El Empleado Inútil y el Caballero Amable
Ocho horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)
La vergüenza y el sufrimiento recorrieron su cuerpo, haciendo que nuevas lágrimas se formaran en sus ojos. ¿Por qué seguía vivo? ¿Acaso Julius había ido por él justo a tiempo para salvarlo? Subaru sabía la respuesta, pero se negaba a aceptarla. Estaba harto de todo eso, harto del destino que jugaba con él, como si se burlara de su patético ser.
"¡Arghhh!" Con un chillido de frustración, Subaru se quitó a Julius, que lo tenía agarrado de los hombros, de encima. No estaba en condición de escuchar los reproches del caballero; no estaba en condición de escuchar a nadie.
Con su mirada perdida, Subaru tomó la soga hecha de su sábana que Julius había descartado. Su mirada viajó de la soga improvisada al resto de la habitación, hasta posarse finalmente en la puerta de tatami. Estaba abierta, probablemente porque Julius ni siquiera pensó en cerrarla al verlo colgando de la viga. A través de ella, observó el cielo que se extendía por sobre el resto de las habitaciones del hotel; estaba oscuro, completamente oscuro.
"¿Subaru, no pensarás…?" Julius se acercó a él con intenciones de arrebatarle el pedazo de sábana, por lo que Subaru se lo lanzó a la cara. El caballero, siendo tomado desprevenido, intentó tomar la cuerda por reflejo. Ese fue el instante que Subaru aprovechó para lanzarse a su cintura para intentar robarle su espada. "¡Agh!"
Pero Subaru era débil, inútil, incapaz de nada… Con un rápido movimiento, Julius alejó su cintura mientras con una mano empujaba el hombro de Subaru. Lanzado por la inercia, Subaru cayó, rostro primero, al suelo de madera. Con un quejido de ira y frustración, Subaru comenzó a golpear el suelo con su puño, al punto en que sangre comenzó a surgir de las heridas que se estaba causando.
"¿P-Por qué? ¡¿Por qué?! ¡Solo tenías que dejarme morir! ¡Julius!" Bufando, Subaru miró de soslayo al caballero. Sus pupilas se encontraban nubladas por el miedo, la frustración, la culpa, la ira… el odio. Como un resorte, Subaru se levantó y lanzó un puñetazo a la cara de Julius. Esta vez, esperándolo, Julius lo esquivó sin tan siquiera tocarlo.
Dando tumbos, Subaru chocó con la viga. De su nariz, su boca y su frente, sangre no paraba de fluir de su rostro. ¿Había sido por el golpe contra el suelo? ¿O por el golpe contra la viga de madera? Subaru no tenía idea, igualmente no estaba interesado en la respuesta. En ese momento, Subaru solo tenía una cosa en mente: desquitarse con aquel que frustró su muerte.
Sus deseos fueron frustrados, sus ideas, sus planes, su futuro, su final feliz, su vida… y ahora también su muerte. Nada ocurría como él deseaba, como él necesitaba. Y cuando encontraba un camino que parecía llevarlo a ello, éste siempre terminaba en sufrimiento. Así fue su vida antes, que terminó con él encerrado en su habitación, escapando de su realidad, y ahora, que terminó con él escapando de su muerte y… su vida, sin lograrlo.
Por eso, por toda la frustración que le causaba ser incapaz de advertir a Anastasia, ser incapaz de superar sus dudas y miedos, y revelar lo que se aproximaba. Por ser incapaz de cumplir sus planes. Por ser incapaz de tomar acción. Por ser incapaz de morir. Por ser incapaz de todo… Por eso, por la frustración que eso le causaba, Subaru deseaba desquitarse con Julius, el hombre que le negó la muerte.
Como un hombre enloquecido, Subaru lanzó puñetazos al aire, en lugares en los que solo momentos atrás había estado Julius. Izquierda, Derecha, nada… Molesto, lanzó una patada y un rodillazo, consiguiendo en el proceso perder el equilibrio y caer. Levantándose de nuevo, Subaru buscó a Julius con la mirada. Allí estaba, cerca de la entrada. Su ropaje blanco de caballero completamente pulcro, como siempre, reflejaba la luz de la luna que acaba de asomarse.
