Capítulo 10
"Cumpleaños"
3 años después
Era un día bastante agitado en el restaurante, ya estaba cansada, pero la paga lo valía. Si tenía que soportar a niños gritando, sucios y haciendo berrinche; a adultos indecisos, inconformes y el horrible olor a cigarro de algunos, por una paga extra pues… bienvenidos sean.
El restaurante estaba lleno, ese día era el cumpleaños de uno de los niños y al parecer lo estaban pasando en grande con el área de juegos y las golosinas, mientras que los adultos se mantenían en lo suyo, platicando entre ellos.
Ella estaba tras el mostrador, atendiendo a algunos clientes. Algunas veces recibía piropos de algunos, halagos, o incluso le pedían su número, pero los ignoraba y se limitaba a sonreír con amabilidad- fingida- y terminaba de despacharlos. No le interesaba salir con nadie, y no tenia nada que ver con su petit, simplemente, eso no estaba en sus planes, además de que nadie le interesaba.
y de solo recordar que, saliendo, tenía que ir al antro.
Suspiro.
Su otro trabajo no era mejor, pero la paga realmente era muy buena y, bueno, tenia que aguantarse. Ahí si tenia que al menos coquetear con uno que otro cliente si quería ganarse una buena propina. Menos mal que nunca se hayan pasado de listos, y si ese fuera el caso, al menos tenía buenos compañeros en quien confiar para esos casos. El nombre de uno era Jaken, tenía 28 años y casualmente, era el hermano mayor del chico de intercambio cuando iba a la escuela. Recordaba que cuando se presentaron, ya le resultaba familiar, pero no sabia de donde, sino que, hasta que este le conto de donde venia y quienes eran sus parientes- sin que ella se lo pidiese- fue que pudo recordar a aquel chico de anteojos rectangulares. También le conto mas sobre su vida- cosa que a ella no le interesaba- y el porque se encontraba en esa ciudad.
En fin. El otro chico era Kirinmaru, tenía 26 años y, era quien le había ayudado a entrar a trabajar en el antro. Es más, prácticamente, él era el dueño de ese lugar, pues su padre lo había dejado a cargo, a él y a su odiosa hermana mayor, Zero. La mujer en si no era mala, pero desde que esta conoció a su petit, y lo miro feo, desde ese momento, no le agrado. Entendía que no le agradaran los niños, pero ¿Qué le había hecho su petit? NADA, su hijo era uno de los bebés mas tranquilos y silenciosos del mundo, no era travieso, era obediente, muy inteligente- bueno, era su hijo después de todo- y, sobre todo, era hermoso, ERA PERFECTO; y esa vieja odiosa iba y le hablaba feo, era grosera y nunca desaprovechaba la oportunidad de recordarle, que el antro, no era una guardería. En fin, no se llevaban bien, pero no le importaba, Kirinmaru siempre la defendía y recordaba que podía llevar a su petit las veces necesarias.
Algo que le agradecía mucho.
Siempre fue muy difícil para ella separarse de su petit, pero debido al trabajo, durante casi el primer año, tuvo que quedarse al cuidado de Yuno. Había sido muy difícil, pues las únicas veces que lo veía era al despertar, durante la mañana, y de ahí, hasta pasadas horas de la madrugada, si es que llegaba a doblar turno en el restaurante.
Cuando conoció a Kirinmaru, justo en el restaurante, curiosamente le había agradado al sujeto- considerando que ella no tenía un carácter exactamente fácil- tanto, que este le ofreció un lugar en el antro, y no cambio de opinión incluso cuando se entero que tenia un hijo y que, si quería, podía llevarlo.
