Capítulo 12

"Odio y Consuelo"

Se acercaban.

Rebasaban los autos velozmente, y deseaba nunca llegar. Las uñas estaban maltratadas debido a los nervios, el tic en su pierna impedía que dejase de moverla y la frialdad en sus manos no desaparecía.

Pero eso no cambiaba el hecho, de que pronto lo volvería a ver.

Era cuestión de unas horas, pero no tenía mucho que habían partido y ya sentía que avanzaban muy rápido. El auto estaba sumido en el silencio, los niños estaban bien asegurados, cada uno en su portabebés y, dado que habían partido muy temprano, se encontraban profundamente dormidos, dejando a ambos adultos en un ambiente incomodo y hasta cierto punto, pesado.

El pelirrojo ciertamente se encontraba sorprendido, después de lo de anoche, luego de haber sido rechazado por la mujer a su lado, no esperaba que los planes de viajar juntos siguiesen en pie.

O siquiera que aún le dirigiera la palabra.

La miraba por el rabillo del ojo cada tanto, y podía notar el nerviosismo en su cuerpo. Quizás era buena idea intentar distraerla.

Se aclaro la garganta- me… me da gusto que decidieras no cancelar nuestro viaje, me sorprendió un poco que, casualmente, los innombrables estuviesen en la misma ciudad.

Ella solo lo miro de reojo, y volvió a fijar su atención en el tablero del auto, claramente no interesada en seguir la conversación. Aunque, claro, no se daría por vencido.

-puedo saber… ¿porque decidiste apresurar nuestro viaje?

-solo quiero acabar con esto pronto, es obvio.

Bueno, al menos le respondió- "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy" ¿no es así?

-como sea

-sí, entiendo, pero… tengo una duda, y es algo que recién pensé también… ¿Qué pasa si Sesshomaru quiere seguir viendo a su padre? ¿has pensado en eso?

No, no lo había pensado.

¿Cómo no se le paso eso por la cabeza? Bueno, si se le había pasado por la cabeza esa posibilidad, pero no había ahondado más en ello, hasta ahora. ¿Qué haría si su petit quería seguir en contacto con ese idiota? Bueno, eso dependía de como salieran las cosas entre ellos, claro, pero… si se llevaban bien… ¿Qué pasaría?

Frunció el ceño e inmediatamente miro al culpable de esos pensamientos. No lo había pensado, pero ahora, por culpa del pelirrojo a su lado, su cabeza y corazón estaban aun mas intranquilos de lo que ya lo estaban.

Maldito

Claro que el ojiverde entendió el mensaje, y en vez de distraerla, le había agregado otra "preocupación" en la cual pensar. Bravo.

Creo que lo mejor era cerrar la boca.

El si había pensado en tal posibilidad, claro. Al igual que ella, ese detalle le había preocupado en su momento, pero… no era algo que dependiera de él, si su jirafita quiera seguir viendo a su madre, él no podría impedírselo, podrían llegar a un acuerdo, claro. Ya con el tiempo se verían los resultados, por ahora, lo primero era conocerse.

-papi…

La voz de su pequeña capto su atención, la vio por el retrovisor y su corazón se derritió por la imagen que vio.

Su pequeña frotaba sus ojitos, ahuyentando el sueño de su cuerpo, mientras que su pequeña boquita se abría en una "O" debido al gran bostezo que salía. Adoraba a su jirafita.

El pequeño Sesshomaru no se quedaba atrás con matarlo de la ternura, pues al abrir sus ojitos, estos brillaron de tal forma, que era imposible no mirarlos, repitió los mismos movimientos de su hija y, extrañamente, una sonrisa se dibujo en su rostro.

Pronto entendió que esa sonrisa iba dirigida a su madre, que lo miraba desde el asiento del copiloto, devolviéndole esa cálida y maternal sonrisa que solo ella podía ofrecerle.

Sonrió, la escena, con ellos cuatro casi parecía… familiar.

-¿Qué sucede, Rion?

-¿podemo juga *"mio, mio"?

Ante la extrañeza dibujada en el rostro de ambos peliblancos, Kirinmaru soltó una carcajada al imaginar, con certeza, que ninguno de los dos, tenía ni una sola idea de lo que hablaba su hija. Se gano un par de miradas de reproche, claro, pero eso no le quitaba lo gracioso.

-se nota que ustedes no conocen estos juegos infantiles, y me sorprende de ti petit, eres un niño después de todo

-tenemos otra manera entretenida de pasar el tiempo, para que sepas- defendió la mujer.

-y ¿Cuál es?- pregunto no muy convencido

-mami me enseña los numedos y las letas- respondió con entusiasmo

-los números ylas letras- corrigió

-núme-ros… y le-tras- repitió supetit, provocando una sonrisa en su rostro

La carcajada del pelirrojo provoco que ambas sonrisas desaparecieran, para volver a dirigirle una mirada de fastidio al culpable de arruinar ese momento madre-hijo.

-pero que aburridos, eso no es tener infancia, lo estas volviendo un completo nerdito

-¿tiene algo de malo?- pregunto molesta. Y esto incomodo al ojiverde

-B-bueno, no… no digo que sea algo malo, solo… bueno… no creo que los estudios sean lo más importante del mundo…

-mejor preocúpate por como crías tu a tu hija y yo me encargo de lo que es mejor para mi hijo- interrumpió con voz cortante, lanzando fuego por aquellos ojos de reluciente y apetitosa miel, tan fieros como el de una leona, protegiendo a su cachorro. Se estremeció.

