Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen.

.


oOo

5

Las llamas

.


oOo

No puedo evitar soltar un suspiro de alivio apenas las cámaras se apagan.

Gale luce extraño desde que empezó el evento, como ido, tan pensativo que me eriza la piel, pero no me atrevo a preguntar, a pesar de que se pasó toda la fiesta de la misma forma. Supongo que tiene demasiado en qué pensar ahora que cree que estamos en peligro. En lo personal prefiero no pensar en eso, y no es que crea que ignorándolo el problema desaparecerá, es solo que... No sé porqué, pero a pesar de lo que dijo Gale no tengo miedo.

Quizá algo en mi mente se niegue a aceptar que el presidente podría hacernos algún daño, o tal vez sea el hecho de que sigo tan molesta con Gale que no haría caso a nada de lo que él dijera. Después del incidente en el Distrito 11 ha habido un quiebre entre nosotros que hace que sea insoportable estar juntos. Es decir, sé que a pesar de todo aún estoy enamorada de él, pero estoy cansada de sus mentiras, de tener que enterarme de cada cosa sólo gracias a esos repentinos ataques de honestidad que tiene cuando se siente demasiado presionado por las circunstancias.

Admito que es tonto e irracional teniendo en cuenta el peligro constante en el que ahora dice que estamos, pero no puedo evitarlo. Antes de los juegos pasé tantos años reprimiendo mis emociones, y ahora ya no puedo controlarlas; incluso yo me sorprendo de eso. Nunca creí que podría ser tan rencorosa, pero supongo que aún hay muchas cosas sobre mí misma que desconozco.

Yo no soy como Gale y Katniss, no me vi obligada a crecer de repente debido a los golpes de la vida, tal vez por eso me cueste tanto entenderlos; tal vez por eso haya un abismo tan grande entre nosotros ahora.

—Madge, cariño, tu madre nos invitó té y galletas, ¿no vienes? —la chillona voz de Effie me saca de mis pensamientos. Su sonrisa tan blanca como la nieve a veces me desespera un poco. Tengo la sensación de que ella es una de esas personas que mantendría esa sonrisa aunque el mundo se estuviera derrumbando a sus pies; y pienso que a veces quisiera ver las cosas tan simples como ella.

oOo

Los ojos grandes y grises de Posy me miran con una fascinación que pocas veces he visto.

Hazelle dice que su hija me admira, que siempre me ha considerado como una princesa de cuento de hadas, y eso hace que a veces se me cierre la garganta, pero la dulzura de Posy siempre me hace sentir mejor.

Juntas retozamos sobre la nieve de camino a la ciudad. Gale ha desaparecido desde temprano, y sus hermanos están haciendo tarea, así que Hazelle me pidió cuidar de la niña mientras ella hace la limpieza semanal de su casa, y ni siquiera lo pensé al aceptar. Adoro tanto a ésta niña como ella a mí. Me gustan mucho los niños en general, sobre todo los pequeños. Creo que podría haber sido una buena maestra, aunque quizá me luzca mejor como mentora, pero intento no pensar en eso.

Todo lo referido a los juegos es demasiado doloroso, sobre todo desde nuestro último viaje al Capitolio.

