Control de la Ira
Cero Días desde la Última Muerte (Diecisiete Muertes)
"¡Koff! ¡M-Mierda! ¡Koff!" Esa era la tercera vez que volvía a sufrir ese agónico despertar. Se sentía como su hubiera estado a punto de ahogarse en las violentas aguas de la muerte y hubiera alcanzado a sacar su cabeza del agua solo un instante antes de perecer. No obstante, sí que se había ahogado en las aguas de la muerte. Esa era su segunda oportunidad. No, era su tercera oportunidad. ¿O era su décimo octava oportunidad?
"¡Su-san! Me alegra que por fin hayas despertado. Estaba a punto de despertarte yo mismo, pero-" Antes de que la estruendosa voz de Halibel pudiera continuar taladrando sus tímpanos, Subaru le silenció tomándolo fuertemente de la muñeca.
Sentía como si su cráneo estuviera a punto de explotar, bañando sus alrededores con restos de su materia gris. Un jaqueca insoportable estaba afligiendo su cabeza, le dolía gran parte del rostro, y la luz y los sonidos eran terribles estímulos externos que amenazaban con derretir su cerebro. Las náuseas le estaban haciendo extremadamente difícil mantener el nulo contenido de su estómago en su lugar.
Suprimiendo las infructíferas arcadas con pura fuerza de voluntad, Subaru respiró profundamente. Tomó bastante aire y llenó sus pulmones, y tras unos pocos segundos dejó salir el aire por su boca y nariz. Esta ocasión no se sentía tan desorientado como durante el anterior regreso. Aun así, el tenue brillo del ataque sónico de Ricardo permanecía grabado con fuego en sus retinas; o, más correctamente, en su memoria.
Una vez más había fallado al enfrentar a Sirius. No había contado con el tiempo necesario para idear un plan y ello le había llevado a otro fracaso. ¿Cuántas vidas se perdieron debido a su ineptitud? Para Subaru era difícil decidir si lo correcto era responder con el número de muertes ocurridas durante el bucle anterior, o con el número de muertes provocadas directa o indirectamente por su llegada a ese mundo.
Subaru no era responsable por esas vidas, y para ese punto ya se encontraba lo suficientemente insensibilizado como para no sentir pena o tristeza por las muertes acarreadas por las decisiones y acciones que le habían llevado allí donde se encontraba. Pero no podía decir lo mismo de aquellas que habían ocurrido ante el desolador escenario de un callejón sin salida.
El camino que recorría sería uno tapizado en cadáveres; y Subaru lo aceptaría siempre y cuando con ello alcanzara sus objetivos. ¿Pero cuántos no habían muerto debido a su ineficiencia? Moría y moría sin conseguir nada, y con él morían muchos más. Muertes en vano. No se sentía responsable, ese no era el caso. Sin embargo, sí le frustraba que todos esos cadáveres sirvieran como recuerdo de que seguía siendo demasiado débil.
Una vez más había sido incapaz de utilizar la información que había recopilado, y Sirius, que no poseía la capacidad de regresar a la vida, le había superado por completo otra vez. El brillo del ataque de Ricardo era su último recuerdo de ese mundo que había quedado atrás. El brillo que resaltaba cruelmente su fracaso. ¿Cómo haría para vencer a la Arzobispa de la Ira?
El ciclo sin fin se repetía, y una vez más su punto de guardado había sido colocado, por la cruel entidad que disfrutaba de verle sufrir, en un momento en el que no contaba con el suficiente tiempo para pensar con detenimiento sus próximos pasos. Además de ello, difícil resultaba pensar o cavilar cuando un dolor tan agudo asolaba su cabeza.
"H-Hal-san, debemos irnos de aquí de inmediato." Declaró sin soltar el brazo de Halibel, todavía sin abrir sus parpados. Debía aprovechar de la mejor manera el poco tiempo que le quedaba. "Kitzu, informa a Ricardo al respecto. Dile que es una emergencia."
Habiendo percibido la alarma en el tono de voz de Subaru, el curandero demihumano no se negó al pedido de Subaru, a pesar de que consideraba que utilizar más magia curativa en él serviría para disminuir sus dolores. "Sí señor." Ya se disponía a hacer como le habían indicado, cuando la voz de Subaru le hizo detenerse en seco.
"Kitzu," Le llamó Subaru, haciendo una mueca de dolor. El curandero consideró por un momento regresar al lado de Subaru y usar magia curativa en él sin importarle los posibles reclamos que esto podría acarrear, pero se abstuvo de ello al ver como los ojos de Subaru eran revelados por el movimiento de sus parpados. Una mirada abrasante y determinada se cruzó con la de Kitzu. "Dile a Ricardo que le indique a Utada la ubicación de la plaza o lugar abierto más cercano a nuestra ubicación actual: si se trata de un lugar alejado de las casas y callejones de la ciudad, mejor aún."
El curandero zorruno asintió vehementemente y desapareció del campo de visión de Subaru, el cual luchaba por recuperarse lo antes posible sin la ayuda de la magia curativa. ¿Valía la pena empeñarse tan estúpidamente en evitar que Kitzu le terminara de curar con su magia? Si con ello ahorraba el suficiente tiempo, entonces sí.
