Cacofonía de Sufrimiento

Cuatro Meses y Dos Semanas desde la Última Muerte (Tres Muertes)

Su cuerpo se estremeció, su respiración se cortó y los latidos de su corazón alcanzaron el límite de velocidad sana para cualquier ser humano. Con lágrimas de desesperación acumulándose en sus ojos, Subaru parpadeó múltiples veces, esperando que la figura que estaba contemplando no fuera más que una ilusión. Pero tras unos tormentosos segundos suplicando porque la figura se desvaneciera, no le quedó de otra que aceptar que la figura era real. Elsa había regresado por él.

Entonces, las preguntas comenzaron a arremolinarse en su cabeza. ¿Por qué Elsa estaba ahí? ¿Acaso no había sido detenida por Reinhard? ¿Cómo logró dar con él? ¿Por qué lo estaba buscando? Subaru en esa línea de tiempo nunca había conocido a la mujer, así que no había razón para que ella lo estuviera buscando. A menos que…

"¿Se enteró de que yo envié a Reinhard? ¿Sobrevivió a su encuentro con él, escapó y regresó por venganza?"

En el fondo, Subaru comprendía que eso no tenía mucho sentido. ¿Cómo habría descubierto ella que fue él quien envió a Reinhard? Subaru pudo no haber conocido mucho al hombre, pero el poco tiempo que estuvo con él, le bastó para comprender que él no era del tipo de personas que subestima a sus rivales. Así que el Santo de la Espada jamás habría revelado información que habría puesto en peligro a Subaru.

O al menos eso quería creer, pero era obvio que, por la razón que fuere, Elsa se encontraba allí por él. Su mirada se cruzó con la de Elsa, que mantenía su mirada relajada. La mujer no pareció reaccionar ante el hecho de que había sido descubierta, tan siquiera movió un musculo. Era como un depredador analizando a su presa, pacientemente buscando el mejor momento para atacar.

Subaru era consciente de que si no hacía algo, volvería a morir, y no estaba dispuesto a permitirlo. Con su mirada aun cruzada con la de la asesina, escaneó sus alrededores con el rabillo de sus ojos. Se encontraba solo, en medio del puente. Las calles que conectaba el puente estaban desoladas, pues estaban relativamente alejadas de alguno de los canales principales. Y el barco más cercano no podría estar a menos de cien metros de distancia.

Por un momento consideró huir lanzándose al canal, pero él ya había sido testigo de la puntería de Elsa al lanzar sus cuchillos de combate. Tras ello, consideró escapar corriendo hacia alguna de las dos calles que conectaban con el puente, pero el peligro de ser apuñalado a la distancia era el mismo. Tras pensarlo un momento, se dio cuenta de que Elsa se había revelado ante él, porque lo tenía acorralado.

Con lágrimas cada vez más grandes formándose en sus ojos, Subaru comenzó a sentir una especie de dolor fantasma en lo profundo de sus entrañas. Su cuerpo, antes que él fuera consciente de ello, ya se había rendido a la idea de morir a manos de la cruel asesina. Entendiendo lo desesperada que era su situación, sus piernas perdieron fuerza y, de no ser porque se apoyó en el borde del puente, se habría desplomado hacia el suelo. Arriba, en la cornisa de la casa sobre la que se encontraba, la figura, que era presagio de muerte, sonrió.

"M-maldición…" Con sus quijada temblando y sus dientes golpeándose unos contra otros, Subaru maldijo el volver a ser una víctima de los juegos de Elsa la asesina. Verla con su erótica sonrisa, cargada de satisfacción, el miedo que había estado sintiendo se fue convirtiendo lentamente en ira. Hasta que odio inalterado explotó dentro de su pecho. No, él no dejaría que la mujer disfrutara de hacerlo temblar como un cobarde, sin al menos intentar hacer algo al respecto.

