Una Noche de Dos Colores

―" Solo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los flamencos se morían de envidia. Un flamen"… ¿eh? ―Saburo detuvo la lectura del cuento a sus pequeñas hermanas cuando le cayó en la cabeza un saco un poco sudado. Se quitó el estorbo y apenas alcanzó a ver a la dueña desaparecer tras la puerta de su cuarto. Eran apenas las 5:15PM, su turno acabó a las 5 y por lo que se apreciaba, había corrido a casa el resto del camino.

― ¡Saburo, cuélgalo por favor, voy atrasada!

Isuke estaba en la cocina, ayudaba a Fuyuka en la comida del día de mañana, la joven le pidió que picara en rebanadas algunas verduras, apenas escuchó el estrepito de la pelirroja subir de dos en dos los escalones y gritarle a Saburo, esas rodajas se fueron haciendo más y más finas.

―Isuke no puede creerlo… ¿Qué demonios tiene en la cabeza esa amante de los pockys? ¿Qué no entiende que su lugar no es otro que su casa? ¿O acaso piensa que Isuke debe cuidar del lugar como si fuese su sirvienta? Pero Isuke se va a encargar…por supuesto que se encargará…―y el cuchillo se movía a más y más velocidad así como las quejas.

―Am… Inukai-san, ¿puede prestarme el cuchillo? ―Fuyuka trató decirle a Isuke con la mayor sutileza posible que no era necesario que ayudara. Que mejor se retirase de la cocina.

La pelirosa clavó de un movimiento el cuchillo sobre la tabla de madera y se encaminó al cuarto compartido a pasos pesados. Cuando dejó de verse el rosado de sus largos cabellos la Sagae intentó tomar el cuchillo pero estaba tan bien fijado a la madera que por más que jalaba de ambos lados no podía desenterrarlo.

Haruki, con la misma rapidez con la que llegó se había metido a la ducha y ya estaba saliendo de esta. No estaba nerviosa ni sentía esas mariposas en el estómago por una primera cita con alguien, sólo no quería quedar mal con Saori, la chica había pasado por una semana muy mala y quería que la salida fuese agradable para ella. Aún no tenían una relación de amistad como la que tenía con el canario, pero ver a alguien cada día, no importa si por unos minutos o una hora, formaba una muy sutil relación laboral que Haruki quería desarrollar y fortalecer. Para la pelirroja lo segundo más preciado para ella aparte de su familia era la amistad. No había podido hacer muchos amigos debido al poco tiempo que duró su estancia en las escuelas a las que asistía y el ambiente de trabajo en que se desarrolló con Kato. Tener amigos normales, como Toboe y posiblemente Saori, sería un nuevo paso para dejar atrás esa antigua vida y sepultarla para siempre.

Salió del baño ya con los pantalones y la ropa interior puesta. Un pantalón blanco con zapatillas casuales, buscaba entre sus ropas la camisa roja para ponerla sobre su blusa blanca de tirantes.

― ¿Qué demonios buscas?

―Mi camisa roja, ¿no la ha visto, Isuke-sama? ―volteó a mirar a su compañera de cuarto y encontró su tan apreciada camisa...la estaba usando la pelirosa ―… Isuke-sama, esa camisa… ¿de dónde la sacó?…―dijo con algo de trabajo. Desde la mañana parecía que absolutamente todo, hasta el oxígeno, molestaba a la princesita de cabello rosado.

―Del armario ¿de dónde más sino? ―por lo que se apreciaba, apenas la usaba pues no se le notaba arruga alguna sobre ella.

―Isuke-sama…―se mordió el labio, decir que debía quitársela era algo que no quería hacer. Buscó en el armario alguna que se le pareciera pero no había ninguna, esa camisa era perfecta para una ocasión formal e informal. Se ubicaba justo en medio. Terminó de vestirse y calzar sus botines, aquellos que sólo había usado un par de veces pero quedaban perfectos con el conjunto incompleto, metió sus llaves y celular a los bolsillos y también la cartera. Lista para enfrentar a la furia rosa se dio la vuelta, encontrándola precisamente frente de ella, dio un pequeño salto para atrás y con ese traspié la chica aprovechó para dar otro paso y otro hasta acorralarla contra el armario haciendo que su espalda quedara pegada; pasó ambas manos apretando su cintura. Haruki juraría que también su trasero pero eso era imposible porque ella era… ¡Era Isuke!

― ¿Realmente piensas llevar al cabo este sinsentido, verdad? Pero Isuke no podría esperar más de ti, si era obvio desde el primero momento en que te escuchó hablar con esa por teléfono―le hablaba tan cerca de su cara que al instante en que su espacio personal había sido roto sus piernas empezaron a temblar, apenas entendía las palabras de la chica pues todos sus sentidos estaban azorados por aquella proximidad imposible y las manos de Isuke hurgando en su parte trasera.

― ¿Eh? ―no era lo más inteligente de decir, pero su boca no se ponía de acuerdo con su cerebro, el cual se ahogaba en la sangre que su corazón bombeaba a mil revoluciones por minuto.

― ¿Qué pasa? ¿Acaso te comió la lengua esa furcia? Ya te ha metido la lengua ¿No es así? ―los iris color miel de Isuke se clavaban inmisericordes sobre el rostro de la pelirroja. Daban miedo, ejercían tal poder sobre ella que su mente creía ver un par de dagas sin mango en lugar de un punto negro en el centro de los ojos, dándole más que nunca el aspecto de un felino.

― ¡¿Qué?! ―el sobresalto de Haruki hizo que se cuerpo golpeara las puertas del armario, la madera rechino y las cajas que había hasta arriba tambalearon amenazando con caerse ―No, no, nada de eso. Ella y yo no nos hemos… ¡Ni siquiera somos…! Es solo una amiga Isuke, no es más que una amiga a la que le debo un favor.

―Sama.

―Lo siento lo olvide. Isuke-sama, no es más que una amiga.

―Te has olvidado de llamar apropiadamente a Isuke―dijo mientras negaba ― ¿Ves cómo te afecta esta mujer? Olvidas cosas importantes, por ejemplo, cómo tratar a una verdadera dama.

―No es por ella. Esta situación es bastante rara, y algo comprometedora. No puedo pensar bien estando entre el armario y tú, y con tus manos manoseándome… ―sintió calor en las orejas de sólo decir esas palabras.

―Hmph, Isuke no es capaz de algo tan vulgar como eso. ¿Y quién te dio permiso de hablarme de esa manera?

― ¿Cómo puede ser que no? Tienes tus manos sobre mí…trasero. Te hablo de esa manera porque esto me parece un sin sentido, no he hecho nada malo y no veo la razón para que hagas este escándalo.

Aguardo en silencio, temerosa por el resultado de sus acciones. Había alzado la voz y se había mostrado insolente ante ella, cosas que molestaban a Isuke en sobre manera y con el tiempo tan acortado no quería lidiar con lo que se venía. Trató de aparentar valor, como el que tuvo al hablarle así, pero la delataba la gota de sudor que caí por su sien izquierda. Era imposible ser valiente con esos ojos ambarinos mirándola como si se clavaran en lo profundo de su alma. No sabía de lo que sería capaz de hacer estando a esa distancia.

Isuke retrocedió unos cuantos centímetros su cabeza, abriendo más espacio entre ambas chicas. Haruki empezó a bajar la guardia cuando la cabeza de la peli-rosa se lanzó como una bala hacia su rostro.

No pudo hacer más que cerrar los ojos, esperando que no doliera tanto.

Lo siguiente que sintió fue como las manos de Isuke, suaves, delicadas, se retiraban lentamente de su parte trasera como si fuera una caricia.

―Está bien. Puedes retirarte~3

Abriendo los ojos, la peli-rosa la miraba desde una distancia prudente. La intensidad de su mirada se había suavizado y ahora su rostro no parecía un cumulo de tensión. Tenía sus manos sujetas detrás de la espalda en una posición que parecía de inocencia. Haruki bajo los hombros y miro a Isuke con incredulidad, no sabía que una persona podía tener cambios de humor tan severos durante aquellos días. Ahora se preguntaba si recordaba bien los días que había pasado en la academia ¿Había sido Isuke así cuando ese momento llegaba? Fuere lo que fuese agradecía que el temor que sentía de ser atacada en el cuello con un zarpazo hubiera desaparecido.

No solamente caminó fuera del lugar, tomó la camisa abandonada en la cama que la fiera había dejado y escapó de allí, no se despidió de sus hermanos ni pronunció otra palabra. Isuke la observó ponerse la camisa mientras corría por la banqueta; su cara era ilegible, no movía un musculo. Dejó que la pelirroja saliera de su visión para al fin mostrar una sonrisa burlona y autosuficiente a la vez que levantaba una billetera de hombre color vino.

―Isuke no es capaz de algo tan vulgar como manosear a Haruki…sólo buscaba algo en sus pantalones~3―dijo encogiendo los hombros y metiéndose la billetera en su propio bolsillo.

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Las luces de neón de los locales brillaban sin reparo ahora que había oscurecido. Era una calle repleta de negocios del estilo de restaurantes y bares, cada uno con letreros llamativos para atraer a los clientes. Hacía mucho tiempo que no visitaba ese vecindario, había un ambiente de pomposidad y presunción que la repelían pero que hubo que aguantar durante los viejos días de trabajo. En esos lugares solía encontrar a jóvenes que se tenían en demasiada estima, tan seguros de ser indestructibles que no lo pensaban bien cuando hacían negocios. Acababan finalmente con los dientes rotos en el baño de una discoteca o amanecían al día siguiente en el callejón contiguo.

