Hermosa Codicia

Dos Meses y tres días desde la Última Muerte (Tres Muertes)

"… Entonces, ¿eso es a lo que aspiras?" Preguntó Subaru sarcásticamente, mientras señalaba la mansión que se extendía tras el portón frente al que se encontraban.

"¡Heh! No aspiro a nada como eso. Y si lo hiciera, ese no sería más que un sueño infantil." Respondió Leith, mientras resoplaba por su nariz. "No, yo tengo mis pies un poco más plantados en la tierra. Además, ese nivel de ostentosidad está muy fuera del espectro de mis gustos. ¿y qué dices tú, Subaru? ¿No es tu sueño despertar todos los días en una mansión como esa?"

Subaru y Leith se encontraban en la zona de clase alta de Lugunica, en la parte alta de la ciudad, no muy lejos de donde se ubicaba el castillo. El portón a su lado era de color negro con varillas metálicas dobladas como lo estaría un taladro y poseía un escudo que estaba colocado justo en el centro de éste. Tras el portón se extendía un camino de baldosas de cerámica, rodeado por un hermoso jardín plantado con todo tipo de árboles florales, y al final del camino, se encontraba una mansión de varios pisos, unos cinco o seis, la distancia hacía difícil determinarlo solo contando las ventanas.

La mansión parecía dividirse hasta en cinco alas, una en el centro y dos a cada lado. Frente al ala central o principal, se encontraba una fuente lo sufrientemente grande como para tener un diámetro de decenas de metros, y en su centro había varias estatuas que recordaban al arte griego de su mundo. La mansión en sí se encontraba pintada de color blanco, un blanco tan pulcro como las nubes de la mañana, y frente a la mansión estaban distribuidas múltiples estatuas, cada una separada por alrededor de cinco o diez metros. La mansión era lo suficientemente grande como para albergar cómodamente unas quinientas personas, o al menos así lo aparentaba.

"Nah, concuerdo contigo. Hay un límite a cuan despilfarrador se puede ser. Y mi límite está muy por debajo del de el dueño de la mansión. Viendo eso, ¿realmente estás seguro de que esa mujer, Anastasia, realmente está interesada en nuestro trabajo? Es cierto que las últimas semanas han sido especialmente buenas, pero apenas llevamos poco más de un mes trabajando en nuestras ideas, no creo que sea tiempo suficiente para atraer a peces gordos como una candidata al trono…"

"Son tus ideas, no nuestras. Y no puedo negarte que también tengo dudas al respecto, pero pienso que no perdemos nada al aceptar su invitación."

"No tienes que ser tan humilde. Sin tu ayuda, no habría logrado darle vida ni a un cinco por ciento de nuestras ideas. Lo mío apenas es un cascaron carente de contenido, es gracias a ti que ese cascarón puede convertirse finalmente en los productos que hemos estado produciendo."

"A mí nunca se me habría pasado por la cabeza ninguna de las ideas con las que hemos estado trabajando, así que el que está siendo demasiado humilde eres tú. ¡Pero en fin! Sea como sea, lo importante es que estamos aquí, y una persona muy importante está por reunirse con nosotros, deberíamos enfocarnos en sacar aunque sea algo de provecho de esta oportunidad, aunque en esencia salgamos de aquí con las manos vacías."

"Al menos podremos decir que Anastasia Hoshin se interesó en nuestro trabajo. Eso bastará para darle mejor fama a nuestros productos. Otto estará muy satisfecho con eso."

Subaru sonrió, recordando al amable mercader que sirvió como contacto para dar con Leith. De no haber sido por Otto, nunca habría conocido a su compañero, lo que significaría que Subaru aún estaría intentando sobrevivir con el dinero obtenido de la venta de su teléfono celular. Ciertamente, veintiún monedas santas no es poco dinero, pero sin ese dinero, darles vida a sus ideas de su viejo mundo habría sido imposible, así que evitar gastar lo más posible había sido desde el principio uno de sus objetivos principales.

