Artes Bélicas del Futuro

Tres Meses y Dos Semanas desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

En una habitación de atmosfera melancólica y solitaria, una joven de hermoso cabello violeta se encontraba sentada sobre una desordenada cama. Su mirada analítica y sonrisa tranquila adornaban su rostro de rasgos finos y delicados. Sus ojos de pupilas verdeazuladas se encontraban enfocados en un joven de piel pálida y cabello negro desarreglado. Con ambas manos apoyadas sobre sus delgadas piernas, la chica de baja estatura habló al chico que, con sus ojos completamente cerrados, se encontraba sentado en una silla de madera.

"En una semana inauguraremos oficialmente la Operación Reinvención y esperaba que pudieras revisar una última vez el informe del primer lote de artilugios que seleccionamos para producción."

"…" A pesar de que el chico claramente había escuchado lo que ella le había dicho, nula respuesta fue pronunciada por sus labios, los cuales se mantuvieron completamente sellados.

Sin ningún tipo de reacción negativa ante la fría actitud del joven, que cínicamente le había ignorado, la chica mantuvo su mirada analítica fija en él. Sin embargo, su mirada se desvió temporalmente a la esfera que reposaba en las palmas del chico; no, la esfera no se encontraba exactamente sobre sus manos, estaba flotando a pocos centímetros de su piel.

El chico por lo general siempre la trataba cálidamente, aun cuando su estado mental le dificultaba hacer tal cosa, por lo que el que la ignorara bien podría considerarse una irregularidad. Y la fuente de tal irregularidad era la esfera negra. Por ello, la chica no volvió a pronunciar palabra alguna. Pacientemente, esperó a que un cambio se diera en el chico o la esfera de luz negra.

Pasados unos segundos, la esfera se sacudió ligeramente y entonces desapareció abruptamente. El chico, que no se había movido desde que la chica ingresó en su habitación, suspiró con amargura. "Es inútil..." El movimiento de sus globos oculares fue visible a través de sus parpados cerrados.

A pesar de que la chica comprendía perfectamente lo que acababa de suceder, ni una sola palabra de consuelo surgió de sus labios. Nada que yo diga bastará para ayudarlo; pensó. Su política era inmiscuirse lo menos posible en la vida personal de sus empleados, y así permanecería; al menos por un tiempo más. El chico, desganado, abrió los ojos. Lo primero que vio fue el delicado rostro de la chica.

"¿Necesitas que repita lo que dije?" Preguntó ella entonces, recibiendo un gesto de negación como respuesta. "Siento invadir de esta manera tu habitación, pero envié uno de los mayordomos a llamarte y no respondiste cuando tocó la puerta, así que consideré que lo mejor sería venir a ver cómo te encontrabas." Una débil y moribunda sonrisa se formó el rostro del joven, pero la chica fue incapaz de detectarla. "Por un momento temí que hubieras sufrido otro ataque de pánico…" Y con esas palabras, la sonrisa del joven, Subaru, se esfumó.

"No hace falta que te preocupes, estaba intentado meditar junto a Kuro, eso es todo. Ya sabes que cuando lo hago me concentro tanto que pierdo contacto con lo que me rodea. Y no tienes que disculparte. Esta es tu mansión, así que jamás podría reclamar que estás invadiendo; además, tu presencia nunca será una molestia para mí."

"Je, je. Qué halagador, Natsuki-kun, gracias. Y sí, lo sé; me alegro de que solo se tratara de eso." Una sonrisa sincera se dibujó en los labios de la chica, provocando que la débil sonrisa del chico regresara, aunque más tenuemente que la primera vez. "En fin. Ya que me tomé la molestia de venir hasta aquí para comprobar tu estado, ¿crees que podrías hacerlo?"

"Revisar el informe del primer lote, ¿verdad?"

"Sí, solo quería asegurarme de que en la fábrica no se cometió algún error."

"Está bien, lo haré de inmediato. ¿Trajiste el informe contigo?"

