Mentiras Desveladas/Verdades Mancilladas

Una Hora y Cinco Minutos desde la Última Muerte (Quince Muertes)

Mientras asistía al capitán mercenario durante la reunión de emergencia realizada en el salón de la mansión de Anastasia, Subaru no dejó de juguetear con su arma. Era completamente consciente de que su reinvención de un arma de fuego jamás bastaría para hacer frente a las abrumadores poderes mágicos y fuerzas hostiles de ese mundo, y aun así, esa arma creada a partir de sus recuerdos causaba en él una ligera sensación de seguridad.

¿Acaso podría sentirse igual si en sus manos reposara una espada de acero? ¿O sería una Katana capaz de provocarle una sensación similar? Subaru, en su mundo, había llegado a entrenar kendo durante un periodo de tiempo. Sus conocimientos apenas le habían bastado para blandir una espada sin humillarse a sí mismo. Sin embargo, Subaru entrenó en el arte de la espada junto a Julius durante varios meses, y gracias a ello su habilidad había mejorado considerablemente.

Subaru consideraba que si se medía junto a sus antiguos compañeros de kendo, sin lugar a duda los derrotaría con extrema facilidad. No podía afirmar que sería capaz de derrotar a su sensei, no obstante, estaba confiado en que no daría una mala pelea. Aun así, si en ese instante le arrebataran el arma de su propia autoría y la reemplazaran por una espada, toda sensación de seguridad se desvanecería de su cuerpo.

Subaru realmente sentía que sus meses de entrenamiento en la esgrima habían sido un completo desperdicio de tiempo. Y esto se debía a la magnitud de los retos que se presentaban ante él. Porque sin importar lo mucho que se esforzara en entrenar su cuerpo y habilidades, el masivo obstáculo que se cernía ante él seguiría siendo insorteable.

Subaru provenía de un mundo, de un país relativamente pacifico, en el que solo se escuchaba de la guerra en las clases de historia o en los noticieros internacionales. Habiendo nacido en una familia bien acomodada en todo aspecto, sea económico o social, Subaru nunca se vio en la necesidad de enfrentar peligros que amenazaran su patética vida. Incluso había podido darse el egoísta lujo de abandonar su escuela, convirtiéndose así en un nini hikikomori.

Subaru había vivido perezosamente su vida patética, lamentando no ser la persona que deseaba ser, deprimido por sus circunstancias y escapando constantemente de sus responsabilidades. Su vida social se había desmoronado y había pasado sus últimos años en su mundo revolcándose en su propia miseria. Si Subaru pudiera regresar, lo primero que haría sería gritarse a sí mismo, diciendo que empezara a hacer algo por cambiar aquella que le desagradaba de sí mismo.

Lo que implica todo ello, es que Subaru, aunque no había llegado a descuidar del todo su físico, realmente no se encontraba preparado para llevar una vida estable en un mundo tan hostil como en el que actualmente se encontraba. Personas nacidas en países en guerra indudablemente tendrán espíritus y temples forjados en el dolor y el sufrimiento, y serían capaces de lidiar con situaciones de peligro mejor que aquellos nacidos en lugares pacíficos.

La experiencia forja a las personas, las épocas de incertidumbre y peligro templan sus espíritus. Por ello no es sorprendente que las personas de ese mundo sean más aptas para el combate que Subaru. Personas capaces de llevar a cabo hazañas de fantasía con la espada, y personas capaces de utilizar magia mediante el empleo de maná o espíritus. ¿Cómo podría compararse Subaru con ellos? Claro, Subaru podía utilizar magia incluso a pesar de no se originario de ese mundo, pero su habilidad se encontraba por debajo del promedio y resultaba inútil para enfrentar la magnitud de los peligros que le acechaban.

Los cuerpos de las personas de ese mundo son más resistentes, están hechos para sobrevivir en un mundo hostil como ese. Por lo mismo, incluso alguien como Otto, un simple comerciante, pocos meses atrás era capaz de darle una paliza a Subaru. Si Subaru se enfrentara a simples ladrones y criminales de poca monta, entonces se podría afirmar que su entrenamiento sí que resultaría útil, de lo contrario, Subaru se encontraría en una terrible desventaja.

Por lo tanto, su entrenamiento había resultado completamente en vano. Aun si dedicaba toda su vida a entrenar junto a Julius, su falta de talento y su inferioridad física le impedirían acercarse a una iota de la suprema habilidad del caballero y sus compañeros de rango similar. Subaru se estaba enfrentando al destino mismo y a las fuerzas del infierno, ser un simple "reinventor" capaz de utilizar la espada medianamente bien jamás sería suficiente.