Tras servir como puente entre Subaru y Leith, y escuchar sobre su idea de negocio, Otto pidió formar parte de la alianza. La alianza forjada entre Leith y Subaru no fue especialmente compleja. Subaru aporta las ideas, detallando lo más posible el funcionamiento futuro del producto fruto de ellas, mientras que Leith se encarga de convertir dichas ideas en ese producto. Con ello, ambos decidieron dividir las ganancias a la mitad. Utilizando el dinero obtenido de la venta del celular de Subaru, y parte de los ahorros de Leith, pudieron invertir en los materiales para poder comenzar a trabajar inmediatamente después de que forjaron la alianza comercial.

Dado que las ganancias ya estaban divididas, y Otto no fue tan abusivo como para pedir parte de ellas a cambio de unirse a la alianza sin aportar nada durante la etapa de diseño o desarrollo, los tres acordaron que Otto podría comprar los productos creados por Subaru y Leith a un precio veinticinco por ciento menor que el resto de los mercaderes.

A cambio, Otto se encargaría de promocionar y vender los productos de ambos, colocándolos así en el mercado mucho más rápidamente de lo que lo habrían hecho sin su ayuda. Primeramente puede no parecer ser un trato especialmente bueno, considerando que aún no existía un mercado para las ideas de Subaru, pero Otto aseguró que podía sentir que eventualmente obtendría grandes beneficios de dicha alianza comercial.

"Incluso podrías decir que cualquier resultado que podamos sacar de esta reunión, será beneficioso para Otto. Él seguirá comprando nuestros productos con un veinticinco por ciento de descuento pase lo que pase."

"Yo estoy bien con ello, de no ser por el gran esfuerzo de Otto, no habríamos tenido un comienzo tan exitoso." Leith asintió ante el comentario de Subaru, mientras sonreía tranquilamente. "Si no tuviera una estadística de suerte tan baja, es posible que inclusive su nombre actualmente sería ampliamente reconocido entre todos los mercaderes, incluso al nivel de Anastasia Hoshin."

"¿Estadística…?" Leith preguntó, frunciendo el ceño en confusión, pero Subaru simplemente lo ignoró. "A veces simplemente no entiendo de que hablas… Pero es cierto, Otto realmente carece totalmente de suerte. Si no fuera tan bueno negociando, es posible que para el día de hoy ya estuviera muerto. Aún no puedo creer que el primer cargamento de encendedores terminara en manos de asaltantes de caminos…"

"Hey, no tienes que ser tan negativo. Al menos eso causó que de la nada comenzáramos a tener muchos clientes."

"La mitad de ellos tenía cara de querer robarnos en cualquier momento, y la otra mitad parecía interesada en matarnos. Pero estoy de acuerdo en que un cliente es un cliente, sin importar quien sea. Aunque esa también puede ser una idea peligrosa, espero que eso no regresé a mordernos el culo en día de estos."

"Si lo hace, ya encontraremos la forma de salir de ello." Subaru se sonrió mientas se rascaba la cabeza, como dando a entender que todo eso era una charla sin importancia. Tras un momento, su mirada regresó a la mansión detrás del portón. "Ese chico de mirada engreída en verdad se está tardando mucho en regresar, ¿no crees?"

"Bueno, en primer lugar, parecía no confiar demasiado en que nosotros fuéramos los comerciantes con los que se quería reunir Anastasia-sama." Mirándose a sí mismo y luego a Subaru, Leith comentó eso con un gesto de haber sido despreciado.

"Que crea lo que quiera creer, cuando regrese tendrá que agachar su cabeza mientras pide perdón por sus acciones." Subaru se burló, mientras le restaba importancia a lo que se encontraban vistiendo. De momento, Subaru llevaba una camisa naranja cubierta por una jacket negra y pantalones largos también de color naranja.

En pocas palabras, el primer conjunto de ropa con el que se encontró tras abrir su armario. Incluso pudo haber ido con su querido chándal, única ropa que trajo desde su mundo, pero Leith le señaló que lo había estado usando demasiado y que eso daba mala imagen a la hora de negociar con mercaderes o clientes.

