Traumas y Dilemas

Dos meses y una semana desde la Última Muerte (Cinco Muertes)

"¡Onii-san!"

"¡Hola, Enana!"

Sonriendo, Subaru saludó a Mimi mientras bajaba las escaleras que daban al vestíbulo de la mansión. Ese día también se había vuelto a despertar tras una pesadilla, aunque al menos ésta vez se encontraba en su futón; lo que le había ahorrado un posible dolor de cuello o espalda. Aun así, no se sentía del todo descansado, y las ojeras en su rostro servían como prueba de ello. A pesar del cansancio que sentía, sonrió mientras la niña saltaba sobre su espalda y se colgaba de su hombro, al alcanzar el último escalón.

"Hace días que no salías de tu habitación vestido así, Subaru Nii-san. ¿Acaso tienes reunión con los chicos de diseño de nuevo?" Mirándolo a la cara desde su hombro, la niña señaló la diferencia en su ropaje comparado con los días anteriores.

Subaru no estaba especialmente bien vestido, pero ciertamente había adquirido la mala costumbre de solo usar su nostálgico chándal cuando no tenía la necesidad de abandonar la mansión. Que su única posesión proveniente de su mundo se mantuviera en buen estado solo se debía a que, por suerte, no la estaba vistiendo durante el ataque al hotel en Priestella. Además, usarlo, en parte, lo ayudaba a disminuir la ansiedad y el estrés.

"Estás en lo correcto, Enana. Estos últimos días acumulé bastantes borradores de varios artefactos, así que si no voy lo antes posible, terminaré aplastado por una montaña de diseños sin acabar."

"Hmm… Hmm… ¡Ya veo! ¡En ese caso, Mimi irá contigo, Onii-san!" Ante la energética Mimi, que saltó de su hombro para colocarse frente a él mientras se señalaba a sí misma, Subaru no pudo evitar sonreír. Pero tras un momento de silencio, su sonrisa se disipó.

"¿Mimi, donde está tu hermano?" Extrañada, Mimi se llevó una mano a su barbilla tiernamente mientras ladeaba su cabeza.

"Hmm… Tivey anda visitando la fábrica por órdenes de la señorita. Como el capitán está acompañándola a ella, no hay nadie que supervise la entrega de varios materiales muuuuy valiosos, por eso le tocó a Tivey ir en su lugar."

Asintiendo con amargura en la mirada, Subaru escuchó en silencio la información. Anastasia tenía un par de días de haber salido de la mansión y, además de una importante escolta de miembros del Colmillo de Hierro, Ricardo fue con ella como su guardaespaldas. Atrás se quedaron los dos trillizos, ejerciendo como los líderes del Colmillo de Hierro.

Aunque claro, por lo que Subaru había escuchado, las ausencias de Ricardo ya eran algo con lo que habían aprendido a lidiar. Un gran estratega pero un guerrero intrépido, ese es Ricardo Welkin, el capitán del grupo de mercenarios conocido como Colmillo de Hierro. Debido a su intrepidez en combate, tanto Mimi como Ricardo suelen relegar sus funciones como líderes a Hetaro. Pero, a falta del tranquilo trillizo, ahora Tivey era el que solía tomar el relevo cuando la situación lo necesitaba.

Claro, no es que Ricardo sea un mal líder, simplemente que durante combate no suele pensar en otra cosa que no sea atacar dando todo de sí. Debido a ello, los dos varones del grupo de trillizos ya estaban acostumbrados a lidiar con el mayor cargo dentro del Colmillo de Hierro cuando fuera necesario. Y aunque no habían vuelto a luchar, debido a la falta de Julius, que se encontraba en Lugunica, Ricardo se había visto en la necesidad de fungir completamente como guardaespaldas de Anastasia. Lo que dejó a Tivey como el actual líder interino de los mercenarios.

Y ahí es donde se encontraba la razón de la amargura de Subaru. Cuando él tenía la necesidad de ir a la sede de la compañía, siempre era acompañado por uno de los trillizos. Si Anastasia y Ricardo se encontraban en la mansión, entonces Tivey solía ir con él, si no era el caso, Mimi lo hacía. Hasta el momento no había surgido problema alguno con esa forma de llevar a cabo la rutina, pero Subaru sabía que eventualmente surgiría una situación como esa.