"A veces puedes llegar a ser demasiado orgulloso y testarudo, Su-san…" Murmuró Halibel, una sonrisa despreocupada en su rostro.
"Nada tiene que ver esto con mi orgullo." Contraatacó Subaru, mirando a Halibel.
"¿No? A mí me parece que en los momentos más extraños siempre muestras este orgullo tuyo que te impide aceptar la ayuda de los demás. No importa que tú sepas que no podrás conseguirlo solo, ese orgullo tuyo te fuerza a seguir intentándolo una y otra vez, hasta que no te queda de otra que ceder y aceptar ayuda." Afirmó Halibel, con mirada de saberlo todo. Esto fastidió a Subaru, sin embargo, se abstuvo de responderle.
¿Acaso Halibel tenía razón? Si ese fuera el caso, en primer lugar no habría aceptado que lo ocurrido en el primer día de su llegada a ese mundo le superaba. ¿Verdad? Había dejado el destino de Emilia, Felt y el Viejo Rom en manos de Reinhard y había escapado. Había actuado con humildad en lugar de dejar que su infundado orgullo le cegara. ¿No es así?
¿O con ello solo había lastimado aún más su maltrecho orgullo y se había propuesto inconscientemente encontrar maneras de repararlo? Su deseo de resaltar como inventor de artefactos, su rápido asentimiento ante la propuesta de Anastasia, su inicial deseo de proteger a quienes le rodeaban y posterior frustración al fallar en conseguirlo. ¿Acaso tenía que ver todo ello con su infundado orgullo?
¿Había rechazado ser curado debido a su estúpido orgullo? Subaru creía que ese no era el caso, después de todo, era cierto que la curación tomaría valioso tiempo con el que no contaban. No obstante, Halibel era alguien altamente perceptivo y no podía simplemente alegar que había leído mal su psique, no podía simplemente atribuirlo a una equivocación. Era innegable que su infundado orgullo le había perseguido desde años atrás…
"Como sea, este no es momento para discutir sobre tonterías como esa, Hal-san." Dijo Subaru tras varios segundos en silencio.
"Mi intención no era discutir, Su-san." Añadió el demi-humano casualmente.
"¡Tch!" Molesto, Subaru chasqueó la lengua. Percibiendo que Subaru no seguiría hablando respecto al asunto, Halibel determinó que era el momento indicado para cuestionarle sobre algo que le había generado curiosidad.
"Por cierto, Su-san. ¿Por qué pediste eso a Kitzu-san?" Esta pregunta llamó la atención de Subaru, que había comenzado a masajear sus sientes con sus dedos, buscando así aliviar el dolor que le aquejaba.
"¿Eso?"
"Que le dijera a Ricardo-san que indicara a Utada-san las ubicaciones cercanas de lugares apartados de casas o callejones." Especificó Halibel.
"Ah, eso…" Dijo Subaru, asintiendo. "Simple. Porque nos dividiremos en dos grupos." Al escuchar esto, Halibel abrió ligeramente su hocico debido al asombro, y por ello casi se le calló el kiseru que tenía entre los dientes. Sin embargo, Subaru prestó nula atención a esto y continuó con lo que estaba diciendo. "Harás como habíamos acordado en caso de que la situación se complicara; te adelantarás e iras al castillo con el objetivo de rescatar a Anastasia, seguido por Ricardo y los demás, mientras que Utada, un par de clones tuyos y yo nos dirigiremos al lugar abierto más cercano para enfrentar a Sirius. Tuve una visión y por ello-"
"E-Espera, Su-san, ¡espera!" Anormalmente agitado, Halibel detuvo el flujo de palabras de Subaru. "¿Dividirnos? ¿Ir a por la señorita? ¿ Tú, Utada-san y un par de mis clones? Dame un segundo para procesar toda esa información." Exclamó Halibel, estirando sus brazos frente a Subaru. "No entiendo, Su-san. Se supone que solo nos dividiríamos en caso de emergencia. Además, ¿tú y Utada-san? El amenazó con asesinarte, ¿acaso lo olvidaste? ¿Y cómo es eso de que enfrentarán a Sirius? ¿No habías dicho que era capaz de controlar mentes? Su-san, creo que Kitzu-san tenía razón, será mejor que descanses, el golpe te afectó más de lo que creía."
"No digas estupideces, Hal-san. Estoy completamente lúcido, y lo sabrías si me hubieras dejado terminar de hablar." Halibel lo observó detenidamente, y suspirando, le indicó con la cabeza que continuara. "Tuve una visión mientras estuve inconsciente. Y no quiero entrar en detalles porque con lo que menos contamos es tiempo, pero puedo asegurarte de que no venceremos a Sirius con el poder de los números, todo lo contrario."
"¿Tan problemática es?"
"Sí, lo es. Y eso no es todo, es probable que en este momento se dirija hacia aquí, así que no contamos con el tiempo suficiente como para discutir nuestras opciones. Así que nuestra mejor apuesta es que nos guiemos por mi intuición, Hal-san."
En completo silencio, Halibel escudriñó a Subaru con la mirada, y tras un momento su típica sonrisa despreocupada regresó a su rostro. "Está bien, Su-san, haré como digas; en este momento te vez como el Su-san que me propuse a seguir. Puedo sentirlo, hoy será el comienzo de una nueva era para este mundo."