"¡N-no pienso m-morir a-aquí! ¡Ahora es m-mi turno d-de luchar p-por mi f-final fe-feliz!" Ignorando el impulso de su cuerpo que le rogaba que se rindiera, Subaru se puso en pie y comenzó a correr hacia la dirección donde, creía, se encontraba la calle principal. Suplicando porque su sentido de ubicación no le fallara, Subaru corrió sin detenerse, zigzagueando con el objetivo de convertirse en un blanco más difícil de apuntar.

"¡Por favor! ¡Por favor! ¡La calle principal tiene que encontrarse en esta dirección!" Mordiéndose el labio con tanta fuerza que chorros de sangre bajaban por su garganta y cuello, Subaru corrió con todo su impulso, ignorando el dolor de sus pulmones ante la escases de oxígeno. Su cuerpo, bañado en sudor, estaba siendo llevado a su límite, y aun así, su velocidad no disminuyó en lo más mínimo. Gracias a la adrenalina que inundaba su cuerpo, Subaru pudo recorrer cincuenta metros en tan solo unos pocos segundos.

"¡Creo que es aquí! ¡Tiene que serlo!" Una vez llegó al final de la calle, Subaru dobló a la izquierda. Según recordaba, ese camino debería llevar a la calle ubicada al lado del canal principal. Tomando en cuenta que apenas había pasado la hora del almuerzo, tenía esperanza de que allí hubiera una buena cantidad de personas. Con suerte eso bastaría para evitar que Elsa lo atacara momentáneamente. Después de ello tendría que encontrar la manera de contactar con Anastasia. Con su ayuda, o mejor dicho, la ayuda de Julius y el Colmillo de Hierro, debería ser posible detener a Elsa.

Pero su hilo de pensamientos, que había estado tornándose ligeramente optimista, se desplomó por completo. Con sus pulmones cerca del colapso, su vista nublada por el sudor y las lágrimas, su cabeza a punto de estallar por la migraña y su cuerpo entero a punto de desplomarse, Subaru contempló el final del camino. El final de su recorrido. El final de su vida. Frente a él se encontraba una bestia con cabeza de león, cuerpo de caballo y rabo con forma de Serpiente.

Si había algo de su mundo, con lo que Subaru pudiera relacionarlo, sería con la creatura mítica llamada quimera. El ser, que funcionaba como una barrera que le impedía llegar a su destino, bramó suavemente, pero de manera increíblemente hostil; era una amenaza, no había duda. Detrás del ser monstruoso, Subaru podía ver la salida que daba directamente al canal principal, pero no había nada que pudiera hacer para llegar a él. Y estaba claro que, si gritaba con el objetivo de buscar ayuda, sería devorado antes de que pudiera hacerlo.

Exhalando un vaho de aliento, Subaru por un momento consideró la opción de regresar a la calle de la que provenía, para así continuar su huida. No tenía un lugar en mente al que dirigirse, lo único que pasaba por su mente era extender su vida lo más posible. Pero esa idea fue devorada por la sonrisa cínica de Elsa, que se encontraba a menos de un metro de él, bloqueando la única salida que le quedaba.

"Ja…" Burlándose de su propia desgracia, Subaru liberó un solitario sonido de burla dirigido hacia sí mismo. Inmediatamente, su cuerpo cedió, y con él, todo el contenido líquido dentro de él también fue liberado. Cayendo sobre un charco de sus propios orines, Subaru contempló con mirada vacía la figura erótica de su muerte. "Ja… Ja, ja, ja, ja, ja, jajaja…"

"Elsa, creeeeeo que nuestro objetivo ya se roooompió. ¿En veeeerdad crees que sirva de algo seguir con eeeeesto? Que decepcióoooon, después de todo lo que dijo nuestro clieeente sobre que debíamos tener cuidado al tratar con éeeeel, resultó que no era naaaada comparado con lo que nos dijo." Subaru, a pesar de su estado, pudo percatarse de que una voz completamente fuera de lugar, aguda e infantil, provenía del ser monstruoso. De manera errática, Subaru movió sus ojos con el fin de buscar a la fuente de la voz, sin importarle si Elsa aprovechaba ese momento para abrirle el abdomen.

