Reinventando la Vida desde Cero
Dos Meses y tres días desde la Última Muerte (Tres Muertes)
"… ¿Y aceptaste así sin más?" Mientras ambos se alejaban de los límites de la zona de clase alta, el silencio que se había asentado entre ellos finalmente fue disuelto por Leith. Subaru lo miró de reojo, sin desviar la mirada del camino, pero se limitó a mantenerse en silencio. "No diré que sus condiciones resultaron especialmente abusivas. Pero, ¿y si ese hubiera sido el caso?"
"Podríamos habernos echado atrás, ¿no es así?" Intentando dejar el tema de lado, Subaru sacudió su mano mientras se defendía.
"Claro, podríamos haberlo hecho." Subaru sonrió de soslayo al escuchar la respuesta de su compañero. Pero al percatarse de la expresión de Leith, su sonrisa se desvaneció. Levantando un dedo, Leith continuó hablando. "Solo un día. Solo un día hubiera hecho falta para que ningún mercader o comerciante de todo Lugunica nos tomara en serio. Y tras solo una semana, habría sido lo mismo para todo el continente."
"¡Tch! ¿No crees que estás exagerando?"
"Volver a atrás sobre un acuerdo, pacto o alianza comercial ya es bastante mal visto si se trata de un comerciante normal. ¿Pero hacerlo con Anastasia Hoshin? Habría sido nuestra muerte comercial. Nadie nos habría vuelto a tomar en serio; nos tacharían de impulsivos, poco serios y hasta de poco confiables. Ningún mercante volvería a abrirnos la puerta y la reputación de Otto se iría al suelo junto con la nuestra, solo por formar parte de nuestra alianza. No, en el momento que aceptaste el trato de Anastasia Hoshin, no había vuelta atrás, sin importar cuales fueran sus demandas."
"Bueno… Si lo pones así, es verdad que nuestra imagen comercial habría quedado bastante manchada." Subaru sonrió nerviosamente, mientras se rascaba la cabeza. "Pero al menos no fue necesario, así que mi impulsividad no nos causó tantos problemas. ¿Verdad?"
Leith, suspirando, se limpió el sudor que se había acumulado en su frente, producto de los nervios residuales de su reunión con Anastasia Hoshin, y tras ello miró de nuevo a Subaru. "¿Sabes? Ella pudo haber reclamado que rompiéramos nuestra alianza con Otto. Fácilmente, en su posición como comerciante, ella pudo haber buscado un acuerdo de exclusividad de nuestros productos. Bueno… Lo hizo, pero permitió que Otto siguiera trabajando con nosotros, lo que por sí mismo demuestra que en verdad estaba interesada en asegurar la firma de un pacto comercial con nosotros."
"Pero dijiste que mi impulsividad pudo haber provocado que no tuviéramos de otra que aceptar sus exigencias. Por lo que me has dicho, su actitud no es precisamente la imagen dulce que nos mostró la mayoría del tiempo."
"No, no lo es. Anastasia Hoshin es una negociante temible, que sabe explotar las debilidades de aquellos con quienes negocia. Ella nunca nos habría llamado sin haber investigado todo lo posible sobre nosotros, nuestro pasado, presente y aspiraciones a futuro. Usar los deseos de sus rivales a su favor, eso es lo que hace Anastasia Hoshin. Por eso lo ideal habría sido conseguir una semana plazo, para así darle tiempo a Otto, que sabe mucho más de negocios que nosotros, de regresar a la ciudad, y entonces discutir con él las condiciones que pediríamos para firmar nuestro pacto comercial con la Empresa Hoshin."
"¿Entonces…?" No comprendiendo del todo el punto al que quería Leith, Subaru lo presionó para que se explicara. "Está claro que sí estaba al tanto de nuestros deseos y, además, estábamos en desventaja debido a la ausencia de Otto, ¿así que por qué no explotarlo?"