Todavía no puedo creer que Gale me haya mentido, sobre todo que besara a Katniss. ¿Cómo se supone que me deja eso? Quizá sea egoísta, pero resulta increíblemente humillante que el chico del que estás enamorada (y que supuestamente te ama con locura) bese a otras chicas a tu espaldas. Y sé bien que desde el principio todo fue una farsa, y que yo acepté que fuera así, pero Gale me humilló; mentira o no, hirió mis sentimientos, porque siempre supo lo que yo sentía por él, y no le importó besar a Katniss, aún cuando estaba 'comprometido' en ésta farsa conmigo. ¿Y si alguien más lo hubiera visto? ¿Y si se enterara todo el mundo? Esto vas mucho más allá de mí y mis sentimientos, porque si el mundo llegara a saber de nuestra treta, si el secreto de los amantes trágicos saliera a la luz, ¿de qué le serviríamos con vida al presidente? ¿De qué le serviría mantener a nuestras familias con vida? No puedo ignorar mis sentimientos, pero, pensándolo con calma, creo que lo que más me duele es que Gale haya pasado por sobre las vidas de todos a quienes amamos por su propio egoísmo. No obstante, aunque no quiero, también pienso en sus propios sentimientos. No soy tonta, y siempre supe o al menos intuí lo que él sentía por Katniss, y cuando pienso en eso recuerdo que así como yo nunca tendré su amor él nunca podrá tener el de Katniss, porque deberá estar atado a mí por el resto de nuestras vidas, para mantenerse a salvo, igual que a mí, a Hazelle, los niños, y mis padres. Odio pensar que quizá sea él quien hace el sacrificio más grande porque, para bien o para mal, al menos yo podré estar siempre cerca del hombre que quiero, pero él nunca podrá estar con la chica de la que se ha enamorado. Y son esos pensamientos los que me hacen querer perdonarlo, porque lo que estamos viviendo no es justo para nadie. Sin embargo, también recuerdo que yo nunca estuve de acuerdo con su plan, y que tanto él como Haymitch me han usado desde el principio, y entonces todo vuelve a comenzar.

No puedo perdonar a Gale, pero por las mismas razones que no puedo perdonarlo tampoco puedo odiarlo.

Ojalá nunca me hubieran sacado de ése Estadio. Quizá así todos hubieran podido ser felices.

―¡Oh, mira Madge! ―exclama Posy de pronto, sacándome de mis pensamientos mientras aprieta mi mano y me lleva hasta el escaparate de una tienda ―¡¿Podemos comprar ése pastel?! ―pregunta, señalando un bonito pastel de betún rosa que hay en la vidriera de la panadería de los Mellark.

Yo la miro, y me gustaría decirle que sí, pero la señora Mellark apuñalándome con la mirada desde el otro lado de la vidriera me hace desistir. Sé que no le caigo bien desde que conseguí que Peeta se mudara con Haymitch para trabajar como su administrador, y también sé lo rencorosa y agresiva que puede ser, así que es mejor no provocarla.

―Emm... Mejor vamos a casa y preparamos uno, ¿está bien?

―¡Sí! ¡Yo quiero pastel! ―exclama, soltando mi mano para estirar los brazos a sus lados y empezar a dar vueltas, hasta que se detiene y vuelve a mirarme, curiosa —¿Pero antes podemos ir al Quemador? ―pregunta de repente, tomándome por sorpresa. Sin embargo, sus ojitos grises brillan de tal forma que no puedo decirle que no, así que para allá nos dirigimos.

Nunca antes había estado en el mercado que todos llaman el Quemador. Me sorprende lo inmenso que es. Son cientos de rudimentarios puestos (si es que puede llamársele así a una sucia tabla de madera donde cada comerciante pone su mercancía) acomodados uno junto al otro en unas seis o siete largas hileras, donde personas de aspecto algo desaliñado y extremadamente cansado ofrecen sus productos, que van desde telas, botones y todo tipo artículos para el hogar hasta comida, como hierbas silvestres, carne de algún dudoso animal o incluso frutas, aunque casi nada se ve fresco.

A pesar de que no hay muchas cosas de calidad me doy cuenta rápidamente de que es suficiente para la gente más pobre del distrito. Cosas útiles y necesarias a muy buen precio, a un tiro de piedra distancia de la ciudad.

Posy, a pesar de su corta edad, se mueve entre las hileras como si ya los conociera de memoria, y no me había dado cuenta, pero trae consigo una lista y un saquito de monedas que reparte entre varios puestos, recibiendo alguna que otra chuchería a cambio, aunque no parece importarle mucho, porque lo que la niña quiere (y realmente pone mucho esmero en eso) es repartir el dinero, y lo hace en los puestos más pequeños, más pobres o de personas de mayor edad, como si ya estuviera cuidadosamente ensayado. Entonces me detengo un momento y la miro. No cabe duda de que la sangre de Gale corre por sus venas, aquella necesidad de cuidar de los demás sin esperar nada a cambio; pero Gale a veces tiene un egoísmo que su pequeña hermana no posee, porque Posy es una niña maravillosa. Aunque no puedo culparlo; supongo que yo sería igual de haber tenido que pasar tantas penurias como él desde la infancia. En este tiempo que he vivido con él aprendí que Gale puede ser tan generoso como inflexible. Es decir, parece ser amable por naturaleza, pero a veces puede ser tan vengativo que me asusta. Supongo que hay muchas cosas de él que todavía no sé, y que nunca podré saber a menos que él decida contármelas.