"¡Hnnk!" Sorprendido, Subaru exclamó con un gesto ahogado. Allí, sobre la bestia con forma de quimera, había una niña que no podía tener más de doce años. Su pequeño cuerpo estaba cubierto por un traje negro, su cabello azul estaba peinado de manera similar al de Elsa, y sus ojos del mismo color que su cabello transmitían inocencia. ¿Qué hacia una niña como esa en ese lugar?

"¡Oh! El Onii-san parece estar más consciente de su entorno de lo que creeeeía. ¡Hola, soy Meili! Y este pequeño es mi amigo Guiltylowe." La niña, percatándose de la mirada posada sobre ella, presentó tanto a su persona, como al monstruo que estaba montando. Finalmente, Subaru comprendió que esa niña, Meili, no era una niña cualquiera. Su sonrisa, que debía ser inocente, era coqueta y trasmitía lujuria; algo para nada apropiado para una pequeña de su edad.

"¿Q-qué está pasando?" Habiéndose calmado un poco, Subaru finalmente expresó la duda que lo estaba abrumando. "¿P-por qué me ha-hacen esto?"

"Creo que tienes razón, Meili. Aun así, el cliente fue claro al decir que debíamos hacerlo sufrir copiosamente antes de acabar con su vida. Y dado que recibimos el pago completo por adelantado, no queda de otra." Elsa, ignorando por completo a Subaru, contestó a la pregunta realizada por Meili hace un momento.

"Hmm… Como seeeeea… Tú eres la que más disfruta de todo eeeeeso, así que por mientras yo me aseguraré de que nadie nos interruuuuumpa." La niña, con gesto indiferente, trepó por el cuerpo de la bestia que montaba, hasta desaparecer tras su melena.

"Sabes bien que lo que me interesa es apreciar la belleza escondida de las entrañas. La tortura no está mal, pero no me satisface como lo hace la belleza de las entrañas recién expulsadas." Elsa, sonriendo, proclamó que su amor solo estaba dedicado a las entrañas de sus víctimas y nada más. "En fin, cuando termine contigo, definitivamente podré descubrir que tan hermosas son tus entrañas."

"¡Hnk!" Con sus ojos completamente abiertos, Subaru procesó lenta y dolorosamente la conversación entre las dos asesinas. ¿Lo iban a torturar? ¿Por qué? "¡N-no quiero!" Arrastrándose sobre el enorme charco que dejó tras expulsar todo el líquido de su vejiga, Subaru nuevamente se negó a aceptar su destino.

Odiaba la idea de morir, la sensación de su vida apagándose es algo que Subaru deseaba nunca volver a sentir hasta llegar el momento definitivo, muchos años adelante en el futuro. Pero la idea de morir lentamente, mientras era torturado… El horror que lo hacía sentir la idea bastó para hacerlo luchar nuevamente por no perecer a manos de Elsa. Aun así, estaba claro que físicamente no se encontraba en estado de oponer resistencia alguna, por lo que arrastrarse era su único método de demostrar que se negaba a aceptar su destino. Lastimosamente para él, eso no lo llevaría a ningún lado.

"Ohhh… ¿Así que vuelves a luchar por tu vida? Sí, eso lo hace todo mucho mejor. Lucha, lucha, ¡luuuucha!"

"¡Arrghhhh!" Un grito ahogado escapó de la boca de Subaru, acompañado por saliva y sangre. Mientras se arrastraba, Elsa aprovechó para patearlo en el abdomen con todas sus fuerzas, provocando que chocara con la pared del callejón. Sintiéndose mareado, Subaru pudo notar que su vista estaba comenzando a enrojecerse. De su cabeza brotaban sangre a chorros, empapando por completo su rostro.

"Ahhhh… Espero que eso no haya sido suficiente para desalentarte a seguir luchando. ¿Acaso tu deseo de vivir es tan pequeño?"