Por ello, esa arma reinventada causaba en él una tenue sensación de seguridad y calma. Porque, aunque la fuerza y habilidades físicas de las personas de ese mundo eran superiores a las de los habitantes de su mundo, su tecnología no lo era. Debido a esa razón, Subaru había decidido reinventar objetos de su mundo como profesión, porque era lo único que poseía él que las personas de ese mundo no. Y las armas de fuego representaban el ápice de ello.

Su "pistola", aunque funcionaba con elementos mágicos, respetaba los principios más básicos de diseño de las armas de fuego modernas de su mundo. Si tuviera que compararla con una arma en específico, sería un lanza granadas. El mango, en el que se almacenan las piedras de fuego, y que cuenta con el botón que sirve de gatillo, es la parte más importante del arma.

No sería una exageración afirmar que el mango, que también sirve de disparador, es la parte que da vida al arma, el núcleo de esta y la parte verdaderamente valiosa. Dicha pieza fue diseñada levemente el diseño del encendedor, por lo que bien se podría decir que está basada en éste. El mango fue creado con una cobertura de Piedras de Prana gélidas que sirven como sistema de refrigeración, para así evitar que las piedras de fuego exploten antes de ser disparadas. Y funciona con municiones que consisten en piedras de fuego moldeadas de manera en que quepan perfectamente en éste. El gatillo, el botón que funciona como disparador, lo que hace es activar un mecanismo de resortes ubicado en la culata de arma, el cual propulsa fuera del cañón la volátil piedra de fuego, la cual es inmediatamente reemplazada por otra.

El funcionamiento del arma es considerablemente sencillo, sobre todo comparado con el de otras de sus reinvenciones, sin embargo, ciertos factores, como el evitar que las municiones estallaran al momento de ser golpeadas por el mecanismo de disparo, complicaron la creación de ésta. Solo una arma funcional fue creada, acorde a las órdenes de Subaru, y los involucrados fueron acallados con dinero.

Alexa fue la única con la que trató directamente, y el resto de las personas que trabajaron en el oculto proyecto no fueron informadas de que las ordenes de fabricar el arma provenían de Subaru. Y aunque tomó muchos riesgos para poder crear el arma, Subaru en primera instancia se vio incapaz de darle uso a ésta. Rehuyendo de la realidad, Subaru prefirió mentirse a sí mismo con la estúpida idea de que nunca necesitaría utilizarla.

Aceptó el apoyo de Halibel, pero lo mantuvo alejado de él. Se tomó las molestias de reinventar una pistola, pero se abstuvo de utilizarla. Subaru entendía dolorosamente que necesitaba tomar medidas para lidiar con los peligros futuro, sin embargo, lo faltaban agallas para dar uso a tales medidas. No obstante, hasta la obstinación más estúpida cedería ante el dolor de la muerte...

Con su mirada fija en el mango de su arma, el cual se encontraba cargado con cinco piedras de fuego, Subaru esperó al momento en que Ricardo volviera a cederle la palabra. Después de reunir a los mercenarios que participarían en la operación de rescate, y a los mercenarios de mayor rango que se quedarían resguardando la mansión, Ricardo comenzó a informarlos sobre el estado de la capital, básicamente repitiendo la misma información otorgada por Subaru.

Cuando Ricardo consideró necesario explayar en algún aspecto, sus labios dejaron de producir palabras y su mirada inmediatamente se movilizó hacia Subaru, que se encontraba ubicado a su izquierda. La primera ocasión Subaru había fallado en percatarse de las señales de Halibel, sin embargo, a partir de la segunda ocasión ya se encontraba preparado para responder acorde a éstas.

Aun cuando se hallaba sumido en sus propias cavilaciones internas, con su mirada enfocada completamente en el arma que yacía en sus manos, Subaru se había acostumbrado a responder ante los silencios que se generaban ocasionalmente. Por su puesto, en más de una ocasión Ricardo se vio en la necesidad de repetir lo último dicho para que de ésta forma Subaru pudiera continuar a parir de allí, pero esto no parecía molestar al capitán del Colmillo de Hierro.

Subaru era un joven trastornado. ¿Cuántas veces los presentes no fueron testigos de su descenso a la locura? A velocidad vertiginosa, el estado mental del joven se había deteriorado. El chico amigable y excéntrico que llegaron a conocer durante el viaje de la capital a Priestella había muerto, dejando atrás un cascaron vacío de sí mismo. Subaru, cuando no se encontraba aislado en su propia habitación, realmente solía comportarse como habitualmente lo hacía antes del ataque en la posada, sin embargo, para aquellos que le rodeaban era fácil percatarse de que algo no andaba bien con él, con su cabeza.

