Apuñalada por la Espalda
Cero días desde la Última Muerte (Doce Muertes)
Una vez los esfuerzos de las sombras por mantener forzosamente su alma en aquel mundo de tinieblas fueron agotados, Subaru regresó abruptamente a su cuerpo. "¡Koff! ¡Koff!" Instintivamente, Subaru llevó sus manos a su pecho, el cual oprimió con fuerza con sus palmas. Pum, pum… Pum, pum… Pum, pum… Allí en lo profundo de su caja torácica, bajo sus costillas, sintió el latido de la vida. Su corazón se encontraba sano; no había un hueco perforándolo de lado a lado.
Respirando profundamente, Subaru llenó sus pulmones de aire. Su corazón entonces bombeó sangre por su cuerpo, distribuyendo por cada rincón de su cuerpo el oxígeno absorbido. Se había tratado de una muerte rápida, mas no indolora. Una vez más, Subaru se vio en la necesidad de agradecer a regañadientes al abrumador manto de la muerte, pues de no ser por el efecto de entumecimiento que le acompaña, Subaru probablemente habría quedado marcado con un trauma discapacitante.
Su espíritu finalmente habría sido consumido por las llamas de la muerte, dejando a Subaru como un cascaron vacío, similar a como Leith había terminado posteriormente a cada llegada a la casa de su familia en cada bucle. Subaru en efecto estaba convencido de que, de no ser porque un profundo anhelo le movía, su mente se habría quebrado por completo bastante tiempo atrás. Subaru no podía considerarse una persona que contara con una gran fortaleza mental y, aun así, él mismo debía aceptar que era capaz de lidiar con situaciones traumáticas mejor que el promedio.
"No…" Susurró Subaru. Ya una vez había caído en depresión; su mente completamente rota. De no haber sido por Anastasia, Mimi, Julius, Tivey y Ricardo, lo más probable es que nunca hubiera salido de aquel abismo emocional en el que se había desplomado. Si ahora era capaz de lidiar con cada uno de esos sucesos insoportablemente dolorosos y descorazonadores, era porque tenía una promesa que cumplir, y la determinación necesaria para no romperla.
Anastasia le había levantado cuando había caído en aquel abismo, Anastasia le había hecho compañía, Anastasia soportó sus excéntricas y desagradables actitudes, Anastasia le dio un lugar donde vivir, Anastasia le dio una razón para seguir adelante. Anastasia se apoderó de su alma, Anastasia se adueñó de su determinación; convirtiéndose en la fuente de ésta. Anastasia lo encadenó a la vida con una promesa que debía cumplir, un objetivo que debía completar, un destino que debía alcanzar. Por ella haría lo que fuera necesario, incluso si ello resquebrajaba por completo su mente…
Parpadeando, Subaru finalmente escapó de sus divagaciones mentales. Fue entonces que se percató que frente a él tenía a dos hombres, uno que se veía tan normal como una persona podía verse en ese mundo, otro que parecía una bestia salida de un cuento de hadas; los ojos de ambos se encontraban más arriba de lo normal. Otto y Utada, con una mirada preocupada e indescifrable, respectivamente, esperaron expectantemente por lo que Subaru tuviera que decir.
Para ambos, la pregunta "¿Cuál es su plan, Subaru-sama?", recién había sido formulada. En lugar de la respuesta esperada, lo que ambos escucharon fueron los agónicos gemidos post Regreso por Muerte que instintivamente Subaru profirió, mientras oprimía su pecho, por sobre su corazón, desesperadamente. Con una sensación no muy diferente al infarto extendiéndose desde su pecho, Subaru había caído de rodillas sin tan siquiera percatarse de ello.
Anonadados, Utada y Otto detuvieron la conversación concurrente y se arremolinaron frente a Subaru con el objetivo de comprobar su condición; sin embargo, Subaru ya había soltado su pecho para entonces. Tras varios segundos de silencio, la mirada vacía de Subaru recuperó el brillo concerniente a la razón, señal que ambos entendieron como Subaru recuperando la compostura.