"nunca te metas con la educación de una madre"

Trago- N-no quise referirme a eso… solo… ¿han hecho otra cosa además… además de estudiar?

-se puede aprender, jugando. Además, a Sesshomaru le gusta dibujar y sino mal recuerdo, en su cumpleaños se la paso jugando con tu hija…

-oh vamos… no peleemos por esto, mejor disfrutemos el resto del viaje con un buen juego de adivinanzas donde no hay lugar para los números… solo únanse a nosotros… ¿Qué dicen?

Madre e hijo pensaron en la opción, no tenían nada que perder, y ciertamente, era mas entretenido que ver pasar a los autos. Así que aceptaron.

El juego resulto ser bastante entretenido.

-¿segura que no quieres que los lleve?- pregunto nuevamente desde el interior de su auto.

-por decima vez, si, lo estoy. Deja ya de entrometerte en mis asuntos.

-no me estoy entrometiendo, solo me preocupa que…

-no tienes de qué preocuparte… estaremos bien.

-pero…

-será mejor que también vayas yendo, tu hija se ve muy entusiasmada por conocer a su madre, no la hagas esperar- interrumpió no queriendo seguir con esa conversación que no los llevaba a ninguna parte, ella no pintaba nada en su reunión con la madre de Rion y, en definitiva, él tampoco lo hacía ante sus asuntos con Taisho. Le dio la espalda, dispuesta a marcharse de una vez.

Kirinmaru dudo, pero al final asintió, no lograría hacerla cambiar de opinión, así que lo mejor era seguir a como acordaron desde un principio.

-te veo mas tarde entonces, márcame por cualquier cosa, yo también te mantendré al tanto de nuestra visita.

No respondió, simplemente asintió y, tomando de la mano a su petit, ambos se alejaron del auto del pelirrojo, perdiéndose de la vista de este, al caminar entre la gente que pasaba a su alrededor. Ya sin percibir rastro de ninguno de los dos, encendió nuevamente su auto y manejo en dirección contraria a la de ellos. Habían quedado en reunirse nuevamente en ese lugar, estaba nervioso, estaba claro, pero ni eso lograba disipar el pesado presentimiento de que algo malo podía pasar.

Algo le preocupaba.

Iban en el autobús, ella sumida en sus pensamientos, pero sin dejar de prestarle atención a su pequeño, quien se removía un poco inquieto en el asiento, delatando su ansiedad por llegar pronto a donde estaba… ese sujeto.

Las manos le temblaban y sudaban, un sudor frio. No quería llegar, nuevamente esa pregunta rondaba en su cabeza.

¿Qué haría si su petit y el mal nacido se llevaban bien? ¿soportaría tener que verlo cada tanto? ¿soportaría alejarse de su petit cada que decidiera pasar unos días con él? Claro que no, él era su mundo, no soportaría estar lejos de él.

¿Qué haría?

-mami ¿estas bien?- escucho la tierna voz de su petit

Sonrió, no importaba que sucediera, para él nunca abría una sonrisa fingida- sí, estoy bien, mi amor- acaricio sus lacios cabellos, mas largos. Le crecía rápido el cabello, ya lo tenia por encima de los hombros- ya hay que hacerte un corte- comento.

Para su sorpresa, el pequeño negó. Iba a preguntar el porqué, pero su hijo se adelantó en responder- como el tuyo- señalo

-¿lo quieres largo como el mío?

El pequeño asintió

-¿Por qué?

Él solo se encogió de hombros, y sus mejillas se tiñeron de un adorable carmín- porque te amo- respondió mostrando una gran sonrisa.

Ella no supo que responder, las lagrimas se acumularon en sus ojos, mas no las derramo. En cambio, tomo a su hijo en brazos y lo abrazo contra su cuerpo. Los pequeños brazos envolvieron su cuello, correspondiendo su muestra de cariño. Tal vez no fuese muy expresiva con quienes la rodeaban, pero eso no importaba, pues el único a quien le correspondía recibir esas muestras de afecto, esas sonrisas sinceras y esas palabras de amor, eran para él. Su petit.

No le gustaban los estereotipos sobre lo que debían llevar los niños y lo que debían llevar las niñas. Si su petit quería el cabello largo, así seria.

El autobús se detuvo, habían llegado a su destino.

Irasue miro una vez mas a su hijo, acaricio sus mejillas y beso su frente- ya es hora.

Estaban frente a un gran edificio, tan alto, que le dolía el cuello de tanto ver hacia arriba, ¿su padre vivía en ese edificio? Pero había mucha gente que entraba y salía con vestimenta muy… adulta. ¿acaso ahí trabajaba? No importaba mucho, ya quería ver a su padre, no entendía por que nunca lo había visto, tal vez era por su trabajo ¿viajaría mucho? Estaba entusiasmado.

Sintió que el agarre de su madre se apretaba un poco más, podía percibir como temblaba y como su mano se volvía resbaladiza, ¿Qué le ocurría a su mamá?

