Inacción y Consecuencia
Un Día y Ocho Horas desde la Última Muerte (Cuatro Muertes)
"¡Blergh!" Incapaz de mantener el contenido de su estómago dentro de sí, Subaru observó con horror como, los intestinos de los dos hombres que habían llegado por él, ahora se encontraban cubriendo gran parte del piso de la habitación. Allí, justo en la entrada, se encontraba la persona a la que menos deseaba volver a ver en toda su vida; Elsa.
"Ahora nadie debería venir a interrumpirnos…" Cerrando la puerta de la habitación tras de sí, Elsa miró a Subaru como una bestia miraría a su presa.
Sintiendo escalofríos recorrer todo su cuerpo, Subaru volvió a vomitar el poco de bilis que quedaba en su estómago. Lo que salió de su boca ya no era más que un líquido amarillo verdoso, que se sumó a la lista de fluidos que bañaban su futón y sábanas. La sangre y la heces cubrían gran parte de su futón, mientras las sábanas y su ropa estaban llenos de su vómito y orines.
Subaru quería escapar de allí. Subaru quería encontrar a Anastasia para poder así escapar del destino que lo perseguía. Con ayuda del caballero de la chica y los líderes de su grupo de mercenarios, Subaru confiaba que su vida podría ser salvada. Pero eso ya no era posible, ahora que Elsa lo había encontrado, lo único que le quedaba era chillar como un cerdo que se revuelca en su miseria mientras acepta otra espantosa muerte.
"Aaaahhh… Definitivamente no eres lo que esperaba. Nuestro cliente nos pidió que fuéramos precavidas a la hora de lidiar contigo. Pero parece que más allá de tener que separarte de los guardias de la candidata a la realeza que acompañas, no habrá ningún otro tipo de complicación. No me parece que tan siquiera puedas defenderte. Tienes tanto miedo y estás tan bañado en tu propio desprecio… Ni siquiera creo que vaya a ganar nada torturándote, ya que a mí me parece que ya eres un alma torturada…"
"Agh… Agh… Agh…" Clavándose la uñas con cada vez más fuerza, pedazos de carne comenzaron a ser arrancados de sus brazos. Subaru, que estaba al borde de perderse por completo en la locura, solo deseaba que Elsa dejara de hablar y se decidiera de una vez a acabar con él.
"¿Sabes? Tu miedo fue interesante al principio… Pero en verdad estás dando una imagen bastante patética. Si así es como quieres que te vean las personas, no tengo problema con ello. Pero depender de los demás como un bebé recién nacido, mientras haces una rabieta por terminar abandonado… No esperes que todos estén dispuestos a sacrificarse por una persona tan desagradable como tú."
"¡Argh! ¡Argh! ¡Argh! ¡Argh!" Con sus uñas clavadas en lo profundo de su carne y desesperado por el interminable monologo de su asesina, Subaru comenzó a sacudir su cabeza. Con sus ojos que no paraban de desbordarse por las lágrimas, Subaru miró a Elsa. La cual lo estaba mirando con una ligera expresión de desagrado manchando su siempre amable rostro.
"¿Qué esperas de mí? ¿Quieres que sea cómo esa chica?" El sonido de los tacones de Elsa envolvió la silenciosa habitación, mientras ella se acercaba lentamente a él. Cada paso era un clic clac, cada clic su corazón se sentía más cerca de colapsar, cada clac su mente sentía más cerca de quebrarse por completo.
"Te estuvimos observando, esperando el momento adecuado para atacar. Mientras ese caballero real y el capitán de los mercenarios estuvieran juntos, y tú te encontraras al lado de la candidata real, llegar a ti habría sido casi imposible. Por eso los observamos pacientemente, esperando nuestra oportunidad; fue entonces que vimos como actuabas. Solo presenciar semejante despliegue de cobardía y asquerosa dependencia, bastaría para convencer a alguien de querer deshacerse de ti…" El sonido de sus tacones fue sustituido por el sonido de la sangre y la carne siendo pisados. "Así que no te daré la muerte rápida que deseas. Antes no lo iba a hacer por contrato, pero ahora tampoco lo haré, por gusto. Me aseguraré de disfrutar despedazarte lentamente… ¿Sabes? No entiendo porque alguien como tú no ha sido abandonado por todos los que te rodean… En verdad tuviste tanta suerte…"
Elsa finalmente se detuvo. Su mirada cargada de asco se enfocó en Subaru, que no paraba de sacudir su cabeza y desgarrar su carne con sus uñas. Ella que nació en la desdicha, ella que nunca fue amada, ella que nunca tuvo suerte, ella que no obtuvo nada hasta que hizo algo por ella misma. Ella, que no supo lo que era vivir su vida, hasta que destripó al cerdo que estaba por violarla. Ver a alguien como Subaru, carente de todo valor, ser protegido y querido, le provocaba celos, envidia.