Anastasia, y por lo tanto Ricardo, habían estado saliendo de la ciudad para reunirse con varas empresas de Kararagi con las que Anastasia esperaba formar distintas alianzas. Alianzas que permitirían que la materia prima utilizada por la Operación Reinvención no se agotara por falta de proveedores o flujo de materiales. Y esa no era la única razón por la que habían estado saliendo de Kyo.

Tanto Anastasia, como Ricardo, se habían comprometido con reforzar al Colmillo de Hierro. No solo por las pérdidas ocurridas durante el asedio al hotel, sino porque el suceso dejó en claro que hacían falta más guerreros al nivel de Julius, Ricardo y los trillizos. Consecuentemente, Subaru había llegado a ver guerreros de todos los estilos entrar a la mansión los últimos dos meses. El reclutamiento de guerreros aun proseguía, y por la expresión de Anastasia la última vez que habló con ella respecto al tema, parecía que no estaba procediendo como ella esperaba.

Y la situación que Subaru sabía que eventualmente ocurriría era que, estando Anastasia y Ricardo fuera, Tivey o Mimi tuvieran que abandonar la mansión el mismo día que él tuviera que ir a la sede de la compañía. Si solo quedaba uno de los dos trillizos, y no se encontraban Anastasia y Ricardo, nadie quedaría en la mansión para protegerla si él tuviera que salir. Subaru, como la molestia inútil que era, una vez más le causaba problemas a Anastasia.

"Iré solo, Enana." La niña, tras escuchar la afirmación de Subaru, abrió sus grandes ojos de par en par.

"¡¿Estás seguro, Onii-san?! Hasta ahora nunca has salido de la mansión solo y…" La niña reaccionó extremadamente alarmada. ¿Acaso temía por él? Con una media sonrisa formándose en su rostro, Subaru sacudió el cabello de Mimi con la palma de su mano.

"¿Cuánto tiempo crees que voy a poder seguir así? Ahora que vivo en esta mansión, por más que me esfuerce por trabajar duro en crear diseños, no dejo de ser una molestia para Anastasia y todos ustedes. Eventualmente tendré que superar mi miedo y salir de la mansión sin la necesidad de un escolta pegado a mis talones. Simplemente creo que hoy podría dar el primer paso. De todas formas, el camino a la sede de la compañía es de menos de media hora, así que no debería haber problema. ¿No crees, Enana?"

"Hmm… Si Onii-san cree que eso es lo correcto, entonces Mimi no se opondrá. Al fin y al cabo, si Mimi dijera que no has sido una molestia, estaría mintiendo."

"¡Argh! ¡No tenías que ser tan directa, Enana!" Tomando su pecho en forma de broma, Subaru hizo un gesto de dolor mientras observaba con lágrimas en los ojos a la niña. Mimi, sonriendo, saltó de nuevo a sus hombros.

"Subaru Nii-san salvó a la señorita y a mis hermanos, así que Mimi no tiene problema con cuidarlo alegremente aunque sea una molestia. Y Mimi está segura de que Tivey piensa igual, así que Onii-san no debería preocuparse por ello. Además, Onii-san ha hecho muchos juguetes geniales para Mimi. ¡Gracias, Onii-san!" Frotando su mejilla contra de la de Subaru, como si de un gatito se tratara, Mimi agradeció a Subaru.

"¡Hnk!" Ahogando un sollozo, Subaru se esforzó por no derramar las lágrimas que estaban acumulándose en sus pupilas.

De un salto, Mimi regresó al suelo, momento que Subaru aprovechó para limpiar las lágrimas con la manga de su camisa. Restregó su cara y entonces… sintió la tela moverse. Respirado agitadamente, Subaru reaccionó violentamente. Con la mano contraria jaló la manga de su camisa, ocultando lo antes posible las cicatrices que cubrían todo su antebrazo.

"¿Onii-san...?" Con preocupación en su mirada, Mimi observó con cuidado a Subaru, cuya expresión denotaba miedo y desesperación.

Sus manos se crisparon, los vellos en su nuca y brazos se erizaron, comenzó a sentir un dolor increíble en sus sienes, y las náuseas causaron que perdiera el equilibrio y cayera de rodillas. La sensación del cuello de Meili entre sus manos regresó, el olor a sangre alcanzó su nariz y comenzó a alucinar con la imagen del cadáver de la niña.

