Cura de la Desesperación
Nueve horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)
Los músculos de sus piernas suplicaban por descanso y sus pulmones resentían cada aliento que tomaba. Su cuerpo, bañado en sudor, se encontraba cerca del colapso. ¿Después de haber hablado tan grandilocuentemente, acaso eso era todo lo que podía dar de sí mismo? Subaru deseaba responder negativamente a esa pregunta, pero hacerlo sería mentir.
"¡Al Dona!" Lanzado un conjuro, la niña que los estaba guiando derrumbó parte de la tierra sobre la que se encontraba corriendo una jauría de Wolgarms, que se había acercado a ellos. Sangre y pedazos de carne llovieron, junto al papel y la madera de lo que hasta hace un momento se trataba de una de las habitaciones del hotel. Mimi parecía estar más acostumbrada al uso de sus gritos, que al uso de su magia del elemento tierra, sin embargo, al parecer ya había alcanzado su límite.
Hiperventilando, la niña se apoyó sobre sus piernas, intentando recuperar el aire. Ya no solo se trataba de Subaru y Anastasia, ahora también Mimi había llegado al límite de su estamina. Los tres encontraban agotados, pero el flujo interminable de mabestias apenas y había disminuido desde que se separaron de los dos trillizos restantes; algo que no era buena señal.
Frustrada, Mimi se acercó a ellos. Por su gesto, era obvio que ya se le habían acabado las ideas. Habían recorrido cada uno de los corredores del hotel, por lo que ya no tenían a donde ir. La única opción era salir de los terrenos del hotel, pero esa opción ya había sido descartada por Anastasia. Seguir así, solo sería condenarse a sí mismos…
"¡Grooar!" Subaru, aún en su condición actual, pudo reaccionar ante el ataque de un solitario Wolgarm.
La bestia, que se había estado ocultando en las sombras hasta hace un momento, se lanzó hacia su costado. Incapaz de escapar por completo de su trayectoria, Subaru hizo lo único que pudo pensar en el momento. Utilizando uno de sus brazos, Subaru arrancó a la liviana Anastasia de su espalda y la lanzó hacia un costado. Mientras la chica caía sobre el piso de madera, Subaru usó su otro brazo para recibir el ataque de la mabestia.
Los largos caninos de la bestia se clavaron en su extremidad, causando que chorros de sangre fluyeran violentamente por el cuello del Wolgarm. Un enorme dolor recorrió los nervios de su brazo, haciendo que liberara un grito encolerizado. Luchando por liberarse, Subaru golpeó el cráneo de la bestia; pero fue inútil.
Oprimiendo con fuerza su quijada, con tal de aliviar el dolor, Subaru siguió golpeando el hocico del perro demonio. Pero los golpes no estaban causando el resultado deseado, todo lo contrario, los colmillos de la bestia cada vez se introducían más en su carne, al punto en que estaban por dar con el hueso.
Sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo, Subaru optó por clavar uno de sus dedos en la cuenca de uno de los ojos del Wolgarm. Hurgando con fuerza, Subaru arrancó el órgano ocular. El globo fue expulsado de su cuenca, quedando colgado de esta por el conjunto de venas que lo unían al cerebro del can bestial. Chillando, el Wolgarm finalmente lo liberó, momento que Subaru aprovechó para patearlo lejos de él.
La mabestia no había terminado de caer sobre el corredor de madera, cuando un onda de sonido impactó su cuerpo, convirtiéndolo en un tumulto de sangre y carne descuartizada. Asqueado, Subaru se alejó de los restos apestosos a sangre y se acercó a Anastasia, que ya se había vuelto a poner en pie. Ligeramente preocupada, la chica se acercó a él y lo tomó del brazo en que fue mordido.
"¿Estás bien? Siento haberte lanzado de esa manera, pero fue la única forma que encontré para liberarte del peligro." Mirando a Anastasia de arriba abajo, Subaru buscó alguna señal de lesión.