"Má-tame d-de una v-vez." Desesperado, Subaru se forzó a sí mismo a suplicar. Su mente se encontraba fragmentada, su alma estaba contaminada, su espíritu corrompido. Su muerte era solo el curso natural de las cosas, morir es lo que debía hacer; de eso estaba seguro. Su muerte era el siguiente paso, de eso no había duda. Pero si fuera posible evitar el tortuoso preludio, Subaru estaría dispuesto a lo que sea.
"Ya te lo dije, ¿no? Me encargaré de hacer que expíes tu desgracia a través del dolor... No, eso suena como si estuviera haciendo todo esto por una razón justa. Y ese no es mi objetivo. Eras alguien amado por el mundo, por eso no fuiste abandonado, aun cuando no eres más que un ser despreciable y sórdido. Y por eso me encargaré de cumplir al pie de la letra todo lo que mi cliente tiene preparado para ti; voy a hacer de tus últimos minutos en vida, el infierno que desearía que hubieras vivido."
"¿De-despreciable?" Justo cuando Elsa estaba por comenzar su trabajo, Subaru le habló con una firmeza que no esperaba escuchar en alguien como él. Con solo verlo a los ojos, supo que algo había cambiado dentro de él; era como ver a una persona completamente diferente a la de hace solo un momento. "¿Y-Yo? ¿Despreci-able?"
"¿Hmm?" Confundida, Elsa miró a Subaru detenidamente. Era cierto que Meili en ese momento debía de estar haciéndole tiempo para que ella pudiera torturar a su objetivo. Sin embargo, ella era una mujer libre, y en ese momento su curiosidad necesitaba ser satisfecha.
"¿Me lla-llamas despreciable?" Sus ojos con pupilas oscuras la miraron con odio. Sus brazos, que antes habían estado siendo perforados por sus dedos, ahora colgaban a su lado, derramando sangre sin cesar. Su postura había cambiado, y ahora estaba apoyado sobre sus rodillas. Lo que antes había sido miedo, ahora había sido remplazado por ira sin adulterar. "¿Qué sa-sabes de mí? Viniste a a-asesinarme, así que n-no tienes derecho a hablar de m-mi vida co-como si me conocieras. Lo único que te con-cierne es mi m-muerte. ¡Nada más!"
"¿De qué hablas? Después de todo este tiempo en silencio, solo intercambiando palabras lastimeras con la candidata a la realeza, decides hablarme de esa forma. ¿No crees que es tarde como para pretender conseguir una muerte honorable?"
"¡Eso no m-me importa! ¡No hables de m-mí como si me conocieras, perra! ¿Qué s-sabes tú de mí? ¡N-nada! ¡Nadie en e-este maldito m-mundo lo hace! ¡Tú no sabes…! ¡La tú de este mo-momento no s-sabe nada por lo que pasé! ¡Así que me n-niego a aceptar tu jodido juicio, maldita zorra! ¡¿Que me veo patético?! ¡¿Que doy pena?! ¡¿Asco?! ¡Yo no pedí terminar así! ¡Yo solo quería alcanzar mi maldito final feliz! ¡Nunca le hice daño a nadie! ¡Nunca hice nada a nadie! ¡Nunca hice nada! ¡Siempre fui una desgracia, eso lo sé! ¡Pero me niego a aceptar mi muerte por algo como eso! ¡Algo que solo me atañe a mí y a mis padres! ¡Los únicos con derecho a juzgarme!"
"Hmm… Interesante. Parece que lograste escapar de la niebla que estaba inundando tu mente. Te felicitaría, pero ya no tengo tiempo para seguir con estos juegos. Me da igual si mis palabras te llegaron o no, o si decidiste dejar de actuar patéticamente justo antes de tu muerte. Nada de eso cambiará tu destino; el cual es morir por el corte de mi cuchillo. Y tu cambio de actitud no va a cambiar que lo voy a disfrutar. Incluso, ahora que parece que estás dispuesto a luchar, es posible que lo disfrute aún más."
"¡M-maldita perra!" Rabiando, Subaru se dispuso a morder su lengua, así como lo había hecho durante su tortura antes de su anterior muerte. En ese momento, morir o vivir era algo secundario, lo que Subaru no aceptaría era darle el gusto a Elsa y terminar sufriendo una tormentosa y larga muerte. Pero igual que antes, Elsa lo pateó en la quijada, imposibilitándole esa salida.
"Veo que era cierto que estabas dispuesto a morir. Tal vez te juzgué un poco mal. Eres un chico patético pero determinado." Con su quijada dislocada, Subaru miró con ira a la asesina. Sus ojos seguían llorosos, sus nauseas no habían desaparecido y su cuerpo no paraba de temblar, pero su ira y odio eran suficientemente fuertes para mantenerlo a flote. Esta vez no se permitiría a sí mismo escapar de nuevo al mundo de la locura.
