Interludio de una Masacre en el Reino

Cinco Minutos ANTES de la Última Muerte (Dieciséis Muertes)

"¿Por cuánto tiempo más piensan mantenernos a oscuras respecto a lo que está sucediendo? No hay nada me que resulte más tedioso que verme obligada a esperar sentada. Creo que merezco saber porque hemos sido encarceladas en esta habitación." Se quejó una mujer de hermosas facciones mientras se hacía viento con su abanico carmesí.

"Nadie aquí sabe lo que está sucediendo allá afuera, ¿así que porque no te callas de una buena vez?" Respondió molesta una chica de cabellos dorados. Por su tono de voz se podía deducir que esa difícilmente era la primera vez que la mujer del abanico se formulaba tal pregunta en voz alta.

"¡Que insolencia! ¿Después de casi no decir palabra alguna durante toda la reunión, decides que este es el momento indicado para encontrar tu voz, pequeña rata de alcantarilla?" Con palabras abrasivas, la mujer del abanico respondió a la chica de cabellos dorados.

"¡No habría dicho nada si no fuera porque esta es la treintava vez que te quejas por estar encerrada en esta habitación! ¡¿Es que acaso no conoces de paciencia?!" Le reprendió la chica, sus delicadas facciones frunciéndose en una mueca de desprecio. "Además, es increíble que seas capaz de quejarte sobre estar encarcelada aquí, ¡cuando yo fui básicamente forzada a unirme a este teatro político! ¡Si no fuera porque literalmente amenazaron con ejecutar a mi abuelo, ni siquiera estaría aquí con todas ustedes!"

"Como si pudieran interesarme las circunstancias que te trajeron aquí. ¿Además, podrías simplemente escapar, no es así? Eso es lo que mejor saben hacer las ratas de alcantarilla, después de todo." Ante la insultante respuesta de la mujer del abanico, la chica de cabellos dorados se levantó de la silla en la que se encontraba sentada y se dispuso a abalanzarse sobre la mujer. Y lo habrá hecho, de no ser porque una delicada mano se interpuso entre ambas.

"Todas nos encontramos atrapadas en la misma situación de estrés, pelear no resolverá nada. ¿Así que porque no se dan la mano y se reconcilian."

"¡¿Eh?! ¿Disculparme? ¿Yo? No creo que necesite hacerlo, después de todo no hecho nada más que hablar con la verdad. Si hay alguien que debería disculparse aquí, esa eres tú." Exclamó la mujer, alejando de ella con su abanico la mano de la dama que había interrumpido la trifulca.

"¿Y-Yo?" Preguntó la dama en cuestión, con una mezcla de sorpresa y nerviosismo.

"En efecto. Deberías disculparte por haber nacido, medio-demonio de pelo plateado." Afirmó la mujer de manera hostil. "Estoy completamente segura de que sea lo que sea que haya iniciado el conflicto por el que nos encontramos aquí encerradas, esto se debe a tu existencia."

"…" Cabizbaja, la chica atacada recogió su brazo.

"¡¿Es que nunca dejarás de mirarnos por encima del hombro?! ¡No hables de esa manera a Onee-san! ¡Tú eres conocida en la capital como una asesina, así que bien podría ser esa la causa del conflicto!" Exclamó enfurecida la chica de cabellos dorados.

"¿Asesina? Los plebeyos pueden creer lo que quieran creer, pero eso no les dará la razón ni impedirá que me apodere del trono." Respondió la mujer con engreimiento, sin verse afectada por las palabras de la chica.

"Estoy de acuerdo con Emilia-san, pelear entre nosotras solo hará que nuestra estadía en este lugar resulte aún menos amena de lo que ya lo es. Así que, ¿por qué no dejamos de lado este conflicto trivial y esperamos silenciosamente a que se nos informe respecto al estado de la ciudad?" Una cuarta joven se interpuso en el conflicto. Se trataba de Anastasia, que con una delicada sonrisa en su rostro buscó apaciguar la atmosfera hostil.

"¡Tch! Realmente no importa como sucedan las cosas, este mundo está diseñado para operar a mi favor. Así que al final siempre saldré ganando. Con suerte todo este estúpido conflicto que tan preocupados tiene a los caballeros reales sea capaz de entretenerme." Nadie se atrevió a responder al comentario presuntuoso de la mujer del abanico, la Baronesa de Barielle, Priscilla Barielle, que inmediatamente procedió a sentarse y reanudó el meneo de su abanico.

Liberando un pesado suspiro, la dama que había intercedido inicialmente en el conflicto, Emilia, regresó a su asiento, seguida por la chica de cabellos dorados, Felt. Y mirándolas en silencio, Anastasia escudriñó detenidamente las facciones de sus rivales. Todas allí se encontraban alteradas, en mayor o menor medida, y dado el choque de fuertes y contrastantes personalidades, la habitación era un hervidero de conflicto.

La reunión de la candidatas de la Selección Real se había alargado excesivamente… Todo había empezado con relativa normalidad, y aunque era evidente que la relación entre las candidatas no era la mejor, ningún conflicto había surgido hasta entonces. Primeramente, las candidatas socializaron, evitando entrar en temas políticos. Tras ello, los temas que Anastasia esperaba discutir fueron abordados gradualmente. Sin embargo, la existencia de la quinta candidata parecía seguir siendo un misterio incluso para las demás candidatas.

Anastasia entonces propuso discutir directamente con el Consejo de Sabios el asunto, y aunque hubo renuencia al inicio, todas, incluso la silenciosa Felt, terminaron accediendo. Fue entonces que Marcos, el capitán de la Guardia Real, entró en la habitación en la que se encontraban reunidas y anunció que la capital se encontraba bajo conflicto. En un inicio, Anastasia sospechó que se trataba de una estratagema ideada por el Consejo de Sabios.

Pero para entonces esa idea ya había sido desechada. Había pasado más de una hora desde la alerta de Marcos, y la situación no parecía cambiar. Por seguridad, Marcos había solicitado a las cuatro candidatas no abandonar el salón de reunión, y ello había causado que la incomodidad y la molestia comenzaran a acumularse en el aire estancado del lugar. Anastasia podía no parecer igual de alterada que sus rivales, pero no cabía duda de que se encontraba frustrada.

