estos momentos, Isuke-sama me hace reír. Por supuesto, es toda una descendiente del Gatsby―golpeo un par de veces la cajuela con el puño―. Vámonos.

―Isuke maneja―dijo con voz cantarina, hace unos momentos había actuado con seriedad ante el asunto pero su humor parecía haber mejorado con el simple hecho de sentirse fuera de esas paredes y hacer algo provechoso. Algo que parecía gustarle.

―Amm ¿tú?

― ¿Algún problema?

―No sabía que podías manejar.

―E Isuke está segura que tú no. Apuesto a que no te has ni sentado tras un volante―abrió ambas puertas―Esta bien, las clases sociales son así, unos caminan y otros nos vemos geniales tras el volante~3

Y el motor cobró vida en un giro de llave. En tres cambios de velocidad avanzaron cortando el aire de la noche, Isuke había bajado las ventanas y con ello dio paso a una suave brisa huracanada que ondulaba sus cabelleras, las farolas quedaban atrás con rapidez, dando la ilusión de dejar un rastro luminoso color rojo que se desvanecía a los pocos segundos sin evidencia de que alguna vez hubiese existido.

Haruki no había visto un escenario como ese ni vivido una noche como aquella. A su lado Isuke conducía el viejo auto con una sonrisa en su rostro, evidencia de la libertad que anhelaba, con el cabello hondeando en suaves surcos, lo que daba la impresión de ser una mujer hermosa que todo lo podía, segura de sí misma y todas sus cualidades, en muchos aspectos ella era así y estaba segura que al mirarse al espejo, veía lo mismo que ella veía en aquel momento. La adrenalina corría por sus venas, haciendo parada en su corazón donde danzaba con el deseo de venganza y conservación propia y de su parentela. El auto dio un tirón cuando pasó a cuarta; el centro de la ciudad era más movido que el barrio dejado atrás. Isuke rebasaba a cuanto auto apareciera por enfrente e ignoraba la señal de topes, afanándose en cargarse los amortiguadores y rines del auto. Los neumáticos dieron un chirrido al detenerse a poco menos de 5 centímetros de un escarabajo azul, estaban en un cruce de cuatro calles y frente a ellas al menos una docena de autos, llevando dentro hombres de negocios desesperados por llegar a los brazos de una cálida amante aguardando en un cuarto de hotel barato, padres de familia que sólo quieren llegar a un cálido hogar con la mesa puesta y aguardando por ellos, personas solitarias que intentan recordar la fecha de caducidad de un bote de yogurt, jóvenes que piensan tirar por la ventana el dinero ahorrado a lo largo de la semana y chicas con la cajuela llena de dos hombres con aspiraciones de ser cadáveres abandonados.

― ¿Cómo fue que ocurrió?―preguntó Haruki, sabía lo que paso a grandes rasgos, pero Isuke le brindaría un panorama más detallado.

―El de la cicatriz sostenía a tu hermana, y el otro había tirado a Saburo al suelo. Nada que no te hayan dicho, Baka―tamborileaba el volante con los dedos mientras aguardaba al cambio de luces, Haruki miraba a las personas en los otros autos, apoyaba el codo en la ventana y su cara en la mano echa puño, cada rostro era una historia muy diferente a la suya.

―Mis hermanos estaban asustados. Con trauma así, es poco probable que me contaran todo ―Isuke medito un momento mientras observaba las luces del semáforo.

―Ambos tenían cuchillos pero estaban en sus cinturones y fundas.

Haruki prestó toda su atención en ese punto, por lógica y experiencia si había que enfrentarse a alguien armado, uno de los dos salía herido. Hablando de la situación en que Isuke intervino, esos hombres tendrían que están heridos en algún lado pero ella no recordaba mancha roja en la ropa o tajada en la cara.

―No sabía que habían llevado armas. ¿Qué hiciste? ¿Usaste una pistola? No entiendo cómo pudiste controlar algo así sin herirlos o que ellos a ti.

―Estaban distraídos, se confiaron e Isuke pudo aturdir al que tenía la quemadura en la garganta; el otro sacó su cuchillo pero fue muy lento al reaccionar también muy brusco.

―Debe pasarte muy seguido. Nadie se esperaría eso viniendo de alguien como tú porque, bueno, eres mujer, y luces como una bastante delicada.