"¡Noh loh permitiréh!" Hablando con dificultad debido al estado de su mandíbula, Subaru saltó hacia el cuerpo destrozado de uno de los mercenarios. Estirando su mano, Subaru intentó tomar la espada que portaba el cadáver…
Frunciendo su rostro debido al dolor, Subaru se estrelló contra la pared de tatami, cruzando dos habitaciones en el proceso. Antes de que pudiera alcanzar la espada, Elsa, a la velocidad del viento, lo había pateado en el centro de su pecho. Su cuerpo le dolía y parte de su mente le suplicaba que aceptara la derrota. Sin embargo, Subaru no lo aceptaría.
Su muerte era inevitable, eso lo sabía. Su muerte era el camino, eso era cierto. Pero se negaba vehementemente a caer de nuevo por mano de la asesina. Nunca más. Nunca, nunca más… La tortura que sufrió en manos de Elsa lo quebró física, psicológica y emocionalmente. Aun así, tras regresar de la muerte, la primera fue revertida; pero no fue lo mismo con las otra dos.
Subaru estaba traumado, su cuerpo apenas y le respondía, y su mente estaba hecha un desastre. Por eso, por esa razón, Subaru no se permitiría volver a sufrir lo mismo de nuevo. Si volviera hacerlo, es posible que no quede nada tras regresar de la muerte; solo un cascarón vacío incapaz de interactuar con los demás.
Sin importar el tiempo, Subaru estaba dispuesto a recuperarse de los resultados de la tortura y seguir luchando por su final feliz. Pero para hacerlo, antes tendría que morir sin volver a ser torturado; morir por su propia mano. Sin importar el método que tuviera que utilizar, alcanzar una rápida muerte era su objetivo. Tras regresar podría empezar a buscar la manera de detener a Elsa y Meili, y luego de eso lamería sus heridas y se enfocaría en sanar su mente y espíritu.
"Debo a-apurarme y…" Su mandíbula había vuelto a su lugar tras el golpe. Y aunque ahora sentía un dolor agudo en la base de su boca, no podía importarle menos en ese momento. Por un momento consideró volver a intentar morder su lengua, pero sabía que el tiempo no sería suficiente. Y tenía razón.
"El tiempo se te acabó; a ti y también a mí. Es momento de comenzar." Lamiendo su cuchillo, Elsa sacudió su larga trenza y se acercó a Subaru con la intensión de finalmente comenzar la tortura. Con sus ojos llorosos mirándola, el interior de Subaru comenzó a derrumbarse de nuevo. La desesperación que sacudía su corazón era tan grande que podría matarle; lastimosamente para él, Elsa no lo permitiría. Sacando un colgante con una roca esmeralda de su vestido negro, Elsa se detuvo a su lado. "Con esto, tu espíritu se mantendrá aferrado a tu cuerpo sin importar que. Ahora…" Después de colocarle la roca en su cuello, Elsa tomó su mano y acercó su cuchillo a sus dedos. Para ese momento, Subaru había vuelto a perder la fuerza para oponerse.
"¡Maldición! ¡¿Q-Qué ocurrió aquí?! Son los chicos que Julius envió a por Natsuki-kun… ¡¿Mimi, e-están muertos?!"
"Lo siento, señorita… Mimi está segura de que murieron"
"Si ellos murieron, ¿qué pasó con Natsuki-kun? ¡¿Natsuki-kun, me escuchas?! Si puedes hacerlo, llámame por mi nombre. ¡Por favor!" Sin embargo, antes de que Elsa pudiera comenzar la tortura, una voz femenina llamó a Subaru desde la habitación en la que habían estado hace solo un momento.
"Hmm… Parece que tardé demasiado." Suspirando, Elsa soltó su mano. "Está bien. Me encargaré de esas molestias y seguiré contigo. Espérame ansioso."
"Anastasia…" Ignorando a la asesina, Subaru murmuró el nombre de la dueña de la voz que lo llamaba. En ese momento, su desesperación, que parecía haber alcanzado su punto máximo, aumentó aún más.
"Señorita, parece que atravesaron la pared de ese lado. Mimi irá a investigar, espéreme aquí." Escuchando la voz de Mimi, Subaru comprendió que su destino, inevitablemente, estaba por afectar directamente también a aquellos que lo habían ayudado, acompañado y apoyado durante su declive mental.
No, ese pensamiento había llegado demasiado tarde. El hotel entero había sido atacado, y con él, decenas de vidas debieron de haber perecido para ese momento. Y el único culpable era él. Él, que se calló por miedo y no reveló lo que estaba por suceder. Él, que estúpidamente se ocultó en su caparazón emocional, mientras esperaba que el no separarse de Anastasia bastara para que Elsa y Meili no lo atacaran. Él, que ignoró las vidas de todos excepto la suya.
