La Asesina y la Usuaria de Mabestias
Nueve horas desde la Última Muerte (Cinco Muertes)
"Anastasia…" Con sus labios resecos, Subaru intentó decirle algo… Pero por mucho que Anastasia hubiera logrado regresarle la determinación de luchar juntos por salir vivos de la situación en la que se encontraban, nada había cambiado. Seguían rodeados por las mabestias.
"¿Sí, Natsuki-kun?" Aun agitada, Anastasia preguntó con voz tensa. Algo esperable, debido a que era probable que ella aún esperara que él dijera algo en contra de sus palabras de apoyo.
"Me mantendré a tú lado, así que puedes estar tranquila…" Intentando tranquilizarla, Subaru le indicó indirectamente que ya no buscaría su propia muerte.
"Es bueno escucharlo… Tenemos mucho que conseguir juntos, así que no puedo perder a mi más reciente y prometedor empleado." Realizando un comentario ligeramente despreocupado, Anastasia propició el cambio del rumbo de la conversación. "Ahora… ¿Qué podemos hacer para salir de nuestra terrible situación? Supongo que sería ingenuo de mi parte esperar que se te hubiera ocurrido algo." Con una risa nerviosa, Anastasia señaló la obviedad de que Subaru quería rendirse, porque no tenía nada en mente para superar la situación en que se encontraban.
Sin embargo, Subaru no respondió nada… Anastasia probablemente no podía ver su rostro, debido a que la única pizca de brillo que se filtraba por la abertura del hoyo estaba iluminando el tierno rostro de Anastasia. Y aun así, ella también se mantuvo en silencio, como percatándose de que Subaru estaba pensando en algo.
Ahora que su desesperación había sido apenas curada por Anastasia, y su deseo de salvarla se había incrementado, Subaru estaba enfocando todos sus recursos mentales para encontrar una forma de escapar del hoyo sin morir devorados. ¿Y sí nos dividimos? No, ambos nos encontramos demasiado cansados, eso solo nos haría presas más fáciles. ¿Y sí salgo yo primero y…? Divagando, Subaru pensó en todo lo que pudo, pero cada idea que pasaba por su cabeza terminaba con ambos muertos.
Si pudiera salvarla aunque sea a ella. Si pudiera hacer algo para al menos asegurar la supervivencia de Anastasia, no se sentiría culpable por perecer. Podría hacer todo lo posible por atraer a la bestias e intentar sobrevivir a la persecución. Si moría, al menos lo haría por una buena razón… Con eso en mente, Subaru volvió a sentir la desesperación rodearlo con sus sucias garras.
Él era débil, y Anastasia también lo era. Juntos, por mucho que lo desearan, eran incapaces de sobrevivir. Además, él no era muy ingenioso, y aunque Anastasia sí lo era, estaba claro que su fuerte no era la supervivencia en combate. Ofuscado, Subaru repasó de nuevo sus opciones. Fue entonces que, por impulso, dijo algo que se había comprometido a no volver a decir: "Si no fuera solo capaz de regresar por…"
Había sido completamente involuntario. Con su mente esforzándose por encontrar una manera de escapar, dejó salir un comentario referente a que lo único que podía hacer era regresar de la muerte. Percatándose demasiado tarde de lo que había hecho, Subaru pudo notar que el tiempo había vuelto a detenerse.
Entrando en pánico, Subaru observó como la mano sombría volvía a materializarse. Esta ocasión, no solo sus dedos tenían forma definida, ahora también la tenían su muñeca y parte de su brazo hasta antes de su codo. La mano, al igual que la ocasión anterior, atravesó su pecho. Fue entonces que Subaru comprendió que la sombra seguía enfurecida por lo ocurrido con el fragmento de su mente, durante la primera vez que él rompió el tabú.
Entonces, un dolor tan intenso que podría hacerlo perder la cordura lo asoló. Para Anastasia fue solo instante, pero para Subaru fue un tiempo eterno durante el cual su corazón fue oprimido hasta convertirlo en una pulpa de carne y sangre. Cayendo de rodillas, Subaru vomitó el contenido de su estómago, el cual estaba mezclado con sangre. Aparentemente, esa ocasión la hemorragia solo se había concentrado en su garganta.
