La Determinación del Atormentado

Ocho horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)

"… Nunca se lo he dicho a nadie, pero la razón por la que sé sobre el ataque es porque… puedo regresar tras mor-" Julius se había comprometido con prestarle ayuda a Subaru, por eso, a pesar de que las dudas lo estaban asolando, estaba dispuesto a escuchar a Subaru. Su honor como caballero se lo obligaba. "¡Arggggggghhhh!" Sin embargo, en vez de obtener la respuesta que buscaba, el semblante de Subaru cambió en un instante.

El chico inventor, bajo ningún concepto, había mantenido una actitud del todo estable. A lo largo de la conversación, como una persona al borde de colapso, gritó, hizo rabietas y se lamentó. Pero lo que estaba viendo iba más allá de todo lo que pudo haber visto a lo largo de la conversación. Julius, que se esforzaba por mostrar un semblante digno y compuesto día y noche, dejó salir un involuntario gesto de asombro.

Gritos de agonía, como solo había escuchado durante las peores torturas, llegaron a sus oídos. Subaru, que se había mantenido arrodillado frente a él hasta hace solo un momento, ahora se revolcaba sobre el piso. Con una mueca de angustia, Subaru tomó su pecho con ambas manos, justo encima de donde se encontraba su corazón. Con espuma acumulándose en las comisuras de sus labios y sus ojos en blanco, Subaru convulsionó violentamente.

A Julius le hubiera gustado afirmar que se trataba de un acto. La posibilidad de que Subaru estuviera actuando para ocultar algo, entre ello intenciones siniestras, fue un tema que ya había discutido ampliamente junto a los líderes del Colmillo de Hierro. Ricardo, Tivey, Hetaro y Mimi parecían tener fuertes dudas. Aun así, la opinión de los trillizos estaba inclinada a la idea de que Subaru no estaba actuando. Ricardo, por el contrario, se negaba a dejar que Subaru se mantuviera en el hotel.

Él, por su lado, se mantenía en una posición más neutral. Estaba dispuesto a esperar pacientemente mientras vigilaba a Subaru, al igual que su ama. Por eso mismo Anastasia lo había enviado a la habitación de Subaru, con el objetivo de ver si podían sacarle algo. Tal vez ella misma habría ido, de no ser por la resistencia de Ricardo. Debido a que Subaru parecía mantener un nivel normal de consciencia sobre lo que lo rodeaba, representaba un peligro hacia su señora.

Pero ahora la situación era distinta, y lo obligaba a actuar rápidamente. Ninguno de los síntomas que presentaba Subaru parecían obra de una actuación, claramente él estaba sufriendo una especie de tortura indescriptible. Julius se dispuso a ayudarlo, cuando notó algo que lo detuvo sobre sus pasos por un instante. Era sangre, sangre estaba saliendo de la garganta de Subaru… no.

No solo de su garganta. De sus lagrimales, como si de un llanto infernal se tratara, gotas de sangre comenzaron a surgir. Y la hemorragia no se detuvo allí, pues sangre también empezó a borbotear de su nariz y oídos. El rostro de Subaru pronto estuvo bañado en sangre, lo que elevó la urgencia de Julius al límite.

Tomando un pedazo de la cuerda con la que Subaru se había intentado suicidar, Julius se lanzó sobre él y le abrió la boca. Tras insertar la tela en la boca de Subaru, con el fin de que no se mordiera la lengua, Julius llamó a uno de los mercenarios del Colmillo de Hierro que lo habían acompañado. Eran dos hombres, y cada uno se quedó fuera de la habitación para montar guardia en caso de que algo sucediera. Por suerte, uno de ellos era usuario de magia curativa.

"¿Julius-sama?" Respondió uno de ellos, asomándose por el umbral de entrada de la habitación.

"¡Ruth, necesito que le apliques magia curativa inmediatamente!" Sin tiempo como para explicar la situación, Julius llamó por su nombre al usuario de magia curativa. El demi-humano con el uniforme blanco y naranja del Colmillo de Hierro se acercó a ellos y comenzó a aplicar su magia, con lo que las convulsiones y el sangrado de Subaru se empezaron a detener paulatinamente.

