Alma Torturada

Dieciséis Horas desde la Última Muerte (Cuatro Muertes)

Oscuridad, todo lo que se extendía ante su mirada estaba cubierto por la oscuridad. Allí, en medio de ese mundo de sombras, lo único que lo acompañaba eran sus propios pensamientos. Él no comprendía porque se encontraba allí, o como había llegado hasta ahí. Tampoco entendía que había ocurrido con su cuerpo físico. En ese momento, en ese lugar, su ser solo estaba conformado por sus pensamientos, a partir de allí, no existía nada más.

O ese habría sido el caso, de no ser por una sombra que se mezclaba entre las sombras. Una sombra que, a diferencia del resto de ese mundo, parecía poseer presencia y… consciencia. Irradiando desde esa sombra, sentimientos alienados golpearon a Subaru. Al principio le costaba entenderlo, pero con el paso del tiempo logró captar de que se trataban; era amor. Pero no un amor puro e inocente. No, era un amor empalagoso, obsesivo, desagradable, vomitivo. Él no deseaba recibir esa clase de amor.

Una parte de sí mismo sentía que ya había estado ahí, en ese lugar, en ese mundo de sombras, junto a esa sombra. Una parte de sí mismo le indicaba que debía sentir lo mismo que la sombra. Una parte dentro de sí mismo, arraigada al núcleo de su ser, en lo profundo de su existencia carente de cuerpo, le obligaba a corresponder a la sombra. Como si amar a la sombra estuviera grabado en su ADN. Pero esa parte se había debilitado.

¿Se debió a que tenía meses sin morir? Y por lo tanto no había vuelto a reunirse con la sombra en su mundo de sombras. ¿O se debió a su muerte anterior? En la que fue brutalizado hasta quebrarse completamente, física, emocional y psicológicamente. A Subaru, en su estado actual, no le podía importar menos la razón… Ahora que había vuelto a ese mundo, quería dejar en claro que no correspondería a la sombra, que nunca lo haría.

Todo lo contrario, ahora lo que existía dentro de sí, reemplazando a la parte que lo obligaba a corresponder, era puro odio condensado, ira sin adulterar. Subaru quería dejar en claro que esos eran ahora sus sentimientos. Ahora que Subaru no era solo él, ahora que sus pensamientos no eran solo él; ahora que su alma torturada había sido fragmentada, sin saberlo, Subaru había sido liberado.

Y ejercería esa libertad recién adquirida para transmitir todo el odio e ira que se estaban acumulados en su interior. Subaru no era consciente de porque sentía esos sentimientos negativos, de lo que si era consciente era que debía dejarle en claro a la sombra que eso era lo que ahora sentía.

La sombra pareció percatarse de lo que realmente sentía Subaru, pues empezó a irradiar "amor" con más fuerza que antes. Subaru, fastidiado, intentó rechazar los sentimientos de la sombra. Sin embargo, no tenía ojos con los que trasmitir desprecio, corazón con el que sentir odio, oídos que obstruir para dejar de escuchar a la sombra, lengua con la que transmitir su ira dirigida hacia sombra, nariz para olfatear el desagradable miasma de la sombra y así poder expresar su asco, o cuerpo con el que rechazar a la sombra. Aun así, Subaru quería dejar claro dejar claro su desprecio hacia la sombra, así que se enfocó en expresarlo de la única forma que podía.

"Me desagradan tus sentimientos, me da asco tu presencia, odio todo de ella, tu existencia causa que ira ardiente fluctúe en mi ser… Te desprecio… Te desprecio. ¡Te desprecio! ¡Déjame en paz! ¡Te desprecio! ¡Te odio! ¡Aléjate de mí!" Sin embargo, no importaba cuanto se esforzaba Subaru por transmitir sus pensamientos, aparentemente era inútil. O eso es lo que creía…

La sombra finalmente dejó de esforzarse por transmitir sus sentimientos de "amor". Ahora era consciente de que eso no funcionaría. Pero no por eso lo aceptaría así sin más. Subaru tembló, si es que eso era posible sin un cuerpo, sin extremidades, sin músculos. Las sombras temblaron, el mundo de sombras entero comenzó a sacudirse y, entonces, Subaru la vio. La sombra que, cual agua en un río, no para de expresar la frase "Te amo".

"Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo…" Su voz empalagosa comenzó a distorsionarse, mientras se acercaba a él, seguida por una masa pululante de oscuridad. Dos gemas color violeta aparecieron donde debían de estar sus ojos, trasmitiendo, por primera vez, otro sentimiento aparte del "amor" desagradable; era odio. No, era envidia… Celos. "Te amo, te amo, te… amo, te… amo, t-te… a-amo, te-e… a-m-o…" Su voz, distorsionada, gradualmente dejó de transmitir amor, para entonces rogar por amor. "Ámame, te amo, ámame, te amo, ámame, ámame, ámame, ámame… ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame!"

Las sombras, como olas en un mar tormentoso, comenzaron a chocar unas contra otras, cargadas de ira, de odio, de envidia, de celos… Celos tóxicos, celos asesinos, celos obsesivos… Celos, celos, celos, todo lo que había en ese mundo eran celos. Subaru, asustado, dejó de pensar exclusivamente en cuanto despreciaba a la sombra. Ahora solo podía pensar en huir de ese mundo para nunca volver.

"Déjame, déjame, déjame… ¡Déjame! ¡Libérame! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Así que libérame! ¡Libérame!" Sintiendo una increíble carga de emociones que lo hicieron sentir una fuerte sensación de déjà vu. Al igual que le sucedió con Elsa, sus pensamientos desesperadamente comenzaron a colapsarse amontonadamente.

"¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame! ¡Ámame!" El tsunami de sombras finalmente se fusionó con la sombra sentiente que insistentemente rogaba por su amor. Transformándose, así, en un ser sacado de las pesadillas de Subaru. Él, con su torrente de pensamientos colapsado por completo, observó como el tsunami de sombras lo engulló de un solo trago, sumergiéndolo en un mar de celos. Poco a poco, su consciencia se fue apagando, hasta que lo último que escuchó fue: "Subaru, ámame…"


Hiperventilando, Subaru despertó de una pesadilla por quinta vez consecutiva durante esa noche. Un sudor frío recorría gran parte de su cuerpo, sobre todo su espalda. Sus ojos estaban llorosos y sus extremidades no paraban de temblar. Sin embargo, para alegría suya, esa ocasión no estaba empapado en la entrepierna.

Suspirando, Subaru se limpió el sudor de la frente y se frotó los ojos, para inmediatamente después sentarse en el futón. En su mente, insistentemente intentaba recordar el sueño que acababa de despertarlo, pero era como si éste se hubiera esfumado por completo. Hasta ahora, todos sus sueños habían sido pesadillas que involucraban a Elsa, pero éste había sido diferente; se sentía diferente. Se sentía más como si hubiera estado… recordando.

"¿S-Subaru, ámame…?" Sin explicárselo del todo, Subaru susurró esas palabras. Habían estado en la punta de su lengua y las había dicho por inercia, sin embargo, no recordaba donde las había escuchado… Porque sí, sentía como si las hubiera escuchado en algún lado, aunque él no conociera a nadie capaz de decirle esas palabras.

¿Acaso tiene algo que ver con lo que acabo de soñar? Desperté bastante agitado, pero no creo que fuera esa clase de sueño. Con eso en mente, Subaru suspiró pesadamente.

Descartando la posibilidad de un sueño erótico, Subaru decidió que no valía la pena pensar demasiado en el asunto y se dispuso a seguir durmiendo. Pero antes de volver a recostarse, escaneó con su mirada el estado de la habitación de hotel en la que se encontraba. Esa habitación, aunque era muy similar a la suya, definitivamente no lo era. Los cuatro cuerpos extra que se encontraban allí eran prueba de ello.

Subaru se encontraba en la habitación de Anastasia Hoshin. Si le hubieran mencionado algo respecto a ello días atrás, Subaru se habría reído sin duda, pero ese no era el caso ahora. Después de que, patéticamente, le suplicó a Anastasia que se quedara con él, ella, suspirando, aceptó. En el momento, la sorpresa de Subaru había sido mayúscula, pues estaba preparado para que su suplica fuera rechazada y hasta insultada.