"¡Natsuki-kun!" Entrando en pánico, Anastasia intentó acercársele. Debido a la oscuridad, para ella había sido imposible comprender lo que había ocurrido; su única pista de que algo sucedió, fue el sonido de Subaru vomitando. Pero el miedo recorrió su cuerpo al captar el olor desagradable del vómito, acompañado por el olor metálico de la sangre. "Natsuki-kun…" Nerviosa, Anastasia volvió a llamarlo.
"E-Estoy bi… bien." Escupiendo la sangre que se había acumulado en su boca, Subaru intentó ponerse en pie, pero se tambaleó y cayó.
Subaru no era capaz de comprender de donde provenía la hemorragia, pero sí seguía vivo, significaba que su corazón seguía latiendo sin problema. Aun así, la tortura de la sombra lo había dejado con secuelas que le hacían aún más difícil el salir vivo de la actual situación. Era como si no pudiera empeorar más… Lastimosamente para él, ese no era el caso.
"¡Grrroaah!" Despedazando los escombros que habían estado cubriendo el hoyo, tres Wolgarm entraron en éste y se abalanzaron contra Subaru. Fue en ese instante, antes de ser devorado por las bestias, que él se percató de algo. Es a mí a quién han estado siguiendo…
"¡Waaahhh!" Pero ese pensamiento, al contrario de sus expectativas, no lo acompañó al tercer bucle en Priestella. Debido a que, las mabestias que habían estado a punto de devorarlo, estallaron en una lluvia de vísceras que los bañaron tanto a Anastasia como a él.
Todo sucedió demasiado rápido como para que pudiera procesarlo correctamente. Había sido atacado por las mabestias poco después de que rompió estúpidamente el tabú de la sombra, para inmediatamente después ser salvado por el grito de uno de los trillizos. Captando eso último, Subaru se asomó fuera del hoyo, recuperando parcialmente su capacidad de mantenerse en pie.
Anastasia, que no tardó en acercársele para ayudarlo, también se asomó impacientemente. La imagen, aunque no era desoladora, estaba lejos de ser milagrosa. Se trataba de Mimi, la cual estaba llena de cortes y heridas, y su hermano Tivey, que aunque estaba lleno de golpes, se encontraba en mejor estado que su hermana. Por último, Hetaro, que venía a espaldas de su hermano, carecía de una de sus piernas y uno de sus brazos.
"Hetaro…" Al borde de las lágrimas, Anastasia observó la terrible imagen. Subaru, sin pensarlo dos veces, se movió para salir del hoyo. La chica, comprendiendo sus intenciones, lo ayudó y juntos se acercaron a los trillizos. Una vez con ellos, Anastasia soltó a Subaru y se acercó a ellos.
"Señorita, me alegra que esté bien…" Con un remanente de su sonrisa vivaz, Mimi miró a su ama. Para entonces mostrar un gesto de tristeza. "Mimi lamenta que el plan no funcionara, señorita. Si no hubiéramos regresado a tiempo, tal vez nunca…" Ahogando un sollozo, la niña fue incapaz de continuar.
"Yo también debo disculparme, señorita. No pudimos evitar que las mabestias terminaran rodeándolos. Y si no hubiera sido por Hetaro, yo estaría muerto." Un poco más estable, Tivey también se lamentó por fallar en su trabajo.
Sin embargo, Anastasia no los reprendió, todo lo contrario. Sin decir nada, envolvió a los hermanos en un abrazo. Los ojos de Tivey se humedecieron, empañando su monóculo, el cual tenía un quiebre atravesándolo. Mimi, por su lado, rompió en llanto, regresando el abrazo. Tras un momento, Anastasia se separó de ellos, secando las lágrimas que no había sido capaz de evitar derramar.
"Me alegra que hayan regresado." Les dijo, sonriéndoles. Tras ello, miró a Hetaro con tristeza. "¿Hetaro está…?" La pregunta al final se trabó en su garganta, por lo que no pudo terminar de formularla. Tivey, para sosiego de ella, negó con la cabeza.