"¡Tch, has silencio! Ahí viene." Corrigiendo su postura, Leith le indicó a Subaru que se callara y se comportara acorde al momento. A Subaru le hubiera gustado hacer una broma para así molestarlo, pero él mismo era consciente de que la reunión que estaba por tener podría cambiar por completo el rumbo de sus vidas, así que se contuvo.

Del otro lado del portón, a unos treinta metros de distancia, vieron acercarse al chico que los recibió cuando llegaron al portón de la mansión. Habían pasado ya cerca de quince minutos desde que dijo que iría a avisarle a su señora sobre su llegada, y estaban comenzando a impacientarse. La diferencia de la primera vez es que esta vez venía acompañado por otro hombre. Ante la imagen, Subaru frunció el ceño.

"No será que nos van a echar a golpes, ¿verdad?" Preguntó Subaru, susurrando. Leith movió la cabeza, como dando a entender que tampoco estaba seguro de porque el chico regresó acompañado por otro hombre.

El chico tenía un cuerpo delgado, vestido por un traje negro visiblemente lujoso. En su rostro de complexión fina llevaba un monóculo sobre su amarrillo ojo izquierdo y tenía su pelo de color purpura amarrado en una coleta que le llegaba hasta el cuello. A su lado se encontraba un hombre que poseía facciones muy similares, dando a entender que poseían relación sanguínea.

El hombre poseía una complexión más fuerte aunque no fornida, sus ojos amarillos poseían una expresión tranquila, y su pelo, también de color purpura, se encontraba suelto, llegando hasta sus hombros. Lo que realmente había preocupado a Subaru y Leith eran sus ropajes, pues llevaba un traje blanco, fino, con un alto cuello que cubría completamente su cuello; el traje de los caballeros de la realeza. Nerviosos, ambos compañeros esperaron silenciosamente hasta que los dos jóvenes finalmente llegaran hasta el portón. Una vez allí, sin demora, el caballero procedió a abrir el portón.

"Bienvenidos, Leith-sama, Subaru-sama." Saludó el caballero, inclinando la cabeza en señal de respeto. El joven, a su lado, hizo lo mismo en completo silencio. Leith, viendo tal muestra de respeto, reaccionó de manera similar a ellos. Pero por su parte, Subaru se mantuvo estático. No porque dudara de los dos jóvenes, sino porque era la primera vez que alguien lo trataba de esa manera desde que llegó a ese mundo.

"Muchísimas gracias, ehmm…" Leith se dispuso a regresar el saludo, pero se cortó al percatarse que no sabía el nombre de ninguno de los hombres. Al notar esto, el caballero volvió a bajar su cabeza.

"Me disculpo, al parecer la falta de cordialidad de mi hermano ha llevado a esta situación. Mi nombre es Julius Juukulius, el caballero de Anastasia-sama." El caballero, Julius, se presentó tras disculparse por el comportamiento de su hermano. Confirmando así las sospechas de Subaru y Leith sobre que estaban siendo discriminados. Subaru tenía poco tiempo de conocerlo, pero ya empezaba a agradarle ese tal Julius.

"¡Julius-sama, un placer conocerlo!" Leith, aparentemente reconoció el nombre, pues bajó su cabeza apuradamente mientras hablaba.

"No hace falta añadir el sama, Leith-sama." Señaló Julius, con mirada amable.

"El Caballero entre caballeros definitivamente lo merece, más si es alguien de la gran familia Juukulius." Leith, negándose a aceptar las palabras de Julius, continuó con el intercambio de palabras de esa manera. Por su parte, Subaru pudo percatarse de la mueca de incomodidad realizada por el hermano de Julius al escuchar sobre su familia. "Además, puedo decir lo mismo, el sama es completamente innecesario."

"Insisto, Leith-sama. En este momento no soy más que el caballero de Anastasia-sama, así que como tal, debo tratar con el debido respeto a sus invitados." Leith finalmente quedó en silencio tras la firmeza del caballero, por lo que Julius continuó con el procedimiento. "Este joven a mi lado es Joshua Juukulius, mi hermano. Me disculpo por su actitud ante ustedes al recibirlos anteriormente. Lastimosamente, aún tiene problemas para reconocer el valor de las personas."