-¿mami?- intento llamar su atención, ya que parecía muy entretenida mirando la entrada del edificio

Ella inmediatamente lo miro, podía ver en sus ojos, que no se encontraba bien. Iba a preguntar, pero ella solo asintió, y afianzando mas su agarre, pero sin lastimarlo, camino con él hacia la entrada, sin dejar de mirar al frente.

Caminaron por largo rato, trato de pasar lo mas desapercibida posible, cosa que no era muy fácil dado que llevaba a un niño de la mano caminando por todo el lugar como si lo estuviese exhibiendo. Ya se había percatado que algunos de los empleados se le quedaban mirando, algunos extrañados, otros con la sorpresa pintada en sus rostros, tal vez reconociéndola, tal vez por su hijo… o quizá por ambas razones.

Hubo un tiempo en el que la noticia de su "desaparición" provoco revuelo en las redes, claro que esta noticia fue cubierta por su supuesta "mudanza" al extranjero por motivos de estudio. Solo eso se sabia de ella, pues sus padres decidieron no mencionar nada mas sobre su repentina desaparición. Era obvio que la reconocerían, pero claro, era mas sorprendente verla regresar con un niño.

Era mas que seguro que esta noticia se esparciría tarde o temprano.

Justo lo que no quería.

Exponer la existencia de su petit.

Sin embargo, eso no impidió que avanzara con la cabeza en alto, siempre mostrándose segura, sin ningún rastro de vergüenza. Orgullosa, fría.

Sakakibara Irasue había vuelto.

Claro que, ese nombre ya no le pertenecía. Tal vez no fuese digna de portarlo, pero se sentía mas orgullosa por el que ahora usaba. No importaba quien había sido en el pasado, a ella le importaba quien era hoy.

Una mujer fuerte, independiente, trabajadora, inteligente, pero, sobre todo, una madre orgullosa. No se mostraría con la cabeza gacha, ella no tenia de que avergonzarse, no venia por nada, no le debía nada a nadie. Solo estaba ahí, para cumplir el deseo de su hijo.

Su más grande tesoro.

Por fin llegaron hasta el ultimo piso. Su petit se notaba cansado, y no lo culpaba, su pequeño tamaño no le ayudaba mucho en esas situaciones, además de que habían tenido que subir un buen tramo de escaleras debido al mantenimiento de los elevadores. No había querido que lo cargara, él quería llegar por su cuenta hasta donde estaba Taisho, y no pudo hacerlo cambiar de opinión, así que ahora, esto traería mas adelante, una larga e ininterrumpida siesta. Nada mal.

Se acercaron hasta donde se encontraba la secretaria, una mujer que no pasaba de los 40, tan centrada en su trabajo que apenas y se dio cuenta de ellos, abrió tanto los ojos debido a la sorpresa, e inmediatamente pregunto en que podía ayudarles.

-vengo a hablar con Taisho- respondió sin más.

-oh, me temo que el joven Taisho se encuentra muy ocupado ahora, ¿gusta dejarle un mensaje o…?

-eh dicho que eh venido para hablar con él, dígale que Narita Irasue exige una reunión ahora mismo- ordeno

No fue necesario que la mujer hiciera lo antes dicho, pues en cuanto termino de decir aquella orden, el comunicador en el escritorio de la mujer se encendió, dejando escuchar la voz profunda del hombre, que se encontraba tras aquella puerta que los separaba.

-déjala pasar

La mujer presiono un pequeño botoncito- sí, señor- nerviosa, se dirigió nuevamente a la joven que tenía en frente- adelante

Antes de hacerlo, se agacho hasta quedar a la altura de su petit, quien la miraba con cierta curiosidad bailando en sus ojos. Poso ambas manos sobre sus pequeños hombros, le dijo:

-quédate aquí un momento con la señora, primero tengo que hablar con… tu padre, ¿esta bien?- su petit asintió, no entendiendo el por qué no podían entrar juntos- muy bien, siéntate en la banca de ahí, no tardo.

El infante volvió a asentir, y obedeciendo la orden de su madre, se acerco hacia la banca que había a sus espaldas, y sin ayuda, logro subirse a esta, a esperar por que su madre lo llamara.

Ella le dedico una ultima mirada, antes de pararse frente a la puerta, tomar una gran bocanada de aire, y entrar a la oficina, dejándolo en compañía de la señora, que no despegaba sus ojos de él, claramente sorprendida.

Lo cual no entendía el porqué.

Solo quedaba esperar.

Su corazón latía muy deprisa, sus manos no dejaban de temblar, al igual que sus piernas, su boca repentinamente la sintió seca.

Ahí estaba.

Justo frente a ella, sentado tras su escritorio, vestido con un impecable traje color negro, y una camisa blanca, el saco descansaba sobre el respaldo de la silla, dejándolo solo con el chaleco. Llevaba amarrada una coleta, por lo visto, en su familia acostumbraban los hombres a tener el cabello largo…

Claro que, su petit había decidido dejarlo crecer por ella. No por él

Taisho la miraba, podía ver la diversión en sus ojos, bastante entretenido por la postura con la que se presentaba. Era evidente que notaba su nerviosismo.

Lo odiaba.

Su cuerpo solo exteriorizaba su sentir, pues de solo verlo, de solo tenerlo de frente, su interior se llenaba de coraje contenido, tratando de controlarse. Aunque lo que mas deseara, fuera ahorcarlo con esa asquerosa corbata que rodeaba su cuello.

