Regresando al cause
La temperatura era muy baja, podía ver su aliento escaparse de entre sus labios tan claramente como sus amoratados ojos se lo permitían. El astro rey le había dejado el escenario a la luna menguante que ninguna luz le proyectaba; pero daba igual, su preocupación no era si el callejón donde estaba plantado estuviese o no iluminado, esperaba a alguien y más valía que ese alguien llegara. Sacó una cajetilla bastante maltratada, se los había robado a uno de los idiotas en el hotel de mala muerte de hace unos días, se puso un pitillo en los labios pero casi muerde el filtro de la frustración de no tener encima encendedor ni nada.
Escupió el cigarrillo al suelo y se recargó contra la pared, en la parte más oscura de aquel callejón. Kao no podía dejarlo allí, se escuchaba muy desesperado en la llamada, pero igual podría ser sólo su imaginación jugando con sus deseos. Recordaba la llamada en aquel apestoso autobús tan claramente.
―Yo estoy bien, Kao, lamento mucho preocuparte―usaba el manos libres para hablar lo más bajo posible sin llamar la atención.
―Eisuke, exactamente ¿dónde estás?― parecía que no estaba en condiciones de hablar muy alto, se escuchaba alterado pero no gritaba.
―Yo…no lo sé, eh estado tomando autobús tras autobús. Estoy en una ciudad cercana pero aún no puedo volver contigo Kao. Estaré allí pero no hoy.
― ¿¡Qué!? ¿¡De qué estás hablando, Eisuke!? ―se escuchó como se disculpaba con las personas con las que estuviese, pasos apurados en un pasillo de mármol y una puerta cerrarse―Eisuke…no me hagas esto, ¿dónde carajos estás?
La reacción de su pareja le hizo entrecerrar los ojos, entendía que no era una situación cualquiera, entendía que la preocupación lo estaba sobrepasando, entendía que todo era mucho más grande que lo que podía dominar por sí mismo, pero…escucharlo a él hablar de esa forma, perder la cordura, la cabeza de esa manera, sólo solidificaba lo mierda que era la situación. Trago saliva y tomó el poco valor que no se había escapado cuando escuchó a Kao maldecir.
―Te veré pronto, necesito hablar contigo pero no puedo decirte a qué hora ni en qué momento…
―Eisuke, no vayas a colgar ese teléfono…no se te ocurra colgarme.
―Te mandaré un mensaje. Sólo quiero decirte que te amo, que lamento mucho que todo esto esté pasando…
― ¡Eisuke! Maldita sea, dime qué está ocurriendo, ¿dónde estás?
―Te amo, debo irme.
Y colgó. Al día siguiente le envió un mensaje diciéndole que sería el día lunes en punto de las 7 de la mañana. Lo que quería decir en la hora japonesa: en ese mismo momento, a esa hora, justo en el callejón alado del restaurante que daba esas servilletas membretadas en donde había escrito. Esperaba que lo entendiese. De verdad que sí. Kao era un hombre muy inteligente, podía notar muchos detalles y encontrar la solución donde fuera, su único defecto era lo inocente que podía llegar a ser, tan amable, tan pacifista, queriendo ver el lado positivo a las cosas y dando la confianza por sentado en una relación, creyendo que si no ocultaba nada, la otra persona tampoco lo haría. Eso fue lo que enamoró a Eisuke, no tener que ocultarse, no estar preocupado de que alguien husmeara entre sus cosas. Que se metiesen en sus asuntos. Con Kao nunca fue así, podría regresar a las 4 de la madrugada con menos ropa de la que se fue y él sólo se preocuparía de que pescase una neumonía. Su mayor defecto, amar arrebatadamente con una confianza ciega que podía robarle el sueño en ocasiones.
Y lo amaba, no cabía duda. Estar con Kao era de las pocas cosas buenas en su vida y estaba a punto de echar a perderlo todo. Hay un límite de lo que una persona puede aguantar por amor y Eisuke estaba a punto de poner a prueba lo que ese hombre sentía por él.
― ¡Al fin te encuentro! ¿Dónde carajos habías estado? ―debió haber estado muy metido en sus pensamientos, porque ni siquiera lo vio llegar. Kao estaba irreconocible, su facha era el de un desquiciado así como los ojos y el volumen de sus alaridos.
No pudo ni contestarle o pensar siquiera en una respuesta coherente, el frio choco contra el calor en aquél asqueroso callejón y en poco ese fervor le robaba el aliento internándose más y más en su boca. Kao lo tenía fuertemente agarrado del cabello, empujándolo con todo el cuerpo contra el muro de concreto a su espalda. Esperaba más gritos, esperaba una media mirada de esos ojos que siempre le mostraban afecto, esperaba reclamos o preguntas casi imposibles de contestar, pero no esperaba que le atrapara en un abrazo imposible de soltar, tampoco un beso que casi le lastimaba, pero nada de eso llegó a ser más que un pensamiento pasajero. No tardaron sus brazos en encontrar su lugar en el cuello de Kao, maldito si lo soltaba, necesitaba con tanto desespero ese beso, ese abrazo en que volvía a sentirse completo, no sabía cuánto extrañaba a aquel hombre y no le importaba nada de afuera, podían dispararle justo en la cabeza si querían, porque de soltarlo estaba seguro que no podría con nadie de ellos, pero estando con él podía joderse al mundo entero. Todos podían irse a la mierda en ese instante.
No supo qué ocurrió, incluso se planteó la posibilidad de que los malnacidos perros hubieran hecho que Kao lo llevase a aquella habitación donde ellos mismos se encargarían de él, para que le dejara en paz de una vez y para siempre. Pero ese pensamiento duró sólo el tiempo que le tomó quitarse los zapatos y la camisa, al diablo con las sospechas, podía cortarle el cuello mientras se la chupaba, de hecho…por ese mismo camino iban. Kao no tenía los músculos que él trabajaba pero se las arreglaba muy bien para cárgalo, moverlo y ponerlo donde quería, no era gordo, pero sí una talla más grande tanto en altura, como anchura y hasta envergadura. Sentía la boca inflamarse por las mordidas que le estaba dejando, el cuello le picaba en cada lugar que dejaba marca peor ninguno de esos dolores apagaban el ardor que sentía en su miembro sino al contrario. Sólo podían escucharse los jadeos guturales de ambos hombres. Eisuke bajó mordida a mordida, lambida a lambida hasta situarse entre sus piernas y metió todo en su boca, se turnaba entre la felación y masturbarlo junto consigo mismo, tan rápido y duro como podía y cuando estuvo a punto de obtener algo de esas bolas, Kao lo apartó, tumbándolo por completo en la cama.
Sintió como su miembro era acariciado, así mismo sus pelotas y una pulgada más adentro suyo, el conocido tacto de los dedos de su pareja estimulándole; Kao ocupaba su boca lambiendo aquello en lo que sus dedos se colaban, donde se erigía su altar de Sodoma.
―Eres un desgraciado, te fuiste sin decir palabra. Yo empezando a creer en lo peor―se le colocó arriba, posicionando las rodillas a la altura de sus caderas, sentía claramente la punta resbaladiza en la entrada de su orificio―Te había pasado algo, alguien te había hecho algo, o simplemente…me habías dejado.
Y en la última silaba arremetió contra él, sin consideración, se metió por completo como si quisiera empalarlo. Pero no era castigo, dolía, vaya que dolía no estar del todo listo, pero también se sentía muy bien, esto estaba escalando a saltos agigantados a la mejor y más dura cogida que le hubiesen dado en la vida. Gritó aferrándose a él y se sintió tan débil que tuvo la certeza de desmallarse, pero una a una las oleadas con que golpeaban su intestino lo traían de vuelta. Al responder casi se le quebraba la voz. Aquello podía considerarse violación por el dolor que le estaba infringiendo pero aún con todo y eso su miembro no dejaba de gotear de la excitación.
―Jamás te abandonaría…―sus uñas se aferraban a la espalda de Kao, su voz sonaba tan jadeante que cada beso se sentía beber la esencia del otro, una extraña miel dulce entre lo salado que ya había probado―nunca…nunca…Kao…lo siento, lo siento.
Sintió como se retiraba de tan adentro que se encontraba, fue doloroso pero no perdió el tiempo. Bajó de la cama y acostó medio cuerpo en esta boca abajo, dejando bien plantados los pies en el suelo. Una lengua dejo una estela brillosa de saliva y llegaron con esta las embestidas, mucho más rápidas y profundas que cuando estaban ambos en la cama.
