ARCO II: El País de la Reinvención - Kararagi
Kararagi: País de la Reinvención
Dos meses desde la Última Muerte (Cinco Muertes)
Todo estaba oscuro, completamente oscuro. Subaru se encontraba rodeado de sombras, las cuales lo observaban a la distancia, sin atreverse a acercársele. Parpadeando, Subaru intentó comprender donde se encontraba, lo último que recordaba era que había estado trabajando en varios nuevos diseños que aún carecían de los detalles finales.
La carencia de brillo era tan extrema, que le era imposible ver incluso la punta de su nariz. Instintivamente, Subaru pensó en llevar sus manos frente a sus ojos, pero entonces lo notó. Tenía las palmas de sus manos alrededor de algo, y por mucho que se esforzaba por soltarlo, le resultaba imposible.
Subaru sabía que tenía que soltarlo, fuera lo que fuera. No estaba seguro de la razón, pero su instinto no mentía. Tenía que soltar lo que fuera que tuviera entre sus manos, pero éstas se negaban a obedecerlo. Tal vez si miraba hacia abajo… No, Subaru no quería hacerlo. Algo dentro de él le decía que si miraba lo que fuera que tuviera entre sus manos, lo lamentaría.
Así que Subaru forcejeó con más insistencia, dando todo de sí por soltar ese algo. Sin embargo, no importaba cuanta fuerza aplicara, cuanto se obligara a sí mismo a soltarlo, ni siquiera la punta de sus dedos había cedido. Aplicando increíble poder a su mordedura y cerrando sus parpados hasta que la franja entre ellos cicatrizara y se volviera una sola, Subaru se negó a rendirse y mirar hacia abajo.
"Mira… Mira el fruto de tus actos…" Entonces, cuando Subaru se encontraba más enfocado en no mirar, en no detener sus inútiles esfuerzos por soltar aquello entre sus palmas, una voz proveniente de las sombras llegó a su oído. Subaru la ignoró, insistiendo con determinación necia. "Mira… No podrás evitarlo por siempre… Debes observar el fruto de tus actos…"
"No…" Susurrando entre sus dientes apretados entre sí, Subaru se negó. Lo sabía, si miraba, todo terminaría, sería su fin.
"Mira, mira, mira, mira, mira… No puedes evitarlo por siempre… Debes observar el fruto de tus actos…"
"Cállate…"
"Mira… mira… mira… mira…"
"Cállate… cállate… cállate…"
"Mira… Mira… Mira…. ¡Mira!"
"No quiero…" Sin percatarse de en qué momento lo había hecho, Subaru había comenzado a intercambiar palabras con la voz sombría. Mientras apretaba con más fuerza su mandíbula y parpados, y se esforzaba insistentemente en soltar lo que tenía entre las manos, Subaru había comenzado a menar su cabeza en señal de negación.
"¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira!"
"¡Que no quiero! ¡Maldita sea!" Finalmente dejando de apretar sus mandíbulas, Subaru abrió su boca y gritó a la voz, negándose a obedecerla.
"¡Tu resistencia es inútil! Mira… Mira el fruto de tus actos… Observa el pecado que manchó tus manos de sangre."
"¡Hnk!" Liberando un quejido ahogado, Subaru sintió como su cuerpo comenzaba a ceder. Lentamente, sus parpados comenzaron a abrirse contra su voluntad, a la vez que su cuello comenzaba a obedecer a la voz y comenzaba a doblarse de manera en que sus ojos pudiesen observar aquello que tenía entre sus manos.
"Observa el fruto de tus actos…"
Finalmente, sus parpados se abrieron y su cabeza se agachó completamente. Entonces, un brillo rojo comenzó a iluminar la escena frente a sus ojos. Era sangre, la sangre que bañaba toda la estancia sombría. Las paredes, el techo, el suelo, todo estaba cubierto de sangre que, como si poseyera bioluminiscencia, había vencido a la oscuridad con su brillo rojizo.
Sintiendo las náuseas apoderarse de sus estómago, mientras su cuerpo comenzaba a temblar violentamente, Subaru observó con horror de donde provenía toda la sangre. Hetaro, Mimi, Tivey, Julius, Ricardo, Otto, Leith… Anastasia. Todos sus cuerpos se encontraban mutilados, con sus abdómenes totalmente abiertos. Y, como si de una enredadera se tratara, todos sus intestinos estaban rodeándolo a él, al punto en que solo respirar implicaba rozar con su cuerpo la piel rojiza de las entrañas.