-así que…- comenzó a hablar, sin borrar esa odiosa sonrisa de su rostro- Narita ¿no es así?

Ella no respondió.

-que extraño… si no mal recuerdo, tu familia de llama "Sakakibara" ¿Por qué el repentino cambio de nombre? ¿ocurrió algo? ¿Qué hiciste para que tus queridos padres, dejaran de verte como a su hija?

-¿Qué sabes tu?

-oh, así que, sí hablas, creí que te habías mordido la lengua

-¿Qué diablos sabes?

-tranquila fiera, no es como que yo este muy al tanto del chisme sobre tu "desaparición", solo eh oído algunas cosas, como veras, soy un hombre ocupado.

-¿ocupado en qué? ¿en aprovecharte de la muerte de tu padre para hacerte sin ningún esfuerzo de su empresa? Eso es muy ti, definitivamente.

-la muerte de mi padre fue un terrible acontecimiento, y para tu mala suerte, yo soy el único heredero, era obvio que yo debía tomar las riendas de todo esto- respondió no tomándole importancia a la insinuación de la joven, la conocía bastante bien, y sabia que, de esa boquita, solo podía salir veneno.

Aunque también era muy dulce, debía admitir.

Se relamió los labios de solo recordar.

Este acto asqueo a Irasue, que lo miro con asco. Esto le divirtió aun más.

-¿y bien? ¿me dirás a qué has venido? Porque no creo que hayas salido de tu escondite solo para venir a verme ¿no es así? Después de todo, le exigiste a mi secretaria que te dejara hablar conmigo.

-no estoy aquí por ti, si es lo que tu asquerosa mente piensa

-¿a no?- se levantó de su silla y rodeo el escritorio, para quedar más cerca de ella- Que lastima, ya me estaba preparando para pasar un buen rato contigo, como en el pasado ¿lo recuerdas?- menciono, cruzando sus brazos sobre su pecho, y recargándose sobre el escritorio. Espero.

Ella reacciono como lo imagino, tan fiera como se veía, se acercó rápidamente hacia él e intento abofetearlo, cosa que no logro, pues ya se lo veía venir, y atrapo su mano en el aire. Ella intento golpearlo con la otra, obteniendo el mismo resultado.

Toga aprovecho esta oportunidad, y de un solo empujón, logro tirarla al piso, quedando sobre ella, acorralada e indefensa. No pudo evitar recordar esa noche.

-como en los viejos tiempos- murmuro tan cerca de su rostro, percibiendo su embriagador aroma

-no hay viejos tiempos… eres un maldito violador que se aprovecho de mi esa noche- dijo apretando los dientes, intentando sacárselo de encima.

-oh vamos, tu prácticamente te me serviste en bandeja de oro, fue tan fácil hacer que asistieras a mi fiesta, y todo gracias a tu amiguita ¿la recuerdas?

-no era mi amiga- dijo sin dejar de forcejear- solo era una tonta enamorada que no dejaba de molestarme

-es una lastima que hables así de ella, porque aún te considera su amiga

-¿Qué?

-lo que oyes, digamos que… gracias a ti, ahora somos muy buenos amigos- tomo ambas muñecas delgadas con una mano, y con la otra, fue subiendo lentamente la blusa que cubría el torso femenino, sintiendo como la piel se estremecía bajo su tacto- y lo menos que puedo hacer para agradecerte, es hacerte pasar un buen rato.

-suéltame- gruño

-¿a que has venido a mi oficina?- pregunto mientras comenzaba a besar el cuello blanquecino, pero las palabras que escucho, le hicieron detenerse de manera abrupta. Se movió para observarla nuevamente a la cara, creyendo haber escuchado mal- ¿Qué dijiste?

-…

-repite lo que dijiste- ordeno

-… tu hijo… quiere conocerte

Inmediatamente sintió que el agarre de sus manos desaparecía, comenzó a frotar sus muñecas con delicadeza debido al dolor y poco a poco se reincorporo, quedando sentada. Levanto la mirada, ahora Taisho estaba de pie frente a ella, observándola con incredibilidad. Se puso de pie, encarándolo, pues no se vería inferior a él.

-¿dijiste hijo?

-¿acaso eres sordo?

-tienes que estar de maldita broma- le dio la espalda, y camino unos pasos lejos de ella

-lo creas o no, es la verdad

Taisho no dejo de mirarla por un largo tiempo, tenia el ceño fruncido y en sus ojos podía percibir una fuerte duda hacia sus palabras.

De la nada, comenzó a reírse a carcajadas.

-¿Qué es tan gracioso?- pregunto molesta

-¡ahora entiendo todo¡ por eso tus padres han omitido cualquier información sobre tu paradero, por eso tu repentina desaparición, por eso estas aquí hoy- se acerco nuevamente a ella, casi invadiendo su espacio personal. Nuevamente- no pienses que me creeré ese cuentito de que tenemos un… niño. ¿Quién me asegura que realmente sea mío? Bien puede ser de cualquiera y solo quieres culparme de tu error.

Un ardor en su mejilla se hizo presente en cuanto ella lo abofeteo, no podía decir que no se la esperaba, claro que ya la veía venir, pero eso no quería decir que lo aceptaría así de fácil.

