¡Primera actualización del año!
Espero que hayan pasado unas felices navidades y un buen año nuevo independientemente de la pinche pandemia que se está pasando uwu

Ahora que estoy libre de la universidad por unos meses, retomaré finalmente mis historias y esta no podía quedar fuera, tenía rato que quería actualizarla pero mis ocupaciones no me dejaban haha.


[ Al compás de la melodía ]

Capítulo 2

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Bajándose del vehículo que tendía a llevarlo a aquel sitio que tiraba abajo sus buenos ánimos al salir de la escuela, Naruto saludó cordialmente con una leve y rápida reverencia al hombre mayor junto al portón de la casona, Fudo Yamagawa, quien le respondió de la misma manera. El joven Namikaze había visto el rostro de aquel hombre desde que era pequeño cada vez que iba a sus prácticas, este tenía el trabajo de atender a todo aquel que estuviese en la residencia, incluyéndole a él, tenía sobre sus manos toda labor que el dueño del lugar no perdería el tiempo en hacer. A pesar de sus continuos encuentros, rara vez habían cruzado alguna palabra, que recordase su nombre era casi como un milagro.

Consciente de haber llegado con anticipo a sus prácticas, entre cinco a diez minutos a lo mucho, Naruto se acomodó en las sillas a las afueras del salón a la espera de que este fuese desocupado por quien sea que estuviese dentro, no se molestó en mirar, sin embargo, no le tomó mucho salir de su estado de trance al percatarse de tal suceso, desde siempre tuvo metida la idea de ser el único alumno ahí, entonces, que hubiese alguien más antes que él haciéndole esperar no era algo muy común de ver y se quedó pasmado de ver a la chica de la que cuya existencia se enteró hace apenas tres días, mirándola a través de la puerta de cristal.
Desde que la vio caminar frente a él esperó que pudiesen volver a cruzarse, pero hasta ese momento no pudo encontrarla ni una sola vez, fue como si se hubiera esfumado y es por ello que se alivió de ver que no fue ninguna especie de alucinación suya, si es que eso fuera posible.

Desde su ubicación observó a la dichosa chica sentada de espaldas a la puerta ejecutando la pieza cuyo sonido pudo reconocer, "El lago de los cisnes", deleitando los oídos del joven Namikaze con aquella suavidad y precisión con la que tocaba. Reconoció aquella melodía al instante y aunque tenía preferencia por piezas con mayor complejidad, debía admitir que aquellas con aquel compás eran igualmente de su agrado.

–¿Pero qué demonios? –Pensó Naruto para sí mismo, espabilando ante el repentino y estrepitoso sonido que se hizo próximo junto con la detención de la melodía.

Aquel fuerte sonido provino del golpe que el instructor de la desconocida muchacha de rosado cabello dio sobre la base superior del piano un par de veces con la batuta que traía en su mano, situación que le molestó, pues le pareció una reacción algo innecesaria ante el pequeño error que cometió la joven a su cargo.

Posteriormente, Naruto se apresuró en fijar su vista hacia el piso, esto como un modo de fingir ignorancia al momento en que se percató cómo el hombre se aproximó en su dirección, pasando frente a él abandonando el salón con aparente molestia y tras aguardar unos momentos antes de alzar la cabeza dirigió sus azules ojos sobre la joven que aún yacía sentada junto al piano, la observó en silencio unos segundos en lo que ella se levantaba de su asiento mientras recogía sus pertenencias, su lección había terminado y de una forma muy abrupta, ella no tenía mucho más qué hacer ahí.

Esto de quedarse observándola desde lejos era un juego que no le hacía gracia, no quería parecer ningún tipo de acosador ni nada similar, pero estaba calentando demasiado su cabeza en hallar la forma adecuada para acercársele, se sentía entre la espada y la pared y más difícil la tenía ahora después del trato por parte de su instructor, era un ambiente algo tenso. Naruto aireó sus pensamientos al momento en que la vio tropezar ocasionando así que las hojas de papel que traía en sus brazos quedasen esparcidas por el suelo y no fue ello lo que llamó su atención, sino lo que vino después... se extrañó de ver a la chica de rodillas ante los papeles que segundos atrás había tirado, estaban completamente a su alcance, pero ahí yacía ella, tanteando el piso de un lado a otro con sus manos para encontrarlas, estaban a un lado de sus delgadas y blanquecinas manos, pero aún así era incapaz de tomarlas, era... como si no pudiese ver las partituras bajo sus ojos.

Casi como si no pudiese creerlo, Naruto aprovechó de que Fudo hizo acto de presencia en el momento indicado y llamándole con reiterados movimientos con la mano, el hombre de negro cabello peinado perfectamente hacia atrás, preguntó.

–¿Me ha llamado, joven Naruto? –La formalidad era una cualidad infaltable para Fudo, sin importar cuánto se lo pidiese siempre volvía a dirigirse a él de esa forma. –¿Hay algo que pueda hacer por usted?

–Eh, no realmente, bueno... –Pensando muy bien lo que iba a decir a continuación, Naruto señaló a la joven dentro del salón momentáneamente con su dedo y formuló la pregunta. –Esa chica de ahí... ¿no puede ver?

Yamagawa se tomó unos instantes para mirar a la joven en cuestión, para luego volver a fijarse en Naruto. –Efectivamente, esa joven carece de visión en ambos ojos... y si me permite decir, lo mejor sería que no intente relacionarse con ella.

–¿Por qué no debería? –Su pregunta no recibió respuesta, el hombre se limitó a acomodar sus gafas para luego proceder a dar media vuelta, continuando con su camino.

