Eterna Debilidad

Cero Días desde la Última Muerte (Cinco Muertes)

"¡Hnk! ¡Hnk!" Con un sonido ahogado, Subaru tragó aire desesperadamente, causando que empezara a toser violentamente.

Su consciencia, que iba y volvía en intervalos, estaba completamente nublada, como si hubiera salido del agua después de haber estado a punto de ahogarse. Su cabeza le dolía, su estómago estaba revuelto y su cuerpo no dejaba de sacudirse involuntariamente. Se encontraba completamente fuera de balance, como si estuviera flotando en la nada; esto debido a que su mente era incapaz de procesar los estímulos que recibía su cuerpo.

"¡¿...-kun?!" Por lo que sus oídos eran capaces de captar sonidos de lo que ocurría a su alrededor, pero su cerebro aún era incapaz de procesarlos. Se sentía como su hubiera sido tragado por un océano de oscuridad, para posteriormente ser escupido a la realidad. No estaba seguro de si eso estaba relacionado con haber sido el causante de su propia muerte, pero sí lo estaba de que ese había sido el peor regreso que había tenido; solo detrás del anterior, en el cual regresó después de ser completamente brutalizado.

"¿-baru?" Respirando, tosiendo, sacudiéndose. Subaru estaba luchando contra la sensación de aturdimiento, escapando poco a poco de la oscuridad que se negaba a liberarlo por completo. Su laringe apenas estaba aceptando la entrada de aire, probablemente porque su mente aún no había comprendido que ya no había un pedazo de hierro atravesando su cuello. Y eso le hacía más difícil el recuperar la consciencia.

"¿…atsuki-kun?" Subaru finalmente comenzó a procesar los estímulos que lo rodeaban, logrando así comprender de mejor manera su entorno. Su mente finalmente estaba ganando claridad. Ahora era capaz de sentir los latidos de su corazón, la sangre fluyendo por sus venas, el aire entrando con dificultad a su garganta y pulmones, la saliva salpicando dentro de su boca, su garganta expulsando el aire en forma de tos.

Su cuerpo fue recuperando su vida, su entorno fue ganando el color que se le había robado, su comprensión de lo que lo rodeaba fue regresando lentamente. Parpadeando, Subaru se percató que se encontraba a la intemperie; contrario a lo que esperaba. Frente a sus ojos, todo lo que se extendía era de color azul, con ciertos parches de color blanco. Al no notar el interior del carruaje, que se suponía que era el nuevo "punto de guardado", Subaru volvió a perder comprensión del entorno que lo rodeaba.

Su mente, entumecida, simplemente no era capaz de procesar los estímulos que finalmente estaba captando, a la velocidad necesaria para reconstruir el mundo a su alrededor. ¿Por qué estoy aquí? ¿Acaso cambió el "punto de guardado"? ¿Dónde están todos? Su cerebro simplemente no era capaz de formular esa clase de preguntas.

Completamente aturdido y confundido, Subaru intentó levantar su cabeza para tener una mejor perspectiva de lo que lo rodeaba, pero su cuello simplemente se negó a responder. Aparentemente, su cuerpo y mente aún no se encontraban en sintonía. Pero eso no era todo, el fallido intento de mover su cabeza le costó sentir unas horrendas nauseas que, sumadas a las que ya sentía, lo obligaron a expulsar todo el contenido de su estómago.

Vomitando, pero siendo incapaz de mover la cabeza, Subaru sintió como su garganta se llenaba de un líquido ácido y espeso. Luego fue su boca, lo que lo hizo sentir el desagradable sabor de comida a medio procesar combinada con las enzimas de su estómago. Incapaz de contener el vómito, su boca se abrió, expulsando hacia arriba el líquido; el cual terminó bañando su cara.

Convulsionando, su cerebro comenzó a lanzar miles de alarmas a su cuerpo. El vómito ahora estaba obstruyendo su tracto bocal, lo que le impedía acceder al oxigeno vital para vivir. Ahogándose e incapaz de hacer nada para salvarse, la vista de Subaru comenzó a oscurecerse una vez más.