Al final, no notó nada más que una pequeña rotura en el hermoso kimono que ella se encontraba vistiendo. Subaru debía admitir que esa era la primera vez que se había percatado del cambio de ropaje de Anastasia. Probablemente porque desde que llegó a Priestella, no había tenido la oportunidad para detenerse a apreciar los detalles, exceptuando el corto recorrido que dio por Priestella; aunque solo pensar en como terminó éste hacía que se sintiera a punto de vomitar.
"Yo soy la que debería preguntar eso, Natsuki-kun. Tú solo actuaste de la mejor forma que pudiste pensar para salvarme así que… gracias, Natsuki-kun." Sonriendo tiernamente, Anastasia le agradeció por actuar en favor de su salud, en un momento en que sus vidas habían sido puestas al filo del abismo de la muerte. "Ahora, dime como te sientes. Esta mordida se ve bastante profunda, así que deberíamos tratarla inmediatamente para evitar que el sangrado continúe."
"Estoy bien, estoy bien… No creo que sea la gran cosa." Sonriendo apenado, Subaru le restó importancia a su herida. Podría llegar considerarse que estaba actuado valientemente por algo estúpido como el honor masculino, pero en verdad él pensaba que no era la gran cosa; sobre todo comparado con sus últimas heridas. Y en el fondo odiaba estar comenzando a pensar así… "Y no hace falta que me agradezcas. Ya te dije que ahora mi deber como empleado, es asegurarme que estés bien para el final de este día."
"Hmm… En ese caso, estás haciendo buen trabajo." Asintiendo, la chica valoró positivamente los esfuerzos que Subaru había empeñado para mantenerla viva. Tras ello, sin pensarlo mucho, arrancó un pedazo del borde de su kimono y empezó a hacer un vendaje improvisado con él, para detener la hemorragia del brazo de Subaru.
"Yo… Ehmm… Lo siento, Onii-san, señorita. Mimi no pudo reaccionar a tiempo y por eso fueron atacados. Lo peor es que debido a que la magia o el grito de Mimi podían haber dañado a Onii-san, Mimi tuvo que esperar hasta que él se liberara para poder hacer algo… Así que lo siento." Apenada, Mimi se acercó a ellos, con una mirada que podría destruir el corazón de hasta la persona más fría. Sus ojitos verde azulados tenían lágrimas en ellos y su respirar aún permanecía agitado.
"No tienes que preocuparte por eso, Mimi. Nos has guiado y protegido desde que comenzó el asedio al hotel, así que el error fue mío por no prestar más atención a mis alrededores." Buscando animarla, Subaru afirmó, no sin creerlo, que el verdadero culpable era él.
"Natsuki-kun tiene razón… en parte, Mimi. No creo que haya un culpable. Los tres estamos cansados por estar escapando de las mabestias, así que es normal que sucedan este tipo de cosas. Así que no es momento de buscar culpables, deberíamos pensar en otra forma de lidiar con la situación, porque está claro que la actual no va a dar resultados."
"Señorita, Mimi ya pensó en algo." Recuperando su mirada determinada y vivaz, Mimi afirmó haber pensado en una forma de que ellos escaparan. Señalando con su dedo índice la habitación que acababa de ser demolida por su ataque, Mimi continuó. "El grito de Mimi abrió un hueco bajo esa habitación. Los escombros lo cubrieron en parte, dejando apenas un espacio para ocultarse dentro. Así que ocúltense allí mientras Mimi se encarga de llamar la atención de las mabestias. Esperen por unos minutos y escapen en dirección hacia la salida del hotel; así podrán llegar al bunker."
"Mimi…" Desganada, Anastasia llamó a la niña, pero se detuvo antes de decir más. El plan, aunque estaba lejos de ser perfecto, parecía la mejor opción que tenían a mano. Si Mimi se encargaba de atraer a las mabestias que habían estado persiguiéndolos sin parar, realmente existía la posibilidad de finalmente huir hacia el bunker. Sin embargo, Subaru podía entender el desgano de la chica.