Gimiendo por la angustia, Subaru tomó su cabeza y comenzó a jalar de su cabello. Su corazón, que hasta hace un momento había latido con normalidad, ahora estaba sufriendo de taquicardia. Los recuerdos del día que asesinó a Meili llegaron vívidamente a él. Los recuerdos de como, debido a su cobardía, muchas personas murieron sin que él moviera un dedo para evitarlo.

Inacción y consecuencia… Lo que ahora estaba sufriendo solo era el resultado de ello. Subaru ahora era un hombre marcado por las cicatrices provocadas por sus pecados. Cicatrices que no lo dejaban escapar ni siquiera en sus sueños. Por eso las ocultaba a toda hora, todos los días. Ahora usaba manga larga todo el tiempo y se aseguraba de no mostrar sus brazos a nadie, ni siquiera a sí mismo.

¿Cómo hizo el día que visitaron los baños públicos? Simple, Subaru decidió no quitarse su camisa, sin importar las miradas de desconcierto que ello le ganó. Anastasia, Ricardo, Mimi y Tivey fueron comprensivos, así que no le dijeron nada al respecto. Gracias a su nueva "familia", Subaru pudo disfrutar ese día…

Ahora cada vez que se bañaba o se cambiaba de ropa, cerraba los ojos involuntariamente, como si el solo ver sus brazos fuera a romper su corazón y mente en pedazos. Subaru temía a ese fragmento dentro de él que lo llevó a matar a Meili, a ese fragmento consumido por el odio y la ira. E ingenuamente, Subaru esperaba que, dejando de ver las cicatrices, eso bastara para ocultar el pecado y, con ello, ese fragmento de sí mismo.

"No quiero ver…" Murmuró, sacudiendo la cabeza. Pero eso no es lo que quería decir. No fui yo… Eso es lo que en verdad deseaba poder decir. Sin embargo, él era consciente de que hacerlo solo sería mentir; una mentira que ni siquiera él podría llegar a creerse. Así que solo le quedaba negarse a ver… Mientras no lo viera, podría fingir que no estaba allí. Mientras no lo viera, sería como si ese fragmento no estuviera dentro de él.

"Onii-san, respira profundamente… Mimi está aquí a tú lado." Entonces, cuando la mente de Subaru estaba por hundirse en lo profundo de otro ataque de pánico, que no había sufrido en casi un mes, sintió una gentil e inocente mano acariciar su cabello. Obedeciendo a la voz de la niña, Subaru inhaló y exhaló. Una vez él comenzó a relajarse, Mimi tomó sus manos con las suyas y lo ayudó a abrirlas, de modo que la tensión en sus dedos disminuyó gradualmente.

Esa no era la primera vez que sucedía, por lo mismo Mimi había logrado reaccionar tan rápido. El primer ataque de pánico relacionado con las cicatrices ocurrió durante el viaje hacia Kararagi, después de una pesadilla. Y la primera en lograr calmarlo fue Anastasia, que logró comprender la razón del ataque de pánico tras verlo cubrir obsesivamente sus brazos.

"G-Gracias, Mimi." Avergonzado, Subaru bajó la cabeza. De todos los ataques de pánico que había tenido hasta ese momento, ese era el que había ocurrido de la manera más estúpida. Para la próxima ocasión tendría que tener más cuidado con la manga de su camisa o chaqueta, o podría perder el control en medio de un momento importante.

"Ehmm… Onii-san… Mimi cree que deberías quedarte hoy en la mansión." Con sus grandes ojos turquesas, la niña lo observó nerviosamente.

"No hace falta, Mimi." Negó Subaru, agachándose para tenerla cara a cara. "Ya me calmé, ¿ves?"

Había otra razón por la que Subaru estaba dispuesto a ir solo a su reunión con el departamento de diseño, además de comenzar a hacer algo respecto a su trauma. Esa razón era que la reunión ya estaba programada. Subaru ya había enviado una carta al departamento, indicando que ese día iría, y no quería ser tan irresponsable como para cancelar la reunión por su debilidad.

Retrasar la reunión, solo haría que se le acumularan más bocetos sin terminar. Además, la mayoría de los empleados del departamento de diseño lo idolatraban, por lo que no era extraño que interrumpieran sus trabajos durante el día que él se comprometiera a visitarlos, solo para tener el lugar listo para recibirlo.