Lo que Utada y Otto habían asumido de todo ello, era que Subaru, impactado por lo que estaba aconteciendo, había sido abrumado por la desesperación y ello le había llevado a sufrir un ataque de pánico; o al menos así lo percibió Subaru. Los primeros estaban equivocados y el último estaba en lo correcto. Sin darle más vueltas a ese asunto, Subaru estiró su mano, la cual fue rápidamente tomada por Otto, cosa que causó que una profunda amargura envolviera a Subaru. Lo que estaba por hacer era de lo más rastrero y traicionero, pero era necesario. Haré lo que sea necesario, repitió en su mente.
"Tuve una visión…" Una vez en pie, Subaru optó por no desperdiciar más tiempo y fue al grano.
El "ataque de pánico" se había debido a la "visión"; utilizaría esa artimaña. En el futuro que se le había revelado mediante su falsa Protección Divina, Subaru vislumbró grotescos baños de sangre. Uno por uno, cada uno de ellos caería cual polilla ante una trampa de luz. Al final solo quedaría Subaru, que moriría intentando salvarlos; una absurda mentira que salió de la boca de alguien tan patético, que, aún en una situación como esa, aprovechó para darse aires de santo.
Subaru necesitaba contar con la simpatía de sus compañeros, no podía darse el lujo de perder su confianza; humildemente, esa era la excusa… Mientras relataba lo visto en la visión futurística, Subaru no apartó nunca la mirada de Utada. Él era la razón por la que se estaba esforzando tanto porque la mentira fuera convincente. Todo lo que estaba diciendo tenía un fin; incluso sus patéticas hazañas bondadosas totalmente alejadas de la realidad.
"Espera, Natsuki…" Después de transcurridos casi cinco minutos desde que Subaru comenzó a relatar lo vislumbrado gracias a su falsa Protección Divina, Otto lo interrumpió. Su amigo mercante se notaba considerablemente ansioso. "… Sinceramente no entiendo a donde quieres llegar."
"…" Un corto pero incómodo silencio precedió a la respuesta. "Necesito que Leith y tú se queden aquí. Utada, tú tendrás que protegerlos." Fue entonces que Subaru finalmente se atrevió a decir aquello por lo que tanto había adornado su falsa visión. "Ustedes morirán, de ello no hay duda." Afirmó con completa seriedad, para posteriormente señalar la puerta que los llevaría al exterior. "Si cruzan esa puerta, habrán asegurado sus muertes."
"¿Nuestras muertes? ¡¿Cómo puedes estar tan seguro de ello, Natsuki?! ¡Además, ¿qué hay de ti, no moriste tú también en esa visión?!" Le cuestionó Otto, visiblemente agitado.
"Mi Protección Divina no se equivoca, Otto. Es gracias a ella que estoy aquí y no metros bajo tierra. Así que necesito que te calmes y me escuches atentamente." Habiendo escuchado a Subaru, Otto respiró profundamente y, con un gesto de cabeza, le indicó a Subaru que prosiguiera. "Gracias… Ahora, si pusiste atención a lo que estaba diciendo, entonces recordarás que dije claramente que mi muerte se debió a que intenté ayudarlos; específicamente a Leith y a ti. Utada nos intentó defender, y aunque aguantó por varios minutos, al final fue abrumado por las fuerzas del Culto de la Bruja. Así que, no importa lo que hagamos, si ustedes me acompañan, nuestro destino es morir antes de conseguir salir del distrito comercial. Por ello, iré yo solo al castillo y me aseguraré de que envíen guardias por ustedes."
"Pero, Natsuki…" Otto parecía dispuesto a seguir discutiendo, sin embargo, Subaru no contaba con el tiempo para sumergirse en otra molesta y larga discusión. Era inútil. Eso había sido comprobado durante el bucle anterior, cuando intentó convencer a Otto de que ir a la casa de Leith era mala idea. Si se quedaba un segundo de más, se arriesgaría a que Leith saliera del estado de shock en el que se encontraba y ello solo complicaría su salida de ese lugar.