Con sus puños oprimidos con tanta fuerza que sus uñas habían penetrado su piel, Subaru embistió a Julius, sacudiendo sus puños de manera completamente errática. Julius, sin mostrar gesto alguno, sin decir palabra alguna, se limitó a esquivarlo. Igual a como un dragón trataría a una hormiga, Julius ignoró a Subaru. Así fue por varios minutos, hasta que Subaru mostró evidentes señales de agotamiento.
"¿Podrías detenerte, Subaru? Solo venía a darte un mensaje, debo volver con mi señora lo antes posible y tu rabieta infantil me lo está impidiendo." Desganado, Julius cuestionó a Subaru. El pelinegro se limitó a seguir meneando sus puños, sin prestar atención a sus palabras.
Percatándose de que tratar con Subaru de manera civilizada no daría resultado, Julius desenvainó su espada y, con su mango, golpeó levemente el hombro izquierdo de Subaru. Siendo detenido por la fuerza del impacto, Subaru quedó expuesto a otro ataque. Julius estaba por terminar esa revuelta inútil, cuando notó el puño de Subaru acercándose a su abdomen. En otro momento, en otras circunstancias, habría elogiado su determinación. Sin embargo, después de todo lo ocurrido, solo habrían sido palabras en vano.
"Haznos un favor a ambos, y quédate quieto." Imprimiendo un poco más fuerza que en el golpe anterior, el mango metálico de su espada se hundió en el abdomen de Subaru. Despojándolo del aire y la fuerza para mantenerse en pie, Subaru se desplomó en el suelo una vez más; esta vez, no mostró señales de querer seguir atacándolo. Dando por sentado que Subaru había acabado, regresó su espada a su vaina. Y fue entonces que lo escuchó.
"Ja, ja, ja… Ja, ja…" Subaru, que seguía triado en el suelo, comenzó a reír. Era una risa dificultosa, producto de la escases de aire en sus pulmones. "Ja, ja, ja, ja, ja…" Conforme iba recuperando aire, su risa cada vez se hacía más estridente. "¡Jajajajajaja!" Su risa finalmente comenzó a sonar completamente enloquecida. Una risa corrompida que podría haber helado la sangre de cualquiera carente de agallas.
"¿Subaru?" Desconcertado, Julius llamó a Subaru. Pero éste no le hizo caso. Siguió riendo, como si su mente se hubiera quebrado finalmente.
"Jajaja… Lo logré… Ja, ja, ja… Finalmente lo logré." Calmándose un poco, Subaru se arrodilló y lo miró directamente a la cara. Por un momento, incluso Julius sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. La cara de Subaru, bañada por las lágrimas y la sangre, tenía una sonrisa retorcida dibujada en sus labios, mientras sus ojos transmitían sufrimiento y desesperación. "Lo logré… ¡Tu maldito uniforme ya no está tan pulcro como tú siempre pretendes ser!"
"¿De qué hablas?" Subaru, como reaccionando a la pregunta de Julius, miró hacia el abdomen del caballero. Imitándolo, Julius miró hacia el mismo lugar y… finalmente lo comprendió. Una gota de sangre, una solitaria gota que podría ser ignorada por completo si no se presta atención, aun teniendo en cuenta el blanco de su uniforme. Eso es lo que había estado buscando Subaru.
"Ahora tú también tienes tu ropa manchada de sangre. Pronto serán tus manos, tu espada, tu cuerpo entero estará bañado por la sangre de tus enemigos y aliados. Dejarás atrás miles de cuerpos, miles y miles. Eres un caballero, así que estoy seguro de que ya estás acostumbrado a hacerlo. ¿Pero será lo mismo cuando se trate de los cuerpos de Ricardo, Mimi, Hetaro, Tivey… Joshua… y Anastasia? Cargarás con la culpa… Cargarás con el dolor del fracaso… Tú, el gran caballero de una candidata a la realeza del país al que sirves…"
"¿Subaru, de qué hablas?" Con más firmeza que antes, Julius repitió la pregunta.
"Te mancharás de sangre… ¡Cómo yo! ¡Tú y yo habremos fracasado! ¡Seremos iguales! ¡Sin importar que tú seas el caballero y yo el inútil empleado! ¡Ambos fracasaremos! Y todo…"
"¿Subaru…?"
