El Asedio de las Mabestias
Un Día y Siete Horas desde la Última Muerte (Cuatro Muertes)
"Señorita, aléjese de aquí con Mimi y Hetaro y busquen refugio. Yo me encargaré de evitar que las alcancen, incluso si debo sacrificar mi vida, lo haré."
"Tivey… ¡No, ven con nosotros! ¡No pienso dejarte atrás!"
"¡No puedo hacerlo, señorita! ¡Si alguien no se encarga de contenerlos, será imposible escapar! ¡Son demasiados!"
"Tivey, yo…" Anastasia maldijo por dentro; ella sabía que Tivey estaba en lo correcto.
"Usted es como un hermana mayor para nosotros, señorita. Ha estado ahí para nosotros desde que fuimos abandonados, y no pienso permitir que toda esa bondad sea desperdiciada. ¡Escape, señorita! ¡Se lo ruego!" Tivey, ofuscado, miró hacia al frente y liberó otro estruendoso rugido. Tras deshacerse de las mabestias que se estaban acercando, miró a su hermana, que parecía encontrarse en estado de shock; su mirada estaba posada sobre el cuerpo malherido de Hetaro. "¡Mimi! ¡Hermana!"
Parpadeando, la niña volteó hacia su hermano; su piel se encontraba pálida y lágrimas no paraban de brotar de sus hermosos ojos cargados de inocencia. Los dos hermanos intercambiaron miradas, y sin necesidad de palabras, se transmitieron lo que tenían que decirse. Mimi, sintiendo su corazón estrujarse, se forzó a retomar su juguetona sonrisa y tomó la mano de la señorita, de Anastasia.
"¡Señorita, Mimi se encargará de protegerla! ¡Déjele la retaguardia a Tivey, estoy segura de que él regresará apenas termine de lidiar con esas molestas mabestias!"
Mimi no quería dejar atrás a su hermano. Mimi sabía que había demasiadas mabestias como para que su hermano pudiera lidiar con todas ellas al mismo tiempo. Mimi sabía que si ambos se enfocaban en luchar con ellas y se reunían de nuevo con Ricardo y Julius, entonces saldrían de ese caos sin problemas.
Pero la señorita no tenía fortaleza física de ningún tipo, y luchar con las mabestias implicaría dejarla desprotegida. Si quería cumplir con su trabajo, dejar atrás a Tivey era necesario… No, si querían proteger a su querida Señorita, tendrían que hacerlo. Mimi no quería dejar atrás a su hermano, pero tampoco quería despreciar la convicción que él tenía para quedarse atrás y protegerlos. Así que Mimi estaba dispuesta a aceptar su decisión y enfocarse en proteger a la señorita.
"¿Mimi, hacia donde nos dirigimos?" Con Hetaro en uno de sus brazos y Mimi tomándola del otro, Anastasia apenas tenía tiempo para procesar lo que estaba ocurriendo.
Hasta hace un momento, había estado en una reunión con varias personas de importancia para su compañía, discutiendo sobre la ejecución de la Operación Reinvención, cuando las paredes de la habitación en la que se encontraban fueron destruidas por decenas de mabestias que aparecieron de la nada. Ella conocía el nombre de un par de las especies que los atacaron, pero nunca había escuchado hablar de la mayoría.
De no ser por la rápida acción de Tivey, Hetaro y Mimi, es posible que todos dentro de la habitación hubieran terminado muertos. Lastimosamente, un par de las personas con las que estaban reunidos, dos hombres que habían formado parte de la compañía desde antes que ella se volviera la propietaria, perecieron bajo el veneno y las garras de las mabestias.
Antes de que pudieran decidir que curso de acción tomar, una segundo grupo de mabestias atacó. Entre ellas había un extraño Wolgarm de pequeño tamaño, que era capaz de usar magia; aparentemente, magia de tierra. Debido a la aparición del Wolgarm, la situación se complicó, llevando a que Hetaro fuera mordido por un Arkalb, una mabestia con la forma de una serpiente del grosor de un brazo, lo que lo expuso a un ataque del Wolgarm. Ahora, debido a ello, su vida pendía de un hilo.
