Retirada a la Mansión Hoshin

Cero días desde la Última Muerte (Quince Muertes)

Finalmente reconocería que sin Halibel nunca sería capaz de superar ese extremadamente enrevesado ciclo de muerte. Aceptaría que sin su mejor carta, su mejor pieza en el tablero, simplemente no ganaría ese juego en contra del destino. Esto no significa que se hubiera tardado hasta ese momento para percatarse de ello; era idiota y testarudo, pero no hasta ese extremo. Un par de bucles antes había determinado que sin la ayuda de Halibel llegar al castillo resultaría un reto prácticamente insuperable.

No obstante, en ese entonces, cuando se había dispuesto a contactar con Halibel, se topó con que su propia obstinación y obsesión por rehuir a la terrible realidad que se cernía sobre él, habían jugado totalmente en su contra. Escapó cobardemente de la mansión y de las lúgubres palabras de Halibel, y debido a ello olvidó el metia que Anastasia le había otorgado, y con éste, su única manera de contactar a distancia con Halibel.

Al percatarse de las penosas consecuencias de su imbecilidad, Subaru no tuvo más opción que dejar de lado el autodesprecio que se arremolinaba en su ser y seguir adelante, con el Castillo Real en el centro de su campo de visión. Necesitaba de la ayuda de Halibel, que no quepa duda de ello, sin embargo, el tiempo apremiaba, y cada segundo aumentaban la distancia entre su mano ajena a la muerte y el delicado destino de Anastasia Hoshin.

No puedo darme el lujo de perder tiempo yendo a la mansión; esa había sido su decisión. Sin importar cuán difícil resultara, retomaría control sobre el destino de Anastasia sin recurrir a Halibel. Arroparía con sus pecaminosas manos el destino de su preciada jefa. Poco después de tomar esa decisión, finalmente una puerta se habría ante él. Descubrió que el culto no atentaría contra su vida si salía a la luz su estado de anomalía en el misterioso evangelio que los arzobispos portaban, y con ello sus opciones, las cartas en su mazo, aumentaron.

Ante Subaru se abrieron múltiples caminos, y él esperaba que al menos uno de ellos le llevara al castillo. No obstante, sus esperanzas fueron traicionadas por la cruel providencia que se reía de sus desgracias. Todos los caminos, sin excepción, llevaban a un callejón sin salida. Todos los caminos terminaban en un enorme muro, uno que le resultaría imposible de trepar.

Un obstáculo insorteable se alzaba ante él, y no importaba a donde mirara, éste se elevaría sobre su campo de visión, imposibilitándole cualquier movimiento. Si dejaba atrás a sus compañeros, Utada, que desconfiaba de él debido a su olor, indudablemente le seguiría. Si no los abandonaba, se vería en la necesidad de ir hasta la casa de la familia de Leith, donde una escabrosa escena de muerte les esperaba; tiempo perdido sería el único resultado de tal desvío.

Su cuerpo desprendía el terrible olor de la bruja. Aún desconocía la razón, y aunque había formulado una hipótesis, no tenía manera de comprobarla. Debido a ese miasma de muerte que emanaba de Subaru, las sospechas de Utada y un encuentro con el Culto de la Bruja eran factores inevitables. Cuando el encuentro con los asesinos lunáticos tuviera lugar, el destino de Subaru habría sido sellado.

Si relevaba su estatus como anomalía, obtendría la simpatía parcial del culto, y su vida sería perdonada; pero con ello incurriría en la ira de Utada, que sin escucharle le atacaría. Aunque, incluso si le escuchara, Subaru realmente no tenía manera de defender su inocencia. Alguien grato para el culto, automáticamente sería un paria en la sociedad de ese mundo; aún más para Utada, cuya aldea donde nació fue atacada por el culto cuando él solo era un niño.

Utada fue el único sobreviviente del ataque, debido a que conocía perfectamente los mejores escondites de la aldea. El mercenario había sido un niño problema, y en su niñez requirió huir de los adultos casi a diario. Ello le salvó la vida, pero de nada sirvió para salvar la de sus familiares, a los que observó siendo masacrados uno por uno. Subaru desconocía esa historia del pasado de Utada, pero no por ello era incapaz de suponer parte de ella.