"No se preocupe, señorita. Mimi rodeará estás habitaciones y regresará con Tivey y Hetaro. Juntos, Mimi está segura de que podremos detener a las mabestias. Una vez lo hagamos, regresaros para protegerla, se lo aseguro." Llevando su mano a su corazón, Mimi se comprometió con vencer a las mabestias y regresar para poder seguir protegiendo a Anastasia. "Por mientras, por favor cuida a la señorita, Onii-san." Mirando a Subaru, Mimi se encargó de dejar el cuidado de Anastasia en sus manos.
Sintiendo algo pesado caer en estómago, Subaru se forzó por no mostrar un gesto patético ante la confianza de la niña. "¡La haré, Mimi!" Satisfecha por la respuesta de Subaru, Mimi asintió.
"¡Nos vemos, señorita, Onii-san!" despidiéndose de ellos, Mimi se preparó para lanzar un grito con el cual atraer la atención de las mabestias, que pudieran encontrarse cerca, hacia ella.
"¡Cuídate, Mimi! ¡Espero tu regreso junto a Hetaro y Tivey!" Mostrando una vez más un semblante de compostura, Anastasia se despidió de la niña.
Habiendo terminado el vendaje improvisado sobre el brazo de Subaru, juntos se acercaron al hoyo que Mimi había mencionado. Primero entró Anastasia, seguida de cerca por Subaru. El hueco que se había formado en el suelo apenas alcanzaba para que ambos entraran, y aun así se encontraban considerablemente apretujados.
Sin quejarse sobre el asunto, Subaru movió un pedazo de madera que se encontraba cerca y cubrió la entrada, dejando apenas una pequeña franja con la cual podría monitorear la situación del exterior. Entonces, un fuerte retumbo se escuchó y comenzó la espera. Uno, dos, tres, cuatro, cinco minutos. Durante ese tiempo, lo único que se escuchó dentro del hoyo fue la leve respiración de sus dos moradores.
Cuando Subaru sintió que finalmente había pasado el tiempo necesario, se movió lentamente hacia la abertura para poder ver la situación en el exterior. Al hacerlo, sintió que su corazón se brincó uno, dos y hasta tres latidos. Con sudor frío formándose sobre su piel, Subaru presenció la multitud de decenas de mabestias, que se encontraban merodeando las afueras de habitación derrumbada en la que se encontraban.
A solo unos metros de ellos, se encontraban múltiples bestias preparadas para darles muerte. El plan de Mimi había fallado, las bestias habían vuelto a dar con ellos. Y con una terrible sensación de desesperación nublando su mente, Subaru comenzó a ponerle más atención a la tormenta de pensamientos negativos que había estado ocurriendo desde hace tiempo en la parte trasera de su mente.
Tanto su respiración como su pulso se aceleraron y lágrimas de desesperación se empezaron a formar en las comisuras de sus ojos. ¿Acaso había sido todo para nada? Se había forzado a hablar del ataque de Elsa y las mabestias de Meili. Había roto el tabú de la sombra y había sido horrendamente castigado. Había dado todo de sí para escapar junto a Anastasia y los trillizos. Había aceptado dejar atrás a los dos hermanos y había confiado su vida en la manos de la agotada niña. ¿Todo para nada?
Su dientes crujieron por la fuerza que estaba imprimiendo en sus mandíbulas. Sangre fluyó de entre sus puños, debido a la fuerza con la que estaba clavando sus uñas en las palmas de sus manos. Se sentía iracundo, frustrado, deprimido, agobiado. ¿Por qué nada salía bien? ¿Por qué nada salía como deseaba? ¿Es que acaso el destino, o lo que fuera que controlaba su vida en ese mundo, disfrutaba tanto el hacerlo sufrir?
¿Acaso su vida era la diversión de un ente desconocido que se regocijaba de verlo morir? Subaru sabía que esa clase de pensamientos no lo llevarían a ningún lado, pero la situación lo estaba orillando a tenerlos con mayor frecuencia cada segundo que pasaba. Lo que antes era una gotera, ahora era un río de pesimismo que no paraba de aumentar, y estaba cerca de desbordar su cerebro.
