Tras la Nueva Promesa

Nueve horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)

Mientras la Cazadora de Entrañas se quejaba con tono resentido, ésta jugueteó con el cuchillo en sus manos. Tanto Subaru como Anastasia se encontraban paralizados por el miedo, como si solo el movimiento de un solo dedo pudiera bastar para terminar siendo destripados. De esta forma, se formó un impasse entre la asesina y las dos víctimas. Impasse que no fue roto por ninguno de los tres actores principales, sino por uno de los secundarios que estaba tan solo a unos centímetros de la escena.

"¡Waaaaahhh!" Una pequeña figura saltó en medio de Anastasia y Subaru, lanzando un potente grito en dirección de la asesina. Con reflejos felinos, Elsa dio un potente salto hacia arriba, esquivando fácilmente el ataque mágico de sonido lanzado por Tivey.

"¡Señorita, Onii-san, no se queden ahí parados, sigan a Mimi! ¡Hermano, Onii-chan, ustedes encárguense de cubrir la retaguardia!" Adelantándose a todos, Mimi les indicó a los dos únicos no-combatientes que la siguieran. Mientras, sus dos hermanos quedaron un poco rezagados en comparación a ellos.

"¡Está bien, hermana!" Respondieron desde atrás ambos hermanos. Subaru, que apenas y era capaz de procesar la sobrecarga de información, se limitó a correr mientras jalaba a Anastasia, a la cual había tomado de la mano instintivamente cuando Mimi les indicó que la siguieran.

"¡Al Goa!" Una ráfaga de viento cálido retumbó a metros detrás de ellos, y con ella dos cadáveres incinerados de Wolgarm fueron regados por el camino que solo hace un segundo acababan de pisar. Subaru, con el corazón en la boca, observó como los restos de las mabestias que estuvieron por atacarlo salían volando por los aires. Tivey, quien era usuario de magia del elemento fuego, había sido su salvador.

"¡Natsuki-kun, no esperaba que tuvieras tan buenos instintos!" Con su voz aguda por la tensión, Anastasia elogió el rápido pensamiento de Subaru, que había logrado reaccionar antes que ella.

"¡Yo tampoco lo sabía! ¡Supongo que las circunstancias hacen al hom-! ¡Argh!" Saltando levemente hacia su derecha, Subaru apenas esquivó el ataque de una de las mabestias que tenía forma de serpiente, llevándose consigo a su jefa.

"¡Waaaahhh!" Una onda de sonido que coloreaba el aire de un tono azulado estalló justo donde acababan de estar de estar Subaru y Anastasia, desintegrando al Arkalb que los había atacado.

"¡Oye! ¡Ten más cuidado, ese ataque casi me golpea a mí!" Se quejó Subaru, mirando por sobre su hombro a Hetaro.

"¡Lo siento! ¡Pero si no lo hacía, habrías sido alcanzado por su mordedura!" Tras disculparse, el pequeño demi-humano argumentó a favor de su accionar, para después atacar rápidamente a una Rata de Alas Negras que se había acercado por el flanco.

"¡¿Mimi?! ¡¿Hacia dónde nos dirigimos?!" Preguntó Subaru a la niña, que corría varios metros frente a ellos y guiaba el paso.

"¡A cualquier lugar seguro para la señorita! ¡Nuestra principal prioridad es escapar hacia el bunker más cercano, pero antes debemos de quitarnos de encima a estas mabestias!" Sin mirar hacia atrás, Mimi respondió a la pregunta de Subaru. La niña pelinaranja, además de guiar el paso, era quien se estaba encargando de eliminar todo obstáculo que interfiriera en su camino. "¡Waaaaahhh!"

Dando un salto en el aire, Mimi desintegró con su grito una bandada de Ratas de Alas Negras, que se encontraban bloqueando el camino a lo largo del corredor. ¿Quieren que salgamos al patio? Pensó Subaru, mirando hacia el espacio abierto que se extendía al lado del corredor por el que estaban escapando. Y al hacerlo, se percató de algo. El lugar no se veía como lo hacía cuando pasó frente a él junto a Julius, hace solo unos minutos.