Cobarde, egoísta y egocéntrico; esas características describían bien su estado actual. ¿Dónde había quedado esa humildad que creía haber adquirido el día que llegó a ese mundo? Aceptar la existencia de sus debilidades nunca había sido suficiente. Intentar luchar por su futuro de manera supuestamente realista, tampoco. Su humildad mediocre, a medio camino, no era más que una excusa para no caer bajo el peso de su propia culpa.
Subaru lo sabía, por eso admiraba a Anastasia; porque él también quería aprender a aceptar verdaderamente sus debilidades y potenciar genuinamente sus cualidades. Porque todo había sido una fachada, en el fondo, seguía siendo el mismo Natsuki Subaru de siempre. El cobarde, inútil y orgulloso Subaru. Su inacción, al final, había condenado a todos los que se encontraban a su lado.
Y es cierto que el día que Subaru se encontró con Reinhard, aceptó que él sería incapaz de ayudar y, creyendo ser humilde, dejó todo en manos del caballero. Pero ese día, no había sido más que un cobarde que, finalmente volviéndose consciente todas sus debilidades, huyó de su promesa, de las responsabilidades que él mismo había decidido cargar. Lo suyo no era más que una humildad indulgente, con la que se había excusado desvergonzadamente.
Al final, Subaru solo era consciente de sus debilidades, pero le era imposible aceptar alguna de sus supuestas cualidades, así que por eso había escapado. Siguiendo lo que para él sería el camino fácil, decidió reinventar y recrear las obras de personas verdaderamente diligentes de su mundo, en búsqueda de una vida fácil. Pero ahora era capaz de comprenderlo; ningún camino sería fácil.
Aquello de lo que huyó ahora había regresado para atormentarlo, y dado que esta vez él era el objetivo, era imposible escapar sin ser perseguido de por vida. Esta vez no era él inmiscuyéndose en los problemas de los demás, eran sus problemas inmiscuyéndose en la vida de quienes lo rodeaban.
Y ahora que Subaru se había comprometido a llegar hasta el final con la Operación Reinvención, y de todas formas no tenía ruta de escape, lo único que podía hacer era luchar por salir adelante con las cartas que tenía. Salir adelante junto a Anastasia, Julius y el Colmillo de Hierro, en verdad era su única opción. Y asegurarse de evitar afectarlos negativamente con sus acciones, comprometiéndose con ayudarlos de cualquier forma posible, sería su única forma de pago.
Pero primero, debía asegurarse de no mancillar su mínimo honor, permitiendo que las personas que soportaron su patética actitud después de la tortura, sin entender que le ocurría, perecieran cruelmente a manos de Elsa. Comprendiendo lo que debía hacer, Subaru se dispuso a gritarles a Anastasia, Mimi y quien más estuviera acompañándolas. Sin embargo, su falta de acción una vez más había resultado demasiado cara.
Mientras había estado deliberando en su mente y luchando contra sus dudas y miedos, completamente solo, Elsa ya se encontraba lista para el ataque. La primera palabra no había empezado a vibrar en sus cuerdas vocales, cuando el cuchillo de Elsa rebanó el abdomen de los tres mercenarios que ingresaron a la habitación en la que Elsa y él se encontraban ahora. Los tres hombres cayeron al suelo, liberando gemidos agónicos.
"¡Señorita, es una trampa, huya!" Mimi, que había reaccionado a tiempo, y gracias a su corta estatura, pudo evitar el corte asesino de Elsa. Retrocediendo, la pequeña mercenaria se dispuso a regresar con su señora, cuando un cuchillo se clavó en su pequeña espalda.
"M-Mimi…" Gimoteando, Subaru, que había aceptado el curso de acción que debía tomar, maldijo en sus adentros su eterna inacción. Las consecuencias de su falta de temple se acumulaban ante sus ojos, que nunca habían parado de segregar saladas lágrimas de frustración y miedo. ¿Por qué me cuesta tanto mentalizarme? Se cuestionó, maldiciendo la lentitud de su mente para procesar situaciones, información y sentimientos.
"¡Waaaaaaaahh!" Girando sobre su cuerpo, Mimi gritó hacia donde se encontraba Elsa. La mujer, que confiadamente había dado por muerta a la niña, fue atrapada por una poderosa onda de sonido que la hizo expulsada de la habitación por el techo. Elsa desapareció, dejando atrás un hueco en el techo, por el que se filtraba un poco de luz lunar, que apenas iluminaba la habitación; dejándola en una especie de penumbra crepuscular.
"¡¿Mimi?!" Impactada y asustada, Anastasia entró a la habitación seguida por otros tres mercenarios, los cuales parecían listos para atacar. La comerciante se agachó y, con lágrimas en los ojos, tomó en brazos a la niña. "¡El que sepa usar magia de curación, trátela inmediatamente!"
Uno de los hombres, un mercenario con facciones de felino, se agachó al lado de Anastasia y estirando sus manos, comenzó a emitir luz de ellas. Otro de los mercenarios, un demi-humano similar a un lémur, se agachó al lado contrario de Anastasia y, con cuidado, comenzó a sacar el cuchillo de la espalda de Mimi; el proceso fue facilitado por el hecho de que ella se había desmayado. Subaru tenía dudas de que tan profundo había llegado ese largo cuchillo en el pequeño cuerpo de la niña, pero se limitó a mirar.