Llorando desesperado, Subaru empezó a morir otra vez, incapaz de comprender el porqué estaba sucediendo todo eso. Incapaz de recibir oxígeno, su cerebro comenzó a liberar todo tipo de químicos, los cuales lo llevaron a una experiencia cercana a la muerte. Alucinaciones de sus muertes anteriores comenzaron a desplegarse en su mente.

El dolor, el dolor, el dolor. Su abdomen estaba abierto, Satella estaba por morir, él no había sido capaz de advertirle, todo era su culpa… Te salvaré… Lentamente, lentamente… Elsa, satisfecha, se deleitaba con el color de sus intestinos, mientras su cuerpo se desangraba. Frío, mucho frío… Su mente se apagaba… Dolor, mucho dolor… Un puñal estaba clavado en su espalda, iba a morir sin siquiera comprender porque Satella se había molestado al escuchar su nombre, iba a morir patéticamente en medio de un callejón, sin haber logrado nada…

¡Dolor! ¡Tanto dolor! La muerte es un deleite, la muerte es un premio, la muerte es el final de todo, la muerte es el comienzo de todo, la muerte es el escape, la muerte es el único camino. Muerte, muerte, muerte, muerte, muerte… Dolor, tanto dolor que su mente se estaba fragmentando, tanto dolor, tanto dolor, que solo deseaba su muerte…

Frío, mucho frío… Pero ese era el camino… Su muerte era el único camino que lo llevaría adelante… Por eso, sin dudarlo, había atravesado su cuello con una espada… Pero… Anastasia no quería morir… La muerte era el camino, pero no por eso era menos dolorosa, menos solitaria, menor impactante… Tenía que morir… Tenía que morir… Te salvaré, Anastasia… Esta vez sí cumpliré mi promesa… Muerte… Solo muerte…

"¡Natsuki-kun! ¡¿Qué pasó aquí?! ¡Me alejo un momento y Natsuki-kun se encuentra a punto de morir ahogado en su propio vómito!"

"Lo siento, señorita. Mimi dejó de mirar al Onii-san por un momento y pasó todo esto… Lo siento…"

"Está bien, Mimi. No te preocupes. Por suerte, Ricardo pudo voltearlo antes de que fuera demasiado tarde…"

"¿Señorita, ya encontró a algún usuario de magia curativa disponible? El chico estaba tan bien hace solo unas horas y ahora pasa esto… Definitivamente no puede tratarse de algo normal. ¿Un ataque mágico, quizás? Si ese fuera el caso, deberíamos ingresar de inmediato a Priestella. No sabemos que podría pasar si nos quedamos aquí, y me preocupa su seguridad, señorita"

"Tienes razón, Ricardo. Definitivamente fue mi error pedir que sacáramos a Subaru para que tomara aire… Ahora, sobre el curandero usuario de magia curativa… El guardia de la entrada a la ciudad dice que hay un curandero cerca que podría ver a Natsuki-kun inmediatamente. Julius ya recibió la dirección del guardia, así que deberíamos apresurarnos y…"

"¡Arghh!" Recuperando sus sentidos por segunda vez en menos de diez minutos, Subaru volvió a vomitar lo poco que le quedaba en su estómago. Ahora que se encontraba en una posición más cómoda, el líquido agrio fluyó sin acumularse en su boca.

"¡¿Natsuki-kun?!"

Su cerebro, sacudido, se encontraba más aturdido que nunca. Sin embargo, por entre sus parpados, pudo ver el semblante tierno y preocupado de la chica que hace no mucho lo acompañó durante su lecho de muerte. Anastasia, la chica que, nuevamente, se había comprometido a salvar, ayudar…

Tal vez, en fondo, esa promesa no era más que un reemplazo de aquella promesa que falló en cumplir. Sin embargo, su deseo de ayudarla era verdadero. Realmente quería a ayudar a la chica que apoyó su proyecto en ese mundo, la chica que se interesó en sus artículos e ideas, la chica que lo recibió amablemente en su compañía, la chica que no le dio la espalda aun cuando su mente se rompió y terminó aferrándose a ella patéticamente, la chica que lo acompañó durante su solitario suicido.

"Ana… stasia…" Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, Subaru dijo el nombre de la chica.