Cuando Posy termina su bolsita de monedas parece tan decepcionada que le obsequio las que yo tengo para que siga repartiendo, pero veo que se guarda dos monedas en el abrigo, y después regresa a mi lado, tomando de mi mano para guiarme.

―¿Qué les compraste a esas personas, Posy? ―pregunto con curiosidad, y la niña me mira.

―No sé. Gale siempre me da monedas para regalarle a la gente, y algunos me dan cosas a cambio ―dice, alzando la bolsita de arpillera repleta de cosas que lleva en su mano libre, cosas pequeñas, para que ella pueda cargarlas.

Yo sonrío sin poder evitarlo, pero la niña no me hace caso, porque suelta mi mano y empieza a correr.

―¡Sae! ―grita, corriendo hacia un mugroso puesto de comida que una mujer anciana saca de un caldero igual de sucio que su puesto. Sin embargo, la mujer tiene una mirada muy sabia y amable, y recibe a Posy con gran algarabía, igual que el agente de la paz que come de pie junto a ella, cuyo cabello rojo podría reconocer en cualquier parte.

―Buenos días, mi niña ―dice la anciana, preparando para ella un cuenco de lo que parece ser una sopa. Me da algo de impresión que Posy coma de ahí, pero ella lo hace sin problemas. Así que, resignada, me acerco al puesto e intento ser simpática, sonriéndole a la mujer cuando me ve tras Posy.

—Hola —saludo a todos. La anciana me responde con un gesto y una sonrisa cansada, mientras los agentes se dan la vuelta, y Darius se sobresalta de tal forma a verme que se arroja un poco de sopa sobre su uniforme blanco, haciendo reír a Posy.

—Buenos días, señorita Undersee —dice, inclinando levemente la cabeza mientras se pone muy serio. Su gesto es gracioso, porque resalta mucho más que no pertenece a éste distrito.

—Buenos días, Darius. ¿De compras?

Él me mira, nervioso.

—Sí. No. Digo... Solo haciendo mis rondas. Ya sabe... Lo usual. Nada extraño o ilegal ―dice, esbozando una sonrisa inquieta, y ahora yo me río.

—No te apures. Solo bromeaba. Y dime Madge. Ya no soy únicamente la hija del alcalde.

Darius me mira y suspira suavemente, un poco más relajado.

―De acuerdo, seño... Madge ―me sonríe, formando dos bonitos hoyuelos en sus mejillas. Resulta mucho más atractivo de lo usual cuando lo hace, y pensar en eso logra que me sonroje.

―¿Gusta un cuenco? ―pregunta la anciana, aunque ya tiene la sopa servida, y me la extiende frente a mi nariz, haciendo que el sonrojo de mis mejillas desaparezca, porque ahora me concentro en contener la respiración.

―No, gra... ―empiezo a decir, pero ya es tarde, porque tanto la anciana como Posy me miran como esperando que acepte su comida, así que suspiro, y tomo el cuenco humeante entre mis manos ―Está bien, gracias ―digo, procurando sonreír. La sopa tiene un aspecto terrible, y huele bastante mal, pero, extrañamente, cuando la pruebo está deliciosa.

―El estofado de Sae puede darle energía hasta a un buey ―dice Darius por lo bajo ―Es desagradable a la vista, y apesta como el diablo, pero es lo mejor que encontrarás en todo el distrito ―añade, y no puedo evitar estar de acuerdo mientras sigo bebiendo de mi cuenco a sorbos, hasta que, para mi sorpresa, la sopa se termina y mi estómago está completamente satisfecho.

―Está muy bueno ―acepto, y la anciana me sonríe, empezando a hablar con otra señora que se acerca a comprarle.

—¿Y qué hacías por aquí? ―pregunta Darius de repente, mordisqueando un hueso demasiado grande para ser de pollo, y pequeño para ser de ternera ―Nunca antes te había visto en el Quemador.