Subaru recordó de nuevo las últimas palabras de Elsa, antes de ser comido por la mabestia quimera. "Tomaste el camino equivocado", ese había sido el mensaje que la persona, que contrató a las dos asesinas, les encomendó entregarle ante de que muriera. ¿Cuál era el objetivo de ese mensaje, si de todas formas iba a morir? ¿Cuál era el objetivo del contratista con hacer que lo torturaran? Subaru no lograba entenderlo, y le frustraba en demasía no hacerlo, porque esa podría ser una pista valiosa...
¿Valiosa? El tren de pensamientos de Subaru se detuvo en seco, nublando aún más su conciencia. ¿Por qué pensaba eso en ese momento? ¿Qué obtendría él de ello? Venganza… Esa era la respuesta, antes de que tan siquiera pidiera notarlo, toda la frustración y odio se habían dirigido hacia el verdadero causante de la lamentable situación en la que se encontraba.
Algo dentro de él ansiaba venganza sobre la persona que manchó de dolor el camino hacia su final feliz. Ahora, sin importar si llegaba, las cicatrices que le dejaron las muertes, pero sobre todo la tortura, lo acompañarían de por vida. Y todo por un imbécil que se creía con el derecho de decir cuál era el camino correcto o incorrecto que él debía tomar.
¡Venganza! ¡Necesito descargar la ira que siento! ¡Necesito venganza! ¡Necesito venganza! ¡Necesito venganza! ¡Necesito venganza! Su tren de pensamientos descarrilado perdió por completo el rumbo. Odio e ira estaban cegando su mente, Subaru se sentía perdido en un mundo de frustración, miedo, ira, odio, terror…
¿Venganza? ¿Cómo la obtendría siendo tan débil? Desganado, el tren de pensamientos de Subaru volvió a descarrilarse; aún más, si es que era posible. La situación había sacado lo peor de él. No sabía como lidiar con lo que se encontraba en el exterior, y ahora tampoco podía lidiar con lo que se encontraba en su interior. Se encontraba en un impasse, y ahora que su mente había sido inundada de pesimismo, la única conclusión restante era la que siempre se había encontrado allí para él.
De nada habían servido las palabras y la determinación de Julius. De nada había servido la confianza de Anastasia. Para nada sirvió el sacrificio de los trillizos. La conclusión volvía a ser la misma. Así había sido desde que Subaru sufrió la tortura. Su mente se encontraba estancada, caminando en círculos, sin salir de ese pantano de desesperación que era su presente, su pasado y su futuro. La muerte era el camino…
No quería morir, odiaba la sensación, por eso deseaba poder aferrarse a las palabras de Julius. Quería convencerse de que la muerte no era el único camino, pero la sensación había quedado tan grabada en su corazón durante la tortura de Elsa, que no había nada que pudiera hacer para hacerla desaparecer. No importaba cuanto se esforzará en ignorarla, que fuera positivo y pensará que la determinación podría llevarlo al camino correcto, al final, algo dentro de él se encargaba de recordarle que… "La muerte es el único camino."
"Natsuki-kun…" El susurro de Anastasia llegó a su oído, pero Subaru decidió ignorarlo. Su mente y corazón ya habían aceptado de nuevo que solo quedaba ese camino, así que intentar prestarle atención a la chica sería inútil; como agua que cae en un coladero. Al final, Julius había estado equivocado…
"Julius… La muerte es el único camino." Empezaría de nuevo, no habría de otra. Aun sí ello iba en detrimento de su salud mental y emocional, Subaru volvería a acabar con su propia vida. Prefería eso a volver a convertirse en alimento de mabestias.