La tomo por el cuello, ejerciendo solo la fuerza necesaria para no asfixiarla. Ella tomo su brazo para intentar alejarlo.

-¿te ofendió? Si solo dije la verdad ¿acaso no has venido aquí por dinero? Recién te enteraste de la muerte de mi padre viniste corriendo, pensando que me tragaría ese cuento del supuesto hijo que tenemos. Claro, como tus papis te corrieron después de que anduvieras de prostituta, ya no tienes ni un solo peso con que vivir ¿no es así?

-eres… un imbécil

-y tu una mentirosa que solo busca su propio beneficio.

-no puedes estar… más equivocado- dijo con esfuerzo debido al agarre en su cuello.

-¿ha no? ¿entonces de que se trata?

-él… quería… conocerte

-¿seguirás diciendo que es mío? Ya te lo digo, eso es imposible- la soltó bruscamente, y su cuerpo cayó al suelo, mientras tosía con dolor debido al agarre.

No sabía porque, tal vez fue sin pensar pues, aunque estaba más que dispuesta a levantarse, salir de esa oficina, tomar a su hijo y no volver nunca más, simplemente una parte de ella quería seguir con aquello, seguir peleando, no darse por vencida.

Tal vez había sido una mala decisión.

Arrodillada en el piso, acariciando su lastimado cuello, y con voz débil, continuo- ¿acaso… se te olvida… como se hacen los bebés, Taisho?- una débil risa sin gracia salió de sus labios- eres un maldito violador, y un completo idiota.

-la idiota eres tú, si piensas que me creeré ese cuentito de que tenemos un hijo.

-PUES LO CREAS O NO, ES ASI- grito, enfrentando su mirada con la suya. Sintió satisfacción, al ver como esa mirada ambarina perdía la sonrisa de suficiencia que pintaba en su rostro.

-ya te dije, que eso imposible…

-¿Por qué lo niegas tanto? Ya te dije mis intenciones al estar aquí… o ¿Qué? ¿también eres cobarde?

Claro que recordaba no haber utilizado ningún tipo de protección aquella noche, estaba tan caliente por esa mujercita que simplemente se le había olvidado en el momento. Pero había algo que ella, por lo visto, no recordaba o quizás no tenía conocimiento. Una sonrisa burlona apareció en el rostro masculino y soltó la cruel realidad- no puede ser mío… porque esa noche, más de uno se acostó contigo.

Y el mundo se le vino abajo.

había dicho ¿qué? No podía ser, no, ella no recordaba nada de eso.

-mientes- dijo con voz temblorosa

-¿eso crees?¿quieres que te refresque la memoria?- como si estuviese a punto de contar una gran historia, tomo asiento nuevamente sobre la silla frente al escritorio, cruzo una pierna y junto las manos sobre su regazo- ¿recuerdas a mis amigos de la preparatoria? Pues ellos me ayudaron en todo, esa noche. Luego de haber sido el primero que te probara, fue el turno de ellos…

Flash back

Esta, sin duda, había sido la mejor noche de su vida.

Pero claro, aún no había terminado…

Estaba tan excitado, que con una sola vez no bastaba. No, necesitaba más, aun no terminaba con ella. Lamentablemente, la chica bajo su cuerpo ya se había rendido ante los efectos de la droga, y se encontraba profundamente noqueada. Era seguro que no despertaría hasta la mañana, pero ¿Qué mas daba? No la necesitaba precisamente despierta para hacer con ella lo que se le viniera en gana. Así que debía aprovechar.

Tomo las piernas de la chica y las elevo hasta sus hombros. Esa posición le permitía llegar mas profundo, su interior era tan estrecho y si hacia bien su trabajo, podría excitarla lo suficiente aun estando dormida, manteniéndola húmeda y resbaladiza para él.

Mientras continuaba penetrándola, tan fuerte y brusco como se le antojaba, podía notar como las facciones de su rostro se contraían en una mueca que denotaba dolor, pero poco le importaba en realidad, solo quería seguir cogiéndola.

Una vez terminado de saciarse y de haberse asegurado de recorrer completamente ese hermoso cuerpo, Toga se vistió nuevamente con la ropa de hace unas horas, y salió de la habitación, solo para volver pocos minutos después, y no precisamente solo.

Seis de sus amigos lo acompañaban. Cada uno se metió a la habitación, y contemplaron el cuerpo desnudo de la chica sobre la cama. Completamente dormida. Sin posibilidad de resistirse.

-bien chicos, solo no sean muy rudos con ella, recuerden que debo regresarla a su casa temprano en la mañana. Diviértanse- lo ultimo que vio antes de cerrar la puerta, era como sus amigos, algunos, se acercaban a la muchacha, mientras que otros, comenzaban por despojarse de sus prendas.

Cerro la puerta, y, como si nada, se dirigió nuevamente a la sala, donde la chica de cabello negro lo esperaba con una bebida.

Pregunto por su amiga, a lo cual solo respondió:

- está en buenas manos

Fin del flash back

-era su paga por haberme ayudado, no me parecía justo que solo yo te disfrutara esa noche.

Termino su relato, y espero por la reacción de la mujer frente a él.

No decía nada, ni siquiera podía ver sus ojos, pues estos eran cubiertos por su flequillo. Se veía pálida, mas blanca de lo normal, de un tono casi enfermizo.