Mientras que Ricardo, y en algunas ocasiones Subaru, informaban a los mercenarios reunidos en el salón de la mansión, varios de los presentes no pudieron evitar pensar en cuan afectado resultaría Subaru con todo lo ocurrido. Lidiar con él cuando perdía la cabeza y sufría ataques de pánico no era fácil, y aquellos que se encontraban a cargo de su vigilancia pudieron notar que su trabajo aumentaría enormemente a parir de ese día.

"… Como había mencionado al principio, gracias a la Protección Divina del chico, tenemos una buena idea de cuantos Arzobispos del Pecado se encuentran en la capital y sus ubicaciones. Si somos cuidadosos deberíamos de ser capaces de evitar encontrarnos con ellos. Y sé que ya lo he dicho varias veces, pero esto es importante, así que voy a repetirlo; es prioritario el evitar entrar en conflicto. Nuestro objetivo es llegar al castillo lo antes posible, informar sobre la presencia de los Arzobispos del Pecado y del estado del sur de la capitán y, en caso de ser necesario, rescatar a la señorita."

"¡Entendido, Capitán!" Respondieron los subordinados fervientemente. La vehemente respuesta de los mercenarios le indicó a Subaru que Ricardo finalmente había terminado el informe, por lo que alejó su mirada del arma y se enfocó en aquellos presentes en la amplia habitación.

Al lado derecho de Ricardo se encontraban los dos trillizos varones, y a varios metros de ellos, en un costado de la habitación, se encontraban Halibel, Otto y Leith, observando todo desde la distancia. Frente a ellos estaban varios de los miembros de la elite del Colmillo de Hierro, incluido Utada. Subaru también reconoció a la mujer hechicera y al curandero con facciones de zorro. Entre los mercenarios convocados también se encontraban varios individuos que Subaru reconoció, debido a que en algún momento habían sido asignados a él como guardaespaldas.

"¡Perfecto!" Respondió Ricardo, satisfecho. "Ahora nombraré a aquellos de ustedes que nos acompañaran hasta el Castillo Real. El resto de ustedes a los que no llame se quedarán aquí bajo el mando de Tivey y Hetaro." Los mercenarios asintieron de nuevo, tras lo que Ricardo continuó. "Utada, la señorita te asignó el trabajo de proteger al chico, así que tú no te alejarás de él sin importar lo que suceda."

"¡Comprendo, Capitán! Con honor seguiré cumpliendo con mi papel como guardaespaldas de Subaru-sama." Subaru instintivamente frunció el entrecejo al escuchar la respuesta de Utada. Subaru ya había asumido que Ricardo diría a Utada algo como eso, pero no por ello su disgusto había sido menor. Se vio en la tentación de responder sarcásticamente a Utada, pero al final se abstuvo de hacerlo.

"Maju, Katzu, Tsark y Orph, también cuento con ustedes." Ricardo entonces nombró a cuatro más de sus subordinados.

La hechicera, el curandero, un guerrero con apariencia de gato y otro con apariencia de oso perezoso; este último también resultó conocido para Subaru, pero fue incapaz de recordar cuando fue que interactuó con él. Ricardo nombró a cinco mercenarios más, pero ninguno resultó llamativo para Subaru; después de todo, Utada, Maju, Katzu, Tsark y Orph era los únicos pertenecientes a la elite, el resto no eran más que carne de cañón.

Notando que Ricardo había terminado de hablar, uno de los mercenarios levantó su mano; una mano pequeña que apenas resultaba visible. Se trataba de Tivey, que aparentemente tenía una duda respecto a la operación de rescate. "Capitán, no había preguntado nada al respecto porque pensé que hablaría de ello durante el informe de la situación, pero, ¿qué eso que Subaru Onii-san lleva en las manos?"

"Cierto, yo me estaba preguntando lo mismo."

"Sí, ¿qué se supone que sea esa cosa?"

"¿Es un arma?"

Ante la pregunta del pequeño mercenario, varios de los presentes comenzaron a murmurar al respecto. Al parecer la reinvención furtiva de Subaru había llamado la atención de los miembros del Colmillo de Hierro. Aunque ello era inevitable, considerando como había estado observado Subaru su propia creación.

"Hmm… El chico dijo algo sobre un artilugio, así que supongo que debe tratarse de eso, pero lo cierto es que yo tampoco tengo muy claro que se supone que sea." Ricardo, que tampoco había sido informado sobre el arma, se volteó hacia Subaru.