"Todavía está vivo. Sin embargo, si no hacemos algo rápido…" Las preocupaciones de Tivey eran obvias. Necesitaban encontrar un curandero lo más rápidamente posible, pero la situación complicaba mucho el hacerlo. "La cantidad de mabestias en el hotel es muy alta, y da la sensación de que no paran de aparecer. Para empeorarlo todo, algunas especies son muy poderosas. Es probable que no hubiéramos podido llegar aquí y haber vencido a las mabestias cercanas tan rápido, de no ser porque de pronto todas la mabestias nos ignoraron y comenzaron a correr en esta dirección…" Extrañado, Tivey comentó la razón de que hubieran logrado regresar con su ama…
"Tengo una idea." Subaru, que los había estado observando desde un costado, había llegado a una conclusión. Atando los cabos de lo que notó al momento de ser atacado, y lo que escuchó de Tivey, Subaru concluyó que él podría servir de cebo para alejar a todas las mabestias del camino de Anastasia y los trillizos. Finalmente podría ser de utilidad.
"¿Natsuki-kun?" Mostrándose dudosa, Anastasia volteó hacia él. Subaru no estaba seguro del porque las mabestias lo seguían o sí tenía que ver con que él fuera el objetivo de las asesinas, ni si romper el tabú estaba relacionado con que lo encontraron aún dentro del hoyo. Pero sí sabía que podría ser utilidad si al menos ponía en juego su vida, en favor de la de aquellos que la había estado protegiendo en su lugar.
"Yo atraeré a las mabestias y huiré en esa dirección. Ustedes podrán salir del hotel y buscar ayuda para Hetaro." De manera simple, Subaru declaró su plan.
"Natsuki-kun, en el estado en que te encuentras no creo que se buena idea. Además, ¿cómo estás tan seguro de que lograrás atraer a las mabestias?" Expresando sus dudas, Anastasia mostró su desacuerdo con el plan.
"Solo lo sé, Anastasia. Además, después de todo lo que me dijiste, no puedo aceptar que me impidas hacerlo. Si lo hago, es por determinación a mantenerlos a ustedes, y a mí mismo, con vida. No importa cuantas mabestias me sigan, yo encontraré la manera de sobrevivir, te lo prometo. Al fin y al cabo, no pienso mirar desde la muerte como vuelves mi proyecto un éxito sola." Sonriendo, Subaru se señaló a sí mismo, confiado. Aunque claro, a la vista de cualquiera, el temblor en sus extremidades indicaba que se trataba de un acto para cubrir el miedo que sentía.
Suspirando, Anastasia lo miró con melancolía. "Supongo que debo respetar tu determinación, Natsuki-kun… En ese caso, te diré lo mismo que a mis más importantes empleados. ¡Te ordeno que vuelvas con vida! Si mueres, mi compañía tendrá grandes pérdidas!"
"¡Lo haré!" Recuperando un poco de su espíritu, Subaru se preparó para llevar a cabo su plan. Sin embargo, una voz se lo impidió.
"Subaru, déjame acompañarte." Tivey, que acababa de entregarle su hermano herido a Anastasia, se acercó y a él y lo miró a los ojos desde su corta estatura. "Juntos atraeremos a las mabestias y…"
"Lo siento, Tivey. Pero voy a tener que rechazar tu ayuda." Con gesto amargo, Subaru se vio en la necesidad de decirle que no, al determinado trillizo. De esa forma, Subaru había rechazado su mejor oportunidad de salir vivo tras ejecutar su plan; pero no sin una razón. "De tus hermanos, eres el único que parece capaz de seguir luchando sin problemas. Si vienes conmigo, mi plan perdería sentido, porque Anastasia y tus hermanos quedarían muy expuestos al peligro de ser atacados."
"Yo… Tienes razón, Subaru." Asintiendo, Tivey comprendió que lo que Subaru decía tenía sentido, por lo que regresó al lado de Anastasia sin discutir.
"Bien, en ese caso aquí nos separamos. ¡Les deseo la mejor suerte!"