Por lo tanto, si ocultaba su estatus como anomalía, sería asesinado por el culto, a menos que un arzobispo se percatara por sí mismo de ello. Si revelaba la verdad, Utada le atacaría, y ni Otto, ni Leith, ni el Culto de la Bruja, harían nada por ayudarle. Ese es el callejón sin salida en el que se encontraba atrapado; el catalizador del ataque de pánico que llevó a una terrible muerte a manos de Petelgeuse Romanée-Conti.

Fue después de regresar de la muerte por quinceava vez desde que llegaba a ese mundo, en medio de un asedio de palabras por parte de Otto, que ingenuamente depositaba sus esperanzanas en un patético perdedor como él, que la idea llegó a Subaru. ¿Sacrificaría tiempo? En efecto, sin embargo, no le quedaba de otra. Una vez más, Halibel era la única pieza útil que le quedaba en el tablero. Y ya no tenía más opción que utilizarla. El destino le tenía en jaque, pero Subaru haría su jugada. El letal juego contra el destino continuaba…

"¿… La mansión? ¿La mansión de la señorita Anastasia-sama?" Otto había sido tomado por sorpresa por sus palabras. ¿Realmente era una declaración tan sorprendente?

Claro, ninguno de ellos estaba al tanto de su relación amo-servidor con Halibel, sin embargo, eso no cambiaba nada. La gran mayoría de miembros del Colmillo de Hierro se encontraba allí. Anastasia se encontraba en el lugar más seguro de la capital, un castillo atestado por los guardias y caballeros reales de Lugunica, por lo que solo Mimi y Julius la habían acompañado.

"Sí, Otto, la mansión de Anastasia." Dijo Subaru, como si se tratara de algo más que obvio. "Ahí se encuentra la gran mayoría de mercenarios del Colmillo de Hierro. Si vamos y les explicamos lo ocurrido, no dudarán en ayudarnos. Anastasia estaría de acuerdo en que yo acudiera a su ayuda, ¿no crees, Utada?" La mirada de Subaru se deslizó hacia la imponente figura que estaba al lado del antiguo mercader ambulante.

"…" Utada no respondió de inmediato. Un tenso silencio se formó en la habitación, y fue Utada mismo el encargado de darle fin a éste. "Está en lo cierto, Subaru-sama. Dadas las circunstancias particulares, no dudo que la señorita estaría más que dispuesta a permitir que tomará con usted a un par de colegas del Colmillo de Hierro."

¿Un par de compañeros del Colmillo de Hierro? Subaru definidamente pensaba hacer más que solo eso. ¿Qué tanto cambiaría la opinión de Utada si se enterara que Subaru pensaba sacar de su puesto como guardias de la mansión a Halibel, Ricardo y Tivey, cuanto menos? No obstante, para Subaru estaba claro que revelar tal información resultaría contraproducente.

Ello fácilmente podría provocar que Utada le culpara de conspirador y le atacara; solo Anastasia tenía el poder dar órdenes a cualquiera de los líderes de la organización, y aunque Halibel no era un líder, esa regla aplicaba igualmente para él. Si Utada, que generalmente seguía estrictamente las reglas, se enteraba de las intenciones de Subaru de dejar la mansión desprotegida, no existía duda alguna de que sus sospechas lo llevarían a dudar completamente de Subaru y sus "oscuras" intenciones.

"En efecto. Es por ello por lo que debemos partir con miras en la mansión de Anastasia. Allí haremos una corta parada con el fin de obtener refuerzos que serán imprescindibles para lograr llegar al Castillo Real. Nuestro principal objetivo será reunirnos con Anastasia y el resto de la candidatas reunidas allí, con el objetivo de informarles respecto a lo ocurrido en el distrito comercial."