Si decidía faltar ese día, los haría perder gran parte de la jornada laboral, de eso Subaru estaba seguro. Así que esforzándose por el ocultar el temblor en sus piernas, Subaru su puso de pie y miró hacia la salida. Sin embargo, Mimi parecía seguir nerviosa, por lo que decidió cambiar el tema antes de abandonar la mansión.

"Enana, ¿has sabido algo sobre Hetaro?" Ante la pregunta de Subaru, la niña recuperó su sonrisa juguetona y comenzó a saltar alrededor suyo.

"Tivey y Mimi hablaron con Julius hace un par de días a través del metia de la mansión. Nos dijo que el tratamiento de Hetaro ha ido de maravilla y que en cualquier momento podrá comenzar la rehabilitación. Aunque claro, Mimi ya lo sabía. Últimamente me he sentido con mucha energía, así que esa era la única explicación." Sonriendo, la niña se detuvo frente a él con una mirada orgullosa.

La niña se refería a la extraña Protección Divina que la ataba a ella y sus dos hermanos, Protección Divina de la Trisección es su nombre. Según lo que le había contado Mimi, esta bendición les permite a ella y sus hermanos compartir el daño y el cansancio. Aparentemente, fue así como Tivey y ella pudieron evitar que Hetaro muriera después de perder un brazo y una pierna, a cambio de que ambos se sintieran mucho más agotados de lo que se habrían sentido de no haber compartido vitalidad con él.

Y eso no es lo único que Subaru descubrió durante dicha conversación. También se enteró que ella era la más poderosa de los tres, y fue así como entendió porque ella era quien solía pasar más tiempo al lado de Anastasia. Después de haber visto a los trillizos en acción, Subaru definitivamente nunca más podría decir que eran niños que solo usaban su lindura en el campo de batalla; definitivamente eran grandes guerreros, algo que él nunca sería.

"Me alegra escucharlo. Me gustaría poder verlo pronto para agradecerle en persona por protegernos a Anastasia y a mí." Ignorando el pensamiento pesimista, Subaru le regresó la sonrisa a Mimi.

"Mimi está segura de que Onii-chan también querrá agradecerte, Subaru Nii-san. Ese día tú también nos salvaste, al fin y al cabo."

"Solo hice lo que debía, nada más…" Murmurando, Subaru recordó como su única utilidad había sido servir de cebo. Mimi no comentó nada a pesar de que aparentemente lo había escuchado, así que Subaru decidió terminar la conversación allí. "En fin… Nada más iré a mi reunión con el departamento de diseño y regresaré inmediatamente termine, así que no tienes que preocuparte por mí. En todo caso, si llegara a necesitar de tú ayuda, te llamaré por el metia."

Sacando de su bolsillo un objeto similar a un espejo de mano, Subaru indicó que lo usaría en caso de ser necesario. Ese era el metia que Anastasia le había regalado para contactar con ella o cualquiera de sus empleados de mayor confianza. La definición concreta de que es un metia, sería que es un objeto capaz de permitir el uso de magia a personas que no son capaces de usarla; por lo que algunos de sus objetos recreados podrían considerarse metias.

Subaru aún no sabía demasiado sobre la magia en ese mundo. Solo sabía que ésta podía ser utilizada mediante el uso de la puerta, algo que todos en ese mundo poseen. La puerta toma el maná, o prana, del ambiente, que podría considerarse la energía mágica, y la almacena en el Od, que sería la energía vital de toda persona. A través de la liberación de Od por la puerta, es posible hacer uso de magia. Supuestamente él también tenía una puerta, pero hasta ese momento no había tenido la oportunidad de darle uso.

Entonces existen diferentes tipos de metia, y ellos hablaban del Espejo Convergente, un metia que permite la comunicación de manera similar a como lo haría un teléfono con llamada de video. A diferencia del metia de la mansión que Mimi había mencionado antes, su metia servía solo para mantener conversaciones con personas que no estuvieran demasiado alejadas del emisor. Por otro lado, el Espejo Convergente de la mansión se trataba de un espejo de dos metros de largo que podía contactar con la capital de Lugunica sin problemas.

"¡Bien! En ese caso Mimi estará atenta en caso de que Onii-san la llame."

"Gracias, Enana. Nos vemos en un par de horas."