—Oh, solo estamos de paseo. Posy quería venir, pero vamos de camino a ver a mis padres... ¿De qué animal es ése hueso?

—No querrás saberlo ―Darius ríe y tira su hueso pelado al suelo, limpiándose los dedos con un pañuelo ―¿Sabes qué? Justamente iba a ir para la ciudad. Puedo acompañalas y asegurarme de que lleguen a salvo.

―¡Ya deja en paz a la señorita, tú! ―grita la anciana de repente, a lo que Darius responde con una seña, haciéndome reír.

―Sí, ¿por qué no? ―respondo, buscando dinero dentro de mi abrigo para cancelar la comida, pero Posy se me adelante pagando con las dos monedas que se había guardado en el abrigo, y después se gira hacia Darius, muy solemne y seria, pero mirándolo con una inocencia que sólo un niño tendría en un lugar como éste.

―¿Eres amigo de Madge? ―pregunta; Darius, al parecer sin saber qué decir exactamente, sólo asiente ―¿Eres malo? ―pregunta, haciendo un gesto de desconfianza que he visto muchas veces en Gale, pero aun así el rostro de la niña sigue siendo tan dulce como la miel.

―No, señorita ―responde Darius, levantando una mano como si le diera su palabra.

Posy aprieta los labios y asiente.

―Ah, bueno. ¿Puedes cargarme? Gale siempre me carga en sus hombros cuando vamos a la ciudad. ¿Puedes cargarme? ¿Me cargas? ¿Sí?

Como cinco minutos después los tres salimos juntos del Quemador, con Posy sobre los hombros de Darius, sujetándose de sus manos para no caerse. No sé si eso está permitido, y no sé si Darius lo sabe, pero resulta muy tierno verlos, porque la niña, apenas está segura de que él no es un enemigo, no deja de hablar hasta por los codos, y, para hacer todo mucho más adorable, Darius dobla el cuello para mirarla y frunce las cejas mientras asiente a cada cosa que ella dice con absoluta solemnidad.

El joven agente de la paz resulta ser una compañía más que agradable. Yo ya sabía que era un bromista nato por las veces que lo veía molestando a sus compañeros durante sus turnos, pero es realmente simpático y divertido, y parece ser muy bueno con los niños. Es un cambio agradable de los hombros rudos y toscos que suelen ser los encargados de nuestra seguridad. Creo que nunca antes había pensado en ellos como, bueno, tan 'humanos'.

De regreso a la ciudad él y yo charlamos de todo un poco mientras carga a Posy sobre sus hombros, y la niña se mueve como si lo estuviera cabalgando. Darius me cuenta brevemente que vivía en el 2 antes de enlistarse en los agentes de la paz, y que antes de llegar aquí pasó un tiempo en el Distrito 4, en el 10 y en el 8. Se ríe al comparar lo diferente que es la vida a de cómo lo es en el 12, y me hace reír contándome una anécdota suya cuando quiso aprender a nadar en el inmenso mar del 4.

Pasamos un rato agradable; se siente bien volver a tener a alguien con quien hablar de todo, ya que Peeta está muy ocupado con la escuela y Haymitch, y ya casi no hablo con Katniss. Y Gale... Bueno, mejor ni hablar de él.

—¿Y cómo decidiste ser agente de la paz? —pregunto cuando ya estamos cerca de la plaza. Darius se pasa una mano por el cuello, haciendo una mueca.

—No fue difícil. Era esto o ser un obrero de la construcción más del Distrito 2. El trabajo de agente no es muy popular en lugares como el 12, pero al menos la paga es buena y te da la posibilidad de conocer y vivir en otros distritos. Y aquí no hay mucho que hacer, así que es relativamente fácil— sonríe enseñando todos sus blancos y alineados dientes. Tiene una bonita sonrisa.

—Es cierto —acepto —A veces espiaba las noticias del Capitolio del estudio de mi padre. Hay distritos muy conflictivos, así que el 12 parece casi un paraíso en comparación...