Pero no era una noche de trabajo, no del todo, tenía que llegar a una cita con una compañera. Esa mujer le había transmitido una gran dedicación por su profesión desde el momento en que se acercó a pedir información, con su pulcro traje gris sin arrugas y sus hebras plateadas arregladas con un cuidado que podía superar al que Isuke tenía por su cabello. Y aquí venía ella, tarde. Para empeorar la situación a lo largo del día habían tenido lugar múltiples lloviznas, por ello, su cabello había empezado a esponjarse y el calor residual había hecho que empezara a sudar sin haber entablado conversación con esa mujer.

Cuando finalmente reconoció el nombre del local, podía leerse en brillantes letras naranjas Il trionfo dell'amore, se detuvo un momento a tomar aire "¿amore? ¿Es este un lugar para enamorados?" pensó Haruki mientras recuperaba el aliento. El local tenía un aspecto gótico pero elegante, con sus muros pintados de un profundo color negro, los marcos de las puertas y las ventanas fabricados con madera color café, y extensiones de luces colgadas a lo largo del exterior le conferían un aspecto cuasi mágico. Una vez Haruki estuvo enfrente se dio cuenta de la intención del decorado, entrar por esa puerta sería como entrar en el cielo nocturno "si, definitivamente es uno de esos lugares".

Cuando tomo el pomo de cobre sintió un escalofrió que recorrió. Hasta ahora no se había planteado que hablaría con Saori, las únicas conversaciones que tuvo hasta ese momento consistían en un saludo y en una despedida. Y si las veían a las dos juntas ¿qué pensarían de ellas? si los clientes volteaban a verlas la situación se tornaría incomoda, y en realidad, su atuendo de pantalón y camisa de botones no ayudaría a mucho a disipar dudas. Sin embargo, ya estaba frente a la puerta y no podía hacerla esperar más. Giro el picaporte y se dejó engullir por la noche.

Era lo que había esperado, pero con un par de sorpresas. Las mesas y las sillas estaban fabricadas de la misma madera que el marco de las ventanas, las primeras estaban cubiertas por manteles color vino, era coronadas por velas dentro de un cristal redondo a la luz de las cuales había servilletas de tela y cubiertos. En lo más profundo del local observo la barra de bebidas y su variedad de botellas, justo al lado de ella había una puerta blanca que supuso llevaba a la cocina. Junto a las ventanas, grupos de sillones alrededor de mesas cocteleras, perfectas para un trío de amigas que no se han visto desde hace cuatro meses y ahora peleaban por una galleta. En medio de todo, cerca de la frontera de las bebidas alcohólicas, debajo de un foco blanco, Omuro Saori esperaba con paciencia a Sagae Haruki.

Tan arreglada como de costumbre, no había hebra fuera de su lugar, lucía un vestido plateado de satén con tirantes que permitía que sus brazos y piernas respiraran. El largo de su ropa apenas le llegaba a la rodilla, pero sabía cómo usarlo pues se sentaba con las piernas juntas y ligeramente inclinadas hacia un lado, un gesto coqueto que invitaba al cortejo de una dama. Sus pechos también respiraban sin restricción, el diseño tenía un generoso escote que dejaba ver más de lo que lo su traje gris hacía. Por primera vez Haruki veía otro lado de ella, y se dio cuenta de lo que no había visto antes. No era atractiva como lo sería una modelo, o como lo sería la modelo cansina que vivía bajo su techo, pero tenía su encanto, encanto que le garantizaba tener admiradores secretos ahí donde fuera. Frente a ella, en un pequeño plato, había un trozo de lo que parecía ser un pastel de chocolate a medio comer. Estaba jugueteándolo con un tenedor, sumida en sus pensamientos con la cabeza gacha, hasta que notó como alguien se paraba al otro lado de la mesa.

―Lamento la tardanza, Omuro-san―Haruki se sentó frente de ella, sonrió un poco como una disculpa―. Tuve que resolver un imprevisto.

Su cita la miro de arriba abajo, el cabello desarreglado, el brillo de su rostro, se notaba que había corrido para llegar. Eso le causo una sonrisa.

―Los buenos modales dictan que antes de tomar asiento debes saludar a tu acompañante ¿Se le olvidaron en su prisa, Sagae-san?

―No, no, nada de eso. Disculpa por eso también… Buenas noches, Omuro-san.

―Buenas noches, Sagae-san ¿Alguno de tus hermanos?

―Vamos, puedes llamarme sólo Haruki―buscó por hábito la caja roja hasta que se dio cuenta que eso si lo había olvidado en su prisa―. Y no, no eran mis hermanos, era otro problema un poco más grande.

―Entiendo―no lo hacía realmente―. Espero no sea la gran cosa. Tú también puedes llamarme Saori ―La observaba a detalle, el cómo vestía y esos cabellos fuera de lugar, mientras Haruki inspeccionaba con una sonrisa todo el lugar. Había salido con muchos chicos en el pasado, algunos muy galantes y otros reverendos idiotas, pero era la primera vez que una chica le pedía una cena y no cualquier chica, reconocía que aquella pelirroja era encantadora hasta cierto punto.

―Muy bien, Saori ―hizo una pausa ―vaya, me tomara un poco acostumbrarme. Es un lugar sin duda interesante. ¿Desde cuándo lo conoces? ―Omuro no lo sabía, pero si Haruki se veía tan expectante era más que nada por el lugar, un sito de ese tipo debía tener comida exquisita que ella jamás había probado.

―No es la gran cosa―la verdad era que había llegado a ese lugar en una cita que tuvo en el pasado, pero no le era muy conveniente mencionarlo si quería que su salida se repitiera en un futuro cercano. La verdad era que Haruki le parecía atractiva en todo el buen y mal sentido e intención de la palabra.

―Una cita con un amigo ¿verdad? ―en sus mejillas se pintó un discreto sonrojo por ser descubierta en su encubrimiento, Haruki se rio de ver aquella reacción― Puede que no lo parezca, pero es difícil agarrarme con la guardia distraída. Este restaurante tiene el ambiente ideal para una cita romántica, y por la selección de alcohol no creo que tus padres o algún otro familiar te hubieran traído aquí. Además, Saori es muy guapa, los chicos seguramente te siguen a donde quiera que fueses.

― ¿Eres siempre tan halagadora con quienes sales a cenar? ―dijo con una sonrisa mientras descansaba su mentón sobre su mano, era el restaurante predilecto para sus citas, lo había visto un día de caminata cuando aún estudiaba, la primera que tuvo fue justo allí y lo adopto como suyo.

―No salgó mucho a cenar con otras personas, así que podría decirse que sí ―Haruki sonreía, y su compañera también. Hasta el momento no había señales de acidez en las palabras de Omuro, no parecía que estuviera a la ofensiva para alivio de la pelirroja. Después del ataque que habría sufrido lo último que quería era provocar a otra mujer a hacer lo mismo.

Uno de los meseros se acercó a ellas después de observar unos minutos desde el otro lado de la barra. Parecía que por fin había llegado el acompañante que la señorita de cabello plateado estaba esperando, aunque no era la clase de persona que él y sus compañeros esperaban. Haruki volteo a ver cuándo noto al hombre que se acercaba hacia su mesa. Vestido con un traje similar al que ella usaba en sus horas de trabajo, obviando el saco, optando por la camisa blanca y el chaleco color negro. Era un hombre alto y delgado, de cabello oscuro, ojos y piel clara. Era bien parecido, pero no era nacido en el país.

―Buenas noches señoritas, mi nombre es Giacomo y seré su mesero el día de hoy, es un placer atenderlas ¿Puedo tomar su orden? ―el hombre entrego a cada una carta forrada en plástico, levanto una pequeña libreta de hojas blancas y un lápiz de sus bolsillos.

El menú estaba hecho con mucho cuidado. La cubierta de plástico estaba pulida y relucía con las luces que la alcanzaban. Los detalles dibujados de uvas, quesos y vinos estaban trabajados con dedicación. Los dueños de ese lugar no habían reparado en gastos al ordenar esos objetos. Cada una tomo la suya de diferente manera. Omuro estaba en completa sintonía con el ambiente y con la comida, ya tenía en mente lo que ordenaría desde el momento en que se había planeado la reunión así que bajo lentamente la suya a la mesa. Pero Haruki no, ella se paralizo brevemente cuando observo las fotos de pasta con bolas de carne, pizza con queso recién derretido, un plato en el que se veía mucho arroz con unas cuantas setas, y un pedazo de pan conforma triangulada partida a la mitad de la que salía carne y queso.

―Esto es un restaurante italiano―obvió.

―Así es ¿no lo notaste al llegar?

―No, lo siento, tenía… ―pensaba en Isuke y como la arrincono, en que llegaba tarde con su compañera de trabajo, en la música y en que era de noche, y otra vez en Isuke y sus manos en su trasero ―tenía cosas en la cabeza.

―Eres más de lo que aparentas a simple vista. Piensas en muchas cosas ―la cara de Haruki era fácil de leer en aquellos momentos, tenía la duda tachada en todo el rostro ― ¿Te sucede algo?

―No, nada malo. Es solo que nunca he probado este tipo de comida. Solo una pizza ocasional, pero todo lo demás…―bajo la vista despacio por el menú, había tantas cosas y de nombres tan raros que no sabía que pedir ―No sé qué pedir.

―Si me lo permite señorita ―se adelantó el mesero ―nuestro Calzone es nuestro orgullo. Tiene un sabor exquisito y le garantizo que querrá repetir aun cuando su estómago no pueda más.