"¡Y todo porque no me dejaste morir! ¡Ambos cargaremos con el dolor y la culpa! ¡Así que habría sido mejor si me hubieras dejado morir! ¡Ese era el único camino que quedaba! ¡¿No lo entiendes?! ¡Con mi muerte lo habríamos evitado! Pero ahora es demasiado tarde… En cualquier momento empezará, estoy seguro. Mi maldita, eterna debilidad, nos llevó a esto una vez más… Y tú… ¡Tú me quitaste el único camino que me quedaba!"
"¡Subaru!" Con un llamado tan firme que podría haber sido confundido con un grito, Julius detuvo a Subaru mientras divagaba incoherentemente. "No sé de qué hablas, y espero que puedas explicarte una vez te calmes. Pero, por ahora, debes empezar por entender que tu muerte no habría solucionado nada."
"¿Nada…?" Con un genuino gesto de confusión, Subaru finalmente detuvo su rabieta enloquecida. "Nada… Claro, para ti las cosas pueden ser así. Pero para mí…" Antes de seguir, Subaru se detuvo, sus dudas una vez más le estaban impidiendo decir lo que tenía que decir… No me va a creer… "No lo entenderías…"
"¿Entender? ¿Qué tengo que entender? La muerte es el fin, no existe magia o poder capaz de regresarte la vida que has perdido. Solo existe una persona con un poder similar, y lo posee solo por ser quien es." Un gesto agridulce se formó en el rostro de Julius. Subaru no era capaz de entender lo que pasaba por la cabeza de Julius. Sin embargo, ese no era momento para intentar hacerlo.
"Ya te lo dije, no lo entenderías. Dudo que exista alguien capaz de hacerlo, y con ello me incluyo a mí mismo. Lo único que debes saber, es que la muerte era mi único camino, nuestro único camino. Ahora tendremos que soportar las causas de no haberlo tomado. Estoy seguro de que para este punto ya es demasiado tarde… Y si no lo es, estoy seguro de que no me dejarás morir, por mucho que te lo suplique. ¿O estoy equivocado?"
"No lo estás… Subaru, no sé qué esté pasando por tu cabeza, pero voy a repetirlo. La muerte no es el camino."
"¡Ya te lo dije, necio caballero! ¡Para mí, sí! ¡Para mí sí!" Empezando a sentirse fastidiado, Subaru siguió presionando con su punto. Ganar esa discusión era lo único que le quedaba por ganar…
"Aceptar tu muerte, o peor, ser el causante de tu propia muerte, no es diferente a rendirse. ¿Eso estás haciendo? ¿Te estás rindiendo? ¿Estás escapando de lo que sea que te puso en tu actual estado? ¿Acaso es la muerte la única salida que pueden alcanzar a ver tus ciegos ojos?" Mostrando genuino interés, el Amable Caballero formuló pregunta tras pregunta. Y sin saberlo, cada pregunta golpeó profundamente a Subaru, que odiaba que alguien le señalara lo que ya sabía.
"¿Rendirme…? ¿Huir…? Tal vez…" Con un profundo lamento abandonando su garganta, Subaru agachó la cabeza. Odiaba a Julius por decirlo, y se odiaba a sí mismo por ser incapaz de contradecirlo.
"Esa es la salida fácil." Añadió Julius, con firmeza.
"¿Fácil?" Por primera vez en toda la conversación, Subaru levantó firmemente su rostro y miró con fuerza a Julius. Ira estaba corriendo por sus venas, calentando su cuerpo al punto de la fundición. "Rendirse puede ser el camino fácil, escapar puede ser la salida de los cobardes. No seré tan hipócrita como para negártelo. Pero… ¿Acaso crees que morir es fácil? ¿Acaso eres tan cerrado de mente como para creer que aceptar la muerte es algo fácil?"
"Depende de…" Julius estaba por contraargumentar, pero Subaru no lo dejó.