—Sí. El crimen más grave por aquí es cuando Gale y Katniss cruzan la valla para ir a la Pradera —me suelta, y yo lo miro con sorpresa; Darius se ríe —No somos idiotas, Madge. El que no digamos nada no quiere decir que no sepamos de su caza ilegal. Sólo miramos hacia otro lado por una buena carne fresca. Y el Quemador...No es del todo legal, pero no hace daño a nadie, así que no nos...—de repente calla cuando tres camionetas pasan por nuestro, y nos detenemos antes de llegar a la plaza ―Algo está pasando― dice Darius de repente. Yo me detengo también y miro hacia el mismo lado que él, notando por primera vez que hay varios camiones militares fuera del Edificio de Justicia, y muchos agentes de la paz alineados frente a ellos.

―¡Darius! ¡¿Dónde demonios estabas?! ―dice un agente que aparece detrás nuestro, junto a tres hombres más, todos con sus uniformes blancos bajan de unos de los coches del distrito.

Darius lo mira y baja a Posy de sus hombros, llevándola hacia mí.

―Estaba en el Quemador. ¿Que no es su día libre?

―Lo era ―responde el hombre, haciendo una seña con la cabeza para saludarme brevemente, igual que los agentes que van con él. Apenas los reconozco, pero estoy segura de haberlos visto a todos en el Edificio de Justicia ―Y será mejor que nadie sepa que estabas ahí.

―¿Por qué? A Cray no le importa.

―Cray ya es historia ―anuncia uno de los agentes a su espalda, señalando los camiones con el mentón ―¿No escuchaste la señal?

―No hay recepción en el Quemador. ¿Qué pasa?

―Tenemos nuevo líder y nuevas órdenes ―anuncia el primer agente ―Y quiere vernos a todos. Señorita ―vuelve a saludarme con un movimiento de cabeza ―, será mejor que vaya directamente a casa.

Yo me sobresalto, sin entender nada, pero aun así asiento, porque la seriedad de ése agente me pone muy nerviosa.

―Yo la acompaño― se ofrece Darius. Él agente lo mira por un momento antes de asentir.

―Date prisa ―le ordena, y se va junto a los demás.

―Darius, ¿qué pasa? ―le pregunto mientras apretamos el paso, rumbo a casa de mis padres. Darius me mira por un segundo, igual de confundido que yo.

―No sé ―admite, tomando la mano de Posy, que empieza a protestar porque quiere ir sobre sus hombros ―Y hasta que no sepamos de qué va éste nuevo jefe creo que lo mejor será que nadie salga de su casa.

―¿Por qué?

―No lo sé ―repite, algo inseguro ―Pero no tengo muy buena espina de todo esto.

Darius toma el vehículo de los agentes, nos lleva hasta la entrada de la Aldea de los Vencedores y se despide, aunque me hubiera gustado que se quedara. Sin embargo, mientras él se va recuerdo lo que Gale me contó cuando estábamos en el Capitolio, y un miedo irracional me ataca. Darius es un agente de la paz, y supongo que tras el intento de rebelión de Gale no sería conveniente tenerlo cerca. Si acaso llegara a escuchar o sospechar algo y se lo dijera al presidente... Tiemblo de sólo pensarlo, pero no sé... Algo me dice que puedo confiar en Darius, aunque sé que Gale nunca estaría de acuerdo.

—¿No vamos a entrar? —pregunta Posy, distrayéndome de mis pensamientos. Y le sonrío, procurando no parecer preocupada, y recorro con ella el camino de piedras que nos lleva a la casa que comparto con su hermano. Sin embargo, me excuso con la niña y la llevo directamente a casa de su madre para dirigirme a la mía sin pausa.

Cuando entro en mi casa cierro todas las puertas con llave, algo que nunca hago, pero siento que no estaré segura de otra forma. Después me aseguro de que Gale sigue fuera, y me siento a esperarlo.

Para olvidarme un poco de mi nerviosismo busco algunos cuadernos de música y me pongo a escribir, esperando a que mi "cómplice" regrese, y pasa del mediodía cuando finalmente lo hace, y desde la ventana lo veo con las botas sucias, el cabello desordenado y un pavo muerto colgando del cinturón. Abre la puerta con su llave al notar que está cerrada, haciendo un gran ruido al empujar la madera, y al instante lo escucho quitarse las botas y la chaqueta mojada en la entrada, luego siento sus pasos pesados, y escucho un suspiro cansado. Segundos después, Gale entra al salón y me mira. Es un momento incómodo, porque sigo molesta con él, pero al mismo tiempo estamos juntos en esto, así que no puedo ignorarlo.