El silencio reino por un par de minutos, hasta que por fin hubo una reacción de ella.

Levanto su rostro, y le sorprendió lo que veía.

Lagrimas.

No emitía ningún sonido, simplemente lloraba, pero era como si no se diese cuenta de ello. Rota. Sus ojos estaban llenos de odio, oh, claro que podía verlo, el mas puro sentimiento de rencor estaba dirigido hacia él. Y no le importo, pues para él, estuvo en todo su derecho de hacerle lo que le hiso. Todos esos años que lo humillo, todas esas veces que lo golpeo, creyéndose superior a él, con esa mirada arrogante. Se lo merecía, no se arrepentía de nada.

-¿y bien? ¿seguirás diciendo que ese bastardo indeseado es hijo mío? Porque de una vez te digo que, de mí, no obtendrás nada.

Hasta ahí.

Nuevamente la mujer se abalanzó sobre él, esta vez con mas fuerza que antes, logrando tirarlo junto con la silla, provocando un fuerte estruendo que resonó por todo el lugar.

Lanzaba golpes sin parar, gritándole palabras ofensivas, cegada por la rabia.

Aun con esto, el peliplata logro someterla nuevamente, pescando ambas manos con las suyas, y cambiando de posición, nuevamente sobre ella, y aunque le costaba un poco mantenerla quieta, no le quitaba lo divertido al asunto, terminaría por romperla, borraría cualquier rastro de superioridad de su rostro, reduciría su orgullo a nada, acabaría con su dignidad.

Ya cansado de luchar contra ella, sin piedad, lanzo un fuerte golpe contra su estómago, logrando sacarle el aire, y ella dejo de luchar.

Escucho el sonido de un rechinido, pero no le presto mucha atención, pues estaba más ocupado en la mujer bajo su cuerpo, que tampoco le dio importancia al pequeño ser que se acercaba. Estaba por arrancarle la blusa de un tirón, pero algo se lo impidió, o más bien, alguien.

Sintió que algo lo empujaba, como alguien lo golpeaba; golpes carentes de suficiente fuerza. Pequeñas manos aferrándose a su ropa, jalando con desespero de esta, para luego apoderarse de su cabello, que estaba sujeto en una coleta. Esta vez el dolor se hiso presente, logrando que se apartara un poco de la mujer. Intento librarse del agarre, sin poder ver a su atacante.

-DEJALA, SUELTALA- escuchaba que le gritaban, una voz demasiado aguda.

Una voz infantil.

Sin pensarlo, de un manotazo, logro zafarse del agarre de su atacante. Levanto la mirada y, a unos pocos metros de él, yacía sobre el suelo, el cuerpo de un niño pequeño, que no podía pasar de los 4 años, tal vez 3.

Sus ojos se abrieron debido a la sorpresa, sin poderse creer lo que veía.

El niño se levando con un poco de esfuerzo debido al golpe, todo ocurría como en cámara lenta, como, poco a poco, enfrentaba su mirada contra la suya, revelando así, el color de sus ojos.

Unos ojos… de color dorado.

Un rasgo inconfundible de la familia Taisho, pero no solo eso, no. Su rostro; un rostro tan familiar y a la vez, tan desconocido. Era como verse en un espejo.

Presenciar una versión, miniatura, de él.

"no puede ser"

Rápidamente el pequeño niño volvió a lanzarse sobre él, logrando darle unos cuantos golpes en el rostro, mas no hizo nada para impedirlo o por defenderse, pues estaba en shock.

Irasue, con algo de esfuerzo, logro ponerse de pie y, viendo lo que estaba ocurriendo, deprisa, tomo a su hijo en brazos, apartándolo con rapidez de aquel sujeto. Corrió hacia la salida con él, saliendo de esa oficina en cuestión de segundos; saliendo del aquel edificio, alejándose por siempre, de aquel peligro.

Toga quedo completamente inmóvil, aun sin poder salir de su estado de shock. No despego la vista de la puerta, por donde vio desaparecer a aquel niño, entre los brazos de su… madre.

El niño no le despego la mirada en ningún momento, sus ojos siempre en contacto con los suyos.

Tan iguales… a los suyos.

"no puede ser"

No se detuvo, no le importo que la gente la mirase con extrañeza, no le importaba nada, solo quería alejarse de ahí.

Llego hasta un parque, donde no había muchas personas. Ubico la banca mas cercana y afortunadamente, estaba vacía.

Se sentó a descansar sobre esta, respirando con dificultad, y el corazón latiendo con rapidez. Aun tenia algunos restos de las lagrimas que había derramado, y no hiso nada por apartarlas. Una, porque no tenia fuerzas, dos, porque las pocas que le quedaban, se encargaban de mantener aferrado a la razón de su vida entre sus brazos, sin apartarlo ni un solo milímetro de su cuerpo.

Sentía que, si llegaba a aflojar, aunque sea solo un poco el agarre, se desmoronaría. Era su salvavidas en ese momento.

La imagen de su petit siendo golpeado por ese sujeto se repitió en su cabeza, y eso la obligo a separarlo de ella, para comprobar con sus propios ojos, que tan grave era el daño.

Su petit ni la miraba, se mantenía cabizbajo, y de sus ojitos, las lágrimas se hacían presentes, mas no eran derramadas. Capto de inmediato el color rojo en su mejilla y también la hinchazón. Se preocupo.