Y todo ese cuadro horripilante solo servía para resaltar la escena que se estaba desenvolviendo entre sus manos. La niña de pelo azul, con sus ojos verdes salidos de sus cuencas, su piel pálida y su cuello desarticulado ubicado entre sus manos, se encontraba mirándolo directamente a él con su mirada carente de vida. Subaru, por la sorpresa, intentó soltar su cuello una vez más, pero, como era de esperarse, la acción resultó completamente inútil.
"Observa el fruto de tus actos…"
"No…" Con lágrimas formándose en sus ojos, Subaru negó una vez más.
"El pecado que manchó tus manos de sangre… La cicatriz que te marcará de por vida…"
"No… No quiero… Yo…" Perdiendo el aliento, Subaru, incapaz de evitar mirar, intentó defender su caso; pero una vez más, fue inútil: todo lo que intentaba hacer lo era.
"Observa… Observa… Observa…"
"¿Por qué…?" Melancólico, Subaru cuestionó el accionar de la voz sombría.
"La muerte es el camino…" Con su movimiento inhabilitado, Subaru no pudo hacer más que observar el cadáver de la niña, mientras sentía como las sombras que lo rodeaban se le acercaban. "Observa el fruto de tus actos… Observa aquello a lo que llevó el camino de la muerte… Observa aquello a lo que llevará el camino de la muerte… Observa el pecado que manchó tus manos de sangre…"
Cada palabra que las voz decía, ésta se percibía más cercana. Más y más cerca, hasta que su cuerpo se sintió oprimido por la presencia de la aglomeración de sombras. No podía escapar, no podía luchar, solo podía observar. En silencio, Subaru fue tragado por el tsunami de sombras, que sin dejar rastro, sumió todo una vez más en la oscuridad…
"¡Hnk! ¡Koff! ¡Koff!" Sintiendo un fuerte golpe en la parte trasera de su cabeza, Subaru despertó abruptamente.
Entrecerrando los ojos, debido al brillo que se filtraba en su habitación, Subaru tanteó con sus manos. Sintiendo el borde de su escritorio, Subaru se apoyó sobre éste y se puso en pie. Con su vista ligeramente acostumbrada al cambio de iluminación, observó el lugar en el que había despertado.
Su habitación, al igual que aquellas en el hotel de Priestella, poseía la misma arquitectura de su país natal. Por lo consiguiente, su piso y paredes tenían parches de tatami blanco y su estructura era de madera. La luz se filtraba por el delgado material de sus ventanas y puerta, iluminándola por completo sin la necesidad de utilizar una lampara o tener una de éstas abierta.
La habitación no era demasiado grande, contaba solo con su lecho para dormir y un escritorio de madera, el mismo en el que se encontraba apoyado. Su cama, o mejor dicho, su futón se encontraba completamente ordenado; señal de que no había dormido en él. Sobre el escritorio se encontraban varios papeles dispersos y había una silla de madera tirada frente a éste. Lo que explicaba su duro despertar.
De igual forma que las últimas noches, Subaru se había quedado despierto hasta tarde, trabajando en sus diseños. Sin percatarse de ello, se había quedado dormido en la silla, recostado sobre el escritorio. Así como esa no era la primera vez que eso le ocurría, tampoco era la primera vez que despertaba abruptamente debido a una pesadilla.
Eso ya era algo que le solía suceder antes del viaje a Priestella, pero tras lo ocurrido allí, las pesadillas se habían vuelto más realistas y traumáticas. Tal vez esa era una de las razones por las que se dormía hasta tarde trabajando en sus diseños, tal vez estaba evitando dormir… Suspirando, Subaru sacudió la cabeza. Después de frotarse los ojos, se agachó, levantó la silla y se sentó en ella.
En completo silencio, Subaru comenzó a acomodar los papales regados sobre el escritorio. El primero que tomó era un boceto que recordaba a un barril con dos mangueras, una que tenía una flecha señalando al barril y una que tenía una flecha señalando al lado contrario del barril. Se trataba de una máquina filtradora de agua. La idea aún estaba en las primeras etapas, por lo que no estaba del todo bien desarrollada.