―Esa es la ventaja de Isuke~3. Solo tienen unos pocos segundos para digerir la sorpresa, para entonces ya están en el suelo― "quizás si me hubiera topado con ese hombre primero, las cosas habrían sido diferentes" pensó Isuke, guardo silencio un par de segundos antes de continuar ― Isuke se cortó cuando sujetó el cuchillo y se lo quitó, al hacerlo dejó ir a Mei, el resto fue fácil. Además, Isuke puede controlar con cualquier problema y esos idiotas no eran nada en comparación~3

― ¿Te cortaste? ¿Puedo ver?―sin despegar la vista del camino, extendió la mano vendada. No era un corte muy profundo pero si un poco largo, recorría desde el nudillo hasta las líneas de las muñecas―Lamento esto, se supone que también debo cuidar de ti y fuiste tú quien veló por nosotros.

―Es correcto, mama no debería pagarte nada por tenerme en tu casa~3

―No tomaré un centavo más de ese dinero, es todo tuyo―reclinó el asiento y puso sus manos tras la cabeza.

―Isuke sólo bromeaba, Baka―empezaron a dejar las casas y edificios atrás, tomaron la carretera solitaria―. No te lo tomes tan a pecho.

―No lo hago, pero me es imposible aceptar ese dinero luego que te arriesgaras a salir lastimada por mis hermanos. Je además, tu padre no ha depositado nada en esa cuenta desde hace una semana.

―Estamos por llegar―se desviaron por un camino de tierra, levantando polvo con su avance rápido y decidido.

―Es allí―había una pequeña choza, quizás d metros, era de madera y la luz de la luna era lo único que la iluminaba. Aparcaron a un lado. Era un terreno baldío, a lo lejos se veía la ciudad y sus luces, por allá su hogar aguardando por su llegada y ellas sacando hombres que se retorcían de la cajuela de un auto robado, no podía ir en ese momento. Dentro había un foco, que iluminaba dos sillas en medio del lugar y era todo, el foco estaba rodeado por un cono que evitaba que la luz se escapara a los lados. Los hombres fueron amarrados a las sillas, ambas muñecas sujetas con alambre, así como las piernas.

X3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3

Su cabeza era una bruma oscura, no había nada en las distancia, ni adelante ni atrás, ni arriba ni abajo, todo era una extraña dimensión en la que se hallaba semiconsciente, ni sonido ni luz ni sensaciones, todo era un gran espacio negro en el que se encontraba mirando perpetuamente hacia el frente.

La paz fue interrumpida cuando pequeñas y breves punzadas de dolor alarmaron sus sentidos, de repente una luz empezó a iluminar su mundo en tinieblas, la sensación era parecida a mirar el solo por demasiado tiempo. Shisune apretó los ojos para acostumbrarse a la luz, cuando pudo abrirlos, cayó en cuenta que el dolor era provocado por las suaves bofetadas de una chica.

―Y está despierto~3 ―dijo Isuke.

―Por fin despiertas, te estábamos esperando ―dijo su compañero.

―Ah… ¿Qué sucede? ―su cuerpo recién empezaba a salir del estupor del sueño, tomando conciencia con el despertar de sus músculos, de la posición en que la se encontraba ―Eh. ¿¡Qué es esto!?―Shisune perdió su máscara de calma e intentó soltarse, logrando únicamente caer de costado y golpearse― ¡¿Dónde estamos, Kento, qué sucede?!

―Calma, Shisune, trata de mantener la calma.

―Tal y cómo Isuke dijo, son un par de inútiles~3―fijaron la vista a donde habían escuchado la voz, la luz los enceguecía pero no había duda, recordarían esa voz burlona donde fuera.

― ¡Eres tú, maldita zorra, desátanos mujerzuela, o te arrepentirás!―despotricaba desde el suelo. Kento se mantenía tranquilo y cauteloso, no había pronunciado palabra aún.

―Cállate―la pelirroja se acercó, colocándose adelante del cono del luz, pateó al hombre del suelo y este perdió el aire junto con un poco de saliva―cállate, desgraciado―le asestó un golpe que volvió a ahogarlo, la madera se quejó y esta vez fue Isuke quien levantó al hombre, sangraba profusamente del labio.