"El corte es demasiado profundo, Anastasia-sama… No estoy seguro de poder-"
"¡Solo siga curando! Por favor… Ha-ga todo lo po-sible." Con la voz quebrada, Anastasia le suplicó al mercenario enfocado en curación que se esforzara por salvar a la niña.
Subaru, que había llegado a encariñarse un poco con la pequeña de actitud energética, quería decir lo mismo. ¿Pero acaso tenía el derecho? Probablemente los tres mercenarios que se encontraban allí habían pasado más tiempo con Mimi que él, así que sus palabras no solo estarían fuera de lugar, sino que además carecerían por completo de valor.
"¡Hnk!" Incapaz de seguir tirado observando, Subaru intentó ponerse en pie para, al menos, ir donde se encontraban Anastasia, Mimi y los mercenarios. La distancia entre ellos no era mayor a unos diez metros, pero por lo ocurrido, y por la penumbra que envolvía la habitación, aún no se habían percatado de su presencia. Sin embargo, su cuerpo se encontraba totalmente entumecido, por lo que se desplomó allí mismo.
"¿Quién-? ¡Anastasia-sama, tome a la vice capitana y huya de aquí!" El mercenario que no se encontraba ocupado con Mimi, reaccionó al escucharlo, preparándose para atacar.
"S-Soy yo… Anastasia, soy yo, Subaru." Aunque cada palabra hacía que un dolor potente surgiera de su mandíbula dislocada y luego montada de nuevo a la fuerza, Subaru logró dejar en claro su presencia.
"¿Natsuki-kun? ¿Estás bien? ¿Qué pasó aquí? ¿Sabes quién mató a tres de mis mercenarios y atacó a Mimi?" La voz de Anastasia lo alcanzó y, por su tono, estaba claro que desconfiaba de él en ese momento. ¿Creía que era otra persona? ¿O simplemente desconfiaba de él por todo lo que había ocurrido? Después del ataque al hotel en medio de su insistencia por estar cerca de ella, no sería de extrañar que Anastasia tuviera sus dudas respecto a él.
"Estoy bien… Al menos no tengo heridas letales. Y lo único que sé es que una asesina fue contratada para matarme, y por eso sucedió todo esto." Decidiendo ser sincero, Subaru le reveló la verdad de lo que ocurría a Anastasia. "Lo siento, Anastasia… No he sido más que una molestia. Por mi culpa el hotel fue atacado. Los dos mercenarios que vinieron por mí fueron asesinados. Y ahora tres más murieron y Mimi fue atacada…"
"Natsuki-kun… ¿Lo que ocurrió, tiene algo que ver con tu estado de los últimos dos días…? ¿Sabías que algo así iba a ocurrir, y no nos dijiste nada?" Su voz, la voz de Anastasia… ¿Estaba enojada? ¿Triste? ¿Decepcionada? "Y ahora parece que te encuentras mejor… ¿Natsuki-kun, acaso estás trabajando para el enemigo?"
La voz de Anastasia le trasmitía bastantes sentimientos. Y aún con ese intenso flujo emociones, estaba claro que se sentía traicionada. ¿Acaso en verdad había llegado a verlo como parte de su empresa? No, dudarlo sería ser injusto con ella después de todo lo que hizo por él todo ese tiempo. Fuera por negocio o no, por intereses o por amabilidad, Anastasia siempre lo trató con cordialidad. Y ahora que dudaba de él, era esperable que se sintiera traicionada.
"Sé que no tengo como probarlo, más ahora que estoy vivo a pesar de haber sido atacado, pero mi fidelidad pertenece a la Empresa Hoshin y a ti; firmé nuestro acuerdo con ello en mente." Podía sonar cursi o cliché, pero en el momento, con todo lo que tenía en mente, era lo único que se le ocurría. Además, es cierto que después de todo lo ocurrido, él le debía al menos algo de fidelidad a Anastasia y su compañía; sobre todo a ella.
"No sé si puedo creerte, Natsuki-kun. Hace solo unas horas no podías hablar con nadie más que mí, no parabas de tartamudear y de temblar, y tus ojos estaban rojos por el llanto. Y aunque no puedo verte bien, parece que has salido del estado de trance en el que te encontrabas… Además, estabas en la misma habitación que la persona que asesinó a al menos cinco de mis empleados y apuñaló a Mimi. Y por lo que puedo ver, es cierto que no tienes heridas letales. Es sospechoso… Pero quiero creer que no te juzgué mal y terminé colocando mis expectativas en la persona equivocada; llámalo orgullo de comerciante si quieres. Así que por ahora enfoquémonos en salir de aquí."