Ante la exagerada afirmación de Halibel, Subaru no pudo hacer más que suspirar profundamente. "Solo esperemos que sea una era de bonanza, ya estoy harto de lidiar con situaciones de vida o muerte…"
"¡Chico! Ya hice como pediste, ¿pero se puede saber a qué se debe todo esto?"
"Justo a tiempo." Susurró Subaru, volteando su cabeza a un costado. "Ricardo, necesito que informes a todos del cambio de planes. Ah, y necesito que me devuelvas mi arma…"
La idea surgió en su cabeza mientras luchaba contra las hordas de enemigos en medio de la angosta callejuela. En ese momento resultó imposible llevarla a cabo, sobre todo considerando que poco después su cuerpo fue engullido por la densa concentración de maná expulsada por el hocico de Ricardo. Inicialmente había considerado que todo ello resultaría en un plan demasiado arriesgado, pero ante la presión generada por la escasez de tiempo, no tuvo más opción que utilizar esa idea.
"¿Estás seguro de esto, Su-san?" Le cuestionó el clon que le llevaba a cuestas. Halibel era considerablemente alto, por lo tanto ninguno de sus clones tenía problema alguno para cargar a Subaru en sus espaldas mientras corrían por los techos de las lujosas casas del distrito de la nobleza.
"Sí, así que tu sigue corriendo." Respondió Subaru cortantemente. Esa no era la primera vez que escuchaba esa pregunta. "Puedo sentirla… Esa pesada aura asesina no puede pertenecer a nadie más que Sirius, es como si la muerte misma me llamara." Murmuró Subaru. Tal vez sus sentidos no eran tan agudos como los del Shinobi, pero su mente se había habituado a percibir la cercanía de la muerte, y no cabía duda de que la sed de sangre de Sirius implicaba peligro mortal. "¿Cuánto falta para llegar, Utada?"
"P-Por lo que me dijo el capitán, no deberíamos estar muy lejos." Respondió el mercenario ligeramente falto de aliento, quien a duras penas estaba manteniendo el ritmo de los dos clones de Halibel.
Nadie en el grupo era más veloz que Halibel, y por ello las ordenes de Subaru no podían ser otras; ve al castillo y reúnete con Anastasia, en caso de que éste esté bajo ataque, rescátala y escapa de allí, y si llegases a encontrarte con Emilia, también rescátala a ella. A Ricardo le había pedido que asistiera a Halibel, sin embargo, él y sus mercenarios se moverían a su propio ritmo.
Al final, solo habían quedado Subaru, Utada y los dos clones que Subaru le había recuestado a Halibel. El grupo de cuatro rápidamente comenzó a moverse por los tejados de las casas hacia la ubicación suministrada por Ricardo. Subaru no recordaba el nombre del lugar al que se dirigían, pero según palabras de Ricardo, era ideal para lo que Subaru aseguraba necesitar. No se encontraba demasiado lejos y estaba ligeramente apartado de las casas de los nobles.
Según Utada, Ricardo le había dicho que el lugar se trataba de una plaza recreativa donde solían practicarse distintos deportes populares en la ciudad, como carreras de dragones, y por ello habían varios establos de dragones de tierra cerca; con suerte la habilidad de Sirius no afectaría animales. Alejar a Sirius de posibles víctimas de su autoridad era la razón por la que se habían separado de los demás e incluso se habían desviado hasta ese lugar apartado del área urbana de la capital.
"No está tan cerca como Ricardo me hizo creer…" Murmuró Subaru fastidiado. No obstante, la silueta del castillo se les acercaba constantemente en lugar de alejarse, por lo tanto no se estaban alejando de su destino final. "Confío en ti Halibel…"
Habría preferido no separarse de Halibel tan poco tiempo después de su reencuentro, pero para ese punto solo él podría ser capaz de llegar al castillo antes de que la catástrofe que presenció en su segundo bucle de ese ciclo de muerte tuviera lugar. No estaba completamente seguro de cuánto tiempo trascurrió desde que abandonaron la casa de Leith hasta su llegada a la ciudadela que precedía al castillo, pero Subaru estaba convencido de que al menos le quedaba media hora antes de que la catástrofe ocurriese.
"Un placer, Su-san." Respondió el clon que le llevaba en la espalda.
"No hablaba contigo." Realmente esperaba no estarse equivocando, ni con la elección de ese plan, ni con la medida del tiempo transcurrido.
Diez Minutos desde la Última Muerte (Diecisiete Muertes)
Finalmente habían llegado al lugar indicado por Ricardo, y como era de esperarse, Sirius les había perseguido siguiendo el rastro del miasma de la bruja. Estaba por alcanzarlos. Subaru miró a sus alrededores. Se encontraba en medio de un parche de pasto, rodeado por un camino de tierra y lastre; se trataba de la pista de carreras mencionada por Utada.