"¡Ehem!" Emilia de pronto aclaró su garganta, causando que todas las miradas se posaran sobre ella. Percatándose de esto, la chica de cabello plateado bajó la mirada. Con una voz apenas perceptible, Emilia habló a Felt. "Debes de sentirte considerablemente tranquila, no es así, ¿Felt-chan? Tu caballero es Reinhard, y estoy segura de que él podrá protegerte de lo que sea." Parecía ser un comentario inofensivo, un torpe intento por generar conversación, pero éste parecía haber fastidiado ligeramente a Felt.

"¿Eh? ¿Ese estúpido caballero? Si no fuera por él sería libre, mi abuelo no habría intentado asesinar a uno de los ancianos decrépitos del Consejo de Sabios, y yo no tendría que estar lidiando con todas estas idioteces de la Selección Real. Así que no me podría importar menos que sea el caballero más fuerte o lo que sea." Respondió la chica, controlando su ira para no terminar insultando a la joven que una vez le había perdonado sus fechorías y le había salvado la vida.

"…" Percatándose de que había cometido un error, Emilia prefirió permanecer en silencio. No obstante, la conversación había provocado la curiosidad de Anastasia.

"Emilia-san, tú aún no tienes caballero, ¿no es así? Ram-san es solo una mucama que está haciendo de tu acompañante, después de todo."

"Hmm… Bueno… Han pasado muchas cosas y por ello Roswaal no ha tenido la oportunidad de presentármelo, pero se supone que yo sí tengo un caballero." Dijo Emilia, volteándose hacia Anastasia.

"¡Oh! ¿Entonces sí que se te ha asignado un caballero? ¿De quién se trata?" Preguntó Anastasia, inclinándose ligeramente hacia Emilia. Sin embargo, rápidamente se irguió y añadió. "Por supuesto, no tienes que decirme nada si no lo deseas."

"No es que no desee responderte, simplemente que hace mucho no escucho su nombre y me cuesta recordarlo." Le respondió Emilia, llevando su mano derecha a su barbilla, la que comenzó a masajear, con un gesto que indicaba que se había sumido en sus pensamientos. Tras un momento, su expresión de concentración se desvaneció y una pequeña sonrisa se formó en sus labios. "¡Garfiel Tinsel! Ese es su nombre."

"Garfiel Tinsel…" Murmuró Anastasia, pensativa. "Ese nombre no me suena conocido. ¿Es algún caballero del reino?"

"No, no lo es. Vive en el Santuario de Kremaldy, un lugar ubicado en el territorio Mathers. Aun así… Bueno, Roswaal ha sido muy reservado respecto a todo ello. Me dijo que después de esta reunión podría llegar a encontrar al caballero que realmente desea para mí. Lo cierto es que no tengo la menor idea de que querrá decir con ello."

"Tal vez está teniendo problemas en encontrar a alguien dispuesto a proteger a una medio-demonio, y ese tal Garfiel Tinsel no es más que alguien inventado por él." Comentó Priscilla burlonamente. Felt estuvo a punto de responderle, pero entonces fue interrumpida por el sonido de la puerta siendo abierta violentamente.

"¡Princesa, debemos abandonar este castillo inmediatamente!" Se trataba de un hombre cuyo sentido de la moda dejaba mucho que desear. Era difícil creer que alguien como él tendría relación con alguna de las candidatas al trono, pero ese en efecto era el caso.

"¿De qué hablas, Al? ¿Es que acaso finalmente podré abandonar esta prisión inundada de ratas?" Priscilla se levantó de su silla parsimoniosamente y esperó a que el sujeto se acercara a ella.

"Sí que puede hacerlo, Princesa. Sin embargo, no me refiero a simplemente salir de la habitación. ¡Si no nos vamos del castillo, me temo que no la contaremos!" El hombre, cuya cabeza se encontraba cubierta por un extraño yelmo negro, parecía encontrarse considerablemente alarmado.

"¿Hablas de huir, Aldebaran? ¿No crees que con ello me perdería de toda la diversión por la que soporté tan tediosa espera?" Priscilla no parecía particularmente satisfecha con la idea.

"Princesa, se trata de un Arzobispo del Pecado… No, ¡dos Arzobispos del Pecado! No estoy seguro de que pecados sean, pero sí estoy seguro de que este castillo no será más que escombros en solo cuestión de tiempo."

"Hmm… Al, tú guíame fuera del castillo. Estoy segura de que en el camino encontraré toda la diversión que necesito. Ja, ja, ja. Después de todo, no hay forma de que al final no resulte todo a mi favor." Y con esas palabras, la pareja abandonó el salón de reunión sin tan siquiera voltear a mirar a las candidatas restantes. Ambos recién habían cruzado el umbral de salida, cuando tres personas más entraron a la habitación.

"¡Julius, ¿qué está pasando?! ¿Es cierto lo que dijo el caballero de Priscilla? ¿Dos Arzobispos del Pecado han invadido el castillo?" Acuciosamente, Anastasia se levantó de su asiento y se acercó a su caballero, que venía acompañado de dos chicas, una pequeña de cabellos naranjas y orejas gatunas, y una mediana de cabello rosado y rostro inexpresivo.

"Me temo que sí, Anastasia-sama. La Guardia Real intentó mantenerlos a raya, pero resultó imposible. Para empeorar la situación, se ha confirmado que uno de los atacantes es el Arzobispo de la Codicia." Anonadada por las terribles noticias, Anastasia cubrió su boca con una de sus delicadas manos.

"J-Julius, ¿el Arzobispo de la Codicia ya ha entrado al castillo?" Quien preguntó tal cosa fue Emilia, que se había asomado por sobre el hombro de la pequeña Anastasia. Por su rostro anormalmente pálido era evidente que la noticia no le había sentado bien.

"Por suerte ese aún no es el caso. Reinhard… Reinhard no tardó en responder a la orden de proteger el castillo. Después de lo ocurrido con Wilhelm-sama no podía suceder de otra forma." Informó el caballero, moviendo inmediatamente su mirada hacia la pequeña chica que se encontraba al lado de Emilia. "Así que me temo que Reinhard no vendrá directamente por usted, Felt-sama. Aun así, estoy a sus órdenes. Yo me aseguraré de sacarla de aquí sin un solo rasguño, lo juro por mi honor."