Menando su cabeza, la chica indicó que la respuesta era negativa. "Está en mi oficina. ¿Hago que alguien lo traiga a aquí?"

"No, está bien. Si quieres te adelantas. Dame un momento y ya te alcanzo." Comprendiendo que es lo que Subaru quería, la chica se levantó de la cama y abandonó la habitación. En segundos, Subaru se encontró nuevamente solo. "Mierda, tengo que ser más cuidadoso." Murmurando eso, Subaru se levantó de la silla de madera y abrió una gaveta del escritorio ubicado frente a ésta. Allí se encontraba un rollo de papel. Subaru lo tomó y procedió a guardarlo en un caja de madera ubicada bajo su cama.

En primer lugar habría guardado ese rollo de papel en la caja, de no ser porque estaba trabajando tan concentrado en el contenido del rollo, que no se percató de que lo llamaban hasta que escuchó la voz de Anastasia al otro lado de la puerta. Se había visto en la necesidad de llamar a su espíritu menor simplemente para aparentar que se encontraba meditando, y ello le hacía sentir culpable. Sin embargo, el esfuerzo había valido la pena, finalmente había terminado el boceto de su arma de fuego.


Un día había transcurrido desde que Anastasia le llamó para que revisar el informe final de productos de la Operación Reinvención. Faltaba menos de una semana para la inauguración, y no había nadie dentro de la Compañía Comercial Hoshin que no tuviera una pila de trabajo acumulado. Habían miles de documentos por firmar, miles de informes por revisar, miles de inventarios por aprobar. Por suerte para Subaru, su responsabilidad era ajena a la mayoría de ese cumulo de trabajo.

Sin embargo, a pesar de ello, ese día se encontraba junto a una de las diseñadoras asignadas a la sede recién establecida de la sucursal de la Compañía Hoshin en Lugunica. No era extraño que Subaru se reuniera con los empleados departamento de diseño, y aunque Subaru ya había cumplido con todas sus responsabilidades correspondientes a la inauguración del proyecto, no era imposible que una reunión tuviera lugar.

Pero lo que sí era inusual, era que se reuniera con un solo miembro del departamento, sobre todo si no se trataba del líder de éste. Entonces, ¿por qué estaba reunido con esa persona? El boceto que acababa de pasarle cautelosamente a la diseñadora era la razón. Una sonrisa nerviosa se dibujó en el rostro de la persona con quien estaba reunido, una chica de cabello y ojos castaños, de apariencia poco llamativa.

Alexa era el nombre la chica, y era una de las primeras diseñadoras de productos de la Compañía Hoshin que conoció. Aun así, esa no era la razón por la que decidió contactarla para que el ayudara a producir el arma. El día en que fue atacado por la falsa Zarestia, Alexa vio su boceto del arma accidentalmente. Ella era la única persona del departamento que conocía de la existencia del boceto, y aunque Alexa realmente no comprendía que era lo que representaba, Subaru había decidido tomar ese cabo suelto y hacer un nudo con él.

Durante el traspaso de parte de la empresa de Kyo a la Capital Real, Subaru contactó con Alexa de diversas maneras, siempre evitando que alguien le descubriera. Una vez regresaron a Lugunica por segunda vez, mantener el contacto se volvió más complicado, dado que la Mansión Hoshin parecía poseer ojos y oídos en cada pared, aun así, Subaru se las arregló para lograrlo.

Y ahora era el momento en que entregaría el boceto a Alexa, para que ella, usando los contactos que tenía en la fábrica, creara furtivamente una pistola funcional. Subaru no se encontraba en condiciones de planear todo por sí mismo, así que se había visto en la necesidad de confiar en Alexa. Y aunque ella en apariencia parecía una persona simplona, en realidad era bastante inteligente.