Había comenzado a trabajar en ella la noche anterior, así que era de esperarse que el diseño no fuera más que un borrador. El como se le había ocurrido hacer un filtrador de agua, se debía a que hace un par de semanas había visitado uno de los baños públicos de Kyo, la ciudad donde ahora se encontraba…
Después de aceptar la oferta de Anastasia de acompañarla a Kararagi, el grupo que había viajado hasta Priestella se dividió en dos. Por un lado estaban Julius y Hetaro que, junto a una pequeña parte del Colmillo de Hierro, regresarían a la capital de Lugunica con el objetivo de conseguir que el mejor usuario de magia curativa del país tratara al pequeño demi-humano. Y en el otro lado estaban Anastasia, Ricardo, Mimi, Tivey, la mayoría del Colmillo de Hierro y, por su puesto, él; que tenían como destino el país natal de todos los antes mencionados, exceptuando a Subaru.
Subaru, mientras observaba como se alejaban de Priestella, había preguntado a Anastasia sobre el usuario de magia que ella esperaba que Julius convenciera de tratar a Hetaro. Tenía curiosidad, pues ella parecía bastante convencida de que su caballero tendría éxito. Ahí fue cuando se enteró de que Felix Argyle era el nombre de esa persona, uno de los caballeros del reino y el mejor usuario de magia de elemento agua del país.
Además, se trataba del caballero de una de las candidatas de la Selección Real, Crusch Karsten, y un amigo cercano de Julius. Eso explicaba la confianza que tenía Anastasia de que Julius conseguiría su ayuda… Aun así, aparentemente Anastasia buscaba hacer un trato con su rival, pero dado que no mencionó nada más al respecto, Subaru decidió no preguntar sobre ello.
A lo largo del camino, el cual tomó casi el mismo tiempo que el viaje hacia Priestella, Subaru tuvo tiempo para mejorar sus lazos con aquellos cuyas caras había estado viendo diariamente por casi un mes. Fue entonces que él se percató de que Mimi y Tivey ahora lo trataban con mucha más cercanía que antes. Especialmente Mimi, que no era raro que se subiera en sus hombros o regazo y se pusiera a juguetear con uno de sus artilugios reinventados.
Y los dos trillizos no eran los únicos que ahora lo miraban con buenos ojos. Ricardo, tras escuchar como Subaru expuso su vida para que Anastasia y los trillizos pudieran escapar del hotel, también comenzó a tratarlo con mucha mayor familiaridad. Y no es que antes fueran fríos con él, simplemente que ahora no era solo el nuevo socio/empleado de Anastasia.
Por parte de su nueva jefa, ella no lo trató de manera especialmente distinta a como antes lo trataba. Si acaso, lo único que Subaru pudo notar fue un incremento en el interés por parte de ella hacia él. Pero eso también aplicaba a todos aquellos que lo acompañaban. Él había predicho perfectamente el ataque y las atacantes, y además, había colaborado durante el asedio, a pesar de su nulo poder físico y mágico.
Por lo mismo, Subaru había comenzado a notar que distintos rumores sobre él se estaban esparciendo, y eran… curiosos, por decir lo menos. Uno era una teoría sobre sus ideas; decían que realmente tenía el poder de ver el futuro, y que eso explicaba porque todas sus ideas eran tan novedosas y como había obtenido información sobre el ataque. Otro rumor decía que venía del futuro, lo cual era una variante con menor fuerza del anterior rumor. También decían que todo se debía a Protección Divina, una de la que nunca se había escuchado hablar; éste era el rumor que poseía más credibilidad entre todos ellos.
Pero esos eran los rumores positivos o neutrales. También había aquellos que sospechaban que todo había sido planeado por él, pera ganarse el favor de Anastasia. Otros pensaban que era un degenerado, y esa era una idea que rondaba sobre todo entre aquellos que se encontraban cerca cuando él mató a Meili. Por suerte para él, Ricardo no lo juzgó por ello; aunque también era cierto que no habían abordado el tema una sola vez desde lo ocurrido.
Ricardo, Mimi y Tivey confiaban ahora en Subaru por sus actos en los que puso la vida de Anastasia sobre la suya, así que al menos ahora tenía a los más poderosos del Colmillo de Hierro de su lado. Aun así, solo había una persona que, sin disimularlo, mostraba claras sospechas hacia Subaru. Y ese era el mercenario guerrero que lo salvó de ser asesinado por las mabestias de Meili.