Los establos eran visibles, pero no parecían estar tan cerca como para que, en caso de que la autoridad de Sirius afectara a los dragones de tierra, el rango de su habilidad los alcanzara; aunque claro, Subaru solo estaba suponiendo con base en la información recolectada. Utada se encontraba oculto, al igual que los clones de Halibel; los cuales tenían fecha de expiración, pero por lo que había dicho el Shinobi, eso no sería un problema. Aparentemente el límite superaba la hora.
Por fin pudo captar el sonido de cadenas siendo arrastradas, indicación de que Sirius estaba preparada para atacar. Miró hacia el lugar del que provenía el sonido. Subaru sonrió satisfecho. Ricardo los había enviado al lugar perfecto, dado que el grupo de casas más cercano se encontraba a cientos de metros de distancia.
"Disculpa, ¿pero se podría saber por qué me has traído hasta este desolado, solitario yermo de decadencia?" Resonó la voz de Sirius con falsa calma; los separaban un par de decenas de metros.
"¿Yo? Todo lo contrario, a mí me pareció que tú me estabas persiguiendo a mí."
"¡Heh! Eres un joven bastante engreído, ¿no crees? ¿Lo siento por preguntar, pero de casualidad no serás tú aquel que porta el pecado del Orgullo?" Subaru hizo una mueca de disgusto al escuchar una vez más aquella repetitiva pregunta.
"Tú crees que tu estúpida ira injustificada se encuentra por encima de los sentimientos de dolor y angustia provocados por tu sola presencia. Constantemente aseguras que los demás no saben lo que es albergar una ardiente ira como la tuya, y asimismo afirmas hipócritamente que tus sentimientos son los que están siendo subestimados. ¿No serás tú Orgullo?" Utilizando cada palabra pronunciada por Sirius a lo largo de ese ciclo de muerte en su contra, Subaru contraatacó.
"¡Tch! Maldito insecto, es evidente que crees saberlo todo, conocerlo todo, comprenderlo todo, incluso todo y todos aquellos con los que te encuentras por primera vez. Definitivamente eres Orgullo." Dijo Sirius, enfocando su único ojo visible en el rostro imperturbable de Subaru.
"¡Ah, eso no es orgullo! Lo que sucede es que sé lo equivalente a más de quince vidas." Respondió Subaru socarronamente.
"No cabe duda, si no eres Orgullo, de alguna manera te encuentras emparentado con él." Concluyó Sirius, mientras apretaba con fuerzas las cadenas de oro en sus manos. "Entonces fue Orgullo, ¿no es así? Orgullo cercenó dos dedos de mi querido, entre ellos su dedo principal, y lo dejó con solo un dedo restante. Su orgullo le cegó y ello le llevó a atacar, asesinar, ultrajar, profanar a mi querido, ¿acaso su putrefacto orgullo fue lastimado ante la magnánima figura de mi querido?"
"Yo no llamaría magnánima a la figura de Petelgeuse." Comentó Subaru burlonamente, ocasionando que el incinerador brillo de la mirada de Sirius se incrementara.
"¿Así que fuiste tú? Tú atacaste a mi querido." Acusó Sirius, señalando a Subaru con vehemencia asesina, su tono de voz indulgente y sus palabras de disculpa completamente esfumados de su lengua desde tiempo atrás. "¿Lo hiciste bajo las órdenes de tu maestro?"
"¡Lo hice para poder llegar al maldito castillo!" Gritó Subaru, elevando la voz por primera vez desde que Sirius se mostró ante él. Aquel fragmento corrompido de sí mismo se había desbordado con un torrente de emociones oscuras.
"¡Así que admites la culpa, despreciable, repugnante, vulgar insecto! ¡En ese caso, me temo que tendré que incinerarte con el completo ardor de mi ira!" Exclamó, sacudiendo sus cadenas en el aire y utilizando la fuerza centrífuga para lanzar los garfios al rojo vivo disparados por el aire en dirección a Subaru.
"¡¿Escuchar que soy aquella anomalía con la que les han ordenado no interferir, no servirá para aplacar tu ira de casualidad?!" Cuestionó Subaru mientras que era velozmente cargado por uno de los clones de Halibel.
Enfurecida por haber fallado su ataque, Sirius recogió rápidamente sus cadenas y una vez más comenzó a hacerlas girar en el aire. Lanzando uno de los garfios hacia Subaru y el clon que ahora le cargaba bajo uno de sus brazos, Sirius exclamó. "¡Jamás perdonaría al insecto que osó atacar a mi querido! ¡No me importa quien seas o cual sea tu título, no dejarás de ser el insensato y despreciable gusano que se atrevió a provocar mi ira! ¡Ira, ira, ira, ira, ira! ¡Reduciré a cenizas tu patético orgullo y entonces daré caza a tu amo!"
Subaru supuso que esa sería la respuesta de Sirius; hasta ahora casi todo había sucedido acorde a lo que había previsto. El cadáver de Petelgeuse, o de su dedo principal, y el terrible hedor a miasma que desprendía Subaru, bastarían para que Sirius intentara asesinarle sin importar lo que pudiera decir para defenderse; su olor también le convirtió en el cebo perfecto para evitar que Sirius persiguiera a Halibel, Ricardo y los demás.