"Ya tomé una decisión, Otto, así que no pienso seguir discutiendo contigo." Con expresión de amargura, Otto selló sus labios y se abstuvo de seguir hablando. Sin prestarle atención a la desazón de su amigo, Subaru se enfocó en Utada, que aún no pronunciaba palabra alguna. "Utada, tu trabajo es mantenerme con vida, ¿no es así?" No hubo respuesta, lo que Subaru entendió como una indicación de que dijera lo que tuviera que decir. "Tú sabes de primera mano que tan efectivas son las visiones de mi Protección Divina, así que deberías comprender que lo mejor que puedes hacer es obedecerme."
"Está en lo correcto, Subaru-sama." Confirmó Utada, asintiendo.
"En ese caso, como ya había dicho, quédate aquí y protege tanto a Otto como a Leith. No dejes que salgan de aquí, a menos de que este lugar sea atacado. Mis probabilidades de supervivencia, y las de ustedes, serán mayores si haces como digo. Así que lo diré de nuevo. Tu trabajo es mantenerme con vida, ¿no es así, Utada?"
"… Así es."
Una vez más los dejaría atrás, los abandonaría a su suerte. Si Leith, después de su salida de allí, suplicaba por ir al rescate de su familia, ya ese habría dejado de ser un asunto que le concerniera. Si morían, al menos él no sería testigo de ello, y por lo tanto no tendría que cargar con la dolorosa imagen en su mente el resto de su patética existencia.
"Entonces quédate aquí y déjame ir solo al castillo. Solo así cumplirás con tu deber..."
Subaru no había mentido; al menos no del todo. Si Utada lo acompañaba, fallaría a su deber y asesinaría a Subaru. El corazón de Subaru sería atravesado con el afilado mango del hacha de Utada y así daría comienzo a otro bucle. Tal vez ese mismo escenario no se repetiría, sin embargo, el resultado sí que lo haría; Subaru sería asesinado por Utada.
En un inicio, Subaru había pensado que el ataque de Utada se debía a un estúpido malentendido. Utada, que apenas había sobrevivido al ataque de Petelgeuse, había partido malherido en busca de Subaru, para finalmente encontrarlo conversando cordialmente con un Arzobispo del Pecado. En ese escenario, no era de extrañarse que Subaru hubiera sido asesinado.
Si hacía las cosas diferentes, el resultado sería inherentemente diferente. Así había pensado antes de morir. Pero esa idea había caducado. Utada odia al Culto de la Bruja, eso es innegable, se trata de un odio capaz de nublar su, por lo general sobrio, juicio; Subaru fue testigo de ello en un par de ocasiones. Utada anhelaba acabar con la vida de todo miembro del culto, y de aquellos que simpatizaran con estos, de ello Subaru no tenía la menor duda.
Por lo tanto, Subaru estaba convencido de que Utada no mantendría la calma al momento de presenciar como los arzobispos le favorecían; el simple hecho de que no lo mataran inmediatamente ya era prueba de ello. Utada, el firme mercenario que siembre obedecía sus órdenes al pie de la letra, había perdido la cordura ante Lujuria y parcialmente olvidado su responsabilidad principal que era mantener a Subaru a salvo. Lo que implicaba que Utada no tenía un perfecto control de sus emociones cuando se trataba de asuntos relacionados con el Culto de la Bruja
Utada odiaba profundamente al culto debido a eventos pasados, y no había nada en ese mundo que pudiera aplacar la ira nacida de ese odio. Si Utada perdía la razón al ser testigo del buen trato del Culto hacia el Subaru, algo que él consideraba extremadamente probable, entonces no había duda de que desecharía su orden de proteger a Subaru y avanzaría con intenciones de asesinarlo, para después luchar contra los arzobispos que tuviera al frente.
Por ello, Subaru necesitaría mantener a su guardaespaldas lo más alejado de él. Y no solo por la amalgama de miedo, dolor y odio que había sido sembrada en su corazón; una semilla de sentimientos negativos dirigidos hacia Utada, que le había traicionado y apuñalado por la espalda. Para lograr su objetivo y mantenerse con vida al mismo tiempo, era necesario alejar a Utada, y esto se debía principalmente a que necesitaría dar uso a la información que había obtenido durante el bucle anterior.