Lo que antes había sido un jardín zen cubierto de rocas de río, ahora estaba cubierto por múltiples parches floreados que se notaban completamente fuera de lugar. Y, ahora que les prestaba atención, se pudo dar cuenta de que de ellos provenía un intenso aroma dulzón; uno que le hacía arder la nariz. ¿Qué se supone que es eso? Se preguntó, sospechando que la respuesta estaba relacionada con la insistencia de las mabestias de menor tamaño de sacarlos del corredor.

"¡¿Anastasia, ves esos parches de flores que se extienden por el patio?!" Subaru, queriendo asegurarse de no perder información vital en caso de fallar, cuestionó a la chica respecto a ellos. "¡¿Tienes alguna idea de que puedan ser?!"

"¡Lo siento Natsuki-kun, pero me resultan tan desconocidos como puedan resultarte a ti! ¿Por qué, notaste algo importante relacionado con ellos?" Aparentemente, Anastasia no se había dado cuenta aún de las intenciones de las mabestias; y no es como si pudiera culparla, pues la situación no ameritaba tales análisis del entorno.

"¡Creo que las mabestias nos están intentando sacar del corredor para que pasemos por allí!"

"¡Oh! ¡Tienes razón, Natsuki-kun! ¡Que astuto de tu parte! ¿Serán esos parches floreados alguna especie de mabestia?" Sorprendida, la chica se percató de que la deducción de Subaru tenía sentido. No hace falta que actúes tan asombrada, pensó él.

"¡No estoy seguro, pero es bastante posible que se trate de alguna especie de trampa, así que debemos evitar abandonar los corredores a toda costa!" Con su corazón latiendo rápidamente, Subaru transmitió su conclusión a Anastasia.

"Hmm… ¡¿Escuchaste eso, Mimi?!" Preguntó Anastasia a la niña, tras pensarlo por un instante.

"¡Sí, señorita! ¿Quiere que evitemos salir de los corredores?" Devolvió la pregunta la niña, tras asentir.

"Sí, Mimi. Confiaremos en el juicio de Natsuki-kun una vez más. Creo que después de lo que acaba de ocurrir es lo lógico por hacer." Anonadado, Subaru volteó a mirar a Anastasia por un momento. Esta, al notar su mirada, se la regresó con una sonrisa satisfecha. "¡Te lo dije, Natsuki-kun, soy una chica que sabe juzgar a las personas!"

"¡G-Gracias, Anastasia! ¡Daré todo de mí por sacarnos de esta situación con vida!" Tras ello, ambos, mano a mano, siguieron corriendo por los pasillo de madera del hotel. Mientras, a su alrededor, los trillizos no paraban de lanzar ataques a la peligrosa multitud de mabestias que atacaba incesantemente. Sangre, huesos y carne llovían sobre ellos, pintando el escenario de su escape de rojo.


Elsa, fastidiada, observó desde el techo del comedor como su objetivo y la candidata a la realeza escapaban de la mano. Relamiéndose los labios, preparó sus cuchillos. La primera en morir sería la candidata. Le hubiera gustado jugar un poco más con ella, para finalmente revelar sus entrañas. La sola idea de apreciar las vísceras de una candidata a la realeza la hacía sentir escalofríos por la excitación. Sin embargo, eso podría esperar. Primero debía encargarse de ella, luego de los trillizos, para finalmente llevar a cabo su trabajo.

La mujer se colocó en posición para tomar impulso, con un cuchillo en cada mano. Primero rebanaría las piernas de la chica, luego la decapitaría. Eso detendría a su objetivo y causaría la ira de los pequeños guardianes. Tras eso, solo tendría que destripar a los tres. El solo pensar en la ejecución de su plan realizado a la marcha, la excitaba enormemente. Sonriendo extasiada, la mujer se lanzó al ataque. Sin embargo…

"No puedo permitir que des un paso más, Cazadora de Entrañas Elsa. Mi señora me confío su seguridad y la de sus empleados, así que mi deber es impedir que salgas con vida de aquí." Con la firmeza de un tronco, Julius el Caballero Amable se posó frente a ella con su espada desenfundada. Peinando su flequillo, el caballero indicó que su vida estaba por ser extinta. La ingenuidad de ese hombre hizo que su sonrisa se ensanchara.