Sirius, que había observado de brazos cruzados como Utada asesinaba a la "anomalía" a la que supuestamente el culto favorecía, no perdonaría a Subaru, quien había participado activamente en el combate contra Petelgeuse. La ira puede ser una emoción extremadamente peligrosa, con el potencial de cegar hasta al hombre más racional. Debido a la ira, Utada había ejecutado a Subaru en dos ocasiones sin recurrir a un juicio, yendo en contra de las ordenes de la jefa y el capitán a los que ordinariamente obedecía sin la menor muestra de insubordinación.
Sirius estaba loca, era una lunática obsesionada enfermizamente por aquel despreciable hombre al que llamaba querido. Una vez el combate contra Petelgeuse terminó a favor a Subaru y Halibel, enfrentar a Sirius se había convertido en un evento de muerte ineludible. Por ello, Subaru había optado por avivar las llamas de su incineradora ira. Entre más enfocada se encontrara Ira en atacar a Subaru, menos atención prestaría a su entorno, y ello le haría más vulnerable a los ataques.
A la velocidad de un parpadeo y completamente sincronizados, aparecieron los dos demi-humanos cuya presencia aún no había sido notada. Halibel portaba en su manos dos kunais imbuidos con maldiciones, mientras que Utada blandía la enorme hacha que siempre portaba. Si Sirius era maldecida y moría, entonces probablemente sus esfuerzos nuevamente resultarían en vano.
Rozar la piel de Sirius sin penetrar su carne en las áreas correctas de su cuerpo resultaba vital para que la maldición debilitara a Sirius constantemente a lo largo del combate sin asesinarla. Ese era el nivel de control que tenía el guerrero Shinobi más poderoso y hábil de ese mundo sobre sus maldiciones. No obstante, a diferencia del Halibel original, los clones no serían capaces de recibir un golpe directo de Sirius sin desvanecerse. Debido a ello, la distracción era necesaria para asegurar que las maldiciones necesarias para debilitar a Sirius fueran colocadas.
Era el mismo plan que Subaru había pedido a Halibel ejecutar durante el bucle anterior, con la enorme diferencia de que esta vez no habría un mar de "zombis de la ira" interfiriendo. Una vez más se trataría de un combate de desgaste. El peor tipo de combate para utilizar únicamente a Utada y dos de los efímeros clones de Halibel. No obstante, Subaru confiaba en que los cuatro serían capaces de desgastar a Sirius lo suficiente como para noquearla. ¿Su rol en el combate?
"¡Maldita perra, cuando acabemos contigo, tú serás la única reducida a cenizas!" Ser el señuelo que mantendría desconcentrada a Sirius durante todo el combate; con suerte con ello generaría varias aberturas en su postura de combate.
La emboscada había resultado exitosa. Sirius, iracunda, sacudió agresivamente sus cadenas alrededor suyo, obligando así a el segundo clon de Halibel y a Utada a retroceder. La mujer había logrado esquivar por poco el ataque de Utada, pero lo mismo no podía decirse del ataque del clon. Levantando su pulgar, una sonrisa de satisfacción en su rostro, Halibel indicó a Subaru, que estaba viendo en su dirección, que había completado la primera fase de su misión. El verdadero combate acababa solo de comenzar, y Subaru rogaba porque los clones duraran la mayoría de éste…
Cinco minutos transcurrieron, y el combate no había variado en lo más mínimo desde su comienzo. Subaru, montado en la espalda de un clon de Halibel, no dejaba de proferir insultos dirigidos a Sirius. Mientras, Utada y el otro clon se mantenían siempre a una distancia segura de Sirius y cada vez que veían una apertura se acercaban para atacarla.
Solo habían transcurrido cinco minutos, pero el efecto de las maldiciones colocadas en Sirius estaba comenzando a hacerse evidente. Aun así, era demasiado temprano como para pasar a la tercera etapa del combate. De hecho, no decidieron hacerlo hasta que el minutero estuvo por marcar los diez minutos de haber comenzado el combate. Fue entonces que los efectos de las maldiciones se volvieron demasiado evidentes y Sirius comenzó a desesperarse.
"¡Malditos! ¡Desgraciados! ¡Infelices! ¡Despreciables insectos fastidiosos! ¡Utilizar sus patéticas maldiciones en mi cuerpo para así corromperlo desde adentro! ¡Es inútil, no existe nada más puro que ira! ¡Antes de que puedan hacer de las suyas, me encargaré de reducirlos a cenizas!" Aulló la arzobispa, mientras lanzaba sus cadenas hacia Utada.
"¿Qué haces, por qué los atacas a ellos? ¿No es a mí al que deseas asesinar, Sirius? ¡Yo asesiné a tu amado esposo, después de todo!" Como había acostumbrado a hacer durante los últimos diez minutos, Subaru lanzó provocativas palabras hacia Sirius. No obstante, ésta no prestó atención a las provocaciones y siguió enfocándose en atacar a Utada y el segundo clon.
"¡Es muy simple! ¿No es así maldita larva del orgullo? Para poder castigar al insecto mayor, antes debo incinerar con el ardor de mi ira a las moscas y gusanos que son sus subordinados. Una vez solo quedes tú, tú, tú, tú… me aseguraré de mostrarte el completo alcance de mi ira. Haré que cada parte de tu cuerpo grite agónicamente mientras es abrazada por las llamas de mi ira." Tras decir esto, Sirius lanzó un frenético ataque en dirección a Utada.