― ¿Un calzone? ¿Está seguro de que eso es comida? porque en mi casa son otra cosa ―su compañera dejo escapar una risa diminuta. Ella se sonrojo, parecía que había dicho algo tonto.

―El calzone es bastante delicioso, a mí en lo personal me gusta mucho. Y en general, toda la comida italiana tiene un buen sabor. Ordena lo que quieras Haruki, te garantizo que no te decepcionara―dijo mientras pasaba la vista por los licores.

―Está bien… Confiare en ti Omuro-san ― "no puedo pedir una pizza, sería demasiado corriente" pensó, después de subir y bajar por la lista de nombres y precios, a la vista expectante del mesero y su cita, se dio cuenta que no tenía sentido seguir viendo nombres hasta que uno le sonara delicioso ―Creo que pediré el calzone ―dijo y le devolvió la carta al camarero con arrepentimiento.

―Excelente decisión señorita ¿Y que hay para usted?

―Tomaré lo de siempre, Giacomo, y por favor, una jarra de tutta.

―En un momento estoy de vuelta con ustedes, señorita Saori― el mesero se retiraba con una sonrisa, satisfecho de cumplir con su trabajo en conjunto de un cliente que sabía lo que quería. En ocasiones se perdía de tiempo ayudando a los comensales a decidir y eso lo retrasaba al atender otras mesas.

―Se nota que estás en tu ambiente. Hasta podría llamarte madame.

La chica rio un poco más. Rebusco en su bolso de mano, eran una cartera un poco alargada adornada de lentejuelas rojas y negras sobre un forro rojo encendido, sus manos venían también pintadas y su cabello no ensombrecía la gama de colores sino por el contrario, era el tono pálido lo que hacía tan atrayente a la chica. Al fin pudo sacar una fina cigarrera plateada de la que sacó un cigarrillo con filtro de color lila, distinto a los tubitos blancos con amarillo al final que solía verle a Sato. Vio como Omuro aplastaba un pequeño círculo un poco más morado que el resto y con un fino encendedor blanco y pequeño, encendía la punta. Le recordaba a su jefe. Siempre olía a humo a su alrededor, había veces en que sentía el impulso de decirle que fumar era malo y que debería tratar de que una cajetilla durara más que sólo una semana, pero le parecía algo que sólo podría decírselo un amigo o familiar.

― ¿Tú fumas? ― preguntó confundiendo la mirada pensativa de la pelirroja. Alargó sus finos dedos corredores de teclado ofreciéndole de su cigarro. Haruki recordó todas esas noches de espera en un auto con los hombres de Kato, siempre le ofrecían fumar algo muy parecido a un cigarrillo, pero que obviamente afectaba mucho más a la persona, siempre negándose a probar. Nunca, ni uno sólo de ellos le había inspirado la confianza para probarlo, pensaba que podía generarle algún tipo de adicción, pero viendo a Saori le hacía recordar sus palillos de chocolate.

―Claro que sí, todo el tiempo―era una descarada mentira, pero no quería sonar inmadura, tampoco que le tuviese desconfianza por parecer prejuiciosa. Tomó el cigarrillo como había visto en las películas de detectives, miro a su alrededor buscando alguna mirada de desaprobación que le echara su circo abajo, pero en realidad no era el único circo allí, en las esquinas había varias personas fumando cerca de las ventanas para no molestar a los demás comensales. Se dijo que no debía haber problema así que se lo puso en los labios y aspiró por el filtro.

Cuando regresaba de la escuela elemental solía pasar alado de un terreno abandonado con pasto alto, era una tarde de verano que regresaba corriendo, respiración agitada y cuando pasó por allí una humareda se metió dentro de sus pulmones. No la dejaba respirar y sus ojos le lloraban de tanto toser. Al parecer el pasto seco había prendido fuego. Sintió lo mismo, pero de una manera más intensa. El grupo de amigas la miró curiosa, pensaban que se ahogaba con la comida. Tomó agua y se sentía como si por su garganta pasara tierra o cenizas, que no era tan inverosímil.

Saori le sonrió comprensible. Alargó la mano y quitó de sus dedos el pitillo, aquello no era juguete de niños.

―Conque todo el tiempo ¿eh? ―dijo negando con la cabeza.

―Lo siento *coff coff*, supongo que se requiere algo de práctica―dijo Haruki con lagrimitas en los ojos― ¿Desde hace cuántas fumas?

―Estaba por salir de la universidad, un día en una fiesta lo probé, fumaba cada que iba por unas copas al bar y mi novio de ese entonces me regaló una cigarrera―alzó la sencilla cajita de plata―. Es un vicio que pocos tienen. Por lo mismo me gusta. Crea un ambiente pesado pero fácil en el cual zambullirse.

Ella no diría precisamente que fuera un gusto de pocos. Sabía muy bien que las tabacaleras ganaban millones, además, todo el local tenía ese olor a nicotina, su compañera no era la única que tenía un cigarro entre sus labios. Pero decidió reservárselo, no era la mejor decisión corregirla y arruinar el ambiente, las cosas iban muy bien y le había perdonado su retraso. Tampoco daría su opinión sobre el vicio y quienes lo practicaban. Después de todo Omuro no era culpable de esos sentimientos, lo eran hombres de poca moral y, mirando atrás en el tiempo, un resquicio de su infancia.

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Se encontraba mirando a través de la ventana. La llovizna poco a poco había aumentado de fuerza y no se expondría a la lluvia hasta que el repartidor estuviera frente a la puerta, para lo que ya no faltaba mucho, les había dicho a los chicos que estuvieran atentos al ruido de la calle, especialmente al sonido de una motocicleta y su bocina. Habían cumplido con diligencia, y como no hacerlo, venía pizza en camino y no podían perdérsela. Calculaba que estaría subiendo ya al último piso. No paso mucho tiempo observando como las gotas se estrellaban contra el cristal cuando la figura empezó a asomarse.

El joven vio a la mujer que esperaba recargada del otro lado de la ventana. Sonrío pues sabía que no tendría que esperar a que alguien le abriera, además, era bastante linda. La puerta se abrió casi de inmediato y la luz del interior lo baño.

―Buenas noches señorita, aquí tengo su orden. Dos pizzas de pepperoni grandes entregadas calientes y a tiempo.

―Correcto ―en su mano llevaba una cartera que parecía más de un hombre, de ella saco un par de billetes y se los entregó al repartidor mientras ella tomaba el par de cajas―Conserve el cambio.

― ¡¿En serio?! Muchas gracias, señorita ―dijo el repartidor, su felicidad rezumaba por los poros.

―De nada buen hombre. Usted está aquí afuera ganándose la vida bajo el agua fría. Se lo ha ganado.

―Usted es muy amable, no hay muchas personas como usted.

―La amabilidad es regalo que no muchos poseen ―dijo sonriendo ―. Tenga una bonita noche.

―Hasta luego señorita, no dude en volver a ordenar con nosotros.

La puerta se cerró.

―E Isuke-sama es la más amable de todas.

El aroma de la pizza era bastante agradable, aunque no solía comer ese tipo de comida comercial, tan poco sana, pues prefería un clásico Okonomiyaki, admitía que tenía un olor bastante seductor. De vez en cuando no estaba mal dejarse alcanzar por las tentaciones, comería una esa noche, seguramente los gemelos también le ofrecerían las suyas como tributo.

No tardo mucho para que los lobos de la familia detectaran el aroma en el aire y salieran corriendo de la cocina donde esperaban a que todas las palomitas reventaran antes de meter otra bolsa, empujándose entre ellos. No podía creer la manera en que se empujaban unos a otros, no había visto esa hambre antes y por poco la hace dar un paso atrás por su propia seguridad. Se mantuvo firme, recordando que ella era su reina y ellos los plebeyos.

―Alto ahí cachorros. Sí no se quedan quietos y se portan bien no habrá ni una rebanada para ninguno de ustedes.

―Pero ya hemos esperado suficiente, Isuke-sama ―dijo Araki, deteniéndose en seco.

―Así es, tenemos hambre, no hemos comido nada en todo el día ―completo el otro gemelo.

―No inventen mentiras a Isuke-sama. También es motivo de quedarse sin sus rebanadas de pizza y sin palomitas ¿Les queda claro?―estar a cargo de los más pequeños no era fácil, pero sí mucho menos complicado que estar frente a toda la manada. Los que eran Saburo, Hayaka y Fuyuka debían ir a recoger la pizza y refrescos que habían encargado en la pizzería favorita de la familia, debido a que esta no contaba con servicio a domicilio, sería tal vez media hora de ida y otra de vuelta, pero llevando a la pequeña Mei, el tramo podría volverse bastante más tardado. Así que no habría problema en que volviesen en deshora, según sus cálculos la película duraría a lo sumo 1 hora y 40 minutos, para cuando llegasen estaría en las últimas escenas. Todo saldría de acuerdo al plan.