"Ya veo, ya veo… Eres el caballero de la candidata a la realeza, así que era esperable que aparecieras frente a mí tarde o temprano. Sin embargo, en este momento tengo un trabajo que debe llevarse a cabo, así que no tengo tiempo para divertirme contigo." Relamiéndose, la mujer miró directamente a los ojos de Julius.

"Pienso exactamente lo mismo. Y dado que ambos compartimos la misma idea, creo que deberíamos de dejarnos de charla innecesaria." La posición de sus pies cambió, indicando que Julius estaba por atacar.

"Por mí está bien…" Con una embestida, la asesina se lanzó con la intención de apuñalar al caballero en su abdomen.

Con agilidad digna de uno de los caballeros más prominentes del reino, Julius esquivó el filo que iba dirigido hacia sus entrañas. En la misma secuencia, estiró su brazo, realizando una potente estocada. El filo de acero rozó la garganta de la asesina, que realizando una voltereta hacia atrás, evitó por solo unos milímetros el ataque dirigido hacia su cuello.

Después de poner cierta distancia entre ella y su contrincante, la mujer limpió la herida en su cuello usando su dedo índice. Con su mirada de semblante amable enfocada en la sangre acumulada sobre su dedo, Elsa sonrió. Su sonrisa, tétrica, trasmitía un aire de lujuria que podría causar un escalofrío hasta el más entrenado de los caballeros. Sin embargo, el semblante de Julius no se vio en lo más mínimo alterado.

"Veo que lo que se dice acerca de ti no es mentira. En verdad mereces ser considerado el Caballero entre caballeros." Sin mirarlo a la cara, Elsa alabó su habilidad con la espada. Él, sin sentirse lo más mínimamente conmovido, se mantuvo en silencio, mientras analizaba detenidamente cada movimiento y gesto de la asesina. "Pero… No puedes considerarte ni siquiera la sombra de ÉL…" Fue por un instante, pero algo dentro de la mirada de Julius vaciló.

"¿De qué hablas?" Con voz imperturbable, Julius cuestionó a la mujer.

"Hablo de que…" Asomando ligeramente la lengua por entre sus labios, Elsa lamió su dedo de un extremo a otro, limpiando hacia la última partícula de sangre de éste. Con su mirada tiñéndose de perversión, la mujer le lanzó una sonrisa sangrienta. "No te acercas ni siquiera un poco a él, al Santo de la Espada…" Su sonrisa se ensanchó, mostrando sus dientes teñidos de rojo. "Caballero Amable, estás muy lejos del nivel del Santo de la Espada…" Con locura, la mujer lo apuntó con uno de sus cuchillos. "… Puedo vencerte. ¡En verdad me gustaría ver como son tus entrañas!"

Como si de una araña se tratara, Elsa saltó del techo y, columpiándose, cayó grácilmente sobre una de las mesas del comedor. Julius, no queriendo desperdiciar más tiempo, la siguió sin dudarlo. Al regresar al comedor, se percató de que ya no quedaba nadie; solo los cadáveres de varios mercenarios del Colmillo de Hierro y múltiples Mabestias. El asedio, sin lugar a duda, había comenzado.

No había señales de Ricardo por ningún lado, así que su única teoría era que fue en búsqueda de la niña controladora de mabestias que mencionó Subaru. Si ese era el caso, entonces su aliado, capitán del Colmillo de Hierro, finalmente habría comenzado a confiar en la palabra del chico emocionalmente quebrado. Lo que reforzaba el deseo de Julius de que su juicio hubiera sido el correcto. Claro, el ataque que indicó Subaru ocurrió, pero eso todavía no bastaba para dejar en calma su corazón; todo lo contrario…

"Anastasia-sama, espero que al final del día todo resulte bien…" Tras susurrar eso como un mantra, Julius volvió a reforzar de acero su corazón y se preparó para acabar con el enemigo que tenía en frente.

"En verdad eres un perro muy bien entrenado, siempre listo para proteger a su amo. Yo, personalmente, disfruto más de la libertad con la que todos somos concebidos. Aunque supongo que soy una mujer muy simple, ya que me doy por satisfecha con solo observar la belleza oculta de las entrañas, cada vez que tengo la oportunidad." Con su ojos irradiando alegría, la mujer habló de su pasión ante el caballero que, según ella, carecía de las libertades con las que todo ser humano es concebido.