"¡No lo es! ¡Maldita sea! ¡No lo es! ¡Aceptar tu propia muerte es una mierda! ¡Aceptar que es el único camino, es frustrante y doloroso! ¡La muerte es puro sufrimiento! ¡Sobre todo si eres tú mismo el que la llevas a cabo!" Terribles recuerdos de un filoso pedazo de metal atravesando su garganta pasaron por su mente, causando que sufriera espasmos en su manos. "¡Desearía que hubiera otra forma! ¡Desearía no tener que aceptar que morir es el único camino! ¡Pero no hay de otra! ¿Saber por qué? ¡Porque es el único camino resultante de mis propias acciones! ¡Mi débil yo causó todo esto! ¡Yo! ¡Solo yo! ¡Estúpido yo que es incapaz de hacer lo necesario! ¡Incapaz yo, que no puede hacer más que lamentarse por sus propias debilidades! Cobarde yo… que no ha hecho más que quebrarse cada vez que intento cambiar el curso que inevitablemente llevará a un infierno."
"Insisto, la muerte no es el camino. Sin importar que tan cerrado percibas el panorama. La muerte no es un camino. Siempre habrá otro camino que tomar, solo debes buscar sin perder la determinación. Y si en verdad no lo hay, solo queda forjar el camino con tus propias manos. Así que me niego a aceptar tu lógica." Respirando profundamente, Julius estiró su mano hacia Subaru. "Puede que no te conozca lo suficiente como para intentar ponerme en tu lugar y pretender que te comprendo. Pero he visto tu mirada, una mirada cargada de determinación. Claro, además de determinación, percibo miedo, duda y frustración. Pero sobre todo ello, existe una gran determinación que te impide estancarte."
"Estoy seguro de que viste mal." Respondió Subaru, rechazando la mano de Julius. "Yo soy alguien que solo es capaz de huir, alguien que usa sus debilidades como excusa para sentarse y lamentar todo lo que no es capaz de hacer. En mí no hay tal cosa como la determinación." Oprimiendo con fuerza sus puños, Subaru negó la afirmación de Julius con voz ronca.
"Apareciste de la nada, sin conocimiento aparente sobre Lugunica u otro de los países vecinos. Buscaste comerciantes y artesanos, que estuvieran dispuestos a ayudarte, sin obtener nada por semanas, y aun así no te rendiste. Te esforzarte por darle vida a artilugios carentes de un mercado, y con ayuda de tus compañeros erigiste un negocio improbable en menos de un mes… Eso es lo que escuché sobre los resultados de la investigación realizada por Anastasia-sama sobre ti y tu pasado."
"¿Qué tiene que ver eso con nada?"
"Te esforzaste por aprender la escritura, la cultura local y sobre negocios y comercio; aun cuando no son tu fuerte. Aceptaste la oferta de Anastasia-sama sin dudarlo y apuraste todos los procedimientos para comenzar la Operación Reinvención lo antes posible. Además, has creado al menos veinte diseños de artilugios completamente innovadores. Todo en menos de cinco meses."
"¿Por qué estás al tanto de todo eso? ¡No soy nadie! ¿Por qué me has prestado tanta atención?"
"No solo yo. Anastasia-sama y muchas personas han sido atraídas por el misterio que te rodea. Para muchos eres el nuevo Hoshin del Desierto, una persona completamente fuera de lo normal. Por lo tanto, es esperable que incluso alguien como yo tenga curiosidad. ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué buscas? Estoy seguro de que has escuchado esas preguntas muchas veces…"
"¿Qué con eso? Ya te lo dije, no soy nadie. Todas mis ideas son tomadas de gente realmente ingeniosa de donde vengo. Así que nada de eso importa…" Subaru todavía recordaba lo que Anastasia le dijo antes de su última muerte; que sus ideas eran suyas y de nadie más. Sin embargo, ahora que estaba en un agujero de mierda creado por sí mismo, era difícil aceptar esas palabras indulgentes.
"Dejando de lado lo relacionado con el origen de tus ideas y tu lugar de procedencia, en el punto al que quiero llegar es ese."
"¿Cuál? ¡Julius, deja de jugar conmigo!" Fastidiado por la manera indirecta de hablar de Julius, Subaru lo presionó para que dijera lo que tenía que decir de una vez por todas.