Por alguna razón desconocida para él, ese demi-humano tigre lo miraba siempre con el ceño fruncido. Él suponía que se debía a lo ocurrido durante el trance que lo llevó a matar a Meili. Subaru dejó atrás a los compañeros del guerrero y se expuso al peligro, después de que lo habían salvado, solo para asesinar a sangre fría a una niña; la cual, por mucho que fuera una asesina, no dejaba de serlo. Así que Subaru no podía culparlo si lo veía mal por ello, sin embargo, eso no cambiaba que lo hacía sentir incómodo.
Una vez terminó el viaje hacia Kyo, también conocida como la primer ciudad de Kararagi, Subaru básicamente se encerró en su habitación ubicada en la mansión principal de Anastasia. Desde entonces, Subaru rara vez había salido de la mansión. Después de lo ocurrido durante su recorrido por Priestella, el terror que le causaba el solo pensar en abandonar la mansión le causaba ansiedad y náuseas insoportables.
Pasaron casi dos semanas antes de que pudiera salir por primera vez, y solo lo hizo porque tenía que ir la sede principal de la Compañía Hoshin para reunirse con varios miembros de departamento de diseño. Su primera salida fue tan traumática como pensó que sería. El sudor frío empapó su cuerpo, las náuseas lo hicieron vomitar un par de veces y el temblor en sus piernas apenas le permitió caminar. Y aun así, llegó a su destino sin un solo rasguño. Por supuesto, el recorrido no lo hizo solo, puesto que lo acompañó Tivey.
Y el trillizo no fue la única medida de seguridad que le otorgó Anastasia. También le dio un metia, con el cual podría contactarla a ella, Ricardo, Mimi o Tivey en cualquier momento, en caso de necesitar su asistencia. Una vez más, Anastasia se estaba esforzando por asegurarse de que Subaru se sintiera cómodo, mientras él no dejaba de ceder ante sus desgraciadas debilidades.
Por eso, Subaru se comprometió con al menos pagar parte de esa amabilidad esforzándose como no había hecho en toda su vida. Durante días, e incluso semanas, se encerró en su cuarto y dibujó bocetos de hasta cincuenta ideas que exprimió de los recuerdos de su mundo. Juguetes, utensilios de cocina, herramientas de trabajo y hasta recetas de cocina, Subaru apuntó en su libreta de diseño todo lo que pensaba que podría ser de utilidad en ese mundo.
Con el aumento de bocetos producidos, Subaru se vio en la necesidad de visitar más seguido el edificio principal de la Empresa Hoshin. Él, a pesar de que muchos lo consideraban un genio, apenas era capaz de replicar la imagen de algunos objetos de su mundo y medio explicar su funcionamiento. Sin la ayuda de un artesano o herrero hábil, darle los detalles finales al diseño sería imposible para él.
Leith era quien generalmente lo ayudaba con eso. Subaru le explicaba de la mejor manera posible el funcionamiento del objeto, y entre los dos definían el funcionamiento interno del artefacto reinventado. De no ser porque Subaru, tras abandonar el colegio, se obsesionó durante un tiempo con videos en los que cortaban objetos para ver como funcionaban por dentro, el trabajo de finalizar los bocetos habría sido mucho más complicado.
Además, en el caso de objetos complicados, que, por ejemplo, funcionan a base de electricidad, la ayuda de un artesano o herrero experto era incluso más necesaria. Dar con el mineral mágico o el material correcto para armar el artefacto, es algo que solo alguien con experiencia en materiales y minerales de ese mundo podría hacer.
Por ello, ahora que Leith se encontraba en Lugunica, mientras él se encontraba en Kararagi, la necesidad de visitar a los trabajadores del departamento de diseño había aumentado considerablemente. Si no lo hacía, terminaría con un montón de borradores sin terminar, lo que solo atrasaría su trabajo.
Subaru también visitó en un par de ocasiones la fábrica de la Compañía Hoshin, donde conversó con artesanos y herreros que trabajan forjando distintas herramientas y productos para la empresa. La Operación Renovación, debido a Otto, Leith y él, se llevaría a cabo exclusivamente en Lugunica. Por ello mismo, Anastasia decidió montar una fábrica allí, de la cual estaría a cargo Leith. Aun así, Subaru sabía que algunos trabajadores de la fábrica de Kararagi serían trasladados a Lugunica, por lo que se había tomado el tiempo para conocerlos y ver su trabajo…
Así, tras poco más de un mes de haber salido por primera vez, Subaru finalmente había comenzado a acostumbrarse a salir de la mansión; aunque siempre acompañado de Tivey o Mimi. Fue así como un día, después de reunirse con Anastasia, ella lo invitó a uno de los baños de la ciudad; él, que no sabía tan siquiera que existían baños públicos en ese mundo, no dudó en aceptar. Iría con Ricardo, los dos trillizos y ella, así que podría al menos disfrutar del baño sin sufrir ataques de ansiedad.