Lo que Subaru más temía era que Alexa le traicionara y revelara el secreto del arma. No obstante, Alexa era una gran admiradora de su trabajo, y esto había provocado que ella le fuera los suficientemente fiel como para no traicionar su confianza. Todo había salido bien, y según Alexa solo quedaba entregar el boceto al contacto dentro de la fábrica. Sin embargo, Subaru no había salido de la mansión desde su regreso, que involucró el traslado de parte de la compañía, y temía que ir a la sede de la sucursal provocaría sospechas ahora que no tenía asuntos por tratar allí.

Por ello, cuando la oportunidad de reunirse en la mansión de Anastasia surgió, Subaru no dudó en aprovecharla. Anastasia se reuniría con los cabecillas de la empresa, los líderes y los sublíderes de los distintos departamentos de la compañía, para discutir distintos asuntos, entre los que se encontraba el informe recientemente revisado por Subaru.

No obstante, debido a que el líder del departamento de diseño tenía que monitorear algo en la fábrica, el sublíder del departamento le reemplazó, y junto a él, la tercera en la jerarquía también fue asignada a la reunión con la gran jefa. Una reunión como esa rara vez tenía lugar, y ésta en particular se estaba dando debido a la inminente inauguración de la Operación Reinvención. Desperdiciar la oportunidad habría sido un error…

La reunión principal ya había finalizado, sin embargo, una segunda, en la que solo los líderes de departamento se verían involucrados, le había procedido. Con la seguridad de la mansión enfocada como nunca en el salón de reuniones, Subaru supo que ese era el momento indicado para encontrarse con Alexa.

"Increíble… Un diseño tan intrincado como éste solo se le podría ocurrir a alguien como usted, Subaru-sama." Con ojos brillantes, la chica admiró el diseño del arma dibujado en el rollo de papel. A pesar de que Subaru le había indicado que guardara el boceto al momento de recibirlo, Alexa no había aguantado la tentación de darle un vistazo.

El detallado dibujo del arma y sus partes no era el mismo que Alexa una vez llegó a ver por accidente. Gracias a recomendaciones de Leith y otros artesanos de la empresa, obtenidas debido a la excusa de mejorar el mecanismo del encendedor, el cual serviría como gatillo para disparar la municiones explosivas del arma, el diseño había sido ampliamente mejorado.

Su entrenamiento junto a Julius estaba avanzando más lentamente de lo que, aun con sus bajas expectativas, había esperado en un inicio; se tratara de la uso de la espada o de la Artes Espirituales. El autodesprecio que sentía había aumentado enormemente tras lo ocurrido con Crusch Karsten, por lo que crear el arma se había vuelto una necesidad para aplacar el disgusto de su espíritu. Necesitaba algo con lo que protegerse, sin importar que tuviera que hacer para conseguirlo…

"¡Guárdalo!" Susurró Subaru hoscamente, provocando que la chica se sobresaltara e inmediatamente obedeciera, guardando así el pergamino en un bolso que llevaba.

Ambos se encontraban en el patio de la mansión. Subaru temía que comunicarse por medio de cartas llevara irremediablemente a que el secreto fuera expuesto, por lo tanto, la había instruido con diversos cursos de acción a seguir, que variaban según las circunstancias. La última ocasión en la que se encontraron, más de una semana atrás, Subaru le informó a la chica que tendría el diseño terminado para la próxima ocasión en que ella asistiera a la mansión, y le indicó que le viera en ese mismo lugar.

Dado que Subaru normalmente entrenaba allí por las mañanas, Subaru confiaba en que su encuentro no sería uno sospechoso o antinatural. Sin embargo, la reunión que los había reunido había resultado ser más extensa de lo habitual. Por lo mismo, Subaru se vio en la necesidad de extender su sesión de entrenamiento y sacrificar bastante tiempo de sueño. Para su fortuna, los guardias de la mansión jamás considerarían nada de ello como sospechoso, dado que no sería la primera vez que él hiciera algo como eso.

La reunión empezó a la ocho de la mañana, y a las nueve y media Alexa salió al patio, exactamente cuándo Subaru estaba tomando un descanso. Sincronización perfecta, había pensado Subaru. Se trataría de una transacción rápida en la que intercambiarían la menor cantidad de palabras posibles, ya que lo que menos deseaba era llamar la atención de los guardias.