― ¡Las palomitas! ―gritó Misuki, que abandonó su asiento en el extremo del sillón, todos ya estaban acomodados allí luego del pequeño regaño, respetando como siempre el lugar más mullido y sin los resortes vencidos, para su diosa; Isuke puso su real trasero allí y empezaron a repartir las pizzas que había pedido para la ocasión en un negocio que sí tenía servicios a domicilio. La vieja videocasetera empezó a reproducir la película, saltándose los comerciales por ser una película clonada. "Ringu" se leía en kanjis rojos sobre un mar nocturno un poco embravecido, dio una buena mordida a su rebanada de pizza, a su izquierda los gemelos se peleaban en silencio por un pedazo de pizza con mucho pepperoni y a Mizuki se le veían brillosos los ojos por estar viendo al fin una peli para mayores de edad. A su derecha Yuki no dejaba que Hana se despegase mucho de ella, ninguna de ellas votó por ver la peli cuando Isuke lo propuso secundada por Mizuki, pero luego de ver el entusiasmo de sus hermanos no pudieron negarse. "Fue buena idea mandar a Mei con el cachorro más grande, de quedarse Isuke no podría tenerla viendo esto" la escena de las dos amigas tonteando en el teléfono había sido reemplazada por esa chica sola y con los ojos espantados, seguramente la primera escena de miedo que dará pie al resto de todo el show, la chica de cabello rosa pasó de esta con una sonrisa-bostezo, "Ja ¿y eso da miedo? No ha manera que Isuke pueda tener miedo de esas insignificancias, Isuke ha visto lo peor de lo peor" pensó en su posición como asesina a sueldo.

Ella volvió a acomodarse en el amplio sofá y miró nuevamente a los cachorros, todos sonreían y no perdían detalle de la película, se les veía expectantes a lo que sea y debido a que aún el terror real no comenzaba, estaban tranquilos cada uno en su lugar. Para ella fue una escena cálida, familiar. Mama y papa habían sido muy buenos con ella, la habían amado cuando ella misma no veía algo qué amar, la hicieron sentir protegida; pero ellos, esos niños le inspiraban a querer protegerlos. Era extraño, pero no veía mal en ese sentimiento.

Y ella era parte de todos ellos, en pocos días se había hecho lugar entre esa camada desastrosa y ellos se le metieron por debajo de la piel. Tal era el ejemplo de la vuelta a la mismísima boca del lobo para hacerle una advertencia al malnacido de Kato. Que a los niños Sagae, a sus mugrosos, desnutridos y desastrosos cachorros nadie los tocaba.

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El ambiente en el local empezó a subir de temperatura, cada minuto que pasaba era un minuto más cerca de la media noche, y entre más se acercaba la hora más intensa era la fiesta. Con el paso de los minutos habían empezado a llegar comensales hasta llenar las mesas y los asientos frente a la barra. Haruki no noto las bocinas colocadas en las esquinas hasta que empezó a escuchar la música instrumental, era de bajo volumen, pero era suficiente para amenizar las cosas.

Hubo un punto en el que había empezado a sentirse culpable. Tanto lujo (lo que ella podía considerar un lujo, el lugar solo estaba bien amueblado) a su alrededor, los decorados, la música, la comida, era más de lo que su familia alguna vez había disfrutado. Y ahora aquí estaba ella, derrochando a la primera que el viento soplaba a su favor, sin detenerse a guardar para cuando la dirección cambiara. Conforme pasaban los minutos su culpa fue disminuyendo hasta ser solo una pequeña molestia. En su vida había tenido un momento para darse un gusto más allá de sus cajetillas de pockys. Supuso que 19 años eran suficiente tiempo de espera para invertir en ella misma. Además, había una chica linda con la cual pagar la cuenta, y el calzone, el calzone estaba delicioso.

En su plato solo quedaba un quinto de esa especie de empanada da la que salía carne y queso derretido, bañado en abundante salsa de tomate. No quería acabar su comida, era incapaz de dar los últimos bocados porque sabía que se iba para no volver. Estaba jugando con su comida cuando Omuro le hablo.

― ¿Vas a quedarte mirando tu comida toda la noche? ―Haruki levanto la mirada hacía su acompañante.

―No, creo que no. Solo estaba pensando.

― ¿Puedo saber en qué? Has estado saboreando cada bocado desde que lo probaste, casi podía decirse que estabas en el cielo por tu rostro.

― No puedo creer que fuera tan obvia.

―Todo el lugar escucho cuando proclamaste lo deliciosa que estaba.

―Es que lo es. Nunca había probado algo así.

―Me doy cuenta ―dijo con una sonrisa que resalto sus hoyuelos ― ¿Qué le sucede a tu comida?

Haruki suspiro.

― No quiero terminar el platillo, es decir, si quiero, pero si lo hago se habrá acabado, no podre seguir disfrutándolo ni pedir otro ―se preocupó de que eso la hiciera sonar pobre.

―Entiendo ―Omuro bajo la vista y empezó a envolver el spaghetti en su tenedor, enterró una anchoa y lo levanto en dirección a Haruki ―Ten, prueba un poco de esto.

―Espera ¿Por qué? Es tu comida.

―Para que puedas comer el resto sin quedar con un espacio en el estómago. Y quiero compartir contigo, comprobaras que no te mentía cuando te dije que todo aquí es delicioso. Debes aprovechar ahora y probar lo más que puedas

―No estoy segura.

―Si decides negarte solo lograras que te vuelva a insistir. Es de mala educación rechazar la comida.

Renuente, Haruki acepto el bocado que le ofrecían. No lucía especialmente apetitosa, parecía una simple pasta con salsa de tomate y agregados "Fuyuka sabía preparar espagueti y le quedaba bastante bien", dudaba que llegara a saber mejor que el sabor del hogar. Pero cambió la expresión de su cara en cuanto saboreo el bocado

―Esto…está muy bueno―dijo con la boca llena.

― ¿Verdad? Es mi favorito. Siempre que vengo pido un plato, pocas veces me atrevo a probar algo nuevo.

―Creo que te entiendo. Si yo viniera con frecuencia no podría resistir la tentación de pedir el mismo platillo.

―Precisamente, pero termina de masticar antes de continuar.

― Oh sí, lo siento―Se cubrió la boca y bajó la cabeza, masticó la comida una y otra vez, moviéndola por cada rincón de su boca, de manera que el sabor se esparciera por todo el paladar. Cuando término de saborear dijo― Muy bueno ¿cómo se llama este espagueti?

―Me alegra que te interese. Se le llama spaghetti alla puttanesca―dijo imitando el acento italiano.

Hubo un minuto de silencio. Haruki no decía nada, se quedó en blanco, mientras Omuro esperaba su respuesta.

―Vaya, ya veo.

― ¿Qué pasa? Parece que algo te incomoda.

―No es nada. Es el nombre, es muy pintoresco. Tiene una extraña similitud con otra palabra.

Omuro rio, como una dama, de manera grácil. Pero tenía una sonrisa que decía saber algo que ella no. Algo demasiado perverso para su mente inocente.

―Te puedo contar la historia de su nombre. En realidad hay tres historias acerca de su origen.

―Claro, adelante―dijo asintiendo― Siempre se aprende algo nuevo.

―Esa actitud me agrada― Omuro bebió un trago de su bebida y se aclaró la garganta antes de hablar―Primero hay que ponerte en contexto. Este platillo en realidad es sencillo, es de rápida preparación y sus ingredientes son bastante comunes, por lo menos en las alacenas italianas, y ahí es hasta donde vamos, más precisamente a Napoles. En esta ciudad de la vieja Italia se dice tiene origen su nombre, las…cortesanas de esta ciudad inventaron este delicioso platillo, debido a lo común que son sus ingredientes y la velocidad con que estaba listo, resultaba en el platillo ideal para sus ajetreados trabajos ya que así podían comerlo entre cada cliente que iba y venía.

Por el nombre y la sonrisa de su acompañante, Haruki podía adivinar hacia donde iban sus palabras, aunque ignoraba cosas como el lugar o las circunstancias. Era la profesión más antigua del mundo.

Había estado en contacto con mujeres de esa vocación, siempre le había causado vergüenza estar cerca de ellas. Recordó la última vez que había caminado entre ese ambiente, había sido hace poco, en la cueva de Kato, en compañía de Isuke, cuya presencia le había ayudado a superar esa situación. Fue extraño y se arrepintió de haberlo rememorado, pues el recuerdo y el relato se mezclaron dando como resultado en la imaginación de Haruki una cocina Italiana típica de película en la cual se paseaba una mujer de atributos para nada del promedio más tampoco prominentes, pero relucían apretados en su escote. El cabello plateado desarreglado caía sobre sus hombros, de uno de los cuales se deslizaba unas de las cintas muy coquetamente por el brazo, mientras trabajaba en la cocina.

Un poco de esos tomates en manos de la secretaria se había pasado a sus mejillas y ella intentó disimular bebiendo de su vaso.

―Interesante ― bajo la mirada incapaz de ver a la mujer a los ojos luego de imaginar su alterego italiano y asintió.

―Bastante a decir verdad.

―Supongo que veía venir la de Italia. Pero no deja de ser un buen dato para contar en una salida.

―Y aún hay más. Esta es sólo una de las que se barajean.

―Entonces hay más.

―Por supuesto, el origen de un nombre tan pintoresco tiene que ser incierto―Haruki asintió.― De nuevo en Italia, en los años, cincuenta, había edificios en los que se compartían dos negocios. Normalmente con persianas cerradas para proteger la identidad de los comensales, estos lugares tenían en la planta baja comedores en los que se servía este platillo ¿sabes qué había en la planta alta? ―lo intuía, pero negó para que pudiera continuar― Una casa de citas, por así decirlo―le parecieron simpáticas loas maneras de Omuro, cómo seleccionaba sus palabras para evitar decir la más obscena ―Era de esta forma para que una vez terminaran de comer, los clientes podían subir las escaleras para disfrutar del postre.