En efecto, requeriría utilizar una vez más su estatus como "anomalía" para poder atravesar las fronteras de muerte erigidas por el Culto de la Bruja. Y Subaru estaba convencido de que lo que para los cultistas de la Bruja era una persona grata, para Utada se trataría de una persona non-grata. En pocas palabras, para que Subaru pudiera darle uso a la herramienta que había adquirido durante el bucle anterior, necesitaría evitar que Utada se enterara de la anómala importancia que tenía su existencia para el Culto de la Bruja.
¿Cuál era el propósito de su vida para el culto? ¿Por qué era él el único al que estaban dispuestos a perdonarle la vida? Subaru no podía afirmar con total seguridad que comprendía esto. Las razones detrás de las ambiguas acciones del Culto de la Bruja le eran desconocidas. ¿Tenían que ver con su habilidad, Regreso por Muerte? ¿Tenían que ver con su alienada existencia en ese mundo ajeno al suyo? ¿Acaso estaba ello conectado con el hecho de que seres relacionados, de una manera u otra, con la bruja, siempre supieran como encontrarle?
Nuevamente, Subaru realmente no podía estar seguro, no mientras se abstuviera de cuestionar a los arzobispos al respecto. Sin embargo, no contaba con tiempo para ello, y además era algo que carecía de importancia en las actuales circunstancias. Aun así, Subaru comprendía que no podría evadir el asunto por siempre, eventualmente la curiosidad sería lo suficientemente abrumadora como para llevarlo a investigar respecto ello.
"Pero ese momento no es ahora…" Susurró Subaru, mientras ingresaba en un estrecho callejón que le direccionará hacia el oeste.
Subaru intentaría evitar encontrarse con los cultistas de la bruja bajo el mando de Petelgeuse y Sirius. Los evadiría en la mayor medida de lo posible, y si se daba el caso de que volvían a dar con él, utilizaría su conocimiento recientemente adquirido para librarse de ellos. Con ese plan en mente, Subaru corrió ágilmente entre callejones y callejuelas.
A diferencia de en los últimos momentos del bucle anterior, en esta ocasión no había desechado por completo su cautela. No obstante, no había acudido al sigilo para moverse entre los callejones. No escatimaría en el uso de medidas para acortar el tiempo que le tomaría llegar al castillo, pues esa era su prioridad. Por ello, cuando se topó súbitamente con un grupo de guardias que se dirigía al distrito comercial, y uno de ellos le llamó, Subaru no pudo hacer más que gruñir, fastidiado.
"¡Oye, tú! ¡Acaso no te enteraste de que la ciudad está en estado de alerta! ¡Deberías regresar a tu casa inmediatamente!" Subaru consideró ignorar la advertencia y continuar corriendo, pero inmediatamente concluyó que ello podía resultar sospechoso y descartó la idea; después de todo, estaba solo, y lo que menos deseaba era ser atacado por los guardias.
"¡Gracias por la preocupación! Sin embargo, no es necesaria. Ya había sido avisado al respecto, así que es exactamente a mi hogar a donde me dirijo." Forzando una sonrisa en su rostro, Subaru informó al guardia mientras hacia una pequeña reverencia.
"Hmm… ¡Entiendo! En ese caso puedes seguir tu camino." El guardia, igual que él, parecía encontrarse apurado, así que el asunto fue zanjado en pocos segundos; algo que Subaru agradeció internamente. Considerando la posible eminente muerte del amable hombre que había tomado de su tiempo para informarlo de la situación, Subaru se dispuso a soltar unas palabras de despedida. Aunque fue incapaz de hacerlo...
"¡¿Eh?! ¿Qué es…? ¡Estamos bajo ataque! ¡Colóquense en formación defensiva y prepárense para…! ¡Agrhhh!" Súbitamente, un grupo de hasta quince cultistas surgió de las tinieblas mismas, rodeando en cuestión de segundos al grupo de guardias.
Anonadado, debido a que él no había sido el objetivo principal de los cultistas, Subaru presenció indiferente como los guardias eran masacrados; era inevitable, repitió en su mente. El grupo de guardias no superaba los cinco individuos, así que rápidamente fueron abrumados por las fuerzas y los números de los cultistas. Era de esperarse, considerando cuan mermadas habían sido las fuerzas de seguridad de la capital.