Reaccionando abruptamente, Subaru regresó en sí, alejándose de Julius y el mercenario que lo estaba curando. Tosiendo violentamente, Subaru expulsó instintivamente el pedazo de tela de su boca, como si su cuerpo se negara por completo a aceptar el extraño objeto. Por la forma en que reaccionó, Julius no pudo sino pensar que había algo más detrás de esa acción, aunque no le dio mucha vuelta al asunto debido a la situación.

Subaru, tambaleándose, se apoyó con sus manos sobre el piso, vomitando coágulos de sangre que se habían acumulado en su garganta. Con sus ojos teñidos de rojo por los múltiples vasos sanguinos inflamados, Subaru miró a Julius. Mostrando una imagen considerablemente perturbadora, Subaru se mantuvo quieto, mientras parecía procesar todo lo que acababa de ocurrirle.

"No puedo…" Dijo abruptamente. Su semblante estaba gobernado por una imagen de desesperación, que bien podría pertenecer a la de alguien rogando por su vida antes de morir. "No puedo decirte como lo sé." Añadió, bajando su mirada. Sus nudillos estaban blancos, debido a la fuerza que estaba imprimiendo en sus puños.

¿Será acaso un engaño muy bien elaborado? Se cuestionó Julius, mientras observaba a Subaru. Claro, la hemorragia que acababa de azotar a Subaru difícilmente podría considerada un acto. Sin embargo, no sería el primer caso de un espía o asesino llevando extremadamente lejos su acto para poder ganarse la confianza de su objetivo, incluso a costa de arriesgar su propia vida. Aun así, las mismas dudas de Julius eran enterradas bajo más dudas.

¿Con que fin se causaría tanto daño a sí mismo, si todo fuera un acto? ¿Acaso no existen maneras más efectivas y eficientes para acercarse al enemigo mientras se lo hace bajar la guardia? Al menos Subaru, carente de un pasado y lugar de origen, podría ofrecer miles de coartadas que difícilmente podrían ser negadas en el acto. Así que… ¿Era todo cierto? En ese caso…

"¿Subaru, que te está causando todo esto? ¿Es que acaso las múltiples hemorragias fueron producto de que intentaras hablar?" ¿Qué ente o ser tenía a Subaru en ese estado? Primero fue el ataque de pánico dentro del carruaje, que casi lo llevó a morir ahogado en su propio vómito. Ahora fue asediado por múltiples hemorragias internas que bien pudieron haber acabado con su vida.

"No sé…" Mostrándose perdido, Subaru negó con su cabeza, mientras respondía carente de toda confianza. La situación cada vez era más compleja y Julius no sabía cómo lidiar con ella. ¿Debía confiar en Subaru? ¿Debía desconfiar de él? Cualquiera que fuera la respuesta, era necesario que actuara rápido. Si el ataque que mencionó Subaru ocurría, su deber era estar al lado de su señora y protegerla.

"Subaru… No sé cómo lidiar contigo. ¿Debería colocarte una escolta y dejarte bajo arresto en esta habitación? ¿O debería llevarte junto a Anastasia para que puedas darnos más información respecto a lo que dijiste? ¿Estás de nuestro lado? ¿O eres un agente de los asesinos de los que hablas? ¿O eres un espía que quiere distraernos hablando de un ataque que no ocurrirá?" Expresando sus dudas, Julius cuestionó a Subaru, que seguía mirando directo al suelo. Tras un momento, Subaru pareció encontrar la fuerza para responder.