"Igualmente, Natsuki-kun. ¡Gracias por tus esfuerzos!" Agitando su mano, Anastasia se despidió de él de manera simple, habiendo dicho ya lo que necesitaba decir. Satisfecho, Subaru se dispuso a alejarse de ellos, pero de nuevo fue detenido antes de poder hacerlo, pues sintió algo en sus pies que le impidió avanzar. Al mirar hacia allí, notó dos ojos verde-azulados llorosos.
"Gracias, Onii-san… Espero que regreses para que puedas seguir dándome juguetes interesantes." Mimi, abrazando su pie, le agradeció, a su manera, por lo que estaba haciendo.
"¡Logra todo lo que acabas de prometer! Si lo haces, nunca volveré a dudar de ti, Subaru Onii-san." Sin decir nada más, Tivey también se despidió de él, pero desde el lado de su ama. Tras ello, Mimi lo soltó y regresó con Anastasia y sus hermanos.
Mirándolos una última vez, Subaru comenzó a correr con toda su energía hacia lo profundo del hotel. Una vez se alejó de los rastros de sangre y órganos dejados por las mabestias que habían rodeado en el hoyo, notó que varias mabestias comenzaron a seguirlo. Para su suerte, la mayoría no eran demasiado veloces; lo cual era de esperarse, pues aquellas veloces, al llegar antes a la escena, ya habían sido exterminadas por Mimi y Tivey.
"No sé si debería probarlo." Dijo para sí mismo. Quería comprobar si romper el tabú tenía relación con el hecho de que las mabestias habían ignorado a Mimi, Tivey y Hetaro y habían corrido hasta hoyo donde se encontraba con Anastasia. Pero temía que si lo probaba, las secuelas le dificultarían aún más el escape. También se arriesgaba a que alguna de las mabestias más peligrosas lo encontrara, y en el estado en que estaba, completamente solo, su muerte sería algo certero. Además, la sola idea de volver a sufrir la tortura de la sombra lo hacía echarse para atrás… "Sin embargo, para asegurarme de que no perseguirán a Anastasia y los enanos, debo hacerlo…" Decidido a hacer todo lo posible para alejar a las mabestias de Anastasia y los niños, Subaru tomó una fuerte bocanada de aire y gritó… "Puedo morir y regresa-"
La mano, ahora con su codo bien definido, regresó para volver a tomar su corazón con violencia, trasmitiéndole una fuerte dosis de celos en el proceso. Y tras un tiempo que pareció eterno para Subaru, la mano sombría finalmente lo liberó de nuevo. Lamentablemente para él, lo que más temía sucedió. Su cuerpo colapsó, mientras sangre salía de su boca y nariz, y una manada de mabestias de varios tipos, entre estas los osos con flores en su cuerpo, se acercó a él.
¡Maldición! Espero al menos haber logrado ayudar a Anastasia y… Los pensamientos de Subaru se derrumbaron como una torre de naipes al ser golpeada por una fuerte ráfaga de viento. Proveniente de sus piernas, un dolor agónico recorrió todos sus nervios hasta chocar con su cerebro, como un tren al que se le habían descompuesto los frenos.
Era la sensación de los colmillos atravesando sus carne. Era la sensación de las fauces desagarrando sus músculos. Era la sensación de los caninos rebanando sus tendones. El dolor provenía de las múltiples heridas de mordida provocadas por una decena de mabestias que querían tener un pedazo de él.
Subaru se encontraba tan aturdido por el dolor, que fue incapaz de reaccionar para poder luchar por su vida. Al fin y al cabo, él era débil. Por mucho que no deseara morir, no había nada que él pudiera hacer al respecto. Con su mirada apuntada hacia el suelo, Subaru pudo observar el charco de su sangre extenderse lejos de su cuerpo. En solo cuestión de instantes sus pies serían devorados y sería el turno del resto de su cuerpo. Era inevitable, volvería a tener una terrible muerte…
"Hmm… ¡Chicooos, deténganse! ¡Ahora! ¡Raaayos! Son tantos, que mantener controool sobre ellos se ha vueeelto extremadamente difícil. ¡Ahem! ¡Chicos, deténganse ahora!"