Anastasia se quedó con él hasta que Mimi volvió, y fue entonces, cuando estaba por irse, que Subaru volvió a probar su suerte. Descaradamente, Subaru le rogó que no se fuera. Anastasia, captando finalmente que Subaru no solo no quería quedarse solo, sino que además no quería que ella específicamente se fuera, mostró un poco de disgusto por primera vez ese día.

Sin embargo, antes de que él se disculpara y Mimi lo insultara por haber dicho tal cosa, Anastasia aceptó volver después de encargarse de unas cosas. Tras ello, Anastasia le pidió a Mimi que le hiciera compañía a Subaru durante lo que tardaba, y salió de la habitación. El empleado que había llegado con la niña intercambió los futones y abandonó la habitación, dejándolo solo con ella.

Mimi, a pesar de que seguía con su actitud vivaz, no se dirigió a Subaru en ningún momento, como temiendo que con ello pudiera quebrarlo, cual adorno de porcelana. Así que ambos se mantuvieron en silencio, uno acostado y la otra jugueteando con uno de las productos creados por Leith y él.

Tras casi una hora, Anastasia regresó con la noticia de que él dormiría en su habitación junto con ella y los trillizos. Que la presencia de los hermanos fuera un seguro contra Subaru, o el que durmieran con ella ya fuera algo normal, Subaru no se molestó en preguntarlo. Por suerte para él, Anastasia ya había terminado los asuntos pendientes, así que finalmente podría quedarse con él.

Tras cenar en la habitación de Anastasia acompañado por ella, los trillizos y Julius, Subaru regresó a su futón, colocado en una de las esquinas del cuarto, y se acostó, cubriéndose por completo con la sábana. En todo ese tiempo, no había intercambiado palabras con nadie más que Anastasia, y con ella nunca habló más que lo necesario.

Subaru, a pesar de mantener su consciencia relativamente clara, se encontraba demasiado roto emocionalmente como para intentar interactuar normalmente con lo que lo rodeaba. Con las miradas de Anastasia y sus guardias sobre su espalda, Subaru cerró los ojos. Así que de esa manera, con su mente nublada por sus traumas y su corazón estrujado por el miedo, Subaru finalmente pudo conciliar el sueño.

Él lo sabía. Que nadie estaba de acuerdo con que él pasara la noche en la habitación de Anastasia. Julius había argumentado, los trillizos se habían quejado y Ricardo había gritado. Todos aquellos que velaban por la seguridad de la empresaria y candidata al trono, estaban en contra de que ella cediera ante las patéticas suplicas de Subaru.

Tal vez, de no haberlos conocido meses atrás, de no haberse convertido en un aliado y de no haber interactuado con ellos diariamente por casi un mes, ninguno de ellos habría terminado cediendo ante la firmeza de Anastasia. Ella se había dado cuenta de que Subaru estaba colgando de un hilo, y que un solo empujón bastaría para que se quebrara mentalmente al punto de no retorno.

Anastasia también era consciente de que, por alguna razón que desconocía ella misma, Subaru se estaba aferrando a ella como pilar de estabilidad emocional. Así que, permitirle pasar la noche en su habitación y el no abandonarlo, era su manera de ayudarlo. Si eso es lo que él necesitaba en ese momento para no desmoronarse, entonces ella no tendría problema en concedérselo.

Después de todo, Subaru, a pesar de actuar de forma infantil de vez en cuando, le agradaba. Sobre todo cuando lo escuchaba hablar de sus ideas y de donde provenían; aunque no le creyera del todo sobre su vida después de la Gran Cascada. Además, nunca estaba de más hacer que alguien tan valioso como Subaru se volviera un empleado completamente fiel a ella y su empresa; y estaba segura de que, de esa forma, definitivamente lo conseguiría.