"¡¿Crees que te lo habría dicho si estuviera confabulado con las asesinas?! ¡Te lo juro, Julius! ¡Lo único que quiero de todo esto es evitar que personas inocentes mueran por mi culpa! ¡Yo soy a quien buscan, pero como ya te dije, no se detendrán solo conmigo!" Entrando en desesperación, Subaru se arrastró hacia él, dejando tras de sí un camino de sangre. Su rostro, contorsionado, lo miró directo a los ojos. "¡Te lo suplico! ¡Confía en mí! Por favor… No me cierres el último camino que me queda…"

"Un mal paso." Respondió Julius, manteniendo su mirada sobre los ojos de Subaru. "Un mal paso, una mala decisión, un mal juicio de mi parte. Con eso bastaría para que la vida de Anastasia-sama sea expuesta al peligro. No es que quiera o no creerte, Subaru. Simplemente no puedo permitirme tomar una decisión errónea que me lleve a fallarle a mi ama…"

"Julius…" Con un gemido suplicante, Subaru lo llamó por su nombre. Su mente parecía haberse aclarado, y aun así, se negaba a prestarle atención a su precario estado. La determinación que había visto en su mirada, aunque nublada por multitud de emociones negativas, se encontraba allí. Finalmente, Julius tomó una decisión.

"Te creeré. No quiero que me decepciones, Subaru Natsuki. O yo mismo me aseguraré de finalizar tu vida con el filo de mi espada." Firmemente, el Caballero Amable exclamó su juicio.


Nueve horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)

"¡¿Estás seguro de esto, Julius?!" Con una voz ruidosa como un trueno, Ricardo expresó su duda hacia el juicio de su compañero. Julius acababa de informarlos respecto a lo que ocurrió en la habitación de Subaru. El otro actor involucrado se encontraba a su lado, mientras seguía siendo tratado por un miembro de la facción de Anastasia.

"Ya te lo dije. Decidí creer en la palabra de Subaru. Por eso necesito que reúnas a todos los miembros del Colmillo de Hierro, esparcidos por Priestella, aquí en el hotel, lo más pronto posible. No sabemos en qué momento atacarán, pero bien podría ser esta misma noche." Expresando su decisión con firmeza, Julius solicitó la colaboración del demi-humano con facciones de lobo.

"¡Espera, espera! Julius, lo repetiré de nuevo, ¿estás seguro de esto? Lo que me estás pidiendo no es algo fácil de llevar a cabo. Además, ¿estás consciente del peligro que puede representar reunir a todos mis hombres en un mismo punto? ¡Claro que lo sabes! Ahora que una candidata a la realeza se encuentra en una ciudad fronteriza como esta, podríamos exponer a Priestella entera a un ataque. Lo que sería completamente contraproducente, aún si fuera cierto lo que dice el chico."

"Entrarán por el alcantarillado y su único objetivo es el hotel y sus alrededores. Así es, ¿no, Subaru?" Julius cuestionó a Subaru, que inmediatamente volvió a mirarlo. A lo largo del camino hacia el lugar en que se encontraban, y con un poco más de confianza, Subaru había logrado reunir la fuerza para explicarle un poco mejor a Julius sobre el ataque…

Durante el camino también había tenido tiempo para analizar con más detenimiento la información que obtuvo antes y durante sus anteriores dos muertes. Soportando las náuseas que le provocaban los recuerdos, Subaru exprimió lo más posible cada uno de ellos. Su primera pista surgió de un recuerdo especialmente doloroso.

Elsa, antes de hacer que la mabestia se lo comiera vivo, le entregó un último mensaje. Sus recuerdos se encontraban borrosos debido a la situación, pero el mansaje más o menos era que él había cometido un error, había tomado el camino equivocado y que quien había contratado a las asesinas se encargaría de que cumpliera lo que decía un libro. ¿Quién había contratado a las asesinas y enviado ese mensaje? ¿A cuál error se refería? ¿Cuál era la decisión equivocada? ¿Cuál era la decisión correcta? ¿A qué libro se refería? ¿Cuál era el propósito de ese mensaje…?

Subaru no tenía respuesta para ninguna de esas preguntas, por lo que solo le quedaba divagar respecto a ello. Aunque eso, en el estado en que se encontraba, aún era considerablemente complicado. Aun así, tras pensarlo un momento, llegó a una conclusión. El ataque estaba relacionado con su pacto comercial con Anastasia. Realmente era lo único que había hecho desde que llegó a ese mundo, que podría llevar a alguien a enviar asesinos a por él.