"Todo lo que dije." Con firmeza, Julius insistió en su punto, como si fuera obvio. Entonces, notando que Subaru seguía sin entender, siguió hablando. "Aparentemente necesitas que te lo diga… En estos cuatro meses has trabajado sin parar, obteniendo incluso un contrato con Anastasia-sama. Has luchado por adaptarte al nuevo entorno, has aprendido de un negocio del cual apenas conocías y aun así, ya eres considerado el nuevo Hoshin del Desierto. Tu determinación te ha traído hasta aquí, este lugar y momento, con nosotros, con Anastasia-sama. ¿Realmente estás dispuesto a hacer que todos esos esfuerzos hayan sido en vano, por lo que sea que te tenga en tu estado actual? ¿Te rendirás tan fácilmente? ¿Fallarás a las expectativas de mi ama, que confió en ti? ¿Fallarás a la determinación que se asoma por tu mirada, sin dejarse nublar por las dudas, miedos y frustraciones?"
"Yo…" Carente de palabras, Subaru miró a Julius con la mirada vacía.
"La determinación que vi en ti, no puede haber sido completamente en vano…" Peinando su flequillo elegantemente, Julius miró a Subaru con firmeza y determinación dignas del Caballero entre caballeros.
"Yo…" Subaru lo recordó.
El dolor de ser asesinado por Elsa, él dejando todo en manos de Reinhard, él buscando ganarse su vida con las ideas de su mundo, él vendiendo su teléfono celular y buscando apoyo de un artesano o comerciante para comenzar su proyecto comercial. Recordó las noches cargadas de miedo, los días cargados de incertidumbre.
Recordó los días enteros dedicados a dibujar diseños junto a Leith, recordó las noches enteras realizando planes comerciales junto a Otto, recordó las semanas invertidas ayudando a Leith a darle vida a los diseños. Recordó los esfuerzos invertidos por oficializar su negocio, para poder llevar acabo su alianza con Anastasia. Recordó su promesa de alcanzar un final feliz. Recordó su promesa de ayudar a Anastasia a conseguir lo mismo.
Aún más atrás, su hilo de recuerdos viajó hasta antes de llegar a ese mundo. Recordó cuanto se esforzaron sus padres para sacarlo de su habitación… Recordó cuanto los hizo sufrir por alejarlos de él. Recordó que todo sucedió, por ser incapaz de ser como su padre… Recordó que todo sucedió por su inacción… Sus padres, a los que nunca escuchó… Su madre, de la que nunca se despidió…
Y después de todo ese tiempo, aun después de haber reconocido la existencia de sus debilidades, aún seguía actuando igual. Permitiendo que su falta de acción lo definiera, permitiéndose escapar cada vez que las cosas no salen de la manera en que lo espera. Aun después de dedicarse en cuerpo y alma al proyecto que comenzó con Otto y Leith, ¿seguiría cometiendo los mismos errores?
Tal vez las ideas no eran suyas, pero Anastasia tenía razón… Ahora que se encontraba en ese mundo, sus reinvenciones inevitablemente tendrían parte de él. ¿Sería correcto renunciar, cuando parte de él ahora estaba invertida en sus ideas, diseño y artículos reinventados? ¿Sería correcto renunciar luego de meter a Leith y Otto junto con él en el mismo barco? ¿Sería correcto decepcionar a Anastasia, que tenía grandes expectativas en él?
Claro, morir no sería lo mismo que renunciar. Él puede revivir… Pero, al ver el gesto decidido de Julius al hablar de la determinación que vio en él. Al verlo salvar su vida, negándose posteriormente a dejarlo morir. Al presenciar a Anastasia regresar por él, para terminar con su vida y la de Mimi destruidas. ¿Sería capaz de decir que morir no sería renunciar y dejarlos atrás?
¿Qué le aseguraba que al morir, ellos no seguirían su camino junto a un fallecido Subaru? ¿Era acaso su Retorno por Muerte un cambio de dimensión, o un regreso en el tiempo que borra todo lo que ocurre tras su muerte? No había forma de que pudiera dar con la respuesta, por lo que existía incertidumbre… ¿Acaso podría él despreciar los gestos afables de las personas de ese mundo hacia su vida? Sabiendo que existe la posibilidad de que tras su muerte, solo queden ellos atrás, lidiando con las consecuencias de sus pecados.