Si tomaba en cuenta el pintoresco y grotesco paisaje de muerte encontrado en el distrito comercial, especialmente en el sur, entonces cabía decir que el asedio a la ciudad había comenzado al menos una o dos horas antes de que Utada se percatara de ello. Considerando el rastro de muerte, se podía afirmar que el Culto de la Bruja había ingresado por el sureste de la Capital Real, y desde ahí había comenzado a moverse en dirección noreste, con el castillo como su objetivo principal.
En el proceso, probablemente los Arzobispos se habían separado, dividiendo así a los cultistas bajo su mando. Ira y Pereza abarcarían el distrito comercial, los barrios bajos y, probablemente, el distrito urbano, que se extendía al este del distrito comercial. Lujuria se encargaría del distrito de la nobleza y Codicia se adelantaría, comenzando por sí solo el sitio al castillo. Orgullo estaba desaparecido, así que Subaru estaba convencido de que esos cuatro eran todos los Arzobispos que en ese momento se encontraban en la capital.
Cuatro… No aparentaba ser un número muy grande, sin embargo, un arzobispo por sí mismo podía devastar una ciudad entera; teniendo a cuatro en un mismo lugar, no sería una exageración afirmar que ese lugar transmutaría en el infierno en la tierra. Aproximadamente dos horas habían pasado desde que el infierno fue convocado en el sur de Lugunica, en ese tiempo, indudablemente cientos de guardias habían caído.
El grupo de guardias con el que se había encontrado probablemente era de los últimos despachados por el cuartel de la guarnición. Eran unos rezagados… Subaru, solo durante el bucle anterior, llegó a ver guardias avanzando hacia el oeste. Dado que esta ocasión era la que más rápido había abandonado la casa de Leith, ello había dado paso a ese encuentro improbable.
Lo más probable es que los cultistas hayan sido atraídos por la presencia de Subaru. ¿Por qué había sucedido tan rápidamente? Subaru no podía estar seguro, sin embargo, en efecto recordaba como cada vez que utilizaba Regreso por Muerte, la falsa Zarestia se notaba ligeramente más agitada. ¿Acaso cada vez que moría, su olor, presencia o lo que fuera, aumentaba? Si ese era el caso, los guardias habían resultado totalmente desdichados.
La mala suerte los había llevado a sus prematuras muertes; el destino, el destino indudablemente reía a costa de sus vidas. En ese momento, esos cinco guardias estaban viviendo en carne propia el infierno en la tierra. Aquel que parecía el líder del grupo, el capitán, cayó al suelo con su garganta rebanada, borbotones carmesí surgiendo de su boca y del corte en su cuello.
La rápida muerte de su líder causó que el resto de las guardias entrara en desorden. El desconcierto y la conmoción se extendieron entre los hombres, que en vano sacudieron sus espadas, para así alargar escasamente sus vidas. Uno de los cultistas se deslizó entre las sombras y apuñaló a otro de los guardias en la espalda baja, en el espacio entre la parte alta y baja de su armadura. El encapuchado retorció su cuchilla y la sacó del cuerpo del guardia, causando que chorros de sangre comenzaran a inundar la armadura plateada.
Otro de los guardias comenzó a gritar, mientras se retorcía en el suelo. Su armadura había sido calentada por uno de los ataques mágicos de los cultistas, y ahora se hallaba al rojo vivo. Agónicamente, el guardia fue cocinado dentro de su armadura. Cual papel mojado, su piel comenzó a deshacerse, quedando firmemente pegada a la superficie de metal.
A otro de los guardias le clavaron una cuchilla en cada ojo, y mientras gritaba desesperado, fue decapitado. Y el último, incapaz de hacer otra cosa que observar paralizado como sus compañeros eran masacrados, murió cubierto por otro manto de llamas. En menos de un minuto, los cinco guardias no fueron más que cadáveres al lado de la carretera.