"¡Tch! No necesito que un caballero me esté escoltando en todo momento, yo puedo cuidarme sola." Respondió Felt de mala manera.

"Felt-chan, por favor permite que Julius te proteja. Ya una vez me enfrenté a un Arzobispo del Pecado y puedo asegurarte de que no son moco de pavo." Le dijo Emilia, tomándola de la mano.

"¿Moco de pavo…?" Confundida por la expresión extraña de Emilia, Felt permaneció en silencio por un momento, pero tras ello sacudió suspiro en son de derrota. "Bien, como sea. Pero yo me quedaré contigo, Onee-san." Felt decidió no decir nada al respecto, pero gracias a su contacto con la mano de Emilia, pudo notar que su cuerpo se estremecía violentamente y su piel se encontraba helada como día de invierno; solo por ello había aceptado el pedido de la joven.

En lugar de responder inmediatamente a la demanda de Felt, Emilia miró a Ram, la mucama enviada para protegerla. Ella, al notar la mirada de Emilia, dijo. "Me temo que yo no seré capaz de protegerla por mí misma, Emilia-sama. Lo mejor sería no separarnos de ellos." Con ellos era evidente que se refería al caballero, la niña mercenaria y las candidatas rivales.

"Bien, en ese caso todos juntos saldremos de aquí. ¿Hacia dónde evacuaremos?"

Quien respondió a la pregunta de Emilia fue Anastasia. "Mi mansión. Estoy convencida de que es el lugar más seguro de la capital en este momento; pensaba decirle a Priscilla que nos acompañara, pero se fue antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo. Aun así, es vital que no seamos vistas en el camino, así que debemos tener mucho cuidado. Por ahora desconocemos cuál es la extensión del ataque del Culto de la Bruja. ¿O no es así, Julius?"

"Solo tenemos constancia de que el distrito de la nobleza, el distrito comercial y los terrenos de la realeza están bajo ataque. No sabemos si los dos Arzobispos del Pecado que han atacado el castillo son los únicos en la ciudad, pero personalmente tengo mis dudas de que ese sea el caso; resultaría un panorama demasiado ideal para nosotros, y el Culto de la Bruja no suele operar de esa manera."

"Estoy de acuerdo contigo, Julius. En ese caso tendremos que encontrar la manera de sortear a todos los atacantes; si alguna de nosotras es vista, no dudo de que nos convertiremos en el foco del ataque."

"¿Nosotras somos su objetivo?" Preguntó Felt, mirándose ligeramente alarmada.

"O solo yo…" Murmuró Emilia. Nadie se atrevió a contradecirla.

"Sea cual sea el objetivo de esos lunáticos, yo me aseguraré de protegerlas a las tres con mi vida, ustedes son el futuro del reino." Afirmó firmemente el caballero. Tras ello, miró hacia la puerta, donde ahora Mimi estaba montando guardia. "No sabemos dónde pueda estar el segundo arzobispo sin identificar, así que es primordial que nos movamos con extrema precaución aún dentro del castillo." Habiendo dicho esto, Julius llamó a Mimi, quien indicó que no había moros en la costa. Con ello la evacuación dio inicio.


Veinte Minutos desde la Última Muerte (Dieciséis Muertes)

El grupo que consistía de un caballero, una mercenaria, una mucama y tres candidatas a Rey se movieron velozmente por los pasadizos del castillo. Hacía diez minutos había comenzado el escape del castillo y todavía no se habían topado con ninguna fuerza hostil. Sin embargo, también era cierto que un tétrico silencio había caído en el lugar, solo interrumpido por fuertes sacudidas que daban fe de cuan terrible era el combate a las afueras del castillo.

Los únicos sonidos que cada uno de ellos producían era el de sus agitados alientos siendo exhalados de su boca y nariz, y el de sus calzados entrando en contacto con el suelo por cada paso que daban. Y es por ello por lo que cuando el violento y súbito impacto entre daga y espada tuvo lugar, éste resultó particularmente estruendoso; el sonido de acero chocando con acero reverberó por el solitario pasadizo. Julius mantuvo su posición, su firme mirada fija en el extraño individuo que había intentado asesinarle.

"¡Maravilloso, increíble, sorprendente, extraordinario! ¡Tan increíble reacción solo puede ser producto de deliciosos años de experiencia! Nuestro estómago no ha parado de rugir desde que llegamos a esta ciudad plagada de apetecibles platillos, pero en honor a nuestro fallecido hermano esperamos hasta encontrarnos con alguien capaz de satisfacer su exquisito paladar gourmet. ¡Y parece que al fin lo encontramos, ~tsu!"

"Imposible…" Una murmuro de asombro se escapó de los labios del caballero, que anonadado observó a un individuo que sin espacio a dudas calzaba con la imagen del fallecido Ley Batenkaitos.

"Nos encantaría detenernos a conversar, pero se nos ha indicado que debemos devorar a aquellas en cuya vida descansa el destino de este maldito reino; ya hemos limpiado la mesa para que no hayan molestas interrupciones innecesarias, solo queda satisfacer nuestro voraz apetito." Relamiéndose los labios, el extraño sujeto se escabulló por el costado de Julius y se abalanzó sobre Anastasia. "¡Anastasia Hoshin, no hay duda alguna! ¡¿A qué sabrá tu avaricia?!" Bramó enloquecido, mientras sacaba su repugnante lengua.

"Aléjate de ella." Pero la espada de Julius no permitiría que tal perversión tuviera lugar. Mientras que el filo de la espada de Julius hacia retroceder al pequeño sujeto, Ram agarró de la mano a Emilia, que a su vez iba de la mano con Felt, y la apartó de Anastasia, que por lo tanto fue separada momentáneamente de los demás junto con Mimi. "¿Cuál es tu nombre, degenerado malhechor?" Julius necesitaba confirmar sus sospechas, así que sin dudarlo, preguntó por la identidad del hombrecillo mientras lo encaraba con su espada empuñada.

Una sonrisa tétrica se formó en el rostro de atacante sin identificar. "Je, je, je… Normalmente habríamos respondido con la misma pregunta, pero ya que hemos recibido con anterioridad los nombres de todos los platillos destinados a entrar a nuestro estómago, eso no será necesario." Informó el sujeto, la sonrisa tétrica plasmada en su rostro ensanchándose. "Nosotros somos el Arzobispo del Pecado de la Gula del Culto de la Bruja, Roy Alphard."