― ¿Dónde estuviste? ¿Estabas con alguien? ¿Por qué no me llamaste antes y quién te hizo todo eso en la cara? ¿Qué está pasando, Eisuke? ¿Qué está pasando? ―eso era un juego muy sucio, Kao sabía que no podía mentirle cuando tenían ese tipo de momentos, todo desaparecía de su cabeza y sólo eran ellos en su ciudad de Sodoma. Trató de huir, subir a la cama y alejarse de esa follada pero lo sujetó bien, con ambas manos, un mucho más abajo que la otra tocándole, de arriba abajo― Eisuke…Eisuke…
―Kao… Lo lamento, lo lamento mucho…. Perdóname…―sintieron como toda la fuerza se escapaba de sus cuerpos, temblando agonizantes por una milésima antes de desmoronar en la cama, sudando uno sobre el otro. Tal vez fue el sexo, tal vez lo lastimado que se encontraba, pero Eisuke no pudo contener las lágrimas y antes de caer en la inconciencia del sueño dijo unas palabras tan simples pero explicaban todo lo que era él, no supo si lo escuchó o no, porque Kao no se molestó en romper el sueño en que se había sumido. Durmieron hasta tarde o al menos lo hizo él, porque a la mañana siguiente, cuando el medio día ya había dejado paso a la tarde, la ropa del moreno no estaba pero sí un par de cheques de viaje.
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Entre más tiempo pasaba en el mismo lugar más frio empezaba a sentir. Ya llevaba media hora sentada frente al escritorio de Sato, en el punto exacto que el aire acondicionado golpeaba directo, y para ese punto su saco ya no era de mucha utilidad. El hecho de que la oficina de su jefe no tenía ventanas y el único lugar por donde podía escapar la frialdad de la habitación estaba cerrado, hacía que el lugar se convirtiera en un pequeño frigorífico en el que ella estaba almacenada.
"Esto es irreal, la última vez la temperatura no era tan baja" pensó cuando sintió la necesidad de frotarse las manos. Pero no podía hacerlo frente a ese hombre o mostraría debilidad. Se resignó a apretar sus puños contra las piernas y que sus dedos se acariciaran entre sí.
― ¿Cuántos miembros conforman tu familia?
Al medio día Sato la llamo a su oficina. Aunque al principio estaba desconcertada, Haruki fue sin pensarlo demasiado. Había desarrollado una relación que describía como sana con su jefe, y estaba segura de que hacía un buen trabajo en los últimos días, sin mencionar el esfuerzo que ponía en mejorar durante sus entrenamientos. No debería ser para una llamada de atención. Sin embargo, su desconcierto se hizo mayor cuando el mandamás de los guardias empezó a realizarle preguntas personales. Parecidas a las que le hizo en su entrevista de trabajo, si no es que las mismas.
―Once personas en casa. Somos diez hermanos y mi madre.
― ¿No estás exagerando? ― pregunto levantando una ceja.
―No señor ¿Por qué habría de hacerlo?
―Es muy común que los postulantes mientan en su solicitud de trabajo, su vivienda, su situación económica, su familia, todo con el fin de llegar al corazón de quien contrata.
Haruki sonrío.
―Para bien o para mal nunca he tenido necesidad de eso. Sé que suena como algo difícil de creer, y no es el primero que no desconfía de lo que digo, pero le aseguro que es verdad. La razón de que venga aquí todos los días, es por ellos.
La miro unos momentos antes de volver a abajar la vista hacia los papeles que tenía en la mano. Tomaba su elegante pluma de un coloro negro metalizado y escribía sobre las hojas. Desde que el interrogatorio comenzó había seguido la misma rutina. Hacía una pregunta cuya respuesta ya tenía, al obtenerla la escribía y entonces guardaba silencio mientras leía por un par de minutos antes de volver a hacer otra pregunta.
No sería tan molesto para ella si el clima de la habitación fuera aceptable. Pero era tan frío como lo era en apariencia la oficia. No había cuadro alguno en la pared, ningún adorno en los estantes o en el escritorio. No había nada que lo conectara con algún familiar o un amigo, nada que conectara con alguna pista de su pasado, nada que dijera quien era. Aunque en realidad la propia habitación hablaba por él. Perfectamente ordenada, fría y estoica como el dueño.
― ¿Qué pasa con tu padre?
Haruki hizo una mueca.
―No tenemos un padre.
― ¿A qué te refieres con que no tienen un padre?
―Es exactamente lo que estoy diciendo. En mi familia no hay una figura paterna.
―Comprendo exactamente lo que quiere decir, Sagae, pero requiero que usted me dé una respuesta más precisa que esa.
―Me refiero a que, en términos prácticos, no hay nadie allá afuera rompiéndose la espalda para traer comida a casa, o si quiera en casa vigilando a mis hermanos, o a mi madre por su enfermedad. Dependemos solamente de nosotros y de nadie más ¿Le basta con eso?
Haruki bajo la cabeza, tenía una mueca en el rostro. Ante su respuesta su jefe ladeo la cabeza y emitió un pequeño gruñido. No dijo nada más. Hubo silencio que empezaba a prolongarse en el que solo el aire acondicionado hacia ruido. Ni siquiera escucho el sonido de las hojas o la pluma moverse. Estaba concentrado en ella. No necesitaba voltear para saber que la estaba observando.
―Oiga, lo siento mucho. No debí responder tan bruscamente. Es un tema delicado, no me siento cómoda hablando de ello, ni siquiera con mi familia.
―Está bien, Sagae. Puedo dejarlo pasar. Estoy por sobre todo lo demás, intrigado, por tu súbita explosión. Hasta ahora no había visto que tus sentimientos te superaran.
―Hay cosas que uno puede manejar.
―Lo entiendo. Eres una mujer después de todo.
Eso le hizo soltar una risa. Ahí estaba ella, hablando de cosas que tocaban su fibra sensible, con un hombre mayor de actitudes machistas con pensamientos de la vieja escuela. Y sin embargo…
―No puedo decirle que fue lo que paso con la figura paterna, solo puedo decirle que desde hace tiempo en nuestro hogar no ha habido una en nuestra familia. Quizás mis hermanos la habrán encontrado en algún profesor, o en nuestro hermano de en medio, o en mí, creo que hago muy bien el papel. Y a decir verdad, usted es lo más cercano que he tenido a un padre en mucho tiempo.
Ahora fue el turno de Sato para reír.
―Me sorprende que digas eso, has tenido el mismo trato que tus compañeros.
―Lo sé y creo que a eso es a lo que me refiero. Me ha tratado como a una igual durante todo este tiempo y ha creído en mí
―Debes haber pasado por muchas dificultades para considerar que fui amable contigo.
―Quizás amable no sea la palabra, pero, en mucho tiempo ha sido el único hombre que me ha enseñado algo bueno.
―No haces más que confirmar lo que digo.
Haruki sonrío y se encogió de hombros. Él era su mentor y su jefe, uno de verdad que velaba por la seguridad de sus empleados. Los sujetos para los que trabajó en el pasado, como Kato, no les importaba el peligro al que se expusiera. Para ellos no hubiera sido más que una perdida monetaria. Empezaba a tenerle confianza, la suficiente para contarle poco a poco sobre su pasado, si es que este no le tomaba todo el brazo.
―Tuve que trabajar bastante para sobrevivir. No es fácil mantener una familia de once ¿Lo ha intentado? A veces eran trabajos dignos y a veces eran cosas de las que me seguiré avergonzando.
Sato arrugo la nariz y en seguida saco una cajetilla de cigarros del interior de su saco. Su encendedor cromado de plata tenía la figura de un águila en uno de los costados, al parecer los coleccionaba. Tenía estilo y elegancia al mismo tiempo, una combinación difícil de alcanzar. Fumar tenía muchas cosas que le desagradaban, pero ella admitía que esos encendedores se vestían bastante geniales.
―No, no lo he intentado. Sin embargo, hay algo que llama mí atención, haz dicho que son una familia de once personas la cual tu mantienes, de los cuales nueve son tus hermanos y el restante tu madre ¿Qué es lo que pasa con ella?
Ella vacilo antes de poder decir algo y bajo la mirada.