"¡Hnngh! ¡M-maldi-ta perra!" Escupiendo sangre, Subaru miró a Elsa, que se encontraba justo a su lado. Saber que sin importar lo que hiciera su destino sería el mismo, lo desesperaba. Claro que deseaba vivir, deseaba luchar, deseaba escapar con vida de ese lugar. Pero sin importar que tan intensos fueran esos deseos, no había nada que él pudiera hacer. Eso es algo que aprendió el primer día que llegó a ese mundo.

"Hmm… hmm… Así que aún había algo de espíritu dentro de ti. Eso es bueno, claro que sí." La mujer sonrió satisfecha, mientras sacaba uno de sus cuchillos. "Creo que ya podemos empezar. ¿Qué piensas tú, Meili?"

"Yo no séeee… Lo único que escucho son los queeeejidos patéticos del Onii-san" Meili, desde el otro lado de la bestia, respondió apáticamente.

"Bien, en ese caso haremos esto lo más lentamente posible. Con suerte, sé perfectamente donde cortar para infligir el mayor dolor posible." Agachándose, Elsa tomó uno de los brazos de Subaru. Él intentó hacer fuerza para liberarse, mientras exhalaba violentamente, pero cualquier resistencia fue inútil.

La mujer comenzó realizando un corte en el pliegue interno de su codo derecho, provocando que un alarido saliera de su boca; alarido que Elsa silenció golpeándolo en la nariz, para después amordazarlo con un pedazo de tela. Tras ello, hizo pasar el filo de su cuchillo entre cada uno de los dedos de su mano. Desechando esa mano, Elsa, tomó entonces la mano izquierda. Subaru, desesperado por el dolor, se retorció para evitar que la mujer pudiera seguir con su trabajo. Una vez más fue completamente inútil.

"Gugugu…" Con ambos brazos completamente inutilizados, Subaru soltó un quejido patético carente de toda inteligencia humana.

"Bien, ahora sigamos con los dedos." Entonces, usando su increíblemente filoso cuchillo, Elsa rebanó cada uno de sus dedos, cual si de zanahorias se tratara.

Poco a poco, la mujer despojo a Subaru por completo de sus extremidades, para finalmente dejar un torso con cabeza. El sonido de la piel siendo rasgada, el sonido de la carne siendo cortada, el sonido de los huesos siendo triturados; esa cacofonía de sonidos estaba fragmentando su ser de afuera hacia adentro. El como es que él seguía vivo, era algo no podía comprender.

"Má-ta-me… Por-fa-vor…" Intentó vocalizar Subaru, a través de su mordaza.

"Hmm… Nooo, todavía no hemos terminado." Entonces, la mujer procedió a despojarlo de lo que quedaba de su pantalón.

Antes de que pudiera comprender lo que estaba por suceder, un dolor increíble nubló su consciencia. Elsa, usando toda su fuerza, acaba de castrarlo, aplastando por completo sus genitales con el mango del cuchillo. En ese momento, todo comenzó a oscurecerse para Subaru, pero un dolor increíble volvió a despertarlo. En manos de la mujer estaba lo que quedaba de su hombría; un pedazo de piel, probablemente escroto, que colgaba de sus dedos completamente embadurnado en sangre.

En su cabeza no quedaba más que sufrimiento y odio. Odio hacia Elsa, odio hacia el monstruo que le impidió escapar, odio hacia la niña que lo montaba, odio hacia Anastasia por llevarlo a ese lugar, odio hacia Leith y Otto por ayudarlo a terminar en ese lugar, pero sobre todo, odio hacia sí mismo. Odio hacia su debilidad, odio a su falta de coraje, odio hacia comportamiento, odio hacia su falta de acción, odio hacia todo lo que implicaba Natsuki Subaru. Porque si él fuera un poco más fuerte, diligente y astuto, tal vez no estaría sufriendo tanto.