De pronto, cuando su vida volvía a pender de un hilo, Subaru volvió a ser salvado. Lentamente, las bestias dejaron de roer sus piernas y se alejaron de él. Parpadeando, confundido, Subaru levantó el rostro, para así buscar con la mirada a la persona que había fungido como su más reciente salvador. Ponerse en peligro y ser salvado, eso era todo lo que Subaru había logrado hacer, aun cuando se encontraba determinado a intentar cambiar su situación.
"¡Hnk!" Fue cuando logró captar la imagen de su salvador, que Subaru se atragantó con su propio aliento. Allí, sobre una de las bestias en forma de hipopótamo, se encontraba Meili. La niña, al notar que su objetivo la estaba mirando, sonrió lujuriosamente.
"¡Hooola, Onii-san! Me aleeegra haber estado cerca para eeevitar que murieras comido por mi chiiicos." Tras saludarlo, la niña miró con reproche a sus mabestias. "Parece ser que tu olooor las atrae y las pone en modo de éeeextasis. Ahooora estoy controlando más mabeeestias de lo que el límite de mi Protección Divina me permiiite. Además, estooooy controlando varias con las que no teeengo buena compatibilidaaaad. Así que deberías queeedarte quieto, o podrías terminaaar devorado sin que yo pueeeda hacer algo al respeeecto."
Subaru, a pesar de su estado, se esforzó por escuchar cada detalle de lo que estaba diciendo despreocupadamente la niña. Al menos así, tras morir, no se sentiría como que tuvo una muerte carente de sentido. Cada pieza de información era vital para darle sentido a cada una de sus muertes. Puesto que Subaru se había comprometido a no morir sin luchar, daría todo de sí para mantenerse vivo hasta el último minuto y sacar provecho de hasta el último segundo.
Y aunque mucho de lo que Meili había dicho no tenía sentido para él, si había escuchado varias cosas que creía que podrían ser importantes. La niña había mencionado una Protección Divina, y por lo que Subaru sabía de ellas, se trataban de una especie de bendición que cualquier persona nacida en ese mundo podría recibir. Varían de cualidades y rareza, y, entre más útil sea la Protección Divina, más raro será encontrarse a una persona con ella.
Aparentemente, Meili tenía una Protección Divina que le permitía controlar a las mabestias; o al menos eso es lo que ella había dado a entender. Si ese era el caso, entonces explicaría como una niña tan pequeña y de apariencia frágil, podría ejercer como líder de tantas bestias peligrosas. Además, había descubierto que ella había alcanzado el límite de mabestias que podría controlar con su habilidad, y que eso hacía que pudieran dejar de obedecerla. Tal vez esa información no sería demasiado útil en ese momento, pero, si moría, cosa que comenzaba a creer que realmente no podría ser impedida, sí que lo sería.
"¿Por qué m-me mantienes vivo?" Le preguntó Subaru, esforzándose por ignorar el tremendo dolor que sentía en sus piernas; comparable a tenerlas metidas en la caldera de un volcán.
"¿Hmm? ¿Qué pregunta tooonta es esa? Es obvio que lo haaago porque necesito que mi compañera se reúna conmigo y haga lo que nos encargaaaron. Con el estado en que se encueeentran mis mabestias, si intentara hacer que te tortureeen, terminarías devorado antes de haber empezaaado. Sinceramente, pensé que ya sabías eeeso… ¿No fuiste tú quien descubrió nueeestro plan…? Aún no puedo creer que arruinaaaras días de esfuerzo y trabajo. Te habíamos estado esperaaando en las alcantarillas, las cuales huelen muy mal, solo para poder emboscaaarte en el mejor momento. Fuimos cuidadosas como nuestro clieeente nos pidió, y aun así no sirvió de naaada. Para empeorar tooodo, habríamos atacado una vez nos enteraaamos de que descubriste nuestro plaaan, pero perdimos mucho tiempo preparaaando a los chicooos. ¡Así que estoy muy frustraaada! Onii-san, diiime, ¿cómo descubriste nuestro perfecto plaaaan?"
"Te lo diría…" Le respondió Subaru, sonriendo a pesar del dolor que sentía. El solo saber que había arruinado los esfuerzos de las asesinas, mejoraba un poco su humor. "… si pudiera."