"¡Como dice mi hermano! Lamento profundamente haberlos recibido de manera tan poco acorde y haberlos hecho esperar."

"Subaru y yo lo comprendemos completamente, no hace falta disculparse, Joshua-sama." Ante las palabras del joven, Leith respondió mansamente, causando que Subaru frunciera el ceño.

"¿Por qué deberíamos disculparnos? Fue él quien nos discriminó por nuestra forma de vestir, andar o hablar. No voy a disculparme por su error a la hora de juzgarnos. Julius, acepto la disculpa, gracias." Ignorando la mirada molesta que recibió por parte de Joshua y Leith, Subaru miró a Julius mientras decía eso. El caballero agachó una vez más la cabeza y posteriormente indicó que lo siguieran. Entonces, Subaru escuchó a Joshua susurrar algo.

"Parece que no estaba equivocado con él." Notando que el joven lo estaba mirando sobre su hombro, Subaru se dispuso a responderle, pero Leith lo detuvo antes de que pudiera hacerlo.

"¿Podrías no olvidar el lugar y momento en que nos encontramos?" Lo reprendió su compañero.

"¿Yo? ¿Desde cuando eres tan dócil con alguien? No me digas que te comportas así solo porque son nobles."

"No, no es por eso… Mi familia le debe mucho a la familia Juukulius, eso es todo. Puede que ellos no lo recuerden, pero cuando mi familia y muchas más estuvieron cerca de la bancarrota debido a la Guerra Civil Demi-humana, ellos nos salvaron dándonos una importante donación. De no ser por ellos, la clase media de Lugunica habría terminado peor que la clase baja."

"Bueno, no hicieron mucho por la gente del gueto, así que no parece algo por lo que ponerse a chupar la suela de sus zapatos." Ante la respuesta de Subaru, Leith frunció el entrecejo, pero no dijo nada más al respecto. De soslayo, Subaru pudo notar que Julius estaba reprendiendo a su hermano por su comentario, lo que hizo que sonriera ignorando a Leith. "Cada vez me cae mejor ese Julius."

Después de recorrer el camino de cerámica, los cuatro hombres llegaron a la entrada de la mansión, que los llevó directamente al vestíbulo de ésta. El vestíbulo era tan amplio como se podía esperar tomando en cuenta el tamaño de la mansión. Poseía varios sillones y mesas en las que invitados podrían sentarse. Un enorme candelabro colgaba en el centro, y al final del vestíbulo, unas amplias escaleras, cubiertas por una alfombra con intrincados diseños, llevaban al segundo piso.

Allí se encontraron con múltiples mucamas, vestidas en un fino traje que recordaba al traje de maid del mundo de Subaru, solo que mucho más recatado. Entre las mucamas, Subaru notó a un ser que sobresalía entre todos, era un enorme demi-humano con forma de lobo o perro, poseía un enorme mohicano cuyo copete sobresalía de su frente, y su hocico plagado de dientes parecía estar sonriendo. Tenía su pecho desnudo, y apenas se cubría con unas hombreas y muñequeras, mientras que su parte inferior estaba cubierta por un pantaloncillo de cuero.

"¿Julius, estos son los mercaderes con los que se reunirá la señorita?" El hombre lobo, como decidió Subaru llamarlo en su mente, preguntó eso a Julius mientras se acercaba a ellos.

"Bueno, sería más acorde llamarlos artesanos, pero sí, son ellos." Respondió Julius, mientras pedía perdón a Leith y Subaru a través de su mirada, por el comentario del hombre lobo. A lo que ambos dieron a entender, con sus gestos, que era algo de poca importancia. Al fin y al cabo, si la situación lo requería, como durante las ausencias de Otto, ambos llevarían a cabo las tareas de un mercader.

"¡Perfecto!" El hombre lobo sonrió con más fuerza y se volteó hacia Subaru y Leith. "Mi nombre es Ricardo, y soy algo así como el jefe de seguridad de la señorita. Así que yo que ustedes tendría cuidado con lo que hago cerca de ella."