"Natsuki… Hay algo que no comprendo del todo." Intervino Otto, levantando nerviosamente su mano derecha. Habiendo obtenido la atención de Subaru, el mercante prosiguió. "¿Realmente crees que la guardia real no se ha enterado del asedio a la ciudad? Por lo que describió Utada-san, el ataque del Culto es de ninguna manera uno sigiloso. Si columnas de humo se han levantado por sobre el distrito comercial, estoy completamente seguro de que los caballeros del reino no ignorarían tales señales."

"Columnas de humo, ¿eh?" Le preguntó Subaru, sarcásticamente. "Dime Otto, ¿tienes alguna otra duda respecto a mi plan improvisado? Después de todo, ¿no aclamaste hace solo unos momentos que confiabas en mi juicio? ¿O también piensas dejar que esas palabras sean engullidas por la muerte?" Con cada palabra que salía de su boca, el grado de acidez de estás aumentaba. Subaru podría haber logrado recuperar su compostura, pero el disgusto nacido en su interior no había sido aplacado.

"Y-yo…" Desconcertado por las palabras cargadas de desprecio de Subaru, Otto tartamudeó al intentar justificarse. "Yo simplemente estaba dando mi opinión con el objetivo de que podamos tomar el mejor curso de acción posible. Lo ideal es que no cargues con toda la responsabilidad tú solo, ¿no es así? Sin embargo, no tienes que prestarme atención si no lo deseas. ¿Además, a que te refieres con "engullidas por la muerte"? Realmente no te estoy entendiendo, Natsuki. Un momento me dices que quieres escuchar lo que tengo que decir, y al otro te molestas porque lo hago y dices incoherencias…"

Suspirando pesadamente, Subaru sacudió la cabeza. Con disgusto, tragó el bilis metafórico que se desbordaba por su garganta y respondió a Otto. "Olvídalo, delirios de un idiota, eso es todo. ¿Tienes algo más que aportar?"

"¿Estás seguro de que quieres escuchar lo que tengo en mente?" Inquirió Otto, inseguro.

"Adelante…"

"Bien…" Murmuró Otto. Tras un segundo reordenando las ideas en su cabeza, Otto prosiguió. "Además de que estoy seguro de que en el castillo ya están más que enterados del ataque… ¿Realmente es necesario ir hasta la mansión de Anastasia-sama para reclutar ayuda? Estaríamos desviándonos demasiado del camino hacia el castillo, y además de eso, no creo que los refuerzos que obtengamos hagan mucha diferencia si Utada-san, que es parte de la elite del Colmillo de Hierro, no es capaz de hacerle frente al Culto de la Bruja."

"Si eso es lo que crees, entonces porque no nos dices, ¿qué propones?" Indiferente, Subaru instó a Otto a aportar un plan que pudiera suplantar el suyo.

"Ehmm, no lo llamaría una propuesta como tal, pero pienso que lo mejor sería evitar aumentar los números de nuestro grupo. Entre menos seamos, más fácil nos resultará pasar desapercibidos. Si utilizamos los callejones y recovecos más escondidos de la ciudad para movernos hacia el castillo, entonces tal vez logremos eludir a esos-"

"No funcionará." Le cortó Subaru, interrumpiéndolo abruptamente. Con mirada fría, Subaru observó fijamente a Otto. "Hicimos algo parecido en mi visión, y no funcionó; nos encontraron y fuimos masacrados."

"En ese caso-" Otto parecía dispuesto a seguir aportando ideas, pero Subaru lo detuvo. Parece que finalmente se calmó, de lo contrario no estaría insistiendo tanto en opinar, pensó Subaru.

"Ya escuché lo que tenías que decir, así que ahora déjame responderte." Indicó Subaru, elevando su dedo índice derecho en el aire. "Primero. Es cierto que en el castillo muy probablemente ya estén al tanto del asedio. Pero eso es lo de menos. Solo yo, gracias a mi bendición, comprendo la verdadera gravedad del ataque del culto. Cualquier guardia o caballero real que se haya topado con alguno de los Arzobispos del Pecado, sin lugar a duda, fue asesinado."