—Hola.

Lo miro a los ojos. Supongo que mi temperamento no puede ocultar completamente el dolor, el sentimiento de traición que siento por todo lo sucedido durante la Gira. Trato de no pensar mucho en eso porque si no todo sería mucho más difícil, y además necesito hablar con él, saber que todos estamos a salvo. O eso espero.

No puedo perdonar a Gale, pero, como él mismo dijo, tampoco puedo odiarlo por intentar mantenerme a salvo. Y no puedo ignorarlo, porque seguimos juntos en esto.

―Hola ―respondo, suspirando profundamente ―Gale, hay algo de lo que debemos hablar.

Mantengo la vista baja, pero escucho a Gale acomodándose en la sala tras dejar su presa en la cocina.

―¿Qué pasa? ―me pregunta con suavidad.

Tomo aire profundamente.

―¿Fuiste a la ciudad hoy? ―empiezo. Él parpadea.

―No. ¿Por qué?

―¿Dónde estabas? ―se me escapa esa pregunta sin proponérmelo, y Gale frunce las cejas. Después suspira.

―Fui a ver a Katniss ―admite ―, pero ella no vino. Pasé toda la mañana esperando, cacé un pavo y vine para acá. ¿Por qué?

―Está pasando algo muy extraño en la ciudad ―decido andarme sin rodeos mientras me levanto y me acerco a la ventana para contemplar nuestro jardín.

―¿Qué cosa?

―No lo sé. Sólo escuché que van a reemplazar al jefe Cray, y el nuevo jefe estaba reuniendo a todos los agentes en el Edificio de Justicia para nuevas órdenes.

Gale parece sobresaltarse un poco con la información que le doy, aunque sigue mostrándose tranquilo.

―¿Por qué?

—No lo sé. Gale, tengo la sensación de que esto está pasando por nuestra culpa —admito, y no puedo contener las lágrimas de angustia. Gale duda un momento, pero después siento sus fuertes y protectores brazos a mi alrededor, sorprendiéndome.

No sé porqué hace eso. Sé que es igual de incómodo para los dos, y él lo sabe también; ya sé que vivimos en la misma casa, y no podemos ignorarnos todo el tiempo, pero eso sólo hace que el momento sea mucho más bochornoso.

―No llores. Todo estará bien. Ya lo verás. Saldremos de esto...

―¿Cómo?

—No sé. Algo se me ocurrirá. He analizado varias opciones, y...

—¿Opciones? —me separo de él para mirarlo, porque no me gusta cómo suena eso —¿Qué clase de opciones? —pregunto, desconfiada.

Gale baja la mirada y respira profundamente, tomando asiento sobre el taburete de mi piano e inclinándose hacia adelante, recargando los codos sobre sus rodillas, adoptando una posición más seria.

―Podemos huir ―me suelta de repente, mirándome a los ojos.

Al principio no reacciono porque creo que mi mente me está jugando una broma; sin embargo, el rostro serio de Gale hace que todos mis sentidos se alerten, y que mi corazón lata como si acabara de correr a través de todo el distrito. Y al fin soy capaz de reaccionar.

―¿Huir? ¿Te has vuelto loco? ―digo con calma, porque todavía no puedo tomarme sus palabras en serio. Gale, por su parte, parece molesto, como si hubiera esperado otro tipo de reacción de mi parte.

―Si nos quedamos moriremos. ¡Todos nosotros! Nuestras familias incluidas ―suelta, levantándose bruscamente.

―Pero yo no puedo huir. Mi padre es un alcalde, el no puede dejar el distrito así como así.

―Él puede quedarse. Estoy seguro de que su puesto lo mantendrá a salvo, pero nosotros...

―¡¿Estás loco?! ―levanto la voz, sintiendo un nudo en la garganta ―¡No me voy a ir y voy a dejar a mis padres atrás!