¿Acaso se trataba de un comerciante o empresa rival de Anastasia, el cual deseaba formar una alianza con él? Eso podría explicar lo de la decisión incorrecta, pero seguía sin tener idea alguna sobre a qué libro se refería. Tras un rato más dándole vuelta al asunto, Subaru decidió dejarlo de lado y concentrarse en otro tema.

La roca esmeralda. ¿Qué era? ¿Por qué parecía capaz de evitar su muerte sin importar lo que le hicieran a su cuerpo? Aparentemente, esa roca era la herramienta usada por las asesinas, para poder llevar a cabo sus terribles torturas sin matar a sus víctimas en medio del proceso. Una manera horrible de utilizar un objeto mágico tan valioso, concluyó él.

Fue entonces que su hilo de pensamientos se vio interrumpido por su llegada al comedor, donde se encontraba Ricardo junto a los dos varones del grupo de trillizos. Aparentemente Anastasia se encontraba aún en la reunión que Julius había mencionado, por lo que el caballero aprovechó para presentarle la información al demi-humano ruidoso, el cual, acorde a su personalidad, reaccionó gritando…

Subaru asintió ante la pregunta de Julius. No podía estar completamente seguro de que las asesinas no atacarían otras zonas de la ciudad, sin embargo, estaba bastante convencido de que ese no sería el caso. ¿Por qué? Porque durante el primer ataque, Meili parecía bastante interesada en que nadie se acercara al callejón en el que se encontraban; indicando que probablemente no habían interferido fuera de éste. Otra razón sería que hasta ahora, tras sus dos muertes desde la llegada a Priestella, Subaru nunca escuchó a las asesinas hablar de más refuerzos además de las mabestias de Meili.

Claro, no dejaba de ser un tiro con los ojos cerrados. Si salía mal, podría costar la vida de muchísimas personas. Aun así, realmente la situación requería tomar el riesgo. Y, en el peor de los casos, no quedaría de otra que tomar el único camino restante: su muerte. Si había una posibilidad de evitar que la tragedia ocurriera de nuevo, lo correcto sería tomarla. Estaba completamente convencido de ello.

"¡¿Y cómo carajos sabe él todo eso?!" Rugió Ricardo, provocando que Subaru se sobresaltara.

"No puede decirlo." Ante la afirmación de Julius, el gesto de Ricardo se volvió más severo. "Parece que tiene una especie de maldición o sello mágico que le impide hacerlo. Yo lo vi con mis propios ojos, Ricardo. ¿Ves como se encuentra cubierto completamente de sangre? Eso es debido a que intentó decirme la razón detrás de su conocimiento respecto al ataque."

"¡Pero eso no tiene sentido!" Ricardo, frustrado, respiró profundamente para calmarse y continuó. "El curandero dijo que no había señal de interferencia con su mana, Julius. Y aunque es cierto que un mago o brujo especialmente hábil podría haber ocultado una maldición en él, la probabilidad es… Hmm… Julius, realmente no creo que confiar en su palabra sea la decisión-"

"Julius es mi caballero, Ricardo. Cómo tal, yo decidiré si su juicio es el correcto o no." Interrumpiendo a Ricardo, una hermosa chica de pelo lila vestida con un kimono blanco floreado con detalles morados entró al comedor, seguida por una niña de pelo naranja y orejas afelpadas, también vestida con un kimono floreado. Tras ellas, entraron un grupo de varias personas bien vestidas, probablemente ejecutivos de la Compañía Hoshin con los que había estado reunida. "Julius, me reportaron brevemente lo que está ocurriendo." Encarando a su caballero, a pesar de su corta estatura, se trataba de Anastasia Hoshin.