"Tú no eres más que una mujer enferma que se satisface con los más bajos deseos. Mi deber como caballero del reino es extirpar a seres como tú, que comprometen su seguridad." Sin dudarlo por un momento, Julius levantó su espada y apuntó a Elsa. "¡Fell Goa!"

En el aire alrededor de Julius se materializaron dos puntos de luz vivientes; se trataba de dos de sus seis espíritus menores, Ia y Aro. Ambos espíritus se colocaron frente a Julius y envolvieron su espada, mientras lanzaban una mezcla de magia de fuego y aire hacia Elsa. Un ataque, similar a un tornado de fuego en horizontal, abrazó varios metros a su paso, consumiendo en el proceso la mesa en la que se encontraba Elsa. El lugar entero habría terminado en llamas, de no ser porque la magia de viento de Aro se había encargado de contener el fuego.

"Nada mal." Como era de esperarse para Julius, Elsa había esquivado sin problemas su ataque. Usando el techo del comedor como punto de suporte, Elsa había salto, revotado y caído detrás suyo. Realizando un arco con su brazo, Elsa logró rebanar parte de la capa del uniforme de Julius, el cual había evitado el ataque rodando hacia al frente.

"¡Goa!" Antes de ponerse de nuevo en pie, Julius ordenó a Ia que atacara con el más típico hechizo del elemento fuego. Un manto de llamas fue erguido entre Julius y Elsa, permitiéndole al primero recuperar la postura. "¡Al Dona!" Ahora fue el turno de Ik de atacar. El espíritu de color amarillo causó que la porción del suelo, sobre la que se encontraba Elsa, estallara, elevándose por los aires.

"¡Muy tarde!" Pero la asesina ya no se encontraba allí. Atacando desde el flanco izquierdo del caballero, la asesina se abalanzó hacia él. Esta vez, sin embargo, Julius no optó por utilizar el poder de sus compañeras. Usando su espada para interceptar el ataque, Julius lanzó un rodillazo hacia el abdomen de la mujer. Y a pesar de que ella pudo arquear su espalda con el fin de evitarlo, no pudo esquivarlo por completo. "¡Argh!"

Con su espada, que ahora se encontraba ubicada a su costado, Julius realizó un corte lateral directo hacia la espalda de la asesina. Elsa, reaccionando a tiempo para impedir el ataque, detuvo el avance del acero con el filo de sus dos cuchillos. Sin embargo, la fuerza impresa por el caballero en su estocada bastó para arrancarle uno de sus cuchillos de su mano. Aun así, usando el que le quedaba, la mujer logró desviar el golpe y alejarse de Julius.

"Tal vez no sea tan fuerte como el Santo de la Espada. Pero eso no te da razón para subestimarme, Cazadora de Entrañas." Con firmeza, Julius siguió con una embestida, logrando desequilibrar momentáneamente a la mujer. Temporalmente indefensa, Elsa intentó retroceder aún más, pero el caballero no se lo permitiría.

Bajando con fuerza la espada que había levantado en el aire, Julius rebanó el brazo derecho de Elsa, aquel en el que tenía su último cuchillo. El brazo cayó al piso del comedor con un sonido sordo, cubriéndolo de sangre. Piel despedazada, carne rebanada y hueso triturado, eso era todo lo que había quedado del brazo derecho de la Cazadora de Entrañas.

Con el blanco de su humero expuesto y tirones de piel, cual pliegues de tela, rodeando el trozo visible de músculo que no paraba de expulsar sangre, Elsa arrancó parte de su vestido negro para hacer un torniquete improvisado, todo a la velocidad suficiente como para impedirle a Julius dar el golpe final. Su mirada, inalterada, siguió observando a Julius de manera siniestra; logrando perturbar ligeramente el espíritu del caballero.

¿Por qué percibo a Elsa tan lejana a la derrota? Se preguntó Julius, mientras se acercaba cautelosamente a la ahora manca asesina. Un mal paso podría significar su final. Sin embargo, Elsa se había quedado sin cuchillos y le faltaba un brazo. Entonces, ¿por qué no se sentía como si estuviera cerca de derrotarla? Su instinto, afilado a lo largo de múltiples batallas, le indicaba que algo andaba mal.