― ¿Es otra de esas cosas personales? Sí es así, es libre de no responder la pregunta.
―No se trata de eso ―aquí es donde empezaba a valer la confianza―Mi madre no se encuentra bien. No recuerdo exactamente cuándo empezó, pero ella sufre de males renales. Probablemente tuviera eso consigo desde mucho antes de que los malestares comenzaran y nos diéramos cuenta, o quizás ella ya yo la sabía, pero no nos dijo nada porque no quería preocupar a nadie ya que así es ella. Pero llego un punto en que no podíamos simplemente ignorarlo. Aproximadamente un año después de que mi hermana más joven naciera, mamá tuvo que ser internada en un hospital para recibir tratamiento. Tratamiento que no parece funcionar. Han pasado casi tres años con visitas regulares al hospital y casi un año desde que ella está en cama y aún no vuelve a casa. Es difícil hacerse cargo de todo, pero no creo que para ellos haya sido más sencillo. No imagino como debe sentirse Mei que apenas y conoce a nuestra madre ¿Y cómo hacerlo? Ella está dormida la mayor parte del tiempo así que las visitas no son muy animadas.
―Te agradezco por compartir conmigo eso. Debí haber ignorado esa pregunta. Lo lamento mucho, por su situación.
―No pasa nada. Usted solo cumple con su trabajo, y, nada de lo que paso fue su culpa.
―Sí ―hizo una pausa tal vez demasiado larga―pero no hay nada de malo en dar tu apoyo a quien lo necesite.
― Es cierto. Se siente bien poder contárselo a alguien más… ―entonces tosió. Frente a su rostro había una considerable cantidad de humo, notó que el cigarro que había sacado ya estaba destrozado contra el cenicero. Su jefe se mostraba ofuscado. Instintivamente trato de alejar la neblina de su rostro.
―Bueno, creo que has pasado la entrevista Sagae, de nuevo. Felicidades.
―Gracias, pero ¿A se debe este interrogatorio? Ya había pasado por uno así.
―Supongo que no habrá problema con que te lo diga. Veras, nos hemos dado cuenta que últimamente has estado indagando en las actividades que se realizan en este lugar, y eso, ha preocupado a mis superiores.
Se hizo la desentendida. Puso la cara de incredulidad que su familia sabía poner, esa que habían estado practicando en las últimas semanas con su invitada.
―No sé a qué se refiere. Quiero decir, no tengo idea de lo que hacen aquí pero no me he puesto a investigar sobre ello.
―No es necesario actuar como si nada hubiera pasado. Tenemos cámaras en este lugar Sagae, sabemos que tú y tu compañero, el de pelo rubio, han estado hablando sobre eso durante sus patrullajes en el edificio A. Tenemos ojos y oídos sobre todos ustedes.
De repente tenían un gran trago seco que descendía por su garganta. Es lo que había temido. El canario. Ahora él estaba en problemas. Todo por su culpa, por querer hablar de sus preocupaciones con alguien a quien le vendría mejor no saber sobre ellas.
―Eso es verdad, pero es algo completamente normal. Estamos aquí la mitad del día arriesgando nuestro pellejo por algo que no sabemos, no hay nada de raro en que dos compañeros discutan sobre eso
―Hay una razón por la que tu compañero no tuvo que hacerme una visita ―esperó a que continuara con lo que tenía que decir, su jefe la miraba como si esperara a que confesara su crimen ―Él no salió con otro trabajador para hacerle preguntas.
Se empezaba a sentir cada vez peor. No solo había implicado a Toboe, ahora también la señorita Saori estaba implicada. Últimamente le causaba molestias a todo el mundo, sus hermanos, sus compañeros de trabajo, a Isuke. Todo eso había sido una cita para pasarla bien. No tenía idea de que causaría más problemas que alegrías el ir a comer una pasta preparada por putas.
― ¿Cómo se enteraron?
―Como ya le dije, los tenemos vigilados. Además, la señorita Saori es una trabajadora completamente leal a la empresa, no tomó mucho antes de que nos reportara lo que pasó.
Había sido ella. No podía sentirse traicionada. No era su cómplice ni una amiga cercana. Quizás la había hecho sentir utilizada, más de lo que había dejado ver esa noche antes de irse. Tendría que disculparse con más ahínco cuando volviera a verla. Pero, aun así, sentía un leve dolor en el pecho.
Auch
―Le juró que esa no fue mi intención ―dijo escandalizada, como si estuviera en juicio que va perdiendo ―yo solo quería salir una noche con alguien del trabajo y hacer una amiga. Yo creí que si me llevaba mejor con la recepcionista, la entrada por la mañana sería más fácil. No parecía que yo le agradara cuando llegue.
―Eso mismo es lo que nos dijo ella, y le creo ―hizo una pequeña pausa para que Haruki captara el mensaje, no era necesario alterarse, y todo eso indicado por el movimiento de la cabeza. Ella recobro la compostura y volvió a su lugar ―Como ya te he explicado estas son ordenes que vienen de arriba. Quieren que me asegure que no eres una amenaza para nuestro trabajo. Llegaste aquí por mera casualidad. Parece demasiada suerte así que comprendo las preocupaciones que tienen sobre ti.
―Una gran coincidencia, sí, pero solo eso. No pueden culparme por haber tenido un golpe de suerte.
―Descuida Sagae. Esto es solo de rutina. No puedo negarme a una orden de mis superiores. Se sentirán más tranquilos en cuanto les entregue los resultados de nuestra conversación.
Haruki suspiro.
―Eso me alegra, solo…―apretó los puños contra sus piernas antes de continuar con lo que tenía que decir ―espero no decepcionarlo con lo que haré. No puedo dejar pasar esta oportunidad. Me gustaría saber ¿Qué es lo que hacen aquí?
Sato le siguió la corriente y le devolvió suspiro.
―No es algo que tú y los que llegaron contigo estén autorizados a saber. Deja de indagar en el asunto antes de que llames mucho la atención. Si sigues así llegara un punto en el que no seré capaz de protegerte.
―No puede esperar que simplemente haga eso. Vengo aquí cada día arriesgando mi vida, junto con el resto de mis compañeros, sin saber si quiera porque lo hacemos. He trabajado en ambientes peligrosos antes, con el tiempo incluso me acostumbré y aprendí a no quejarme, pero en aquellas ocasiones sabía porque lo hacía, sabía porque estaba en juego mi pellejo.
―Si te parece muy peligroso eres libre de renunciar y retirarte. Cuando ustedes ingresaron aceptaron las condiciones que les dimos. Una paga considerable tomando en cuenta el número de horas a cambio de su confidencialidad y la aceptación de la nuestra.
Sato se levantó de la silla y rodeo el escritorio. Se acercó hacia la puerta con tranquilidad y se detuvo entre ella y la puerta mientras sostenía la perilla.
―No voy a renunciar señor, yo nunca tiro la toalla ―dijo resignada, era buena para entender la señal de que el tiempo de las preguntas, sea quien fuese, había terminado. Sabía muy bien que tenía un trabajo que hacer y que el jefe de seguridad no podía pasarse todo el día en su oficina respondiendo preguntas―El último mes fue una bendición para mí, claro que vino con su maldición de por medio, pero aquí estoy yo, saliendo adelante con mi familia sobre los hombros. Sin embargo, no puede culparme por sentir curiosidad en esta situación. Incluso preocupación ¿Qué pasaría con ellos si algo llegara pasarme?
Ellos. Lo más pequeños ¿Valdrían la pena como para sacrificarse así o ella simplemente era esa clase persona? La respuesta más simple era que eso hacían los mayores, se encargaban de los menores, aunque estos fuesen un desperdicio de la sociedad. Viéndola a ella ese no podía ser el caso.
―Más que una hermana mayor, actúas como si fueras un padre de familia. Pareces una persona de confianza, que hace lo que hace por los que tiene que cuidar. Es muy noble morir por las personas que amas como tú lo haces ―lo miró con una gran sorpresa, esas palabras retumbaron dentro de ella ―En algún momento, si es que decides seguir con nosotros, te contaré todo lo que quieras saber sobre este lugar, y sobre mí. Si vas a ser parte del equipo permanente es necesario que conozcas la historia de los demás, así como nosotros la tuya. Pero eso será si decides quedarte con nosotros el tiempo necesario. En realidad, algunos de los tuyos ya han tirado la toalla.
Pensó en que quizás el canario lo hubiera hecho ya sin decirle.