"Entonces tú eres el único al tanto de que hay cuatro arzobispos en la Capital…" Concluyó Otto, ganándose un asentimiento de aprobación por parte de Subaru.

"Segundo." Prosiguió Subaru, ahora levantando su dedo medio. "Como ya dije, no importa lo que hagamos, si vamos solo nosotros cuatro, moriremos." Sin el más mínimo rastro de delicadeza, Subaru dejó bien en claro lo terrible de su situación.

"Aun así, ¿un par de mercenarios que diferencia harían?" Subaru pudo notarlo, Otto realmente no se había calmado del todo. En el rostro de Otto se revelaban sus verdaderas emociones; el miedo y la ansiedad estaban devorando su corazón. Otto realmente deseaba confiar en Subaru, pero el supuesto plan que se le ocurrió en las prisas no había bastado para satisfacer a su instinto de supervivencia.

Subaru miró de reojo a Utada, que había escuchado el intercambio de palabras en silencio, y pudo notar que su afilada mirada felina estaba clavada en él. Depende de lo que diga ahora, Utada podría decidir que lo mejor sería asesinarme. Necesitaba convencer a Otto y Utada de que la mejor opción que tenían para sobrevivir era ir a la mansión. Una vez allí, Subaru podía emplear a Halibel para doblegar a todo el que se opusiera a seguir su plan; específicamente a Utada.

Piensa en algo, piensa en una excusa que baste para convencerlos. Insistentemente, Subaru repitió eso en su mente. ¿Qué necesitaba para convencerlos de una vez por todas de que ir a la mansión era la decisión adecuada? El tiempo corría, el tiempo se agotaba, y allí se encontraba, desperdiciándolo en inútiles discusiones.

En su frustración, Subaru no se percató que había comenzado a clavar sus uñas en las palmas de sus manos, causando que sangre comenzara a fluir entre sus dedos. ¡Necesitaba algo, lo que fuera! Fue en ese momento de desesperación, que la inspiración por fin le llegó, y se sintió, una vez más, completamente estúpido por haberlo olvidado. ¿Por cuantos problemas pasó para conseguir aquello, para que al final terminara olvidándolo?

"No quería hablar de ello…" Comenzó Subaru, fingiendo que no acababa de dar con aquello que tan desesperadamente había buscado. "Después del ataque a la posada en Priestella, me encontré en un profundo estado de paranoia por un par de meses. Todavía lo estoy, aunque no como en ese entonces. En fin, yendo al grano, diseñé una especie de arma, un arma futurista reinventada de mis memorias. Un arma que, junto a los refuerzos, debería de bastar para llevarnos al castillo sin un solo rasguño."

Estaba exagerando, por supuesto que sí. No había tal cosa como un arma capaz de lidiar con los monstruosos Arzobispos de Pecado. Aun así, podría servir para convencer a Utada y Otto, e incluso podía servir para darle el golpe de gracia a algún que otro cultista. El autodesprecio que ardía en su pecho había aumentado por recordarlo hasta ahora, pero eso solo hacía que los recuerdos de la elaboración del arma quemaran con más fuerza en su piel…

Antes de que la sede de la Compañía Hoshin fuera inaugurada en Lugunica, y con ello la Operación Reinvención, Subaru contactó con uno de los diseñadores que conoció en Priestella y con los que mantuvo contacto durante su estadía en Kararagi. Gracias a ello, y tras semanas de secretismo durante las cuales casi es descubierto en más de una ocasión, su primer prototipo de una pistola vio la luz.

Desde entonces, debido al sentimiento de culpa que había brotado en su interior por haber cedido ante sus miedos y debilidades, la ocultó en una caja bajo su cama en la mansión de Anastasia. Tras ello, su mente bloqueó todo recuerdo de la existencia del arma de fuego, así como le orilló a evitar a Halibel por miedo de que necesitarlo implicara el inicio de otro ciclo de muerte. Al final, su patético escape de la realidad había resultado completamente inútil e insoportablemente contraproducente. Aun así, ahora que finalmente recodaba la existencia del arma, la usaría a su favor.