"El capitán estaba reunido con varios miembros de nuestro grupo cerca del comedor, ¿verdad?" Ante la pregunta de Anastasia, Mimi respondió con otra pregunta, refiriéndose a Ricardo y el grupo de mercenarios llamado Colmillo de Hierro.
"Sí. Estaban planeando los turnos de guardia de la próxima semana."
"Hmm, en ese caso, creo que lo mejor será ir primero con Julius. Su cuarto se encuentra más cerca, señorita. Además, las mabestias que nos atacaron parecían venir de la dirección donde se encuentra el comedor, así que es seguro que el capitán se encuentre con las manos ocupadas en este momento."
Con un rápido análisis de la situación que desentonaba con su tierna apariencia, Mimi expuso el curso de acción que tomarían y las razones de ello. Orgullosa, Anastasia asintió. Fuera Ricardo o Julius, cualquiera de los dos sería más que confiable; así que realmente todo dependería de cual se encontrara más cerca.
Tras aceptar el juicio de Mimi con un asentimiento de su cabeza, Anastasia se enfocó en seguir corriendo al lado de su guardaespaldas. Las dos, mano a mano, escaparon recorriendo los corredores internos del hotel, corriendo entre múltiples habitaciones de tatami. Las cuales, gracias a la delgadez de su estructura, permitían escuchar los gritos de agonía de personas siendo atacadas y los sonidos de las batallas que se estaban desenvolviendo.
Con sus pulmones y piernas suplicando por un descanso, Anastasia corrió y corrió. En ese momento, lo único que tenía en mente era escapar de las bestias que estaban asediando el hotel y salvar la vida de Hetaro. Las razones del ataque, aunque la intrigaban, no eran prioridad en ese momento. Su vida, la de sus compañeros y la de sus empleados, eso es todo lo que importaba preservar.
Su codicia le impedía aceptar la muerte de nadie importante para ella, por eso también era necesario encontrar a alguien capaz de curar a Hetaro cuanto antes. Así que, con sus prioridades bien definidas, la chica corrió y corrió aún más, incapaz de pensar en algo más que llegar a su destino. Fue entonces, que después de girar en un recodo, su cuerpo fue lanzado contra una de las habitaciones.
Debido a que sus paredes eran de papel, su cuerpo atravesó el tatami sin problemas, para detenerse al chocar con uno de los pilares de madera que sostenían la estructura. Sintiendo un gran dolor recorrer su pierna derecha, Anastasia intentó ponerse en pie, pero el dolor de su pierna fue tan insoportable que se derrumbó de nuevo. Buscando con su mirada la razón de su dolor, sus ojos se dilataron al percatarse.
Sangre fluía libremente desde la base de su pierna, de un corte lo suficientemente profundo como para ver el blanco de su fémur. Liberando un chillido de dolor, Anastasia intentó cubrirse la herida con sus manos. Esa había sido su única reacción, intentar cerrar la herida que estaba provocando que su líquido de vida escapara de su ser.
"Ana, necesitas hacer un torniquete, de lo contrario no lo lograrás."
Fue entonces que una voz suave e inteligente provino de su cuello. Anastasia no se espantó al escucharla, todo lo contrario. La voz la estaba tratando de guiar hacia el curso de acción correcto, como en todo momento en que ella había necesitado de la voz. Respirando profundamente, Anastasia rompió un pedazo del kimono que había vestido desde que se asentaron en el hotel y lo enrolló alrededor de su pierna con fuerza; una vez consideró que estaba bien ajustado, utilizó el pilar de madera para ponerse en pie.
"¿Mimi, dónde estás? ¿Hetaro?" Con su mirada, Anastasia comenzó a escanear la habitación en busca de los trillizos. En ese momento no parecía encontrarse ninguno a la vista. Gruñendo por el dolor, Anastasia caminó, arrastrando su pie lastimado, hasta la pared destrozada por la que había ingresado. Al llegar allí, apoyándose en su pie sano, se dispuso a regresar al corredor. Pero se detuvo al captar un fuerte olor.