"¿Cómo te sientes, Natsuki-kun? ¿Te encuentras mejor? ¿Podrías decirnos que te ocurrió?" Calmadamente, pero incapaz de ocultar del todo su preocupación, Anastasia preguntó por su estado. Pero él en ese momento no era capaz de pensar en nada de eso, él necesitaba decirles lo que estaba por ocurrir. Ahora que estaba recuperando la claridad, tenía que revelar todo sobre el ataque de Elsa y Meili.

"Atacara-" Subaru empezó a recordar lo ocurrido, Subaru recordó la tortura, su muerte, el regreso a la vida, el ataque al hotel, la muerte de Anastasia, Mimi y decenas de muertes más de las que nunca sería consciente. Recordó al frío del metal pasando a través de su cuerpo. El terror la ira, el dolor… Todo tan fresco. Su mente recién había regresado y ahora él la obligaba a revisitar esos recuerdos traumáticos. Antes de poder comenzar a prevenirlos, el mundo de Subaru volvió a la oscuridad de la que acaba de escapar.

"¿Natsuki-kun? ¡¿Natsuki-kun?! ¿Ricardo, le ocurrió algo?" Preguntó Anastasia, mirando a Ricardo con urgencia, aunque esforzándose por mantenerse en calma y con la mente fría.

"Hmm… Parece que el chico se desmalló. No me parece nada grave. Está respirando normalmente. Sin embargo, deberíamos ir donde ese doctor cuanto antes y ver que le ocurrió. Si se trata de un ataque con magia o algo similar, tendremos que reforzar la seguridad inmediatamente…"

Asintiendo, Anastasia regresó al carruaje junto a Mimi y Ricardo, el cual cargaba a Subaru en sus brazos. Sentado en el asiento del conductor estaba Julius, y los dos trillizos restantes, por su parte, estaban montando guardia alrededor del carruaje. Una vez todos regresaron al interior del vehículo, ingresaron a Priestella y se dirigieron al consultorio del médico que el guardia de la entrada a la ciudad les recomendó a Anastasia y Julius.


"Con esto ya deberían de haber disminuido la migraña y las náuseas." Dejando de emitir luz de sus manos, el médico miró a Subaru directamente a sus ojos. Subaru, que recién había recuperado su consciencia por tercera vez ese día, lo miró con expresión de agotamiento.

"Sí, eso creo…" Su voz salió de sus labios como un susurro que se esfumó en el aire. Sin embargo, el médico asintió satisfecho. Subaru quería pedirle que hiciera más, que hiciera todo en su poder para curar su mente. Pero era inútil, la magia en ese mundo podía hacer milagros en el cuerpo, pero era incapaz de solventar los problemas devenidos en la mente. Y en ese momento, todos sus problemas provenían de allí.

"Lastimosamente, no puedo hacer nada más, Señorita Hoshin. No parece existir ningún tipo de intervención con su maná y su cuerpo se encuentra totalmente sano. Por lo que estoy convencido de es algo que no se puede manejar con magia; todo está en su mente."

"Entiendo. Le agradezco por atendernos tan rápidamente." De manera comprensiva, Anastasia agradeció al curandero que los atendió recién ingresaron a Priestella.

"No es nada. Para mí es un honor poder ser de utilidad para una mujer como usted." Condescendientemente, el curandero enalteció a Anastasia.

Con gesto de molestia, Subaru observó el intercambio entre Anastasia y el sujeto. ¿Por qué decía haber sido útil? ¿Por qué? Su corazón aún se sentía roto. Su mente aún se encontraba fragmentada en pedazos. Sus emociones aún estaban pululando desordenadamente en su interior. ¿Útil? Ese hombre no había hecho nada. ¿Calmó su migraña, sus nauseas? ¿Y eso qué? En cualquier momento volverían; el solo pensar en el pasado, en sus anteriores muertes, en lo que se estaba acercando…

"Ana… Anastasia…" Esforzándose por hablar, Subaru obligó a las palabras a salir de su boca. Sintiendo el dolor extenderse por todo su cuerpo, Subaru decidió que era momento de decir aquello por lo que, antes de suicidarse, cuestionó a Elsa. Necesitaba revelar que iban a ser atacados, que las asesinas y sus mabestias ingresarían por el alcantarillado.