"¡Gula! ¡¿Significa eso que ya han reemplazado al anterior Arzobispo de la Gula?!" Sorprendido, Julius aumentó la fuerza de su agarre sobre el mango de su espada.

"¡Estás equivocado! ¡Aun así, no tenemos interés en corregirte! ¡Cómo ya dijimos, tenemos una misión de la que hacernos cargo! ¡Sin embargo, cuando te devoremos estamos seguros de que podrás entenderlo! Je, je, je, je. ¡Tsu!" Mientras reía tétricamente, el chico que se había presentado como el Arzobispo de la Gula empezó a correr hacia la derecha de Julius.

Alphard se movía a una velocidad aterradora, al punto en que para Julius estaba resultando difícil seguirle con la mirada. Un solo error podría costar su vida o la de alguna de las candidatas, debía ser extremadamente cuidadoso. Julius mantuvo una postura firma, siempre interponiéndose entre el joven atacante y las mujeres a las que estaba escoltando fuera del castillo. En el momento en que Gula intentara atacarle, Julius contratacaría con Clarista.

Sin embargo, Julius subestimó la monstruosa velocidad de su contrincante. Gula abruptamente desapreció, dejando atrás un espacio vacío donde Julius había posado su mirada. El caballero, alarmado, rápidamente se volteó hacia las candidatas que se encontraban a sus espaldas, y fue entonces que lo sintió; un ataque letal dirigido hacia su cuello proveniente de su costado izquierdo. Con una reacción asombrosa, levantó su espada y bloqueó el ataque.

El sonido de acero chocando con acero reverberó en el pasillo en el que se encontraban una vez más. La sonrisa de Alphard se ensanchó todavía más si es que era posible, al punto en que ésta partía su rostro por la mitad. El arzobispo retrocedió y una vez más comenzó a correr velozmente, buscando la manera de rodear al caballero. Así como sucedió la ocasión anterior, la figura de Alphard se desvaneció en el aire, sin embargo, esta vez Julius estaba más preparado.

Alphard apareció por su derecha y atacó dirigiendo sus afiladas dagas hacia los pies del caballero. Gula, no obstante, se vio en la necesidad de retroceder antes de poder conectar el ataque. La espada de Julius, que brillaba como el arcoíris, rebanó sin misericordia la frente del Arzobispo del Pecado. No se trataba de un corte profundo, pero una vez la distancia entre ambos volvió a ampliarse, cantidades copiosas de sangre comenzaron a brotar de este, manchando el rostro de Gula.

"¿Cómo es que el puesto vacante del Arzobispo de la Gula fue ocupado tan rápidamente? El anterior Arzobispo de la Gula murió hace tan solo unos meses. Habíamos estimado que el proceso tardaría al menos un año." Aprovechando que el ritmo de combate había disminuido momentáneamente, Julius una vez más intentó sonsacarle alguna respuesta al misterioso nuevo Arzobispo de la Gula.

"No deberías preocuparte por cosas como esas, tú. A nosotros poco nos importa quien represente el pecado de la Gula, mientras podamos comer, nada más importará. Nosotros somos Gula, siempre lo hemos sido. Y aunque nunca hemos sido quisquillosos a la hora de elegir nuestros platillos, en honor a nuestro fallecido hermano, el primer platillo que devoremos en esta ciudad maldita será uno de calidad gourmet."

"¿Es acaso este hermano del que hablas el antiguo Arzobispo de la Gula? ¿Tú heredaste él título? ¿Es así como funcionan las cosas dentro del Culto de la Bruja?" Los intentos de Julius por obtener información que esclareciera el misterio del Culto de la Bruja estaban resultando en vano.

Julius estaba desesperado por obtener información. De no haber sido porque los Caballeros del Reino habían fallado en conseguir información del Culto de la Bruja, tal vez ese asedio a la capital no habría ocurrido en primer lugar. Información sobre el culto y sus miembros es lo que el reino carecía. Y entender como una persona se transformaba en un Arzobispo del Pecado podía resultar ser información muy valiosa con la cual podrían llegar a suprimir la aparición de futuros arzobispos.

"Nuestro hermano fue descuidado. Ese estúpido anciano jamás debió de haber podido vencerlo." Finalmente había obtenido una respuesta valiosa; éste hermano del que hablaba Alphard en efecto había sido el anterior Arzobispo de la Gula. "Sin embargo, no podemos afirmar que su muerte nos duela en demasía. No, no, no, no. Su muerte nos ha abierto paso a un mundo de los más diversos platillos, finalmente no tendremos que compartir, y ahora los platillos más gourmet también estarán en nuestro menú. Podremos saciar nuestro insaciable y estrambótico apetito finalmente; porque nosotros deseamos devorarlo todo, sin distinción alguna. No estaremos felices hasta haber llenado completamente nuestro estómago. Ahora… ¿A qué sabrá una medio demonio de pelo plateado?"

"¡Emilia-sama! ¡Emilia-sama! ¡Reaccione por favor, necesitamos de la ayuda del Gran Espíritu-sama!" Desesperada, la mucama comenzó a zarandear el cuerpo pálido de Emilia, en vano. Percatándose de que sus esfuerzos era inútiles, Ram maldijo por lo bajo su suerte mientras alejaba a Emilia, y Felt consecuentemente, lo más posible del combate.

Dando un paso al frente y blandiendo su espada brillante, Julius encaró a Alphard mientras realizaba las que serían las últimas preguntas de su interrogatorio. "¿Por qué decidieron atacar la capital? ¿Por qué en este momento, y no antes o después? ¿Por qué tienen como objetivo a las candidatas de la Selección Real? ¿Qué obtienen atacando Lugunica?" Preguntó mientras buscaba maneras de asestar un buen golpe en Gula, que parecía encontrarse ligeramente desprevenido.

"Nosotros solo seguimos las escrituras del evangelio. Si lo hacemos, podremos seguir engullendo todo lo que deseamos. ¿No crees que ese es un buen trato? Estamos seguros de que si estuvieras en nuestro lugar, también aceptarías."

"¡El Clausel!" Julius finalmente vio la apertura que había buscado con tanto empeño.