A pesar de que sus modismos no indicaban hostilidad, sus palabras eran otro asunto por completo. Pero Subaru no pudo evitar poner atención a otra cosa por completo. Era su acento. Como alguien que llegó a ese mundo desde Japón, y que nunca aprendió otro idioma de su mundo además de unas cuantas palabras en inglés, sería de esperarse que estuviera naturalizado con los acentos que se pueden llegar a escuchar en su país.

Y en ese momento, ese hombre lobo estaba hablando con el acento de la región de Kansai. Un detalle bastante curioso. Cabía preguntarse si se encontraría con más acentos de su país allí, o inclusive otros idiomas de su mundo. Si ese fuera el caso, definitivamente tendría que volver a comenzar a cuestionarse sobre la conexión entre ese mundo y el suyo; lo que implicaba pensar en cosas desagradables, como lo último que dijo, o más bien no dijo, a su madre. O el hecho de que nunca más podría verlos...

"¿Pasa algo, Subaru-sama?" Siendo extraído de sus pensamientos por Julius, Subaru negó inmediatamente con su cabeza.

"Nada, es solo que el comentario del hombre lobo me puso un poco nervioso." Queriendo ocultar la razón detrás de la expresión que seguramente estaba haciendo, Subaru se excusó diciendo eso.

"¿Hombre lobo? Bueno, soy un demi-humano lobo, así que supongo que ese nombre no está del todo mal, chico. Aun así, preferiría ser llamado por mi nombre." Ricardo se rascó la frente, ignorando por completo el resto de lo dicho por Subaru fuera de su apodo.

"Sí, lo siento, Ricardo…" Subaru decidió cambiar el tema disculpándose, pues en un inicio le dijo hombre lobo porque no pensó muy bien lo que estaba diciendo.

"¿Podemos reunirnos de una vez con Anastasia-sama, Julius-sa… Julius?" Leith, comprendiendo el objetivo de Subaru, preguntó a Julius si finalmente podrían encontrarse con la mujer con la que fueron a reunirse; logrando por poco el cumplir con el deseo de Julius de no ser llamado con el tratamiento de sama. El caballero asintió, y aún acompañado por Joshua, les indicó que volvieran a seguirlo.

Tras recorrer una serie de pasillos, llegaron al final de la última ala de la mansión ubicada a la izquierda, al fondo de ésta, tras cruzar por una puerta doble, finalmente llegaron a la oficina donde se encontraba la mujer que los invitó a reunirse con ella. Ésta estaba sentada al fondo de la habitación, detrás de un mueble de madera considerablemente grande, sobre todo considerando el tamaño de la chica. Sobre el mueble había múltiples torres de archivos y demás artículos de oficina. Una escena que Subaru pudo ver en más de uno de los mangas o animes que llegó a ver.

Frente al mueble había una mesa de menor altura, alargada, y frente a la mesa había múltiples sillas. El cuarto entero estaba cubierto por una alfombra que hacía cómodo el solo dar un paso. Detrás del gran mueble, se encontraba Anastasia Hoshin. Una mujer pequeña, de no más de un metro con sesenta centímetros, envuelta por un vestido blanco.

Sobre su cabello color lila, el cual tenía amarrado en la frente con un broche en forma de estrella, llevaba un gorro que recordaba a los gorros vistos en uno de los países del mundo de Subaru, llamado Rusia, en el que por lo general hacía mucho frío y nevaba constantemente. Del gorro colgaban dos bolas de tela similares a pompones.

La mujer daba por completo un aire de invierno, al menos lo que vestía, pues además poseía una afelpada bufanda con forma de zorro alrededor de su cuello. Aunado a la blancura de sus ropajes, la sonrisa inocente de la chica daba la sensación de ver a un animal pequeño al que quieres mimar. Completando su bella figura, su piel era blanca como la nieve y sus ojos eran grandes y redondos, como gemas de color turquesa. La belleza inocente de la mujer era tal, que Subaru no pudo sino compararla con la de "Satella".

"Es un placer conocerlos finalmente, Leith Hendar y…" La chica hizo una pequeña pausa, una que se sintió como horas para Subaru, que estaba siendo escudriñado por la hermosa mirada de Anastasia. "… Subaru Natsuki".