"¿La muerte no es el camino…?" Si la muerte no era el camino, entonces tendría que luchar. ¿Era acaso ese el correcto curso de acción? Subaru no lo sabía, pero al ver la determinación de Julius, que aclamaba ver determinación en él, sentía que traicionar sus expectativas, como las de Anastasia, sería despreciable por parte de él. Pero, entonces, si la muerte no es el camino…
"No, no lo es. Así que levántate y lucha contra lo que sea que te puso de rodillas. Y si sientes que tu solo no puedes, entonces no dudes en pedir prestada mi espada. Ahora somos aliados, como hombres bajo el mando de Anastasia-sama. Así que es mi deber asegurarme de que puedas cumplir las expectativas de mi ama y la ayudes a alcanzar sus objetivos." Notando el cambio de actitud en Subaru, Julius agachó ligeramente su cabeza y ofreció de nuevo su apoyo a Subaru.
"¿Acaso crees que todo se puede solucionar con las espada, Julius?" Con sarcasmo, Subaru cuestionó a Julius, que abrió ampliamente sus ojos de manera sorpresiva, como percatándose de su error de juicio. Pero antes de que el caballero se disculpara por ello, Subaru añadió. "Por suerte para ambos, el problema que me aflige definitivamente podría ser tratado con la ayuda de tu espada…"
"Me alegra escucharlo." Expresó el caballero, sonriendo con su expresión digna típica. "Ahora, ¿podrías explicarme lo que afirmaste antes? Sobre la muerte de Anastasia-sama, los líderes del Colmillo de Hierro e incluso mi hermano. Por lo que te he escuchado decir, me parece que está relacionado con lo que sea que te aflige. ¿Estoy equivocado?"
"No. No lo estás…" Ese era el momento, no podía seguir relegándolo. ¿Miedos? ¿Dudas? ¿Debilidades? Un nuevo camino acaba de ser abierto frente a él, era momento de dejar de lado todo eso y decir lo que había sido incapaz hasta ese momento. "Hay algo que he estado intentando decirle a Anastasia, pero no he podido…"
"Lo sé." Respondió Julius, asintiendo.
"Mi debilidad, la debilidad de mi mente, de mi espíritu y de mi corazón, me impidió decirlo antes, pero… Aprovecharé que estás dispuesto a escucharme y sacaré todo de mi pecho." Tomando aire, Subaru se preparó para revelar lo que había sido incapaz de decir.
¿Acaso volvería a fallar? ¿Volvería a quebrarse? No, no podía darse ese lujo. No después de todo lo que le dijo Julius. Si es que acaso era cierto que podía ver determinación en su mirada, entonces él deseaba poder vivir conforme a las expectativas del caballero. Lo mismo respecto a las expectativas de Anastasia. Ser menos que eso, sería traicionar todos los esfuerzos que llevó a cabo junto a Leith y Otto. Sería defraudar a sus padres, que lo amaban y deseaban ayudarlo, una vez más. Por eso…
"Dime todo lo que tengas que decir, Subaru. Yo te escucharé en silencio. Una vez termines, podremos pensar sobre cuál sería el mejor curso de acción a tomar." Como el caballero confiable que era, Julius se preparó para escucharlo.
"Julius… Van a venir… Unas as-… ¡Argh!" Los recuerdos fluyeron en él. El dolor de la tortura, el dolor de la muerte, el dolor de la soledad… Su estómago se revolvió, las náuseas causaron que se tambaleara. Su frente se bañó en sudor frío, su piel empalideció y en las comisuras de sus ojos se empezaron a formar gruesas lágrimas.
Su mente se estaba quebrando. El trauma grabado en su mente tras la tortura era tan profundo, que solo intentar mencionarlo sacudía su cuerpo por completo. Esa era la debilidad que lo estaba deteniendo, la debilidad grabada por Elsa en lo profundo de su corazón. Y eso no era todo… ¿Y si no me cree? ¿Y si piensa que sé al respecto porque estoy confabulado con Elsa y Meili? ¿Y si todo esto es en vano? Las dudas, una a una, volvieron a acumularse en su interior. Pieza a pieza, Subaru se comenzó a caer en pedazos.
Su mente, nublada por las dudas. Su corazón, oprimido por el trauma. Su espíritu, corrompido por el dolor y el miedo. Subaru sabía que mientras su estado se mantuviera de esa manera, hablar sobre lo que está por ocurrir sería imposible sin salir gravemente lastimado psicológica y emocionalmente en el proceso. Lo sabía… Pero también sabía que si no lo hacía, si permitía que ello lo detuviera, entonces toda la gente que lo acompañaba, toda la gente que había sido amable con él, toda la gente había colocado expectativas en él, moriría o sería abrazada por la desgracia.
