Oficialmente este 16 de marzo he regresado a mis clases en la universidad, todo un martirio que sé que pronto se aproximará haha, el año pasado fue horrible en un punto por el paro que mi carrera decidió hacer y ni hablar de cómo a finales de semestre se acumulan las evaluaciones ;n; en todo caso, siempre estaré avisando si acaso en algún momento debo tomarme unas semanas de pausa obligatoria de la escritura cuando esa situación se haga presente otra vez.
La próxima actualización... estoy entre dos la verdad haha, ya se verá por cuál se decide mi pinche cerebro uwu
[ Al compás de la melodía ]
Capítulo 3
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Eran alrededor de las tres de la tarde, Naruto yacía en la sala principal de su hogar alistando unas últimas cosas antes de tener que partir un día más a sus lecciones de piano. Aquel día, viernes específicamente, la secundaria a la que asistía tendía a finalizar la jornada un par de horas antes de lo habitual, estaban libres más o menos a eso de las una y treinta de la tarde en lugar de las cuatro en punto. En consecuencia de tal acontecimiento su horario acostumbraba a modificarse, llevándose a cabo a las tres y treinta hasta las cinco y treinta, mientras que de lunes a jueves practicaba frente al instrumento desde las cuatro y cuarenta y cinco hasta las seis y treinta. Tener que adoptar tal horario un único día no era del todo molesto para Naruto, pues así podía gozar de tener más luz de día para dedicar a sus propios asuntos en lugar del piano, además, salir más temprano de la secundaria le brindaba el tiempo suficiente para regresar a casa y quitarse el molesto uniforme, por lo menos.
–¿Estás preparando tus cosas antes de salir?
La llegada de aquella repentina pregunta a sus espaldas bastó para que Naruto dejara sus asuntos de lado para girarse a quien le dirigió la palabra, encontrándose a su padre a unos cuantos pasos de distancia, mirándole con su acogedora y también característica sonrisa.
–Tal y como lo he hecho desde niño, nada nuevo. –Comentó con despreocupación, haciendo una ligera pausa antes de volver a abrir la boca. –No sabía que estabas aquí, ¿no deberías estar, no sé... dirigiendo una orquesta?
–Y así será, viajaré en el auto contigo, así que iré hasta allá una vez de que te hayamos dejado primero.
–Eso explica porqué estás aquí aún. –Una vez formulada la frase, Naruto continuó con lo que hacía y acabó de organizar sus partituras en una carpeta.
–¿Cómo te han ido con tus clases?, las de música, claro.
–Eh, pues normal, supongo, igual que siempre. ¿Por qué preguntas?
–Por nada en especial. –Dijo Minato, su padre, quien luego de pensarlo una segunda vez volvió a contestar. –La verdad, me pareció haberte visto más receptivo con tus lecciones esta última semana, luces más animado.
A pesar de que no estaba esperando recibir tal respuesta por parte de su padre, Naruto hizo el esfuerzo de no dejar que su estupefacción fuese percibida por el mayor y elaboró rápidamente una contestación a su comentario, buscando así permanecer en silencio el menor tiempo posible.
–Pues no me siento diferente, tampoco es que esté amargado cada día de la semana, ¿es algo malo?
–En ningún momento he dicho que lo fuera, más bien diría que es lo contrario, ¿acaso tu crees que debería considerarlo como algo negativo?
En señal de molestia, el joven rubio resopló. –No lo creo.
Su padre en lo absoluto era alguien que pudiese ser considerado como una mala persona, aun a sus treinta y ocho años era conocido como un hombre cuya principal característica a resaltar er su inigualable y natural amabilidad, un sujeto en quien era posible confiar y muy jovial. Sin embargo, para Naruto llegaba a ser molesto que este hiciera ya sea preguntas o comentarios con el objetivo de inmiscuirse en cierto grado en sus asuntos como si intentara leer sus pensamientos y que lo hiciera con una sonrisa solo lo hacía más escalofriante.
–El auto ya está esperándonos afuera, toma tus cosas y salgamos, Naruto.
Aquella fue la última frase que fue intercambiada entre ambos, ya que una vez montados en el vehículo un silencio sepulcral de apropió del ambiente y Naruto era consciente de que tal hecho continuaría hasta el fin del trayecto, en otras palabras, un viaje incómodo. La relación que mantenía con su padre no era mala, era lo bastante normal, pero debía reconocer que a veces sentía que vivían en dos mundos completamente distintos, mientras que en ocasiones Minato permanecí fuera desempañando el trabajo que lo volvió un sujeto de renombre, él se quedaba a solas la mayor parte del tiempo en su espacioso hogar, "una casa de ricos" como la llamarían algunos.
Fácilmente pudo ir y relatarle a su padre qué estuvo manteniéndolo tan contento los últimos días, le habría gustado hacerlo, pero cada vez que tales intenciones se hacían presentes a su cabeza regresaba cada recuerdo que lo hacían dar marcha atrás, porque por alguna razón que él desconocía relacionarse con aquella joven que estaba siendo dueña de sus pensamientos era algo que no podía hacer con completa libertad, no entendía el motivo, pero sentía como si estuviera haciendo algo malo al querer hablarle, pero aún así... quería hacerlo, había conocido a esa chica apenas el día de ayer, pero aún así estaba ciertamente embobado y feliz de tener la posibilidad de construir una posible amistad dentro de aquella infraestructura.