"¿Mi-mi? ¿H-Hetaro?" En el corredor por el que había estado corriendo hace no más que un par de minutos, ahora se extendía un camino de sangre, huesos y viseras. Anastasia, temblando, salió de la habitación y comenzó a seguir el camino. Cada paso que daba, más lágrimas se formaban en sus ojos. Cada paso que daba, más fuertes eran sus nauseas. Cada paso que daba, su esperanza se desvanecía aún más.
Llegando al final del recodo, Anastasia finalmente pudo verlo. Era la cabeza de Hetaro, a la que le hacían falta los ojos, una oreja y casi todos sus dientes; más debajo de su cuello, solo quedaba su esófago, lo demás se hallaba esparcido por el corredor. Con sus ojos en blanco, Anastasia se arrodilló involuntariamente, mientras expulsaba todo el contenido de su estómago sobre parte de lo que había sido su querido guardaespaldas.
Su mente se encontraba nublada, era incapaz de pensar que debía hacer en ese momento. Su estómago no paraba de deshacerse de todo su contenido, hasta que de él no salía más que bilis amarillenta. De sus ojos, ya enrojecidos, no paraban de brotar lágrimas, que ya habían dejado un rastro a lo largo de sus mejillas. Su cuerpo, entero, no paraba de sacudirse. Anastasia sentía que su corazón estaba por romperse.
"Ana… ¡Ana! Sé que esto es doloroso de ver. En verdad lo sé, porque a mí también me duele. Pero necesitas seguir moviéndote, no podemos quedarnos en este lugar. No sabemos si la mabestia que nos atacó podría volver. Además, tenemos que buscar a Mimi, ella aún podría estar con vida."
Anastasia, que no había reaccionado ante ninguno de los argumentos de la voz que provenía de su cuello, finalmente lo hizo al escuchar el nombre de la trilliza desaparecida. Forzándose a ponerse en pie una vez más, con una pierna herida y la otra temblorosa. Su mirada estaba nublada y su caminar era errático, sin embargo, Anastasia avanzó a lo largo del corredor, que tenía signos de combate a lo largo y ancho de éste.
"Esto es… Esto es terrible. ¿Qué habrá provocado el ataque?" Anastasia, que no se encontraba en estado como para hablar, ignoró el comentario de la voz. Lo que provocó que la bufanda en forma de zorro que estaba enrollada alrededor de su cuello, se sacudiera, cobrando vida. Lo que antes había sido una bufanda, ahora era una zorra de pelaje blanco y mirada afilada. La zorra estiró su cuerpo, de forma en que su hocico rozó el oído izquierdo de Anastasia. "Sé que esto pinta muy mal, Ana. Pero tienes que…"
Antes de que la zorra pudiera terminar de transmitir su mensaje, un fuerte impacto se escuchó y la zorra, como había acordado en el pasado con Anastasia, regresó a su estado inanimado ante la posibilidad de que se encontrasen con alguien. Su existencia como compañera íntima y confidente de Anastasia siempre se había mantenido como un secreto para todos excepto ellas, y a pesar de todo, así seguiría; a menos que Anastasia indicara lo contrario, así permanecería siempre.
Una niña de pelo anaranjado se estrelló contra el suelo, a pocos metros de Anastasia. "¡Mimi no se rendirá! ¡Mimi protegerá a la señorita y vengará a Hetaro!" Era Mimi, que con su pequeño cuerpo cubierto de cortes y su propio kimono bañado en sangre, se levantó a duras penas.