"¿Natsuki-kun, tienes algo que decir?" Acercándose a él con tez tranquila, Anastasia lo miró con curiosidad. La urgencia que había teñido su rostro minutos atrás ya no era aparente. Dentro, muy dentro de sí, Subaru estaba satisfecho de haber logrado causar ese raro sentimiento en la mujer que admiraba.

"Lo q-que te diré… es importante…" Cual veneno navegando por sus venas, el miedo lo inundó. El miedo, el dolor, la desesperación. No quería recordar a Elsa, no quería recordar el sufrimiento, no quería recordar el frío de la muerte. Pero tenía que hacerlo, tenía que advertirle, sin importar que pudieran llegar a no creerle. Una vez las palabras salieran de su boca, todo estaría bien finalmente.

"¿Sí? ¿Qué es?" Ladeando su cabeza de manera tierna, la chica le indicó que continuara.

"Nos… nos van… una as… unas ases… nos van a at… ¡Blergh!" Su mente fragmentada, su corazón roto, su cuerpo cargado de un potente dolor fantasma. En vez de palabras, en vez de una advertencia, bilis amarillento fue expulsado de su estómago, bañando su ropa ya teñida de vómito. Anastasia habría sido alcanzada por el desagradable líquido, de no ser porque la cantidad que quedaba en su estómago era ínfima.

"¡¿Natsuki-kun?!"

"¡Señorita Hoshin! ¿La alcanzó el vómito?" El curandero, preocupado, se acercó a ellos con un trapo en manos.

"No, aparentemente su estómago estaba vacío casi por completo. ¿Natsuki-kun, que sucedió? ¿Qué me querías decir?" Mientras el médico ayudaba a Subaru a limpiarse, éste miró de vuelta a Anastasia, con sus ojos desbordándose en lágrimas.

"N-No pue-do… Ana-stasia… no pue-do… Vol-veré a f-fallar… N-No qui-ero… p-pero no pue-do…" Agarrando su cabeza, Subaru comenzó a sacudirla mientras murmuraba. Ese comportamiento preocupó tanto a su empleadora como al médico mágico. Ante sus ojos, lo que tenían era un alma torturada.

Después de pagarle al médico por la consulta, Anastasia se acercó a Julius. Él se había mantenido cerca de la salida del consultorio, mientras observaba lo que ocurría a la distancia. Con una señal de su mano, ella le indicó que ayudara a Subaru a levantarse y que la siguiera. Subaru, que parecía haberse calmado un poco, meneó la cabeza y se pudo de pie solo, comenzando a caminar detrás de ella con paso errático.

"Parece que el médico no pudo hacer nada por él…" Ligeramente desganado, Julius comentó mientras acompañaba a Anastasia de vuelta a la salida del consultorio.

"Sea lo que sea por lo que esté pasando Natsuki-kun, no puede curarse con magia. El médico dice que no encontró rastros de interferencia con su maná, así que parece que tampoco fue un ataque o maldición. Ultimadamente, solo Natsuki-kun sabe porque se encuentra en ese estado."

"¿Está segura de eso?" Mirando a Subaru, que caminaba a su lado ligeramente rezagado, Julius añadió. "No me parece que se encuentre en sus cinco sentidos. Es posible que ni él mismo lo sepa."

"No, no creo que sea el caso… Parece que él quiere decirme algo. No, él necesita decirme algo, pero no puede. Estoy segura de que lo que sea que necesite decirme, está relacionado con lo que lo tiene así. Lastimosamente, el solo intentar expresármelo parece empeorar su estado, así que de momento no nos quedará de otro que esperar a que se recupere al menos un poco." Suspirando, Anastasia también volteó a ver a Subaru.

"No pue-do… Nece-sito… de-cirlo… P-ero… No… p-pue-do…" Visiblemente frustrado, Subaru siguió repitiendo la misma frase una y otra vez. De esa forma, los tres se reunieron con los líderes del Colmillo de Hierro y partieron hacia el hotel. El tiempo con el que contaba Subaru para advertir sobre la llegada de las asesinas cada vez era menor.