"¿Un arma dices?" Le cuestión Otto, confundido. "No recuerdo que nunca hubieras diseñado algo similar."

Antes de responder, Subaru observó a Utada. No era muy visible, pero su ceño se había fruncido ligeramente. Escuchar que Subaru había creado en secreto un arma, podía no ser de su agrado, pero con suerte su excusa bastaba para aplacar ligeramente sus sospechas. Si con ello lograba que Utada no lo atacara, entonces estaba bien. El trabajo de Subaru era reinventar artilugios después de todo, Utada no podía asesinarlo por ello.

"Como dije, en ese entonces me encontraba extremadamente paranoico. Solo lo hice porque en ese momento necesitaba desesperadamente alguna manera de protegerme de posibles atacantes. No dije nada al respecto, porque temía que si salía a la luz podría causar un problema, pero ya nada de eso importa. Sin esa arma, no podremos sobrevivir a los sucesos que nos esperan en el futuro." Respondió Subaru completamente confiado; aunque no era más que una fachada. Su verdadera arma era el guerrero más poderoso de Kararagi.

"Hmm… Un arma capaz de salvarnos… No puedo negar que, después de haber visto tu ingenio en acción, sería estúpido de mi parte desconfiar de ello. Aun así, me temo que eso no cambia mucho nuestra situación, Natsuki. ¿Cómo llegaremos a la mansión sin que nos ataquen?" Las dudas de Otto no habían sido del todo disipadas, el terrible miedo que se había apoderado de él aún se aferraba a su corazón.

"Mis visiones no se equivocan, Otto. Ya sé dónde se encuentran los arzobispos, así que si los evitamos moviéndonos lo más posible al oeste, entonces estaremos bien; ellos son a quienes verdaderamente debemos temer."

"Pero en tu visión nunca nos dirigimos a la mansión, ¿o sí? En ese caso, no sería posible que haya un arzobispo del que no tengas idea?"

"Otto…" Subaru frunció el ceño y miró fijamente al comerciante, para inmediatamente mover su mirada hacia Utada, y luego nuevamente a Otto, repitiendo el ciclo un par de veces más. "Estoy convencido de que si evitamos el este lo más posible, lo lograremos. Llegaremos a la mansión a salvo y conseguiremos todo lo que necesitamos para lograr alcanzar el castillo. No importa que pase, nada impedirá que me reúna con Anastasia. ¿Lo entienden? Ni siquiera sus dudas lo harán. Si al final no pensaban confiar en mi palabra, entonces simplemente no hubieran dejado la decisión en mis manos. Ahora acepten la responsabilidad de ello y acompáñenme al infierno que nos espera fuera de este lugar."

"…" Nuevamente, un tenso silencio tuvo lugar. Una encrucijada se formó entre el inventor, el mercante y el mercenario. Subaru, con una mirada afilada como el filo de una Katana, observó fijamente al eslabón más débil; Otto. Tras largos segundos de estancamiento, un suspiro derrotista se filtró entre los labios del joven de cabello cenizo.

"Si lo pones de esa manera, supongo que realmente no me queda otra más que respetar mis propias palabras y confiar en tu decisión. Si dices que solo hay cuatro arzobispos y que no nos atacarán de camino a la mansión, entonces confiaré en ello."

"…" Utada miró de soslayo a Otto, el gesto de molestia había desaparecido, y con tono indiferente añadió. "Mi posición no ha cambiado en lo más mínimo, Subaru-sama. Haré lo que usted crea conveniente."

"… Gracias." Una tensa sonrisa se dibujó en el rostro de Subaru, que finalmente relajó sus hombros, liberando un aliento de alivio. Los había convencido. Había revelado la existencia de su arma sin provocar la ira de Utada, y con ello había conseguido que aceptaran ir a la mansión. No obstante, inmediatamente su espalda recuperó la firmeza perdida y a su rostro regresó un gesto de seriedad. "Me gustaría explicarles con más detalles mis razones, pero lastimosamente no contamos con tiempo para ello. Entre más temprano partamos, mejores serán nuestras oportunidades de lograrlo, así que deberíamos de hacerlo de inmediato."