"No es momento para tener dudas." Se dijo a sí mismo. "¡Clarista!" Utilizando su técnica en la que utiliza el poder de sus seis espíritus menores para fortalecer el filo de su espada, Julius se lanzó para dar el golpe final a la cruel mujer.

"No creo que sea buena idea dejar que eso me toque…" Mirando la espada que emanaba un brillo mágico, la asesina sin brazo retrocedió ágilmente dando salto, dejando atrás un camino de gotas de sangre. Aún en el estado en el que se encontraba, la asesina era capaz de llevar a cabo acrobacias con una increíble agilidad.

Logrando evitar los embates de Julius a pesar de la insistencia de éste, Elsa pudo recuperar uno de sus cuchillos. Aun así, el caballero solo tenía que atacar por el lado derecho de la asesina para conseguir la victoria. En lo que parecía la persecución de un gato y un ratón, Julius se acercó poco a poco a la mujer, que parecía estar perdiendo estamina. Aparentemente percatándose de su cada vez peor situación, Elsa decidió que su única esperanza yacía en un ataque en el que apostara todo.

Usando la pared como impulso, la asesina apoyó su tacón y se lanzó contra Julius, buscando conseguir la victoria en un contraataque. Julius, que estaba esperando un movimiento desesperado como ese, se detuvo en seco y preparó su espada. A la velocidad del viento, Elsa realizó un corte en dirección del abdomen del caballero. Cubriendo ese mismo punto con su espada, Julius se dispuso a recibir el tajo. El ataque vendría del lado izquierdo, así que solo tenía que enfocarse en…

"Ahhh… Parece que era yo la que estaba siendo subestimada." Usando su espada para empujar a la mujer, Julius puso distancia entre ambos.

Perdiendo su semblante de calma, Julius bajó la mirada hacia su muslo. Allí, atravesando el musculo de su pierna izquierda de lado a lado, se encontraba uno de los cuchillos de Elsa. ¿Cómo, si el que había recuperado seguía en su brazo izquierdo? Volviendo a mirar a la asesina, un ligero pánico, nada común en él, inundó su cuerpo. El brazo que hace solo unos momentos había sido rebanado, se encontraba de vuelta en el cuerpo de la asesina. Todo fue una finta… Se percató él, demasiado tarde.


"¡Señorita, no parece que estemos logrando perder a las mabestias!" El grito de Mimi alcanzó a Subaru y Anastasia, que seguían corriendo con sus manos unidas. Era obvio que ambos, por el sudor que bañaba sus frentes y sus alientos dificultosos, estaban por alcanzar el límite de su estamina.

"¡Mierda! ¡Ya casi han sido c-cinco minutos… desde que empezamos a escapar! ¡¿Cómo es que… siguen dando con nosotros… una y otra vez?!" Se quejó Subaru entre respiraciones, en respuesta al comentario de la niña.

Ya habían recorrido la estructura del hotel casi por completo, dando giros y desviándose múltiples veces, pero aún seguían apareciendo mabestias con la intención de asesinarlos. Se encontraban ubicados en punto del hotel casi contrario a la ubicación del comedor comedor, así que la cantidad de mabestias que seguían apareciendo era mucho menor que al principio. Por suerte para ellos, los campos de flores anómalos ya no se encontraban a la vista.

"Ahhh, ahhh, ahhh…" Escuchando exhalaciones e inhalaciones increíblemente forzadas, Subaru miró a su lado. Era Anastasia, cuya piel como la nieve se encontraba más pálida de lo normal.

Era obvio con solo verla, que la condición física de Anastasia no era muy buena. Y por el tiempo que había pasado con ella, Subaru se había dado cuenta que ella era ligeramente enfermiza. Sin embargo, gracias a que su línea de trabajo no implicaba realizar grandes esfuerzos físicos, Anastasia había vivido una vida con una salud, incluso, por encima de lo normal. Pero ahora era cuando más se notaban su complexión débil y enfermiza. Y si no hacían algo para librarse de las mabestias pronto, ella sería incapaz de escapar con vida.