Su imaginación volvió a volar. Ésta vez se veía dentro de un local parecido al que estaba, sólo que más arcaico, y la única iluminación que tenía era la de los rayos del sol que pasaban por pequeños huecos entre las cortinas. Vio el plato casi limpio pues se había dejado llevar y lamer los jugos perdidos de su alimento, después de todo ese era un lugar para dejarse llevar por impulsos. Dejaba un billete sobre la mesa. Agradecía la comida y luego de subir las escaleras recorría un pasillo con puertas cerradas a cada lado. A mitad del corredor había una puerta abierta. De ella salía una figura de cabello rosado, que esperaba recargada en la entrada de la habitación, usando una ligera bata de tela. Era lo único que llevaba. Y sonreía. Sonreía como si ya le hubiera pagado antes.

Sí, Isuke tenía el cuerpo ideal para ejercer la profesión, pensó Haruki. Sus mejillas ahora eran tomates.

Bebió de su vaso intentando disimular.

―Parece que a los Italianos les gusta mucho la comida y el sexo.

―Como a todo el mundo.

―Sí…es verdad ¿ese fue el último?

―Queda uno, y es muy sencillo en realidad. Es una interesante asociación de ideas.

Haruki había estado haciendo interesantes asociaciones de ideas desde hace un buen rato. Se preguntaba qué tan interesante sería la que tenía para contar.

―Adelante.

―Bien. Uno de los ingredientes principales de este plato son las anchoas. Pequeños peces que tiene un olor bastante fuerte. Los rumores narran que su nombre proviene del aroma que transmite pues recuerda bastante al de la parte intima femenina.

Mientras escuchaba, acercó la nariz al plato. Existía un toque de queso, un poco de tomate, y distinguible entre los demás, un olor parecido al de la carpa pero, como había dicho Omuro, mucho más fuerte. Conocía muy bien ese chiste del olor a pescado, lo experimentaba con sus prendas después de un día de ejercicio. Y algo más. El día que recogió la toalla que usaba Isuke, esta tenía un peculiar aroma.

Cabello rosado.

Sintió ganas de levantarse e ir corriendo al baño para lavar su cara, la sentía caliente hasta las orejas, se levantó de manera tan abrupta que sus muslos chocaron contra la mesa ocasionando que todo sobre ella se moviese, llamando la atención de los clientes.

― ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien? ―le preguntó a su vuelta.

―Sí, sí. No fue nada. Ahora no me queda duda del porqué de su nombre.

―Ah sí―Omuro tomó un trozo de su cubierto―La traducción literal es espagueti al estilo de las prostitutas― de las putas, corrigió Haruki en su mente.

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En una película de terror todos inician emocionados, comiendo palomitas o pizza, lo típico en cualquier lugar para una peli de ese tipo, pero al poco tiempo, conforme el miedo va saliendo del film y estableciéndose, haciéndose dueño de la estancia, todos comienzan a acercarse los unos con los otros. Nadie quiere estar solo peleando con su miedo a la hora en que el monstruo aparece. Así mismo estaban los niños una hora atrás, todos atentos un poco inclinados en dirección a la pantalla, pero luego de un rato y que las imágenes e historia fuesen tomando curso, ninguno quería despegarse mucho del otro.

Incluso Isuke, la gran asesina a sueldo, mercenaria de cabello rosa, con todas las cosas que había visto en su vida tenía una cara de miedo y no se quitaba a los niños de encima, sino al contrario los abrazaba así como ellos le abrazaban la cintura. Odiaba ese tipo de películas, esas películas que se metían en la psique del espectador, porque no hacían lo que hacían el resto, no eran sustos baratos, eran miedos humanos con los que jugaban y vaya que sabían jugar. La película estaba próxima a acabar, los protagonistas, luego de pasar por una serie de investigaciones, habían dado con el lugar de origen de todo el maleficio y armándose de valor, el hombre había bajado por el poso. Isuke sintió un frío estremecimiento que no se disipo. Afuera azotaba la lluvia e incluso relampagueaba, eso era lo peor, los rayos y relámpagos que iluminaban de golpe todo, incluso en ese momento tan crucial de la película donde parecía que en cualquier minuto algo saldría de esa putrefacta agua.

―Ya quítenla, no quiero seguirla viendo―dijo Hana, se tapaba los ojos desde escenas atrás pero de nada serviría eso a esas alturas.

―Tra-tranquila, Hana, está por acabar, falta poco―le respondió Mizuki, también un poco apegada a la bolita de abrazos.

―Y-y está la diosa con nosotros.

―La diosa no dejará que ninguna chica del pozo nos hiciera algo, ¿verdad?―preguntó Arashi.

En su mente, Isuke se envalentonaba y quería pensar que era así, que ella nunca dejaría que nadie que no fuese ella tocara a sus cachorros, pero la realidad era que hasta entre las fieras se podía sentir el miedo, y aunque ella se enfrentase a dos enormes gorilas sin vacilaciones, no podía asegurar que fuese así con los monstruos que asedian bajo la cama, pero de igual manera, la respuesta siempre debía ser segura, sin atisbo de dudas o temores. O ese era su pensamiento luego de ver que la chica allí metida en el pozo había logrado salvarse. A la luz del sol las promesas eran fáciles de decir.

―S-s-sí, obviamente Isuke lo haría, pero no es el caso porque esas cosas no exis…―pero no era el final de la historia, los monstruos no siempre están dispuestos a dejar ir a sus presas, los monstruos no siempre son de carne que puede ser lastimada y salen de la pantalla, salen con movimientos antinaturales en el completo silencio de un video sin sonido, eso era lo peor de todo, el silencio, desesperaba tanto y acallaba a todos en la habitación, todos estaban conteniendo el grito de miedo cuando la chica salía de allí con sus brazos y piernas pálidas y ese oscuro cabello sobre la cara.

Se veían los ojos desorbitados de miedo del hombre, cómo boqueaba por aire para gritar, como si gritando el terror a la muerte o el dolor que conllevaría esta fuese a disminuir. Un atronador rayo iluminó toda la estancia y el trueno les sacó el grito de la garganta a todos. El lugar entero quedó en completa oscuridad y las niñas, siendo seguidas por los niños y estos por Isuke y Mizuki entraron en tropel a la habitación de la penúltima, saltando a la cama, como si de acercarse mucho a esta fuese como un reto a la criatura allí debajo a que le agarrara los pies. Todos se metieron entre chillidos y lloriqueos a la cama no tan grande para tantos niños. Estando todos en la cama y bajo las sabanas hablaban entre susurros.

― ¡Sadako saldrá de la televisión y vendrá a por nosotros!―gritaba Yuki encima del estómago de Isuke y apretándole el cuello, lloraba a moco tendido sobre su camisa.

― Cállate, Yuki, o de verdad nos va a encontrar ―dijo uno de los gemelos, tapándole la boca a su hermana pequeña, todos estaban cubiertos hasta la cabeza por una manta e Isuke no podía creer cómo había perdido la cabeza para salir corriendo igual que todos los niños.

―Sólo fue el trueno, debió irse la luz, pronto volverá y podremos prenderla―dijo ella, tratando de influir calma pero sin dejar de abrazar a Mizuki, igual acomodada allí en toda esa bola de miedo y huesos.

―Aja, por supuesto, pero ¿quién será el valiente que se pare a prender la luz?―cuestionó Mizuki―yo no, obviamente.

―Ni yo ni Akira tampoco.

― ¡Yo no!

― ¡Yo tampoco!― gritó Hana.

―Bueno, uno debe ir, Isuke no piensa pararse de aquí, esta es su cama.

Un completo silencio, ninguno, no importando que tan tonto era el miedo, estaba dispuesto a pararse, salir de la protección de abrazos bajo la sabana y correr hasta el interruptor de luz más cercano, el camino de la cama hasta este era lo suficientemente largo para que una criatura atacase a los pies, todo el mundo sabía que los monstruos atacan siempre a los pies.

―Voto por quedarse aquí hasta que Saburo-nii llegue―susurro Yuki.

―Yo estoy de acuerdo.

―Y nosotros.

―Y yo también.

Isuke suspiró.

―Son una camada de miedosos… ¡¿Quién está tocando la pierna de Isuke?!― chilló desencajada.

―Ah…lo siento, diosa. Pero es que me están empujando fuera de la sábana ¡y si me salgo Sadako me atrapara! ―casi chillaba uno de los gemelos y más abrazaba la pierna de Isuke.

―No hay ninguna Sadako, Isuke irá a prender la luz, niños miedosos. Isuke no piensa quedarse bajo la sabana toda la noche.

Se quitó de un manotazo la sabana que la cubría y perdió pronto la calidez de esa masa de brazos y piernas metidos en pijamas improvisados con ropas viejas. Puso los pies en el suelo y allí se detuvo. Miró a la oscuridad tratando de mantenerse impávida de aquello muy dentro suyo, eso que quería morderle en su subconsciente, atraparla en su propia mente para tomar forma corporal y hacerse de ella en el plano físico. En pocas palabras, tenía miedo de dar un paso en dirección al interruptor. Se vio a sí misma más pequeña, cuando tenía que correr para regresar a su cama luego de quedarse en la sala viendo películas que no debía ver para empezar. En ese entonces se hacía de su valor infantil y apagaba de pronto la luz de la sala, tan de pronto como para que ni los monstruos ni ella misma se dieran cuenta y tuviese un instante más para salir corriendo.

Pero en ese instante, lo que sentía era igual a cuando el miedo la tomó en el último segundo y se quedó allí con el dedo en el botón. No se movía, dejó que la oscuridad la tragara antes de siquiera poder correr. Se mordió el labio y caminó con la mano alzada al interruptor, le activó deshaciéndose del recuerdo pero todos sus fantasmas y monstruos regresaron para perseguirla en cuanto notó que no importaba cuánto le daba al interruptor, seguía apagadas las luces y un relámpago iluminó la habitación e Isuke vio a la televisión, los colores se le escaparon del rostro y no pupo pensar que sólo era ilusión óptica de su propio reflejo, no pensó en una respuesta más comprensible y lógica a la persona que veía en el televisor, sólo pensó en la película y en que sus piernas dieran ese salto de miedo de vuelta a la cama. Todos los niños chillaron de miedo y diversión cuando salto de vuelta.