"¡Espíritus! ¡A nosotros nos desagradan los espíritus, son demasiado pretenciosos!" Exclamó Alphard, mientras la punta de la espada de Julius era rodeada por seis esferas resplandecientes. Entonces decenas de afilados rayos de luz llovieron sobre Gula. Parecía que finalmente podría dañar de manera importante al Arzobispo de la Gula, pero las cosas no se desenvolvieron como Julius esperaba.

A una velocidad espeluznante, Alphard sorteó cada uno de los prismas de luz extremadamente afilados mientras se acercaba de manera constante a Julius. Sus movimientos eran tan veloces que hacían parecer que se estaba teletransportando a diferentes zonas del corredor cada vez que se movía. Sin dudarlo, Julius levantó su espada y se preparó para utilizar una de sus técnicas más letales.

"¡Sí, sí, sí, sí! ¡No cabe duda de que ya hemos encontrado la entrada con la que abriremos este delicioso festín!" Exclamó Gula, complacido, embriagado de felicidad. Dando un salto al aire, Gula se abalanzó sobre Julius, liberando una barrera de ataques sobre él. El caballero intentó defenderse de cada uno de los ataques utilizando su espada, pero le resultó imposible hacerlo; cortes en brazos, torso y rostro eran prueba de ello.

De reojo, Julius pudo ver que alguien más se unió al combate. No, no era solo una persona, eran dos. Una joven de cabello rosa y una pequeña vestida con una túnica blanca con detalles anaranjados. La pequeña niña abrió ampliamente su boca y dirigió un estruendoso grito hacia Gula, que sin esfuerzo esquivó el ataque y se abalanzó sobre ella. Mimi se encontraba desprotegida y Julius aún no se había recuperado del ataque de Alphard, así que Ram se vio en la necesidad de utilizar su magia de viento para entorpecer el ataque del arzobispo.

"Señorita Ram, Mimi, por favor, regresen con las candidatas y salgan de aquí de inmediato." Antes de que el combate se alargara por más tiempo, Julius dio un paso al frente mientras blandía su espada y habló a las dos chicas. "Nuestra prioridad es proteger sus vidas y asegurarnos de que el reino tenga un futuro, así que déjenme a mí la tarea de lidiar con Gula."

"Julius…" Melancólica, Mimi miró a Julius por un momento, pero no tardó en asentir y regresar con Anastasia.

Mientras que mantenía su postura firme, Julius sacó un trapo blanco de su pantalón y limpió la sangre de su rostro, justo a tiempo para evitar mostrar una penosa imagen a su ama. De soslayo pudo ver como las mujeres pasaban a su lado y comenzaban a alejarse. "Por favor, Anastasia-sama, cuídese." Dijo a la chica de pelo violeta, sin mirarla a la cara.

"Claro que lo haré Julius, así que una vez más te ordenó regresar a mí con vida." Respondió ella, deteniéndose a pocos metros de él.

"Señorita Ram, Mimi, les suplico que protejan a Anastasia." Las dos chicas asintieron. La primera siguió avanzando sin detenerse, con Emilia en una mano; Felt estaba tomando la otra mano de la medio elfa. Solo Mimi y Anastasia se habían quedado atrás para despedirse del caballero.

"¡Julius, te prohíbo morir! ¡S-Sin ti me resultaría imposible alcanzar mis objetivos y conseguir todo lo que deseo!" Exclamó Anastasia, su voz comenzando a quebrarse.

"¡Por supuesto que no lo haré, Anastasia-sama! ¡Al menos no hasta poder verla sentada en el trono de Lugunica!" Respondió el caballero mientras peinaba su flequillo. La chica sonrió melancólicamente y comenzó a alejarse con Mimi a su lado.

"Hmm… ¿Ya se van? Pensamos que te ayudarían a pelear, es un poco decepcionante a decir verdad; no nos parece delicioso ni satisfactorio. Bueno, no importa, ya iremos por ellas cuando te devoremos. ¡Te devoraremos, te comeremos, te lameremos, te mordisquearemos, te morderemos hasta que no quede nada, y aun así seguiremos mordiendo! ¡Eso sí que nos satisface, tsu! ¡Y entonces podremos comer todo lo que nos encontremos a nuestro paso! ¡~Tsu!"

"Me aseguraré de que este castillo se convierta en tu tumba, aún si tengo que sacrificar mi vida para hacerlo." Dijo Julius, su mirada firme fija en Gula.

"¡Asombroso! Nos preguntamos cuántos deliciosos ataques de primer nivel tienes preparados para nosotros. ¡Morimos por saborearlos!"

Y sin más dilación, el combate fue reanudado una vez más. Julius no cedió terreno en ningún momento del combate, sin importar cuanta sangre derramó su cuerpo, siguió luchando hasta el final. No obstante, la diferencia de habilidad y poder entre ambos era muy amplia. La vertiginosa velocidad de Alphard le impedía al caballero ejecutar sus mejores técnicas con comodidad. El cuerpo de Julius fue rápidamente drenado de energía, hasta que…

"Mierda… Apenas puedo blandir la espada." Murmuró Julius, sosteniendo su arma con solo su mano derecha, de la izquierda sangre no dejaba de escurrir y parte de su humero era visible a través de su blanco uniforme de caballero completamente empapado por el líquido carmesí.

"¡Genial, parece que el platillo ya está listo para ser consumido!" Afirmó Alphard, mientras se acercaba velozmente al caballero. Julius intentó esquivar el ataque que se aproximaba, pero le resultó imposible, su cuerpo ya no les respondía como él deseaba. "¡~Tsu! ¡Es hora de comer, Julius Juukulius!" Fue entonces que el mundo se tiñó de negro para el caballero, sus recuerdos y hasta su existencia misma estaban siendo devorados por la repugnante lengua del Arzobispo del Pecado.


Treinta Minutos desde la Última Muerte (Dieciséis Muertes)

Mientras corrían, Anastasia pudo notar cuan pálida se encontraba Emilia. Durante el combate entre Julius y Gula lo había pasado por alto, pero finalmente notaba cuan afectada se encontraba Emilia por su reencuentro con un Arzobispo del Pecado. Era obvio que todo ello estaba resultando en una enorme carga mental para la medio elfa.