Ocho horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)

"No puedo… Necesito decirlo… No puedo… Necesito decirlo… No puedo… Necesito decirlo… No puedo… Necesito decirlo… No puedo… Necesito decirlo…" Una y otra vez, Subaru repetía esa frase mientras jalaba con fuerza su pelo. Él era consciente de lo que tenía que hacer y tenía la determinación para hacerlo. Pero su mente fragmentada y espíritu contaminado simplemente no se lo permitían. Ahora la lucha se había trasladado al interior de su ser.

No puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo. Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor, dolor. Muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte. Fría y solitaria, la muerte se acercaba. El sufrimiento y el dolor que deseaban ahogar su ser vendrían con ella. Necesitaba decirlo, pero no podía. Necesitaba decirlo, pero su mente se lo impedía. Necesitaba decirlo, pero su cuerpo se negaba.

"Por favor…" Sacudiendo su cuerpo, Subaru se meció de atrás para adelante, abrazando sus piernas. Ya estaba anocheciendo y se encontraba sentado en el futón de su habitación, completamente solo.

Se había negado a comportarse de igual forma que el bucle anterior, cuando, completamente quebrado, se aferró patéticamente a Anastasia. Sin embargo, eso por sí mismo presentaba un enorme riesgo, pues Elsa había mencionado que su desagradable apego hacia Anastasia les había dificultado encontrar el momento correcto para atacar.

Así que, por eso mismo, existía la posibilidad de que en ese momento Elsa y Meili estuvieran a punto de comenzar su ataque. La sola idea puso el corazón de Subaru a correr. Necesitaba advertirles, necesitaba hablar con Anastasia, Julius o Ricardo, y revelar por completo los sucesos prontos a suceder. Si no actuaba rápido, la última pieza de información que le sacó a Elsa sería inútil; si es que no lo era ya. Al final, ese momento de intrepidez también terminaría en la basura. Así que necesitaba hacerlo, anhelaba hacerlo… pero no era capaz.

"¡Maldición!" Jalando con aún más fuerza su cabello, Subaru gritó. Tras varios segundos, inhaló profundamente y se forzó a calmarse. Tras liberar su cabello, varios mechones cayeron de entre sus dedos, esparciéndose por la sábana. Con una expresión de dolor y frustración en su rostro, Subaru finalmente se dejó caer, siendo aplastado por el peso de su inacción y las consecuencias que la acompañaban.

Inhalar, uno, dos, tres, Exhalar. Inhalar, uno, dos, tres, Exhalar. Inhalar, uno, dos, tres, Exhalar. Repetir, repetir, repetir. Hasta que el cuerpo se acostumbre, hasta que se grabe en la mente, hasta que quede sellado en el alma. Forzándose a sí mismo a aceptar la desesperación, Subaru, con lágrimas en los ojos, finalmente dejó de moverse.

Boca abajo, con sus extremidades completamente estiradas, Subaru contempló la oscuridad de su espíritu contaminado. Con lágrimas de sangre, contempló los fragmentos de su mente. Con el corazón estrujado, contempló su eterna debilidad. Subaru tenía que aceptarlo nuevamente, tenía que aceptar que no podría hacer nada, que no era la persona adecuada.

¿Promesas? ¿Por qué molestarse? ¿Por qué molestarse en hacerlas? ¿Por qué molestarse en cumplirlas? Así era él, siempre esperando conseguir todo, siempre hablando de como lograría todo; para al final no ser más que palabras vacías. Él, orgulloso sin razón, no era nada. El odio que sentía hacia sí mismo no hacía más que aumentar, como en una espiral ascendente.

Subaru era consciente de todo, el día que conoció a Reinhard fue obligado a ver la verdad directamente a la cara. Pero se había negado a aceptar realmente sus debilidades, se había negado a aceptar del todo la existencia de ellas. Sin embargo, la tortura lo dejó todo tan claro, que ya no había cabida a las dudas. Era un cobarde que no dejaba de caminar en círculos, incapaz de salir de su bucle de miseria.