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Eran las 10:30 u 11 de la noche y el lugar apenas había entrado en ambiente. El restaurante estaba lleno de clientes que inundaban el local con sus conversaciones, esto junto al sonido de la vajilla con los cubiertos y todo el ir y venir de los meseros para satisfacer a los comensales, daba esa música ambiental que no puede ser descrito de otra forma que familiar.

En el resto de los locales probablemente aún no llegaban a su zenit. Las discotecas y sus hermanas no tomaban vida hasta la hora muerta. Interesante contraste, pensó Haruki, sopesaba la posibilidad de ir a bailar un rato junto con Omuro. Experimentó mucho esa noche, comida italiana, cigarro y sentido las mejillas calientes, la bebida de su acompañante tenía un toque de alcohol que no notó hasta que la mujer se lo dijo, parecía una buena forma de rematar la noche.

Pero no podría ser, por fuera de la ventana gotitas de lluvia chocaban y deslizaban sobre su exterior liso, y parecía que estaba en aumentando de intensidad, sino se iba pronto la lluvia la atraparía. Pero más que nada por la hora, si tomaba más tiempo preocuparía a sus hermanos e Isuke.

No quería, pero tenía que volver a casa, así que inicio el ritual con que uno se despedía con amabilidad. El primer paso consistía en terminar con cualquier comestible que aún estuviera sobre la mesa. Ella tomó el vaso de vidrio frente suyo y terminó de beber su contenido.

―No sólo la comida es deliciosa, también la bebida ¿Cómo se llama?

―Brunello di Montalcino. Es de la Toscana sino mal recuerdo.

― ¿Y este también tiene un origen raro?

La mujer se rio discreta tras una fina mano.

―Si lo tiene lo desconozco. Te salvaste esta vez.

―Supongo que sí.

El segundo paso consistía en poner a la vista del acompañante un artilugio donde se pueda leer en voz alta la hora. Haruki no contaba con reloj, no veía su uso contando con un celular. Un modelo antiguo y desplegable que se manejaba con teclas, la carcasa del celular se estaba desprendiendo, como si en cualquier momento se fuese a caer, había muescas, prueba de los golpes que se había llevado a lo largo de los años, todas las esquinas tenían pequeños rasguños.

―Vaya, son las 10:55. El tiempo vuela cuando te diviertes, y sí que lo he hecho. Creo que es hora de volver a casa.

Omuro saco también su celular. Un teléfono de pantalla táctil de última generación.

El segundo paso a veces puede salir contraproducente y disminuir tu autoestima gradualmente.

―Tienes razón, pero siendo sincera no creí que esto acabaría tan pronto. Pareces una chica que puede cuidarse sola.

Y lo era pero…

―Debo volver a casa. Mis hermanos me están esperando.

―Entiendo. Quizás en otra ocasión puedas contarme más sobre ellos, daría para una buena charla.

―Sí que lo haría. Cada uno tiene su propia historia.

Finalmente, el paso tres consistía en levantar la mano para que el mesero entregara la cuenta. Este tardo en llegar a la mesa, hace un par de horas él y sus compañeros se relajaban tras la barra y ahora, no paraban de entrar y salir con charolas en mano. Les dijo que en unos minutos les traería el total a pagar, pero por lo visto esos minutos serían largos.

Pasaría un rato hasta que volviese. Era el momento perfecto para disfrutar del único pocky que había llevado consigo. Tenía curiosidad de saber cómo sabría ese pequeño pedazo de pan luego de lo que comió. A lo mejor el sabor de chocolate cambiaba un poco.

―Pensé que no te gustaba fumar―dijo sonriendo, ella sacó a su vez la cigarrera.

―Este es mi tabaco y es lo que me matará con el tiempo.

―Al final, todos tenemos vicios.

―Brindaría contigo por eso, pero mi vaso está vacío.

―Y yo te acompañaría en ese brindis. ¿Sabes? Me recuerdas a Sato.

Haruki dio un sobresalto y volteó a mirarla.

― ¿A qué te refieres?

―Ese perfil que tienes al comer tu dulce. Me recuerda al que tiene el jefe cuando fuma.

― ¿Lo dices en serio? No nos veo ningún parecido.

Ella rio.

―Es verdad lo que dicen, no te miras mucho en el espejo.

―Arregle mi cabello antes de venir. Eso cuenta―trato de bromear.

―Sí, sí cuenta. Pero parece que no te fijas en cosas más sutiles. Los dos tienen la misma barbilla. Viéndote con esa cosa en la boca no pude evitar recordar las ocasiones en que vi al señor Sato fumando en el patio―. Haruki se toca la barbilla. No se fijaba demasiado en las facciones de las personas con las que trabajaba. Menos aún en las suyas. Consideraba bonito su rostro, estaba consciente de ello, pero nunca había sabido decir porqué, cosas como la simetría del rostro o detalle de los pómulos escapaban a su comprensión ―. ¿Ustedes tienen algún parentesco?

―No, ninguno. La única familia que tengo son mi madre y hermanos.

― ¿Qué hay de tu padre?

―Yo no tengo padre. Si hubo alguna vez un hombre en mi vida, quedó olvidado hace mucho tiempo.―bajó la cabeza―No se le puede llamar padre a quien abandona a su mujer e hija.

―Lo siento―contestó apenada―no sabía que era un tema delicado.

―No, no. Descuida―le sonrió para tranquilizarla―No tenías idea. Mejor…háblame sobre Sato-san. Me gusta saber para qué tipo de persona trabajo y hasta ahora no sé nada sobre él. Su vida, sus intereses. Lo único que sé es que le gusta fumar y que es duro como una piedra―sus puños duelen como una, pensó.

―Sinceramente no hay mucho que te pueda decir. Nuestro jefe de seguridad es muy reservado. Y serio.

― ¿Ni siquiera una sonrisa?

Omuro negó.

―En mis 2 años de trabajo le he visto formar una sonrisa. Es un hombre muy estoico, pero igual responsable y respetuoso. Tal vez por lo mismo puede mantener la seguridad en un lugar como ese.

― Entonces ese sitio ¿tiene 2 años?― resultaba extraño, sólo dos años y el lugar ya era asediado por grupos armados ¿Por qué pasaba eso? ¿Qué se hacía realmente en ese terreno?

―Dije que llegué hace dos años, pero ambos edificios han estado activos por más tiempo.

―No los había visto antes. Y conozco mi ciudad.

―No te culpo, es una zona bastante apartada. Casi no hay circulación.

― ¿Cómo llegaste ahí?

Se lo pensó un momento antes de responder.

―Tengo contactos.

Ella podía saber algo. Su jefe era muy renuente a hablar sobre el giro de la empresa. Pero quizás su nueva amiga no vería problema en hablar de ello. En lugar informal y relajado podría obtener respuestas. No lo había pensado cuando salió de casa.

―Yo entré por accidente. Admito que fue impulsivo el derribar a ese hombre, pero oye, ahora tengo trabajo.

―Escuché esa historia. Me preguntaba cómo sería la chica que había derribado a uno de nuestros hombres.

―Espero haber causado una primera buena impresión.

―Sea lo que haya sido me alegra que consiguieras el trabajo. Es grato tener otra presencia femenina. Me sentía extraña siendo la única mujer.

―He pasado por ello.

―Entonces sabes de lo que hablo.

―Así es, estar rodeada de hombres grandes y toscos no es lugar para una dama.―se dio cuenta de que era algo que diría Isuke y no ella―lo que me hace preguntar ¿por qué tantos?

― ¿Qué quieres decir?

―Es algo raro, ver tantos hombres trabajando como guardias de seguridad en un solo lugar. Es extenso pero aún con eso me parece demasiado.

―Sí…es una rareza.

―Bastante, y ahora que mencionas tener contactos, imagino que tú sabes qué es lo que estoy ayudando a cuidar.

Omuro apoyó el brazo en el respaldo de la silla y volteó la mirada a la cocina.

―No hay nada de malo en tener seguridad extra. En estos tiempos no está de más.

―Supongo que no, pero a pesar de eso, tres ataques armados me parecen mucho, incluso en estos tiempos.

La mujer miró a Haruki, sus ojos decían tener todas las respuestas que buscaba.

―Les advertí que no faltarían las preguntas―dijo por fin luego de un suspiro―Nadie puede permanecer ajeno con situaciones que llaman tanto la atención ¿Has hablado de esto con alguien? Sabemos que los nuevos reclutas están empezando a hablar sobre ello.

―Con nadie. Llegué a la conclusión por mí misma.

― ¿De verdad? No te preocupes. No le haremos daño a ninguno de ustedes.

― ¿Hay una razón para que lo hicieran? ―sus ojos ambarinos dilataron sus pupilas por un instante, Omuro siguió hablando como si el comentario anterior no hubiese salido de su boca.

―A fin de cuentas son empleados de la compañía y sirven a nuestros intereses.

―De verdad. He estado tomando turnos nocturnos y he visto esos sucesos de propia mano. Sería una idiota si no me preguntara porque estoy arriesgando la vida.