Un corto intercambio de palabras con una conocida no sería nada extraño, sin embargo, y Subaru era consciente de que tal vez estaba siendo demasiado paranoico, si su encuentro con Alexa se alargaba más de lo necesario, palabra de ello podría llegar a Anastasia. Si su jefa empezaba a vigilar de cerca Alexa con mercenarios del Colmillo de Hierro, sus planes se verían frustrados.

"Eso es todo. Nos veremos en mi próxima reunión con el departamento de diseño." Habiendo dicho eso, Subaru se limpió el sudor de la frente con un trapo y se levantó, alejándose de la mesa ante la que él y Alexa se encontraban sentados. Era la mesa de campo utilizada por Anastasia cuando se sentía de humor para una noche de bebidas alcohólicas, y la mesa en la que él siempre tomaba descansos lejos de los rayos del sol durante sus entrenamientos.

Nadie debería sospechar de esto, pensó Subaru. Sin embargo su sangre se heló cuando escuchó una voz diferente a la de Alexa. "¡Aquí estabas, Alexa! Te estuve buscando por toda la mansión. De no ser porque uno de los guardias me dijo que te encontrabas aquí, me habría perdido el almuerzo buscándole… ¿Hm? Subaru-sama, no sabía que se encontraba acá, mis disculpas." Se trataba de Zeilt. Un hombre calvo y de rostro serio. También era el mayor dentro del departamento de diseño de productos. La mirada de Zeilt vagó de Alexa a Subaru, y al notar que ambos parecían ligeramente nerviosos, su ceño se frunció ligeramente. "¿Pasa algo? Si es algo relacionado con el desempeño de Alexa, Subaru-sama, le puedo asegurar que-"

"No es nada, Zeilt. Ella simplemente salió a tomar a aire y yo estaba tomando un descanso de mi entrenamiento, así que aproveché para preguntarle cómo estaban las cosas en el departamento con todo esto de la inauguración de la sucursal y la Operación Reinvención." Recuperando rápidamente la compostura, Subaru respondió a Zeilt, que aparentemente había malinterpretado la situación.

"Ya veo…" Dijo Zeilt.

"Subaru-sama ya estaba por volver a su entrenamiento, así que nosotros deberíamos dejar de incordiarlo. Además, tenemos muchas cosas por hacer, así que no perdamos el tiempo." Decidiendo que lo mejor era salir de allí, Alexa comenzó a caminar hacia la puerta que llevaba a la mansión.

Subaru no dijo nada más, tomó su espada de madera y comenzó a blandirla, golpeando el espacio vacío que tenía frente a él repetidas veces. Zeilt, sin añadir nada más, siguió a Alexa. No obstante, cuando estaba por cruzar el umbral de la puerta, él y Subaru, que había estado mirándole de reojo, cruzaron miradas. Subaru en ese momento sintió un hormigueo incómodo en su espalda, sensación que no desapareció aun cuando Alexa y Zeilt desaparecieron de su vista. Como fuere, ya no había vuelta atrás, su arma sería fabricada.


Cincuenta y Cinco Minutos desde la Última Muerte (Quince Muertes)

Una sonrisa de alivio reptó lentamente desde las comisuras de la boca de Subaru. Furtivamente, las emociones de Subaru se filtraron en su rostro. Sin que él se percatara de ello, se volvió evidente que es aquello que sentía. Subaru lo ignoraba, pero una minúscula sonrisa sincera tomó lugar en sus labios. Era casi imperceptible, pero el guerrero Shinobi lo notó.

"¡Je, je, je, je! ¿Estuve a la altura de tus expectativas, Su-san?" Con humo filtrándose por su boca y nariz, Halibel río mientras preguntaba por la opinión de Subaru sobre su rendimiento en combate.

La pequeña sonrisa de Subaru se esfumó y un gesto de seriedad fue lo que tomó su lugar. "Después de lo ocurrido en Kyo, no esperaba menos de ti, Hal-san."