―Tú no entiendes ―vuelve a hablar, optando por recuperar la calma. Luego da dos pasos hacia mí y sujeta mis hombros, asegurándose de que sostenga su mirada― Lo vi en sus ojos, Madge. El presidente me lo advirtió. No pude convencerlo, y ahora me hará pagar. Si no huimos te hará daño a ti, a mi familia, a Katniss, ¡a todos los que me rodean! Y no puedo permitirlo.

― ¿Qué?― apenas balbuceo, sintiendo como mi desbocado corazón se detiene intempestivamente, dejándome un sabor amargo en la boca. El peso de todo lo que me dice no tarda en caer sobre mi cabeza, haciéndome temblar de pies a cabeza. Gale entonces me cuenta cómo supo de la silenciosa amenaza del presidente, y de cómo está seguro de que echó todo a perder durante la gira en vez de arreglarlo. Se sujeta de los cabellos con histeria mientras habla, caminando por la habitación como un animal enjaulado, repitiendo una y otra vez que lo mejor será irnos de aquí hacia el bosque, llevándonos a todos nuestros seres queridos con nosotros. Y yo lo escucho, tratando, una vez más, de procesar la gravedad real de todo lo que dice.

―¿Y quiénes irían además de nosotros?

―Nuestras familias. Si no quieres dejar a tu padre podemos...

―¿Y Katniss?

Gale se tensa.

―No puedo dejarla atrás. Ni a ella ni a su familia.

―Claro ―digo, exteriorizando esos celos absurdos que no puedo evitar sentir.

Gale frunce el ceño, molesto.

―Creo que no estás entendiendo lo importante que es que nos vayamos antes de que...

―Entonces vete, Gale. Si el presidente Snow ya lo sabe todo entonces no me necesitas para nada, ¿verdad?

―No es así ―dice rápidamente ―Yo quiero que vengas conmigo, ¡pero no estás siendo racional!

―¿Por qué? Dame sólo una razón ―él se queda callado ―¿Lo ves? Si es la culpa lo que te obliga a incluirme en tus planes puedes estar tranquilo. Ya me sacaste con vida del Estadio, no puedo pedirte nada más.

Me levanto tan dignamente como puedo y me dirijo hacia la puerta, pero él me llama.

―Madge ―dice. Me detengo a pesar de que me lo reprocho al instante, pero el ya no dice nada más, así que salgo a la calle y cruzo la calle directamente hasta la puerta de Haymitch. Entro sin golpear y voy directo a la cocina, encontrándolo solo, sentado a la mesa con un periódico entre las manos, y un frasco de licor en frente.

Supongo que hice mucho escándalo al entrar, porque Haymitch me mira y levanta una ceja, bajando su periódico.

―Sabes, no puedes huir a mi casa cada vez que te enojas con él ―me dice a modo de saludo ―Esa puerta no va a resistir más azotes.

―¿Y Peeta?

―Fue a visitar a su familia hace como diez minutos. ¿Qué te pasa?

―Nada.

Haymitch suspira.

―Mentirosa. Cada vez que tu amorcito te hace enojar vienes a mi casa y haces el mismo escándalo. Si vas a seguir haciéndolo tendré que darte una habitación. Ya lo he hablado con Peeta.

Lo miro levantando una ceja y él se ríe.

―No es gracioso.

―Sí lo es. Creí que eras más madura.

―Soy madura.

―¿Ya resolviste tus problemas con Gale?

―Eres odioso.

―Ahí tienes ―dice, levantando su frasco de licor como si brindáramos ―Maysi... No puedes estar molesta para siempre, ¿lo sabes, verdad? —me suelta, y quiero discutirle eso, pero sé que en realidad no puedo.

―Sí, lo sé —acepto, encogiéndome de hombros —Pero es que...

―Es que nada. Ya estoy harto de ser el mediador de los dos. Es molesto —gruñe Haymitch, y sé que lo dice de verdad. Nunca lo había dicho, pero sé que es cierto, y de pronto siento mucha vergüenza.

—Lo sé. Lo siento ―murmuro, dejándome caer sobre una silla frente a él, observando fijamente la madera oscura y dañada de su cocina, y de reojo veo a Haymitch beber en silencio, y sé que él me mira también, callado hasta que suspira y se decide a hablar:

―¿Sigues queriéndolo? ―me suelta, y aunque esa pregunta me sorprende e incomoda, a Haymitch no puedo mentirle.