Notando que de pronto todas las miradas de la habitación se habían posado en él y su creación, Subaru comenzó a sentir sudor frío acumulándose en su cuello y frente. ¿Cuál era el mejor curso de acción? ¿Debía decir la verdad sobre el arma? ¿O lo mejor era mentir? Subaru se sentía inclinado a tomar la segunda opción, pero se abstuvo de ello al notar la mirada amenazante de Utada entre la multitud de mercenarios.

Utada estaba al tanto del arma y su creación furtiva, dado que Subaru se había visto en la necesidad de revelar la existencia de ésta. Si hubiera contado con más tiempo en ese entonces, tal vez Subaru habría fabricado alguna mentira lo suficientemente convincente. Ahora era cuando lamentaba el no haber podido hacerlo. Si mentía, Subaru sabía que Utada no se quedaría callado, así que la única opción que le quedaba era decir la verdad. Suspirando en son de derrota, Subaru procedió a hablar.

"Puede que escuchar lo que estoy por decir vaya a dañar parte de la confianza que han depositado en mí, pero supongo que tarde o temprano tendrían que enterarse de ello, así que no me andaré con rodeos. Este es un artilugio reinventado que creé a escondidas de la compañía, y es un arma con la que creo que podremos mejorar considerablemente nuestras probabilidades de supervivencia.".

"¡¿Qué?! ¡¿Lo creaste a escondidas de la compañía?! ¿No significa eso que la señorita no tiene idea de la existencia de esa arma?"

El primero en reaccionar ante su revelación fue Tivey, que con su ojo oculto tras un monóculo escudriñó detenidamente el rostro de Subaru. La sonrisa en el rostro de Ricardo se extinguió al momento en que las palabras de Subaru llegaron a sus oídos, pero el capitán se abstuvo de cuestionar a Subaru, al menos temporalmente. Probablemente Ricardo había optado por esperar a que Subaru se explicara.

"Así es, Tivey. Anastasia no tiene idea de que creé esta arma."

"Espera, simplemente no entiendo, Subaru Onii-san. Desde que la sucursal de la Compañía Hoshin fue fundada aquí en la capital apenas has salido de la mansión, y las pocas veces que lo hiciste, Onee-chan y la señorita estaban contigo. Es imposible que hayas creado ese artilugio sin que ninguna de las dos se haya percatado de ello…"

"No, eso no necesariamente tiene que haber sido así, hermano. Mientras estuviste en rehabilitación junto a Felix-sama, Subaru Onii-san visitó la sede la Empresa Hoshin en Kyo en varias ocasiones…" Mientras que Hetaro y Tivey discutían sobre el cómo Subaru había llevado a cabo tal hazaña, Subaru desvió su mirada al tumulto de mercenarios. Todos parecían contrariados por la revelación de Subaru, todos menos Utada, en cuyo rostro una sonrisa despiadada se había formado. ¿Esto es lo que esperabas que ocurriera, Utada? ¿Por esto no dijiste nada al respecto en la casa de Leith? Las cavilaciones de Subaru fueron interrumpidas por Tivey. "Aun así, no entiendo porque te tomaste la molestia de ocultarlo, Subaru Onii-san."

"Tivey tiene un buen punto, chico." Interrumpió Ricardo, atreviéndose finalmente a aportar su propia opinión. "Considerando todo por lo que pasaste, nadie podría culparte por desear fervientemente un medio con el protegerte. Si lo hubieras hablado con la señorita, ella no habría dudado en prestarte los recursos de la compañía para ayudarte, de eso estoy bastante seguro."

"¿Ella me habría ayudado? Puede que tengas razón, Ricardo. Aun así, tú jamás serías capaz de entenderlo. Tú y todos los demás insisten en negarse a aceptar mi verdadero origen, así que son incapaces de comprender mis razones para ocultar la existencia de esta estúpida reinvención… Verán, yo no tuve más opción que crearla. Si yo no fuera tan débil, tan asquerosamente débil, jamás la habría necesitado. Estaba entre la espada y la pared, realmente no podía permitir que este mundo se enterara de su existencia, pero habría perdido por completo la cordura en caso de no crearla… Por lo que decidí que la mejor opción, la más sensata, sería crearla con el mayor secretismo posible. Pero ahora que finalmente necesitaré darle uso, simplemente no puedo permitirme el seguir ocultando su existencia… ¡Maldición, ojalá hubiera tenido otra alternativa!"

Frustrado, Subaru apretó el arma contra su cuerpo, como esperando así hacerla desaparecer. Subaru sabía que con ello no lograría nada, pero se encontraba al borde de un abismo y estaba completamente desesperado por encontrar una salida que resolviera todos sus problemas. Lastimosamente, no había tal cosa como una salida tan conveniente como esa.