Instintivamente, Subaru tomó un pedazo de madera que había caído dentro del hoyo. Su forma, similar a una estaca, resultaría perfecta para cumplir su objetivo. Con la mirada vacía, Subaru contempló las múltiples púas de madera que sobresalían de su punta. Torciendo el rostro, concluyó que esa sería una peor muerte que atravesarse el cuello con el filo de una espada.
Robóticamente, como si su cuerpo hubiera sido programado para llevar a cabo esa acción tan naturalmente como el respirar, Subaru colocó la punta de la estaca en su cuello. La mínima luz de la luna que entraba por la pequeña abertura que permitía ver fuera del hoyo, era insuficiente para ver claramente dentro de él. Así que, con suerte, Anastasia no vería demasiado de su suicidio.
Dejarla sola en medio de todas esas mabestias, ya de por sí era una acción increíblemente cruel y egoísta. Su corazón se estrujo al percatarse de que había estado ignorado ese hecho, pero eso no bastó para detener lo que estaba por hacer. Una vez regresara al carruaje de dragón de tierra, podría esforzarse por pagar por el pecado que estaba por cometer. Una vez muerto, podría comenzar de cero y limpiar con sus manos manchadas de sangre las huellas de su anterior fracaso. Inhaló y exhaló, y entonces presionó la estaca contra su cuello…
"¡Natsuki-kun!" Antes de que la madera atravesara su garganta y lo ahogara con litros de su propia sangre, Anastasia se percató de lo que estaba sucediendo y empujó la punta de la estaca. El pedazo de madera, debido al impulso que Subaru le había aplicado, cayó al fondo del hoyo, lejos del alcance de Subaru.
"¿Ahh?" Exclamando estúpidamente, Subaru tardó un par de segundos para darse cuenta de que su intento de suicidio había vuelto a ser frustrado. Con sus pensamientos idos a la deriva, Anastasia lo tomó de uno de sus brazos y lo acercó a ella, abrazándolo. Ese no era un gesto de cariño fuera de lugar por parte de la chica, más bien era su patético intento de evitar que él pudiera volver a usar sus brazos para intentar acabar con su vida. Aún podría morder mi lengua si lo deseara, pensó él…
"¡¿Natsuki-kun, por qué?!" Pero los susurros ofuscados de Anastasia le quitaron el impulso necesario para llevar a cabo la acción. "¡Hasta hace un momento estabas hablando de respetar la determinación de Tivey y Hetaro y seguir escapando! ¡Me salvaste y luchaste por escapar de la mabestia que te atacó! ¡¿Qué pasó con esa determinación?!" Esforzándose por no elevar demasiado la voz, Anastasia lo cuestionó.
"Mira hacia afuera…" Sin intenciones de discutir con ella, Subaru le indicó que tras la abertura estaba la razón de su accionar. Anastasia no se movió. Tal vez no podía verle el rostro, pero Subaru estaba seguro de que la razón de porque no lo había hecho, se debía a que pensaba que él volvería a intentar matarse si soltaba su agarre. "No haré nada. Lo juro…" Después de dudarlo durante un momento, Anastasia se movió lentamente, acercándose a la franja sin soltarla camisa de Subaru. Al hacerlo, gracias a la luz que se filtraba, él pudo notar el gesto de completa desesperación que se dibujó en el rostro de la chica. "Ya no hay nada que podamos hacer, estamos acabados."
"A-Aun así…" Insegura, Anastasia le respondió mientras volvía a su lado. "Natsuki-kun, nada ganaremos si mueres. Yo me quedaré sola y tú te quedarás sin vida por la que luchar. Así que, ¿qué ganas rindiéndote antes de intentarlo?" Por el tono de su voz, era obvio que ni siquiera ella misma estaba del todo convencida de la fuerza de sus palabras.
"La muerte es el camino…" Como una casetera descompuesta, repitió la frase que más había llegado a decir ese día.