Usando su lengua, Subaru logró liberarse, en parte, de la mordaza. Gritando con toda su fuerza, Subaru intentó morder su propia lengua, intentando así escapar del castigo que estaba sufriendo por su debilidad, pero Elsa le dislocó la quijada de un golpe, dejándolo con un fuerte sabor a hierro en la boca. Inmediatamente después, Elsa cortó sus orejas y le arrancó el cuero cabelludo, provocando que empezara a convulsionar.

Pero a Elsa eso no le importó, pues siguió realizando cortes en su cara, mientras lo detenía sentándose a horcadas sobre él. Primero cortó su nariz y labios, luego le arrancó los dientes y la lengua. Y Subaru, que era incapaz de sentir algo más que agonía y dolor, se percató de que la mujer se había levantado de nuevo. El dolor que sentía era tan intenso, que nunca en su vida había deseado morir de esa manera, y aun así, por una razón que no comprendía, no moría.

Dolía, dolía mucho, dolía tanto que podía morir, dolía tanto que anhelaba morir. Dolía tanto que su cordura se había desvanecido. Dolía tanto que su mente solo podía procesar dolor. Dolía tanto que olvidó donde estaba. Dolía tanto que olvidó su nombre. Dolía tanto, que el dolor era lo único que formaba parte de su ser. Dolor y más dolor, ahora él no era más que un ser de dolor.

"Creo que ahora podemos seguir con el postre…" Lamiéndose los labios, Elsa acercó su cuchillo al abdomen de Subaru y, extasiada, realizó un corte a lo largo de este. Entonces sus intestinos, como la lava de un volcán, fueron expulsados de su cuerpo y se esparcieron por el suelo, dejando un fuerte olor a sangre y mierda en el aire. "Ohhh… ¡Genial! Tus intestinos son hermosos. Tienen un color rosado esplendido. Realmente hicieron valer la pena el esfuerzo…"

¿Qué sucede? ¿Por qué siento tanto dolor? ¿Por qué todo está negro? ¿Por qué todo está blanco? ¿Por qué no estoy con mis padres? ¿Dónde están mis padres? ¡Los necesito! ¿Por qué sigo vivo? Tengo miedo, mucho miedo. Todo me duele, me duele tanto que la muerte me parece hermosa. Quiero morir, quiero morir, quiero morir, quiero morir, quiero morir, quiero morir, quiero morir…

"Q-u-i-e-r-o… m-o-r-i-r…"

"¿Estás sufriendo? ¿Estás muriendo? Pero la estábamos pasando tan bien… ¿Sabes? En otro momento te habría dejado morir mientras aprecio tus hermosas entrañas, pero nuestro cliente fue especialmente explícito con que tendríamos que darte una muerte lenta y dolorosa… Meili."

"Aaaal fin, ya me estaba aburriendo… Chico, ya sabes que hacer. Y no olvides masticar bieeeeeeeen." Habiendo recibido la orden de su maestra, el monstruo se acercó al torso destrozado que era todo lo que quedaba de Subaru, con su boca abierta. "Elsa, no olvides la pieeeedra."

"Cierto… Si la perdemos, es muy posible que Madre nos castigue. No queremos que eso suceda después de nuestro fallo en la capital."

"¿Nuestro fallo? Yo ni siquieeeera participé."

"Como sea… Acabalo de una vez, no tardarán en darse cuenta de todo lo que sucedió por aquí." Con un gesto de comprensión, Meili finalmente le indicó al ser llamado Guiltylowe que se comiera a Subaru.

"Antes de que mueras… Por alguna razón, nuestro cliente nos encargó que te diéramos este mensaje: Tomaste la decisión equivocada… Ahora me encargaré de hacer todo lo necesario para que corrijas los errores que has cometido y cumplas con lo escrito en el libro." Tras trasmitirle ese mensaje, Elsa tomó la roca que había colocado en su cuerpo sin que él se percatara y lo dejó para que la bestia se lo tragara.