"Déjame ver si te entendí, chico." La voz de Ricardo sonaba particularmente tosca, y los rostros de los gemelos no transmitían la misma sensación fraternal usualmente dirigida a Subaru. "¿Quieres decir que no confías en Anastasia-sama? Si lo hicieras, ¿no habrías hablado con ella sobre estas preocupaciones tuyas, en lugar de crear un arma a sus espaldas?"

El ceño de Subaru se frunció bruscamente. "No vuelvas a decir eso, Ricardo." La tensión en la habitación aumentó significativamente con la respuesta de Subaru. Un movimiento en falso podría llevar a que una de las partes atacara. Aun así, cabía preguntarse, ¿cuántos se pondrían del lado de Subaru?

"A mí también me cuesta creerlo, chico. Después de todo lo que sacrificaste por la compañía, por la señorita, ¿en realidad desperdiciaste tus esfuerzos por unas estúpidas dudas?"

"¡¿Estúpidas dudas?! ¡Con comentarios como esos es que pruebas que yo tengo razón, Ricardo! ¡Jamás serás capaz de comprender el daño que podría causar este artilugio si cayera en las manos equivocadas! ¡Conozco a Anastasia! ¡Tal vez no tanto como tú, pero la conozco lo suficiente para saber que ella intentaría obtener ganancias de algo como esto! ¡Y no me malentiendas, esa manera de ser suya no me desagrada, sino todo lo contrario, pero en este caso concreto no puedo permitir que su codicia nos convierta en asesinos!"

"¡Y tú acabas de darme la razón, chico! ¿En realidad crees que la señorita Anastasia no tiene escrúpulos? Si se lo hubieras explicado, si se lo hubieras pedido, ella habría respetado tu decisión de no vender lo que demonios sea esa cosa." Ante la afirmación de Ricardo, Subaru no pudo evitar retroceder un par de pasos.

"Y-Yo…" Ricardo tenía razón. El miedo había nublado su juicio y ello le había llevado a desconfiar de quienes le rodeaban, incluso de Anastasia. Temiendo que sus ideas se filtraran y resultaran en un peligro para la gente de ese mundo, haciéndolo a él responsable de terribles masacres, se había enfocado en que lo mejor era ocultar el arma, incluso de su querida jefa. Quizás había cometido un error. "Realmente deseaba nunca tener que usarla… No quería seguir enseñándole mi lado más patético a Anastasia… Haber necesitado crear esta arma es una vergüenza para mí. Yo simplemente quería seguir ocultando cuan patético en realidad soy." Aunque esas solo eran excusas, también representaban sus sinceros sentimientos; su mente estaba hecha un desastre...

En algún momento, Subaru había llegado a decidir que no revelaría a nadie la existencia del boceto del arma. Dado que Alexa había llegado a verlo accidentalmente en una ocasión, eso le llevó a recurrir a ella, y nadie más. Eventualmente ello había llevado a que más personas se enteraran, de lo contrario su arma jamás habría sido creada, sin embargo, la única en enterarse directamente de Subaru fue Alexa.

Su enfoque podía haber sido el incorrecto. Pero Subaru realmente no le ocultó todo ello a Anastasia porque desconfiara completamente de ella. Aunque, tal vez en el fondo, sí que desconfiaba de la parte avariciosa de la chica. Tal vez temía que su tentación por generar dinero fuera demasiado fuerte y que ello le llevara a producir en masa el arma. Subaru había tenido distintas razones para ocultar la creación del arma, pero haber traicionado a Anastasia y el haber desconfiado de ella, aunque fuera parcialmente, realmente estaban pesando en su consciencia.

Aun así, no tenía tiempo para lamentarse por ello. Había cometido un error, y finalmente caía en cuenta de ello. Una vez más, sus debilidades habían sacado lo peor de él. Por lo tanto, lo único que le quedaba era compensar a Anastasia por ello. Con más razón debía seguir esforzándose por rescatarla del terrible juego del destino. Utilizaría esa arma con la que traicionó a Anastasia para llegar al castillo y protegerla. Solo así convertiría su error nacido del miedo en un acierto.

"¿A qué se refiere con enseñarle su lado más patético? ¿No es lo que hace cada vez que sufre un ataque de pánico de la nada y hace una vergonzosa escena? ¿No es lo que hace cada vez que se encierra en su habitación y se niega a abandonar la mansión? ¿O lo que hace cuando falta a las reuniones de la compañía? Usted es patético, Subaru-sama. Así que esa no es excusa." Quien respondió a las ridículas excusas de Subaru no fue Ricardo, ni Tivey, ni Hetaro, sino Utada.