―Está bien, entiendo. Será mejor que pare con las preguntas por un tiempo antes de que me meta en problemas. Lamento haber tenido que hacer que pasara por esto.
Se levantó de la silla, alegre de por fin poder salir de ese congelador. Sin embargo, tenía la cabeza abajo. Salía de ese lugar sin conseguir nada y con lo que ella sentía era un regaño.
―No hay ningún problema. Si hubiera estado en tú lugar hubiera hecho lo mismo. Tal vez te alivie saber que, si algo llegara a pasarte, me encargaría personalmente de que tu familia tuviera todas las necesidades cubiertas.
De inmediato Haruki levantó la cabeza a su jefe y le miro con un rostro cuya incredulidad le daba vida.
― ¿Lo dice en serio? ¿Por qué haría algo así por mí?
―Está en tu contrato Sagae.
― ¿Eh, de verdad?
―Cuando llegues a casa hoy dedícate a leer esas hojas de papel. Es una orden, me doy cuenta de que no te tomaste el tiempo de hacerlo. Mientras estés trabajando en este lugar tienes acceso a un atractivo seguro de vida para ti y tu familia. En caso de que algo te ocurra. Los que viven bajo el mismo techo que tú recibirán una cuantiosa cantidad por cabeza. Quizá pedimos mucho de ustedes, pero no somos monstruos.
―Morir para que los míos estén bien. No es como si no lo hubiera intentado antes ―sonrío, se sentía nostálgica de repente, no era el lugar para dejar escapar sucesos del pasado ya que de inmediato noto la mirada inquisitiva de su maestro ― No pasa nada, pero antes de retirarme tengo que hacerle una última pregunta ¿Por qué este lugar esta tan frío? Casi no siento los dedos.
―Llevo en esta oficina un tiempo considerable, las temperaturas bajas no me afectan como antes. Además, me facilita llevar el control de la discusión, hace que los novatos no piensen con claridad y se pongan nerviosos.
De alguna manera parecía que había logrado que Sato se riera y bromeara. Sentía que después de un mes no estaba nada mal. Tal vez si seguía esforzando en otro mes lo escucharía hablar de su equipo favorito y de la comida que le gusta. Por ahora era una victoria para disfrutar, debía retirarse mientras estaba ganando.
―Es un truco muy sucio.
―No criticare lo que tu hiciste si tu no criticas lo que yo hago.
―Creo que eso es justo.
― Antes de que te retires, mencionaste que tu madre se encuentra internada en el King Clinic ¿Verdad?
―Así es ¿Por qué pregunta?
―Tengo que confirmar las cosas para entregar un reporte verídico.
―Lo comprendo. Con su permiso jefe.
Atravesó el umbral y se dirigió a su puesto. Todavía era medio día y quedaban varias horas para que llegara la hora de salida y Sato querría que las cumpliera con diligencia. Así sería, se sentía más cómoda con su trabajo después de esa conversación. Parecía que entre más tiempo estaba ahí más amigos hacía. El sujeto molesto ahora era el alivio cómico. La recepcionista amargada ahora era una amiga ofendida, eso se podía mejorar. Y su jefe tan estricto y exigente ahora era un mentor paternal. Quizás lo mejor de todo es que ahora no tenía que preocuparse por sus hermanos si le algo le pasaba. Estaban cubiertos y con eso podía dejar de preocuparse por lo que hacían ahí, al menos hasta que la curiosidad volviera a picarle. Parecía demasiado bueno para ser verdad. Tendría que revisar el contrato al llegar a casa para saber si era verdad. Aún que no hallaba razones para desconfiar de Sato, había que hacerlo para conocer todo al respecto.
Y porque había sido una orden.
Ella llevo tranquila el resto de su día en el trabajo, incluso en los últimos momentos de tensión física donde tenía que entrenar, al menos hasta que llegara el momento de confrontar a Isuke. Pero eso sería más tarde en la noche. Revisaría el contrato y hablaría con ella para poner las cosas en su lugar. Tendría que hacerlo para poder volver a dormir con ella como antes. Pero eso sería más tarde esa noche. Más tarde esa noche, Haruki pensaría que en ningún momento de la conversación, había mencionado el hospital en el que estaba su madre.
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― ¿Isuke-sama va a seguir fingiendo que no existo?―sin respuesta sólo se escuchaba el agua cayendo, la chica, no bien terminó con su cena, corrió rauda a la cocina para lavar la bajilla antes de tener que quedarse a solas con Haruki, como era costumbre.
Isuke no era una cobarde, de hecho se mofaba y eran blanco de sus burlas aquellas personas que mostraran un pequeño signo de temor en las maneras de manejar sus vidas. Siempre hacía cuanto quería, aún si aquello le podría resultar aterrador. En las primeras misiones reales con su madre temblaba de miedo, apenas controlaba su infantil vejiga y le resultaba imposible apuntar correctamente debido al temblor de sus manos.
Existía un recuerdo que le aquejaba por las noches, una dualidad entre el viejo recuerdo nebuloso y la voraz pesadilla nocturna. Frente a ella estaba una mujer, tendría tal vez 35 años o más, su mente no lograba ponerle nombre y presencia a aquella, pero temblaba, quizás igual o más que ella misma; sólo con la apariencia Isuke podría decir que era coetánea a su propia madre, que en la pesadilla, el cañón de su arma estaba levemente desviado a su propia cabeza y no a la de la otra mujer. Isuke tendría quizás 12 o 13 años, apenas saliendo de su capullo de ninfula para desarrollarse como adolecente, pero pese a aquella corta edad, sabía, tan sólo en teoría y a punto de pasar a lo práctico, lo que jalar del gatillo representaba. Eisuke le indicó, horas antes cuando conducía en dirección a su objetivo, que no perdiera de vista los ojos de su objetivo, por más difícil que le resultara. En su momento, su inocente mentecilla no había comprendido a qué dificultad podría referirse. Era en ese momento, ese en que no podía jalar del gatillo, en que aquellas palabras cobraban sentido, esa mujer podía tener hijos, esposo, un perro, tal vez padres o sobrinos, amigos que debían estarla esperando en algún bar para contar cómo había ido la semana o si planeaba ir a la fiesta que organizaba la oficina. Eran muchas personas que conocían a aquella mujer, esos ojos, esa desesperación, quería apartar la mirada, voltear a otro lado y que echara a correr lo más rápido que aquellos tacones de mujer de oficina le permitieran.
Y entonces, Eisuke modifico un par de conectores en su cabeza, apretó y desatornillo pernos y cables morales y empáticos con una frase "Los cobardes nunca duran, los que dudan no prosperan y los que no pueden jalar del gatillo son escoria para mí. ¡Dispara ya!". Y disparó. En la nebulosa del recuerdo ella disparó, a la vez que de su boca brotaba un grito angustioso al sentirse salpicada de aquel líquido caliente. Pero en la negrura confusión del sueño, su madre tomaba aquella arma sobre su mano, y ponía el cañón en su rosada boquita. "¡Cobarde!" le gritaba él, "Maldita cobarde" y mientras despotricaba, Isuke movía las manos tratando de sacarse el arma de la boca y viendo, con horror como la persona que había salvado, huía sin mirarle siquiera. Y cuando escuchaba el disparo y su mandíbula sentía el retroceso de la endemoniada arma, ella despertaba sobresaltada, casi empapada entera de sudor y al borde del llanto. Por un mes entero odió a su madre, lo odió y deseo que le hubiera dado muerte junto a toda su familia, cayó enferma en cama por dos semanas, una enfermedad que ningún pediatra podía diagnosticar, la enfermedad del homicidio.
Recordaba que su padre la cuidaba, estaba al pendiente de todo cuanto pudiera hacerle falta y se mantenía tranquila cuando aquel moreno se paseaba alrededor, pero el terror la dominaba cuando debía irse a trabajar y se quedaba sola con Eisuke. Tapaba su cabeza cuando él se acercaba, respondía con monosílabos a sus preguntas y aunque muriese de hambre, mentía con tal que se fuese. El peli-blanco fue paciente, comprendía aquella aptitud tan esquiva y temerosa pues incluso él mismo cayó en ésta cuando lo iniciaron. Por lo que dejó a Kaho hacer lo que pensaba era mejor, hasta el día que éste se fue en un viaje de dos semanas y llamaron para un encargo. La pequeña se negaba a ir, apenas y se movía debajo del desastre que eran sus sabanas, hablaba con voz tan tenue que le costaba escucharle, tan contraria a unos años antes cuando ya gritaba a todo pulmón en el departamento que sería la heredera del gran Inukai Eisuke, el zorro blanco de la muerte. Cuan orgulloso y lleno de realización personal sentía al ver a aquella niñita dispuesta a dispararle al mundo entre los ojos y ahora…era sólo otra cachorrita asustada. Se había dicho que no usaría aquel medio por más desesperada fuese la situación educando a su propia manera a una niña pero no le quedaban muchas opciones.