"¿De que hablas, Natsuki-kun? Por lo que escuché, lo mismo le dijiste a Julius. ¿Acaso no te salvó él de un intento de suicidio? ¿No había logrado él hacerte entrar en razón? Así que, ¿por qué insistes en esa locura de que la muerte es el camino?" Insistió Anastasia, acercándose a él, al punto en que sus alientos se mezclaron. Esa era la única manera de llevar a cabo esa conversación sin terminar en la fauces de una de las mabestias.
"¿Me hizo entrar en razón…? Cómo ya le dije a Julius, simplemente no lo entenderías." Anastasia parecía dispuesta a preguntar por una explicación, pero Subaru la detuvo antes de que sus palabras abandonaran sus labios. "Tampoco puedo explicártelo, o terminaría muy mal…" Tomando su pecho, él recordó la tortura de la sombra.
"Estás siendo muy poco colaborativo, Natsuki-kun… Yo solo quiero ayudarte." Desganada, Anastasia presionó su frente contra uno de los hombros de Subaru. Ella, al igual que él, se encontraba en su límite; la situación era demasiado complicada para ambos.
"Lo sé… Anastasia, yo también quisiera poder ayudarte. Si hubiera una forma de escapar de aquí con los dos vivos, ya habría tomado ese camino sin dudarlo. Pero ya no hay nada que podamos hacer. Tú eres una mujer inteligente, así que estoy seguro de que estás al tanto de ello." Dando un giro de roles, ahora él era quien estaba intentando convencerla a ella. Pero en vez de rendirse y aceptar sus palabras, Anastasia se alejó de él como un resorte y lo tomó de las manos; el calor de su cuerpo extendiéndose por los dedos de Subaru.
"¡¿Y acaso rendirnos resolverá algo?! ¡Natsuki-kun, mientras aún quede un poco de vida en nuestros cuerpos, debemos seguir adelante. ¡Tú mismo lo dijiste, cuando afirmaste que debíamos respetar la v-voluntad de Tivey y Hetaro, huyendo! ¡Ahora aplica de igual manera con M-Mimi! ¡Si te suicidas, estarías faltando a su determinación por darnos la oportunidad de escapar!" Con su voz ligeramente quebrada, Anastasia recordó la determinación de los trillizos por salvar sus vidas.
"Pero eso no cambia que no podremos salir de…"
"Desde que nací, me encontré en desventaja." Negándose a escuchar los comentarios negativos de Subaru, Anastasia continuó. "Nací en una familia pobre y quedé huérfana. Yo tuve que ganarme un nombre, un nombre que decidí para mí misma. También tuve que ganarme un apellido, apellido que también decidí para mí misma. Nací con nada y desde siempre me negué a aceptar que no había algo que pudiera hacer al respecto. Yo quería vivir bien, quería alejarme de las calles… Yo quiero tener todo lo que la vida me negó de nacimiento, quiero tener todo lo que mis manos puedan alcanzar. ¡Y no pienso rendirme a medio camino! Aún me falta mucho por conseguir, Natsuki-kun. Aún no he logrado ganar la Selección Real y aún no hemos logrado hacer de la Operación Reinvención un éxito. ¿No dijiste que la haríamos un éxito juntos? Si mueres, eso será imposible…"
"Anastasia, yo…" Su corazón comenzó a palpitar más rápidamente, pero no por el miedo, y su mente comenzó a aclararse.
"Natsuki-kun, la primera y única pertenencia con la que nacemos es nuestra propia vida, por eso debemos valorarla sobre todo lo demás. El primer paso para poder poseerlo todo, comienza con valorar la vida propia. Para una chica codiciosa como yo, ver a alguien increíble como tú, en quien he puesto tantas expectativas, decidir desperdiciarla suicidándose, es casi como un insulto. Si acabas con tu vida, estarías mancillando mis expectativas, las de Julius y las de muchas personas más. ¿No dijiste acaso, que pagarías el favor que les concedí a ti y tus compañeros durante las negociaciones, y que estarías a la altura de mis expectativas?"
"¡Pero yo nunca pedí que colocaran tantas expectativas sobre mí!" Sintiéndose extremadamente frustrado, Subaru intentó volver a cerrarse a las palabras de Anastasia negando con la cabeza, pero ella no lo dejó.