Una vez hubieron finiquitado su trabajo, los cultistas de la bruja voltearon sus rostros ocultos hacia Subaru. Un potente escalofrío recorrió el cuerpo de éste, no obstante su expresión indiferente no vaciló. En un parpadeo, los cultistas dejaron atrás la escena del crimen y rodearon a Subaru. Las encapuchadas miradas de los quince sádicos cultistas fueron posadas sobre él, cual horda de fanáticos expectante.
Una abrumadora sensación de incomodidad se apoderó del cuerpo de Subaru; era como si cada mirada de cada cultista pesara una tonelada. El peso de las mudas expectativas del grupo de fanáticos oprimió a Subaru, haciéndole sentir como si le faltara el aire. ¿Qué desean de mí? Se preguntó. Ellos no habían proferido palabra alguna, y aun así, por su solo comportamiento Subaru entendió que ellos esperaban algo de él.
El silencio de sus expectativas, el peso de sus miradas; Subaru no podría soportarlo un segundo más. ¿Qué esperaban ellos de él? ¿Por qué no lo asesinaban, así como habían hecho con los guardias? ¿Por qué solo a él le favorecían? ¿Acaso era él Orgullo? Subaru realmente estaba comenzando a dudarlo. Los cultistas deseaban algo de él, pero él no estaba dispuesto a satisfacerlos. Necesitaba alejarse de ellos.
"¡Háganse a un lado!" Exclamó autoritariamente. Si realmente le consideraban el Arzobispo del Pecado desaparecido, entonces Subaru se aprovecharía de tal ingenuidad. Él no sería una pieza en el tablero del Culto de la Bruja, pero esa no era razón para desaprovechar las cartas que el destino le había asignado. "¡El Arzobispo del Orgullo les ordena que lo dejen pasar! ¿Es que acaso no escuchan?" Ellos no comprobarían en un evangelio, Subaru estaba convencido de esto.
"…"
Sin romper el silencio, los cultistas hicieron una pronunciada reverencia, y así como aparecieron, desaparecieron. Las tinieblas inalteradas volvieron a ser su morada, solo Subaru permaneció bajo el rojizo Sol del atardecer. Como había esperado, su plan surtió efecto. Inicialmente había considerado que estaba siendo demasiado optimista, sin embargo, ya no podía negar que la información que había adquirido antes de su última muerte había resultado vital.
"Si solo esos idiotas no fueran tan ingenuos y testarudos…" Murmuró, mirando el charco de sangre creado a partir de los cadáveres de los guardias; en su mente aparecieron sus dos amigos y su guardaespaldas. Si Leith estuviera dispuesto a abandonar a su familia, si Otto no fuera tan iluso y si Utada tuviera mejor control sobre sus emociones… Tal vez habría logrado llevarlos consigo…
"Resulta que yo tenía razón, Subaru-sama. Eres uno de ellos." Subaru aún se encontraba sumido en sus cavilaciones, cuando una voz ronca por la ira alcanzó sus oídos. "Engañó a la señorita, al capitán y a Julius-sama. Vivió a costa de ellos cómodamente, mientras a sus espaldas realmente servía a la maldita bruja!"
El corazón de Subaru dio un violento vuelco. Su sangre se heló y sintió como su espíritu amenazaba con escapar de su cuerpo. Frente a él, con una mirada tan afilada que bien podría rebanarle hasta el alma, se encontraba Utada. Con sus enormes garras preparadas para complementar su mirada asesina, su guardaespaldas se le acercó lentamente.
"¿Qué haces aquí? Te dije que te quedaras con Leith y Otto." No había duda, Utada le había visto interactuar con el culto, resultaría inútil adjudicarlo a un simple malentendido; los sucesos del último bucle se estaban repitiendo. ¿Si le decía la verdad, acaso Utada le creería? No, Subaru no tenía manera de explicar la verdad sin romper el tabú. No había forma en que pudiera explicar cómo es que sabía que el culto le favorecía sin mencionar su habilidad de saltar en el tiempo; o al menos en ese tenso momento no se le ocurría una. En dado caso, la única opción que le quedaba era evadir el tema.