"¡Hm!" Volteando su rostro, ofendida, Meili dejó de mirarlo. "Estúpido Onii-san… Hmm… Elsa, ¿dónde te habrás metiiido…? Si no llega prooonto, nuestro objetivo morirá desaaangrado. ¿Qué le tomará taaanto tiempo? ¿Debería seguiiiir esperándola? ¿O mejor hago el trabajo por mí miiiisma? Aunque es cierto que no creeeo que funcione… Los chicos están demasiado agitados, y la mayoooría de los que traje del desierto ya casi dejó de obedeceeerme por completo… Hmm… ¿Qué debería haaacer-? ¿Hmm?" Mientras la niña divagaba en vos alta, el sonido de huellas acercándose llegó a los oídos de ella, sus mabestias y Subaru. "¿Elsa?"
Subaru, que se encontraba rodeado de múltiples bestias que le hacían imposible mirar en la dirección de donde provenían las pisadas, temió que se tratara de la compañera de la niña. Si se trataba de Elsa, no estaba seguro de poder acabar con su propia vida antes de la tortura, como lo hizo durante su anterior muerte. Si era Elsa, la roca esmeralda que le impedía morir sería colocada en su cuello y sufriría en extremo una vez más. Así que, con el corazón en la mano, Subaru escuchó en silencio el sonido de los pasos acercándose.
"¡Lamento no ser quien esperabas, niñita! ¡Pero me temo que tu fiesta de mabestias se acabó!" Con una voz similar a un treno, extremadamente familiar para Subaru, el dueño de los pasos aseguró que detendría a Meili y sus bestias. Emocionado, Subaru se dio el lujo de volver a tener un poco de esperanza, pues Ricardo había llegado para eliminar hasta la última de las mabestias atraídas por, según las niña, su olor.
Julius sabía que sacar la cuchillo de su pierna aumentaría la hemorragia. Sin embargo, no hacerlo implicaría perder movilidad, y él no podía darse ese lujo. Aplicando fuerza en sus mandíbulas, el caballero arrancó el arma metálica de su muslo y lo lanzó lejos, fuera del área que comprendía el comedor. Hasta hace un instante, él se había encontrado en ventaja, pero ahora la balanza se había revertido y ahora era él quien se encontraba en una situación desventajosa.
"Había escuchado que eres capaz de burlar la muerte, pero nunca esperé que fueras capaz de regenerar extremidades perdidas." Mirando a Elsa con recelo, Julius hizo un torniquete improvisado con un pedazo de su capa, para así asegurarse más tiempo efectivo de combate.
"Es solo una bendición que le debo a Madre, gracias a ello, siempre he podido luchar sin preocuparme por lo que le suceda a mi cuerpo." Relamiéndose, la chica comenzó a acercarse a él con la intención de reanudar el combate.
"Creo saber que es esa habilidad tuya. Algunos le llaman vampirismo, pero su nombre es Muñeco Maldito. Una antigua técnica de brujería utilizada comúnmente en Gusteko para asesinar. Aunque debo admitir que evitar el efecto secundario, que implica la pérdida de conciencia a cambio de una supuesta inmortalidad, es algo digno de admiración." Habiendo comprendido el origen de la inmortalidad de la Cazadora de Entrañas, Julius expuso frente a la asesina los información que conocía al respecto de su supuesta bendición.
"Hmm…" Deteniéndose a medio camino, Elsa lo miró con aparente tranquilidad. "Parece que descifraste mi bendición. Algo esperable por parte del Caballero Amable. Aun así, ¿qué piensas hacer con esa información? No es como que te vaya a servir para matarme…"
"Gracias por confirmar mis sospechas. Por lo que veo, realmente no te molesta que yo sepa el secreto de tu supuesta bendición."
"¿Por qué lo haría? Adoro luchar en desventaja, así que si saber mi secreto te ayuda para darme una mejor batalla, entonces estoy dispuesta a dejarte saberlo." Volviendo a lamerse los labios, Elsa comenzó a tomar posición de impulso.