Arrancó de un tirón aquellas mantas que servían de protección y tomó a la niña del cuello como si su pequeña zorrita se tratara. Ésta chillaba y se retorcía por librarse y él sacó del bolsillo un revolver al que le había quitado todas las balas pero esto no lo sabía Isuke. "Cuando te saqué de las calles, no veía miedo en tus ojos, vivías con bestias y al quitarte lo único bueno de tu vida les habías perdido el miedo porque ya nada podían hacerte que fuese peor a lo que habías contemplado, pues bien…ese miedo ha vuelto, y tienes que perderlo o perderás la vida, porque no eres Isuke en éste momento, eres esa chiquilla harapienta que recogí de una pocilga y Eisuke no tendrá eso como heredera, Inukai Eisuke tendrá a Inukai Isuke de heredera" Todo aquello martillaba en su mente infantil pero altamente consiente de la situación, sentía el sabor salado y metálico de aquel endemoniado artefacto y el potente agarre en su cuello, no había salida. Click. Quería hacerse en la faldita "Sólo los cobardes mueren, ¿tú eres cobarde?" Click. El tambor se movía "Entonces no eres Isuke…" click. "Eres sólo una mocosa harapienta que no sabía dónde se metía, me decepcionas…" Y desvió la mirada, ¿no iba a verla? ¿No iba a ver cuándo la vida escapaba de sus ojos? ¿Tanto por lo que la había hecho pasar y no se dignaría de verla? Y algo hizo click, pero no fue el arma, fue ella misma poniendo el seguro al arma y cuando su madre volteó a verla, lo que recibió fue un puño infantil en la cara y la pequeña quitándole el arma y disparando pero sin éxito.
Aquel momento había sido uno de los más decisivos en su vida. Nunca lo había hablado con nadie. Absolutamente nadie, porque no tenía caso. Esa noche Eisuke rio como nunca lo había escuchado, la levantó en brazos y llenó su cara de besos. Ni siquiera le importaba que hubiera intentado dispararle. No fueron a ningún encargo, se pasaron la noche entera en todo el entretenimiento que Isuke quisiera. Luego de ello, cuando tenía miedo o dudas antes de hacer algo, sólo debía recordar aquel momento en su cuarto, cuando su madre la obligaba a jugar a la ruleta rusa. Nada era, en comparación, peor y más terrorífico que aquel recuerdo.
Por cuanto y más, la situación, el miedo que estaba sintiendo era absurdo.
Escapaba de Haruki, de quedarse a solas con ella. Inventaba mil y una escusas así como encontraba cientos de lugar para ocultarse en una pequeña casa. Era tan obvio su actuar que incluso Saburo le preguntó si había pasado algo entre ellas. Obviamente lo negó. Pero en una casa tan pequeña no se puede escapar para siempre e Isuke estaba acorralada.
―Isuke no quiere hablar contigo―allí estaba el primer zarpazo. Si acorralas a una fiera por instinto peleará para poder huir. Isuke ahora era una cobarde como muchos, pero así como muchos lo son al amor.
Se había hecho una maraña de nervios, no entendía por qué había ocurrido ese beso ¿Había significado algo para Haruki? ¿Le gustaba y esa era su tonta manera de demostrarlo o su reacción sólo había servido para alejarla? ¿Ocurriría de nuevo o no volverían a tocar el tema luego de las disculpas protocolizadas de esa misma noche? Para ella misma había una cosa clara de todas esas preguntas y es que lo había disfrutado y quería repetirlo una y otra vez. Y eso mismo era lo que provocaba tanto miedo, fácil admitir lo que sentía porque en su vida había sentido algo siquiera remoto como aquello, quería a sus padres, a su fallecido hermano, pero de todas las parejas con que había salido nadie era algo real para ella. Sólo un ladrillo más al monumento de su ego. Pero Haruki era otra cosa. Quería su atención, la vista en ella y que no escapara. Escuchar sus charlas y que le escuchase con atención. Quería que el sama tuviese verdadera significado y no sólo un capricho suyo. Todo el temor e incertidumbre le inundaban, porque puede que Isuke tuviese claro que esos bombeos de su corazón tenían razón de ser, que se supiera enganchada, pero no significaba que Haruki sintiera lo mismo.
Tenía miedo a que luego que Haruki se diese cuenta de la forma en que era ella, sólo quisiera disculparse y que olvidaran todo. Era extraño como el monstruo más terrorífico fuese un querubín en pañales.
―Quiero que hablemos de lo que ocurrió, tenemos que hacerlo tarde o temprano.―ni siquiera le miro, aquello era como hablar con la pared, una pared de nervios disfrazados con altanería―Isuke-sama, por favor, no me moveré de aquí hasta que hables conmigo.
La situación era estresante en más de un sentido, vivir bajo el mismo techo era un ambiente propicio para que interactuaran entre sí aún sin quererlo, pero por dos días enteros Isuke se había rehusado a hablarle o estar demasiado tiempo en la misma habitación a no ser que fuese para dormir y aquello al principio le alivió, pero sólo tuvo que pasar una hora en completo silencio junto a ella para extrañar sus quejas, las pláticas que tenían a veces sobre temas intrascendente, su opinión sobre cada aspecto de su día, incluso le agradaría escucharle hablar de la cita que tuvo hace unas noches con la recepcionista.
―A Isuke le da igual si te salen raíces justo donde estás~3―le salpico de agua antes de secarse las manos; estaba por pasar cuando Haruki le cortó el paso―. Apártate, o Isuke te apartará.
―Sólo quiero hablar contigo.
―Pareces disco rayado, Isuke no quiere hablar contigo―hizo por quitarle del camino, pero sólo consiguió que una mano le apresara la muñeca, no le lastimaba pero le era imposible zafarse. Le recordaba un poco a su primer encuentro. Aquella ocasión fue para medir fuerzas, en esta eran dos remolinos de confusión colisionando, intentando sorber al otro. Pero el remolino rosa era tozudo, quería escapar y Haruki tuvo que abrazarla de frente y cargarla hasta sentarle sobre el fregadero, donde le sujeto los brazos tras la espalda. Todos los intentos que pudiera hacer Isuke por liberarse eran infructuosos.
―Isuke ¿por qué no quieres hablar? Pareciera que te aterra mi presencia.
―Isuke no te tiene miedo―empujaba y jaloneaba, mechones de cabellos rosas se escapaban de la coleta que se había hecho. Nada resultaba ― ¿Cuándo te volviste tan fuerte?
―Las cosas cambian mucho después de un mes en cama. Isuke-sama. No puedes seguir así, vives conmigo.
―Pues Isuke se va, Isuke no necesita estar más tiempo aquí―entonces las manos de Haruki tomaron nuevas fuerzas, jaló sus manos hasta que se estuviesen quietas y drenó toda la fuerza que aquella fiera tenía a base de jaleos, no la dejaría ir hasta tener respuestas, tenía esa mirada de decisión en los ojos―Está bien, habla.
―Entiendo que te quieras ir, estás en todo tu derecho. Pero entiende que no sería seguro y no lo permitiré sino estoy segura que no correrías peligro alguno. Y…no quisiera que eso fuera todo entre ambas a causa de lo que pasó. Yo de verdad te tengo un afecto especial, me agrada mucho llegar y que me recibas con tus propias maneras, es simplemente especial porque…yo nunca he pensado en tener una pareja formal, ha sido de las últimas cosas en mi lista de prioridades, especialmente por mis hermanos, quien estuviese conmigo tendría que quererlos a ellos también y eso es algo que no cualquiera podría y tú…simplemente me cambiaste todas las reglas del juego, y luego de aquello todo es tan confuso pero a la vez…me gusta―el alivio se escuchaba en su voz.