"¡Mierda!" Exclamó el mercenario, usando su enorme hacha para bloquear el garfio de acero, cuya cadena a la que estaba unido envolvió el mango de ésta. La cadena entonces comenzó a emitir un brillo rojizo y se prendió en llamas.
El mango del hacha comenzó a calentarse y calentarse, obligando con ello a Utada a soltar su hacha. Eso es lo que Sirius deseaba. El segundo garfio voló en dirección a Utada; ésta vez no habría manera de que escapara del ataque. O así habría sido de no ser por la intervención del segundo clon de Halibel.
"¡Te dejo el resto a ti, Utada-san!" Exclamó antes de ser envuelto por las cadenas. Utada, que había sido empujado lejos del alcance de estas, observó con terror como el cuerpo del clon comenzaba a ser envuelto por las llamas.
Consecuentemente, el clon sobre el que se encontraba Subaru se desplomó, mientras se retorcía del dolor. Subaru rodó sobre el suelo, un torbellino de pensamientos formándose en su mente. ¿Qué acababa de suceder? La respuesta no tardó en encontrarla. Lo recordaba, sucedió durante uno de los esporádicos momentos que Halibel y él coincidieron en Kyo tras su reencuentro. La clonación tenían un defecto, y este era que Halibel y sus clones compartían sensaciones.
Similar a los trillizos y su Protección Divina, si uno de los clones sufría daño, los demás y el original lo sentirían. Halibel, por supuesto, había aprendido a lidiar con ello, y si uno de sus clones tenía una muerte rápida, así como la mayoría de las muertes provocadas por la falsa Zarestia, entonces ni Halibel ni sus clones harían tan siquiera una mueca de dolor. No obstante, lo mismo no podía decirse de morir quemado. Subaru lo sabía, Subaru recordaba cuan doloroso era ello.
Supongo que tú podrías empatizar con mi dolor, Hal-san; pensó egoístamente Subaru mientras se ponía en pie. No había nada que pudiera hacer por el clon restante, probablemente se había desmayado por el shock. En dado caso, solo quedaban Utada y él; y ya estaba preparado para ello. Primero debía hacer que Sirius dejara de enfocarse en Utada.
La cadena ardiente rebotó contra el suelo y volvió a elevarse en el aire, dibujando un arco carmesí. Utada saltó a un costado y luego hacia atrás, esquivando así el garfio que por poco rebanó su abdomen. Tras comprobar que sus entrañas seguían dentro de él, Utada intentó acercarse a Sirius para atacarla, pero fue inútil.
"¿Por qué pierdes tu tiempo obedeciendo a un cobarde egoísta y orgulloso insecto como ese? ¿No crees que te iría mejor persiguiendo el amor en otra parte?"
"¡Cállate, maldita zorra!" Gritó Utada ante la extraña consulta de Sirius.
"¡No lo haré! ¡No lo haré! ¡No me callaré! ¿Acaso no lo ves? ¡El amor es la respuesta! ¡El verdadero amor es la respuesta! ¡La respuesta! ¡La respuesta! ¡La respuesta! ¡El amor es único camino que merece la pena ser seguido! ¡Y mi ira el arma con la que defenderé el amor! ¡Tu amo apesta a la maldita bruja que me robó a mi querido, ¿así que no crees que mi ira es justa?! ¡¿No es acaso justo que mi ira consuma con sus llamas a tu orgulloso amo!?" Sirius, que parecía satisfecha por haber asesinado al clon de Halibel, había comenzado a divagar.
"¡Parece que te has comenzado a sentir demasiado cómoda, Sirius! ¡Así que te lo diré! ¡Yo asesiné a Petelgeuse gracias a que puedo regresar de la-" Una vez más el proceso se repitió. El tiempo se detuvo y la sombra cruel ante él… "¡Blergh! M-Mierda, odio que me esté acostumbrando a esto." Murmuró Subaru tras vomitar copiosas cantidades de sangre.
"¡La bruja! ¡Esa perra maldita habita en ti, insecto despreciable! ¡Esa perra maldita que se atrevió a robarme el amor de mi amado ha dejado todo su rastro en ti! ¡Lo sabía! ¡Tú eres la respuesta a mis plegarias! ¡Te usaré para finalmente encontrar a esa perra maldita y entonces los incineraré a ambos con mi INFINITA IRA! ¡La perra y el asqueroso insecto perecerán por MI IRA! ¡Finalmente podré defender mi amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor! ¡Te liberaré de ella, mi querido!"
Como Subaru había esperado, romper el tabú de la sombra aumentó el miasma que emanaba de su cuerpo y con ello recuperó la atención de Sirius. Lo que no había previsto es que con ello el rango del efecto de la Autoridad de la Ira aumentaría. ¿Cómo sabía que lo había hecho? Por los terribles berridos enfurecidos que provenían de los establos. Con ello daba inicio la tercera etapa del combate.
"¡Utada, debemos terminar de una vez!" Gritó Subaru mientras comenzaba a correr lejos de Sirius, que ahora se dirigía hacia él.