Anastasia estaba por llamar su nombre, cuando vio que una mabestia de gran tamaño, que poseía un cuerpo extremadamente desagradable, como si estuviera conformado por diferentes animales, apareció frente a Mimi con la intención de atacarla. Anastasia había escuchado sobre esa mabestia. Era un Guiltylowe, un ser monstruoso y territorial de increíble poder que habita en lo profundo de los bosques como su rey. El qué hacia ese ser monstruoso allí, era otra pregunta que tendría que almacenar en su mente para después.
"¡Growa!" Gruñendo, el ser utilizó su poderoso cuerpo para embestir a Mimi, la cual logró esquivarlo con algunos problemas, para después atacar gritando. Su voz, convertida en una onda de poder mágico, impactó contra parte del costado de la mabestia. De no haber sido por la rápida reacción de ese monstruo, es posible que Mimi hubiera asestado un potente golpe. Pero al no haberlo hecho, la bestia aprovechó que Mimi había dejado aberturas para arremeter con sus mandíbulas abiertas.
"¡Mimi!" Reaccionando al fin, Anastasia gritó el nombre de la niña, al ver que estaba a punto de ser mordida.
Mimi, reaccionando un segundo tarde, fue incapaz de salvar su brazo derecho desde su codo para abajo. Sangrando, con tirones de carne y piel colgando, y parte de su hueso sobre saliendo, Mimi volteó hacia Anastasia, ignorando el dolor que sentía. Al ver a su ama allí, su mirada se cargó con un tumulto de emociones. Desde alegría por ver que estaba bien, hasta terror por ver que se encontraba allí, tan cerca del peligro.
"Señorita, debería de haber seguido directo a su habitación." Corriendo en dirección a ella, Mimi se colocó frente a Anastasia para así poder protegerle, mientras le reclamaba con tono infantil por no haber ido a donde se encontraba Julius.
"Sabes que no podría dejarte atrás, Mimi…" Con dolor en su mirada, Anastasia contempló el lastimado cuerpo de Mimi. Encontrar a un sanador sería vital para mantenerla con vida.
"Ojalá lo hubiera hecho, señorita." Dándole la espalda a Anastasia, Mimi encaró a la mabestia, que las miraba a ambas con sed de sangre. "No creo que yo sola pueda vencerlo. ¡Pero, por usted, haré todo lo que pueda, señorita!"
Mimi, abriendo su boca, dejó salir otro grito. La onda de sonido golpeó el suelo, pero nada más, pues el Guiltylowe había esquivado sin problema. Sin embargo, para sorpresa de los presentes, pero sobre todo, para sorpresa de la mabestia, su lomo había recibido un profundo tajo. Rugiendo, el monstruo encaró a quien lo había atacado por la espalda. Se trataba de un hombre de mirada firme de color amarillo.
"¿Julius?" Anastasia, sorprendida, parpadeó un par de veces. Allí, frente a ellas, se encontraba el hombre con quien iban a reunirse. Si alguien podía encargarse de voltear la balanza, ese sería él.
"Me alegra ver que pudo aguantar todo este tiempo, Anastasia-sama. Ruego me disculpe por mi tardanza. Después de que todo esto pase, estaré dispuesto a recibir el castigo correspondiente sin dar una palabra de queja." Agachando su rostro mientras peinaba su flequillo, Julius se disculpó por haber permitido que todo ese tiempo su ama se mantuviera en constante peligro. "Excelente trabajo, Mimi. Ahora yo me haré cargo de todo, tu procura cubrir esa herida."
Mirando con desagrado al Guiltylowe, Julius se colocó en posición de ataque, con su espada frente a sí mismo, lista para acabar con su vida. El monstruo, exudando orgullo e ira, encaró a Julius. El primero en atacar fue la mabestia, que a la velocidad del viento embistió a Julius. Con sus mandíbulas, capaces de triturar huesos, listas, se lanzó hacia Julius por la espalda.
"Había escuchado que los Guiltylowe son bestias sobre las bestias, que gozan de gran inteligencia… ¡Pero está claro que sigues siendo una bestia al final!" Realizando un tajo, Julius obligó al monstruo a retroceder. El Guiltylowe, furioso, se ocultó en la sombras del corredor, volviéndose uno con ellas. "¡Ustedes, encárguense de curar a Anastasia-sama y Mimi! ¡Los demás cúbranme la espalda!"