"Anastasia-sama, es como le reportaron. Subaru me advirtió que estamos en enorme peligro de ser atacados, siendo él el objetivo principal. Él asegura que a pesar de ser así, usted también se encuentra en peligro. Yo estoy dispuesto a darle mi voto de confianza, por lo que asumiré cualquier castigo en caso de que-"

"Eres mi caballero, Julius. Yo seré la que asuma las consecuencias de tus errores, no al revés." Falto de palabras, Julius asintió mansamente ante las palabras de su señora.

"En ese caso, señorita. ¿Qué posición tiene usted respecto a la palabra del chico?" Cuestionó Ricardo, señalando a Subaru.

"¿Yo? Al igual que mi caballero, estoy dispuesta a confiar en su palabra." Con un gesto de absoluta sorpresa, Ricardo observó boquiabierto a Anastasia. Aparentemente, el capitán del Colmillo de Hierro esperaba otro desenlace.

"Pero…"

"Confío en el criterio de Julius, Ricardo. ¿Acaso tu no?" Silenciado por la firmeza de su empleadora, Ricardo volvió a cerrar su boca. Ese argumento aparentemente había bastado para callar las quejas del demi-humano. "Además, yo también creo en Natsuki-kun. Hasta ahora no ha actuado de forma que me haya llevado directamente a dudar de él, todo lo contrario. Así que le daré el beneficio de la duda."

"Anastasia-sama, mi recomendación sería contactar con el capitolio de la ciudad y reportar que vamos a necesitar dar uso a los búnkeres de la zona. También deberíamos llamar cuanto antes a las patrullas del Colmillo de Hierro dispersas por la ciudad. Contra las mabestias los números serán de gran ayuda."

"Entiendo. Ricardo, envíales un mensaje a los líderes de patrulla mediante metia. Diles que regresen cuanto antes al hotel y que nos informen en caso de que noten cualquier indicio de actividad sospechosa en la ciudad." A regañadientes, Ricardo aceptó la orden y mediante un objeto similar a un espejo de bolsillo, se puso a contactar con sus subordinados. Tras ello, Anastasia le indicó a uno de los ejecutivos que había llegado con ella que le informara al capitolio de Priestella respecto al uso de los búnkeres. "Ahora…" Con cortos pasos, Anastasia se acercó a la banca en la que se encontraba Subaru, hasta colocarse frente a él. "Natsuki-kun, sobre el ataque… ¿Eso es lo que intentaste decirme toda la mañana, verdad? Querías advertirnos de esto, pero no pudiste."

"Sí…" Con un susurro deprimente, Subaru respondió a la pregunta de la sagaz chica. Asintiendo satisfecha, la chica continuó cuestionándolo.

"Me alegra que finalmente lograras poder sacarlo de tu sistema. Ahora, Natsuki-kun, ¿podrías decirme con tus propias palabras todo lo que sabes?"

"Anastasia-sama…" Julius intentó decirle algo a su ama, pero ésta lo detuvo levantando una mano.

"Estoy al tanto de esta… maldición que amenaza a Natsuki-kun." Asintió ella, indicando estar informada respecto a lo que azotaba a Subaru cada vez que decía algo que tenía prohibido decir. "Por lo tanto, Natsuki-kun, dime todo lo que seas capaz de decirme sin salir lastimado." Con una dulce sonrisa, Anastasia pidió a Subaru que revelara todo lo que pudiera.

Respirando profundamente para reforzar su espíritu, Subaru se preparó para poder revelar todo lo posible. "Seremos atacados. No sabría decir con exactitud el momento, pero bien podría ser hoy mismo. Tomando en cuenta que existe la posibilidad de que en este momento estemos siendo vigilados…"

"¡Eso es ridículo! Tenemos hombres colocados en puntos estratégicos del hotel, nadie debería ser capaz de entrar ni salir del lugar sin que nos enteremos." Quien lo interrumpió no fue Ricardo, sino Tivey, que lo miraba con desconfianza a través de su monóculo.

"¿Tivey-chan, podrías no interrumpir a Natsuki-kun? Él se está esforzando por darnos la mayor cantidad posible de información, lo mínimo que podríamos hacer sería escucharlo." Con un tono maternal, Anastasia reprendió a Tivey, el cual asintió apenado. Con un movimiento de barbilla, la chica le indicó a Subaru que continuara. De reojo, Subaru pudo notar a Mimi golpeando a Tivey con su bastón, lo que mejoró un poco su humor.