Pasado el primer año, y con su petit ya caminando, fue cuando comenzó a llevarlo consigo al trabajo. Esto a la señora Yuno no le agrado, pues siempre le decía que esos lugares, no eran aptos para un bebé. Lo entendía, claro que lo entendía, pero era su hijo, no quería pasar tanto tiempo alejada de él, y sabía que él tampoco quería alejarse de ella, pues siempre que la veía irse, lloraba o se ponía triste y casi no comía nada, eso la preocupaba y le partía el corazón, y desde que había aprendido a caminar, se dio cuenta de que se estaba perdiendo de muchas cosas, y no quería eso.
Claro que no siempre se lo llevaba a su otro trabajo. Entendia que podía ser peligroso para él, y era por ello, que en cuanto salia del restaurante, lo dejaba al cuidado de yuno y ella se iba a su otro trabajo.
Era durante la noche, así que su bebé ya estaba dormido para cuando ella se iba.
Afortunadamente su petit se ganó la simpatía de- casi- todos en sus trabajos, pues no lloraba, no era inquieto y no molestaba a nadie del personal; Siempre estaba con ella, y si tenia que alejarse por un momento, él obedecía quedándose en un solo lugar, hasta que ella volviese. Las únicas veces que llegaba a interrumpir algo, eran porque, o tenía hambre, o quería ir al baño.
A veces se preguntaba si era normal que un pequeño de su edad fuese así, pues, al ver a su alrededor, podía asegurar que su bebé, no era como los demás…
Era un niño muy especial.
Y hablando de su petit…
Aprovechando que no había nadie ordenando nada, miro a su alrededor para asegurarse que nadie se diese cuenta de lo que haría. Solo sus compañeros sabían de eso, pero no podía permitir que gente externa a su trabajo lo notara. No lo arriesgaría bajo ninguna circunstancia. Con suerte y apenas lograba confiar un poco en sus compañeros de trabajo.
Una compañera se le acercó y, sin decir nada, le paso una pequeña mochila por debajo del mostrador, eran sus cosas. La interrogo con la mirada, recibiendo solo una sonrisa obvia de su parte, al parecer sus compañeros ya sabían lo que haría. Rodo los ojos, pero se lo agradecía. Después de todo, la conocían de casi 3 años.
3 años…
En lo que su compañera ocupaba momentáneamente su puesto, rápidamente se metió bajo el mostrador, encontrándose con varias hojas que su petit utilizaba para hacer sumas y restas. Si, su bebé ya sabia los números, y no hacía mucho que le había enseñado a sumar y a restar, obviamente cosas muy sencillas debido a su edad, pero siempre lograba resolverlas. Sonrió, tomo todas las hojas desordenadas y las agrupo en un montoncito, levanto la vista, y ahí estaba su petit, sentado en una de las esquinas del mueble, con sus piernitas cruzadas; tan concentrado en su librito de cuentos, que ni se percato de su cercanía. Esa era otra cosa que su bebé recién había aprendido; leer. No cosas complicadas, claro. Pero le gustaba, aun no entendía algunas palabras, pero no dudaba en preguntarle a ella si algo se le complicaba.
Ensancho su sonrisa, con un sentimiento de orgullo llenando su corazón. Realmente es un niño muy listo, pensó- petit- llamo suavemente.
Los ojitos dorados del pequeño se elevaron en dirección a su madre. Inmediatamente llevo su manita a su boca y retiro el chupete que hasta hace un momento, se encontraba mordisqueando y lo escondió tras su espalda.
Suspiro, eso era algo que tenia que remediar, pues su petit ya no estaba en edad de seguir usando esa cosa. No lo usaba todo el tiempo, solo era cuando ya tenia hambre y ella no podía atenderlo debido a que se encontraba ocupada atendiendo a algún cliente. Era como su manera de distraerse y no molestarla mientras trabajaba, pues, solo cuando no escuchaba la voz de algún desconocido, era que se asomaba y le llamaba la atención jalando ligeramente su falda, y le hacia señas de que tenía hambre.
Había cosas de las que no se sentía contenta, y esa era una de ellas.