Una vez que el vehículo se detuvo, Naruto le dedicó una rápida despedida a su padre y salió para encontrarse con la helada pero agradable brisa que tendía a presentarse por aquel sector. Al igual que la última vez se vio en la obligación de aguardar a que el salón fuese desocupado, la joven de rosado cabello interpretaba la misma melodía de ayer, pero en esta ocasión sin cometer error alguno, había conseguido enmendarse a sí misma y superar aquel obstáculo con la melodía.
Era como un deja vu, pero a diferencia de la primera vez Namikaze no titubeó y en cuanto tuvo la oportunidad volvió a adentrarse en el salón con la joven que yacía sentada frente al grande y pesado instrumento.
–Hola de nuevo. –Namikaze dio inicio a la conversación con la confianza suficiente como para que la situación no se tornase incómoda de algún modo o al menos eso intentó. –Yo... Lamento haberme desaparecido tan de repente ayer.
–Te oí esconderte detrás del piano porque mi instructor venía de regreso, si te veía aquí conmigo podrías haberte metido en problemas. –Se explicó la muchacha, quien ahora al ser consciente de dónde provenía la voz de su actual acompañante se giró sobre su asiento en su dirección. –No pude preguntarte por tu nombre ayer.
–Soy Naruto, Naruto Namikaze, ¿cuál es el tuyo?
–Sakura Haruno. –Contestó la joven de verdes ojos con simpleza.
–Con que Sakura... Es un bonito nombre. –En consecuencia directa del cumplido que le había dedicado, un sonrisa suave y avergonzada se curvó en los labios de Haruno, contagiándosela a Naruto una vez más. –¿Puedo... hacerte una pregunta?
Namikaze tenía muy en claro que si nadie podía brindarle las respuestas que tanto quería no tenía nada mejor que ir con la persona principal de dicho conflicto para que le ayudase a despejar sus dudas, aunque ya conocía su nombre la identidad de Sakura Haruno era aún todo un misterio para él. Tenía la sensación que tan solo mencionándola estaría ingresando a terreno peligroso, como si estuviera tocando temas que no debería mirar ni por asomo y ahora solo le quedaba hallar la forma de plantear su conflicto interno sin llegar a ofender a la inusual joven.
–Quieres saber quién soy específicamente ¿no es cierto?, más allá de saber mi nombre. –Se le adelantó Sakura. –¿Puedo saber qué es lo que te han dicho sobre mi?
–Eh... No mucho, en resumen... me pareció entender que no debería relacionarme demasiado contigo, ¿pero por qué?
Los latidos del joven y rubio pianista fueron en ascenso conforme los segundos transcurrían en un tenso silencio, esperando oír alguna frase que le fuese de utilidad para calmarse por parte de Haruno, según la expresión en su rostro y la mueca que anteriormente había sido una adorable sonrisa podía deducir que debía de estar meditando en cuáles serían las próximas palabras que saldrían por sus labios a continuación.
–Lo lamento, pero no puedo explicarte el por qué, no ahora, yo... no creo tener el tiempo suficiente ahora para hacerlo correctamente.
–Supongo, sería complicado teniendo en cuenta el miedo constante de que nos encuentren juntos por estar hablando más de la cuenta, haha.
Aquel comentario fue formulado con intenciones bromistas de por medio, como si estuviese intentando disminuir un poco la ahora existente tensión entre ambos por el tema a tratar, pero también fue un intento de Naruto por ocultar la decepción que se llevó con tal contestación. No obstante, Namikaze espabiló de sus negativas emociones al momento en que volvió a oír la voz de Sakura dirigiéndole la palabra.
–El lunes a las cinco y treinta estaré en el salón que está al fondo a la izquierda cruzando el pasillo. –Naruto entendió inmediatamente a qué zona se refería en concreto, conocía la estructura interna de la casona bastante bien, sin embargo, al ser solo un estudiante tenía un uso restringido de ella y ese salón en particular estaba dentro de esos parámetros. –¿Estás libre a esa hora?
–Tengo un descanso de veinte minutos a esa hora, ¿es suficiente?
–Sí, te veré ahí entonces. –Culminó la joven, procediendo a levantarse y posteriormente a salir del salón con sus pertenencias entre sus brazos, no sin antes despedirse formulando la frase. –Hasta pronto.
Luego de su conversación no pasó mucho, Naruto estaba más que seguro que por el resto de la tarde no volvería a encontrarse con Sakura, por lo que no le quedó más opción que aceptar el hecho de que se encontrarían nuevamente dentro de tres días. Hizo el esfuerzo de centrarse en sus clases, pero fracasó en el intento, su desempeño estaba siendo bastante mediocre en comparación a como tiende tocar siempre y no estaba para nada orgulloso de ello, pero le fue inevitable no pensar en el primer encuentro que con Haruno tuvo el día de ayer cuando tocaron juntos la partitura que ella traía consigo... Su cabeza estaba en otro lado y los constantes regaños de Jiraiya por sus errores eran evidencia de tal hecho.