"¡Jajajajajaja!" La respuesta de Subaru causó que Halibel riera estrepitosamente, liberando en el proceso una densa bocanada de humo. "¿Debería tomar eso como un cumplido, Su-san?"

"Deberías tomarlo como un recordatorio." A pesar del buen humor de Halibel, la seriedad de Subaru no se disipó.

"¿Un recordatorio? ¿De qué?" Ligeramente confundido, Halibel cuestionó a Subaru sobre el significado de sus palabras.

"Esos de ahí," Dijo Subaru, con su mirada trasladándose a un punto ubicado a espaldas de Halibel. El hombre bestia miró hacia allí por sobre su hombro, encontrándose con una pila de cadáveres encapuchados. "no eran más que carne de cañón; simples cultistas de bajo rango. El verdadero enfrentamiento tendrá lugar cuando nos topemos de frente con uno de los Arzobispos del Pecado. En ese momento podrás demostrarme si estás o no a la altura de mis expectativas, Gran Guerrero Shinobi."

"Hmm… Entiendo lo que dices." Un gesto de seriedad había aparecido en rostro de Halibel, que respondió con ecuanimidad. No obstante, rápidamente su típica sonrisa despreocupada regresó. "Tú quédate tranquilo, Su-san. Yo me aseguraré de que salgamos con vida de esta situación."

"Es gratificante escucharlo." Y con esas palabras, Subaru dio la espalda a Halibel. "Apurémonos en llegar a la mansión. Ya perdimos demasiado tiempo desviándonos para ir hasta allí."

Halibel se había unido al grupo, sin embargo no tenían tiempo para celebrarlo. Tampoco contaban con el tiempo para celebrar la rápida eliminación de los cultistas que les habían atacado. Otto, Leith y Utada le estaban esperando a pocos metros de distancia, en la esquina de una de las tantas intersecciones en las que se cruzaban caminos de la capital.

Un gesto de cabeza por parte de Subaru fue todo lo que hizo falta para que el mercenario y sus dos colegas se pusieran en movimiento. En menos de cinco minutos llegarían a la mansión, una vez ello sucediera, Subaru tomaría los refuerzos que considerara necesarios y partiría al Castillo Real. El recorrido apenas estaba comenzando, todavía tenían mucho con lo que lidiar, y aun así la sensación de alivio que le había invadido hace unos segundos no había abandonado su cuerpo por completo.

Finalmente había recuperado su as bajo la manga, su carta más importante. Halibel, el guerrero que fingía trabajar bajo las órdenes de Anastasia, pero que en realidad trabajaba para él. Aunque inicialmente había lamentado haber cedido ante la propuesta del guerrero Shinobi, en el contexto en el que se encontraba no podía sino agradecer profundamente el haberlo hecho.

La aparición de Halibel cambiaría por completo las tornas del campo de batalla. El combate entre Halibel y el grupo de avanzada del Culto de la Bruja no había sido más que el entremés. Una pequeña exhibición de poder, que habría dejado a Subaru boquiabierto de no ser porque éste ya había sido testigo del estilo de combate vertiginoso del guerrero.

En segundos, el guerrero Shinobi hizo llover kunais sobre los cultistas encapuchados, asesinando a más de la mitad de ellos. La nube negra permanecía en su lugar, sin embargo, hubo aquellos que lograron reaccionar los suficientemente rápido, evitando por poco que las armas afiladas se clavaran en puntos vitales de su cuerpo. Sin embargo, con ello apenas lograron retrasar ligeramente sus muertes.

Subaru había escuchado de ello por parte del mismísimo Halibel, poco después de su reencuentro durante su segundo viaje a Kararagi. Halibel no era simplemente un guerrero ágil, capaz de clonarse y de luchar usando dagas, cuchillos de combate y kunais. Su verdadero fuerte era la magia que los Shinobi acostumbraban a utilizar para fortalecer su estilo de combate, las maldiciones.