Ante la afirmación de Subaru, Leith comenzó a negar con su cabeza. "Ella estaba informada sobre mis deseos; por sus palabras, eso está claro. Pero en tu caso… Esa sería la única explicación al porque estuvo tan atenta a tu comportamiento todo el tiempo. No obtuvo nada de ti, lo que te convirtió en un sujeto difícil con el que lidiar durante las negociaciones. Claro, ella pudo presionarnos y exigir un contrato de total exclusividad, obligándonos a romper nuestra alianza con Otto. Pero se arriesgaba a que eso nos hiciera echarnos atrás sin importar las consecuencias de hacerlo. Si decidió no explotar nuestra debilidad, es porque desde un inicio no estaba segura de que eso fuera una debilidad. En otras palabras, tu impulsividad y falta de información te hizo impredecible, una carta salvaje; una carta con la que prefirió no jugar en contra…"
"¿No pudo descubrir nada sobre mí? ¿Sobre mi pasado? Bueno, eso tiene sentido…" Absorto por la explicación, Subaru se percató de que su lugar de origen definitivamente hacía inútil cualquier red de inteligencia dirigida hacia él y su pasado. En ese mundo, él en verdad no es más que un desconocido que apareció de la nada con ideas totalmente extravagantes.
"Así que dejando de lado tu falta de conocimiento sobre negociaciones, problema que definitivamente deberemos tratar a futuro con ayuda de Otto. Cabe preguntarse… ¿Quién eres en verdad, Subaru? ¿De dónde vienes exactamente? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué deseas?" Ante las preguntas de un intrigado Leith que insistía en averiguar sobre su lugar de origen, el cual no se encontraba en ese mundo, Subaru hizo una mueca de incomodidad.
"¿Qué deseo?" Esa realmente era una buena pregunta. Acaso lo que pensó mientras escuchaba a Anastasia Hoshin era su verdadero deseo. Acaso su verdadero deseo es seguir a una persona determinada como Anastasia, con tal de encontrar la manera de explotar aquello en lo que realmente pueda destacar y dejar de ser alguien que simplemente se conforma con sus carencias, mientras ve a los demás luchar por mejorar su status quo.
"Sí… ¿Qué deseas? ¿Acaso es dinero? ¿Fama? No tengo mucho tiempo de conocerte, pero puedo afirmar que lo que deseas no es eso, o al menos no me trasmites la imagen de alguien que busca eso… Entonces, ¿por qué aceptaste tan rápido la propuesta de Anastasia Hoshin? ¿Qué tiene ella que deseas?" Con esas preguntas golpeando contra su mente, Subaru miró hacia el cielo, como esperando escapar así de tener que responderlas, y susurró.
"No sé… Yo también quiero saberlo."
Dos Meses y una semana desde la Última Muerte (Tres Muertes)
"Bueno, al menos Natsuki-san no provocó que Anastasia-sama los obligara a desechar su alianza conmigo, eso habría sido bastante problemático para mi futuro. Sobre todo ahora que he invertido tanto tiempo y esfuerzo en este proyecto."
"Y en verdad te agradecemos por eso, Otto." Leith sonrió, mientras agachaba la cabeza ligeramente en señal de agradecimiento. "Por lo menos esta vez podemos decir que el misterio que envuelve a Subaru y su pasado, sirvió para ayudarnos a conseguir un buen trato con la Empresa Hoshin. Además, con esos ojos terroríficos suyos, bastará con enseñarle un poco de como negociar y podrá intimidar a cualquiera durante una negociación."
Riendo junto con Leith, Otto se tomó el abdomen mientras añadía "¡Cierto! Hasta puede que eso tenga que ver con el hecho de que Anastasia-sama no nos aplastará con un acuerdo totalmente cruel."
"¡Dejen eso! ¡Saben que no es mi culpa que mis ojos sean así!" Ocultando su rostro, Subaru se defendió de las bromas de sus compañeros. Pasado un momento, los tres se calmaron momentáneamente, por lo que Otto aprovechó para continuar.
"Dejando las carencias de Natsuki-san en lo que respecta a negociar y su mirada intimidante, es verdad que nos consiguió un pacto muy prometedor. Solo espero que para la próxima no se deje llevar por la belleza de su rival de negocios y termine mandando por la borda este proyecto por el que tanto nos hemos esforzado."
"¡Hey, Otto! ¡Ya te digo que eso no tiene nada que ver con mi reacción!" Molesto, Subaru reaccionó ante el comentario burlón de Otto.