Ella volteó la cabeza. Estaba sonriendo pero era esa clase de sonrisa maliciosa, aquella que discretamente intentaba decir que cambiaras el curso de la conversación sino querías acabar mal. Era un arma común de las mujeres. La había visto antes en su madre e incluso en Fuyuka. No era de sus armas, pero gracias a ellas dos había aprendido a identificarlas. Le había ahorrado de problemas durante los eventos en Myojo y en semanas recientes con su compañera.

―No hacemos nada ilegal si es que te lo preguntas pero tampoco somos libres de divulgarlo. Ya tenemos suficientes problemas con eso.

―Espera, sino piensan decirnos ¿de verdad esperan que continuemos arriesgando la vida?

―No lo esperan. Son libres de renunciar cuando les venga en gana.

―Nadie habló de renunciar. He pasado por peores situaciones: drogadictos, apostadores, tipos de malos barrios― "Isuke"―, pero siempre he sabido porqué lo hago―hasta donde ella sabía, no estaba segura de que Kato le dijera toda la verdad.

―No te lo tomes personal. Yo también arriesgo mi vida estando ahí y no sé cómo defenderme.

―Pero tú sabes por qué lo haces―le refutó seguido a ese comentario.

Su cita frunció el ceño y bajo los hombros. Parecía estar alcanzando ese punto en el que a velada quedaría arruinada. Y allí se iría la pasta, el Brunello y la conversación.

―Si lo que te preocupa es estar ahí descuida, tú y tus compañeros no tendrán que hacerlo por mucho tiempo más.

― ¿Qué quieres decir?

―Nada. Escucha, me agradas, no nos recomiendan salir con extraños pero quise darte una oportunidad y no me arrepiento de ello, fue una cena agradable y me gustaría repetirla en algún momento. Sin embargo te pediré que no continúes insistiendo o pensaré que la única razón por la que me invitaste fue para utilizarme y reunir información.

―Yo…―se lo pensó un momento, no lo había meditado pero era verdad, si continuaba por ahí volvería a estar como en los primeros días o peor, Satori Omuro parecía una buena persona con la cual entablar una buena amistad, alguien con quien contar―Tienes razón, lo siento, esto es una salida para divertirse, no para hablar del trabajo.

―Muchas gracias, Haruki―dijo y se fijó en su celular. Su mesero se acercó con una pequeña charola color café que llevaba el ticket con la cuenta. Les ofreció una disculpa a ambas por la tardanza, se justificó por la falta de personal aquella noche. Haruki se inclinó sobre la mesa para ver la cantidad total. Sintió ganas de devolver la comida― ¿Cuánto me corresponde? Mitad y mitad estaría bien―dijo Omuro.

―No es necesario―le respondió con esfuerzo ante tan tentadora oferta―Yo te invité y es lo mínimo que puedo hacer después de molestarte―llevó su mano al bolsillo derecho en busca de su billetera pero no la encontró, se extrañó pero sólo buscó en el bolsillo izquierdo. Nada. Buscó en todos los bolsillos de su ropa. Nada―Ammmm… ¿decías que querías ayudar…?

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~

― ¿Cuándo regresará la luz, diosa?

― ¿O cuándo regresará Sabu-nii?

―Alguien debería ir a prender la luz, ser valientes, o sino el monstruo podría venir a comernos sin que nadie lo notara ¡ahhh! ¿Quién me tocó la pierna?―gritó Hana.

―Yo fui, lo siento―dijo una de las tormentas.

―Tengo calor, esta sábana me está dando calor―dijo Misuki ya un tanto sofocada de tantas personas bajo una misa sabana―Isuke, ve a prender otra vez la luz.

― ¿Dónde estás dejando el respeto, cachorra de zorro? Isuke no piensa levantarse de aquí, si quieres revisar la luz, ve tú misma~3

Pero no hubo ningún movimiento de parte de nadie. Había pasado cerca de una hora luego que la luz se había ido y la tormenta parecía haberse tranquilizado o al menos ya no azotaba con la violencia del principio.

―Diosa, pero ¿sí le dio al encendido o apagó las luces por accidente?

― ¡Isuke no es tan tonta! ―pasó un minuto entero en silencio― Caniche, ve a revisar.

―No, no, no, no ―dijo la pequeña en algún lado de toda esa pila de saco de miedo.

―Alguien debe salir de aquí y ver. No hemos ni quitado la película del reproductor. Haruki va a castigarnos si lo llega a ver.

―En vista de que todos son una bola de miedosos, esto es lo que se hará: cuando Isuke cuente tres, todos quitaremos la sábana y prenderemos todas las luces de la casa. Misuki, correrás a la cocina, Akira y Arashi a la de este cuarto, Hana y Yuki las de la sala.

― ¿Y tú a dónde? ―preguntó molesta Yuki.

―Isuke irá por la del otro cuarto―Todos quedaron en silencio, para llegar al otro cuarto había que atravesar todo lo antes mencionado. Posiblemente correr sin luz hasta ese sitio y un pasillo de ese largo a cualquiera le parecería interminable, casi enloquecedor―Cuando Isuke diga tres…todos se quitan la sabana…―cada mano tomó valor y un poco de la sábana―una…dos…―sintió un escalofrió por la columna y un bajón de temperatura le erizó cada bello de su cuerpo, su corazón le palpitaba tanto y tan fuerte que le impedía escuchar cualquier otro sonido― ¡ya!

Nunca la valentía se había encarnado tanto en almas de infantes como en aquel momento, todos cumplieron su parte de jalar las sabanas, tal y como su valiente líder les había encomendado, pero entre todo ese jaloneo y su urgencia por alcanzar el interruptor, terminaron por tropezarse entre ellos, jalarse, enredarse. Terminaron siendo un tumulto de brazos, piernas y gritos, casi llantos, que terminó en la sala. El sonido atronador de un rayo retumbó en toda la estancia; por la mente de Isuke le llego el lejano recuerdo de ella mucho más joven junto con Eisuke, veían los rayos a lo lejos y escuchaban el retumbar de los truenos, él le dijo que no tuviese miedo de verlos, que contara el tiempo que tarda un rayo en tronar y vería a cuantos kilómetros había caído. Pero el trueno no fue lo que los congelo a todos en el acto, sino el sonido de la cerradura siendo forzada, y eso no era lo peor, era apenas el segundo peor sonido de todos, el primero era ese familiar y desesperante sonido de rechinido de la puerta cuando alguien está entrando.

El instinto que Eisuke le había transmitido, el impulso indeliberado que le movió en ese momento. No sabía dónde estaba en la habitación, de quien eran esos pasos, de lo ilógico e infantil que era creer que algo había salido de una pantalla y estuviese tratando de alcanzarlos. Puede que la orden ni siquiera saliese de su cerebro, puede que su pierna actuase por sí sola al no haber reacción en el lóbulo central, que se disparara sola a diestra y siniestra cuando sintió otra presencia ya a escasos centímetros de ellos. Lanzó la patada. Su pie dio con algo duro. Todos los niños gritaron de miedo, luego escuchó a los otros niños gritar también y un golpe pesado contra el suelo. Las luz se hizo en la habitación de pronto y el panorama era: chicos empapados, cajas de pizzas empapadas, un desastre de palomitas y bebidas en la sala, la película trasmitiendo la última y peor escena, y para cerrar con broche de oro, Haruki tumbada en el suelo luego de recibir un golpe trascendental que la dejaría fuera de juego por un rato.

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Las cosas no habían salido tan bien luego que la llegada de Haruki y sus demás hermanos coincidiera en la puerta. Los niños tuvieron que correr a casa cuando el encargado les dijo que no podía mantener más tiempo el local abierto. No era una escena muy feliz, la mitad de ellos mojados, incluida la pizza, y la otra mitad casi muertos de miedo pero con la fuerte convicción de terminar de ver la película.

Entre esfuerzos y empujones dejaron recostada a Haruki en el sillón, las chicas que habían ido con Saburo a comprar pizza prepararon inmediatamente el baño, el pobre tuvo que esperar con el resto mientras la película concluía. Isuke, aunque no quisiera aceptarlo, se había sentado junto a la cabeza de Haruki por miedo y algo de culpa, resentía aún esa intranquilidad a causa de las oscuras escenas. La pelirroja despertó en los créditos finales. Nadie le dijo exactamente cómo había perdido el conocimiento, sólo le hablaron de los gritos, las luces y la pobre, pobre pizza mojada que ahora debía recalentarse a fuego lento en el horno. Tuvo una pequeña riña con Isuke, se suponía que dejaba a todos encargados de una figura adulta y responsable, pero tal parecía que sólo la mitad de esa imagen se cumplía.

La discusión se perdió cuando le echó en cara que en un principio ella no debió haber salido con esa cualquiera de la oficina, y de esa manera se ahorraban todos esos problemas. Los niños fueron a dormir uno por uno, no querían presenciar esa discusión casera y la tormenta ya les había dejado tranquilos para disfrutar de un merecido sueño. Todos merecían descansar, ya era cerca de la media noche cuando cerraron la puerta de Haruki, pero ¿Quién puede dormir luego de ver una película de terror?

El bochorno de la noche hacía estragos en la casa Sagae, sus habitantes, aunque acostumbrados, eran víctima de ese mal llamado sudor. Dentro de la habitación principal, el viejo ventilador con protección oxidada giraba a máxima velocidad, pareciendo que pronto llegaría a su última chispa, soplando con esfuerzo a las jóvenes semidesnudas que se encontraban sobre la cama. El viento chocaba impasible contra la piel expuesta y sudada. Haruki lucía una blusa blanca sin mangas de mayor tamaño que ella junto con un bóxer, se podía ver en su cuello un moratón rojo que poco a poco iba cambiando a morado; Isuke traía su ahora habitual lencería, bragas y sostén negro de aspecto seductor, los mismos que hace poco le había comprado Haruki.