Que su petit prefiriera aguantarse la hora de la comida para no molestarla durante el trabajo. Y era el mismo tema cuando se trataba de ir al baño.
Ya había hablado con él al respecto, pero su petit no confiaba en nadie mas que en ella, y bueno, tal vez en Jaken y la señora Yuno, pero hasta ahí. Era orgulloso en ese aspecto, pues siempre trataba de hacer las cosas por su cuenta, y si no podía- muy a su pesar- solo en ellos- aunque obviamente, mas en ella- confiaba para que le ayudasen en lo que no podía. Era, o mas bien trataba, de ser independiente.
-¿Qué te he dicho de usar el chupete?
Su petit solo bajo la mirada, sus mejillas sonrosadas debido a la vergüenza. Iba a responderle a su pregunta, pero el sonido de su estomago interrumpió lo que sea que saldría de su boquita. Sus mejillas adquirieron un tono más fuerte.
Suspiro- lo sé, ya tienes hambre, pero recuerda que eso no es excusa. Ya estas grandecito para seguir usando esa cosa
-lo siento, mami- se disculpo con su vocecita infantil.
-ven, es hora de que comas- tomo la mochila y de ella saco unos cuantos envases con comida en su interior. Siempre procuraba preparar algo ella misma para la comida, asegurándose de que su petit comiera siempre saludable, al igual que ella. El pequeño se acerco a ella y recibió entre sus manitas uno de los tuppers ya abiertos y un par de pequeños cubiertos- para niños-. No comenzó a comer de inmediato, sino que espero, a que su madre tuviese su comida también lista.
Esto también era algo que no había podido cambiar hasta ahora.
A su petit no le gustaba comer solo o, mejor dicho, no le gustaba comer si ella no comía con él. Pues, recordando sus palabras: "no guta la comida si mami no etá comigo"
Agradecía que su jefa hubiese sido considerada en ese aspecto de dejarla comer con su retoño, aunque aún no fuese su descanso.
Una vez que ambos tenían su comida lista, se dispusieron a disfrutarla en compañía del otro. Debía admitir que su petit tenía razón en algo:
La comida sabia mejor en compañía de su bebé
…
Una vez terminado de comer, guardo los tuppers ya vacíos de nuevo en la mochilita, limpio la carita de su petit con una toallita húmeda y lo observo. Acaricio sus blancos cabellos, su mejilla. En una semana seria su cumpleaños, tres años ya. Quería hacerle una pequeña fiesta, pero no tenía idea de que regalarle.
Los juguetes quedaban descartados, pues ya había entendido que, a su petit, no le llamaban mucho la atención
¿Libros? Eran una opción, pues le gustaba mucho leer.
¿Colores? Podría ser… le gustaba dibujar
¿Un libro de dibujos? También era una opción, pero no sabía de que podría ser el libro
Ropa… era lo más factible, después de todo, su petit crecía muy rápido.
Pero ella quería darle algo especial, solo que… ¿Qué podría ser?
-¿mami?
Vio sus ojos, con ese dorado tan profundo. Tan parecidos y a la vez, tan diferentes a los de…
-mami…
Sacudió la cabeza, no era necesario recordarlo- no pasa nada petit… sigue leyendo, ya en unas horas nos iremos a casa
El pequeño agito su cabecita en negación.
-tigo- dijo
-¿conmigo? ¿quieres ir conmigo al antro?
Esta vez asintió.
No le gustaba la idea, pero no podía negar que una parte de ella, quería tenerlo todo el tiempo consigo-
Termino aceptando.
-Esta bien petit… iras conmigo… regresa a tu rinconcito cariño
El pequeño asintió, regreso a su esquina y busco la pagina de su librito en donde se había quedado. Lo observo por ultima vez, antes de volver a su puesto.
¿Qué podría regalarle?