"G-Gracias, Anastasia-sama. Cuando salgamos de ésta, me aseguraré de pagar su confianza." Subaru, que escuchó en silencio como Anastasia hablaba con una voz cargada de sentimientos contradictorios, agradeció porque al final decidiera darle el beneficio de la duda. Agachando su cabeza para ocultar su vergüenza, Subaru lamentó con más fuerza que antes el haber permitido que su debilidad le impidiera prevenir el ataque de Elsa y Meili.
"¿Natsuki-kun, puedes ponerte en pie? Me gustaría ayudarte, pero me resulta imposible." Con Mimi en sus brazos, cuyo sangrado aún no había sido detenido del todo, Anastasia se puso en pie y le lanzó esa pregunta.
"Puede que tenga algunos huesos rotos, pero creo que si me esfuerzo…" Antes de que pudiera continuar, el mercenario que no había estado enfocado en el tratamiento de Mimi, se acercó a él y le ofreció su mano. Al parecer, Anastasia ya le había indicado que Subaru no era una amenaza y que lo ayudara a levantarse. "Gracias." Tomando la mano del mercenario, Subaru logró ponerse en pie. Al hacerlo, un fuerte dolor recorrió su cuerpo entero; varias de sus costillas se hallaban quebradas, de eso no había duda.
"Bien… Salgamos de aquí y busquemos a Ricardo. Julius probablemente siga ocupado luchando contra hordas de mabestias, así que Ricardo definitivamente es la mejor opción que tenemos. Me gustaría creer que esa asesina murió por el ataque de Mimi, pero algo me dice que no será tan fácil. Como sea, recibir un grito de Mimi a quemarropa debería bastar para dejarla inconsciente por varios minutos."
Estando de acuerdo con Anastasia, pues él mismo vio como Elsa salió despedida de la habitación al recibir el potente impacto, Subaru caminó hasta donde se encontraba ella con ayuda del mercenario. Una vez allí, los seis cruzaron el hoyo en la pared. De reojo, notó el gesto de dolor que tenía el demi-humano por dejar atrás los cadáveres de sus compañeros. Gesto que añadió peso a la culpa que ya sentía por ser incapaz de evitar todo lo que estaba ocurriendo.
"¿Olaph, podrías seguir aplicando magia curativa mientras avanzamos?" El mercenario en cuestión asintió y tocó el cuerpo de Mimi con la palma de su mano, la cual nuevamente comenzó a emitir luz.
Estaban ingresando a la que anteriormente había sido la habitación de Anastasia, por el hueco por el que había pasado tras ser golpeado por Elsa, cuando Subaru sintió un cambio en el ambiente. El olor a sangre y heces era el mismo de antes, los sonidos de combate en la lejanía aún eran escuchables, todo permanecía igual que antes; sin embargo, la tensión en el aire había vuelto a aumentar.
"Aaaaahhh, ese ataque sí me dolió… Fue iiiiincreíble. Pensar que un cuerpo tan pequeño tendría tanto poder." Con su vestido roto y lleno de sangre, Elsa salió de entre las sombras; increíblemente, a pesar del estado de sus ropas, su cuerpo parecía no tener gran daño. Su paso era lento y calculador, pero la sonrisa en su rostro solo se había intensificado. "En verdad necesito ver como son las entrañas de esa niña demi-humana. ¡Estoy segura de que son hermosas!"
"¡Atáquenla!" Sin dudarlo, Anastasia les ordenó a sus mercenarios que atacaran a Elsa.
Dejando a Subaru por sí mismo y deteniendo el tratamiento de Mimi, los hombres se abalanzaron sobre la mujer en sincronía con sus espadas listas. Pero nada de eso importaba contra una mujer con la velocidad, agilidad y fuerza de Elsa. Subaru lo sabía, pues ni la velocidad de Felt ni el físico del viejo Rom habían sido suficientes para hacerle frente.
"Ohh, parece ser que hoy me encontré con guerreros muy capaces, claro que sí… ¡Así que les pido perdón, pero mi tiempo para jugar se acabó hace mucho tiempo!" Con un ágil movimiento de su cintura, la mujer esquivó los tres ataques, y en un movimiento fluido, dos manos, una pierna y un cúmulo de intestinos, volaron por el aire.
Gritando por el dolor, el hombre destripado se desplomó sobre un enorme charco de su propia sangre. Chillando, el hombre que perdió uno de sus pies se lanzó hacia Elsa con la espada levantada, pero ésta lo terminó de desmembrar y le realizó un corte a lo largo del cuello en un solo movimiento.
El último mercenario, el que perdió ambos brazos, miró con terror a la mujer, la cual simplemente lo decapitó y lo dejó de lado mientras era bañada por su sangre. Con un aterrador silbido del viento siendo cortado por el filo de su cuchillo, Elsa sacudió la sangre acumulada en éste. Satisfecha con el resultado, volvió a enfocarse en Anastasia y Subaru.