"¡Lo sé, Subaru-sama!" Utada embistió a Sirius por la espalda. Ésta intentó repeler el ataque usando sus cadenas, pero la fuerza de su cuerpo debilitado fue insuficiente. Un profundo corte en su brazo izquierdo que arrancó de su garganta un enfurecido alarido, fue el resultado. Aun así, Utada ahora estaba desprotegido y por ello no pudo evitar ser lanzado lejos por el golpe de una de las cadenas.
Sin voltearse para comprobar el estado de Utada, Sirius volvió a perseguir a Subaru. La diferencia de velocidad era abismal y en solo segundos la mujer vendada había bloqueado el camino de Subaru. Una aterradora sonrisa traspasó las vendas que le cubrían el rostro. "Debe de ser muy fácil, muy fácil ordenar a otros, mientras tú no haces nada. ¿Verdad?" Le dijo, sacudiendo ligeramente sus cadenas. "Subestimas mi ira comparándola con la tuya, cuando tan siquiera eres capaz de enfrentarte a mí con esa ira. Careces de la pasión para luchar tus batallas; no conoces la verdadera ira, y no conoces el verdadero amor. ¡Lo desconoces todo! ¡Ignorante! ¡Ignorante! ¡Ignorante! Así que lo lamento, pero me veo en lo obligación de castigarte por ese infundado orgullo tuyo que te lleva a escupir idioteces carentes de sentido y valor."
Subaru intentó tomar su arma, pero fue inútil. Antes de que pudiera hacerlo, sus brazos fueron envueltos por las cadenas doradas y el arma cayó al suelo. Las miradas de ambos se encontraron, Sirius y Subaru permanecieron estáticos, mudos, durante un eterno instante. Y entonces los alaridos de Subaru acabaron con el silencio que se había formado en medio de ambos. Ese era el castigo de la ira.
Las llamas envolvieron los brazos de Subaru, quemando las vendas que los envolvían y las astillas de madera clavadas en lo profundo de su piel e incluso su carne. El fuego comenzó a consumirlo todo, incluso las cicatrices de sus pecados. Porque en el intenso brillo del fuego yacía un castigo mayor que todos los anteriores; la muerte de todo tejido. Subaru por un momento consideró suplicar perdón, suplicar por su vida; pero la ira para entonces ya había comenzado a consumir su racionalidad.
"Arrghh! T-Te… Gah! ¡Aaaarh! M-Mataré…" Chilló en vano entre de gritos de dolor. Para que pudiera hacer algo, antes debía escapar de ese agarre infernal. No había nada que pudiera hacer por sí mismo, Sirius no se equivocaba respecto a ello. Su patética, eterna debilidad le frustraba, le frustraba en demasía. Deseaba poder castigarla con su propia ira y demostrar que se equivocaba, pero era incapaz de hacerlo…
"¡Riiiiiggggg!" Fue en ese momento de extrema debilidad que un berrido enloquecido llegó a los oídos de Subaru. Al principio no le prestó atención alguna, después de todo su mente estaba enfocada completamente en no apagarse. Pero cuando sintió un doloroso tirón en sus brazos, el cual fue precedido por el desvanecimiento de las llamas que le estaban castigando, Subaru por fin pudo percatarse de qué había producido tal sonido.
"¡M-Maldita, despreciable bestia! ¡¿Cómo osas interrumpir de semejante manera el castigo que estaba ejerciendo sobre ese penoso insecto que desconoce la verdadera ira y el amor?!" Se trataba de un hermoso, esvelto dragón de tierra bípedo, cuyos ojos dorados y escamas negras deslumbrarían hasta el más inexperto sobre dragones; no obstante, marcas de heridas frescas cubrían su hermoso cuerpo.
Subaru pudo verla, la ira… Ira completamente dirigida hacía aquella que había sembrado tan intenso sentimiento en su corazón. "¡Atácala, ella es la razón de que te sientas como te sientes! ¡Tienes mi bendición, descuartiza con tus colmillos a esa maldita perra!" Exclamó, señalando con su dedo índice cubierto de quemaduras a Sirius.
"Maldito manipulador de mentes, despreciable controlador de corazones… No perdonaré tu falta de-" Las hipócritas declaraciones de Sirius fueron interrumpidas por un súbito impacto en su brazo lastimado por Utada; el cual fue cercenado y cayó al suelo. "¿Qué…?"
"¡Hablas y hablas sobre que te subestiman o lo que sea, pero tú ni siquiera eres capaz de comprobar si mataste a tus enemigos!" Le dijo Utada mientras volvía a atacarla con su enorme hacha.
"¡Malditos, malditos, malditos, malditos! ¡Despreciables insectos!" Gritó Sirius, mientras esquivaba el filo del hacha y atacaba al mercenario con el extremo de la cadena que permanecía unido a su brazo restante. Pero entonces recibió un fuerte golpe en la espalda que casi provoca que cayera de cara contra el suelo. Se trataba del enfurecido dragón sediento de venganza, que aparentemente había prestado atención a las palabras de Subaru.