A diferencia de la magia que utiliza el maná como energía o las Artes Espirituales, las cuales poseen distintos usos, la maldiciones solo tiene uno; asesinar al objetivo. Para que un chamán o usuario de maldiciones pueda aplicar una maldición, es pertinente que éste tenga contacto físico con aquello a lo que se desea maldecir.

Halibel es un experto en maldiciones. Utilizando sus pelos y uñas, los cuales mezcla con sus armas, es capaz de infligir poderosas maldiciones. Subaru en ese entonces no era consciente de ello, pero durante el combate contra la falsa Zarestia, Halibel había colocado diversas maldiciones en ella, y aunque no había logrado matarla, sí que logró debilitarla. De no haber sido por el estilo de pelea de la chica Oni, y de la extraña esfera que cargaba, es posible que Halibel la hubiera asesinado en poco tiempo.

Exactamente eso es lo que sucedió durante el combate contra los cultistas, en menos de un segundo, los descuidados cultistas fueron extremadamente debilitados por el efecto de la maldición. Aquellos más afectados por ella cayeron de rodillas, vomitando copiosas cantidades bilis sangriento. Habiendo detectado el cambio en sus enemigos, Halibel dio el golpe final a los sobrevivientes usando otra de sus poderosas técnicas.

Utilizada solo por los guerreros Shinobi más experimentados, esta técnica consistía en la creación de afiladas cuchillas de maná y aire casi invisibles, que podían ser colocadas en zonas estratégicas. Las cuchillas invisibles resultaban perfectas para tender trampas a enemigos desprevenidos o aquellos que desesperados intentaran escapar del combate. En pocos segundos la nube de oscuridad se disipó, revelando la masacre.

Esa pequeña demostración de poder había reforzado la calma del espíritu de Subaru. Él estaba confiado en que si las cosas se salían de curso con Utada, Halibel podría mantenerlo a raya e incluso, de ser necesario, asesinarlo. En silencio, Otto, Leith y Subaru avanzaron hacia la mansión, que ya era visible a varias cuadras de distancia. Utada, por otra parte, había retrocedido ligeramente y se había colocado al lado de Halibel, que vigilaba atentamente la retaguardia.

"Quería agradecerle por la ayuda, Halibel-sama. Es probable que a mí me hubiera costado bastante más que a usted acabar con todos esos malditos cultistas de la bruja."

"¡Oh! No tienes que agradecerme, Utada-san. Somos camaradas después de todo, ¿no es así? Como tal debemos ayudarnos siempre que podamos. Je, je, je, je."

"Sí, está en lo cierto, Halibel-sama." Asintiendo con la cabeza, Utada indicó estar de acuerdo con la postura del despreocupado guerrero. "Halibel-sama, hay una cosa que quisiera preguntarle."

"¿Hmm? Soy todo oídos, ¡dime!" Indicó el guerrero Shinobi, para inmediatamente después fumar de su kiseru dorado.

"¿Qué hacía tan lejos de la mansión de la señorita? ¿Acaso ha pasado algo allí?" La voz de Utada no lo indicaba, pero estaba claro que se encontraba ligeramente alarmado.

"¡Ah, eso! Verás, nosotros no teníamos ni idea sobre que estaba ocurriendo en la ciudad. Era obvio que algo estaba pasando, por todo ese asunto del estado de alarma y las columnas de humo, pero nos encontrábamos completamente a oscuras respecto a lo que realmente estaba ocurriendo. Por ello, bajo órdenes de Ricardo-san, salí para investigar la zona. Fue entonces que me topé con ustedes. Cuando vi que lunáticos encapuchados les perseguían, finalmente lo comprendí todo." Respondió Halibel, mirando a los tres jóvenes que caminaban frente a ellos. "Aun así, pensar que habría más de un Arzobispo del Pecado…"

"En efecto, la situación no es precisamente favorable." Dijo Utada con extrema seriedad. "Es por ello por lo que Subaru-sama decidió que lo mejor que podíamos hacer era ir a la mansión a pedir refuerzos. Solo espero que el capitán sea bondadoso y nos asigne a un par de compañeros cualificados para lidiar con lo que nos espera más adelante; aunque no es que pretendamos que descuiden la mansión, esa es su prioridad después de todo."