"¡¿Anastasia, por qué no hemos abandonado el hotel todavía?! ¡Aquí es donde se concentran todas las mabestias, si salimos de aquí y vamos al bunker más cercano, nosotros…" Pero antes de poder terminar, Anastasia lo miró directo a los ojos.

"¡Sí hacemos eso ahora, solo lograremos que las mabestias nos persigan fuera del hotel! ¡Pondremos en peligro a un montón de gente inocente que nada tiene que ver con este conflicto! ¡Eso sería muy irresponsable de nuestra parte!" Mostrando su lado más digno, la chica se negó firmemente a abandonar el hotel cuando aún eran seguidos por las mabestias.

Maldiciendo hacia sus adentros su corta visión de la situación, Subaru guardó silencio y siguió corriendo sin mirar atrás. Sí tan solo fuera más fuerte, pensó con frustración, para inmediatamente detenerse. Como era de esperarse, su acción provocó una reacción en todo el grupo. Mimi, que se había mantenido atenta en buscar nuevas rutas de escape, se volteó hacia ellos, preparada para atacar lo que fuera que hubiera provocado esa reacción. Lo mismo hicieron los dos hermanos que venían detrás de ellos.

"¡¿Qué pasó, Onii-san?! ¡¿Viste algo que te hizo detenerte?!" Mientras Tivey y Hetaro cubrían el perímetro alrededor de ellos, Mimi se les acercó.

"¡No! ¡Lo siento por alarmarlos, Mimi, Hetaro y Tivey!" Respondiéndole a la niña, Subaru se disculpó, a la vez que también se volteaba hacia sus hermanos.

"¿Natsuki-kun, entonces por qué…?" Anastasia, que había sido detenida a la fuerza en el momento que se Subaru frenó su carrera, lo miró con ligero reproche. Su rostro, pálido, daba la sensación de que en cual momento podría desvanecerse.

"¡Anastasia, déjame llevarte!" Mirandola directamente a los ojos, Subaru expresó su deseo de ayudar a la chica. "Se nota que estás muy cansada, y aunque yo también lo estoy, todavía puedo seguir. Por favor, déjame empezar a pagarte por tu amabilidad llevándote en mi espalda."

"¿Amabilidad…?" Preguntó ella, ladeando la cabeza confundida. Para ella, la única vez que Subaru tocó ese tema fue hace casi un mes, después de la firma del contrato de la alianza con su compañía. Pero para Subaru, todo eso se trataba de una respuesta a la conversación que tuvo con ella antes de su muerte anterior. "Hmm… ¿Hablas de lo que te dije después de la firma del contrato? No hacía falta que te lo tomarás tan literal." Como era de esperarse, Anastasia lo relacionó con lo que le dijo después de la firma del contrato.

"Insisto, déjame ayudarte. Además, ahora que eres mi jefa, es mi deber asegurarme que estés bien para el final del día." Subaru, extendiéndole la mano, decidió abordar el asunto desde el punto de vista de empleado y jefa. Sonriendo ligeramente apenada, Anastasia volvió a tomar su mano.

"Estás resultando ser bastante confiable, Natsuki-kun. ¿Qué pasó con la terrible condición en la que te encontrabas durante la tarde?" Mientras la subía a su espalda, Subaru escuchó a Anastasia preguntarle respecto a su estado mental. Por un instante, el pensamiento de que la chica era extremadamente liviana, pasó por su cabeza.

"Decidí que intentaría hacer algo al respecto." Respondió, mirándola por sobre su hombro. Observando nuevamente al frente, Subaru susurró. "… algo respecto a mis debilidades..."

"¡Señorita, Subaru Onii-san, el descanso se alargó demasiado!" Alarmado, Hetaro les indicó que el tiempo ya se había acabado. Mirando hacia él, Subaru pudo sentir su corazón derrumbándose y su estómago revolviéndose por las náuseas.

Desde la dirección donde Subaru suponían que se encontraba el patio, una docena de seres similares a osos de gran tamaño se abalanzaron hacia ellos. Con sus ojos teñidos de rojo y grotescas flores saliendo de su piel, los seres que habían esperado pacientemente en forma de parches floreados finalmente decidieron hacer su movimiento.

"¡Waaaaahhhh!"

"¡Waaaaahhhh!