No importa si no me creen. No importa si empeoro todo. No importa si es muy tarde. Diré que lo que he sabido todo este tiempo que tengo que decir, sin importar que suceda a partir de aquí. Lo que sea que suceda, tiene que ser mejor que el infierno que presencié antes de mí última muerte. Luchando contra las dudas que se aglomeraban dentro de él, Subaru se forzó a seguir hablando.
"Vendrá…" Con sus ojos enrojecidos, Subaru siguió luchando contra su debilidad. Ese era el segundo paso… El primero era reconocer sus debilidades, el cual dio el momento en que aceptó que lo sucedido en el bazar lo sobrepasaba y dejó todo en manos del Santo de la Espada. Ahora era el momento de dar el siguiente paso, y hacer algo respecto a sus debilidades; usarlas como excusa ya no era opción. "Vendrán dos per-sonas…" Hizo otra pausa, buscando palabras que se alejaran lo más posible de los dolorosos recuerdos de sus anteriores muertes. "Una n-niña y una mu-jer…" Cada palabra que salía de su boca, se sentía como su un cuchillo fuera clavado en su pecho. "Ambas son… as… as… ases… ase-sinas… Y… entra-rán a la ci-udad… por el alcanta-rillado… j-junto a un g-grupo de mab-estias…" Los ojos de Julius se abrieron con fuerza, pero el caballero se abstuvo de detenerlo, cosa que Subaru agradeció en silencio; de haberlo detenido, continuar habría sido imposible. "Y-Yo soy… su objetivo… P-pero, tam-bién atacarán a… ¡Anastasia!" Sintiendo un peso desaparecer de sus hombros, Subaru terminó de decir lo que tenía que decir, mientras comenzaba a toser violentamente.
"¿Dos asesinas han sido contratadas para matarte, pero también atacarán a Anastasia-sama y al resto de la facción?" Resumiendo las palabras de Subaru, Julius se aseguró de haber comprendido el mensaje repitiéndolo. Subaru, que seguía tosiendo con expresión agónica, asintió. "¿Y a qué te referías antes con que es demasiado tarde? ¿Crees que están por atacar?" Subaru, que finalmente estaba comenzando a recuperarse, volvió a asentir. "Subaru…" Un cambio en el ambiente provocó que Subaru mirara a Julius, con lo que se encontró, era una de las fuentes de sus dudas. "¿Cómo sabes todo esto? ¿Dónde obtuviste toda esta información? Estoy dispuesto a creerte, pero necesito que me respondas eso."
No había de otra… La duda era visible en el rostro de Julius, pero estaba claro que, de momento, estaba dispuesto a creer en su palabra. ¿Tan altas eran sus expectativas sobre él? Si ese era el caso, entonces Subaru llegaría todo lo lejos que podría llegar. Ya no tenía nada que perder, de todas formas. Al demonio con todo, pensó.
Si finalmente había logrado advertir sobre el ataque de Elsa y Meili, hablar sobre su habilidad de volver en el tiempo tras su muerte debería ser relativamente fácil. Igualmente, si no había hablado de su habilidad, eso se debía a que no había tenido la necesidad y no quería que la gente dudara de su cordura. Pero en la situación en que se hallaba, eso era lo de menos. Que pase lo que tenga que pasar, pensó Subaru, dispuesto a revelar la razón de su conocimiento sobre sucesos futuros.
"Julius, es posible que tu confianza en mí se desvanezca por completo al escuchar el como sé sobre ello. Aun así te lo diré, espero que escuches lo que tengo que decir con mente abierta." Julius, con expresión seria, aceptó. "Nunca se lo he dicho a nadie, pero la razón por la que sé sobre el ataque es porque… puedo regresar tras mor-"
Julius no reaccionó. De hecho, no se movió del todo. Tuvieron que pasar varios segundos para que Subaru se percatara. El tiempo se había detenido por completo, incluyéndolo a él. El polvo en el aire, la sensación del viento, los sonidos de la gente en el hotel, incluso su respiración. Lo único que estaba movilizándose en ese momento era el correr de sus pensamientos. ¿Acaso era igual para Julius?