Sin bajar la guardia, Julius habló a un grupo de miembros del Colmillo de Hierro que se encontraba a sus espaldas. Sin necesidad de que se dirigieran directamente a ellos, los dos miembros capaces de usar magia curativa asintieron y corrieron en dirección de la dos féminas. Anastasia, al ver que finalmente estaban tratando a Mimi, no pudo sino sonreír un poco; aunque su sonrisa se manchó de dolor al recordar inmediatamente lo sucedido con Hetaro.
"¡Tch, no hay forma de que una herida como esta sea revertida! ¡Solo alguien como el caballero Felix sería capaz de regenerar una extremidad." Comentó el mercenario que estaba curando las heridas de Mimi.
"A Mimi no le importa. Mientras pueda seguir usando mi voz, Mimi luchará por proteger a la señorita." Restándole importancia al asunto, Mimi miró hacia Anastasia, que también estaba siendo tratada.
"¿Cómo vez la herida? ¿Podré seguir caminando? No me gustaría volverme una carga en un momento como este." Anastasia era consciente de que sin la herida, ya era una carga por su falta de métodos de defensa, pero siendo incapaz de caminar sería una carga aún mayor.
"Esta es una herida profunda, Anastasia-sama. Sin embargo, haré lo posible por permitirle seguir caminando." El mercenario, cuyo cuerpo tenía facciones de felino, respondió con determinación a la pregunta de Anastasia. Ella, asintiendo, agradeció por el gesto de su empleado. Tras ello, volvió a prestar atención al fondo del corredor, donde Julius nuevamente se había sumido en batalla con el Guiltylowe.
"Eres fuerte, bestia. Eso te lo otorgo." Haciendo un corte lateral con la punta de su espada, Julius saltó hacia atrás. Su brazo, el cual acaba de recibir un zarpazo, ahora tenía profundas marcas de garras grabadas en su carne. "Aun así… ¡Ia, Aro! ¡Fell Goa!" Dos esferas de luz aparecieron tras de él y envolvieron su espada. Al cortar en dirección de la mabestia, un torrente de fuego, impulsado por una ráfaga de viento, golpeó al Guiltylowe, quemándole la mitad de su cara.
Las luces eran espíritus, uno rojo y uno verde, y tenían afinidad con la magia de fuego y viento respectivamente. Julius, considerado uno de los pocos Caballeros Espirituales de ese mundo, tiene contrato con seis espíritus, afines a cada uno de los tipos de magia: Fuego, Tierra, Viento, Agua, Luz y Oscuridad. Convirtiéndolo, por supuesto, en un oponente a temer.
"Pareeeece ser que hoy me toooocó a mí lidiar con una difíiiiiicil situación. Pero era de esperaaaaarse, al fin y al cabo, nuestro clieeeente nos dijo que nuestro objeeeetivo estaba acompañado por una de laaaas candidatas al trono." Julius, que estaba rasgando la victoria, miró con recelo hacia el lugar de donde provenía la voz, al final del corredor.
"¿Quién está ahí? ¡Muéstrese o de lo contario me veré en la necesidad de atacar!" Julius, alistando su espada, gritó hacia el final del corredor, sin dejar de mirar al Guiltylowe.
"¿Noooo se supone que eres llamado el Caballero Amaaaable? A mí no me pareeeece que seas muy amaaaable." Montando una enorme mabestia con forma de hipopótamo gigantesco, de entre la oscuridad apareció una niña de pelo azul y aura maligna. Julius reconoció a la mabestia como un Wagpig. Aun así, la presencia de la niña era un misterio.
"¿Una niña?" Susurró Julius, desconcertado. "¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Acaso eres tú la que orquestó este ataque sobre Anastasia-sama?"