"El placer es todo nuestro, Anastasia-sama. El que haya sacado tiempo para reunirse con nosotros nos complace en demasía." Leith agachó su cabeza en señal de respeto, pero esta ocasión Subaru no olvidó imitarlo.

"Perfecto, en ese caso, por favor siéntense." La chica señaló las dos sillas colocadas justo frente a su escritorio, sillas que Subaru no había notado antes. Aparentemente, mientras estaba perdido en la mirada de Anastasia, Julius o Joshua acomodaron dos de las sillas antes colocadas frente a la mesa de menor tamaño. Subaru y Leith obedecieron de inmediato. "Gracias, Julius, Joshua. Pueden esperar afuera de la habitación."

Haciendo caso a las órdenes de su señora, ambos jóvenes agacharon sus cabezas al unísono y abandonaron la habitación. Tras ello, en ese lugar solo quedaron Subaru, Leith y Anastasia. Considerando que nunca fueron registrados, Subaru comenzó a dudar de los protocolos de seguridad en ese lugar, cuando de la nada algo saltó sobre sus piernas.

"¿Onii-san, no crees que has estado mirando demasiado a la señorita? Si piensas hacer algo malo, Mimi se encargará de evitarlo, ya te lo digo."

Subaru, desconcertado, bajó la mirada, para entonces encontrase con dos grandes ojos similares a los de Anastasia. Hubiera creído que estaba ante la hija o hermana pequeña de la chica, de no ser porque hasta ahí llegaban las similitudes. La niña tenía dos orejas peludas de gato sobre su cabeza, su cabello era de color anaranjado y estaba peinado en dos coletas, estaba vestida con una especie de bata o manto de color blanco con anaranjado en los bordes y llevaba una especie de bastón en sus manos, con el que estaba apuntando a Subaru.

"¿Huh? ¿Quién es ella?" Quien preguntó no fue Subaru, que seguía completamente desconcertado, sino Leith.

"Soy Mimi, ¡Mimi! Yo estoy a cargo de vigilar que nada le pase a la señorita mientras negocia." La niña sonrió mientras se señalaba a sí misma, orgullosa.

"Mimi, sabes muy bien que no puedes ser irrespetuosa con los invitados. Bájate de Natsuki-kun." Anastasia reprendió a Mimi como quien lo haría con un niño, y la pequeña obedeció sin chistar. Saltando, se bajó de las rodillas de Subaru, y entonces se colocó sobre las rodillas de Anastasia. "Lo siento, al parecer hoy mis sirvientes han sido muy irrespetuosos con ustedes. Pido disculpas en su lugar, como su ama." Anastasia hizo un gesto complicado mientas se disculpaba en nombre de Joshua y Mimi. "Nada más quiero señalar que ella es Mimi, la segunda al mando de mi equipo de seguridad, y nos acompañará para asegurarse de que no surja ningún problema. ¿Tienen algún problema con que ella nos haga compañía durante la reunión?"

"¡Claro que no, Anastasia-sama!" Leith no tardó en afirmar que no había problema. "Y estoy seguro de que Subaru piensa igual a pesar de-" Antes de que pudiera terminar de responder en lugar de Subaru, que permanecía en silencio, Leith fue interrumpido.

"Señorita, Mimi solo lo hizo porque el Onii-san de pelo negro estaba mirando a la señorita de forma sospechosa." Mimi se defendió a si misma, mientras saltaba en el regazo de Anastasia. Subaru, aún en trance, era incapaz de comprender como esa niña era llamada la segunda al mando del equipo de seguridad de Anastasia, y nadie parecía reaccionar ante ello. Aun así, no estaba en condición para señalar ese tema de poca importancia.

"Ehmm, yo también me disculpo en nombre de mi compañero, si es que la molestó, Anastasia-sama." Leith le dio un codazo a Subaru en el costado mientras respondía de esa manera. Subaru, que había estado intercambiando su mirada entre Anastasia y Mimi, tosió y procedió a disculparse también.

"Lo siento, Anastasia-sama… Es solo que su acento me suena familiar." Una vez más, Subaru aprovechó una peculiaridad de su interlocutor para ocultar sus falencias de actitud, así como hizo con Ricardo. En este caso, aprovechó que pudo notar el mismo acento de la región de Kansai que escuchó en Ricardo, en Anastasia.