"Ahora que lo dices, es cierto que Subaru parecía bastante deslumbrado por Anastasia-sama. Incluso una de sus guardas lo amenazó por ello. ¿Será eso lo que deseas, Subaru? ¿Amor? Aunque, ¿no crees que estás apuntando demasiado alto?"
"Lo peor es que, aún si lo lograras, estoy seguro de que esa es una mujer muy difícil de mantener satisfecha. Con lo codiciosa que es, y tratándose de ti, no sé si lo lograrías." Otto continuó molestando a Subaru, mientras lo veía con una sonrisa socarrona. Él, por su parte, no paraba de menear su cabeza, negando lo que decían sus compañeros.
"No sean ridículos. ¿Por qué estaría interesado en una mujer de la que no tenía idea hace una semana?" Cansado de las burlas, Subaru decidió finiquitar el tema con un argumento sólido.
"No lo sé. Tú eres quien deberías respondernos. ¿Por qué aceptaste tan rápidamente la propuesta de esa mujer?" Viendo su oportunidad, Leith aprovechar para repetir la pregunta que Subaru aún era incapaz de responderle. "Han pasado cuatro días y parece que aún no tienes la respuesta. Si no te conociera lo suficiente como saber que tanta dedicado estás a nuestro proyecto, incluso creería que no te lo estás tomando lo suficientemente en serio."
"Leith…" Otto, notando que el ambiente de la habitación se estaba comenzando a tensar, levantó su mano en dirección de Leith, mientras lo llamaba por su nombre. "No hace falta que te lo tomes así. Sé que estás disgustado porque Subaru pudo haber provocado que yo hubiera quedado fuera de este proyecto, pero no fue el caso. Además, yo sé que la idea de Subaru nunca fue atentar contra nuestra triple alianza, así que no creo que valga la pena seguir presionándolo con ese asunto."
"Yo… yo lo sé, es solo que sin tu ayuda…" Leith habló con pesar, mientras cerraba sus puños con frustración.
Subaru era consciente de la historia existente entre Leith y Otto. No es que ambos fueran mejores amigos ni nada parecido, de hecho, ambos podrían considerarse personas solitarias que van mejor a su propio ritmo. Aun así, fue Otto quien le prestó su mano a Leith para ayudarlo a mover sus creaciones, cuando éste comenzó a trabajar como artesano. De no haber sido por Otto, es muy probable que Leith se hubiera rendido años atrás y hubiera optado por un trabajo con menos futuro, pero con mayor estabilidad.
Por ello, viendo la actitud de Leith, Subaru comenzó a comprender realmente que tan traicionado se debió de haber sentido Leith cuando él aceptó la propuesta de Anastasia Hoshin sin tan siquiera pensarlo o consultarlo con sus dos compañeros. Leith no solo estaba interesado en discutir las condiciones del pacto con Otto, porque éste tuviera mucho mejor conocimiento de negocios que ellos, sino que además quería tomar en cuenta la opinión de Otto, que sin lugar a duda forma tanto parte de su proyecto como ellos dos.
"Yo en verdad lo siento, chicos… Mi intención no era hacerlos a un lado ni nada por el estilo." Subaru, habiendo comprendido la profundidad de su error, se disculpó de manera totalmente sincera. "Simplemente, me dejé llevar…" Claro, el proyecto que estaban construyendo entre los tres nació de las ideas que él trajo de su mundo. Pero, para ese punto, Otto y Leith habían influido demasiado como para poder seguir considerándolo algo solo suyo.
"Está bien, lo hecho, hecho está." Suspirando, Otto habló mientras sonreía nerviosamente. "Las condiciones que pidió Anastasia-sama son lo que podíamos haber esperado de cualquier empresa tan masiva como la suya, y si queríamos dar el siguiente paso, eventualmente tendríamos que haber pactado con alguna empresa grande, así que lo único que sucedió es que nos adelantamos un par de años. Ahora solo queda esperar para volver a reunirnos con ella y acordar el alcance de la operación… Por ahora, ¿les parece si les muestro las cuentas de lo que hice durante este mes de viaje? Después deberíamos celebrar por haber conseguido una alianza con una gran empresa. ¿Qué opinan?"