"Eeeeesas son demasiadas preguuuuuntas." Quejándose, la niña sacudió la cabeza, molesta. "Solo te diré que mi noooombre es Meili y que mi trabajo es impedir que interfieeeeras con el trabajo de mi compañera"
"¿Compañera…?" Entre más escuchaba, más impaciente se sentía Julius.
"Ahooooora… Mantenerlos en su lugar a ti y a ese demi-humano grandote, habría sido impoooosible con la cantidad de chiiiicos que tenía antes. Pero ya queee el cliente ofrecióoooo mucho dineeero. Madre nos permitió cazaaaar algunos geeeniales chicos en el desierto que rooodea a la Atalaya Pléyades. Así que no serán un prooooblema." Sonriendo, la niña aplaudió dos veces, acción que fue seguida por la aparición de diversas mabestias, entre las cuales había algunas que Julius no reconocía.
Había otro Guiltylowe, varios Oiranguma, seres similares a osos que estaban cubiertos por las raíces de flores que crecían en sus espaldas. Y hasta un ser de apariencia intimidante que tenía cuerpo de caballo, torso humano donde debía estar su cabeza, una boca en el abdomen del torso y un enorme cuerno donde debía de estar la cabeza humana; su chillido era similar al llanto de un bebé.
"Llévense a Anastasia-sama, ¡sáquenla de aquí!" Julius, comprendiendo la magnitud del problema, les indicó a los mercenarios que estaban curando a Anastasia y Mimi que escaparan con ellas.
Anastasia, sintiendo un déjà vu que le recordó lo sucedió hace un momento con Tivey, del cual desconocía su estado, estaba dispuesta a reclamar y negarse. Pero al notar la mirada de su caballero, que normalmente era compuesta, nublada por la urgencia, se limitó a aceptar el cuidado de sus mercenarios. Mimi, que se encontraba en mejor estado ahora que el sangrado había sido detenido, la tomó con su única mano y le indicó que volviera a seguirla.
"Hmm… No haaaace falta desperdiciar chicos en eeeellas. Al fin y al caaaabo, necesitaremos de tooodas las fuerzas disponibles para lidiar con el Caballero entre caballeeeeeros…" Sonriendo de manera retorcida, como ninguna niña de su edad debería, la chiquilla indicó a las mabestias que se enfocaran en Julius.
Lamentando la complejidad de su situación, Anastasia finalmente se dispuso a irse, cuando recordó algo. "¡Julius! ¿Qué pasó con Natsuki-kun?" El caballero, que había estado encarando a la multitud de mabestias, la miró sobre su hombro con un gesto de pena.
"Anastasia-sama, usted sabe que usted es mi prioridad… Me vi en la necesidad de dejarlo en su habitación. Envié a un par de hombres por él, pero viendo la situación, no puedo prometer que siga con vida."
"Yo… lo entiendo, Julius. Gracias por pensar en mí." Sonriéndole un poco en forma de agradecimiento, Anastasia vio por última vez a su caballero. "Te deseo la mejor de las suertes en combate. Y te ordeno que regreses a tu puesto a mi lado una vez que termines."
Sonriendo ligeramente, Julius asintió con su cabeza, para entonces cortar a uno de los Wolgarm que aprovechó para atacarlo mientras hablaba con su ama. Enfocándose entonces por completo en el combate, Julius comenzó a atacar con su espada y espíritus a toda bestia que se acercaba a su perímetro. A su vez, Anastasia, Mimi y varios de los mercenarios del Colmillo de Hierro se alejaron en dirección contraria.
"Mimi, necesitamos rodear estas habitaciones y encontrar la forma de llegar lo más rápidamente posible a mi habitación." Con mirada determinada, Anastasia expresó sus deseos a Mimi.
"Pero señorita…" Mimi, que deseaba escapar de allí cuanto antes para llevar a su ama a una zona segura, se dispuso a reclamar, pero fue detenida por Anastasia.