La mirada de Subaru se cruzó con la de ella, y su cuerpo para entonces ya estaba temblando sin parar nuevamente. A partir de ahí todo fue extremadamente confuso para él. Anastasia… No, su bufanda se movió, como si tuviera vida. Algo se supone que debía ocurrir, la bufanda quería algo con su dueña, pero antes de que nada pudiera ocurrir entre ellas, un cuchillo se clavó en el cuerpo de la bufanda.
La bufanda blanca se convirtió en puntos de luz que se dispersaron en el aire. Y al mismo tiempo, el cuerpo de Mimi cayó al suelo, junto a los brazos de Anastasia. Gritando, Anastasia intentó proteger a la niña, a pesar de recién haber perdido sus brazos. Pero Elsa, como si se tratara del viento, deslizó su cuchillo verticalmente por el cuerpo de Mimi, partiéndola en dos. Su cerebro, esófago, pulmones, hígado, estómago y por supuesto, intestinos, se regaron por el suelo de madera.
Anastasia, finalmente cayendo en estado de shock, se desplomó como un títere al que le cortaron los hilos. Con su mirada pérdida, comenzó a balbucear cosas que Subaru no habría comprendido ni aunque estuviera en condiciones de hacerlo. Parpadeando, Subaru, que apenas se estaba sosteniendo a sí mismo, observó con su mirada nublada por las lágrimas, como Elsa se deleitaba con las vísceras esparcidas de Mimi.
Sentía miedo, pero sobre todo ira. Quería huir, pero sobre todo luchar. Se odiaba a sí mismo, pero odiaba más a Elsa. Sin embargo, él ya lo había asumido. Él era consciente de sus debilidades, desde aquel día que Reinhard tomó su relevo, Subaru entendió que nunca más volvería a combatir. Así que era inútil. Sin importar cuanto deseara hacer algo, sin importar cuanto ardiera el odio en su interior y sus deseos de venganza lo quemaran por dentro; él no podría hacer nada.
"Te odio, perra…" Incapaz de contener los sentimientos de frustración en su interior, Subaru musitó, mientras se agachaba dificultosamente cerca de Anastasia. La chica seguía con la mirada pérdida, balbuceando cosas incomprensibles.
"Aaaaahh… Es una lástima, claro que sí. Yo que la estaba pasando tan bien..." Elsa le habló sin dejar de mirar a Mimi. "¿Te dije que sufrirías, no es así? Ahora que dejaste morir a la gente que te ofreció su amabilidad, a la mujer que no te dio la espalda cuando dejaste salir tu lado más patético y desagradable, finalmente te quedaste completamente solo."
"¿Cómo llegaron a aquí? Esta ciudad está completamente fortificada, ¿cómo entraron con todas sus mabestias?" Subaru los había llegado a ver cuándo Julius se fue en busca de Anastasia. Fue justo un instante antes de que se pudiera cubrir con su sábana. Aun con su mente al borde del colapso, Subaru pudo ver los seres monstruosos con cuernos. Por lo que sabía, esas eran mabestias; seres creados por la Bruja de los Celos. Además, Anastasia había mencionado que Julius se encontraba peleando con una horda de mabestias, así que eso lo confirmaba. Y si recordaba bien, Meili era la niña que los comandaba.
"¿Hmm…? En verdad enloqueciste de nuevo… Que cambio de tema más extraño. ¿Estás tratando de escapar de la pesadilla que estás viviendo? Pero si apenas acaba de comenzar…" Elsa, sonriendo, lo miró de nuevo. La sonrisa amable había desaparecido, dejando solo perversión y maldad. "Como sea… Nada cambiará que estás por morir, así que no me importa decírtelo. Entramos por las alcantarillas; en una ciudad llena de canales como esta, el sistema de alcantarillado es tan espacioso como puede llegar a serlo… Perfecto para asesinos como nosotros, ¿no crees?"
"Gracias, perra… ¡Me aseguraré de darle uso a esa información cuando vuelva de este infierno!" Sonriéndole de vuelta, Subaru rápidamente y sin dudarlo atravesó su cuello con una de las espadas cortas que habían pertenecido a los mercenarios, mientras con su otra mano arrancaba el colgante con la roca esmeralda y lo lanzaba a la habitación de al lado por el hueco que antes había dejado atrás.
Todo había ocurrido muy rápidamente; mientras Elsa había estado mirando las vísceras de Mimi, Subaru aprovechó la rara oportunidad para tomar la espada al momento de arrodillarse al lado de Anastasia. Tras ello, la había ocultado tras de sí, sosteniéndola con la poca fuerza que le quedaba en uno de sus autoflagelados brazos.
"Aaaahhh… No puede ser…" Subaru sintió la brisa generada por el movimiento de la mujer, pero ya era demasiado tarde para ambos. El frío acero de la espada se sentía entrando por el lado derecho de su cuello y saliendo por el izquierdo. También podía sentir los ríos de sangre que bajaban por su garganta, inundando su esófago, pulmones y estómago.