"Ustedes háganlo, yo voy a salir a tomar aire y pensar en nuevos diseños para implementar. De todas formas, ya saben que no soy muy bueno con la contabilidad. Sobre la celebración… Podemos verlo después de que regrese, si gustan." Anunciando su salida, Subaru se acercó a la puerta del taller, lugar donde se encontraban; la puerta daba directamente a la calle. Mientras salía del taller, ni Otto ni Leith objetaron o dijeron palabra alguna.
Subaru caminó a lo largo de la calle con las manos en los bolsillos de su pantalón. Su atención estaba en los carruajes jalados por dragones de tierra, en las rocas bien ordenadas que conforman la calle y en los puestos de venta ubicados a los costados de la calle, todo al mismo tiempo. Sin encontrar con que distraerse, Subaru paseó su mirada por todo lo que se pasaba por su camino.
Las palabras de Leith aún seguían en su mente, lo que impedía que la sensación de culpabilidad presente en su pecho desapareciera. Cualquiera podría decir que solo un par de meses no son suficientes como para afianzar de tal manera una relación con otra persona, y aunque es cierto que no interactuó demasiado con Otto en ese tiempo, lo mismo no puede decirse de Leith. Como sea, ambos lo ayudaron. A él, una persona perdida en ese mundo, a la que nadie estaba dispuesto a prestarle una mano.
Su sensación de deuda con ambos era tan grande que podría aplastarlo, y aun así, él se dio el lujo de actuar como un ignorante impulsivo, infantil y engreído, que nunca toma en cuenta la opinión de los demás. Subaru, suspirando, se lamentó todavía ser esa persona. Lo sucedido aquel día en el callejón con Reinhard, después de haber sido asesinado tres veces y haber vuelto a la vida, cambio su vida enormemente. Tal vez si no hubiera aceptado sus falencias en ese momento, todavía estaría atrapado en ese ciclo de muerte y regreso en el tiempo.
Sin embargo, esperar que solo ese momento cambiara por completo quien es y fue Natsuki Subaru, en definitiva fue una evaluación demasiado positiva por parte suya. Pudo haber muerto tres veces, pero eso no impidió que siguiera cometiendo los mismos errores. El solo pensar en ello, bastó para causar que comenzaran a dolerle las sienes.
Con paso firme, Subaru sacudió la cabeza, como buscando así desvanecer ese molesto hilo de ideas. Fue entonces que se percató de que se había desviado y había entrado en una vía más que conocida para él. Sonriendo, Subaru apresuró su paso hasta encontrarse frente a un puesto de frutas, manejado por un hombre musculoso de pelo verde oscuro y cara de tener muy malhumor. Al verlo, el hombre frunció el ceño, pero inmediatamente sonrió.
"¡Hola, chico! ¿Cómo has estado? Hace más de una semana que no te veía. ¿Has estado ocupado con ese negocio tuyo de objetos extraños?"
"He estado bien, gracias. Y sí, diste en el clavo; últimamente he pasado mucho tiempo en el taller." Devolviendo la sonrisa, Subaru regresó el saludo al hombre. "¿Cómo han estado tú y tu familia? ¿Cómo ha estado la pequeña Plum? Espero que no haya vuelto a perderse.
"Hemos estado perfectamente, gracias, chico. Y Plum, bueno… Ya sabes como son los niños, no para de jugar y meterse en problemas por ello, pero es imposible no amar a una niña como ella." Con una mirada cargada de sentimientos, Kadomon habló de su hija, a la cual Subaru conoció la primera vez que llegó a ese mundo, antes de morir a manos de Elsa.
"Es bueno escucharlo." Contestó Subaru, ahora con su mirada fija en las frutas que estaban esparcidas frente a él.
"¿Qué deseas, chico?" Era obvio que esa pregunta se refería al producto que estaba vendiendo, pero eso no impidió que el corazón de Subaru se brincara un latido. "¿Lo de siempre?"
"S-sí, por favor." Fingiendo una sonrisa, Subaru evitó la mirada del hombre mientras observaba hacia otro lado.
Esa ya era la décima vez que Subaru iba hasta ese puesto a comprarle frutas a su dueño. Esa constancia no solo se debía a que quería pagar la deuda que tenía con Kadomon, por ayudarlo durante los bucles de muerte y luego ayudarlo a vender su teléfono celular. Sino que, además, debido a la promesa que le hizo: que si conseguía trabajo, se convertiría en cliente habitual.