"Mimi, hoy he dejado atrás a dos de mis apreciados empleados. Lo hice porque confío en ellos, en su capacidad de defenderse a sí mismos. Pero el caso de Natsuki-kun es completamente lo contrario. Siendo que yo lo traje a él a esta ciudad, no me perdonaría si escapo dejándolo a su suerte; más aun considerando su estado actual."
"Señorita…" Ahogándose con sus propias palabras, Mimi no encontró la manera de hacer cambiar de opinión a Anastasia, por lo que tras un momento en silencio, asintió. "¡Está bien! ¡En ese caso, deberíamos doblar a la izquierda al final de este corredor. Luego deberemos volver a girar a la izquierda. Es la única forma de llegar, sin cruzar por donde Julius y los demás están luchando con las mabestias."
"Bien, en ese caso deberíamos apurarnos." Anastasia, con una mirada de determinación, decidió que no dejaría atrás al chico que recientemente se había unido a su nómina y ahora se encontraba en un estado que lo había llevado a depender de ella.
Su corazón aun latía con dificultad debido al dolor emocional, y su mente se encontraba nublada por el miedo y la tristeza. Después de haber visto lo ocurrido a Hetaro, era esperable que el conflicto interno que se arremolinaba en ella fuera implacable. Y aun así, estaba determinada a seguir moviéndose, porque no deseaba volver a presenciar algo como eso, sobre todo si implicaba a uno de sus compañeros o empleados cercanos.
Y aunque su cercanía con Subaru no era comparable con el cariño que sentía hacia Hetaro, aun así el pelinegro no era un desconocido. Había compartido tiempo, comida y conversaciones con él, a lo largo de su viaje desde la capital a Priestella. E incluso antes, había firmado un contrato con él y sus compañeros debido a sus expectativas en las ideas que él poseía. Definitivamente, Subaru era uno de sus compañeros, uno de sus empleados y una persona en la que estaba depositando muchas expectativas. Eso era suficiente para ella como para no ignorarlo y escapar del hotel sin él.
"No sé porque te has aferrado tanto a mí, Natsuki-kun, pero me aseguraré de no defraudarte." Con esas palabras dirigidas al viento, Anastasia avanzó hacia donde esperaba encontrarse con un Subaru con vida. Su pierna le dolía y apenas podía moverla, pero eso no la detendría.
Subaru se había mantenido cubierto por las sábanas hasta hace solo unos minutos. Negándose a aceptar lo que estaba ocurriendo, se encerró en su propia mente y se dispuso a no salir de allí. Pero su debilidad era tan grande, que el solo escuchar el sonido de la puerta siendo corrida, bastó para devolverlo a la realidad. Su corazón comenzó a latir a prisa, sus extremidades se tensaron y su garganta se cerró.
"¿Subaru-sama…?" Una voz desconocida llegó a sus oídos. Por su tono, no parecía ser hostil. ¿Acaso habían llegado a salvarlo? ¿Acaso podría recuperar parte de su esperanza de no morir a manos de Elsa? Desesperado por encontrar la respuesta a esas preguntas, Subaru asomó su cara por debajo de las sábanas; imagen que podría hacer creer a cualquiera que se trataba de un niño asustado que escapaba de los monstruos bajo sus cobijas.
"¿Este es el hombre del que hablaba Julius-sama? Parece más un niño asustado que un hombre, que patético." Uno de los dos hombres, un demi-humano canino vestido con el uniforme del Colmillo de Hierro; similar a un hábito o sweater, de color blanco con delineado color naranja.
"Julius-sama dijo que algo le sucedió y terminó en ese estado. Yo lo conocí en una ocasión que fue a la mansión de Anastasia-sama en Lugunica y parecía una persona competente." Quien respondió fue su compañero, un demi-humano con aspecto de oso perezoso.
"¡Increíble! ¿Qué pudo haberlo dejado así? ¿Algún tipo de magia? ¿Tal vez magia negra o una maldición?"