…
-¡Lady! ¡petit!- ambos pusieron mala cara en cuanto escucharon al pelirrojo gritar en medio de la música tan alta del lugar. La primera; porque no le agradaba que le diesen apodos. El segundo; porque nadie, NADIE a excepción de su madre, tenía el derecho de llamarlo así- que bueno que llegaron, ya los extrañaba. Además, necesitamos apoyo en la barra.
-buenas noches a ti también, Kirinmaru- devolvió el saludo que su jefe le había brindado. Bajo de sus brazos a su petit, y le dio la mochilita, dejando que él la llevase a su lugar donde normalmente le dejaban guardar sus cosas.
-bueno, bueno, ya entendí, vienes cansada de la fiesta, lo entiendo, pero sabes que la noche de los viernes es una de las más movidas durante la semana, así que ¡a trabajar¡- sin más, se fue para darle privacidad a la joven de cambiarse el uniforme de mesera por el de bartender, no sin antes aprovechar y revolver los suaves cabellos del pequeño, quien se quejó molesto por aquel acto, procediendo a tratar de peinarse sus cabellos ahora alborotados.
Irasue rodo los ojos, a ese hombre le encantaba molestar a su petit, aunque ya era algo de lo que ambos deberían estar acostumbrados, pues era algo que, sin falta, ocurría por lo menos… las 4 noches que trabajaba.
Viernes, sábado, domingo y martes.
Ida por vuelta siempre era lo mismo. Era su manera de saludar y también de despedirse. Las primeras veces ella también se molestaba, pues no le gustaba esas confianzas que tenía con su petit, además de dejarlo con el cabello enmarañado el resto de la noche. Pero con el tiempo ya había aceptado- más seguía sin ser de su agrado- ese hecho… y cargar siempre con un peine.
Pero a Sesshomaru seguía sin agradarle el hombre pelirrojo.
-mami, mi cabedo hiso vodas- se quejó el pequeño
-se enredó- corrigió terminando de vestirse. Se acerco a su casillero personal y extrajo de este, un pequeño cepillo y se lo entregó a su petit. Él lo recibió y comenzó a cepillarse con cuidado sus cabellos alborotados, hasta estar, de nuevo, completamente presentable- que guapo mi petit- comento agachándose a la altura de su hijo, rodeándolo con sus brazos y darle un gran beso en la mejilla. Limpiando la marca del labial, le recordó- pase lo que pase…
-no bo sadir de bada
-oigas lo que oigas- continuo
-no bo petir que didan
-y veas lo que veas…
-io no bo degar que me vean
-así es…- le sonrió, a lo que su petit, también lo hiso, mostrándole sus dientecitos- eres muy inteligente… y muy obediente- suspiro- andando…
Parándose detrás de su madre, Sesshomaru se mantuvo lo mas escondido que pudo mientras llegaban a la barra y él se ubicaba justo debajo de esta, donde ya lo esperaban sus típicos cuadernos de dibujo y unos colores, los cuales empezó a utilizar ya estando acomodado en su lugar. Así había sido desde que podía recordar y ya era lo mas normal para él, el tener que pasar desapercibido.
Pero si solo de ese modo es que podía estar al lado de su madre todo el tiempo, lo aceptaba. Le gustaba que, a pesar de estar muy ocupada y que por mas cansada que estuviera, siempre se aseguraba de mostrarle su cariño, regalarle una sonrisa, comer a su lado o enseñarle cosas nuevas.
Había ocasiones en las que se sentía un poco solo, pero esos momentos desaparecían con solo su presencia.
Sesshomaru amaba a su mamá
Sonrió en cuanto ella lo miro, y le devolvió la sonrisa. Duro solo unos segundos, pero se repetían a lo largo del trabajo. Continuo con el dibujo que estaba haciendo; solo eran él y su madre, en un parque al que habían ido hace unas semanas.
Recordaba muy bien ese día.
Flash back
Caminaban tomados de la mano, era lunes, lo que significaba que su madre, no iría a trabajar.