"Ellos fueron por la familia de Hendar-san, y yo… Yo decidí seguirlo a usted, Subaru-sama. Después de todo, ¿cómo habría de confiar en la palabra de alguien que apesta al miasma de la bruja?" Había escuchado algo realmente importante. ¿Apestaba al miasma de la bruja? Esa era la pista que le faltaba…
"¿Apesto a miasma? ¿De qué hablas, Utada?"
"No se haga el tonto, Subaru-sama. Fui testigo de cómo se deshizo de ese grupo de cultistas con solo ordenarlo. Estoy seguro de que no le habrían obedecido de no ser alguien importante dentro del culto." A pesar de que sus ojos brillaban con ardiente ira y odio, Utada parecía dispuesto a seguir conversando con él. ¿Acaso podría razonar con Utada? ¿Podría conseguir que le escuchara?
"¿Desde cuándo te diste cuenta?" Necesitaba saberlo, necesitaba entender mejor las circunstancias que le rodeaban.
"Desde el momento en que le rescaté en Priestella, en ese momento el olor exudado de su cuerpo me resultó inconfundible; la peste de un cultista de la bruja." Apretando con fuerza sus puños, al punto en que el sonido de sus músculos flexionándose se hizo audible, Utada reveló la verdad que durante todo ese tiempo ocultó.
"Desde ese momento…" Susurró Subaru, repasando rápidamente en su mente todo lo ocurrido en Priestella. Sin embargo, detuvo ese tren de pensamiento y, frunciendo el ceño, miró a Utada directamente a los ojos. "¿Por qué no me delataste? Odias al culto, ¿no es así? ¿Entonces por qué soportaste todo ese tiempo en silencio, cuando tenías en tu poder la información necesaria para poner a Anastasia en contra de mí?"
"¿Poner a Anastasia-sama contra usted? ¡Já!" Se rió con desprecio el mercenario. "Pensé que la conocía mejor, Subaru-sama. Esa mujer vive por y para los negocios; si algo le da beneficios, nunca se arriesgaría a perderlo. Usted, Subaru-sama… Usted es una mina de oro para la Compañía Comercial Hoshin. No tengo duda que ella habría aceptado su "condición", si ello implicaba seguir utilizándolo; así como aceptó tantas de sus excentricidades."
"…" Habiendo escuchado tal afirmación, Subaru un pudo sino mantenerse en silencio; Utada no estaba diciendo completas falsedades.
"No… Si yo le hubiera hablado de su olor, lo más probable es que me hubieran silenciado; mi única prueba, después de todo, era mi olfato. Escasos son aquellos capaces de detectar el olor de la bruja, así que no habría manera de corroborar que lo que decía era real. Además, usted le salvó la vida a la señorita. Y con ello los altos mandos del Colmillo de Hierro comenzaron a confiar en usted; no había manera de que yo pudiera hacer nada… Así que esperé, esperé en silencio, pacientemente. Una vez usted mostrara su verdadero rostro, sería yo el encargado de asesinarlo. Su olor fluctuó a lo largo del tiempo, y por un tiempo llegué a relajarme, debido a que esté disminuyó enormemente. Sin embargo, hoy ese olor a alcanzado su pico, hoy que el Culto de la Bruja ha decidido atacar la ciudad, hoy que se ha reunido con sus subordinados cultistas. Así que hoy es el día de cumplir con mi deber ¡Ahora es ese momento que tanto esperé! ¡Así que fue un placer conocerlo, Subaru-sama! ¡Y hasta nunca!"
"Igualmente, Utada…" Con una sonrisa torcida dibujándose en su rostro, Subaru respondió a Utada; había obtenido toda la información que necesitaba. Sin embargo… no por ello moriría sin luchar. "¡Kuro! ¡Shamak!"
Sorteando el primer ataque de Utada, Subaru se movió hacia la derecha. Allí donde había estado segundos atrás, ahora se expandía una densa nube negra. Rápidamente el campo de visión de Subaru fue cubierto por la oscuridad, impidiéndole ver más allá de su propia nariz. No obstante, Subaru no había desperdiciado por completo sus sesiones de entrenamiento junto a Julius.