"No lo sé, Julius-sama no dijo nada al respecto. Como sea, deberíamos tomarlo y volver con Julius-sama. Él se dirigía a reunirse con Anastasia-sama, por lo que deberíamos apurarnos y unirnos a ellos." Con gesto de seriedad, el mercenario dejó en claro el curso de acción que debían tomar.
"Tienes razón. En ese caso, ayúdame a ponerlo en pie… ¿Será que puede caminar por sí mismo?" Al acercarse a Subaru, que seguía mirándolos con la sábana cubriendo su cuerpo de nariz para abajo, el demi-humano con aspecto canino comenzó a tener dudas. "No estoy seguro de que vaya a cooperar, de hecho."
"Hmm… No sé si funcionará, pero deberíamos preguntarle." Su compañero respondió, mientras se acercaba aún más a Subaru. Una vez al lado del futón, el mercenario lo miró a los ojos. "¿Subaru-sama, cree que podría venir con nosotros? Julius-sama nos envió hacia acá para sacarlo de aquí y llevarlo con nosotros."
"Ana…"
"¿Qué dice?" El mercenario canino entrecerró los ojos, incapaz de escuchar bien la voz ahogada que había comenzado a salir de la boca de Subaru.
"No lo sé… ¿Subaru-sama, podría ser más claro?"
"Ana… Anastasia… ¿D-Dónde e-está?"
"¿Está hablando de la señorita?" Intercambiando su mirada entre Subaru y su compañero arrodillado al lado de él, el demi-humano canino preguntó para confirmar lo que había escuchado.
"Parece ser el caso… Subaru-sama, si viene con nosotros, es posible que se reúna con ella."
"Anastasia… Sí… En e-ese caso, t-tal vez, so-solo tal vez…"
"¿De qué habla?" Acercándose a ambos, el demi-humano con facciones de un canino preguntó a su compañero.
"No tengo idea. Pero parece que está dispuesto a venir con nosotros. ¿Me equivoco, Subaru-sama?" Subaru, mirándolo directamente por primera vez desde que entraron a la habitación, respondió asintiendo con su cabeza; incluso parecía que su mirada había recuperado un poco de lucidez. Satisfecho, el demi-humano oso perezoso miró a su compañero.
"¡Bien! En ese caso yo lo tomaré por el brazo izquierdo y… ¡Aghh!" Escupiendo sangre, el mercenario canino calló al suelo.
"¡¿Orph?!" Impactado, su compañero se puso en pie y se acercó a él. Al hacerlo, sus facciones se retorcieron, transmitiendo emociones como terror y asco. Bajo sus pies, se extendían metros y metros de lo que habían sido los intestinos rosados y ensangrentados de Orph. "¿Qué demonio-? ¡Argh!"
"Qué lástima… Qué lástima… Me habría gustado poder jugar un poco más con ustedes, pero Meili se habría molestado conmigo si lo hubiera hecho. Lastimosamente, no cuento con demasiado tiempo para hacerme cargo de nuestro objetivo." Con una sonrisa amable, Elsa se colocó frente a Subaru, mientras lamía la sangre residual sobre su cuchillo. En lo que tarda un parpadeo, la asesina había rebanado a los dos mercenarios, al punto en que solo sus columnas blanquecinas y visibles a través del reguero de carne y órganos, mantenían unidas ambas mitades de sus cuerpos.
"N-No…"
"Hmm… Huelo miedo en ti. No, es terror, horror. Nunca había conocido a nadie que temiera tanto por su vida ante mi presencia. ¡Que interesante!" Extasiada, la mujer miró con locura a Subaru, que volvía a quebrarse por dentro, el cual le devolvió la mirada con su propia carencia de lucidez.
"¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ahh!" Gimoteando y balbuceando, Subaru abrazó su cuerpo cubierto con la sábana. Clavando sus uñas en cada uno de sus brazos, al punto en que la sangre comenzó a manchar la sábana blanca que lo cubría, Subaru maldijo su propia existencia. Él, aún en su ausencia de cordura, era consciente de la cruda realidad; su muerte una vez más se encontraba cerca.