Fue entonces que, tras mes y medio de haber llegado a Kararagi, Subaru realmente se tomó el tiempo de apreciar el lugar. Claro, durante sus viajes hasta el edificio de la compañía tuvo oportunidades de sobra para hacerlo. Sin embargo, no solo se sentía muy nervioso como para hacerlo, sino que además las vistas del recorrido de la mansión a la empresa no eran especialmente llamativas.
La mansión de Anastasia se encuentra ubicada en la zona de clase alta de Kyo, como se podría esperar del hogar de Anastasia Hoshin. Y el edificio de la empresa se encuentra en el centro del Área Metropolitana de Comercio Libre, lugar donde se localiza el mercado más importante de todo Kararagi y varias de las empresas de mayor poder económico de ese mundo.
El Área Metropolitana de Comercio Libre se encuentra justo en el centro de Kyo, y el distrito de clase alta no está muy lejos, por lo que la mansión y el edifico de la compañía se encuentran a una caminata de solo unos veinte minutos. Caminata que, además de las mansiones de la zona de la clase alta, y los comercios del área metropolitana, no tenía más vistas que ofrecer.
Por contraparte, durante el camino hacia los baños, el cual cruzaba la zona más tradicional de Kyo, pudo observar edificios, ventas, plazas y personas, que le recordaban a la cultura de su país del periodo Taishō. Mujeres y hombres vistiendo kimonos o yukatas, edificios con arquitectura Wafuu, comercios callejeros y plazas que le recordaban al viaje que realizó a Kioto un par de años antes de ser transportado a ese mundo. Kararagi realmente tenía una fuerte conexión con su mundo, lo que reforzaba su teoría de que Hoshin fue un persona de su mundo que terminó allí; igual que él.
El trauma le había impedido desviarse del camino que siempre siguió cuando iba al edificio de la compañía, por lo que su paseo hacia los baños públicos fue algo que alivió parcialmente el estrés que había estado sintiendo las últimas semanas. Compartió tiempo junto a Anastasia y los líderes del Colmillo de Hierro, y pudo tomar un baño relajante que le recordó las costumbres de su país, lo que causó que la nostalgia lo abrumara.
Para deshacerse de la sensación nostálgica, antes de que lo llevara a las lágrimas, Subaru se distrajo a sí mismo pensando en ideas de su mundo que pudiera implementar en ese mundo. Fue entonces que se percató de como los baños en ese lugar no tenían ningún sistema de filtración. El solo pensar en lo difícil que sería mantener limpias las instalaciones le causó dolor de cabeza, por lo que ahí nació una de las ideas más complejas que decidió llevar a cabo…
"Ya tengo en mente la estructura, pero no se me ocurre nada para el funcionamiento interno…" Murmurando, Subaru observó el boceto. Tras un momento, Subaru lo colocó sobre la pila de papeles que se había formado y siguió ordenando el escritorio.
Acomodó un par de bocetos más y, junto a los que ya se encontraban en la pila, hacían cinco borradores que tendría que llevar a su siguiente reunión con los chicos del departamento de diseño. La mayoría ya eran caras conocidas para él, e incluso a cinco de ellos los había conocido antes de llegar a Kararagi, aunque eso solo sucedió antes de ser torturado por Elsa.
En esa "línea temporal" solo los había conocido de vista durante su viaje a Kararagi. Que estuvieran vivos y sanos solo se debía a que ellos no se encontraban en el hotel durante el ataque. Ese día muchas personas, tanto clientes del hotel como empleados, murieron por su lento accionar; culpa con la que Subaru tendría que cargar de por vida.
Calmando el temblor que había comenzado a sacudir una de sus manos, Subaru respiró profundamente y siguió acomodando su escritorio. Observó con cuidado lo que se encontraba fuera de lugar y entonces notó dos sobres al fondo a la derecha. Sin dudarlo, los tomó y los acercó a su cara.