Mientras veía como Ram llevaba protectoramente a Emilia de la mano, Anastasia no pudo evitar pensar en su caballero. Anastasia rápidamente decidió alejar sus pensamientos del rumbo que estaban tomando. Para ella era obvio lo que significaban las últimas palabras de su caballero, pero realmente no deseaba pensar en ello; perder la confianza en su valioso caballero resultaría algo imperdonable.

Sin detenerse a pensar, sin detenerse a ponderar sobre los sucesos que acababan de tener lugar, sin detenerse a procesar el exceso de información que habían recibido, las cuatro mujeres corrió sin un rumbo completamente fijo. Debían abandonar el castillo, así que la primer salida que encontraran bastaría para satisfacer sus necesidades. No obstante, los correderos del Castillo Real ahora aparentaban ser infinitos, y no importaba cuando corrieran, no parecían ser capaz de cambiar de escenario.

"¡Señorita Anastasia, Mimi recuerda haber pasado por aquí hace no mucho tiempo. Si Mimi no está equivocada, tomar el siguiente camino a la izquierda nos llevara a una de las salidas que da al jardín!" La repentina voz de Mimi había aclarado parcialmente las ansiedades de Anastasia.

"¡Me alegra escucharlo, Mimi! ¡Ya la escuchaste Ram-san, entraremos al siguiente corredor que esté a la izquierda!"

"¡Entendido, Anastasia-sama!" Respondió la mucama, tirando con más fuerza del pálido brazo de la chica de cabellos plateados, y con ello obligando a Felt a correr más rápidamente.

"¡Allí, señorita Anastasia!" Indicó Mimi, señalando la entrada a un corredor que había aparecido en su campo de visión ubicado a sus izquierdas. La esperanza por fin regresaba al corazón de Anastasia. "¡Ese de allí es-!"

De pronto, la enérgica voz de Mimi fue apagada abruptamente. Ni una palabra más salió de su boca. Anastasia, que había estado caminando tras ella, observó completamente conmocionada como la pequeña niña caía al suelo como si de un muñeco se tratara; un muñeco al que le habían cortado sus dos piernas. Sangre comenzó a fluir copiosamente de los muslos cercenados de Mimi, la cual había perdido la consciencia por el impacto y el dolor.

"¡MIMI!" Gritó con dolor Anastasia, grito que fue acompañado por un chillido de terror producido por Felt, que se había volteado para averiguar que había causado el grito de Anastasia. Fue entonces que una risa enloquecida procedió ambas expresiones de dolor y terror, burlándose de tales sentimientos.

"Je, je, je, je. Debemos admitir que, aunque realmente nos parece una molestia elegir con tanto cuidado nuestros platillos, no podemos negar que ello le consiguió unos exquisitos platillos a nuestro hermano; él sin duda solo consumía la crème de la crème." Una pequeña figura, con cabello castaño descuidado y vestida con un pedazo de tela desgastado, sonrió maliciosamente mientras observaba con sus ojos esmeralda el despojo que ahora era Mimi.

"Maldita sea, este pequeño enano no deja de ser una molestia." Murmuró Ram, que se había detenido junto a Felt y Emilia a varios metros de Mimi y Anastasia. Frunciendo el ceño, soltó la mano de Emilia y miró a Felt. "Felt-sama, le pido que por favor que vigile a Emilia-sama. Parece que este infortunito encuentro con el Culto de la Bruja la ha dejado profundamente conmocionada y me temo que será incapaz de protegerse por sí misma."

"Ehm… S-Sí, lo haré, no te preocupes." Respondió Felt, insegura. "¿Q-Qué harás tú?"

"No puedo permitir que Emilia-sama perezca en este lugar. Si eso llegase a ocurrir, me temo que el daño que recibiría la psique de Roswaal-sama sería enorme. Así que me aseguraré de ganar la mayor cantidad de tiempo posible para que usted y Anastasia-sama puedan escapar junto con Emilia-sama."

"¿Otra vez intentarán escapar? Pensamos que había quedado claro que ello resultaría completamente inútil… Como sea, si con ello descubrimos otro platillo que pueda resultar apetecible, entonces realmente no podemos quejarnos, lamentarnos, molestarnos, enfadarnos por tener que retrasar ligeramente el platillo principal. ¡~Tsu!"

"Felt-sama, no se detengan, por favor, sigan corriendo hasta haber abandonado el castillo." Dijo Ram, blandiendo una varita de madera que había sacado de su uniforme de mucama.

"S-Sí, eso haremos." Respondió Felt, apretando ligeramente la mano de una no responsiva Emilia. "¡Anastasia, debemos salir de aquí! ¡Anastasia, por favor, no te quedes ahí parada!" Sin embargo, Anastasia parecía haber caído en un estado de desesperación no muy diferente a aquel en el que se encontraba Emilia; se encontraba catatónica.

"Vamos, Ana, debemos seguir adelante." Un susurro alentador se unió a las suplicas de Felt, pero ni siquiera la voz de su "bufanda" bastó para hacerla reaccionar.

Sin querer perder más tiempo, la mucama comenzó a atacar a Gula con poderosas ráfagas de viento. El Arzobispo las esquivó sin problema y dio un salto en el aire. Aparentando que estaba volando, se abalanzó sobre Ram. La chica, aunque no poseía la misma fuerza que Julius, sí que era capaz de moverse a una velocidad superior que la del caballero. Alejándose de la trayectoria del ataque, Ram lanzó uno de sus más poderosos hechizos de la magia de viento.

"Al Fula!" Un torrente de aire compuesto por miles de afiladas ráfagas de viento engulló la zona del corredor donde se encontraba Alphard, destruyendo parte de los muros y todas las decoraciones a su paso.

"¡Clarista!" Sin embargo, para sorpresa de Ram, Alphard había sido capaz de rebanar su ataque con las dos dagas amarradas a sus muñecas; ambas poseían un extraño brillo en sus filos. No fue el filo brillante lo que sacó a Anastasia del trance en el que se encontraba, si no el nombre de la técnica utilizada por Alphard, el cual le había resultado ominosamente familiar. Cuando las ráfagas de aire remitieron, la figura de un sonriente Alphard fue revelada. "No estábamos seguros de que eso fuera a funcionar sin la presencia de esos pretenciosos espíritus, pero parece que nuestra magia también sirve. ¡Tsu! ¡Genial, maravilloso, espectacular, nos alegra enormemente saber que esas deliciosas técnicas de combate nos resultarán de utilidad!"