"¡Oh! ¿Ya ha estado en Kararagi, Natsuki-kun? ¿O ha conocido a alguien de allí? Si ese es el caso, debe ser por eso que le suena familiar, pues es el acento que todos hablamos allá."

"No, disculpe. Debe ser que me confundí, pues nunca he estado allá, y tampoco he conocido a nadie de Kararagi." Subaru bajó su cabeza mientras se disculpaba por su actitud, a la vez que almacenaba en su mente la información que acababa de recibir; tal vez podría dar con una pista que le regresara la esperanza de poder volver con sus padres.

"Dejando eso de lado… ¿Podría decirnos la razón por la que nos convocó a esta reunión, Anastasia-sama?" Leith decidió aprovechar para retomar la razón por la que se encontraban allí. No es que él y Subaru desconocieran del todo por qué Anastasia los había llamado para reunirse, simplemente debían cerciorarse de que no se estaban haciendo ilusiones.

"Claro, por eso mismo los llamé a este lugar." La chica sonrió, pero era evidente que su expresión se volvió más seria, dejando atrás la mirada inocente de hace solo un momento. Era momento de negociar. Lo ideal habría sido haberlo hecho en compañía de Otto, su compañero comerciante, pero él no se encontraba en la ciudad, y Anastasia ya había asignado la fecha de reunión. "Como indiqué en la carta, estoy considerablemente interesada en su negocio."

"Me alegra muchísimo escucharla decir eso, Anastasia-sama." Visiblemente emocionado, Leith agradeció por la evaluación de Anastasia.

"No hace falta agradecer. Mi opinión es solo la que es, debido a los resultados que han obtenido gracias a sus esfuerzos. No… Eso va más allá. Su negocio es uno nuevo, muy nuevo. Cualquier comerciante a mi nivel, sobre todo uno dueño de una compañía grande como lo es la mía, pasaría de largo cualquier negocio con tan poco tiempo de existencia. Antes de poder hablar de negocios, contratos o pactos, un negocio debe de estar consolidado. Para entonces así poder estar seguros de que los cimientos son firmes, y no se desmoronarán y terminarán generando perdida."

"¿Entonces por qué…?"

"¿Por qué están aquí?" La chica sonrió dulcemente, mientras terminaba la pregunta de Subaru, para entonces cruzar sus manos y colocar su barbilla sobre ellas, sus ojos estaban brillando con una sagacidad mesmerizante. "Porque yo soy una mujer que lo desea todo, que lo obtiene todo. Si lo deseo, terminará entre mis manos, y tras ello me aseguraré de que crezca, dándome así aún más. Pienso hacer eso mismo con este reino, y ahora quiero hacerlo con su negocio…"

La chica siguió hablando, pero Subaru, que había aceptado volverse más humilde, simplemente había dejado de ser capaz de comprender lo que decía. ¿Cómo es posible que alguien tan codicioso exista en este mundo? Esa duda no abandonaba su mente. Se supone que eso debía de ser repúgnate para él… Entonces, ¿por qué no lo era? ¿Tal vez la admiraba? Admiraba su determinación para cumplir sus deseos, su determinación para no conformarse con menos…

Subaru lo sabía. Anastasia era una chica que nació en la pobreza, huérfana y viviendo en las calles, solo era tiempo de que el hambre acabara con ella, de que terminara muerta en un callejón, o terminara vendiendo su cuerpo. Pero ella usó su cabeza para salir de su situación, con su perseverancia y su gran visión para los negocios, empezó a trabajar para una empresa de Kararagi, de su país natal, y comenzó a escalar en ella gracias a su increíble desempeño. Para finalmente convertirse en la dueña a los veinte años.

Después de ello, le cambió el nombre a Empresa Comercial Hoshin, así como tomó ese apellido para sí misma. Anastasia decidió tenerlo todo y empezó a hacer algo por ello. Es cierto que Subaru desconocía de todo ello hasta hace unos días, pero luego de investigar sobre su biografía con tal de prepararse para ese día, fue que comprendió quien era Anastasia Hoshin.