"Como diga." Respondió Utada firmemente. Otto asintió; señales de nerviosismo aun eran visibles en cada parte de su cuerpo.

Subaru inmediatamente se volteó hacia la puerta, y al hacerlo vislumbró un rostro pálido como el de un cadáver. Subaru se congeló en su sitio, sus ojos abriéndose ampliamente. Frente a la puerta se encontraba Leith. ¿En qué momento se movió de la mesa hasta allí? Se preguntó Subaru. Tembloroso, Leith bloqueaba la puerta que daba al exterior con su debilitado cuerpo.

"¿L-Leith?" Inseguro de cuáles eran las intenciones de su compañero, Subaru lo llamó por su nombre. Los labios del artesano se movieron ligeramente y un susurro melancólico se filtró entre la abertura.

"… S-Si vamos al oeste… no implicaría ello que estaría abandonando a mi f-familia?" Tan patético como Subaru en sus peores momentos de crisis mental, Leith observó a su amigo inventor con ojos suplicantes.

Tu familia es un caso perdido, Subaru se vio tentado a responder. Sin embargo, hacer tal cosa también resultaría extremadamente contraproducente. Si no manejaba ese asunto con extremo cuidado, todos sus esfuerzos podrían terminar desmoronándose. Subaru lanzó una rápida mirada de soslayo a Utada y luego volvió a enfocarse en Leith.

Si abandonaba a Leith, a Otto o a ambos, ello podría causar que la inestable confianza de Utada desapareciera. Necesitaba convencerlos a todos de que lo mejor era ir a la mansión. Por ello, a Subaru no le quedó de otra que volver a emplear una egoísta mentira. "Leith… si vamos al este, nunca te podrás reunir con tu familia; eso te lo aseguro. Así que primero iremos a la mansión y allí encontramos a alguien capaz de llevarte hasta a ellos. Yo iría contigo, pero realmente no puedo retrasar más mi reencuentro con Anastasia."

Una vez más, Subaru lanzó una fugaz y furtiva mirada a Utada. Este seguía mostrándose tan indiferente como siempre; no había tal cosa como un rastro de ira u odio. Aparentemente el mercenario no estaba en desacuerdo con su manera "piadosa" de lidiar con el asunto. Forzando una sonrisa, Subaru se acercó a Leith, quien ahora se encontraba mirándolo con recelo.

¿Acaso el aura que transmitía se había corrompido tanto? ¿Podía Leith percibir el miasma de la bruja emanando de su cuerpo? Probablemente no. Simplemente que ante él tenía al testigo de la masacre de su familia. Subaru había visto en persona el trágico destino final de la desdichada familia de Leith. Sus palabras simplemente no eran lo suficientemente convincentes.

"Leith, deberías escuchar a Natsuki. Entiendo que te sientas nervioso e inseguro, después de todo, ni tú ni yo lidiamos nunca con una situación como ésta. Sin embargo, Natsuki y Utada-san sí que lo han hecho. Si Utada-san, un experimentado mercenario, confía en el plan de Natsuki, ¿por qué no habríamos de hacerlo nosotros? Es nuestro confiable amigo y colega, ¿no es así?"

Evidentemente, Otto aún albergaba diversas dudas; no obstante, su determinación por respetar lo que dijo a Subaru y la resolución de éste por encontrar una solución a ese desastroso escenario, finalmente bastaron para que lograra dejar de lado el miedo que lo inundaba y se colocara del lado de Subaru. Otto respetaba a Subaru, y eso no cambiaría. Otto sabía cuan afectado había quedado Subaru por los sucesos en Priestella y Kyo, y confiaba en que nadie sabría mejor que él, el cómo lidiar con una situación desesperanzadora como la de Leith y su familia.