"¡Adiós, Onii-san! ¡Cuídate! ¡No hables con gente extraña!"

"No soy un niño, ¿sabes…?" Murmurando desganado, Subaru se despidió de la niña mientras salía del vestíbulo a través de la puerta principal de la mansión.


"… Y éste es el último diseño. Se trata de un artefacto capaz de licuar cualquier verdura o fruta que se almacene dentro de él. Ahora, éste es uno de esos artefactos que sirve con la energía que les mencioné que se utiliza comúnmente en el lugar de donde vengo, llamada electricidad. Lo único que necesito es que me ayuden a encontrar un mineral mágico capaz de hacer girar las cuchillas que lleva dentro, y con eso podremos dar por finalizado éste diseño." Subaru terminó de presentar el último borrador de la pila y miró a su público.

Dejando de lado la incredulidad mostrada por varios de los presentes ante la mención del mundo del que provenía, la mayoría parecía estar absorta en sus pensamientos. Ya habían dado por finalizados varios diseños, mientras que un par necesitaría más tiempo para terminar los detalles de su funcionamiento, y Subaru estaba satisfecho de que esa había sudo una reunión productiva. Y en el caso del diseño de la licuadora, Subaru se sentía optimista de que encontrarían una forma de hacerla funcionar.

"Hmm… Subaru-sama, creo que en este caso la piedra de Prana no sería de demasiada utilidad." Quien habló fue Yand, el joven de pelo castaño que había conocido en el primer día que llegó a Priestella. Y la piedra de Prana de la que hablaba, era simplemente otra forma de llamar a las rocas que se pueden imbuir con magia de alguno de los seis elementos.

"Tal vez si utilizamos metal repelente para hacer las cuchillas, y colocamos una pidra de Prana de elemento fuego para energizarlas…" Uno de los diseñadores que no conoció en Priestella habló, su nombre era Elph, y se trataba de un chico de piel morena y cabello amarillo. Respecto al metal repelente que Elph había mencionado, Subaru ya lo había utilizado en varias ocasiones. Se trata de un metal que adquiere cualidades similares a las de un imán, si entra en contacto con el elemento mágico de fuego.

"¿Pero la roca de fuego calentaría el metal, no es así? ¿No afectaría eso el contenido del artefacto?" Zeilt, otro de los diseñadores que conoció en Priestella, añadió a la discusión, notándose dudoso respecto al uso de la roca de fuego.

"En ese caso…"

La conversación siguió con dimes y diretes, hasta que tras casi media hora, decidieron que lo mejor era recubrir la base con mineral gélido y utilizar una piedra de Prana de fuego para poner a funcionar la licuadora. El cómo harían para apagarla y encenderla, lo harían con una especie de interruptor de algún metal resistente al calor para cortar la conexión entre las cuchillas y la roca de fuego. Satisfecho, Subaru se dispuso a dar por finalizada la reunión, cuando un comentario se lo impidió.

"Subaru-sama, pensé que dijo que esa…ehmm… licuadora, era el último diseño." Desconcertado, Subaru volteó hacia Alexa, la chica de aspecto simple que se encontraba a su lado. En sus manos, ella tenía una hoja. Subaru, comenzando a agitarse, miró hacia la pila de papeles y se dio cuenta de cuál era el boceto que ella tenía en la mano.

"A-Así es, Alexa. Ese es un boceto al que todavía no he tenido la oportunidad de dedicarle el tiempo suficiente, ni si quiera se podría considerar un borrador. Seguramente lo dejé en la pila de diseños sin querer." Con sudor en su frente, Subaru tomó la hoja de vuelta y la colocó debajo del montón de diseños.

"Hmm… A mí me pareció que estaba bastante desarrollado. ¿Y de qué trata, Subaru-sama? Parecía una especie de artefacto diseñado para lanzar objetos con precisión. ¿O lo entendí mal?" Su respiración se agitó más y más, conforme cada palabra que salía de la boca de la chica. ¿Por qué tenía que ser tan perceptiva?