―Ahora sí la armaron buena, mira que hacerla enojar~3―susurró en el oído del hombre que veía hacia arriba. La luz detrás de ella proyectaba sombras sobre su rostro, lo que engalanaba sus iris color ambas dándole un aspecto aún más amenazador, no había escapatoria. Y no saldrían hasta que su rabia quedase saciada así como sus dudas e inseguridades.

― ¡Sagae, suéltanos ahora! ¡Me soltaré de esta maldita silla y cuídate cuando eso pase!

― ¡Dije que te callaras!―la pared de un costado se salpicó de sangre, eran gotas que caían sobre la camisa de Shisune, sentía un calor terrible en su boca y la lengua no la podía mover. Respiraba agitadamente. Sagae respiraba igual que él, de manera errática y acelerada, había descargado para de su enojo en esos golpes sin ser suficiente, pero debía controlarse.

―Recuerda preguntarle un par de cosas antes de que quede inconsiente~3―Isuke volteó a otro lado dejando al hombre a completo merced de la pelirroja que buscaba el control de sí misma; se complacía de cada golpe que escuchaba pero prefería no ser partícipe, aquello era asunto de Haruki. No podría hacer nada en el caso remoto de querer detenerla. De igual forma, había una agradable noche afuera y la chica estaría ocupada, no le prestaría atención alguna. Jaló con las uñas la oreja de Kento al pasar a su lado y cerró tras de sí la ruinosa puerta. Entró al auto e inclinando el asiento cerró por un momento los ojos, tarareando una melodía con el contrabajo de golpes y quejidos de dolor. Una tranquilidad expectante.

― ¿Qué más quieres saber de mí?―no podía abrir un ojo por la hinchazón, el tabique de la nariz estaba desviado, el hueso podía verse claramente como si fuese un blanco de los golpes. Era el rostro de alguien que ya no podía mentir ni satisfacer el deseo de justicia inmediata. Haruki no era una persona que se tentara el corazón cuando se tratara de su familia, ninguno de los dos hombres le inspiraba compasión alguna y lo que ella buscaba era dejarlos a lo menos temporalmente lisiados, incapaces de trabajar para Kato en una temporada. Y de igual manera necesitaba saber cómo proceder si quería llegar con Kato sujetando ella la sartén por el mango.

― ¿Quiénes están esta noche?―lo arrojó al suelo, el crujir de la silla y los golpes escondían otro sonido― ¿Kato de verdad me dejará en paz si le pago todo o piensa jugar sucio?

―No lo sé, Kato no habla conmigo sobre esos asuntos, sabes tan bien como yo que no confía en nadie.

―Eso no es suficiente―le asesta una patada sacándole el aire. La siguiente era dirigida a su cara pero dos brazos férreos la apresaron por detrás, uno cortándole la respiración con el brazo y el segundo sujetando la muñeca aplicando más fuerza.

―Te descuidaste, Sagae―la tenía firmemente sujeta, era más alto que ella y la cargaba desde el cuello, su mente empezaba a confundirse y desesperar ante la falta de oxígeno ―. Fue un gravísimo error lo que hiciste―restregaba se cara con el oído de Haruki―. Antes sólo te daríamos un pequeño aviso, pero ahora no sólo la pagaras tú, voy a buscar a todos tus hermanos luego que termine contigo.―apretó un poco más, empezaba a asociarse―. No creo que a Kato le importe luego que le cuente lo que hiciste; especialmente si le llevo a la zorra de tu amiga como premio de consolación, ella puede pagar tu deuda en un par de noches―rio en su oído.

Intentaba jalar aire, sujetaba con ambas manos el brazo de Kento, pero sus dedos se escurrían. Estaba al borde del colapso, sin poder gritar por ayuda ni con las fuerzas de zafarse. "Fuiste valiente, controlaste los nervios, temeraria e imprudente" eran vagos recuerdos lejanos en su mente, un pequeño punto blanco de claridad ante la desesperación "Detén el ataque y regrésalo lo más pronto posible". Sujetó lo más fuerte que podía el brazo para que algo de oxígeno entrara a su cerebro. No le habían hecho antes esa llave pero ella sí, la había puesta en práctica aquella tarde con su jefe y él había logrado zafarse. Giró la cara en dirección a las muñecas de Kento, inmediatamente sintió un alivio en sus pulmones pero no podía detenerse a buscar un segundo aire, sujetó con la derecha la muñeca del hombre, con la izquierda le golpeó el rostro y también la entrepierna. Kento se encogió buscando la zona afectada con la mano, lo que aprovechó Haruki para salir de la llave sin soltarle la muñeca. El brazo estaba recto y en un ángulo doloroso, pateo la pierna del hombre poniéndolo de rodillas y siguió aplicando fuerza a la llave del brazo hasta que sintió que algo se salía de su sitio. Seguido del grito del hombre.