Ambos sobres tenían la misma dirección escrita en ellos, la única diferencia era la persona a la que iban dirigidos. Uno tenía a Otto como destinatario y el otro a Leith. Desde que abandonó Priestella, Subaru se aseguró de mantener contacto con sus compañeros, pues temía que algo pudiera sucederles mientras él se encontraba fuera de Lugunica.
Subaru aún no tenía pista alguna sobre la persona que contrató a las asesinas. Por lo que tampoco sabía la razón detrás de dicha contratación. Por ello, Subaru temía por la vida de toda persona cercana a él. Sobre todo si su teoría de que lo habían mandado a matar por firmar su contrato con Anastasia resultaba ser cierta, pues Otto y Leith entonces estarían tan relacionados con el asunto como él mismo lo estaba.
Por suerte, hasta el momento parecía que ambos se encontraban bien; aunque lo que tardaba en llegar una carta de un punto a otro hacía que esa información no fuera demasiado alentadora. El tema que había tratado en la correspondencia con sus compañeros, como era de esperarse, estaba relacionado con la Operación Reinvención.
Gracias a ellos, sabía que los avances en la capital iban viento en popa, y probablemente para su regreso a Lugunica la operación ya habría comenzado finalmente. Claro, Anastasia también lo mantenía al día con esa información, pero leerlo de manos de sus socios lo hacía sentir orgulloso por lo lejos que habían llegado los tres juntos.
Satisfecho con la idea, Subaru colocó los dos sobres en una esquina. Pensaba encargarle a uno de los mensajeros personales de la compañía, que llevara esa carta a Lugunica. Por suerte, el mismo mensajero partiría pronto con el resto de la correspondencia de los trabajadores de la mansión, así que el hombre solo tendría que hacer un viaje para entregar el conjunto de cartas.
Y con ello, ya había terminado de ordenar los papeles regados sobre su escritorio. Satisfecho, Subaru se alejó del escritorio y se dispuso a ir al comedor para desayunar. Estaba por cerrar la puerta de su habitación, cuando notó algo que lo hizo regresar a su escritorio. Debajo de la estructura de madera, en una de sus esquinas, había un último papel que no había notado durante el tiempo que estuvo ordenando.
Suspirando, Subaru se agachó y se arrastró bajo el escritorio. Estirando su mano, tomó el papel con la punta de sus dedos índice y pulgar, recuperando así la hoja. Levantándose de nuevo, observó con detenimiento el contenido del papel, y al hacerlo, su ceño se frunció ligeramente. Lo que había allí era un artefacto en el que no había trabajado desde hace un mes.
Subaru recordó con amargura su estado las primeras semanas que estuvo en Kararagi. Los temblores, las náuseas, los terribles dolores de cabeza, las pesadillas interminables. Además, no era de extrañar que despertara con el futón empapado los primeros días. Fue en ese estado que comenzó ese proyecto… personal. Se trataba de una reimaginación del mechero en el que ya había trabajado.
Con un armazón forrado de mineral mágico gélido, un cargador capaz de almacenar rocas de fuego y un cañón, se trataba de la reinvención de un arma de fuego. Claro, en ese mundo aparentemente no existía la pólvora, por lo que trabajar con rocas de fuego era su única opción. El problema con ellas era su inestabilidad, por lo que para poder almacenar varias sin terminar perdiendo una mano en un accidente, la cobertura de mineral gélido era necesaria. Aun así, había detalles que hacía falta por definir, pero…
Pero la duda lo invadió después de varias semanas trabajando en el diseño. Temía que ello llevara a la introducción de armas de fuego en ese mundo, y aunque existía magia allí, la idea de que cualquiera pudiera disparar Piedras de Prana con precisión lo hacía retroceder. Un día podría volverse en mí contra… Pensó él, paranoicamente. Aun así, la idea no había abandonado del todo su cabeza. Él, que era débil, podría necesitar un arma para defenderse.
Claro, Subaru practicó Kendo durante parte de su vida, pero comparado con las habilidades con la espada de la gente de ese mundo, su habilidad solo se comparaba con la de un niño meneando una rama. Cualquier método de combate que dependiera de la condición física no era para él, y hasta ese día no había mostrado una pizca de habilidad mágica, por lo que apoyarse en el uso de un arma de su mundo podría ser su única forma de defenderse…
"¿Qué debería hacer…?" Se cuestionó mientras colocaba la hoja debajo de la pila de diseños. Sin mirar atrás, Subaru abandonó la habitación, más lleno de dudas que cuando despertó.