―No es como un resfriado, Haymitch. No puedo dejar de quererlo así como así ―admito, suspirando y levantando el rostro para mirarlo otra vez.

El aprieta los labios y frunce el ceño.

―¿Y cuál es el problema entonces?

―¿Que él no me quiere de la misma forma, tal vez? ―le suelto, con esa misma ironía con la que él me habla.

―¿Por eso lo odias?

―No lo odio ―niego de inmediato. ¿Cómo podría odiar a Gale?― Yo... ―suspiro, bajando los hombros ―Quiero que él sea feliz, y supongo que me frustra no poder lograrlo... ―admito. Haymitch suelta un bufido y se cruza de brazos, mirándome fijamente mientras hace ése molesto sonido con la lengua que usa cuando quiere molestarme.

―Eres muy buena, Maysi. O muy tonta ―se ríe por lo bajo, negando con la cabeza ―De cualquier forma, ese chico no te merece, ¿lo sabes, verdad?

Me encojo de hombros, sonriendo sin poder evitarlo.

Regreso a casa cuando Haymitch empieza a dormitar sobre la mesa. Creo que solo pasaron unos quince o veinte minutos desde que salí azotando la puerta, pero Gale sigue en el mismo lugar donde lo dejé, con la misma expresión temerosa que tenía cuando salí, tan concentrado que no parece que haya escuchado cuando abrí la puerta.

―Tu plan es estúpido ―digo para llamar su atención.

Gale me mira por un segundo y vuelve la mirada hacia algún punto en la pared, llevándose las manos bajo la barbilla.

―Lo sé. Solo olvídalo —gruñe, regresando la mirada a la nada mientras me siento a su lado y suspiro para llamar su atención, pero no funciona.

—Lo siento —digo de pronto, y ahora sí me mira, confundido, así que decido explicarme —Sí, no me gusta tu plan, pero todo lo que te dije, sé que no tenía nada que ver con eso —suspiro una vez más, y ahora yo desvío la vista ―Lo siento... Se supone que somos compañeros, y deberíamos buscar una solución juntos en vez de gritarnos.

―Es cierto —admite, y ahora él suspira, esbozando una pequeña y disimulada sonrisa —Entonces... ¿Todo bien entre nosotros? —me pregunta, extendiéndome su mano para cerrar el trato.

Yo sonrío.

―Todo bien ―aseguro, estrechando su mano con la mía ―Solo nos volvamos a tocar el asunto de huir. Yo también estoy aterrada, y no tengo idea de qué pasará con nosotros, pero no podemos, Gale. Y no debemos.

―Es verdad. Lo siento —dice él ahora, suspirando —Encontraremos la forma, solo debemos trabajar juntos —se gira hacia mí y me sonríe una vez más mientras su mano busca la mía, y no lo rechazo. Es el primer contacto que tenemos en semanas, y se siente tan bien que por un momento es como si otra vez fuéramos solo él y yo, juntos contra todo.

―¿Hueles eso? ―pregunta de pronto Gale, separándose mientras frunce el ceño.

Yo lo miro con curiosidad, extrañando el calor de sus dedos sobre los míos, y, curiosa, huelo el aire.

―Es como si algo estuviera quemándose ―pienso en voz alta. Entonces Gale corre hacia la entrada y yo lo sigo, abriendo los ojos con sorpresa ante la enorme masa de humo negro que se eleva a lo lejos.

—¿Qué está pasando? —pregunta al aire, abriendo la puerta para salir a la calle, igual que Haymitch y Hazelle desde sus casas.

Y de pronto todo se vuelve muy confuso. Gale grita, pelea con Haymitch; su madre intenta detenerlo, pero él sale corriendo en dirección al Quemador mientras yo me quedó ahí, todavía impactada por las enormes llamas que se elevan tenebrosamente al otro lado del distrito.

oOo


.

Continuará...

oOo


.

N del A:

Ya no sé hace cuánto no actualizo éste fic, pero es importante que sepan que no lo he abandonado.

Espero poder subir el siguiente capítulo pronto.

H.S.