El por qué se aferraba de esa manera a dicha promesa, se debía a la sensación desagradable que le dejó el ser incapaz de cumplir su promesa con "Satella". Si no pudo cumplir esa promesa tan importante para él, al menos se enfocaría en no volver a romper otra promesa en su vida. Aun mirando hacia el costado de la tienda, Subaru se percató de que Kadomon le estaba ofreciendo una bolsa llena de manzenes; que es lo mismo que manzanas, pero de ese mundo. La tomó y le pagó al hombre por ello, y entonces le preguntó mientras seguía mirando hacia el costado, donde había varias personas reunidas al final del camino.
"¿Qué ocurre? ¿Por qué hay tantas personas reunidas allí?" Subaru señaló la aglomeración con su barbilla, ocasionando que Kadomon también mirara hacia el lugar.
"¿Acaso no has escuchado sobre la revelación de las candidatas a la selección real?" ¿Por qué últimamente todo gira alrededor de eso? Con esa pregunta en mente, Subaru asintió como respuesta a la pregunta de Kadomon. "Pues ahí se encuentra un afiche con las imágenes de las cinco candidatas. Ya lleva ahí unos días, pero no deja de aparecer gente interesada en conocer las caras de las cinco posibles gobernantes del país."
"¿Un afiche con las imágenes? Hasta ahora no había visto nada como eso. Aunque probablemente se deba a que llevo varios días encerrado en el taller… Solo conozco la identidad de una de ellas."
"Deberías ir a ver. Al fin y al cabo, como habitante de Lugunica, es información que también te concierne. Te acompañaría, pero no puedo dejar el puesto solo."
"Tienes razón. Y no hay problema, yo iré solo. Solo quiero preguntarte una cosa antes." Kadomon le hizo un gesto, indicándole que prosiguiera. "¿Qué te pareció el Pela-frutas que te traje la última vez?"
"Hmm…" El hombre, en silencio, rebuscó bajo uno de los mostradores de frutas, del que sacó un objeto de metal, similar a una espátula alargada y angosta, con un hueco en medio y un mango de madera. "No te voy a mentir chico, realmente cumple el propósito de su nombre. No es muy diferente a usar un cuchillo para pelar, pero definitivamente facilita el trabajo."
"Es bueno escucharlo. Espero que tú también te vuelvas un cliente habitual" Kadomon resopló ante el comentario de Subaru, lo que hizo que esté sonriera de forma burlona. Ese Pela-Frutas que le había dado era una versión beta del típico pelador de su mundo, y estaba agradecido de que realmente le resultara útil al viejo Kadomon. "En fin, gracias por los manzenes. Nos vemos luego." Entonces, despidiéndose así del dueño del puesto de frutas, Subaru se dispuso a dirigirse hasta donde se encontraba la aglomeración de gente.
"Bueno, chico. Nos vemos luego. Si vuelves, ven preparado para comprar más frutas." Sonriendo, el hombre fornido se despidió. Pero justo antes de que Subaru se hubiera alejado del todo, lo escuchó añadir algo. "Cuando veas el afiche, entenderás mejor el porqué de tanto alboroto. Todavía no puedo creer que permitirán que una medio-demonio forme parte de la selección real…"
Extrañado por el último comentario del hombre, Subaru se acercó con aún más interés al afiche. Una vez entre la multitud, se tuvo que abrir paso entre múltiples personas, pero finalmente logró alcanzar el letrero en el que se encontraban cinco afiches con imágenes de mujeres y sus nombres. Subaru se detuvo y comenzó a verlos uno por uno.
Anastasia Hoshin, el primero que leyó pertenencia a la chica que ya conocía, una hermosa mujer de aspecto inocente. Luego leyó uno que lo dejó boquiabierto; Felt, decía el afiche. Si no hubiera existido una imagen bajo el nombre, de una chica no mayor a los quince años, nunca habría llegado a creer que se tratara de la misma chica ladrona con la que se encontró el primer día que llegó a ese mundo.