― ¿¡Cuántos hombres tiene Kato esta noche!?―jaló― ¡¿Qué piensa hacer cuando termine de pagar?! ¡Responde, Kento, o te dislocaré el otro brazo!―el hombre gritaba, sendas gotas de sudor invadieron su cara.

― ¡SIETE! ¡CON SHISUNE Y YO SERIAMOS NUEVE PARA CUIDAR DEL LUGAR! ¡AHHH!

― ¡¿Qué hará cuando le pague el dinero?! ¡No es de los que se conforman con un buen trato!

― ¡SABES CÓMO SON, NO ME LO PREGUNTES, NO TERMINARÁS TU DEUDA CON KATO A MENOS QUE ÉL LO DIGA, VOLVERA A ENVIAR GENTE!

―Eso es justo lo que veré―sujetó los grasientos cabellos y estrelló su frente con el piso acallando los gritos―Si aprecian su integridad física, se mantendrán alejados de mi familia, Shisune―hombre en el suelo la observaba amedrentado. Haruki tomó las cuerdas que Kento había dejado en el piso y aseguró cada centímetro de Shisune, no saldría de allí a menos que Kento despertara o alguien escuchara sus gritos.

―Tardaste menos de lo que Isuke esperaba―saludo al verla entrar al auto.

―Kento se desato―su voz era ronca, la garganta estaba muy seca y se sentía lastimada.

― ¿Qué? Pero Isuke lo amarró bien―se irguió de donde estaba acostada por la impresión.

―Estoy segura pero ese desgraciado es astuto coff, coff―frotó su garganta haciendo muecas―me lastimó la garganta.

―Esos fueron los gritos que se escuchaban―acomodó el asiento y encendió el motor, toda la carrocería estaba llena de polvo, peor a cuando abordaron en el barrio de Haruki. Dieron marcha atrás y salieron de la calzada tomando la calle de asfalto― ¿Entonces no te mato?~3―Intentó ser graciosa para ocultar su interés.

―No, no me mató―aclaró la garganta―. Tendrás que hacer algo mejor si quieres deshacerte de mí, Isuke-sama―conducían en una autopista de doble vialidad, frente a ellas una camioneta que no rebasaba los 70 kilómetros, a no mucha distancia en dirección a ellas un tráiler de carga pesada. Un pánico repentino y justificado entró al cuerpo de la pelirroja al ver el vehículo avanzar de cara al tráiler, acelerar y después el tirón de vuelta a su carril. Los bocinazos constantes y tendidos quedaron tras de ellas a como la ciudad volvía a tragarlas. Haruki rio por la situación luego de controlar su errático corazón―Me atrevo a decir que hubiera funcionado, pero ¿no te irías conmigo, Isuke-sama? Eso se llama calcular mal.

Isuke bufo con humor.

― ¿A dónde iremos ahora?

―Preferiría que no intervinieras, va a ser peligroso y…

―Y como tú no sabes defenderte, Isuke tiene que ir contigo. ¿Eres idiota? O ¿realmente crees que tú te bastas para esto? Isuke no vino sólo como chofer personal, también quiere cruzar unas palabras con ese cabrón que importunó su día con una situación tan molesta.

―Pero ¿y qué hago si te sucede algo?

―Les revientas los dedos, uno a uno con un martillo~3

―Je, eres increíble―niega―de acuerdo, pero deja que yo me encargue de los guardias y las armas.

― ¿Acaso creías que Isuke se iba a ensuciar las manos golpeando hombres asquerosos? Isuke lleva a su perro para que le abra camino.

―Sólo mantente tras de mí y si llega a pasar algo regresa a casa. Por favor. Dobla a la derecha en la siguiente.