"Tú sí que lo hiciste, Natsuki-kun. Mediante tu determinación y trabajo duro. Tú luchaste por las expectativas que ahora tenemos colocadas sobre ti, así que no puedes pretender ignorar lo que hiciste en el pasado solo porque quieres rendirte. No hay forma de que mi opinión de ti cambie ahora, Natsuki-kun. Solo cambiando el pasado, y eso no es posible."
"¡Hnk!" Atragantándose con sus palabras, Subaru se sintió cada vez más acorralado por las palabras de apoyo de Anastasia.
"Así que hazle honor a esa determinación que has mostrado a lo largo de tu tiempo en Lugunica. Si estás donde estás, es porque un gran deseo te mueve; aunque sea desconocido para todos aquellos alrededor tuyo. Así que lucha por mantenerte con vida hasta el final y lucha por obtenerlo todo eso que deseas. ¡Y muestra la determinación necesaria para lograrlo!"
"¡Pero no tiene sentido seguir luchando! Mimi, Hetaro, Julius, Ricardo… Los dejamos atrás para que cubrieran nuestro escape y nada ha cambiado. Las mabestias nos tienen rodeados y no podemos hacer nada para escapar por nosotros mismos..." Agachando la cabeza, Subaru insistió en que no quedaba nada que hacer.
"¡Y acabando con tu vida solo lograras manchar los esfuerzos de todos ellos! Yo me niego a pensar que su determinación ha sido en vano. Estoy segura de que están allá afuera, luchando por darnos una oportunidad; así son mis confiables empleados. Así que debemos mantenernos firmes, Natsuki-kun. No puedes bajar la cabeza por las pérdidas, y sé que no soy la mejor persona para decirlo, pues yo también me mostré dudosa al dejarlos atrás… Pero debemos aceptar que no podemos hacer nada para ayudarlos; al menos no en este momento. Nosotros que somos no combatientes, debemos enfocarnos en apoyar como podamos a nuestros compañeros y en mantenernos con vida. Es lo mínimo que podemos hacer por ellos. Porque por mucho que lo deseemos, nunca podremos abarcarlo todo por completo… Así que no te rindas Natsuki-kun. Luchemos por sobrevivir. ¡Honremos los esfuerzos de aquellos que se quedaron atrás por nosotros, sobrevivamos este día y alcancemos nuestros objetivos juntos!
Oprimiendo su mano, Anastasia casi le suplicó por que no se rindiera. Y Subaru, que ya había agotado sus contraargumentos pesimistas, no pudo si no ver con admiración el brillo de la mirada determinada de Anastasia, cuyo rostro estaba siendo iluminado por la luz que se filtraba por la abertura. Con su cuerpo caliente, al punto casi de la ebullición, y su corazón latiendo a prisa, Subaru no pudo pensar en otra cosa que Anastasia y su admirable determinación.
Con el aliento cansado de ella golpeándole el rostro, Subaru se sintió en la necesidad de cerrar el espacio entre ellos. Después de todo lo que había dicho Anastasia, esa era la única respuesta que se sentía capaz de darle. Ella, la chica que le había abierto el camino hacia su final feliz. Ella, la chica que no lo había abandonado en ninguno de sus momentos más patéticos. Ella, la chica que se negaba a dejarlo rendirse.
¿Cómo podía él acabar con su propia vida y dejarla a merced de las mabestias? Aun sí él regresaba, no se sentía capaz de cometer acto tan cobarde. Así que, una vez más, el camino de su muerte había sido cerrado. Y no se sentía capaz de volver a tomarlo mientras aún tuviera algo por lo que luchar. Se comprometería a abrazar por completo la nueva promesa, ahora con más fuerza que nunca; repetir lo ocurrido con Emilia definitivamente ya no era una opción. Tendría que levantarse sobre sus dos pies y hacer honor a la nueva promesa.