Con su mente finalmente liberada de lo que la estaba reteniendo, una parte efímera de su consciencia logró captar las últimas palabras de Elsa. Después, todo se volvió silencioso, pero solo por unos segundos, ya que el mundo no tardó en llenarse de sonidos de algo quebrándose. Eran sus costillas, sus extremidades cercenadas, su ser entero, que estaba siendo masticado. Con una última ola de dolor entumecido, Subaru sintió como su cráneo era exprimido por las poderosos mandíbulas del monstruo. A partir de ahí, todo se volvió negro y su cuerpo se sumergió en un mar de sombras que estaban cargadas de sentimientos alienados.


Cero Días desde la Última Muerte (Cuatro Muertes)

"¡Arrghhhh!" Gritando, Subaru convulsionó en el lugar donde se encontraba. Su cabeza le dolía, su estómago se encontraba revuelto y su cuerpo no paraba de temblar. Negando con su cabeza, Subaru abrazó su cuerpo con dificultad, mientras escapaba de las manos crueles de los asesinos que estaban mutilándolo. Lágrimas no paraban de surgir de sus ojos y su corazón estaba latiendo tan rápidamente que sentía que en cualquier momento podría sufrir un infarto; pero nada de eso importaba. Lo único que Subaru quería, era escapar de la mujer que no dejaba de brutalizar su cuerpo.

"¡¿Natsuki-kun?!" Aun cuando se encontraba escondido en su caparazón emocional, Subaru pudo darse cuenta de que esa voz no pertenecía a Elsa. Lentamente, dejó de cubrir su rostro, para entonces notar que una hermosa mujer de ojos lila lo estaba mirando con una expresión de preocupación. Además, tres niños de características similares entre sí, también lo miraban extrañados.

"¿A-anastasia?" Temblando, Subaru preguntó por el nombre de la mujer. Como si de la respuesta dependiera el aceptar que todo lo que lo rodeaba fuera real.

"Sí… Soy yo… ¿Pasa algo, Natsuki-kun? De la nada comenzaste a gritar y…" Regresé, pensó Subaru, antes de vomitar dentro del carruaje de dragón.


"No entiendo como sucedió… Durante todo el viaje estuvo bien y de la nada…"

"Entiendo lo que dice, Anastasia-sama. ¿Usted se encuentra bien? ¿No la lastimó cuando comenzó a tener el ataque de pánico?"

"Estoy bien, estoy bien, Julius… Es solo qué… Todavía estoy en estado de shock. Nunca había visto a una persona quebrarse emocionalmente de esa manera. Ni siquiera cuando vivía en las calles de Kararagi."

"Hmm… En verdad es extraño, señorita. ¿Julius, crees que pueda deberse a un ataque mágico? ¿Cómo una maldición o algo similar?"

"Nunca había escuchado de nada así. No de algo enfocado en destruir mentalmente al objetivo. Además, el curandero al que lo llevamos dijo que ese no era el caso… ¿Anastasia-sama, que deberíamos de hacer con él? No creo que sea correcto volver a la capital con el estado en que se encuentra, podría ponerlo en peligro tanto a él, como a nosotros."

"Hmm… Ahora forma parte de mi empresa, por lo que no podemos simplemente dejarlo de lado. Pero el médico dejó en claro que no hay nada que pueda hacer por él, así que sinceramente no sé cómo debería lidiar con la situación. ¿Ricardo, cual crees que sea el curso de acción más lógico a tomar?"

"Es como usted dijo, señorita. Esta es una situación complicada. Lo más lógico sería volver a la capital para que empiece su recuperación allí, pero como dice Julius, su estado hace que el viaje de vuelta se convierta en algo especialmente difícil de realizar."