Subaru se vio en la necesidad de abandonar ese hilo de pensamientos cuando se percató de que algo estaba cambiando en la habitación congelada en el tiempo. Era una sombra, una sombra que se estaba materializando frente a él. ¿Qué demonios? Pensó, incapaz de apartar la mirada de la sombra. Algo dentro de él le indicaba que esa no era la primera vez que veía ese sombra; se sentía como un déjà vu.
Sin embargo, estaba seguro de que fuera lo que fuera, su vida corría peligro ante ella. Poco a poco, como el fluctuar de la tinta en el agua, la sombra se fue acercando a él, ganando la forma de una mano. Cinco dedos eran visibles, pero el resto del brazo no era más que un flujo de sombras que palpitaban, dando la sensación de que se trataba de algo tóxico.
La sombra en forma de mano avanzó hasta tocar su pecho… No, la sombra atravesó su pecho. Entrando en pánico, Subaru trató de sacudirse, revolcarse, lo que fuera para poder impedir el paso de la mano negra. Pero todo fue inútil, su cuerpo no se movió en lo más mínimo. Con terror hacia lo que estuviera por suceder, Subaru siguió con la mirada fija en el rostro congelado de Julius, incapaz de comprobar el estado de su pecho atravesado por la sombra.
Por un momento que se sintió como una eternidad, absolutamente nada ocurrió. El flujo de la sombra que desaparecía tras su pecho permaneció estático. Sin embargo, todo cambió tan rápidamente que su cerebro tuvo problemas para procesar el cambio por varios segundos. Cuando lo hizo, una ola de dolor, proveniente de su pecho, lo asoló por completo.
Su hubiera tenido voz, su grito habría podido ser escuchado en cada rincón de Priestella. El dolor que surgió en el interior de su pecho fue tan grande, que de no ser porque el tiempo se hallaba detenido, se habría desplomado ahí mismo, carente de vida. Deseaba retorcerse, deseaba negarse, deseaba resistirse, pero no le quedaba de otra que aceptar la tortura que la sombra le estaba infligiendo en completa obediencia.
El dolor en su pecho, el dolor en su corazón, se compraba a que lo estuvieran oprimiendo con toda la fuerza de una máquina industrial. Por varios agónicos minutos, la mano sombría hizo de su corazón su juguete. Subaru, inevitablemente, recordó la tortura que sufrió a manos de Elsa. Al principio la desesperación y la locura se apoderaron de sus pensamientos, pero, poco a poco, se fue acostumbrando.
Era un dolor enloquecedor, tan terrible como puede llegar a sentirse el que tu corazón sea aplastado. Aun así, eventualmente Subaru empezó a percatarse de que la tortura de Elsa llevó el dolor y el sufrimiento a otro nivel, uno que la mano sombría había fallado alcanzar. Sentir la piel siendo rasgada, sentir tus extremidades siendo rebanadas, sentir tu cuero cabelludo siendo cortado como una lámina de piel, sentir tus órganos siendo arrancados. Todo mientras aún se está en vida. Un dolor suficiente como para quebrarte por completo. La tortura de la mano, aunque increíblemente dolorosa, aún no se le comparaba…
Entonces, con su mente comenzando a aclararse, Subaru sintió algo dentro de él. Un fragmento que se encontraba escondido dentro de él, esperando el momento correcto para mostrarse. "Te odio… Te odio… Te odio…" Como un mantra, ese fragmento de su mente comenzó a expresar odio hacia la sombra que lo estaba torturando. Y antes de que Subaru pudiera comenzar a cuestionarse al respecto, el nivel de dolor aumentó; no, describirlo así sería quedarse corto, extremadamente corto. Al parecer, la mano sombría había reaccionado ante los sentimientos de la pieza de su mente fragmentada.
Su espíritu, mente y corazón, todo lo que representaba su ser, Natsuki Subaru, se fragmentó en miles de pedazos que el aire se llevó. Su corazón, que había latido para mantenerlo con vida a lo largo de su existencia, fue aplastado hasta que no quedó más que una plasta de carne sanguinolenta… Subaru, cuya mente era incapaz de procesar todo el sufrimiento que lo estaba atormentando, escuchó una voz. Escuchó una voz gritarle con celos, antes de que todo se volviera blanco en su mente. "¡Ámame, Subaru!"