Ahora Sirius estaba siendo atacada desde dos flancos, y estaban por ser tres, dado que Subaru tomó el arma que yacía en el suelo, ignorando el dolor de sus brazos , y apuntó con ella a Sirius. Ese era el momento indicado, había guardado sus municiones para un momento como ese; apretó el gatillo. El terreno cerca de Sirius explotó, causando que ésta se elevara por el aire. "¡Utada, mantén la distancia, recuerda que no somos completamente inmunes a su autoridad!" Exclamó Subaru mientras se separaba lo más posible de Sirius.
La mujer vendada cayó al suelo, solo para ser inmediatamente recibida por una violenta embestida del dragón de tierra. La Arzobispa de la Ira había comenzado a ser abrumada por los números y la debilidad cada vez mayor de su cuerpo. Profiriendo un grito de locura, Sirius movió su único ojo visible hasta ubicar a Subaru, y entonces, a una velocidad antinatural se lanzó en su dirección.
"¡Mierda, no puedo dejar que me mate!" Exclamó, mientras la apuntaba con su arma. Un tiro… La roca de fuego fue expulsada del cañón, voló por el aire en dirección a Sirius y entonces… Sirius la esquivó brincando. Utada estaba demasiado lejos, y ya no había nada que se interpusiera entre ella y Subaru. "¿Voy a morir?" No quería empezar de cero. Sin embargo, tal cosa no sucedió…
La seguidilla de eventos siguiente sucedió tan rápido que Subaru apenas pudo comprenderlo. Su cuerpo fue empujado antes de que la cadena de Sirius pudiera alcanzarlo, y entonces un chillido de dolor llegó a sus oídos. Subaru miró hacia el lugar en el que se encontraba instantes atrás y pudo ver al enfurecido dragón negro envuelto por las cadenas ardientes.
¿Me salvaste de nuevo? Pensó Subaru, pero antes de que pudiera convertir sus pensamientos en palabras, el dragón sacudió su cuerpo, sacando así de equilibrio a Sirius, que se estrelló contra el suelo. Había comenzado a levantarse y sintió algo afilado rozar sus pantorrillas; intentó retroceder pero ya era demasiado tarde, sus piernas fueron rebanadas por el viento mismo y un enorme lobo negro cayó sobre su espalda.
"¡Muere, maldita!" Y antes de que Sirius pudiera quitarse al clon de Halibel del encima, la pesada hacha de Utada cercenó su brazo restante, liberando así al dragón que no dudó en empezar a correr lejos de allí para poder liberarse de las cadenas.
"Su-san, la muerte del otro clon me afectó bastante, no creo que pueda seguir existiendo por mucho más tiempo, sobre todo considerando que mi yo original está tan lejos. Así que debemos hacerlo de una vez."
"¡Háganlo, Utada, Hal-san, noqueen a esa perra! Yo me haré cargo del resto."
"¡Mi ira, mi ira, mi ira… no puede ser… aplacada! ¡Debo… defender… mi amor… de esa perra bruja!"
A pesar de que quería presenciar la catártica golpiza, Subaru sabía que tenía un rol que cumplir, así que se alejó de allí hasta estar a poco más de cincuenta metros de Sirius. Los gritos de Ira habían sido silenciados por la culata del hacha de Utada, así que esa era la señal. Observó el panorama. Halibel y Utada también se habían alejado de la arzobispa, y el dragón que los había ayudado no estaba a la vista. Era su oportunidad.
"¡Toma esto, perra!"
Su plan era muy sencillo. Debilitarían a Sirius hasta poder detenerla en una posición fija y entonces Utada le arrebataría la conciencia con la parte no letal de su hacha; si resultaba necesario, seguían golpeándola hasta noquearla. Si alguien quedaba inconsciente junto a ella, entonces la dejarían allí y seguirían su camino hacia el castillo. Pero si nadie más quedaba inconsciente además de Ira, entonces Subaru se arriesgaría y… ¡Pum! La explosión cubrió la zona donde se encontraba Sirius, y con ello la ira de Subaru finalmente redujo a cenizas a la Arzobispa de la Ira.
Y así concluye la lucha contra Sirius. El personaje que ayudaría a Subaru era Patrasche, como pudieron leer. Nadie la mencionó ni una vez, supongo que todos esperaban que se tratara de un humano. Igualmente, ¿cómo pudieron olvidar a la mejor chica de Re: Zero? Vi varios nombres interesantes que puede o puede que no aparezcan más adelante. ¿Cecilus? Definitivamente lo hará, pero no puedo asegurar que lo haga como aliado.
Con respecto al último capítulo, les puedo asegurar que no fue "relleno", lo sucedido allí será importante para la trama del fic y se mantendrá, al menos hasta cierto punto. Ahí es donde entra Halibel, que partió por sí solo hacia el castillo. ¿En qué momento creen que llegue? ¿Podrá evitar que Julius sea consumido por Gula? ¿Podrá evitar la muerte de Mimi? ¿Podrá evitar que Anastasia pierda su nombre? ¿Podrá evitar que Emilia muera? ¿Podrá evitar que Anastasia muera? Bueno, dos capítulos más y tendrán la respuesta.
El próximo capítulo dará inicio el climax del arco, y un encuentro importante tendrá lugar. Además, Subaru obtendrá una pieza de información muy valiosa. En fin, como siempre, gracias por su apoyo, se despide Geisterivain, hasta la otra semana.