― ¿Acaso nada en esta casa funciona bien? El aire del ventilador apenas alcanza a mover las cartas ―dijo Isuke soplándose con la mano izquierda.

―Gomen pero es lo único que hay, habrá que conformarse con eso ―"Que no mencione lo del restaurante italiano, que no mencione lo del restaurante italiano" pensaba Haruki. Aquello era un tema que hasta el momento había logrado sondear gracias a la sucesos recientes, pero aquella suerte no duraría para siempre.

―Uff, supongo que es lo mejor que Isuke puede esperar de esta casa ―dijo y su concentración volvió al juego.

―Moh, vamos Isuke-sama, ¿no puede pasarla bien sin quejarse? ―sus palabras fueron ignoradas, la vista de la peli-rosa ni siquiera se levantó de las cartas, analizando su próximo movimiento. No le agradaba la idea de que Isuke no estuviera divirtiéndose, ella lo estaba haciendo, pese a todo el recibimiento con patada, pero no se sentía completa si su compañera de juegos no lo hacía. Pronto empezó a buscar una manera de hacerla reír. Al bajar la vista por su cuerpo expuesto encontró su respuesta, sonrío internamente. Isuke bajo una carta para hacer su jugada. La noche y día habían sido muy buenos, quería cerrar con broche de oro y eso era estando bien con la peli-rosa luego de un enfrentamiento de ideas.

―Tu turno ―dijo con una sonrisa, se le veía segura en su juego.

―Oh, sí, es mi turno de mover ―lentamente dejo sus cartas boca abajo sobre la cama, le sonrió a Isuke que de repente estaba confundida, era perfecto, pues no pudo prever lo que vino sobre ella.

― ¡Ahh! ―grito rompiendo la tranquilidad de la habitación ― ¡Qué… jajaja… que le… jaja… que le estás haciendo a Isuke…?

―Se le veía disgustada, así que pensé en animarla un poco ―dijo mientras sus dedos se movían acariciando la planta del pie derecho de Isuke.

― ¡Tú! ¡Idiota! Suelta a Isuke… bu…. Jaja…. Voy a matarte ―sus manos empujaban a la pelirroja que se había subido en sus piernas, intentaba apartarla a un lado para liberarse de esa tortura.

―Jaja. No creó, la veo feliz y me gusta verla así ―no mentía, nunca antes había visto reír a Isuke de esa manera, la imagen le gustaba mucho y disfrutaría de ella lo máximo que pudiera, no se sabía cuándo volvería a presenciar algo que parecía imposible, quizá nunca se repitiera.

― ¡Tú…! Jaja… Isuke te va a… jaja… ¡castigar! ―las manos de Isuke se dirigieron a la barriga desprotegida de Haruki. Sus dedos se revolvieron eufóricos sobre ella. Seguía su juego, infantil para su edad, pero en su cabeza no importaban. Importaba vengarse de esa idiota y hacerle reír hasta que se rindiera.

―Ah… jajaja… No… suelte….

―Te dije que…je… te castigaría…. Libera a Isuke o continuará con esto….

― ¡Nunca…!

La batalla campal se llevó a cabo sobre las tierras bastas y cómodas del colchón. Se retorcían jugando mientras intentaban alejarse la una de la otra para disminuir el daño que se pudieran causar, pero era una tarea difícil ya que tenían bien sostenida la parte del cuerpo que estaban atacando. Este combate de caricias inundaba la habitación con risas a tal punto que se filtraba por las paredes de la habitación. Las chicas no pararon de retorcerse hasta que, entre las risas, Haruki termino sentada sobre el vientre de Isuke desde donde poseía una visión privilegiada de los pies vulnerables de la pelirosada. Al mismo tiempo que atacaba la planta de los pies volteaba para ver cómo estaba su rostro. Isuke le devolvió una mirada cargada de furia y diversión, los cuales podía sentir por como su barriga se contraía bajo su trasero.

La pelirosa tuvo que hacer uso de las pocas fuerzas que pudo reunir para derribar a su oponente. Los resultados de su esfuerzo no duraron mucho. Pronto Haruki se abalanzo contra ella, posicionándose sobre su cuerpo, pero esta vez, cara a cara y casi abatida. El rostro de ambos estaba rojo y la temperatura arriba, la adrenalina las impulsaba, dominaba sus cuerpos. Era el momento perfecto para actuar. Esa adrenalina era necesaria.

De repente las cosquillas cesaron. Se vieron la una a la otra, la sonrisa juguetona, las perlas de sudor, el aliento que no podían contener, y un segundo después, sus ojos se cerraron para dar paso a la unión de sus labios.

Ambas sabían lo que ocurría, pero sus mentes habían volado hace rato por la venta. Tenían la idea de que teniendo los ojos cerrados nada pasaba realmente. Sus labios se movían poco más que nada, pero estaban tan aferrados que al despegarse hicieron un sonido suave que las hizo reaccionar. Apretaron con fuerza los parpados para luego abrirlos de golpe, pero Haruki fue la última en abrirlos era un momento que no podía creer, sensación indescriptible. Ambos iris de color miel se veían sin perder detalle. Estaban sumidas en una estúpida sensación de negación, sabían lo que había pasado, pero no llegaban a procesarlo y no dejaban de preguntarse qué había ocurrido.

Paso un momento, de aproximadamente un minuto, donde lo único que se podía escuchar era al viejo ventilador oxidado y vagamente la televisión de la sala. Como era de esperarse, la primera en habla fue la pelirroja, incapaz de aguantar por más tiempo aquel silencio incómodo.

―Ah… ¿ ? yo… lo siento… no sé porque hice eso… yo…

―Tú…. ―decía Isuke mientras levantaba su mano para cubrir sus labios, ese gesto le pareció muy tierno a Haruki. Recordó su sabor aún fresco en su boca. Trago la saliva que tenía en la boca ―tu acabas de violar a Isuke.

― ¿¡Qué!? ―para ella había dos posibilidades en ese momento, que Isuke estuviera sobre reaccionando a lo sucedido, o que ella se hubiera propasado sin haberse dado cuenta ―espere, eso no fue así.

―Mamá te pago para que mantuvieras a salvo a Isuke y tú… tú… abusas de su pequeño e inocente tesoro. Madre va a matarte.

―Espere, espere, las cosas no pasaron así ―habló sintiendo miedo, no quería imaginar tener que lidiar con ese hombre enojado ―déjeme explicarle.

―Largo… ―dijo Isuke en un susurro.

― ¿Qué?

―Isuke dijo largo ―empujo a la pelirroja y esta cayó de espaldas.

―Espera Isuke-sama, lo siento en verdad, no sé qué fue lo que paso ―dijo mientras se levantaba, la chica se había sentado en el borde contrario de la cama, aún cubría su boca con la mano y, con ella, su sonrojo.

―Isuke te dijo que te largaras…

―Pero… yo no me quiero ir… ―estaba a punto de tocarle el hombro.

― ¡Largo! Isuke te dijo que te fueras, hazlo o te arrepentirás.

Haruki soltó un suspiro de derrota y bajo los hombros. Hizo de su mano un puño apretando su frustración.

―Entiendo, Isuke-sama no está de humor ―no se tomó el tiempo para tomar una almohada o una sábana, caminó directo a la puerta ―Buenas noches Isuke-sama, que descanse ―apagó la luz y cerró la puerta; su hermano volteo a verla, a su hermana mayor sólo en ropa interior con una mirada triste y confundida, se acercó al sillón de la sala y se derrumbó sobre él.

Dentro de la habitación Isuke estaba acostada boca arriba con las piernas dobladas. No dejaba de tocarse los labios, sentía calor, pero no sabía de qué tipo. Sin la voluntad para levantarse y apagar el ventilador, hacia un esfuerzo por escuchar lo que sucedía fuera de la habitación. Estaba completamente avergonzada. Ella, Inukai Isuke, sonrojada como una idiota colegiala luego de recibir su primer beso. Estaba de lo más tranquila besándose con otra chica mientras su madre arriesgaba su vida en el extranjero.

―Oh mamá, vas a enojarte mucho.

CAMARA ENCENDIENDO…

DamyD: ¿Esto aún sirve? Y lo que es más importante, ¿aún nos escucha alguien?

Alex: Hemos encontrado la manera de volver a casa.

DamyD: No hay mucho que decir…salvo… ¡REGRESÉ, EH VUELTO PARA RECLAMAR EL TRONO DE TINTA!

Alex: Mucho tiempo sin actualización. Parecieron vacaciones, pero no lo fueron, fueron días angustiosos terminando los últimos trabajos universitarios y por fin uno de nosotros se encuentra fuera.

DamyD: Sí, y uno de nosotros con trabajo y ejerciendo la profesión ¡Boom!

Alex: Ya somos libres de toda culpa, por lo que podemos intuir que ya no tardaremos tanto. Esta madrugada de julio marca el regreso triunfal de Damy y su trabajo conjunto para hacer que su hija crezca y sea la mejor. Espero les guste, hay partes que me gustaron mucho, me inspire en la canción Killer Queen para la escena de la cena, sería mi favorita en esta ocasión.

DamyD: No tengo más nada que decir, salvo: espero nos reciban con agrado y que hubiera valido la pena. Nos despedimos, no sin antes pedir su sincera opinión, sean creativos, sean animosos, sean cálidos con nuestra llegada y hasta crueles con su sincera pero bien fundada crítica. Hasta pronto, Lector Constante. *guiño*

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