Pero al mismo tiempo, el sentimiento de culpa apareció.

-mi amor, mírame ¿estas bien? ¿te duele mucho?- pregunto con voz entrecortada debido a la angustia, apartando unos mechones del rostro infantil.

No recibió respuesta de su petit, sentía al pequeño cuerpo temblar, sus manitas cerradas en dolorosos puños, sus mejillas sonrojadas, el ceño fruncido. Reprimiendo el llanto que quería salir.

-¿Sesshomaru?

-lo… siento- murmuro, pero lo suficientemente alto como para escucharlo

-¿Qué? Mi amor ¿Por qué te estas disculpando? No hiciste nada malo

-y-yo… yo… yo quedia… ved a mi papá, y… él te lastimo… po mi culpa

Eso no estaba bien, nada bien. Un fuerte nudo se instalo en su garganta y no pudo mas que atraer al pequeño cuerpo contra el suyo, encerrándolo en un abrazo lleno de dolor. Su petit no debía tener esos pensamientos, era solo un niño, y no entendía nada del mundo. Últimamente habían ocurrido cosas que precisamente, ella no quería que sucedieran.

Su hijo estaba sufriendo. Por su culpa.

-no mi amor, no es tu culpa- comenzó con voz estrangulada, tratando de contener el llanto que la abatía- nada de esto es tu culpa… yo… yo lo siento… por no poder darte la familia que necesitas.

-no mami, no- movió su cabecita en negación- Tu edes mi única familia, yo solo quiedo estad contigo- dijo aferrándose más al pecho su madre.

Las lagrimas volvieron a salir sin su permiso, pero ya no importaba, dejo que fluyeran.

Madre e hijo permanecieron en aquel parque, desahogándose mutuamente, no importando que los vieran.

Solo eran ellos dos.

Horas mas tarde…

Ya estaba oscuro, por las calles no se podía apreciar ni una sola alma y el único sonido que habitaba, era el del auto, que se estaciono justo frente a su casa.

El ambiente de nuevo era bastante incomodo, con un silencio sepulcral, mas el pelirrojo no se atrevía a decir nada.

Esa tarde, luego de su visita a casa de su exnovia (y que afortunadamente, había tenido buenos resultados), se extraño en no recibir noticias de parte de la mujer que ocupaba el asiento del copiloto, junto a su hijo.

Pensó que quizás seguían con el padre del pequeño, pero unas horas más tarde y aun sin recibir nada de ellos, decidió buscarlos (pues tampoco respondía a sus mensajes). Intento no mostrarse preocupado, no quería inquietar a su pequeña, pero algo en su interior le decía, que algo no andaba bien.

Para su alivio, mientras conducía, recibió un mensaje. Era de ella.

Flash back

"Parque central"

Era lo único que decía. Sabía que Irasue no era una mujer muy expresiva y difícil de entender, estaba acostumbrado a sus monosílabos o sus faltas de explicaciones.

Pero, aun así, seguía presintiendo que algo no andaba bien.

Condujo hasta el lugar, el sol ya se estaba ocultando y casi no había gente por la zona.

Tomo a su pequeña de la mano y ambos caminaron por el parque en busca de ambos peliblancos. No tardaron mucho en encontrarlos, pues el color de su cabello era muy llamativo y no era muy común.

Rápidamente se acercaron, pero, tanto padre como hija, supieron que algo no andaba bien.

Ahí estaban, madre e hijo, tan abrazados, que nadie podría siquiera separarlos.

A simple vista podría ser una escena hermosa, pero el ambiente a su alrededor y la intensidad con la que ambos se aferraban cambiaba completamente el panorama. Una escena de dolor.

La pequeña se soltó de su mano, y corrió hacia ellos. No hiso nada por detenerla, solo se quedó ahí, observando.

Su hija llamo la atención de la mujer, la tomo de la mano y la llevo hacia donde él se encontraba. No soltó en ningún momento a su petit- como ella le llamaba-y el pequeño en ningún momento se separo de ella, al contrario, se aferraron aún más.

¿Qué había ocurrido?

Con solo una mirada supo que no obtendría ninguna respuesta, y se sintió frustrado. Quería ayudarla, quería estar a su lado, quería apoyarla.

Sin embargo, ella parecía, querer alejarlo.

Fin del flash back

Luego de eso, simplemente se subió al auto y espero a que él también lo hiciera. El mensaje había sido claro, "vámonos" y no tuvo más opción que complacerla.

Luego de varias horas y un largo camino de regreso, por fin habían vuelto y ahora solo quedaba despedirse. Rion se había quedado dormida desde hacia horas, pero sabia que el niño, entre los brazos de su madre, continuaba completamente despierto, y mas callado que de costumbre.

-gracias…- escucho la débil voz femenina

-no… no hay de que.

Ella solo asintió. Quiso preguntarle, que ella confiara en él, realmente moría de ganas por decirle algo, pero nada salía de su boca. La vio bajar del auto, con su hijo en brazos; parecía que no querían alejarse, ni siquiera un poco.

Pero mientras más se alejaban, sentía que también lo hacían de él. De su vida.

Puede que fuera algo tonto, pero en ese momento, era lo que sentía.

Tenía que decírselo.