"Sí, veo que esta vez no encontraremos una salida fácil. Si no se tratara de un activo tan valioso para la compañía, podría enviarlo solo de vuelta a la capital, pero me temo que esto pueda ser un ataquen indirecto hacia ambos, él y yo. Así que por ahora tendremos que esperar y ver cómo evoluciona. Por mientras, no me quedará de otra que entregarle al departamento de diseño los diseño que Natsuki-kun trajo y esperar a ver si su estado mejora durante esta semana. Si no lo hace, tendremos que pensar en algo más…"

Subaru pudo escuchar a Anastasia, Julius y Ricardo mientras hablaban entre ellos. Los tres se encontraban fuera de su habitación, en el hotel Agua de Plumaje. En ese momento, su cuerpo no dejaba de temblar, su cabeza se sentía como si estuviera a punto de estallar y sus ojos estaban rojos por tanto llorar. El horror que sufrió durante su muerte anterior fue tan grande, que distintas partes de su cuerpo sufrían espasmos cada cierto tiempo.

Después de regresar de la muerte, Anastasia llevó a un Subaru en completo estado de shock al curandero mágico más cercano, donde lo analizaron. Allí determinaron que se encontraba físicamente sano y que todo se encontraba en su mente. Anastasia, durante el camino al hotel, lo cuestionó sobre su estado. Pero el solo pensar en los horrores sufridos durante su tortura, le provocaban nauseas. Por lo que después de un rato, ella se rindió con conseguir entender que lo llevó a ese estado.

Con ayuda de Julius y Ricardo, Subaru caminó hasta su habitación en el hotel, donde se desplomó por completo. Y ahora que se encontraba solo, las voces de sus compañeros de viaje eran lo único que lo mantenían cuerdo. El solo imaginarse estando solo por más de un minuto causaba que le dieran ganar de vomitar y su cuerpo comenzara a temblar violentamente. Así que, con agonía dibujada en su rostro, Subaru abrazó su propio cuerpo y se forzó a dormir.


Ocho Horas desde la Última Muerte (Cuatro Muertes)

El caliente cuchillo rebanó su carne como si fuera mantequilla. Mientras que Subaru suplicaba, la sombra utilizaba su arma para rebanar a Subaru parte por parte, como si de un vegetal se tratara. Por mucho que Subaru suplicara, la sombra, sonriendo, persistía con su tarea. Dedo por dedo, hueso por hueso, tendón por tendón, órgano por órgano, la figura despojó a Subaru de su humanidad. Pisoteó su ser. Y escupió su cadáver. Todo para terminar siendo despojado como si de los restos de la comida se tratara…

"¡Ahhhhhhh! ¡Paaara! ¡Te lo supliiiico!" Bramando, Subaru se levantó del futón en el que se encontraba, con su cara bañada en lágrimas y su entrepierna empapada. Temblando, Subaru notó que el miedo lo había llevado a orinarse, otra vez. "Mal-di-ción…" Ahogando un chillido de dolor, Subaru se cubrió la cara.

"Mimi, llama al encargado, por favor. Dile que hará falta cambiar el futón."

"¡Sip, señorita! ¡Ya vengo!" Al escuchar ese intercambio de palabras, Subaru levantó la mirada, para encontrarse con la mirada de Anastasia. Percatándose del estado en que se encontraba, Subaru se ocultó con la sábana.

"Anastasia, yo…" Incapaz de encontrar palabras con las que justificarse, Subaru se calló a medio camino.

Suspirando, Anastasia se sentó a lado del futón en el que se encontraba acostado, sobre la alfombra de tatami. "Venía a decirte que si deseabas acompañarnos durante la cena o preferías que te la trajeran a la habitación; pero veo que tendrá que ser la última."

"Ehmm… Gracias, de-definitivamente eso estaría bien." Apenado, Subaru bajó la mirada, temblando aún, mientras hablaba tartamudeando levemente.

"Natsuki-kun, en verdad me gustaría ayudarte de alguna manera… Pero si no me dices a mí o alguien sobre que sucedió, sobre que sientes. Va a ser imposible para mí hacer algo por ti." Anastasia, irradiando un aura de seguridad, le habló de esa forma. Como la dueña de la compañía para la que ahora trabajaba Subaru, y su compañera de viaje durante casi un mes, estaba claro que en parte se sentía responsable por él.