― ¿Y qué fue lo que pasó? ¿Qué pasará?
―No lo sé, Isuke, no tengo idea de cómo o qué haremos. Eh traído esta confusión en la cabeza desde esa noche. Pensé que si hablaba contigo tendrías una respuesta ya sea para olvidar o para resolver todo esto. Pero comenzaste a evitarme y eso sólo me hacía entender que…me odiabas por lo ocurrido ¿Me odias, Isuke-sama?
―…―el tiempo en silencio a veces es peor que una respuesta positiva o negativa, pues siendo esta una u otra bien podía responder con base en lo que vio en el rostro de la persona y no había nada peor que la pena de otros―No, Isuke no te odia.
¿Y cómo podría? Si era de las primeras personas en ser alguien verdadero en su vida, alguien a quien le podía dar la espalda sin preocuparse por una puñalada, alguien que le había visto en los momentos más íntimos y no se refería a la ducha o durmiendo, sino a todo su día a día, sus madrugadas, sus fallos, su condición de mujer que puede equivocarse, tener miedo, divertirse como una niña y tener celos. Haruki se había tomado el tiempo y la paciencia de conocerla, tal vez no a fondo porque hay cosas que bien preferiría ocultar para no manchar la imagen que le tuviese, pero sí había pasado de su exterior divino para tocar e interactuar con la persona que era Isuke sin mascaras.
―Entonces… ¿me quieres?―Haruki sabía que las cosas no siempre eran blanco y negro, pero si Inukai Isuke no le odiaba aún, tal vez había una buena razón para eso y si le daba una pista, sólo una pequeña insinuación de que se sentía un poco como ella, se aferraría a ello, aquella chica era lo más diferente a lo que hubiera soñado y precisamente por eso es que le llamaba tanto la atención.
― ¿Por qué pasas tan rápido a esa conclusión? ―dijo alterada tratando de regresar la conversación por terrenos no tan volados.
―Si le gustaras a un amigo, a alguien a quien aprecias mucho ¿quisieras saberlo? ¿Que se confesara?
― ¿Ahora qué tonterías dices?
―Sólo responde, Isuke-sama.
―No, a Isuke no le gustaría saber―la otra le seguía mirando intensamente, no aceptaría respuesta tan escueta―. A Isuke no le gustaría saber porque si llega a ocurrir hay muy pocas cosas que puedan pasar.
―Una de ellas, que también te guste y empiecen a salir―dijo con una sonrisa juguetona y secretamente esperanzada.
―Una que intenten tener algo, pero que al poco tiempo se dé cuenta qué tipo de persona es Isuke, que descubra que tan jodido es aguantar a Isuke, quiera irse y cuando lo haga, porque lo hará, Isuke vaya y le mate para recuperar el pedazo de corazón que quiera robarse.
―No creo que las cosas funcionen de esa última forma ― ¿Estará hablando enserio? Creí que solo hacia esas cosas por trabajo pensó.
―Para Isuke una amistad es algo nuevo, ya ha tenido suficientes relaciones, por eso no quisiera saberlo, porque acabaría en una relación destinada al fracaso y―miró a aquellos ojos ambarinos y cálidos, Haruki le sonrió para alentarle a continuar, no había notado cuando sus manos había ido a parar a sus costados―eso no podría soportarlo Isuke. Isuke no quisiera que te, que se…fuera, idiota. Isuke tiene esa facilidad de…hacer que sus parejas la odien por el daño que causa.
―Isuke-sama, a mí me gustaría saber ¿sabes por qué? Porque sería estupendo, sería más que genial ¿y qué si no estoy segura si me gusta? Podría intentarlo de todas maneras y sorprenderme. O intentarlo y sino funciona querernos otra vez como amigos. Pero…no soy de las personas que les gusta quedarse con las dudas, quedarse con el qué hubiera pasado. Porque prefiero equivocarme y repara el daño a arrepentirme por no saber qué hubiera pasado.
―Habla claro, ¿qué es lo que quieres? Isuke no quiere jugar más a esto―las cosas se iban de las manos, se bajó de la barra pero Haruki la sujetó de los antebrazos con fuerza.
―No estoy jugando, Isuke, está bien, tienes razón en que las cosas podrían salir mal, pero a como lo veo sólo tengo dos opciones, dejar que te vayas. Porque de ninguna manera podríamos seguir viviendo como si nada, al menos yo me conozco y sé que no podría―escuchando esas palabras de la pelirroja, Isuke sintió como el corazón se le iba a los pies―. O poner las cartas sobre la mesa. Decir las cosas de frente.
―Isuke se está cansando de tus metáforas.
―Isuke-sama, admito que no sé si lo que siento es algo más que confusión y hormonas pero…sólo de los días en que no querías hablarme eran insoportables, frustrantes, no podía tener la cabeza en el trabajo porque constantemente le daba vueltas a qué hacer para que no estuvieses enojada conmigo. Sé que no te puedo ofrecer la gran cosa pero, dame una oportunidad, no nos quedemos con las dudas de lo que pasaría si tú y yo fuéramos…pareja. Se mi novia, Isuke.―dijo atropellándose con las últimas palabras, sentía que el corazón también se le salía con esa declaración, se aplaudía a la vez que regañaba por no escoger mejor situación o palabras para algo como aquello, pero sino era ahora seguramente nunca volvería a encontrar una oportunidad en que esa mujer se mostrara cooperativa. Aunque realmente nunca cooperó.
―…―de piedra, sin una sola palabra inteligente o respuesta ingeniosa, un cosquilleo en el bajo vientre y era todo lo que tenía en la cabeza, eso y la sensación de su cara calentándose. El silencio sólo creaba una incomodidad en el pecho de Haruki―I-Isuke no entiende, estás… ¿pidiendo que salga contigo?
―Ya sé que suena a locura pero…sí, quiero que Isuke-sama sea mi novia―dijo rodeándole la cintura con ambos brazos, temblaba, se estremecía como jamás lo había hecho, y esa sensación de no tener suelo bajo los pies le fascinaba, sentía que si esa chica no le daba respuesta empezaría a jadear por aire―No te convence, pero…Isuke dame una oportunidad, sólo una, al menos hasta que te vayas, no sé cuándo será, sólo tú lo sabrás. Podrías irte de madrugada si así lo decides y con eso terminar todo sin tener que lidiar conmigo o irte y llamarme cuando estés en casa para que pueda visitarte y conocer a mis suegros ―trató de bromear―pero, responde ¿quieres intentarlo conmigo, Isuke-sama, quieres ser mi novia?
―No conoces a Isuke, no sabes dónde te metes―desvió la mirada, pese a los aires de grandeza con los que pareció haber nacido, Inukai Isuke guardaba inseguridades muy profundas, dudas sobre si alguien podría quererle de verdad cuando la conociera, a ella y cada aspecto de su pasado y persona.
Una mano se posó en su mejilla pidiéndole que voltease.
―Ese es mi asunto, quiero conocerte, completa, no sólo lo bueno, también lo malo. Quiero intentarlo Isuke, quiero saber a dónde puede llegar a parar esto. Aún no me haz respondido ¿quieres ser mi novia?―sus ojos tenían un brillo especial, sentía una calidez posarse en su pecho cada que pronunciaba "mi novia".
―Isuke…Isuke…― ¿¡qué demonios va a decir!? ¡¿En qué demonios se estaba metiendo?!
― ¿Sí?
― ¡Acepta! Quiero ser tu novia―lo había dicho, la frase más trillada y cliché de toda la historia y sin embargo, parecía haber sido hecha para ellas, para ese momento, para esa pregunta. Sólo para ese instante entre ambas y que jamás escuchó de o pronunció alguna otra persona. Y esas sencillas palabras, le hacían sentir que todo, la casa, Haruki, ella misma, hasta el aire eran distintos.
― ¡Sí! ¡Sagae Haruki tiene novia!―sintió elevarse del suelo y empezar a dar vueltas en la cocina, la emoción que le llenaba era tal que sólo chillo de felicidad mientras la pelirroja la cargaba.
En la otra habitación, la manada dejo caer los palillos al suelo, Saburo se atragantó y Fuyuka bañó a Yuki con el té. Incluso los gemelos se quedaron con sus bocados a medio camino cuando escucharon ese grito procedente de la cocina.
― ¿¡Qué!? ―todos dejaron la mesa y corrieron directo a su cocina sin poder creérselo. Saburo y los niños en especial.