Sin ser del todo consciente de las razones que habían llevado a Anastasia a aceptar su patética suplica, Subaru la observó dormir. La chica estaba compartiendo futón con Mimi, lo que las hacia una pareja especialmente tierna a la hora de dormir. No muy lejos de ellas, los dos hermanos estaban compartiendo otro futón.

El solo verlos dormir tan tranquilamente, aunque ínfimamente, lo relajaba. Lo convencía, aunque fuera por solo un instante, de que no existía peligro alguno en el mundo y nadie amenazaría con hacerles daño. Pero Subaru era consciente de la verdad, así que esa paz momentánea que le trasmitían no era más que una ilusión, una que podría desaparecer de la faz de ese mundo en cualquier momento.

Saberlo y no hacer nada lo hacía sentir culpable. Como lo hacía sentir culpable el estar usando a Anastasia. Su corazón roto, desesperado por sentirse seguro, se fijó en la persona más protegida de toda Priestella. Por eso necesitaba mantener a Anastasia cerca suyo, porque con ella estarían Julius y los mercenarios del Colmillo de Hierro. Gracias a ello, Subaru ahora estaba durmiendo en una habitación ubicada en medio de la de Julius y Ricardo. Estaba usando a Anastasia. Él lo sabía, y por eso se sentía culpable.

Usarla de esa manera, y aun así no advertirle sobre el peligro que acechaba en la ciudad. ¿Qué tan malagradecido podría llegar a ser? Claro, no es que él activamente y por decisión propia ocultara lo que estaba por ocurrir, simplemente era incapaz de hablar de ello sin sufrir un ataque de pánico. El solo pensar en hablar sobre Elsa, Meili y el monstruo, bastaba para que su estómago se revolviera y sintiera la necesidad de vomitar, para que su vejiga se aflojara y su cabeza se sintiera como si estuviera a punto de estallar.

Aun así… ¿Serían capaces de confiar en mí sin que les diera pruebas de mis palabras? Con ello en mente, Subaru descartó, por satisfacción propia, que el hablar fuera a dar resultado alguno. Esforzarse a perder el control de su cuerpo, por algo que no cambiaría nada. Subaru en verdad no estaba dispuesto a pasar por algo así.

Dejando de lado la utilidad de que él hablara sobre la presencia de las dos crueles féminas, Subaru volvió a pensar en Anastasia y el como él estaba aferrándose a ella. Estaba claro que, primeramente, lo estaba haciendo porque con ella cerca tendría más probabilidad de evitar sufrir otra tortuosa y larga muerte a manos de Elsa y el monstruo de Meili. Aunque algo dentro de él le indicaba que eso no era todo…

La forma en que se estaba aferrando a ella, así como lo hizo el día que aceptó sus condiciones sin pensar, lo estaba haciendo sentir confundido. Todo eso lo hacía preguntarse qué pensaba realmente sobre Anastasia Hoshin y su determinación por obtener todo aquello que se le negó de nacimiento.

Tal vez, tenerla cerca lo ayudaría a obtener las respuestas que estaba buscando para su propia vida. Tal vez esa era la otra razón por la que se aferraba a ella. Tal vez… la veía como un símbolo de esperanza. Alguien a quien necesitaba seguir para poder encontrar la manera de como superar sus debilidades y explotar aquello en lo que en verdad puede llegar a sobresalir.

"Es-este no es mo-momento para pensar en e-eso…" Susurrando mientras tartamudeaba, Subaru volvió a recostarse. Al final, sin importar nada de ello, Subaru estaría eternamente agradecido por todo lo que Anastasia había hecho por él, sin importar las intenciones que pudiera tener ella. Sobre todo, le debía su gratitud por haberle tendido una mano, a pesar del estado patético en que se encontraba tras su cuarta muerte.

Mirando una vez más hacia sus alrededores, Subaru posó una última vez su mirada en el rostro de Anastasia, que estaba apenas iluminado por la luz lunar que se filtraba por la pared de tatami. Grabando la imagen de ella abrazando a Mimi, mientras dormía plácidamente, en sus retinas, Subaru finalmente se permitió regresar al peligroso mundo de sus sueños.