Sorprendidos, los líderes del Colmillo de Hierro se voltearon abruptamente hacia le mercenario de elite. Puede que los dos pequeños demihumanos y el hombre bestia se encontraran molestos con Subaru, después de todo acababan de enterarse que estuvo trabajando en un artilugio a sus espaldas y la de su jefa. Pero no por ello olvidarían cuanto había aportado Subaru a la Compañía Comercial Hoshin. Subaru es una persona que podemos perdonar tras reprenderlo, una vez hayamos superado esta crisis, es lo que habían pensado. Sin embargo, Utada no compartía esa opinión.

"¡Utada!" Gritó Ricardo.

No es que el capitán del Colmillo de Hierro no estuviera de acuerdo con Utada, simplemente que Subaru había aportado más a la señorita y a su empresa más que nadie. Subaru estaba mal de la cabeza, así que aceptar sus excusas patéticas no resultaba tan difícil. Ricardo y los trillizos estaban convencidos de que Subaru no había tenido malas intenciones. Así que el hecho de que uno de sus mercenarios irrespetara de esa forma a Subaru era inaceptable.

"¡¿Acaso está ciego, capitán?!" Cuestionó Utada a su líder, aura hostil emanando de cada poro de su cuerpo. "Lo que tiene a su lado no es la persona que cree, es un maldito parasito engañoso que lentamente ha depredado nuestra organización y la empresa de Anastasia-sama."

"¡¿De qué hablas, Utada?! ¡¿Acaso tienes pruebas para respaldar tal afirmación…?!" Ricardo estaba dispuesto a defender a Subaru, aun si ello implicaba ponerse en contra de uno de sus propios subordinados, no hacerlo sería traicionarlo a él y a su señora. Sin embargo, de reojo vio algo que le robó el habla. ¿Por qué el chico parece tan nervioso?

"Capitán, Subaru-sama-" Lo que fuera que Utada estuviera por decir fue interrumpido por una voz particularmente calma.

"Discúlpame por interrumpirte, Utada-san. Pero me gustaría preguntarle una cosa al capitán." Todos los presentes se voltearon a un costado de la habitación. Allí se encontraba un demi-humano que vestía un desgastado kimono negro.

"Ehm… Claro, Halibel. ¿Qué deseas preguntarme?" Ricardo, desconcertado, concedió la palabra al guerrero más poderoso en la habitación. Utada, ardiendo en ira, observó con ojos afilados a Halibel; aun así, se abstuvo de negarse a la petición del guerrero. Al fin y al cabo, su respeto por el guerrero Shinobi era mayúsculo.

"Es que me estaba preguntando… ¿No va a decir mi nombre?"

"¿Decir tu nombre? ¿A qué te refieres?" Preguntó de vuelta Ricardo, aún más confundido que antes. ¿Cuál era el objetivo de Halibel? ¿Es que acaso no sabía leer el ambiente?

"Sí. Usted dijo que diría los nombres de quienes lo acompañarían al Castillo Real. Y no sé si es que escuché mal, pero no me pareció que dijera mi nombre." Ligeramente avergonzado, el lobo negro tocó su barbilla. Nadie, con excepción de una persona, comprendía lo que estaba sucediendo. Una expresión de espanto lentamente se estaba formando en el rostro de esa persona.

"No, no escuchaste mal, Halibel. Tu talento será especialmente necesario para proteger la mansión, así que decidí que te quedarías aquí." Que esa respuesta provocara una tranquila risa como respuesta, no bastó para aligerar la tensión de la habitación, todo lo contrario.

Con una sonrisa plasmada en su rostro y exhalando una pequeña columna de humo, Halibel comenzó a moverse con paso desenfadado hacia Subaru. Cada paso que daba hacia él, Subaru se tensaba aún más. Cuando finalmente estuvo a menos de un metro de Subaru, Halibel sopló una importante cantidad de humo y entonces dijo. "Parece que esto no funcionará, Su-san. Hoy tendrá que ser el día en que todas las mentiras sean expuestas."

"Mierda… Tienes razón, Hal-san." Respondió Subaru, agobiado.

"¿Qué demonios está pasando?" Preguntó un muy molesto Utada. Aun así, Utada era lo suficientemente perspicaz para hacerse una buena idea de lo que ocurría, y ello solo incrementaba su ira y odio. Que la traición incluyera al respetable Halibel acrecentaba enormemente su disgusto.