"¿Qué demonios sucedió ese día?" Incapaz de comprender lo que estaba pasando, Subaru siguió mirando las imágenes. El siguiente nombre era uno que escuchó más de una vez de boca de Leith; Crusch Karsten. Una mujer noble de gran popularidad en la capital. La imagen mostraba a una mujer vestida de forma varonil, pero igualmente hermosa. A su lado, estaba la imagen de una mujer increíblemente hermosa y de mirada orgullosa; Priscilla Barielle. De ella nunca había escuchado nada.
Finalmente posó su mirada sobre el último afiche y fue cuando la sorpresa simplemente acabó con su hilo conductor de ideas. El nombre que rezaba el papel era Emilia, un nombre que nunca habría llamado especialmente su atención de no ser por la imagen de la chica con ese nombre. No había duda, esa era "Satella". Era imposible que estuviera juzgando mal la imagen, esa en verdad era la chica bondadosa con la que se encontró el primer día en ese mundo.
Ahora que la veía ahí, Subaru comprendía el último comentario de Kadomon. Al inicio, él era totalmente ignorante respecto al tema, pero tras dos meses viviendo en ese mundo, Subaru llegó a comprender que tan arraigado era el temor y odio hacia los medio-elfos. Y "Satella", o mejor dicho, Emilia, es una medio-elfa; hecho confirmado por ella misma.
Y Emilia no solo es una medio-elfa, sino que además es una medio-elfa de pelo plateado y ojos color violeta; la viva imagen de la Bruja de los Celos, Satella. Satella, la bruja que se alimentó de las demás brujas y destruyó la mitad de ese mundo, según las leyendas. Con una imagen tan similar al demonio de su mundo, Subaru pudo comprender, en parte, la reacción de la gente hacia Emilia, que es tan similar en todo sentido a Satella.
Por lo tanto, teniendo ahora gran parte del panorama desvelado ante él, Subaru también fue capaz de comprender la reacción de Emilia y Puck ante su desinterés por el linaje de la chica. ¿Cuántas veces tuvo que lidiar Emilia con la discriminación de la gente? Esa era otra pregunta de la que carecía respuesta. Entre más lo pensaba, más sentía que comenzaba a comprender muchas de las situaciones que durante su ciclo de tres muertes fue incapaz de comprender. Lo que aún no comprendía era por qué tanto Felt, como Emilia, formaban parte de la selección real.
¿Acaso tiene algo que ver con la insignia robada? ¿O tiene algo que ver con Reinhard? Entre más pensaba sobre lo que pudo ocurrir ese día después de que él decidió relegar todo al caballero, más sentía que no comprendía nada. Finalmente, tras varios minutos de estar pensando, Subaru se alejó de los afiches y la multitud, y se dispuso a regresar al taller.
"Yo decidí relegar todo a Reinhard. Yo los abandoné. Por lo que no tengo derecho a meterme en sus vidas." Murmurando eso, Subaru decidió que lo mejor sería el olvidar el tema y seguir recorriendo el camino que eligió para él ese día.
Suspirando pesadamente, Subaru al menos se alegró por confirmar el bienestar de Emilia y Felt. Y aunque no sabía nada del viejo Rom, Subaru suponía que dado el resultado, él probablemente también se encuentra bien. Y no es que Subaru realmente hubiera dudado de la victoria de Reinhard sobre Elsa, pues gracias a Otto y Leith, ya había escuchado que el Santo de la Espada estaba perfectamente. Y si él estaba bien, era probable que todos los demás involucrados, menos Elsa, estuvieran bien; aunque era posible que Felt y el viejo Rom terminaran en la cárcel.
Pero ahora que obtuvo una confirmación más que solida de ello, Subaru sintió una clase de alivio recorrer por todas las venas de su cuerpo. Suspirando una vez más, Subaru se forzó a sonreír. Si su decisión en aquel callejón resultó ser la correcta, entonces en verdad no tenía nada que lamentar. Emilia está bien, e incluso está luchando por ser reina a pesar de su similitud con la bruja tabú.
"Eso tiene que ser prueba de que todo salió bien... Ahora es mi turno de luchar por el éxito de mi proyecto de reinvención de artefactos y obtener mi final feliz."
Lo que Subaru no sabía, es que sin importar cual camino tomase, todos llevarían a la desesperación.