Yo soy débil, en verdad lo soy… Mi estúpido orgullo sin fundamentos, mis palabrería, mi actitud infantil, mi cobardía, mi mediocridad, mi conformidad. Era cierto, él había jugado a ser humilde el día que dejó todo en manos de Reinhard, pero al final solo había escapado. Escapado una vez más, escapado de su promesa, escapado de sí mismo, escapado de todo.

Pero ahora no podía seguir huyendo, tenía que aceptar que era débil, asimilarlo. Su debilidad que era cruel, su debilidad que era la culpable de la muerte de aquellos que estaban dispuestos a darle una mano. Por eso debía aceptarla, asimilarla y hacer algo al respecto. Tenía que levantarse, asumir que era quien era, y esforzarse en verdad por mejorarse a sí mismo. Esforzarse por encontrar sus cualidades y explotarlas.

Por eso seguía a Anastasia, la mujer que había logrado justamente eso mismo. No, eso no era del todo cierto… Ella no había completado el camino, estaba a la mitad. Había dado el primer paso, el segundo y hasta el tercero. A diferencia de él, que seguía estancado en el primer paso. Pero seguía lejos de su meta, lejos de alcanzar aquello por lo que luchaba. Subaru lo sabía por lo que la escuchó decir en el lecho de muerte de ambos.

Anastasia sufrió la muerte como él, Anastasia no estaba conforme con el final de su vida, Anastasia quería seguir viviendo, seguir luchando. Por eso era necesario que él superara su debilidad y revelara la proximidad del ataque de Elsa. Por eso tenía que ignorar el dolor causado por su debilidad y dar el segundo paso hacia su meta.

"Si lo entiendo… ¡¿Entonces por qué no puedo hacerlo?!" La superficie del futón absorbió el grito frustrado de Subaru.

Subaru era consciente del curso de acción a tomar, Subaru tenía su meta clara. Pero era incapaz de hacer nada al respecto. Por eso se encontraba en ese estado. Había aceptado que no podría hacer nada, había aceptado sus debilidades. Sin embargo, no encontraba la fuerza para hacer nada al respecto. La dudas nublaban su espíritu, deteniéndolo en un impasse. ¿Y si no me creen? ¿Y si al decirlo empeoro todo? ¿Y si ya es demasiado tarde? Ésas eran las preguntas que lo atormentaban.

Su mente era un desastre. Era consciente de todo, pero no podía hacer nada. Tenía sus metas y deseos claros, pero no bastaban para moverlo del estancamiento provocado por sí mismo; por sus dudas. Estaba frustrado, pero no encontraba la manera de liberar dicha frustración. Se encontraba al fondo de un callejón sin salida que él mismo había creado y no hallaba la salida.

"Tendré que volver a intentarlo…" Fue entonces que su finalmente encontró un camino para liberar su frustración.

Usando sus dos brazos, Subaru levantó su cuerpo lentamente. Con la sábana despegándose de sus ojos enrojecidos, Subaru desveló un rostro que expresaba resignación. Entumecido, tomó en una de sus manos la sábana y con paso torpe se acercó a la viga de madera que sostenía la estructura de la habitación. Levantando la mirada, observó detenidamente el ángulo en que la viga se dividía en dos piezas de madera que sostenían el techo.

Suspirando, Subaru lanzó la sábana al aire, logrando que atravesara el espacio formado entre la viga y la pieza de madera. De manera robótica, sin producir palabra alguna, realizó un nudo con la sábana. Una vez se aseguró que la sábana sería capaz de sostener su peso, se acercó a la mesita ubicada en una esquina de su habitación y la arrastró hacia el lado de la viga.

Suspirando resignadamente, Subaru se colocó sobre la mesa. Detenidamente, enrolló parte de la sábana sobre su cuello. Una vez terminó con los preparativos, observó hacia sus pies. La tela de la sábana estaba bien apretada contra su cuello, mientras colgaba de la viga. Sus piernas no paraban de temblar; muestra de que aún no lo había digerido del todo.

"E-Esta es la única f-forma…" Si muero, volveré atrás. Su muero, tendré más tiempo. Si muero, podré buscar el valor para poder superar mi eterna debilidad. Si muero, podré dejar mis dudas de lado y decir lo que sé que debo decir. Si muero, podré advertirle a Anastasia a tiempo. Si muero, podré evitar morir a manos de Elsa. Si muero, no tendré que volver a presenciar sus muertes… Si muero, no tendré que enfrentar las consecuencias de mi inacción otra vez.