"El sobrevivió…" Susurró Leith, recuperando parcialmente el brillo de la razón en su mirada.

"En efecto, Natsuki sobrevivió a situaciones tan terribles como estas. Tal vez no sea la persona adecuada para decirlo, dado que yo también tenía mis dudas hasta hace un momento, pero realmente creo que si seguimos lo que él dice, de alguna forma lograremos salir de ésta."

Leith y Otto tenían torbellinos de múltiples emociones en su interior, ambos se encontraban asustados y confundidos. Aun así, el anhelo de supervivencia que ardía en ellos, aun a pesar del torbellino emocional que todo lo destruía, los estaba inclinando a aferrarse a los lazos de amistad que habían formado durante el último año. Tal vez sí existía una manera de manejar la situación con ellos, pensó Subaru, observando a sus amigos. Una vez más, su debilidad le había cegado…

"Vamos, no tenemos tiempo que perder." No importaba cuanto se esforzaba, sus múltiples debilidades seguían siendo un lastre que le impedía avanzar. Aun así, con fuerza seguiría arrastrando sus pesados pies por ese inclemente camino del destino.


Conforme avanzaban, a Subaru le resultó imposible el dejar de lanzar miradas de desconfianza a Utada, que caminaba a pocos metros tras Otto, Leith y él. Que estuviera siendo tan precavido para con su guardaespaldas era inevitable. En ya dos ocasiones, el mercenario había aparecido tras él con intenciones de asesinarle, ambas ocasiones el traidor guardaespaldas lo consiguió. En cualquier momento podría atacarme; se repitió Subaru mentalmente.

Como había esperado, el este de Lugunica aún se encontraba prácticamente intacto. En esta ocasión habían optado por recorrer un camino rectangular. ¿O debería de decir triangular? Si se conectaba con una línea la mansión de Anastasia y la casa de Leith, y le llamáramos la hipotenusa, entonces el grupo estaba recorriendo los catetos del triángulo rectángulo naciente.

Primero nos moveremos dirección este, y luego lo haremos dirección norte. Esas habían sido las instrucciones de Subaru. Si se movían en dirección noreste, acortarían la distancia que tendrían que recorrer, y con ello el tiempo. Sin embargo, considerando lo ocurrido durante el penúltimo bucle, en el que los subordinados de Petelgeuse fueron capaces de dar con él, Subaru prefirió evitar arriesgarse.

Durante ese ciclo de muerte, había muerto en cinco ocasiones. El olor a miasma de la bruja que emanaba de su cuerpo debía de ser particularmente intenso. Si no hubiera tomado medidas para alejarse lo más posible de los cultistas, estos indudablemente que le hubieran encontrado antes de que pudiera dar el primer paso hacia mansión.

Ya habían pasado cerca cuarenta minutos, y finalmente habían comenzado a caminar hacia el norte. Si seguían moviéndose en línea recta, sin desviarse, entonces llegarían a la mansión en menos de media hora; aun antes si desechaban el sigilo. Subaru miró nuevamente a Utada. El mercenario permanecía tan indiferente como siempre. Ante cualquier señal de ardiente ira, Subaru optaría por romper el tabú y atraer al culto.

Es cierto que si llamaba la atención de los cultistas, se arriesgaba a que uno de los Arzobispos más cercanos los encontraran, no obstante, estaba dispuesto a arriesgarse si ello implicaba llegar vivo a la mansión de Anastasia. Aun así… Utada en realidad no parecía especialmente atento a los movimientos de Subaru.

Es cierto que ello podía deberse a que el mercenario sabía cómo aparentar desinterés, aun cuando el odio ardía dentro de su corazón. Pero Subaru no sentía que ese fuera el caso en ese momento en particular. Si no le daba una razón para sospechar de él, Utada simplemente lo dejaría ser. Por ello, lo mejor que podía hacer era seguir evitando al culto. Sin embargo…

"Natsuki…"

"Lo sé." Respondió Subaru. El peligroso silencio había regresado, y no hacía falta contar con la Protección Divina de Otto para notarlo. "Utada, lo mejor será que empecemos a correr. En cualquier momento podrían atacarnos, así que mantente atento a la retaguardia. En caso de que nos rodeen, yo usaré Shamak para distraerlos, confió en que tu nariz se hará cargo del resto."