X3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3x3

Kato. Un criminal de poca monta que se había hecho paso entre los barrios bajos hasta llegar a tener una pequeña banda de maleantes bajo sus órdenes y negocios sin demasiada ambición. Regente de un puñado de bares y negocios relacionados con el consumo de drogas, era el padrote de unas cuantas señoritas que habían arruinado su vida antes de tiempo, muy común encontrarlas fuera de los locales que manejaba o rondando en las calles cercanas a la luz de una farola. Haruki lo había conocido en sus primeros años de reducida grandeza, pues su ascenso al poder había sido demoledor pero demasiado corto, se había estancado como un simple gangster que tenía bajo su mando a otro gangster. Nunca hablaba de ello, pero sus allegados y conocidos notaban a leguas como sus celos y su ambición por algo más, lo carcomían por dentro como su cirrosis. Sus negocios no rivalizaban con los grandes capos japoneses que poblaban su país, inclusive en la ciudad no era más que un matón con monedas sobrantes en los bolsillos, una simple conexión para realizar un trabajo sencillo o donde pudieran lavarse las manos con facilidad.

Eso es lo que era Kato para ella. Nada más que una conexión para conseguir un trabajo rápido y peligroso, pero bien remunerado. Nunca se había considerado amiga de ese hombre, en realidad, durante sus primeros años tratando con él llego a temerle. Tenía razones de sobra para creer que no cumpliría con su palabra, disparándole por la espalda con la excusa de no dejar testigos, o drogándola a la fuerza para luego prostituirla sin que tuviera idea de su nombre, pues más de una vez le había ofrecido trabajar como una de sus prostitutas, de esa forma según él, le sería más útil. "Hombres desesperados por dinero hay muchos, pero una prostituta de calidad… "decía mientras miraba su cuerpo de adolescente "…no hay muchas".

Se había logrado escapar un par de veces de la policía. No era el criminal más llamativo en la ciudad, pero era un parasito que succionaba del néctar de su sociedad. Por cuestión de suerte o de abogados, siempre conseguía escapar de la caja metálica, pero esa noche la policía no iba tras él.

El establecimiento era una casa de dos pisos, se encontraba en un terreno pavimentado rodeado por edificios de un piso más grandes, era iluminado por lámparas en cono que se sostenían de las cuatro esquinas por cada piso y un par más frente a la puerta principal. Era una zona poco animada en donde solo un inconsciente caminaría solo a la mitad, la cosa no cambiaba mucho cuando el sol salía pero podía respirarse una mayor sensación de seguridad. Haruki e Isuke caminaban sobre una calzada que sobresalía del concreto. No tenían prisa por llegar ni nada porque temer, no eran más que un par de chicas indefensas con cuentas por pagar. Resguardando la puerta se encontraban dos de los gorilas de Kato, los hermanos Chikusa. Sin duda estaban lejos de ser criminales de alto rango, sus ropas de ciudadano común lo demostraban.

―Je, mira quien viene por ahí―dijo el menor, un par de centímetros más bajo que su hermano.

―Vaya, pero si no es otra que Haruki, nuestro bombón favorito ¿Vienes a pagar por fin? A Kato no le gusta que lo hagan esperar.

―Hola chicos ―dijo Haruki con calma, su rostro se mantenía estoico, dejando salir una que otra señal de irritación o de risa fingida― ¿No tienen jovencitas a las cuales manosear? Kato siempre tiene una buena guarnición con descuento para ustedes.

― ¿Estas de broma? Las mujeres de Kato no cumplen con las expectativas, son fofas, de caras feas y senos caídos. Tu siempre fuiste nuestra manzanita roja, lástima que tú dignidad era mucha cosa para ti.

―No idiota, yo era mucho, demasiado para ustedes ¿Esta Kato dentro? No quiero venir y perder el tiempo.

Daichi, el mayor, inspección con la mirada a Haruki y la chica que la acompañaba. Esta última era bastante guapa, sus atributos eran mucho más generosas que los incipientes que poseía Haruki. Aún bajo esas ropas holgadas se olía un cuerpo de infarto.

―Si. Esta dentro ¿Ese es tu pago? Kato no suele aceptar pagos en especie, pero apuesto que con este… quedara más que complacido e incluso te quedara debiendo.

Haruki volteo a ver de reojo a Isuke que lucía una mueca de disgusto e irritación.