"No hace falta que se mo-moleste tanto p-por mí, Anastasia-sama."

"Hmm… ¿Así que ahora vas a volver a hablarme de manera formal?" Sonriendo suavemente, Anastasia intentó aligerar el ambiente, pero la expresión de Subaru no cambió. Suspirando una vez más, Anastasia cambió de posición en que estaba sentada. "¿Sabes? Ahora soy tu jefa, así que es mi deber preocuparme por ti. Si mis empleados están infelices, ¿qué dice eso de mí? Además, ya te lo había dicho, tengo puestas mis esperanzas en ti y tus ideas, así que no me interesa que te desmorones antes de poder darme alguna ganancia." Sus palabras eran frías, y por su forma de hablar, era obvio que no mentía. Sin embargo, llevaban consigo una bondad implícita que lograron calmar ligeramente el corazón de Subaru. "Así que déjame ayudarte. No importa si es hoy, mañana o en una semana. Si te sientes listo para hablar, déjame escucharte."

"¿Anastasia, por qué e-eres tan bu-buena co-conmigo?" La pregunta de Subaru, inicialmente, tomó por sorpresa a la chica. Pero cuando esta se disponía a responder, él siguió. "Y no hablo solo de e-este momento. Hablo de co-como me ha tratado desde el día que n-nos reunimos, cuando permitió que Otto for-mara parte de la compañía a p-pesar de que no hacía falta. O durante el viaje… Siempre estuviste at-atenta a que estuviera c-cómodo… Aunque no me… lo mereciera."

Subaru era consciente de las razones detrás de todo eso. Subaru ya lo había hablado con Otto y Leith; sabía que Anastasia estaba interesada en las ideas que se encontraban dentro de su cabeza. Incluso ella misma lo había afirmado. Pero en el estado en que se encontraba en el momento, todos su pensamientos, ideas y emociones se encontraban revueltos. Y sentía que no era merecedor de esa bondad interesada de Anastasia.

"¿No te lo mereces? Hmm… Si no te lo merecieras, te puedo asegurar que mi trato contigo sería diferente. También te puedo asegurar que soy buena juzgando a las personas, por ello estoy donde estoy. Si considero que mereces un trato digno, entonces deberías aceptarlo y responder de manera equivalente. Así que no tienes que golpearte tanto a ti mismo..."

"Pero mis id-ideas no son mí-mías… Simplemente es-estoy copiando lo que vi en mí mu-mundo… Así que…"

"Sabes que la idea de que vienes desde después de la Gran Cascada es muy difícil de creer, Natsuki-kun… Aun así, si ese fuera el caso, y tus ideas provienen de allá. Entonces eso no cambiaría nada para mí. Tus ideas son tuyas, porque nadie más puede tenerlas. Por mucho que intentes copiar algo, es inevitable que, en el proceso, parte de ti influya en ello. Así que todo lo que has ideado hasta ahora, y todo lo que vas a idear, inevitablemente tendrá una parte de ti… O al menos eso es lo que yo creo. ¿Eso responde tu pregunta?"

"Yo creo q-que sí…"

"Bien, en ese caso, le diré a uno de los cocineros que te envíe lo mejor que tengan. Mimi para este punto ya debería de haber hablado con alguno de los empleados del hotel, así que en cualquier momento deberían venir a cambiar el futón." Levantándose, Anastasia se dispuso a salir de la habitación.

"Anastasia…" Pero antes de salir, la llamada de Subaru la detuvo.

"¿Qué deseas? ¿Finalmente te sientes con humor de contarme qué te tiene en ese estado?" Con sus manos en la cintura, Anastasia miró con una expresión de interés y ligero reproche a Subaru.

"¿Po-podrías quedarte-te conmigo?" Pero lo que salió de la boca de Subaru, no es lo que esperaba. "Por favor…"