"No es nada… Una idea estúpida que no iba a ningún lado, simplemente olvídala." Intentó sonar casual, pero el tono de su voz le falló. Alexa, desconcertada, aceptó sus palabras sin decir nada más. La chica, con lo perceptiva que era, probablemente se había percatado de que ese boceto era algo que no debió haber visto. El resto de las personas reunidas alrededor de la mesa en la que se encontraban los miraron con curiosidad, como esperando a ser incluidos en la conversación, por lo que Subaru decidió finalizar la reunión antes de que el asunto se le saliera de las manos. "Bien, eso fue todo por hoy. ¡Buen trabajo, chicos! Nos vemos la otra semana, yo les aviso el día de la reunión un par de días antes, así como hemos estado haciendo hasta ahora…"

Después de despedirse de todos los diseñadores, Subaru salió de la oficina y comenzó a caminar por el largo pasillo ubicado en el tercer piso del edificio de la Compañía Hoshin. Hasta ese momento, finalmente había logrado calmarse por completo tras lo ocurrido con Alexa. Fui tan descuidado, pensó.

Había dejado el boceto del arma de fuego bajo la pila de diseños y había olvidado sacarlo, un error que pudo haberle causado muchos problemas. Por lo mismo, a pesar de haber dejado el portafolio con la pila de diseños en la habitación de la que acababa de salir, para que así aquellos con quienes se había reunido pudieran analizarlos con más detalle en búsqueda de cambios que pudieran aplicarse, se había guardado ese boceto en especifico en la bolsa trasera de su pantalón.

Subaru pensó en toda la gente que dejó morir con sus decisiones en el hotel. Y recordó los sucesos ocurridos en su mundo debido al uso de armas de fuego. En ese mundo no existía la pólvora, o al menos no había sido descubierta, y Subaru no quería ser quien cambiara eso. A él no le importaba importar artículos de su mundo que ayudaran a la gente con sus trabajos diarios, pero la idea de llevar armas a ese mundo en el que se usaba magia, realmente lo horrorizaba.

Es posible que su forma de abordar el asunto hubiera sido diferente de no haber ocurrido el ciclo de muertes en Priestella, pero Subaru sentía que no valía la pena darle más vueltas al asunto. Crear armas no solo podría convertirlo en el responsable de muchas muertes, sino que además podría terminar volviéndose en su contra algún día; la sola idea de morir por un disparo de su propia reinvención lo hacía temblar.

Con su vida y la de muchas personas en juego, Subaru no tenía muchas razones por las cuales decidir darle vida al boceto del arma. Sin embargo, la idea de poder usarla para disminuir su debilidad, utilizando una de sus pocas cualidades a su favor, lo hacía dudar… Aun así, Subaru era consciente de lo maldito que podía llegar a ser el destino, o lo que fuera que jugaba con su vida en ese mundo, así que se negaba a jugar con fuego y terminar quemado. Él no iba a crear armas ni pólvora, de eso estaba convencido, o al menos eso quería creer…

Una vez salió del edificio, Subaru caminó por un rato hasta entrar a la avenida principal del área metropolitana. Intentando mantenerse distraído con los negocios, Subaru se esforzó por ignorar la ansiedad creciente en su pecho. El camino de ida hacia la sede de la compañía había resultado bastante estresante, y quería evitar que sucediera los mismo durante el viaje de regreso.

Si no esforzaba por superar las debilidades que provocaban que se estancara, entonces estaría fallando a su promesa hacia Anastasia y sí mismo. Él quería ayudarla a ella, él quería dejar de ser inútil y empezar a hacer algo por sí mismo. Y ese era el siguiente paso en el largo camino que lo llevaría a su ansiado final feliz.

Subaru era consciente de que la idea era infantil, pero tras todo lo que había vivido en su mundo original y el actual, sobre todo en el actual, sentía que al menos tenía que aferrarse a algo como eso para poder seguir adelante. Si no se enfocaba en una meta por seguir, él no estaba seguro de poder mantenerse en pie tras todos los traumas y cicatrices que le habían dejado sus cinco muertes.

Por ello tenía que mantenerse ocupado, fuera haciendo diseños o intentado superar sus debilidades. Si de esa forma evitaba estancarse en la miseria, entonces seguiría forzándose a moverse por mucho dolor que le causara dar cada paso. Algo especialmente importante en ese momento, que se encontraba tan cerca de por fin dar comienzo a la Operación Reinvención; el pilar para poder alcanzar su final feliz.

De esa forma, su mirada vagó por las vistas que conformaban la vía principal del área metropolitana. Estaba por ser medio día, así que la cantidad de gente que se encontraba en la zona era tan alta como podía esperarse del centro comercial de Kararagi. Como era de esperarse de ese país, los edificios tenían una estética Wafuu y la mayoría de gente allí vestía kimono.