"¿Un par de compañeros…? Tú no te preocupes Utada-san, ya verás que les asignaran a algunos más que adecuados." Liberando una amplia columna de humo, Halibel brindó palabras de apoyo con una sonrisa. No obstante, en el fondo él sabía hacia a donde se dirigía en realidad la situación.


"¡Cuatro arzobispos, ¿dices?! ¡Mierda, no pensé que la situación en la ciudad fuera tan terrible!"

"Sí, me temo que lo es. Además, estoy bastante seguro, por lo que pude ver en la visión, de que su objetivo es el castillo." Agobiado, Subaru expresó sus temores a un sorprendido Ricardo. Una vez llegaron a la mansión, Subaru no perdió tiempo y procedió a reunirse con el capitán del Colmillo de Hierro, a quien reveló la mayoría de la información que había reunido a lo largo de los bucles.

"El castillo, ¿eh? Mierda, en otras circunstancias le habría restado importancia al asunto diciendo que la Guardia Real y los Caballeros del Reino podrían hacerse cargo, pero contra cuatro Arzobispos del Pecado no estoy seguro de que ese vaya a ser el caso. Ellos estarán demasiado ocupados reteniendo al culto, y ello podría llevar a muchas muertes de no combatientes…" Con su típica sonrisa ausente de su rostro, Ricardo hizo un rápido análisis de la situación en el castillo.

"¿Ricardo, y no crees que el Santo de la Espada podría lograr derrotarlos sin que sucedan perdidas por nuestra parte?" Subaru conocía la respuesta, él lo había presenciado, después de todo. Aun así, quería escuchar la opinión de ese experimentado guerrero, capitán del Colmillo de Hierro y una de las personas más cercanas a Anastasia Hoshin.

"Como dije, en otras circunstancias habría dicho que sí, pero… ¿Dijiste que viste al Arzobispo de la Codicia en tu visión, no es así?" Ante la pregunta de Ricardo, Subaru asintió. "Es lo que me temía… Gracias al informe del Demonio de la Espada, Wilhelm Van Astrea, se descubrió que el Arzobispo de la Codicia es básicamente invencible, ¿lo recuerdas?"

"Sí, no creo que jamás vaya a olvidar ese día. Mimi, Julius y tú nos dieron un buen susto. Tú tardaste como un mes en poder recuperar la movilidad de tu mandíbula por completo."

"¡Mierda, no me lo recuerdes, chico!" El grito de Ricardo hizo que Subaru bajara ligeramente la cabeza en señal de disculpa, arrancando una estridente risa por parte de Ricardo. Risa que rápidamente fue suprimida. "Pues eso, chico. Si el Arzobispo de la Codicia en realidad venció tan fácilmente al Demonio de la Espada, que en sus años mozos logró arrebatarle su espada al anterior Santo de la Espada, entonces no puedo asegurar que el actual Santo de la Espada no vaya a tener problemas enfrentándolo. Sobre todo si eso de la invencibilidad no es una simple exageración."

"Un objeto inamovible contra una fuerza imparable…" Murmuró Subaru, consiguiendo un asentimiento por parte de Ricardo como respuesta.

"Sí, eso suena bien, chico. Y cuando ese choque tenga lugar, la batalla se alargará indefinidamente. Con el Santo de la Espada ocupado, el resto de los Arzobispos del Pecado podrán andar a sus anchas por la capital libremente. Realmente temo por la gente de Lugunica, y por aquellos en el castillo. Ana-bo…"

Ana-bo. Subaru solo había escuchado a Ricardo llamar así a una persona; Anastasia. Esa era su manera cariñosa de llamarla cuando no había asuntos de negocios de por medio, lo que rara vez ocurría. Nadie conocía mejor a Anastasia que Ricardo, bien se podría decir que ella era como una hija para él. Por lo tanto, no sería de extrañarse que Ricardo se sintiera extremadamente preocupado por lo que pudiera pasarle a ella.