"T-teh loh di-je… Me ni-ego ah mor-ir tor-turah-do… p-por tih." Escupiendo borbotones de sangre, Subaru se desplomó al lado de Anastasia.
Para ese momento, su vista ya se estaba oscureciendo, por lo que le fue físicamente imposible observar la reacción de Elsa. Pero sin duda, estaba seguro de que la había tomado por sorpresa. Ahora que había frustrado su plan, podría considerar que finalmente había robado una victoria a Elsa la asesina. Para ese momento, su mente ya hacía cortocircuito y su cuello tenía un potente dolor entumecido por la sensación de la muerte.
La idea de morir lo seguía aterrando, y su corazón y mente estaban siendo grabados con profundas cicatrices. Probablemente regresaría con traumas tan profundos como dichas cicatrices, tras su ahora quinta muerte. Cinco muertes, pero, la muerte seguía siendo dolorosa, la muerte seguía siendo solitaria, la muerte seguía atormentándolo… Sin embargo, pagar su vida como precio para evitar volver a sufrir la tortura de la asesina erótica, para él se sentía como barato en ese momento. Así de desesperado se sentía…
"N-No qui-quiero m-morir… to-davía…Te-ngo miedo… Echidna, a-a-ayúda-me… ¿Ju-lius? ¿Ri-cardo? ¿M-Mi-mi? ¿He-taro? ¿Ti-vey? Ten-ía mu-mucho q-que vi-vir… Por… m-í y… por… u-ustedes… Pen-sé que po-dría log-rarlo… pe-ro… si-go in-completa… Me fal-ta… mu-cho… Echidna… No qu-quiero vol-ver allí… No qui-ero vol-ver al bas-urero… Te-ngo mie-do. No… qui-ero mo-rir… in-comple-ta… Sál-va-me… p-por f-"
Fue en sus últimos segundos de vida, cuando todo se oscurecía, que en su mirada se grabó con fuego el gesto de Anastasia. La persona astuta y segura que había sido en vida, ahora era una chica frágil y asustada. En ese momento, Subaru pudo apreciar las debilidades de la mujer que las había superado. En su lecho de muerte, Subaru pudo comprender lo que antes habían sido los balbuceos de una chica moribunda. Y se sintió identificado; en su lecho de muerte, ambos eran iguales…
Cuando Subaru fue incapaz de seguir escuchando los balbuceos delusorios de Anastasia, su vista se había esfumado hace rato. Al final solo quedaron sus pensamientos y las suplicas de Anastasia. Subaru no podía comenzar a comprender todo lo que había escuchado, porque había sido confuso y porque él no estaba en condición de entenderlo.
Sin embargo, ella le había transmitido sus sentimientos. Y su deseo de ser salvada, aunque no iba dirigido directamente a él, también había sido transmitido. Por ello, una profunda sensación de culpa lo invadió en sus últimos momentos de vida. Él se sabía el gran culpable tras toda la catástrofe ocurrida en el hotel; la consecuencia de su inacción. Pero escuchar la deprimente muerte de Anastasia lo hizo sentir aún más culpable, lo hizo sentir responsable. Así que Subaru se comprometió con algo…
Me aseguraré de ayudarte, Anastasia… Si mis ideas y mi presencia pueden servirte para alcanzar tus sueños… Entonces me aseguraré de dar todo de mí para ello… No te abandonaré… No dejaré que tengas una muerte como esa de nuevo… Te salvaré… Lo juro… Esta vez cumpliré… Esta vez no huiré… Esta vez superaré mis debilidades y alcanzaré mi final feliz… Y me aseguraré de que tú también cumplas tus sueños y alcances el tuyo… Lo juro… Anastasia…
De manera paralela a como fue durante su primer muerte, Subaru se sintió con la necesidad de salvar a la chica que murió por su inacción. Para poder despejar el peso de las consecuencias de sus actos y pagar el buen trato de Anastasia, que lo salvó con su presencia y acciones de perderse en la desesperación y locura, Subaru se volvió a comprometer con salvar a alguien.
Pero esta vez, se aseguraría de no rendirse. No la abandonaría como a "Satella", como a Emilia. Esta vez se aseguraría de no permitir que sus debilidades fueran excusa para escapar. Fundiéndose en la oscuridad de la muerte, un último pensamiento pasó por su mente: ¡Esta vez… lo lograré! ¡Te ayudaré… Anastasia! ¡Y estaré a la altura de tus expectativas!
Con su mente y cuerpo volviéndose uno con las sombras cargadas de celos, Subaru dejó una vez más un mundo lleno de sus fracasos. Otra vez, Subaru prometió salvar a alguien aparte de sí mismo. Sin embargo, en el interior de su conciencia, él sabía que no estaba mentalmente preparado para el desafío de hacerlo. Subaru, sin darse cuenta, caminaba por la cuerda floja llamada su mente.