Un Día y Siete Horas desde la Última Muerte (Cuatro Muertes)

"Subaru, Anastasia-sama tiene que reunirse con varios aliados comerciales de la Empresa Hoshin. Y sé que entiendes que no puedes acompañarla durante la reunión. Por lo que Anastasia-sama me ordenó mantenerme junto a ti lo que durara la reunión. Soy consciente de que no es lo que deseas escuchar, pero espero que mi compañía calme, aunque sea parcialmente, tu espíritu."

Subaru, que se encontraba sentado sobre su futón, aún ubicado en la habitación de Anastasia, miró hacia arriba sin levantar su cabeza. Su cuerpo estaba envuelto por una sábana, dejando solo a la vista un rostro demacrado por completo. Sus ojos estaban enrojecidos y tenía enormes ojeras negras a su alrededor. Su rostro estaba pálido, su nariz tenía un fuerte tono rojo y su pelo estaba completamente desordenado.

Julius, que estaba de pie a su lado, torció ligeramente su rostro, en señal de disgusto. Una imagen tan patética podría mover el corazón de hasta el hombre apodado como el Amable Caballero. Percatándose de su error inmediatamente, Julius corrigió su gesto para volver a mostrar su imperturbable semblante de tranquilidad. Al no recibir respuesta alguna por parte de Subaru, simplemente se limitó a acercarse a una de las sillas de tatami de la habitación y se sentó allí.

"Aún me es difícil aceptar que cambiaras tan abruptamente." Julius peinó su flequillo, mientras hablaba con nadie en particular; sabía que Subaru no le respondería, así que hablarle a él sería lo mismo que hablar solo. "Al principio pensé que estabas tramando algo, que todo era un acto... Ricardo pensó lo mismo." Entonces su mirada volvió a posarse sobre Subaru. "Pero ya me quedó claro que ese no es el caso…"

Su intensa mirada amarrilla volvió a vagar por el perímetro de la habitación. La mesa, las sillas, la alfombra, los dos futones, todo estaba ordenado y transmitía un increíble aura de pureza. Pero aquel chico acostado en una de sus esquinas, desentonaba por completo con esa imagen. Julius no pudo evitar pensar en su viaje junto a sus compañeros, su señora y él.

"Es extraño, a pesar de haber interactuado contigo durante todo el viaje hacia acá, aun siento que no te comprendo en absoluto." Julius tuvo la oportunidad de intercambiar palabras con Subaru en diversas ocasiones a lo largo del viaje, al punto en que éste último le pidió que le hablara de manera más casual. Aun así, para Julius, Subaru seguía siendo un misterio.

"¿Qué deseas? ¿Qué buscas? ¿Cuál es tu objetivo? En tu mirada detecto determinación, determinación como nunca había visto en nadie, pero a la vez, siento que está tan cargada de arrepentimiento y confusión... Así que, ¿quién eres Subaru Natsuki? ¿Qué estás pensando en este momento? ¿Qué te llevó a terminar de esa forma?"

Por supuesto, Subaru no le respondió, tan siquiera reaccionó de manera alguna ante su pregunta. Su cuerpo, cubierto por la sábana, se mantuvo inalterado. Ver como su pecho subía y bajaba en intervalos cortos, era la única prueba de que el pelinegro seguía con vida. Dado que tenía los ojos a abiertos, era difícil decir que estaba dormido. Aunque podía ser un caso de sueño con los parpados abiertos, pero Julius no pensaba que ese fuera el caso.

"¿Estás mirando a la puerta? ¿Estás esperando el regreso de Anastasia-sama?" Nuevamente, las preguntas de Julius se desvanecieron en el aire sin obtener respuesta. Suspirando, Julius volvió a peinar su flequillo. "Depender tanto de una mujer carente por completo de fuerza física. ¿Acaso careces por completo del orgullo de un caballero?"

Julius, desconcertado, se puso en pie y se acercó a Subaru. Dando pasos firmes, cargados de dignidad, se colocó frente a Subaru, que lo ignoró completamente. Sus dudas respecto a que Subaru estuviera actuando ya se habían esfumado; a lo largo de la noche, Ricardo y él se encargaron de vigilar atentamente la habitación de su señora, pero nada fuera de lo normal ocurrió.