Claro, hasta antes de verla, tenía dudas. De todas formas, toda esa información podría haber sido exagerada, o directamente inventada, pero ahora que la tenía frente a frente, estaba seguro. Esa mujer era quien se describía en esa biografía, no había duda; eso es lo que le trasmitían esos ojos turquesa de ella.

Esa mujer que no aceptó la humildad en la que nació y trabajó duro para mejorar su condición. Leith, el joven que lucha por darle honor al nombre de su familia, subir de clase social y asegurarles un futuro a sus descendientes, para que así no sufran la crueldad de la pobreza. Esas dos personas que luchadoras estaba una frente a la otra. Haciendo que él, Subaru, aquel que se acobardó y decidió no cumplir la promesa que hizo con la chica que lo ayudó, desentonara.

Subaru, que se conformó con quien era, y decidió dejar todo en manos del Santo de la Espada, mientras él se hacía a un lado y aceptaba su debilidad. ¿Acaso eso es humildad? ¿O simplemente es cobardía? Subaru no lo sabía, lo que sí sabía, es que deseaba seguir a alguien como Anastasia, deseaba tener de compañero a alguien como Leith, deseaba hacer negocios con alguien como Otto, que a pesar de su mala suerte, seguía luchando como el comerciante que es. Así que por eso no le desagradaba la extrema codicia de la chica, porque admiraba la determinación que yacía debajo de todo ese deseo; la determinación para complementar su codicia.

La humildad de conocer sus propias limitaciones, pero aun así, hacer algo respecto a ellas; eso es lo que deseaba Subaru. Anastasia, que nació en la cuna más humilde, y aceptando sus limitaciones, decidió explotar aquello en lo que sobresalía. Porque una chica como ella, que usó lo que tenía a mano para subir tan alto, tendría que ser muy consciente de sí misma. Eso, eso es lo que Natsuki Subaru deseaba hacer con su vida, con su humildad.

"-Hendar-kun … Natsuki-kun… Yo me enorgullezco de saber cuándo un negocio tiene potencial y cuando no, y aunque el de ustedes apenas está comenzando, puedo ver que posee un potencial enorme, lo suficiente como para llamarlos ante mí, antes de que otro comerciante lo haga." La chica hizo otra pausa, mientras veía a los ojos a los dos jóvenes ante ella. "Quiero que hagamos un pacto comercial, uno en el que todos salgamos beneficiados. Ustedes me darán sus condiciones, y yo las mías, pero antes quiero saber si realmente están interesados en dar este gran paso. Puede acarrear un gran cambio en sus vidas, así que pueden pensarlo, solo tengan en cuenta que soy una chica impaciente… Pero consideren esto: si aceptan, alcanzarán todo eso por lo que tanto se han estado esforzando."

Con una última sonrisa mesmerizante que declaraba que sabía todo sobre el contenido de sus corazones y almas, la chica finalmente finalizó su monólogo. Ambos, Subaru y Leith, se encontraban completamente pensativos. Profundamente hundidos en un mar de pensamientos, deseos y dudas. El primero en reaccionar de los dos fue Leith, que con una voz tosca debido a la resequedad de su garganta, empezó a decir.

"La propuesta en verdad es tentadora, Anastasia-sama. Pero como usted lo dijo, esto es algo que debemos considerar detenidamente. Además, nuestro negocio no solo está conformado por nosotros dos. Un mercader, Otto Suwen, que lamentablemente no pudo asistir debido a razones profesionales, también está aliado con nosotros… Así que, por favor, denos una semana y…" Pero antes de que Leith pudiera terminar de hablar, Subaru finalmente salió de su trance mental y lo interrumpió.

"¡Acepto…!" Con un jadeo, Subaru gritó con voz ahogada. Tras tragar un poco de aire y ponerse en pie, Subaru volvió a hablar, ignorando la expresión ligeramente impactada de Anastasia y la cara cargada de sorpresa de Leith. "¡Aceptamos, Anastasia-sama! ¡Solo díganos sus condiciones y lo haremos!"