La nostalgia lo envolvió, causando que sintiera dolor en su pecho. Casi podía sentir que en cualquier momento aparecería su madre, con uno de sus extraños comentarios. O su padre, con una de sus bromas. Por un momento, incluso pudo captar el olor a mayonesa, que muy probablemente estarían consumiendo.

Agobiado por el resultado inesperado, causado por su intento de ignorar su ansiedad, Subaru respiró hondo y apresuró el paso. Tenía que regresar a la mansión cuanto antes. Ya había dado el primer paso y había asistido a su reunión sin necesidad de Mimi o Tivey, así que ese intento no podría considerarse como una derrota…

"Si me apuro, en unos diez minutos debería de estar en la mansión." Murmuró, observando hacia la salida del área metropolitana. Una vez entrara en el distrito de clase alta, talvez dejaría de sentirse abrumado por la nostalgia y la culpa que la acompañaba, así que Subaru anhelaba llegar allí… "N-No…"

Fue entonces que lo sintió; un escalofrío recorrió su espalda, la cual comenzó a ser bañada por gotas y gotas de sudor helado. Desesperado, Subaru miró de un lado al otro de la avenida, buscando la fuente del terror que acababa de sentir. Él, tras los dos ciclos de muerte que había vivido, se había vuelto bastante perceptivo del peligro. Y, en ese momento, las alarmas en su mente estaban sonando sin parar.

Entonces una mujer gritó, tras ella otra multitud de personas gritó. Un carruaje jalado por Ligers, caninos de gran tamaño, se salió del camino, chocando de lleno con uno de los puestos de la avenida. La sangre comenzó a fluir de debajo del carruaje y el olor a miedo inundó el ambiente. La gente, despavorida, comenzó a correr en todas direcciones, causando el caos. Sin embargo, Subaru no se había movido un solo centímetro.

Con sus ojos bien abiertos, Subaru observó a la mujer que se encontraba parada sobre el carruaje accidentado. Pelo blanco como la leche, piel fina como la porcelana, hermoso rostro que podría arrebatar el aliento de cualquier hombre. Un kimono corto, negro como la noche, que daba la sensación de ser algo que vestiría una prostituta de Kararagi, cubría su cuerpo…

Todo de la mujer radiaba belleza. Aun así, sus afilados ojos amarillos transmitían un odio que helaría la sangre de hasta el más valeroso de los guerreros. Subaru, paralizado por el terror, sintió un déjà vu que le recordó lo ocurrido antes de sus primer muerte en Priestella. Esa mujer era peligrosa, muy peligrosa; tenía que salir de allí de inmediato. Si no lo hacía, conocería su sexta muerte en ese lugar, no había duda. Entonces, ¿por qué no podía moverse?

Sintiendo un líquido bajar por su pierna, Subaru se percató de que se había orinado por el miedo. Su corazón, oprimido por el terror, latía cada vez más rápido. Tenía todos los vellos de su cuerpo crispados y sus músculos estaba tan tensos que en cualquier momento podrían desgarrarse por la misma tensión. Agitado, Subaru observó la presencia con sus ojos bien abiertos. Esa mujer no era otra cosa más que un ente de muerte y destrucción.

La mirada de Subaru comenzó a volverse borrosa por las lágrimas. La silueta de la mujer comenzó a distorsionarse, como si su sola presencia fuera en contra de las leyes de la vida. Transmitiendo la enfermedad llamada desesperación no solo a él, sino que además a todos los presentes en la avenida, la entidad se postró firmemente sobre el carruaje estrellado, con su mirada fija en Subaru.

"Muere…"

Antes de que Subaru pudiera percatarse, su punto de vista cambió abruptamente. Ante sus ojos ya no estaba la figura asesina, sino que el hermoso cielo azul de Kararagi. Sin embargo, esa vista volvió a cambiar, ahora estaba observando el suelo, y entonces vio de nuevo el nostálgico paisaje de la avenida… La cabeza de Subaru había sido rebanada limpiamente y ahora descendía hacia el suelo, así como su vida descendía al abismo de la muerte. Cuando la cabeza se estrelló contra la calle, la vida de pelinegro ya se había desvanecido por completo.se había desvanecido por por completo.