Anastasia se acercó velozmente a Mimi, esforzándose por ignorar a Gula y la pavorosa sensación de desasosiego que le causaban sus palabras, e intentó recogerla en sus brazos. Sin embargo, un debilitado susurró apenas audible alcanzó sus oídos. "D-Deje a Mimi… aquí… pe-pequeña señorita… Sálvese… usted…"

"Mimi…"

"Por… favor… Esto… es… lo… que… Mimi… desea… S-Sobreviva…" Ahogando un sollozo, Anastasia asintió mientras agradecía a la pequeña.

Conteniendo las lágrimas mientras mordía con fuerza su labio inferior, Anastasia corrió hacia Felt evadiendo los escombros dejados por el ataque de Ram. Notando esto, Felt no esperó un segundo más y también comenzó a correr. Las tres chicas se alejaron, dejando atrás los sonidos de combate. Una vez más, las tres corrieron por un corredor que parecía extenderse infinitamente, de tal manera que parecía burlarse de la desesperación de las chicas.

Sensación que fue potenciada al notar que la salida de la que hablaba Mimi había desaparecido tras un enorme montículo de escombros. Felt cayó de rodillas ante el descorazonador espectáculo. Toda esperanza había sido arrancada a la fuerza de sus corazones, siendo entonces reemplazada por una terrible desesperanza. Y esto fue reforzado cuando escucharon una tétrica risa acercándose por el corredor.

"Es inútil… Es aquí donde voy a morir… Aunque tal vez sea mejor que vivir una vida que aborrezco…" Murmuró Felt, cabizbaja; aparentemente ya había perdido toda esperanza y deseo de luchar. Y Anastasia no podía culparla por sentirse así.

"Eso fue decepcionante, insatisfactorio, lamentable, deprimente. ¡Tsu! Por un segundo pensamos que habíamos dado con el platillo más exquisito en el que jamás hubiéramos posado nuestros ojos, pero estábamos equivocados." Dijo una voz tétrica. Allí, a pocos metros de ella, volvía a mostrarse el indetenible Arzobispo de la Gula. "Bueno, nos parece que ya perdimos mucho tiempo y no es nuestra intención ir en contra de las órdenes del evangelio. Así que con gusto devoraremos a la primera candidata. Anastasia Hoshin, esperamos que tu ingenio y codicia resulten tan deliciosos como creemos que lo harás. ¡A comer!"

"¡Ana, debes moverte, no te quedes parada!" Exclamó una voz proveniente del cuello de Anastasia. "Tal vez si utilizo eso, tal vez si-" Pero era demasiado tarde, la creatura que se ocultaba como la bufanda de Anastasia no podría impedir la catástrofe que se cernía sobre ambas.

Sin que Anastasia, o su bufanda, pudieran hacer nada para impedirlo, Roy Alphard se abalanzó sobre ella con su lengua extendida fuera de su boca. Anastasia intentó esquivarlo así como había indicado su compañera de toda la vida, pero la velocidad de la pequeña chica de pobre complexión física jamás sería rival para la aterradora velocidad de Gula. Súbitamente, Anastasia sintió algo húmedo en su rostro y todo se tornó negro…

Anastasia sintió como todo era absorbido por la negrura y la negrura misma le robaba algo que solo a ella le pertenecía. Mientras sentía como era envuelta por la foránea sensación de separación, los rostros de Mimi, Tivey, Hetaro, Ricardo, Felix y Subaru aparecieron en su mente… Entonces todo se volvió blanco…

"¡Argh!" Hiperventilando, Anastasia abrió sus ojos. Todo alrededor de ella se veía borroso, se sentía desorientada. Miró a su alrededor, y pudo vislumbrar a una figura arrodillada a pocos metros de ella, agarrando con fuerza su cabeza.

"¿C-Cómo es posible? ¿He-Hemos sido engañados? ¡Tsu! ¡¿Ese, ese, ese no era su nombre?! ¡Falsedad, mentira, engaño, ¿acaso esa persona nos ha mentido?! ¡~Tsu!" La figura murmuraba enloquecida. Anastasia reconoció la figura e intentó ponerse en pie para escapar de ella, pero se tambaleó y cayó al suelo; aún se encontraba demasiado desorientada, aturdida.

"¡A-Al fin te encuentro, maldito enano lunático!" Gruñó otra voz. Renqueando, una chica de cabello rosa y ropajes rotos y ensangrentados se acercó a la figura arrodillada; de su frente no paraban de brotar copiosas cantidades de sangre. "Emilia-sama, huya! ¡Huya de aquí, Emilia-sama! ¡Sin usted Roswaal-sama nunca podrá alcanzar su objetivo! ¡Sin no hacemos que todo regrese a ser como dicta el libro…!" La chica comenzó a gritar hacia lo profundo del corredor. Anastasia miró hacia allí, y vio a una chica postrada en el suelo, también agarrando con fuerza su cabeza mientras susurraba cosas inentendibles. "Usted," Anastasia sintió que la mirada de la chica ahora estaba posada en ella y por lo tanto la miró. "no sé quién sea, pero por favor, saque a Emilia-sama de aquí. Por sus ropajes parece ser una noble de Lugunica, así que estoy segura de que poner a salvo a una candidata al trono acarrearía una enorme recompensa. La otra candidata huyó cobardemente, así que solo me queda confiar en usted. ¡Así que sálvela, por favor, le aseguró que será recompensada!"

Anastasia se encontraba completamente confundida. ¿Qué estaba sucediendo? Sin embargo, tras comprender que en su estado actual nunca sería capaz de comprender que ocurría, asintió y volvió a intentar ponerse en pie; esta vez con éxito. La chica, cuyo nombre por fin recordó, agradeció con la mirada antes de atacar a un desprevenido Roy Alphard. Anastasia se acercó a Emilia y la tomó del brazo, la ayudó a ponerse de pie y tras ello ambas comenzaron a escapar en dirección contraria al bloqueo de escombros. Tendrían que regresar al corredor principal del que habían venido.