― ¡Tal y como oyeron! ―bajo a Isuke al suelo, ante las miradas sorprendidas de todos, y le sostuvo la mano ―A partir de este momento su hermana tiene novia.
― ¿Novia? ¿Estás segura de que no es con "O", Haruki? ―dijo sonriendo con burla Misuki.
― ¡Oye, mi gramática está correcta!
― ¡No, Haruki-neesan, no, no hagas esto! ―Yuki se abrazaba casi llorando a su pierna, se frotaba afanosamente limpiándose los mocos― ¡No salgas con esa mujer, es el diablo con cola escondida!
―Yuki, Yuki, tranquila ¿Por qué no puedo salir con Isuke-sama?―dijo agachándose para estar a la altura de su hermanita.
― ¡Porque serás una mala influencia con nosotros!
― ¡Tu trasero! Todos son libres de escoger a quienes ustedes quieran, no tienen por qué seguir mi ejemplo.
―Sí, pero tú entregarás tu trasero a esa bruja.
― ¿¡Eh!?
―Vaya, quién lo diría, y yo que apostaba por Saburo, uff mala inversión―dijo Misuki sacando un billete de su bolsillo y dejándolo en la mano extendida de una sonriente Fuyuka.
― ¿Saburo? ―preguntó Haruki con la duda escrita en su cara.
―No es nada, Nee-san, me alegro mucho por ustedes―dijo tapándole la boca a su hermana que intentaba zafarse. En la cabeza del chico todos los sueños en que se declaraba a esa mujer pali-rosa y esta correspondía a sus sentimientos se habían hecho añicos―Les deseamos lo mejor y ninguno de nosotros te juzgamos.
― ¡Pero Oka-san sí! Te acusaré con Oka-san del mal ejemplo que nos estás dando―dijo la chiquilla con lágrimas en los ojos.― ¡Muerde alfombras!
― ¡Yuki! ¿¡De dónde aprendiste eso!? ―le regaño abochornada su hermana.
Isuke veía toda esa escena manteniéndose al margen, le divertía ver como todos los cachorros tenían algo que decirle a su hermana mayor. Los gemelos saltándole a la espalda en reclamos por tener a su diosa confinada a algo tan pagano como una relación; la caniche deshaciéndose en llanto; la tahúr de la familia riendo y advirtiendo a Haruki que ahora todo lo que no tenía le pertenecería a Isuke; Fuyuka y Hayaka intentando que todo el mundo se calmara y mostrándole su apoyo a la mayor de hablar con su madre en cuanto pudiera. Isuke alzó una ceja interrogante al lobato cuando sus miradas se cruzaron, Saburo se rascó la nuca rojo de la vergüenza pero le sonrió alzando un pulgar. Ver todo aquello le hacía pensar que a fin de cuentas, una relación con esa chica de gran familia no sería del todo malo.
Una mano en su pierna le hizo voltear abajo. Eran Hana y Mei que querían su atención. Se arrodilló a la altura de ambas sonriéndoles como sólo hacía con esas lobeznas.
―Nos alegra que usted sea la novia de Haruki-neesan, aunque yo no sabía que las chicas podían salir con chicas―dijo la mayor de las dos, la peque sólo le sonreía e Isuke no sabía que decir, menos mal que la niña aún no acababa―ya era el turno de Haruki-neesan de ser feliz, ella siempre nos cuida a todos pero nosotros no podemos cuidarla, pero sabemos que usted sí que puede―claro que recordaban bien que Isuke podía.
―Isuke siempre cuida de lo que es suyo―ahora era Mei la que se acercaba a hablar, su voz infantil hacía sorpresivo que comprendiese tanto a tan corta edad.
―Nee-chan siempre compalte sus cosas, pero a usted no la va a tenel que compaltil, cuídela mucho Isuke-oneshama―y con esto saltó abrazando su cuello con sus menudos bracitos.
Aquellas palabras la enternecieron y alegraron, en cierta forma si lo miraba en retrospectiva eran ciertas, Haruki siempre había velado por sus hermanos, viendo por su bienestar antes que por el de ella, jugando con ellos y haciendo lo posible porque nunca les faltara nada. Isuke sonrió con la imagen de la pelirroja reducida en el suelo por la tormenta y el lobato, ahora entendía porque había sido tan insistente en su pequeña charla, no quería que se alejara, aquello que al fin era exclusivo para ella sin posibilidad alguna de compartirlo. Una relación con Isuke-sama.
―Je, esa idiota, tal vez ahora empiece a ser un poco más egoísta.
Luego de quitarle todas esas garras y dientes a Haruki todos ellos terminaron de cenar y empezaron a enfilar a la cama. Fuyuka hizo sonrojar a Haruki con algo que Isuke no alcanzó a escuchar. Ya en la habitación y con las luces apagadas, la pelirroja no tenía idea de qué hacer ¿debía abrazarla como siempre? ¿Por qué no se movía? ¿Iba a decir algo? ¿Pensaba hacerle algo malo? "¡Eso es! ¿Por qué alguien tan guapa como ella querría salir con alguien como yo? Obviamente quiere hacerme algo malo y todo esto es parte de su plan, pero no va a tomarme como su tonta" y en su mente comenzó a sonar una canción cantada por un rockero ingles de nacionalidad muerto ya varios años. "Esos bellos ojos, esa sexy sonrisa. Tú no me engañas, tú no me gobiernas. Tú no me sorprendes, estás diciendo mentiras. Mamá dijo `Ten cuidado con esa chica´. Mamá dijo `Sabes que ella no es buena para ti´. Mamá dijo `tranquilo, no seas tonto´. Yup bup ba ba ba ba da da dah…"
― ¿Q-qué haces? ¿Isuke-sama?―le abrazó del cuello pegando la mejilla contra su oreja. Haruki esperó a que respondiera mientras la abrazaba de la cintura.
―Tienes la oreja fría, a Isuke no le gusta―susurró como si no quisiera que ni la noche pudiese oírlas. Haruki sólo se sonrió, aquello de tener una pareja era muy nuevo para ella, hizo que se separaran y la miró a los ojos― ¿Qué miras? ―inquirió Isuke luego de varios segundo en silencio.
―Me gustas.
― ¿Por qué?
―No lo sé, me considero afortunada y me alegra haber encontrado a alguien con tu forma de ser, aunque si lo pienso nunca busque a alguien como tú, pero…creo que por eso mismo es que me gustas tanto.
La otra no respondió, sólo fue a por la otra oreja y cuando hubo terminado Haruki sintió su boca mucho tiempo sobre su mejilla antes de sentir como se acomodaba a su lado, su cuerpo amoldado contra el suyo.
―Isuke…―le llamó, la otra ya más dormida que despierta sólo alzó un poco la cara, lo suficiente para sentir unos labios contra los suyos, un beso tan sencillo pero que detrás albergaba tanto.
Le apretó cerrando los ojos y de esa manera se entregó a Morfeo, con la cara enterrada entre hebras rosas.
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El manto de la noche les daba a las construcciones un aire siniestro. No importaba si era algo tan inocente como una escuela primaria, al ponerse el sol, todo lugar de largos pasillos, en los que el eco rebotaba de manera ligera, se convertía en el escenario de una leve pesadilla. Los estudiantes podían asegurar que los colegios eran el lugar más aterrador de noche, pero se equivocaban, el lugar más tenebroso era un hospital. Si había un lugar en el que deambularan espectros en la oscuridad ese tenía que ser uno en el que durante años personas habían fallecido. Y Sato sabía eso muy bien.
Deambular por esa zona del hospital, donde la mayoría de las luces estaban apagadas y las enfermeras pasaban con menor regularidad para garantizar el descanso de los pacientes, era una prueba de fe para los más asustadizos. El color blanco de las paredes se recubría de un gris oscuro. Las voces de quienes llevaban el lugar apenas alcanzaban a llegar hasta ese lugar, no eran más que ecos distantes que se acompañaban del sonido de las cigarras que entraba por las ventanas. No ayudaba mucho que una bombilla estuviera haciendo un sonido molesto mientras parpadeaba, poniendo más nervioso a quien caminara por ahí en horas tardías.
No parece que esté lugar tenga mucho presupuesto. Se esa cayendo a pedazos
Ese maldito sonido. Le provocaba una sensación desesperante de tomar un cigarro. Pero tenía que aguantar.