Naruto se mostró confuso ante aquel último comentario que recibió, lo dejó pensando y si Fudo le hubiera dado las explicaciones correspondientes quizás tendría una visión más clara de la situación, pero no fue así, el sujeto prefirió morderse la lengua, y de igual manera, Naruto optó por hacer oídos sordos, había estado martirizándose durante más tiempo del necesario por la ahora consciente presencia de aquella muchacha, no desistiría solo porque alguien más así se lo pedía y menos sin darle algún motivo, por lo que armándose de valor, Namikaze miró por el pasillo con tal de asegurarse de que nadie mostrase intenciones de aparecer y una vez con el perímetro asegurado se levantó y con cautela se aproximó hacia la joven que aún yacía en el suelo, arrodillándose a una distancia sana de ella.

–Permíteme ayudarte con esto. –Comentó el rubio, recogiendo las partituras esparcidas por el suelo tras la tímida afirmación de la chica, aceptando su ayuda con un leve movimiento de cabeza.

Organizándolas en su orden correspondiente, Naruto volvió a abrir la boca. –"El lago de los cisnes"... es una melodía bastante linda, fuiste tú quien escogió esta canción para tocarla, ¿no es así?

–Sí. –Contestó con simpleza la chica, cabizbaja.

En un intento por evitar que las circunstancias se tomasen un aire de incomodidad, Naruto continuó. –Es muy buena para tocarla entre dos personas... ¿Quieres intentarlo?

–¿Estás... Estás seguro?

–Solo lo haré si tú también estás de acuerdo.

Luego de unos silenciosos segundos, la joven se levantó del piso y volvió a dirigirse hacia el piano, sentándose frente a este y ante tal acción, Naruto formó una risueña pero tenue sonrisa en sus labios y procedió a sentarse junto a la chica que ahí aguardaba.

A continuación, el joven de azules ojos posó sus dedos sobre las teclas del gran instrumento, acción que momentos antes fue igualmente ejecutada por la persona a su lado y prosiguiendo con lo que los llevó ahí en primer lugar, dieron inicio a la interpretación de la melodía que la joven tocó anteriormente de forma individual, cada uno haciendo uso de una mano, complementando el tocar del otro.

Durante tal interpretación, Naruto se preguntó seriamente sobre la posibilidad de que su acompañante estuviese sintiéndose perturbada o incómoda por su repentina e inesperada presencia, sin embargo, sus dudas desaparecieron luego de observarla con el rabillo del ojo, alcanzando a ver una leve sonrisa formándose en su rostro, contagiándosela a él posteriormente.

No obstante, su sonrisa no duró demasiado, Namikaze detuvo el movimiento de sus dedos en consecuencia de la punzada de dolor que se manifestó en su pecho, agudizándose conforme los segundos pasaban y haciéndole reprimir un ligero quejido aferrándose con su mano a la zona de la que provino dicho malestar, en eso, Naruto hundió su mano en el bolsillo de su pantalón, obteniendo así un delgado frasco transparente con una serie de pastillas en su interior, vaciando una en la palma de su mano y llevándola directamente hasta su boca, tragándola al instante.

–¿Está todo bien?, te has detenido tan de repente...

–S-Sí, no pasa nada, solo... se me ha acalambrado un poco la mano... –Mintió Naruto, retornando dicho frasco al sitio del que lo sacó, jadeando levemente.

Como si no fuera poco, el sonido de unos pasos aproximándose hacia ellos fueron percibidos por los oídos del rubio, por lo que en un rápido actuar se levantó y se ocultó detrás del piano a la espera de que quien decidió aparecer se marchara sin descubrirlo, no tenía muy claro porqué reaccionó así, pero las palabras anteriormente formuladas por Fudo le hicieron sentir que no debían verlo con ella en esa situación.

Tal y como supuso, alguien ingresó al salón poco después, aquel instructor de firme carácter había regresado y sin pelos en la lengua se dirigió a quien se supone que es su alumna.

–¿Eras tu quien estuvo tocando hace unos momentos, Sakura?

En una situación normal, Naruto se habría alegrado de oír finalmente el nombre de la joven que estuvo rondando en su cabeza a lo largo de la semana, pero era imposible hacerlo en tal contexto pues al momento en que el hombre formuló su pregunta sintió como si su respiración se detuviera, acelerando también el palpitar de su corazón temiendo ser descubierto de su no muy bien escogido escondite, la adrenalina del momento no le permitió pensar en algo mejor.

Después de unos pocos segundos que a su parecer fueron eternos, Naruto se encogió en su sitio, ansioso ante la llegada de la respuesta de Sakura.

–Sí, quería volver a tocar un poco más para remediar el error que he cometido antes. –Se explicó ella con una calma intachable.

Liberando un corto suspiro de agotamiento, el hombre contestó. –No es necesario que te quedes aquí más de la cuenta, ya puedes retirarte, hay que desalojar antes de que alguien más necesite usar el piano, anda.

Namikaze se limitó a aguardar desde su escondite que todo ruido que pudiese oír se desvaneciera para poder salir y para cuando ocurrió se asomó sobre el piano, percatándose de que ya no había nadie aparte de él en el salón, estaba completamente solo. Estaba sorprendido de que Sakura mintiera para encubrirlo, no se conocían de nada y apenas habían dialogado, por lo que no estaba en la obligación de hacerlo, sí, fue realmente breve el tiempo en que su interacción fue posible, pero aquello solo lo animó a querer repetirlo en el futuro.