La muerte era el camino. Ahora que se encontraba en un callejón sin salida creado por él, forzaría su salida por el único camino restante. Su muerte era la respuesta. Su muerte era el escape definitivo. No quería seguir huyendo, necesitaba dejar de usar sus debilidades como excusa. Pero sin la fuerza de voluntad para llevar eso acabo, no le quedaba de otra que intentarlo de nuevo… Escaparía una vez más, para poder encontrar la fuerza de voluntad necesaria para dejar de escapar. Irónicamente, eso en sí mismo era una excusa más. Todo en él, ese instante, era una ironía. La ironía del hombre que se miente a sí mismo y termina creyéndose su propia mentira.

Con lágrimas dificultando su vista, Subaru miró hacia la puerta de su habitación, la cual había adquirido un tono rojizo. Era el atardecer, la oscuridad llegaría en poco tiempo, y con ella, las dos asesinas atacarían; estaba convencido de ello. Si no era capaz de superar su miedo y advertirle a Anastasia del ataque de las asesinas antes del anochecer, tendría que seguir recurriendo a ese camino, a la muerte.

La muerte fría, la muerte solitaria, la muerte dolorosa. No deseaba aceptarla. Por mucho que fuera el camino en momentos de desesperación, no quería recurrir a ella. No deseaba morir. No deseaba seguir sufriendo. Pero mientras no tuviera más opciones, se vería en la obligación de aceptarlo.

"Soy tan c-cobarde… Me e-es más fácil m-morir, que hablar de que está por su-ceder. Solo sirvo p-para huir, al p-parecer…" Desganado, Subaru aceptó una vez más su debilidad, incapaz de hacer nada para cambiarse a sí mismo. En silencio, sin decir otra palabra, pateó la mesita y se dejó caer a su muerte.

Dolor, el dolor regresó. Le faltaba el aire, su garganta suplicaba por un soplo de oxígeno, pero la tela no lo permitiría. El peso de su cuerpo estaba causando que la tensión alrededor de su cuello aumentara, haciéndole cada segundo más difícil el respirar. No estaba siendo una muerte pacífica. Sacudiéndose, su cuerpo suplicaba por la supervivencia.

Con sus labios tornándose morados, con su piel emblanqueciendo hasta camuflarse con la sábana que le estaba robando la vida y con sus ojos enrojecidos a punto de salirse de su cuenca, Subaru finalmente perdió la consciencia. La oscuridad lo abrazó y su muerte, a pasos frustrantemente lentos, se acercó a él con una sonrisa tétrica. Como me odio a mí mismo… Pensó Subaru, desvaneciéndose.


"¡-baru!" Sintiendo como su mundo entero se sacudía, Subaru fue, abruptamente, arrancado de brazos de la oscuridad. "¡¿Subaru!?" Miles de alarmas sonaban dentro de su cerebro, obligándolo a tomar una fuerte bocanada de aire.

Tosiendo, Subaru se torció sobre sí mismo. Su garganta le dolía, le dolía mucho. La sola entrada y salida de aire, era una tortura para su cuerpo. Aun así, sus pulmones no dejaban de hacer su trabajo, como si se burlaran de él. Recuperando sus sentidos lentamente, Subaru abrió sus ojos, para encontrarse con un rostro que por lo general nunca mostraría expresiones como las que estaba mostrando.

"¡¿Subaru, por qué?!" Aun intentando comprender lo que ocurría a su alrededor, Subaru fue sacudido por un alarmado Julius, que no paraba de cuestionarlo respecto a algo.

Lento para comprender, Subaru empezó a percatarse de que algo anda mal. Seguía en su habitación, la sábana estaba tirada a su lado, rota. Y la luz que se filtraba por las paredes de tatami teñía el lugar de un tono rojizo. La realización lo golpeó con fuerza. Su muerte había sido frustrada. Seguía en el mundo que estaba a punto de ser teñido de rojo, con la sangre derramada por culpa de su eterna debilidad.