Solo eso no sería suficiente para desvelar sus dudas, pero tomando en cuenta los síntomas de trauma que mostraba Subaru, difíciles de actuar, como vómitos, incontinencia de fluidos, llantos y temblores incesantes, era poco probable que todo se tratara de actuación. Eso, o Subaru simplemente era muy bueno en ello; pero su intuición le indicaba que ese no era el caso.

Aun así, sus dudas hacia las intenciones de Subaru hacia su señora no hacían más que aumentar. Su insistencia desvergonzada por pasar unido desagradablemente a ella, le causaba una enorme incomodidad. Y no solo por ser el caballero de Anastasia, sino que, además, por ser un hombre. Tal vez era una forma de verlo equivocada, tal vez su enfoque estaba errado. Aun así, la manera en que Subaru mostraba debilidad lo hacía sentir completamente incómodo.

"¿Acaso estás enamorado de Anastasia-sama? No te podría culpar si ese fuera el caso, pues es una mujer excepcional, pero tu trato hacia ella no es más que un despliegue patético de dependencia penosa."

Julius personalmente no sentía nada por Anastasia más que lealtad, aun así, como hombre que era, ver a Subaru comportarse de la forma que lo hacía, resultaba demasiado vergonzoso y desagradable de atestiguar. Aunque Julius personalmente no poseía demasiada experiencia romántica, sabía lo suficiente como para ver con malos ojos el comportamiento de Subaru.

"Y si no estás enamorado o de pleno no te sientes atraído por ella, ¿entonces por qué estás tan apegado a su persona y nadie más?" Su voz se elevó, como esperando que de esa forma bastara para hacer reaccionar a Subaru, pero éste tan siquiera pestañeó.

¿Amor? ¿Dependencia? ¿Interés? Julius estaba convencido de que lo de Subaru no era actuación. Pero es que acaso su apego a Anastasia podría tener relación con el interés. Sea interés material o de poder; estando cerca de ella, podría conseguir lo que fuere que buscara. Aunque había un problema con esa idea, y es que esa forma, definitivamente, era la peor para ganarse el favor de alguien como su señora. Todo lo contrario, Subaru sería quien terminaría endeudado; he ahí donde ese enfoque flaqueaba.

Seguramente ese no era el enfoque correcto, tal vez Subaru simplemente se estaba aferrando a la persona con la que tenía mayor conexión emocional de todo el grupo. Sin lugar a duda, Anastasia fue la persona con la que Subaru interactuó más durante el viaje. Aunque, raramente sus temas de conversación variaron fuera de temas relacionados con las ideas del chico que dice venir de más allá de la Gran Cascada.

"Aun si ese fuera el caso, la forma en que te has aferrado a Anastasia-sama, como la de un infante con su madre, definitivamente es patética. Tal vez si supiéramos que te tiene en ese estado, podríamos comprender mejor tu actitud… Subaru, en verdad necesitamos que vuelvas en ti. Estamos dispuestos a ayudarte, la actitud de Anastasia-sama es clara prueba de ello, pero también debes poner de tu parte." Cansado de no recibir respuesta de Subaru, Julius regresó a la silla en la que había estado sentado.

"Anastasia-sama es una mujer ocupada, una importante empresaria y comerciante, además de candidata al trono. Si no vuelves en ti pronto, no te prometo que ella pueda cargar contigo por mucho tiempo. Ahora eres de valor para ella, pero si dejas de serlo, es posible que se vea en la necesidad de cancelar toda la Operación Renovación y te devolverte con tus compañeros en la capital. Eso le dejaría pérdidas, sin duda, pero mantener la operación sin el cerebro detrás ésta, no es factible. Yo no sé mucho de mercadeo, y aun así soy consciente de ello. Así que espero, en verdad, que puedas recuperarte antes de que todo por lo que te esforzaste se resbale por tus dedos."