"En ese caso, te diré que la técnica del Muñeco Maldito tiene una debilidad, y esa es que sin importar cuanto daño reciba el cuerpo, si el alma es dañada, el huésped morirá. Algo que resulta extremadamente ventajoso para mí, considerando que mi técnica de Caballero Espiritual, Clarista, imbuye el filo de mi espada con una gran cantidad de maná, haciéndolo capaz de rebanar la existencia misma de a quien alcanza; incluida su alma."
"Hmm… Una batalla de vida o muerte… ¡Que emocionante! ¡En ese caso, demos todo de nosotros! ¡Hasta la última gota de nuestra sangre!" Habiendo compartido toda la información que necesitaban compartir, Elsa finalmente se lanzó contra Julius. Él, sin dudarlo, la esquivó y, realizando un arco con la punta de su espada, le intentó rebabar el cuello.
Con su cabeza rozando el suelo, Elsa esquivó el ataque de Julius, para entonces sacar otro cuchillo de su vestido e intentar cercenar el tobillo del caballero. Éste, percatándose de las intenciones de la asesina, pateó con fuerza, golpeando el codo de ella. La fuerza de la patada fue tal que, el brazo recién regenerado de Elsa, se dobló en un ángulo completamente anormal; se trataba de una luxación.
Los huesos que formaban la unión de su codo derecho se encontraban completamente separados, por lo que Elsa se vio en la necesidad de volver a alejarse de Julius. Su brazo se encontraba colgando, y ahora había una protuberancia extraña donde se suponía que estaba el codo. Aun así, Elsa no había soltado el cuchillo que tenía en esa mano. Sonriendo, la mujer tomó su antebrazo y, sin realizar el mínimo gesto de dolor, se dispuso a reacomodar su codo.
"¡Clarista!" Por supuesto, Julius no esperó pacientemente a que la mujer reacomodara su brazo.
Antes de que la mujer pudiera terminar de recolocar los huesos de su codo, la espada de Julius ya se encontraba a centímetros de su cara. Mirando su reflejo en el acero del arma, Elsa pudo notar que su rostro ahora estaba bañado en sangre.
Sin perder su sonrisa perversa, Elsa aplicó toda su fuerza en el antebrazo que estaba tomando y, con un sonido de crack, colocó el hueso de su codo en su lugar. Mientras lo hacía, deslizándose con sus pies, la asesina se alejó del trayecto de la espada, retrocediendo hacia un costado. Soltando un silbido al viento, la espada formó un arco, dejando atrás una estela de luz, y regresó en su camino para intentar una vez más cortar a la asesina.
Con un rápido movimiento de pies, Julius estaba acorralando cada vez más a Elsa que, notándose en desventaja, se vio en la necesidad de dar un salto hacia atrás y caer sobre una de las pocas mesas que no había sido destruida durante la batalla. Fue entonces que ella se percató de un fuerte dolor en su rostro. Desde la base de su oreja, pasando por su mejilla y llegando hasta su mentón, había profundo corte de espada, del que no paraba de brotar sangre; el corte cubría gran parte de su rostro.
"Hmm… Si esto sigue así, terminaré perdiendo. Necesito recuperar la ofensiva." Sintiendo cuidadosamente los mangos de sus cuchillos con las palmas de sus manos, Elsa observó lo que quedaba del comedor. Una parte se encontraba carbonizada, la mayoría de las mesas había sido convertida en escombros y las paredes de madera estaban llenas de agujeros, que habían sido realizados tanto, durante el combate entre ella y Julius, como durante el breve combate entre los mercenarios y las mabestias.
Teniendo una trayectoria en mente, Elsa saltó hacia una de las paredes y, tomando impulso, comenzó a saltar de un punto de la habitación a otro, como si de un proyectil se tratara. Entre cada salto que daba, aprovechaba para atacar a Julius, que se había visto en la necesidad de permanecer en un solo punto para poder defenderse de los embates. El combate se encontraba en su etapa final, quien se mantuviera en pie en los próximos minutos, sería el vencedor, mientras que la vida del perdedor sería extinta. Eso era inevitable, así que la pregunta era: ¿Quién moriría?