Estaba contento, pues ese era su día favorito. Ojalá todos los días fueran lunes
-¿Qué sigue del tres?- le pregunto su madre mientras caminaban por un caminito cubierto de hojas
-em… ¡cuato!- grito mostrando cuatro deditos de su mano
-muy bien, ¿y que sigue del cuatro?
-¡cico!- volvió a mostrar su manita, pero esta vez, todos sus deditos estaban levantados
Le emocionaba aprender cosas nuevas. Su madre era muy lista y ella se encargaba de mostrarle muchas cosas. Ese día le había enseñado a como sumar, claro que siempre repetían los números para que no se le olvidara que seguía después. Cosa que no haría, pues a él, nada se le olvidaba.
Llegaron a un lugar muy bonito y bastante cómodo junto a un árbol, donde se sentaron un rato a descansar. Su madre termino por recostarse un rato sobre el césped disfrutando del clima.
Él, por su parte, miro a su alrededor. Había muchos niños jugando no muy lejos de donde estaban ellos, también había algunos perros. Pero no fue eso lo que llamo su atención.
Sino lo que grito una niña
-¡PAPÁ!
Fin del Flash Back
"papá"
Ya había leído esa palabra en varios de sus cuentos, y por lo que podía entender, era normal tener uno. Era como una especie de mamá, pero en hombre. No estaba seguro, pero era algo que no dejaba de darle vueltas y no podía evitar preguntarse…
¿el tenía papá?
…
Eran las 3 de la mañana cuando llego a su casa- bueno, si es que así podía llamarle, ya que solo vivía ahí a cambio de cuidársela a su jefa del restaurante- y se sentía bastante cansada. Llevaba la mochilita tras su espalda, y entre sus brazos, acurrucado contra su pecho, su bebé. Aun se escuchaban los débiles sollozos de su petit, frotaba su espaldita tratando de calmarlo, y le susurra tiernas palabras.
Estúpido kirinmaru- maldijo
¿Cómo se le ocurre dejarle toda una caja de dulces a un pequeño niño? Y encima, olvidarse que se la había dejado. Su petit no tenía la culpa, era un niño, obviamente la tentación había sido muy fuerte, incluso si él sabía que no tenía permitido comer dulces en la noche. Por favor, prácticamente ese idiota pelirrojo lo había orillado a comerse casi todos los dulces. Irresponsable confianzudo.
Miro el cabello desordenado de su petit, y se molestó más. Su bebé ni siquiera se molesto por eso debido al dolor de su estómago. Ya había vomitado en el baño del antro, pero aun tenia un poco resentida su pancita. Lo mejor era tomarse un tecito e irse a dormir.
-petit, tranquilo, ahora te preparare un tecito para tu barriguita- le hablo dulcemente mientras intentaba dejarlo sobre la cama. Pero todos sus intentos eran en vano, pues su petit, cada vez que ella intentaba soltarlo, él mas se aferraba a su cuello- cariño…
-no
-mi amor, no tardo nada. Es para que te sientas mejor…
-mami…
-¿si?
-no deje solo- le pidió mirándola a los ojos, con lagrimitas aun sin derramar en sus ojitos
Se le partió el corazón.
Solo…
Con movimientos cuidadosos y algo lentos debido al pequeño cuerpo entre sus brazos, Irasue se movía delicados por la cocina, preparando el te para su hijo.
No dejaba de darle vueltas a lo que su petit le había dicho. Esa palabra…
"solo"
No quería que su petit se sintiese solo, pero… ¿Qué podía hacer?
Una vez que su petit había tomado el te de su mamila, inmediatamente había caído en los brazos de Morfeo. Ambos estaban en su cama, esa noche dormiría con ella, pues quería mantenerlo a su lado por esa noche.
Acariciaba sus suaves cabellos, tan blancos como los suyos; la delicada piel de su carita; sus bracitos, sus pequeñas y suaves manitas; su barriguita, en un intento de calmar el malestar.