"Ricardo, no sé si lo que te voy a pedir será o no de tu agrado, pero me temo que no tengo tiempo para endulzar mis palabras, así que seré directo. Necesito que reúnas a los mejores miembros del Colmillo de Hierro y los remuevas de su posición como guardias de la mansión; en su lugar, conformarán el equipo de rescate que se dirigirá al castillo con el objetivo de rescatar a Anastasia. Ricardo, por favor, préstame tu apoyo. Solo así podré asegurarme de que el destino de Anastasia se alcanzar sus objetivos."

"Destino…" Susurró Ricardo, su rostro completamente inexpresivo. Ambos, mercenario e inventor, se miraron fijamente durante eternos segundos. Finalmente, una sonrisa se dibujó en el rostro de Ricardo. "Lo que me estás pidiendo va en contra de las ordenes que me dio la señorita. Sin embargo, si se trata de ti, chico, entonces supongo que no puedo negarme." Riendo, Ricardo palmeó fuertemente a Subaru en la espalda, haciendo que se tambaleara. "No sé cómo pretendes que crucemos la capital si se supone que está infestada por miembros del Culto de la Bruja, pero confiaré en ti. Después de todo, fue gracias a ti que sobrevivimos al intento de asesinato en Priestella."

"G-Gracias… Ricardo…" Respondió Subaru, recuperando el aire perdido por culpa del gesto amistoso de Ricardo. Una vez recuperado, Subaru miró seriamente al hombre bestia y le indicó el cómo debía proceder. "No hace falta que llames a todos los miembros del Colmillo de Hierro, solo a los que consideres mejores. Reúnelos en el vestíbulo, yo estaré ahí en cinco minutos."

"¿Tú qué harás, Subaru?"

"Recogeré un artilugio por el que pasé bastantes problemas para poder crear."

Habiendo dicho eso, Subaru abandonó la habitación que servía como centro de mando del Colmillo de Hierro y se dirigió a su cuarto personal. En el camino se encontró con diversos mercenarios, los cuales reaccionaron de maneras diversas al verle. Unos le preguntaron por lo que ocurría en la capital, otros le preguntaron sobre el porqué estaba allí e incluso algunos querían saber si algo había sucedido en su reunión junto a Otto y Leith.

Subaru no tuvo más opción que limitarse a saludarlos mientras les pasaba de lado. Había desperdiciado demasiado tiempo trasladándose hasta la mansión de Anastasia, y ahora su prioridad era partir cuanto antes hacia el Castillo Real. En menos de un par de minutos ya se encontraba frente a la puerta de su habitación completamente agitado.

Sin perder tiempo recuperando el aliento, abrió la puerta y se lanzó bajo su cama. Allí se encontraba un caja de madera. La tomó y la deslizó fuera de la cama, donde procedió a abrirla. En su interior estaba un extraño artilugio con un mango metálico que emitía un brillo tenue, l cual poseía una especie de botón que servía como gatillo. El cuerpo del arma también era metálico, pero estaba considerablemente más reforzado, contaba con una amplia culata, pensada para ser apoyada contra el hombro, y terminaba en un cañón que permitía la salida de los proyectiles.

"No sé de cuan ayuda me resultarás, pero si tengo la oportunidad, me gustaría devolverle el favor a Petelgeuse, Sirius y Capella; sobre todo a esas dos perras." El arma se asemejaba a lo que podría encontrarse en su mundo, sin embargo su funcionamiento no lo hacía. El uso de Piedras de Prana era lo que le daba vida al artilugio. Rozando suavemente el botón que funcionaba como gatillo, Subaru añadió. "Con esto y con la ayuda de Halibel finalmente debería de ser capaz de recuperar el control sobre el destino de Anastasia."