―Es un regalo de buena voluntad. Por todos estos años juntos. Hazte un lado y déjame pasar, quiero hacer esto rápido e irme de aquí.

―Tus hermanos también querrían eso ―dijo Eiji y le dedico una sonrisa asquerosa que dejaba ver sus dientes amarillos. Haruki procuro no alterarse.

―Tienes razón. Mejor hago esto rápido.

Los hombres se habían hecho a un lado para dejar pasar a Haruki. Isuke se había quedado unos pasos detrás de ella, escuchando y observando la escena. Vio como Haruki avanzaba los metros restantes hasta estar frente a la puerta. Sintió una gran ola de satisfacción al ver como Haruki golpeaba a ambos hombres en el estómago impidiéndoles gritar, los dos se inclinaron hacia adelante entregando la vulnerabilidad de sus cuellos.

Isuke camino hacia la escena hasta encontrarse al lado de Haruki, a pocos centímetros de la puerta.

―Bien hecho~3 ―dijo Isuke antes de pisarle el pie.

― ¡Auch! ¿Por qué hiciste eso?

―Isuke no es la moneda de nadie, Baka.

― ¿Huh? Solo estaba siguiendo el juego, no lo decía en serio.

―A Isuke no le importa, no debes referirte a ella de esa manera. Solo te puede referir a mí como… ―Isuke la miro de reojo, esperando a su respuesta. Haruki sonrió antes de responder divertida.

―Sólo puedo referirme a ti como Isuke-sama―le abrió la puerta para que entrara primero, Isuke sonrió complacida y entró con la barbilla levantada; miró a ambos lados antes de entrar, poniendo seguro a la puerta―No te separes mucho―dijo en tono bajo y precavido.

DD: *prende la cámara. Chicos! Yo pensaba en subir este capítulo tiempo atrás, antes de siquiera entrar a la escuela nuevamente, por que? Pues porque quería finiquitar mi contrato con ustedes antes de entrar, osease entregarles algo antes de un prolongado silencio. Pero, cosas buenas salieron de eso, gracias a mis encantos logré traer a alguien de la muerte y el vagabundeo, no saben dónde lo encontré, sin exagerar era como un perrito que se escapó hace mucho, todo sucio y desalineado. *sonríe y jala a alguien. Aquí está! Luego de un baño con rastrillo y un buen conjunto de camisa y pantalones, lo saque de las drogas. *sienta en el banco de al lado a su antiguo editor.

Alex: Gracias, esa fue una bonita introducción, no estaba preparado pero gracias por darme el valor para entrar, creo que los rumores de mi muerte fueron algo exagerados y cualquier otro rumor que mi compañera de al lado haya externado *voltea a verla. Es la última vez que no te ayudo con un capítulo porque te pones de dramaturga y me sepultas en el panteón de la esquina junto al perrito que se te murió de niña.

DD: No fue en el panteón…fue en el patio de la casa, y tenía todas las razones de enterrarte en ese entonces.

Alex: Mhhhhhhh pues reviví y tengo más vitalidad que la última vez. Hola chicos, que gusto de volverlos a ver, eh vuelto de una falsa muerte y me alegra volver a verlos, para los más duchos se habrán dado cuenta que los pequeños retrasos fueron mi culpa, porque cada cosa que esta chica le ponía la niña encima era para tardarse media hora en corregirlo a veces más, pobre de mi pequeña, no debí dejarla sola con su madre.

DD: Yo no iba a dejar que te la llevaras a tus parrandas donde luego te caías de borracho haciendo el ridículo y ni que decir de cuando te metías esa cosa en las venas. Niños, no hagan eso, porque luego casi casi se muere, literal. Este se la pasaba en el piso alucinando con cosas por la mugre hierba.

Alex: *suspira divertido. ya no te vuelvo a dejar sola porque el rencor te corrompe. Pero descuida yo sólo alucino contigo.

DD: je me alegra que volvieras. Bueno para no alargarlo más esperamos sus opiniones y que den una buena bienvenida porque me costó uno y la mitad del otro traer a este padre desobligado de regreso.

Alex: Oh vamos sabes que soy barato, espero que podamos reconciliarnos y les guste lo que la chica y yo hacemos, nos vemos pronto y disfruten la función pues yo disfrute mucho haciéndola esta vez. *Se apaga la cámara.