"Entendido." Una respuesta cortante era más que suficiente.

El grupo entonces aumentó el ritmo de sus zancadas, desechando así cualquier intención de seguir moviéndose sigilosamente. Con el culto tan cerca, no cabía duda de que ya había captado el olor de Subaru. Aun así, él estaba completamente seguro de que no se podía tratar de más que un grupo solitario; posiblemente el mismo que se encontró tras toparse con los guardias.

Un grupo de avanzada que estaba comenzando a atacar las zonas del este. Probablemente si lograban eludirlos podrían evitar un encuentro prematuro con Petelgeuse. Sin embargo, pensar así era demasiado optimista, y Subaru lo sabía; desde antes de salir de casa de Leith había asumido que un encuentro como ese tendría lugar. Su único objetivo verdadero era evitar a los Arzobispo del Pecado. Siguieron corriendo por las calles del sector urbano de la capital, el cual se encontraba totalmente desolado. Todavía no había ningún remanente de masacre, pero Subaru sabía que eso no permanecería de esa manera.

"Aquí están esos malditos…" Susurró Utada. Dado que los cultistas de la bruja aún no eran visibles, estaba claro que los estaba percibiendo con su sentido del olfato. Estaban a solo cinco minutos de la mansión, tan cerca y a la vez tan lejos. "Yo los mantendré ocupados, ustedes-" Antes de que Utada pudiera terminar de hablar, diez sujetos encapuchados ya se encontraban rodeándoles.

"En esta ocasión no seré quien ustedes esperan, así que lo siento, pero necesito que se quiten de mi camino. ¡Kuro! ¡Shamak!"

Durante el camino habían discutido por encima los detalles de cómo actuarían en caso de que los cultistas les encontraran. Asegurando a Otto, Leith y Utada que no se encontrarían con un Arzobispo del Pecado, Subaru les informó que Utada sería capaz de mantener a los cultistas subordinados a raya, mientras que él usaría Shamak para abrir una vía de escape y de paso obstaculizar a los atacantes.

Subaru tomó a Otto de la muñeca, quien a su vez hizo lo mismo con Leith, y juntos atravesaron la nube negra. Subaru conocía lo suficientemente su propio hechizo como para saber cómo moverse dentro de éste, así que en pocos segundos ya se encontraban devuelta en el mundo teñido de rojo por los rayos del sol del atardecer.

"¿Utada-san realmente podrá con ellos?" Escuchó Subaru a Leith susurrar.

"Probablemente sí, aun así lo mejor sería que sigamos adelante. Realmente no tenemos tiempo que perder."

"¿Lo abandonaremos?" La pregunta fue proferida por Leith, pero la mirada de Otto transmitía el mismo sentimiento. Es necesario, estuvo a punto de decir Subaru, pero…

"Eso no será necesario, Su-san. Yo me encargaré de darle una mano a Utada-san." Frente al trio de jóvenes, un sonriente guerrero Shinobi se materializó de la nada misma.

"Me alegra finalmente haberte encontrado, Hal-san. Si tú no eras capaz de detectar que algo no andaba bien con la capital, nadie lo sería." Una débil sonrisa se dibujó en el rostro de Subaru; el único que no quedó paralizado por la sorpresa. Sonrisa que desapareció tan pronto como apareció. "… Lo sien-" Estaba por disculparse por su actitud de las últimas semanas, cuando fue interrumpido por una risa despreocupada.

"¡Ja, ja, ja! No hace falta, Su-san." Con un kunai en cada mano, el guerrero se volteó hacia la nube negra, de la que provenían gritos de ira y ruidos de huesos siendo triturados. "Solo diré esto… Te lo dije, jefe. ¡Jeje!"

Por primera vez en mucho tiempo, Subaru se sintió a salvo.