Peinando su flequillo por última vez, Julius finalmente se calló. Hablar mucho nunca fue parte de su personalidad, pero al ver el estado de Subaru, permanecer en silencio le había resultado simplemente imposible. Ahora que había dicho todo lo que pensaba, se dispuso a pasar el resto del tiempo preparado para actuar en caso de que fuera necesario. Sin embargo, no había terminado de sentarse, cuando un fuerte retumbo lo obligó a volver a ponerse en pie.

"¡¿Qué fue eso?!" Con duda y alarma nublando su mirada, Julius se asomó fuera de la habitación para contemplar el panorama. El jardín zen había sido demolido, como si algo muy pesado hubiera caído sobre él, y varios cuerpos podían ser vistos regados por suelo. Eran cuerpos de personas, personas que había visto durante su estadía en ese hotel. "¡¿Qué está pasando?!"

Pero antes de que pudiera procesar lo que sucedía, Julius logró captar a una jauría de seres en forma de perros correr hacia el comedor del hotel; eran Mabestias. Específicamente, Wolgarms, mabestias con forma de perro, conocidas por su ferocidad y ataques en jauría. "¡Anastasia-sama!" Pensando en su señora, Julius se dispuso a ir hasta donde ella se encontraba. Pero entonces recordó porque se encontraba en esa habitación y no al lado de ella, como debería de haber sido el caso.

"¡Maldición!" Frunciendo el ceño, Julius maldijo por primera vez en mucho tiempo. Su mirada se paseó de Subaru, a donde se suponía se encontraba su ama, y de vuelta. Tras un momento de considerarlo, Julius se enfocó de nuevo en Subaru. "Subaru, lo siento, pero Anastasia-sama debe ser siempre mi prioridad, sin importar qué. Aun así, me aseguraré de enviar alguien acá para que te rescate. Rezaré por tu bienestar."

Julius entonces salió de la habitación y se dispuso a cerrarla para así aumentar las posibilidades de supervivencia del pelinegro. Pero antes de hacerlo, lo escuchó hablar por primera vez desde que sufrió el primer ataque de pánico poco antes de entrar a Priestella. Su voz sonaba quebrada y cargada de terror, y aunque apenas fue un susurro, Julius fue capaz de escucharlo.

"Ya l-lo h-hicieron, ya re-realizaron su mo-movimiento… Vienen p-or m-mí… ¡Vienen por mí!" Con su voz cargada de miedo, comenzó a jalar con fuerza su cabello, en lo que parecía otro ataque de pánico.

Julius no estaba seguro de si su reacción se debía a su estado o si cargaba con algo de realidad. Habría deseado poder preguntárselo directamente a Subaru, pero ya no tenía tiempo que perder. Cerrando finalmente la puerta de la habitación de Anastasia, Julius corrió en dirección de donde se encontraba ella. Subaru, por su parte, ni siquiera se percató de que se había quedado solo. Su mente solo era capaz de procesar el terror que sentía por saber que estaba cerca de sufrir nuevamente a manos de Elsa.

"Anastasia n-no está aquí, Anastasia no e-está aquí, Anastasia no está a-aquí, Anastasia n-no es-está aquí, Anastasia n-no está a-aquí…" Repitiendo esa frase de manera obsesiva, Subaru comenzó a rendirse a la idea de su quinta muerte. Ahora que había fallado en permanecer al lado de su única esperanza de salvación, en verdad todo estaba perdido. "¿Anastasia, d-dónde estás? ¿Anastasia, dónde e-estás? ¿Anastasia, d-dónde e-estás? No quiero m-morir, n-no quiero morir… No quiero morir. ¡Maldición, no quiero morir!"

Regresando en sí abruptamente debido al miedo y la adrenalina, Subaru abrazó su cuerpo tembloroso, mientras cubría su cabeza con la sábana, al igual que el resto de su cuerpo. En ese momento, Subaru maldecía seguir consiente de lo que lo rodeaba y deseaba cerrarse en su mente. Al mismo tiempo, maldecía su debilidad e incapacidad de hacer nada. Muchas vidas estaban por ser cegadas, y solo podía pensar en sí mismo... Maldiciéndolo todo, Subaru se cerró al mundo que lo rodeaba.