Escucho la puerta del auto cerrarse, unos pasos acercarse a ella con velocidad y después, como su jefe pelirrojo se situaba frente a ella, obstaculizando su paso. Se veía agitado a pesar de que solo había corrido unos metros, y la miraba, de una manera, como si quisiese decirle algo, y ya no pudiese continuar guardando.

Y lo supo.

Sabia que era lo que le diría, y no podía permitirlo, no podía permitir, que esas palabras fuesen escuchadas.

Antes de que siquiera abriera la boca, se adelantó- se lo que vas a decir, Kirinmaru… y no quiero herirte, pero no siento lo mismo por ti- dijo mirándolo a los ojos.

Eso pareció sorprenderlo, pues se quedo sin palabras. No espero mucho, pues se recupero casi al instante- C-como… ¿Cómo sabias que yo te…?

No lo dejo terminar- por favor, no necesito darte explicaciones. Eres una buena persona, me has ayudado mucho últimamente… pero no puedo corresponder a lo que sientes.

-¿Por qué no?- pregunto

-ya te lo dije, y no voy a repetirlo. El único que me importa en este mundo… al único que puedo amar tanto… es a mi hijo. Él es lo mas importante para mí, y no hay nada más.

Ni siquiera se quedo para escuchar nada más, simplemente lo rodeo, tomo sus llaves y abrió la puerta. Entro a su casa, y antes de cerrar, dijo: buenas noches… lo siento.

Cerro la puerta, siendo lo ultimo que vio del pelirrojo, fue su espalda, cubierta por aquella melena larga y rizada.

Espero un momento tras la puerta, escucho un suspiro y luego los pasos del hombre alejándose. Escucho la puerta del auto abrirse y luego cerrarse. El motor encender, y al final, como este se alejaba de su hogar.

Se dejo caer de rodillas, no lo entendía, estaba segura de no sentir nada por su jefe, nada mas que agradecimiento, una ligera pizca de amistad y tal vez… algo, solo un poco, de cariño. Pero nada más, no lo veía de otra forma, era imposible.

Entonces ¿Por qué su corazón dolía?.

Sintió las mejillas húmedas, ¿lágrimas de nuevo? ¿porque eran esta vez? Estaba cansada de llorar, estaba harta.

Pequeñas manos tomaron sus mejillas, miro hacia abajo, encontrándose con aquellos ojos, tan parecidos, pero tan diferentes, a los de Taisho. Esos hermosos ojos que la observaban estaban llenos de culpa, tristeza y determinación, transmitiendo una promesa silenciosa.

-mami…

-¿si?

-yo cuidare de ti

Eso la desconcertó- mi amor ¿Por qué dices eso? Yo soy quien debe cuidar de ti

-pero yo quiero cuidar de ti

-petit, aun eres muy pequeño, de lo único que debes enfocarte, es en seguir siendo el maravilloso niño que eres- dijo acariciando su cabeza, apartando un poco el lacio cabello blanco.

El pequeño negó- ya no quiero ser chiquito, quiero cuidar de ti, mami- insistió, esta vez, aferrándose al cuello de su madre. Nada lo haría cambiar de idea, era algo que ya había decidido.

-Sesshomaru…- murmuro. Acaricio la espalda de su hijo, no sabiendo que mas hacer, no sabiendo que decir.

-siempre estaremos juntos, ¿verdad, mami?

Con voz estrangulada, respondió- sí petit, siempre…

-¿lo prometes?

-lo prometo mi amor… nunca te voy a dejar- prometió, aferrándose más al pequeño cuerpo.

Ambos permanecieron abrazados, sin siquiera moverse, sin querer separarse.

El cansancio los venció, y ambos durmieron, en la entrada de su casa.

Había sido un día muy largo, lleno de emociones y decepciones, de verdades dolorosas y momentos emotivos. Al fin estaban en casa, y más unidos que antes.

En la mente de Irasue, deseaba que el tiempo se detuviese, que nada mas les hiciera daño, que nada tuviese que separarlos.

La promesa que había hecho con su petit era en serio, nunca lo dejaría solo, siempre estarían juntos. Aun cuando él creciera e hiciera su vida, ella siempre estaría a su lado. No solo lo haría, por ser una promesa.

No…

Lo haría por amor, porque era su todo.

Porque era su madre

N/A:

lo seeeeeeeeeeee, se que dije que intentaría volver a publicar cada semana. En serio lo intento, pero el trabajo a tomado mucho de mi tiempo y no me deja escribir a gustin D:

gracias por esperarme, seguir leyendo y dejar sus preciosos comentarios :3

por cierto, me di cuenta, que no explique lo de "debile" en el capitulo anterior… es un insulto "tonto, estúpido" eso 😊

*mío, mío (es "miro, miro" solo que son niños, hay algunas letras que se les dificultan, y el juego es "veo, veo") para quienes no lo conozcan, es un juego que tal vez, muchos hayan jugado en algún viaje familiar en la carretera, consiste en que 1 de los participantes, vea algo y de cómo pista solo la primera letra de ese objeto (obviamente debe ser algo que siga a la vista, sino, no cuenta) y así, hasta que alguien adivine, será el turno de quien haya acertado. (repito que es en caso de que no conozcan este juego)

nuevamente, lamento si hay alguna falta de ortografía o que me haya comido algunas palabras o letras.

Los quiero!

Hasta la próxima!