"Gracias." Tras agradecerle a Anastasia, continuó con lo que estaba diciendo. "Cómo decía, es probable que las asesinas ya sepan que estamos al tanto de su asedio, por lo que podrían atacar en cualquier momento. Para responder la pregunta de Tivey, diré que la asesina es una mujer extremadamente hábil, lo suficiente como para darle problemas a Julius." Su afirmación, como era de esperarse, llamó la atención del susodicho caballero y elevó la tensión en la atmosfera del comedor. "Su nombre es… E-El… El-sa… Elsa." Perdiendo de nuevo la compostura, Subaru se obligó a sí mismo a vomitar el nombre.

"He escuchado el nombre." Mencionó Julius. "Elsa Granhiert, la Cazadora de Entrañas. Si se trata de esa Elsa, entonces Subaru está en lo correcto al decir que estamos lidiando con una persona extremadamente peligrosa."

"¿Pero no se supone que ella solo trabaja en Gusteko?" Ante el aporte de Julius, otra voz se unió. Esta vez se trataba de Hetaro, el cual había estado escuchando en silencio. Al parecer él también había reconocido el nombre de Elsa.

"Su área de trabajo se encuentra principalmente en Gusteko, pero se le ha visto recientemente en Lugunica. De hecho, Reinhard Van Astrea luchó con ella hace unos meses en la capital. Por lo que escuché de él, el asunto parecía estar relacionado con el robo de un objeto sumamente valioso…" Julius, pensando bien que era correcto decir y que no, decidió dejar de lado que así fue como Reinhard conoció a su ama, Felt, la última candidata al trono. "También mencionó que a pesar de recibir un impacto directo de uno de sus ataques, ésta sobrevivió y escapó."

"¡¿Sobrevivió a un golpe directo del Santo de la Espada?! ¿Es acaso inmortal?" Ricardo, que recién acababa de dar las nuevas órdenes a sus subordinados, se unió de nuevo a la conversación.

"Hay rumores de que, además de ser extremadamente ágil con los cuchillos, Elsa puede soportar varios golpes mortales sin caer vencida. Realmente es una oponente que preferiría no enfrentar cerca de Anastasia-sama." Escuchando la conversación de soslayo, Subaru pudo sentir un escalofrío recorrer su cuerpo. Tras decir eso, Julius miró directamente a la chica. "Por eso preferiría que fuera escoltada cuanto antes a uno de los búnkeres de la ciudad, Anastasia-sama. Además quiero que los trillizos se queden con usted resguardándola"

"Está bien, no hay problema." Anastasia, además de Ricardo y los susodichos trillizos, mostraron estar de acuerdo con la petición de Julius. "¿Estarán bien sin su ayuda?" Preguntó ella, dirigiéndose a Julius y Ricardo.

"Estoy seguro de que si nos dividimos bien la carga, Julius y yo lo haremos sin problema alguno." Respondió confiadamente Ricardo, mientras enseñaba sus enormes caninos. Julius, en silencio, asintió mostrando que compartía su opinión.

"¡Genial!" Cruzando sus manos con un gesto tierno, Anastasia se mostró satisfecha por la respuesta de sus subordinados. "En ese caso me iré una vez haya terminado de escuchar lo que Natsuki-kun tiene que decir." Dejando claras sus intenciones, Anastasia regresó su mirada a Subaru, que había sido dejado de lado.