Puedo sobornar a una enfermera para poder entrar, no para que me deje romper las reglas.
No era un suplicio andar por esos pasillos que parecían hacerse más largos a cada paso. Al menos no por lo que otros lo tendrían. Él era de ese tipo de personas que no le temían a encontrarse a un espectro por la noche, en ese momento era uno más de los que caminan hasta la puerta de la habitación con esperanza de que esa persona esté bien, pero con miedo de que ya no esté ahí.
Suplicio. Ese era la palabra. Una palabra tan pesada, que tenía vestida sobre los hombros. Las coincidencias eran muy comunes en el mundo, una chica había llegado a él hace poco por una. Era buena suerte. Pero el mundo tiende a equilibrarse. Sería ahora el turno de un golpe de suerte en el estómago. Tres años internada y ahora que él llegaba la muerte lo vendría acompañando, flotando sobre su sombra con una guadaña cerca de su nuca. En cualquier momento ella lo rebasaría y entraría a la habitación antes de que pudiera hacer algo.
Y entonces ella se iría de nuevo.
Era muy mala suerte. Había hecho cosas malas. Se lo merecía. No era supersticioso. No, eso no era para él. No era para él. No era para él.
No es para mí. La vida me enseño que no hay karma en este mundo.
Pero cuando estás en una situación, tan fuerte que hace que el corazón te lata como si estuvieras sufriendo los efectos de una droga, tan difícil que tu respiración aumenta, tu lengua se seca y las manos te sudan. El ser supersticioso de repente se convierte en algo de toda la vida.
Puta madre enserio quiero un maldito cigarro.
Llego a la puerta de la habitación. La madera parecía un poco podrida y el pomo ya empezaba a oxidarse. Lograr mantener un blanco inmaculado era complicado, pero con suficiente dedicación podía mantenerse para dar esa idea de salubridad. En qué lugar tan miserable había dado a parar. No podía quejarse, solo apretar los puños del coraje. Haruki la única familia que tenía, y esa chica hizo lo mejor que pudo para mantener a su madre en un hospital. La pobre mujer solo podría pagar ese lugar.
Tendía que felicitarla un día. Por habérselas arreglado así de bien ella sola.
Ahora mismo tenía que hacer su propio esfuerzo. Levantar el brazo y girar el pomo. No era muy complicado. Había golpeado con esas manos, había roto huesos, narices, causado moratones. Había asfixiado. Eran manos fuertes. Que sabían defenderse incluso de la más evasiva sorpresa con la que se había encontrado. Pero era gracioso. Casi lo hacía reír. No eran lo suficientemente fuertes para girar la perilla. Necesitaba fumar para tranquilizarse. Necesitaba el valor para moverse. No podía por sí solo, no con ese dolor que empezaba a apuñalarlo en la intersección de su pierna. Era punzante y molesto.
Esa maldita rodilla, esa puta peli rosada, si te vuelvo a ver te reventare la cabeza.
Sus dedos estaban petrificados, sin poder acercarse a la pieza de metal que le daría entrada al cuarto. Solo una probada y tendría la fuerza. Pero, pero le molestaba que fumara que haría si al verlo viniera acompañado del pútrido olor de las colillas. No. No ahora no podía. Debía ser un hombre fuerte por sí mismo como lo había sido los últimos años. Un hombre lo suficientemente para resistir las golpizas que recibió, con la fuerza suficiente para huir y dejar atrás a…
―Señor usted ¿Qué hace usted aquí? La hora de visitas a cabo hace dos horas. Tiene que irse de aquí o llamare a seguridad.
Era un hombre relleno de baja estatura. Parecía rondar los veinticinco años. Un estudiante o practicante de medicina. O un conserje. Frente a él tenía un carrito con diversos utensilios de limpieza y un enorme bote de basura con una bolsa color negro. Debajo tenía cubetas y detergentes para la ocasión que surgiera.
―Vine a ver a un familiar. Estoy muy preocupado por ella y quiero saber que está bien ―dijo la tranquilidad de la noche, no debía actuar sospechoso o todo se arruinaría. Era difícil. Recién ahora se daba cuenta del sudor que descendía por su rostro.
―Sea la razón que sea está prohibido la entrada para todo el público sin excepciones. Le repito que tiene que retirarse o tendré que llamar para que vengan a sacarlo ―se acercó más hacia Sato, como si quisiera imponer autoridad.
Duérmelo. Es fofo y quiere pasarse de listo. Duérmelo y dale su merecido.
Sato retiro el brazo de la puerta y volteo su cuerpo hacia el conductor del carrito. Metió su mano izquierda dentro de su saco y del tomo un objeto que en un principio asusto al hombre. Pero en cuanto pudo verlo mejor dejo la defensiva a un lado. De la cartera saco un fajo de billetes tres pedazos de papel especial de un color café claro, en el que se podía leer una jugosa cantidad compuesta por cinco números. El hombre del carrito sonrío airado. Sato se alegraba de que tuviera la inteligencia para entender lo que quería decirle sin palabras.
―Espero que su familiar se encuentre bien señor. Que pase una bonita noche ―dijo el hombre y siguió con su camino ―Tómese el tiempo que quiera, nadie lo está apresurando.
Sato observo como se alejaba por el pasillo. Era la segunda persona que sobornaba en la noche. La otra fue una enfermera de piel tersa color blanco y cabello azul con tonos plateados. Había sido amable con él y hablaba con una cantería y maneras demasiado extrañas para su edad. Eso y sus ojos verde claros le daban la idea de que podía confiar en que mantendría la boca cerrada y no alertaría a nadie de un hombre extraño de cabello pelirrojo, de gran anchura, que se paseaba por el hospital a esa hora.
No podía decir lo mismo de él sujeto descuidado que había pasado junto a él. Realmente no tenía mucho tiempo.
Dio una bocanada de aire y suspiro.
Que lo que deba tronar que truene.
Giro el pomo y abrió la puerta hacia adentro. Esta hizo un chirrido a medida que avanzaba nunca fuiste muy exigente para poder conciliar el sueño dentro estaba oscuro. El negro del ambiente retrocedía a medida que la luz entraba por la puerta. Proyectaba su sombra sobre ella. Su cabello castaño oscuro no resaltaba en la noche, y sin embargo podía ver ese color tan profundo que le lucía aun cuando estaba desarreglado. Sus ojos estaban cerrados, ocultando de él ese bello recuerdo color chocolate que la caracterizaba.
Dormía.
Tan plácidamente.
Parecía un cadáver. Pero los cadáveres no respiraban.
¿Debo darle las gracias a dios? Eso te gustaría
Entro a la habitación y sin prisa, y dejo que la puerta se cerrara detrás de él por mera inercia.
―Lamento no haber traído chocolates.
DD: *captura a una chica en vestido negro con partes transparentes hola mis jóvenes lectores, mi lector constante ¡Me encantaría empezar con un feliz año nuevo!
Jandro: Ahhhhhh, me haces trabajar bastante presión... Hola lectores, creo que ahora también lo son míos. Feliz año nuevo a ustedes y sus seres queridos.
DD: Hemos pasado un tiempo fuera de línea, pero...quería regalarles un cap. más antes de que se agotara el tiempo se pinta los labios
Jandro: Aunque para ser justos chica, esta vez hemos tardado menos que anteriores veces, creo que estamos volviendo a retomar el cauce, y hablando de eso... le da pie para que continúe
DD:¡Ah sí! Espero que lo disfruten, el tiempo corre, ésta historia está moviéndose al final. Mi parte favorita fue el final, si me lo preguntan. Espero sus lindos comentarios, buenos malos, criticas, preguntas, invitaciones a cenar
Jandro: Vaya, pensé que me felicitarías por mi referencia. Bueno igual tú también me gustó mucho el final, siento que pudimos hacer mejor las cosas y conectar mejor los diversos sucesos, pero el tiempo corría y debimos quedarnos cortos.
DD: Yeap...bueno chicos. ¡Sin más por el momento nos veremos en la próxima! ¿Cuál referencia?
Jandro: Jajá no pasa nada. Les queremos desear un feliz año nuevo a todos ustedes, y aquí cumpliendo antes de que de la hora en que todo cambia, me despido de ustedes hasta la próxima vez.
DD: Los veremos después lectores constantes
Jandro: Ya es tiempo de que volvamos a ser constantes *apaga la cámara.