Anastasia corrió buscando así evitar recibir alguno de los ataques de Ram o Alphard, cuyo combate ahora parecía estar más igualado que antes. Algo había afectado mentalmente al arzobispo, y el hecho de que Felt no estuviera a la vista hacía pensar a Anastasia que había relación entre ambas cosas. ¿A dónde se encontraba Felt? Por las palabras de Ram, al parecer había logrado huir. No obstante, porque parecía que Ram no la había reconocido a ella; Anastasia sabía que no se encontraba en condiciones de ponderar al respecto.

Fue mientras aún se encontraba sumida en sus pensamientos, que Anastasia sintió un leve empujón y entonces cayó al suelo. Al caer, sintió como el suelo se sacudía violentamente y escuchó un fuerte sonido de algo masivo golpeando el suelo. Una nube de polvo había cubierto el corredor por el que estaba corriendo. Una vez más se encontraba completamente aturdida. ¿Qué había ocurrido? Fue entonces que Anastasia se percató de que el agarre de la mano de Emilia había desaparecido.

"¿E…? ¡Koff! ¿E-Emilia? ¡Koff! ¡Koff!" Anastasia llamó a Emilia, pero no recibió respuesta alguna; no había ninguna señal de Emilia. Que hubiera una densa nube de polvo entorpeciendo su visión no ayudaba.

Anastasia inspeccionó sus alrededores, y fue entonces que notó un extraño brillo proviniendo del techo. Anastasia elevó la mirada y pudo notar que la rojiza luz del atardecer se estaba filtrando por un enorme agujero en el techo. En consecuencia, los engranajes en su cerebro comenzaron a moverse y bajó abruptamente su mirada. Allí frente a ella, apenas visible debido al polvo, había un enorme montículo de escombros cubriendo el lugar del que venía junto con Emilia.

Anastasia se puso en pie y se acercó al montículo, dio uno, dos, tres pasos, y entonces sintió que pisó algo líquido y ligeramente viscoso. Anastasia bajó lentamente la mirada y finalmente pudo notar, tanto gracias a la cercanía como a que el polvo se estaba disipando, que un enorme charco de sangre se estaba filtrando por debajo del montículo de escombros. Entonces recordó el empujón que causó que cayera al suelo… y vomitó en el acto.


Cuarenta Minutos desde la Última Muerte (Dieciséis Muertes)

"¡Echidna! ¡Responde, Echidna!" Anastasia sabía que sus llamados eran inútiles. Ya había comprobado su cuello anteriormente y había descubierto que su bufanda, que su compañera de toda la vida, también había desaparecido. ¿Acaso la había tomado Felt? Anastasia simplemente no podía comprenderlo. ¿Por qué ella haría eso? ¿Por qué Echidna la abandonaría en un momento como ese?

El estado Mimi era indefinido, así como lo era el de Echidna, pero pensar que la niña se encontraba con vida resultaría ilusamente optimista. Felt estaba desaparecida. La última vez que había visto a Ram, ésta estaba enfrentando a un mentalmente debilitado Roy Alphard. Emilia había muerto salvándola de un derrumbe parcial del techo; a pesar de encontrarse en un terrible estado de conmoción y catatonia, Emilia le había salvado…

"En el estado en que se encontraba Felix es imposible que pudiera defenderse… Y aunque Subaru es muy hábil a la hora de evadir la muerte, teniendo en cuenta la magnitud del ataque del culto, es probable que esté muerto…" Susurró, fallando en ahogar un agónico sollozo. ¿Qué había ocurrido con todos aquellos en la ciudad? "No quiero morir sola… Subaru, Felix, Mimi, Tivey, Hetaro, Ricardo, Echidna… ¿Dónde están? Por favor no me dejen sola…"

Una mentalmente desgastada Anastasia trepó lentamente la montaña de escombros que se elevaba hasta la apertura en el techo. Cuando llegó a la cima, se encontraba al bordo del agujero que había aparecido en el techo, y el jardín del castillo era visible. Así como también eran visibles los cientos de cadáveres masacrados cuyo rojo carmesí no desentonaba con el rojo de las rosas. A lo lejos, Anastasia pudo observar cómo dos entidades de poderes incomparables se enfrentaban entre sí, sin que ninguno de los dos cediera ante el otro.

Cada vez que su fuerzas chocaban, una parte del jardín o del castillo resultaba demolida. Emilia había muerto debido al daño colateral de semejante enfrentamiento. Con asombro y temor, Anastasia observó paralizada la extensión del daño provocado por el Culto de la Bruja. No cabía duda de que ningún sueño sería capaz de sobrevivir a un encuentro con esos lunáticos, ellos todo lo arrasarían; hasta a aquellos más determinados y testarudos.

"Parece que no me queda de otra que ceñirme a lo estipulado en nuestro contrato, Lia…"

Anastasia no había terminado ese tren de pensamiento, cuando una extraña voz resonó en el corredor que estaba bajo ella. Antes de que pudiera buscar el origen de dicha voz, un brillo antinatural la envolvió y la temperatura del lugar descendió súbitamente. Sin que ella tan siquiera pudiera reaccionar a la aparición de la Bestia de la Glaciación, su cuerpo fue asolado por la ventisca apocalíptica que había acompañado la aparición de la bestia. Había sido una muerte instantánea. Cada célula de su pequeño cuerpo había sido congelada en un instante, y con ello, la ambición infinita de Anastasia Hoshin encontró su gélido fin, su codicia se había congelado.


Y ese fue el capítulo de esta semana. Espero que el cambio de POV, después de tanto tiempo enfocándonos solo en el de Subaru, les haya gustado. Y pues, ahí lo tienen, eso es lo que sucedió poco antes de que Subaru vislumbrara parte de la batalla entre Regulus, Reinhard y Puck.

Si se preguntan porque Puck nunca se mostró para ayudar a pesar de que aún no había anochecido, la naturaleza de ello es similar a lo ocurrido en el arco 4 – segunda temporada; o sea, se trata de algo psicológico. Pienso abordar el tema más adelante. Y sí, Mimi fue asesinada y Julius fue consumido por Gula, al igual que Anastasia. Debido a esto, Anastasia ahora cree que Felix es su caballero… ¿Podrá Subaru resolver esto?

Ahora sí, el próximo capítulo será el enfrentamiento final contra Ira. Por lo que he leído, todavía nadie ha adivinado quien es el personaje que aparecerá para asistir a Subaru. Dos capítulos más y entraremos oficialmente en el climax. En fin, como siempre, gracias por su apoyo.