"Ricardo, lamento tener que decir que hay otra cosa que hice a espaldas de Anastasia." Subaru levantó la cabeza y miró al hombre bestia directamente a los ojos. "Halibel originalmente solicitó seguirme, pero yo me negué… a medias. Le dije que aceptara la oferta de trabajo de Anastasia, así el aparentaría unirse al Colmillo de Hierro, mientras realmente estaría trabajando para mí desde las sombras. Por lo tanto, Halibel no va a poder quedarse en la mansión."

"¡Esta es la puta gota que derramó el vaso!" Gritó Utada, adelantándose a la reacción de Ricardo.

Con sus garras y colmillos expuestos, el mercenario de elite se abalanzó al frente, con sus afiladas pupilas enfocadas en la garganta de Subaru. Había optado por esperar, había decidido que lo mejor sería dejar que su capitán lidiara con él, pero ahora que la traición de Subaru finalmente había salido a la luz, Utada no estaba dispuesto a seguir esperando de brazos cruzados. Una vez más, las emociones de Utada le habían nublado el juicio.

Utada ya podía percibir el tacto de la débil carne del traidor, cuando sintió un insoportable dolor en su zona lumbar. Abruptamente su cuerpo dejó de responderle, perdiendo toda capacidad motora. Utada, que se encontraba en el aire, se estrelló contra el piso como un títere al que le habían cortado los hilos. Gruñendo, Utada observó al agobiado Subaru. No obstante, el pelinegro suspiró profundamente y entonces de su rostro desapareció todo rastro de emoción.

"Supuse que algo como así pasaría. Después de todo, eres incapaz de controlar tus emociones. ¿No es así, Utada? Por eso estás destinado a traicionarnos… A mí, al Colmillo de Hierro y a Anastasia." Atrevidas afirmaciones fueron pronunciadas por los labios de Subaru, cuya mirada, ahora gélida, se encontraba posada sobre el mercenario inmóvil.

"¿Q-Qué está pasando, capitán?" Hetaro se encontraba confundido, era entendible, de todos los presentes, él era el que comprendía menos el contexto de todo lo que estaba aconteciendo. Aun así, esa confusión no era exclusiva del trillizo convaleciente.

"Me alegra haberme reunido de nuevo contigo, Hal-san. Yo… Yo estaba equivocado, tenías razón." Ignorando las preocupaciones de los mercenarios, Subaru volteó su rostro hacia el guerrero Shinobi, que estaba a una corta distancia de Utada, y le habló. "¿Eso es lo que querías escuchar, no es así? Pues ahí lo tienes, admito que, como Utada, me dejé llevar por mis propias emociones y miedos, y cometí errores, muchos errores. Para empeorar todo, en mi estupidez, olvidé mi metia en mi habitación y por ello me vi en la obligación de venir hasta aquí." Subaru entonces sacudió levemente su cabeza y la expresión gélida regresó a su rostro. "Cometí muchos estúpidos errores… pero ahora aspiro a corregirlos."

"Hmm… Realmente lo decía en broma, Su-san. Pero aun así me alegra que hayas entrado en razón. Después de todo, ya me estaba comenzando a aburrir a jugar al mercenario. También fue problemático que te negarás a aceptar mi protección el mismo día que la Capital Real de Lugunica fue atacada, pero parece que ya sufriste suficiente por ello, así que lo mejor será que ambos olvidemos el asunto."

"Sí… Eso será lo mejor."

Los testigos de la conversación entre Subaru y Halibel eran incapaces de pronunciar palabra alguna. Un aura ominosa se formó entre ellos, un aura que impedía que los interrumpieran. ¿En verdad hemos sido traicionados? Fue lo que pensó más de uno. Para cualquiera de ellos era obvio que la relación entre Subaru y Halibel no era una de simples conocidos.

"¡¿Qué se supone que se signifique toda esta mierda?! ¡¿Por qué demonios no puedo moverme?!" Incapaz de mover un músculo, Utada no podía hacer más que gritar para hacerse notar.

"¿Hmm? Simplemente corté la conexión entre dos vertebras de tu columna. Pero no tienes que preocuparte, si quito mi kunai de tu espalda y te aplican rápidamente magia curativa, no debería quedar secuela alguna." Despreocupadamente, Halibel respondió a la pregunta de Utada. Así como decía el demihumano con kimono, un kunai negro se encontraba clavado en la región lumbar de la espalda de Utada, dejándolo así desprovisto de la capacidad de mover su cuerpo a voluntad.

"¡¿Lo ve capitán!? Ya hicieron su primero movimiento, esos traidores probablemente pretenden asesinarnos a todos. ¡Así que no pierdan más el tiempo y atáquenlos?" Dado que no podría hacer nada por sí mismo, a Utada no le quedó más opción que recurrir a sus compañeros mercenarios.