Agudamente, Subaru posó su mirada en un punto específico de la negrura y comenzó a correr hacía él. En solo un par de segundos se encontró fuera de la nube de oscuridad. Apresuradamente inspeccionó sus alrededores, y al no notar a su guardaespaldas, comenzó a correr hacia el mismo callejón del que había salido poco antes de toparse con el pelotón de guardias. Sin mirar atrás, Subaru ingresó al callejón y comenzó a correr con todas sus fuerzas.
Había obtenido información extremadamente valiosa; su teoría del olor había sido confirmada. ¿Qué haría con esa información? Aún no lo sabía, sin embargo, podía sentir como un enorme peso era levantado de sus hombros. Ya no se encontraba completamente perdido en la oscuridad… El olor de la bruja… El olor que fluctuaba… Aumentaba cuando moría y cuando rompía el tabú… Atraía a aquellos relacionados con la bruja… Ya no había duda de ello, su presencia en ese mundo estaba relacionada de alguna forma con la Bruja de los Celos. Nuevamente, ¿qué haría con esa información? Una vez más, todavía no lo sabía…
"¡Argh!" Ahogando un grito, Subaru cayó al suelo. No necesitó mirar hacia sus pies para comprender que estos habían sido amputados por un fuerte zarpazo de Utada. ¿Le mataría usando solo sus manos?
"¿Eso es todo de lo que es capaz, Subaru-sama? Para ser un Arzobispo del Pecado, es increíblemente débil."
"Nunca dije que fuera uno… ¡Shamak!" Una vez más utilizó el hechizo de las tinieblas, pero fue inútil. Su cuerpo fue sacudido, y en lo que tarda un parpadeo, se encontró fuera de la nube de oscuridad.
"Pensé que disfrutaría más al jugar con usted… Pero parece que, en mi ingenuidad, realmente llegué a creer que usted era alguien inocente, alguien que, por mala suerte, había terminado imbuido por el miasma de la bruja. Me gustaría decir que lo odio, pero no me parece que pueda hacerlo. Odio lo que es, no lo dude; sin embargo, no lo odio como persona, Subaru-sama…" Desganado, el mercenario suspiró. "Como sea, eso no significa que lo vaya a perdonar. Usted en verdad nos traicionó, nos dejó a nuestra suerte y escapó para poder reunirse con sus despreciables aliados. Por ello, me aseguraré de hacer que sus últimos momentos de vida sean extremadamente agónicos."
El mundo de Subaru fue envuelto por un manto negro de sufrimiento. Incapaz de responder a las últimas palabras de Utada, Subaru solo pudo proferir aullidos de dolor. Utilizando sus poderosas mandíbulas, Utada trituró el brazo izquierdo de su enemigo. Sus afilados colmillos se calvaron en la frágil carne de Subaru, alcanzando tendones y hueso. Un sonido como de algo reventándose inundó el ambiente y entonces sangre salpicó por todo el callejón; el brazo había sido arrancado de su cuerpo, dejando atrás solo pedazos de hueso y jirones de tendones, carne y piel.
Utada, escupiendo los restos de carne que se habían quedado en su boca, apretó a Subaru con más fuerza. Sus diez garras se enterraron en la espalda de Subaru, mientras que aplicaba fuerza con su mandíbula para arrancar el otro brazo. Para ese momento, Subaru ya había comenzado a perder la conciencia, sin embargo, las violentas olas de dolor no le permitían sumergirse en el indulgente sueño eterno.
Una vez le arrancó a la fuerza ambos brazos utilizando sus colmillos, Utada arrastró sus garras hacia los costados de Subaru, rebanando carne y piel desde la espina dorsal. Mientras hacía esto, Utada giró el cuerpo de Subaru y, con toda la fuerza de sus brazos, quebró ambos pies de Subaru, que colgaba cabeza abajó. Una onda eléctrica de intenso dolor agónico recorrió el cuerpo de Subaru, que ya no era capaz de tan siquiera gritar. Con los huesos de la rodilla sobresaliendo de la piel y chorros de sangre fluyendo peligrosamente, Utada sacudió salvajemente el despedazado cuerpo de Subaru y lo estampó contra la pared más cercana, esparciendo sus sesos por todo el aire. Una última ola de dolor entumecido envolvió a Subaru y entonces todo se apagó…