"E-Está bien… ¡Ahem!" Recuperando parte de la compostura que había perdido al nombrar a Elsa, Subaru prosiguió. "Elsa es la asesina principal, pero está acompañada por un niña llamada Meili. No estoy seguro de cuál sea su función dentro del equipo, pero creo que ella es capaz de controlar mabestias; aunque no estoy completamente seguro." Esa es otra de las conclusiones a las que había llegado al analizar lo sucedido antes y durante sus anteriores muertes. "Y cómo dije antes, entrarán por las alcantarillas y estarán acompañadas por una gran cantidad de mabestias, aunque no podría decir un número aproximado." Claro, si no se hubiera encerrado en la habitación de Anastasia, negándose a aceptar todo lo que ocurría afuera, podría tener una mejor idea al respecto. "También estoy seguro de que se enfocarán en atacar únicamente el hotel." Elsa había mencionado que Meili le estaba ganando tiempo, y probablemente estuviera refiriéndose a Julius y Ricardo, lo que reforzaba su idea de que se enfocarían en atacar un solo punto en vez de realizar un ataque masivo a la ciudad. "Lastimosamente, eso es todo lo que puedo ofrecer."

"Hmm… No es mala información, Natsuki-kun. De hecho, es información muy precisa. Realmente me intriga saber como tuviste acceso a ella, sobre todo tomando en cuenta lo repentinamente que cambiaste al momento que llegamos a Priestella." Entrecerrando sus ojos, Anastasia analizó detenidamente las expresiones de Subaru.

"Te lo diría si pudiera, Anastasia. Te lo aseguro. Es solo que… Si lo hago, es como si el mundo se detuviera y mi corazón… ¡Hnk!" Temiendo que las sombras regresaran, Subaru se calló abruptamente, tomando su pecho defensivamente.

Las sensaciones habían quedado grabadas en su mente y cuerpo. El dolor indescriptible, el terror que sentía hacia la sombra, el odio, los celos… Una vez regresó a la realidad, dejando atrás a la sombra, y recuperó la consciencia, Subaru lo supo inmediatamente: la sombra no se lo permitiría, nunca le dejaría revelar detalle alguno del Regreso por Muerte. Tendría que lidiar con ello solo, mientras se esfuerza por explicar lo que sabe sin poder mencionar el Regreso por Muerte. Con solo pensar en ello, entendía el odio que profesaba aquel fragmento de su mente…

Suspirando profundamente, Anastasia dejó de mirar a Subaru y se volteó hacia Julius. "Natsuki-kun dice ser el objetivo principal de la asesina, así que no podemos arriesgarnos a dejarlo en bunker separado al mío sin la seguridad necesaria. Por eso vendrá conmigo." Todos los miembros del Colmillo de Hierro, al unísono, mostraron gestos de desacuerdo. Sin embargo, la expresión de Anastasia, que Subaru no alcanzó a atestiguar, bastó para mantenerlos en silencio.

A todos menos uno. "Señorita, espero que esta decisión no termine matándola. Estaría muy molesto por ser incapaz de recordarle que se lo había advertido." Con un gesto abatido, Ricardo se dirigió a la puerta mientras hablaba. "Partamos de una vez. También tenemos que comunicarle todo al personal de hotel y comenzar la evacuación, así que no contamos con demasiado tiempo."

Obedeciendo al capitán del Colmillo de Hierro, todos los presentes comenzaron a abandonar el comedor ordenadamente. Los primeros en salir fueron dos mercenarios que Ricardo envió para comunicar al personal de hotel respecto a la necesidad de evacuar inmediatamente. Finalmente, dentro solo quedaban los actores principales.

Después de una breve despedida, Anastasia, junto a Subaru, fue escoltada fuera por los trillizos, los cuales se acaban de despedir de Ricardo. Los cinco estaban por cruzar el umbral de salida, cuando un golpe estruendoso hizo retumbar los cimientos del hotel. Sintiendo miedo correr por sus venas, Subaru recordó que así fue como había empezado el ataque la ocasión anterior. Se había tardado demasiado una vez más. Sin embargo, esta ocasión todos estaban informados, tal vez podrían lograrlo…

"Hmm… No es justo… Tanto que nos costó prepararnos para este trabajo, para que al final todo terminara arruinado por nuestro objetivo." Con una sonrisa siniestra, Elsa apareció frente a él y Anastasia. "Al parecer nuestro cliente tenía razón respecto a ti…"