"Ja, ja, ja, ja. ¿Yo, un traidor? Estás equivocado, Utada." Con una mirada desprovista de cordura, Subaru se burló de la afirmación de Utada.

"Sus acciones lo demuestran, Subaru-sama. ¡¿Cómo puede ser tan descarado como para afirmar que estoy equivocado, y peor, que yo soy el traidor?!" Respondió Utada, emanando una densa sed de sangre. "Además, no solo me estoy basando en lo que acabo de afirmar para respaldar mis afirmaciones. ¡Usted dijo que viene del otro lado de la Gran Cascada, y que proviene de un mundo distinto al nuestro, pero eso es imposible! ¡Se supone que las Protecciones Divinas solo son otorgadas a las personas nacidas en nuestro mundo! ¡Aun así, usted cuenta con una!"

Subaru maldijo su suerte. Realmente nunca lo había considerado, pero era cierto que cuando se hablaba de las Protecciones Divinas, se decía que eran un rasgo único de las personas nacidas en el Gran Continente. Nunca consideró que, cubrir Regreso por Muerte con una mentira, y que no mentir sobre su lugar de proveniencia, pudiera terminar desembocando en una contradicción tan fastidiosa como esa. Subaru no sabía cómo defender su caso, sin embargo, Halibel estaba allí para ayudarle.

"Utada-san, realmente no podemos saber si ese realmente es el caso; simplemente no tenemos como comprobarlo. Su-san es el único que ha afirmado venir de un lugar después de la Gran Cascada en muchos años, después de todo; y poco sabemos de esos que también lo hicieron. Él bien podría ser una extraña excepción y no habría manera de comprobarlo… o de negarlo, claro está."

"¡Tch! Como sea, esa realmente es la razón de menor importancia por la que estoy seguro de la traición de ese maldito." Finalmente, Utada revelaría el secreto que él ocultó por meses. "¡Desde hace meses le vigilo! No sé si se habrá percatado de ello, pero es muy probable que sí, así que iré al grano y diré porque lo he estado haciendo. ¡Apesta a miasma de la bruja, Subaru-sama!"

"Si eso fuera cierto, ¿no me habrías delatado hace meses?" En dado caso, Subaru utilizaría la desconfianza de Utada, que le impidió hablar con Ricardo o Anastasia de sus sospechas, a su favor.

"¡No podía hacerlo, nunca me hubieran creído porque carecía de pruebas! ¡Pero ahora que fue lo suficientemente estúpido como para revelar sus conspiraciones, entonces finalmente puedo decirlo! ¡Capitán, ese maldito traidor que está a su lado es un miembro del Culto de la Bruja infiltrado! ¡Considerando el intenso olor que emana, es probable que se trate de un Arzobispo del Pecado!" Utada había perdido la compostura. Con mirada suplicante, el mercenario miró a su capitán. Ricardo no respondió a los gritos de Utada, en silencio, mantuvo su mirada fija en Subaru. Pasado un momento, su hocico finalmente se movió.

"Chico, no hay duda de que nos ocultaste cosas a nosotros y a la pequeña señorita. Además, no parece que las afirmaciones de Utada sean del todo una mentira. Así que hay una cosa que deseo preguntarte. ¿Sigues siendo leal a la pequeña Anastasia?"

Subaru no respondió de inmediato. Un silencioso y tenso cruce de miradas tuvo lugar entre Subaru y Ricardo. Fue entonces que una sonrisa quebrada se arrastró desde las comisuras de los labios de Subaru. "Es cierto que me equivoqué en muchas cosas. Tomé decisiones erradas y les oculté múltiples cosas. Además, es cierto que mi cuerpo, por alguna razón que desconozco, emana miasma de la bruja… Sin embargo, mi lealtad no ha flaqueado ni por un segundo. Todo lo que he hecho, lo he hecho por Anastasia-sama y su objetivo. Lo juro por mis padres, a los que probablemente nunca volveré a ver, esa pequeña, codiciosa mujer es la única razón que me queda para seguir viviendo…"

Despreciable obsesión enfermiza rezumaba de cada una de sus palabras. No obstante, simplemente no podía ser de otra forma. Subaru había renunciado a todo lo que apreciaba por enfocarse en proteger únicamente al destino de Anastasia; si la perdía a ella, habría sacrificado todo en vano. Su mente estaba al borde del colapso y solo la existencia de Anastasia impedía que callera por completo en la negrura infinita de la locura. Tic-tac, el destino sonreía ante el inminente desmoronamiento de su inestable cordura.