Juntos, los hermanos lanzaron un ataque hacia la multitud de bestias. Sin embargo, sus ataques fueron detenidos por muros de roca y fuego que surgieron del suelo. Con sus ojos abiertos de par en par por el terror, Subaru vio dos grupos de mabestias más unirse al de los osos. Uno estaba compuesto por seres similares a un hipopótamo negro gigantesco. El otro estaba conformado por bestias repulsivas con cuerpo de caballo, un torso humano en lugar de cabeza, el cual poseía una boca verticalmente a lo largo de su pecho, y un cuerno en vez de una cabeza de humano.

Liberando un chillido similar al llanto de cientos de bebés humanos, el ser, que solo podía compararse a un centauro salido de la imaginación del demonio más retorcido de todos, lanzó bolas de fuego desde lo que parecía ser una melena de llamas que se formó sobre su lomo. Por su parte, las mabestias con forma de hipopótamo se unieron al combate utilizando su enorme cuerpo. Y, por último, controlando la tierra a su gusto, se mostró una bestia en forma de cachorro que parecía estar fungiendo como el líder del mixto grupo de mabestias.

"¡Señorita, Onii-san, tenemos que escapar de aquí de inmediatamente! ¡Dona!" Sacándolo del trance en el que se encontraba, Mimi les indicó que era momento de seguir huyendo, mientras creaba con magia una especie de barrera de tierra para cubrirlos. Estando de acuerdo, Subaru reforzó su debilitado espíritu con determinación y comenzó a correr como nunca lo había hecho en su vida. Sin embargo…

"¡Mimi! ¡Hetaro y Tivey no están siguiéndonos!" Cerca de su oído, pudo escuchar la alarmante afirmación de una muy ofuscada Anastasia. Sin mirar hacia atrás, Mimi respondió a su ama.

"¡Ellos se quedarán atrás para poder darnos la oportunidad de escapar, Señorita! ¡Mimi también piensa que no hay de otra!" Con la mirada fija en el camino adelante, la niña declaró las intenciones de sus hermanos.

Subaru, sintiendo su sangre helarse, pensó en intentar algo; no quería sobrevivir a costa de la vida de los dos niños. Pero nada se le ocurrió, no había nada que él pudiera hacer por ellos. Entonces, sumido en la frustración y el dolor, Subaru recordó las palabras firmes de Julius. Para ellos, para todos a su alrededor, la vida solo podía ser vivida una vez, y aun así eran capaces de mostrar grandes actos de valentía debido a la determinación que movía sus espíritus.

Julius le había dicho que siempre debía luchar por encontrar un camino, que la muerte nunca lo sería. Esos niños no estaban simplemente botando sus vidas, estaban dispuestos a dar todo de sí mismos por salvar a su señora, y de paso, salvarlo a él. Todos estaban luchando, con el objetivo de seguir viviendo junto a sus seres queridos.

Y aunque Subaru aún no podía aceptar del todo las palabras de Julius, sentía que no seguir adelante sería despreciar la determinación de todos ellos. Su espíritu era débil, pero no el de ellos; así que los honraría esforzándose por lidiar con sus eternas debilidades. Seguiría adelante, sin voltear atrás. Respetaría la determinación de todos ellos, y confiaría en que volvería a encontrarse con todos ellos una vez finalizada esa pesadilla.

"¡Confía en ellos, Anastasia! ¡Si me detengo ahora, su determinación habrá sido en vano!" Animando a la chica, Subaru se enfocó en seguir de cerca a Mimi, que con sus gritos desintegraba toda mabestia que lograba hacerse camino hacia ellos.

"Tienes razón, Natsuki-kun…" Respondió ella, quedándose en silencio tras hacerlo. Subaru reforzaría su espíritu, eso es lo que haría para honorarlos a todos. En su mente seguía repitiendo eso, mientras ignoraba la culpa, el dolor y la vergüenza que seguían acumulándose en el fondo de su mente, como una gotera durante una fuerte lluvia.

Todo es mi culpa, todo es mi culpa, todo es mi culpa… Si muriera, podría arreglarlo… Si muriera, podría arreglarlo… Imprimiendo más fuerza en sus zancadas, Subaru se esforzó por ignorar esos pensamientos; de lo que nadie se percató, incluido él, fue del semblante de completa desesperación que teñía su rostro.